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11 La memoria en Ser y Tiempo

Gabriel Corda[1]

La temporalidad del Dasein y la noción de arrojo

En la obra Ser y Tiempo Heidegger considera que para responder la pregunta sobre el ser en principio hace falta aclarar la pregunta sobre el ser que se pregunta por el ser, es decir, el Dasein (Heidegger, 1997a: 31). El análisis de este ser es mediante una fenomenología existencial práctica que no comienza por un sujeto trascendental, estructuras esenciales o certezas sin presuposiciones como lo hizo Husserl, sino por una interpretación o hermenéutica que intenta expresar el modo oculto, no-expresado, de la comprensión del ser del Dasein.

Este análisis conduce a una de las estructuras fundamentales del Dasein que es su temporalidad. Al tratar la temporalidad Heidegger no está interesado por el tiempo del reloj (una serie sucesiva de ahoras que se ordenan en pasado, presente y futuro) o con el tiempo como algún tipo de fenómeno físico,[2] sino por una serie de características internas de la constitución existencial del Dasein, una estructura de la inteligibilidad (tomar-como) de su ser. Según Heidegger, la temporalidad es una unidad en la cual el pasado, el presente y el futuro no son momentos diferentes, sino que se encuentran como éxtasis (salidas de sí mismo) esencialmente entrelazados. Como lo expresa Heidegger: “La temporización no significa una ‘sucesión’ de los éxtasis. El futuro no es posterior al haber‐sido, ni éste anterior al presente. La temporeidad se temporiza como futuro que está‐siendo‐sido y presentante.” (Ibíd.: 366).[3] Para evitar hablar en las categorías tradicionales de pasado, presente y futuro que pueden malinterpretarse como agrupaciones ordenadas secuencialmente de eventos distintos, Heidegger se refiere a los éxtasis en términos de las tres dimensiones fenomenológicamente entrelazadas de la temporalidad que conforman la estructura del cuidado: proyección arrojada más caída.

La proyección se revela fundamentalmente como la forma en que el Dasein se orienta hacia su futuro. En cada momento de su vida, el Dasein se encuentra orientado hacia el ámbito de sus posibilidades, oportunidades o cursos de acción mediante el horizonte de metas, objetivos, propósitos o fines que dan sentido a lo que actualmente hace, y más generalmente, a cómo está viviendo su vida. En Heidegger esta proyección no es un objetivo presente en la conciencia o una planificación calculadora, sino posibilidades que emergen del contexto y del mundo en el que fue arrojado.[4] En sus palabras: “El proyectar, que es fundamentalmente futuro, no aprehende primariamente la posibilidad proyectada de un modo temático y en un acto de referencia a ella, sino que se arroja en ella en tanto que posibilidad” (Heidegger, 1997a: 353).

El arrojo (Geworfenheit) o “haber-sido” (Gewesenheit) pueden entenderse como la forma en que el Dasein “recopila” su pasado. Según Heidegger nos encontramos arrojados en un mundo con una tradición que orienta nuestra comprensión del ser hacia un sentido que no podemos dejar de considerar y según el cual nos proyectamos. Esta realidad de la constitución del Dasein y su inteligibilidad del ser por el arrojo en un mundo en el que necesariamente habita también es analizada por Heidegger mediante los conceptos de nacimiento e historicidad.[5] Estas nociones quieren decir que el Dasein nacido o lanzado en un tiempo y cultura que no es de su elección, siempre existe en este mundo del cual hereda modos de ser, disposiciones afectivas, estados de ánimos (Stimmung), significados, un campo de inteligibilidad y una comprensión del ser a partir del cual le afectan o interpreta todo lo que le viene y se le manifiesta. En otras palabras, por encontrarse arrojado el Dasein manifiesta cierta “sintonía” con la forma en que las cosas ya han sido por las que se siente como en casa en el mundo, en cierta familiaridad con él.

La caída (Verfallen) se encuentra predominantemente orientada al presente y hace referencia a que el Dasein se encuentra ocupado en el mundo por sus tareas y prácticas, absorto en su actividad.[6]

Heidegger privilegia inequívocamente el momento del futuro en su descripción de la temporalidad originaria del Dasein, debido a que la revelación de su finitud que posibilita una existencia autentica se da únicamente a través de la anticipación dirigida al futuro por la proyección de la muerte como una posibilidad. Como lo expresa el mismo Heidegger: “El fenómeno primario de la temporeidad originaria y propia es el futuro” (Heidegger, 1997a: 346), mientras que la temporalización inauténtica prioriza otros éxtasis, como pasa con la curiosidad o la caída que se pierden en el presente.

