Análisis e interpretaciones de la obra de Gramsci en América Latina
El ingreso de Gramsci en los análisis de la historia social y política de América Latina se ha registrado desde los años sesenta. Uno de los lectores referentes fue José Aricó, al fundar la Revista Pasado y Presente en 1963, en la ciudad de Córdoba, Argentina[1]. El “análisis histórico-concreto” (ANSALDI, 2013, pág. 21) del continente que hemos delimitado entre el rio Bravo y el sur patagónico, radica precisamente en el reconocimiento de la realidad común a la vista de las singularidades de cada formación social en Colombia, Argentina, México y Brasil.
Hemos asumido el caso colombiano, sin desconocer las semejanzas o similitudes que pueden tener con otros países. Por lo cual, realizamos una breve revisión bibliográfica de las lecciones que recibimos de Argentina, a partir del trabajo de estudiosos gramscianos sobre los problemas de las alianzas de clases de las clases dominantes argentinas. Los casos de Brasil y México son someramente enunciados a modo más de interrogantes que de aseveraciones sobre el desarrollo de sus formaciones sociales[2].
Los análisis e interpretaciones de las realidades son revisados a partir de fuentes secundarias, es decir, trabajos de investigación que consideramos relevantes en la historiografía latinoamericana. Priorizamos pasajes que tienen relación con el periodo que analizamos en el caso colombiano, al indagar lo que acontecía en el continente antes y después de 1930. Comprendiendo las dificultades de esta generalización por la imposibilidad de ‘aprehender’ todas las singularidades del continente. El primer asunto por diferenciar es la conceptualización con la cual se ha estudiado este periodo, con motivo de distinguir el concepto de ‘bloque hegemónico’ del concepto de ‘oligarquía’.
Hemos asumido estudiar el Estado capitalista colombiano, entendiendo que el desarrollo de la formación social capitalista durante el siglo XX ha tenido múltiples denominaciones. El ‘Estado oligárquico’ fue el concepto trabajado por Atilio A. Boron (1979) en la tesis doctoral sobre La formación y crisis del Estado oligárquico-liberal en la Argentina, 1880-1930. A su vez, es el concepto que trabaja Octavio Ianni para comprender el periodo 1930-1945 en Brasil, al estudiar “la agonía del Estado de tipo oligárquico y el desarrollo del Estado propiamente burgués” (IANNI, 1971, pág. 19).
Dos años antes a la publicación de estas investigaciones, el concepto había sido trabajado por Agustín Cueva en su ensayo sobre El desarrollo del capitalismo en América Latina, en el cual se halla la definición del “estado ‘oligárquico’ latinoamericano”, con la connotación de “liberal-oligárquico de carácter autoritario”, llegando a extender la noción hasta la “sociedad oligárquica” (CUEVA, 1990 [1977], págs. 127-143). La secuencia de la generalidad aborda los casos latinoamericanos en el periodo de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Según la aclaración realizada, este correspondería con lo que hemos denominado en Colombia la ‘Regeneración Conservadora’ (1886-1930)[3].
El análisis regional da cuenta precisamente de la singularidad del “proceso de acumulación originaria de poder capitalista” (CUEVA, 1990 [1977], pág. 130), uno de los procesos que persisten en el bloque hegemónico colombiano, tanto en su conformación (1930-1950) como en su reconfiguración (2002-2018). La interpretación de la obra de Gramsci radica en comprender los intersticios en los que asume el poder del Estado un ‘nuevo bloque dominante’[4]. La relación del análisis socio-histórico gramsciano con el método del materialismo histórico, está precisamente en que estos autores comprenden la crítica al sistema capitalista elaborada por Karl Marx[5].
El carácter coercitivo del conservadurismo político tiene los antecedentes del periodo de la Regeneración, 1986-1930, por lo cual es posible comprender que no solo es un rasgo característico en Colombia, sino que se ha entendido durante el desarrollo del capitalismo en América Latina, en tanto, uso del “aparato represivo del estado ‘nacional’” para el “mantenimiento de la alianza oligárquico-imperialista” (CUEVA, 1990 [1977], págs. 138-139).
Este carácter autoritario de los Estados capitalistas latinoamericanos refleja las dificultades que ha tenido “la constitución de una superestructura política basada en niveles de hegemonía internos” (Ibid. pág. 143). En nuestro análisis, hemos entendido que no ha sido posible la constitución de una suprema hegemonía, por la ausencia de un proyecto político conducido por una clase dirigente, que no sea la ‘fracción hegemónica’ de uno de los bloques, sino la que dirija y articule los distintos bloques hegemónicos que participan del ‘bloque en el poder’ del Estado.
En el mismo sentido de la generalidad, al investigar en su conjunto la historia de América Latina, durante la década de los setenta Jorge Graciarena (1972) categorizó la formación social capitalista en el continente con el paso de “la oligarquía a la élite en el poder” (GRACIARENA, 1972, pág. 15). La relevancia de su perspectiva radica en la importancia que brinda a las “decisiones políticas” que se han tomado en materia del “desarrollo económico y la modernización de la sociedad” (Ibid.).
La acción política que asumió el continente en la instauración de los modelos de desarrollo, antes y después de 1930, tiene en sus observaciones, el valor de poner el acento en la condicionalidad que impusieron los lineamientos norteamericanos a los ‘grupos oligárquicos’[6], para concertar los préstamos económicos de la Alianza para el Progreso. Dado que el triunfó de la Revolución Cubana y su determinación hacia la construcción del socialismo, era realmente el horizonte hacia el cual habían podido conducirse las sociedades latinoamericanas.
Las condicionalidades de los Estados Unidos para la implementación de los modelos de progreso y desarrollo en América Latina, suponían la determinación del avance del liberalismo económico en detrimento de la “política económica conservadora” en el continente (GRACIARENA, 1972, pág. 26). Podemos comprender que la referencia del ‘estancamiento’[7] alude a la política del proteccionismo de la industria nacional. Estancamiento en lugar de expansionismo, en términos económicos, supone una economía cerrada al mercado interno, lo contrario a la apertura del libre comercio.
De esta manera es posible entender cómo se fraguo el intervencionismo imperialista norteamericano a partir de las tres políticas que sintetiza Graciarena (1972: 26): 1] política diplomática (Departamento de Estado, Senado); 2] política estratégica y militar (fuerzas armadas de los Estados Unidos); y 3] política económica (compañías multinacionales). Tiene completa relación con el papel que tuvo la representación de George Catlett Marshall, en la instalación de la IX Conferencia Panamericana y en el cierre de inauguración de la Organización de Estados Americanos-OEA, en cuanto su trabajo fue autorizar los lineamientos que condicionaron el ingreso del liberalismo económico en América Latina con la doctrina del anticomunismo.
El desarrollo económico tenía a disposición la cooperación militar norteamericana, dado que, si era o fue necesario, el libre comercio se impuso por la fuerza represiva del Estado, ante los alzamientos de los trabajadores que vieron cerradas sus fábricas y cercenadas las pequeñas economías de sus pueblos.
La intervención norteamericana, aconteció en la misma fecha en que se consumó el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, abril de 1948. Causando en Colombia, el desenvolvimiento represivo del autoritarismo de los Gobiernos conservadores (1946-1953), y del intersticio del Gobierno y la Junta Militar (1954-1958). Por estas razones, se puede entender claramente como
La política económica latinoamericana de los Estados Unidos, por ejemplo, es un problema que interesa a todas las instituciones mencionadas. La instalación de una planta siderúrgica tiene consecuencias estratégicas y políticas, además de económicas. Esta ilustración sirve para mostrar por qué, como se observa cotidianamente, en la consideración de un problema importante intervengan todas las instituciones norteamericanas (GRACIARENA, 1972, págs. 27-28).
El proteccionismo aduanero era uno de los temas de debate político más sentidos en Colombia, desde que se diera la radicación del proyecto de Ley del Gobierno de Mariano Ospina Pérez sobre la Reforma Arancelaria (1946). El modelo económico conservador del proteccionismo fue uno de los temas por los cuales Jorge Eliécer Gaitán desarrolló polémicos debates, en defensa de la soberanía nacional en distintas tribunas a finales de 1947. Causalmente el 15 de diciembre se firmó la Ley 45, por medio de la cual se creó una empresa nacional del Estado para el desarrollo industrial del hierro en el departamento de Boyacá (Ley 45, 1947). La aprobación del Poder Legislativo colombiano, para la creación de una planta siderúrgica, se superponía a los intereses norteamericanos, pero también, intereses de otras burguesías continentales[8].
La necesidad de la inversión extranjera para llevar adelante el desarrollo industrial latinoamericano subordinó a los ‘grupos oligárquicos’ a seguir los lineamientos políticos norteamericanos. No obstante, el caso específico de distorsión en la política continental, esto es la industria Siderúrgica, había tenido en 1938 una deliberación en la Asamblea del departamento de Boyacá que permitió aprobar el fomento industrial con la “explotación [legal] de las Minas de Hierro”[9].
La ‘unidad política’ de las fracciones de clases dominantes colombianas, acompañaron los impulsos provinciales, suscribiendo el 17 de septiembre de 1948 la escritura pública por medio de la cual se constituyó la Empresa Siderúrgica Nacional de Paz del Río[10]. El desarrollo industrial no obedeció a los préstamos norteamericanos, la conjugación de sus inversiones se debió al “empréstito de 25 millones de dólares” que el “le Banque de Paris et des Pays Bas” concediera a la Empresa (GARCÍA MARQUEZ, 1954).
El problema del desarrollo del capitalismo en América Latina es extenso, las diferencias partidarias también tienen relación con los intereses continentales en el desarrollo económico, según como favorecía a los distintos “sectores de interés político”. En los años noventa, Marcelo Cavarozzi (1996) exploró los elementos que le permitieron realizar una “caracterización del capitalismo oligárquico” (CAVAROZZI, 1996, pág. 6). Su interés en el “patrón de organización económica y política desplegado” (Ibid.) en el continente durante la época, comprendió el estudio de los “desplazamientos teóricos” (Ibid.) en las determinaciones que la economía ejercía sobre los modos de pensar la política.
Cavarozzi (1996) delimita su investigación a las formaciones sociales donde encuentra “una variante de capitalismo político tardío” (Ibid. pág. 6). Hace énfasis en el papel organizador que tuvo el Estado, siendo esta una segunda etapa, diferenciada de la primera que sería la del ‘capitalismo oligárquico’. El contraste entre un Estado oligárquico excluyente y una ‘Matriz-Estado-Céntrica’, permite observar la estatización de la política con los sistemas de partidos que asumieron la deliberación parlamentaria en la sociedad de masas.
Los discursos partidarios de la época, los asume desde una suerte de “inflación simbólica”[11], por medio de la cual se tramitaba la “administración del conflicto ideológico” (CAVAROZZI, 1996, pág. 9). Esto le permite dar cuenta como se diferenciaron en los Parlamentos el liberalismo político y el liberalismo económico, al enfrentarse al fascismo y al populismo. El colapso de esta diferencia, con el agregado componente de autoritarismo-militarismo, estallaría en los regímenes de dictaduras (1973-1982).
Al dedicarse al análisis de los procesos que han dado lugar a la “creación y reproducción de un orden político racional” (CAVAROZZI, 1996, pág. 17), pasa por comprender temporalmente un periodo de desarrollo del capitalismo oligárquico entre 1880-1930; y un desarrollo del Estado capitalista burgués con ingresos de los movimientos de masas entre 1930-1980.
La alusión del ‘carácter oligárquico’ se dirige a los sistemas económicos que fueron desarrollados principalmente por la clase de terratenientes capitalistas exportadores del Cono Sur. El capitalismo industrial o burgués, se desplegaría propiamente en la primera mitad del siglo XX. Las transiciones entre estos modelos fueron incentivadas principalmente por el factor externo, tanto por el grado de demanda de exportaciones agrarias como por la necesidad de inversión extranjera en los desarrollos industriales.
La caracterización del Estado ‘liberal-oligárquico’ puede considerarse para las investigaciones de los casos de Argentina y Brasil. En el caso colombiano la Regeneración Conservadora desde 1886 hasta 1930 se mantuvo en una política económica que se arraigó en los principios del proteccionismo según lo entendía el Directorio Conservador. Las diferencias entre las concepciones de liberalismo y conservadurismo difieren en el Cono Sur y en el trópico, tanto en la periodización como en el énfasis de los sectores y productos que hicieron estancar el desarrollo económico según lo que denominan ‘capitalismo oligárquico’.
Las crisis que condujeron a la transformación de las oligarquías terratenientes del sur, en burguesías capitalistas industriales, se define políticamente por el crecimiento insostenible de consumo de aquellas oligarquías en el poder del Estado, la demanda en ascenso del consumo de la burguesía industrial y el flamante descontento de las masas de los trabajadores[12]. Este análisis refiere a tres casos con Golpes de Estado, Chile en 1924, y, Argentina y Brasil, en 1930. La ruptura del capitalismo oligárquico al capitalismo burgués está enmarcada en este auge del autoritarismo, apelando a “una tutela estatal de los sectores subalternos” (CAVAROZZI, 1996, pág. 33).
Este panorama general regional sobre las “oligarquías dominantes latinoamericanas”, realmente expresa las realidades de los países agroexportadores del continente concentrados en el Cono Sur. La diferencia con México está en sus propias concepciones y elaboraciones a partir de la transformación social y política que protagonizó a comienzos del siglo XX. La investigación de Arnoldo Córdova postula el concepto de ‘Estado de la Revolución Mexicana’[13] para diferenciar el paso de un ‘capitalismo oligárquico’ a un ‘capitalismo monopólico’ a partir de las reformas sociales que la Revolución llevó adelante.
Esta realidad puede ser diferente en el caso colombiano. En la investigación que presentamos, hemos comprendido que históricamente el concepto de ‘oligarquía’[14] está directamente asociado a la crítica que realiza Jorge Eliécer Gaitán contra las oligarquías liberales y conservadoras. Entendiendo desde Aristóteles, que es la forma Gobierno de unos pocos por el interés particular, es decir, una forma de gobernar para los intereses económicos particulares de las familias en el poder.
En las últimas décadas del siglo XIX, el arraigo socioeconómico de la defensa de la propiedad territorial de la clase de los terratenientes agroexportadores, tuvo un factor determinante en los liberales que apostaron al factor de comercio exterior. Sin embargo, es inconveniente generalizar esta condicionante a todo el continente latinoamericano, puesto que, a diferencia de la temprana vocación exportadora, muy consecuente con el flujo migratorio de Europa a los paisajes estacionales del sur. En el trópico, la defensa de los intereses de las oligarquías, que representaron a las familias hacendatarias herederas del sistema colonial, se concentró en posicionar en el mercado interno los precios del consumo de la producción agraria. Siendo el café, y posterior el banano, los únicos productos de exportación, aún con reducida demanda exterior entre 1886-1900.
La preocupación de los conservadores hacendatarios en Colombia frente al desarrollo industrial de jóvenes liberales, se tramito en los debates políticos a partir de las tensiones de los precios entre la producción y comercialización de manufacturas, respecto a los precios de la producción agraria. Esta tensión en el mercado interno mantuvo, por un lado, la conciliación de intereses entre las clases dominantes con intereses en los sectores agrarios, y por otro, los intereses puestos en el sector industrial, quienes regularmente se hicieron del, o se aliaron al, sector financiero y comercial.
La singularidad colombiana puede ser controvertida, si se tiene en cuenta el trabajo de Francisco Weffort y Aníbal Quijano (1973) sobre Populismo, marginalización y dependencia. Dado que expone aspectos generales de la formación del Estado en América Latina por los que existe una “paradójica coexistencia de una ideología liberal […] con los patrones de comportamiento oligárquicos y tradicionales” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 53). Conviene decir que la sospecha es común respecto a que “desde el periodo de la Independencia, por todas partes, puede percibirse la siempre renovada polémica entre liberales y conservadores” (Ibid. pág. 54).
La designación de “Estado liberal-oligárquico” no la hallamos correspondiente al caso colombiano en el periodo estudiado. Los conceptos de ‘capitalismo oligárquico’ en distinción del ‘capitalismo burgués’ tampoco fueron funcionales para caracterizar el fin de la Regeneración Conservadora en 1930. Hemos argumentado la conformación del bloque hegemónico colombiano en su doble carácter de conservadurismo político y liberalismo económico, entendiendo que han sido dos bloques en el poder, el bloque liberal y el bloque conservador, los que se tomaron y mantuvieron el poder del Estado capitalista colombiano durante el periodo 1930-1950.
Argentina
El estudio realizado por Atilio A. Boron (1979) sobre los ‘Gobiernos radicales’ que se mantuvieron en el poder entre 1880-1930, aborda la crisis hegemónica y el intervencionismo militar que protagonizaron la burguesía agraria y la burguesía industrial argentina. Toda vez que se vio confrontado el viejo patriciado de los capitalistas agrarios de naturaleza aristocrático-elitista. Al tiempo que el modelo de acumulación sufría una transformación de su vocación agraria hacia un desarrollo industrial que demandaba mayor democratización en la participación política y el control del Estado. Estas teorizaciones fueron sustentadas en Harvard en el año 1979, sin embargo, han sido publicadas en castellano recién en el año 2021.
La continuidad cronológica con su investigación es una coincidencia, la elección del periodo 1930-1950 para investigar las crisis y los procesos de la conformación del bloque hegemónico colombiano, se debe principalmente a la interconexión familiar que conduce la asunción del Gobierno de Juan Manuel Santos Calderón (2010-2014), tema del que nos ocupamos en la investigación en la tesis de maestría Reconfiguración del bloque hegemónico colombiano, 2002-2012 (2016), y que profundizamos en esta investigación de doctorado, sobre las relaciones familiares de su gabinete según las mismas familias que participaron en el Gobierno de su tío abuelo Eduardo Santos Montejo (1938-1942).
El modelo de acumulación que favoreció a los intereses de las burguesías argentinas estuvo transitado por “[e]l liberalismo conservador [que] fue reemplazado […] por el liberalismo populista dejando intacto el fundamento básico de la formación social argentina” (BORON, 2020, pág. 213). La tesis fundamental radica en que el Golpe de Estado de 1930 expresó la crisis orgánica del Estado oligárquico[15], entendida como una ruptura entre la burguesía agraria terrateniente con las nuevas fracciones de clases dominantes que surgían de la burguesía industrial y el creciente descontento de los subalternos obreros urbanos. La investigación se encarga de la dimensión de las estructuras socioeconómicas, los procesos económico-sociales y políticos, como de su interacción con el sistema internacional, en búsqueda de la dinámica interna de los países periféricos[16].
La tradición gramsciana en la Argentina la hemos señalado al inicio de este apartado con el trabajo editorial de la Revista Pasado y Presente. El engranaje entre el pensamiento de Marx y Gramsci a puesto acentos distintos en las voces académicas que han realizado múltiples análisis e interpretaciones de las realidades latinoamericanas[17]. La dedicatoria de Waldo Ansaldi a Pancho Aricó (ANSALDI, 1992), contiene un sentido tenor en el análisis de las categorías gramscianas, en su lugar, Boron siempre ha priorizado “el legado teórico de Karl Marx” (BORON, 2011).
La extracción que realiza del Manifiesto Comunista, contiene una crítica concreta que puede sintetizar el proceso de desarrollo del Estado en América Latina, al referir que “el Estado es el comité que administra los negocios de la clase burguesa” (BORON, 2011, pág. 311). Marx y Engels suponían que el Estado prusiano era la demostración de la secuencia del poder de la aristocracia imperial a la burguesía industrial. El aporte más significativo de la conjugación de la amistad y el pensamiento, la hallamos en el método del materialismo histórico, entendiendo el estudio de la totalidad como “la capacidad de la teoría de reproducir en la abstracción del pensamiento al conjunto complejo y siempre cambiante de determinaciones que producen la vida social” (BORON, 2011, pág. 317).
Los acentos en Marx o en Gramsci, pueden percibirse en cada autor. La polémica interpretación de un marxiano como Aricó sobre la recepción del socialismo en América Latina le condujo a realizar una argumentada lectura del controversial artículo sobre “Bolívar y Ponte”, haciéndose cargo de analizar “la prejuiciosa perspectiva política antiautoritaria y antibonapartista -desde la cual Marx analizó concretamente el fenómeno bolivariano-” (Ibid., pág. 76). El debate hegeliano lo omitimos. Tomamos el combate de las ideas en la perspectiva de poner en situación un pensamiento que surge con el Manifiesto Comunista de 1848, fecha que coincide con la fundación del Partido Liberal (1848) y el Partido Conservador (1849) en Colombia. Ampliando una perspectiva internacionalista en la investigación de las crisis y los procesos de la conformación del bloque hegemónico colombiano.
Un análisis reciente de los cuadernos publicados de la Revista Pasado y Presente, coordinada por José Aricó y Juan Carlos Portantiero, tiene el propósito de presentar “la tragedia de los gramscianos argentinos”[18]. Así denominó Horacio González el Prólogo de la edición compilada por la Biblioteca Nacional. La tragedia puede entenderse como la disolución de la ‘voluntad humana’ entre el anhelo de la revolución y la dedicación a teorizar el socialismo. Esta tragedia contiene la mayor advertencia que pudieron reconocer los argentinos de la época ante la ruptura de la juventud con las adversidades de su tiempo.
Los gramscianos que se agruparon desde 1963 con las voces de Aricó y Portantiero, se habrían ‘desprendido’ del Partido Comunista Argentino. Suponemos son aquellos jóvenes los que pudieron decir “somos una generación sin maestros” (GONZÁLEZ, 2014, pág. 2). Catalogados como parte de la ‘disidencia comunista argentina’ que se abrió paso entre 1967-1973. Por lo cual es pertinente recordar el pasaje que dejó al respecto Horacio Crespo:
En 1967, gran parte de la Juventud Comunista rompería con la dirección del PCA, constituyéndose el Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria, en el que participarían en función orientadora y dirigente algunos viejos conocidos de Aricó como Otto Vargas, Pedro Planes y José Ratzer (1931-1979). Finalmente, en 1968 se constituiría como Partido Comunista Revolucionario (PCR) (CRESPO, 2010, pág. 9).
Fue la generación de argentinos que debieron dar continuidad a la Revolución Cubana para la transformación socialista de las sociedades latinoamericanas. En su lugar, tuvieron que asumir el asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia y vivir la represión de sus Gobiernos contra las emergencias guerrilleras que surgieron en la frontera.
Las relaciones con los movimientos revolucionarios dejaron sendos debates en la escritura publicada entre 1967 y 1973, tanto intelectuales como dirigentes del PCR colaboraron en las ediciones de la Revista[19]. En alguna de las entrevistas que le hicieron en vida a Aricó el mismo afirmaría que tenían la “[m]isma base generacional, problemas políticos y cuestiones doctrinarias que la dirección del PCA se negaba a debatir y aun admitir”[20]. Fueron disidentes y ‘renegados’ que polemizaron con las traducciones de Gramsci que impulsaba Héctor Agosti[21] desde las filas oficiales del PCA. Las diferencias de posición estallaron con mayor estruendor luego del comunicado que saco a la luz pública el PCA el 25 de marzo de 1976 luego del golpe militar[22].
La problematización de los ‘subalternos’, del problema de la ‘reforma agraria’ o más adelante de la lucha armada en Salta, entra en Pasado y Presente de la mano de Eric Hobsbawn[23]. Los conceptos que González (2014) relaciona con el accionar del bandolerismo del Chaco, se refieren a la obra sobre Isidro Velázquez que publicó Roberto Carri en 1968. También pudo haber mencionado la apertura de estudios sobre la figura de David Segundo Peralta, más conocido como ‘Mate Cosido’[24], quien actuó como bandolero del pueblo en las provincias de Salta y Tucumán hasta su muerte en 1940. Sin embargo, estos hechos de orígenes revolucionarios no tuvieron mayor resonancia.
Otro de los aportes metodológicos que legaron los gramscianos fue abrir el debate sobre el análisis histórico de ‘larga duración’, según lo dispuesto en la obra de Ferdinand Braudel. En otra orilla, la periodización es contestada por Waldo Ansaldi (1992) como ‘larga o media duración’. A lo cual, Portantiero (1973) había entendido el análisis del materialismo histórico de ‘corta duración’ o la investigación histórica de la ‘coyuntura’. En clave de Marx y Engels, los trabajos realizados sobre los hechos acontecidos entre 1848-1871, en definitiva, confrontan la necesidad de la ‘larga duración’ en las investigaciones del materialismo histórico.
La Revista, también expone en los lentes de González (2014), un análisis sobre la publicación de Regis Debray[25] Revolución en la revolución, como tomando notas de las posibilidades de enlazar un ‘foco revolucionario’ con una ‘guerrilla urbana’ y una ‘guerrilla rural’, todos temas candentes según las expectativas del efervescente movimiento revolucionario que surgía en América Latina al son del faro cubano.
Las similitudes que pueden encontrarse entre ‘peronismo izquierdista’ y el eje del ‘liberalismo de izquierda’, son sólo coincidencias. Las interpretaciones entre ‘marxismo y liberalismo’ ya las ha tratado Fernando Lizárraga[26]. Recitando a Rodolfo Walsh, los peronistas se reclaman marxistas. Aún más que Aricó, el nudo lo ata Portantiero con su insistencia sobre la “cuestión peronista” usando los conceptos de Gramsci.
El idealismo del socialismo en la Argentina se vio en los ojos del ‘peronismo izquierdista’ con la unidad pactada el 12 de octubre de 1973 entre la facción armada de los Montoneros y las Fuerzas Armadas Revolucionarias-FAR. Pudo ser, pero no fue, un pacto de unidad con el Ejército Revolucionario del Pueblo-ERP[27]. Este acuerdo entre las fuerzas guerrilleras argentinas fue señalado como el “máximo punto al que ha llegado la apuesta revolucionaria”, en un extracto de la lectura de Pasado y Presente, pueden apreciarse las connotaciones de la época:
la reciente ubicación de FAR y Montoneros constituye un hecho destinado a tener una profunda significación en la historia Futura de la lucha de clases en la Argentina. Se concibe un Partido político de masas radicado en las fábricas donde la acción política quede equilibrada con la acción militar, sin vanguardismos típicos de las izquierdas abstractas (GONZÁLEZ, 2014, pág. 32).
El drama o la tragedia de los argentinos, no sólo gramscianos, la sintetiza González (2014) con la publicación póstuma de un artículo de John William Cooke (“diputado nacionalista del peronismo en la década del 40”) en el que se habían recortado alusiones a un discurso pronunciado por Guevara en la Habana. La última publicación de la Revista de Pasado y Presente en 1973 contenía un manifiesto en contra de las “tonterías de la democracia ‘representativa’” (GONZÁLEZ, 2014, pág. 34) que fueron finalmente derribadas por el terrorismo de Estado de la dictadura.
La obra de Aricó tiene mayores detalles sobre lo ocurrido en los sesenta[28]. En Marx y América Latina, alcanza a dar cuenta de un doble problema, el de los latinoamericanos que han estudiado a Marx con la convicción de protagonizar revoluciones, y el problema de la interpretación que realizó Marx sobre los sistemas coloniales latinoamericanos. Entendiendo que los procesos de emancipación política del siglo XIX fueron observados desde un reducido círculo intelectual, en el cual solo pudieron ojear este lado del océano como “endebles países sujetos a la dominación económica y a la subalternización política del imperialismo capitalista” (ARICÓ, 2010 [1980], pág. 146).
En perspectiva crítica, la equivocación de Marx y de sus intérpretes eurocéntricos ha sido reiterar el pensamiento colonizador de referirse a supuestas naciones ‘sin historia’, en lugar de tomarse el trabajo de estudiar la historia milenaria que les hurtaron. Era claro que, en el tablero internacional, el continente americano colonizado por ingleses, españoles y portugueses quedaba reducido a un territorio para la extracción de recursos a beneficio de los imperios capitalistas europeos. Por lo cual, se entiende que la fragmentación del ‘poder capitalista mundial’ no es igual a su ‘destrucción’, o mejor, a la transformación internacional de las sociedades nacionales en una transición mundial al socialismo. El argumento ya lo había entendido Aricó, y de sobremanera la clase obrera argentina, al comprender el sentido de la consigna ‘proletarios del mundo, uníos’[29].
El fuerte de su argumentación no sólo está en la reivindicación del pensamiento marxiano, aún con todas las críticas que pudo hacerle al Libertador, sino propiamente en resaltar el carácter de la siempre renovada actualidad de investigar las relaciones sociales de producción y reproducción del sistema capitalista. Actualidad que supo poner en evidencia Rosa Luxemburgo en 1912, al publicar su rigurosa obra sobre La Acumulación del Capital, comprendiendo que era central cuestionar ¿cómo se posiciona la toma de decisiones políticas frente a los lineamientos económicos de la aceleración de las fuerzas productivas? y ¿cuál era, y es, el papel de la militarización en la acumulación capitalista? Dado que sin detenerse a cuestionar las relaciones hombre-naturaleza, el desarrollo productivo puede anular la vida humana.
En una nota al pie Aricó hace énfasis sobre el deber de investigar las “formaciones nacionales” en clave de perseguir teóricamente “esos fenómenos retorcidos, asincrónicos, oscuros, deformes, anómalos” que representan al “pensamiento conservador latinoamericano”[30]. Entendiendo el papel que han jugado en el continente con su persistencia hacia el autoritarismo de las carreras militaristas con las cuales se ha reproducido el terrorismo de Estado en la historia reciente.
En una historia de ‘larga duración’ tomando un periodo que estudie desde el sistema colonial hasta el sistema republicano en Latinoamérica, podría afirmarse que el uso de la fuerza coercitiva del Estado ha sido el mecanismo por medio del cual hicieron posible que en “el período de la llamada «acumulación primitiva» el militarismo desempeña[rá] un papel [… decisivo] en la conquista del Nuevo Mundo” (LUXEMBURGO, 1968 [1912], pág. 422). La crítica es contra la guerra, poniendo en cuestión el papel que ha jugado el militarismo como determinante en la acumulación originaria, con la función de someter a los más débiles en las fases históricas del desarrollo del sistema capitalista.
La obra de Rosa Luxemburgo fue trabajada por José Aricó en las clases de economía que impartió en el Colegio de México. Clases en las cuales se dedicó ampliamente a revisar las posiciones de la producción y reproducción del desarrollo del capitalismo en Rusia. Llegando al detalle sobre la discusión de “la validez de los esquemas de reproducción del capital”[31], en una realidad en la cual no negaban el desarrollo del capitalismo, sino centraban el debate en el ‘ritmo’ que tenía tal desarrollo en una sociedad como la Rusia de los zares, la cual era abrumadoramente rural.
Entre los debates de la socialdemocracia en Alemania, Luxemburgo puso el acento en el papel que tenía el sistema colonial en la acumulación del capital, reconociendo la continuidad que este proceso representaba entre el desarrollo del capitalismo en Europa y la extracción de recursos en el tercer mundo (ARICÓ, 2017, pág. 248). Aunque la mención de Aricó refiere más al problema de la ‘concepción revolucionaria’, diremos que se hacía evidente en el análisis de las clases sociales, que campesinado surgía como una clase que no pertenecía al enfrascamiento entre proletariado y burguesía, sino que se abría paso con la emancipación de los siervos de las comunas agrarias.
Traspasando mares y tiempos, en América Latina el problema se vino asumiendo como las condiciones de alianzas de las clases dominantes y las clases de los subalternos. En el primer número de Pasado y Presente, Juan Carlos Portantiero (1963) publicó un escrito donde expone un problema común en “Política y clases sociales en la Argentina”, el problema de la política frente a las clases agrarias con posiciones que van desde la crítica de las ideas hasta la crítica de las armas:
Nunca como ahora se ha planteado con tanta fuerza en el seno de los grupos dominantes la posibilidad del establecimiento de ideologías autoritarias y formas corporativas de organización social. Estas ideologías y estas formas, se revisten de justificaciones y racionalizaciones diversas que buscan -salvo en sectores reducidos- eliminar una inevitable comparación con los sistemas reaccionarios universalmente en auge durante la década del 30, pero a pesar de ello el cotejo no puede dejar de efectuarse. Las instituciones políticas creadas para servir de continente a la Argentina agro exportadora, han entrado en crisis hace ya más de 20 años: este es un hecho irreversible del que vino a dar testimonio primero la aparición del peronismo. La aparición de dos clases virtualmente nuevas, originadas por la segunda etapa en el ciclo de crecimiento industrial -el proletariado nacional y la burguesía que produce para el mercado interno- han sido la causa fundamental de ese desajuste entre las tendencias del desarrollo social y las instituciones que las precedían (PORTANTIERO, 1963, pág. 18).
