Hugo Alazraqui[1]
Introducción
Los desarrollos del psicoanálisis en Freud y Lacan son contemporáneos de la Obra Heidegeriana. La mayor influencia de unos sobre otros puede ser asunto de debate pero es indudable que participan de un clima de época con algunas preocupaciones comunes por lo cual trabajan conceptos que hasta cierto punto son afines. La distinta orientación, intereses y proyectos de esos autores termina por separar sus desarrollos pero las diferencias que así se establecen no invalidan sino que enriquecen recíprocamente las producciones de cada uno de ellos. En este trabajo se intenta reflexionar acerca de algunos de esos conceptos en común con el objeto de hacer dialogar los diferentes enfoques y permitir complejizar cada uno de los mismos en función de sus contrastes lo cual permite tanto aclaraciones como el surgimiento de nuevos interrogantes. Los conceptos que en este trabajo trataré de tomar en particular son los de angustia y muerte primero en Freud (1981) y Lacan (2007) y luego en Ser y tiempo de Heidegger.
Freud
Freud enuncia en su obra tres teorías de la angustia. Va modificando su idea acerca de la angustia en correspondencia con otros conceptos que va desarrollando a lo largo de su obra. En un primer momento cuando aún no tenía una concepción de un aparato psíquico caracteriza la angustia como energía sexual acumulada, es decir que no ha podido ser descargada. Esta primera idea se plasma en Manuscrito E del año 1894, y al año siguiente en un escrito en que señala la necesidad de separar la neurastenia de la neurosis de angustia. La libido insatisfecha se transforma directamente en angustia.
Más tarde en textos como “Tres ensayos” de 1905, “El caso Juanito” de 1908 y la Conferencia 25 sobre la angustia en las “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis” de 1916 plantea el viraje a su segunda teoría de la angustia. A esta altura de su obra hace intervenir a la represión en la generación de la angustia. La angustia es la energía libidinal transformada por la represión que se expresa entonces de ese modo. En la mencionada Conferencia XXV Freud va a diferenciar la angustia del temor y caracterizarla como sin objeto. Lacan planteara lo contrario: la angustia no es sin objeto. También es ahí donde plantea por primera vez la idea que el modelo de la angustia es el acto de nacimiento. Un acontecimiento que produce una gran excitación que el aparato psíquico no es capaz de descargar.
La tercera teoría de la angustia en Freud se desarrolla en textos como “Más allá del principio del placer” de 1920, “El yo y el Ello” de 1923 e “Inhibición, síntoma y angustia” de 1926. En esta tercera teoría la angustia es una señal. Plantea que el Yo es la sede de la angustia. Y que esta funciona como señal y llamada para la represión. Es decir la represión no es la que causa la angustia sino que es esta la que llama a la represión. El Yo advierte del peligro.
En 1932 en “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis: La angustia y la vida pulsional” Freud hace una síntesis de sus diferentes posiciones a lo largo del desarrollo de la teoría psicoanalítica.
En síntesis: en su segunda teoría concibe la angustia como un efecto de la represión. Es decir que el sujeto reprime determinada pulsión y si bien logra en lo conductual y a nivel del psiquismo consciente evitar el objeto de su deseo este último le retorna transformado en angustia. Es decir se separa el afecto de la representación y el primero retorna al psiquismo consciente en la forma del sentimiento de angustia. Propio de este es ser sin objeto, extraño y llama por eso a la pregunta acerca de su causación.
Con posterioridad en su tercera teoría de la angustia Freud plantea que la angustia no sería o no sería tan solo posterior a la represión sino que podría ser un llamado a la represión. En ese sentido la angustia también estaría relacionada con un objeto de deseo o del pensamiento que se procura evitar pero la diferencia en esta segunda postulación es que la angustia no solo precede a la represión sino que es la que activa o despierta los mecanismos de represión. En esta teoría la angustia llama a la represión para que actúe. En los sueños de angustia o pesadillas que implican la repetición de una escena traumática Freud relaciona la pulsión de muerte con el intento del psiquismo de reconectar representaciones que permitan restaurar el funcionamiento psíquico. Es decir la angustia se liga acá a un deseo de reparación ante el exceso del trauma.
