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1 La crisis político-económica de los años veinte

Las crisis político-económicas inician en los años veinte. Abordamos en este capítulo la caracterización de la composición de las clases sociales y los elementos fundamentales de las ideologías dominantes liberal y conservadora, en el antes y después de la crisis económica mundial de 1929, analizando sus efectos en Colombia. Igualmente estudiamos los cambios en la estructura socioeconómica colombiana, derivados del periodo de la crisis económica mundial que alteró la división internacional del trabajo, modificó la concentración del poder y posibilitó la lucha de clases sociales en el país durante 1930-1950.

1.1. El Movimiento Obrero en los Años Veinte

Mientras el sistema financiero se volcaba hacia un abismo, la lucha de clases sociales del movimiento obrero en Colombia y en América Latina se empapaba de las noticias de las revoluciones en México (1910) y Rusia (1917); el conosur cerraba la década en 1930 con el Golpe de Estado al Gobierno de Hipólito Yrigoyen, en Argentina, y la asunción de Getúlio Vargas, en Brasil.

El incipiente surgimiento de industrialización abría fábricas textiles, se expandían enclaves agrícolas y aumentaba la producción de café. Igualmente se profundizaba el modelo primario exportador, con los yacimientos de petróleo y la firma de concesiones a multinacionales, el sector minero aurífero seguía explotando los bienes comunes. Así, se fueron conformando los ‘gremios’ económicos contra los cuales se alzaron protestas obreras durante la década de los años veinte.

A la par fueron surgiendo los primeros movimientos políticos y Partidos anarquistas, socialistas y comunistas, los cuales fortalecieron las protestas de los levantamientos sociales, populares, de obreros, campesinos e indígenas, a lo largo y ancho del territorio colombiano. Consideramos importante la mención a las protestas en los años veinte con motivo de aseverar que el papel de las luchas obreras fue decisivo para dar por finalizado el régimen político de la ‘Regeneración Conservadora’.

La movilización social fue fundamental para generar el quiebre político que permitió la asunción del liberalismo. Como demostramos en la secuencia de los capítulos, sostenemos que la conformación del bloque hegemónico se ha caracterizado por la persistencia del autoritarismo represivo del conservadurismo político para el mantenimiento del orden establecido. En los años veinte la máxima expresión de la represión del Estado colombiano contra los trabajadores fue la perpetuación de la ‘masacre de las bananeras’.

La importancia de la respuesta de la sociedad civil, se hacía imperante ante la imposibilidad de la toma del poder por partidos políticos que representarán las demandas de mejoras de condiciones laborales y el salvamento de la vida de los campesinos y trabajadores rurales, sometidos a las condiciones de los capitales extranjeros en los “enclaves extranjeros (petróleo, oro, banano)” (MEDINA, 1984, pág. 33), los cuales se justificaron con los avances del desarrollo y del progreso, a costa del sacrificio de la vida de miles de colombianos.

Con la obra de Medófilo Medina (1984), es posible aproximarnos a la caracterización de las luchas urbanas “obrero-patronales” (MEDINA, 1984, pág. 64). El mayor hostigamiento al movimiento obrero fue registrado el 5 y 6 de diciembre de 1928, con el fusilamiento de los trabajadores de la United Fruit Company. Es uno de los episodios de mayor recordación en la constante del siglo XX, con orden que emitió el Gobierno de fusilar a los obreros con las armas del Estado colombiano para defender los intereses económicos de la multinacional bananera, se marca el inicio del ciclo represivo estatal. Estos episodios generaron nuevos alzamientos en diferentes regiones hasta las jornadas del 8 y 9 de junio de 1929, en las que las autoridades se

encontraron [con] un movimiento obrero disperso, con sus dirigentes principales en la cárcel y a un Partido socialista – o por lo menos, lo que de él quedaba- comprometido en la preparación de una acción insurreccional (MEDINA, 1984, pág. 38).

Finalizados los años veinte el movimiento obrero y popular había sido fuertemente reprimido, dispersado y por la magnitud de la perpetuación de la masacre gravemente atemorizado. No obstante, las ideas socialistas y comunistas seguían difundiéndose en los cafés de las capitales, en los cuales se posibilitaba la discusión política de las alternativas que abrió al mundo la Revolución de los bolcheviques en 1917, y de los avances en la distribución de tierras que impulsaba la Revolución mexicana de 1910.

Las protestas fueron originadas por los movimientos obreros y sindicatos que comenzaron a conformarse con el incipiente modelo de modernización que pretendió pasar del trabajo artesanal y manual, al propiciado por maquinas a gran escala, aglutinando en fábricas y enclaves económicos a un significativo número de trabajadores. En el sector agrario, los enclaves de monocultivos con inversión extranjera de multinacionales utilizaron esta mano de obra en las siembras y en los tiempos de cosechas.

En las fábricas de textiles, la confección contrajo una creciente demanda de mano de obra de mujeres, al igual en los jornales de los cultivos de café y en las trilladoras cafeteras. Los proyectos ferroviarios fueron trabajadores provenientes del campo, como en los sectores de construcción de las obras públicas. En cada sector económico, se fueron unificando las luchas de la clase obrera que por fuerza del proyecto de modernización quedaron dependientes del trabajo asalariado.

Las alianzas políticas que se establecieron entre liberales y conservadores, partieron de un consenso político. Los conservadores perdieron el poder y el liberalismo económico asumió las riendas económicas en plena depresión mundial. Posibilitando el surgimiento de los partidos comunistas y socialistas, bajo los condicionamientos liberales de una política económica con dependencia del capital externo.

Los impactos de la crisis mundial de 1929 abrieron una nueva etapa histórica de la lucha de clases en Colombia, con las protestas sociales que protagonizó el movimiento obrero colombiano. La composición social en Colombia durante los años veinte, era de un mayor porcentaje rural, pequeños campesinos y trabajadores rurales con una incipiente producción agraria de minifundios con predominancia del cultivo del café.

La geografía en Colombia diversificó los enclaves agrícolas, las plantaciones bananeras, se establecieron en la Costa Atlántica, mayoritariamente. El café se ubicaba en Santander, Cundinamarca, y lo que se denominó tiempo después el eje cafetero (Antioquia, Risaralda, Caldas y Quindío). Con unas primeras plantaciones de caña de azúcar en el Valle del Cauca. El desarrollo industrial, estuvo diversificado en la industria manufacturera en los centros urbanos y la industria del petróleo en Barrancabermeja, departamento de Santander. Al igual que se adelantó un desarrollo en la construcción de vías férreas, puertos y carreteras.

La toma de decisiones de los Gobiernos de la década del veinte y del treinta en materia económica generó diferentes movilizaciones del sector obrero y de los trabajadores urbanos y rurales, por el impacto que ocasionaron las medidas tomadas en política monetaria y fiscal en la economía nacional. El pulso de la crisis de 1929, en términos de la negación de renovación de los préstamos otorgados en los últimos años, ocasionó medidas de contracción en el mercado interno.

Estas medidas gubernamentales se vieron reflejadas en recortes a los presupuestos estatales. Por otra parte, la crisis se reflejó en el aumento en los precios de la canasta básica familiar y en la supresión de derechos laborales. Todo lo cual, provocó situaciones de descontento que originaron distintos alzamientos populares. Por lo anterior, compartimos una de las premisas que propone Medina (1984) al referir el lugar que ocupaba el capitalismo colombiano finalizados los años veinte,

Hacia 1930 el país presentaba, si no la estructura social típica de un país capitalista, sí una modernización notable. Ya desde comienzos de la década del 20 era dable hablar de la existencia objetiva de la clase obrera como sector social diferenciándolo no sólo con respecto a las clases explotadoras sino en relación con la masa general de los trabajadores (MEDINA, 1984, pág. 34).

La caracterización de la clase obrera en Colombia está trazada por el desarrollo fabril que inicio a comienzos del siglo, heredado de las instalaciones urbanas provenientes de sistemas hacendatarios que decidieron volcarse al ámbito industrial, abandonando la producción agraria o intercalando estas actividades[1].

Tal composición de clases, entre los criollos que por herencia o asignación lograron posicionarse con tierras y propiedades; y los sectores urbanos que se concentraron en el comercio de las principales capitales departamentales; dieron paso a la ubicación del comercio y las pequeñas industrias, con las cuales se fue conformando una zona industrial de manufacturas fabriles, zapaterías, textilerías, producción de chocolate, industrialización de alimentos. De estas pequeñas fábricas, surgieron los movimientos obreros, trabajadores urbanos que, por la fuerza o por voluntad, llegaron a las ciudades sin tener nada más que su propia fuerza de trabajo y la necesidad de incorporarse al mercado laboral.

La organización del movimiento obrero forjó la fundación del Partido Socialista Revolucionario (PSR). En figuras como María Antonieta Cano, se alzaron grandes voces por las mejoras de las condiciones laborales, demandando la jornada laboral de ocho horas, con destinación a ocho horas de descanso y ocho de sueño. Estos pliegos movilizaron en Antioquia y en otros departamentos, grandes movilizaciones hacia la capital. Con la movilización social emergiendo, el Gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez, promulgó en el congreso de la República la aprobación de la denominada Ley Heroica 69 de 1928 que condenó el derecho de reunión, la asociación sindical y dejó en la ilegalidad al PSR[2].

