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Anexo 3. Fragmentos de Tesis II

El Gobierno de la Comuna de París[1]

El volcán de los obreros de Rusia estaba pariendo a Lenin en abril de 1870. El gran maestro, haría el mejor homenaje a la praxis, con conocimiento de la teoría de Marx y Engels, fue quién condujo a los Soviets bolcheviques a la Revolución. Al calor del primer alzamiento en el Palacio de Invierno, entre 1904 y 1905, Lenin trazó unos diagramas que le sirvieron para brindar dos conferencias sobre la Comuna de París, pronunciadas en Ginebra[2].

La compilación de fragmentos en La Comuna de París, dan cuenta de una serie de apuntes y estudios recortados. Su obra clave en este análisis, es El Estado y la Revolución, en la cual se dedica a “restaurar la verdadera doctrina de Marx acerca del Estado” (LENIN, 1976, pág. 5). Lo hace precisamente con la lectura de los mismos documentos, el Brumario y La guerra civil, por ende, su lectura-escritura permite ampliar la perspectiva del análisis del invento del ‘Estado de sitio’ ante la revolución que le enfrentó en la Comuna.

Como lo habíamos resaltado, el problema del Estado aparece en su máxima, ‘¿qué hacer con el Estado?’ La interpretación de Lenin pone el asunto “en que la clase obrera debe destruir, romper, la ‘maquina estatal existente’ y no limitarse a apoderarse de ella” (LENIN, 1976, pág. 35). La correspondencia que refiere entre Marx y Kugelmann, le permite leer que el Estado no tendría que pasar a las manos del proletariado, sino tendría que ser demolido por el movimiento obrero, inventando un nuevo aparato de organización político-administrativo.

La revolución proletaria, tiene en su propio pueblo, una de las causantes de su fracaso, los ‘elementos antagónicos’ entre el proletariado y el campesinado. El pueblo francés, no era el movimiento obrero de París, como no ha sido, en ningún país el proletariado el componente mayoritario de las ‘clases de subalternos’. Partiendo de conocer ese error, ya Lenin había comprendido que en “la Europa de 1871, el proletariado no formaba en ningún país del continente la mayoría del pueblo” (LENIN, 1976, pág. 37).

En Francia, Alemania e Italia, la composición de campesinos era mayoritaria, previo a su exterminio, sufrido durante las ‘revoluciones desde arriba’ que dirigieron el armamentismo industrial invertido en dos “guerras mundiales”. Polanyi, lector de Lenin, sitúa en La Gran Transformación, las guerras de la siguiente manera: “la primera era todavía del tipo decimonónico, un simple conflicto de potencias, desatado por el derrumbe del sistema de balanza de poder; la última formaba parte ya de la marejada mundial” (POLANYI, 2001 [1957], pág. 76).

Lo referimos, porque la sospecha que pone en la transformación institucional, política y económica que sufrió el mundo en las primeras décadas del siglo XX, tiene a Lenin como inspiración,

Nos hemos acostumbrado demasiado a pensar en la difusión del capitalismo como el instigador principal de innumerables crímenes coloniales y agresiones expansionistas. Su afiliación íntima con las industrias pesadas llevó a Lenin a afirmar que el capital financiero era responsable del imperialismo, sobre todo de la lucha por esferas de influencia, concesiones, derechos extraterritoriales, y las innumerables formas en que las potencias occidentales estrangulaban a las regiones atrasadas para invertir en ferrocarriles, servicios públicos, puertos y otros establecimientos permanentes en los que sus industrias pesadas obtenían beneficios […] Casi toda guerra era organizada por los financieros; pero también la paz estaba organizada por ellos (POLANYI, 2001 [1957], pág. 63).

Aunque no hace ninguna referencia bibliográfica, ni la edición en castellano aporta alguna fuente, este análisis contiene la crítica de Lenin a la lucha que tras la Revolución de octubre tenían que seguir dando los revolucionarios rusos contra “el capital europeo” (LENIN, 1972 [1920], pág. 4). Más aún, podría Polanyi haber referido la obra de Imperialismo, fase superior del capitalismo, en la cual Lenin presenta un análisis pormenorizado del rol de los bancos y el sistema financiero en la acumulación del capital.

En 1920, terminada la Primera Guerra Mundial, Lenin otorga el carácter de “guerra imperialista” a los hechos ocurridos entre 1914-1918, reconociendo la incidencia que tuvo la industria capitalista de los ferrocarriles en el desenlace bélico. La competencia por el abastecimiento entre Alemania e Inglaterra del carbón, el acero y el hierro, desató la guerra, a sus ejecutantes les condenó como ‘saqueadores financieros’.

Lenin se dedicó al estudio de la relación del sistema financiero de la banca alemana y su desarrollo industrial, comprendiendo el papel del Deutsche Bank, en la administración prusiana de los ferrocarriles estatales. De este modo podremos entender la lectura de Polanyi [oficial del ejército austrohúngaro durante la primera Guerra Mundial], al describir las ambiciones de Alemania en el Oriente,

Aquí también se entremezclaban la política y las finanzas, pero la política era suprema. Tras un cuarto de siglo de peligrosas escaramuzas, Alemania e Inglaterra formaron un acuerdo comprensivo sobre el ferrocarril de Bagdad, en junio de 1914, demasiado tarde para impedir la Gran guerra. […] el acuerdo dejaba sin decisión la controversia principal. La línea ferroviaria alemana no podía extenderse todavía más allá de Basora sin el consentimiento del Gobierno británico, y las zonas económicas del tratado no podrían dejar de conducir a una colisión frontal en el futuro (POLANYI, 2001 [1957], págs. 59-60).

Efectivamente fue un choque del expansionismo económico entre Alemania e Inglaterra, países en los cuales la revolución industrial había tenido mayor desarrollo. Por esto, Polanyi resalta que el análisis queda incompleto con la sola lectura de la Revolución Francesa de 1789, para entender la modificación que el siglo XVIII había heredado al futuro. No era sólo una revolución contra la monarquía. La independencia de Estados Unidos en 1776 y la revolución industrial en Inglaterra, conformaban el problema central: el desarrollo y expansión del capitalismo.

Este análisis de Polanyi (2001) sobre el desarrollo del liberalismo económico en Europa, durante la Primera y Segunda Guerra, aporta un fundamento a la conformación del bloque hegemónico colombiano, en cuanto permite hacer visible la fórmula de conservadurismo político y el liberalismo económico, en otro tiempo y lugar. Tenía razón al decir que,

el origen del cataclismo se encontraba en el esfuerzo utópico del liberalismo económico por establecer un sistema de mercado autorregulado. Tal tesis parece investir a ese sistema de poderes casi míticos; implica nada menos que la balanza de poder, el patrón oro y el Estado liberal -los elementos fundamentales de la civilización del siglo XIX- estaban forjados en última instancia por una matriz común: el mercado autorregulado (POLANYI, 2001 [1957], pág. 77).

Estos principios de la autorregulación del mercado del liberalismo económico se fueron instalando en la dominación capitalista del mundo. Uno de los resultados de la acumulación de la industrialización fue la carrera militarista del siglo XIX, la misma que desató dos guerras mundiales en el siglo XX. La Guerra franco-prusiana de 1870-71 y la guerra civil de la Comuna de París, fueron una previa del alcance que tomaría la carrera del militarismo industrial en Europa, con el conservadurismo político del ‘Estado de sitio’ se reprimieron todos los esfuerzos por rechazar la imposición del sistema capitalista de autorregulación del mercado.

El Gobierno de la Comuna duró poco. Aunque sigue siendo significativo. Para Engels en 1891, este seguía siendo un ejemplo de realización de la ¡dictadura del proletariado! Sumado a la represión del Estado francés y alemán, se presentaron fatales errores de las fuerzas del proletariado. Las divisiones entre “blanquistas (la mayoría)” y “proudhonistas (la minoría)”[3], serían de por sí un factor en contra. En la salvedad que hace Lenin del grito burgués de Blanqui: “¡La Patria está en peligro!” (LENIN V. I., 1934, pág. 20), se puede advertir del nacionalismo que aún persistía en las masas.

En la toma del poder del Estado, radicaba el éxito. Las condiciones “para deshacerse de todo este trasto viejo del Estado”[4] no estaban escritas. Marx y Engels, elaboraron fragmentos en sus obras, definiendo una concepción del Estado burgués. El tiempo no les alcanzo para terminar su obra del estado comunista. En estudios posteriores, Lenin y Gramsci sostuvieron una teoría crítica del Estado; Poulantzas y Jean Pierre Coun, compilaron una serie de trabajos en clave de realizar “un análisis marxista del Estado” (POULANTZAS & y PIERRE COUN, 1978).

El problema teórico que formula la Comuna de París está en la forma del Gobierno obrero, problema en el cual se planteaba la necesidad de destruir al Estado burgués. Sin embargo, la revolución burguesa que había aniquilado al sistema feudal se inspiraba en la política clásica de la democracia de Aristóteles. Se había promulgado un sistema en donde las mayorías permitían elegir por votación popular a los representantes, desarrollando en distintas versiones la división de poderes del “Gobierno civil”[5].

Es así como la Internacional gritó el 9 de septiembre de 1870: ¡Vive la Republiqué![6]. La crítica a la sociedad burguesa no podía ser la vuelta al Sacro Imperio Romano Germánico. Lejos estaban [y estamos] de desear una restauración de la autocracia. En La Guerra Civil, se plantea el Gobierno obrero de la Comuna, como una

forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de Gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un Gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo […] En la alborada del 18 de marzo de 1871, París despertó entre un clamor de gritos de “¡Vive la Commune!” (MARX K. , 2001 [1871]).

La dualidad era ‘Imperio’ o ‘Comuna’, autocracia o democracia. Pero el fin de la Comuna, era la ‘República social’, “una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase” (MARX K. , 2001 [1871]). Esto en la teoría de la lucha de clases, pasa por la anulación de las clases sociales, en el fin último del Gobierno del proletariado donde todos los que participan ejercen un trabajo, los medios de producción son socializados, y, por ende, se hace posible la distribución de las riquezas.

En la definición de la forma de Gobierno de la Comuna, el asunto no estaba en un Gobierno central o federal. La comuna redujo el aparato central, destruyó por breve tiempo “las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado” (MARX K. , 2001 [1871]). El fin era mayor, los obreros tenían clara la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, ya lo dijimos, debieron contemplar también la apropiación de los medios de cambio y distribución. El entusiasmo de Marx era mucho mayor, la Comuna era la posibilidad de ver el comunismo en su realización[7].

La tesis central de La Guerra Civil en Francia se dirige precisamente a que dado el uso del “terrorismo”[8] de las clases dominantes, se hace legítimo el uso de las armas por el pueblo. Además, en esta misma línea, contiene la crítica al costo del militarismo en las guerras de las dinastías europeas, este no podía seguir siendo pagado por los impuestos cobrados a los obreros y campesinos, “los costos de la guerra tenían que ser pagad[o]s por los verdaderos causantes”[9].

Sí en 1791, con la Constitución de la Revolución Francesa, surgió un Decreto que posibilitó el uso de las armas de la burguesía contra el proletariado: el invento del ‘Estado de sitio’; en 1871, el pueblo francés comprendió la necesidad por la cual “el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado”[10]. La decisión crucial en un proceso revolucionario consiste entonces en saber de qué lado estarán las armas que permitirán la implementación del Gobierno del pueblo en un ‘nuevo Estado’.

De ‘la guerra civil’ al ‘Estado de los Soviets’

Lenin hizo la tarea de leer a Marx y Engels, en clave de comprender los acontecimientos de la Comuna de París, en específico, entender el problema del Estado en el Gobierno de la Comuna. La ‘guerra civil’, definida a partir de los hechos de 1848 y 1870, le posibilitó emprender la Revolución Soviética contra el Imperio Zarista. La lectura de las obras de Lenin y los debates que sostiene con sus partidarios internacionales, son esenciales para el entendimiento de los motivos que aceleraron los conflictos bélicos de Europa.

La polémica con Kautsky, se centra en posiciones adversas sobre qué hacer con el Estado: demolerlo o encarnarlo. El debate puede leerse, entre el texto de Kautsky, La dictadura del proletariado, y la contestación que Lenin da a este, en La revolución proletaria y el renegado Kautsky. Como ha hecho Kautsky de Marx un adocenado liberal. Es decir, ante derrumbar o encarnar el Estado, hay una situación de mayor alcance, develar el tipo de Estado que asumirían los obreros como clase dominante, durante la transición del capitalismo al comunismo.

Aunque pueda resultar una frase suelta, esta es la condensación del debate: “La dictadura no es una ‘forma de Gobierno’, eso es un absurdo ridículo. Marx no habla de ‘forma de Gobierno’, sino de forma o tipo de Estado, lo que es absolutamente distinto” (LENIN V. I., 1934, pág. 111). En una claridad mayor: “los trabajadores necesitan un ‘Estado’, ‘es decir, el proletariado organizado como clase dominante’” (LENIN, 1976, pág. 23), la cuestión de ¿cuál tipo de Estado? es el asunto central que resolver en el nuevo Gobierno del pueblo.

En la transición se constituye el socialismo, en la versión de ‘dictadura del proletariado’. Podemos seguir escuchando en los pasillos sí es un Gobierno de muchos o el Gobierno de uno, haciendo volver a Lenin de la tumba, por el esfuerzo que hizo en la II Internacional, para afirmar que no era en un debate de “formas de Gobierno”, entre Monarquía o República. Sino una situación de entendimiento de la ‘violencia revolucionaria’ con la cual asume el poder el Gobierno obrero. Walter Benjamin pone la cuestión en ‘situación’ de violencia pura o divina (BENJAMIN, 1995 [1921]). La firmeza de Lenin, a partir de leer con dedicación los escritos de Marx y Engels, es hacer entender que “[l]a sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta” (LENIN, 1976, pág. 21).

El punto de partida, para construir una teoría del Estado desde el materialismo histórico, será la referencia a la obra de Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en la cual sintetiza al Estado como un ‘producto de la sociedad’ que mantiene un ‘orden’ o statu quo, sosteniendo con esto el conflicto de intereses de las clases dominantes,

El Estado -dice Engels- no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera a la sociedad; tampoco es la ‘realidad de la idea moral’, ni ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es importante para conjurarlos. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del ‘orden’. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado [ENGELS, F. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 318-319, ed., en castellano, Moscú, 1966] (LENIN, 1976, pág. 6).

Engels identifica en 1884, el rasgo característico del Estado moderno es “la institución de una Fuerza Pública que ya no es el pueblo armado” (LENIN, 1976, pág. 9), según la lectura de Lenin “[e]l ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder estatal” (Ibid.). Este es el asunto central por destruir. En la teoría política moderna se ha definido el Estado a partir de la obra de Max Weber de 1920, como el monopolio del uso legítimo de la violencia. Como se aprecia, la concepción weberiana, vino a plantearse décadas después en Economía y sociedad, escritura que no fue objetiva, sino mediada por encargó del Partido Socialdemócrata Alemán.

Dejar el monopolio de las armas en el Estado burgués tuvo consecuencias lamentables en los desenlaces de las Guerras Mundiales. La cuestión que Rosa Luxemburgo había identificado en el militarismo industrial capitalista se evidenció en la guerra imperialista entre 1914-1917. Lenin entendió estos hechos, como la guerra de “Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín” (LENIN, 1976, pág. 11). El sistema colonial renovado en el capitalismo ya no dependía de las dinastías monárquicas, sino del sistema financiero internacional, impulsado por la falacia de los nacionalismos[11] y la carrera del armamentismo militar.

El sistema capitalista perpetuó la dinámica de la sociedad de clases, entre clases explotadoras y explotadas[12]. En la dinámica del reparto del mundo, los pueblos serían igualmente puestos en el tablero mundial a disposición de los países saqueadores y los países saqueados. De esta manera el movimiento comunista internacional debía concebir el problema, no en patriotismos nacionalistas con limitados análisis de fronteras, sino en la identificación de las condiciones posibles de hacer que los obreros tomaran el poder en cada Estado para la construcción real de una economía planificada a nivel mundial, en la época en que Lenin afrontaba la Revolución, el único caso ilustrativo era la Comuna[13].

Lenin halla en una carta de Marx, la precisión de una categoría de análisis fundamental en el materialismo histórico, la lucha de clases. No se otorga el crédito de su invención, por el contrario, señala su aporte en la dirección de demostrar:

1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Produktion); 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases [Carta de Marx a Weydemeyer, 5 de marzo de 1852. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 456, ed. castellano, Moscú, 1966]” (LENIN, 1976, págs. 31-32).

El marxismo que propone la lucha de clases sin el fin último de la toma del poder resulta en una contradicción con la misma teoría. Sí los Estados burgueses, en todas sus expresiones han sido una dictadura de la burguesía, la situación de la ‘violencia revolucionaria’ es una condición por medio de la cual el movimiento obrero se hace clase dominante, con el fin de dirigir a las clases de la burguesía en la dictadura del proletariado[14]. La toma pacífica del poder por la vía democrática no podrá mantenerse sin haber conquistado primero el poder militar del Estado. La distribución de la riqueza por expropiación de la acumulación del capital del que se ha apropiado la burguesía, en todos los casos tendrá una confrontación armada.


La Comuna de París, contiene toda la sabiduría de la ‘violencia revolucionaria’. La primera experiencia de la ‘dictadura del proletariado’, dejó fuertes lecciones respecto al uso de las armas por el movimiento obrero para su permanencia en el poder. París y Versalles se hallaban en dos realidades, la una tomada por lo obreros armados, la otra en un Gobierno militar derrotado en la frontera con Alemania.

Lenin, entendiendo a Marx y a Engels, en los análisis históricos de las lecciones de la Comuna, define que “la dictadura revolucionaria del proletariado es violencia contra la burguesía; [y] esta violencia se hace particularmente necesaria, […], por la existencia del militarismo y de la burocracia” (LENIN V. I., 1934, pág. 108). Además, por las mismas referencias, ya había leído la salvedad de Luxemburgo, respecto al desarrollo del militarismo imperialista, el cual se había mostrado en todo su esplendor de 1914 a 1917.

Los errores de la Comuna consistieron precisamente en no ejercer la ‘violencia revolucionaria’ contra el Gobierno militar[15]. No se implementó la expropiación, no se tomó el poder de los recursos económicos, como tampoco se ejerció la violencia para aniquilar definitivamente al antiguo régimen. Por el contrario, la Comuna abrió las puertas de la democracia e hizo participes a todos los Partidos políticos en el Gobierno obrero[16]. La democratización del régimen, paso por la apertura de las elecciones, los nuevos funcionarios del pueblo debían adelantar el trabajo de la constitución de un nuevo orden en Francia, los militares no lo permitieron.

De tales errores aprende el pueblo ruso, dejando a la socialdemocracia la tarea previa de formar a los nuevos sujetos revolucionarios. El pueblo había leído a Marx y a Engels, tal como lo había hecho Lenin, en la mejor de las interpretaciones posibles, con la voluntad de tomar el poder hasta la última instancia, para constituir el Estado de los Soviets[17]. Era un asunto nacional derrocar al Gobierno del Zar Nicolás II, y, sin embargo, era un asunto internacional hacer realidad el fallido Gobierno de la Comuna.

Luego de la teoría, venía la praxis de la “insurrección armada”[18]. El método de lucha que se puso a prueba en la revolución de la Comuna de París en 1871 fue el mismo del alzamiento en Rusia de 1905, este es “la guerra civil”[19]. Pasaron doce años para el desenlace, la constitución de la nueva organización política, los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados[20]. Tomaron el poder del Estado, transformando sus instituciones en el poder del pueblo organizado.

En cuanto al problema de la Comuna, Lenin dice, leyendo el prólogo de Engels de 1891 que “¿No hubiera debido la Comuna emplear más el Poder revolucionario del Estado, es decir, del proletariado armado, organizado como clase dominante?” (LENIN, 1976, pág. 60). Sí lo hubiera hecho, muy posible, otra hubiese sido la historia. Habrían sido los obreros parisinos quienes coordinaran el ataque a Versalles y constituyeran junto a los campesinos insubordinados, el primer Gobierno de la comunidad [Gemeinwesen][21].

En un breve artículo, A la Memoria de la Comuna, publicado en la Gazeta Rabóchaya de 1911, Lenin cuestionaba “¿Cuál es la herencia de la Comuna?”, respondiendo que la Comuna era la primera experiencia de un ‘Gobierno obrero’[22]. Uno en el cual, los medios de producción pasaron a sistemas de ‘cooperativas obreras’, y en el que se igualaban todos los salarios del funcionamiento del Estado, al sueldo del obrero. La herencia, era ser “el ejemplo de un Gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la capital del mundo” (LENIN, 1934, pág. 28).

En este breve tiempo, se demostró que era posible transformar las instituciones representativas, en corporaciones ‘de trabajo’[23]. Tanto el poder ejecutivo como el poder legislativo se modificaron, en clave de transformar la dinámica de dominación de la burguesía en alianza con la monarquía, haciendo una crítica radical al sistema republicano[24]. La República, pasaba de ser un sistema en el cual se hacían rotatorios los cargos de poder para las clases dominantes, sometiendo al pueblo a sus direcciones, a ser, un sistema de Consejos de Soviets, en donde los obreros, los campesinos y los soldados, tomarían las decisiones, “bajo el control y la dirección del proletariado armado” (LENIN V. I., 1934, pág. 48).