La crisis del autoritarismo en la Argentina tenía ya un largo dossier de Golpes de Estado[32]. El ‘cotejo’ de los ‘sistemas reaccionarios’ provenientes de la Europa de los años treinta, sumaría un factor ciertamente determinante. Por un lado, es posible profundizar en otra investigación los vínculos personales, sanguíneos, comunitarios y económicos de los migrantes que se incorporaron a las filas de los militares argentinos, y por otro, el enfoque de estas investigaciones puede contener la perspectiva de Gramsci en cuanto el análisis de los factores del poder militar.
Bien entendido era que, el problema de la política frente a la lucha de clases podía ser aniquilado, porque “un regimiento de tanques tiene más importancia de decisión que un Partido político” (PORTANTIERO, 1963, pág. 18). Lo que Portantiero (1963) consideró la ‘fractura del bloque histórico’ fue la decisión de las ‘clases hegemónicas’ de volver a la salida autoritaria. Una decisión política ‘desde arriba’ sin consulta a los Partidos políticos. Era la fórmula de la acción política de las clases dominantes haciendo uso del monopolio legítimo de las armas del aparato represivo del Estado.
La ‘necesidad revolucionaria’ ciertamente contenía un estallido nacional, en la ‘autoconciencia histórica de clases’ se daba la alianza de los dueños de los medios de producción con los productores directos del mercado interno. Ante el regreso de la unión de las Fuerzas Armadas con la burguesía agroexportadora, la burguesía industrial acudía a mejorar las condiciones de vida de las clases de los subalternos trabajadores de sus fábricas.
Si la ‘acción política revolucionaria’ estuvo en Aricó en la voz de Rosa Luxemburgo, en Portantiero es Lenin el que la define. El pueblo no quería seguir viviendo de vender su fuerza de trabajo y la burguesía industrial no podía seguir viviendo la dolce vita que le vendía la ‘oligarquía’ agraria. El árbitro estatal no podía seguir observando y registrando las faltas de un lado y otro de la cancha. El Plan Económico de Perón (1946-1955), ciertamente no había alcanzado a solucionar los indicadores de inconformidad del proletariado.
A partir de 1935 la Argentina había presenciado el entrelazamiento de las clases ‘terratenientes exportadoras’ y de los ‘comerciantes intermediarios’ con la burguesía industrial, quienes fueron asumiendo las condiciones de vida de los primeros, usufructuando la plusvalía que les usurpaban a los trabajadores:
Este hecho superestructural dificultó sus posibilidades de conducir al bloque hegemónico. Si en los momentos coyunturalmente favorables de la última guerra y la primera parte de su postguerra, logró cierto grado de control (mediante la movilización populista del proletariado que significó el peronismo), al desatarse la crisis y agudizarse la lucha de clases, la burguesía se vio jaqueada y finalmente perdió el poder, manifestándose como incapaz de dirigir las clases dominantes [cursiva puesta] (PORTANTIERO, 1963, pág. 23).
El bloque hegemónico que se sustentó en la alianza de clases dominantes de la burguesía con los terratenientes y la dominación de los subalternos trabajadores de sus industrias hace alusión a la alianza de los “grupos económicos que producen para el mercado interno [azules] y los agro exportadores [colorados]” (PORTANTIERO, 1963, pág. 22). Algo muy distinto a lo que sería la alternativa del ‘proletariado’ y de los ‘asalariados’ como “bloque histórico con función hegemónica sobre la sociedad nacional” (Ibid.) o del “bloque social de poder alternativo al dominante” (Ibid., pág. 32). Entendiendo que el poder político seguía siendo pugnado entre el naciente peronismo nacionalista de los años cuarenta y la clase de terratenientes del ‘Estado liberal-oligárquico’[33].
La conservatización externa[34] de la política nacional que registra Portantiero, da cuenta de la constante situación de la dependencia económica de los capitales extranjeros:
Este ajuste entre las clases dominantes en lo interno, sería apoyado, en lo externo, por una política de alineamiento con los Estados Unidos, quienes, a través de sus capitalistas, zanjarían el déficit de la infraestructura económica (caminos, transportes, energía, siderurgia, etc.) liberando de tal modo a la acumulación nacional, en momentos de graves dificultades financieras, de cuantiosas inversiones en esos rubros básicos (PORTANTIERO, 1963, pág. 21).
Si en 1930 la ‘burguesía local’, los dueños de los medios de producción industrial demandaban mayor poder y posicionamiento político, en 1955 era el proletariado quién lucharía por pugnar su “peso sobre el Estado” (PORTANTIERO, 1963, pág. 21). El proceso político del juego de poder de los Partidos duró hasta que la facción autoritaria impidió el desenlace en las urnas, dando el Golpe de Estado de 1955. El Golpe fue iniciado el 16 de septiembre por el general conservador Eduardo Lonardi, quien, a su vez, fue destituido el 13 de noviembre por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958), un ala más ‘colorada’ [liberal] de las Fuerzas Militares.
El problema de lo autoritario es un factor de múltiples posiciones. Con la pérdida del poder político, ponerse “en frente del Estado” (PORTANTIERO, 1963, pág. 19) con o sin armas, era enfrentarse a las medidas económico-políticas conservadoras que asumía el ‘nuevo Gobierno’. Es decir, oponerse a la creciente intervención del Pentágono en las decisiones político-económicas que determinaba la lucha de clases en ascenso, teniendo en cuenta los dictámenes que había impartido Marshall en las conclusiones de instalación de la OEA en Bogotá (1948).
La emergencia de las terceras clases sociales da cuenta de una situación concreta en el análisis continental. El problema de diferenciar una ‘burguesía local’ (entiéndase lo que quieren hacer ver como ‘burguesía nacional’) en contradicción con la ‘oligarquía’, y, sin embargo, burguesías aliadas e indiferenciadas en su proceder represivo contra el descontento social del ‘proletariado’. En lo cual, habría que analizar qué tanto del concepto original de ‘oligarquía’ se le puede dar a las clases agrarias terratenientes, sin haber sido reales aristocracias. El paso de un Gobierno de pocos que tenían como fin el bien común, al Gobierno de algunos que solo se orientan por el interés particular, tiene una contradicción en la historia latinoamericana. Los aristócratas como el Gobierno de los mejores podrían buscarse, con la metáfora arqueológica de Foucault, en los próceres de la Independencia, y, aun así, considerar a las ‘oligarquías’ latinoamericanas como su opuesto, tiene la ausencia real de no haber tenido unos “buenos” aristócratas gobernando a las nuevas repúblicas.
Las clases agrarias terratenientes exportadoras argentinas, afrontaron la pérdida de posición hegemónica (1880-1930), porque no era posible tener Gobiernos en la sociedad de masas que estuvieran únicamente dedicados al interés particular de sus haciendas. El cambio de época hizo necesaria una alianza de las clases constituida durante la socialización de las relaciones sociales de producción: la burguesía industrial y el movimiento obrero. Siendo la burguesía industrial la clase dominante que se hacía hegemónica[35], la toma de las decisiones políticas que habían estado en manos de la burguesía agroexportadora comenzaba a ser superada por los industriales:
El estudio del proceso de la sociedad política nacional iniciado en 1943 y aún no concluido, debe afirmarse sobre la certeza que las leyes básicas que lo rigen son las propias de una segunda etapa en el ciclo de crecimiento industrial de nuestro país. Una etapa de alcances más extendidos que la primera, ubicable alrededor de la primera guerra mundial, cuando la nueva burguesía industrial, agraria, comercial y financiera -que participó del poder político por primera vez a través del yrigoyenismo- no poseía aún ni la fuerza económica ni la conciencia de clase necesarias como para evitar la posterior capitulación ante la vieja oligarquía, en 1930 (PORTANTIERO, 1963, pág. 19).
La burguesía industrial no podía asumir una alianza de clases con el proletariado y separarse de la alianza de clases con los terratenientes agroexportadores, dado que su desarrollo interno dependía de las inversiones tecnológicas del capital exterior. Por ende, la salida fue “una alianza de los grupos económicos vinculados a las formas agrarias latifundistas y en dependencia financiera con el imperialismo extranjero, sobre todo norteamericano” (PORTANTIERO, 1963, págs. 19-20).
El ‘bonapartismo’ nacionalista y el ‘antibonapartismo’ marxiano, puede clarificarse con la alusión que hace Portantiero al referir que entre 1943-1945 en la Argentina se dio una “inevitable solución de tipo ‘bonapartista’, mediante la cual la burguesía logró detentar el poder, en aparente alianza con la clase trabajadora y en real alianza con las viejas clases dominantes” (PORTANTIERO, 1963, pág. 20). Aún no había publicado su estudio sobre los ‘orígenes del peronismo’. Sin embargo, tenía muy claro que la ‘simulación’ del nacional-populismo con los trabajadores había sido “una alianza tácita, no expresa” (Ibid.), formal no real.
La claridad leninista de Portantiero fue excepcional, “la situación revolucionaria es una cosa y la revolución, otra”[36], si la necesidad revolucionaria no se concreta solo se llegaría al reformismo. Está analizando los acontecimientos de la Argentina entre 1954 y 1962, periodo en el cual se da una profunda “agudización de la lucha de clases” (PORTANTIERO, 1963, pág. 21). Propone que los hechos de 1955 obedecen a una ruptura del frente ‘bonapartista’; y que entre 1954-1958 proliferaron las huelgas de los trabajadores que además de las reivindicaciones sindicales contenían un marcado acento nacionalista-antiimperialista.
Siguiendo los hechos asevera que el fracasó de la ‘Revolución Libertadora’ (1955) fue “el último intento orgánico de la burguesía agraria por mantener un rol hegemónico en el bloque dominante” (Portantiero, 1973, pág. 43). Frente a la derrota de la clase de terratenientes agroexportadores, se armó una alianza de clases alrededor de Arturo Frondizi (1958-1962)[37], quien proviniendo de la Unión Cívica Radical-UCR, en medio de una crisis del sistema de Partidos políticos, le resultó más favorable el personalismo del ‘frondizismo’ (‘desarrollismo’) para posicionarse y ganar las elecciones en el “Frente 23 de febrero de 1958”. El Frente y sus aliados, finalmente serían derrocados por otro Golpe de Estado el 29 de marzo de 1962.
El radicalismo de Frondizi “suponía el logro de una alianza inteligente entre la vieja oligarquía y la nueva burguesía, con el predominio de esta última” (PORTANTIERO, 1963, pág. 21). La balanza o el arbitraje ya no era sostenible dado que la contradicción entre estas fracciones dominantes hacia insalvable las condiciones de vida del mayor contradictor, el ‘proletariado’. Entendiendo que los trabajadores organizados, con el impulso que dio Perón en 1944 al asumir el Ministerio de Trabajo dirigiendo una “política distribucionista”, eran el baluarte de las mayorías en la sociedad de masas del sufragio universal.
La crisis económica de los años cincuenta la caracteriza Portantiero (1973), como un ciclo en el cual se hizo insostenible el crecimiento del proceso de industrialización por sustitución de importaciones. La industria liviana o manufacturera nacional, no podía seguir compitiendo con el capital monopolista, los aliados del capital imperialista estaban presionando nuevamente por la toma del poder político. Así la dependencia económica del capital externo agudizó las ya conflictivas relaciones entre ‘fuerza de trabajo y capital’.
El conflicto del análisis político del ‘bloque alternativo’, ha consistido en el entendimiento del plano de la lucha de clases a nivel nacional sin comprender el nivel internacional. El sistema capitalista mundial ha oprimido por igual a las clases trabajadoras, otorgando un papel de regímenes primario-exportadores a los países suramericanos.
El capitalismo de los países desarrollados ha necesitado de la mano de obra no calificada local, para que efectúen el trabajo forzado de la extracción de recursos. Sin posibilidad de contar con trabajadores calificados locales que les brinden valor agregado a los recursos naturales, el derecho a la transformación industrial de las materias primas ha sido realmente el motivo por el cual ha intervenido e invertido el capital externo. Por ende, el poder económico que asumió la clase dominante de la “gran burguesía industrial, financiera, comercial monopolista” (Portantiero, 1973, pág. 33) consistió precisamente en concentrar el capital externo para subordinar y hacer dependiente de este capital a la ‘gran burguesía agraria’ y dominar al ‘proletariado industrial’.
Por una parte, el capital externo es quién forja la alianza de clases, la dependiente vieja burguesía agraria se ve condicionada a solicitar al Gobierno de la burguesía industrial los préstamos, dado que esta se ha hecho de los medios financieros y comerciales para monopolizar ese capital. Por otro lado, el proletariado industrial se ha convertido en una clase pujante que ha posibilitado la generación de alianzas de clases con otros sectores asalariados. Con lo cual, la contradicción principal de los años sesenta se daba “entre proletariado y capital imperialista” (Portantiero, 1973, pág. 38), surgiendo de estos polos las fracciones de clases que dominaban en cada uno de los campos de intereses de las alianzas de clases.
La “crisis de 1952” por la salida del poder de Juan Domingo Perón, dejó el terreno para que regresará la burguesía agraria en 1955, situación que la burguesía industrial y el proletariado no conciliaron, aliándose en el Frente que llevo al poder a Frondizi en 1958. Con el Golpe de Estado de 1962[38], siguieron los Gobiernos de José María Guido, 1962-1963 y Arturo Illia[39], 1963-1966 (‘capital nacional y burguesía agraria’). Reiterando el accionar militar con el Golpe de Estado del 28 de junio de 1966[40] por el cual asume Juan Carlos Onganía (1966-1970); más los meses en la presidencia del general Roberto Marcelo Levingston[41] (1970-1971) y del presidente de facto teniente general Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973). Más de diez años de un sistema de partidos sin accionar electoral, en donde la Argentina presencio una permanente crisis política sostenida por el poder militar con anulación del sistema de partidos.
El curso del ‘predominio económico’ de la alianza de militares y terratenientes, solo permitió la vuelta a una contienda por la ‘hegemonía política’ en las elecciones del 11 de marzo de 1973. Las cuales dieron el triunfo por elección mayoritaria, con el 49,5% de los votos, a la dupla Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, otorgando la victoria al Frente Justicialista de Liberación-FREJULI en alianza, entre otros, con ‘tendencias socialistas’[42]. a proscripción de la candidatura de Juan Domingo Perón hizo que las elecciones se repitieran el 23 de septiembre de 1973, haciendo posible el segundo Gobierno de Perón, tras haberse perpetuado la Masacre en Ezeiza en la fecha de su regreso a la Argentina, el 20 de junio.
Había pasado una década desde la última publicación de Portantiero (1973) en Pasado y Presente. En el artículo “Clases dominantes y crisis política”, incorporó el método del materialismo histórico en el análisis de coyuntura[43]. La batería de conceptos que aporta, son muy relevantes al desemparejar la ‘hegemonía política’ (nivel político-social) del ‘predominio económico’ (nivel económico-social). Igualmente realiza una distinción entre ‘clases sociales’ (estructura objetiva) y ‘fuerzas sociales’ (superestructuras complejas) según las notas de los Cuadernos de la Cárcel de Gramsci, con lo cual crea una diferenciación entre los conceptos de “alianza de clases”[44] y “bloque de fuerzas”[45]. De las ‘clases sociales’ (estructura objetiva) surgen las “alianza de clases”, de las clases que ejercen el ‘predominio económico’. De las ‘fuerzas sociales’ (superestructuras complejas) se constituyen los “bloque de fuerzas” que ganan con votos o con armas la ‘hegemonía política’.
El ‘predominio económico’ está compuesto por las ‘alianzas de clases’ o las ‘fracciones de clases’ que se hacen el ‘sector predominante’, al dominar por la ‘determinación en última instancia’[46] del poder económico. La ‘fracción monopolista’ es la que domina en la etapa del capitalismo imperialista, ejerciendo su poder sobre: a] el capital externo, b] el desarrollo industrial, y c] la ‘política laboral’ (Portantiero, 1973, pág. 42). Sus aliados cuentan con los capitales nacionales del ‘nacionalismo-popular’ y de la ‘burguesía agraria’. Los ‘campos de intereses’ o ‘polos de contradicción’ se establecen entre el ‘capital imperialista’ de la ‘burguesía monopolista’ y el ‘proletariado industrial’.
Entendiendo las relaciones de fuerza que operan en el ‘predominio económico’ es posible asumir el análisis de la lucha de clases por la ‘hegemonía política’ y establecer cuáles son las diferencias de los ‘tiempos de la contradicción’ (Portantiero, 1973, pág. 34). Es evidente que la pugna se establece en la fórmula clásica de la lucha de clases entre burguesía (agraria-industrial) y proletariado. Sin embargo, la claridad de la diferenciación entre los intereses de la ‘burguesía agraria terrateniente’ y la ‘burguesía industrial’, aclara el rol de cada fracción de clase en la toma de posiciones, al momento de la elaboración del ‘proyecto hegemónico’ que contuviera a “las Fuerzas Armadas, la tecnocracia ubicada en el aparato del Estado y la Burocracia Sindical” (Ibid., pág. 45).
En 1966 surgió en torno a la contradicción, la teoría de los tres “tiempos” (el “tiempo económico”, el “tiempo social” y el “tiempo político”) (Portantiero, 1973, pág. 47). Esto difiere de los ‘planos’ o ‘niveles’ económico-social y político-social, en cuanto, el movimiento social de la movilización pasa a ser un determinante político, agudizando las contradicciones económico-políticas. El ciclo del capitalismo nacional-popular de 1946-1955, conduce a la alianza del “nacional desarrollismo” en la cual las clases de los “representantes del capital nacional y los grupos nacionalistas de las Fuerzas Armadas” (Portantiero, 1973, pág. 55) compartieron un ‘proyecto hegemónico’.
Ese ‘proyecto hegemónico nacional desarrollista’ entro en quiebre desde 1955, con el cambio de rumbo del ‘frente bonapartista’. Más aún, se modificó la orientación política con la asunción de Frondizi en 1958. No sólo el ‘tiempo social’ hizo que la estructura del ‘Estado autoritario’ se transformara, emergieron “en la fórmula de poder […] nuevas fuerzas sociales: el ‘Establishment’ que comienza a asumir roles importantes en el aparato de Estado, y la Burocracia Sindical” (Portantiero, 1973, pág. 43).
Sobre la concepción del ‘Establishment’, Ianni (1971) desarrolló en el caso de Brasil el concepto de tecnoestructura, para diferenciarlo del de tecnocracia. Ambos refieren a la profesionalización y tecnificación de los funcionarios públicos del Estado, siendo una parte relevante en el aumento del Poder Ejecutivo, al responder a la autoridad presidencial civil o militar a cargo del poder del Estado, imponiendo el autoritarismo-civil en la conducción de las estructuras burocráticas. Esta singularidad de la ‘ideología del desarrollismo’ tiene resonancia en los cincuenta-setenta en Argentina, en Brasil y en México.
Portantiero (1973) comprende tres dimensiones en el proyecto hegemónico: económica, política e ideológica. El concepto de ‘proyecto hegemónico’ hace las veces de ‘fórmula de poder’ y de ‘coalición política’, conceptos con los cuales también define a la ‘nueva hegemonía’ que se conforma a partir de consenso político. La reiteración de dictadura-democracia-dictadura, hace perder de vista los tiempos de los Partidos y los tiempos de los militares. Con la dictadura Juan Carlos Onganía (1966-1970), ganó el ‘proyecto hegemónico monopolista’, donde el capital monopolista imponía un “proyecto racionalizador del sistema”[47]. En su lugar, con las dictaduras de Levingston (1970-1971) y Lanusse (1971-1973), triunfaba un “Gran Acuerdo Nacional”[48] que lograba el consenso político: “entre las Fuerzas Armadas, los Partidos Políticos y la Burocracia Sindical” (Portantiero, 1973, pág. 71).
El problema político del consenso radicaba en los métodos para el control de la movilización, por lo cual aludía Portantiero (1973) que “el corte principal que separa a ambos proyectos no es el contenido de sus propuestas económico-sociales sino el de sus propuestas políticas” (Portantiero, 1973, pág. 60). El ‘pacto político’ entre Partidos Políticos y Burocracia Sindical, tenía a largo plazo el objetivo del anhelado Decreto Ley de ‘no represión de la protesta social’[49], en contraposición a la siempre renovada salida represiva con violencia física de las Fuerzas Armadas como contraparte del ‘Gran Acuerdo Nacional’.
Con estos hechos Portantiero (1973) recuerda la relevancia que pone Gramsci al Poder Militar, señalando la Doctrina militar que regía a las Fuerzas Armadas de la Argentina durante los sesenta, cuando se dirigían a la “Nación en Armas” en defensa de una ‘oligarquía político-militar-empresaria’. La Doctrina consistía en armar la defensa nacional para la proyección industrial, con el fin de estatizar los recursos estratégicos que permitieran soberanía en la industria militar y desarrollo en la industria liviana. La transformación de esta orientación está dada a partir de 1962-63 por las imposiciones del Pentágono norteamericano y su Doctrina de “bipolaridad mundial” la cual impuso la “interconexión entre Seguridad y Desarrollo”[50]. En el caso colombiano, revisamos los límites al desarrollo industrial militar que impuso Estados Unidos para otorgar sus créditos del desarrollo para América Latina, entre otras condiciones, prohibió la instalación de fábricas de armas e industria pesada de medios de transporte.
En Argentina, la ‘cuestión social’ puede ubicarse geográficamente entre el interior[51] que abarca todo lo que no está en el litoral atlántico desde Provincia de Buenos Aires hasta Tierra del Fuego[52]. Sabido es que la Capital Federal sigue tendiendo a observar arcos y flechas después de cruzar la avenida General Paz hasta llegar a las playas de Miami. En esta geografía política las ‘consecuencias sociales’ de la baja de los salarios supone una tensión permanente con el proletariado, siendo el directo afectado de la modificación de los precios, por los flujos inflacionarios que provoca la inestabilidad económica ocasionada por los cambios de ‘proyectos hegemónicos’.
El “proyecto hegemónico monopolista” que gobernó hasta 1969 se vio confrontado con el “proyecto hegemónico neo dependiente” que inició a regir a partir de 1970. La crisis política la condujo hacia la movilización social de los perjudicados[53], por el alza de precios y la baja de los salarios. Ya en “marzo de 1967 la CGT se rinde frente a la fuerza militar y levanta un paro general de 48 horas” (Portantiero, 1973, pág. 52). El 29 de mayo de 1969 se alzaba el “Cordobazo”, sumando la crisis social de un “movimiento social que busca aún su expresión política orgánica” (Ibid., pág. 48). El 29 de mayo de 1970, Montoneros retuvo al general Pedro Eugenio Aramburu. La situación en el Cono Sur era semejante, las revoluciones en Brasil y Uruguay datan de los movimientos guerrilleros ejerciendo presiones políticas y tomando justicia a mano propia[54].
Es evidente que en 1970 la Argentina vivía una crisis político-social de grandes dimensiones, era “la crisis de un modelo hegemónico burgués, ante la presencia de una creciente movilización popular con fuertes elementos socialistas” (Portantiero, 1973, pág. 60). La salida política consistió en concertar una alianza entorno al programa económico-social conjunto de la CGE y la CGT, que permitieran el rescate del sistema político con la elección democrática de los cargos públicos, ejerciendo la mediación de los Partidos Políticos como garantes de negociación entre los intereses de las clases dominantes y el proletariado industrial.
El nuevo “proyecto hegemónico neo dependiente” de Cámpora, se vio modificado en la elección del segundo Gobierno de Perón, y el accionar de su segunda esposa tras el fallecimiento. El bloque del 11 de marzo de 1973 había logrado unificar una diversidad de posiciones político-económicas por medio del compromiso de atenuar la efervescencia revolucionaria de las masas de obreros ante el accionar de las guerrillas urbanas y rurales:
liderado por fuerzas representativas de la burguesía no monopolista, básicamente las burocracias políticas, la Burocracia Sindical y las organizaciones representativas directas de los intereses del capitalismo nacional. En su interior, con una capacidad organizativa menor, pero expresando con nitidez las expectativas más profundas de la movilización popular posterior a 1969, coexisten tendencias socialistas, radicadas básicamente en la juventud y en el sindicalismo de oposición (Portantiero, 1973, pág. 62).
El consenso político de las mayorías en las urnas del 11 de marzo 1973 daba por sentado que había mayor entendimiento entre la burguesía industrial y la Burocracia Sindical, que entre la burguesía agraria y las Fuerzas Armadas para tomar el poder del Estado argentino. Estos dos escenarios los define Portantiero como la tendencia de derecha del transformismo[55] representando a las Fuerzas Armadas; y la tendencia de izquierda del reformismo[56] representando a los Partidos Políticos y la Burocracia Sindical. Cuando unos y otros habían actuado en los bandos del ‘oficialismo’ y de la ‘oposición’.
Ahora bien, en la tendencia de izquierda de la Burocracia Sindical y el “sindicalismo argentino” debe tenerse en cuenta la apreciación de Portantiero (1973) respecto a que este último había “abandonado el ‘reformismo obrero’ por el ‘reformismo burgués’” (Portantiero, 1973, pág. 55). Entendiendo que en la alianza de clases del ‘campo de intereses’ donde se ubica el polo del ‘proletariado industrial’, la ‘fracción hegemónica’ correspondía a los sindicatos organizados por Perón en 1944. Lejos estaba el movimiento obrero revolucionario socialista; aún con más distancia podían verse las intenciones de los comunistas por la generación de alianzas entre obreros y campesinos. Es decir, no había un sustento real de una ‘situación revolucionaria’, porque adolecieron de una alianza directa de obreros-campesinos con los guerrilleros en armas, profundizándose las rivalidades entre la izquierda armada y las izquierdas no armadas (CAMPIONE, 2007).
Las menciones de Portantiero (1973) al movimiento guerrillero pueden excavarse (BENJAMIN, 2010, pág. 350), entre el uso y la confusión del concepto de Walter Benjamin sobre la violencia ‘pura’ o los derivados en Giorgio Agamben de la violencia desnuda. Las metáforas poéticas han sido dispuestas para referir el uso de las armas como derecho de beligerancia contra los regímenes autoritarios. En el caso argentino en la década del setenta, la ida y vuelta dictadura-democracia-dictadura había anulado el sistema de Partidos. Era necesario algo más que “tiendas organizativas” (Portantiero, 1973, pág. 64) para superar la contradicción que causa el conflicto de intereses entre clases dominantes expropiadoras de la plusvalía y proletariado explotado. Además, el juego de mediación de los Partidos Políticos en la balanza del poder presupone que las cúpulas que cooptan los intereses de los obreros no representaban las necesidades reales de las masas de los trabajadores.
Sin embargo, a partir de la vuelta a la democracia con la elección del radicalismo de Raúl Alfonsín, el 30 de octubre de 1983, es posible que otras investigaciones hallen análisis que permitan hacer entender cómo puede interpretarse que en 1970 se plasmen postulados con múltiples interpretaciones, al decir Portantiero (1973) que era una época en la cual “la violencia ‘pura’ se había mostrado insuficiente como garantía de desmovilización”[57] o que “una desmovilización de las masas a través de la violencia desnuda”[58] no era suficiente. O bien es la referencia a la no represión de la protesta social (‘controlar la movilización existente’), o se abordaba un problema más complejo, la ‘desmovilización’ de las guerrillas en un consenso político más amplio, el cual realmente sigue inconcluso. Dado que los intereses de los pequeños agricultores de producción agraria familiar han sido los más perjudicados con el modelo agroindustrial impuesto.
La inserción de Argentina en el neoliberalismo de los noventa expandió la agroindustria sojera como uno de los principales motores económicos. Se avanzó en contravía de los intereses de las mayorías, con un detrimento de la ‘política distribucionista’ que permitiera la diversificación del sistema productivo económico en el campo y en la ciudad. Los impulsos del “capitalismo serio” (2003-2015) tuvieron en este sentido, grandes dificultades para garantizar realmente mayor participación de los obreros y asalariados en la distribución de la riqueza que produce la acumulación de capital de las aún vigentes burguesías agrarias e industriales.
Ciertamente a partir de 1970 las “garantías que las Fuerzas Armadas exigían de las otras partes convocadas para el acuerdo”[59]. Eran garantías para ejercer la represión contra los manifestantes, asunto que lograron ‘democráticamente’ con lo que puede denominarse el retorno de la ‘gran burguesía agraria exportadora’ que representaron los terratenientes sojeros del Gobierno de Mauricio Macri (2016-2020). Estas continuidades y discontinuidades, puede contener líneas de investigación de mediana duración para los historiadores que logren hacerse cargo de estos asuntos, profundizado nuevamente en la caracterización del conflicto político que ha marcado la diferencia en la Argentina, represión o no represión a la protesta social.
Los antecedentes son abundantes en las interconexiones del ‘nacional-populismo’ en la línea del tiempo de la historia argentina[60], el trabajo de Miguel Murmis & Juan Carlos Portantiero (2011 [1971]), los Estudios sobre los orígenes del peronismo, complementan los pasajes presentados hasta el momento del caso argentino, en perspectiva del análisis de las alianzas de clases que posibilitaron el crecimiento industrial entre 1930-1940 (MURMIS & PORTANTIERO, 2011). La clave de la investigación está en comprender el desarrollo del concepto de bloque hegemónico, al entender la dinámica de ‘clases sociales’ (predominio económico) y el accionar del ‘bloque de fuerzas’ (hegemonía política).
El entendimiento de la forma en que se tranzan las alianzas de clases dominantes y las alianzas con las clases de subalternos que conforman el bloque de poder (Portantiero, 1973) o el bloque en el poder (Poulantzas, 1969), permite llegar a conocer cuáles han sido los compromisos de vida que se han puesto en el desarrollo de todas estas investigaciones, sin adelantarnos a los ‘reflejos’ que producen, en uno u otro país, el desenvolvimiento de los intereses político-económicos nacionales, en armonía o conflicto con los intereses los internacionales.
La pregunta entonces de Waldo Ansaldi de si ¿Conviene o no conviene invocar al genio de la lámpara? Vuelve a poner en situación cómo han sido los usos y el uso de las categorías gramscianas en el análisis de la historia de las sociedades latinoamericanas. A la vez, las preguntas de partida “cómo y por qué Gramsci se interesa por la historia” (ANSALDI, 1992, pág. 1), tienen una respuesta que intuye el estudio del pasado en el presente, porque es necesario realizar un accionar político con conocimiento de los acontecimientos en los cuales se ha desenvuelto la ‘vida histórica’.
En la claridad de la disciplina, no es la historia en concreto, sino la ciencia política en acción, por lo cual, según la lectura que realiza de Hobsbawm, comparte que “Gramsci es el iniciador de una teoría marxista de la política” (Ibid., pág. 3). Esto en dirección a la teoría del Estado gramsciana, en controversia con la ortodoxia de los economistas investigadores del materialismo histórico, apelando que se quedan en el estudio de la ‘estructura socio-económica’ sin profundizar en los postulados ideológico, políticos y culturales de la ‘superestructura’.
El método de análisis socio-histórico y político gramsciano consiste, según la lectura de Ansaldi sobre Gramsci, en “articular observación histórica y análisis teórico” (ANSALDI, 1992, pág. 3). La investigación de Gramsci sobre la unificación del Estado italiano tiene la especificidad de poner en cuestión un proceso histórico. A partir del desenvolvimiento que posibilitó la conformación del ‘Estado fascista’, defensor de los intereses económico-corporativos, en una sociedad con tradición de servidumbre cristiana[61]. Logra ubicar en el siglo XIX la alianza de clases dominantes de “los burgueses industriales del norte y los terratenientes feudales del sur” (Ibid., pág. 4) con el dominio de los ‘subalternos’.
Entre las dedicaciones del estudio de la ‘superestructura’ recuerda que la cuestión vaticana en Italia puede tener una secuencia con la cuestión de la “secularización de la política y del Estado” (ANSALDI, 1992, pág. 6) en América Latina. Esta línea de investigación seguro tiene relevantes aristas en la historia de las sociedades latinoamericanas tras los procesos de independencias del sistema colonial español, más aún de la persistencia en las constituciones republicanas del monoteísmo de la Iglesia Católica.