El régimen de acumulación a comienzos del siglo XX en Colombia fue variando de la economía agraria hacia una mayor industrialización del sector manufacturero. El régimen de acumulación capitalista mantuvo rasgos característicos del sistema colonial, en las haciendas y en los modelos de patronazgo. La contratación de los trabajadores rurales y del trabajo de los mineros en las explotaciones de oro, plata y cobre, fue un gran problema social que permaneció en el tiempo sin regulación laboral, desde la abolición del sistema de esclavitud, el 21 de mayo de 1851, hasta las primeras reformas de convenios laborales, adelantadas en la década del treinta para los trabajadores urbanos industriales.

Resaltamos que las demandas sociales por el mejoramiento de las condiciones de vida otorgaron en los años veinte un gran protagonismo al movimiento obrero. Las movilizaciones contra los propietarios de los enclaves, los alzamientos de los trabajadores ferroviarios, la naciente organización de los trabajadores de la industria petrolera, se fueron haciendo sentir, como una fuerza política en proceso de formación. Por su parte, la respuesta de la burguesía agraria terrateniente y de la burguesía industrial, fue la salida represiva del movimiento obrero.

Las luchas obreras y sociales dieron cuenta de la conflictividad de las contradicciones de la estructura socioeconómica colombiana. En tanto, el desarrollo del capitalismo y proyecto de modernidad se instalaba con la necesidad de las inversiones de capitales extranjeros, estos fueron generando grandes brechas de desigualdad en los territorios. La confrontación de las demandas de los trabajadores por mejorar sus condiciones de vida fue librada contra la fuerza del orden establecido del Gobierno nacional, la cual favoreció los intereses del capital externo por encima de los derechos del pueblo trabajador colombiano.

La investigación que realiza Paul Oquist (1978) sitúa en el centro de la discusión las luchas partidarias entre las bases liberales y conservadoras, siendo la transición del Gobierno de Enrique Olaya Herrera (1930-1934), un “periodo del liberalismo para intimidar a los miembros del Partido Conservador derrotado, y la resistencia violenta de éstos para aceptar el afianzamiento de la hegemonía liberal” (OQUIST, 1978). Esto ha caracterizado la solución de los conflictos en Colombia, por las contradicciones de la estructura socioeconómica, en confrontaciones armadas por la lucha de clases o por las identidades políticas.

La lucha de las clases de los subalternos en los levantamientos de las huelgas obreras y populares tuvo además que afrontar las confrontaciones bipartidistas del patriotismo-nacionalista, dividiendo al pueblo entre conservadores y liberales de ‘base’. Por lo cual, la identidad partidaria del multiclasismo de los partidos tradicionales, fue también un impedimento, en el objetivo de unificar sus luchas, frente a las condiciones de opresión perpetuada por una clase dominante que sin distinción de banderas políticas conciliaban en acuerdos económicos, con el fin del mantenimiento del poder del Estado.

La modernización modificó la vocación agrícola. Según datos de la CEPAL, en 1925, Colombia dedicaba el 68.6% de su población económicamente activa al sector agropecuario; lo cual fue cambiando por la fuerza del uso y la propiedad de los suelos (Vega Cantor, 2002). El desplazamiento forzado, persistente con la acumulación originaria del capital adherente del sistema capitalista, irrumpió con un incremento de la población del campo a la ciudad, violentando la movilidad social de la mano de obra de los obreros provenientes del campesinado.

Fue un proyecto condicionado por el imperialismo norteamericano, tras la Guerra de los Mil Días que terminó con la perdida de Panamá en 1903, el intervencionismo económico solicitaba el accionar militar para la defensa de los enclaves agrícolas. Con estas condicionalidades se expandieron con capitales extranjeros, al igual que surgió la instalación de petroleras norteamericanas para la extracción del crudo en el territorio colombiano. Este proceder del intervencionismo forjó el carácter antiimperialista del pueblo colombiano, arraigado en las protestas de los años veinte en rechazó a los Gobiernos norteamericanos.

La agitación social y política continuó durante los años treinta. Con el nuevo auge del movimiento sindical de la década del cuarenta al autoritarismo represivo, se le agregaron adicionalmente las orientaciones de la Doctrina Truman (1945) y su política anticomunista. Siendo así que el sindicalismo fue cooptado por liberales y conservadores, obstaculizando el trabajo de masas del Partido Comunista y de los movimientos socialistas. Adicional a la lucha de clases, el componente de expansión del capitalismo vino cargado de una modernizada versión de la invasión colonialista,

Los procesos de etnocidio, que se tornaron dominantes a nivel mundial desde la expansión europea del siglo XVI, han estado relacionados con la apropiación de recursos naturales, de materias primas, de minerales, de tierras…, todo lo cual pertenecía a las comunidades originarias de un determinado lugar. La expansión mundial del capitalismo ha significado la apropiación de esas riquezas y, como condición previa, ha requerido del sometimiento brutal de hombres, mujeres y niños de las sociedades allí existentes. Como resultado se han arrasado las riquezas naturales de varios continentes (Asia, África y América Latina) al tiempo que esclavizaba y asesinaba a sus habitantes originarios (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, págs. 44-45).

Lo anterior agrega en el caso colombiano un componente étnico a la lucha de clases. El desarrollo del capitalismo en Colombia también ha implicado la confrontación de la clase obrera contra los pueblos originarios o comunidades indígenas. Los casos del desarrollo de enclaves agrícolas y la explotación de petróleo son los más documentados. Es precisamente a este asunto al que se dedica la investigación titulada Petróleo y protesta urbana. La USO y los trabajadores petroleros en Colombia (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009).

El aniquilamiento de los pueblos Barí o Motilones y de los Yariguíes en el Magdalena Medio, ejemplifican lo acontecido. Al describir la secuencia de confrontaciones de los pueblos indígenas contra los trabajadores, es necesario entender que estos a su vez hacían tal trabajo por supervivencia, tenían que vender su fuerza de trabajo en los enclaves de las caucherías, en las plantaciones de tagua o en las explotaciones de petróleo, enfrentando a los habitantes de estos territorios.

Los obreros fueron obligados a confrontar a los indígenas, debido a que estos no identificaban entre el obrero y el patronazgo ejercido por hombres blancos, al momento de disparar sus flechas en la inmersión de la selva[3]. La clase obrera fue utilizada en la conformación de ejércitos privados al servicio de las multinacionales, para matar a los indígenas que se resistían al saqueo de sus territorios, la ocupación y la contaminación de sus pueblos.

Todo esto aconteció bajo un modelo de explotación laboral por patronazgos criollos que, a su vez, eran usurpados por las multinacionales extranjeras. Las clases dominantes colombianas dependientes del capital externo, fueron dócilmente condicionadas a los intereses de las familias imperiales. El proceso de «articulación histórico-estructural de los intereses de las distintas fracciones de las clases dominantes colombianas con los intereses del imperialismo»[4], puede seguirse desde la firma de la Concesión Barco que aprobó el General Reyes en 1905, primero intervenida por la Texas Petroleum Company, y luego vendida a la Colombian Petroleum Company (Colpet) en 1931. Medio siglo se tardó el Estado colombiano, 1905-1948, en constituir una Empresa de Petróleos, con la cual ejercer la soberanía energética sobre los recursos de los hidrocarburos.

El caso de petróleo del Magdalena Medio está sumido en las arcas de la familia Rockefeller[5]. La implantación del enclave petrolero en la región del Magdalena Medio (San Vicente del Chucurí, Simatoca, Betulia, Landázuri y Cimitarra), tuvo como desarrollo principal a la ciudad de Barrancabermeja. Antes de la explotación del petróleo, la economía de la región dependía de las madereras, la tagua, el caucho y la quina (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 106).

Las luchas del movimiento obrero en los años veinte, tienen un relato específico en el desarrollo de la industria energética petrolera. Es en estos territorios de extracción del crudo en los cuales se realiza el 10 de febrero de 1923 una reunión clandestina de la primera junta directiva de la Unión Obrera, con la cual se data la fundación de la Unión Sindical Obrera-USO[6]. La elaboración de pliegos de peticiones por el mejoramiento de las condiciones de trabajo llevó a que las patronales de la compañía negaran el reconocimiento de la organización de los trabajadores, al negarse a dar cumplimiento a lo solicitado, se realizaron las primeras huelgas del movimiento obrero de las petroleras en Colombia.

En respuesta a las manifestaciones, se dirigió un accionar represivo contra los trabajadores, los dispositivos predispuestos en seguridad privada que custodiaban todas las instalaciones dentro de los predios asignados a la explotación, la custodia de los campamentos de los obreros, los pozos y las refinerías, fueron fortalecidos con la presencia de la ‘Armada Nacional’ que se dispusieron a las órdenes de los intereses capitalistas de la multinacional.

