La centralidad del cuerpo en el marco de la analítica existenciaria
Tomás Stöck [1]
Desde que fuera publicado originalmente en 1927, Ser y tiempo ha generado incontables reacciones de todo tipo. Entre las críticas más usuales, una de ellas, casi demoledora, apunta contra la ausencia total de un abordaje explícito de la temática de la corporalidad por parte de Heidegger en dicho texto. Es famoso, por mencionar tan sólo alguno, el comentario de Sartre quien incluso habría contabilizado la cantidad de líneas que se le dedican al cuerpo en el mencionado tratado. ¿Podría ser acaso que Heidegger, el pensador que ha denunciado implacablemente el olvido del ser haya recaído, él mismo, en un olvido análogo en relación al cuerpo?
Esta ponencia es un primer intento por contrarrestar dicha acusación. A partir de un recorrido atento por el §7 de Ser y tiempo, específicamente la sección A en la que se discuten los diversos sentidos de fenómeno, se intentará leer ciertas posibilidades que se abren en el texto y que permiten plantear, allí donde Heidegger no lo hace explícitamente, una relación entre la enfermedad y la corporalidad. Se tratará de explicitar una mostración concomitante de ambos o, mejor dicho, de rastrear una consideración de la corporalidad que se encuentra de manera ejemplar justamente allí donde esta última (a)parece perturbada.
Llegado al momento de explicitar su metodología, Heidegger considera preciso reelaborar la noción de fenomenología, y en primer lugar el concepto de fenómeno. Retoma, para ello, la etimología griega, a partir del término phainómenon, el cual deriva a su vez del verbo pháinesthai, que significa mostrarse, manifestarse, revelarse [sich zeigen]. Phainómenon, entonces, significa según Heidegger “lo que se muestra, lo automostrante, lo patente” [sich zeigt, das Sichzeigende, das Offenbare] (Heidegger, 2009: 48/GA 2: 38). A su vez, phaísnesthai es la voz media del verbo phaíno, cuyo significado Heidegger expresa como “sacar a la luz del día, poner en la claridad” [an den Tag bringen, in die Helle stellen] (Heidegger, 2009: 48-49/GA 2: 38). Phaíno pertenece por su parte a la raíz griega pha-, al igual que phos, la luz, la claridad [das Licht, die Helle], es decir, “aquello en que algo puede hacerse patente, visible en sí mismo” [das, worin etwas offenbar, an ihm selbst sichtbar werden kann] (Heidegger, 2009: 49/GA 2: 38).
1. A partir de estas consideraciones preliminares, deberíamos retener [festzuhalten] como significación de fenómeno [Phänomen], dice Heidegger, la siguiente: fenómeno es lo-que-se-muestra-en-sí-mismo, lo patente [das Sich-an-ihm-selbst-zeigende, das Offenbare].
Según lo dicho hasta aquí, los phainómena, los fenómenos [Phänomene], son entendidos por Heidegger como todo aquello que yace en la luz, o que puede ser sacado a la luz. Sería aquello que los griegos, en su momento, han comprendido como tà ónta, los entes [das Seiende]. Los entes pueden mostrarse de diversas maneras desde sí mismos, en función de distintos modos de acercamiento o acceso a ellos.
2. Muchas veces el ente se muestra desde sí mismo como aquello que dicho ente mismo es, se muestra a sí mismo y desde si mismo como siendo lo que en sí mismo es. Sin embargo, observa Heidegger, puede ocurrir también, y ocurre de hecho muchas veces, que el ente se muestre desde sí mismo como aquello que no es en sí mismo. “En este mostrarse, el ente ‘parece…’” [In diesem Sichzeigen ‘sicht’ das Seiende ‘so aus wie…’] (Heidegger, 2009: 49/GA 2: 38-39). A este tipo de fenómeno, a este mostrarse del ente desde sí mismo como aquello que él no es en sí mismo, Heidegger lo denomina específicamente parecer [Scheinen]. Ya en griego, el término phainómenon tiene también este sentido de “lo que parece”, lo “aparente”, la “apariencia” [das so Aussehende wie, das “Scheinbare”, der “Schein”] (Heidegger, 2009: 49/GA 2: 39), es decir, lo que parece algo que en verdad no es, lo que simula ser algo que verdaderamente no es.
Más allá de estas distinciones, Heidegger es categórico al afirmar que hay, a partir de su estructura, una coherencia interna entre estas dos maneras de pensar lo que se dice con el término griego phainómenon (e.i. fenómeno = lo que se muestra; fenómeno = apariencia, lo que se muestra como lo que no es). Él la explicita diciendo que “sólo en la medida en que algo, conforme a su sentido mismo, pretende mostrarse, es decir, ser fenómeno, puede mostrarse como algo que él no es, puede ‘tan sólo parecer…’” (Heidegger, 2009: 49, cursiva del autor). Evidentemente pareciera ser que la mentada coherencia interna tiene la forma de una cierta dependencia que existe entre ambos modos de pensar lo fenoménico, de pensar el mostrarse de algo. En la significación de phainómenon como apariencia [Schein], está ya incluída la otra significación, a la que Heidegger caracteriza como originaria [ursprüngliche] y fundante, según la cual fenómeno es igual a lo patente [das Offenbare].