La Comuna fue la realización del Gobierno obrero, de la ‘dictadura del proletariado’. Definirlo, no es entonces una discusión de la forma de Gobierno de la ‘dictadura’, tampoco es un asunto entre monarquía o república[25], el asunto está en definir el tipo de Estado, el Estado de los Soviets. Dado que antes de la ‘extinción’ del Estado, el socialismo tiene que apoyarse en un aparato que permita la transición del capitalismo al comunismo.

Los Soviets, el pueblo ruso de obreros y campesinos, tuvieron que ser también soldados, organizados en el ‘nuevo Estado’, asumieron el reto de administrar los medios de producción de tal forma que permitieron el equilibrio entre trabajo y consumo para las grandes mayorías. Los historiadores rusos o antirusos pueden haber debatido estos asuntos con mayores detalles, en este apartado solo pretendemos una breve exposición de las consecuencias de la confrontación del pueblo al ‘Estado de sitio’.

El nuevo sistema político-económico debió definir una distribución de funciones que posibilitó la elección democrática de los cargos directivos, que orientaron el desarrollo y distribución de las riquezas. El ‘nuevo Estado’ consistió en una ejecución de la economía planificada, afrontando “los problemas de la estructura económica y de las relaciones de clase en el momento en que el proletariado toma el poder estatal”[26].


Sobre la toma del poder por la vía armada o la vía democrática se extiende un debate entre Lenin a Kautsky, a partir de la interpretación del examen que hace Engels al Programa del Partido Socialdemócrata de Alemania, aprobado en el Congreso de Erfurt, en octubre de 1891. Si bien Lenin y Engels, reconocen un avance, a las críticas que ya había hecho Marx al Programa de Gotha, en 1875. Los tres autores coinciden en que estos documentos son una aventura de Kautsky, resumida en “el oportunismo de la II Internacional” (LENIN, 1976, pág. Nota 39: 122).

El Programa de Erfurt, omitió la ‘dictadura del proletariado’ orientando la revolución por la vía democrática. Teniendo en cuenta que Engels ya había registrado el ascenso en las votaciones por el Partido Socialdemócrata, se comprende que la experiencia de Francia no acontecía en el mismo terreno donde transitaba el Imperio Alemán. En consideración de Kautsky las condiciones de Alemania dirigían a los trabajadores a conquistar el poder en las urnas.

En Alemania, Bismark había promulgado la Ley de excepción contra los socialistas en 1878. Esta Ley prohibió la existencia del “Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera” (LENIN, 1976, pág. Nota 40: 122). Tras una década de Congresos en el exilio, los obreros alemanes habían tenido que organizarse en la clandestinidad y constituir organizaciones ‘ilegales’, esta situación perduró hasta 1890. Tras manifestaciones en las calles fue derogada la Ley, concluyendo el periodo del Canciller Bismark.

En estas condiciones, se omitió la ‘dictadura del proletariado’ por miedo, Alemania seguía en un régimen monárquico-imperial. La ‘vía pacífica’ era entonces un acuerdo implícito de los socialdemócratas para la continuidad de su participación política, una vez derogada su prohibición. Aun así, Engels da a entender la situación en forma inversa al análisis de Kautsky, precisamente por ser un régimen represivo era necesaria la ‘violencia revolucionaria’.

El Gobierno de la Comuna y los análisis de los Congresos del Partido Socialdemócrata Alemán, son leídos por Lenin entre febrero y agosto de 1917 (LENIN, 1976, pág. 63). Los documentos que reseña son aportes fundamentales del acontecer político del continente europeo. El desarrollo del capitalismo en su etapa imperialista había desatado una guerra continental, tras el ‘choque’ de los intereses expansivos de Alemania e Inglaterra (POLANYI, 2001 [1957]).

El Programa de Erfurt, no sólo había descartado la lucha armada del movimiento obrero, también llegaba a insinuar que “el capitalismo monopolista o monopolista de Estado no es ya capitalismo, que puede llamarse ya ‘socialismo de Estado” (LENIN, 1976, pág. 64). En contra de este análisis, Lenin se revela dos décadas después. Agrega al problema del Estado, las conclusiones del Congreso socialista internacional de París, en 1900[27]. En el cual, Kautsky modificó el problema de la destrucción del Estado, por el de las “formas de la destrucción”. Finaliza con una crítica al libro La revolución social, en la cual Lenin dirá que Kautsky “admite la conquista del Poder sin destruir la máquina del Estado” (LENIN, 1976, pág. 101).

De esta manera Kautsky desvirtuó en Alemania toda la teoría de Marx y Engels, en lo concerniente a la crítica del Estado burgués y la voluntad de tomar el poder por el Gobierno del pueblo para la construcción de un ‘nuevo Estado’. El movimiento obrero, orientado por el Partido Socialdemócrata, quedó inmerso en el nuevo credo de la fe del Estado burgués, que permitiría por la vía pacífica electoral, la toma del poder sin necesidad de una ‘violencia revolucionaria’ que lo transformará. Se negó la opción de la revolución, por la participación de los obreros en las urnas de la democracia burguesa, sustituyendo los conceptos de ‘dictadura del proletariado’ y ‘democracia proletaria’, por los del ‘parlamentarismo burgués’[28].

Los debates internos en el Partido Socialdemócrata Alemán se venían exponiendo en los órganos de prensa [Vorwärts, Neue Zeit, Leipziger Volkszeitung] desde el análisis que presentó Rosa Luxemburgo sobre la huelga de masas en 1906. La confrontación con Karl Kautsky, se centraba en la dirección que había dado, respecto a concentrar todos los esfuerzos en la reforma electoral, con miras a participar en las elecciones de 1912. Frente al entusiasmo de Luxemburgo, por fomentar el accionar obrero en las barricadas, aprendiendo de las revoluciones en Rusia a partir de 1905, en las que emergió la táctica de la ‘huelga de masas’ como principio de organización del proletariado.

En 1910, ya se había dado una fuerte ruptura entre Kautsky y Luxemburgo, durante el Gobierno del Imperio Alemán. Luxemburgo solicitó publicar un artículo sobre el republicanismo y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el sufragio universal[29]. En principio, la publicación fue negada por Kautsky, entonces director de Neue Zeit. En el relato de Rana Dunayevskaya (1985:74), puede comprenderse como Kautsky al mismo tiempo que censuraba a Luxemburgo, venía publicando una serie de artículos que revivían las lecciones de la antigua historia romana, en clave de exponer la “estrategia del agotamiento” (Ermattungsstrategie) y la “estrategia del derrocamiento” (Niederwerfungsstrategie). Lo que Lenin denominó el oportunismo de Kautsky, contenía un síndrome doble: pesimismo en la revolución y conformismo burgués.

La ruptura final se dio con las votaciones en el Reichstag, el 2 de diciembre de 1914. Se aprobaba el proyecto de Ley de Créditos de Guerra, con un único voto en contra, el de Karl Liebknecht. De esta manera Kautsky junto a todos los representantes políticos del Partido Socialdemócrata Alemán traicionaron a sus partidarios y a sus ideales. En la constancia de su voto, Liebknecht caracterizó el ingreso de Alemania a una “guerra imperialista, una guerra por el reparto de importantes territorios de explotación para capitalistas y financieros”[30]. El capitalismo en su fase de expansión imperialista, necesito de la socialdemocracia alemana para poner en vigor la carrera de la industria armamentista, apoyando un desfigurado nacionalismo en la guerra del Imperio Alemán contra el Imperio de Rusia (LIEBKNECHT K. , 1914).

La crítica al militarismo tenía un largo historial en Europa, las publicaciones más recientes en la época confluyeron en la Conferencia Internacional de París en 1900. Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo participaron años después en la organización de la Primera Conferencia Internacional Antibélica, celebrada en Holanda el 15 de marzo de 1915. Luxemburgo no pudo participar, dado que el 18 de febrero el fiscal de Frankfurt procedió a su arresto, siendo condenada a prisión por promover la desobediencia de los soldados a los altos mandos militares de Alemania[31].

Tanto en Frankfurt, Erfurt y Freiburg, Rosa Luxemburgo se había dedicado a brindar discursos públicos “declarando la guerra al militarismo y al belicismo imperialista” (FRÖLICH, 1976: 258). Lo cual despertó alarmas hasta en el Ministerio de Defensa[32]. Luxemburgo atacó precisamente al Estado desde su interior, lo acusó del maltrato a la tropa de soldados en los cuarteles alemanes. Su ‘política bélica’ consistió en hacer visible la deshumanización de la guerra en la carne de sus propios hombres, en la utilización del pueblo en el campo de batalla[33].


Vladimir Lenin y Rosa Luxemburgo se casaron en debates entre 1903 y 1904, producto del trabajo común que tuvieron que realizar en Polonia y Lituania. La cuestión central se dio a partir de “la defensa del derecho de las naciones a la autodeterminación”[34], este asunto protagonizó el debate en la definición de los Estatutos del Partido Socialdemócrata de Polonia y Lituania, teniendo un dedicado lugar en las obras posteriores de Lenin.

Las rivalidades entre la intelectualidad alemana y el arrojo de los soviets rusos, sigue dejando en entrelíneas todas las lecciones posibles a la fusión de la teoría y la praxis. Son varias las cuestiones que diferenciaron el pensamiento de Lenin y Luxemburgo respecto a la Organización del Partido, la cuestión de la autodeterminación (Lenin) y las aspiraciones nacionalistas (Luxemburgo), a partir del trabajo de forjar unidad entre el Partido Socialdemócrata de Polonia y Lituania (PSDPyL) y el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR).

Certeras y visibles eran las diferencias entre Rusia y Alemania, en cuanto al desequilibrio existente entre el desarrollo de la burguesía alemana y el retraso del absolutismo de la monarquía rusa[35]. El despliegue de la Revolución Francesa desde 1789, había generado unas condiciones diferentes a la burguesía industrial de Alemania, el avance del desarrollo de las fuerzas de producción por iniciativa privada se diferenciaba de los desarrollos en el feudalismo imperial del Zar Nicolás II. En Rusia, los obreros tuvieron que hacer la Revolución, sin previas revoluciones burguesas.

Alemania había afrontado a Francia en 1870, prohibiendo desde 1878 hasta 1890 el ejercicio político al Partido Socialdemócrata Alemán con la ‘Ley de excepción’. Las analogías que hicieran los rusos en su Congreso a la ‘excepción’ y el ‘Estado de sitio’, tenían serias dificultades de interpretación en la época. Las diferencias entre el Imperio Zarista, el Imperio Alemán y la República Francesa dan cuenta de realidades con rumbos distantes entre la elección de sus formas de Gobierno y tipos de Estado.

En la respuesta que emite Rosa Luxemburgo, en Problemas de organización de la socialdemocracia rusa, pueden leerse los análisis que diferencian estas sociedades en su desarrollo económico y político. El ‘centralismo’, es la teoría que funda al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia-POSDR a través de la campaña de Iskra. Luxemburgo realiza una crítica de este método de centralización del Partido a partir de la publicación de Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, la cual trata de la evaluación del Congreso del POSDR en 1903. Rosa se dirige “al gran representante del grupo Iskra” refutando la “exposición metódica de las ideas de la tendencia ultracentralista en el movimiento ruso” (LUXEMBURGO, 1904).

Luxemburgo hace una crítica mordaz contra la concepción del ‘Comité Central’ como único organismo pensante en el Partido, y precisa denominando a este modo de operación de ‘centralismo conspirativo’ con “sometimiento ciego y absoluto de la base del Partido a la voluntad del centro, y la extensión de dicha autoridad a todos los sectores de la organización” (LUXEMBURGO, 1904).

Es posible anotar que el ‘centralismo’ desde la forma de organización del Partido, en cuanto dirección de un tipo de Estado centralizado, no sólo caracteriza al comunismo, sino también al presidencialismo centralista bolivariano, cuestión que tiene una coincidencia con la acusación de cierto conservadurismo: “Si le otorgamos, como quiere Lenin, poderes absolutos de carácter negativo al órgano más encumbrado del Partido fortalecemos peligrosamente el conservadorismo inherente a dicho organismo” (Ibid.).

La crítica al órgano del ‘Comité Central’ radica en el desconocimiento del trabajo autónomo de las organizaciones y de las células que hacen parte del Partido. La estructura organizativa que con una sola cabeza espera que todos los brazos respondan al son de una dirección, era inconcebible en Luxemburgo como propuesta de una estructura que se propusiera realizar la transición al socialismo.

Debe tenerse en cuenta que es Luxemburgo la que primero juzga “la inmadurez del movimiento obrero ruso”[36], en la distinción entre los sujetos revolucionarios que conducirían la revolución de 1905. Los primeros soviets rusos tenían una formación intelectual que los arrojaba a mezclarse con la masa de trabajadores. Por lo cual, cuando Rosa plantea que “[e]l ultracentralismo que pide Lenin” tenía una intención de alerta en la dirección, ante un pueblo revolucionario que esta inclinado hacia los subalternos, interpreta que era un líder “colmado del espíritu estéril del capataz, no de un espíritu positivo y creador” (LUXEMBURGO, 1904).

La acidez de Luxemburgo ciertamente no debía caer muy bien en la Internacional. Su lenguaje no diferenciaba la diagonal del vector de un buen lector, directo al ‘ego’ de Lenin, expresó lo siguiente:

Divierte observar los tumbos que ha debido dar el respetable “ego” humano en la historia rusa reciente. Tirado en el suelo, casi reducido a polvo por el absolutismo ruso, el “ego” se venga dedicándose a la actividad revolucionaria. Reviste la forma de un comité de conspiradores que, en nombre de una Voluntad Popular inexistente, se sienta en una especie de trono y proclama su omnipotencia. Pero el “objeto” resulta ser el más fuerte. El knut triunfa porque el poder zarista parece ser la expresión “legítima” de la historia (LUXEMBURGO, 1904).

La herida del asesinato del hermano de Lenin tras el intento de homicidio del Zar debía seguir abierta. Si bien, el pesimismo del análisis de Luxemburgo sobre esta crítica del ‘centralismo’ en el Partido, va a diferir radicalmente de su valoración a las revoluciones de los Soviets en 1905-1906 plasmadas en ¡Huelga de masas, sindicatos y Partidos! En su crítica a Lenin, anticipada a los hechos, descalifica a la revolución de los Soviets, como una revolución burguesa, llegando a aseverar que “al día siguiente de la revolución veremos a la burguesía, sobre todo a los intelectuales burgueses, tratando de utilizar a las masas como puente hacia su dominio” (LUXEMBURGO, 1904).

Las diferencias intelectuales entre los intelectuales orgánicos de Rusia y Alemania no pasaron del plano teórico. Fue posible que se cruzaran en el exilio en Zúrich, desde donde trabajaron juntos por los Partidos de Polonia y Lituania. Luego del asesinato de Luxemburgo y Liebknecht en Alemania, el 15 de enero de 1919, Lenin dio una conferencia en la Universidad de Sverdlov, en la cual se refirió a la Liga Espartaquista, en el desarrollo de sus ideas Acerca del Estado:

Tanto bajo la esclavitud, como bajo el régimen de la servidumbre, el dominio de una insignificante minoría de hombres sobre la enorme mayoría no podía prescindir de la coerción. Toda la historia está llena de ininterrumpidos intentos de las clases oprimidas encaminados a derrocar la opresión. La historia de la esclavitud registra guerras que duraron muchos decenios y cuyo objetivo era liberarse de la esclavitud. De paso sea dicho, el nombre de ‘espartaquistas’, adoptado ahora por los comunistas de Alemania -único Partido alemán que lucha de verdad contra el yugo del capitalismo-, lo ha sido precisamente porque Espartaco fue uno de los héroes más destacados de una de las más importantes sublevaciones de esclavos [en el Imperio Romano] (LENIN V. I., 1970 [1919], pág. 195).

Estas consideraciones de Lenin sobre la vertiente política de sus camaradas asesinados fueron previas al Congreso de la II Internacional de 1920. La crítica que el mismo había cultivado contra los ‘jefes’ de los Partidos Comunistas en los debates de Iskra, debía dar un giro que le permitiera sintonizarse y ganar aliados para el sostenimiento de la Revolución Soviética. En el folleto que circuló en el Congreso, condenó la actitud de dividir la ‘dictadura del proletariado’ en una rivalidad entre ‘jefes’ y ‘masas’. Contraponer ‘la dictadura de las masas a la dictadura de los jefes’ fue denominado de ‘izquierdismo’, “enfermedad infantil en el movimiento comunista internacional” (LENIN, 1972 [1920], pág. 114). La razón de esta exposición fue una respuesta crítica al documento “Una escisión en el Partido Comunista de Alemania (Liga de los espartaquistas)”[37] publicado en Frankfurt.

El problema que Lenin resaltó fue el subtítulo eliminado, los problemas de “la estrategia y táctica marxista”. La cuestión era posicionar en la II Internacional a los bolcheviques como ejemplo del Poder Soviético, en clave de conquistar a las mayorías, cálculos que son una constante en la política sin distinción de Partido. La crítica al comunismo ‘de izquierda’ en Alemania, es leída por Marta Harnecker, quien asume la difícil tarea de traducir tal ‘izquierdismo’ como un concepto central del materialismo histórico, entendiéndose en términos de “aventurismo, terrorismo, etc.” (HARNECKER, 1970, pág. 181).

Harnecker elabora tres planos en los cuales definir ‘el izquierdismo’ en la tradición marxista-leninista, el ideológico, el organizativo y el de la dirección (HARNECKER, 1970, pág. 182). En el primero identifica al estilo del psicoanálisis francés, un ‘subjetivismo’ en el sujeto revolucionario ‘[c]onfunde su deseo con la realidad objetiva’, anhela la insurrección revolucionaria sin tener en cuenta las posibles ‘revoluciones democráticas’. En el segundo, se profundiza el ‘individualismo’, descalifica ‘las medidas disciplinarias del Partido’ y forja el ‘caudillismo político’. En el último, confunde ‘la estrategia revolucionaria’, lo cual le conduce a una “incapacidad para reflexionar en términos de relaciones de fuerza” (Ibid.).

La calificación de ‘infantilismo’, parte de asumirse en ‘grupúsculos’ en desmedro de la totalidad del Partido, muy en la concepción juvenil de crear el mundo alrededor de un grupo mínimo de amigos. Lo que Lenin califica de ‘aventurerismo’, tiene un extenso prontuario de divisiones internas en la historia de los Partidos Comunistas que resultan en nuevas agrupaciones políticas[38]. La crítica al ‘izquierdismo’, resulta siendo una crítica a la actitud infantil del Grupo de Frankfurt al decidir no participar en las elecciones, oponiéndose a la orientación de participación política que en Berlín habían dirigido Luxemburgo y Liebknecht, y que, tras su muerte, fue seguida con las candidaturas de Clara Zetkin y Paul Levi a las elecciones parlamentarias.

La lectura con pinzas de Reforma o Revolución, y de la noción de ‘huelga de masas’ en Luxemburgo, tiene que ser muy consecuente con el materialismo histórico, en términos de comprender que la toma de poder del Estado no deriva de la conducción de las masas en sus demandas reformistas. El marxismo-leninismo, en cuanto lectura consciente de las obras de Marx y Lenin, asume la toma del poder político, económico y militar del Estado, por la vía democrática si las condiciones lo permiten o por vía armada si no queda más remedio.

De La Enfermedad Infantil del ‘Izquierdismo’ en el Comunismo, al caso colombiano, hay que resaltar las ideas centrales que legó Lenin al movimiento internacional: la primera expuesta por Gilberto Vieira en una entrevista que le hizo Martha Harnecker en 1988, es la tesis de Lenin sobre que el comunismo debía hacerse de “la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas parlamentarias y extraparlamentarias de lucha” (LENIN V. I., 1966 [1920], pág. 21). La segunda tan cierta como la anterior, en caso de lograrlo, es que:

[l]a dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible (LENIN V. I., 1966 [1920], pág. 33).

Si estas ideas no dan cuenta del lenguaje subliminal del comunista que mejor conjugó la teoría y la práctica, será imposible entender la maniobra política de Lenin para ganarse al auditorio de la II Internacional, insultándolos sin injurias ni calumnias directas:

Para saber ayudar a la ‘masa’, para adquirir su simpatía, su adhesión y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las zancadillas, los insultos, los ataques, las persecuciones de los ‘jefes’ (que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos en relación directa o indirecta con la burguesía y la policía) y trabajar sin falta allí donde estén las masas (LENIN V. I., 1966 [1920], pág. 45).

Craso dilema entonces, el asunto de acusar de infantil e izquierdista al revolucionario que trabaja con las masas. La aclaración viene, en cuanto a un trabajo de masas en qué nivel, porque definitivamente tanto para la revolución armada como para la revolución democrática, se necesita de las manos de los obreros que empuñen las armas o concedan los votos. Con los argumentos expuestos es preciso decir que la denominación ‘infantil’ no está en la crítica a los ‘jefes’ sino directamente a la decisión de no participar en las elecciones del ‘Parlamento Burgués’[39].

Frente al Folleto de Frankfurt, no queda más que acertar en el rechazó que Lenin pronunció frente a la crítica sobre la abstención en las elecciones. Esto contradecía a los mismos fundadores de la Liga Espartaco, Luxemburgo y Liebknecht, quienes habían Estado en todos los procesos de elecciones parlamentarias hasta su asesinato. Motivo por el cual, Lenin se llena de una artillería de argumentos sobre la participación de los bolcheviques en los Parlamentos más reaccionarios, incluso en el mismo año de la Revolución[40].