La lógica de ‘recordar’ los Cuadernos de la cárcel y ‘excavar’ en sus significados, Ansaldi (1992) contrae la concepción de Gramsci sobre la historia italiana, en la claridad de categorizar el trauma de las clases dominantes al darse el paso de la Monarquía a la República, afirmando que fue una degradación del domino de los monarcas asumir el trabajo de ‘gobernantes’ (ANSALDI, 1992, pág. 10). Las clases feudales no fueron ni eliminadas ni liquidadas, se transformaron según los condicionantes del juego del poder político, para la administración de los intereses económico-corporativos arraigados en el Estado italiano.
Puede entenderse que esta ‘transformación’ de clases monárquicas a capitalistas, fue denominado por Gramsci como un proceso de revolución pasiva. Concepto que surge de la resonancia en la Italia de 1799, de la Revolución Francesa de 1789, revolución sostenida por el invento del artículo del ‘Estado de sitio’ consignado en la Constitución de 1791. Esto permitió el uso de la represión, con las Fuerzas Armadas del Estado, a los alzamientos de los ‘subalternos’ que componían el amplio espectro de los siervos y vasallos liberados en los campos y de los obreros asalariados industriales de las ciudades.
Lo simple vuelve a ser lo fundante, el proceso de las independencias del sistema colonial en América Latina parte de algo obvio, se pasó de un ‘Estado colonial’ a un Estado de la República, es decir, ocurrió la “creación del nuevo Estado, que reemplaz[ó] al anterior” (ANSALDI, 1992, págs. 12-13). El proceso de cada formación social en América Latina para la conformación de una nueva forma de Gobierno en la República, supuso candentes conflictos en el siglo XIX para la constitución de lo que vendría a ser el Estado moderno o el Estado capitalista.
Es necesario tener en cuenta que la constitución de las clases dominantes ocurrió en el traspaso de “las viejas clases herederas y continuadoras de la sociedad colonial” (ANSALDI, 1992, pág. 15) que se transformaron en las ‘burguesías agrarias terratenientes exportadoras’ y en las nuevas ‘burguesías industriales’ del sistema capitalista argentino. El antiguo problema de la eliminación de las fuerzas contrarias al Estado burgués rojo-azul, puede rastrearse desde el periodo 1862-1880 con la práctica de la “eliminación violenta de toda disidencia” (Ibid., pág. 16).
La permanencia en la ‘larga duración’ de la represión a la protesta social en la historia de las sociedades latinoamericanas, tiene múltiples casos a ser investigados con la perspectiva gramsciana de los ‘tiempos’ de consenso y los ‘tiempos’ de coerción. El paneo presentado del caso argentino, adolece de la identificación precisa de los apellidos de las familias que constituyen tanto las clases agrarias terratenientes como las burguesas industriales, además el riguroso y necesario análisis económico, demanda que se registren los nombres de las empresas y registros contables de las fluctuaciones de importaciones y exportaciones del comercio argentino. La fluctuación de los Ministerios de Economía entre el favorecimiento al capital nacional y al capital externo pueden seguir brindando aperturas muy fructíferas, en los juicios políticos de la ‘tribuna’ parlamentaria que seguirán desarrollándose en el futuro[62].
Brasil
La revolución pasiva o la revolución revolucionaria en América Latina ha tenido múltiples colores y sentidos políticos, la represión a la protesta social y la eliminación de terceras fuerzas ha sido la práctica recurrente en el continente. En 1930 asume el poder en Brasil Getúlio Vargas (1930-1945), desde entonces y hasta la asunción de Juscelino Kubitschek de Oliveira, el 31 de enero de 1956, se desataron procesos políticos que permitieron la imposición de la ‘ideología del desarrollo’ (LIMOEIRO CARDOSO, 1975). El orden y progreso acuñado en el escudo de Brasil marcan el desenvolvimiento del Estado capitalista brasileño en una historia de ‘larga duración’ entre la proclamación de la República en 1889 y el estallido autoritario de 1964.
Estudiamos junto a Octavio Ianni (1971) los primeros tres periodos: 1] 1930-1945, el primer Gobierno de Getúlio Vargas y el nacionalismo económico; 2] 1946-1950, las fuerzas políticas, civiles y militares del liberalismo económico; 3] 1951-1954, el segundo Gobierno de Vargas y el capitalismo nacional; y un último periodo de la mano de Miriam Limoeiro (1972), 4] 1955-1960, el Gobierno de Juscelino Kubitschek, la ideología del desarrollo en la industrialización y en la planificación.
La ‘Revolución’ de Brasil no tiene semejanza con la Revolución Mexicana, aun así, el Estado de la Revolución de México tiene similitudes relevantes con la ‘ideología de desarrollo” del Estado capitalista brasileño. Weffort & Quijano (1973) en los estudios sobre la dependencia de los países periféricos, se dedicaron a trabajar los problemas del ‘populismo’ y la ‘marginalidad’, denominando “Gobierno revolucionario” al primer Gobierno de Getúlio Vargas:
La revolución de 1930 pone así de manifiesto una transacción entre las clases medias y algunos grupos de la propia oligarquía en crisis. Esta situación de compromiso bajo hegemonía oligárquica, que parece haber sido la característica distintiva de la revolución, está claramente expresada en la célebre frase atribuida a Antonio Carlos: ‘Hagamos la revolución antes que el pueblo la haga’. Y es esta en verdad la divisa de la etapa revolucionaria en que las clases medias estaban condicionadas y limitadas por la presencia oligárquica, del mismo modo que se encontraban apartadas de las clases populares (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 89).
Igualmente, Octavio Ianni (1973) sociólogo paulista orientado por Florestan Fernandes, le dará la misma connotación, al investigar “las precondiciones de las rupturas políticas y económicas que caracterizan la revolución de 1930” (IANNI, 1971, pág. 22). Lo revolucionario está en la transformación de la estructura social que permitió las condiciones para que ‘otras clases’ ascendieran a la superestructura política. En 1930 en Brasil, se permitió la llegada al poder de una nueva ‘fracción hegemónica’ de clases que gobernará el mismo ‘Estado oligárquico’, la ‘gran burguesía agraria terrateniente’ permitió que el Gobierno lo asumieran los productores del mercado interno de la ‘burguesía industrial’ que tenían las condiciones para regular las ascendentes inconformidades de los trabajadores asalariados.
La crisis económica de 1929 hizo implosión en el Estados capitalista brasileño, haciendo evidentes “las limitaciones económico-financieras inherentes a una economía orientada fundamentalmente al mercado externo” (IANNI, 1971, págs. 22-23). Durante un breve tiempo los empréstitos de la bolsa de Nueva York fueron suspendidos, sin embargo, ese tiempo fue suficiente para dar cuenta de la necesidad de una nueva orientación política y económica en la conducción de los Gobiernos del continente, estos motivos hicieron revolucionario al primer Gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945).
Las notas que presentamos en esta exposición del informe de investigación doctoral surgen de la lectura de obras con enfoques diferentes, publicadas iniciando los años setenta. Los primeros Weffort & Quijano (1973) se encargan de abordar el problema de la ‘des/subocupación urbana’ o de la ‘marginalidad’, caracterizando a la ‘clase media’ y a las ‘clases populares’. Problema muy importante en la comprensión de la situación de las condiciones materiales concretas de existencia de las grandes mayorías. Parten de entender que en la época se comenzaba a cuestionar “si la marginalidad es o no funcional para la salud del sistema capitalista en la periferia” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 15).
El análisis de Octavio Ianni (1971) tiene gran sintonía con la historia, la economía y la política, bajo la visión de su proceder sociológico, trabaja “las relaciones entre el Estado y la economía a lo largo del período 1930-1970” (IANNI, 1971, pág. 11). A partir de entender la interdependencia entre ‘el poder político y el poder económico’, en clave de las “relaciones de dominación (política) y de apropiación (económicas)” [63]. La conexión disciplinar es también una aproximación por revisar “los contenidos ideológicos y prácticos de la política económica gubernamental” (IANNI, 1971, pág. 11), siendo esta política realmente su objeto de estudio para proponer el desarrollo de la tecnoestructura estatal. El sesgo está en, ubicar las clases dominantes que se hicieron de la tecnoestructura para llevar adelante las políticas económicas de los Gobiernos brasileños durante cada periodización.
Entre los supuestos de los cuales parte Ianni (1973) afirma que durante 1930-1970, “en esa época dejó de existir el Estado oligárquico y el sector industrial adquirió amplia hegemonía, dentro del conjunto del subsistema económico brasileño” (IANNI, 1971, pág. 12). El acento de la hegemonía no está en las clases sociales sino en el sector industrial de la economía brasileña. El estudio se encarga entonces de analizar “discusiones, decisiones y realizaciones relativas a las siguientes esferas de la actividad económica: industrialización, capital extranjero y fuerza de trabajo” (IANNI, 1971, pág. 11).
Sabemos que Brasil es un país distinto en el continente suramericano[64], no tiene a cuestas los problemas de las herencias o competencias del legado de Simón Bolívar o San Martín. El proceso de independencia de la corona portuguesa no se vivió, los reyes se instalaron sin mayor violencia en el nuevo reino, con todo y sus títulos de nobleza. El tránsito del sistema colonial al capitalismo se realizó bajo circunstancias estrictamente políticas. Esta gran diferencia hace que no solo la lengua castellana y portuguesa dividan en la frontera que compartimos, sino que la inmensidad de la naturaleza del Amazonas genera distancia física, este acuífero mundial sigue siendo nuestro problema común, el que nos une en el norte, mientras se bifurca en el sur guaraní.
El capitalismo ingreso a Brasil como la industrialización irrumpió en Europa. La crisis de 1929 agudizó la diferenciación, crecían los avances del desarrollo industrial en detrimento del sector agrario[65]. Las clases sociales terratenientes agrarias se vieron en dificultad de seguir gobernando el ‘régimen oligárquico’ sin la ‘burguesía industrial’. El desarrollo industrial no sólo hacia posible que los propietarios de los medios de producción desearán el poder del Estado, aún más emergente se hacia el protagonismo de las ‘clases populares’, quienes conciliaron con Getúlio Vargas, un perfil que defendiera los derechos de los trabajadores, conformando lo que denominan el ‘populismo brasileño’[66].
Los años cuarenta se caracterizaron entonces por la “incorporación de las clases populares en los cuadros institucionales” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, págs. 19-20) de la administración del Estado. Si consideramos este punto de partida en sus términos, la ruptura de la ‘hegemonía política’[67] acontece con la pérdida del poder de la ‘oligarquía’ y la utilización de ‘otras clases’ para que asumieran el trabajo de gobernar a las ‘clases populares’ que surgieron del desarrollo industrial. Sin posibilitar que estas realmente asumieran la transformación del sistema político-económico.
La fijación de la periodización tiene una desviación académica, al querer poner en columnas paralelas los acontecimientos de Brasil y Colombia. Sin embargo, son realidades divergentes. Aunque de fondo el problema de la ‘hegemonía política’ es muy sentido en la definición de la política económica que asume cada Gobierno. Es posible destacar la tensión entre el ‘nacionalismo económico’ y el liberalismo económico; entre el fomento de la industria nacional y el proteccionismo; o entre la apertura del libre comercio y el intervencionismo del capital extranjero norteamericano e inglés principalmente. La dicotomía estuvo en producir para el mercado interno y distribuir mejores condiciones de vida a los nacionales, o seguir produciendo una economía agraria para el mercado externo y concentrar las divisas en un restringido intercambio comercial privilegiado para la ‘oligarquía’.
El fenómeno del ‘tenentismo’ o el carácter revolucionario de los ‘tenentes [tenientes]’ de las Fuerzas Militares de Brasil, da cuenta de un largo historial de ‘insurrecciones antioligárquicas’ acontecidas entre 1920, 1922[68], 1924 y 1926[69]. A partir de estas insurrecciones podría concluirse que la influencia de la Internacional Comunista en Brasil tiene una singularidad destacable. Al alzamiento armado que protagonizó Carlos Prestes contra Getúlio Vargas en 1935, según un intérprete argentino le fue asignado “el apoyo de todo el buró de la III Internacional” (GONZÁLEZ, 2014, pág. 18). Claro, Prestes había pasado su tiempo en Moscú, antes de volver a Brasil a conducir a los militares en búsqueda de una revolución real.
Las lecciones sobre la tentación o tendencia de los Golpes de Estado en América Latina, es uno de los temas que trabajó Regis Debray (1965), en específico ejemplifica con este caso, la situación del movimiento revolucionario, aun sabiendo la necesidad que tenían las masas campesinas y obreras de tomarse el poder del Estado en los “países semicoloniales”, el mecanismo del uso del aparato represivo del Estado había conducido hacia la instauración de Gobiernos de derecha. La cuestión no era si tenían o no las condiciones militares, sobrado el ejemplo de Prestes de conquistar a los militares comunistas brasileños.
El asunto está en “¿sobre quién apoyarse?” (DEBRAY, 1965, pág. 22). La ‘política de masas’ no estaba en el mismo nivel, del que tuvieron aquellos soldados que usaron las armas en Recife y Rio de Janeiro[70]. Al hacer del ‘populismo’ un ‘rito latinoamericano’ con los Golpes de Estado de Perón en Argentina[71] y de Vargas en Brasil, es necesario aclararle a las ‘clases populares’ que la tendencia es igual de traumatizante tanto en la asunción como en el desahucio militar.
Sin ir más a fondo en otras valiosas lecciones de Debray (1965), es necesario mencionar que la crisis económica que vivía Brasil en 1929 no era generalizada en todo el territorio, se restringía a la “ruina de la economía paulista centrada en la producción del café” (DEBRAY, 1965, pág. 22). Weffort & Quijano (1973) refieren un espectro más amplio al ubicar a la ‘oligarquía’ en la extensa producción agraria del café instalada en San Paulo y Minas de Gerais, estados dedicados a satisfacer al sector externo.
Precisamente estas sociedades oligárquicas son las que entran en conflicto. Los guiños que asumió Minas Gerais de la plataforma electoral de la Alianza Liberal y el ‘tenentismo’, fueron decisorios hacia la conducción del primer Gobierno de Getúlio Vargas en 1930. Este terminó siendo el punto decisorio de la ‘crisis de la hegemonía’[72] de la oligarquía brasileña, sin embargo, aun asumiendo Vargas el poder, los conflictos de las sociedades agrarias terratenientes no fueron anulados, estuvieron incorporados en los conflictos internos de la “Revolución”.
Las contradicciones pueden suponerse por todos los poros, unos liberales aliados con los militares y las oligarquías cafeteras, eligen a un ‘populista’ nacionalista y de tendencia hacia el conservadurismo económico. Un fragmento de la visión de Getúlio Vargas puede dar cuenta de la situación:
Si nuestro proteccionismo favorece a los industriales en favor de la fortuna particular se impone también el deber de ayudar al proletariado con medidas que le aseguren un relativo bienestar y estabilidad y le amparen tanto en la enfermedad como en la vejez [Getúlio Vargas (1938) A nova politica do Brasil, vol. 1. Rio de Janeiro: Ed. José Olympo, pág. 27] (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 91).
Las clases agrarias terratenientes de Minas de Gerais se aliaron con los industriales y militares del Gobierno populista. De la “Revolución” de 1930 con la plataforma electoral de la Alianza Liberal, el Gobierno de Getúlio Vargas pasa a convertirse en la dictadura del Estado Nuevo en 1937[73]. El desarrollo industrial estaba en crecimiento en Brasil, con las nuevas condiciones internacionales que impuso la Segunda Guerra Mundial (1938-1945) por las cuales la expansión de la industrialización sería aún mayor[74]. Ianni (1971) plantea que:
buena parte de la política económica gubernamental del período 1930-1945 reflejó principalmente los intereses de grupos económicos y políticos y de los integrantes del mismo Gobierno con el objetivo de reformular la dependencia estructural que caracterizaba al subsistema económico brasileño de entonces (IANNI, 1971, pág. 35).
La dependencia estructural refiere a la intervención del capital monopolista o imperialista en el desarrollo económico nacional[75]. Asunto que pudimos constatar en el caso argentino. La ‘política distribucionista’ no vino en Brasil por cuenta del ministro de Trabajo, fueron decretos presidenciales los que posibilitaron la creación institucional que correspondiera a garantizar mejores condiciones de vida para las clases trabajadoras. El Decreto 19.443 del 26 de noviembre de 1930, por medio del cual se dio la creación del Ministerio de Trabajo, Industria y Comercio; el Decreto 19.671 A del 4 de febrero de 1931, por medio del cual se creó el Departamento Nacional de Trabajo; y el Decreto 19.770 del 19 de marzo de 1931 por medio del cual se regulan los Sindicatos de clases patronales y obreras (IANNI, 1971).
En materia de legislación laboral, el primer Gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945) cumplió políticamente con “el objetivo fundamental de sistematizar y formalizar las relaciones políticas entre las clases sociales urbanas” (IANNI, 1971, págs. 36-37). Las “nuevas directrices políticas” permitieron una armonización entre las relaciones de capital y trabajo. La puesta en práctica de una “doctrina de «paz social»” contraía una “política de control y dominación de la actividad y organización política del proletariado” (IANNI, 1971, pág. 38).
El sindicalismo controlado por el Gobierno, paso a ocupar una parte central del “sistema político-administrativo estatal”[76]. De esta manera legislación laboral y política económica fueron dos caras de un mismo objetivo, la nacionalización del capitalismo industrial. Las ‘tonalidades’ de tipo nacionalista, tienen dos fases según Ianni (1971): 1] fase «experimental», 1930-1937; 2] periodo dictatorial, 1937-1945. Periodos en los cuales Brasil decidió unirse a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial[77], creando “una «economía de guerra»” (IANNI, 1971, pág. 49) con la cual Brasil fue preparándose para asumir las conmociones de la “competencia mundial de posguerra” (Ibid., pág. 66).
El ‘nacionalismo económico’ se diferenciaba del ‘proteccionismo económico’, aun entendiendo la influencia que podía causar la “ola nacionalista iniciada con la Revolución Mexicana y acentuada con la nacionalización de empresas petroleras en Bolivia y México” (IANNI, 1971, pág. 67). Esto se estableció en Brasil con la promulgación del Decreto Ley 7.666 del 22 de junio de 1945, por el cual se promulgó una ley que reglamentaba los «actos contrarios a la economía nacional» y «perjudiciales para el interés público» (Ibid. pág. 61).
En Brasil se conoce como “Ley antitrust”, esta se orientó hacia “limitar e impedir las prácticas monopólicas y oligopólicas, así como las incorporaciones, asociaciones, fusiones y la formación de grupos de empresas” (IANNI, 1971, pág. 61). En tal sentido lo que Limoeiro (1975) identifica como ‘desarrollismo’ con Kubitschek, Ianni (1971) lo comprende como el capitalismo nacional que se había desplegado a partir del primer Gobierno de Vargas.
Un capitalismo nacional dependiente o subordinado a los designios militares de Estados Unidos[78]. Tal era el principal problema de la política económica nacional. Las relaciones comerciales y financieras estaban subordinadas o limitadas a los lineamientos económicos norteamericanos. Es así como el capitalismo nacional puede constatarse en la estatización de los recursos estratégicos del hierro y el petróleo, con lo que se pretendía equilibrar la balanza de la dependencia económica de la exportación del café. En 1930, crearon la Comisión Nacional de Siderurgia, y en 1938, el Consejo Nacional de Petróleo, pasando la industria petrolera y siderúrgica al monopolio estatal.
La expresión del ‘poco a poco’[79] que usa Ianni (1971) para referirse a los lentos pasos de la transformación social y económica de la formación social capitalista brasileña, es una extracción de una de las expresiones que refiere Karl Manheim en su estudio El hombre y la sociedad en la época de crisis. En su abordaje estudia los elementos racionales e irracionales que en la sociedad de masas habilitan la conformación del Estado moderno y el progreso técnico, aludiendo críticamente los ‘refinados’ elementos del ‘proteccionismo’ para desarrollar “autarquías económico-nacionales” (MANHEIM, 2010 [1936], pág. 8).
La historia de Europa [Alemania, Francia e Italia] tiene un permanente enlace con los autores estudiados y con las categorías de análisis de las alianzas de clases dominantes. Karl Manheim y Herbert Marcuse, fueron alemanes de la Escuela de Frankfurt exiliados durante la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos. En tales condiciones de persecución política, se vieron limitados por las correcciones de Barrington Moore[80], y condicionados al peso que supone tener financiadores del tipo ‘Fundación Rockefeller’, para realizar análisis sobre las ‘tendencias del capitalismo americano’. No obstante, estas cuestiones, son valiosos trabajos que Ianni (1971) vuelve a recordar en sus conclusiones. Manheim (2000) con el método de la Sociología de la Cultura, se encarga de hacer precisas observaciones de los efectos culturales que causa en los individuos sociales el accionar de la Economía y de la Política.
Los efectos, en los individuos y en la sociedad, de la ejecución de los “planes, programas y proyectos”[81] del capitalismo, por medio del sistema político-administrativo (de tipo técnico-científico), son abordados por Ianni (1971) en lo largo de su estudio sobre la acción gubernamental de la tecnoestructura. Su trabajo tiene el fin de demostrar cómo se incrementó el Poder Ejecutivo que se ejerció en la democracia representativa tecnocrática, en detrimento del peso del Poder Legislativo. Coincidiendo con la conceptualización de Portantiero (1963), en los términos por los cuales, la ‘tribuna’ parlamentaria es el lugar del juicio político del sistema de Partidos, en el cual es posible tramitar las demandas sociales que no tienen respuesta en el Poder Judicial.
Así, todo el trabajo de analizar cómo se conforman las formaciones sociales de las sociedades latinoamericanas en el sistema capitalista, tiene sentido al poder dar cuenta de los “instrumento[s] de control social y cambio social controlado” (IANNI, 1971, pág. 267) que operan en el Estado moderno. De tal manera, los discursos de las clases dominantes agrarias o industriales, en la voz de presidentes, ministros o funcionarios del sistema, son relevantes porque expresan y demuestran la “confluencia de las relaciones de dominación (políticas) con las de apropiación (económicas)”[82].
La Escuela de Frankfurt, aporto la teoría crítica, con la cual es posible observar las modificaciones culturales que documentan el proceso social que conllevó a la ‘victoria de la ciudad sobre el campo’. Ianni (1971) constató en Brasil el traspaso del régimen oligárquico a la dictadura de la burguesía en la segunda fase del Gobierno de Vargas de 1937. La cadena de producción del sistema capitalista en Brasil se diseñó para que la estatización de las materias primas permitiera construir la infraestructura del transporte y del desarrollo industrial. Los cuales eran necesarios para implementar los designios del ‘liberalismo económico’ que impuso la economía brasileña al orientar la producción nacional para la exportación. En tal sentido, “[p]oco a poco, las clases sociales de mentalidad e intereses fundamentalmente urbanos se impusieron sobre la mentalidad y los intereses enraizados en la economía primaria exportadora” (IANNI, 1971, pág. 25).
La nacionalización de la Industria Siderúrgica[83] tuvo como condicionante la ruptura con las concesiones inglesas y la solicitud de financiación a empréstitos norteamericanos. Los problemas partían precisamente del desarrollo de la industria ferroviaria dependiente de los ingleses, al comprender que “se importaban rieles fabricados en el exterior con mineral brasileño” (IANNI, 1971, pág. 33). La posibilidad de la transformación del hierro en fábricas brasileñas conllevó en 1939 a iniciar negociaciones con la United States Steel Corporation, suspendidas por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, llegando años después a concertar con el “Import and Export Bank, de Washington […] un crédito de 45 millones de dólares, para la adquisición de maquinarias y equipos en Estados Unidos” (IANNI, 1971, pág. 35).
El desarrollo nacional de la industria siderúrgica quedaba ligado a la dependencia del préstamo externo norteamericano. Ya en las negociaciones con la ‘concesión inglesa’, el “Estado Mayor del Ejército, el Estado Mayor de la Armada y el Consejo de Almirantes”[84] se habían opuesto a firmar las condicionalidades de la cooperación exterior. Las Fuerzas Armadas entendían que “las relaciones entre el sistema de transporte ferroviario, la industria siderúrgica y la defensa nacional” (IANNI, 1971, pág. 33) eran una secuencia necesaria para ejercer la soberanía.
La tesis del general Horta Barbosa, ex presidente del Consejo Nacional de Petróleo es precisa: “«En la explotación petrolera no podemos admitir la infiltración extranjera, cualquiera que sea la modalidad más o menos astuta con que se presente»”[85]. Con estas palabras Ianni (1971) argumenta la posición hacia el nacionalismo económico proteccionista de las Fuerzas Militares de Brasil, según el discurso que el general pronunció en el Parlamento previa la firma de la Ley 2.004 del 3 de octubre de 1953, que dio por creado el monopolio estatal sobre los recursos minero-energéticos.
El ‘nacionalismo económico’ fue el modelo del segundo Gobierno de Getúlio Vargas (1951-1954), con el cual se trazó la “formación del capitalismo industrial en Brasil” (IANNI, 1971, pág. 69). Para garantizar una dinámica armonizada con el capital externo, crearon el Consejo Federal de Comercio Exterior, convirtiéndose en el “primer organismo brasileño de planificación gubernamental” (IANNI, 1971, pág. 31). La economía planificaba ingresaba, no por cuenta de los economistas rusos, sino por la necesidad del sistema capitalista de generar planes de desarrollo que permitieran la planificación económica de la producción nacional para el mercado interno y externo.
Este fue el problema que realmente quiso destacar Ianni (1971), el de la ‘planificación económica’[86] en Brasil. El tema se posicionó en los años sesenta, con el debate continental surgido de las preocupaciones que planteará Ernesto Guevara al asumir el Ministerio de Industria en Cuba, intentando poner en práctica las mieles de La Planificación Socialista[87], le interrogaba el verdadero significado de esta planificación, en las dimensiones de planificar una economía nacional de tipo socialista dependiente en un mundo internacional capitalista.
En Brasil Ianni (1971) realiza una diferenciación ideológica y práctica del sistema económico, aclarando algunos conceptos por medio de los cuales se ha estudiado el desarrollo económico brasileño:
- capitalismo nacional: preservar y manipular con autonomía los centros de decisión fundamentales en lo referente a las relaciones y los objetivos económicos internos y externos
- capitalismo monopólico dependiente: subsistema político-económico congruente con las tendencias predominantes del capital externo
- sistema económico de tipo socialista: políticas económicas nacionalistas tendientes a la estatización.
Postulando también unas nociones generales con las cuales identificar a las clases dominantes de Brasil conformadas entre los años de 1930 y 1960:
- pequeña burguesía industrial: se caracterizaba por su vinculación con la producción de bienes de consumo tradicionales
- gran burguesía industrial: ligada a la producción de bienes de consumo, pero con base en empresas de magnitud considerable para la economía brasileña de la época [aliados del sector agropecuario, el gran comercio exportador e importador y el capital financiero]
- gran burguesía industrial internacional surgida con las inversiones de capital extranjero y las primeras asociaciones de capitales” (IANNI, 1971, pág. 99).
La constitución del capitalismo monopólico dependiente fue distinta a la conformación de un «capitalismo de Estado»[88] o de lo que fue el ‘capitalismo oligárquico’[89]. Estas definiciones se han estudiado con mayor o menor énfasis, en los estudios sobre el desarrollo del sistema capitalista en América Latina. Se resaltan dadas las constantes observaciones sobre cuál ha sido la composición de las clases dominantes en cada formación social latinoamericana.
En cuanto a la forma de Gobierno del sistema capitalista brasileño, pueden hallarse en los estudios de derecho constitucional, arduos debates sobre las definiciones del liberalismo político clásico y la división de poderes. En las reformas constitucionales de Brasil en 1934[90], 1937, 1946, 1967 y 1969, se modificó en unas y otras, el sistema presidencialista por el sistema parlamentario, en ambos funcionó la fórmula de la separación de los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
En la práctica, el Poder Ejecutivo ha tenido una concentración mayoritaria del poder[91]. Dado que el Poder Ejecutivo presidencialista o parlamentario, administra con predominio el Gobierno a través de la tecnoestructura del aparato estatal. Por lo menos es lo que demuestra Ianni (1971), al dejar en claro cómo fueron gobernados los sectores económicos (agricultura, minería, industria, comercio, finanzas) y las fuerzas productivas (capital, tecnología, fuerza de trabajo, división social del trabajo), por los Gobiernos autoritarios que asumieron el poder durante el periodo de 1930-1960.
Lo más complejo del entendimiento del proceso del desarrollo económico, es dar respuesta a las condiciones por las cuales, las inversiones productivas del excedente económico no se ven invertidas productivamente. El por qué el excedente económico de la industrialización no deja instalada la capacidad de reinvención de la industria nacional, es una cuestión que pueden profundizar los economistas. Lo dejamos enunciado, no pretendemos dar respuesta. Solo resaltamos que el abordaje de tal asunto tiene directa relación con la toma de decisiones de la acción gubernamental[92].
En las acciones gubernamentales opera todo el trabajo de la tecnoestructura. Por tanto, la voluntad política de los individuos que asumen los cargos de agentes comerciales y diplomáticos, también inciden en el cumplimiento del programa de Gobierno o en el sabotaje del proyecto político. Dado que estos roles, son sin duda el eslabón de los Estados en donde los ‘individuos’ funcionarios, están más prestos a favorecer los intereses externos de mayor rentabilidad individual, en lugar de asumir la defensa de intereses internos con impacto social o de reinversión económica en el sistema productivo nacional.
Esto que era una sospecha, es el argumento que expresa Getúlio Vargas ante el Golpe de Estado que le es proporcionado luego de la estatización de los recursos estratégicos. En el discurso pronunciado en la concentración del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) en Porto Alegre, el 29 de noviembre de 1946 Getúlio se expresaba de esta manera:
«Fui víctima de los agentes de las finanzas internacionales, que pretenden mantener a nuestro país en una situación de simple colonia, exportadora de materias primas y compradora de bienes industrializados en el exterior.
» Los contratados por esos agentes colonizadores, los abogados y representantes de esas empresas, y por ellas remunerados, blasonando independencia y clamando por libertad, tergiversaron sistemáticamente la verdad para crear un ambiente falso que contaminó a ciertas clases o sectores sociales.
» Los beneficiarios y los defensores de los trust y los monopolios no podían perdonarme que el Gobierno hubiese arrancado de las manos de un grupo extranjero, para restituirlo sin cargo al patrimonio nacional, el Valle del Río Dulce, con el pico de Itabira, que contiene uno de los mejores yacimientos de hierro del mundo. Tampoco me perdonaron los agentes de las finanzas extranjeras la nacionalización de los demás yacimientos minerales de nuestro rico subsuelo y de las caídas de agua generadoras de energía, el uso obligatorio del carbón nacional, las fábricas de aluminio y celulosa y la construcción de Volta Redonda.
» La industrialización progresiva y rápida de Brasil atentaba contra los intereses de las finanzas internacionales» [Getúlio Vargas (1950) A politica trabalhista no Brasil. Rio de Janeiro: Livraria José Olympio Editora, págs. 54-55] (IANNI, 1971, pág. 76).
La razón no obedece a la ‘nación’ o a la ‘patria’, sino a las condiciones materiales de existencia de ‘individuos’. Los diplomáticos que viajan alrededor del mundo acumulan un mayor grado de necesidades y de dimensiones sobre lo que significa la inversión externa en el desarrollo económico de ciertas, y no, de otras realidades. La migración de europeos a las metrópolis de Sao Paulo y Rio de Janeiro en Brasil, además de la herencia que traían de los títulos de nobleza de la corona portuguesa, ha permanecido linaje imperial en el filtro de la tecnoestructura, según el color de piel y de los ojos se han constituido las relaciones internacionales y comerciales. Los movimientos migratorios han beneficiado así, en muchos de estos episodios, las relaciones ancestrales de su procedencia sanguínea, y no, de la patria o nación en donde estos agentes nacieron.
Esto también supone decir que las relaciones entre las clases sociales no son equivalentes a las relaciones entre los distintos grupos sociales dentro de una clase (IANNI, 1971). Las rivalidades de los ‘grupos’ (BOURDIEU, 2000, 2003) o de las ‘fracciones’ en las clases dominantes, supera en veces la conflictividad, a la ya compleja ‘conciencia’ de la lucha de clases entre la burguesía y el proletario. Son estas dimensiones internacionales, las que hacen posible que las alianzas de clases dominantes supongan unas alianzas con subalternos, las cuales posibilitan que esas rivalidades se tramiten en formas no convencionales, por lo menos sin huellas ni elementos probatorios que logren juzgar los hechos que modifican las relaciones de fuerza.
