La articulación de la téchne aristotélica en el primer Heidegger
Juan Solernó[1]
1. Introducción
Nuestra investigación se centra en la figura del joven Heidegger y sus enseñanzas en las universidades de Friburgo (1921-1923) y de Marburgo (1923-1927) con el objetivo de realizar una reconstrucción histórico-filosófica de la génesis del concepto de la técnica en este autor. Las hipótesis de trabajo o puntos de partida son tres:
- Heidegger piensa la técnica a partir de la noción griega de téchne y la caracteriza de tres maneras: como un modo de desocultar el ser del ente, como el saber que guía el trato con el ente intramundano y, de manera derivada, considera que la actividad de la téchne (la producción o poíesis) conforma el horizonte de comprensión de la metafísica. Esto último significaría que la metafísica occidental comprende el sentido del ser a partir del ámbito de los objetos producidos.
- Aristóteles es la figura con la que Heidegger confronta y dialoga en vistas a una apropiación crítica de la concepción del heleno de la téchne como virtud dianoética. Heidegger, en efecto, despojará a las virtudes dianoéticas de su contenido ético para convertirlas en disposiciones fundamentales del existente humano y, posteriormente, las trasladará a los modos de ser de los entes ontologizándolas.
- Las explicaciones de Heidegger se enmarcan en su proyecto de renovar la filosofía frente a las posiciones de sus contemporáneos que la concebían como ciencia estricta, cosmovisión o teoría de los valores.
2. La «téchne» como modo de desocultar el ser del ente
En esta parte de la investigación nos interesa responder a las siguientes preguntas: ¿qué se entiende por “desocultar el ser del ente”? ¿Cuáles son los distintos modos en que el Dasein efectúa el desvelamiento? ¿Cómo se caracteriza la téchne entendida como modalidad del descubrir y qué similitudes y diferencias guarda respecto a las otras formas de desencubrir?
El germano retrotrae la verdad a su significado etimológico hallable en el término griego alétheia. Ella es interpretada como “custodia del ser en la verdad” o “desocultamiento del ser” (Heidegger, 2005: 376).[2] Dicho fenómeno se refiere a que el ser del ente puede ser desvelado de distintas maneras al ser aprehendido alcanzando así el carácter de verdadero (Heidegger, 1992: 24-25; 2005: 378-380). Los distintos modos en que el Dasein efectúa dicho desvelamiento se identifican con las virtudes dianoéticas aristotélicas: téchne, epistéme, phrónesis, sophía y noûs. Ellas son depuradas de su contenido ético y convertidas en disposiciones desocultantes propias del Dasein (Heidegger, 2005: 376-377).[3]
La téchne es el modo de desvelamiento dirigido a la fabricación de artefactos y utensilios instrumentalmente a nuestra disposición que cumplen ciertas formas de servicio. Su meta es la producción de objetos útiles para la satisfacción de necesidades humanas. Se caracteriza además por la aplicación de reglas de fabricación y por la posibilidad de aprendizaje y transmisión. Su objeto de carácter contingente es la mejora y la reemplazabilidad de utensilios y artefactos. El saber de la téchne es de índole técnico-instrumental y la actividad que a ella corresponde es la producción (poíesis) (Heidegger, 1992: 22-44).
La epistéme es el modo de desvelamiento que intenta aprehender abstractamente el ser de los entes. Su meta es la contemplación de la verdad. Al igual que la téchne, se caracteriza por la posibilidad de aprendizaje y transmisión. Pero a diferencia de ella, su objeto es de carácter necesario y universal: las ideas inmutables y eternas. El saber de la epistéme es absoluto y la actividad que le corresponde es la contemplación (theoría) (Heidegger, 1992: 31-38).
La phrónesis es el modo de desvelamiento orientado al éxito de la acción humana bajo la guía de la prudencia, que dicta en cada caso el modo adecuado de comportarse en las situaciones concretas y reales de la vida. Su meta es el éxito de la acción humana. A diferencia de la téchne y de la epistéme, es imposible su aprendizaje y transmisión. Su objeto, sin embargo, es contingente y particular al igual que el de la téchne: se trata de la vida humana y sus circunstancias constantemente cambiantes. El saber de la phrónesis es situacional y la actividad propia suya es la acción (prâxis) (Heidegger, 1992: 48-51).