La Fuerza Pública del Estado colombiano comenzó a aplicar los lineamientos de cooperación militar con los intereses del capital inversor. Garantizar la extracción de los recursos naturales implicaba, contener el alzamiento obrero que se expresaba en contra de la explotación de los trabajadores[7]. Existió, una «articulación de intereses que hizo que el control del aparato del Estado por parte de las clases dominantes fuera utilizado para materializar intereses imperialistas»[8].

Este accionar represivo como política de Estado ante las protestas de los trabajadores, tiene una permanencia en la historia social y política de Colombia del siglo XX y lo corrido del siglo XXI. La relación del Estado con el poder militar resulta ser de protección de las inversiones de capitales extranjeros, y de represión a los trabajadores ante las manifestaciones por el mejoramiento de las condiciones laborales. Los primeros levantamientos en la década de los años veinte, forjaron el cambio de Gobierno en la transición de los conservadores a los liberales.

Los alzamientos obreros y populares de los años veinte, propiciaron el cambio de Gobierno, el fin de la ‘Regeneración Conservadora’ y la asunción de los Gobiernos liberales a partir de 1930. Luego de la perpetuación de la masacre a las bananeras en 1928, el accionar represivo del Estado contra los campesinos y trabajadores habían extremado el posicionamiento político de la candidatura liberal, haciéndose de los medios para aproximarse y ganarse en la arena electoral a los votantes de los partidos socialistas, al movimiento obrero y al Partido Comunista de Colombia.

En los años treinta se mantuvo una corta etapa de negociación, permitiendo la formalización de las asociaciones de obreros y sindicatos, alcanzando algunas reformas a favor del campesinado y de los trabajadores rurales. Finalizada la década de los cuarenta, se rompe el bloque hegemónico liberal, con la asunción de los Gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, agravándose el régimen autoritario con la instalación de la Dictadura Militar presidida por el General Gustavo Rojas Pinilla, por ende, el movimiento obrero pasa en algunos casos a la clandestinidad, siendo duramente reprimido por el conservadurismo.

1.2. La Masacre de las Bananeras, un crimen de la United Fruit Company, 1928

El fusilamiento al movimiento obrero perpetuado el 5 y 6 de diciembre de 1928, en la denominada Provincia de Santa Marta, fue cometido por el aparato represivo del Estado, obedeciendo órdenes de la multinacional United Fruit Company. Este macabro acontecimiento, fue un crimen lesivo que se llevó la vida de miles de trabajadores y de sus familias. Las tierras del enclave extranjero fueron entregadas en 1905, por el Gobierno conservador de Rafael Reyes Prieto (1904-1909), sin ningún pago al Estado y sin condiciones jurídicas ni legales a la administración de estos territorios. La multinacional convirtió el enclave en un nuevo proceso de colonización, en el cual se cometieron saqueos, despojos y desplazamientos forzados a los habitantes de los territorios.

El debate de la masacre en las bananeras, enunciado por Jorge Eliécer Gaitán en su discurso parlamentario en el Congreso de la República, es una de las investigaciones más documentadas, en fechas cercanas a la perpetuación de estos hechos. La respuesta a este debate ha tenido una significativa resonancia en las investigaciones de las luchas del movimiento obrero en Colombia durante los años veinte.

El análisis de la complicidad de las clases dominantes en estos acontecimientos va desde la entrega de las tierras a la United Fruit Company hasta la responsabilidad en las órdenes de disparar contra los obreros: ¿cuál fue el papel de las clases dominantes en la masacre perpetuada en las bananeras?, ¿cuánto quedó del modo de operar de las Fuerzas Militares del Estado colombiano a partir de los fusilamientos de la masacre en las bananeras?, ¿qué intereses de estos hechos pueden tener relación con el asesinato de Gaitán?, son algunas de las cuestiones que direccionan el desarrollo de este apartado.

La masacre de las bananeras fue documentada en el discurso político de Jorge Eliécer Gaitán en su primer debate legislativo, enunciado al segundo día de asumir la Cámara de Representantes, el 21 de julio de 1929, y llevado a cabo en las sesiones de los días 3, 4, 5 y 6 de septiembre del mismo año. Fue una denuncia a la represión policial perpetuada contra los trabajadores en huelga por mejoras en sus condiciones laborales.

Si bien, el método de análisis en el proceso de investigación de esta tesis es de análisis socio-histórico con énfasis en el análisis de contenido de las fuentes, en este apartado se toman en cuenta las nociones de polifonía, intertextualidad y el concepto de dialogismo de Bajtín (1999), con motivo de revisar la intervención de Gaitán sobre la masacre de las bananeras. El proceso de esta investigación radica en una revisión detallada de las notas de prensa, las denuncias de testigos, edictos del ejército y otros recursos que hacen evidente que el “uso de las palabras en la comunicación discursiva siempre depende de un contexto particular”[9].

El contexto en el cual se expuso el discurso político y la significación del discurso social que está puesto en el podio de un representante político, hace alusión a una problemática de conjunto, en este caso un hecho histórico de los inicios del siglo XX en Colombia, la masacre de los trabajadores de la zona bananera, perpetuados por el ejército, obedeciendo órdenes de la multinacional United Fruit Company[10].

Los cargos que lanza Gaitán en este discurso apelan a: 1) el desfalco al tesoro público, 2) las relaciones del ejército con la United Fruit; 3) los hechos de la noche del fusilamiento a los obreros del 6 de diciembre de 1929; 4) la derogación del ‘Estado de sitio’ en contra del derecho al desarrollo de la huelga de los obreros; 5) las condiciones económicas de los colombianos, frente a la codicia corruptora de la United Fruit Company; y 6) las actuaciones del Gobierno. El análisis se concentra en disgregar el enunciado Gaitanista de “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”, haciendo de su discurso, el discurso de un pueblo masacrado, el de los obreros y el de sus familiares.

En la revisión de los discursos y documentos, es importante el aporte de la noción de “la ideología desde los signos sociales”[11], teniendo presente el aparte de ideología y superestructura abordado en el marco teórico, precisamente por ser estos signos la marca ideológica del discurso de Gaitán, una comunicación que busca por medio de la oratoria la conquista del poder para el pueblo, hacer justicia ante el fusilamiento perpetuado por las Fuerzas Militares al movimiento obrero.

La carga ideológica funciona también como uno de los elementos que configuran las ideologías de las clases dominantes, en uno de sus fragmentos más cercanos a la realidad del pueblo, el gaitanismo. La manera que Gaitán forjó al interior del Partido Liberal una disidencia que combatió desde la superestructura de su partido una nueva manera de analizar las causas estructurales de la problemática social, política y económica de su tiempo, es puesta en evidencia a partir precisamente del análisis de contenido de sus discursos.

Los discursos como hechos sociales son entendidos como hechos históricos (VOLÓSHINOV, 2014), por la trascendencia de los hechos que forjan, la relevancia histórica que se le presta y el peso de los signos ideológicos que contienen. Siendo esta referencia de construcción de un movimiento que abarca un espectro más amplio, la conformación de una ideología que acude a la interpretación de las condiciones del pueblo. Con el fin de posicionarse políticamente, en una sociedad segregada y que tiende al “cierre del universo político” (DE ZUBIRÍA SAMPER, 2015), en cuanto participación de otras fuerzas en las arenas de la democracia.

La masacre de las bananeras aporta causas al surgimiento de una ideología antimperialista, sustentada en el rechazó a los atroces acontecimientos del 5 y 6 de diciembre de 1928. Con fundamento en el accionar represivo de las inversiones extranjeras directas en el territorio colombiano. El cual devela los intereses económicos del capitalismo imperialista de Estados Unidos a comienzos del siglo XX. A la vez que, en el discurso de Gaitán, el hecho social del discurso político de la masacre de las bananeras es un hecho histórico que demanda justicia social para todo el movimiento obrero.

La acumulación originaria del capital, en el desarrollo del capitalismo colombiano ha tenido la práctica persistente del ‘desplazamiento forzado armado’[12]. El proceso de industrialización, además, forzó económicamente con mejores salarios la movilidad de la población del campo a la ciudad, como un proceso constante en la conformación del incipiente sistema capitalista

La respuesta a la obra de Gaitán, tomando los enunciados de su oratoria y priorizando el contenido de los signos ideológicos que forjan el carácter de la lucha del movimiento obrero, por la mejora de sus condiciones salariales en la zona de los enclaves bananeros de la multinacional United Fruit Company. Es una respuesta en tanto sus postulados, de denuncia de los hechos represivos perpetuados por el Estado colombiano contra los trabajadores, fue un acto de valentía, persistiendo la tragedia de su asesinato, en todo aquel que ha enarbolado la causa de develamiento de la verdad de los crímenes contra los trabajadores.

