2.1 Actitudes
2.1.1 Definición
Conforme a las ideas de Rodríguez Kauth (1987) hablar de actitudes es prácticamente hablar de un tema central en lo correspondiente a la psicología. A partir de intentar brindar una explicación y comprensión de las regularidades y discontinuidades conductuales se ha dado lugar a que se concentre el foco atencional en torno a este tema. Por lo tanto, al momento de realizar un proyecto en el que se tenga en cuenta la participación de los individuos de una comunidad, se estimará relevante la posibilidad de pronosticar los cambios actitudinales y su correlación conductual. Entonces, ello implica interés por conocer acerca de las actitudes ya que no solo posibilita predecir las conductas más probables ante determinado estimulo o situación social sino también predecir conductas luego de introducir modificaciones controladas en el campo situacional de los individuos. Según Rodríguez Kauth (1987):
De manera general las actitudes han sido definidas o descriptas cómo un conjunto organizado de pautas de respuestas conductuales relativamente estables frente a los mismos o semejantes estímulos o situaciones por parte de un mismo individuo que tienden a responder, regularmente, aunque con diferencias individuales, de acuerdo al sistema de valores aprendido en una cultura. En la literatura psicosocial ésta es una definición ampliamente aceptada, con ligeras diferencias respecto al énfasis que cada autor pone en alguna o algunas de las partes de la definición. (p. 2)
Baron y Byrne (2005) afirman que las actitudes son las evaluaciones positivas, negativas o mixtas que hacemos respecto de algún objeto, persona o idea. Éstas se expresan con un nivel de intensidad determinado implicando reacciones hacia el objeto, sin generar un conflicto por ello, siempre y cuando se esté más consciente de una reacción que de otra.
De acuerdo a Rodríguez Kauth (1987) son una organización duradera de creencias y cogniciones generales, dotada de una carga afectiva a favor o en contra de un objeto social definido, que predispone a una acción coherente con las cogniciones y afectos relativos a dicho objeto.
Es importante diferenciar el concepto de actitud del de opinión y del de valor, puesto que la opinión no se encuentra cargada del componente afectivo que caracteriza a las actitudes. En este sentido, Rodríguez Kauth (1987) plantea que en las opiniones prima el componente cognoscitivo, en cuanto se refiere a hechos pasados o futuros los cuales las personas creen que han ocurrido o van a ocurrir, a modo de una anticipación de futuro por la proyección de elementos factuales del pasado y del presente que hacen prever de algún modo el futuro.
Con respecto a los valores, se puede referir que se distribuyen jerárquicamente y orientan la conducta a través de las actitudes hacia los valores afectados por el campo situacional que atraviesa el individuo. En sí los valores son más generales, mientras que las actitudes son más específicas hacia los objetos, lo cual no quiere decir que las actitudes no pueden ser también generales (Rodríguez Kauth, 1987).
2.1.2 Elementos de una actitud
Según Baron y Byrne (2005) la estructura de una actitud está compuesta de tres elementos: el cognitivo, el afectivo y el conductual. Sumado a estos elementos una actitud cuenta con una determinada dirección que puede ser positiva, neutral o negativa. También tienen intensidad, reflejando especialmente si el afecto ligado es débil o fuerte. La información cognitiva es aquello que la persona conoce acerca del objeto actitudinal, los hechos y creencias que tiene sobre él, en tanto que la información afectiva consiste en cómo la persona se siente hacia el objeto, los sentimientos y emociones que provoca el objeto actitudinal y, finalmente, la información conductual comprende el conocimiento acerca de las interacciones pasadas, presentes o futuras de la persona con el objeto actitudinal.
Entonces, en conformidad a lo plateado según Baron y Byrne (2005), las personas actúan como jurados que ponderan el peso de las evidencias, formando actitudes que sean consistentes con la mayor parte de lo que sabemos, sentimos y experimentamos.
2.1.3 Formación de las actitudes
En la formación de las actitudes influyen diversas variables por un lado la experiencia directa del individuo a partir de la información que es recibida del entorno circundante y por el otro la experiencia indirecta que se da a partir de los procesos de socialización y aprendizaje social.
La experiencia directa entonces es una fuente para la formación de actitudes. De acuerdo a Raven y Rubin (1983), tres características de la experiencia directa con un objeto influyen en la actitud: la cantidad de contacto, la calidad de la experiencia y las consecuencias de tales contactos. Las actitudes formadas desde la experiencia directa son más intensas que las adquiridas con otros procesos, a su vez son más accesibles, mantenidas de modo más confiable y más resistentes al cambio.
Dichos autores añaden que la comparación social es un proceso por el cual nos comparamos con los demás para determinar si nuestra perspectiva de la realidad social es o no la correcta. Se busca estar en lo correcto y al compararnos concluimos que nuestras ideas y actitudes son correctas: “si los demás tienen las mismas opiniones, éstas deben ser correctas”. Este proceso contribuye a la formación de nuevas actitudes. Tanto la información social y la comparación social estarán al servicio de esta actitud.
Cuando la información que rodea al individuo es inconsistente, Baron y Byrne (2005) plantean que hay una tendencia a evitar a aquellas personas que piensan diferente para vincularse con aquellas que comparten las propias opiniones, lo cual los autores denominan información unilateral. Por otra parte, puede ocurrir que haya una ponderación de la información a partir de la cual se le dé mayor peso a los aspectos que parecen más importantes, significativos o salientes. Por último, cabe decir que la información que es más accesible puede determinar un juicio actitudinal.
En el apartado que se presenta a continuación se desarrollará acerca de la experiencia indirecta.
2.1.4 Aprendizaje de actitudes
Según Rodríguez Kauth (1987) tanto Asch como Allport han insistido mucho en que las actitudes deben interpretarse como disposiciones para la acción, y que estas disposiciones son aprendidas tanto por la experiencia propia como por la experiencia de la cultura, y por el mismo hecho de ser aprendidas están sujetas a modificaciones frente a nuevas experiencias. Entonces hay distintas maneras en que se insertan las actitudes en el contexto general de la personalidad. Si bien es cierto que se puede concebir a las actitudes y valores como estados motivacionales y perceptuales que dirigen la acción, no obstante cada valor organiza en torno a él varias actitudes. Por consiguiente, las actitudes representan la disposición a actuar en una determinada dirección; ellas no son otra cosa que el dispositivo psicológico del individuo que permite a éste dirigir las motivaciones y necesidades en una dirección congruente y acorde con el sistema general de valores hacia los cuales orienta su conducta.