Es importante señalar una tendencia presente en la téchne a constituirse en una ciencia autónoma. En efecto, el ideal hacia el cual se dirige es la sophía (Aristóteles, trad. 1970: 93-95). Ella sólo es alcanzada cuando la téchne se despoja de su actividad productiva y se arroja al ocio (diagogé), condición de posibilidad de la pura contemplación. La téchne constituye un estadio anterior a la sophía al darse en la primera una presentificación de cómo debiera verse la obra finalizada. Sin embargo, esta visión aún se halla atada a una dimensión poiética. La sophía tiene su origen en la téchne porque en esta última hay un conocimiento de causas que permite brindar una explicación acerca del origen de los entes que son producidos. La téchne es más elevada que la experiencia (empeiría) porque esta última guarda una referencia a lo particular, al tiempo y a la repetición, mientras que la primera se orienta hacia lo general. Sólo cuando abandone todo rasgo poiético y toda actividad manual en favor de la contemplación y el ocio habrá alcanzado el grado máximo de la sophía (Heidegger, 1992: 69-94).
3. La «téchne» como el saber que guía el trato con el ente intramundano
Tenemos que establecer cuál es el ente intramundano, qué se entiende por mundo, cuál es el trato que el Dasein mantiene con esta clase de ente y finalmente cómo es el saber que guía dicho trato.
El ente intramundano es aquel que inmediatamente comparece frente al Dasein y con el que la existencia humana entabla el trato de la manipulación y utilización. Esta clase de ente es el útil (Zeug) y sus características son las siguientes: es algo que sirve para-algo; su modo de ser lo determina la pragmaticidad, siendo la servicialidad aquello que lo define; no existe de manera aislada sino que remite siempre a otros útiles perteneciendo a un “todo de útiles” o complejo remisional de referencias utilitarias cuyo último elemento de la cadena es el Dasein, el por-mor-de (Worum-willen) lo cual el contexto de referencias opera; su ser consiste en su disponibilidad o manejabilidad, lo que Heidegger llama el “estar a la mano” (Zuhandenheit); y se encuentra tan marcadamente a la mano que el Dasein no repara explícitamente en él sino que este desaparece a favor de lo que se lleva a cabo (Heidegger, 1977: 68-71).
El mundo debe ser pensado en este contexto no como el conjunto de los entes, ni como su receptáculo, sino como el complejo de remisiones significativas, la totalidad de relaciones articuladas y significativas referidas intrínsecamente al Dasein y a las que este permanentemente se refiere. Su aspecto más importante es su carácter a priori: el Dasein se encuentra siempre ya referido al mundo, el cual precede a toda captación de un ente determinado.
El modo en que el Dasein se relaciona con el útil recibe el nombre de “trato ejecutivo” (verrichtender Umgang) (Heidegger, 2005: 353; 1988: 102), el cual puede ejemplificarse en el manejo rutinario, prerreflexivo y sin mayores complicaciones de útiles y situaciones, tales como el uso de un martillo, el arranque del coche, el encendido de un cigarrillo, la extracción de dinero de un cajero automático o los hábitos de higiene. Los modos de realización son la manipulación, la preparación, la elaboración, la fabricación, el servirse de, el uso para, el tomar posesión de, el custodiar y el extraviar. Tiene un carácter instrumental y pragmático. La circunspección guía al trato ejecutivo (Heidegger, 2005: 353). Aquella consiste en un “mirar alrededor”, en abarcar con la vista el horizonte inmediato del trato, en moverse en un ámbito de acción próximo y familiar, y en mostrar cierto interés por el mundo circundante. La circunspección alude a un modo de tratar con el mundo que se guía por la habilidad con la que el Dasein se desenvuelve ante las situaciones de la vida. No implica ningún paso teorético (Heidegger, 1992: 45). La circunspección impide que el trato ejecutivo sea considerado como “ciego”, siendo la manera de ver propia del trato, la que dirige el manejo y le confiere su específica seguridad.