La crítica en carácter macro al modelo de enclaves agrícolas con la inversión de capitales extranjeros, comprende la ubicación de una ideología antimperialista en el discurso de Gaitán, quien convoca al pueblo a levantarse por medio de la denuncia pública en un debate legislativo sobre lo que está aconteciendo en los territorios. En razón a la clasificación que hace Bajtín (1999) en referencia a los ‘modelos de enunciados valorativos’, Gaitán utiliza los de reprobación e injuria, en repudio a los hechos cometidos, esto se puede leer en el siguiente enunciado,

Hay un contraste profundo entre los hombres de la política y la gran masa ciudadana. No penséis que vosotros representáis aquí los ideales de los Partidos de Colombia. Esos Partidos están por encima de los cananeos que fingen dirigirlos. Hay una juventud conservadora, hay una juventud liberal, hay una juventud socialista que mira con asco y con desprecio el triquiñuelismo actual. En realidad, una unión sagrada aglutina a las masas de uno y otro Partido en un gran deseo de reacción contra lo presente (GAITÁN, 1929, pág. 56).

Esta manera de expresarse marcará el estilo ‘gaitanista’ de conexión con el lenguaje del pueblo real, en referencia de los “cananeos” hace relación a las intervenciones de los oradores de la dirigencia, de una forma burlesca, con el propósito de referir precisamente lo que estos le causan “asco y desprecio” en relación a los juegos de las clases dominantes por mantenerse en el poder.

En la tendencia de las fuerzas armadas del Estado colombiano a obedecer el interés de los capitalistas, matando y reprimiendo al pueblo. En lugar de usar la fuerza de sus instituciones, en defender la vida de quienes luchan por mejorar las condiciones de vida en sus territorios, asunto que la juventud militante en los diferentes partidos puede ver y provocar un análisis diferente, de aquel que tienen sus referentes electos en las cámaras parlamentarias.

Interpelar en su discurso a su generación, es también una estrategia de llamado a la conciencia del momento histórico y la necesidad de construir otra manera de encarar la conflictividad social producto por los reclamos de mejoras de condiciones laborales en un sistema de producción capitalista incipiente, en el cual muchos de sus oyentes tendrían comprometidos intereses en términos de inversiones o de dirigencia de sistemas de producción regionales.

Gaitán, enuncia al comenzar su intervención la «intensificación de los procesos de despojo que signaron la fase de modernización del capitalismo colombiano»[13] en las primeras décadas del siglo XX. Al cuestionamiento de cómo se impuso el modelo de modernización perpetuando la acumulación originaria del capital, se puede entender con los siguientes detalles,

los presos eran llevados a la cárcel porque se habían negado a vender sus pequeñas propiedades a los mercenarios de la United Fruit Company. […] los hombres eran sacados de sus viviendas y cogidos a palo, robados y esquilmados (GAITÁN, 1929, pág. 25).

Esta es la forma en que la ocupación de ‘lotes’, de ‘baldíos’, de los ‘campos’ de Colombia, se realiza a comienzos del siglo XX. Aclarando que estos no se encontraban deshabitados, se encontraban asentadas comunidades negras, indígenas y campesinos. La denuncia que presenta Gaitán, apelando a los hechos y enunciándolos en el recinto del Congreso, escenario donde debían tomarse las medidas de no repetición de estos acontecimientos.

La respuesta tardía al discurso de la masacre de las bananeras puede argumentarse con la definición de los roles en la comunicación discursiva que propone Bajtín (1999), en relación al clásico de la lingüística general de Ferdinand de Saussure. Su lectura encuentra un completo acierto, al ver en la naturaleza del enunciado por el hablante un discurso vivo, que siempre tendrá una respuesta en el oyente, aún en el mismo silencio, porque la respuesta es parte de un diálogo en la línea del tiempo de los discursos complejos[14].

Respecto a la comprensión real y total del discurso enunciado, en el corpus del análisis referenciado, la respuesta tardía sigue teniendo oyentes, la ‘comunicación cultural compleja’ equivale al trabajo realizado en el proceso de investigación de la transcripción de discursos científicos o políticos, que son a la vez respuesta de otros enunciados. La secuencia de discursos como fuentes documentales son respuestas de oyentes investigadores que, durante el análisis de larga duración de los movimientos orgánicos de la historia, pueden resignificar y seguir creando nuevos enunciados, en forma de contestación, refutación o complemento al enunciado del autor del discurso analizado.

En el discurso de la masacre a las bananeras, es posible hallar algunos “ecos y reflejos de otros enunciados”[15] de la comunidad discursiva donde ocurrieron los hechos, en los enclaves extranjeros de monocultivos en los años veinte en Colombia. Esto que podría denominarse estilo del enunciado en el estudio de los géneros discursivos, el estilo del orador tiene una de las tantas causalidades del origen y tiempo de los autores que estudian el análisis del discurso en la época del círculo de Bajtín[16], misma época en la cual se encuentra Gaitán estudiando en Europa, sin tener precisión que sus maestros fuesen sólo italianos o forjará relación con algún círculo soviético en aquellos años.

El método de estudio de Volóshinov (2014) en relación a la ‘ideología en el discurso’, como vector del análisis del discurso de la masacre de las bananeras, busca en la construcción de la ideología antimperialista de Gaitán, el señalamiento a la responsabilidad de los representantes parlamentarios de las clases dominantes presentes en el recinto, primeros oyentes del discurso; y al mismo tiempo dirige su voz al pueblo que no se encuentra en el recinto, sino que le escuchará luego, en la resonancia del alcance de su voz.

En el discurso, reivindica al pueblo, al movimiento obrero, a las clases de los trabajadores que puedan identificarse con los acontecimientos padecidos en otras regiones en las mismas fechas, entre otros, los hechos de Barrancabermeja donde el levantamiento de 8.000 trabajadores contra la Tropical Oil Company y la Andian National Corporation terminaron con el fallecimiento de 15 obreros, en 1927 (MEDINA, 1984; PÉCAUT, 1987).

Sosteniendo una vez más que “todo lenguaje es ideológico, todo lo que significa hace signo en la ideología”[17], con el propósito de revisar cuáles son los discursos ideológicos dominantes que han permanecido en el mantenimiento del poder del Estado colombiano, la indagación hecha de los diferentes tratados que se han escrito sobre los significados de la ideología.

La filosofía del lenguaje de Volóshinov (2014), se debate en el doble sentido que Marx precisa de la ideología como ‘enmascaramientos’, a la vez como ‘instrumento de lucha’. El punto de referencia es la Ideología Alemana en la cual se propone un estudio de lo general a lo particular, de la crítica a la filosofía hegeliana, del estudio por las formas de propiedad y de la división del trabajo, en lo que apunta “la división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo físico y el intelectual” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 32).

Esta división del trabajo no existía en Gaitán, él toma las palabras de Henri Bergson “obra como pensador y piensa como hombre activo” (GAITÁN, 1943, pág. 6), frase del denominado ‘filósofo de la intuición’ y del estudio de los ‘fenómenos de la conciencia’. En esto, la interpretación de formación de la conciencia del pueblo para su emancipación tiene una doble contradicción. La teoría del reflejo, que Volóshinov (2014) le asigna a Lenin en Materialismo y Empirio-Criticismo, es tomada de Marx, la claridad de su radicalidad al sostener que la raíz de los problemas es el hombre mismo, está presentada en el siguiente enunciado,

Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso, se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida […] No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 26).

Marx parte del primer hecho histórico, la producción de la propia vida material, aunque suela ser redundante mencionarlo a algunos compañeros militantes, literalmente escribe: “para vivir hace falta comer, beber, alojarse bajo un techo, vestirse y algunas cosas más” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 25), antes de ampliar su aterrizaje donde aclara que no llegamos del cielo a la tierra, dice ‘se asciende de la tierra al cielo’. Además, encontramos el punto de credibilidad del orador mismo del discurso, la defensa al movimiento obrero de Jorge Eliécer Gaitán sólo es posible desde su misma condición social.

La veracidad de la fuerza de su voz contiene en sí mismo su procedencia de pueblo, nacido en el barrio Las Cruces de Bogotá, hijo de Eliécer Gaitán, uno de los ‘sensibles libertarios’ que estuvieron atentos a la insurrección, ante el estallido de la Guerra de los Mil Días del 18 de octubre de 1899. Dedicado a la actividad tipográfica y al comercio de libros usados; y de Manuela, su madre, maestra y directora de una escuela[18]. Esta procedencia humilde de Gaitán será una fortaleza en la veracidad que destila la entonación de sus discursos.

El entendimiento del papel que tienen “nuestras ideologías de clase; nuestra percepción de la realidad [que] no es directa, sino mediada por la superficie refractante de los signos ideológicos” (VOLÓSHINOV, 2014, pág. 11), puede llegar a darnos una respuesta en términos de la construcción del sentido ideológico de la emisión de un discurso político, con elementos jurídicos, el cual además trae prestadas las voces de testimonios de aquellos que sobrevivieron de la masacre, familiares y conocidos de los obreros fusilados, vecinos que presenciaron los hechos pero que en su momento no pudieron pronunciarse y tras el trabajo de campo que realiza Gaitán en el territorio, comienzan a enviarle información en cartas y denuncias, con detalle de los sucesos y demandas a los responsables.