Llegado a este punto, Heidegger deja en claro sus elecciones terminológicas. Va a reserver el término fenómeno [Phänomen], a la “significación positiva y originaria” del término griego phainómenon. Por otra parte, a la significación negativa del término, a su “modificación privativa”, la denominará simplemente “apariencia” [Schein] (Heidegger, 2009: 49).
3. Y es aquí que hace su aparición, por primera vez y sin anuncios, un tercer sentido de fenómeno, al cual Heidegger querrá, al menos parece que es lo que pretende, distinguir tajantemente de los primeros dos, y consecuentemente relegar a un lugar de menor importancia filósofica, en gran medida por la enorme plurivocidad que manifiesta.
Se trata del término alemán Erscheinung, que puede ser traducido como manifestación (o como apariencia, según Gaos). Resulta tal vez curioso, o al menos me gustaría en esta oportunidad detenerme en ello, el hecho de que al introducir este tercer término Heidegger se vea necesitado de dar ejemplos, y no serán ejemplos de cualquier tipo. ¿Qué es o de qué se trata aquello de lo que decimos que es manifestación, o incluso mera manifestación, manifestación desnuda [bloße Erscheinung]?
Heidegger da el siguiente ejemplo. Se habla, nos dice, de “fenómenos patológicos” [Krankheitserscheinungen: “apariencias de enfermedad”, traduce Gaos] (Heidegger, 2009: 49/GA 2: 39), y afirma que con dicho término se mientan “anomalías” [Vorkommnisse: ocurrencias, sucesos, procesos] que se muestran [sich zeigen] en el cuerpo [am Leib], “y que al mostrarse y en tanto que mostrándose, son indicio [indizieren] de algo que no se muestra en sí mismo” (Heidegger, 2009: 49). La aparición de sucesos de este tipo, sigue Heidegger, su mostrarse [ihr Sichzeigen], se da conjuntamente o concomitantemente con la presencia [Vorhandensein] de perturbaciones [Störungen: molestias, irregularidades] que no se muestran a sí mismas [die selbst sich nicht zeigen]. Es así que fenómeno en este sentido de manifestación [Erscheinung] en tanto que manifestación de algo definitivamente no quiere decir, insiste Heidegger, “mostrarse a sí mismo” [sich selbst zeigen], sino más bien “el anunciarse [das Sichmelden] de algo que no se muestra [von etwas, das sich nicht zeigt] por medio de algo que se muestra [durch etwas, was sich zeigt]” (Heidegger, 2009: 49/GA 2: 39). En este caso, entonces, manifestarse [Erscheinen] es, dice Heidegger, un no-mostrarse [Sich-nicht-zeigen]. Sin embargo, este no aquí mencionado no debería confundirse en lo más mínimo, con aquel primer no privativo que determina la estructura de la apariencia [Schein]. Es decir, aquel no de lo que se muestra desde sí mismo como lo que no es él mismo no debería confundirse con este no-mostrarse de la manifestación. Aquello que no se muestra, tal como no se muestra lo que se manifiesta [wie das Erscheinende], jamás puede tampoco parecer [scheinen]. Es decir, aquello que se manifiesta, y por tanto no se muestra en sí mismo y desde sí mismo como lo que en sí mismo es, claramente tampoco podrá mostrarse como lo que no es. Para que algo simule ser lo que verdaderamente no es, hace falta más que un anuncio, más que una mera manifestación. Esta estructura formal del manifestarse, dice Heidegger, es compartida por todo eso que comunmente denominamos indicaciones, representaciones [Darstellungen], síntomas y símbolos.
Hasta aquí tenemos, entonces, tres sentidos de fenómeno claramente delimitados por Heidegger.
- Fenómeno en sentido positivo: mostración, lo que se muestra/señala/indica en sí mismo [sich-zeigen], lo patente [das Offenbare].
- Fenómeno en sentido negativo: apariencia [Schein], ilusión, lo que no se muestra.
- Fenómeno en tanto manifestación [Erscheinung], síntoma, indicio, anuncio de algo que no se muestra en sí mismo.