Según Baron y Byrne (2005) las actitudes se aprenden en situaciones en las que interactuamos con otros o simplemente observamos su conducta. Este aprendizaje puede ocurrir a partir del condicionamiento clásico, en que un estímulo neutral adquiere la capacidad de elicitar una respuesta condicionada, por medio de la asociación repetida con otro estímulo. Además puede suceder a partir del condicionamiento subliminal, condicionamiento clásico de actitudes por exposición a estímulos que están bajo el umbral de la atención consciente, o bien por condicionamiento operante, que es la principal forma de aprendizaje en el que las respuestas que conducen a resultados positivos o que permiten la evitación de resultados negativos son fortalecidos, tales como recompensas, aprobación, castigo y liberación de obligaciones. Finalmente cabe mencionar que también pueden ser aprendidas por el modelado, proceso a través del cual los sujetos incorporan conocimiento observando las acciones de otros.
2.1.5 Importancia de las actitudes
Las actitudes cumplen funciones importantes, tales como permitirnos juzgar rápido y sin pensar demasiado si lo que se cruza en nuestro camino es malo o bueno, útil o perjudicial, y si debemos aceptarlo o rechazarlo. Son elementos centrales en la definición y mantención de los grupos. Ayudan a establecer la propia identidad o la concepción de sí mismo. Baron y Byrne (2005) plantean que las actitudes influyen en el pensamiento social y en el procesamiento del mundo social y que moldean tanto nuestras percepciones sociales como muestra conducta social.
Según Ubillos, Mayordomo y Páez (2004) la función utilitaria o adaptativa de las actitudes indica que nos acercamos a las cosas que nos satisfacen y nos alejamos de las cosas que nos desagradan. Por ello, nuestra actitud se forma de acuerdo con nuestra experiencia directa en la vida diaria. Además, tratamos de adoptar la actitud del grupo al que queremos pertenecer para integrarnos mejor a él.
Otra función de las actitudes que refieren Ubillos et al. (2004) es la cognitiva, según la cual nuestra actitud sirve para ordenar y simplificar la realidad en la que nos movemos. Por otro lado, la función defensiva del yo muestra que las actitudes que adoptamos también están dirigidas a proteger nuestro autoconcepto de la información que podría dañarlo. Como muestra la dimensión cognitiva de la actitud, tendemos a alterar o ignorar la información que va en contra de nuestras creencias, entre las cuales se encuentra la imagen que tenemos de nosotros mismos. Sumado a esto, las actitudes también cumplen una función expresiva que, según Ubillos et al. (2004) nos permite satisfacer la necesidad de expresar nuestros sentimientos.
2.1.6 Vínculo entre actitud y conducta
Según Ubillos et al. (2004) la actitud es una disposición evaluativa global basada en información cognitiva, afectiva y conductual que, al mismo tiempo, puede influenciar a las cogniciones, las respuestas afectivas, la intención conductual y la conducta en sí misma.
Según Baron y Byrne (2005) los factores que determinan la fuerza del vínculo entre actitud y conducta son: la intensidad, el involucramiento personal y la atención. Es decir, si las actitudes son más intensas predecirán mejor el comportamiento que las actitudes más débiles. El tener mayor interés propio o estar involucrado personalmente aumenta la correlación. Es decir, la importancia de una actitud se relaciona con el interés propio de un individuo, la identificación social y la relevancia de los valores. La elevada auto-conciencia, o sea el grado en que la persona focaliza su atención en sus propias actitudes y acciones, aumenta el grado de consistencia entre la actitud privada y la conducta manifiesta. Puesto que la auto-conciencia aumenta el acceso a las propias actitudes, mientras más accesible una actitud, mayor es la posibilidad que influya en nuestra conducta. Cuando se requiere una conducta manifiesta, la auto-conciencia puede hacer que la persona se focalice más en actitudes específicas.
2.1.7 Conclusiones del apartado
De acuerdo a lo desarrollado en este apartado las actitudes se pueden definir como el conjunto de creencias y sentimientos que un individuo posee y que lo predisponen a comportarse de una determinada manera frente a un objeto, persona o idea. A partir de esta definición general, se puede evidenciar las tres dimensiones implicadas en dicho concepto, a saber: la dimensión cognitiva, afectiva y conductual.
Las actitudes se pueden formar a partir de relevar la información del entorno o bien a partir de procesos de socialización.
Estas pueden contribuir para adaptarnos, permitiendo un acercamiento a aquello que nos satisface y alejándonos de aquello que puede producir desagrado. Por otra parte generan un orden, simplificando la realidad en la que nos manejamos, protegiendo nuestro autoconcepto y propiciando la expresión de nuestros sentimientos.
Las actitudes pueden influir en las conductas siempre y cuando exista la presencia de intensidad, un involucramiento personal y mayor atención consciente a las mismas.
2.2 Actitudes hacia el amor
Lee (1973; citado en Zubieta, 2001) analizó la literatura sobre el amor y elaboró una tipología sobre la base de entrevistas que realizó con individuos de diferentes edades y actividades. Asimismo, integró y modificó diversas significaciones del amor ligadas a las tradiciones filosóficas. Después de analizar sus datos, Lee descubrió que había varios tipos de relaciones amorosas u orientaciones respecto del amor y colocó a los estilos predominantes en una “rueda de color”. A partir de la analogía con los colores, define, al igual que con los colores primarios, tres estilos principales de amor (Eros, Ludus y Storge), tres estilos secundarios que se componen cada uno de una mezcla de dos de los estilos principales (Pragma, Manía y Ágape) y varios estilos terciarios. Al igual que en la rueda de color, Lee sostenía que no hay ningún color correcto, sino colores distintos que apelan a diferentes personas, es decir se oponía a presentar a un tipo de amor como bueno y a otro como malo. Sin embargo, aun cuando las personas pueden caracterizarse por más de un estilo de amor, es útil para los propósitos descriptivos referir a alguien con un cierto estilo de amor.
Figura 1: Estilos de amor ubicados en la rueda de color de Lee (1973)
De acuerdo a estas clasificaciones, Eros o el amor pasional se caracteriza por una pasión irresistible, con sentimientos intensos, fuerte atracción física y actividad sexual. El amante Eros valora mucho el amor, pero no está obsesionado por él ni presiona a su pareja a la intensidad, sino que más bien permite que las cosas se desarrollen mutuamente. La característica de este tipo es la autoconfianza y la alta autoestima. Ludus o el amor lúdico, es un estilo de amor con poca implicación emocional y sin expectativas futuras. Este estilo de amar no tiene un indicador físico preferido, sino que más bien le gusta todo tipo de compañero. Aun cuando mucha gente ve este amor como moralmente negativo, Ludus no intenta herir a otras personas puesto que generalmente pone muy claras las reglas del juego antes de comenzar la relación. Storge o amor amistoso, se caracteriza por un compromiso durable que se desarrolla lenta y prudentemente y que se basa en la intimidad, la amistad y el cariño. La similitud en términos de valores y actitudes es mucho más importante para Storge que la apariencia física o la satisfacción sexual, porque la orientación de este amor es más la de buscar un compromiso a largo plazo que un apasionamiento a corto plazo. Manía es el amor obsesivo, con una fuerte dependencia de la pareja, celos intensos, posesividad, desconfianza y ambivalencia. Este amante trata de forzar a la pareja al compromiso sin poder esperar que éste evolucione naturalmente. Pragma se refiere al amor pragmático, amor basado en la búsqueda racional de la pareja ideal. El amante pragmático toma en consideración la edad, el grado de instrucción, el status social, la religión o la facultad de ser un buen padre o una buena madre. A diferencia de Storge, en el que puede crecer un amor sin preocuparse particularmente por las proyecciones a futuro de la pareja o por el bagaje familiar de aquella, el amante pragmático probablemente establecerá condiciones antes de desarrollar una relación. Finalmente, Ágape o el amor altruista, es un tipo de amor que implica renuncia absoluta y entrega totalmente desinteresada. Es un amor más bien idealista en el que la sexualidad y la sensualidad no son relevantes (Ubillos et al., 2001).