Esta ‘superficie refractante’, puede hacer alusión a la misma conciencia de clase, qué con relación a saber del signo mayor, la imagen acústica del fusilamiento a los obreros brinda una voz a la base social en primera instancia, en su primera intervención en el recinto del Congreso. Es este signo de denuncia a los culpables, de demanda en sus escalas a la Fuerza Pública el que ordenó y perpetuó la masacre, a los generales responsables de dar las órdenes y a los soldados que las cumplieron.

Demanda al poder ejecutivo, responsable de permitir el ‘Estado de sitio’[19], el cual es declarado en los Decretos del 5 y 6 de diciembre de 1928, dictados por el general Cortés Vargas, en contra de la huelga de los trabajadores de la Provincia de Santa Marta, en el Decreto Número 1, puede leerse lo siguiente,

Art. 1° De conformidad con el Decreto Legislativo número 1 de 5 de diciembre de 1928, ordeno perentoriamente la inmediata disolución de toda reunión mayor de tres individuos; Art. 2° Ordenase a la Fuerza Pública que, con las prevenciones legales, de estricto cumplimiento a este Decreto, disparando sobre la multitud si fuere el caso; Art. 3° Ninguna persona podrá transitar después del toque de retreta [Tomado del Anexo 1] (SÁNCHEZ ÁNGEL, 2009, págs. 83-84).

Estas medidas han ocasionado hechos atroces, “un crimen de lesa humanidad”[20]. Gaitán en su discurso solamente puede demandar al Congreso y al cuerpo de sus legisladores, por conocer u omitir el conocimiento de los hechos, llama al pueblo a conocer de manera amplia lo que está aconteciendo con la tribuna de legislador. La constante histórica en Colombia ha llegado a definirse como una “república permanente del Estado de sitio” (DE ZUBIRÍA SAMPER, 2015, pág. 213), marca este articulado el comienzo del terrorismo jurídico que han significado estos decretos a la población colombiana.

Reaparecer estos hechos, con la lupa del materialismo histórico, es volver a Benjamin (2010) en su Tesis VII, pesando en lo que significan los acontecimientos, atravesando el duelo una vez más, al develar el trasfondo que ha ocasionado el derramamiento de sangre en un pueblo. Es Benjamin el autor que escribe sobre la tristeza de la historia, sobre la apatía a ‘adueñarse de la imagen histórica auténtica’, develada al preguntarse ‘con quién empatiza el historiador historicista’, y su fatal respuesta, ‘con el vencedor’.

Es tan certero que la toma de distancia es un imposible, aunque los hechos envuelvan de melancolía y depresión la resurrección de los acontecimientos, es muy claro lo que plantea “todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo” (BENJAMIN, 2010, pág. 23).

El debate académico en las ciencias sociales acerca de la ciencia de las ideologías lleva grandes obras en la historia del pensamiento de la humanidad[21]. El debate de la división del trabajo manual del trabajo intelectual, lo dejamos enunciado, con la mención que hizo Gaitán describiéndose a sí mismo. La formación de la conciencia de la clase obrera que aporta Gaitán con este discurso político sigue siendo fundamental en la reconstrucción de la memoria histórica de los oprimidos.

El signo de la masacre de las bananeras seguirá teniendo respuestas tardías por todos los académicos que se aproximen a este estudio, los más entendidos, seguirán escuchándolo en el centro del reclamo: ¿por qué la Fuerza Pública deviene en siervos de los intereses de las multinacionales?, ¿por qué ante la demanda de los trabajadores por mejorar sus condiciones de vida la respuesta fue el fusilamiento?, ¿por qué estos hechos de represión de la protesta social a comienzos del siglo XX, siguen siendo el modo de accionar del aparato represivo del Estado colombiano?

La conciencia de clases no sólo está por saber quiénes fueron los fusilados, los que derramaron su sangre, en el dolor de saber que fueron vencidos. La actualidad de volver al ‘signo ideológico’ del fusilamiento de los obreros en la huelga de la zona de las bananeras, va más allá de un revisionismo histórico o de un historicismo clásico, la vigencia de los hechos está en la historia presente, en ‘la permanencia de la memoria’, como en los hechos de cada día que atraviesan las mismas condiciones en el territorio colombiano.

La conciencia está en la lucha de clases, al saber que fueron los obreros que reclamaban mejores condiciones de vida quienes fueron masacrados, utilizando a las Fuerzas Militares del Estado colombiano para la defensa de los inversionistas extranjeros del enclave agrícola de la zona bananera. La decisión de las clases dominantes de Colombia fue la defensa de los intereses económicos de la multinacional Unit Fruit Company, en lugar de brindar convenios colectivos de trabajo o consensos de mejoras salariales, asuntos que en otras movilizaciones han solucionado de mejor manera las conflictivas relaciones sociales del sistema capitalista.

El dictamen marxista: “[l]a conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real” (MARX & ENGELS, 1968 [1932 (1844-45)], pág. 26), es parte del análisis del discurso de la masacre de las bananeras, como en la conciencia de quienes responden a este, en el largo devenir de la resonancia a la imagen acústica de su voz. Ser consciente, en el mismo propósito de mantener la conciencia de ser pueblo, y como pueblo, identificarse con las luchas de los que viven las duras condiciones de ser explotados por el sistema de modernización capitalista que empezaba a implantarse a comienzos del siglo XX.

El “edificio social de los signos ideológicos” (VOLÓSHINOV, 2014, pág. 34) donde se encuentran la estructura [base social y económica] y la superestructura [ideología política, científica, cultural], permite alojar a los trabajadores en su doble dimensión de trabajo material y trabajo intelectual. Permite pensar la construcción de las ideologías dominantes que han permanecido en el mantenimiento del poder del Estado. El estudio de este edificio va más allá de los ventanales que puedan ser las fuentes que revisamos en la tarea de revisión del pensamiento de Gaitán, una puerta que permita abrirse ante las contradicciones que cada piso brinda en las interpretaciones de su vida y obra.

Estudiar el concepto de ‘clases sociales’, de ‘ideología’ y ‘conciencia de clase’, con las definiciones que aporta Bujarín (1974) en su obra Teoría del Materialismo Histórico, es debatir el señalamiento que hace entre castas y campesinado, en términos de la identificación de la lucha de clases luego del proyecto de modernización; distinto a la coexistencia de modos de vida agraria con relación a la descripción que hace Tomas Moro en Utopía, donde la vida en comunidad de los pequeños propietarios del siglo XIX en Inglaterra, es modificada por la imposición de la condición de propiedad; la propiedad y el uso de la tierra, son determinantes en la construcción de un análisis socio-histórico, en tanto análisis de los movimientos orgánicos y de coyuntura, como de entender la historia en términos de lucha de clases.

Las diferencias que plantea en relación a los procesos de unificación de luchas entre los trabajadores dejan un debate, en relación al análisis del discurso de las bananeras. La cuestión de la clase trabajadora que se alza en protestas por las mejoras a sus condiciones de trabajo, son una clase obrera de trabajadores rurales de haciendas de los enclaves extranjeros, y son a la vez, campesinos que han sido desplazados de sus tierras de manera forzada, cuando no llevados presos por negarse a vender sus tierras o resistirse a dejar de habitarlas; en este sentido, la posición de Bujarín (1974) queda refutada cuando afirma que “[e]l campesino no está muy predispuesto a sentir solidaridad con el trabajador” (BUJARIN, 1974, pág. 355).

Otro aspecto para tener en cuenta, son los roles en los procesos de producción, en la posesión de los medios de producción y en las relaciones de distribución de los cargos de los trabajadores y de las mercancías[22]. Esto tiene un componente esencial en la confirmación de la tesis respecto a la historia construida en el enfrentamiento entre clases.

Las clases sociales que protagonizan el ‘signo ideológico’ de la masacre, pueden diferenciarse en distintos planos: 1] el plano nacional, en la producción, los trabajadores asalariados de las haciendas bananeras sometidos a un régimen de explotación, mandados por capataces (mandos medios), que obedecían a los inversionistas extranjeros propietarios del capital que proveía las siembras y el pago de las cosechas, como propietarios de los barcos que garantizaban, la distribución en los puertos de Colombia y Estados Unidos; y 2] en el plano internacional, encontramos otro tipo de trabajadores, igualmente sometidos a las órdenes de otros (mandos medios) en el trabajo de cargar y descargar con sus cuerpos los racimos de la mercancía (en este caso bananos) que salían desde los puertos de Santa Marta hasta las costas norteamericanas.

A su vez, en la distribución se encuentran los trabajadores del comercio de este producto, los choferes de los camiones que distribuyen a distintas ciudades, en cada ciudad los conductores que han de llevar a cada establecimiento que posea venta de frutas, hasta ser adquirido por el consumidor final[23].

La división de clases sociales en los demás planos que define Bujarín (1974) “el plano político, psicológico, ideológico” atraviesa esta cadena de producción y distribución. Si bien, la lucha que emprendieron los trabajadores de los enclaves no tiene la misma repercusión en los demás estamentos (transportistas, comerciantes, vendedores, trabajadores de los puertos), esto tiene atravesado un plano político que corresponde a la misma raíz de la concesión de las tierras que propiciaron la instalación de este enclave en la costa atlántica de Colombia[24].

