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27 Aportes antropológicos en Heidegger para la práctica clínica en torno al concepto de enfermedad

Catalina Barrio[1]

I) Orígenes del problema

El presente trabajo remite a un posible aporte desde la fenomenología heideggeriana para los casos de tratamientos de enfermedades en la práctica clínica. Naturalmente, Heidegger no se ha ocupado de este tema en específico pero sí se ha usado y se usa actualmente desde distintas perspectivas metodológicas y disciplinares. En este sentido, propongo trabajar algunos conceptos que en su significado usual remiten a un modo de ser en el mundo y que se patentizan en el co-estar con los otros. Es sabido que este problema trabajado desde un punto de vista epistemológico presupone el ontológico en tanto que determina un tipo de subjetividad o Dasein. Así, los aportes de Havi Carel (2016), Giroux (2011) y Nordenfelt (1997) resultan esclarecedores para la reconstrucción del problema y los aportes en el ámbito de la biomedicina. El estatuto de la enfermedad entendida no sólo como problema vinculado a la práctica clínica sino a su práctica social y política, se encuentra ligada a ciertos procedimientos descubiertos en la industria farmacéutica. Así, un “tratamiento” no es sólo la suspensión del mundo y de ciertas actividades (laborales, familiares y funcionales) sino que encuadra un presupuesto: prolongar la vida, llegar a una buena vejez, conservar una “buena calidad de vida”, etc. Es sabido también que a mediados del siglo xx y con el desarrollo de la biomedicina se ha demarcado (como lo habría demostrado la teoría de Canguilhem) lo normal de lo patológico. La enfermedad no sólo hace referencia a un problema patológico del orden de la “anormalidad” sino que también determina un modo de comportarse en el mundo circundante. La caracterización de lo que significa “estar enfermo” altera expectativas, metas pero también presupone creencias y estados psíquicos (Carel, 2016).

En los Seminarios de Zollikon, Heidegger menciona en relación a lo patológico y las enfermedades psíquicas que

el ser humano tiene que alcanzar la meta de la adaptación y de la libertad, en el sentido más amplio. Esto concierne tanto a los médicos como a los sociólogos, porque todas las perturbaciones patológicas del individuo son perturbaciones de la adaptación a un sentido de la libertad. (Heidegger, 2013: 237)

No es entonces solamente el carácter normativo del Dasein lo que hace que la enfermedad se comprenda de tal o cual manera, sino su fisiología y la referencia a otro con las mismas capacidades. Es así, que en la estructura del co-estar propia del Dasein en el mundo, la normalidad es el eje de la comprensión fisiológica y vital.

La idea dominante de la medicina de que la enfermedad puede ser definida (y atendida) objetivamente en relación a cierta normalidad estadística, domina un concepto de vida “normal” pero también absorbe y/o define conceptos tales como órgano, organismo, salud física y mental. Un ejemplo claro que propone pensar Carel es el siguiente: creer en cierta calidad de vida presupone una durabilidad cuantitativa y un vínculo insoslayable entre “vida” y “duración” (Carel, 2016: 4). Toda percepción espacio-temporal registra esta experiencia que cambia con la enfermedad. Como bien menciona ella posteriormente: “ la generalidad de lo que comprendemos cuando hablamos de enfermedad cambia cuando nos encontramos inhabilitados para ciertas experiencias en el mundo.” (Carel, 2016: 4). Esta idea presupone, a la vez, una normalidad del mundo y una correlatividad entre la vida y esa normalidad. La experiencia vivida y las determinaciones ontológicas que definen este comportamiento mundano son las condiciones de posibilidad para entender que la enfermedad es nexo necesario de una determinada práctica. Esta práctica, que Giroux hereda después de Canguilhem, está ligada a un dominio del estatuto epistemológico de la medicina. Heredando el principio mediante el cual “el ente no es entonces el objeto de un conocimiento teorético del ‘mundo’, es lo que está siendo usado, producido” (Heidegger, 1927: 95), la norma que determina un criterio de enfermedad depende de valores sociales e intereses humanos.

Pensar la enfermedad desde el método fenomenológico heideggeriano permite indagar el reporte de esta primera persona, el relato de una experiencia vivida intransferible y la reflexión sobre las reglas universales para comprender un comportamiento que se instale como norma.