El modo de conocimiento propio del trato ejecutivo no es el teorético y objetivante propio de la observación abstracta sino un tipo de saber implícito o tácito que no puede ser completamente expresado en palabras y que abarca tanto habilidades corporales como cognitivas. Este conocimiento opera en las actividades que son llevadas a cabo con maestría y destreza sin una clara conciencia al realizarlas y que sólo pueden ser parcialmente reconstruidas en términos de una teoría. Este conocimiento brota del mismo trato con el útil: el Dasein conoce al útil al hacer uso de él. Es un saber de acción, un saber-cómo que es aprendido mediante el ejercicio y la repetición y que tiene un carácter procedural. Este saber se identifica con el modo de desocultar de la téchne (Heidegger, 1995: 21; 1977: 69)
4. La actividad de la «téchne» («poíesis») como el horizonte de comprensión de la metafísica
La tarea de la destrucción de la metafísica pone de manifiesto que la concepción del ser en Aristóteles como ousía está vinculada a la actividad poiética y que su sistema filosófico está determinado por un horizonte de comprensión basado en el fenómeno productivo. La metafísica occidental se funda sobre la técnica o sobre el modo desencubridor de la téchne.
La ousía es el concepto fundamental por antonomasia de la filosofía aristotélica y determina el sentido del ser de la metafísica (Heidegger, 2002: 22). Heidegger intenta comprender la situación originaria en la que dicho concepto fue acuñado partiendo del uso idiomático pre-filosófico de ousía para luego investigar la relación que tal uso guarda con la ousía entendida como término filosófico.
El significado habitual de ousía designa a un ente definido que está ahí de un modo tal que puede ser usado. Ousía significa en el empleo lingüístico corriente patrimonio, propiedades, bienes, posesiones y hacienda (Heidegger, 2005: 373-374). En definitiva, el sentido originario de ousía se corresponde con aquello que está a disposición. De acuerdo con el significado pre-filosófico de ousía, ente significa lo mismo que lo disponible que subsiste delante de la mano (Heidegger, 1989: 153).
El significado corriente de ousía comprende “directivas” que co-determinana al término filosófico. Heidegger recurre en su análisis al capítulo octavo del libro delta de la Metafísica que trata acerca de la ousía y sus cinco modos de ser: la substancia (hypokeímenon), el alma (psyché), el límite (mórion enupárchon), la definición (tò ti ên eînai) y el aspecto (eîdos). Todos ellos expresan, a través de la influencia del significado pre-filosófico, una comprensión determinada del ser: “ousía en el sentido de lo «disponible», lo «presente», de lo que está presente en el sentido de «hacienda» o «posesión»” (Heidegger, 2002: 33). Así es que ser significa “estar-a-disposición”. Por lo demás, no existe un sentido indiferente del ser. Esto significa nada menos que el concepto de substancia de la metafísica nunca es universal o general sino que se encuentra ya siempre dentro de un determinado horizonte de comprensión que es preciso descifrar.
A partir de Platón y Aristóteles, la estructura de todas las cosas se asemeja a la estructura de los artefactos o productos. El Estagirita concibió todas las cosas como “materia informada”, siendo el ejemplo más obvio la obra producida por un artesano que da forma a un material determinado. Él junto a su maestro proyectaron de manera similar la estructura de los artefactos a todos los entes. Platón introdujo un concepto técnico a la explicación del mundo debido a su concepción de las ideas como originales en torno a los cuales el mundo en general está orientado.
Las categorías metafísicas fueron modeladas sobre la base de la experiencia del comportamiento productivo. Todo el arsenal conceptual de la metafísica surge de una “concepción productiva del ser” (Heidegger, 1989: 148): el eîdos es el prototipo que el productor toma en consideración, la morphé es la forma distintiva dada al producto, el téleion es la terminación o acabamiento de lo que está siendo producido, la hylé es la materia empleada al momento de producir, el télos es la finalidad de la obra, etcétera.