Ubillos et al. (2001) señala que, a partir de estas clasificaciones determinadas por Lee, muchos han intentado medir y cuantificar los diferentes estilos de amor. Sin embargo, es la escala de actitudes ante el amor de Hendrick y Hendrick (1986) la que evalúa esta tipología desde un abordaje individual de las relaciones amorosas.
2.2.1 Actitudes hacia el amor en función de la variable sexo
A partir de la implementación de la escala de Actitudes hacia el amor los resultados obtenidos indican diferencias de sexo en un estudio realizado por Hendrick y Hendrick (1993) cuyos resultados evidenciaron que los hombres conceden más importancia al amor pasional o Eros y al lúdico o de entretenimiento mientras que las mujeres se inclinan más por el amor amistoso o Storge, el lógico o Pragma y el posesivo o Manía (Sprecher et al., 1994).
En contrapartida, en un estudio realizado en España con una muestra compuesta por 144 estudiantes universitarios de la Comunidad Autónoma Vasca, se obtuvieron diferencias significativas por sexo en solo dos estilos de amor: Amistad y Ágape, en ambos casos eran los hombres lo que presentaban mayores tendencias hacia estas modalidades (Zubieta, 2001). No obstante, el mayor énfasis de los hombres en el amor pasional y lúdico, así como el mayor acuerdo de las mujeres con el amor práctico, amistoso y maníaco se han explicado desde tres diferentes argumentos teóricos: por un lado, las posturas socio-biológicas, evolucionistas, por el otro la socio-estructural; teoría de los roles y por último la sociocultural normativa.
Según Ubillos et al. (2001), las teorías socio-biológicas interpretan los resultados a partir de considerar la inversión parental diferencial y la selección sexual. Dentro de la selección sexual se encuentran dos procesos diferentes: el de la selección intrasexual que se refiere a la presión ejercida por los miembros de un sexo por sobre el otro a través de la competición, como un macho que compite por la hembra, por ende quien tenga mayor habilidad tiene mayor probabilidad de sobrevivir y el otro proceso será la selección epigámica que implica que de ser seleccionados ciertos atributos en la pareja, éstos deben ser más característicos de un sexo que del otro.
Posteriormente continúa Ubillos et al. (2001), la inversión parental diferencial, es definida como el gasto de tiempo, energía y riesgo del progenitor en el descendiente que aumenta las posibilidades de éxito reproductivo en éste. Salvando algunas variabilidades, esta inversión parental típica mínima ha sido mayor en las hembras que en los machos. Por lo tanto, según esta teoría, los machos ancestrales pudieron haberse beneficiado de copular con cualquier hembra fértil mientras que en el caso de las hembras tendrían poco que ganar reproductivamente y mucho que perder si copulaban de forma aleatoria con nuevos machos. En el caso de la especie humana, exponen que como las mujeres deben ser fértiles, serán consideradas con mayor atractivo sexual cuanto más maternales y jóvenes luzcan. La concepción evolucionista plantea que las mujeres invierten más intensamente en una sola relación por las probabilidades de parentesco y posterior reproducción mientras que los hombres maximizan sus sucesos reproductivos teniendo varias relaciones. Desde esta concepción las mujeres, dado la mayor inversión parental y el esfuerzo necesario para sacar adelante unos pocos descendientes, tenderán a valorar más el amor pragmático y amistoso mientras que en los hombres, coherentemente con la menor inversión parental y su orientación positiva hacia el sexo casual con el máximo de parejas posibles, prevalecerá el estilo lúdico. Estas afirmaciones tienen respaldo empírico en investigaciones transculturales realizadas por Bailey, Gaulin, Agyei y Gladue (1994) y Kenrick y Keefe (1992) cuyos resultados indican que las mujeres prefieren parejas sexuales de mayor edad y que los evalúan en base a sus recursos en contrapartida de los hombres que prefieren parejas más jóvenes y físicamente atractivas. Otro estudio transcultural fue el de Buss, Albott, Angleitner y Shu Yang (1990) que confirmó en 37 países que las mujeres tienden a evaluar a sus parejas masculinas a partir de la capacidad económica, ambición y laboriosidad de las mismas, mientras que los atributos más valorados por los hombres fueron los de belleza y juventud.
Según Ubillos et al. (2001) la postura socio-estructural explica las diferencias en las creencias ante el amor entre género como resultantes de los recursos sociales, la demografía, la distribución de poder y el estatus entre los roles. En general, Guttentag y Secord (1983) confirmaron en un estudio que cuando los hombres excedían demográficamente a las mujeres existía una idealización de la mujer, el matrimonio y el amor romántico, mientras que cuando había un exceso de mujeres se daba una menor idealización de la mujer, del amor y mayor actividad sexual extra y pre-marital. Eagly y Wood (1999) encontraron en un estudio preferencia de los hombres por las mujeres más jóvenes y en el caso de las mujeres preferencia por hombres con mayores recursos sociales. Estos resultados reflejan según dichos autores las diferencias de estatus y roles entre hombres y mujeres. Argumentan así que las diferencias sexuales en los criterios para elegir pareja íntima deberían suavizarse en sociedades caracterizadas por mayor igualdad de género. Además, el desarrollo socio-económico reforzará directamente la importancia del amor pasional, del amor como criterio y pre-requisito para elegir pareja dado que permite al sujeto valorar aspectos subjetivos más que prácticos (Ubillos et al., 2001).
Por último, Ubillos et al. (2001) exponen la postura socio-cultural y normativa que plantea que las culturas patriarcales, caracterizadas como masculinas, competitivas y que enfatizan las diferencias de género reforzarán las distintas respuestas entre hombres y mujeres; acentuando el apoyo de los hombres a los criterios tradicionales de género propiciando que las mujeres valoren más el estatus social mientras que los hombres la castidad, así como también características de buena ama de casa.
2.2.2 Actitudes hacia el amor en función de los aspectos culturales
Desde una perspectiva cultural, algunos autores han postulado la existencia transcultural del amor romántico o pasional. Estudios como los de Jankowiak y Fischer (1992) han dado apoyo empírico a esta afirmación constatando en 186 culturas que un 88,50% de éstas presentan indicadores de amor pasional.