Heidegger en Ser y Tiempo
Heidegger a lo largo de Ser y Tiempo va a ir trabajando los conceptos de angustia y muerte relacionándolos permanentemente. Empieza caracterizando la angustia. Ya al principio del texto (parágrafo 6) caracteriza la angustia como una rotura de la significación que lleva a un esfuerzo de reinterpretación por parte del sujeto.
En contraste con esta apertura a nuevos sentidos ubica el Uno (parágrafo 35) que lo comprende todo y cierra la pregunta. Sin embargo el dasein no se sustrae de este comprender cotidiano jamás. Solo alcanza el genuino hablar en él, por él y contra él.
La angustia (parágrafo 39) es el hilo ontológico que da unidad al dasein. Es el encontrarse comprensor que abre al dasein a sí mismo.
Pero la angustia (parágrafo 40) no es lo temible por que no hace frente como ente intramundano. Al contrario el dasein se absorbe en los entes intramundanos encubriendo la angustia. La angustia abre el mundo como mundo. Quita al dasein el mundo impropio y lo enfrenta al a la nada y en ninguna parte, o sea a la inhospitalidad. Lo saca de la familiaridad del absorberse pues es no en su casa. En cambio el temer oculta la angustia y es caída. Heidegger considera la angustia un fenómeno raro.
En el parágrafo 53 trabaja angustia y muerte conjuntamente. El Ser relativo a la muerte, dice, no esquiva lo irrebasable. Se pone en libertad para la muerte. El precursar esa posibilidad abre a una renuncia a la existencia alcanzada y abre a la libertad para las posibilidades más propias que son finitas. Abre todas ellas en un ser total. Pero lo indeterminado, la amenaza constante, como se abre? En un comprender y encontrarse con un estado de ánimo. Con el estado de yecto y su angustia. Encontrarse que mantiene patente la amenaza constante, absoluta y singular ante sí mismo y ante la nada. El SRM es angustia.
Continua (parágrafo 57) preguntándose por la voz de la conciencia. A quien voca? Al ser sí mismo? Al ser deudor que debe oír y comprender.
Quien es el vocador? El yecto en la angustia y en la inhospitalidad? Dice que es algo indeterminado.
El querer tener conciencia (parágrafo 60) es un querer comprender la vocación y a la vez es un estado de abierto propio constituido por tres elementos: primero el encontrarse de la angustia, segundo el comprender como el proyectarse sobre el más peculiar ser deudor y tercero el habla como silenciosidad.
Este abierto propio lleva al estado de resuelto. El Estado de Resuelto (parágrafo 62) en su proyectarse silencioso propicia la angustia sobre el más peculiar ser deudor. Es decir, el ser relativo a la muerte se desemboza a partir de la angustia. El estado de resuelto es el querer comprender la vocación y es un asumirse deudor que comprende el encontrarse con la angustia del yecto. Es el comprender como proyectarse. Pero el ser deudor solo se muestra cuando está inserto en su posibilidad irrebasable, o sea en el Ser Relativo al Fin. El ser deudor viene del querer tener conciencia y Heidegger lo define como el fundamento afectado de no ser de un no ser. Solo se determina el estado de resuelto aceptando la situación del caso. Se muestra al dasein yecto en esa posibilidad de la imposibilidad que es límite. La angustia en este caso es guía no paraliza sino al contrario permite un obrar no idealista. Un frio comprender las posibilidades fácticas.
La angustia pone al dasein ante su ser yecto (parágrafo 68). Pero su ante qué y su por quién es él mismo. Es ante un ad-venir pero no de la espera sino del dasein y se desemboza así el no ser del poder ser de un curarse de y abre al puro retrotraer al yecto al reiterar el sido en el encontrarse de la angustia.
En el parágrafo 74 hace el análisis de la temporalidad y se pregunta cómo empezar a desembozar la temporalidad? Y dice que como estado de resuelto se comprende el dasein, como poder ser y abre la situación precursando sobre la muerte y retrocediendo al estado de yecto. El estado de resuelto propio es por el cual el dasein se hace tradición de sí mismo. El estado de resuelto abre posibilidades partiendo de la herencia del estado de yecto. En la reiteración el dasein hace patente su historia peculiar. El destino individual es el ser histórico es finitud y no multiplicidad. Es una posibilidad no equívoca ni azarosa sino libre para la muerte. El destino individual es la historicidad original del dasein. Asi el dasein precursa contra el yecto y le presta al sido primacía en el dominio de lo histórico. La finitud de la temporalidad es el oculto fundamento de la historicidad.