Así, Heidegger concluye que la temporalidad es como una condición trascendental a priori a partir de la cual es posible la creación de sentido, la inteligibilidad, la comprensión del ser, el tomar-como; en definitiva, el modo distintivo del Ser del Dasein.[7] El ser siempre es inteligible solo en términos de tiempo y de ahí el título de la obra.

La noción de recuperación como modo auténtico de existir arrojado

Como se dijo anteriormente en Ser y Tiempo la temporalidad del Dasein determina una comprensión mediada y hermenéutica del ser, pero esta apertura del tiempo, además de afectar a la inteligibilidad, también constituye posibilidades auténticas o inauténticas de existencia. En efecto, cada éxtasis tiene un modo auténtico e inauténtico:

  • Respecto al “futuro”, existir auténticamente es proyectar hacia adelante para anticiparse a las posibilidades, mientras que el modo inauténtico es simplemente esperar (Gewärtigen) algo.
  • Respecto al “pasado” el modo inauténtico de “haber sido” es “olvidar” (Vergessenheit) por el que Heidegger se refiere a un modo de ser del Dasein según el cual en tanto arrojado se encuentra allí en una comprensión del ser velada u oculta, insondable e inasible que es la que abre todas sus posibilidades. Por otra parte, la manera auténtica de haber-sido es la repetición, recuperación o recuerdo (la palabra alemana Wiederholung literalmente significa volver a tomar), por la que Heidegger se refiere a una reapropiación del ente del Dasein que este ya es al asumir y hacer suya una de las posibilidades heredadas, un retomarse a sí mismo del Dasein que permite adelantarse hasta su más propio poder‐ser (horizonte abierto por su haber-sido).
  • Finalmente, nuestra relación inauténtica con el presente es la presentación (Gegenwärtigen), dejar simplemente que las circunstancias se nos presente y proyectar a partir del objeto de ocupación. Lo auténtico ahora es lo que Heidegger llama el “instante” o el “momento” (Augenblick) en el que uno discierne la situación concreta y responde a ella resueltamente. La diferencia central con el modo inauténtico es que no se temporiza o proyecta desde el presente, sino desde el futuro.

En este contexto, es particularmente significativo que el análisis heideggeriano del modo de existencia del Dasein se centre no en la memoria (Erinnerung) como la parte auténtica del olvido, sino en la recuperación (Wiederholung). Heidegger posiblemente haya tomado la concepción de Wiederholung del concepto de “repetición” de Kierkegaard a partir del cual el filósofo danés intentó explícitamente reformular la teoría griega tradicional de la memoria como “reminiscencia” para que no sólo se refiera al pasado como un recuerdo, sino que presente a su vez una orientación hacia el futuro.[8] Así, la repetición (Wiederholung) en Heidegger tiene el efecto de traer el “pasado” o la herencia viva en el “presente” del Dasein como un conjunto de oportunidades para la acción “futura”.[9] De esta forma la omisión de la palabra memoria y recuerdo como modos auténticos seguramente se deba a la importancia que le otorga Heidegger al reconocer que el “pasado” no es un mero suceso que pasó hace tiempo y que ya no se encuentra presente, sino que es un éxtasis (el arrojo) que define en gran medida la ocupación y proyección del Dasein. De hecho, la relación auténtica con el pasado sólo es posible por la orientación del Dasein al futuro. Sin esta dimensión hacia adelante la recuperación de un patrimonio no podría ser más que una mera repetición, pero mediante la proyección del Dasein este puede hacer suya una de las posibilidades heredadas asumiéndola de modo auténtico.[10] En otras palabras, mientras el arrojo es el límite, horizonte y el campo de posibilidades heredadas, la proyección libre es la que posibilita asumir auténticamente una de estas posibilidades sin limitarse a su mera repetición. Como lo expresa el mismo Heidegger: “sólo un ente que como venidero sea cooriginariamente un ente que está siendo sido, puede, entregándose a sí mismo la posibilidad heredada, asumir la propia condición de arrojado y ser instantáneo para `su tiempo´” (Heidegger, 1997a: 401).