Según Ubillos et al. (2001), algunos construccionistas sociales y relativistas como Averill (1985), postulan que el amor pasional es un fenómeno construido por el discurso social en un momento histórico y culturalmente dados. Berscheid y Walster (1978) para comprobar estas afirmaciones analizó documentos antiguos como la Biblia, textos hindúes y chinos clásicos encontrando referencias al amor pasional. Por otro lado, Hendrick y Hendrick (1992) sostienen que este estilo pasional es propio de la cultura occidental y surgido hacia el siglo XII.
Muchos psicólogos, antropólogos y otros estudiosos creen que el amor es un fenómeno universal (e.g. Hatfiel & Rapson, 1993), aunque su significado concreto puede variar notablemente de una cultura a otra en diferentes épocas (Beall & Sternberg, 1995; Hinde, 1997).
Dion y Dion (1993) sugieren que las diferentes orientaciones culturales influyen intensamente en cómo la gente conceptualiza el amor y la intimidad. Las culturas más individualistas, en las que las relaciones íntimas se establecen cara a cara y más o menos simétricamente, valoran más el componente pasional romántico del amor, mientras que, en las sociedades colectivistas, las relaciones íntimas se organizan a través de la intervención de la familia extendida, y se valoran más los aspectos pragmáticos y amistosos del amor.
Ubillos et al. (2001) plantean que las culturas individualistas cuyos valores enfatizan la autonomía y decisiones individuales así como también valorizan los atributos y sentimientos internos y por ende refuerzan la importancia del amor pasional. En contrapartida, las culturas colectivistas, quienes enfatizan las diferencias de estatus, las decisiones familiares y los deberes normativos valoran más los aspectos prácticos y amistosos del amor.
2.2.3 Actitudes hacia el amor en función de la variable edad
Según el estudio de Ferrer Pérez, Bosch Fil, Capilla Navarro, Ramis Palmer y García Buades (2008) los resultados sugieren que la aceptación de estilos de amor como Pragma o Ágape aumentaría con la edad, mientras que el estilo Ludus disminuiría.
De acuerdo a las ideas de estos autores dichos resultados se encontrarían en concordancia con los obtenidos por Hendrick y Hendrick (1986) indicando que la edad influiría sobre los estilos de amor, dando lugar a un desarrollo secuencial de modo que Eros sería el estilo preferente entre los adultos jóvenes, mientras que con la edad se incrementaría la preferencia por estilos como Storge o Pragma. Por su parte, Butler et al. (1995; citado en Ferrer Pérez et al., 2008) concluyeron que, a medida que aumenta la edad,disminuye el estilo de amor maníaco.
2.2.4 Actitudes hacia el amor en función de la variable estado civil
Según un estudio realizado por Kasanzew, López Pell, Brasca, Fernández y Prudente (2008) los participantes de una investigación que informaron no estar en pareja prefieren significativamente más el estilo Storge que quienes se encuentran en una relación.
En concordancia con el estudio mencionado anteriormente, los resultados obtenidos en la tesis de grado de Artigué (2014) evidencian que las personas que no tenían pareja también presentaron predominancia del estilo de amor Storge, mientras que aquellas personas que sí tenían pareja mostraron una mayor predominancia del estilo de amor Eros.
2.2.5 Conclusiones del apartado
Lee (1973) descubre que hay varios tipos de relaciones amorosas u orientaciones hacia el amor en base a entrevistas que se fueron sistematizando conformando una tipología que implica seis estilos; Eros o amor pasional, el cual se caracteriza por una pasión irresistible de fuerte atracción física y actividad sexual; Ludus, que remite a la poca implicación emocional, mientras que Storge o amor amistoso, se caracteriza por un compromiso durable y que se basa en el compañerismo y el cariño. Por otro lado, Manía es el amor obsesivo, con una fuerte dependencia de la pareja, celos intensos, posesividad, desconfianza y ambivalencia. Pragma se refiere al amor basado en la búsqueda racional de la pareja ideal. Por último menciona al Ágape o el amor altruista, el cual implica una renuncia absoluta y entrega desinteresada.
Según algunas conclusiones de estudios realizados, existen diferencias en las actitudes hacia el amor conforme al sexo y las características culturales. En los hombres hay un mayor índice de amor pasional y lúdico mientras que en las mujeres se destaca el amor práctico, amistoso y maníaco; estos resultados se han interpretado desde el punto de vista de las funciones que estas formas de amor han tenido para cada sexo en la evolución de la especie.
Con respecto a las diferencias culturales los resultados sugieren que las diferentes orientaciones culturales influyen intensamente en cómo la gente conceptualiza el amor y la intimidad. Hay culturas más individualistas que valoran más el componente pasional del amor, mientras que, en las sociedades colectivistas se valoran más los aspectos pragmáticos y amistosos del amor.
En cuanto a las otras variables sociodemográficas implicadas, tales como la edad, algunos estudios realizados puntúan que a mayor edad se registra predominancia de los estilos Pragma y Storge mientras que Manía y Ludus presentarían un descenso.
Finalmente, en lo que al estado civil concierne, los estudios indican que en quienes no tienen pareja predomina el estilo Storge y en quienes sí la tienen hay una predominancia del estilo Eros.
2.3 Características de la población Qom (Toba)
Este apartado intenta dar cuenta de las características particulares de la población Qom. Gran parte de lo que se puede encontrar en los siguientes puntos que conforman este apartado surge de observaciones asistemáticas que realicé en mis interacciones con los miembros de la comunidad, de la lectura del libro “Daviaxaiqui” que me obsequió el cacique Clemente López y en otros casos a partir de recabar información estadística y de la labor periodística de entrevistas que se han publicado en internet.
De acuerdo a lo que dicen los miembros de la comunidad: el término con el que se designan los aborígenes Qom deriva del pronombre personal de la primera persona plural (qomi) y designa una posición relacional que abarca a los que hablan una misma lengua y comparten ciertas prácticas y representaciones. En un sentido amplio es utilizado también para designar a los “otros indígenas”. Toba no es una auto-designación sino un nombre peyorativo de origen guaraní que significaba frentones, aludiendo a la costumbre de raparse la parte anterior de la cabeza.
Por otro lado, es importante considerar que la legislación de nuestro país conforme a la última reforma constitucional del año 1994, en la provincia de Buenos Aires, en el artículo 36 inciso 9 expresa en relación al pueblo indígena que “La provincia reivindica la existencia de los pueblos indígenas en su territorio, garantizando el respeto a sus identidades étnicas, el desarrollo de sus culturas, y la posesión familiar y comunitaria de las tierras que legítimamente ocupan”.
En función de cumplir dicha ley se han desarrollado acciones para lograr un mayor acercamiento y conocimiento sobre estos pueblos como se puede observar en el siguiente punto que da cuenta de un análisis estadístico sobre las poblaciones originarias.