Lenin, al preguntarse ¿Con qué sustituir la máquina del Estado, una vez destruida?, brinda una respuesta que pasará la mayor factura, en los hechos de Chernóbil en 1986. Los países socialistas del este en su mayoría estuvieron compuestos por masas de campesinos que deseaban derrocar el orden establecido, aspirando a un proceso de “transformación socialista del Estado”, a lo cual advertía Lenin que la masa del campesinado “ansía un Gobierno ‘barato’”[41].

Este principio economicista de reducir los gastos del Estado y elegir lo más barato de la oferta, ha causado muchos malestares en el socialismo. Según los investigadores de los hechos de la erupción de la fábrica de energía nuclear de Ucrania, uno de los causantes de su deterioro fueron los ‘repuestos baratos’, con que se habían reparado las máquinas que aseguraban su funcionamiento. Tres años más tarde, la República Democrática de Alemania vio como la expansión de la desilusión nuclear llegaba hasta el derrumbe del muro de Berlín.

La obra de Lenin se realizó en la Revolución, su trabajo de praxis teórica, política y militar concibió el principio del ‘centralismo democrático’. En la Organización de la unidad de la nación, plantea la cuestión de sí Rusia necesitaba un tipo de Estado centralista o federalista, acudiendo a la interpretación que Bernstein hizo de Marx (centralismo) y Proudhon (federalismo) conducen a que Lenin asiente esta observación[42]. Su lectura de Marx y Engels, le permitieron afirmar que el materialismo histórico “defiende, desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria, el centralismo democrático, la república única e indivisible” (LENIN, 1976, pág. 68).

El ‘centralismo democrático’ será un extenso debate en las publicaciones de Lenin y Luxemburgo. En su defensa sobre la autodeterminación de los pueblos, Lenin en contraste con la lectura de Luxemburgo, reconoce el problema del “nacionalismo filisteo”[43]. La ‘república democrática centralizada’ o ‘república unitaria’, será entonces la forma de Gobierno del tipo de Estado centralista.

En algunos pasajes de Engels, pueden aparecer las defensas autonomistas, sin embargo, no se trataba de negar la ‘autonomía local’ de las ‘comunas’. La ‘autonomía provincial y municipal’ consistía en la “‘Completa autonomía para la provincia’ (distrito y municipio) ‘con funcionarios elegidos por sufragio universal. Supresión de todas las autoridades locales y provinciales nombradas por el Estado’” (LENIN, 1976, pág. 69).

Con esta argumentación se sustenta una teoría del Estado desde el materialismo histórico, tanto las formas de Gobierno como el tipo de Estado, fueron temas centrales en las obras de Marx y Engels. Sabían muy bien el engranaje del aparato a destruir, conociendo su armazón había que avanzar en la creación de un ‘nuevo Estado’[44], en contraposición al ‘trasto viejo del Estado’ destruido.

Ahora bien, el problema del Estado ‘barato’ o las condiciones económicas de la extinción del Estado, parten de entender en el lenguaje básico maquiavélico, el poder de la ley y la fuerza[45], esto es, la extinción del aparato burocrático y represivo. El asunto lo pone Lenin, en la interpretación que hace Ferdinand Lassalle de la Crítica del Programa de Gotha, de la objeción de Marx al Programa del Partido Socialdemócrata Alemán de 1875. En Lenin, este asunto parte de la correlación que elabora Marx entre ‘el Estado y la sociedad’, en el cual concentra la atención en el ‘desarrollo de la sociedad comunista’. Por lo cual, viene la cuestión de las ‘fases’ (‘grados o etapas’) de la transición del capitalismo al comunismo, siendo precisamente la sociedad la que transita en la transformación del aparato del Estado.

En la fase inferior de la transición, el Estado capitalista, caracterizado como ‘máquina especial para la represión’, desaparece en la medida en que pasa a ser el Estado de los obreros armados, utilizado para los efectos de reprimir, de ser necesario, a la minoría que se había apoderado de la concentración de riqueza (acumulación del capital) con el usufructo de los ‘esclavos asalariados’[46]. En la fase superior, no existe ‘máquina de represión’ porque no existirá a quién reprimir, sea porque ha llegado el fin de las clases sociales, en tanto, la distribución de la riqueza ha permitido igualdad de condiciones socioeconómicas; o bien, porque las diferencias entre las clases, ya no se han de solucionar por medio de la represión.

En el Estado de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados, no debía existir ‘Estado de sitio’ ni ‘Ley de excepción’. Los obreros armados, no sólo tendrán armas de fuego, sino las armas del conocimiento, armados de inteligencia “se convierten en empleados a sueldo del Estado” (LENIN, 1976, pág. 95). En el ‘nuevo Estado’ desaparecerá el orden establecido actual, un análisis distinto al examen de derecho constitucional, saltando de Constitución en Constitución de los países de Europa y Estados Unidos. El ‘nuevo Estado’ anula la noción de un generalizado Estado de excepción[47], a menos que realmente sea entendido en clave benjaminiana, como el Estado que posibilite la revolución.

Los ‘monstruos guerreros’ del capital financiero de Alemania e Inglaterra iniciaron la guerra en 1914. La revolución en Alemania (1917-1923) no logró tomarse el poder, por lo cual persistió la ‘mezquindad’[48]. El Partido Socialdemócrata Alemán, voto a favor de los ‘Créditos de Guerra’ y se sumió en la fe de Estado, con devoción en la desviación profesada por Kautsky de lograr conquistar el Poder del Estado ganando la mayoría del parlamento. La socialdemocracia alemana se sepultó en la oscuridad del militarismo imperialista, del que tanto había prevenido uno de sus fundadores Wilhelm Liebknecht[49], y la misma socialdemocracia dio una estocada final, matando a su hijo Karl Liebknecht en 1919[50].


Previo a la Revolución de 1917, Lenin tenía claro que, en Rusia, los Soviets no sólo tenían que tomar el Estado, sino que debían transformar todas las instituciones del ‘Poder político’[51]. Leyéndolo es posible entender que “la dictadura no significa necesariamente supresión de la democracia” (LENIN V. I., 1934, pág. 105), puesto que existió democracia en la elección de los órganos de los Soviets. Es dictadura porque “sí significa necesariamente la supresión (o una restricción esencialísima, que es también una de las formas de supresión) de la democracia para la clase sobre la cual o contra la cual se ejerce la dictadura” (LENIN V. I., 1934, pág. 105), es decir, contra la burguesía que en todas las revoluciones precedentes se habían aliado con la monarquía en contra de los obreros.

Sí vuelve el asunto al Gobierno de muchos o de uno, Lenin dirá “la dictadura puede ejercerla un grupo de personas, una oligarquía, una clase, etc.” (LENIN V. I., 1934, pág. 105). El asunto de la dictadura del proletariado, no se rigió en los mismos estándares de la dictadura romana o de las dictaduras de la burguesía. Sí la Comuna fue un ejemplo, la Revolución de los Soviets fue realmente su instalación. Derribado el zarismo, el nuevo Gobierno partía de una verdadera “dictadura revolucionaria del proletariado […] un poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un poder no sujeto a ley alguna” (LENIN V. I., 1934, pág. 106). Un poder que creo sus propias leyes, en consonancia con la teoría del materialismo histórico, aprendiendo de las experiencias previas y constituyendo una ‘máquina estatal proletaria’.

La sustitución del ‘viejo aparato burocrático’ por ‘otro nuevo’, la hallamos en una de las lecturas más claras de Lenin, la que realizó Gramsci, en un entendimiento de lo que sería el ‘nuevo orden’[52] de la revolución proletaria. En 1919, lanzó en Italia la revista L’Ordine Nuovo, con la convicción de hacer internacionalista el Gobierno de los Soviets, “la forma de autogobierno de las masas obreras” (GRAMSCI, 2011 [1977], pág. 127). En la publicación de sus ediciones, se fue escribiendo el programa de la toma del poder de los obreros italianos, a partir de la constitución de los Consejos de Fábrica, convirtiendo el lugar de producción del capitalismo, en el lugar de trabajo de las ideas de los obreros.

Francia y el ‘Estado de sitio’: entre ‘sitiadores’ y ‘sitiados’

Un análisis histórico más riguroso en perspectiva marxista, que no es el caso de Agamben (2014), puede dialogar esta situación con los escritos de Marx y Engels vinculados a la Comuna de Paris. Igualmente, la dedicación que estos autores tuvieron a Las revoluciones de 1848 da cuenta del arsenal de categorías que aporta el materialismo histórico al análisis socio-histórico y al análisis político-económico, con los cuales es posible evidenciar el uso represivo del ‘Estado de sitio’. La condensación del uso de la ‘coerción física’ contra los obreros en París, había tenido antecedentes en distintas latitudes de Europa, al caso habría que leer la Supresión de la ‘Nueva Gaceta Renana’ por disposición de la ley marcial[53], al ser declarado en 1949 el ‘Estado de sitio’ en Colonia, Alemania.

Acudimos a los escritos de Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, como autores que consideramos en la línea de construcción del método de investigación del análisis sociohistórico que crea Gramsci a partir de las categorías del materialismo histórico. En los escritos de juventud de Marx, encontramos el fundamento de la crítica a la religión, la cual puede entenderse como punto de partida para leer con pinzas un estudio teológico.

La lectura, tanto de La cuestión judía [1843] como de la Crítica a La filosofía del derecho de Hegel [1844], aportan la cuestión fundamental, eliminar de raíz a la religión, esto es, a la concepción teológica del mundo. Entiende Marx, que la filosofía del Derecho y la teoría del Estado en Hegel alcanzó una negación de la conciencia política y jurídica alemana, precisamente por tratarse de una ‘filosofía del derecho especulativo’[54]. Por tanto, se puede apreciar que no había una separación tan radical entre los análisis filosóficos y los análisis jurídicos en la tradición europea.

Pasada una década, los asuntos de Francia tuvieron relevancia en la escritura de Marx, en la época publicó las siguientes obras: La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 [1850]; El 18 Brumario de Luis Bonaparte [1852]; y La guerra civil en Francia [1871]. Al primero, anteceden los hechos de declaración del ‘Estado de sitio’ en Colonia, por lo cual la Nueva Gaceta Renana, tendría que trasladarse a ser editada desde Londres. En esta, serían publicados una serie de artículos con la “rúbrica de ‘1848-1849’”, los cuales contienen una de las primeras puestas en práctica del método del materialismo histórico.

El comienzo es una crítica a la revolución de junio de 1848 en Paris. Identifica la necesaria fijación por diferenciar los intereses de las clases dominantes, descomponiendo lo que denomina como ‘burguesía francesa’. En la ‘aristocracia financiera’, ubicaba a “los banqueros, los reyes de la Bolsa, los magnates de los ferrocarriles, los propietarios de las minas de carbón y de hierro y las explotaciones forestales y una parte de los terratenientes” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 522). En oposición a la “hegemonía de la aristocracia financiera” se encontraba la ‘burguesía industrial’ (comercio, industria, agricultura, navegación) [55]. Al margen del Gobierno, se hallaba la ‘pequeña burguesía’, ‘la clase campesina’, y la ‘clase obrera’, esta última, en los acontecimientos de 1848, contaba con dos representantes en la Cámara de Diputados.

Establecida la República de Febrero, el erario se abastecería de un impuesto al campesinado, haciendo germinar en este la contrarrevolución, forjándolos rivales de su natural aliado, el obrero. Ante la resolución de dar trabajo fijo al proletariado en la industria fabril, la furia del pequeño burgués aumentaba, contra los ficticios puestos de trabajo. Confrontadas las clases que previamente estuvieran al margen, no habría camino de unidad en la instalación en junio de la Asamblea Nacional, electa por sufragio universal y directo, la burguesía se unificó en contra del proletariado.

La revolución que había sido fruto del coraje de los obreros de París se materializaba en un armado institucional que les conduciría a prisión en el primer levantamiento del 15 de mayo de 1848. Marx sólo menciona que una “Comisión ejecutiva dictó una serie de decretos retadores, tales como la prohibición de concentraciones populares, etc.” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 548).

El énfasis que hace la redacción de la Nueva Gaceta Renana, el 29 de junio de 1848, está precisamente en responder a la cuestión, ¿cuál fue el orden alterado? Ni la Revolución Francesa de 1789 o las revueltas a Napoleón en 1811, tenían el trasfondo de 1848. Atentar contra el ‘orden burgués’ era el pecado capital de los obreros. Sería este el surgimiento de la consigna: ¡Derrocamiento de la burguesía! ¡Dictadura de la clase obrera! (MARX & ENGELS, 2006, pág. 551). Las condiciones de los trabajadores se ponían en primer nivel de relevancia conta el ‘terrorismo burgués’.

La revolución del 25 de junio de 1848 dejaba a Paris en un ‘Estado de sitio moral’ entre “la dictadura militar y el Estado de sitio” (MARX & ENGELS, 2006, págs. 554-555). Marx comprendía la situación, los términos republicanos de la división de poderes que diferenciaron a la República de la Monarquía, quedaban reducidos a la “prórroga del Estado de sitio” que permitió el 22 de agosto de 1848 la elección en París del “príncipe Luis Bonaparte” y durante su vigencia sería elaborada la nueva Constitución de Francia[56]. Esta situación se prolongó hasta el mes de octubre, en que fue levantado el Decreto del ‘Estado de sitio’.

El parte de claridad era que en la forma republicana de Gobierno “se constituye la dominación de la clase burguesa, o sea el poder conjunto de las dos grandes facciones monárquicas que integran la burguesía francesa” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 593). Es decir, la lucha de clases entre la burguesía y la pequeña burguesía que componían el Partido del Orden y la coalición política de la Montaña[57].

La jugada que le quedó al pueblo y a los campesinos sería de acusar y movilizarse contra el orden establecido de la República burguesa. No obstante, sí “París había puesto al presidente, a los ministros y a la mayoría de la Asamblea Nacional en ‘Estado de acusación’; ellos, por su parte, pusieron a París en ‘Estado de sitio’” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 601). Una vez aprobada la Constitución, se refrendaba el derecho de represión del alzamiento popular promulgado desde 1791,

Nueva ley de prensa, nueva ley de asociaciones, nueva ley sobre el Estado de sitio […] Las leyes represivas, que dejaban la declaración del Estado de sitio a merced del parecer del Gobierno, agarrotaban todavía más a la prensa, anulaban el derecho de asociación y absorbieron toda la actividad legislativa de la Asamblea Nacional durante los meses de junio, julio y agosto (MARX & ENGELS, 2006, pág. 602).

La atención a los hechos ocurridos en Francia durante 1848 que presta Marx en 1850 tiene completa relación con la lectura de Agamben y su publicación iniciado el siglo XXI. El origen del ‘Estado de sitio’ está en la Revolución Francesa, es Francia la cuna de la ‘libertad, igualdad y fraternidad’, a la vez, que es la misma revolución burguesa la que demuestra el poder represivo que le otorga la República Constitucional.

La nueva República, duraba cuatro meses, del 1 de noviembre de 1849 al 10 de marzo de 1850, Marx denominó este juego de las instituciones “la camorra entre el poder ejecutivo y el poder legislativo” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 610). Sin que el juego republicano tuviera aún forma definitiva, Napoleón Bonaparte decretó el retorno de las familias reales.

Francia, tenía en la mayoría de su territorio una composición de campesinos vinculados a los viñedos, concentraba en París un minoritario movimiento obrero. En contraste con Inglaterra, la industria francesa está aún en la necesidad del proteccionismo y la concentración de monopolios internos[58]. Los campesinos habían elegido a Luis Bonaparte, como reacción contra la República burguesa.

Al respecto, Marx lanzó dos sentencias de tal apoyo, aunque fueron con sus votos que se eligió a Bonaparte: 1] el Estado siguió explotando al campesinado por medio del impuesto sobre el vino, y en este caso, 2] el campesinado había puesto a su verdugo en el poder[59]. El análisis de las coaliciones políticas de Francia a mediados del siglo XIX resulta tan interesante como pertinente, para comprender las nociones de fracciones y facciones de clases[60] y de intereses político-económicos:

veíamos cómo los campesinos, los pequeños burgueses, las clases medias en general, eran empujadas a situarse junto al proletariado, en abierto antagonismo frente a la República oficial y tratados por ella como enemigos. Rebelión contra la dictadura de la burguesía, necesidad de transformar la sociedad, mantenimiento de las instituciones republicano-democráticas como sus órganos de movimiento, agrupación en torno al proletariado como la fuerza revolucionaria decisiva: he allí las características comunes del llamado Partido de la democracia social, del Partido de la República roja. Este Partido de la anarquía, como lo habían bautizado sus enemigos, era también como el Partido del Orden, una coalición de diversos intereses (MARX & ENGELS, 2006, pág. 626).

El Partido del Orden, estaba compuesto por la aristocracia financiera; en su lugar, la Liga Revolucionara, era una coalición entre el ‘proletariado revolucionario’, la ‘pequeña burguesía socialista’ y el ‘Partido burgués republicano’, todos unidos contra la burguesía en el Gobierno. El dilema entonces de la burguesía francesa era sostener la República Constitucional ante un inminente regreso de la Monarquía, hacia marzo de 1850, la disolución era un hecho.

La observación de Marx del papel de la Constitución es crucial, a saber, “la Constitución es un baluarte que sólo protege a los sitiadores, pero no a los sitiados” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 633). Es evidente que la misma concepción del ‘Estado de sitio’, permite constitucionalmente que las clases dominantes en el poder puedan ejercer el ‘uso de la fuerza’ contra los oprimidos. La concepción es clara, la República Constitucional francesa puso la dinámica de clases sociales entre ‘sitiadores’ y ‘sitiados’.

La forma en declarar legalmente el ‘Estado de sitio’ es el surgimiento de una ‘revuelta’. Puede entenderse desde entonces, la forma en que las mismas clases dominantes se hicieron de la contratación de “agitadores profesionales”, que permitieran no enarbolar los intereses de los trabajadores, sino servir a los intereses de los dominantes para ejercer la represión[61].

La estocada final, la “destrucción del sufragio universal [fue] la última palabra del Partido del Orden, de la dictadura de la burguesía” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 634). En la Asamblea Legislativa, orleanistas y legitimistas, redactaron una ley que conllevaría a la abolición de la democracia. Ante los triunfos electorales de la Montaña, de la pequeña burguesía y el proletariado, los burgueses cerraban cualquier posibilidad de alcanzar la mayoría en la Asamblea.

Esta situación puso al descubierto entre las facciones del Partido del Orden, las dinastías de orleanistas y legitimistas, lo que Marx define muy bien como “intereses de clase contrapuestos” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 649). La develación de Wiesbaden, en el Manifiesto del 30 de agosto de 1850, dejaba en claro que su real interés era perpetuar el “gran principio nacional de una monarquía hereditaria” (Ibid.), intereses contrarios a los deseos de la burguesía de una República con elecciones democráticas.

Entre la confrontación del Partido del Orden, fraccionado en su interior, y las divisiones de la Montaña, Bonaparte se balanceaba con el fin de realizar la ‘restauración monárquica’. La salida de la aristocracia financiera, favoreciendo el mantenimiento del statu quo, sería ponerle otro personalismo al teatro que realizó Bonaparte como encarnación de Napoleón.

Ante tales jugadas del Partido del Orden, Marx advierte el necesario análisis político-militar, en cuanto a que las decisiones de Bonaparte fueron estratégicas. Adelantándose a los hechos, sabía de las cercanías de d’Hautpoul, ministro de Guerra, con el mariscal Changarnier. Entonces ejerciendo su poder, ordenó que este fuera removido a Gobernador en Argelia, nombrando en su lugar, a un hombre de su confianza.

Todos estos hechos ocurrieron durante lo que Marx denominó la ‘prosperidad industrial y comercial’ de Francia. El aporte en el análisis económico situado en el continente europeo permite ver cómo fueron destacándose los debates del librecambismo. Inglaterra, el faro de la economía europea, concentraba todas las exportaciones del continente, a la vez, sus importaciones son en gran parte convertidas a nuevas exportaciones en ultramar, hacia otros continentes. La revisión del doble modelo inglés permite evidenciar, como operaba en términos de un proteccionismo interno de su producción nacional y un librecambismo portuario de paso obligado para el comercio internacional.

La contradicción en la economía era latente, la revolución había enriquecido aún más a la aristocracia financiera, en detrimento de la vida de los desposeídos. En sus palabras Marx expresó que “[a] pesar de la prosperidad industrial y comercial de que goza Francia por el momento, la masa de la población, los 25 millones de campesinos, pasa por una gran depresión” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 639). El fenómeno no es nuevo, ni fue creado en América Latina, la desigualdad económica es fruto de la acumulación de riquezas en las clases dominantes, quienes previo a la Revolución Francesa hacían parte del sistema económico de la Monarquía.

La concentración del poder político siguió siendo un legado de la acumulación de riquezas que les permitió el sistema feudalista[62]. Las luchas de los imperios europeos, con guerras permanentes por linderos en sus fronteras se sostuvo mucho más allá de 1789. La monarquía continúo operando, haciéndose de nuevos Gobiernos y ejércitos. Marx, brindó en 1850 el problema en su médula: “la solución constitucional pone en tela de juicio todo el statu quo político, y poner en peligro el statu quo es, para el burgués, lanzarse al caos, a la anarquía, a la guerra civil” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 650). Las batallas siguieron por la instauración de una verdadera República Constitucional, la ‘República Roja’ que comenzó con la guerra civil desatada en la Comuna de París en 1871.