El olvido del ser

Ya desde la primera oración de esta obra se nos recuerda que la pregunta primaria de Heidegger no concierne a la “memoria”, sino al olvido: “Hoy esta pregunta [la del ser] ha caído en el olvido” (Ibíd.: 25)

Al interpretar la tradición como un olvido del ser, podría interpretarse el propio proyecto filosófico de Heidegger como un espacio de memoria (Taylor Carman, 2017: 561), un intento de recuperar nuestro tener ser y mundo. Precisamente Heidegger en esta obra considera que el ser siempre se encuentra retirándose, oculto, en un olvido constante y continuo por su esencial resistencia a la explicitud o clarificación. Es lo más cercano a nosotros (porque es la comprensión del ser en lo que habitamos y moramos, aquella por la cual los seres nos resultan inteligibles) y, a su vez, es lo más distante (porque no es posible una comprensión o descripción completa de ese ser).[11] Así como no se puede voltear la mirada para mirar directamente los límites del propio campo visual, así también el ser, el horizonte de la inteligibilidad de las entidades, es un horizonte que no puede ser tematizado y entendido como una entidad. Consecuentemente, la filosofía de Heidegger como un recuerdo del ser no es un esfuerzo ordinario para recordar algo definido o particular o un esfuerzo teórico en el sentido de la filosofía ilustrada, sino un intento de permanecer atento a la insondabilidad e inasibilidad del ser y un intento de mostrar la comprensión del ser que domina en la facticidad del Dasein.

Más adelante, en uno de los escasos pasajes en los que Heidegger evoca explícitamente el tema de la memoria, la misma se trata de forma secundaria por subordinarse al olvido. El olvido como un modo inauténtico de tener ser no es una mera negación derivada del recordar, repetir o recuperar, sino un modo de ser originario tal como lo expresa la sentencia heideggeriana: “el recuerdo [la memoria] sólo es posible en el olvido y no al revés” (Heidegger, 1997a: 329).

Heidegger dice literalmente que el olvido es un modo de ser positivo del Dasein, de lo que se sigue que no es algo que pueda evitarse. Ahora bien, ¿cómo es posible oponer el modo propio de recuperación al impropio del olvido si este último es originario e inevitable? Este problema genuino que surge con la lectura de Ser y Tiempo se puede evitar al considerar que el compromiso del Dasein con una de las posibilidades abiertas por el haber-sido es propia cuando se realiza “reconociendo” que esa posibilidad es un horizonte de la familiaridad con el mundo en el que se encuentra arrojado y que la posibilidad más propia como Dasein es la imposibilidad de toda posibilidad, es decir, la muerte. Por el contrario, el compromiso del modo impropio de existencia se compromete con una posibilidad heredada en su enfrentar u ocupación cotidiana en el mundo olvidando que posee ser y que como Dasein es estructuralmente finito. De este modo el olvido forma parte de la estructura esencial del Dasein en tanto que es una modalidad que abre primariamente el horizonte dentro del cual puede recordar y hacer suya una posibilidad, y es una forma impropia en tanto el compromiso con una posibilidad se realiza al margen de la comprensión del ser y de la finitud características del Dasein.

Consecuentemente, tenemos dos sentidos a partir de los cuales podemos entender el olvido y el recordar: un sentido se refiere al ser en general que es insondable e inasible y por lo tanto siempre se nos escapa, se nos olvida (aquí el “recuerdo” posibilitaría evidenciar la estructura finita del Dasein y su necesaria comprensión hermenéutica del ser), y otro sentido en el cual los horizontes que abre el pasado y el mundo en el que habita el Dasein primariamente están-ahí, permaneciendo en forma oscura, velada u olvidada y lo que permite la recuperación es su apropiación creativa para volver al Dasein resoluto y auténtico.

Aportes heideggerianos al estudio de la memoria

Es importante tener cuidado al interpretar a la memoria en Heidegger como una memoria implícita a través de la cual la gente es influenciada por la experiencia pasada sin ninguna conciencia explícita que este es el caso. Un ejemplo de esta interpretación podría ser el caso de ver un artículo sobre Nietzsche que lo relaciona con el nazismo y olvidándose la experiencia personal del evento pasado de leer tal artículo se sigue teniendo esa versión sobre el filósofo (Käufer, 2011: 54). Esta interpretación entendida según el modelo teórico computacional de la mente (donde la mente se caracteriza como procesadora de información y la memoria como datos que se codifican, se almacenan y se recuperan) parece tergiversar a la concepción sobre la memoria de Heidegger que no puede ser explicado mediante este modelo teórico. Esto se debe a que la comprensión del ser se entiende más bien como habilidades, destrezas, competencias o comportamientos y no como creencias, reglas o principios (ya sea implícitos o explícitos, concientes o inconscientes), de modo que su concepción de la memoria no puede entenderse como almacenamiento de información, sino más bien como prácticas de trasfondo (Dreyfus, 2002).