La angustia en el Ser y tiempo de Heidegger es fundamental para pensar la posibilidad del dasein de apropiarse de su singularidad de su ser más propio. Para poder confrontar salir de la homogeneidad del Uno. El ser deudor, el ser en falta que escucha la invocación de la conciencia puede desde su ser yecto proyectarse en su posibilidad más propia. Puede desde su ser-cabe abrir la situación y encontrar su posibilidad más propia. Enfrentar su límite a la luz de la muerte, como posibilidad cierta de la imposibilidad de todas las posibilidades. La angustia se presenta ante su ser si mismo más propio. Ante su posibilidad más singular. Es decir que ante todo es angustia ante su ser sí mismo. El dasein cuya esencia es la Cura articula las temporalidades del ser cabe, el pre-ser-se y el yecto hacia la elaboración de ese proyecto del ser más propio, apropiándose de él. Es decir que en el Heidegger de ser y tiempo la angustia permite también señalar una orientación que se relaciona con la muerte, desalienado del Uno, separado de la homogeneidad y la desresponsabilización que este representa.
Heidegger realiza una analítica existenciaria de la muerte que coincide con el ser relativo al fin.
Lacan
En Jacques Lacan los conceptos freudianos son reelaborados a la luz de una teoría del significante.
Lacan en el seminario de la Angustia (2007) del año 62-63 plantea que la función de la angustia es la de constituir el deseo. Sustituye la idea del deseo como intención hacia un objeto, al de un objeto que causa. Es el objeto parcial como causa del deseo. Ese objeto es el que permite el deseo y que en la neurosis se recubre de un objeto de la realidad de algo concreto que se desea. Pero el verdadero objeto no se ve. Ese objeto es una parte del cuerpo o una sensación.
Una vez establecida esa premisa Lacan da un paso más y plantea que es la angustia la que constituye ese objeto causa de deseo.
Ese objeto causa de deseo que llama pequeño “a” se constituye en el Otro del lenguaje. Ese objeto parcial es no especularizable, tiene una parte inefable o Real. No permite su significación pero a la vez implica una elaboración simbólica. La angustia al constituir el objeto pequeño “a” articula un goce narcisista y mortífero del cuerpo con el deseo por que el objeto parcial se recubre de un objeto en el mundo y permite así construir un circuito deseante para la pulsión. Se conectan así el deseo encarnado como objeto concreto en el mundo y el deseo mismo del Otro como objeto. Deseo del Otro que ha libidinizado una parte del cuerpo que la angustia separa como objeto parcial. La angustia ante el exceso de un Otro completo vehiculiza la separación del sujeto y la constitución del cuerpo propio.
Es decir que constituye ese pequeño “a” como elemento que se aparta de la significación y que sería del orden del significante y haría de límite al sentido infinito.
Lacan de ese modo lleva a la angustia más allá de la perdida de objetos concretos en el mundo a la angustia como posibilitadora una nueva forma de escritura de lo Real y de la subjetivación. La angustia contribuye a la escritura del objeto pequeño “a” como objeto causa del deseo. Hay un objeto y no la nada como causa. La angustia, no es sin objeto. Aparece el deseo como el deseo del Otro que es en sí objeto y que coincide con el punto en que el sujeto fue objeto del deseo del Otro. Marca la falta en el otro, falta situada, que limite al exceso y permite al sujeto descompletarlo sustrayéndose de él pero a costo de la angustia.
La muerte es lo imposible lo inefable lo insuperable. La angustia en cambio muestra señala algo del deseo en ese objeto que crea.
La pulsión de muerte que sería el goce narcisista encuentra en esta propuesta una salida a partir de la angustia y su objeto.