La lucha de clases sociales entre burguesía y proletariado ha sido el estandarte de la definición de la ‘crisis orgánica’ (Gramsci) o de la ‘situación revolucionaria’ (Lenin). Las rivalidades entre los grupos de las clases dominantes o entre los grupos de los subalternos (sindicalismo, movimiento obrero, proletariado y asalariados) no generan revoluciones. Las rivalidades dominantes se ocupan de los desfalcos al erario público, de la quiebra de países con el contrabando o de la invasión de moneda externa, con el fin de generar devaluación de la moneda interna, cuando no ha sido la eliminación de la soberanía monetaria con la dolarización. Los agentes financieros se encargan de la generación de crisis en las políticas fiscales y monetarias nacionales.
Las contestaciones, a destiempo, de los sobrevivientes de las persecuciones y los exilios de las guerras, podrían llegar a tener un freno, en su impulso de provocación de las catástrofes internacionales con que se han cobrado las devoluciones de sus desdichas. El entendimiento de los sufrimientos de las ‘víctimas del capitalismo’[93], tiene un relato sentido en los procesos de la acumulación originaria del capital. La constante mención, en la literatura especializada de la bibliografía de esta investigación, a los desplazamientos que ha generado el desarrollo del capitalismo, refiere realmente a las poblaciones que en distintas latitudes del mundo han sido desposeídas de sus pertenencias, para que las multinacionales puedan ejecutar la extracción de los recursos necesarios para llevar adelante el progreso y el desarrollo.
La planificación capitalista del sistema económico del capital monopólico, contrario a la propuesta de una planificación socialista[94], ha profundizado la acumulación originaria de capital. Es por estas razones, que necesitaron de la combinación de ‘Seguridad y Desarrollo’ en Argentina, fue por este motivo que destituyeron al primer Gobierno de Getúlio Vargas, y presionaron de tal modo en el segundo Gobierno, que lo llevaron al trágico desenlace del suicidio. Todo por la imposición de un modelo de liberalismo económico que impone la ‘ideología del desarrollismo’ (LIMOEIRO CARDOSO, 1975), con la cual hacer que la dinámica de la tecnoestructura sea la forma estandarizada de administrar los Estados capitalistas latinoamericanos.
Este significado de la planeación difiere mucho del significado de la planeación socialista[95] que quiso impulsar Guevara siendo ministro en Cuba. En su concepción la planificación era “la interpretación de la necesaria correlación que debe existir entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 341). En Brasil, las ‘fuerzas productivas’ gobernadas en una dictadura con ‘economía de guerra mundial’, pueden tener múltiples facturas o cuentas de cobro pendientes de radicación o de cobranza, para saldar lo horrores causados en las latitudes donde la guerra real se desenvolvió[96]. Las ‘relaciones de producción’ entre los dueños de los medios de producción, los productores del mercado interno y los obreros, condujo a la nueva ‘fracción hegemónica’ de la burguesía industrial brasileña que asumió el poder en 1945-1950, a crear alianzas con los subalternos y las clases obreras, modificando las bases sociales que habían sostenido la alianza de clases de Getúlio Vargas.
Ahora bien, Guevara ante el triunfo de la Revolución, igualmente reconoce en la realidad cubana, leyendo a Lenin[97], que “debía irse al capitalismo de Estado y preconizar cautela en las relaciones con los campesinos” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 342). La efervescencia revolucionaria no modificaba de inmediato, ni las ‘fuerzas productivas’ ni ‘las relaciones de producción’. Lo mismo equivale tanto para los procesos donde se define la revolución pasiva burguesa como para los procesos donde se lleva adelante la revolución revolucionaria excepcional[98].
En definitiva, el fin último de la estrategia socialista es la anulación de “la explotación del hombre por el hombre” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 343), siendo esta la lógica principal del sistema capitalista. En el ‘populismo brasileño’ el fin era ‘ayudar al proletariado’, no emanciparlo. El populismo tanto en Argentina como en Brasil ha funcionado para impedir el ascenso del “proletariado como la clase dominante” (LUKÁCS G. , 2014, págs. 30-41).
El golpe de Estado del 29 de octubre de 1945 contra Getúlio Vargas, es la respuesta de la derecha organizada en la Unión Democrática Nacional (UDN), en favor del capital externo. La aproximación que habían realizado los comunistas con Vargas entre 1939-1945[99], lejos estaba de hacer de Brasil un país socialista, y, sin embargo, las fuerzas del capital imperialista desplegaron un organizado accionar militar para deponerlo.
El liberalismo económico que destituyó en 1945[100] a Getúlio Vargas, se constituyó en un capitalismo corporativo que congeló los salarios de los trabajadores que venían sin aumento desde 1943, y solo hasta el segundo Gobierno (1951-1954), en 1952, recibieron nuevas compensaciones[101]. Siguiendo los efectos culturales que causa el capitalismo, puede entenderse que las condiciones de las mayorías del pueblo brasileño, con salarios estancados, con la moneda devaluada y con el alza de precios, tenían razones suficientes para acumular un malestar que desencadenaría, en los años sesenta, la toma de las armas y la organización de guerrillas urbanas y rurales[102].
El «liberalismo económico» que se impuso en Brasil durante el Gobierno del general Eurico Gaspar Dutra (1946-1950) obedecía a los lineamientos norteamericanos de posguerra. Por los cuales, el subsistema económico brasileño debía ingresar “al ámbito del sistema económico mundial, bajo la hegemonía de Estados Unidos” (IANNI, 1971, pág. 84). Durante el año 1945-1946, entre el Golpe de Estado y su designación, proliferó tal movilización social que fue fortalecida la actuación del Partido Comunista de Brasil (PCB)[103].
La política exterior[104] de Brasil se orientó, entre 1945-1950, a estrechar sus relaciones con Estados Unidos. Fue cerrada la embajada soviética y anulada la legalidad de los militantes comunistas. En “1946, el Gobierno de Dutra eliminó de la administración pública federal a muchos miembros del Partido Comunista. En seguida pasó a la represión violenta”[105]. Con la personería jurídica suspendida, la democracia representativa eliminaba la participación política de un Partido de masas. Anulando la presencia del “reformismo socialista del PCB”, se favoreció la conducción de los trabajadores y el sindicalismo para fortalecer el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), con el cual volvió al poder Getúlio Vargas (1951-1954).
Entre el discurso de deposición ante el Golpe de Estado en 1945 y la “Carta Testamento”, previa al suicidio, el 24 de agosto de 1954, existe una secuencia, Getúlio dice: “«ofrezco mi vida en holocausto»”, haciendo responsables nuevamente a los “grupos económicos y financieros internacionales” (VARGAS, 1954). La madeja de las conexiones internacionales, desde 1914 hasta 1954, puede seguirse en una historia que logré identificar la modificación de la interdependencia económica de Brasil con Europa, y los cambios sustanciales en las diatribas diplomáticas ante su apoyo a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
Con el fallecimiento de Vargas[106], asume la presidencia Juscelino Kubitschek de Oliveira (1956-1960), conduciendo la economía hacia el desarrollo industrial[107] y dirigiendo la dependencia de capital externo hacia la ‘ideología del desarrollo’[108]. La planificación y el trabajo de la tecnoestructura produjeron el “Programa de Metas”[109], momento a partir del cual, “[p]oco a poco, planificación y desarrollo económico pasaron a ser conceptos asociados” (IANNI, 1971, pág. 128).
El argumento central de Miriam Limoeiro (1975) para contrarrestar la ‘ideología del desarrollo’ será el fortalecimiento de la soberanía nacional, por lo cual, “[s]ólo los países que se afirman en el terreno económico y en los que impera el régimen democrático pueden ejercer plenamente su soberanía” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 96). El desarrollo económico dependiente del capital externo supone una dependencia política, que relativiza la soberanía nacional.
En los planos del entendimiento “subdesarrollo significa atraso y el desarrollo equivale al crecimiento económico” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 98). En tal razonamiento, el desarrollo genera la riqueza que permite la independencia económica para ejercer una real soberanía. Las preocupaciones de Limoeiro (1975) en el análisis del discurso de Juscelino Kubitschek se debaten entre el acento económico que brinda a una cuestión netamente política[110].
De algún modo comprende la tipificación de los ‘campos ideológicos’ (BOURDIEU, 2000, 2003), en el sentido de argumentar el uso ideológico del discurso político. Al evidenciar la significación de los conceptos para la manipulación de las mayorías: “[e]n un campo ideológico de tantos nacionalismos, la subrepresentación de la ‘soberanía’ sirve para marcar una posición de no oposición frente al ‘centro’ y a lo que podríamos llamar ‘derecha moderada’” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 104).
El discurso de Juscelino Kubitschek obedecía al recetario norteamericano sobre “…la amenaza que representa para Occidente el comunismo internacional… [JK, Discursos, 1960, 333, p. 113” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975). La agudización anticomunista se produjo tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959[111]. La efervescencia del movimiento social que estalló entre 1945-1946, continúo organizándose en el interludio Vargas- Kubitschek (1954-1956). De esta manera se comprende que, al iniciar la década del sesenta, existían extremas condiciones de crisis social y política, las que conllevarían al ascenso democrático y descenso militar de João Goulart (1961-1964).
La definición de la ‘subversión’ desde el liberalismo económico de Juscelino Kubitschek, señala “a la pobreza como potencialmente generadora no sólo de intranquilidad, sino de rebelión y subversión” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 121). No obstante, existe en el análisis una contradicción, no sólo el Estado afronta el problema de la ‘subversión’ con el tratamiento policial, sino que además el Gobierno señala que las “raíces del mal son económicas”[112].
En la lógica de una Revolución de la “tierra al cielo”, entendiendo la concepción de Marx & Engels en La ideología alemana, “[n]o es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 26). El giro latinoamericano en los años sesenta, toma nota de una realidad a partir del ejemplo de Cuba, no eran más revoluciones ‘desde arriba’ sino que acontecieron revoluciones ‘desde abajo’, en el despertar de la conciencia de los “«condenados de la tierra»” (MARCUSE, 1993 [1954], pág. 12).
La contradicción de si el tratamiento de la movilización social es represivo o económico, consistió en la misma fórmula operada en Argentina de ‘Seguridad y Desarrollo’[113]. La ‘propuesta del Gobierno brasileño’ fue la Operación Panamericana, complementada con la formulación de Estados Unidos de la Alianza para el Progreso[114]. El desarrollo económico era necesario para contener los impulsos revolucionarios en expansión continental, las condiciones de la seguridad fueron la garantía ante los alzamientos urbanos y rurales que se resistieron al impulso desarrollista.
El documento técnico del ‘Programa de Metas’, y su anexo, contiene los lineamientos políticos del liberalismo económico. En la exposición de las Directrices Generales del Plan Nacional de Desarrollo-P.N.D., se halla el recetario de los diagnósticos técnico-científicos de la tecnoestructura, el cual se impuso en la administración del Estado desde los años sesenta a nivel continental. En este documento en específico, se afirman “los ideales de crecimiento económico a los de fortalecimiento del régimen y las instituciones” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 111).
El método del análisis del discurso de estos documentos oficiales del Gobierno es reiterado por los investigadores marxistas o por aquellos que acuden al método del materialismo histórico. Algunas de las conclusiones de Limoeiro (1975) dan cuenta del contenido de la “la ideología desarrollista” en dos sentidos paralelos, primero se combate “el estado de miseria, en términos absolutos y relativos, [que] lleva a una situación potencialmente subversiva” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, págs. 154-155). Segundo, ese combate es una “lucha contra la miseria (proceso de desarrollo económico) [como] medio eficaz de conducir la lucha contra la subversión (seguridad)” (Ibid.), concluyendo que “el desarrollo se hace en nombre de la seguridad” (Ibid.).
Con el anterior planteamiento, estamos en una constante que tiene frecuencia reiterada en los lineamientos político-económicos en América Latina. El desarrollo económico no sólo parte de los “[p]rincipios que orientan la formulación de la política económica” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 161). De sobremanera, orienta las condicionalidades de ‘seguridad’, en tanto preparar el negocio de los recursos económicos y técnicos que demanda el accionar represivo del aparato de Estado, como requisito para llevar adelante la ‘inversión extranjera’ y la ‘cooperación internacional’. Por tales motivos, fue necesario en Brasil durante el Gobierno de Juscelino Kubitschek (1956-1960), garantizar al ‘capital externo’ las condiciones de ‘seguridad de sus capitales’ para atraer las inversiones del desarrollo.
Instalada la ‘ideología del desarrollismo’, se profundizó en la conceptualización de la ‘nación’ como una “dimensión de producción-consumo” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 279). El proyecto de industrialización de Brasil se transformaba del ‘populismo brasileño’ a un ‘nacionalismo económico’ dependiente del capital externo. Los análisis de la política económica que realiza Miriam Limoeiro (1975) en el Gobierno de Kubitschek, se complementan con la investigación doctoral de Cássio Silva Moreira (2011) O Projeto De Nação Do Governo João Goulart: o Plano Trienal e as Reformas de Base (1961-1964), investigación que profundiza sobre las reformas sociales y económicas que pretendieron adelantar el “fortalecimiento del Estado en la distribución de la renta”[115].
En las elecciones de 1960, fue electo presidente Jânio da Silva Quadros (gobernó del 31 de enero de 1961 al 25 de agosto de 1961) con la vicepresidencia de Joao Goulart. La posesión se realizó en la nueva capital brasileña, luego de cuatro años de trabajo del arquitecto Oscar Niemeyer y del urbanista Lúcio Costa, se inauguraba Brasilia[116] como una de las ciudades con planificación moderna más imponentes del continente. Quadros presentó la renuncia, mientras Goulart se encontraba en una gira diplomática en la República Popular China, gobernada por el Partido Comunista, tras una década de asumir el Gobierno de la Revolución Cultural de 1949. Llenando el vacío de poder, asumió la presidencia por dos semanas, el presidente del Congreso, Ranieri Mazzilli (del 25 de agosto de 1961 al 8 de septiembre de 1961).
Al regreso de recorrer la China revolucionaria, João Belchior Marques Goulart (1961-1964) se posesionó en la presidencia. Con un cambio del régimen presidencialista a uno parlamentarista, dadas las discusiones que sostuvieron los diputados en el Congreso durante los meses de agosto-septiembre de 1961. Las reformas de su Gobierno tuvieron impacto en los intereses externos, en específico en las relaciones con Estados Unidos. La visita oficial de Jhon F. Kennedy en 1962[117], precipitó la desestabilización por parte de los ‘militares brasileños’ y la ‘gran burguesía exportadora’, dando fin a su Gobierno con el “golpe civil-militar de 1964” (SILVA MOREIRA, 2011, pág. 33). Sobre los acontecimientos, Thomas E. Skidmore (1967), investigó la deposición del Joao Goulart (1961-1964) aduciendo la imposición de “un Gobierno tecnocrático bajo tutela militar”[118].
El autoritarismo militarista se hacía del poder en Brasil, generando un estallido social y revolucionario. La resonancia de estos acontecimientos conllevaría a Portantiero a decir que:
El año 1968 es, en Brasil, un año de escalada en la ofensiva de los perjudicados por la nueva situación: grandes movilizaciones estudiantiles, extensión de las luchas obreras, primera aparición de la guerrilla y consolidación de toda la oposición civil en el Frente Amplio, una coalición en la que confluye todo el sistema de Partidos, desde los comunistas hasta Carlos Lacerda, para jaquear al poder militar (Portantiero, 1973, pág. 58).
De esta manera, los acontecimientos eran vistos desde la Argentina de 1973, previo al Golpe de Estado ‘cívico-militar’ de 1976[119]. Las dictaduras del Cono Sur cerraron toda posibilidad de un sistema democrático con alternancia de Partidos políticos en el Poder Ejecutivo. El Poder Militar se impuso para llevar adelante la ‘ideología del desarrollismo’, con el fin de dar al capital externo las mejores condiciones para el provecho de la cooperación militar y económica en pro de la implantación del modelo agroindustrial exportador.
Cerrando este aparte, Elvira Concheiro (2013) refiere la publicación de Calos Nelson Coutinho (1986), entre otros tantos títulos se dedicó a compilar la travesía de Gramsci en Brasil[120]. Los intersticios de la Internacional Comunista, tiene en los marxianos el escape de llegar a la Tercera Internacional, criticando el determinismo económico, sin profundizar en los debates que giran entre la desestalinización y el trotskismo. Quedarse en Gramsci, es asumir el análisis político e historiográfico, cuestión de profundizar los análisis propios de cada formación social, en lugar de enfrascarse en los errores o aciertos producidos en otras latitudes. Estando en casa, cada cual ha dado la connotación respectiva al papel de los Partidos Comunistas locales, en Brasil, la cuestión se veía en los ochenta del siguiente modo:
Brasil se veía como una formación social ‘atrasada’, semicolonial y semifeudal, que tendría necesidad —para superar sus contradicciones y encontrar el camino del progreso social— de una revolución ‘democrático-burguesa’ o de ‘liberación nacional’. Esta era, al menos desde los años treinta, la posición del Partido Comunista Brasileño. Pero también los grupos que, a partir de 1964, se habían separado de la política del Partido Comunista Brasileño, y habían escogido el camino de la lucha armada bajo la influencia ideológica y política del maoísmo y/o de las concepciones foquistas de Régis Debray, seguían vinculados a este planteamiento general. La reagrupación creada y encabezada por Carlos Marighela, por ejemplo, se llamaba Alianza de Liberación Nacional y se proponía llevar a cabo inmediatamente una revolución antifeudal y antimperialista (COUTINHO, 1986, pág. 24).
Teniéndose en cuenta el hilo conductor de las diferentes lecturas, Coutinho (1986) toma el concepto de ‘Estado ampliado’ en la necesidad de construir “una estrategia democrática hacia el socialismo en Brasil” o con motivo de “detectar y analizar la vía brasileña al capitalismo, una vía en la que el Estado ha desempeñado a menudo el papel de protagonista principal” (COUTINHO, 1986, págs. 26, 27). A partir de un breve análisis de larga duración, dado que refiere acontecimientos desde la ‘independencia política’ (con la proclamación de la República en 1889) hasta ‘el golpe de 1964’. Puede entenderse que el ‘proceso de modernización capitalista’ de Brasil a la luz de una revolución pasiva, tiene la singularidad de protagonizar revoluciones ‘desde arriba’, ‘elitistas y antipopulares’ (Ibid.).
A la ‘instauración de la dictadura de Vargas en 1937’ le antecede el ‘putsch de 1935’, “una desastrosa iniciativa común de comunistas y tenientes de izquierda” (COUTINHO, 1986, pág. 29). El tono dice más que cualquier comentario interpretativo. En sus lentes, la “legislación sindical corporativista, [fue] copiada directamente de la Ley del Trabajo de Mussolini” (Ibid.). Asimilando que el carácter del Estado fascista italiano se había estado conformando en Brasil entre 1930 y 1964[121]. A partir de esta concepción, es posible comprender qué lugar otorga a la “teoría ampliada del Estado”[122], una interpretación que ya hemos controvertido respecto a las distinciones sobre las múltiples perspectivas de lectura de la obra de Gramsci.
En esta interpretación del ‘Estado ampliado’ se apela a los estudios de Gramsci sobre Oriente, donde el predominio del apartado estatal abarcaba todos los campos de la vida, refiriendo un pasaje de los Cuadernos de la Cárcel, en los cuales puede leerse que “[e]n Oriente el Estado lo era todo, la sociedad civil esfumaba [Quaderni, cit., p. 866]” (COUTINHO, 1986, pág. 32). La contradicción estaría en ‘occidente’, según lo cual, convertir una formación social en ‘occidental’ quiere decir “más concretamente que tenga un Estado ‘ampliado’, en el que exista una “justa relación” entre Estado y sociedad civil” (Ibid., pág., 33).
Es claro que el análisis brasileño dista mucho del argentino y colombiano, respecto a la interpretación del ‘Estado ampliado’, en donde el objetivo principal es marcar el ingreso de la sociedad de masas en lo que sería la Segunda República (1930-1964), dado que la ‘Primera República (1889-1930)’, estaría restringida al régimen oligárquico del ‘estado de asedio’ (COUTINHO, 1986, pág. 36). La importancia no está en la toma del poder del Estado, sino en los grados relativos de ‘autonomía real’ de la ‘sociedad civil’ (Ibid.). La expectativa esta puesta en la intervención de la movilización social de la sociedad de masas que pueda derrocar o presionar por la vía pacífica y en democracia[123].
En 1985 Brasil volvía a tener elecciones partidarias en los comicios presidenciales, en los cuales asumió José Ribamar Elias Nascimento Ferreira de Araújo Costa Sarney (1985-1990), ganando la balanza del poder el Movimiento Democrático Brasileño. Las alianzas del ‘Estado ampliado’ del ‘pragmatismo tecnocrático’ reforzaron la ‘ideología desarrollista’ con una fuerte presencia de la tecnoestructura. La ‘ampliación’ de los sectores democráticos, fue una vez más, la legitimación de las seudo democracias representativas.
México
Aricó y Portantiero tuvieron que seguir su producción intelectual desde el exilió en México[124]. Ciertamente los debates entre aprismo y marxismo en las tierras de la Revolución Mexicana constituyen otro centro de atención en la recepción de Gramsci y el materialismo histórico en América Latina (ARICÓ, 2010 [1980], pág. 253). La publicación más reciente de los gramscianos mexicanos titula Horizontes gramscianos. Estudios en torno al pensamiento de Antonio Gramsci, un trabajo de coordinación de Massimo Modonesi, en el cual se puede hallar, entre otros, el trabajo de Elvira Concheiro (2013), Gramsci en América Latina, que ubica a partir del conocimiento del ámbito académico universitario, como se dio la lectura en México de la obra gramsciana.
Resaltan las diferencias entre el pensamiento de Gramsci y el marxismo-leninismo, al darse en la academia mexicana una lectura detallada de estos pensamientos en el curso “Lenin-Gramsci” impartido por René Zavaleta, Atilio Boron y Agustín Cueva en la carrera de Sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1976-1996 (CONCHEIRO BÓRQUEZ, 2013, pág. 266). Los debates fueron de tenor político-ideológico, respecto a la participación de los comunistas soviéticos, asumimos que profundizaron en los avances económicos de la Revolución bolchevique con la Nueva Política Económica-NEP proyectada por de Lenin (1921-1928) y los avances en la industrialización soviética con los Planes Quinquenales de Stalin (1928-1932, 1933-1937 y 1938-1945). Sobre Gramsci, cabe destacarse que en México fueron editados por el Instituto Gramsci, a cargo de Valentino Guerratana, seis tomos, con 29 de los 32 Cuadernos de la Cárcel, auspiciados por el sello de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla entre 1981-1999.
El inicio de la publicación coincide con las conclusiones “32 Resoluciones políticas” del XIX Congreso del Partido Comunista Mexicano realizado en 1981 (CONCHEIRO BÓRQUEZ, 2013, págs. 266-267). El norte político que marcó esta década puede percibirse en la publicación venezolana de Arnoldo Córdova (1991) “Gramsci y la izquierda mexicana”, siendo Nueva Sociedad, una revista que estuvo bien documentada de las conclusiones del seminario “Gramsci: memoria y vigencia de una pasión política”[125] realizado en la Universidad de los Andes y en la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, entre 1992-1993, en las memorias, pueden tenerse en cuenta las publicaciones de Waldo Ansaldi (1992), Jorge Gantiva Silva (1992) y el provocador artículo de Hugo Calello (1992) con el sugestivo título “Gramsci: Entre Militares y Civiles”.
Elvira Concheiro (2013) en su literatura, refiere dos autores que revisamos a partir de sus observaciones sobre la recepción de Gramsci: en Brasil, Coutinho (1986); y en México, Córdova (1991). En un breve artículo, este último, se dedica a inspeccionar el traspasar de “Gramsci y la izquierda mexicana”, el punto de partida es el “antes y después de la Revolución Mexicana de 1910-1917” (CÓRDOVA, 1991). Con México[126], es frecuente hallar una semejanza en el arraigo identitario Azteca que puede equivaler a las culturas precolombinas de Colombia, dado que estos países no tuvieron una migración masiva de europeos, en contraste con los desembarcos que presenciaron Argentina y Brasil.
Las particularidades de las interpretaciones también refieren a los hechos concretos a partir de los cuales se realiza el análisis de cada formación social. En 1960 México estuvo marcado por la irrupción del conflicto entre la República Popular China y la Unión Soviética, escogiendo cada esquina del ring entre «pro chinos» o «pro soviéticos»[127]. En las posiciones políticas, se discutía el apoyo que debieron dar a la “vía «pacífica»’ democrática o a la vía ‘«armada» de la revolución’. Teniendo como resultado el célebre divisionismo de la izquierda latinoamericana a costa de las interpretaciones de los intelectuales marxistas. Córdova (1991) toma posición por una forma de democracia[128], en la interpretación gramsciana que permita la “necesidad de entender mejor al país y su historia, y de profundizar y ampliar los alcances de la lucha por la democracia” (CÓRDOVA, 1991, pág. 6).
Entre anécdotas de causa y efecto, la difusión de Gramsci en México tuvo que ver con las lecturas de Régis Debray, quien socializó el materialismo histórico bajo la influencia del estructuralismo de Louis Althusser. La secuencia de la teoría y la práctica, o la realización de la filosofía de la praxis en Debray, lo llevó de la teoría del «foquismo» a la praxis de «la guerrilla» en Bolivia (CÓRDOVA, 1991, pág. 4). Las diferencias entre estos autores y los hechos tienen total consonancia con su producción académico-política.
El ‘Estado de la Revolución de México’ es uno de los objetos de estudio de más largo aliento en la vida intelectual de Arnuldo Córdova. Abordamos el esqueleto de una extensa investigación que continua con el periodo 1940-1976, dado que ya había trabajado los periodos de 1895-1929; 1929-1940 en su extensa obra sobre La ideología de la Revolución Mexicana (1973), y que también puede verse en La formación del poder político en México (1972), como en La política de masas del cardenismo (1974). En razón de sintetizar, tomamos los trazos de las publicaciones de Documentos de Trabajo, los cuales fueron avances de investigación que les exigía el Centro de Estudios Latinoamericanos. Sin más ediciones que las manos en la máquina de escribir, publicó en 1977 los siguientes proyectos: Política e ideología dominante y La Ideología de la Revolución Mexicana. La era del desarrollismo.
Si en algo coinciden Ianni Octavio (1971) y Miriam Limoeiro (1975 [1972]) en un diálogo imaginado con Arnuldo Córdova (1977), es en la ideología dominante del desarrollo. En el continente desde Brasil hasta México, se había dispuesto de la tecnoestructura para llevar adelante el desarrollismo y el progreso. Sin embargo, esta coincidencia dista políticamente de la orientación revolucionaria del ‘populismo brasileño’ al de la Revolución Mexicana.
La Revolución Mexicana, 1910-1917, tiene un extenso repertorio en los jefes de Estado, desde que derrocaron los treinta y cinco años (35) del poder de Porfirio Diaz Mori (1876, 1877-1880, 1884-1911) hasta a asunción de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940). Pasando por Francisco Ignacio Madero (1911-193), entre 1911 y 1934, fueron puestos, depuestos, nombrados o autonombrados presidentes con lamentables desgastes en los idearios revolucionarios. ¿Qué quedo en el Estado de la Revolución de las ideas revolucionarias de Francisco Villa y Emiliano Zapata? Es uno de los interrogantes con los cuales fueron leídos estos documentos. Dos datos inquietan en la historia de México 1] la distribución de la tierra a los campesinos; y 2] la exclamación de Los Manifiestos de Náhuatl por el Ejército Libertador al mando de Zapata dirigido a las comunidades indígenas del sur. En estos, hallamos otra manera de apreciar la ideología dominante en México.
La preocupación por el campesinado impregna toda alusión a los alzamientos mexicanos del siglo XX. En el mural que pintó Diego Rivera, entre 1929 y 1935 en el Palacio Nacional, en un fragmento que está subiendo las escaleras llegando a la elipsis cupular, puede hallarse a Marx señalando con su dedo anular derecho, el cultivo agrario del campo o de la tierra, mientras sostiene con su mano izquierda un papiro que registra un extracto del Manifiesto Comunista, en el que puede leerse la siguiente frase:
Toda la historia de la sociedad humana hasta el día es una historia de lucha de clases… Para nosotros, no se trata precisamente de transformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de esfumar las diferencias de clases, sino de la destrucción de estás; no se trata de reformar la sociedad actual sino de formar una nueva. Carlos Marx
Es una muestra icónica de lo que diferencia a la Revolución Mexicana. La relación de Diego Rivera y Frida Kahlo con León Trotsky, tienen una controversial y extensa documentación, pero no es el tema que profundizamos. En la cuestión mexicana los campesinos, el conflicto por la distribución de la tierra, fueron los reales protagonistas de la Revolución. Emiliano Zapata y Pancho Villa, fueron campesinos del interior, asesinados en 1919 y en 1923, sin llegar a formar parte del poder del Estado mexicano.
Los debates de la Constitución de 1917 tienen entre muchas cuestiones un nudo en las relaciones de la producción agraria. Ahondar en estos tópicos excede nuestro propósito. Sin embargo, mencionamos la referencia al problema de la tierra en el articulado que se redactó en Querétaro entre el 21 de noviembre de 1916 y el 5 de febrero de 1917:
Artículo 27. La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada. Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública y mediante indemnización (Constitución, Art. 27, 1917).
Es menester dejar también mencionado un pasaje de Los manifiestos de náhuatl emitidos por Emiliano Zapata, el 17 de abril de 1918, dirigidos al militar tlaxcalteca Domingo Arenas que dirigía en los territorios de Tlaxcala y Puebla, en el Tlanahuatil-Panoloani [Aviso que se transmite]. Zapata deja entrever que había grandes dificultades en la asignación de tierras, escribiendo “nosotros trabajadores de la tierra; que sigamos luchando y venzamos” [129], un año después de promulgada la Constitución de 1917. El análisis detallado de estos documentos puede brindar múltiples significados a los investigadores que se hagan cargo sobre, cuál era la situación de la distribución de la tierra y las garantías que plasmaron los constituyentes, para garantizar a los campesinos la devolución de sus territorios y el reparto de los grandes latifundios a quienes solicitaran tierra para el cultivo familiar. La mención, repercute en tanto la ideología de la Revolución Mexicana, tiene una fijación central en estas cuestiones.
El primer abordaje de Córdova (1977), trata sobre los problemas de la política en tanto “lucha por el poder del Estado” (CÓRDOVA, 1977, pág. 14). Una aproximación en la que controvierte el concepto de Estado como aparato represivo expuesto en las obras de Althusser y sostenido por la interpretación de pasajes de Engels, Marx y Gramsci. En la controversia hace énfasis en que la fuerza física “se ejercer para mantener el poder; no es el poder político” (Ibid., pág. 19). Además, controvierte la definición del concepto achacado a Marx de la ‘falsa conciencia’, asumiendo que la ideología “es la forma típica de la conciencia social”[130].
Logra clarificar aún más la cuestión, hace énfasis en algunos pasajes de los postulados de Engels en el Anti-Düring, en los cuales la ‘última instancia’, esto sería ‘la estructura económica’ o la ‘la producción y la reproducción de la vida real’, son realmente los que en operaciones de cálculo irían en la ‘sobreestructura’ (CÓRDOVA, 1977, pág. 4). Dándole vuelta completa a la metáfora del edificio. Se dedica a polemizar con la variación de los conceptos de ‘sobreestructura’, ‘supraestructura’ o ‘superestructura’, aludiendo al rol que ejercen las clases dominantes en la ideología dominante mexicana.
Las notas que Córdova toma de Engels están dirigidas al entendimiento de las ideas que se forjan en los ‘cerebros de los combatientes’, en clave reiterada de entender que “[n]o es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 26). La teoría histórica responde precisamente a las luchas históricas en un periodo concreto o determinado. Lo que han trabajado como “historia de las ideas” -cuando no ha sido mero espionaje de investigadoras misóginas-, daría cuenta de la formación social, tanto económica como ideológica, de un determinado acontecimiento en un territorio concreto.