2.3.1 Datos estadísticos del INDEC
Según los resultados de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas 2004-2005 que se realizó como operativo complementario del Censo 2001 a cargo del Instituto Nacional de Estadística y Censo [INDEC], se estima que hay 600.329 personas que se reconocen pertenecientes y/o descendientes en primera generación de pueblos indígenas. Estas personas forman parte de una gran diversidad de pueblos aborígenes y están distribuidas en todas las provincias del país.
La incorporación de esta temática en el Censo se efectúa en el marco del cumplimiento de la Constitución Nacional que en su Artículo 75, Inciso 17 considera:
[…] a los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones. (pp. 30)
El operativo censal permitió conocer para el año 2010 la composición de la población originaria: 955.032 personas, quienes representan el 2,38 por ciento del total de la población y forman parte de los 31 pueblos indígenas distribuidos en el país.
Los pueblos registrados son: Atacama, AvaGuaraní, Aymara, Chané, Charrúa, Chorote, Chulupi, Comechingón, Diaguita-Calchaquí, Guaraní, Huarpe, Kolla, Lule, Maimará, Mapuche, Mbyá Guaraní, Mocoví, Omaguaca, Ona, Pampa, Pilagá, Quechua, Rankulche, Sanavirón, Tapiete, Tehuelche, Toba (Qom), Tonocote, Tupí Guaraní, Vilela, Wichí, entre otros.
Según la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas del país, los Qom son 69.000, aunque se reconoce una fuerte “criollización”. Se considera que los Qom que viven en sus tierras ancestrales y que mantienen la estructura comunitaria tradicional son unos 20.000.
En Argentina, los Qom están ubicados en el oeste de Formosa, en el centro y este del Chaco y al norte de Santa Fe.
El 1,9% de la población de los 24 partidos del Gran Buenos Aires (GBA) se reconoce indígena. Se trata de 186.640 personas sobre un total de 9.916.715 habitantes.
El 21,2% de esos 186.640 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Guaraní, el 19% al Toba, el 11,3% al Mapuche, el 10,5% al Quechua y el 7,6% al Diaguita-Calchaquí.
Figura 2: Población indígena en los 24 partidos del Gran Buenos Aires (2010)
Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población Hogares y Viviendas 2010
2.3.1.1 La estructura de la población conforme a sexo y edad según el INDEC
El análisis por grandes grupos de edad demuestra que, comparada con la población total del Gran Buenos Aires, la población indígena mantiene proporciones similares en el grupo de 0 a 14 años, 25,2% frente al 25,1% del total del GBA; aparece una leve diferencia en el de 15 a 64 años: 68,3% frente al 64,9% y una diferencia más importante en el grupo de 65 años y más: 6,5% frente a un 10% de la población total del GBA.
Figura 3: Población total e indígena en los 24 partidos del Gran Buenos Aires segmentada por grupos de edad (2010)
Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población Hogares y Viviendas 2010
Según el INDEC desde una mirada más específica de la pirámide poblacional de los pueblos originarios, se perciben diferencias puntuales respecto al total poblacional del Gran Buenos Aires. La mayor concentración de población indígena, se encuentra entre los grupos de 10 a 19 años con una fuerte caída a partir del grupo de 20 a 24 años en las mujeres y del grupo de 25 a 29 años en los varones. El grupo de 0 a 4 años es el que tiene menos representación en la población originaria con respecto a la población total del Gran Buenos Aires. En los grupos de 10 a 19 y de 35 a 54 años, los indígenas superan en proporción al promedio total de la misma.
En términos generales, la distribución entre sexos presenta una predominancia femenina que se acentúa especialmente en los grupos de edad de 70 a 74 años y 80 años y más, donde los índices de masculinidad son 71,4 y 76,1 respectivamente.
2.3.1.2 Porcentajes generales de los pueblos originarios en relación a los niveles de ocupación
En cuanto a la tasa de ocupación de la población indígena del Gran Buenos Aires, la misma es del 63,6% frente al 64,8% del total de la población. La tasa de desocupación de la población indígena de los partidos del Gran Buenos Aires (7,3%) es más alta que la del total poblacional del GBA (6,3%) y la del total nacional (5,9%). En el análisis por sexo, la desocupación entre los varones de la población indígena es del 5,3% y entre las mujeres del 10,1%, contrastado con los valores del total del GBA del 4,4% y del 8,8%, respectivamente.
El porcentaje de población no económicamente activa entre los indígenas 1del Gran Buenos Aires es del 31,3% (frente al 30,8% del total de población de los partidos del GBA). De ese total, el 68% son mujeres y el 32% son varones (INDEC, 2010).
2.3.2 Orígenes y desarrollo de la población qom en Pilar
Las primeras familias en llegar a Buenos Aires emigran desde Chaco en el año 1988 tras haber sido despojados de sus tierras y se establecieron inicialmente en los barrios de Ciudad Oculta, Fuerte Apache y Piedrabuena.
En el período en que se encontraban en Fuerte Apache, Clemente López armó una cooperativa para generar sustento a sus hermanos Qom. De a poco el trabajo Toba fue tomando trascendencia y Luis Landrisina lo invitó a Clemente a su programa en Radio Nacional para conversar acerca de la organización. Tras su participación en la emisora pública, el Obispado de Morón se contactó con la comunidad y les cedió cuatro hectáreas de tierras en Presidente Derqui. De esta manera, tras disolver la cooperativa y obtener la personería jurídica comunitaria dejan atrás este período cuasi nómade y desde ese momento se inaugura el mando de Clemente López, electo cacique por sus compañeros Qom.
En el verano de 1996 se instalan 32 familias en Pilar, un barrio que hoy es denominado Barrio Toba y que se encuentra a 60 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esta zona está atravesada por la Ruta Provincial Nº 234 y es conocida comúnmente como la “triple frontera” porque ahí se juntan los límites de los partidos de Pilar, José C. Paz y Moreno.
Una vez llegados al lugar, buscaron la subsistencia económica a través de la venta de artesanías en las escuelas. Con la colaboración de éstas, la comunidad consiguió que el Arzobispado de Buenos Aires donara un terreno y la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación les donara el material para construir sus propias viviendas, los asesoró y capacitó. Mientras los hombres se dedicaban a la construcción de las viviendas, las mujeres armaban las huertas. Cáritas colaboró con el arado para realizar la siembra. Públicamente, a través de una nota en Clarín en el año 1997, solicitaron restablecer contacto con las escuelas para compartir acerca de su cultura y vender sus artesanías.