Esta observación conduciría a pensar que es posible encontrar alguna relación entre la concepción de la memoria heideggeriana y la llamada por la clasificación estándar de la memoria como memoria procedimental. Sin duda que al ser un tipo de memoria no declarativa (no explícita ni conciente) y al referirse a prácticas más que a contenidos teóricos presenta una mayor cercanía con la concepción heideggeriana.

Si la lectura de Heidegger que relaciona su pensamiento con la memoria procedimental es correcta, entonces el análisis de Ser y Tiempo iniciaría la investigación y análisis de un tipo de memoria que en las investigaciones contemporáneas suele ocupar un segundo lugar frente a las memorias declarativas (episódica y semántica) de las que tratan la mayoría de los estudios. Además, esta obra no sólo ofrece una profundización y análisis de este tipo de memoria, sino también una tesis sobre su primordialidad frente a las memorias declarativas que vendrían a ser derivadas. Sólo mediante el arrojo en un mundo es posible el recuerdo conciente de algunos sucesos o proposiciones y sólo mediante ciertas prácticas de trasfondo (cierta comprensión del ser) estos recuerdos derivados se constituyen como tales.

Conclusión

Al entender la “memoria” en Heidegger bajo el concepto de arrojo se evidenció que no hace referencia a un recordar conciente tematizado de cosas o eventos, sino a una disposición afectiva o comprensión del ser que el Dasein presenta por habitar o morar en un mundo, por su sintonía o familiaridad con él. Al analizar la concepción de recuperación se evidenció que la relación auténtica con el pasado no exige, nuevamente, una memoria conciente sobre lo sucedido, sino la resolución existencial del Dasein para hacer suyo el patrimonio, una de las posibilidades heredadas y abiertas por el haber-sido, asumiendo el compromiso de ser leal a él. Finalmente la filosofía misma de Heidegger como un espacio de memoria frente al olvido del ser manifestó que el ser no se encuentra presente directamente para nosotros como los entes, sino que se encuentra retirándose, oculto, en un olvido constante y continuo por su esencial resistencia a la explicitud o clarificación que lo vuelve insondable e inasible. Todo esto condujo a rechazar algunas interpretaciones erróneas sobre la memoria de Heidegger que la entendían bajo el paradigma clásico del modelo informacional, considerando la interpretación de Dreyfus sobre las prácticas de trasfondo como una alternativa más viable.

Referencias bibliográficas

Dreyfus, H. L. (2002), Ser-en-el-Mundo, Santiago de Chile: Editorial Cuatro Viento.

Barash, J.A. (2008) Heidegger and the Metaphysics of Memory, Studia Phaenomenologica VIII, 401-409.

Käufer, S. (2011) Heidegger on mineness and memory, Annales Philosophici 2 (2011), Pennsylvania, Department of Philosophy Franklin & Marshall College, pp. 51 – 65.

Kelly, M. R. (2018) “Phenomenology and Time-Consciousness”, The Internet Encyclopedia of Philosophy, URL =  https://www.iep.utm.edu/phe-time/, 12/07/2018.

Kierkegaard, S. (1997); La repetición, Buenos Aires: JVE Psique.

Taylor C. (2017) “Martin Heidegger”, The Routledge Handbook of Philosophy of Memory, Bernecker, S. y Michaelian, K. (eds.), London: Routledge.

Heidegger, M. (1997a), Ser y Tiempo, Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

(1997b), “Agustín y el Neoplatonismo”, Estudios sobre mística medieval, trad. Jacobo Muñoz, México: Fondo de Cultura Económica.

Wheeler, M. (2017) “Martin Heidegger”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2017 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL <https://plato.stanford.edu/archives/fall2017/entries/heidegger/>.

Zahavi, D. y Gallaghe, S.(2008) The Phenomenological Mind: An Introduction to Philosophy of Mind and Cognitive Science, New York, Routledge.