El periodo histórico determinado en esta investigación sobre el bloque hegemónico colombiano fue definido entre 1930 y 1950, caracterizando cinco periodos de Gobiernos presidenciales bajo la simulación de la democracia del sistema bipartidista. Ir y venir en la línea del tiempo, se hace necesario para comprender los antecedentes y las consecuencias que este periodo marcó en una historia de mediana duración. La secuencia de los casos investigados aporta en teoría y en praxis, la materialidad intelectual del análisis de la formación social de las realidades latinoamericanas.
La historia mexicana no es nuestro objeto de estudio, no obstante, hacemos esta introducción de análisis e interpretaciones de la obra de Gramsci en el continente, porque se hizo necesario hacer entender que la cuestión no es sólo de ‘nacionalismos’ y ‘patriotismos’ cuando se trata de la comprensión y el entendimiento del papel que cumplen las ideas “como sistemas de relaciones” y “su acción en la realidad” en cuanto determinantes “para la promoción, la defensa y la justificación del sistema social en su conjunto” (CÓRDOVA, 1977, pág. 7).
La justificación es el ‘sistema ideológico dominante’ que permanece en la formación social de una determinada estructura socioeconómica, a saber, “en las sociedades de clases las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante” (CÓRDOVA, 1977, pág. 8). La sociedad del siglo XX corresponde a eso tan complejo de aprehender, representado en la abstracción del ‘mundo moderno’.
Las aproximaciones de Coutinho (1986) al expansionismo del Estado fascista italiano, encuentran resonancia en Córdova (1977) en el análisis correspondiente al corporativismo, al referir que en la “crítica del fascismo Gramsci derivó la convicción de que las asociaciones privadas eran simples extensiones del Estado cuya misión consistía en asegurar la hegemonía de la clase dominante en la sociedad” (CÓRDOVA, 1977, pág. 25).
Esto en clave de profundizar la controversia con el ‘aparato represivo del Estado’, dado que Gramsci pone la tensión entre los tiempos del ‘consenso’ y los tiempos de la ‘coerción’, esto es, en clarificar y dimensionar los medios materiales [coercitivos] y los medios ideológicos [consensuales] de la dominación. El corporativismo resulta ser un consenso económico coercitivo de las libertades individuales, fijadas en el Estado fascista de la libre empresa privada.
Entre las aclaraciones que se hilan con las definiciones de los griegos, Córdova (1977) recuerda un pasaje de La ideología alemana, en el cual Marx & Engels, abordan los problemas de la ‘división del trabajo’ y la ‘lucha de clases’ en las “luchas que se brindan dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho al sufragio, etc.” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 35). Estas cuestiones que definimos refiriendo las definiciones de La política de Aristóteles, en cuanto aclarar las diferencias entre las formas de Gobierno de un gobernante supremo, de un monarca, la Monarquía, o de su opuesto, un tirano, en la Tiranía; en contraste con el Gobierno de ‘los mejores ciudadanos’ concerniente a la Aristocracia, que al no funcionar deriva en su opuesto el Gobierno de los déspotas, en la Oligarquía.
La democracia, es la forma de Gobierno de todos, en la cual el sufragio universal permite que el pueblo sea el constituyen primario decidiendo en las urnas la elección de sus representantes. Es la toma de posición que Córdova (1991) asumió, ante la posibilidad de la toma del poder por las armas y la instauración de una dictadura del proletariado en la fórmula de la Comuna de Paris (1871) o de la Revolución bolchevique (1917)[131].
La vuelta a los griegos tiene el problema de la traductibilidad literal en las interpretaciones contemporáneas. La antigüedad premoderna, justificó la esclavitud en las voces más nobles de su intelectualidad. El pasaje de Aristóteles en el que justifica que los maestros necesitan de ayudantes como “los señores necesitarían esclavos [Aristóteles (1964) Obras, Madrid: Aguilar, p. 1416]” (CÓRDOVA, 1977, pág. 9). Vuelve al problema de la ‘división del trabajo’ en cada forma de Gobierno que define una sociedad y su ciudadanía.
En el fondo la cuestión está en las contradicciones de la lucha por la igualdad en condiciones de desigualdad. Al respecto Córdova (1977) acude de nuevo a Marx, en El Capital y en La cuestión judía, puede interpretar que “[p]olítica e idealmente los hombres son iguales en cuanto son ciudadanos igualmente libres; mientras que materialmente desiguales” (CÓRDOVA, 1977, pág. 11). De allí que toda la cuestión de la “contradicción entre el interés particular y el interés común” sea una cuestión del “interés común, en cuanto Estado” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 35).
Los debates que pueden surgir del análisis de los intereses económicos particulares en los intereses políticos comunes están presentes en el fin de desglosar la ideología dominante que domina en un Estado concreto. El arte de la política ha consistido precisamente en “presentar los intereses de una clase social determinada como los intereses de toda la sociedad en su conjunto” (CÓRDOVA, 1977, pág. 13). De esta manera la definición del interés particular por el interés común es una cuestión ideológica, es la ideología dominante la que superpone el interés general que representa a toda la ‘Nación’.
La ideología dominante, permite definir los conflictos por la hegemonía. Solo se es dominante al detentar el poder del Estado. Ser dominante no es igual a ser hegemónico. La conquista de la hegemonía es un trabajo que las clases dominantes llevan adelante, una vez toman el poder y logran hacer que la ideología dominante sea la ideología de la sociedad gobernada. Lo que equivale a decir que una vez logren las clases dominantes hacer que sus intereses particulares sean el interés general puede hablarse de hegemonía. Dado que el conflicto político en la democracia parlamentaria adolece de homogeneidad, la lucha política es la lucha ideológica por develar la mentira del interés general de las clases dominantes.
La vía de las armas para la toma del poder del Estado fue el camino de la Revolución Mexicana. En la lucha armada el contenido no está en la calidad del fusil, sino en el programa político que orienta el uso de las armas:
puede admitirse que la conquista del poder por parte de una clase social tiene que darse a través de la lucha armada o sostenerse por medio de las armas. Pero las armas, como enseñó Karl Von Clausewitz, son incapaces de sustituir a la política, que bien puede arreglárselas sin ellas. El que las armas sean eficaces en esta tarea depende, irremediablemente, de las ideas, valores y programas que se ponen en juego en la arena de las luchas sociales. Lo que el nuevo Estado exhibe, después de la tormenta, no son las armas que lo conquistaron, sino el programa con que se enfrenta a la tarea de renovar la sociedad y en esta misma tarea las instituciones sociales, dentro y fuera del Estado, desempeñan una parte de la mayor importancia (CÓRDOVA, 1977, pág. 21).
La democracia de las ‘oligarquías’, una concepción contradictoria desde la enunciación, o, lo que puede entenderse como la democracia de las clases dominantes, es una “dictadura de clase” (CÓRDOVA, 1977, pág. 23). Es la dictadura de la clase que domina bajo el ‘Estado de sitio’, la ‘Ley marcial’, el ‘Estado de excepción’ o el ‘Estado de conmoción interior’. Son las clases dominantes, la burguesía agraria terrateniente y la burguesía industrial, las que han puesto la defensa de sus intereses político-económicos como el interés general, al acordar con el ‘capital externo’ la cooperación económica y militar que permita el avance de la ‘ideología del desarrollismo’. Tras el interés general del ‘progreso’ la historia constata el devenir de la represión de la ‘seguridad’.
Por lo cual, es conveniente tener muy en cuenta que en la política se ejerce permanente una lucha con los amigos y con los enemigos[132]. Guevara lo dijo desde la Habana, de “nuestros amigos me guarde dios, que de los enemigos me guardo yo” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 350). La puesta del conflicto entre rivales o adversarios es el mejor lenguaje que puede seguir la diplomacia, para finalmente vencer el sesgo del ‘ellos o nosotros’. Mientras tanto, las lecciones históricas del continente pueden hacer entender, las posiciones que se han tomado en las crisis político-económicas y en los procesos político-jurídicos que han marcado hitos nacionales, o mejor decir, continentales.
Respecto a la “institucionalización del régimen de la Revolución que se da a través de los fenómenos políticos conocidos como Maximato y cardenismo” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 5), queda en claro que el régimen de las armas de la Revolución pasó en la institucionalidad a la organización del Estado autoritario capitalista. Sin embargo, la singularidad mexicana está en el reconocimiento que debemos a la distribución de la tierra que realizaron[133], ha sido la reforma agraria más avanzada de América Latina, hasta el presente.
La ‘ideología del desarrollismo’ ingresó en México en los años cincuenta con la intervención de la tecnoestructura en la ‘política del desarrollo’[134] y el ‘pensamiento tecnocrático’, o según la definición literal que le otorga Córdova, con la ‘religión’ de la ‘mística de la eficacia’ (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 42). En un primer momento, fue un desarrollo que buscó la cooperación económica en América Latina, con el desarrollo industrial impulsado y sin descuidar la producción agraria, México se apoyó en la “Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y la apertura de mercados en la región latinoamericana” (Ibid., pág. 41). La ALALC, se constituyó con el Tratado de Montevideo el 18 de febrero de 1960, una iniciativa que iniciando la imposición de la ‘ideología del desarrollismo’ busco representantes decididos a la constitución “de un mercado común latinoamericano” (ALALC, 1960).
La profundización sobre los alzamientos de los campesinos como movimiento de masas en México fueron muy relevantes en la exigencia del cumplimiento de los acuerdos pactados en la Revolución, 1910-1917. Sin embargo, la claridad metodológica de un reconocido investigador latinoamericano ha de resonar en los oídos sordos del movimentismo: “Nuestro asunto […] es la ideología dominante y no la historia del movimiento obrero o del movimiento campesino” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 27). Aun sabiendo que las ‘reivindicaciones del proletariado’ se convirtieron en ‘instrumentos de dominación’ del mismo Estado de la Revolución[135], como puede constatarse con la violenta represión que ordenó el Gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964)[136] contra los trabajadores de los ferrocarriles.
La represión de las Fuerzas Armadas Policiales contra las manifestaciones que surgieron en julio de 1968 en México cerró el ciclo de los Gobiernos ‘revolucionarios’, con la constatación del uso de la fuerza legítimamente represiva contra el pueblo. Las órdenes de represión a la protesta social de los estudiantes mexicanos las dio el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970). Massimo Modonesi (2008) se encarga de recordar los acontecimientos ocurridos en su trabajo 1968: a 40 años del movimiento estudiantil en México, el siguiente pasaje logra hacer visible los hechos:
El movimiento creció en agosto y las marchas ocuparon el Zócalo de la Ciudad de México, donde los manifestantes fueron dispersados por la intervención del ejército. En septiembre, luego de la “marcha del silencio” en contra de la desinformación y la criminalización por parte de la prensa y el Gobierno, el ejército ocupó la Ciudad Universitaria de la UNAM y el Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional, y se retiró el 1 de octubre. El 2 de octubre, una masiva manifestación en la Plaza de las Tres Culturas fue atacada por el ejército y por un grupo paramilitar (el Batallón Olimpia), provocando un número todavía desconocido de muertos y heridos. Días después de la masacre de Tlatelolco, el presidente Díaz Ordaz inauguró los juegos olímpicos (MODONESI, 2008, pág. 146).
La campaña del Partido Revolucionario Institucional-PRI de Luis Echeverría Álvarez (1969-1970), si bien apunto a reivindicar el apoyo al Estado de la Revolución, dejo en claro la apertura comercial al capital externo y marcó la “prioridad para el capital nacional: modernizarse y producir para exportar”[137]. De tal manera, puede conectarse una misma mano invisible en los designios políticos, económicos y militares de Argentina, Brasil y México entre 1968 y los años ‘80s. Años antes y años después, un lineamiento político-militar orientó el autoritarismo represivo del desarrollismo.
América Latina… el ‘reflejo’ del Sacro Imperio Romano Germánico
La teoría del reflejo que George Lukács[138], hace que recordemos una frase de la Introducción a la Crítica del derecho de Hegel de Karl Marx (1844) en el “Sacro Imperio Romano Alemán se hallan los pecados de todas las formas políticas”. La época de la funesta Edad Media, hizo que Engels escribiera Las guerras campesinas en Alemania (1850), volviendo al pasado de las guerras que protagonizaron los campesinos alemanes en 1525. Humboldt, en la nota que extrae Lukács, sobre los mismos hechos, hace entender que “Alemania equivocó su camino con la derrota de la guerra de los campesinos” (LUKÁCS, 1968, págs. 611).
Los pecados de los imperios europeos han sido también la devastación de los pueblos americanos. El saqueo de sus recursos naturales y la explotación de sus poblaciones. El curso del tiempo vuelve al mismo siglo XVI, en el expansionismo del sistema colonial hacia América, Asia y África. El futuro comunista, está implícito en la investigación de la trayectoria del irracionalismo en Alemania, sin embargo, Lukács permite que como lectores nos cuestionemos, al concluir que:
sin una perspectiva de futuro, no puede conocerse el pasado ni hacer de él una fuerza fecunda para el presente; sin el certero esclarecimiento del pasado, no puede haber una perspectiva nacional concreta del futuro (LUKÁCS G. , 1968, pág. 617).
El análisis socio-histórico en clave del materialismo histórico es, en Gramsci, el estudio del pasado con la convicción de haber fundado el Partido Comunista italiano, tras la ruptura con el Partido Socialista. Las fracturas de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht con el Partido Socialdemócrata Alemán, son el inicio de la Liga Espartaco y el Partido Comunista alemán. Lukács, siendo miembro del Partido Comunista húngaro, tuvo que exiliarse en la Unión Soviética durante una década, 1933-1944, por la invasión de Alemania a Hungría. Estas consecuencias son históricas y tienen repercusiones en todos los continentes donde el pensamiento alemán ha influido en las nociones de Estado, tan arraigadas como el ‘monopolio legítimo de las armas’.
Los asaltos son titulaciones comunes en la obra de Lukács y Luxemburgo. Cala en la mente a quién se asalta, a la razón de quiénes quisieron asaltar. Ambos autor y autora fueron clarificadores al develar la persistencia colonizadora del ‘imperialismo alemán’, y aún más, asentar la falsedad de la ‘concepción nacionalsocialista del mundo’[139]. Lukács, al referir las palabras de Roland Freisler, presidente del Tribunal Supremo del Estado nazi, según las cuales el Estado equivaldría al trabajo del soldado para el pueblo de Alemania, un Estado que produjo una “inaudita esclavización” (LUKÁCS G. , 1968, pág. 608).
Las alusiones a las definiciones del pueblo como comunidad-nacional, Volksgemeinschaft[140], tienen una significación especifica en el nacionalsocialismo. Las interpretaciones que se puedan trasladar a la soberanía del pueblo como constituyente primario en Colombia, o al pueblo en América Latina, tienen connotaciones muy diferentes. La anulación que el régimen nazi realizó de la individualidad, lo contrasta Lukács en su obra, con una apelación: “Sépalo o no el individuo, en todas sus decisiones influye, ahora, la lucha entre el socialismo y el capitalismo monopolista” (LUKÁCS G. , 1968, pág. 614).
Es este el debate de posguerra. En los términos de Lukács “la máscara de la ‘democracia germánica’ no [hacía] más que encubrir la dictadura despótica del ‘Führer’ (es decir, por mediación de éste, de la parte más reaccionaria y más agresiva del capitalismo monopolista alemán)” (LUKÁCS G. , 1968, pág. 608). A los problemas de la paz en la Segunda Guerra Mundial, le antecedente el pacto de no agresión germano-soviético conocido como el “Pacto Hitler-Stalin” (LeMO, 2015). En 1939, la invasión alemana a Polonia desató la intervención de Francia e Inglaterra. Los impulsos de la carrera armamentista del militarismo alemán los había advertido Rosa Luxemburgo (1912) en su obra La acumulación del capital, al igual que en su trabajo político desde la participación en la Conferencia Internacional de París en 1900 hasta la organización de la Conferencia Internacional Antibélica, celebrada en Holanda el 15 de marzo de 1915. Las múltiples manifestaciones por la paz y en contra de la guerra, fueron atravesadas por la aprobación en el Congreso alemán de la Ley de Créditos de Guerra, el 2 de diciembre de 1914, con tales créditos inició el expansionismo del capitalismo monopólico de la industrialización militar.
Habermas expone que en el ‘capitalismo tardío’ la crisis ya no es una crisis estructural y sistémica sino una crisis del sistema político, de organización del sistema administrativo y del sector público, donde el conflicto se da en el orden de la justificación de las normas que rigen la acción administrativa[141], pasando por “reconstruir las situaciones encubiertas de intereses de los individuos o grupos participantes” (HABERMAS J. , 1999, págs. 190-191) para hacerse del poder legítimo del Estado.
La crisis en Habermas alude al poder objetivo que priva al sujeto de una parte de su autonomía. Halla en Marx, “un concepto científico social de la crisis sistémica” (HABERMAS J. , 1974, pág. 274) a partir del cual es posible abordar “la gran crisis económica de principios de los años treinta” (Ibid.). Esta claridad la hemos tenido en cuenta durante la elección, y desarrollo investigativo, del periodo histórico analizado. Sin profundizar en el análisis político-económico que supondría tener en cuenta rigurosamente los postulados de El Capital, respecto al tipo de crisis en términos de la teoría del valor o el desplome de la tasa de ganancia ni los cálculos sobre los dividendos que ha generado la acumulación de plusvalía en la persistente acumulación originaria de capital.
Las diferencias con el capitalismo tardío, las desarrolla respecto al «capitalismo organizado» o «capitalismo de regulación estatal» (HABERMAS J. , 1974, pág. 275). Analizados desde el sistema económico y administrativo de las sociedades capitalistas avanzadas (europeas). Entendiendo que el ‘aparato de Estado’ interviene al sistema económico (público y privado) por medio de la planificación administrativa. La participación política de las mayorías en la administración del Estado y en la intervención de la economía, pasa precisamente por la contradicción entre ser administrados por las mismas clases dominantes que subordinan la “apropiación de los valores producidos” (Ibid. pág. 278).
El “latente conflicto de clases” (HABERMAS J. , 1974, pág. 279) que ha supuesto el desarrollo del capitalismo en Europa, ejerciendo la distancia correspondiente, tiene una sintonía con el conflicto de clases que se ha reproducido en el desarrollo de los Estados capitalistas latinoamericanos. En Colombia, sin un avanzado desarrollo industrial, han permanecido las mismas clases dominantes en el poder del Estado con un sistema de democracia plutocrático, compuesto de interconexiones familiares que se han mantenido para la defensa de sus intereses político-económicos. El ‘compromiso de clases’ que supondría la ‘unidad nacional’ de los intereses de las clases dominantes y de las clases de subalternos, se ha tramitado igualmente “ante la clara y cada vez mayor desigualdad en la distribución de la riqueza y el poder” (Ibid. pág. 279).
Este reflejo de las condicionalidades externas de la planificación para la administración del Estado y de la legitimidad del monopolio del uso de la fuerza represiva, halla ciertamente una relación muy sentida con las realidades latinoamericanas. Entendemos entonces junto a Aricó en el análisis de las crisis:
la imposibilidad de reducir a los términos de El Capital la diversidad de los elementos del análisis deriva precisamente del hecho de que la teoría de la crisis de Marx se evidencia, a un mismo tiempo, como el anuncio del agotamiento de una forma ‘política’ de la dominación capitalista y como apertura de un nuevo tiempo suyo, como clausura del modelo lineal de las relaciones entre las clases y como individualización de una nueva perspectiva de desarrollo de lo político (ARICÓ, 2010 [1980], págs. 267-268).
Las formaciones sociales de los Estados capitalistas latinoamericanos han tenido serias dificultades para superar el capitalismo monopólico o capitalismo imperialista. Sin embargo, al comprender las crisis del ‘capitalismo tardío’, a partir de 1930, pueden enlazarse hilos comunes en todas estas sociedades. La crisis económica de 1929 fue mundial. En adelante nos hacemos cargo del caso colombiano, analizando algunos de los antecedentes y las consecuencias político-económicas que tuvieron lugar durante los años 1930-1950.
Una de las consecuencias de la crisis fue la alianza del malestar del movimiento obrero con el Partido Liberal, haciendo posible el fin administrativo del Estado de la Regeneración Conservadora, 1886-1930. El cambio del Partido político en el Gobierno no significó un cambio de la forma de Gobierno ni del régimen de acumulación económica. El Estado capitalista colombiano continúo desarrollándose durante los cuatro periodos de Gobiernos liberales (1930-1946), las divisiones internas de las facciones liberales y las estrategias conservadoras internacionales conllevaron nuevamente a la asunción del Partido Conservador con el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950).
Con esta breve aproximación de la historia política de Argentina, Brasil y México, introducimos el análisis de la conformación del bloque hegemónico colombiano. Abordamos el concepto de Estado capitalista colombiano, comprendiendo una periodización de mediana duración, en la cual constatamos que no se produjeron cambios significativos en el modelo económico, y que aún con el incremento de la violencia, persistió un sistema político bipartidista. La forma política de convivencia de intereses liberales en lo económico y conservadores en lo político, se mantuvo con la confrontación política, socioeconómica e ideológico-cultural hacia las terceras fuerzas socialistas y comunistas. Fue de esta manera que el carácter represivo y autoritario del conservadurismo político se adhirió con el Gobierno de Laureano Gómez (1950-1953) a la libre empresa y el libre comercio del liberalismo económico. Consolidando un consenso activo en la alianza liberal-conservadora que persistió durante el pacto del Frente Nacional formal (1958-1974) y extendido (1974-1990).
- La objetividad o subjetividad de la perspectiva latinoamericanista, viene desde la misma ciudad, a partir de cursar con Waldo Ansaldi en el año 2011 un seminario sobre la Historia Social y Política de América Latina. Estas clases aportaron la teoría del análisis socio-histórico y la decisión de asumir “las categorías analíticas gramscianas en el análisis de la historia” de Colombia. Dos escritos están presentes en este breviario sobre la interpretación de Gramsci en Argentina, México y Brasil: ANSALDI, W. (1992) “¿Conviene o no conviene invocar al genio de la lámpara? El uso de las categorías gramscianas en el análisis de la historia de las sociedades latinoamericanas”. En: Revista Estudios Sociales N.º 2. Santa Fe; ANSALDI, W. & GIORDANO, V. (2012) “Presupuestos Teórico-Metodológicos Para El Análisis Socio-Histórico Del Proceso De Formación De Los Estados Latinoamericanos”. En: Revista de Estudios del ISHiR. Investigaciones Socio Históricas Regionales Unidad Ejecutora en Red – CONICET Publicación cuatrimestral Año 2, Número 4. Agregamos las notas dedicadas al Grupo de Estudios Sobre Colombia y América Latina-GESCAL, agradeciendo nuevamente la confianza y el soporte que nos brindó para unir, por un corto tiempo, a promesas de investigadores e investigadoras colombianas durante su formación las universidades de la Argentina. ↵
- La acotación de esta investigación ha dejado para una futura elaboración la mención al caso de Chile, el cual anunciamos en el Plan de Trabajo a partir de los trabajos de dos obras: SANTA CRUZ, Aníbal Pinto (1959) Chile, un caso de desarrollo frustrado. Santiago: Universitaria; y, RAMÍREZ NECOCHEA, Hernán (1970) Historia del imperialismo en Chile. Santiago de Chile: Editora Austral.↵
- La denominación al ‘Estado oligárquico’ tiene la siguiente alusión al caso estudiado: “En Colombia son los propios conservadores los encargados de consolidar esta forma de estado a partir de 1904, con el Gobierno autoritario de Rafael Reyes, cuya filiación partidista no le impide ser un confeso admirador del ‘científico’ Limantour, eminencia del ‘porfiriato’ mexicano” (CUEVA, 1990 [1977], pág. 127).↵
- El punto de ruptura que ubica Cueva es el momento en que ingresa la “implantación del modo de producción capitalista en un contexto hasta entonces feudal y esclavista” entendiendo la semejanza que quiere hacer entender al decir que su investigación trata “de asentar la hegemonía de los ‘junkers’ o ‘boyardos’ locales, de los grandes comerciantes exportadores e importadores (burguesía ‘compradora’) y del capital monopólico extranjero, que estrechamente entrelazados conforman el eje del nuevo bloque dominante” (CUEVA, 1990 [1977], pág. 131).g↵
- Son numerosos los pasajes en los cuales puede constatarse este análisis, el siguiente da cuenta precisamente de la forma en que el autor entiende se desarrolló el capitalismo en el continente en los casos de explotación de la mano de obra en las jornadas de trabajo: “el problema de los salarios deprimidos y la jornada de trabajo prolongada al máximo subsisten, entre otras razones, por la avidez de superganancias del capital monopólico invertido en las áreas periféricas, que por lo general es el único capacitado, en principio, para establecer una forma moderna de extracción de plusvalor. Mas este salto cualitativo no ocurre en la realidad, ya que durante largo tiempo el capital imperialista combina su infraestructura técnica moderna con las modalidades más primarias de explotación de la fuerza de trabajo, como lo prueba el solo hecho de que la mayor parte de huelgas a las que hemos hecho referencia en este capítulo, y que se dan en pro de la jornada de 8 horas y contra el proceso de pauperización absoluta, ocurran precisamente en las unidades productivas controladas por el capital extranjero” (CUEVA, 1990 [1977], pág. 138). Entiéndase la situación que presentaremos de las demandas de los trabajadores por mejorar sus condiciones de ‘jornadas de trabajo’ en la multinacional bananera United Fruit Company, quienes fueron fusilados por la Fuerza Pública el 8 y 9 de diciembre de 1928 en la Ciénaga del Magdalena en Colombia. ↵
- El siguiente pasaje clarifica la situación: “Para los grupos oligárquicos lo más importante es conservar el poder, pues piensan, con razón, que la revolución popular los privará de su condición de privilegio. En cambio, los Estados Unidos no están precisamente interesados por la suerte de las oligarquías; lo que les preocupa principalmente es el mantenimiento de su control estratégico y económico sobre América Latina y el apoyo político de los votos de sus países en las Naciones Unidas” (GRACIARENA, 1972, pág. 19).↵
- Al respecto señala que: “Conciliar intereses en medio de un proceso de desarrollo rápido es relativamente fácil cuando el desarrollo va acompañado de una redistribución progresista del ingreso nacional y de sus incrementos. En cambio, la situación de competencia agudizada, aún de conflicto, se vuelve insuperable cuando no hay desarrollo económico, o cuando éste es irregular y esporádico. Indudablemente, los incrementos de ingreso producidos por el desarrollo ofrecen la posibilidad de mejorar la posición económica de vastos sectores sociales y de conformarlos. Pero cuando no hay desarrollo las escasas oportunidades económicas existentes tienen por fuerza que ser el resultado directo o indirecto de políticas redistributivas emprendidas desde el Estado. De ahí que se pueda postular -provisionalmente, por cierto- que en los períodos de estancamiento se agudiza la lucha fraccional entre los diversos grupos estratégicos por el control de la política económica del Estado, pues de ella dependerá principalmente que se presenten situaciones de ventaja o desventaja económica para los diversos sectores” (GRACIARENA, 1972, pág. 44). Las facciones de las clases dominantes que tuvieron el poder del Estado en América Latina a mediados del siglo XX hacen referencia a dos sectores principalmente, uno agrario terrateniente (conservadores), y otro industrial y comercial (liberal).↵