En una nota realizada por el área de periodismo cultural de la Universidad Abierta Interamericana en el año 2013, el cacique Clemente López, quien ya estaba constituido como líder y se encontraba al mando de 42 familias Qom, expresa que sus esfuerzos apuntan a mejorar la calidad de vida de su comunidad y a visibilizar la causa indígena. Son 32 las viviendas que completan el esquema original de la comunidad. El referente plantea que sus proyectos están orientados en dos ejes: el trabajo y la educación. En el año 2013 se encontraba generando un proyecto de taller de costura como salida laboral para las mujeres de la población; expresa que tiene el espacio físico para ello, que son dos salones amplios distribuidos en el centro del barrio. Estos galpones que se encuentran vacíos momentáneamente, se constituyen en instalaciones que permiten que el barrio sea un lugar elegido para organizar encuentros entre las distintas comunidades indígenas. Por ejemplo, en el momento en que se realizó la nota periodística, se había concretado recientemente una reunión que había convocado a referentes de poblados Tobas de General Pacheco, La plata y Marcos Paz, dirigentes guaraníes de Moreno y José C. Paz, el dirigente Kolla de Mar del Plata y la secretaria del Consejo de asuntos indígenas bonaerense; por ese entonces se compartía la novedad del ingreso al cargo de Clemente López como representante de 14 comunidades tobas de la provincia en el Consejo Indígena de Buenos Aires [CIBA].
2.3.3 Creencias religiosas y rituales
Según Clemente López, cuyo nombre en lengua Qom es Daviaxaiqui, su religión se basa en adorar el sol, el viento y el agua, aunque hay muchos miembros de la población que hoy son protestantes o católicos pero que son respetados dentro de la comunidad. En palabras del cacique Daviaxaiqui: “(…) Respeto a mis hermanos que tienen otra religión sin imponer ni prohibir nada. El último cacique que conocí hablaba con el viento y el agua, y sabía todo lo que pasaba en la comunidad. Eso va quedando atrás” (p.1).
La Madre Tierra es considerada como un bien indispensable para los aborígenes; ella enseña el valor dela vida, es la que presta la vida y es un deber volver a ella en algún momento.
Se realizan siempre festividades con ofrendas en honor a cada dios y a la Madre Tierra pidiendo por las necesidades de la comunidad y agradeciendo lo otorgado.
Creen en los espíritus, por lo que piensan que una persona no puede morir y que siempre los está acompañando. La medicina ancestral-espiritual es llevada a cabo por los curanderos que son personas tocadas por los espíritus o que poseen el don de curar, pudiendo presentir acontecimientos tanto buenos como malos.
En la zona funciona también una iglesia evangélica cuyo pastor es uno de los ancianos de la comunidad que oficia el culto los domingos por la mañana. Frente al barrio se ubica el colegio Cardenal Copello, institución privada católica al que concurren algunos niños del barrio mediante la asignación de becas que les otorga dicha institución.
Figura 4: Iglesia evangélica del Barrio Toba
Conforme a sus creencias hay ceremonias y rituales que tienen como fin influenciar sobre la naturaleza o sobre el hombre. Entre las festividades más importantes se encuentra la Navogo. Clemente explica en su libro:
El Navogo, es la fiesta de la primavera, es una festividad nuestra, que marca el fin del año y el principio del otro. Preparamos nuestras comidas, bebidas y con juegos y bailes le agradecemos a nuestra Madre Tierra por la buena siembra, cosecha, caza y pesca del año. (p. 30)
Luego prosigue acerca de los rituales que implica esta festividad:
El Navogo dura dos días y dos noches, los jóvenes realizan los bailes típicos como el de la amistad en el que se toman de la mano y forman un círculo y se entonan cantos para agradecer y pedir al sol y al viento un año de prosperidad para la tribu; solo se puede hacer en presencia del cacique y de los abuelos de la tribu. (p. 31)
Puede notarse en sus enunciaciones la importancia que parece tener la figura de los abuelos; de hecho expresa López (s.f.): “Nosotros siempre respetamos las palabras de nuestros abuelos. Siempre recuerdo las palabras de mi abuela y sus enseñanzas que ayudaron a ser lo que soy y las cosas que logré” (p. 32)
Los jóvenes asisten al Navogo acompañados por los mayores sabiendo que en esta fiesta está la oportunidad de formar parejas. En el caso de que un joven esté interesado en formar una pareja recibe una pulsera que lo identifica y mientras bailan en una gran ronda van pensando a quien elegir. Cuando un joven es elegido debe responder si acepta o no y en el caso de que aceptase deberá pasar una serie de pruebas propuestas por los abuelos de la comunidad.
Las pruebas que los abuelos diseñan consisten en evaluar si el hombre conoce y realiza las prácticas de caza y pesca, del arte en arcilla, los tiempos para la colección de miel y como se preparan las bebidas típicas y en el caso de las mujeres evaluar el manejo del telar, cocina de las comidas típicas, saber los momentos de recolección de los frutos silvestres, las prácticas mínimas medicinales y usar el mortero.
Dado que la comunidad se encuentra en el partido de Pilar para realizar estas pruebas viajan al Impenetrable Chaqueño para llevarlas a cabo. Los jóvenes deben ser acompañados allí y pasar las pruebas, pero antes de que comiencen, la abuela del joven introduce su mano en el cabello de la muchacha. Si los dedos no pasan con facilidad se la considera preparada para el matrimonio, pero si pasan con facilidad el matrimonio quedaría anulado, puesto que en el caso de que los dedos no pasasen con facilidad por su pelo, ello significaría que la joven no tiene tiempo para arreglarlo porque se encuentra ocupada con las tareas de su comunidad.
Puede observarse conforme a las palabras de Clemente que la figura de los abuelos tiene un papel muy importante al momento de generar, hacer cumplir o llevar a cabo regularidades en el seno de su práctica social que delimitan los deberes y funciones para el hombre y mujer joven que constituirán el futuro matrimonio. También puede notarse que los abuelos velan por el cumplimiento de rituales dentro de la festividad a la que alude y que los adultos son los encargados
de instruir en las prácticas sociales propias de su cultura. De ahí el interés de considerar la franja etaria de los adultos en esta investigación.
2.3.4 Organización social
La comunidad tiene un presidente, elegido por votación, que dirige la Comisión Vecinal del barrio. El jefe de la comunidad, Clemente, demuestra expresarse fluidamente en español y con el conocimiento de las normas de interacción y las leyes de los hombres blancos, siendo actualmente su función principal la de ser el nexo oficial para proyectos globales entre la gente del barrio y la sociedad mayor. No obstante, los ancianos constituyen una fuente de referencia y consulta constante y se les convoca en caso de decisiones importantes, tal como se hacía tradicionalmente.
Clemente expresa que el valor de la familia es muy fuerte dentro del pueblo toba y en una nota declara: “La vida de un cacique es como en una familia numerosa: hay que atender al más chico y, también al más grande” (p.1). Los Qom se organizan como familias ampliadas. El sentido de comunidad alude a unidad familiar y en torno a este sentido es que se agrupan. La figura del cacique parece como la de un padre.