  1. Universidad Nacional de Mar del Plata.
  2. Heidegger distingue el tiempo del mundo o mundial del tiempo ordinario, considerando al primero como un modo auténtico y originario y al segundo como inauténtico y derivado (Ibíd.: §80). El tiempo mundial denota la manera en que el tiempo parece ser significativo para el Dasein según sus proyectos e interés práctico. Entonces, por ejemplo, el tiempo mundial es aquello que entendemos cuando comprendemos que ahora es el momento de levantarse, es hora de llegar al trabajo, es hora de almorzar, hora de acostarse, etc. o, en forma más general, que es tiempo de vacaciones, tiempo de enfocarse en la ocupación, etc. Así, el tiempo mundial será distinto para un estudiante o profesor universitario argentino cuyo año académico inicia en febrero que para un norteamericano o europeo que comienzan en Agosto. Por otra parte, el tiempo ordinario es para Heidegger la comprensión de sentido común o científica sobre el tiempo como una serie sucesiva de ahoras puntuales y atomistas. Así, la comprensión del tiempo deja de ser reconocida originariamente como cargada de significado y pasa a ser considerada como una sucesión de momentos puramente abstracta, una visión del tiempo más asociada con la matemática y la ciencia. A diferencia del presente entendido como un momento muy corto o tal vez instantáneo en una cronología lineal, el ahora que habitamos en la vida cotidiana y la experiencia no son simplemente una duración, sino una situación definida por preocupaciones, necesidades, demandas, obstáculos y oportunidades
  3. En la existencia del Dasein cada “momento” y evento debe entenderse a partir de los tres éxtasis temporales, en cuanto que se constituyen por arrojo (pasado), proyección (futuro) y caída/discurso (presente). Así, cada “momento” del Dasein trasciende (va más allá) de sí mismo como un episodio momentáneo de su existencia, porque esta co-realizando el “presente” con un “pasado” y un “futuro” a la vez (los términos se encuentran entre comillas para evitar que se interpreten del modo tradicional como momentos independientes y no como los entiende el análisis existencial de Heidegger en donde se dan a la vez y se encuentran entrelazados.). Como lo expresa Taylor Carman (2017): “el presente temporal se define por su horizonte posterior que se desvanece en un pasado inicialmente no recordado” (561)
  4. Las posibilidades emergen de un contexto o circunstancia que manifiesta solo un conjunto de posibilidades disponibles que Heidegger llama espacio-para-maniobrar. Por ejemplo, un carpintero en la pausa del almuerzo, dado su trasfondo cultural y la comida que puede llegar a tener disponible, sólo tiene una limitada gama de posibilidades abiertas o espacio-para-maniobrar que difiere de las posibilidades intencionalistas de primera persona (todas aquellas cosas que puede pensar en comer) y de las posibilidades objetivas, lógicas y físicas de tercera persona (todo lo posible lógicamente). Quizás comer hormigas bañadas en chocolate pueda ser pensado por el carpintero y también puede llegar a ser lógicamente posible y, sin embargo, no formar parte de su espacio-para-maniobrar. (Dreyfus, 2002: 144-146)
  5. El Dasein existe como nacido (gebürtig) y aunque Heidegger no proporciona una interpretación detallada de la noción existencial de nacimiento (él usa la palabra sólo unas pocas veces en los parágrafos 72 y 74), está claro que no se refiere literalmente al nacimiento como fenómeno biológico, es decir, al hecho localizable históricamente en el pasado en el que salimos del vientre materno. Él lo aclara cuando dice: “Comprendido existencialmente, el nacimiento no es jamás algo pasado, en el sentido de algo que ya no está‐ahí” (Heidegger, 1997a: 391). Así el nacimiento debe interpretarse existencialmente como un momento de “inculturación” en el cual el Dasein se integra a un mundo preexistente en el que se encuentra arrojado incorporando una comprensión del ser, una estructura a priori de inteligibilidad que abre todas las posibilidades a partir de las cuales puede proyectarse en ese mismo mundo. De esta forma y en contraste con la muerte (aquella posibilidad que cierra todas las posibilidades), el nacimiento es una característica del Dasein que abre todas las posibilidades.

