Actualmente, alrededor del 50 % de la población humana vive en zonas urbanas, en comparación con el 10 % de principios del siglo xx, y se prevé que en diez años llegará al 75 %. Estas cifras muestran el éxito alcanzado por el modelo urbano inventado hace más de 700 años, pero también indican su próximo colapso, pues estas zonas urbanas son el principal responsable de los problemas medioambientales que afectan al planeta, contribuyen a la contaminación global en una proporción superior al 75 % y utilizan más del 70 % del total de la energía consumida (Ruano, 1998, p. 7). El 50 % del calentamiento global se debe al uso de los combustibles para la calefacción, la iluminación y la ventilación de los edificios, y el 25 %, al transporte.
De lo expuesto, se evidencia una fuerte interacción entre las cuestiones ambientales, el urbanismo, y el proyecto, la construcción y la vida útil de los edificios. Como señala Ruano (1998): “Dado que las ciudades son las principales causantes de la destrucción ecológica global, parece obvio que los problemas medioambientales deban abordarse y resolverse en primer lugar y principalmente en las ciudades” (p. 7).
Hacia fines del siglo xx, De Carlo (1999) hacía explícita una máxima aspiración: “Tengo la esperanza, y mucho me alegraría, que desaparecieran términos como ‘ecológica’ o ‘ambiental’; que cuando digamos ‘arquitectura’ lo hayamos dicho todo” (p. 52). Esta frase reflejaba su deseo de dejar de adjetivar a la arquitectura con términos agregados de ecología o ambiente, y, por qué no, de sus sinónimos de “verde”, “amigable”, “saludable”, “eficiente”, o “sustentable”. También significaba la necesidad de un nuevo abordaje disciplinar, académico y profesional de la conceptualización que hasta este momento se entendía por “arquitectura”. Apelaba a un cambio de paradigma en donde la ecología y lo ambiental formaran parte inherente de la arquitectura, sin recurrir a términos complementarios ni a slogans para caracterizarla.
En resonancia con estas concepciones, algunos arquitectos sostienen que la buena arquitectura es siempre sustentable. Souto de Moura señala que la arquitectura no tiene que ser sostenible dado que la buena arquitectura lleva implícito el ser sostenible (2007), y agrega que la “gran arquitectura” viene de la capacidad de hacer coexistir construcciones y naturaleza (2011).
Para Brahm (2011), lo sostenible es “un apellido” que toma importancia en estos momentos para hacer notar su relevancia. Según él la “buena arquitectura” engloba a la arquitectura sostenible y agrega que disminuir la demanda energética y utilizar energías renovables son criterios que siempre deberían estar presentes. Plantea que la arquitectura antigua era más adecuada a los lugares donde se construía y tenía criterios de “sostenibilidad” muy profundos; de ahí su referencia a que es suficiente hablar de buena arquitectura, y lo ejemplifica con su obra. En su edificio Transoceánica, casi el 80 % de ahorro energético lo logra con el recurso arquitectónico, y no tanto con el uso de las tecnologías complejas.
Otros autores han alertado acerca de las implicancias de los conceptos y las prácticas que, en términos superficiales, refieren a la arquitectura como ecológica, ambiental o sustentable. Latouche (2016) critica “la sociedad del desperdicio” e indica que la sociedad del crecimiento reposa sobre la acumulación ilimitada de riquezas, destruye la naturaleza y es un generador de desigualdades sociales, y en este contexto considera los discursos sobre el desarrollo “sustentable” como slogans.
De Garrido (2010) sostiene que las “exageradas” soluciones de techos y fachadas verdes son, en definitiva, “aditivos” o gadgets que solo hacen parecer más ecológico al edificio. Para él, el desarrollo sustentable es un “lobo disfrazado de oveja” que, al aplicarse a la arquitectura, empeora la situación pues debe sumársele la “visión subjetiva” del arquitecto. Se infiere, entonces, en estas concepciones que los criterios de sustentabilidad están atravesados por las subjetividades, de ahí que este arquitecto desarrollara su propia definición acerca de lo sustentable.
De Schiller (2010) alerta sobre las importaciones de normas y certificaciones foráneas de países con desarrollos productivos, sociales y económicos diferentes.
Para otros arquitectos, lo ambiental y lo sustentable forman parte de su proceso de diseño. Murcutt (2008) afirma que abunda la falsa “eco-arquitectura” y que se habla de la arquitectura sostenible como frase hecha cuando “a la mayoría no le importa dónde está el sol y menos de dónde viene el viento”. Señala también, a manera de postulado, que no puede hablarse de sustentabilidad si para lograrla se requiere de la aplicación de procesos industriales costosos.
Entre tantos magníficos chistes de Caloi, en uno publicado en el año 2010 en la revista Viva de Clarín, se retrata la esquina de una ciudad atravesada por vías de tránsito colapsadas cuyo zócalo se encuentra cubierto por una densa nube de esmog que asciende hasta alcanzar el sol y las nubes. El dibujo se acompaña con el enunciado “Me encanta todo este tema de la ecología, de las dietas vegetarianas, en fin, de toda esta revalorización de la naturaleza, ¿qué te parece si pintamos esta pared de verde?”. En este discurso, “ecología”, “dietas vegetarianas”, y una pared pintada “de verde” aparecen homologadas como “revalorización de la naturaleza” y evidencian la vulgarización de ciertas concepciones en torno al medio ambiente, lo natural y lo artificial. Como argumenta Maldonado (1999) en su libro Hacia una racionalidad ecológica, esta familiaridad de conceptos forma parte de “la mecánica de las modas”, que habla “de las cuestiones ambientales mucho y mal”, de forma “sensacionalista” y “aproximativa”, de tal manera que, a la vez que se “informa”, también se “desinforma”[1].