- Las cuestiones de las diferencias que hallamos en la investigación que presentamos, en la larga extensión de los próximos capítulos, tiene muy presente este asunto. Es necesario tener en cuenta las interconexiones del socialismo y el liberalismo latinoamericano propensos a las inversiones externas. Las contradictorias posiciones sobre la libertad de comercio, pueden hallar algunos de los rasgos que en ocasiones pareció hacer aproximar a los comunistas argentinos con los discursos de proteccionismo económico de los conservadores colombianos. Un pasaje de esta cuestión puede consultarse en el registro de prensa y diplomático que repose en el Archivo argentino, sobre la visita oficial de delegados del Gobierno colombiano al Gobierno peronista de la Argentina en el año 1947 previó a la Conferencia de La Habana, los delegados desde Bogotá a Buenos Aires fueron Enrique Caballero Escovar y a Gregorio Obregón, de los análisis de la reunión que sostuvieron con Miguel Miranda, director del Consejo Económico Nacional de la Argentina, podrá verse “la publicación comunista La Hora [que] saludó a Caballero Escovar y a Obregón como los portaestandartes del antiimperialismo” (SAÉNZ ROVNER, 2007, pág. 151). Esta referencia se amplía en el apartado sobre los debates económicos de 1945 a 1950. Sobre la industria siderúrgica mencionamos en el caso de Brasil los registros que extraemos de la obra de Octavio Ianni (1973).↵
- Según la “ordenanza No. 18 de junio 28 de 1938” de la Asamblea del Departamento de Boyacá, documento original no hallado en las páginas oficiales de la Gobernación de Boyacá ni en los recursos del Archivo General de la Nación. Sin embargo, puede evidenciarse que la disposición de dicho documento se llevó adelante, según lo dejo plasmado en una crónica de Gabriel García Márquez publicada en el periódico El Espectador en 1954 con el título de «Belencito, una ciudad a marchas forzadas» (GARCÍA MARQUEZ, 1954).↵
- La fecha esta referenciada en una nota conmemorativa de un medio de comunicación departamental: “Municipio de Paz de Río celebra 81 años de su actual denominación” (Boyacaradio.com, 2016).↵
- Definido según: “Los ejemplos más significativos de la inflación simbólica fueron, por un lado, los antagonismos que definieron entre fascismo y liberalismo político (típica del periodo de entreguerras) y entre socialismo y capitalismo, antagonismo este último que predominó a partir del comienzo de la Guerra Fría” (CAVAROZZI, 1996, pág. 9).↵
- Sobre la irrupción de las masas en la política con la apertura del sufragio universal, véase a YANNUZZI, María de los Ángeles (2007) Democracia y sociedad de masas. La transformación del pensamiento político moderno. Argentina, Rosario: Homo Sapiens.↵
- El cual es definido como “organización política surgida de la Revolución que ha impuesto a la sociedad los intereses de la clase dominante como sus intereses generales mediante la ficción de que representa al pueblo trabajador y la manipulación del programa de reformas sociales” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 66).↵
- Los cuestionamientos sobre las diferencias de la concepción pueden documentarse desde la derivación del concepto de ‘oligarquía’ (del griego ὀλιγαρχία (oligarchía); derivado de ὀλίγος (olígos), qué significa “pocos”, y ἄρχω (archo), que significa “regular o comandar”) en el lado opuesto de la ‘aristocracia’ (del griego ἀριστοκρατία aristokratía; de ἄριστος aristos excelencia, y de κράτος, kratos poder). Según La Política de Aristóteles en el estudio de las formas de Gobierno, existen “seis formas posibles de Gobierno, buenas o malas, según que se propongan el bien común o el interés particular: con el Gobierno de uno solo, la monarquía o la tiranía; con el Gobierno de varios, la aristocracia o la oligarquía; con el Gobierno de todos, la república o la democracia” (ARISTÓTELES, 1988, pág. 15) [Referencias de la traducción al griego: Henry George Liddell, Robert Scott, A Greek-English Lexicon, on Perseus Digital Library].↵
- De esta manera queda definido el concepto de ‘crisis orgánica’ en su obra: “El golpe de 1930 fue la expresión de la crisis orgánica del Estado oligárquico. Una crisis orgánica que, como señala Gramsci (1966), implica la ruptura de las alianzas que unen a la clase gobernante en el Estado con las clases dominantes en la formación social. En otras palabras, una situación de crisis orgánica es aquella en la que no existe correlación entre la clase o fracción de clase que dirige el aparato de Estado y las clases o fracciones que detentan su hegemonía sobre el resto de las clases y grupos de la sociedad” (BORON, 2020, pág. 225).↵
- En clave de método pueden entenderse como dimensiones de análisis: “Esta aproximación implica una investigación en la interacción dialéctica entre las estructuras y los procesos económico-sociales y políticos; entre el sistema internacional y la dinámica interna de los países periféricos; y entre los intereses, valores e ideologías prevalecientes en la Argentina de esos años. En una palabra, la totalidad histórica requiere ser reconstruida teóricamente para que sea posible encontrar las pistas que nos permitan descifrar la complejidad del problema. Los cambios y las transformaciones que tuvieron lugar en el Estado son entendidas como el resultado de los conflictos y las alianzas establecidas por las fuerzas sociales y políticas más activas en sus intentos por controlar el poder del Estado de suerte tal que favoreciera y promoviera un modelo de acumulación que concordase con sus intereses” (BORON, La formación y crisis del Estado oligárquico-liberal en la Argentina, 1880-1930, 2020, pág. 255).↵
- Sobre el arraigo institucional de la tesis que presentamos, diremos que los marxianos y los marxistas del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe-IEALC se involucraron de maneras directas e indirectas en el desarrollo de esta investigación. Algunos de sus autores de vieja guardia quedan mencionados con sus obras, al ser referentes y estudiosos de los conceptos o acontecimientos que abordamos. Con las nuevas generaciones tendremos tiempo de enlazar estudios, leernos y controvertir con las diferentes percepciones de la realidad que concebimos entre esta esquina del trópico y el sur del continente. Uno de los documentos pendientes de escribirse que fueron consultados, fue un artículo del pensamiento político de Atilio Boron en diálogo con la interpretación de Aricó, o a secas con el escrito de Marx sobre Bolívar, en consulta personal no refirió ningún texto que pudiera tenerse en cuenta como análisis de este controvertido artículo, siendo él mismo un marxista teórico y un bolivariano práctico. ↵
- Hacemos referencia a la presentación de la siguiente compilación: Revista Pasado y Presente. Editado por Aricó, José y Portantiero, Juan C. Buenos Aires: Biblioteca Nacional, 2014. Tomos I y II. Presentaciones de Horacio González y Diego Sztulwark. Teniendo presente la publicación de Horacio Crespo En Torno a Cuadernos de Pasado y Presente, 1968-1983. Por lo cual, retomamos algunas notas de las clases impartidas en la Catedra Antonio Gramsci, en la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia, las sesiones I y II sobre “Antonio Gramsci en América Latina”, 2017-2018.↵
- El debate crítico puede leerse en los siguientes números: Cuadernos de las ediciones 34 y 36: Debate en la Unión Soviética entre 1924 y 1926, con textos de Trotski, Bujarín, Zinoviev y Stalin; Cuaderno 40: Modos de producción en América Latina; Cuaderno 29: Nicolai Bujarín Teoría económica del período de transición; Cuaderno 35: Rosa Luxemburg, Introducción a la economía política.↵
- Citado por Horacio Crespo (2010): ARICÓ, José, Entrevistas. 1974-1991, Presentación y edición Horacio CRESPO, Córdoba, Ediciones del Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba, 1999, pág. 49.↵
- Al respecto puede leerse la siguiente publicación de tesis doctoral: MASSHOLDER, Alexia (2014) El partido comunista y sus intelectuales. Pensamiento y acción de Héctor P. Agosti. Buenos Aires: Luxemburg.↵
- Las consultas sobre este documento fueron realizadas en una entrevista a Víctor Kot (2016) entonces Secretario Adjunto del PCA. La cual ha permanecido inédita. Se anexa en las entrevistas realizadas en el marco de la tesis doctoral. El documento al cual se hace referencia: Partido Comunista. Comité Central “Los comunistas y la nueva situación en la Argentina. Declaración del 25 de marzo de 1976”, Buenos Aires, sin mención editorial, 1976; es trabajado en: CAMPIONE, Daniel (2007) “La izquierda no armada en los años 70’ en Argentina. Partido Comunista, Partido Comunista Revolucionario, Partido Socialista de los Trabajadores”, 16 de junio, especial para ARGENPRESS, Buenos Aires.↵
- Sobre los análisis del bandolerismo latinoamericano, puede leerse el Prólogo que realiza Hobsbawn al trabajo de Sánchez & Meertens (1984) bandoleros, gamonales y campesinos, el caso de la violencia en Colombia (SANCHEZ & MEERTENS, 1984).↵
- Al respecto pueden leerse los siguientes trabajos: ALVARÉZ, Gustavo (2007) Mate cosido. El bandido de los pobres. Rosario: Prohistoria ediciones; CHUMBITA, Hugo (1991) “Alias Mate Cosido”. En: Revista Todo es Historia N.º 293, noviembre, Buenos Aires.↵
- Sobre Regis Debray, es bueno tener en cuenta la alusión que refiere Aricó respecto a su opinión sobre la cuestión de la interpretación de Marx en América Latina: “Es indiscutible que la escasa atención que Marx y Engels prestaron a América Latina, por algunos autores definida más bien como soberana indiferencia, debió gravitar ‘pesadamente sobre el destino teórico del continente en el seno de la tradición socialista’, y que ‘su inepto panfleto contra Bolívar o su elogio algo apresurado de la invasión de México por los yanquis’ no podían resulta de mucha ayuda a sus discípulos en la tarea de ubicarse adecuadamente en el terreno del reconocimiento nacional latinoamericano [Régis Debray, La crítica de las armas, México, Siglo XXI, 1975, t. 1, p. 37]” (ARICÓ, Marx y América Latina, 2010 [1980], pág. 82).↵
- Al respecto leer: LIZARRAGA, Fernando (2016) Marxistas y liberales. La justicia, la igualdad y la fraternidad en la teoría política contemporánea. Buenos Aires: Editorial Biblos↵
- Sobre estas cuestiones existe una abundante tinta en la Argentina, tomo la recomendación de la Sociología de la Cultura de Karl Manheim como posibilidad de dejar una bibliografía historiográfica que permita al lector sentido en esta frase, profundizar en los trabajos de investigación que se han dedicado a la materia. Un artículo que aborda la izquierda no armada: CAMPIONE, Daniel (2007) “La izquierda no armada en los años 70’ en Argentina. Partido Comunista, Partido Comunista Revolucionario, Partido Socialista de los Trabajadores”. 16 de junio, Buenos Aires: Especial para ARGENPRESS. Mencionar además las publicaciones de los diálogos previos a la fusión Montoneros-FAR, entre la FAR y el ERP. Por ejemplo, la publicación “Reportaje al ERP” en Cristianismo y Revolución N.º 27 (Ene.-Feb. 1971). Como también las publicaciones posteriores: Reportaje a la guerrilla argentina: “FAR: los de Garín”; “Montoneros: el llanto del enemigo”; “FAL: el marxismo en la cartuchera”; “FAP: con las armas en la mano” en la edición de Cristianismo y Revolución N.º 28 (Abr. 1971). El análisis respectivo ha correspondido a trabajos como los siguientes: CAMPOS, Esteban (2016) Cristianismo y revolución. El origen de Montoneros: violencia, política y religión en los 60. Buenos Aires: Edhasa. Un trabajo más reducido CAMPOS, Esteban (2016) “Clases sociales, ideología y cuestión nacional en el debate entre las FAR y el PRT-ERP en Argentina”. En: Revista Tempo e Argumento, vol. 7, núm. 16, 2015. Universidade do Estado de Santa Catarina. Los estudios propios de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires sobre la materia deben ser de amplio conocimiento en los primeros lectores de esta investigación. Una acotación selectiva del “Seminario: los intelectuales del partido comunista” a cargo de Julio Bulacio (2017) en el departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA): AGUILA, G. (2019). La Izquierda Argentina, Entre La Dictadura Y La Transición Democrática: Notas Para Su Estudio. Revista De Historia Social Y De Las Mentalidades, 23(2), 277-304. https://doi.org/10.35588/rhsm.v23i2.4109; CARNOVALE, Vera (2011) Los combatientes: historia del PRT-ERP. Buenos Aires, Siglo XXI, 2011, 310 páginas; CALIFA, Juan Sebastián (2015) Del Partido Comunista al Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria en la Argentina de los años sesenta. Una escisión con marca universitaria. Buenos Aries: CONICET; AGOSTI, Héctor P.: “Los problemas de la cultura argentina y la posición ideológica de los intelectuales comunistas”, Cuadernos de Cultura, mayo de 1956, número 25; ARICÓ, José: “Marxismo versus leninismo?” en Cuadernos de Cultura N° 33, diciembre de 1957; BULACIO, Julio: “Intelectuales, prácticas culturales e intervención política. Alcances y límites de la experiencia gramsciana dentro del PCA”, en Biagini, Hugo – Roig, Arturo, El pensamiento alternativo en la Argentina del Siglo XX Biblos, 2006; CATTARUZZA, Alejandro: “Visiones del pasado y tradiciones nacionales en el PCA (1925 – 1950).” Contracorriente Vol. 5, N° 2. 2008, pp. 169 – 195; CAMARERO, Hernán: “Tras las huellas de una ilusión: el Partido Comunista argentino y el planteo del Frente Democrático Nacional (1955 – 1963)”, en Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda. Buenos Aires, Año III, N° 5, septiembre de 2014. pp. 31 -50; GEORGIEFF, Guillermina: “El campo marxista a partir de 1955” y Nación y cultura: el drama argentino en el pensamiento de Héctor P. Agosti” en Guillermina Georgieff: Nación y revolución. Buenos Aires, Prometeo, 2008. pp. 70 -85 y 119-125; JAUREGUI, Aníbal: “El peronismo en los debates del Partido Comunista Argentino: 1945- 1953.” Contracorriente Vol. 9, No. 3, Spring 2012, 22-40. www.ncsu.edu/acontracorriente; NADRA, Alberto: “La otra orga: el desconocido aparato militar del PCA” en Alberto Nadra: Secretos en rojo. Buenos Aires, Corregidor, 2015, 25-40; PONCE, Aníbal: “Los deberes de la inteligencia” en Aníbal Ponce: Obras Completas, Buenos Aires, Cartago, 1974, Tomo III, pp. 167 -176. ROT, Gabriel: “El Ejército Guerrillero del Pueblo” en Gabriel Rot: La primera guerrilla argentina. Buenos Aires, El cielo por asalto, 2000, pp. 99-124; ROSSANDA, Rossana: Los intelectuales y la Unión Soviética. Barcelona, Anagrama, 1974. pp. 35-62; TORTTI, María Cristina: “Debates y rupturas en los partidos Comunista y Socialista durante el frondizismo”. Prismas (6), 2002, pp. 265-274; TORTTI, María Cristina y Mauricio Chama: “Los nudos político-intelectuales de una trayectoria. Entrevista a Juan Carlos Portantiero”. En Cuestiones de Sociología, 2006 (3). ISSN 2346-8904. http://www.cuestionessociologia.fahce.unlp.edu.ar; VAZEILLES, José Gabriel: “El caso del Partido Comunista” en José G. Vazeilles: La izquierda argentina que no fue. Buenos Aires, Biblos, 2003.↵
- En específico Aricó dedica un libro a la recepción de Gramsci en el continente, ampliando entre otros, estos acontecimientos: La cola del diablo, itinerario de Gramsci en América Latina [ARICÓ, José (1988) La cola del diablo, itinerario de Gramsci en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI]↵
- Sin embargo, el reconocimiento de Aricó no fue leído de la misma manera por los intelectuales de su tiempo: “El razonamiento contiene implícitos dos supuestos sobre los que se asienta la posibilidad de unidad teórica y política del momento ‘nacional’ y del momento ‘social’: una teoría del progreso social y europea semejante a la anteriormente derrotada en 1848. Lo cual explica por qué la lucha nacional debía estar subordinada a un objetivo que era siempre y en todas partes el mismo: la lucha del proletariado por la liberación de todos los oprimidos. Estos dos supuestos eran a su vez admisibles sólo a condición de exceptuar del análisis el postulado esencial de todo el edificio: el reconocimiento de la universalidad del proletariado en cuanto que realidad fundante del sistema teórico marxiano expuesto en El Capital. En este reconocimiento se instala, sin duda, el nudo problemático y el origen de las contradicciones y de las continuas oscilaciones del movimiento socialista en la consideración del hecho nacional” (ARICÓ, Marx y América Latina, 2010 [1980], págs. 127-128)↵
- El valor de esta nota en esta investigación ha sido inconmensurable: “Nota 20. ¿No es hora ya de que la cultura de izquierda tenga la misma sensibilidad por estos fenómenos ‘anómalos’ que la que siempre caracterizó a los intelectuales ‘reaccionarios’? Desde esta perspectiva resultaría de extrema importancia una relectura verdaderamente crítica de todo el pensamiento conservador latinoamericano, que, me atrevería a adelantar, supo ver con mayor lucidez que la izquierda los vastos conos de sombras de nuestras sociedades” (ARICÓ, Marx y América Latina, 2010 [1980], pág. 279).↵
- Asunto que surge precisamente de mencionar a los economistas rusos “Bulgákov o Tugan-Baranovski, máximos exponentes de una escuela económica rusa, adversa al populismo” (ARICÓ, 2017, pág. 151).↵
- El Golpe de Estado a Yrigoyen en 1930; la confrontación de la ‘Concordancia’ versus la ‘Unión Democrática [radicales, socialistas y comunistas]” entre 1930 y 1943; la “Revolución nacionalista” de 1943 que llevó al primer Gobierno de Juan Domingo Perón 1946-1952, y el segundo Gobierno 1973-1974 que, con la Masacre de Ezeiza, el 20 de junio de 1973, había puesto en descubierto el máximo accionar represivo del peronismo [VERBITSKY, Horacio (1985). Ezeiza. Buenos Aires: Editorial Contrapunto]. Le siguieron los Gobiernos autoritarios de Juan Carlos Onganía (1966-1970), el de Roberto Marcelo Levingston (1970-1971) y el de Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973). El Golpe final lo dio la dictadura militar del General de brigada Jorge Rafael Videla, 1976-1981.↵
- El carácter represivo de las facciones militares de ‘azules’ y ‘colorados’ está documentada en la historia argentina, en Portantiero (1963) alude a una interpretación a partir del siguiente extracto: “En las condiciones de crisis de las estructuras políticas institucionalizadas y de agravamiento de la tensión social entre la burguesía y el proletariado, ese papel político lo asumen -como en 1943- grupos de las fuerzas armadas. A partir de ahí surgen dos nuevos ‘partidos políticos’ como la representación más importante de la contradicción entre los grupos dominantes: ‘azules’ y ‘colorados’” (PORTANTIERO, Política y clases sociales en la Argentina actual, 1963, pág. 22).↵
- Sobre el conservadurismo político puede analizarse la obra de María de los Ángeles Yannuzzi sobre los autores de las élites políticas [YANNUZZI, María de los Ángeles (1993) Intelectuales, masas y élites: una introducción a Mosca, Pareto y Michels. Rosario: Universidad Nacional de Rosario]. Un artículo breve que puede introducir el tema refiere a “El rol de los elementos no-racionales en la construcción democrática” [YANUZZI, María De Los Ángeles (2010) «El rol de los elementos no-racionales en la construcción democrática», en: ESTUDIOS SOCIALES, Revista Universitaria Semestral, año XX, N.º 39, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral, segundo semestre, pp. 25-45].↵
- Entendiendo que: “ya en el trienio 1943-45 el valor neto de la producción industrial superaba, en el conjunto de la renta nacional, al producido por el sector agropecuario, el cual, desde hacía años, había entrado en un periodo de crisis, irrecuperable dentro del sistema. Este dato económico necesitaba encontrar equivalencias al nivel de la hegemonía de la sociedad política” (PORTANTIERO, Política y clases sociales en la Argentina actual, 1963, pág. 20).↵
- Realmente es Lenin [V.I. Lenin (1960) ‘situación revolucionaria’, en Obras Completas, tomo XXI, pág. 211-12. Buenos Aires] leído por Gramsci, en la interpretación de Portantiero, una extraordinaria interpretación de una situación concreta: “La necesidad crea el nivel económico-corporativo; es decir, expresa las condiciones objetivas de una ‘situación revolucionaria’. Pero en la medida en que esa necesidad no se haga [consciente], las condiciones objetivamente revolucionarias solo podrán sostener posiciones políticas reformistas” (PORTANTIERO, 1963, pág. 23; 1973, pág. 40).↵
- El proyecto desarrollista de Frondizi trató “de articular una política que mantuviera, simultáneamente, los niveles de protección para el capital nacional, que siguiera transfiriendo ingresos a la burguesía agraria y que garantizara altos beneficios para el capital monopolista” (Portantiero, 1973, pág. 43).↵
- En 1962: “los primeros pasos del régimen militar posfrondizista parecieron marcar una resurrección de la gran burguesía agraria. Duró poco: el ministerio de Economía de Federico Pinedo, en 1962, fue como el último estallido victorioso de una ofensiva de la vieja ‘oligarquía’” (Portantiero, 1973, pág. 44)↵
- Respecto a las relaciones de los comunistas con el Gobierno de Arturo Illia, es pertinente tener en cuenta las publicaciones de José Aricó “El peronismo y los problemas de la izquierda argentina” (ARICÓ, 2017, págs. 101-114), en la cual refiere las relaciones del peronismo y los comunistas según las siguientes fuentes: PORTANTIERO, J. C. (1964) “Un análisis ‘marxista’ de la realidad argentina” en Pasado y Presente (Córdoba) N° 5-6: 82-86, abril-septiembre; CODOVILLA, V. (1962) “Informe al Comité Central del PCA”, 21 y 22 de julio (s/d); CODOVILLA, V. 1972 (1964) Trabajos escogidos (Buenos Aires: Anteo) T. 1 y 2.; Di ROBBIO, E. (1965) “s/d” en Marcha (Montevideo) N° s/d, 17 de septiembre; MARIANETTI, B. (1965) Argentina. Realidad y perspectivas. Buenos Aires: Platina.↵
- En la periodización es relevante mencionar las fechas que marca en las actuaciones de Golpes de Estado en la Argentina: “en 1966, como antes en 1930 y en 1943, fueron las Fuerzas Armadas quienes, encaramándose en el proceso de desarrollo del capitalismo, disolvieron las estructuras políticas anteriores y se transformaron en dinamizadoras de la nueva etapa” (Portantiero, 1973, pág. 42). La pareja ‘Onganía-Krieger Vasena’ representaron al ‘capital monopolista’: “En esa etapa, efectivamente, el predominio del capital monopolista se transformó en hegemonía dentro del bloque dominante, y el capital nacional y la burguesía agraria debieron supeditarse políticamente a él. Ello se logró a través del establecimiento de una nueva fórmula de poder que arrasó con el régimen de partidos y lo suplantó con una coalición entre las Fuerzas Armadas y el Establishment, a la que se intentó agregar a la Burocracia Sindical” (Portantiero, 1973, págs. 41-42).↵
- La carrera diplomática-militar de Roberto Marcelo Levingston, sería un tema de investigación para un investigador versado en la materia, al momento de ser nombrado por la Junta Militar era “agregado militar en la embajada argentina en Estados Unidos” y “delegado del Ejército ante la Junta Interamericana de Defensa” [NICANOFF, Sergio y RODRÍGUEZ, Sebastián (2019) “Argentina. A 50 años del Cordobazo (III) / La “Revolución Argentina” y la crisis de la sociedad posperonista: 1966-1973”. En: Resumen Latinoamericano, 29 de mayo. Disponible en: https://www.resumenlatinoamericano.org/2019/05/29/argentina-a-50-anos-del-cordobazo-iii-la-revolucion-argentina-y-la-crisis-de-la-sociedad-posperonista-1966-1973/]↵
- Es muy posible que sean mucho más complejas las alianzas de clases de las elecciones del 11 de marzo de 1973, respecto las fuerzas sociales socialistas que apoyaron a Cámpora: “hoy [1973], en la escena política vuelven a dominar los desalojados en 1966, con lo que la situación de crisis orgánica que provocó el estallido de la ‘Revolución Argentina’ sigue en pie, agravada para el capital monopolista por la participación que en el bloque político triunfante el 11 de marzo tienen fuerzas que representan abiertamente tendencias socialistas, fuerzas cuya movilización fue decisiva para la victoria electoral, pero cuyo nivel de organicidad es aún bajo” (Portantiero, 1973, pág. 41).↵
- Inicia el documento con la siguiente secuencia metodológica: “Estas notas forman parte de un intento por fundar, a partir del materialismo histórico, la relación específica que se plantea, en la Argentina actual, entre el desarrollo de las contradicciones en el nivel económico-social y el nivel político-social” (Portantiero, 1973, pág. 31) Además, tiene en cuenta que “Todo análisis de coyuntura es análisis de una relación entre fuerzas dominantes y dominadas, en que el movimiento de unas supone el desplazamiento de otras” (Portantiero, 1973, pág. 39).↵
- Entendido como: “Una alianza de clases supone una articulación de clases y fracciones de clase que el observador establece como ‘necesaria’, al margen de la voluntad de los actores, a través de la adjudicación de ‘intereses objetivos’ en términos de la contradicción en el nivel de la estructura de una formación económico-social. Las clases y fracciones así agrupadas conforman, por lo tanto, un específico ‘campo de interés’” (PORTANTIERO, 1973, pág. 32)↵
- En su lugar: “El bloque de fuerzas supone, en cambio, un complejo proceso de constitución en el que interviene la conciencia y la voluntad de los actores sociales. Su escenario es la política y su objetivo el poder; allí, las clases sociales (y aun otros grupos que no podrían ser definidos rigurosamente como tales) actúan a través de fuerzas sociales, es decir, como producto de un intercambio entre objetividad y experiencia, entre estructura y superestructura, entre posición objetiva y organización voluntaria” (Portantiero, 1973, pág. 32)↵
- Sobre los debates de la ‘última instancia’ puede tenerse presente que aparecerán en distintos momentos del desarrollo de la investigación, al final, realizamos algunas observaciones respecto a cómo esta ha operado en el bloque hegemónico colombiano según lo postulado por ALTHUSSER, Louis. (2004) La revolución teórica de Marx. México: Siglo XXI. En la publicación de Portantiero (1973) hace referencia al “predominio de la fracción monopolista en el terreno de la economía supone la apertura de una nueva etapa que fija las leyes generales de movimiento y constitución de las fuerzas sociales, al redefinir los campos de interés común de las clases. Lo que interesa ver, precisamente, es la forma de pasaje entre dominio económico y hegemonía política, de modo tal, que lo económico funcione efectivamente en el análisis como ‘determinación en última instancia’, es decir, como serie de parámetros que fijan los límites de variación posible de las relaciones de fuerza en los planos político e ideológico” (Portantiero, 1973, pág. 33). En un artículo Manuel Alcántara Sáez (1984), refiere la fórmula de la siguiente manera: “Para perpetuar las estructuras tradicionales de la sociedad, el surgimiento de una alianza entre los partidos conservadores y el Ejército fue respuesta que se suscitó y que dio paso a la llamada «década infame». | Este era el comienzo de la crisis que, hasta finales de 1933, definiría la vida política. argentina: la intervención sistemática del Ejército como columna vertebral del país, al que se acude en última instancia para reparar la quiebra del Estado decimonónico, y que, en el deterioro de su función antinatural, se desgasta fútilmente” [cursiva puesta] (ALCANTARA SAEZ, 1984, pág. 256).↵
- Entre 1966-1969 puede entenderse que “la homogeneidad de la coalición Fuerzas Armadas – ‘Establishment’ fue casi perfecta y el papel adjudicado a la Burocracia Sindical era el de la subordinación: en la medida en que mantuviera la desmovilización de los trabajadores podía obtener, como categoría, concesiones aisladas, frutos de la corrupción que el poder prodiga” (Portantiero, 1973, pág. 53).↵
- El contenido del ‘Gran Acuerdo Nacional’ consistía en: “El objetivo es reconstruir el poder del Estado para todas las fracciones de las clases dominantes, otorgándole al sistema político el máximo posible de consenso, con el reaseguro de las Fuerzas Armadas a fin de garantizar, a través de la violencia, el control de la movilización. Este es el sentido del ‘Gran Acuerdo Nacional’ proyectado, en nombre de la Seguridad del sistema, por los altos mandos de las Fuerzas Armadas. El modelo económico pasa a segundo plano frente al modelo político: interesa la Seguridad, a través de ‘unir a los adversarios y combatir a los enemigos’, por encima del Desarrollo” (Portantiero, 1973, pág. 61).↵
- Años después. La “política de no represión” fue sostenida en la Argentina durante el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007), el conflicto del campo en 2008 y las tensiones continentales hicieron virar esta política, con la promulgación de la Ley Antiterrorista N°. 26.734, sancionada por el Congreso Argentino el 13 de junio de 2007, reformada y promulgada el 27 de diciembre de 2011 en el Gobierno de Cristina Fernández (2007-2015).↵
- Este viejo problema con nuevas soluciones persiste en la Argentina: “Hacia los años 60 esa doctrina cambia. Tras un período de ‘vacío’ en que las Fuerzas Armadas se desintegran en pugnas internas, un nuevo proyecto, cuyas condiciones organizacionales son planteadas por los llamados ‘azules’ en 1962-63, reemplaza al anterior como dador de sentido para el comportamiento militar. La interconexión entre Seguridad y Desarrollo será desde entonces la nueva clave estratégica presentada por los militares como ‘empresa nacional’.