Federico Engels publicó una Introducción en 1895, a Las luchas de clases en Francia, igual que escribió una amplia Introducción, Sobre la Guerra Civil en Francia, en las cuales otorgó el lugar de ‘folleto’ a la publicación del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Estos escritos de Engels dan cuenta de unas precisiones imprescindibles sobre el método del materialismo histórico. En primer lugar, deja en claro que Las luchas de clases en Francia fue el “primer intento de Marx de explicar un fragmento de historia contemporánea por medio de su concepción materialista, partiendo de la realidad económica” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 655).

De esta manera, consideramos mucho más significativa la escritura de Las luchas de clases en Francia, en rigurosidad y desarrollo conceptual, que el ‘folleto’ dedicado al golpe de Estado de Luis Bonaparte, aunque este ha sido mucho más difundido. Marx, según la lupa de Engels, pone

de manifiesto la concatenación causal presente en un proceso de varios años, […] lo que el autor se propone es explicar los sucesos políticos como resultantes de causas que son, en última instancia, causas de orden económico (MARX & ENGELS, 2006, págs. 655-656).

Según, lo escrito en las mismas páginas, fue precisamente “la crisis del comercio mundial producida en 1847” (Ibid.), la causante de la Revolución en 1848. Finalizada la revolución, enriquecido el músculo financiero de la burguesía, la prosperidad brindó las condiciones en 1850 para el auge de la reacción burguesa, en un desenlace de ‘chovinismo’ nacionalista, Bonaparte declaró la confrontación a Bismark, desatando la guerra francoalemana.

La secuencia de los escritos de Marx y Engels contiene una clave buscada desde el hallazgo de la investigación de Murmis & Portantiero (2011), en la definición de la alianza de clases dominantes, y sus divisiones en facciones y fracciones de clases de la burguesía. Estos autores se limitaron a la generalidad en los estudios de la década de los años cuarenta de la historia de la Argentina, cuando propusieron que,

Desde el punto de vista de la teoría, este concepto de alianza de clases, que nos parece productivo para el análisis de las relaciones entre estructura económico social y poder político, surge como central en la tradición marxista, aunque no siempre se lo encuentra suficientemente precisado en su estatus teórico sino más bien referido al análisis de situaciones concretas [Nota 8: Para los fines de nuestro trabajo, como se verá, sería más pertinente hablar de alianza entre sectores o fracciones de clase, dado el corte que se produce en el grupo agrario] (MURMIS & PORTANTIERO, 2011, pág. 59).

En las obras mencionadas, puede hallarse la categoría en particular de las ‘fracciones de clase’. Constatando en la tradición marxista, la alusión de la categoría de la alianza de clases dominantes como el método con el cual les ha sido posible mantenerse en el poder, rotándose el Gobierno entre las distintas facciones o fracciones de clase de la burguesía.

En Francia y en Alemania, puede cuestionarse la concepción de una hegemonía política, tanto en la Monarquía como en la República. Siempre fueron fracciones de clases dominantes en alianzas o confrontaciones, quienes se hicieron del poder. Las dinastías que pugnaban por el poder habían desatado guerras y conspiraciones, todas las facciones de la burguesía monárquica aspiraban al trono, se aliaran con unos o con otros, no concebían un proyecto unificado ni en lo político ni en lo económico[63].

En el método materialista de análisis de la historia contemporánea, se ha establecido que es impropio abordar las ‘causas económicas últimas’ dado que debió pasar un tiempo entre los hechos y la investigación de los materiales. No obstante, la salida planteada por Engels es clave, en el entendimiento de los análisis de historia reciente, y los análisis de mayor duración,

cuando se trata de estudiar historia contemporánea en curso de desarrollo, nos vemos con harta frecuencia obligados a considerar el factor más decisivo de todos como la constante, a ver en la situación económica con que nos encontramos al comienzo de que se trata como la situación dada e invariable para el periodo entero, o a tener en cuenta solamente aquellos cambios de la situación que brotan de los mismos acontecimientos claros y manifiestos y que, por tanto, se ponen de relieve con la misma claridad. De allí que el método materialista, en estos casos, tenga que limitarse, con harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a las luchas de intereses entre las clases sociales y fracciones de clases preestablecidas por el desarrollo económico, identificando los distintos partidos políticos como la expresión política más o menos adecuada de estas mismas clases o sectores de ellas (MARX & ENGELS, 2006, pág. 657).

A la fecha de esta escritura, ya se había publicado El Capital, es decir, a pesar de comprender la totalidad del modo de producción capitalista, en cuanto a la ‘marcha de la industria y del comercio en el mercado mundial’, la limitación de la develación de los acontecimientos sigue siendo el motor del análisis histórico, la lucha de clases. La cual, no se agota en las denominaciones de burguesía y proletariado, sino que al contrario, el estudio de la composición de cada una de estas, de sus alianzas en coaliciones políticas, de las idas y vueltas de la gran burguesía y la pequeña burguesía, como de las condiciones propias del campesinado y de los obreros, deberá ser entendido como el estudio de los partidos políticos que les representan, como a su vez, el estudio del desarrollo económico será entendido como la situación concreta en la que se encuentra cada clase social.

Otra claridad del método de investigación, a realizar a la luz de la definición del ‘Estado de sitio’, es la siguiente, existiendo el empirismo y reinando el positivismo, Marx se había cultivado en el idealismo alemán, había estudiado el socialismo científico de Saint-Simón y Owen, y no le bastó. Necesitó un método que se ocupara de develar las verdaderas intenciones del sistema capitalista en las relaciones de producción. Siendo totalmente claro en el fin principal del proceso de investigación teórica y práctica: “la apropiación de los medios de producción por la sociedad” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 659), así todo el trabajo intelectual del movimiento obrero debería estar dirigido hacia este fin.

Aún más, el objetivo deber ser claro en el entendimiento de toda la cadena productiva. Por tanto, la apropiación de los medios de producción pasa también por apropiarse de los medios de cambio y de distribución. Del sistema monetario de intercambio comercial y de las redes de distribución del comercio. Dudamos que sea posible la aspiración de Engels de desaparecer los “medios políticos de distribución”, si bien los entendió como “los impuestos y los socorros de beneficencia”, consideramos la distribución muy en clave de lo dispuesto en El Capital, entiéndase en términos de las descripciones de los agentes del comercio detalladas en el tercer tomo.

Para llegar a la “abolición tanto del trabajo asalariado como la del capital y de sus mutuas relaciones”[64], es necesario que el ‘moderno socialismo obrero’ desenmascare todas las desviaciones de los socialismos anteriores y posteriores. El ‘derecho al trabajo’, no basta, si bien es un primer principio. Una vez el obrero se posiciona de su puesto de trabajo, debe aspirar a hacerse del poder del capital que le permite la realización de su trabajo, y esto solo es posible, sí puede hacerse de los medios de producción.

El nodo de estos estudios sigue siendo Francia. La Revolución Francesa de 1789, es el grito inmortal de emancipación, la primera gran lucha de clases. En los hechos que parten desde entonces, puede hacerse una lectura del surgimiento del ‘Estado de sitio’, en el entendimiento de ser esta la legitimación de la represión constitucional de la República, luego del triunfo de la Revolución burguesa.

Francia siguió siendo el epicentro de atención, porque las condiciones durante medio siglo de República Constitucional no mejoraron las condiciones de vida del proletariado de París. Por el contrario, la revolución industrial del desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo se acentuó en la explotación de los trabajadores, haciéndolos trabajar jornadas de 10 a 12 horas diarias en condiciones infrahumanas, como lo demostró Engels en su investigación sobre la clase obrera en Inglaterra (ENGELS F. , 2019 [1845]).

Fueron los obreros de París, quiénes se alzaron en armas contra los explotadores en 1848, fue esta movilización la que dio a Marx el material empírico necesario para poner en praxis el método del materialismo histórico. La revolución de 1848 permitió un posicionamiento histórico del proletariado, pero no triunfó. Por esto, el estudio de los acontecimientos posteriores completa la historia de las condiciones de vida del movimiento obrero europeo.

En 1851, Luis Bonaparte vio cerradas todas las posibilidades de continuar lidiando con el Partido del Orden, la Montaña o la Liga revolucionaria, dando un ‘golpe de Estado’ el 2 de diciembre, Marx sistematizó estos hechos en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Bonaparte cerro los debates parlamentarios y clausuró el conflicto interno, asumiéndose de nuevo en el rol de emperador monárquico, declarando la guerra a Bismark en la frontera con Alemania. Estos hechos Engels los denominó, como el paso de un “periodo de las revoluciones desde abajo […hacia…] un periodo de revoluciones desde arriba” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 665 [E]).

El juego de ajedrez volvía al mando de Bonaparte y Bismark. Los peones al frente, en la primera línea de combate, serían los soldados adoctrinados para olvidarse de sus condiciones de obreros y campesinos, y enarbolar el nacionalismo patriótico contra los enemigos del otro país, y viceversa. El juego de la guerra se desataba para eludir la confrontación de esos obreros y campesinos contra sus verdaderos verdugos. Las clases dominantes de Francia y Alemania, entre alfiles, torres y caballos, desfilarían por el cuidado de sus “reyes”. Bonaparte, intentando salvarse de la lucha de clases en su Gobierno, fue a perderlo todo contra Bismark, quien lo derrotó en el campo de batalla.

Estos hechos los denominó Engels como la “guerra defensiva de Alemania contra Luis Bonaparte”[65]. Esta Introducción, permite ir y volver, entre el Brumario y la Guerra Civil, siendo Engels quien señala la promulgación de la Ley de Excepción contra los socialistas en 1878, la cual tuvo vigencia hasta el final de la Cancillería de Bismark en 1890. Puede decirse entonces, que el origen del ‘Estado de excepción’ no se lo debemos a Carl Smith, como lo refiere Agamben (2014), sino a la misma legislación del Imperio Alemán[66].

En el Brumario, Marx se esfuerza por dar cuenta de los hechos haciendo de su escritura un armazón de metáforas legibles y entendibles para el movimiento obrero de la época, en lo cual puede entenderse que la Constitución de 1848 “no fue derribada el 2 de diciembre de 1851 por una cabeza, sino que se vino a tierra al contacto de un simple sombrero; cierto es que este sombrero era el tricornio napoleónico” (MARX K. , 2000 [1851-1852]). Así comienza, con un veredicto contra el ‘invento’ creado en la Constitución Francesa, aquel que otorgó que ‘la justicia y la administración’ ejercieran ‘tutela y censura’ e hicieran las ‘funciones de policía’ con el invento del ‘Estado de sitio’[67].

Por los decretos de Bonaparte, París y Lyon estuvieron en ‘Estado de sitio’ intermitente desde 1851. La influencia que pudo tener la Montaña en una de las ramas de las Fuerzas Militares, esto es, en la Guardia Nacional, quedo anulada con “el decreto de su disolución”[68]. Si bien, Marx da cuenta hasta de las “orgías”[69] en que Bonaparte promulgaba la posibilidad de perpetuar un Golpe de Estado en cada confrontación con el Parlamento; la coalición de los obreros, campesinos y la pequeña burguesía tuvo poco margen de maniobra política para impedir su consumación.

De la narración de los hechos que hace Marx, hay que resaltar que Bonaparte fue más criminal que sus antecesores, y hay que agregar, fue mucho más osado que los mismos obreros de la Comuna, a decir de Lenin. Entiéndase, que Bonaparte robó “al Banco de Francia 25 millones de francos”[70], asunto que señala Lenin como el error de los obreros en la revolución, al no tomarse el Banco de Francia[71].

La ‘justicia criminal’ la visualiza Marx, en el papel de la ‘Sociedad del 10 de diciembre’ la cual se componía del lumpenproletariado de la bohemia francesa y una alianza funcional con los “campesinos parcelarios”[72], por lo cual este segmento poblacional permitió a “los Bonapartes” ejercer como “la dinastía de los campesinos, es decir, de la masa del pueblo francés” (MARX K. , 2000 [1851-1852]).

El problema del campesinado en Francia puede estudiarse a la luz de la lupa de Engels, en su estudio La Guerra de los Campesinos en Alemania, brinda una claridad de entendimiento respecto al rol de los campesinos en la lucha de clases sociales[73]. La situación de Francia y Alemania en el campesinado no podía diferir mucho en 1850. Entendiendo la diferencia entre el ‘campesino revolucionario’ y el ‘campesino conservador’, se puede identificar a una clase social que había logrado liberarse del yugo feudal accediendo a la propiedad de su parcela por la resolución de Napoleón. Lo que consideró Marx un ‘afán juvenil de propiedad’ de los campesinos que demandaban lo que mejor conocemos como ‘adjudicación de tierras’, resultó en Francia, pasadas ‘dos generaciones’ en el “empeoramiento progresivo de la agricultura y endeudamiento progresivo del agricultor”[74].

El problema del campesinado podrá entenderse de mejor manera, en la Revolución del 17 de octubre con los Soviets campesinos[75], y en la Revolución China de 1949[76]. Gramsci, en El Risorgimento realizó una investigación sobre las condiciones del Piamonte italiano, precisamente en “El nudo histórico de 1848-1849”, resaltó el papel de “las fuerzas pasivas y latentes como las grandes masas agrícolas” (GRAMSCI, 2008, pág. 135). Igualmente puede hallarse “La relación ciudad-campo en el Risorgimento y en la estructura nacional”, artículo en el cual describe con detalle las diferencias regionales entre el desarrollo industrial y agrario de Italia, trazando las diferencias entre un ‘bloque urbano’ y un ‘bloque entre la industria septentrional y la población rural’ (Ibid. pág. 146).

La ‘cuestión agraria’ puede hallarse en la obra de Marx y Engels con mayores análisis, sin embargo, en este apartado el centro de atención es el desenvolvimiento del ‘Estado de sitio’ en Francia en el siglo XIX, luego de ser consignado en la Constitución de 1791 y decretado por Napoleón en 1811. Indagando en los hechos de 1848 a 1851, y en los acontecimientos de la Comuna de Paris en 1871, el desenlace de los obreros organizados en la ‘la guerra civil’ como forma de confrontación del ‘Estado de sitio’. Del Brumario, puede extraerse la siguiente sentencia,

Conforme avanza la ruina de la propiedad parcelaria, se derrumba el edificio del Estado construido sobre ella. La centralización del Estado, que la sociedad moderna necesita, sólo se levanta sobre las ruinas de la máquina burocrático-militar de Gobierno, forjada por oposición al feudalismo (MARX K. , 2000 [1851-1852]).

La concepción del derrumbe del Estado concierne a la situación de Europa en el siglo XIX, tras la Revolución Francesa de 1789 y en desarrollo de la Revolución Industrial de la burguesía. En este contexto, es desatada una pugna persistente entre las dinastías de la Monarquía aspirantes a recuperar el trono, y un emperador, constituido en la democracia del sufragio universal de la República Constitucional Francesa.

Luis Bonaparte accede a Presidente electo por las mayorías, luego confrontando al poder legislativo, se hace un auto Golpe de Estado, haciéndose Presidente-Emperador. En semejante conflicto, el problema de la ‘máquina burocrático-militar de Gobierno’ es para Marx, la ‘propiedad parcelaria’. Esta contradicción de la visualización del problema sólo puede comprenderse en las conclusiones de La guerra civil en Francia.

Ante esto, hay que entender brevemente lo que ocurre de 1851 a 1870, unificando la historia de Francia con la de Alemania. Al otro lado de la frontera, reinaba en Prusia desde 1861, Guillermo I (Wilhelm Friedrich Ludwig von Preußen), haciéndose emperador del Imperio de Alemania (Káiser, Deutsche Reichsgründung), el 18 de enero de 1871, tras el triunfo de su Canciller Bismark en la Guerra Franco-Prusiana.

Engels destaca un aspecto muy relevante en cuanto al desarrollo del ‘sufragio universal’ en Alemania. Este se da, aún con la imposición de la ley de excepción, es decir, a pesar y en contra de esta. El ‘Estado de sitio’, será en Alemania desde esta Ley, un equivalente al ‘Estado de excepción’. El asunto relevante, fue el incremento decisivo de la votación del movimiento obrero alemán. Desde 1866, las votaciones fueron favoreciendo la alianza de socialistas y obreros,

en 1871, 102 mil votos para la socialdemocracia; en 1874, 352 mil; en 1877, 493 mil. [… descendió] en 1881, a 312 mil. Pero el movimiento se sobrepuso rápidamente a estos reveses y fue precisamente ahora, bajo el embate de la ley de excepción, sin prensa, sin organización exterior, sin derecho de reunión y asociación, cuando la rápida expansión cobró su verdadero brío: en 1884, 550 mil votos; en 1887, 763 mil; en 1890, un millón 527 mil. El brazo del Estado se paralizó. La ley dictada contra los socialistas fue derogada, y la cifra de los votos socialistas subió a un millón 787 mil, más de la cuarta parte de la votación total. El Gobierno y las clases dominantes habían echado mano de todos los medios inútilmente, sin conseguir nada (MARX & ENGELS, 2006, pág. 668 [E]).

Este ‘tipo de lucha’ que hoy sigue siendo cuestionada al proletariado, es su activa y decidida apuesta en la contienda electoral. La participación política, consistía desde entonces en hacerse de cada uno de los estamentos de elección popular, la posibilidad de quedar electos era voluntad del ‘pueblo’. Este complejo concepto en Alemania no vendrá a posterior de las guerras, ni del nacionalsocialismo. Engels, o sus traductores, lo refieren en esta introducción de 1895, haciendo alusión a las difíciles condiciones que tendrían “todas las clases del pueblo”[77] de enfrentarse nuevamente a las clases dominantes en una insurrección armada.

Comprendiendo el pueblo en su amplio espectro de proletariado y campesinado, Engels entiende que la lucha de barricadas contra la burguesía en su inestable Estado, ya de por sí amenazado por las dinastías de la Monarquía, se quedaba en el pasado, y que la lucha a ganar sería en la batalla electoral. Es precisamente este el punto que resaltó Liebknecht, en una publicación de fragmentos del documento que salió en: ¡Vorwärts!, publicación editada por el Partido Socialdemócrata Alemán.

Engels, realiza un análisis extraordinario de la participación política del movimiento obrero. Sin embargo, reclama la tergiversación de su posición en la edición de los socialdemócratas alemanes, logrando que el ‘Prólogo’ fuera publicado completo en Neue Zeit. La edición que debieron hacer los alemanes fue la de anular el último párrafo que, si bien resalta la crítica al Imperio Romano, genera una total desviación a la crítica primera de eliminación de la religión, alentando la gran confusión de la unión de socialismo y cristianismo en Alemania.

La cuestión central era ganar las elecciones, llegar al poder de forma legítima en el juego de la democracia, validado por la burguesía. En la escritura de Engels resultaba ‘una de sus armas más afiladas’ el hecho de aprender a ganar los votos y los puestos del Estado[78], lo cual tenía como resultado “que la burguesía y el Gobierno temían más a la acción legal del partido obrero que a su acción ilegal, sentían más miedo ante los resultados de las elecciones que ante los de la rebelión” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 670 [E]).

Engels, consideró a Bismark un imitador de Bonaparte[79]. Con esto, predice una situación aún más compleja, las ‘revoluciones desde arriba’, en la lógica de eliminación del adversario, despertaron los instintos del nacionalismo francés y alemán. Con lo cual, la carrera armamentista tiene en la guerra por Alsacia-Lorena, un relevante antecedente. Tan certero puede ser, que anticipó una posible “guerra mundial”[80], como un favorecimiento al socialismo, al tener los Estados en confrontación que incrementar los impuestos a sus contribuyentes[81].

Con el ‘Estado de sitio’ en Francia y la ‘Ley de excepción’ en Alemania, la ‘correlación de fuerzas’ no era la misma entre los obreros antes de la guerra francoalemana. Los ejércitos habían aumentado su experticia y armamento, y los pueblos se habían empobrecido con impuestos para sostener la guerra. Además, la pérdida de gran número de soldados era a su vez, la muerte de campesinos y obreros. Razón por la cual, el análisis que desarrolla Engels con relación a la situación de la táctica de ‘barricadas’, da cuenta que, está ya no tendría el mismo efecto ante el favorecimiento de las condiciones objetivas para los ‘militares’[82].

En 1895, los lentes podían ver cómo era cada vez más evidente que el poder central del Estado moderno necesitaba la insurrección para incrementar sus dotes represivos, en condiciones en las cuales cada vez se profesionalizaba más al militar, y en igual proporción, se desprestigiaba al subversivo.

Esta escritura de finales del siglo XIX en Europa, no debió ser una lectura que causará simpatía a los Soviets de 1905 ni a los de 1917, ni para los chinos ni para los cubanos, afortunadamente. Sin embargo, deja una claridad para el presente, antes como ahora,

Si han cambiado las condiciones para la guerra de los pueblos, han cambiado también para la lucha de clases. Los tiempos de los asaltos por sorpresa y de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de masas ignorantes, han pasado. Si de lo que se trata es de transformar los fundamentos de toda organización social, es necesario que las mismas masas sepan lo que se ventila y a dónde se va y por qué y para qué empeñan su suerte y su vida (MARX & ENGELS, 2006, pág. 675 [E]).

Con lo cual, entramos al último asunto, el ‘derecho a la revolución’ y la creación de ‘leyes contra la subversión’. Marx y Engels ya habían advertido en “La ideología en general, y la ideología alemana en particular”, que la “conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 26). Si bien, esta obra no fue publicada sino hasta 1932, su escritura fue previa a los hechos de 1848. Engels sabía que el ‘pueblo’ no toma conciencia de sí mismo, sin contar con las condiciones materiales de existencia, y que, los ejércitos oficiales y revolucionarios en el mundo, adolecen de analfabetismo. No obstante, las revoluciones han triunfado y fracasado por variables conexas.