Este libro es el producto resultante de mi tesis doctoral en el área de Arquitectura desarrollada en la UBA, Lo sustentable y el ambiente en el proceso proyectual. Actitudes y criterios de enseñanza en las carreras de arquitectura en la ciudad de Buenos Aires en perspectiva histórica, defendida en abril del año 2019[2].
Los conceptos sobre lo sustentable y el ambiente son más o menos profundos o superficiales, ecuménicos o singulares, globales o locales, y se sustentan sobre teorizaciones que se reflejan en obras y discursos y que se encuentran enraizadas desde los inicios del proceso proyectual a manera de modelos. Así como los múltiples modelos contrapuestos conviven en el universo de la cultura y se reproducen desde sus bondades en ámbitos de difusión masiva, disciplinares, profesionales y científicos, en el ámbito académico cobran toda la relevancia de su especificidad porque se relacionan directamente con los proyectos educativos y políticos, que desde diferentes posiciones ideológicas indefectiblemente deberán confrontar los posibles lugares de lo propio y lo ajeno, lo practicable y lo impracticable.
Los modelos sobre lo sustentable y el ambiente son diversos y colisionan en el ámbito académico, de ahí su relevancia. Sus consistencias e inconsistencias se evidencian en las tensiones entre los diseños curriculares o planes de estudio[3] de cada unidad académica, las propuestas pedagógicas[4] de cada una de las cátedras, el cuerpo docente que las lleva adelante y los alumnos que realizan los proyectos.
En síntesis, se pretende desentrañar una cuestión nodal que comienza con la formación del arquitecto en el ámbito académico, sus criterios y actitudes, y sobre el giro proyectual que implica el tránsito hacia una manera de proyectar ambientalmente hasta arribar a la incorporación de una conciencia ambiental y sustentable en el proceso proyectual de manera inherente.
Para una mejor comprensión, este libro se organizó en cuatro partes. En la primera parte, se tratan las implicancias teóricas sobre las diferentes posturas y acciones desde lo disciplinar, lo profesional y desde la formación de grado del arquitecto, los objetivos y la metodología aplicada.
En la segunda parte, se analizan los términos “sustentable” y “ambiental”, los problemas y enfoques desde los cuales se han abordado, y los aportes de los respectivos campos disciplinares de los que emergen y su relación con la formación, la enseñanza y el ámbito proyectual.
La tercera y la cuarta parte están dedicadas al desarrollo de la propuesta. La tercera se divide en tres capítulos. En el primero, se desarrollan los términos de “sustentabilidad” y “ambiental” y sus significaciones en los campos disciplinares y profesionales. Se analizan las actitudes y los criterios de sustentabilidad en múltiples registros con la finalidad de identificar y determinar las categorías para la formulación de los modelos imperantes y que se sustentan sobre diferentes posiciones ideológicas, disciplinares, académicas y profesionales, globales y locales.
En el capítulo II, se definen seis modelos de sustentabilidad y sus variantes, que van desde el modelo cliché de greenwashing o “lavado de cara verde” hasta las formulaciones que plantean modelos integrados y se ejemplifican con obras y proyectos de estudios y arquitectos nacionales e internacionales más o menos paradigmáticos.
En el capítulo III, se focaliza la cuestión ambiental en el ámbito académico y se analizan los discursos en el contexto de las propuestas pedagógicas de las cátedras de Diseño de la Carrera de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires y de sus productos en los jurys.
Finalmente, la cuarta parte se divide en dos capítulos, en donde se analizan las teorizaciones y conceptualizaciones en los talleres proyectuales de Arquitectura y sus aspectos pedagógicos y didácticos, con la finalidad de desentrañar las diferentes estrategias para el abordaje de lo sustentable. Se propone una construcción metodológica de proceso proyectual en los talleres de Arquitectura que teoriza en torno a la posibilidad de enseñar y de aprender a proyectar ambientalmente.
- “En realidad, se habla de ello [las cuestiones ambientales] mucho y mal, de una forma sensacionalista y aproximativa. Se informa y también se desinforma” (Maldonado, 1999).
“Hay que admitir, sin embargo, que la moda tuvo por lo menos un aspecto positivo: contribuyó a formar una conciencia ecológica. Por el momento, es una conciencia inconsciente, sin raíces, fácil de borrar. Pero cabe imaginar que, pasada la moda, será posible reanudar los esfuerzos que llevarán a una conciencia ecológica esencialmente crítica-crítica respecto al escándalo de la sociedad” (Maldonado, 1972).↵ - Quallito, Vicenta (2019-04-12). Lo sustentable y el ambiente en el proceso proyectual: actitudes y criterios de enseñanza en las carreras de arquitectura en la ciudad de Buenos Aires en perspectiva histórica. Tesis doctoral. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. [consultado: 17/03/2021]. Disponible en el Repositorio Digital Institucional de la Universidad de Buenos Aires: t.ly/aRMYi. ↵
- Un currículum está compuesto por el diseño curricular o plan de estudios de la carrera (fundamentación, perfil de graduado, objetivos, asignaturas con carga horaria y contenidos, y propuestas pedagógicas), y su implementación o desarrollo.↵
- Son los discursos elaborados por los equipos docentes de las diferentes cátedras en donde se explicita el desarrollo mismo de cada asignatura.↵