El enemigo se ha ‘interiorizado’; el enfrentamiento básico tiene lugar dentro de las fronteras y la ‘guerra subversiva’ es el nuevo tema de preocupación. La función principal de las Fuerzas Armadas es garantizar la Seguridad dentro de las fronteras. A partir de esto, si se mantiene el énfasis sobre la necesidad de crecimiento industrial -porque éste es un respaldo, al disipar tensiones sociales, de la seguridad- pasa a segundo plano el principio de control nacional sobre las decisiones económicas; no importa tanto quién dirige el desarrollo; lo decisivo es que la nación se modernice” (Portantiero, 1973, pág. 50).↵ - “Si desde la perspectiva de los asalariados el plan monopolista trae aparejada una política de ‘shock’ que desde sus primeros tramos rebaja brutalmente sus ingresos reales, en el interior de las clases dominantes la hegemonía de la fracción monopolista en la Argentina 1966 supuso una transferencia en la distribución de la plusvalía en perjuicio de la burguesía pequeña y mediana y de la llamada ‘oligarquía agropecuaria’, proceso al que se superpuso un flujo constante de ingresos a favor del Litoral en detrimento del Interior” (Portantiero, 1973, pág. 46).↵
- Al respecto es oportuno tener en cuenta el siguiente pasaje de José Aricó: “Tucumán, Salta y Jujuy (zona de concentración de la industria azucarera y de otros productos) junto a varias provincias limítrofes (subsidiarias de las primeras, en cuanto ofrecen con su ejército de desocupados una mano de obra a buen precio, sometida a una dura explotación) componen el noroeste argentino, una zona que lleva adelante reivindicaciones particulares, dado que el desarrollo industrial que se produce fundamentalmente en el Gran Buenos Aires ha exacerbado hasta lo impensable los desequilibrios regionales” (ARICÓ, 2017, pág. 112).↵
- Respecto a la herida de muerte que ocasionan “los perjudicados” al “proyecto hegemónico monopolista”: “El plan monopolista organiza así una carrera contra el tiempo y su éxito o su fracaso dependen de la velocidad de movimiento de dos factores: el rechazo al proyecto por parte de los perjudicados y la recolección de los frutos del plan, para permitir los necesarios reajustes consensuales. En la Argentina el primer factor desbordó al segundo, obligando, desde mediados de 1969, a un repliegue del proyecto hegemónico monopolista, ante una convergencia de variables económicas, sociales y político-sociales del plan de los monopolios, que podían acompañar al ‘Establishment’ en la estructuración del nuevo proyecto hegemónico -las Fuerzas Armadas y la Burocracia Sindical- vacilaron frente a la marea de contradicciones concentradas: el ‘Cordobazo’ hirió de muerte a esta primera versión de la hegemonía monopolista” (Portantiero, 1973, pág. 47).↵
- El asesinato en Montevideo, Uruguay, de Daniel Anthony Mitrione, agente del FBI, responsable de accionar de seguridad de los Estados Unidos en América Latina, esta recreado en el filme État de Siège, una producción francoitaliana de 1972, Ganadora del Premio Louis Delluc 1972 (Costa-Gavras). Ganadora del premio Naciones Unidas otorgado por los premios BAFTA 1974. Nominada al premio Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa 1974.↵
- Esta es la referencia explícita al nivel ideológico: “El transformismo es la ideología de las Fuerzas Armadas; la fórmula político-social que asume, en esta etapa de la crisis argentina, la doctrina de la Seguridad. Es el modo ‘realista’ de la contra-insurgencia. Definimos en general al transformismo como un camino de salida para una situación de crisis orgánica en el que una de las fracciones dominantes propone un programa de mantenimiento del Orden que incluya la absorción de representantes de fuerzas dominadas. Esta absorción modifica las formas políticas de la dominación, pero no altera sus contenidos económico-sociales. Aunque utilice a cuadros reformistas para realizar sus fines, un sistema de tipo transformista intenta la superación de la crisis a través del rechazo de toda reforma orgánica” (Portantiero, 1973, pág. 62).↵
- Según la definición de la coyuntura de 1970-1973: “El reformismo sustentado en los Partidos Políticos y en la Burocracia Sindical, expresa, en cambio, más directamente intereses económico-sociales. Su contenido es maximizar las metas del capital nacional frente al modelo de neo dependencia, a través de una asociación con el Estado que ponga en marcha un programa nacional-desarrollista y que permita negociar la dependencia” (Portantiero, 1973, pág. 62).↵
- Al respecto: “Sólo el debilitamiento del Poder y la crisis política posterior al ‘Cordobazo’, que tenderán a aislar al ‘Establishment’ de las Fuerzas Armadas y a rehabilitar el peso de los Partidos Políticos y con él la influencia del viejo capitalismo urbano y rural, alentará nuevamente a la Burocracia Sindical. Para obtener un grado de consenso que ayude a dar salida a la crisis de 1970, cuando la violencia ‘pura’ se había mostrado insuficiente como garantía de desmovilización, la Burocracia Sindical es nuevamente convocada. Rota la coraza de coerción con que los militares habían protegido la hegemonía del capital monopolista, las otras clases dominantes subordinadas entran en la mesa de negociaciones; deben ser aceptadas como partes” [cursiva puesta] (Portantiero, 1973, pág. 53).↵
- Toda la alusión: ““De retorno al fracaso hegemónico del capital monopolista, el sindicalismo es hoy el principal soporte para poner en marcha cualquier programa reformista de dependencia negociada entre el capital monopolista y el capital nacional, cuyos actores sociales principales deberán ser los Partidos Políticos, las Fuerzas Armadas y la Burocracia Sindical. El principal soporte, porque el acuerdo deberá basarse, ya no en una desmovilización de las masas a través de la violencia desnuda, sino en la posibilidad de controlar la movilización existente, a partir de instrumentar formas reformistas que permitan un mínimo consensual” [cursiva puesta] (Portantiero, 1973, pág. 56).↵
- Esto refiere a las condiciones del ‘Gran Acuerdo Nacional’: “En el caso argentino actual este proceso se especifica. El transformismo de las Fuerzas Armadas, como acuerdo con la Burocracia Sindical y los Partidos Políticos, parece dispuesto a aceptar ciertas reformas económico-sociales. Sus ‘límites de tolerancia’ están básicamente en lo político, en el control de la movilización popular, en el manejo de la Seguridad. Las garantías que las Fuerzas Armadas exigían de las otras partes convocadas para el acuerdo, tuvieron un punto de arranque ‘máximo’ -la candidatura de Lanusse a la presidencia constitucional- y parecen tener ahora un punto de llegada ‘mínimo’: la coparticipación en el Poder, el control sobre la movilización a través de la violencia, la responsabilidad indelegable de garantizar la Seguridad contra ‘el enemigo interior’. Es a partir de esto y no de la adhesión, como lo fuera en 1966, a un modelo económico explícito, que las Fuerzas Armadas se transformen en representantes indirectos del mejor programa posible, en las condiciones actuales para los monopolios; en el estrato protector que éstos tienen si el resto de las clases dominantes intenta aprovechar la movilización popular para recuperar posiciones perdidas en el sistema económico” [cursiva puesta] (Portantiero, 1973, pág. 62).↵
- Este trabajo “Estudios sobre los orígenes del peronismo” fue analizado según las categorías de investigación en la tesis de maestría: PARDO MONTENEGRO, L. (2016) Reconfiguración del bloque hegemónico colombiano, 2002-2012. Tesis de Maestría en Estudios Políticos: Rosario: Universidad Nacional de Rosario-UNR, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.↵
- Sobre la servidumbre cristiana italiana, una referencia que no viene en los estándares académicos. Puede entenderse esta alusión al trabajo que realizó el sacerdote Adolfo Barberis, hasta su muerte en 1967). Italiano católico, fundador de las Hermanas de la servidumbre cristiana. Barberis se desempeñó como asistente del arzobispo de Turín desde 1906 hasta la muerte del cardenal en 1923, momento en el que trabajó durante algún tiempo como profesor. Ver: Adolfo Barberis. En: https://es.qaz.wiki/wiki/Adolfo_Barberis#References [Visto 11.02.2021]. Estudios formales pueden profundizarse en los siguientes trabajos: REDIGOLO, G. (1997). Mons. Adolfo Barberis: L’arte del servizio. Vita consacrata, 33(3), 342-350; GLOSSNER, M. 1. (1980). Alberto Barberis: Abozzo bio-bibliográfico. Divus Thomas, 83(4), 323-343. ↵
- Investigaciones que se siguen adelantando en el sentido de la develación de las relaciones entre capital externo y Estado. Dejamos mencionadas una muestra de las investigaciones que siguen su curso: las “vinculaciones entre grandes empresas industriales y Fuerzas Militares durante la última dictadura militar de Argentina”: BASUALDO, Verónica (2006) “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina: Los casos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes Benz”. En: Revista Engranajes, Suplemento Especial. Buenos Aires: Centro de Estudios y Formación Sindical (FETIA). Desde los análisis gramscianos: GAGGERO, Alejandro (2013) La Desaparición De Los Grupos Económicos Nacionales De La Cúpula Empresarial Argentina Durante La Década De 1990. Los Casos De Gatic, Astra Y Soldati. En: H-industria@, vol. VII p. 1 – 32. Buenos Aires↵
- En sus palabras pueda entenderse mejor: “Además, adoptamos el supuesto de que el modo en que se vinculan el Estado y la economía expresa necesariamente las relaciones e influencias recíprocas entre el poder político y el poder económico. Esto quiere decir que el examen de los contenidos ideológicos y prácticos de la política económica gubernamental puede aclarar la manera en que se organizan, funcionan y se transforman las relaciones de dominación (política) y de apropiación (económicas) en la sociedad brasileña. En ese sentido, entonces, el análisis de los contenidos ideológicos y prácticos de la política económica gubernamental puede aclarar algunos aspectos importantes de las relaciones entre el Estado y la sociedad” (IANNI, 1971, pág. 11). Las preguntas de investigación que formula dan cuenta de la orientación de su investigación “de qué manera surge y se desarrolla la tecnoestructura estatal, como manifestación de las relaciones entre el Estado y la economía […] cómo las exigencias de la política económica estatal provocan el surgimiento y la expansión de la tecnoestructura estatal, por medio de la cual se expresa y materializa la hipertrofia del Poder Ejecutivo” (IANNI, 1971, pág. 12).↵
- Esta diferencia la notaron Weffort & Quijano (1973) de la siguiente manera: “La primera y fundamental diferencia de formación histórica del Brasil, comparando con varios países de tradición española, está en que el modo de incorporación de Brasil en el siglo XIX en el sistema capitalista contemporáneo de la Revolución Industrial, se encuentra radicalmente influido por el hecho de haber sido en los siglos anteriores la parte central del sistema colonial portugués. Ningún otro país de habla castellana será, en este sentido, más diferente del Brasil que la Argentina, que permaneció como área marginal en el interior del sistema español durante buena parte del período colonial” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 25).↵
- Una revolución a causa de la pérdida del capital externo: “como observa Celso Furtado la reorientación de la economía brasileña para la industria dependerá más de algunas circunstancias estrechamente asociadas a los efectos internos de la crisis de origen externo que a una política industrialista consciente. La política económica del Gobierno que sucede al régimen oligárquico esencialmente en la transferencia para el conjunto de la población del país, las pérdidas que la crisis provoca en la economía de la exportación del café [Celso Furtado (1964) Dialetica do desenvolvimento, Brasil: FCE]” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 82). En otras palabras: “Como señala Fernando Henrique Cardoso, basado en una investigación realizada en 1962/63, la burguesía industrial se aprovechó de la nueva situación creada por la decadencia agraria, pero no asumió las responsabilidades políticas correspondientes [Fernando Henrique Cardoso (1964) Empresario industrial e desenvolvimento económico. Brasil: Dirección Europea del libro, Pág. 168]” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, págs. 82-83).↵
- A este tema se dedica la investigación de Weffort & Quijano (1973) los pasajes que podíamos aludir son abundantes, tomamos el siguiente como muestra: “la crisis del régimen oligárquico, del cual los sectores medios aparecen como co-protagonistas, no significó de ningún modo el fin de la oligarquía a través de la instauración de un nuevo régimen que se pudiese considerar como pleno sustituto del anterior. De este modo, el examen de las condiciones de la emergencia política popular nos remite a la consideración de las estructuras oligárquicas en la etapa en que se inicia su crisis” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 51). Entendiendo que estos autores alcanzan a suponer este mismo fenómeno en Colombia, aludiendo un ‘sistema populista’ en “la figura de Gaitán y también en cierto sentido, el Gobierno de Rojas Pinilla en Colombia” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 24).↵
- Realmente lo que dicen es que: “La oligarquía en decadencia perdió la hegemonía política y a partir de entonces se hizo representar por líderes venidos de otras clases, en general de la clase media y preferentemente militar; las clases populares en ascenso no pudieron expresar claramente qué aspiraban, si sólo incorporarse al status quo o transformarlo, y en general, estuvieron subordinadas en alianzas con líderes y grupos de otras clases” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 75).↵
- Tenerse en cuenta que en 1922 se fundó el Partido Comunista de Brasil. Sobre los sucesos de 1922 Weffort & Quijano (1973) hacen la siguiente mención: “heroico y trágico episodio de 1922, cuando poco más de una decena de jóvenes militares, después de fracasados sus planes de insurrección, y con la certeza de una derrota inevitable, se deciden por una muerte ejemplar en una lucha absolutamente desigual mantenida con las fuerzas del régimen en la capital del país. Es el mismo estilo, con la misma grandeza humana, que encontraremos presente en la marcha de la columna Prestes que después de recorrer en combates sucesivos más de 20.000 kilómetros del interior del país, fue finalmente obligada a recurrir al exilio. Es la rebeldía que aún no encontró su camino político autónomo” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 88).↵
- La lección de porqué del uso del aparato represivo del Estado no puede surgir una revolución de izquierda esta consignada en un artículo de Regis Debray publicado en el segundo año de la Revista Pasado y Presente. La mención que realiza González (2014) sobre el alzamiento armado de Carlos Prestes es el caso que refiere Debray (1965) para dejar en claro la tendencia a los Golpes de Estado de las derechas e izquierdas latinoamericanas: “La violencia organizada pertenece a la clase dominante: el Golpe de Estado que manipula esta violencia está condenada a llevar la marca de dicha clase. Prestes en 1930 (Manifiesto de mayo de 1930) se negó a sostener a Vargas, un ‘tenente’ como él, sostenido por casi todo el movimiento ‘tenentista’ nacido de las insurrecciones de izquierda de 1920, 1922, 1924, y de la misma ‘columna Prestes’: el método empleado por Vargas y sus gauchos para tomar el poder indicaba por sí mismo la naturaleza reaccionaria del futuro ‘Estado Novo’. Cinco años más tarde el mismo Prestes, a su regreso de Moscú, organizó una insurrección militar localizada independiente de todo movimiento de masas pero en conveniencia con algunas altas personalidades del poder establecido (como el prefecto del distrito federal de Río); el putsch terminó en un desastre; Prestes es puesto en prisión, su mujer Olga enviada a un campo de concentración alemán y el P. C. entra en una clandestinidad de diez años. Esto nos muestra hasta qué punto la tentación del Golpe de Estado o de la insurrección militar es fuerte hasta en la izquierda revolucionaria” (DEBRAY, 1965, pág. 123).↵
- En la historia oficial del Partido Comunista Brasileiro-PCB puede ubicarse la siguiente referencia: “El PCB hará parte del Frente Nacional Antifascista con un proyecto de desenvolvimiento democrático, antimperialista y anti-latifundista. A la vez orientan la Alianza Nacional Libertadora (ANL), de la cual Luis Carlos Prestes (comunista General de las Fuerzas Militares de Brasil) y antiguos tenientes insatisfechos con el Gobierno Vargas, organizaron el movimiento insurreccional de 1935. Alcanzaron a tomar los cuarteles de Rio Grande del Norte, Pernambuco e Rio de Janeiro, antes de ser desarticulados por el Gobierno”. Además, es preciso hacer la siguiente claridad, “en el V Congreso del PCB (1960) fue modificado el nombre del ‘Partido Comunista de Brasil (PCB)’ con el cual se había identificado al Partido desde 1922, por el nombre de ‘Partido Comunista Brasileiro-PCB’. El ‘Partido Comunista de Brasil (PCB)’ registra desde 1962 como una tendencia de los comunistas que entraron en discordia en el proceso de “desestalinización”, variando su línea político-ideológica años después hacia el maoísmo” [traducción propia tomada de la página oficial www.pcb.org.br].↵
- Puede entenderse la siguiente posición: “Es verdad, los Gobiernos como los de Perón y de Vargas son, en rigor, antiliberales y antisocialistas al mismo tiempo. Y como si esto no fuera suficiente, son capaces de ‘usurpar’ los objetivos que ‘normalmente’ podrían atribuirse unos a los liberales y otros a los socialistas, tales como la lucha contra la oligarquía, la formación de una burguesía urbana y la intensificación del desarrollo industrial, la expansión del sindicalismo y el liderazgo del comportamiento obrero, etc.” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, pág. 21).↵
- Es la hipótesis que sostienen Weffort & Quijano (1973): “el cuadro de la crisis de la hegemonía de los sectores de la agricultura del café que conduce a la división de la clase dominante, que Minas Gerais, pieza fundamental del régimen, rompe sus tradicionales alianzas con San Paulo y pasa al campo de la oposición integrándose en la Alianza Liberal junto a la candidatura de Vargas” (WEFFORT & QUIJANO, 1973, págs. 85-86).↵
- Tras los alzamientos armados contra el Gobierno de 1935 y la desestabilización de las derechas organizadas desde 1930 en la Acción Integralista Brasileña [‘integralistas’] que actuarían en 1938: “el grupo reunido alrededor de Getúlio Vargas dio el golpe de Estado del 10 de noviembre de 1937 e instauró la dictadura, con la denominación de Estado Nuevo (Estado Novo)” (IANNI, 1971, pág. 24). Un giro hacia el intervencionismo en la economía: “la Constitución de 1937, aprobada por la dictadura establecida con el Estado Nuevo bajo la dirección de Getúlio Vargas, conservó las mismas características nacionalistas e intervencionistas. Sin embargo, fue más explícita al enunciar la posibilidad de actuación del poder público en cualquier esfera de la economía” (IANNI, 1971, pág. 47).↵
- Brasil se estableció según los intereses de la burguesía industrial como aliado de Estados Unidos: “las exigencias de la economía de guerra de las «naciones aliadas» (entre ellas Brasil y Estados Unidos) crearon nuevos estímulos para la obtención y exportación de productos minerales y extractivos. En consecuencia, entre 1939 y 1945, se acentuó todavía más el crecimiento de las actividades productivas en el país. En realidad, durante todo el período 1939-1945, hubo un desarrollo real de las fuerzas productivas en Brasil. Ese fue, precisamente, el contexto económico dentro del cual fueron perfeccionándose la legislación laboral y la política obrera del Gobierno” (IANNI, 1971, págs. 42-43).↵
- Este tema lo profundiza en otra de sus obras: Octavio Ianni (1970) Imperialismo y cultura de la violencia en América Latina. México: Siglo XXI (IANNI, 1971, pág. 35).↵
- Entendiendo que fue un periodo de quince (15) años en los cuales se institucionalismo el derecho de organización sindical: “En 1943, toda esa legislación fue reelaborada, ampliada y sistematizada en la Consolidación de la Legislación Laboral. A partir de entonces, todos los aspectos más importantes de la organización y el funcionamiento de los sindicatos pasaron a depender directamente del Ministerio de Trabajo, Industria y Comercio. El ministerio legalizaba la existencia y el funcionamiento del sindicato, fiscalizaba las elecciones y hacia entrega de los cargos a los dirigentes electos. Como había dicho Getúlio Vargas en 1931, al enunciar los principios de la política obrera gubernamental, la nueva legislación del trabajo tenía por finalidad primordial hacer que las organizaciones sindicales «formasen parte de la organización política», convirtiéndolas en «elemento provechoso de cooperación en el mecanismo rector del Estado»” (IANNI, 1971, págs. 39-40).↵
- Al respecto: “En el plano del sistema económico y financiero, la guerra mundial de 1939-1945 colocó a Brasil frente a problemas como los siguientes. En primer lugar, se redujeron repentinamente las exportaciones de café, cacao, madera, naranja, banana, etc., debido al aislamiento de los más importantes mercados externos; por consiguiente, aumentaron desmesuradamente las existencias y bajaron los precios. En segundo lugar, comenzaron a escasear los productos importados, como el carbón, la gasolina, el aceite combustible, las máquinas, los metales, etc. En tercer lugar, se incrementó rápidamente la demanda de material bélico o de importancia para la movilización militar. Por último, se registró una corriente inflacionaria que agravó la situación económica y social de los asalariados urbanos, en especial del proletariado. Esa inflación se vio favorecida por el aumento de los gastos públicos y por la acumulación de divisas procedentes de la exportación de abastecimientos de guerra para Estados Unidos e Inglaterra. Vigente el régimen de control de cambios (en una época en que la importación no compensaba la exportación), el Gobierno brasileño se vio obligado a transferir grandes montos de moneda nacional de exportadores. En consecuencia, crecía desproporcionadamente la demanda en el mercado interno” (IANNI, 1971, pág. 49).↵
- Brasil “Al entrar en la guerra, asociándose y subordinándose a las directrices y la acción de Estados Unidos, el Gobierno brasileño se vio obligado a aceptar al mismo tiempo las condiciones y las consecuencias de esa colaboración subordinada. Por eso, las fuerzas económicas y políticas generadas y sustentadas por las relaciones de tipo imperialista se expandieron luego. En consecuencia, se organizó y desarrolló un movimiento contrario a la idea de industrializar y emancipar económicamente el país. En síntesis, el proyecto de capitalismo nacional no solo fue poco elaborado políticamente, sino que surgió en un contexto histórico por la redefinición de la hegemonía económica, política, militar y cultural de Estados Unidos” (IANNI, 1971, pág. 70).↵
- Se encuentra en múltiples menciones, la siguiente da la connotación: “Una transformación del carácter público nacional en un país no se revela de modo inmediato como producto de un cambio de situación recíproca de las capas sociales en que los prototipos que influyen sobre el pensamiento y los modos de conducta son creados por grupos directivos y élites llegados arriba poco a poco o de repente” (MANHEIM, 2010 [1936], pág. 12)↵
- Este autor predilecto por los investigadores de los “estudios comparados” decidimos no trabajarlo ni seguir sus métodos de investigación. Puede tener en cuenta la siguiente biografía académica: RAMADA CURTO, Diogo; DOMINGOS, Nuno; BANDEIRA JERÓNIMO, Miguel (2014) “Entre la moral y la razón: la sociología histórica de Barrington Moore”. En: Jr. Prismas – Revista de Historia Intelectual, núm. 18, junio, pp. 63-98, Universidad Nacional de Quilmes Bernal, Argentina.↵
- En este párrafo condensa su crítica: “En síntesis, a medida que aumentó la importancia del Estado para el conjunto del sistema económico, aumentaron también las necesidades referentes a la reunión de información, sistematización de datos, análisis de problemas, formulación de previsiones, adopción de decisiones, control de la ejecución y evaluación de resultados particulares y generales de planes, programas y proyectos. A mediad que se incrementó la importancia relativa y absoluta de la participación del Estado en la economía, se produjo una continua incorporación de consejeros, asesores, técnico, ingenieros, estadísticos y economistas a los organismos de formulación, ejecución y control de la política económica oficial. Poco a poco, se constituyó un ámbito muy especial del Poder Ejecutivo, que tenía las características de una nueva burocracia. Progresivamente, los funcionarios, consejeros, asesores, ingenieros, estadísticos, técnicos y economistas formaron una categoría espacial dentro del sistema político-administrativo (de tipo técnico-científico), que se contraponía al pensamiento político que tendía a predominar en otras esferas de poder, los integrantes de esa tecnoestructura estatal pasaron a representar una dimensión nueva e importante del Poder Ejecutivo [Nota 3. Sobre la importancia del pensamiento técnico-científico como instrumento de control social y cambio social controlado, véanse Karl Mannheim, Man and society in an age of reconstruction, Nueva York: Harcourt, Brace and Co., 1949, es. La 4ta parte (Thought al the level of planning) y Herbert Marcuse, One-dimensional man, Boston: Beacon Pres, 1966, esp. la 3a parte (One-dimensional thought)]” (IANNI, 1971, pág. 267).↵
- En las conclusiones de su obra puede leerse así: “De esta forma, la hipertrofia creciente del Ejecutivo (en detrimento del Legislativo) va a la par con la importancia cada vez mayor del grupo que compone esa nueva estructura burocrática. La hegemonía en aumento con el Ejecutivo (en condiciones dictatoriales o no) no se limita al proceso político. Solamente se puede explicar cuando se examina teniendo en cuenta la confluencia de las relaciones de dominación (políticas) con las de apropiación (económicas)” (IANNI, 1971, págs. 267-268)↵
- Se llevó adelante en el Gobierno dictatorial de Getúlio Vargas: “en 1940 el Gobierno brasileño estableció la Comisión Ejecutiva del Plan Siderúrgico Nacional para preparar el programa de construcción de una planta siderúrgica de grandes dimensiones. Luego, en 1942, se creó la Compañía Siderúrgica Nacional, que más tarde instaló la planta de Volta Redonda [El Decreto ley 3.002 del 30 de enero de 1941 promulgó el Plan Siderúrgico Nacional]” (IANNI, 1971, pág. 34).↵
- Entendiendo que las concesiones de explotación siderúrgica llevaban años en manos externas: “El problema siderúrgico ya se había planteado en el decenio de 1920 como uno de los dilemas fundamentales de la economía brasileña. Por un lado, la compañía inglesa Itabira Iron Ore Company monopolizaba los mejores yacimientos del país y gozaba del privilegio de exclusividad en la ruta ferroviaria desde Minas Gerais (donde estaban los yacimientos) al puerto de Vitória para la salida del mineral. Esto quiere decir que la empresa funcionaba dentro de los moldes típicos de un enclave, al provocar la exportación sistemática del excedente económico obtenido mediante la explotación minera” (IANNI, 1971, pág. 32).↵
- La extensión del fragmento permite visualizar aún más argumentos que en el siglo XXI han pasado a las voces de los movimientos sociales: “«En las naciones independientes, la responsabilidad de la defensa nacional incumbe a sus propios Gobiernos y a nadie más. Así como el Estado debe administrar cuarteles, fortalezas, barcos de guerra, bases aéreas, arsenales y fábricas militares, también debe ocuparse de la industria del petróleo […] | »En la explotación petrolera no podemos admitir la infiltración extranjera, cualquiera que sea la modalidad más o menos astuta con que se presente […] | »Dado el predominio del interés público en la industria petrolera en sus diferentes aspectos económicos, militares y políticos, a ninguna actividad le cuadra mejor la aplicación del artículo 146 de la Constitución, que permite al Estado monopolizar determinadas industrias o actividades»
[Exposición del general Horta Barbosa, ex presidente del Consejo Nacional de Petróleo, publicada en Documentos Parlamentarios (CIV), Petróleo, Rio de Janeiro: Directoria de Documentacao e Publicidade da Camara dos Deputados, 12 vols., 1958, vol. 5, págs. 189-197, cita tomada de las págs. 191-92 y 195. De hecho, al crearse Petrobras, se estableció en Brasil el monopolio estatal de las siguientes actividades: búsqueda y explotación de yacimientos petrolíferos y otros hidrocarburos líquidos y gases raros existentes en el territorio nacional; refinación de petróleo nacional y extranjero, y transporte marítimo de petróleo bruto de origen nacional y de derivados de petróleo producidos en el país, así como el transporte, por medio de tuberías, de petróleo bruto, sus derivados y gases raros de cualquier origen. Cf. Ley 2.004, sancionada el 3 de octubre de 1953]” (IANNI, 1971, pág. 113)↵ - La conexión no es directa con la planificación alemana o la planificación socialista soviética: “Es muy probable que la técnica de la planificación, como instrumento de la política económica estatal, haya comenzado a ser aplicada por el poder público en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Al menos, en esa época fue cuando la planificación pasó a formar parte del pensamiento y la práctica de los gobernantes, como técnica «más racional» de organización de la información, análisis de problemas, adopción de decisiones y control de la ejecución de políticas económico-financieras” (IANNI, 1971, pág. 45).↵
- Título de la publicación que realizaron los editores de Pasado y Presente en 1964. Otros escritos de los temas económicos que trabajo Ernesto Guevara (1988) se encuentran en la compilación que realiza Ernesto Chávez Álvarez en la Editorial de Ciencias Sociales de la Habana. Algunos títulos: “Conferencia en el Ciclo ‘Economía y Planificación’ de la Universidad Popular”; “Tareas industriales de la revolución”; “Discurso en el Seminario sobre la Planificación en Argelia”; “Sobre las tareas fundamentales de la industria y los trabajos de dirección”; “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”; “La banca, el crédito y el socialismo” (GUEVARA, 1988 [1964]).↵
- Es la aclaración metodológica que brinda: “El examen de las relaciones entre el Estado y la economía (teniendo en cuenta las diferentes políticas económicas gubernamentales) permite, incluso, apreciar algunas manifestaciones particularmente importantes de capitalismo monopólico, tal como este se constituyó en Brasil. De esta forma, no se trataría de examinar «la estatización de la economía brasileña» o «el capitalismo de Estado en Brasil». Lo que sí se puede hacer es verificar cómo el Estado desempeñó funciones decisivas (económicas y políticas) para el funcionamiento y la expansión del capitalismo monopólico, en condiciones de dependencia” (IANNI, 1971, pág. 13)↵
- Ianni (1971) realiza una salvedad frente a las distinciones con el ‘Estado oligárquico’: “Es evidente que el Estado oligárquico constituyó un tipo especial de Estado burgués. Sin embargo, corresponde hacer una distinción, en la medida en que el Estado oligárquico implicó una modalidad peculiar de organización del poder político-económico en términos de estructuras de dominación-subordinación. Obsérvese, por ejemplo, que estaba bastante condicionado por la economía primaria exportadora [Nota 1]” (IANNI, 1971, pág. 18).↵
- Sobre la Reforma de 1934: “La Constitución de 1934, por su parte, adoptó explícitamente principios nacionalistas e intervencionistas, en contraposición con la orientación liberal contenida en las Constituciones anteriores” (IANNI, 1971, pág. 47).↵
- Entendiendo lo siguiente: “Puesto que el Estado reconoce una situación privilegiada al Ejecutivo, al dotarlo de aparatos administrativos, órganos técnicos, personal y recursos, es inevitable que las decisiones parlamentarias solo se efectivicen (muchas veces reinterpretadas) mediante la actividad del Gobierno de turno” (IANNI, 1971, pág. 15). La “tecnoestructura puede considerarse la manifestación de una nueva etapa en el proceso de maduración del Estado capitalista. Precisamente en el ámbito de la tecnoestructura estatal se produce, en la forma más sistemática y eficaz, la conexión entre las relaciones y decisiones económicas y las políticas, y viceversa. En otras palabras, precisamente en el ámbito de la tecnoestructura se produce la metamorfosis de las estructuras económicas en políticas, y de estas en aquellas. Una vez más, en este aspecto aparece concretamente la hegemonía del Poder Ejecutivo, como esencia del Estado” (IANNI, 1971, pág. 15).↵
- En el siguiente pasaje, Ianni (1971) expone un nudo central de su argumentación: “El desarrollo económico capitalista, […], es un proceso de acumulación privada de capital. Comprende tanto la expansión cuantitativa como la diferenciación cualitativa del sistema económico. Es obvio que el desarrollo económico supone capital, fuerza de trabajo, tecnología y división social del trabajo, como fuerzas productivas principales. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esas fuerzas productivas no se organizan, desarrollan y reproducen solo a causa de la acción empresarial. Para comprender cómo pueden organizarse dinámicamente y desarrollarse, es necesario tener en cuenta también la acción gubernamental. En este ámbito se manifiestan y operan las condiciones «no económicas» indispensables para la organización y la reproducción de las fuerzas productivas.