II) Estructura y método fenomenológico

Siguiendo la lectura de H. Carel, las experiencias en primera persona en torno a la idea de “enfermedad” devienen de un método filosófico. El ser en el mundo no se determina por lo meramente fáctico sino por lo vivido. Lo que ofrece la fenomenología para pensar el concepto de enfermedad es la comprensión de una estructura mundana que clausura la posibilidad de pensar al Dasein en el mundo. Pero también, y como un segundo momento de esta investigación, esta clausura del mundo como privación de ser es el punto de partida de una experiencia intersubjetiva y corporal (Carel, 2016: 8). Siguiendo las lecturas de Heidegger y Merleau-Ponty en relación a la corporalidad, la distinción entre cuerpo objetivo y cuerpo vivido refleja la idea de “ser capaz” de “ o “incapaz de” (Carel, 2016). En los Conceptos fundamentales de la metafísica, Heidegger menciona lo siguiente:

Lo capaz, por el contrario, no está sometido a una prescripción, sino que ello mismo aporta reglas y regula. Se impulsa a sí mismo, de un modo determinado, hacia su ser capaz de…Este impulsarse y ser impulsado hacia su ‘para qué… sólo es posible en lo capaz si el ser capaz es, en general, impulsivo. Sólo hay capacidad donde hay impulso. (Heidegger, 2007: 280)

El “ser capaz” en relación a la experiencia corporal vivida, es el aspecto de una experiencia de la enfermedad entendida como experiencia corporal. Siguiendo la lectura de Merleau-Ponty y la noción de cuerpo y desplazamiento, Carel sostiene que la tensión entre cuerpo objetivo o mecanizado y cuerpo vivido es la relación o discrepancia entre experiencia subjetiva y comportamiento objetivo (Carel, 2016: 10). La enfermedad no remite al enunciado “estoy enfermo” sino “soy enfermo” (Giroux, 2011: 4). El enunciado o la experiencia en primera persona denota un estado inadaptado a esos comportamientos normados. Un ejemplo de ello es el mejorarse para cumplir ciertas conductas funcionales alojadas en la facticidad (el trabajo, el cuidado de una familia, etc.). La pregunta sería ¿Cómo se define el Dasein en su estado de enfermedad? ¿a partir de una experiencia vivida o de una necesidad de volver a su estado de Das Man fáctico y a cierto comportamiento instituido?. La necesidad de ex – sistir, deviene de una normalidad/normatividad que indica cómo debemos funcionar en el mundo, cómo debe entenderse el “vivir bien” y tener una “buena calidad de vida” basada en un bienestar (Giroux, 2011: 135). Entre la experiencia vivida en primera persona y los comportamientos sometidos a nuestro mundo circundante se establece una tensión y una puesta en cuestión del concepto de función.

Lennart Nordenfelt en su texto titulado Talking about Health. An Action-Theoretic Approach (1997), explica que tanto el concepto de salud como de enfermedad se inscribe dentro del marco de un “funcionamiento”. La función entendida en su sentido biológico/normal no sólo restringe la vida humana a la sobrevivencia y la reproducción sino que posibilita el desarrollo de ciertas capacidades (Nordenfelt, 1997: 35). En este sentido, un funcionamiento normal es definido como “holístico”; esto es, “el individuo como sujeto de acción que está en el centro de una teoría de la salud y que se define a partir de la noción de capacidad” (Giroux, 2011: 133). Siguiendo el planteo de L. Nordenfelt, la capacidad no es responder a una función estandarizada sino que es ver la oportunidad de resignificar las relaciones con el ambiente, la salud y la libertad (Nordenfelt, 1997: 209). La capacidad, dice Nordenfelt, no puede ser entendida como una oportunidad en el sentido de que la persona está bien de salud si es capaz de realizar sus metas en el medio ambiente. Las capacidades no son posibilidades prácticas sino la “precisión de las circunstancias de su ejercicio” (Nordenfelt, 1997). Las metas vitales o facultades biológicas no se reducen a las capacidades de una persona y sus metas porque, consecuentemente, entenderemos que “ las metas vitales son aquellas cuya realización es a la vez necesaria y suficiente para una felicidad mínima y durable.” (Giroux, 2011: 145).

El argumento de L. Nordenfelt en relación a las nociones de enfermedad/función/meta, es que la subordinación del concepto de salud a la subjetividad del agente presenta varias dificultades:

Primero, el sujeto puede perfectamente tener metas irreales o irracionales y querer lo imposible; segundo, un sujeto puede tener ambiciones muy limitadas o triviales y así, realizar todas sus metas; tercero, un sujeto puede tener metas contra-productivas o conflictivas; cuarto, una definición subjetiva de las metas tiene, además, el defecto de ser válida sólo para los seres humanos, únicos susceptibles de decidir voluntariamente sus metas. (Nordenfelt, 1997: 93).

