Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

5 Conclusión y discusión

Retomando lo que se desarrolló en el marco teórico, las actitudes son disposiciones a actuar, éstas pueden predecir la conducta siempre que sean intensas por el hecho de que se involucre el interés propio, las identificaciones sociales y que haya congruencia con los valores considerados por el individuo. La función cognitiva de las actitudes alude a que adaptativamente tendemos a alterar o ignorar la información que va en contra de nuestras creencias entre las que se puede mencionar la imagen de sí mismo; también desde el plano afectivo permiten satisfacer la necesidad de expresar los sentimientos como puede ser el amor. Es por eso que en esta tesis se indagó acerca de las actitudes hacia el amor, considerando que éstas se aprenden por la propia experiencia o por la experiencia adquirida en el seno de la propia cultura.

En concordancia con el estado del arte, esta investigación partió de la hipótesis principal de que en la población Qom habría predominancia del estilo Storge o amor amistoso en las actitudes hacia el amor, mientras que en la población general predominaría el estilo Eros o amor pasional.

Los resultados obtenidos evidencian diferencias en cuanto a las actitudes hacia el amor en las poblaciones analizadas. En el caso de la población Qom se encontró predominancia del estilo Storge, lo que implicaría una concepción que valora el compromiso, el cariño y la intimidad como ocurría en el caso de las culturas colectivistas que conciben una valoración del mundo interconectado, tal como planteaba Francia (2011), el filósofo Qom. En el caso de la población general, prevalecieron los estilos Ludus, Pragma y Manía, indicando creencias que manifiestan poca implicación emocional sin expectativas futuras, elección racional de la pareja, celos, dependencia y ambivalencia correspondiente a los indicadores de las culturas individualistas, tal como aparece referenciado en el marco teórico de la presente tesis.

Dion y Dion (1993) sugieren que las diferentes orientaciones culturales influyen intensamente en cómo la gente conceptualiza el amor y la intimidad. Las culturas más individualistas, en las que las relaciones íntimas se establecen cara a cara y más o menos simétricamente, valoran más el componente pasional romántico del amor, mientras que, en las sociedades colectivistas, las relaciones íntimas se organizan a través de la intervención de la familia extendida y se valoran más los aspectos pragmáticos y amistosos del amor.

En cuanto a la variable sexo, se esperaba que los hombres obtuvieran puntuaciones más elevadas en Eros mientras que en las mujeres predominaría el estilo Pragma; hipótesis coherente con los resultados obtenidos en la mayoría de los estudios como el realizado por Hendrick y Hendrick (1993) cuyos resultados evidenciaron que los hombres conceden más importancia al amor pasional o Eros y al lúdico o de entretenimiento mientras que las mujeres se inclinan más por el amor amistoso o Storge, el lógico o Pragma y el posesivo o Manía (Sprecher et al., 1994). Ello entra en concordancia con el planteo de Ubillos et al. (2001) quienes consideran que las culturas patriarcales, caracterizadas como masculinas, competitivas y que enfatizan las diferencias de género, reforzarían las distintas respuestas entre hombres y mujeres; acentuando el apoyo de los hombres a los criterios tradicionales de género, propiciando que las mujeres valoren más el estatus social mientras que los hombres la castidad, así como también características de buena ama de casa.

Sin embargo, en lo concerniente a la diferencia de sexo en la población general, los resultados indicaron que los hombres puntúan más alto que las mujeres en el estilo Ágape. Estos datos son coherentes con los de un estudio mencionado por Zubieta (2001) quien trabajó con una muestra compuesta por 144 estudiantes universitarios españoles, encontrando predominio de los estilos de amor Storge y Ágape en hombres. Si se tomara en cuenta lo expuesto por Ubillos et al. (2001) citados anteriormente, podría considerarse que en el marco del constante cuestionamiento al modelo patriarcal que implica la lucha contra la violencia de género, cabría la posibilidad de que el hombre ya no valorase inequívocamente las características de buena ama de casa o de castidad en la mujer o al menos ello no sería una condición sine qua non.

En cuanto a la población Qom, en Storge, las mujeres puntuaron más elevado, lo cual indicaría una entrega desinteresada hacia su compañero, siendo esta concepción propia de la cultura colectivista, la cual privilegia el compromiso con el otro.