Respecto a las ‘leyes contra la subversión’, Engels desde Londres en 1895 evidenciaba que tanto en Francia como en Alemania los “fanáticos de la antisubversión de hoy, ¿no son los subversivos de ayer? […] ¿Puede permitirse a los adoradores de Bismark que echen en cara a nadie la subversión?” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 679 [E]). Los ejemplos que agrega se refieren a las distintas subversiones de la burguesía contra la monarquía, del capitalismo contra el feudalismo, hasta confusas alusiones de la revolución de los mercenarios cristianos contra el Imperio Romano.

El dilema era “subversión socialdemocrática”[83] en defensa de la Constitución o regreso a la Monarquía del Partido del Orden. Estos eran los pesos de la balanza de las reformas constitucionales contra el triunfo consecutivo de los obreros en las elecciones parlamentarias. El orden legal poco o nada podía hacer, más que esperar los levantamientos en las calles para sacar sus fuerzas de represión. Contra los votos obreros en las urnas no valía la represión, ante la opción real del poder del pueblo, solo les quedó la dictadura al nombrar un Emperador. Engels, se anticipó a los hechos del siglo XX,

sólo había un medio para contener momentáneamente la constante expansión de las fuerzas combatientes del socialismo en Alemania: provocar un choque en gran escala con la tropa, una sangría como la de 1871 en París (MARX & ENGELS, 2006, pág. 678 [E]).

Esto fue lo que hicieron en 1914. El nacionalismo del movimiento obrero tiene múltiples interpretaciones en la deuda adjudicada al pueblo en el tratado de Versalles. La Primera y Segunda Guerra, tienen un sentir patriótico, motivado por el cobro de los impuestos para el sostenimiento de las guerras, lo cual dejo una gran pesadumbre en la precariedad de sus condiciones de vida.

El ‘derecho a la revolución’ se ejerció en la Comuna de París. Derrotado Bonaparte, en la guerra contra Alemania, los obreros parisinos se tomaron la ciudad. En enero de 1871 el hambre azotaba, por lo cual, la organización política del movimiento obrero tardaría dos meses para que la movilización conllevará a declarar “la guerra entre París y el Gobierno francés, instalado en Versalles. El 26 de marzo fue elegida, y el 28 proclamada la Comuna de París” (ENGELS F. , 2000 [1981, marzo]). De esta manera, el ‘invento’ del ‘Estado de sitio’ en 1789, condujo a que las condiciones de represión en Francia estallaran en un pueblo organizado contra la burguesía que le había traicionado, creando su propio Gobierno, el de la Comuna.

El ‘Estado de sitio’ francés y la ‘Ley de excepción’ alemana

La Comuna de París, fue para Marx y Engels, una ‘guerra civil’ que se aproximó a la primera experiencia de constituir la ‘dictadura del proletariado’. El breve ejercicio de Gobierno obrero de marzo a mayo de 1871 logró en su corta duración, el impacto de hacer posible la toma de poder del Estado. Tan relevante fue que los autores del Manifiesto Comunista, como lo señala Lenin, decidieron actualizar el documento en 1872, con lo más significativo de la Comuna. El Estado, “la máquina burocrático-militar”[84], no podía ser simplemente tomada por asalto, ni asumida por derivación, tenía que ser anulada y sustituida, agregaría Gramsci, por un ‘nuevo Estado’.

Marx, realiza una crítica dirigida hacia el papel que jugó Thiers[85] como estadista militar antirrevolucionario, desde el primer intento de apoderarse de los cañones de la Guardia Nacional en París. La derrota de la Comuna inició con el decidido propósito de desarmar a los obreros, ‘[e]l desarme de París’ fue la ‘primera condición’ para destruir al Gobierno del pueblo.

Los primeros manifiestos Sobre la Guerra Franco-Prusiana fueron escritos entre julio y septiembre de 1870, entre estos y el último, La guerra civil en Francia, varia la composición entre los secretarios firmantes por el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores[86]. Las pugnas internas pueden ser asunto de otra investigación. El asunto principal, es resaltar el primer acuerdo, marcar una equivalencia entre el Golpe de Estado de Bonaparte en 1851, con la declaración de guerra entre Francia y Alemania en julio de 1870. En palabras de Marx: “El complot bélico de julio de 1870 no es más que una edición corregida del coup d’Etat [golpe de Estado] de diciembre de 1851” (MARX K. , 2001 [1870]).

La Guerra Franco-Prusiana, desató rechazo en todas las secciones de la Asociación en Europa. Las declaraciones referidas en el Primer Manifiesto hacen alusión a la respuesta que tuvo alrededor de París, en Neuilly-sur-Seine, se publicaba en La Marseillaise del 22 de julio, lo siguiente,

¿Es justa esta guerra? ¡No! ¿Es nacional esta guerra? ¡No! Es una guerra puramente dinástica. En nombre de la humanidad, de la democracia, y de los verdaderos intereses de Francia, nos adherimos por entero y con toda energía a la protesta de la Internacional contra la guerra (MARX K. , 2001 [1870]).

Por su parte, en Alemania, se habían realizado ‘mítines’ en Brunswick el 16 de julio, y en Chemnitz el 17 de julio de 1870, habían sido convocados por el “Partido del Trabajo Socialdemócrata Alemán (los eisenachistas) en señal de protesta contra la política de conquista de las clases dominantes” (MARX K. , 2001 [1870], pág. Nota 26). En Brunswick, los obreros reiteraban: “Somos enemigos de todas las guerras, pero sobre todo de las guerras dinásticas” (Ibid.), y en seguida, referían la resolución de la Asamblea de Delegados de Chemnitz, que congregaba a “50.000 obreros de Sajonia”:

En nombre de la democracia alemana y especialmente de los obreros que forman el Partido Socialdemócrata, declaramos que la actual es una guerra exclusivamente dinástica… Nos hallamos felices de estrechar la mano fraternal que nos tienden los obreros de Francia… Atentos a la consigna de la Asociación Internacional de los Trabajadores: ¡Proletarios de todos los paísesuníos!   (MARX K. , 2001 [1870])

Es clave la relación que postulan de la Guerra Franco-Prusiana, con el papel que ejerció el Gobierno del Zar Nicolás II en San Petersburgo[87]. El grito debiera ir con signos de admiración: “[¡]Al fondo de esta lucha suicida se alza la figura siniestra de Rusia[!]”[88]. El análisis geográfico de los intereses bélicos, acusan a ¡Prusia!, como el incitador a la guerra. Señalan que “Fue Bismarck quien conspiró con el mismísimo Luis Bonaparte, con el propósito de aplastar la oposición  popular dentro de su país y anexionar Alemania a la dinastía de los Hohenzollern” (MARX K. , 2001 [1870]). En lo cual memoran, La batalla de Sadowa [o batalla de Königgritz (Hradec Králové)], del 3 de julio de 1866 en Checoslovaquia.

El Segundo Manifiesto, comienza señalando la ‘parodia’ del ‘Imperio Restaurado’, acusando a “los Gobiernos y las clases dominantes de Europa”, de tener parte de responsabilidad de tal declaración de guerra, al aceptar durante dieciocho años [1851-1870] que Luis Bonaparte ejerció de Emperador en Francia. Además, interrogan: “¿no es un completo absurdo y un anacronismo tomar las razones militares como el principio que debe presidir el trazado de las fronteras entre las naciones?”[89]. Siendo este el punto de análisis más certero. Sin embargo, durante los siglos XVIII, XIX y XX, las guerras por asuntos limítrofes se cruzaron en métodos desde Europa hasta América, África y Oceanía.

Sí las guerras limítrofes continuaron, mucho más debió entenderse la necesidad de prever el alcance del militarismo en Alemania. Decía Marx en 1871, sobre el régimen militar alemán, es un sistema “que divide a toda la población masculina adulta en dos partes: un ejército permanente activo y otro ejército permanente en reserva, ambos sujetos por igual a obediencia pasiva a quienes son sus gobernantes por derecho divino”[90].

Al respecto, Rosa Luxemburgo en 1912, publicaba en su libro La Acumulación del Capital, una relación fundamental entre este fenómeno y la carrera del armamentismo, en “El militarismo como campo de la acumulación del capital”[91], este último y breve capítulo, contiene una claridad monumental en la situación del pueblo frente a la guerra, dado que fue el sistema tributario al que sometieron al pueblo (los obreros, los campesinos y los artesanos) el que sostuvo la reproducción de los medios de guerra en Europa. Además de pagar los impuestos, fueron los obreros de las fábricas militares, los soldados en el combate, y los funcionarios del sistema que fundaba la carrera armamentista los que realmente fueron puestos en campo de batalla (LUXEMBURGO, 1968 [1912], pág. 422).

Algunas precisiones, desde el núcleo más duro, el “militarismo es también, en lo puramente económico, para [el] capital, un medio de primer orden para la realización de la plusvalía, esto es, un campo de acumulación” (LUXEMBURGO, 1968 [1912], pág. 422). Es decir, la consecución de impuestos implica no sólo que el capitalismo usurpa una parte del salario del trabajador, dejando al patrón un porcentaje de capital, sino que, además, el Estado le usurpa al obrero otro porcentaje del salario por medio de impuestos. Luxemburgo diferencia en sus fórmulas económicas, los medios de producción, de los ‘medios de consumo’ y los ‘medios de supervivencia’. El sistema tributario hace que estos últimos sean cada vez más escasos para el pueblo.

Es posible entender que previo a la Primera Guerra Mundial, ya se había dejado en claro que “[s]obre la base de la imposición indirecta y las aduanas elevadas, los gastos del militarismo se sufragan en su mayor parte por la clase obrera y los campesinos” (LUXEMBURGO, 1968 [1912], pág. 425). Como un oráculo, se anticipaba que el militarismo conllevará a una “cadena continuada de catástrofes y convulsiones políticas y sociales” (Ibid., pág., 435). El militarismo se encuentra en todas las fases del sistema capitalista, como en sus antecesores: el sistema feudal y el sistema colonial. Los cuales han seguido vigentes con algunas renovaciones, pasados unos siglos desde el inicio de la primera revolución industrial.

Marx sabía cómo se venía ejerciendo el poder de los Gobiernos que impulsaban el militarismo como forma de acumulación de capital. Viviendo en la Confederación Germánica [1815-1867] dirigida en Fráncfort del Meno de la Casa de Austria, presenció el ‘Estado de sitio’ en Colonia, decretado desde Berlín bajo la Ley marcial del Estado prusiano, siendo censurada la Nueva Gaceta Renana, sus redactores fueron condenados al destierro el 19 de mayo de 1849 (MARX & ENGELS, 2006, pág. 513).

Los laberintos territoriales, entre los límites de una u otra dinastía en Europa, nos pueden confundir. Cuesta entender cómo los bordes de Prusia llegaron a abarcar parte de Polonia y Rusia en el siglo XIX, hasta la conformación de la “Confederación de la Alemania del Norte” [1867-1871], que sería gobernada desde Berlín por el presidente de Prusia Guillermo I, nombrando a Otto von Bismarck de Canciller [92]. Al ganar la Guerra Franco-Prusiana se consolidó el Imperio Alemán, con Guillermo I de Emperador.

Finalmente, el Segundo Manifiesto en 1870, anticipó las rivalidades en cuestión de límites territoriales, resaltando los intereses de las dinastías monárquicas que prevalecían luego de la Revolución Francesa de 1789. Las relaciones de Alemania no sólo pendían en su frontera este con Francia, sino aún más, resultaba conflictiva en el oeste con Polonia y Rusia.

La situación diplomática no sólo pasaba de un acuerdo entre Luis Bonaparte y Bismarck de hacer una guerra para destruir las rebeliones internas. Sino también, se haría un acuerdo entre Bismarck y Gorchakov [ministro zarista de Asuntos Exteriores][93], de no intromisión en las guerras declaradas, por Alemania contra Francia, y de Rusia contra Oriente[94]. Las rivalidades imperiales de Francia, Alemania y Rusia eran una amenaza constante a cualquier acuerdo de paz. El ‘sistema político’ que seguía vigente en el contexto internacional, consistía en debilitar por medio de guerras a sus oponentes fronterizos.

Tanto alcanzó Marx a ver en las consecuencias de la Guerra Franco-Prusiana, que anticipó las guerras venideras. Alemania, tendría que ser ‘instrumento’ de Rusia, o “tras una breve tregua, prepararse para otra guerra ‘defensiva’, y no una de esas guerras ‘localizadas’ de nuevo estilo, sino una guerra de razas, una guerra contra las razas eslavas y latinas coligadas” (MARX K. , 2001 [1870]). La fortuna, tuvo su tenor en las ‘fuerzas sociales volcánicas’ que iniciado el siglo XX, se pusieron al rojo vivo contra el Imperio zarista hasta derrocarlo finalmente en 1917[95]. No obstante, las guerras fueron declaradas contra los pueblos más oprimidos en todo el continente europeo.