La política del presidente conservador Rafael Reyes Prieto (1904-1909), hizo parte junto a José Manuel Marroquín (1900-1904) de los Gobiernos de la ‘Regeneración Conservadora’ que rigieron desde la reforma constituyente de 1886 hasta 1930, y propiciaron la venta de una parte del territorio al darse la separación de Panamá en el terminó de la Guerra de los Mil Días (1903).

El papel del último presidente conservador, Miguel Abadía Méndez (1926-1930), en la responsabilidad de la masacre, consistió en la toma de decisiones en el poder del Estado, contiene la posibilidad de decidir sobre las condiciones de vida de los pueblos que gobierna, y por estas mismas razones, el juicio político debe tener los nombres de los que intervinieron en la emisión del ‘Estado de sitio’, en la emisión de un decreto ordenaron el fusilamiento al movimiento obrero. Persiste a partir de estos hechos, la política de entrega de territorios a los intereses norteamericanos.

Los planos psicológicos e ideológicos de las clases sociales pueden estar más relacionados en esta secuencia a la misma aclaración que realiza Bujarín (1974), en su clasificación

[u]na persona puede pertenecer a una clase baja, pero a una casta elevada. Tal el caso, por ejemplo, de un noble arruinado convertido en conserje o portero. O el caso contrario: una persona puede pertenecer a una casta baja y a una clase elevada (un siervo puede convertirse en un opulento comerciante) (BUJARIN, 1974, pág. 358).

La condicionante económica que marca la ubicación de las clases sociales, están determinados por ser o no ser propietarios de los medios de producción. En tiempos de guerra y de paz, estas condiciones pueden dar variados ejemplos de la acumulación de capitales en reducidas cúpulas que hacen de la propiedad de la tierra o se posicionan en los cargos políticos que les permitirían controlar los procesos de distribución de los cargos y de las mercancías.

El orden económico específico de la Regeneración Conservadora puede verse como una etapa precapitalista, “[l]a clase dominante era la aristocracia terrateniente, clase casi hereditaria” (BUJARIN, 1974, pág. 358). Establecer las diferencias del régimen feudal al campesinado como clase y casta, da a entender que en el sistema capitalista el campesinado pasa a conformar por un lado una burguesía rural, y, asimismo, una clase proletaria.

Esto, en la zona de las bananeras no correspondió con tal proyecto de modernización capitalista, no dio pie al surgimiento de una burguesía rural regional de los departamentos de la región del Atlántico, las tierras fueron entregadas a capitales extranjeros, excluyendo de los derechos de propiedad y uso de la tierra a sus propietarios locales, violando el derecho de libre autodeterminación de los pueblos.

Los campesinos de la zona bananera fueron convertidos en trabajadores asalariados sin condiciones de vida digna y ante la organización de la protesta social, fueron masacrados por la Fuerza Pública. Es por esto por lo que el plano político, es definitorio en estos acontecimientos. La apelación de Gaitán en su discurso legislativo tiene completa validez, al hacer al jefe de Estado completo responsable de estos hechos.

El problema del Estado, en cuanto ‘superestructura’ que es determinada por la ‘base económica’, refiere a una realidad ideológica, desde la cúpula de los inquilinos intelectuales que están alojados en la estructura social del movimiento obrero, si este esqueleto es visto desde la lucha de clases, entendemos que en la lucha de clases el subproletariado se encuentra en los frentes de batalla en cada fábrica, en cada una de las cadenas de producción que alimentan al sistema, de una manera semejante a los soldados en el frente de batalla. En la superestructura del Estado, habita una ‘unidad de intereses’, que hacen un cuerpo compuesto por distintas fracciones de clase, lo cual no quiere decir que, en su lógica de Estado capitalista, estas fracciones de clases dominantes puedan oponerse a los intereses del sistema capitalista mundial.

La ‘superestructura’ de las clases dominantes se unificó en la conciencia del mantenimiento del poder, contrario al propósito Gaitanista de la toma del poder político por el pueblo. En la voz de Jorge Eliécer Gaitán, la conformación de un nuevo partido con ideas socialistas no fue suficiente, el ingreso en la escena política de los comunistas y socialistas tuvo su correlato en la fundación del Partido Comunista Colombiano, el 17 de julio de 1930, dejando libre el camino a la conformación de la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR) en 1933.

La nueva estructura burocrática del Partido Liberal, copto gran parte los cuadros formados en los años veinte en las estructuras del movimiento obrero, en la realidad de cubrir las condiciones reales de existencia. La decisión de Gaitán luego de fracasar con el Unirismo fue tomarse la dirección del liberalismo y desde allí lanzar su candidatura a la presidencia de Colombia.

Según Varila Cajamarca (2009), Gaitán tuvo diferencias con el ‘Mahechismo’ del Partido Socialista Revolucionario (PSR), de primera aparición en los años veinte, en términos de señalar que los socialistas no estaban afiliados a los sindicatos y “eran considerados saboteadores” (VARILA CAJAMARCA, 2009, pág. 130). En acuerdo con este autor, si bien el lenguaje que usaran los socialistas fue mucho más cercano a los obreros, Gaitán pensaba en la toma del poder desde una aproximación hacia la Revolución bolchevique, sin ser del Partido Comunista, no porque no compartiera su ideario, sino porque puede sostenerse que, en su análisis político, la correlación de fuerzas de llegar al poder, lo llevaron hacia el Partido Liberal donde hizo carrera de político profesional[25].

Estas luchas de reivindicación de mejores condiciones laborales lejos están de ser un ‘nacionalismo’. El pliego de peticiones[26] que formularon podía haber sido tomado por todos los trabajadores donde existieran enclaves extranjeros, la relatividad de los estudios de casos concretos, esta puesta en un ejemplo que puede resultar controversial. Durante la primera guerra mundial (1914-18), es posible entender que

en la mayoría de los grandes países capitalistas avanzados, los obreros, contrariando sus intereses internacionales y generales de clase, se lanzaron a defender sus ‘patrias’. Sus ‘patrias’ no eran otra cosa que las organizaciones estatales de la burguesía, es decir, organizaciones de clase del capital (BUJARIN, 1974, pág. 371).

El debate de la masacre a las bananeras, tiene en su demanda la ‘restauración moral de la república’, esto puede tomarse como un asunto nacionalista, sin embargo, la defensa de la soberanía del movimiento obrero a defender sus condiciones de vida y alzarse en huelga general, aciertan a que las reivindicaciones de los obreros son únicamente posibles en el internacionalismo, donde la frase estandarte “proletariado de todos los países, uníos”[27], resuena desde estos acontecimientos en la memoria del pueblo colombiano.

La referencia que hace Bujarín (1974) para cerrar su definición de clases sociales es volver a la fuente de las definiciones, vuelve a Marx, conceptualizando de la siguiente manera las clases sociales determinadas por las relaciones de propiedad,

Los propietarios de simple fuerza de trabajo, los propietarios de capital y los propietarios de la tierra, cuyas respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia y la renta del suelo, es decir, los obreros asalariados, los capitalistas y los terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, basada en el régimen capitalista de producción (BUJARIN, 1974, pág. 360).

Con esto, afirmamos que el trabajo intelectual de los analistas del discurso, en el círculo de Bajtín, y en los aportes del materialismo histórico de Bujarín, permite ir más allá de la materialidad de los hechos de las huelgas generales. Brindan las bases que permiten decantar la historia de la lucha de clases sociales en Colombia, donde el problema de clase y casta está arraigado en la sociedad desde los comienzos del siglo XX.

Además, no se cierra en el conformismo de las clases dominantes de ubicarse en un lugar tercermundista donde la ‘división internacional del trabajo’ los ubique. Las clases dominantes de Colombia, los sobrepasan, donde la legalidad no ha funcionado, han creado otras legitimidades. Por lo cual, la lucha y las alianzas de clases en nuestros territorios son tan confusas, van y vienen entre el peso de las plumas y la pesadez de los conflictos, entre un capitalismo financiero internacional que sentó sus bases en esta época y que en cada crisis ha mejorado sus formas de mantener la concentración del capital en reducidas manos.

Con la teoría del enunciado que propone Bajtín y Volóshinov, las posiciones resaltadas en el discurso de la masacre de las bananeras conciernen a un ejercicio metalingüístico, en el que la fijación en el movimiento obrero y su máxima de campaña ‘yo no soy un hombre, soy un pueblo’, pudiera estar inspirada en la organización de los soviets de la Revolución Rusa.

La enunciación gira en torno a la defensa de la legítima protesta de los obreros por aumentos salariales, en la que describe como se ordena desde las clases dominantes su ejecución, acusando al Congreso y al gobierno de turno de ser cómplices de los intereses de los capitales extranjeros de la multinacional United Fruit Company, en lugar de hacerse cargo de la defensa del propio pueblo.