    Por otra parte, Heidegger, al final de su análisis de la temporalidad, trata sobre el fenómeno de la historicidad (Geschichtlichkeit) del Dasein. La historicidad hace referencia también a la instancia de familiaridad con el mundo que permite que las cosas tengan significación. En otras palabras, es por la historicidad del Dasein que este puede traer del “pasado” su herencia como un conjunto de oportunidades para su proyección y ocupación

  6. Respecto a la caída, Dreyfus la entiende en dos sentidos: uno que “desvela una estructura ontológica esencial del Dasein” (Heidegger, 1997a: 201) que se desarrolla en la Primera División y otro que tiene un sentido más bien psicológico como modo de huida a la angustia (desarrollada en la Segunda División). Respecto al primer sentido, “El estar-en-el-mundo ya está siempre caído” (Ibíd.: 203) y como tal se encuentra extraviado (se encuentra absorto en-el-mundo haciendo algo), desarraigado (debido a que el modo de ser, de comprender e interpretar del Dasein cotidiano se constituye a partir de lo-que-habla-la-gente o la habladuría (Ibíd.: 190-193) y encubierto (se interpreta a sí mismo por la inteligibilidad promedio del uno que carece de primordialidad, de modo que se entiende a sí mismo como disponible o meramente presente sin revelar su tener ser)
  7. Un Ser infinito entendería las cosas directamente, sin necesidad de intercesión interpretativa, por lo que la finitud estructural del Dasein manifiesta en la temporalidad también revela el fenómeno de tener ser, de tomar-como o, en otras palabras, de entender las cosas de una manera indirecta mediada hermenéuticamente
  8. Kierkegaard toma la palabra repetición del idioma danés, Gjentagelse, que literalmente significa retomar, recuperar. Algunas citas de Kierkegaard (1997) que manifiestan esta trascendencia de la repetición del momento pasado son los siguientes:
    a) “Repetición y recuerdo constituyen el mismo movimiento, pero en sentido contrario. Porque lo que se recuerda es algo que fue, y en cuanto tal se repite en sentido retroactivo. [….] Para poder esperar y recordar se necesita juventud, pero quien desea la repetición ha de tener, sobre todo, coraje” (5).
    b) “cuando se afirma que la vida es una repetición, se quiere significar con ello que la existencia, esto es, lo que ya ha existido, empieza a existir ahora de nuevo” (16)
  9. Aquí la traducción literal del término alemán como repetición es engañosa. La idea no es exactamente la mera repetición de acciones de un contexto socio-cultural anterior, sino la apropiación de esas acciones pasadas sobre las cuales pueda el Dasein proyectarse creativamente al poseerlas o hacerlas suyas. De modo que traducir el término alemán Wiederholung por recuperación puede que sea más adecuado
  10. El arrojo, el-estar-en-el-mundo, el nacimiento y la historicidad son modos de ser esenciales del Dasein, una forma necesaria en la que el Dasein se relaciona con su “pasado”. No obstante, Heidegger toma distancia de aquella interpretación que pretenda con estos conceptos autorizar normativamente al “pasado” (a lo “tradicional”) y usa casi siempre la palabra tradición con connotaciones negativas. La mera repetición que acepta pasivamente una tradición es síntoma de una relación inauténtica con el “pasado”. Por el contrario, una relación auténtica con el “haber-sido” exige entregarse a sí mismo una posibilidad heredada, “tomar el control” de la historia como herencia (Heidegger, 1997a: 399), elegir aquello que se toma y transformarlo en el proceso de hacerlo propio. Las limitaciones y posibilidades del patrimonio deben manifestarse de alguna manera en nuestra recuperación o recuerdo que permiten que el Dasein, como ser-en-el-mundo, vuelva sobre sí mismo y se asuma de un modo auténtico. En el modo de existencia auténtico la relación del Dasein con la herencia no es ni una tradición rígida ni la innovación arbitraria (Ibíd.: 401), sino una especie de lealtad a las posibilidades que ha elegido y recuperado de su herencia. Así, mediante la recuperación el Dasein se apropia de una posibilidad existencial, de un horizonte abierto por el mundo que habita, eligiendo la opción que lo hace libre (escogiendo un héroe) y siguiendo luego con la lucha de ser leal a ella
  11. El ser es aquello por lo que comprendemos todo, pero él mismo se nos oculta. Jamás podremos llegar a tener claridad respecto a la comprensión del ser porque no se refiere a un sistema holístico de creencias, reglas o principios tácitos o implícitos, sino a destrezas, prácticas, competencias, capacidades que son imposibles de explicitar o enunciar. Entonces, lo único que nos queda por hacer es dar una interpretación de la interpretación (una interpretación hermenéutica) ya presente en las prácticas (Dreyfus, 2002)


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