En la comunidad, el cacique parece ser la figura máxima, a quien nadie se atreve a desautorizar ni cuestionar, no por temor a recibir retos o castigos, sino porque es a quien todos aceptan y admiran. Su rol es el de dirigir la familia ampliada que es la comunidad, mientras que el rol de las mujeres es el de velar por la protección familiar.
De acuerdo a lo desarrollado en este punto pueden notarse las distintas conformaciones existentes. Dado que la comunidad aparece equiparada al concepto de familia, en la que hay un referente cuyo liderazgo no está determinado por la factibilidad de sanciones sino por la admiración, pareciera que las decisiones no fueran tomadas por el referente sino en común acuerdo luego de ser discutido por el consejo de ancianos.
2.3.5 Organización económica
Las actividades económicas y de subsistencia se reducen actualmente a la producción y venta de artesanías, las cuales se realizan luego del dictado de charlas sobre su cultura y costumbres que brindan en las escuelas de Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Según lo enunciado públicamente en el blog correspondiente a la comunidad, muchos Qom han visitado escuelas en las localidades de Derqui, Laferrere, Hurlingham, Pilar, Cañuelas y Berazategui. Luego de brindar una charla que incluye relatos sobre tradiciones, costumbres, leyendas populares, cuentos, mitos, canto y danza, medicina tradicional y lengua materna, taller de alfarería y telar, cada integrante de la comunidad disponía de un espacio habilitado dentro de la escuela para la venta de sus artesanías.
En el Barrio Toba es posible adquirir collares, artesanías en arcilla con tintura de algarrobo (manos, rostros, búhos, pájaros, animales, mates) como así también encargar la construcción de un n’viqué, el violín tradicional realizado con lata y cuerda de crin de caballo y los tradicionales arcos y flechas de la cultura. Asimismo, hay mujeres en Derqui que realizan telares, para lo cual es necesario reservar por encargo. Otra de las destrezas practicadas por las mujeres es la cestería, para lo cual realizan bolsos con hojas de palma trenzadas, que suele demandar aproximadamente un día de trabajo.
Se realizó, mediante la distribución de planes Trabajar del Ministerio de Trabajo de la Nación, un proyecto de huerta comunitaria. Se impulsó también la tramitación del subsidio a cargo del gobierno nacional para jefes y jefas de familia desocupados.
El arte es su medio de subsistencia y, según lo expresado por Clemente López en su libro Daviaxaiqui, es uno de los mayores legados de sus antepasados, dado que la capacidad de crear la tienen todos los integrantes del pueblo Qom. En palabras de Clemente: “Para nosotros el arte representa la expresión de la cultura por nuestras manos. Solemos expresar y representar símbolos naturales de diferentes emociones” (López & López, s.f., p. 55).
Realizados con arcilla o barro cocido elaboran colmillos que representan la valentía de la persona, horneros que representan la inteligencia por la labor de construir sin ningún tipo de ayuda y a la perfección todo lo que a él rodea, lechuzas que representan a la suerte, etc. Las lechuzas trabajan con sus ojos, todo su poder está allí; es por esta razón que esta artesanía debe estar mirando siempre a una puerta de entrada para lograr que entre la buena suerte y evitar los malos augurios; manos representan la abundancia puede ser la abundancia en salud, trabajo, dinero, amor o simple bienestar. Las manos: cumplen la función de sostener, tomar, dar y es por eso para que su significado tenga efecto en una casa debe contener semillas de las que produce la Pachamama, semillas como la de maíz zapallo, porotos, etc. Las palomas, por otro lado, representan la amistad (López & López, s.f.).
Además existen una variedad de máscaras, arcos, flechas, mulitas y estatuas que no tienen significado; sólo simbolizan rasgos culturales y están hechas en barro cocidas en horno a leña. Cuentan López y López (s.f.) que en el caso de encontrarse en el Impenetrable irían a los ríos o lagunas para poder sacar el barro que es arcilloso y especial para su trabajo. Para las pinturas en muchas ocasiones también usan este tipo de barro que varía en colores; según sea río o laguna es más oscuro y rojizo a orillas del río y de la laguna es más bien un color más claro. Asimismo, utilizan tanino de quebracho colorado y el carandá, cortando la madera en varios trozos y haciéndolos hervir en vasijas y al cabo de dos horas se empieza a desprender el tanino. Estos no solo se usan para las artesanías en barro, sino también para colorear productos hechos con lana de oveja, las yikas y los canastos hechos con hojas de palmera.
Figura 5: Modelo de artesanía. Esta lechuza representa la suerte
Los hornos de cocción tradicionales consisten en el cavado de un pozo cuadrado de un metro por un metro en sus costados y por dentro se coloca la leña, en el medio se ubican ramas finas, luego se introducen las artesanías de mayor a menor tamaño cubriéndolas con ramas y encendiéndolas. Este proceso de cocción implica una noche, extrayendo las artesanías al día siguiente. En la provincia de Chaco todavía hay personas que siguen trabajando con el horno que usaban sus abuelos, pero López y López (s.f.) refieren que ellos en Buenos Aires ya no pueden seguir con esta tradición debido a factores ambientales (la humedad del suelo) y entonces se valen de hornos que realizan con ladrillo común y barro, pero brindándoles el mismo proceso de cocción. Siempre se evita hacer el proceso durante las noches de luna nueva, puesto que las artesanías se rompen o se rajan.
Es una práctica exclusiva de las mujeres el telar y se transmite de generación en generación. En palabras de Audelina, esposa de Clemente López, “las mujeres mayores se encargan de instruir a las más jóvenes en el uso de diferentes bastidores” (López & López, s.f. p. 62).
Las ventas de artesanías son realizadas en los colegios que asisten a dar charlas y en las ferias que se realizan en los distintos puntos geográficos a los cuales son invitados. También expresó Nahuel, uno de los hijos del cacique, que les habían encargado un emprendedor particular que se dedica a la venta de artículos varios, 5000 unidades de lechuzas destinados a la reventa, a partir de lo cual se vieron impulsados a comprar un horno eléctrico para simplificar el proceso de producción y aumentar el número de producciones.
2.3.6 Organización conyugal
De acuerdo al análisis de Francia y Tola (2011), el mundo indígena constituye su vida bajo dos aspectos: territorio y espiritualidad. Alrededor y adentro de ellos se manifiestan movilizaciones políticas, reglas, códigos, estrategias que nacieron en un tiempo milenario.
Francia y Tola (2011) plantean que el pueblo Qom se basa en el compromiso y la responsabilidad, toman conciencia de que cada uno cumple una función en la vida comunitaria y cada una de estas funciones es importante para todos. En la familia desempeñan acciones que interactúan con las familias de los demás integrantes. En la sociedad sucede lo mismo. Si cumplen con la responsabilidad y el compromiso de sus funciones dentro del grupo en el que se mueven, lograrán una buena convivencia, siendo respetados y considerados personas confiables para el bienestar de la comunidad. Considera importante destacar el amor que tiene el líder por su pueblo y la invocación de su guía divina, su espíritu protector para la defensa del territorio. Este elemento constituye la fuerza matriz cuando siente invasión y trae la esperanza para el bien común de sus miembros con la perspectiva de lograr una segura salvación a través de técnicas que fundamentan su habilidad y sabiduría.