Conclusiones
Freud trabaja a lo largo de toda su obra el concepto de angustia. En sus tres formulaciones teóricas la va a situar primero como efecto de la imposibilidad de descarga. Como efecto de su exceso. Luego como efecto de la represión que transforma la libido en angustia. Y por último como señal que parte del yo y llama a la represión. La sitúa una vez que cuenta con el concepto de represión, en su segunda teoría de la angustia, como posterior a la misma y efecto de esta. En su tercera teoría de la angustia la piensa como angustia señal que parte del yo y que llama a la represión. En todas esas variantes persiste la idea de la angustia como reacción del psiquismo ante un exceso. Hay un “de más” que debe descargarse, y esa es la función del aparato psíquico para lograr así mantener cierto nivel de tensión soportable. Distintos objetos de deseo pueden funcionar como elementos que aumentan la tensión psíquica y originan entonces angustia al sujeto. La angustia es ante el exceso de excitación cuando se enfrenta a la inminencia del deseo y también como reparación, en los sueños de angustia, luego de una situación traumática en que se excedieron los niveles soportables de tensión.
En Heidegger la angustia aparece como una guía que permite al dasein encontrar una vía para el ser si mismo. La angustia no confunde, sino el temor. Es una fría orientación que permite al dasein abrir la situación desde su ser yecto y precursar su ser sí mismo más peculiar. El dasein en estado de resuelto puede tomar la angustia, es el ser mismo para la muerte y elegir su posibilidad más propia. La angustia es ante la nada, la falta y la insignificantividad. Completa el dasein al otorgar a su preser un ser como ser para la muerte.
En Lacan surge la cuestión del objeto. La angustia permite la construcción de un objeto que orienta al sujeto en el mundo. Hay exceso y hay falta en este planteo. El exceso como completud del Otro. Ante eso el sujeto mediante la angustia construye un objeto parcial que se concreta en el mundo en la forma de diferentes objetos de deseo siempre faltantes. El objeto parcial permite que el sujeto descomplete el Otro y se oriente en el mundo mediante su deseo imposible que es reflejo de ese objeto parcial que la angustia constituyó. La angustia es ante el exceso y abre a la falta que permite la deriva deseante.
En Heidegger la angustia confronta al dasein con la insignificatividad del mundo pero esa falta de sentido le permite una reconstrucción del mismo de una forma que lo saque de la indiferenciación del uno y lo acerque a la autenticidad del ser sí mismo.
En ese mismo sentido el psicoanálisis también considera la angustia como el motor y la vía a través de la cual el sujeto puede encontrar una salida para su deseo, es decir para enfrentar su ser más propio y realizarlo.
La muerte en Heidegger opera en un sentido desalienante como la angustia en dirección a la autenticidad del sujeto.
En el psicoanálisis de Lacan la angustia opera de enlace entre el goce mortífero y el deseo. Pero no es sin objeto. Su objeto es el objeto causa del deseo.
El ser deudor y la culpa en psicoanálisis también se articulan con el deseo. La temporalidad en Freud y Lacan pensada desde el deseo que es búsqueda de un objeto perdido, es compatible con el retrotraerse del estado de resuelto del dasein al yecto. La angustia podría pensarse que toma el aspecto de protectora en Freud, de guía y orientadora en Heidegger y por último como constructora de una vía para el deseo.
Los planteos reseñados sin embargo son diferentes. Los puntos de confluencia y oposición dibujan sin duda una figura compleja y de difícil aprehensión pero el intento de concebirla, permite esclarecer cada posición en sus límites y logros. Las tres aportaciones otorgan a la angustia y su relación al exceso, a la falta, la muerte y al deseo un lugar de gran relevancia. Con mayor énfasis en un aspecto o en el otro abren el camino para seguir elaborando una trama conceptual que permita situarla como concepto central para pensar nuestro ser en el mundo.
Referencias bibliográficas
Freud, S. (1981), Obras completas. Madrid, Ed. Biblioteca Nueva.
Heidegger, M. (2014). Problemas fundamentales de la fenomenología (1919/1920). Madrid: Alianza.
(1993). El ser y el tiempo. Buenos aires: Planeta.
Lacan, J. (2007) Seminario, Libro 10. La Angustia, Buenos Aires, Paidos, p.25-38.
- Universidad Nacional de Lanús.↵