  1. Estos escritos en anexos corresponden al contenido de la tesis, tuvieron que pasarse en formato de anexos por orientación de las autoridades del Doctorado en Ciencias Sociales, exigiendo reducción de la extensión de la Tesis.
  2. La primera fue en una “reunión de socialdemócratas celebrada en Ginebra el 22 de marzo de 1904” (LENIN V. I., 1934, pág. Nota 1); la segunda, el “Plan para una conferencia sobre la Comuna”, fue pronunciada “el 5 (18) de marzo de 1905 en Ginebra para la colonia de emigrados políticos rusos” (LENIN V. I., 1934, pág. Nota 17).
  3. Dos menciones de Engels, sobre este punto: en 1891, escribía: “los blanquistas, que habían predominado también en el Comité Central de la Guardia Nacional, y una minoría compuesta por afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que prevalecían los adeptos de la escuela socialista de Proudhon” (ENGELS F., 2000 [1981, marzo]). Para 1985, la síntesis es mayor: “la propia Comuna se vio desgarrada en una estéril lucha entre los dos partidos en que se escindió: el de los blanquistas (la mayoría) y el de los proudhonistas (la minoría), ninguno de los cuales sabía qué hacer. Y así, 1871, el año de la victoria regalada, resultó ser tan infecundo como 1848, que había sido el del asalto” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 666 [E]).
  4. Es esta lectura, Engels lo pone en los siguientes términos: “En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, es un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo mismo que hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo este trasto viejo del Estado” (ENGELS F. , 2000 [1981, marzo]).
  5. Al respecto, puede verse, La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx, en la cual se pueden ubicar análisis que profundizan las influencias de los autores modernos en la construcción de los sistemas políticos de la modernidad: el Leviatán de Thomas Hobbes; el Tratado del Gobierno Civil de John Locke; El Contrato Social o Principios del Derecho Político de Jean Jacques Rousseau; La democracia en América de A. de Tocqueville; el utilitarismo de Bentham. La Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad De Buenos Aires, tiene un cúmulo de publicaciones de las relaciones de Aristóteles y Maquiavelo con el liberalismo. Mencionar, que precisamente, por este libro, hallamos la lectura que determinó la dirección de las tesis: Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx (BORON, 2011).
  6. “Segundo Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Guerra Franco-Prusiana”, Londres, 9 de septiembre de 1870.
  7. Dirá el Consejo de la Internacional, en la escritura de Marx: “¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda civilización! Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción — la tierra y el capital — que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el “irrealizable” comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe — y no son pocos — se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de substituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, sino comunismo, comunismo “realizable”?” (MARX K. , 2001 [1871]).
  8. Marx no dice Terrorismo de Estado, sino “terrorismo de clase”, claro terrorismo de la clase dominante en poder del Estado: “La forma más adecuada para este gobierno de capital asociado era la República Parlamentaria, con Luis Bonaparte como presidente. Fue éste un régime de franco terrorismo de clase y de insulto deliberado contra la vile multitude [vil muchedumbre]” (MARX K. , 2001 [1871]). Precisando: “Todo este coro de calumnias, que el Partido del Orden, en sus orgías de sangre, no deja nunca de alzar contra sus víctimas, sólo demuestra que el burgués de nuestros días se considera el legítimo heredero del antiguo señor feudal, para quien todas las armas eran buenas contra los plebeyos, mientras que en manos de éstos toda arma constituía por sí sola un crimen” (MARX K. , 2001 [1871]).
  9. Como podrá observarse los legítimos reclamos de la Comuna, pueden hacerse extensivos a los costos de todas las guerras, los impuestos cobrados al pueblo para ejercer sobre este la represión: “A los ojos del campesino francés, la sola existencia de grandes propietarios de tierras es ya una usurpación de sus conquistas de 1789. En 1848, la burguesía gravó su parcela de tierra con el impuesto adicional de 45 céntimos por franco, pero entonces lo hizo en nombre de la revolución; ahora, en cambio, fomentaba una guerra civil en contra de la revolución, para echar sobre las espaldas de los campesinos la carga principal de los cinco mil millones de indemnización que había que pagar a los prusianos. La Comuna por el contrario, declaraba en una de sus primeras proclamas que los costos de la guerra tenían que ser pagadas por los verdaderos causantes de ella. La Comuna habría redimido al campesino de la contribución de sangre, le habría dado un gobierno barato, habría convertido a los que hoy son sus vampiros — el notario, el abogado, el agente ejecutivo y otros chupasangre de juzgados en empleados comunales asalariados, elegidos por él y responsables ante él mismo” (MARX K. , 2001 [1871]).
  10. La referencia tiene una precisión mayor: “Como es lógico, la Comuna de París había de servir de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia. Una vez establecido en París y en los centros secundarios el régime comunal, el antiguo Gobierno centralizado tendría que dejar paso también en las provincias a la autoadministración de los productores. En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejercito permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un período de servicio extraordinariamente corto. Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas, a su vez, enviarían diputados a la Asamblea Nacional de Delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandat impératif (instrucciones formales) de sus electores. Las pocas, pero importantes funciones que aún quedarían para un gobierno central, no se suprimirían, como se ha dicho, falseando intencionadamente la verdad, sino que serían desempeñadas por agentes comunales que, gracias a esta condición, serían estrictamente responsables” (MARX K. , 2001 [1871]).
  11. En Colombia, la herencia francesa de la Comuna en los movimientos guerrilleros adolece del mismo error de los revolucionarios franceses. En 1870, Marx le había hecho la salvedad de la “falsa idea nacional”, esto es que habían asumido “[l]a conjugación de estas tareas contradictorias -el patriotismo y el socialismo-”, lo cual, “constituyó el error fatal de los socialistas franceses” (LENIN, 1934, pág. 20)
  12. La claridad de Lenin en 1920 es edificante: “Las clases explotadoras necesitan la dominación política para mantener la explotación, es decir, el interés egoísta de una minoría insignificante contra la inmensa mayoría del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para suprimir completamente toda explotación, es decir, en interés de la inmensa mayoría del pueblo contra una minoría insignificante compuesta por los esclavistas modernos, es decir, por los terratenientes y capitalistas” (LENIN, 1976, pág. 23).
  13. En la Comuna de París, los obreros comprendieron su acción: “Después del golpe de Estado que puso remate a la revolución de 1848, Francia cayó durante 18 años bajo el yugo del régimen napoleónico, que llevó al país no sólo a la ruina económica, sino también a una humillación nacional. Al sublevarse contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y de clase la otra: liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituye el rasgo más peculiar de la Comuna” (LENIN, 1934, pág. 20).
  14. Lenin brinda una claridad en estos debates, que debe ser refutada con gran esfuerzo por los contrarios: “Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos Estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en última instancia, necesariamente, una dictadura de la burguesía. La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado” (LENIN, 1976, pág. 33).
  15. Lenin señala dos errores: “1) El proletariado se detuvo a mitad de camino: en lugar de proceder a la ‘expropiación de los expropiadores’, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la nación; no se apoderó de instituciones como, por ejemplo, el banco; las teorías de los proudhonistas del ‘justo cambio’, etc., dominaban aún entre los proudhonistas”; 2) “El segundo error consistió en la excesiva magnanimidad del proletariado: en lugar de exterminar a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho, trató de influir moralmente sobre ellos, despreció la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente militares y, en vez de coronar su victoria en París con una ofensiva resuelta sobre Versalles, dio largas al tiempo y permitió que el gobierno versallés reuniese las fuerzas tenebrosas y se preparase para la semana sangrienta de mayo” (LENIN V. I., La Comuna de París, 1934, pág. 21).
  16. Esto lo resalta Lenin, al decir que: “La Comuna de París fue una dictadura del proletariado, pero fue elegida por sufragio universal, sin privar a la burguesía de su derecho al voto, es decir, ‘democráticamente’” (LENIN V. I., 1934, pág. 109). Más preciso: “Marx y Engels han demostrado que la Comuna suprimía el ejército y la burocracia, suprimía el parlamentarismo, destruía la ‘excrecencia parasitaria que es el Estado’, etc., pero el sapientísimo Kautsky se cala el gorro de dormir y repita lo que mil veces han dicho los profesores liberales, los cuentos de la ‘democracia pura’. | No sin razón dijo Rosa Luxemburgo el 4 de agosto de 1914 que la socialdemocracia alemana es ahora un cadáver hediondo” (LENIN V. I., 1934, pág. 110). En Francia: “A pesar de que el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna fue un ejemplo brillante de cómo el proletariado sabe cumplir unánime las taras democráticas, que la burguesía sólo sabía proclamar. Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el poder, llevó a cabo la democratización del régimen social, suprimió la burocracia y estableció la elección de los funcionarios por el pueblo” (LENIN, 1934, pág. 21).
  17. En “La fase superior de la sociedad comunista”, podrá entonces hablarse de la abolición o extinción del Estado, según la lectura que Lenin hace de Engels: “Mientras llega la fase ‘superior’ del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo; pero este control ha de comenzar con la expropiación de los capitalistas, con el control de los obreros sobre los capitalistas, y no debe llevarse a cabo por un Estado de burócratas, sino por el Estado de los obreros armados. | La defensa interesada del capitalismo por los ideólogos burgueses […] consiste, precisamente, en suplantar con discusiones y charlas sobre un remoto porvenir la cuestión más candente y más actual de la política de hoy: la expropiación de los capitalistas, la transformación de todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran ‘consorcio’ único, a saber, de todo el Estado, y la subordinación completa de todo el trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático, al Estado de los Soviets de diputados, obreros y soldados” (LENIN, 1976, págs. 91-92).
  18. En el pueblo ruso, la cuestión de la Comuna de París llegaba como una experiencia derrotada. El trabajo durante las tres décadas que transcurrieron antes de los primeros alzamientos de los Soviets conllevó al decir de Lenin, a que: “Tan sólo la socialdemocracia, con un trabajo perseverante y metódico, logró educar a las masas hasta hacerlas llegar a las formas superiores de lucha: las acciones de masas y la guerra civil con las armas en la mano” (LENIN, 1934, pág. 22). El trabajo prerrevolucionario fue de formación: “La socialdemocracia logró acabar con los errores ‘nacionales’ y ‘patrióticos’ del joven proletariado y cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre, en lo que ella participó directamente, el proletariado comenzó a prepararse enérgicamente para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada” (LENIN, 1934, pág. 22).
  19. Esta es la experiencia de la violencia revolucionaria: “el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates a campo descubierto. El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre [1905]” (LENIN, 1934, pág. 23).
  20. De hecho, la concepción de Lenin sobre el sujeto revolucionario, el Soviet, es aún más precisa. La ubican en la “Carta de diputados del soviet, miembros del partido socialista revolucionario”, publicada en octubre de 1905. La primera aclaración al ‘Soviet de diputados obreros y partido’, es que, “para dirigir hoy la lucha política son necesarios indudablemente y por igual tanto el soviet (trasformado en el sentido que vamos a exponer) como el partido”. Continúa definiendo: “En mi opinión, el soviet de diputados obreros, como centro político dirigente de la revolución, no es una organización demasiado amplia, sino al contrario, demasiado estrecha. El soviet debe proclamarse gobierno provisional revolucionario, o bien constituirlo, incorporando para ello a nuevos diputados, no sólo de los obreros, sino, primero, de los marineros y soldados, que en todas partes se sienten ya atraídos por la libertad; segundo, de los campesinos revolucionarios; y, tercero, de los intelectuales burgueses revolucionarios” (LENIN V. I., 1976 [1905], pág. 17).
  21. En una carta de Engels a Bebel de 18-28 de marzo de 1875, Lenin toma este pasaje en el cual Engels, aclara que el concepto real de Estado, sería en alemán ‘comunidad’ (Gemeinwesen): “Siendo el Estado una institución meramente transitoria que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía el Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso, nosotros propondríamos emplear siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra ‘comunidad’ (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa ‘Comunne’” (LENIN, 1976, pág. 61).
  22. Dice Lenin: “Poco fue lo que tuvo de tiempo de hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter […], de gobierno obrero: quedo suprimido el trabajo nocturno en las tahonas; fue abolido el sistema de las multas, esa expoliación consagrada por la ley de que se hacía víctima a los obreros; finalmente, fue promulgado el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente democrático, proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos al año (menos de 200 rublos al mes)” (LENIN, 1934, pág. 27).
  23. Entendiendo la “abolición del parlamentarismo”: “La salida del parlamentarismo no está, naturalmente, en abolir las instituciones representativas y la elegibilidad, sino en transformar las instituciones representativas de lugares de charlatanería en corporaciones ‘de trabajo’. ‘La Comuna no había de ser una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo’” (LENIN, 1976, pág. 44).
  24. Frente al Parlamentarismo la crítica consistía en que el sistema de República en democracia había dejado: “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias; sino en las repúblicas más democráticas” (LENIN, 1934, pág. 43).
  25. Este debate tiene dedicación en La revolución proletaria y el renegado Kautsky: “Hablar en este caso de forma de gobierno es triplemente necio, porque cualquier niño sabe que monarquía y república son formas de gobierno distintas. Al señor Kautsky es necesario demostrarle que estas dos formas de gobierno, como todas las ‘formas de gobierno’ de transición bajo el capitalismo, no son sino variedades del Estado burgués, es decir, de la dictadura de la burguesía” (LENIN V. I., 1934, pág. 107).
  26. Lukács dedicó una obra completa a la coherencia del pensamiento de Lenin, esta frase surge luego de decir: “El realismo de Lenin, su realpolitik, constituye la liquidación definitiva de todo utopismo, la realización concreta del contenido del programa de Marx; dicho de otro modo: una teoría que se ha vuelto práctica, una teoría de la praxis. Lenin hizo con el problema del socialismo lo que ya había hecho con el problema del Estado: lo arrancó del aislamiento metafísico en que hasta entonces se encontraba, de su estilo pequeñoburgués, y lo introdujo en el conjunto del problema de la lucha de clases” (LUKÁCS, 2014, págs. 103-104). Como claridad adicional: “no se trata del grado del carácter socialista que revelan las formas exteriores de la vida económica, sino exclusivamente del grado de control efectivo que tiene el proletariado de este aparato económico que ha hecho suyo al tomar el poder, y que constituye al mismo tiempo el fundamento de su existencia social, es decir, de la gran industria, control que se pone efectivamente al servicio de los objetivos de clase” (LUKÁCS, 2014, pág. 108).
  27. A propósito de este Congreso, Rosa Luxemburgo presenta en este su exposición: “Sobre el militarismo y la política colonial en el Congreso International París”, en la cual presenta una severa crítica contra la carrera del militarismo en Europa: “el militarismo y la política colonial, son actualmente los dos aspectos de un mismo fenómeno. La protesta contra el militarismo no es una novedad en los congresos internacionales. Con su instinto de clase, siempre justo, el proletariado ha sentido siempre que el militarismo es el enemigo mortal de toda la civilización. La Internacional ha expresado en reiteradas ocasiones este tipo de protestas” (LUXEMBURGO, 1900).
  28. La secuencia del análisis de la situación concreta en Alemania nos lleva a los debates que tuvo Kautsky con Rosa Luxemburgo y el Programa de Erfurt: 1891. Más aún, conducen a la división que finalmente rompería con el Partido Socialdemócrata, al crearse la Liga Espartaquista en 1914, de la cual hicieron parte: Clara Zetkin, Leo Jogiches; Paul Levi, Liebknecht y Franz Mering a excepción de Clara, fueron asesinados junto a Luxemburgo en 1919.
  29. En el régimen de la monarquía Rosa Luxemburgo provocó el debate sobre el republicanismo. Esta situación generó además pronunciamientos del Comité de Redacción y de Kautsky, en el órgano partidario Neue Zeit. La dirección finalmente publicó el artículo con unas notas y aclaraciones de la postergación de la publicación. En las palabras de Rosa Luxemburgo: “La ‘agitación totalmente novedosa’ [“la propagandización de la república”] que podría tener ‘consecuencias imprevisibles’ para el partido, decía lo siguiente: “El derecho del sufragio universal, igualitario, directo para todos los adultos *sin diferencias de sexo, es el próximo objetivo, que en el movimiento actual nos asegura la adhesión entusiasta de las capas más amplias en el momento adecuado”, continua más adelante: “Justamente dado que en Alemania se ha hecho un trabajo preventivo tan de fondo ante los peligros de las ilusiones republicanas pequeñoburguesas a través de cuarenta años de trabajo de la socialdemocracia, hoy con toda tranquilidad podemos asignarle un espacio mayor en nuestra agitación al primer principio de nuestro programa, espacio que es parte del que por derecho le corresponde. Al destacar el carácter republicano de la socialdemocracia, ganamos ante todo una oportunidad más de ilustrar en forma accesible, popular, nuestro enfrentamiento de principios como partido de clase del proletariado, con el campo unificado de todos los partidos burgueses” (LUXEMBURGO, 1910).
  30. El documento con el cual Liebknecht sustentó su votación no fue recibido en la sesión del Parlamento, ni publicado en Alemania, fue enviado para publicación en Suiza, en el Berner Tagewacht. En este, acusa de la provocación de la guerra a “la oscuridad del semifeudalismo y de la diplomacia secreta”, en total confrontación, hace una “protesta contra la guerra, contra aquéllos que son responsables por ella y que la han causado, contra aquéllos que la dirigen, contra los propósitos capitalistas para los cuales está siendo usada, contra los planes de anexión, contra el abandono y el olvido total de los deberes sociales y políticos por los cuales el gobierno y las clases son todavía culpables, voto contra la guerra y los créditos de guerra solicitados” (LIEBKNECHT K. , 1914).
  31. En la biografía de Paul Frölich (1976), puede apreciarse el proceder de la justicia alemana contra Rosa Luxemburgo: “El primer golpe lo dio el 20 de febrero de 1914 la Audiencia Territorial de Frankfurt am Main. En las reuniones del distrito de Frankfurt de diciembre de 1913, Rosa Luxemburgo había proclamado: «Si suponen que vamos a alzar el arma asesina contra nuestros hermanos franceses o contra otros hermanos extranjeros nosotros declaramos: ¡No, eso no lo haremos jamás!» Estas palabras fueron interpretadas como una incitación a la desobediencia castrense, acusación que jurídicamente era insostenible, como demostraron irrefutablemente los abogados Paul Levi y Kurt Rosenfeld. El Fiscal pedía un año de prisión y la detención inmediata. Este era un castigo que no se había aplicado a un discurso de agitación desde los años de la Ley Antisocialista” (FRÖLICH, 1976, pág. 257).
  32. Siguiendo la referencia anterior: “Un discurso en Freiburg, en el que habló de «los dramas que diariamente tienen lugar en nuestros cuarteles […]», provocó la intervención del Ministro de Defensa. Presentó una acusación por ofensa al Ejército. Levantó una verdadera tempestad. A la llamada de la defensa se presentaron más de 30.000 víctimas y testigos de los malos tratos a los soldados. Cuando, poco antes de la guerra, iba a verse el juicio, el representante del Ministerio hubo de solicitar humildemente un aplazamiento de la vista para evitar este desfile de miles de acusadores por los estrados del Tribunal. El asunto fue enterrado” (FRÖLICH, 1976, pág. 258).
  33. Este tema fue trabajado con dedicación por Karl Liebknecht en una obra publicada en 1906, Militarismo y antimilitarismo. Le complementa un artículo publicado en 1914: ¡El principal enemigo está en casa! Dejamos esta nota, con la salvedad de abordar estas obras a profundidad en futuras investigaciones.
  34. Puede leerse a partir de estos sucesos la redacción de las siguientes publicaciones: La de Luxemburgo Problemas de organización de la socialdemocracia rusa, [Die Neue Zeit, 1904], es de cierta manera una lectura crítica a la respuesta que Lenin intentó plasmar al debate en, Un paso adelante, dos pasos atrás [1904]. Lenin siguió dando vueltas al asunto hasta publicar en 1914, el texto “El derecho de las naciones a la autodeterminación” en la revista Prosveschenie. Puede leerse, un tono amistoso, en su relación partidaria hacia Rosa Luxemburgo, al decir: “de la autodeterminación de las naciones habla no sólo el programa ruso de 1903, sino también la decisión del Congreso Internacional de Londres de 1896 (ya hablaremos con detenimiento de ello en su lugar). Mucho más extraño es que Rosa Luxemburgo, quien tantas declamaciones hace sobre el supuesto carácter abstracto y metafísico de dicho apartado, haya incurrido ella misma precisamente en este pecado de lo abstracto y metafísico. Precisamente Rosa Luxemburgo es quien viene a caer a cada paso en disquisiciones generales sobre la autodeterminación (hasta llegar incluso a una lucubración del todo divertida sobre el modo de conocer la voluntad de una nación), sin plantear en parte alguna de un modo claro y preciso si el quid de la cuestión está en las definiciones jurídicas o en la experiencia de los movimientos nacionales del mundo entero” (LENIN, 1914).
  35. En palabras de Luxemburgo, la situación era la siguiente: “A la socialdemocracia rusa le cabe en suerte una tarea que no tiene precedentes en la historia del movimiento socialista mundial. Es la tarea de decidir cuál es la mejor táctica socialista en un país dominado aún por la monarquía absoluta. Es un error trazar un paralelo rígido entre la situación rusa actual y la que existía en Alemania en 1878-1890, cuando estaban en vigor las leyes antisocialistas de Bismarck. Ambas tienen un elemento en común: la policía. Fuera de ello, no tienen punto de comparación” (LUXEMBURGO, 1904). Más adelante continúa: “Las leyes antisocialistas de Bismarck sacaron a nuestro movimiento del marco de las garantías constitucionales en una sociedad burguesa altamente desarrollada, donde los antagonismos de clase ya habían florecido en el debate parlamentario. (En esto reside, dicho sea de paso, lo absurdo del proyecto de Bismarck.) La situación es muy diferente en Rusia. Aquí el problema es cómo crear un movimiento socialdemócrata en una época en que la burguesía aún no controla el Estado” (LUXEMBURGO, 1904).
  36. La división entre trabajo intelectual y trabajo de masas, en el trabajo político, es señalada de la siguiente manera: “El medio de donde provienen los intelectuales rusos que ingresan al socialismo es mucho más desclasado y menos burgués que en Europa Occidental. Sumada a la inmadurez del movimiento obrero ruso, esta circunstancia coadyuva a la digresión teórica, desde la negación total del aspecto político del movimiento obrero a la creencia total en la efectividad de los actos terroristas aislados o la indiferencia política más completa, en las charcas del liberalismo y del idealismo kantiano. Sin embargo, es difícil atraer al intelectual que integra el movimiento socialdemócrata ruso hacia la desorganización. Es algo que va en contra de la posición general del medio en que se mueve el intelectual ruso. No hay en Rusia un parlamento burgués que favorezca esta tendencia” (LUXEMBURGO, 1904). Entiéndase: “Los narodniki (populistas) de 1875 llamaban a la intelligentsia rusa a diluirse en la masa campesina. Los partidarios ultra-civilizados de Tolstoi hablan de asumir la vida de la “gente simple”. Los partidarios del “economicismo puro” en la socialdemocracia rusa quieren que nos inclinemos ante la “mano callosa” del trabajador. Si en vez de aplicar mecánicamente en Rusia las fórmulas elaboradas en Europa Occidental enfocamos el problema organizativo desde la perspectiva de la situación rusa, arribamos a conclusiones diametralmente opuestas a las de Lenin” (LUXEMBURGO, 1904).