Aunque, como ya ha quedado claro, el manifestarse [Erscheinen] no es nunca un mostrarse en el sentido en que un fenómeno se muestra, sin embargo sólo es posible la manifestación sobre la base [auf dem Grunde] del mostrarse de algo. Es decir, es preciso que algo se muestre para que otra cosa se anuncie en ese mostrarse, sin por ello mostrarse ella misma. Pero no por ello debemos confundir o solapar el mostrarse que posibilita una manifestación concomitante, con esta manifestación misma. El mostrarse, podríamos decir, es condición de posibilidad para el manifestarse. Manifestarse es, justamente, anunciar-se [Sich-melden] por medio de algo que se muestra [durch etwas, was sich zeigt]. Por consiguiente, los fenómenos [Phänomene] no son jamás manifestaciones [Erscheinungen], pero toda manifestación está necesitada de fenómenos. Llegado a este punto, advierte Heidegger que si quisiéramos definir el concepto de fenómeno [Phänomen], acudiendo al concepto poco claro de manifestación [Erscheinung], todo queda cabeza abajo [ist alles auf den Kopf gestellt] y es esta ya la segunda referencia a la corporalidad en relación a la definición de apariencia.
En la medida en que al fenómeno [Erscheinung] en el sentido del anunciarse [Sichmelden] por medio de algo que se muestra [durch ein Sichzeigendes] le es constitutivo un fenómeno [Phänomen], y que este fenómeno, como ya se dijo, puede modificarse privativamente convirtiéndose en apariencia [Schein], es así que también puede, por tanto, la manifestación [Erscheinung] volverse mera apariencia [bloßem Schein]. Nuevamente en este punto Heidegger parece necesitar ejemplos para aclarar las distinciones que intenta establecer. Y utiliza, una vez más, ejemplo que remiten a la corporalidad:
A una determinada luz puede parecer que alguien tiene las mejillas enrojecidas [gerötete Wangen] y la rojez que de este modo se nos muestra puede ser tomada como un anuncio de la presencia de la fiebre [als Meldung vom Vorhandensein von Fieber], y esto, por su parte, sirve, una vez más, de indicio de una perturbación del organismo [eine Störung im Organismus] (Heidegger, 2009: 51/GA 2: 41).
Resulta llamativo que en un texto que ha pasado por alto, supuestamente, el tratamiento de la corporalidad (incluso el propio autor anuncia, más adelante, que no va a tratar el tema), aparezcan tres referencias al cuerpo con pocas líneas de diferencia. Pero el cuerpo no como algo allí presente, como un ente más, como un Körper vorhandensein, sino como corporalidad viva que se anuncia sin ser todavía patente, una corporalidad que reclama volver a ser tema del pensar filosófico. ¿Se trata meramente de una casualidad, del azar de los ejemplos? ¿O hay más bien una cierta relevancia de la enfermedad como manifestación del cuerpo, como anuncio de una corporalidad viva [Leib], que no necesariamente coincide con el cuerpo tal como ha sido pensado desde Descartes? ¿Cabe pensar la corporalidad del Dasein como algo oculto, olvidado por la metafísica, relegado al lugar estático y maquínico de la res extensa? ¿Algo que debería, por tanto, ser sacado a la luz, y que se anuncia o que reververa justamente en el momento en que dicho cuerpo se vuelve un cuerpo enfermo, trastornado?
En el tomo primero de su Nietzsche, afirma Heidegger de manera elocuente: “Una pesadez [Verstimmung] estomacal puede tender un velo de sombra sobre todas las cosas. Lo que normalmente nos parece indiferente, resulta de pronto irritante y molesto. Lo que normalmente transcurre con facilidad, queda paralizado” (Heidegger, 2016: 100/GA6.1: 99). El trastorno corporal, una molestia de ese tipo modifica por completo nuestro modo de habitar el mundo, de encontrarnos allí, nuestro modo de vivir en comunidad. Esto es así porque, como afirma también en dicho texto, no somos algo a lo que luego, eventualmente, se le anexa un cuerpo, sino que en tanto que somos, que vivimos, somos cuerpo. Existimos corporeizadamente.
Se intentó, a lo largo de estas breves páginas, explicitar un vínculo extraño, casi marginal, entre la aparición de la enfermedad y el anuncio concomitante del cuerpo. A partir de la noción de fenómeno en el sentido de manifestación, de resonancia de algo que no se muestra, se podría abordar la situación del cuerpo vivo, del Leib, restituyéndole en el pensar filosófico el lugar central que tiene en la existencia misma. La enfermedad sería ese fenómeno revelador, ese lugar de apertura a partir del cual el cuerpo vivo del Dasein puede ser leído. El Dasein es corporal, ser-en-el-mundo es por tanto, ya siempre, ser un cuerpo en el mundo.
Referencias bibliográficas
Heidegger, M. (1977). Sein und Zeit [GA 2]. Frankfurt am Main, Alemania: Klostermann.
(1996). Nietzsche [GA 6.1]. Frankfurt am Main, Alemania: Klostermann.
(2009). Ser y tiempo (Traductor Rivera, J.E.). Madrid, España: Trotta.
- Universidad de Buenos Aires.↵