La filosofía del lenguaje de Volóshinov (2014), proveniente de las ondulaciones del círculo de Bajtín[28], pone en primer plano el estudio de los signos ideológicos. La visión del materialismo histórico en línea de la obra de Bujarín (1974) define la lucha de clases sociales en términos de “la clase dirigente y detentadora de los medios de producción y la clase ejecutante, privada de los medios de producción y que trabaja para la primera” (BUJARIN, 1974, pág. 360).

En la distinción de la conciencia de clases, Bujarín concluye que una vez definida la conciencia para sí de una clase social resultan posibles las formas de “relativa solidaridad de intereses de clase”, las clases obreras habían logrado despertar durante los años veinte, realizando huelgas y levantamientos en los enclaves imperialistas[29]. A su vez, los intereses de las clases dominantes se hacían cada vez más evidentes en los grupos económicos que surgían del proyecto de modernización. Lo cual fue evidente en los años cuarenta, cuando las reformas sociales y de distribución de la riqueza que se propusiera la Revolución en Marcha de comienzos de los años treinta, no tuvieron el mismo respaldo, teniendo que designar la presidencia de López Pumarejo (1934-1938 / 1942-1945), en Carlos Lozano y Lozano (1942-1943) y en Darío Echandía Olaya (1945-1946).

Si bien, durante la imposición del proyecto de modernización, el levantamiento del movimiento obrero es contenido en la elección del Partido Liberal, tras casi medio siglo sin detentar el poder, asumió el surgimiento de las nuevas condiciones económicas y políticas que avizora este periodo. La alianza corporativa entre el movimiento obrero con el Partido Liberal vio la limitación de la alianza de clases dominantes con los grupos de intereses económicos, las clases propietarias del liberalismo y del conservadurismo, para lograr así el mantenimiento en el poder del Estado.

La lucha de clases del movimiento obrero asume una conciencia de clase para sí, una conciencia dialéctica que se mantiene en el constante movimiento de los oprimidos, de los que no son propietarios de sus medios de producción. Esta condición Bujarín (1974) la dilucidará en los términos de diferencias, las clases sociales “difieren entre sí por su rol en la producción, el cual es expresado en las relaciones de propiedad” (BUJARIN, 1974, pág. 363), estas relaciones de propiedad son las causantes de la desigualdad social que produce la represión a los oprimidos y la acumulación de capitales a los represores.

Al decir que la voz de Gaitán se convierte en la voz del pueblo colombiano en la defensa de los trabajadores de la zona de las bananeras, tenemos en cuenta los aportes del círculo de Bajtín que hemos referenciado. A la vez, que tomamos las definiciones de Bujarín (1974) para la definición de las clases sociales y como estas se hacen presentes en el caso de la masacre de las bananeras.

La investigación que realizó Gaitán, al llegar de cursar estudios en Europa, fue sobre las condiciones de los trabajadores en la Ciénaga del Magdalena, lugar en donde se llevó a cabo la masacre de los trabajadores de la United Fruit Company. Allí logró recolectar toda la información para enaltecer el nombre de los fusilados, enfrentándose a las clases dominantes en el poder.

Decir ‘clase dirigente’ y ‘clase ejecutante’, es como lo detalla Bujarín (1974) una alusión a matices que derivan de las fracciones de las clases dominantes, donde cada clase hace peso a favor de sus intereses. La figura de la justicia, como una balanza, no puede tener mejor imagen acústica, en su significante, el peso de responsabilidad en los hechos cometidos el 5 y 6 de diciembre, recae completamente en la ‘clase dirigente’, noción que en Colombia cuesta por sí misma hacerla visible, puesto que han gobernado desde el proceso de independencia ‘clases dominantes’ sin hacerse ‘clase dirigente’.

Esto es, el abanico de la burguesía industrial, comercial, financiera o terrateniente ha gobernado sin dirigir un rumbo ni planificar un proyecto político, han gobernado a merced de una fórmula de ‘comunidad de intereses’ donde solo han respondido a los vaivenes de las crisis mundiales en cuidado de no perder sus privilegios, sin pensar en el desarrollo pleno de un Estado y de su constituyente primario: el pueblo.

En el discurso de la masacre de las bananeras, Gaitán propone el ‘saneamiento moral de la República’, acude a la restauración de los valores morales, respeto de la ley y al subconsciente de los responsables en estos delitos, su oratoria se encarna en los elementos morales y psíquicos, Gaitán resalta que “los hombres que dirigen el Estado tienen como primordial deber el conocimiento de las multitudes” (GAITÁN, 1929, pág. 22).

Con lo cual, no sólo es culpable el ejército de disparar en el fusilamiento, sino son culpables las clases dominantes que se encuentran en el poder político, al dar las órdenes a las Fuerzas Militares, teniendo conocimiento previo de las condiciones de opresión que estaban viviendo los obreros de las zonas bananeras, no tomaron otras medidas de intervención, vía jurídica o por medio de las autoridades locales, gobernaciones o administraciones municipales, con relación a un acuerdo ante el pliego de condiciones que había elaborado el movimiento obrero.

El Gobierno de Abadía Méndez (1926-1938) no encontró otra salida que ordenar asesinar a los trabajadores con los fusiles de las Fuerzas Militares del Estado. Estos hechos retumban aún hoy, exigiendo respuestas tardías. Las clases dirigentes son culpables por omisión en los hechos, por permitir que la instalación de los intereses de las multinacionales en el territorio, contrajeran la anulación de derechos a los pobladores, dejando en poder de la United Fruit Company la decisión sobre el bienestar o la extrema explotación de los trabajadores.

En la euforia de su voz, va a denominar de analfabetos a aquellos que “imaginan que las grandes fuerzas morales y sociales pueden contenerse con la boquilla de las ametralladoras homicidas” (GAITÁN, 1929, pág. 22). Respecto a la gravedad de las acusaciones que expondrá y al estamento al cual acusará de los hechos, hace una salvedad, usa de antemano una defensa propia, al culpar a la institución militar del Estado y al Gobierno, de los hechos cometidos en la masacre de los trabajadores de la zona de las bananeras en complicidad con la multinacional United Fruit Company,

No quiero tampoco hacerle un cargo global al ejército. Cuando aquí hable de ejército debe entenderse solamente el grupo de hombres despiadados e inmisericordes que actuaron en la zona bananera. Yo tengo un gran respeto por el ejército de mi patria, y por eso pienso que su oficialidad pulcra, sus hombres incontaminados serán los primeros en protestar contra la inicua barbarie, contra los delitos de lesa patria que aquí se comprobarán (GAITÁN, 1929, pág. 23).

Su capacidad extraordinaria de acusar y salvarse, de denunciar y a la vez protegerse, le brinda un salvo conducto ante los altos mandos militares y ante la institución castrense que en su totalidad lo resguardan. No va en contra del estamento militar, sino acusa solamente a los que perpetuaron el acto, los culpables ‘despiadados’, este uso repercute en el mismo estilo del movimiento Gaitanista, que se mantendrá siempre en los marcos de la legitimidad del Estado.

La convicción de la toma del poder de ese mismo Estado, lo mantendrá siempre del lado de las filas de la legalidad, su profesión de jurista y penalista, no le permitieron salirse de estos parámetros. Es su muerte la que provocará en Colombia, el alzamiento armado en las Guerrillas Liberales y Uniristas, que luego pasaron a ser orientadas por el Partido Comunista de Colombia y por el foquismo Guevarista.

El legado de la vida política, académica y profesional fueron un ejemplo de resistencia dentro del sistema, una voluntad de tomar y asumir el poder político como medio de movilización del pueblo colombiano para la transformación de las desigualdades socioeconómicas y el mejoramiento de las condiciones de vida de las mayorías.

La enunciación del desarrollo de la tragedia entonará en toda la extensión el respeto por la moral humana, este principio fundacional será el baluarte, el respeto por la vida, por el derecho a la existencia, por respetar las condiciones de una vida digna al pueblo, donde una clase dirigente realmente existente hubiese actuado a favor de sus compatriotas, de los propios y no de los intereses de los capitalistas.

La valentía y coraje del movimiento obrero que se levanta en la huelga general tiene múltiples pruebas en los primeros argumentos que Gaitán señala, dice de esta manera: “los presos eran llevados a la cárcel porque se habían negado a vender sus pequeñas propiedades a los mercenarios de la United Fruit Company. […] los hombres eran sacados de sus viviendas y cogidos a palo, robados y esquilmados” (GAITÁN, 1929, pág. 25).

El método de su discurso está cargado de argumentos sostenidos por las cartas que le han enviado testigos de los hechos a quienes ha solicitado le respondan con detalle lo que ha acontecido en el territorio. La secuencia describe el accionar de los militares en la zona bananera, por abuso de autoridad con la población y de complicidad de la United Fruit Company, al demostrar el conocimiento de los delitos y la financiación de la compañía de supuestas reparaciones.