Sobre la variable edad, la hipótesis expuesta planteaba que a mayor edad, las puntuaciones serían más elevadas en Pragma, mientras que Eros sería el estilo predominante en los sujetos de menor edad. Según lo expuesto en el desarrollo teórico del presente trabajo, ésto sería concordante con el estudio de Ferrer Pérez, et al. (2008) donde los resultados sugieren que la aceptación de estilos de amor como Pragma o Ágape aumentaría con la edad, mientras que el estilo Ludus disminuiría. Estos resultados también se encuentran en correspondencia con los obtenidos por Hendrick y Hendrick (1986) indicando que la edad influiría sobre los estilos de amor, dando lugar a un desarrollo secuencial de modo que Eros sería el estilo preferente entre los adultos jóvenes, mientras que con la edad se incrementaría la preferencia por estilos como Storge o Pragma. Por su parte, Butler et al. (1995; citados en Ferrer Pérez et al., 2008) concluyeron que, a medida que aumenta la edad, disminuye el estilo de amor maníaco.

Los resultados aquí obtenidos al respecto de esta variable coincidieron parcialmente puesto que se observa que en la población Qom, la edad tiene incidencia en las actitudes hacia el amor manifestadas, mientras que en la población general ésto no ocurre, lo cual habilitaría el siguiente interrogante: ¿Por qué en una población la edad tiene incidencias significativas y en la otra no? Como posible respuesta explicativa, podría tomarse en cuenta las tradiciones y costumbres propias de la población Qom, las cuales se caracterizan por una constante demarcación de las edades y las generaciones en la que los adultos mayores son quienes transmiten y sostienen un conjunto de pautas que sustentan la perduración de sus creencias y cultura.

En los adultos de esta población que tienen entre 25 y 44 años predominaron los estilos Ludus, Storge, Manía y Eros.

El estilo Storge podría ser explicado dadas las creencias y costumbres que rodean el establecimiento de la pareja Qom, donde la amistad es el valor que sustenta los rituales, sumado a la concepción de complemento en el que se ubica al compañero; siempre considerando que cada acción influye en el otro.

Eros, conforme al estado del arte, era esperable que presentase puntajes más elevados en los adultos de menor edad, ya que cuanto más joven es el sujeto, más pasional sería su estilo amoroso.

En cuanto a Manía y Ludus (cuyas puntuaciones también son altas en adultos jóvenes), ello podría comprenderse desde la concepción de Sánchez (2006) quien manifiesta que los motivos de separación del matrimonio joven se deben fundamentalmente a celos excesivos, engaño y bigamia, entre otros y que si el mismo logra triunfar frente a todos los problemas adversos de la vida familiar, se consolida su unión y la de sus familias.

En el caso de los adultos entre 45 y 65 años predominó el estilo Pragma conforme a lo planteado por dos investigaciones citadas anteriormente que indicaban que a mayor edad habría mayor predominancia del estilo Pragma. Entonces, esto podría justificarse según lo desarrollado en el marco teórico en el que se establece que los adultos mayores de la población, muchos de ellos miembros del consejo de ancianos, son quienes se encargan de evaluar si un joven se encuentra apto para el matrimonio, incluso diseñando pruebas o pautas a cumplir.

Con respecto al estado civil, no se esperaba encontrar diferencias significativas entre los grupos. No obstante, en los resultados obtenidos, se evidenció que los sujetos de la muestras de ambas poblaciones presentaron puntuaciones elevadas en el estilo Storge, coincidiendo con un estudio realizado por Kasanzew, López Pell, Brasca, Fernández y Prudente (2008) en el que los participantes que informaron no estar en pareja preferían significativamente más el estilo Storge que quienes se encontraban en una relación. Esto podría estar indicando que la predominancia de tal estilo no estaría influenciada por las características de las poblaciones sino conforme al estado civil.

Caso contrario es el del estilo Pragma, en el que los resultados fueron opuestos, ya que en la población Qom los puntajes más altos tuvieron lugar en sujetos con pareja mientras que en la población general ello ocurrió en quienes no tenían pareja.

En el caso de la población Qom podría explicarse este resultado en lo manifestado por Francia (2011) quien caracteriza que los miembros de la comunidad ven el matrimonio como una relación productiva, donde racionalmente se calculan y dividen tareas orientadas al sustento familiar y comunitario.

Finalmente, Manía también puntuó alto en población Qom sin pareja, resultado que suscita preguntas como por ejemplo si el hecho de estar sin pareja es producto de estar soltero o de estar separado por ser celoso.

A modo de cierre, cabe referir las limitaciones que podrían objetarse a este trabajo, las cuales conciernen principalmente al tamaño reducido de la muestra y quizás, la representatividad de la misma, puesto que sólo se trabajó con población Qom del partido de Pilar, razón por la cual sería un error metodológico extrapolar acríticamente estos resultados a todos los aborígenes Qom de nuestro país, so pena de cometer un sesgo inductivo.

Por consiguiente, sería interesante analizar en futuras investigaciones, si estos resultados encuentran eco en otras poblaciones Qom o bien contrastarlos con otras poblaciones aborígenes que habitan en territorio argentino.



Deja un comentario