Esta orientación hacia la producción no sólo opera en las categorías filosóficas antiguas, sino que, además, lo hace en todas las categorías metafísicas subsecuentes de las ontologías medievales y modernas. La contraposición entre los conceptos de lo creado frente a lo increado resulta fundacional para la ontología medieval, la cual es continuada por René Descartes. Él comprende de forma unitaria la res cogitans y la res extensa, siguiendo la pauta de un concepto de término medio de ser entendido como carácter de ser-producido (Heidegger, 1989: 219).
El problema de la metafísica griega no es que se haya dedicado a desentrañar el fenómeno productivo, sino su radicalización: todo lo que ella aborda y explica lo hace desde la perspectiva de la producción. La multiplicidad de conceptos de los sistemas filosóficos platónico y aristotélico con los cuales los dos grandes maestros de la antigüedad dan cuenta de la totalidad de lo que es remite a la actividad técnica, lo cual no solo indica la importancia que en su época tenía la producción artesanal, sino también que el edificio metafísico se monta sobre la téchne. De esta manera, no se logra hacer justicia a los modos de ser de aquellos entes que no son fruto de la técnica, a saber, el Dasein y la naturaleza, clausurando, en consecuencia, la búsqueda por el sentido del ser en general que sólo es viable a través de una analítica existencial del Dasein como uno de sus requisitos fundamentales.
5. Conclusión
La investigación demuestra que las hipótesis de trabajo planteadas al inicio se verifican:
- El tratamiento de la técnica se da dentro del proyecto filosófico heideggeriano que resalta el aspecto práctico de la vida fáctica contraponiéndose a las corrientes filosóficas que favorecían el costado teorético y contemplativo del existente humano.
- Heidegger mantiene una confrontación crítica y apropiadora con Aristóteles a lo largo de sus elucubraciones acerca de la técnica, tal como lo demuestran la interpretación de la alétheia y la concepción de los modos descubridores de la vida (téchne, phrónesis, epistéme y sophía) y sus respectivas actividades (poíesis, prâxis y theoría).
- La técnica es abordada recurriendo a su concepción como téchne, lo cual quedó demostrado a lo largo de su exposición como modo de desocultar el ser del ente, como el saber que guía el trato con el útil y en su actividad (poíesis) como el horizonte de comprensión de la metafísica.
La riqueza y originalidad del tratamiento temprano de Martin Heidegger sobre el tema de la técnica radica en que ella no es caracterizada como habitualmente suele serlo, esto es, como un medio para un fin y como un hacer del hombre, lo que se conoce como las definiciones instrumental y antropológica de la técnica. Estas definiciones, si bien son correctas y hacen justicia tanto a la técnica artesanal como a la técnica moderna de máquinas, no alcanza lo esencial que, para Heidegger, radica en su raíz etimológica: en la téchne. La técnica no es sólo un hacer sino también un saber. Este saber es el que desoculta el ser los entes que deben ser producidos, el que guía el trato con los útiles y el que funda la metafísica occidental. Por último, este trabajo invita a continuar con el camino que Heidegger recorrerá en la década del ’30 y en el que reinterpretará la noción de la técnica al hilo de la téchne en escritos tales como La autoafirmación de la universidad alemana, Introducción a la metafísica y El origen de la obra de arte.
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- Universidad Católica Argentina.↵
- La expresión “auténtica custodia del ser en la verdad” (echter Seinsverwahrung) de 1922 es abandonada dos años después adoptando en su lugar la de “desocultamiento del ser” (Erschließung / Unverborgenheit des Seins)↵
- Heidegger remite al siguiente pasaje de la ética aristotélica al mencionar estas cinco disposiciones el Dasein: “Demos por sentado que aquellas por las cuales el alma realiza la verdad mediante la afirmación o la negación son en número de cinco, a saber: el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto”. (Aristóteles, trad. 1970: 91)↵