  37. ¿Quién redacto el folleto espartaquista publicado en Frankfurt?, fue una pregunta dirigida a Sergio De Zubiría, responsable internacional por un periodo prolongado del Partido Comunista Colombiano, y estudioso de la filosofía política de la Escuela de Frankfurt. La respuesta no da cuenta del autor del folleto. Por tanto, el autor colectivo del “Grupo Local de Frankfurt de Meno” de la Liga de los espartaquistas, deja un vació sin saldar, puesto que en la literatura académica no fue posible halla una referencia que responda al interrogante. En cuanto a una breve reseña del Partido Comunista de Alemania-KPD, en el Museo de Historia de Berlín pueden revisarse algunas referencias, en las cuales no especifican la posición del nodo de Frankfurt (LeMO, 2014 [2]).
  38. El caso que referencia Harnecker es el siguiente: “La historia de la socialdemocracia rusa está llena de pequeños grupos aparecidos ‘por una hora’, por algunos meses, grupos que no tienen ninguna raíz en las masas (ahora bien, una política sin las masas, es una política aventurera), que no tienen ninguna idea seria y firme. En un país pequeño-burgués y en un período histórico de reformas burguesas, es inevitable que intelectuales de toda especie se unan a los obreros y traten de crear toda clase de grupúsculos aventureros, en el sentido que acabamos de indicar” (HARNECKER, 1970, pág. 183)
  39. Dice Lenin: “En primer lugar, los comunistas ‘de izquierda’ alemanes, como se sabe, ya en enero de 1919 consideraban el parlamentarismo como ‘políticamente caduco’, contra la opinión de dirigentes políticos tan eminentes como Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Como es sabido, los ‘izquierdistas’ se equivocaron. Este hecho basta para destruir de golpe y radicalmente la tesis según la cual el parlamentarismo ‘ha caducado políticamente’” (LENIN, 1972 [1920], pág. 50)
  40. Frente a lo cual puede entenderse de una vez lo siguiente: “los comunistas ‘de izquierda’ nos colman de elogios a nosotros, los bolcheviques. A veces dan ganas de decirles: ¡alabadnos menos, pero compenetraos más con nuestra táctica, familiarizaos más con ella! Participamos, de septiembre a noviembre de 1917, en las elecciones al parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente. […] con respecto al significado de la idea de que el ‘parlamentarismo ha caducado políticamente’, hay que tener cuidadosamente en cuenta nuestra experiencia” (LENIN, 1972 [1920], pág. 53)
  41. Al final del apartado 2. “¿Con que sustituir la máquina del Estado una vez destruida?”, puede leerse lo siguiente: “Entre los campesinos, al igual que en las demás capas de la pequeña burguesía, sólo una minoría insignificante ‘se eleva’, ‘se abre paso’ en sentido burgués, es decir, se convierte en gente acomodada, en burgueses o en funcionarios con una situación estable y privilegiada. La inmensa mayoría de los campesinos de todos los países capitalistas en que existe una masa campesina (y estos países capitalistas forman la mayoría) se halla oprimida por él gobierno y ansía derrocarlo, ansía un gobierno ‘barato’. Esto puede realizarlo sólo el proletariado y, al realizarlo, da un paso hacia la transformación socialista del Estado” (LENIN, 1976, pág. 42).
  42. Dice Lenin: “Marx coincide con Proudhon en que ambos abogan por la ‘destrucción’ de la máquina moderna del Estado. Esta coincidencia del marxismo con el anarquismo (tanto con el de Proudhon como con el de Bakunin) no quieren verla ni los oportunistas ni los kautskianos, pues los unos y los otros han desertado del marxismo en este punto. | Marx discrepa con Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (no hablando ya de la dictadura del proletariado). El federalismo es una derivación de principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. En los pasajes suyos citados más arriba no se aparta lo más mínimo del centralismo. ¡Sólo quienes se hallen poseídos de la ‘fe supersticiosa’ del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina estatal burguesa con la destrucción del centralismo!” (LENIN V. I., El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, 1976, pág. 50).
  43. Es un debate que se establece en las publicaciones de Lenin y Luxemburgo previas a 1904. En El Estado y la Revolución, Lenin vuelve al asunto de la siguiente manera: “En Engels, como en Marx, a pesar de su crítica implacable del reaccionarismo de los pequeños Estados y del encubrimiento de este reaccionarismo con la cuestión nacional en determinados casos concretos, no encontramos ni rastro de tendencia a eludir la cuestión nacional, tendencia de que suelen pecar a menudo los marxistas holandeses y polacos al partir de una lucha muy legítima contra el estrecho nacionalismo filisteo de ‘sus’ pequeños Estados” (LENIN, 1976, pág. 68).
  44. Lenin, en el debate entre Pannekoek y Kautsky, resalta que: “Marx nos enseñó que el proletariado no puede limitarse a conquistar el Poder del Estado en el sentido de que el viejo aparato estatal pase a nuevas manos, sino que debe destruir, romper dicho aparato y sustituirlo por otro nuevo” (LENIN V. I., El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, 1976, pág. 107)
  45. De los múltiples debates con la dirección de la tesis, este puede ser sintetizado en una publicación actual de Atilio A. Boron: El gobierno contra el poder. [Publicado en su página web: www.atilioboron.com.ar]. La mención a la obra de la discordia, sobre la políticamente mal denominada “Geopolítica”, en cuanto esa materia por la experiencia de este continente debe restringirse a los militares o a quienes tienen a cargo un batallón militar, no a la ciudadanía, ni a la sociedad civil, en lo que comprende la materia de “Relaciones Internacionales” o “Diplomacia” (BORON, 2013).
  46. En Lenin el fin del comunismo es la liberación de la ‘esclavitud asalariada’, asunto que no se resolvió en el siglo XX: “la dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para aplastar a los opresores, no puede conducir únicamente a la simple ampliación de la democracia. A la par con la enorme ampliación de la democracia, que se convierte por vez primera en democracia para los pobres, en democracia para el pueblo, y no en democracia para los ricos, la dictadura del proletariado implica una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimir a éstos para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada; hay que vencer por la fuerza su resistencia, y es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia” (LENIN V. I., El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, 1976, págs. 83-84)
  47. En cuanto al antecedente del Art. 48 de la Constitución de Weimar, reiteramos que el problema viene desde la Ley de excepción de 1878-1890 promulgada por Bismark en el Imperio Alemán. Adicional, Lenin sabía que “la Constitución alemana es, en rigor, un calco de la Constitución de 1850, reaccionaria en extremo; que el Reichstag no es, según la expresión de Guillermo Liebknecht, más que la ‘hoja de parra del absolutismo’ y que constituye ‘un absurdo evidente’ pretender llevar a cabo la ‘transformación de todos los instrumentos de trabajo en propiedad común’, basándose en una Constitución que legaliza los pequeños Estados y la federación de los pequeños Estados alemanes” (LENIN, 1976, pág. 65).
  48. Ediciones IPS, publicó en castellano, el libro de Pierre Broué, Revolución Alemana (1917-1923). Solo logramos ver algunas reseñas. La cuestión de la ‘mezquindad’ de la Socialdemocracia alemana, quedo más que clara en 1919 con el asesinato de Luxemburgo, Liebknecht y demás militantes de la Liga Espartaquista. Lenin, alcanza a notar la gravedad de las divisiones en el SPD, en la discusión entre Pannekoek y Kautsky: “Pannekoek se manifestó contra Kautsky como uno de los representantes de la tendencia ‘radical de izquierda’, que contaba en sus filas a Rosa Luxemburgo, a Karl Rádek y a otros y que, defendiendo la táctica revolucionaria, tenía como elemento aglutinador la convicción de que Kautsky se pasaba a la posición del ‘centro’, el cual, vuelto de espaldas a los principios, vacilaba entre el marxismo y el oportunismo. Que esta apreciación era acertada vino a demostrarlo plenamente la guerra, cuando la corriente del ‘centro’ (erróneamente denominado marxista) o del ‘kautskismo’ se reveló en toda su repugnante mezquindad” (LENIN, 1976, pág. 105).
  49. Escribía Wilhelm Liebknecht el 21 de abril de 1900: “El imperialismo es el padre del militarismo. Me refiero al imperialismo en el único sentido de la palabra que conozco, es decir, en el sentido de la extensión violenta del poder, de someter a otros países y naciones al Imperio, el Imperium” (LIEBKNECHT W. , 1900).
  50. El cargo de primer presidente de la República de Weimar que le dieron a Friedrich Ebert el 4 de febrero de 1919 premió la traición del Partido Socialdemócrata Alemán al materialismo histórico. El pacto que trazó el SPD con los militares, conllevó al asesinato de los líderes de la Liga Espartaquista. Al respecto puede leerse el artículo publicado por el Museo Histórico Alemán de Berlín: “El asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht”: “Unos días después de la sangrienta represión del levantamiento de enero, el 15 de enero de 1919, soldados del cuerpo libre de la División de Rifles de Caballería detuvieron a los líderes sumergidos del Spartakusbund, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Llevaron a los dos jefes del movimiento revolucionario a la sede de los Freikorps en el Hotel Edén y los interrogaron allí bajo graves abusos. Luego dispararon a Liebknecht en el zoológico con tres disparos a corta distancia. Luxemburgo también fue asesinada insidiosamente por sus guardias. Arrojaron su cuerpo al Canal Landwehr, donde no fue encontrada hasta finales de mayo de 1919” (LeMO, 2014 [1]).
  51. La claridad que había expresado a los bolcheviques era tal: “Los obreros, después de conquistar el Poder político, destruirán el viejo aparato burocrático, lo demolerán hasta los cimientos, no dejarán de él piedra sobre piedra, lo sustituirán por otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, contra cuya transformación en burócratas se tomarán sin dilación las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) no sólo elegibilidad, sino amovilidad en cualquier momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) inmediata implantación de un sistema en el que todos sean ‘burócratas’ durante algún tiempo, para que, de este modo, nadie pueda convertirse en ‘burócrata’” (LENIN, 1976, pág. 103)
  52. La revolución proletaria conlleva un nuevo orden, en este sentido: “Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la ‘extinción’ gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden -orden sin comillas, orden que no se parecerá en nada a la esclavitud asalariada-, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos siguiendo un turno, se convertirán luego en costumbre y, por último, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad” (LENIN V. I., 1934, pág. 47).
  53. Léase la nota de inicio “Supresión de la ‘Nueva Gaceta Renana’ por disposición de la Ley Marcial”: “En mayo de 1849, cuando la contrarrevolución se lanzó al ataque final, el gobierno prusiano tomó represalias contra la Nueva Gaceta Renana y, mediante una orden, proscribió el periódico y desató una furiosa persecución en contra de sus redactores”. La primera frase de documento dice: “Colonia, 18 de mayo. Hace algún tiempo, se ordenó desde Berlín a las autoridades locales que declararan el Estado de sitio en Colonia. La finalidad que con ello se perseguía era la eliminación de la Nueva Gaceta Renana al amparo de la ley marcial, pero se tropezó con una resistencia inesperada”. Las razones de la orden las sabe Marx y las hace saber a las autoridades de Berlín: “¿Acaso nuestra tendencia era ignorada del gobierno? ¿No hemos dicho ante el jurado que era ahora ‘deber de la prensa minar todos los fundamentos del orden político vigente’?” (MARX & ENGELS, 2006, págs. 513-514).
  54. Al respecto se puede leer a Marx literal: “La crítica de la filosofía del Derecho y del Estado, que por obra de Hegel ha tenido la más consecuente, rica y última consideración, es lo uno y lo otro -tanto el análisis crítico del Estado y de la realidad vinculada a él, cuanto la decidida negación de toda forma seguida hasta nosotros de la conciencia política y jurídica alemana, cuya expresión más noble, más universal, elevada a ciencia, es precisamente la filosofía del derecho especulativo” (MARX C. , 1968 [1844])
  55. Tener en cuenta que: “La burguesía industrial sólo puede dominar allí donde las relaciones de propiedad, y, para adquirir este poder, la industria necesita haber conquistado el mercado mundial, ya que las fronteras nacionales no bastan para fincar su desarrollo” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 533).
  56. A propósito, ironiza Marx: “Dos días antes de comenzar a elaborar la Constitución, proclamaba la prórroga del estado de sitio. Antes, las constituciones se hacían y se votaban cuando el proceso social de transformación llegaba a un punto de reposo, cuando se afianzaban las nuevas relaciones de clase y las facciones de la clase dominante en pugna recurrían a un compromiso que les permitía seguir luchando entre sí y, al mismo tiempo, eliminar de la lucha a la masa del pueblo, ya cansada” (MARX & ENGELS, 2006, págs. 562-563)
  57. En Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, puede leerse como entendía Marx la composición de la Montaña como: “la pequeña burguesía democrática” entiéndase “Ledru-Rollin y Raspail eran los nombres propios, aquél el de la pequeña burguesía democrática, éste el del proyecto revolucionario” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 568). Esta misma República burguesa, reduciría a la Montaña en su trabajo legislativo: “La Asamblea Nacional francesa aprobó, el 10 de agosto de 1849, una ley mediante la cual declaraba reos de alta traición a ‘los instigadores y cómplices de la conspiración y el atentado del 13 de junio” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 601). Con lo cual la mayoría parlamentaria había enviado a los representantes de la Montaña al Tribunal Supremo. Dice Marx: “La minoría se había dejado llevar hasta el intento de una insurrección parlamentaria; ahora, la mayoría elevó su despotismo parlamentario a ley. Decretó un nuevo reglamento, que acababa con la libertad de la tribuna y autorizaba al presidente de la Asamblea a sancionar a los diputados que lo infringieran, con la censura, multas en dinero, la supresión de las dietas, la expulsión temporal o la cárcel” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 601).
  58. Esta alusión permite la comprensión mundial de las discusiones que tuvieron lugar durante el siglo XX en Colombia: proteccionismo o librecambio. Al respecto: “En Inglaterra -y los más grandes fabricantes franceses no pasan de ser pequeño burgueses, comparados con sus rivales de Inglaterra- encontramos realmente a los fabricantes, a un Cobden o a un Bright, a la cabeza de la cruzada contra la Banca y la aristocracia de la Bolsa. ¿Por qué no ocurre lo mismo en Francia? En Inglaterra impera la industria, en Francia la agricultura. En Inglaterra, la industria necesita el librecambio; en Francia necesita el proteccionismo, el monopolio nacional, además de otros monopolios” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 614).
  59. Leer a propósito: “La restauración del impuesto sobre el vino implantada el 20 de diciembre quería decir que Luis Bonaparte era como los otros; pero no era igual que los demás, pues había sido inventado por los campesinos, y en los millones de firmas que suscribían las peticiones contra el impuesto sobre el vino revocaban los votos que un año antes habían depositado” (MARX & ENGELS, 2006, págs. 618-19). De esta manera: “El capitalista individual explota al campesino individual por medio de la hipoteca y de la usura; la clase capitalista explota a la clase campesina por medio de los impuestos del Estado” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 621).
  60. A lo largo de Las Luchas de Clases en Francia de 1848 a 1850, Marx hace alusión indistinta de los términos ‘fracciones’ y ‘facciones’, tanto para las clases dominantes del Partido del Orden, como para el proletariado y pequeña burguesía de la Montaña: para ‘facción’ una mención: “Con la ley electoral y la ley de prensa, se retira de la escena el partido revolucionario y democrático. Antes de marcharse a sus casas, poco tiempo después de terminar la legislatura, las dos facciones de la Montaña, la de demócratas socialistas y la de los socialistas democráticos” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 645). Para ‘fracción’, capaz ya esté referido, el siguiente fragmento: “Bajo Luis Felipe no subió al poder la burguesía francesa, sino una fracción de ella, los banqueros, los reyes de la Bolsa, los magnates de los ferrocarriles, los propietarios de las minas de carbón y hierro y de las explotaciones forestales y una parte de los terratenientes aliada a ellos: la llamada aristocracia financiera” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 522). Una dedicación mayor hará de las facciones del Partido del Orden, como una verdadera comedía del enredo de las “intrigas facciosas”, ante los debates de la ley electoral (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, págs. 646-648).
  61. En palabras de Marx: “El gobierno, despreciado por sus enemigos, maltratado y diariamente humillado por sus supuestos amigos, sólo veía un medio para salir de aquella molesta e insostenible situación: la revuelta. Una revuelta en París había permitido decretar el estado de sitio en la capital y en los departamentos y gobernar así las elecciones” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 629).
  62. Por esto mismo tal vez no fue una Revolución ni la de 1789 ni la de 1848: “Las industrias de París funcionan a pleno rendimiento y también marchan bastante bien las fábricas de algodón de Rouen y Mülhausen, aunque aquí entorpecen la marcha de los negocios los elevados precios de la materia prima, como ocurre en Inglaterra” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 636). Continúa: “Ante esta prosperidad general, en que las fuerzas productivas de la sociedad burguesa se desarrollan con toda la exuberancia que les consienten, en términos generales, las condiciones propias de la burguesía, no puede hablarse de una verdadera revolución. Una revolución verdadera sólo puede darse en los periodos en que entran en contradicción estos dos factores, las modernas fuerzas productivas y las formas burguesas de producción” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 640).
  63. Es preciso entender este asunto, desde la lectura de Engels, su análisis es el más claro al respecto. Ante los hechos que la historia les demostraba, se hacía clara la forma de dominación de la alianza de clases dominantes: nos dice, “La manera de luchar de 1848 ha quedado anticuada” […] “todas las revoluciones iban dirigidas al desplazamiento de una determinada dominación de clase por otra; pero todas las clases dominantes, hasta ahora, representaban solamente pequeñas minorías frente a la gran masa del pueblo dominada. Una minoría dominante era derrocada por la revolución, para dejar el paso a otra minoría que la sucedía en el timón del Estado y modelaba las instituciones públicas a tono con sus intereses. El nuevo grupo minoritario era, cada vez, aquél a quien el nivel del desarrollo económico llamaba a gobernar y capacitaba para hacerlo, y por ello precisamente, y sólo por ello, la mayoría dominada participaba en la revolución a favor suyo o contemplaba tranquilamente el cambio revolucionario” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 661).
  64. Compréndase en su sentido más literal: “a propósito del ‘derecho al trabajo’, que aquí se describe como ‘la primera fórmula desmañada en que se compendiaban las reivindicaciones revolucionarias del proletariado’ leemos: ‘… pero detrás del derecho al trabajo está el poder sobre el capital y detrás del poder sobre el capital la apropiación de los medios de producción para someterlos a la clase obrera asociada, es decir, la abolición tanto del trabajo asalariado como la del capital y de sus mutuas relaciones’. Se formula, pues, aquí por vez primera la tesis que distingue nítidamente el moderno socialismo obrero de los diferentes matices del socialismo feudal, burgués, pequeño burgués, etc., así como también de la confusa comunidad de bienes preconizada por el comunismo utópico y el comunismo obrero espontáneo y elemental” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 659).
  65. Engels la define en la Introducción de La Guerra Civil en Francia, como “una guerra de conquista contra el pueblo francés reviviría con redoblada intensidad todas las desventuras que Alemania había experimentado después de la llamada guerra de liberación. ¿Acaso no ha sucedido así? ¿No hemos padecido otros veinte años de dominación bismarquiana, con su Ley de Excepción y su batida antisocialista en lugar de las persecuciones de demagogos con las mismas arbitrariedades policíacas y la misma, literalmente la misma, interpretación indignante de las leyes?” (ENGELS F. , 2000 [1981, marzo]). La ‘Ley de Excepción’ contra los socialistas fue promulgada en Alemania el 21 octubre de 1878. En virtud de esta quedaron prohibidas todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se sometió a represiones a los socialdemócratas. Bajo la presión del movimiento obrero de masas, la ley fue derogada el 1º de octubre de 1890] (ENGELS F. , 2000 [1981, marzo], pág. Nota 4).
  66. Entre 1849 y 1850, Engels escribe una secuencia de artículos en la Nueva Gaceta Renana, los cuales son compilados en La Campaña Alemana en Pro de la Constitución del Imperio, describiendo: I. La Prusia renana; y luego dos menciones territoriales del sureste alemán: II. Karlsruhe; y III. El Palatinado. (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, págs. 685-757 [E]).
  67. Había evitado menciones tan extensas a documentos que, en el ámbito de las ciencias sociales, son tan bien conocidos, sin embargo, sobre salta que no han sido del todo entendidos. Marx se refiere con una contundente claridad al invento de los «republicanos honestos» el del ‘estado de sitio’. Leerlo en este fragmento: “Mientras los republicanos burgueses de la Asamblea se ocupaban en cavilar, discutir y votar esta Constitución, Cavaignac mantenía, fuera de la Asamblea, el estado de sitio en París. El estado de sitio en París fue el comadrón de la Constituyente en sus dolores republicanos del parto. Si más tarde la Constitución fue muerta por las bayonetas, no hay que olvidar que también había sido guardada en el vientre materno y traída al mundo por las bayonetas, por bayonetas vueltas contra el pueblo. Los antepasados de los «republicanos honestos» habían hecho dar a su símbolo, la bandera tricolor, la vuelta por Europa. Ellos, a su vez, hicieron también un invento que se abrió por sí mismo paso por todo el continente, pero retornando a Francia con amor siempre renovado, hasta que acabó adquiriendo carta de ciudadanía en la mitad de sus departamentos: el estado de sitio. ¡Magnífico invento, aplicado periódicamente en cada una de las crisis sucesivas en el curso de la revolución francesa! Y el cuartel y el vivac, puestos así, periódicamente, por encima de la sociedad francesa para aplastarle el cerebro y convertirla en un ser tranquilo; el sable y el mosquetón, que periódicamente regentaban la justicia y la administración, ejercían tutela y censura, hacían funciones de policía y oficio de serenos, el bigote y la guerrera, que se preconizaban periódicamente como la sabiduría suprema y como los rectores de la sociedad, ¿no tenían necesariamente el cuartel y el vivac, el sable y el mosquetón, el bigote y la guerrea, que dar por último en la ocurrencia de que era mejor salvar a la sociedad de una vez para siempre, proclamando su propio régimen como el más alto de todos y descargando por completo a la sociedad burguesa del cuidado de gobernarse por sí misma? El cuartel y el vivac, el sable y el mosquetón, el bigote y la guerra tenían necesariamente que dar en esta ocurrencia, con tanta mayor razón cuanto que de este modo podían esperar también una mejor recompensa por sus altos servicios, mientras que limitándose a decretar periódicamente el estado de sitio y a salvar transitoriamente a la sociedad por encargo de esta o aquella fracción de la burguesía, se conseguía poco de sólido, fuera de algunos muertos y heridos y de algunas muecas amistosas de los burgueses. ¿Por qué el elemento militar no podía jugar por fin de una vez el estado de sitio en su propio interés y para su propio beneficio, sitiando al mismo tiempo las bolsas burguesas? Por lo demás, no olvidemos, digámoslo de pasada, que el coronel Bernard, aquel mismo presidente de la Comisión militar que bajo Cavaignac ayudó a mandar a la deportación sin juicio, a 15.000 insurrectos, vuelve a hallarse en este momento a la cabeza de las Comisiones militares que actúan en París” (MARX K. , 2000 [1851-1852]).
  68. El golpe de Estado había cerrado al Parlamento y con este Decreto Bonaparte quitaba cualquier posibilidad de sublevación en las Fuerzas Armadas: “En las jornadas de junio de 1848, la burguesía, en calidad de Guardia Nacional, estuvieron unidas con el ejército contra el proletariado; el 13 de junio de 1849, la burguesía hizo que el ejército dispersase a la Guardia Nacional pequeñoburguesa; el 2 de diciembre de 1851, había desaparecido la Guardia Nacional de la propia burguesía, y Bonaparte se limitó a registrar este hecho al firmar, después de producido, el decreto de su disolución” (MARX K. , 2000 [1851-1852]).