Cuando un hombre se casa y tiene su primer hijo, los períodos de seducción, de juego, de falta de autocontrol y de marcaje corporal terminan y el hombre comienza la vida de adulto (Tola, 2008).
De acuerdo a lo analizado por Tola (2008), el pueblo Qom entiende que la capacidad de acción determina la constitución de hombres y mujeres aptos para vivir en pareja y saber producir y reproducir un hogar gracias al trabajo complementario de los sexos. Ser un hombre o una mujer entre los Qom significa poder y tener la responsabilidad suficiente para crear una pareja estable, engendrar hijos, criarlos y alimentarlos con éxito. El matrimonio es una relación principalmente productiva. Cuando una mujer se une en matrimonio debe saber mantener su casa, recibir cortésmente a los invitados, cocinar, lavar, hacer canastos, buscar y cortar el corazón de las palmas, recolectar hojas de carandillo y frutos, sembrar, ayudar a su esposo a construir su casa, tener hijos y ser fuerte en el parto. El hombre para casarse y ser considerado un adulto pleno debe saber cazar, pescar, buscar miel y trabajar la tierra.
Según Sánchez (2006) la mujer generalmente se queda en la casa de sus padres para asegurarse la protección de ellos y durante ese tiempo, como una forma de ofrecer tributo, el hombre debe contribuir con alimentos al hogar de la familia donde él se integra, y debe ser paciente para lograr la confianza de sus suegros antes de formar su propio hogar. En general, el matrimonio se queda en el hogar materno, pero algunos matrimonios prefieren irse al hogar de los padres del esposo.
La separación del matrimonio siempre ha causado grandes conflictos de ambas partes, y en ese caso se recurre a la mediación de otras personas que saben encontrar la forma de resolver esos problemas. La ruptura y las violaciones siempre dan lugar a la venganza y el despojo total de pertenencias del hombre según la gravedad del caso; este método también se aplica al engaño. Los motivos de separación del matrimonio son fundamentalmente de celos excesivos, castigo injustificado, peleas repetidas de los cónyuges, engaño, envidia, bigamia y brujería causada.
Si el matrimonio joven logra triunfar frente a todos los problemas adversos de la vida familiar, se consolida su unión y la de sus familias. La mujer, muy hogareña, mantiene encendido el fuego, va en busca de leña, agua y prepara las comidas; también sale juntamente con las otras mujeres a buscar frutas, raíces de cactus, tubérculos, etc. A su vez realiza el trabajo de hilado, tejidos y bordados, hace el sobado de pieles, vestidos de sus hijos, ponchos y alfarería de barro; realiza todo lo necesario en el hogar para cooperar con su marido, asimismo cuida de sus hijos, es compañera del hombre con una fortaleza formidable y resistencia física, tiene autoridad moral, sabe aconsejar, es muy sencilla, candorosa y afectiva.
Cuando la mujer pierde a su pareja o el hombre pierde a su esposa, es considerado como una maldición; y el único camino o solución de este padecimiento es no buscar otra pareja, de lo contrario, sigue padeciendo el sufrimiento de perder a quien ama. Otra posibilidad es buscar como cónyuge a otro viudo o viuda para que su nuevo matrimonio se pueda prolongar. Muchos de estos viudos y viudas lograron consumar su nuevo matrimonio y tener muchos hijos y nietos y son los que forman las familias numerosas.
2.3.7 Conclusiones del apartado
El apartado inicia con datos estadísticos pertenecientes al INDEC con el propósito de indicar por un lado el interés creciente avalado en la Constitución Nacional por acercarse y conocer más sobre los pueblos aborígenes y por el otro tomar en consideración el vasto número de dicha población que, según los datos registrados, es de 600.329 personas. Dentro de esta población, los Qom representan el segundo pueblo originario más numeroso. En cuanto a los grandes grupos de edad del total de la población del Gran Buenos Aires, los pueblos originarios presentan una leve diferencia por encima de la población general en el rango etario de 15 a 64 años.
Esta sección prosigue describiendo los orígenes y desarrollo de la población estudiada enfatizando que las acciones de la misma siempre estuvieron orientadas a una meta en común: vivir en comunidad en un mismo territorio, obteniendo incluso la personería jurídica como tal. Esta meta de vivir comunitariamente se acentúa cuando refieren concebirse como una gran familia.
En relación a lo expuesto por Rodríguez, Montgomery, Peláez y Salas Martínez (2003) las actitudes tienden a variar sistemáticamente a través de los grupos culturales distintos, ya que cada grupo tiene creencias únicas acerca de las relaciones de pareja y de sus funciones dentro de la sociedad; entonces, es por esta razón que se continuó detallando las creencias de la población Qom destacando la convergencia de las mismas correspondientes al panteísmo y al culto cristiano; incluyendo festividades como el Navogo que implica un ritual cuyo propósito es influir en la naturaleza pero también es a su vez la ocasión para que un joven establezca su pareja.
Cuando un joven pretende formar una pareja debe seguir una serie de instrucciones y pruebas que los adultos mayores proponen. Estas ideas se encuentran en concordancia con lo que plantea Dion y Dion (1993) quienes conciben que en las sociedades colectivistas las relaciones íntimas se organizan a través de la intervención de la familia extendida.
El ritual del Navogo incluye un baile típico que ellos denominan “baile de la amistad” que implica formar un círculo entonando cantos y en medio de este contexto es propiciado el espacio para la búsqueda de pareja validado por la comunidad.
En cuanto a la organización social, si bien hay un líder que es la figura del cacique, las decisiones son tomadas por el consejo de ancianos. La mujer ocupa el lugar de protectora de la familia enfatizando analógicamente el valor de la Madre Tierra como bien indispensable.
En cuanto a la organización económica, halla su relevancia en ser desarrollada en la presente tesis dado que el medio para subsistir es el arte que a su vez representa el mayor legado de sus antepasados y grafica los valores de su cultura como lo son la valentía, la inteligencia en la labor de construcción, la perfección de la naturaleza, la suerte, la abundancia, la Pachamama y la amistad.
Para concluir, en el último punto que remite a la organización conyugal, se cita a Francia que es un filósofo Qom quien destaca que cada miembro de la comunidad cumple una función y que éstas son fundamentales para todos. Plantea que para dicha comunidad ser hombre y mujer se constituye en la acción y que se consideran adultos al casarse y tener su primer hijo. El matrimonio sería concebido como relación principalmente productiva. Una vez casados, el matrimonio viviría en la casa de la mujer y las separaciones implicarían la pérdida de bienes para el hombre.