Así, la durabilidad y la función que se le “prohíbe” a un enfermo discrimina metas perseguidas y las restringe al ámbito de una facticidad posible. La prohibición de comportamientos fácticos dependen de las capacidades y disposiciones. Heidegger, quien se ha ocupado especialmente del concepto de “capacidad”, menciona lo siguiente:

[…] lo que pertenece a una capacidad, como por ejemplo el ojo, lo que sirve a la capacidad de ver, sólo puede eso porque la capacidad es en sí misma servicial, y en cuanto tal puede tomar a su servicio. (Heidegger, 2007: 278)

Esta idea que sigue Nordenfelt, consiste en comprender que una capacidad es distinta de una acción normada. La salud, entendiéndose como una capacidad debe distinguirse de una acción o comportamiento que se ajustan a las normas sociales. Por eso: “ …las metas vitales de una persona no tienen necesidad de ser idénticas a las que una sociedad prescribe.” (Nordenfelt, 1997:35). Si una persona está enferma es porque, en cierto grado, hay al menos una meta vital en la que, dadas las circunstancias, ella no puede alcanzar.

En este sentido, Nordenfelt al igual que H. Carel mantienen la distinción conceptual entre lo patológico (disease) y la enfermedad (illnes). La enfermedad es la experiencia de un proceso en la que la corporeidad determina la condición de posibilidad de la existencia. Carel retoma a Heidegger en el sentido fenomenológico/existencial desde donde comprendemos la estructura ontológica de la praxis. En este sentido, toda experiencia subjetiva del Dasein puede modificar sus capacidades respecto a las metas posibles. No es entonces que la imposibilidad de disponer de tal o cual capacidad prohíba mundo sino que “el cuerpo vivido como cuerpo que experimenta en primera persona a partir de experiencias perceptuales determinan también el sentido del mundo.” (Carel, 2016: 26). Siguiendo a Merleau-Ponty, Carel propone pensar un conocimiento “positivo” de la experiencia de la enfermedad a partir de un sujeto sintiente, sosteniendo que lo corporal y vivido son actividades fundamentales que presuponen al ser en el mundo. Así, la experiencia vivida debe ajustarse a las metas vitales y posibles.

III) Palabras finales

Se desarrolló a lo largo del trabajo, el aporte del método fenomenológico en relación a la noción de enfermedad. En este sentido, tanto la lectura de H. Carel como la de L. Nordenfelt guiaron la comprensión y el uso de conceptos heideggerianos tales como ser-en-el-mundo, significatividad, capacidad y familiaridad . Así, la hipótesis de este trabajo sostiene la posibilidad de recuperar críticamente los fundamentos conceptuales del vínculo entre salud / autonomía y libertad. La experiencia vivida y corporal ayudó a reinventar las nociones de meta y función como protagónicos y necesarios dentro de una estructura del co-estar del Dasein. Así, por un lado se sostuvo que la distinción entre lo patológico (disease) asociado al método científico y analítico y la enfermedad (illnes) como concepto holístico, evocan no sólo una preocupación epistemológica sino ontológica. Tal como menciona Nordenfelt, hay una brecha en la práctica clínica entre la definición/descripción y la prioridad dada por la capacidad como fundamento de una experiencia de la enfermedad. Por otro lado, se explicitó la posibilidad (a partir de la lectura de H. Carel) de comprender que la “primera persona” que porta una experiencia vivida y sus condiciones clínicas o médicas, se divisan a partir de ciertas habilidades corporales que hacen o no a la adaptación ambiental propia del Umwelt . Algunas enfermedades que la autora se propone pensar son el asma o la diabetes para ciertos casos adaptativos que pueden ser funcionales a una red significativa (el diabético o asmático por ejemplo “funcionan” según sus condiciones laborales que condicionan o no las posibilidades de ser). No así la paraplejia o parálisis que obstruyen capacidades para fines normados.

En síntesis, las limitaciones no están en relación con las capacidades “funcionales” puesto que estas últimas se desarrollan en función a metas establecidas (el bienestar o una ‘buena calidad de vida’). La tensión entre el Das Man o aquello que se legitima como lo normal propio de la facticidad y la autenticidad se muestra en estos desplazamientos; entre la retirada del mundo en casos de enfermedad y la anulación de metas o su función en la cotidianeidad.

Referencias bibliográficas

Carel, H. (2016), Phenomenology of Illnes, Oxford: University Press.

Giroux, E. (2011), Después de Canguilhem: definir la salud y la enfermedad, Bogotá: Universidad el Bosque.

Heidegger, M. (2007), Los conceptos fundamentales de la metafísica, Madrid: Alianza.

(1997), Ser y Tiempo, Santiago de Chile: Ciudad Universitaria.

Nordenfelt, L.(1997), Talking about Health, A Philosophical Dialogue, Amsterdam: Rodopi.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.


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