  69. Léase con lupa y sin asombro que, desde el conservadurismo Bonapartista, se realizaron estas prácticas, [no fue un invento de Lenin]: “Si hubo alguna vez un acontecimiento que proyectase delante de sí una sombra mucho tiempo antes de ocurrir, fue el golpe de Estado de Bonaparte. Ya el 29 de enero de 1849, cuando apenas había pasado un mes desde su elección, hizo una proposición en este sentido a Changarnier. Su propio primer ministro, Odilon Barrot, había denunciado veladamente en el verano de 1849, y Thiers abiertamente en el invierno de 1850, la política del golpe de Estado. En mayo de 1851, Persigny había intentado otra vez más ganar a Changarnier para el golpe y el Messager de l’Assemblée había hecho públicas estas negociaciones. Los periódicos bonapartistas amenazaban con un golpe de Estado ante cada tormenta parlamentaria, y cuanto más se acercaba la crisis, más subían de tono. En las orgías, que Bonaparte celebraba todas las noches con la swell mob de ambos sexos, en cuanto se acercaba la media noche y las abundantes libaciones desataban las lenguas y calentaban la fantasía, se acordaba el golpe de Estado para la mañana siguiente” (MARX K. , El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. [Edición digitalizada por la Red Vasca Roja, publicada por Juan R. Fajardo, MIA], 2000 [1851-1852], pág. Cap. VI.).
  70. “El 18 Brumario, Napoleón, con menos talla que su modelo, se trasladó, a pesar de todo, al Cuerpo Legislativo y le leyó, aunque con voz entrecortada, su sentencia de muerte. El segundo Bonaparte, que por lo demás se hallaba en posesión de un poder ejecutivo muy distinto del de Cromwell o Napoleón, no fue a buscar su modelo en los anales de la historia universal, sino en los anales de la Sociedad del 10 de Diciembre, en los anales de la jurisprudencia criminal. Roba al Banco de Francia 25 millones de francos, compra al general Magnan por un millón y a los soldados por 15 francos a cada uno y por aguardiente, se reúne a escondidas por la noche con sus cómplices, como un ladrón, manda asaltar las casas de los parlamentarios más peligrosos, sacándolos de sus camas y llevándose a Cavaignac, Lamoriciére, Le Flô, Changarnier, Charras, Thiers, Baze y otros, manda ocupar las plazas principales de París y el edificio del Parlamento con tropas y pegar, al amanecer, en todos los muros, carteles estridentes proclamando la disolución de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado, la restauración del sufragio universal y la declaración del departamento del Sena en estado de sitio. Y poco después, inserta en el Moniteur un documento falso, según el cual influyentes hombres parlamentarios se han agrupado en torno a él en un Consejo de Estado” (MARX K. , El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. [Edición digitalizada por la Red Vasca Roja, publicada por Juan R. Fajardo, MIA], 2000 [1851-1852], pág. Cap. VI).
  71. En un breve párrafo de una compilación de escritos de Lenin sobre la Comuna de Paris, pueden leer “Conclusión del artículo ‘La Comuna de París y las Taras de la Dictadura Democrática”, en este hallarán lo siguiente: “al sacar de la Comuna de París enseñanzas para nosotros, no debemos repetir sus errores (no tomaron el Banco de Francia, no emprendieron la ofensiva contra Versalles, no tuvieron un programa claro, etc.)” (LENIN V. I., La Comuna de París, 1934, pág. 14). Esta referencia concluye un trabajo de investigación que se encuentra en prensa, a ser publicado en la edición de octubre-2023 de la Revista Trimestre Económico.
  72. El bonapartismo que Sánchez Ángel (2005) traslada al presidencialismo colombiano, tiene grandes distancias con el análisis de la conformación del bloque hegemónico colombiano. La comparación del campesinado francés con el campesinado colombiano, tienen un océano de distancia, por más que quieran hacer parecer a un reciente presidente a la personalidad de Bonaparte (SÁNCHEZ ÁNGEL, 2005).
  73. Para Engels, todas las clases sociales, excepto los obreros, oprimían al campesinado, la caracterización que hace bien puede contrastarse con el desprecio que expone Marx hacia el campesino parcelario: “El campesino soportaba el peso integro de todo el edificio social: príncipes, funcionarios, nobleza, frailes, patricios y burgueses. El príncipe como el barón, el monasterio como la ciudad, todos le trataban como mero objeto, peor que las bestias de carga. Como siervo, esta entregado a su señor atado de pies y manos. Siendo vasallo, los servicios a que le obligaba la ley y el contrato eran ya suficientes para aplastarlo; pero todavía se las aumentaban continuamente. Durante la mayor parte del tiempo, debía trabajar en las fincas del señor; con lo que ganaba en sus ratos libres tenía que pagar los diezmos, censos, […] tributos de guerra e impuestos regional e imperial. No podía casarse ni morir sin que cobrase algo su señor. Además de los servicios regulares tenía que recoger paja, fresas, bayas, conchas de caracol, ayudar en la caza, cortar leña, etc., todo para el señor; el campesino tenía que callar y resignarse mientras que la caza del amo destruía su cosecha. Los señores se habían apropiado de casi todos los montes comunales, pertenecientes a los campesinos. Lo mismo que de la propiedad, el señor disponía arbitrariamente de la persona del campesino y de la de su mujer e hijas. Tenía el derecho de pernada. Cuando quería mandaba encerrar a sus siervos en el calabozo donde los esperaba la tortura con la misma seguridad que el juez de instrucción les espera en nuestros días. Los mataba o los mandaba degollar cuando quería. No hay capítulo de aquella edificante ‘Carolina’ que trate ‘del desorejamiento’, ‘de la absición de narices’, ‘del vaciamiento de los ojos’, ‘de la cortadura de dedos y manos’, ‘de la decapitación’, ‘del suplicio de la rueda’, ‘de la hoguera’, ‘del atenazamiento’, ‘del descuartizamiento’, etc., ¿Quién los iba a proteger? Los tribunales estaban compuestos por los barones, frailes, patricios o juristas que no ignoraban la razón por la cual se les pagaba; pues todas las clases altas del imperio vivían de la expoliación de los campesinos” (ENGELS F. , 2011 [1850]).
  74. Al respecto una nota de Marx: “Después de la primera revolución había convertido a los campesinos semisiervos en propietarios libres de su tierra. Napoleón consolidó y reglamentó las condiciones bajo las cuales podrían explotar sin que nadie les molestase el suelo de Francia que se les acababa de asignar, satisfaciendo su afán juvenil de propiedad. Pero lo que hoy lleva a la ruina al campesino francés, es su misma parcela, la división del suelo, la forma de propiedad consolidada en Francia por Napoleón. Fueron precisamente las condiciones materiales las que convirtieron al campesino feudal francés en campesino parcelario y a Napoleón en emperador. Han bastado dos generaciones para engendrar este resultado inevitable: el empeoramiento progresivo de la agricultura y endeudamiento progresivo del agricultor. La forma «napoleónica» de propiedad, que a comienzos del siglo XIX era la condición para la liberación y el enriquecimiento de la población campesina francesa, se ha desarrollado en el transcurso de este siglo como la ley de su esclavitud y de su pauperismo. Y es precisamente esta ley la primera de las idees napoléoniennes que viene a afirmar el segundo Bonaparte. Si comparte todavía con los campesinos la ilusión de buscar la causa de su ruina, no en su misma propiedad parcelaria, sino fuera de ella, en la influencia de circunstancias secundarias, sus experimentos se estrellarán como pompas de jabón contra las relaciones de producción” (MARX K. , 2000 [1851-1852]).
  75. Al respecto, dos breves discursos de Lenin dan cuenta de algunas soluciones al problema de la producción agraria socialista: Discurso pronunciado en el I Congreso Nacional de la secciones agrarias, de los comités de campesinos pobres de las comunas, 11 de diciembre de 1918; y el Discurso pronunciado en el I Congreso de las comunas y los arteles agrícolas, 4 de diciembre de 1919. En los cuales se hace referencia a los “Comités de campesinos pobres”, luego conocidos como “Soviets de diputados campesinos” quienes decretaron el 11 de junio de 1918 una serie de leyes “Acerca de la organización y el abastecimiento de los campesinos pobres”; entre estos se ubica el Decreto de la tierra del 26 de octubre de 1917, “al día siguiente de la Revolución Socialista de Octubre. El II Congreso de los Soviets de toda Rusia aprobó el Decreto de la tierra, que abolió la propiedad latifundista en Rusia y entregó toda la tierra al pueblo”, también conocido como Mandato acerca de la tierra. Otro documento que ilustre las intenciones reales de un socialismo revolucionario puede ser: El reglamento de la organización socialista del usufructo de la tierra y medidas para pasar a la agricultura socialista, aprobado por el CEC en febrero de 1919 en Rusia (LENIN V. I., 1980 [1918-1919]).
  76. La Revolución China es una materia de estudio pendiente, no obstante, es posible dejar unas referencias que pueden dar cuenta de la ‘cuestión agraria’: lograda la Revolución en 1949, Mao Tse-tung escribe los “Puntos Esenciales de la Reforma Agraria en las Regiones Liberadas Nuevas”, en los cuales señala “No hay que tratar de terminar la reforma agraria en unos pocos meses, sino prepararse para darle cima en cada región en dos o tres años” (TSE-TUNG, 1976, pág. 205). Además, de lo recomendado que resulta leer los fragmentos de Mao Tse-tung sobre la reforma agraria. Recomendamos el trabajo de Prodyot C. Mukherjee publicado por El Colegio de México: “Reforma agraria y producción agrícola en china” (MUKHERJEE, 1972).
  77. Tras hacer un balance de la carrera armamentista iniciada en Alemania a partir de la guerra de 1870-71 contra Francia, Engels dirá que “de parte de los insurrectos todas las condiciones han empeorado. Difícilmente volverá a darse una insurrección con la que simpaticen todas las clases del pueblo; es probable que ya nunca vuelvan a agruparse en torno al proletariado todas las capas medias de la población con tanta unanimidad como para que desaparezca casi, en el campo de enfrene, el partido de la reacción agrupado en torno a la burguesía. El ‘pueblo’ aparecerá, pues, siempre dividido, faltando con ello aquel poderoso resorte que se mostró tan eficaz en 1848” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 673 [E]). Además, puede entenderse como extrapola el término a las condiciones de Francia: “incluso en Francia van comprendiendo cada vez más los socialistas que el único camino que puede llevarles a una victoria estable es el de ganar de antemano a la gran masa del pueblo, es decir, a los campesinos” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 676 [E]). Teniendo de referencia el: “programa marxista francés” acertaba en que el pueblo había “sabido transformar el sufragio universal […] de un instrumento de fraude, como había sido hasta ahora, en instrumento de emancipación” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 669).
  78. En su último año de vida, era grande el entusiasmo de Engels por las victorias en elecciones: “En todas partes se está siguiendo el ejemplo alemán de la utilización del sufragio universal y de la lucha por conquistar todos los puestos a que tenemos acceso” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 675 [E]).
  79. En cuanto a que: “también él dio en 1866 su golpe de Estado, lanzó su revolución desde arriba, dirigida tanto contra la Confederación alemana y contra Austria como contra la Cámara de los conflictos, de Prusia. Pero en Europa no cabían dos Bonapartes, y la ironía histórica quiso que Bismark derrocase a Bonaparte y el rey Guillermo de Prusia restaurase no sólo la república pequeño burguesa alemana, sino también la francesa” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 665).
  80. Puede leerse a propósito este fragmento: “La revolución que contó con todo el arte de la guerra al encuadrarse a toda la población capaz de empuñar las armas en ejércitos que ahora se cuentan ya por millones, dotada, además, de armas de fuego, granadas y explosivos de un radio de acción hasta ahora inaudito, vino a poner fin, bruscamente, al periodo de las guerras bonapartistas, en tanto que aseguraba un desarrollo industrial pacífico, por cuanto que hacía imposible toda otra guerra que no fuese una guerra mundial de una ferocidad sin precedente y cuyo desenlace nadie podía prever. Y, al mismo tiempo, el aumento de los gastos militares en progresión geométrica elevaba hasta una altura fabulosa los impuestos y, con ello, echaba a las masas del pueblo en brazos del socialismo” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, págs. 666-667).
  81. En este sentido pueden existir investigaciones que liguen las relaciones de la creación del Banco Rockefeller en 1913, con el desarrollo de la guerra en 1914, y su papel de prestamista para la compra de armamento de todos los bandos.
  82. Al respecto, Engels dice que desde 1849: “Las barricadas habían perdido su hechizo; el soldado no veía tras ellas ‘al pueblo’, sino a rebeldes, amotinados y saqueadores, a la chusma o la hez de la sociedad; por su parte, los oficiales del ejército habían ido dominando con el tiempo las formas tácticas de los combates de calles y ya no marchaban de frente y a pecho descubierto contra los parapetos improvisados, sino que procuraban sortearlos a través de las huertas y los jardines, los patios y las casas. Y, con un poco de pericia, lograban sus objetivos en el noventa por ciento de los casos” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 672 [E]). Adelante agrega: “Muchas cosas han cambiado de entonces acá, y todas ellas a favor de los militares. Si las grandes ciudades han crecido considerablemente, en mayor proporción todavía han crecido los ejércitos. El perímetro urbano de París y el de Berlín no han llegado a cuadruplicarse, desde 1848; en cambio, sus guarniciones son hoy cuatro veces mayores que antes” (MARX & ENGELS, Las revoluciones de 1848, 2006, pág. 673 [E]).
  83. Al respecto: “Pero dejémosles que impongan sus proyectos de ley sobre la subversión, que amenacen en ellas con penas aún más graves, que conviertan en elástico caucho todo el código penal; sólo conseguirán, con ello, dar nuevas pruebas de su impotencia. Para poder atentar seriamente contra la socialdemocracia tendrán que recurrir a medidas muy distintas. Contra la subversión socialdemocrática, que a la hora de hoy vive de respetar las leyes, no tiene otro derrotero que el de la subversión del partido del Orden, el cual sólo puede vivir violando la ley. El señor Rössler, el burócrata prusiano y el señor Von Boguslavsky, el general prusiano, le han señalado el único camino por el que tal vez podrá vencer a los obreros, a quienes no es posible engañar, arrastrándolos a los combates en las calles” (MARX & ENGELS, 2006, págs. 679-680 [E]).
  84. Dice Lenin: “El último prefacio de la edición alemana del Manifiesto Comunista, suscrito por sus dos autores, lleva fecha 24 de junio de 1872. En este prefacio, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del Manifiesto Comunista ha quedado ‘ahora anticuado en ciertos puntos’: ‘… La Comuna ha demostrado, sobre todo -continúan-, que ‘la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines’…” (LENIN, 1934, pág. 42). Lenin no advierte la crítica de Marx a la “la ruina de la propiedad parcelaria” como causante de del derrumbe de la metáfora del ‘edificio’, pero sí interpreta la necesidad del Estado centralizado que reproducirá a la ‘máquina burocrático-militar’.
  85. El extenso prontuario relacionado con los “ticket-of-leave mens”, los lleva a sentenciarlo: “Thiers, ese enano monstruoso, tuvo fascinada durante casi medio siglo a la burguesía francesa por ser él la expresión intelectual más acabada de su propia corrupción como clase. Ya antes de hacerse estadista había revelado su talento para la mentira como historiador. La crónica de su vida pública es la historia de las desdichas de Francia. Unido a los republicanos hasta 1830, cazó una cartera bajo Luis Felipe, traicionando a Lafitte, su protector”. Previo decía que: “Hombres así eran precisamente los que Bismarck necesitaba. Hubo un barajar de naipes y Thiers, hasta entonces inspirador secreto del gobierno, apareció ahora como su presidente, teniendo por ministros a ticket-of-leave men”. Por lo cual, “El 4 de septiembre de 1870, cuando los obreros de París proclamaron la República, casi instantáneamente aclamada de un extremo a otro de Francia sin una sola voz disidente, una cuadrilla de abogados arribistas, con Thiers como estadista y Trochu como general, se posesionaron del Hôtel de Ville. Por aquel entonces estaban imbuidos de una fe tan fanática en la misión de París para representar a Francia en todas las épocas de crisis históricas que, para legitimar sus títulos usurpados de gobernantes de Francia, consideraron suficiente exhibir sus credenciales vencidas de diputados por París” (MARX K. , 2001 [1871]). Finalmente fue Thiers, la personificación de la destrucción de la Comuna en mayo de 1871.
  86. El Primer Manifiesto, será firmado por los Secretarios, Eugène Dupont, por Francia; Karl Marx, por Alemania; A. Serraillier, por Bélgica, Holanda y España; Hermann Jung, por Suiza; Giovanni Bora, por Italia; Antoni Zabicki, por Polania; James Cohen, por Dinamarca; J. G. Eccarius, por Estados Unidos de América; Presidían en Consejo: Benjamin Lucraft, Presidente; John Weston, Tesorero; J. George Eccarius, Secretario General. En el Segundo Manifiesto, se agrega la firma de Zévy Maurice, por Hungría y se ha modificado al Presidente, por William Townshend. En lo que sería el tercero, La guerra civil en Francia, Friederich Engels, firmará por Bélgica y España, sustituye a: A. Serraillier; P. Giovacchini, firma por Italia en lugar de Giovanni Bora. En la composición de los que presidían, solo quedan John Weston, Tesorero; firmaran: Herman Jung, como Presidente; George Harris, Secretario de Finanzas; y John Hales, Secretario General.
  87. La Comuna de París, fue derrotada por orden no de Thiers, sino de Bismarck, al liberar a los soldados franceses presos en Prusia: “Toda la burguesía francesa, todos los terratenientes, bolsistas y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes, para aplastar al París revolucionario)” (LENIN V. I., 1934, pág. 26). En supuestos: “Entre Prusia y la Comuna de París no había guerra. Por el contrario, la Comuna había aceptado los preliminares de paz, y Prusia se había declarado neutral. Prusia no era, por tanto, beligerante. Desempeñó el papel de un matón; de un matón cobarde, puesto que no arrastraba ningún peligro; y de un matón a sueldo, porque se había estipulado de antemano que el pago de sus 500 millones teñidos en sangre no sería hecho hasta después de la caída de París. De este modo, se revelaba, por fin, el verdadero carácter de la guerra, de esa guerra ordenada por la Providencia como castigo de la impía y corrompida Francia por la muy moral y piadosa Alemania. Y esta violación sin precedente del derecho de las naciones, incluso en la interpretación de los juristas del viejo mundo, en vez de poner en pie a los gobiernos “civilizados” de Europa para declarar fuera de la ley internacional al felón gobierno prusiano, simple instrumento del gobierno de San Petersburgo, les incita únicamente a preguntarse ¡si las pocas víctimas que consiguen escapar por entre el doble cordón que rodea a París no deberán ser entregadas también al verdugo de Versalles!” (MARX K. , 2001 [1871]).
  88. Este es un señalamiento que va mucho más allá de lo que está escrito: “Es un mal presagio que la señal para el desencadenamiento de esta guerra se haya dado cuando el gobierno moscovita acababa de terminar sus estratégicas vías ferroviarias y estaba ya concentrando tropas en la dirección de Pruth. Por muchas que sean las simpatías que los alemanes puedan justamente reclamar en una guerra defensiva contra la agresión bonapartista, las perderán de golpe si permiten que el Gobierno prusiano pida o acepte la ayuda de los cosacos. Que recuerden que, después de su guerra de independencia contra el primer Napoleón, Alemania yació durante varias generaciones postrada a los pies del zar” (MARX K. , 2001 [1870]).
  89. Siguiendo esta cuestión, sabios fueron al decir que: “Si esta norma prevaleciese, Austria tendría aún derecho a pedir Venecia y la línea del Mincio, y Francia podría reclamar la línea del Rin para proteger a París, que indudablemente está más expuesto a ser atacado desde el Nordeste que Berlín desde el Sudoeste. Si las fronteras van a trazarse en consonancia con los intereses militares, las reclamaciones no acabarán nunca, pues toda línea militar es por fuerza defectuosa y susceptible de mejorarse con la anexión de nuevos territorios vecinos; además, estas líneas nunca pueden trazarse de un modo definitivo y justo, pues son siempre una imposición del vencedor sobre el vencido, y por consiguiente llevan en su seno el germen de nuevas guerras” (MARX K. , 2001 [1870]).
  90. La referencia es más diciente: “Pero, no se debe confundir a los alemanes con los franceses, dicen los portavoces del patriotismo teutónico. Lo que nosotros queremos no es gloria, sino seguridad. Los alemanes son un pueblo esencialmente pacífico. Bajo su prudente tutela, hasta las mismas conquistas dejan de ser un factor de guerras futuras para convertirse en una prenda de perpetua paz. Indudablemente, no fueron los alemanes los que invadieron a Francia en 1792, con el sublime objetivo de acabar a bayonetazos con la Revolución del siglo XVIII. No fueron los alemanes los que mancharon sus manos con la esclavización de Italia, la opresión de Hungría y la desmembración de Polonia. Su actual sistema militar, que divide a toda la población masculina adulta en dos partes: un ejército permanente activo y otro ejército permanente en reserva, ambos sujetos por igual a obediencia pasiva a quienes son sus gobernantes por derecho divino; semejante sistema militar es evidentemente, una “garantía material” para la salvaguardia de la paz, y es, además, la meta suprema de la civilización. En Alemania, como en todas partes, los aduladores de los poderosos de turno envenenan a la opinión pública con el incienso de alabanzas jactanciosas y mendaces” (MARX K. , 2001 [1870]). Recuérdese entonces la investigación de Galvis y Donadio sobre la influencia del régimen militar alemán en el ejército colombiano durante los años cuarenta (GALVIS & DONADIO, 1986).
  91. Léase con total atención el primer párrafo: “El militarismo ejerce en la historia del capital una función perfectamente determinada. Acompaña los pasos de la acumulación en todas sus fases históricas. En el período de la llamada «acumulación primitiva», esto es, en los comienzos del capital europeo, el militarismo desempeña un papel positivo en la conquista del Nuevo Mundo y de la India. Asimismo, más tarde, en la conquista de las colonias modernas, en la destrucción de las corporaciones sociales de las sociedades primitivas y en la apropiación de sus medios de producción, en la imposición forzosa del comercio de mercancías en países cuya estructura social es un obstáculo para la economía de mercado, en la proletarización violenta de los indígenas y la imposición del trabajo asalariado en las colonias, en la formación y extensión de esferas de intereses del capital europeo en territorios no europeos, en la implantación forzosa de ferrocarriles en países atrasados y en la ejecución de los créditos del capital europeo provenientes de empréstitos internacionales. Finalmente, como medio de lucha de los países capitalistas entre sí, por la conquista de territorios de civilización no capitalista” (LUXEMBURGO, La Acumulación del Capital, 1968 [1912], pág. 422). Esta referencia también fue analizada en el marco de los análisis e interpretaciones de la obra de Gramsci en América Latina.
  92. Sin tener mejor biografía a consultar, podríamos entender que, en 1878, fue Bismark, quien “Aprovechando dos atentados que se efectuaron en el año 1878 contra el Kaiser, atribuyó la autoría de estos a los socialdemócratas para disolver el Parlamento. Los partidos conservadores salieron reforzados en las elecciones, en especial tras la aprobación de una Ley de Excepción que prohibía las asociaciones socialistas y las reuniones obreras. Hasta 1890, el socialismo fue víctima de represión, persecución y prohibición. Para apartar a las masas obreras de la socialdemocracia, practicó lo que podría denominarse como socialismo de estado, dictando leyes de asistencia que constituyeron un código social excepcional para la época. Bismarck emprendió una legislación social ciertamente avanzada, pero que puede calificarse como de paternalista” (BISMARK, 2020).
  93. En nota al pie, se señala que: “[Rusia mantendría una neutralidad benevolente en la guerra y presionaría diplomáticamente a Austria. A su vez, el Gobierno prusiano no colocó ningún obstáculo en el camino de la política zarista de Rusia sobre la cuestión oriental]” (MARX K. , 2001 [1870], pág. Nota 31). A lo cual, también complementan que: “así como el Segundo Imperio [de Bonaparte] consideraba que la Confederación de la Alemania del Norte era incompatible con su existencia, la Rusia autocrática tiene por fuerza que creerse amenazada por un imperio alemán bajo la hegemonía de Prusia. Tal es la ley del viejo sistema político. Dentro de este sistema, lo que para un Estado es una ganancia representa para otro una pérdida. La preponderante influencia del zar en Europa tiene sus raíces en su tradicional ascendiente sobre Alemania” (MARX K. , 2001 [1870]).
  94. Estas cuestiones habrán merecido por sus connacionales e historiadores estudios detallados, una simple nota de Polanyi, al respecto de la continuidad de las guerras fronterizas en el último cuarto de siglo en Europa: “En 1877-1878, Alemania no pudo impedir la Guerra ruso-turca, pero logró localizarla apoyando la oposición inglesa a un avance ruso hacia los Dardanelos; Alemania e Inglaterra apoyaron a Turquía en contra de Rusia, salvando así la paz” (POLANYI, 2001 [1957], pág. 54).
  95. Los Soviets en Rusia, habían leído muy bien el final del Manifiesto: “Que las secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores de cada país exhorten a la clase obrera a la acción. Si los obreros olvidan su deber, si permanecen pasivos, la horrible guerra actual no será más que la precursora de nuevas luchas internacionales todavía más espantosas y conducirá en cada país a nuevas derrotas de los obreros por los señores de la espada, de la tierra y del capital” (MARX K. , 2001 [1870]).


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