En la práctica, solo hay desarrollo económico cuando una parte del excedente económico producido por los trabajadores (es decir, por el trabajo social productivo) se invierte productivamente. Sin embargo, esto ocurre cuando las relaciones y las estructuras políticas establecen y preservan las condiciones «no económicas» de producción, apropiación y utilización del excedente económico. Probablemente, esta es la principal razón por la que el Estado aparece como un elemento fundamental de las relaciones y de las estructuras económicas” (IANNI, 1971, pág. 14).↵ - Este tema fue trabajado en el final del cursado del seminario “La historia a contrapelo desde el giro afectivo. La importancia de la melancolía y la ira en el pensamiento de Walter Benjamín” del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires: PARDO MONTENEGRO, Liliana (2016) Relaciones benjaminianas. El peso del progreso y la modernidad: depresión, angustia y melancolía. [inédito].↵
- Las dos tendencias estuvieron en las discusiones económicas entre 1945 y 1954: “La otra estrategia política para organizar y desarrollar la economía brasileña era socialista. Reunía a los adeptos a la socialización de los medios de producción por la vía pacífica o la violenta. Sin embargo, predominaba la corriente que favorecía la transición pacífica hacia el socialismo. Los defensores de esta solución sostenían que la estatización progresiva de la economía sería el camino más rápido y menos costoso hacia la organización socialista de la producción. Creían que la lucha contra el latifundio y el imperialismo, en nombre del nacionalismo económico y de la estatización, era el componente político e ideológico de esa transición. Por razones tácticas, los partidarios del socialismo reformista se acomodaban y aliaban, según cual fuese la situación política, la «burguesía nacional». Esa fue una de las razones por las que el PCB y el PTB estuvieron juntos en varias campañas electorales (para elegir diputados, senadores e incluso presidente de la República) y en muchos debates parlamentarios” (IANNI, 1971, págs. 120-121).↵
- Entendiendo que: “la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista [Ernesto Guevara: ‘Sobre el sistema presupuestario de financiamiento’, en Nuestra Industria. Revista Económica, La Habana, febrero de 1964, año 2, no. 5, p. 16]” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 349).↵
- Brasil no sólo apoyo a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial sino envío tropas a Brasil y permitió la estadía de tropas norteamericanas en territorio brasileño: “En esa época, la contradicción entre la lucha contra el nazi-fascismo, por un lado, y el mantenimiento de la dictadura, por el otro, se agudizaba cada vez más en sus connotaciones políticas internas. Las fuerzas que estaban fuera del Gobierno se organizaban rápidamente con miras a la redemocratización de las instituciones. Todo conspirabas contra la dictadura: los sacrificios económicos impuestos a la población por las exigencias de la «economía de guerra»; las implicaciones humanas y políticas del envío de tropas brasileñas a los campos de batalla de Italia; la presencia de tropas norteamericanas en el Nordeste de Brasil; las noticias provenientes de la Unión Soviética acerca de la lucha y la victoria sobre las tropas nazis; la derrota progresiva de las «naciones del Eje» (Alemania, Italia y Japón); los debates cada vez más frecuentes sobre la influencia perjudicial de las dictaduras de tipo nazifascista. En poco tiempo la contradicción se hizo insoportable y explosiva” (IANNI, 1971, págs. 72-73)↵
- Sobre la lectura que realiza Ernesto Guevara de Lenin respecto a la “alianza de la ‘guerra campesina’ con el movimiento obrero” [Marx, Prusia, 1856] [V. I. Lenin, Problemas de la edificación del socialismo y del comunismo en la URSS. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras, pp. 51-52] (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 343).↵
- Eran claros los interrogantes que lanzaba a la comunidad internacional Guevara (1988 [1964]) “¿Cómo se puede producir en un país colonizado por el imperialismo, sin ningún desarrollo de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de un solo mercado, el tránsito al socialismo?” (GUEVARA, 1988 [1964], pág. 343)↵
- La alianza de clases entre el ‘populismo brasileño’ y los comunistas se da para contrastar: “la movilización de las fuerzas políticas oligárquicas y liberales, deseosas de conquistar el poder, Getúlio Vargas y Luiz Carlos Prestes se apresuraron a celebrar un acuerdo táctico. En ese ambiente, el Partido Comunista de Brasil creció baste en poco tiempo. Tanto creció que, en las elecciones para la Asamblea Constituyente, figuró en cuarto lugar entre los partidos más importantes del país” (IANNI, 1971, pág. 73). Es “[e]n ese contexto [que] se organizan y ponen en movimiento las fuerzas políticas adversar al nacionalismo económico, al dirigismo estatal y a la participación de las masas en el proceso político. El éxito del golpe de Estado del 29 de octubre de 1945 es la victoria de esa oposición” (IANNI, 1971, pág. 75); “Getúlio Vargas fue depuesto en un golpe de Estado organizado por fuerzas políticas, civiles y militares. Inmediatamente se inició un programa de desmantelamiento de casi todo lo que estuviese identificado con la dictadura del Estado Nuevo y la figura de Vargas” (IANNI, 1971, pág. 71).↵
- Sin decirlo el autor es un Golpe de Estado corporativo: “Es innegable que el poder público volvió a actuar como guardián de las «reglas de juego» económico, conforme a la doctrina liberal y a la conveniencia de las empresas privadas más poderosas. Dados esos compromisos ideológicos y prácticos y en nombre de la reacción antidictatorial y antiintervencionista, la política económica gubernamental de los años 1945 a 1950 sirvió principalmente a los intereses más inmediatos de la empresa privada, nacional y extranjera” (IANNI, 1971, págs. 78-79).↵
- Los análisis de la legislación laboral y el asunto de la dinámica de Brasil, la aborda es un apartado en el cual detalla la situación de los trabajadores, un fragmento: “Durante los años posteriores a la guerra, el salario real de los trabajadores industriales disminuyó incesantemente. Es vedad que el Gobierno de Vargas elevó el nivel de salario mínimo en 1952 y 1954, pero esos aumentos sirvieron apenas para reponer una parte del poder adquisitivo de las remuneraciones” (IANNI, 1971, págs. 92-93; 107).↵
- Los análisis de casos concretos con las investigaciones doctorales de las últimas décadas deben ser abundantes. Una sola referencia que permite compreender porque la [fuerte presencia del Partido Comunista Brasilero en las favelas de Rio de Janeiro]: “forte presença do Partido Comunista Brasileiro nas favelas cariocas no período de 1945-64” [CABRAL PESSANHA, Manuela Thereza Mulheres na Luta: “A mobilização política das Uniões Femininas no pós-Guerra”. Rio de Janeiro: Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro. Disponible em: http://www.puc-rio.br/pibic/relatorio_resumo2016/relatorios_pdf/ccs/SER/SER-Manuella%20Thereza%20Cabral%20Pessanha.pdf. Desde la historiografía norteamericana tener en cuenta la tesis de posdoctorado de SKIDMORE, Thomas (1967) Politics in Brazil 1930–1964: An Experiment in Democracy. Nueva Yory: Oxford University Press, ↵
- Puede entenderse lo siguiente: “En los años críticos de 1945 y 1946, la redemocratización del país permitió que las masas urbanas saliesen a la calle y a las plazas e influyesen en los resultados de las elecciones nacionales, estaduales y municipales. Esas masas se estaban politizando aceleradamente en un amplio e inédito debate nacional. Poco a poco, los principales problemas nacionales comenzaban a interesar y a hacer participar a las diferentes clases sociales, de manera especial a las masas y el proletariado urbanos. | Al mismo tiempo, el Partido Comunista de Brasil (PCB) adquirió significación nacional. Gracias a sus relaciones con las masas urbanas, particularmente el proletariado industrial, algunos sectores de la clase media, intelectuales y estudiantes, ese partido demostró tener una capacidad bastante grande para movilizar corrientes de opinión pública y debatir problemas nacionales. En poco tiempo, llegó a ser el cuarto partido en caudal electoral y uno de los primeros (si no el principal) en capacidad de organización y movilización” (IANNI, 1971, pág. 94)↵
- La política exterior: “consolidó la confianza mutua entre Brasil y Estados Unidos y colaboró activamente en la obra de aproximación intercontinental, principalmente a través de la Organización de Estados Americanos, con sede en Washington. Se rompieron las relaciones diplomáticas con Rusia luego de la victoria sobre las potencias del Eje. En 1947, se reunió en Petrópolis la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad en el Continente, prestigiada por la presencia del presidente norteamericano Truman, cuya visita iba a ser retribuida por el presidente Dutra. Se firmó el Tratado de Asistencia Recíproca y se creó la Comisión Mixta Brasileña-Norteamericana, además de otras análogas con el fin de estrechar la colaboración entre las repúblicas del continente [José María Bello, pág. 414]” (IANNI, 1971, pág. 97)↵
- En el conteo de las traiciones de las alianzas de clases del “bloque alternativo” puede retenerse lo siguiente: “Esa reacción culminó con la cancelación de la personería del Partido Comunista de Brasil en 1947 y la anulación de los mandatos de sus diputados en el Congreso Nacional y en las asambleas legislativas estaduales y las cámaras municipales. En forma paralela con la represión del PCB y la campaña anticomunista, aumentó la importancia relativa del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB), que comenzó a movilizar al proletariado industrial en los principales centros urbanos del país. Al mismo tiempo, y después de que el dirigente comunista Luiz Carlos Prestes tuviese que pasar a la clandestinidad, Vargas resurgió como líder popular. En poco tiempo, el populismo laborista de Getúlio Vargas se convirtió en el principal elemento de la ideología y la actividad del PTB. Así quedó eliminado del primer plano de la política nacional el reformismo socialista del PCB” (IANNI, 1971, pág. 95)↵
- El vacío de poder duró más de un año antes de una nueva designación presidencial: “Desde la deposición y el suicidio del presidente Getúlio Vargas (el 24 de agosto de 1954) hasta la asunción del presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira (el 31 de enero de 1956), el poder político brasileño estuvo en crisis. En ese período de dieciséis meses, Brasil fue gobernado por el vicepresidente Joao Café Filho, el presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Luz, y el presidente del Senado, Nereu Ramos” (IANNI, 1971, pág. 124).↵
- Miriam Limoerio (1975) refiere el primer Mensaje al Congreso Nacional, en el cual Kubitschek destaca que su política económica: “se acentúa la fase de transición de nuestra economía, de la etapa predominantemente agropecuaria a la etapa de industrialización intensiva, cuando ya se impone evolucionar de la práctica casi exclusiva de las simples industrias de transformación, a las industrias de base [KK, Mensagem, 1956, p. 45]” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 91). Puede verse también: KUBITSCHEK DE OLIVEIRA, Juscelino (1955) Diretrizes gerais do Plano Nacional de Desenvolvimento. Belo Horizonte: Livraria Oscar Nicolai.↵
- Esta es la tesis de Miriam Limoeiro (1975): en “1956, 957 y 1958, en conjunto, forman el núcleo de la problemática de la ideología del desarrollismo como ideología dominante en sentido estricto, mediante la utilización del poder central” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 116) y la conclusión de Ianni (1971) “Lo que ocurrió en la transición del Gobierno de Vargas al de Kubitschek fue un cambio esencial en la ideología del desarrollo” (IANNI, 1971, pág. 162).↵
- La industrialización venía de la mano de las Fuerzas Militares: “En 1956, […], con la asunción de Joscelino Kubitschek de Oliveira, bajo la protección del Ejército, se inició una de las fases más importantes de la historia económica de Brasil. En 1956 y 1960, se llevó a cabo una transformación amplia y profunda del sistema económico del país. La política económica gubernamental de esos años quedó sistematizada en el Programa de Metas. Su ejecución, según el análisis de Carlos Lessa, provocó una «transformación cualitativa» de la economía brasileña” (IANNI, 1971, pág. 124). Respecto a la incorporación de los Planes de Desarrollo: “el Programa de Metas fue resultado de la convergencia y conjunción de las decisiones políticas, los diagnósticos y los objetivos económicos sintetizados en Directrices generales sobre el Plan Nacional de Desarrollo Económico y en Análisis y proyecciones del desarrollo económico” (IANNI, 1971, pág. 134)↵
- El debate que plantea es extenso, unos fragmentos de síntesis: “Es por estas razones que he podido afirmar anteriormente que JK operaba una reducción del concepto de soberanía a su dominio económico. Porque para él ‘en la emancipación económica se halla la base de la soberanía, del bienestar y de la seguridad nacional’ [JK, Discursos, 1958, 343, p. 132] y la emancipación económica a la que se refiere no significa pura ruptura, ni distanciamiento, sino crecimiento acelerado, continuado y capaz de sostenerse con sus propios recursos. De ese modo, la emancipación económica no sería resultado de una acción propiamente política, vinculada a la emancipación política, sino simplemente del crecimiento económico” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 100); “Cuando se trata del desarrollo desde el ángulo de la soberanía, éste es siempre y de todos modos más político que cuando se hace desde el de la prosperidad, aunque la soberanía esté siendo entendida como ‘soberanía por el desarrollo’, es decir, como consecuencia del enriquecimiento económico. No parece posible que, en un campo ideológico en que el nacionalismo aparece en posición destacada, la ideología del desarrollo prescinda de todo enfoque, aunque sea secundario, a través de la soberanía. Se constituye ésta en una especie de ‘freno ideológico’ a una tentación de obtener la prosperidad a cualquier precio, marca los límites en los cuales puede legítimamente caber el esfuerzo por acelerar el crecimiento económico. Por lo menos para ser utilizado en el plano propiamente ideológico, como un recurso más de movilización y de legitimación” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 102).↵
- Este es el análisis que brinda Limoeiro (1975): “1959 es un período de grave tensión internacional, con el agravamiento de la guerra fría, que alcanza especialmente a América Latina como consecuencia del caso cubano. Nuestras relaciones internacionales se tornan objeto de decisiones importantes. Es la ocasión en que el Gobierno de Kubitschek se empeña a fondo en la promoción de la Operación Panamericana, tratando de obtener la afluencia de capitales en nombre de la seguridad continental […] rompe con la orientación del Fondo Monetario Internacional a propósito de los mecanismos para contener la inflación, aunque adopte el Plan de Estabilización Monetaria, siguiendo una alternativa que no causara mayores perjuicios al monto de la inversión para el desarrollo” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 105).↵
- La referencia textual puede aclarar al lector la contradicción: “En la guerra fría la acción de los países subdesarrollados vinculados al bloque occidental debería ser una acción preventiva, de eliminación de las fuentes generadoras de insatisfacción contra el orden. Así, una acción contra la miseria, una acción para el desarrollo, aparece como el único medio capaz de combatir profundamente la subversión. Es basado en esa perspectiva que el Gobierno JK no acepta dar al comunismo un tratamiento meramente policial, tratando de mostrar que las raíces del mal son económicas y que como tales deben ser tratadas. Busca, por lo tanto, definir una posición específica de los pueblos subdesarrollados frente al problema” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 124)↵
- El aparte del discurso de Juscelino Kubitschek que refiere Limoeiro (1975) lo deja muy en claro: “es preciso que nos compenetremos de la idea de que la lucha contra el subdesarrollo en América Latina importa en la promoción de la seguridad del continente y, en esas condiciones, debe formar parte del programa estratégico de la defensa continental [JK, Discursos, 1958, 187, p. 284]” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 131). En el aparte 3] La seguridad definida ideológicamente, expresa una definición: “El concepto tradicional de seguridad nacional abarca aspectos relacionados con defensa de territorio, problemas de frontera y amenazas de guerra, desde un punto de vista fundamentalmente militar. Hoy, sin embargo, esa perspectiva desempeña más bien un papel de medio, sirviendo a objetivos que se definen fuera de sus límites” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 137). En una posición aún más clarificadora: “la seguridad nacional se identifica con la seguridad de Occidente, y en su nivel más profundo se destina al combate al comunismo” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 139).↵
- El enlace fortalecerá la necesidad de la ‘seguridad’ para el ‘desarrollo’: “Lo que parece constituir la diferencia entre las dos propuestas -la Operación Panamericana y la Alianza para el Progreso- es el punto de vista del que parten, la primera fundada en lo económico y presentando una finalidad política; la segunda orientada fundamentalmente hacia las garantías políticas, consideradas como elementos indispensables para el mantenimiento y la expansión del poderío económico occidental” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 128).↵
- En el Resume de la tesis doctoral puede leerse así: “A pesquisa defende a hipótese da existência no governo João Goulart de um projeto econômico e social de longo prazo para o Brasil, […] Constata-se que, em linhas gerais, representou uma continuação do projeto nacional-desenvolvimentista de Vargas, entretanto focado na substituição de importações de bens intermediários e de capital e nas reformas estruturais – as chamadas Reformas de Base. Acreditava o governo que estas promoveriam fortalecimento do papel do estado e redistribuição de renda, garantiriam a consolidação e ampliação do mercado interno e um crescimento econômico mais equilibrado” (SILVA MOREIRA, 2011).↵
- Los fragmentos de los especialistas en urbanismo y arquitectura sobre la majestuosidad de la obra son múltiples, unas menciones: “Brasilia, la capital federal de Brasil, fue proyectada por el arquitecto-urbanista Lúcio Costa, en un comienzo, para 500 mil habitantes (actualmente viven más de dos millones tanto en el centro como la periferia). Su construcción comenzó en 1956 y contó con innumerables edificios diseñados por el reconocido arquitecto Oscar Niemeyer. Brasilia es la única ciudad del siglo XX declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco” (GORDON, 2015); “La colaboración de Costa y Niemeyer le rindió al mundo algo nuevo: La construcción de una ciudad hecha enteramente sobre la base de los principios modernos de la funcionalidad y la estética” (DUQUE, 2015).↵
- En la prensa reciente pueden leerse hipótesis de las intenciones de Estados Unidos de intervenir militarmente a Brasil entre 1962-1964, siendo estos los mayores argumentos para relacionar el Golpe de Estado de 1964 y el autoritarismo desplegado entre los sesenta y los setenta en Brasil. Algunas menciones: “John F. Kennedy contempló durante varias reuniones celebradas en la Casa Blanca una posible intervención militar de Estados Unidos en Brasil para deponer al presidente João Goulart” (VANINI & ROSSI, 2014); “El presidente John F. Kennedy y sus asesores consideraron el derrocamiento del Gobierno de Joao Goulart unos dos años antes del golpe militar en Brasil, perpetrado el 1º de abril de 1964, opción que subsecuentemente fue implementada por el Gobierno de Lyndon B. Johnson, según revelan transcripciones de la Casa Blanca difundidas hoy por la organización independiente de investigaciones Archivo de Seguridad Nacional. | En julio de 1962 Kennedy preguntó qué tipo de relaciones tenía Estados Unidos con los militares brasileños y para marzo de 1963 instruyó a sus asesores: tenemos que hacer algo sobre Brasil si Goulart no dejaba de jugar con lo que el presidente llamaba antiestadunidenses ultra radicales en el Gobierno brasileño” (BROOKS, 2014).↵
- Sobre el Golpe de Estado de 1964 y el Gobierno de Joao Goulart (1961-1964), ver los capítulos: VII Goulart In Power: The Deadlock Prolonged; VIII Brazilian Democracy Breaks Down: 1963–1964 (SKIDMORE, 1967). Ruy Mauro Marini (2008: 25) lo conceptualizó de la siguiente manera: “El golpe militar que depuso al presidente constitucional de Brasil, João Goulart, en abril de 1964, fue presentado por los militares brasileños como una revolución, y definido un año después por uno de sus voceros como una “contrarrevolución preventiva” (MARINI, Ruy Mauro. “La dialéctica del desarrollo capitalista en Brasil (1966)”. En publicación: América Latina, dependencia y globalización. Fundamentos conceptuales Ruy Mauro Marini. Antología y presentación Carlos Eduardo Martins. Bogotá: Siglo del Hombre – CLACSO, 2008. ISBN 978-958-665-109-7. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/critico/marini/03dialectica.pdf).↵
- Con los lentes del pasar del tiempo, Horacio González comento el artículo de Regis Debray en Pasado y Presente, sobre los hechos del castrismo continental con la siguiente alusión: “Para Debray, era un putsch lo contrario al “foco”, que es la réplica ajustada al enfoque leninista del “eslabón más débil”, símbolo de un llamado a las fuerzas sociales colectivas y nunca una reproducción del antiguo “blanquismo”, reprobado por un conspiracionismo instantaneista” (GONZÁLEZ, 2014, pág. 18). La experiencia de lo vivido puede dar cuenta de las interconexiones entre los revolucionarios y los militares del Cono Sur. El análisis de LVOVICH (2009) dedicado a las ‘actitudes sociales’ de legitimación de la última dictadura militar en Argentina, registra interesantes perspectivas respecto al rol de la ‘sociedad civil’, una mención sobre los hechos: “Con el regreso del peronismo al poder en 1973 no se lograron romper las bases sociales y políticas del empate, y tras la muerte de Perón en 1974, sometidas a un fuerte proceso de polarización, las fuerzas sociales en pugna lograran vaciar al Estado de contenido, provocando que el Gobierno, disuelto en las determinaciones de la sociedad, se derrumbe en marzo de 1976 [PORTANTIERO, J. C., «Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973», Revista Mexicana de Sociología, XXX]” (LVOVICH, 2009).↵
- Resalta como Premisa lo siguiente: “Entre 1966 y 1968, en el periodo en que las contradicciones internas del régimen dictatorial brasileño, instaurado en 1964, todavía permitían un margen relativo de libertad en el terreno cultural, tuvo lugar una valiente iniciativa editorial: en tres años se publicaron cinco de las más importantes obras de Antonio Gramsci, inédito hasta entonces en lengua portuguesa [He aquí los títulos: Concepção dialéctica da história (El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce), ed. a cargo de C. N. Coutinho y L. Konder, 1966; Cartas do cárcere (Cartas de la cárcel), a cargo de N. Spinola, 1966; Literatura e vida nacional (Literatura y vida nacional), a cargo de C. N. Countinho, 1968; Os interactuais e a organização da cultura (Los intelectuales y la organización de la cultura), a cargo de C. N. Countinhe, 1968; Maquiavel, a política e o Estado moderno (Notas, sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno), a cargo de L. M. Gazzaneo, 1968. Todos ellos fueron publicados por la Editorial Civilizagao Brasileira, de Rio de Janeiro] Se ponía así a disposición del lector brasileño un corpus de escritos gramscianos que, dada su amplitud, todavía no era accesible ni aun al lector de lengua francesa, inglesa o alemana” (COUTINHO, 1986, pág. 24).↵
- Según la exposición hemos marcado las diferencias entre el Estado fascista o Estado corporativo en Italia, con las singularidades en América Latina, sin embargo, estas ‘comparaciones’ pueden retenerse en términos de mostrar el encaje del concepto de la revolución pasiva a estas realidades: “en Brasil las transformaciones han sido siempre el resultado del desplazamiento de la función hegemónica de uno a otro sector de las clases dominantes; pero estas, en su conjunto, no han desempeñado nunca una función hegemónica efectiva en relación a las masas populares” (COUTINHO, 1986, pág. 30). El centro de atención en el ‘populismo’ puede observarse en los siguientes extractos: “el ‘populismo’ –una modalidad de legitimación carismática iniciada con la dictadura de Vargas, entre 1937 y 1945, y desarrollada plenamente durante el periodo liberal-democrático que va de 1945 a 1964—puede interpretarse como un intento de incorporar al bloque de poder, en posición subalterna, a los trabajadores asalariados urbanos, a través de la concesión de derechos sociales y de ventajas económicas reales” (COUTINHO, 1986, pág. 31); “no hay duda de que la forma populista de legitimación tuvo un éxito relativo, especialmente durante el segundo Gobierno de Vargas (1950-1954) y el de Kubitschek (1955-1960 (COUTINHO, 1986, pág. 31).↵
- Coutinho (1986) refiere la profundización de este tema en un artículo que no llegamos a trabajar y sin embargo dejamos mencionado: COUTINHO, Carlos Nelson (1985) A dualidade de poderes. Introdução á teoría marxista de Estado a revolução, Brasiliense. Sao Paulo. En su análisis: “el Estado ” restringido”, característico de la primera mitad del siglo XIX, se convierte en un Estado “ampliado”, “complejo”, “masivo”, en el cual el protagonismo creciente de las masas se traduce en la creación de una red articulada de “aparatos privados de hegemonía”” (COUTINHO, 1986, pág. 33)↵
- Así puede entenderse un análisis tras pasar la dictadura más represiva de la historia de Brasil: “El movimiento de masas a favor de unan elección directa para la Presidencia de la República, que ha llegado a inmovilizar a cinco millones de personas en las calles, y que desempeñó un papel decisivo en la derrota definitiva de la dictadura militar, con la elección de Tancredo Neves y José Sarney, ha sido la culminación de este proceso de reforzamiento de la sociedad civil, proceso de dimensiones hasta hoy desconocidas en la historia de Brasil” (COUTINHO, 1986, pág. 36).↵
- Horacio Crespo refiere en sus artículos el siguiente pasaje sobre la vida de Aricó en México: “Con el Negro Porta vivimos a 50 metros de distancia en un complejo habitacional bastante lindo, con vastos espacios verdes, alberca con agua climatizada, parques, canchas de deportes, etc., etc., al sur de la ciudad en una zona bastante cercana a la editorial y al nuevo local de la FLACSO. Yo pensaba que una concentración semejante podría resultar molesta (además de nosotros, viven como 10 familias de argentinos conocidos), sin embargo, te confieso que basta la proximidad para que uno pueda pasarse semanas sin ver a nadie. Cosa que no ocurre con el Negro, con quien nos vemos a diario. Él está metido en su curso en la FLACSO y en sus proyectos de trabajo. Yo a mi vez trabajo 6 horas en la editorial y aparte llevo un curso de Introducción al pensamiento de Marx en el Colegio de México” [José Aricó, Carta a Juan Carlos Torre (copia), México D.F., 26/12/1976, Archivo Aricó, Caja Correspondencia (1), Biblioteca José María Aricó, Universidad Nacional de Córdoba]↵
- Hacemos alusión a la compilación de KOHN, Carlos (1992) Gramsci: memoria y vigencia de una pasión política. Mérida: Universidad de los Andes. Consejo de Publicaciones y Escuela de Filosofía, Universidad Central de Venezuela.↵
- Al respecto Córdova (1991) señala que: “México no recibió una inmigración masiva de europeos los que, junto con una fuerza de trabajo calificada, redituaron, además, un cúmulo de las más avanzadas ideas políticas y sociales. Como es bien sabido, el socialismo en aquellos países sudamericanos es, en gran parte, obra de trabajadores inmigrantes y de intelectuales europeos que, ya antes en Europa, habían militado en los movimientos socialistas y revolucionarios” (CÓRDOVA, 1991, pág. 2).↵
- Entendiendo que: “Los primeros se esforzaron por defender una cierta ortodoxia revolucionaria que afirmaba que la única vía conocida para llegar al socialismo era la lucha armada y que una supuesta «vía pacífica» o de «reforma de estructuras», como proponían los italianos, era una ilusión contrarrevolucionaria que lo único que conseguirían sería hacerle el juego a la burguesía. Los segundos trataban, muy débilmente, por cierto, de demostrar que no todo estaba escrito sobre las vías de la revolución y que, en última instancia, sería el pueblo el que decidiera” (CÓRDOVA, 1991, pág. 3).↵
- Al respecto un autor que refiere sobre la materia es: GONZÁLEZ CASANOVA, Pablo (1965) La democracia en México. México: Ediciones ERA.↵
- Original en lengua náhuatl: “Man ti tlatehuica ihuán amo ti mo zehuica ihuán to huaxca yes in tia ticpactli, te huaxca o yeya to colhuantzitzihua, ihuan matexoxopilme tech quixtilihque, itencopa nin tonameyo de necate o papanoque, tlatlanahuatiani; man tic zepan áhcocteca ica maitl tlecoahuac ihuan ica to yolo chicahualiz, neca cualtzi tlachicanalont mo to cayotía estandarte, den to mahuiz hcayotl ihuan to maquixtihcayotl titlaltequipanohque; man ti tlatehuica ihuan ti quin tlanizque aquihque yancuic mahcoquizque de quin palehuizque non tetlalquiquixtilihque, de non mo huei tomin chihua ican tequitl den to ampoa ihuan de nonque hacienda-tecamocayahque yéhua non to tequi-mahuizo, tia tic nequi techtocayotizque de oquichti-cuali inqueremos nemiliz, ihuan huel neli cuali altepec-chanehque”. Traducción oficial: Que sigamos luchando y no descansemos y propiedad nuestra será la tierra, propiedad de gentes, la que fue de nuestros abuelitos, y que dedos de patas de piedra que machacan nos han arrebatado a la sombra de aquellos que han pasado, que mucho mandan; que nosotros juntos pongamos en alto, con la mano en sitio elevado y con la fuerza de nuestro corazón, ese hermoso que se toma para ser visto, se dice estandarte de nuestra dignidad y nuestra libertad [de] nosotros trabajadores de la tierra; que sigamos luchando y venzamos a aquellos que de nuevo se han encumbrado, de los que ayudan a los que han quitado tierra a otros, de los que para sí gran dinero hacen con el trabajo de los que son como nosotros, y de aquellos burladores en las haciendas, ese nuestro deber de honra, si nosotros nos llamen hombres de buena vida, y bien en verdad buenos habitantes del pueblo. El [General] en Jefe del Ejército Libertador, Emiliano Zapata (ZAPATA, 1996 [1918]).↵
- La primera definición que aporta: “La ideología es la forma típica de la conciencia social, el modo como los hombres, de acuerdo con sus condiciones materiales de vida y con su participación en el orden social, conciben tales condiciones y determinan su actuación en dicho orden. […] La ideología, escribió Marx, son formas determinadas de la conciencia social que corresponden a lo que, metafóricamente, llamó ‘superestructura’ jurídica y política, la que a su vez ‘se levanta’ sobre la ‘estructura’ económica de la sociedad” (CÓRDOVA, 1977, pág. 1).↵
- Sobre la Comuna de Paris, la Revolución bolchevique y la definición de la ‘dictadura del proletariado’ hacemos una revisión en el apartado sobre el concepto de ‘Estado de sitio’.↵
- En estos términos lo dejo plasmado Arnoldo Córdova (1977): “En el mundo capitalista el dominio mediante la ideología no es jamás un dominio pacífico; implica la lucha permanente, la continua confrontación con los sistemas de ideas que de alguna manera se oponen al régimen dominante. En el fondo, lo que hace que una ideología sea dominante es su capacidad para llevar a cabo la lucha permanente con sus amigos y sus enemigos, y esto en todos los niveles y en todos los órdenes de la vida social, lo mismo en el ámbito de las relaciones de producción que en el de las instituciones intermedias y que en el del Estado” (CÓRDOVA, Política e ideología dominante, 1977, pág. 29).↵
- Algunos datos: “Después del jalón que la reforma agraria experimento con Cárdenas (durante su Gobierno se repartieron 20 136 935 hectáreas, que beneficiaron a 775 845 familias), la distribución de tierras descendió bruscamente en el periodo de Ávila Camacho y siguió bajando en el de Alemán; los presidentes que le continuaron fueron aumentando sensiblemente la cantidad de tierras repartidas hasta llegar a Díaz Ordaz, con el que la superficie repartida casi igualó a la del periodo de Cárdenas” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 18).↵
- Lo que denomina Córdova (1977 [abril]: 19) como ‘tecnócratas’ parte del análisis de Raymon Vernon sobre el papel en la estructura del Estado de los ‘técnicos’: VERNON, Raymon (1963) The dilema of Mexico’s development. The roles of the private and public sectors. Estados Unidos: Harvard University, Cambridge, p. 123-128.↵
- El argumento de Córdova (1977) sobre la legislación laboral de Cárdenas lo específica: “Para nosotros está igualmente claro que la historia postcardenista del movimiento obrero no es más que la resultante de las reformas políticas que en este sentido realiza el Gobierno de Cárdenas; en las condiciones de un Estado capitalista, es algo que no se debe descuidar, asociar en el poder a la dirigencia obrera, que es además una dirigencia anticomunista y contrarrevolucionaria como en México, es algo que milita siempre a favor del fortalecimiento del propio Estado, de la conservación del sistema dominantes y del sojuzgamiento de la clase obrera” […] “De 1933 a 1938 el cardenismo consiguió imponer el liderazgo del Estado sobre el movimiento obrero. De 1941 a 1952 las fuerzas más coherentes con el carácter del Estado mexicano, sin duda alguna con el apoyo de los círculos gobernantes a los cuáles estaba asociadas, conquistaron la hegemonía en la organización sindical y, como queda dicho, al final acabaron por anular políticamente a todos los grupos que se les oponían dentro mismo de la organización sindical” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 30).↵
- Es posible entender que uno de los movimientos de trabajadores más significativos se asociaba a los ferrocarriles, la constante continental de las rivalidades entre la industria ferroviaria y la industria automotriz han causado masivas movilizaciones por el detrimento de los ferrocarriles para el favorecimiento de los automotores: “El movimiento ferrocarrilero de Adolfo López Mateos, puso al desnudo los vicios que entrañaba la estructura corporativista con al que se había maniatado al proletariado mexicano desde la época de Cárdenas, y planteó, por primera vez, como una exigencia masiva de los trabajadores la instancia de la libertad sindical. En el campo y en las zonas urbanas, en particular en la ciudad de México, los focos de rebelión de las masas populares fueron haciéndose más numerosos, anunciando cada vez con mayor intensidad el gran estallido de 1968” (CÓRDOVA, 1977 [abril], pág. 39).↵
- La siguiente extensa nota da cuenta en las palabras del investigador de los acontecimientos político-económicos en el nuevo Gobierno de México en 1971: “Las primeras advertencias estuvieron dirigidas a los capitalistas mexicanos. Se les hizo saber que sus antiguos privilegios, derivados de la política proteccionista que había sido la base del desarrollo industrial, habían terminado; que se les consideraba llegados a su ‘mayoría de edad’ y que en adelante debían enfrentar sus responsabilidades ante los trabajadores que les servían y ante la sociedad y el Estado. Desde luego, se les aconsejó buscar la ganancia, no en la sobreexplotación de sus trabajadores, sino en la renovación continua de sus técnicas productivas (aumento de la productividad) y en la ampliación de sus mercados, fundamentalmente internacionales, lo que estaría muy a tono con una exigencia concomitante que era la transformación del sector externo. Seguramente los grupos gobernantes tenían presente que lidiaban con una de las clases dominantes más atrasadas, más reaccionarias y más parasitarias y mezquinas del mundo entero, y por lo mismo no escatimaron amenazas o estímulos para plegarla a sus designios. Muy pronto se vio, sin embargo, que la nueva política sólo podía favorecer a los grupos patronales ligados al capital monopolista, únicos capaces de sostener el ritmo de las innovaciones que se estaban poniendo en acto; de manera que desde el principio el régimen de Echeverría tuvo que enfrentar lo que Raymon Veron bautizó muy adecuadamente como ‘crisis de confianza’ del grueso de la clase dominante, integrado por el capital medio y pequeño y que lo mantuvieron en permanente zozobra hasta septiembre de 1974, cuando a raíz de un conflicto general obrero-patronal finalmente pudo someter a los capitalistas en su conjunto a la nueva política y, por cierto, no sin antes hacer importantes concesiones a todos sus sectores para asegurar sus intereses. En este punto ha sido notable lo que puede calificarse como arreglo final de cuentas del régimen con los capitales extranjeros. Echeverría, al tomar posesión de su cargo, el 1° d de diciembre de 1970, reivindicó los principios de la doctrina internacional de la Revolución (Doctrina Carranza) al afirmar que los capitalistas extranjeros serían bienvenidos siempre y cuando colaboraran con los objetivos del desarrollo nacional y, esta vez, cumpliendo con lo que se fijaba como prioridad para el capital nacional: modernizarse y producir para exportar [Mensaje del Presidente Luis Echeverría]” (CÓRDOVA, 1977 [abril], págs. 49-50).↵
- La teoría del reflejo está elaborada en el libro Sociología de la literatura [LUKÁCS, Georg (1969) Sociología de la cultura. España: Editorial Península]. Si bien es trabajada desde la teoría estética por la cual la obra de arte refleja de un modo más perceptible la conciencia del artista que el trabajo de conocimiento del científico. Referimos pasado el tiempo esta noción trabajada en la formación de Licenciatura, dado que la realidad latinoamericana puede analizarse desde todo lo expuesto como un reflejo de esos atisbos revolucionarios que no pudieron ser, en clave de entender a Lukács al recordar la Revolución frustrada de 1918 en Alemania: “Tanto da que el suicidio del criminal contra el mundo, de Hitler, se interprete o no como una capitulación. Lo que sí puede asegurarse es que el año 1945 no ha sido un nuevo 1918. El derrumbamiento de la Alemania hitleriana no es una simple derrota, por muy grave que ella sea, un simple cambio de sistema, sino el final de toda una trayectoria. Ha venido a dar al traste con la falsa instauración de la unidad alemana que comenzó inmediatamente después de derrotada la revolución de 1848, para consumarse en 1870-71, y replantea en términos completamente nuevos este problema central de la nación alemana. Más aún, puede afirmarse que toda la historia frustrada de Alemania se pone ahora a revisión. Un hombre que tenía tan poco de extremista radical como Alejandro de Humboldt lo decía ya hace unos cien años: Alemania equivocó su camino con la derrota de la guerra de los campesinos; y a ella hay que retrotraerse para encontrar el rumbo certero; lo que ha sucedido de entonces acá ha sido una consecuencia necesaria. Pero no una consecuencia necesaria en el sentido de una ontología al margen del tiempo, sino en el plano muy concreto y muy real de la propia historia alemana. Con lo que este razonamiento viene a coincidir con la ingeniosa afirmación de Franz Mehring de que la batalla de Jena fue la toma alemana de la Bastilla, repetida también infructuosamente -añadimos nosotros- en 1918. Y la segunda repetición de este hecho histórico en 1945 plantea a todos los alemanes honrados y capaces de pensar por cuenta propia la exigencia concreta de sacar de la conciencia de esta realidad todas las consecuencias políticas, sociales e ideológicas que en ella se encierran; es decir, de extirpar radicalmente de los caminos que llevan hacia el futuro del pueblo alemán la funesta herencia de su Edad Media” (LUKÁCS G. , 1968, págs. 611-612).↵
- En los debates de los conceptos de democracia y dictadura en Alemania, se encuentra el siguiente pasaje: “Esta situación de absoluta privación de derechos de la población, de entrega incondicional de ésta al despotismo de la pandilla de jerarquías hitlerianas, trata de justificarse diciendo que el Estado nacionalsocialista da al traste con los viejos conceptos de neutralidad y la objetividad ‘burguesas’ del Estado anterior. De nuevo se trata de explotar la indignación de las masas contra la farisaica actitud superpartidista del Estado tradicional, para hacer plausible el despotismo fascista como un paso hacia adelante. Otro Secretario de Estado fascista, el Presidente del Tribunal Supremo del Estado Roland Freisler, dice, a este propósito: el Estado ‘se convierte conscientemente en soldado de la concepción nacionalsocialista del mundo en el pueblo alemán… Punto de partida y meta de toda acción, en este Estado, no es el individuo, sino el pueblo, en su eterna sucesión de generaciones’ [Grundlagen, Aufbau und Wirtschaftsordnung des natinalsozialistischen Staates, Berlín, 1936, cuad. 17, p. 6s]” [cursiva puesta] (LUKÁCS G. , 1968, pág. 607).↵
- Una nota puede leerse en el Museo de Historia de Alemania de Berlín (LeMO, 2014 ) sobre los significados que el “Schicksalsgemeinschaft des deutschen Volkes” [la “comunidad del destino del pueblo alemán”] tuvo en la concepción del nacionalsocialismo como forma de elaboración del “el dogma central del fascismo alemán, la teoría racista” (LUKÁCS G. , 1968, pág. 586).↵
- Este tema lo desarrollamos en el apartado “El problema de la legitimación y el ‘compromiso de clases’, en Jürgen Habermas” desarrollado en el suplemento teórico anexo a la tesis: La Legítima Violencia de los Conceptos. Una lectura de Max Weber, Carl Schmitt y Jürgen Habermas. Sobre el problema de la legitimidad jurídica o normativa, el apartado que trabaja Pierre Bourdieu sobre “La fuerza del derecho. Elementos para una sociología del campo jurídico” profundiza en un sentido crítico esta misma cuestión (BOURDIEU, 2000, págs. 165-223).↵