Compila los nombres de cada uno de los funcionarios que estaban en ejercicio de su cargo, en cada uno de los municipios de la zona, entre esta toma los apuntes de Nicolás R. Márquez, tesorero de Aracataca, toma los recibos de impuestos cobrados a los habitantes, y lee el decreto del ‘Estado de sitio’. Las pruebas que presenta son de relatos de asesinatos, agresiones físicas, escándalos públicos por parte de los militares, quema de hogares, saqueo de propiedades, violaciones. Todos estos hechos son documentados, su profesión de abogado no le permite enunciar sin tener las pruebas de todas las acusaciones que está haciendo en su primera intervención parlamentaria.

Respecto a su interpretación de las declaraciones dadas al país en la alocución presidencial sobre los hechos, la posición de Gaitán es en defensa del movimiento obrero, dirigiéndose a los congresistas los interpela de esta manera,

Habéis oído como allí se dice hablando de los obreros, que ellos perpetraron ´verdaderos delitos de traición y felonía, porque a trueque de herir al adversario político, no vacilan en atravesar con su puñal envenenado el corazón amante de la patria´. Decidle, señores al taciturno presidente de la República que aplique estas palabras no a los obreros, que fueron las víctimas, sino que las aplique a los militares, a los cuales él les ha hecho el más inconcebible elogio (GAITÁN, 1929, pág. 28).

Una vez más, su posicionamiento de clase es la toma del poder para el pueblo, desde el recinto de Representante a la Cámara, su voz es a favor de los trabajadores[30]. En contravía del poder de la clase dominante, la estrategia, es a utilizar los mismos elementos que brinda la institucionalidad ‘legitima’ para proveer una defensa del movimiento obrero, del pueblo trabajador, de las mayorías, en el desierto de la avaricia y concentración del capital burgués que, en lugar de defender la soberanía de su pueblo, dispara en su contra. Sabiendo muy bien Gaitán que “[n]o es lo mismo gobernar para la rubia parsimonia de Europa que para la inquietud desorbitada de los hijos del trópico” (GAITÁN, 1926, pág. 18).

Las pruebas presentadas por Gaitán desmienten las declaraciones de testigos que fueron amenazados a declarar a favor de los militares, encubriendo los hechos, llegando a citar nuevamente declaraciones juradas de estos testigos que vuelven a relatar los delitos cometidos de robo al tesoro público; servilismo de los militares a los funcionarios de la United Fruit Company; y asesinato a los pobladores de la región y quema de sus viviendas.

La evocación que hace al auditorio en su discurso tiene implícito proponerles, ponerse en el lugar de los hechos y en el sentimiento de angustia de los trabajadores, según el criterio retórico del “acto de significación” (STEIMBERG, 1998). El uso de las figuras retóricas de la desolación, la inmisericordia, hacen que su denuncia a los hechos cometidos por las Fuerzas Militares tenga repercusión en el sentir humano de los destinatarios,

Ya os dije ayer que los hechos no valen por su entidad objetiva, por su cantidad material, sino que representan apenas un índice para medir la moralidad o inmoralidad de los hombres. Repetid el caso de evocación mental que os pedí ayer, trasladándoos con la imaginación a la zona bananera en aquellos momentos de angustia. Desolación en los hogares, desolación en el comercio, muerte y hambre por todas partes. Los hombres no podían trabajar porque la persecución inmisericorde los obligaba a huir hacia los montes, y en las poblaciones las mujeres tenían que entregarse a los afanes diarios para sustentar sus familias. Todo ello no fue óbice para que los militares, violando todas las normas de equidad y las normas constitucionales y legales, establecieran un verdadero saqueo sobre los ciudadanos. Ya os he leído la Constitución conforme a la cual en el estado de sitio las leyes no se derogan, sino que simplemente se suspenden aquellas que son indispensables para tranquilizar la perturbación social (GAITÁN, 1929, pág. 39).

Tras estas declaraciones, en el segundo día del debate, el recinto del Congreso es abandonado por la mayoría de los legisladores; sin embargo, Gaitán continua durante cuatro días consecutivos desde el atril de su vocería como Representante a la Cámara, enfrentado con su discurso, su única arma, su voz, la voz del pueblo, la que pone en la denuncia de los acontecimientos perpetuados.

Su evocación es a la juventud, a ponerse de pie, a indignarse y despreciar los hechos cometidos por una clase política detestable y deprimente. El llamamiento para reaccionar ante los hechos, a darlos a conocer con el mayor detalle posible y con la mayor veracidad que puede lograr la investigación dedicada a una causa que clama justicia por los fusilados, justicia no sólo al juzgar a los represores, sino a modificar el orden establecido, a cambiar de raíz la forma y el modo de gobernar de una clase dominante decadente.

La reiteración del objetivo de su intervención es constante, se repite una y otra vez, por la depuración moral de la República, por la restauración de los valores, por el derecho a estar vivos, con el requerimiento de la justicia penal en Colombia, que es su arma de conocimiento. El hecho denunciado, el fusilamiento, la masacre, es el ‘signo ideológico’ del que se apodera en todo su discurso. El hecho en sí, lo logra desmenuzar en su totalidad, fueron los ‘Consejos de guerra’ los que tomaron la decisión de apuntar sus armas letales contra el movimiento obrero.

Estos ‘Consejos’ obedecen a su vez, a las órdenes que el poder ejecutivo haya dictado, enviando un telegrama que autorizaba la instauración de un ‘Estado de sitio’ y la orden de abrir fuego ante la protesta. El ejecutivo obedece a su vez, a los intereses de la multinacional United Fruit Company, el Gobierno mata a su pueblo por defender al capitalismo norteamericano. Es tan agudo el discurso de Gaitán, que la secuencia de su denuncia es la tragedia que padece Colombia desde comienzos del siglo XX.

El objetivo de su discurso vuelve a ser defendido en cada comienzo de las intervenciones, al decir que el ejército se encuentra al servicio de la multinacional, una vez más, está denunciando su sentir antimperialista ante estos hechos, se propone demostrar que tanto la tropa de soldados como los mandos oficiales estaban comandados por los empleados de la United Fruit Company.

La denuncia que realiza es preciso fortalecerla en las tardías respuestas que demos a su pensamiento, a la mirada que pone su denuncia, al esfuerzo por sacar a los dirigentes y a su pueblo de la sombra de la falsedad con que son engañados, por la tiranía de un poder supremo que solo gobierna para mantener los derechos de la burguesía.

El fusilamiento es perpetuado por múltiples órdenes, y los que finalmente disparan son el último escalón de una cadena de toma de decisiones, que funcionan con la fórmula política que ha predominado en Colombia, y en otros países de América Latina, sin profundizar en la teoría política moderna, en las definiciones de Michels (1973), Mosca (1984) y Schumpeter (1965), que desde las posiciones más conservadoras o socialdemócratas han definido la clase política según la ‘unidad de intereses’ que los concentren en el mantenimiento del status quo.

Interpretando los postulados de Bajtín y de Bujarín (1974) la declaratoria del ‘Estado de Sitio’, resulta ser un enunciado desde la superestructura de las clases dominantes que se han aliado a los intereses de la multinacional, defendiendo las inversiones extranjeras en el territorio colombiano, con las armas que debieron brindar soberanía al pueblo, permitiendo la huelga obrera y mediando para el cumplimiento de las condiciones dignas de trabajo.

Las pruebas las encuentra Gaitán (1929) en una carta dirigida por Cortes Vargas a la presidencia, en la que afirma ser agente de la United Fruit Company en el ferrocarril de Santa Marta, refiriendo que los comunistas no le perdonaron la actuación de represor en la zona de las bananeras. En esta frase acusa a los pobladores de la Ciénaga de estar organizados con el Partido Comunista, haciéndolo responsable de la denuncia pública de la represión del ejército contra la población[31].

Con esto, Gaitán en su discurso, devela además los elementos con los cuales está construyendo una “ideología antimperialista”, fundamentando la creación de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria-UNIR. La cual realmente no trasciende, sino que se arraiga en el movimiento Gaitanista, además hace guiño y cofradía con el comunismo que se estaba consolidando en partido político.

El estilo de su discurso está caracterizado por enunciarse en primera persona, el “yo he ido al lugar de los hechos”, “yo conocí a los familiares”, “yo les solicité enviar las pruebas”, “yo busqué los documentos”. Es la afirmación de ser el mismo el investigador jurídico y político que hace de su voz, la voz del pueblo masacrado, la indignación que estos hechos le causan, no son la de un enviado por sueldo a tomar notas de lo que está aconteciendo, la convicción de su oratoria radica en la identificación que siente con los oprimidos, en el desprecio que siente hacia la burguesía dominante y en su vocación de político comprometido con la realidad social y política de su país.

A Gaitán, ya le habían llamado en la prensa el ‘bolchevique radical’, por sus intervenciones en la Asamblea de Cundinamarca. Al analizar su discurso, las formas de argumentación que utiliza para suavizar las acusaciones y persuadir al auditorio, aluden a la constante referencia a su persona, a sus logros, a la sapiencia que le dan sus títulos en derecho penal, esto sostendrá en cada momento de su intervención el debate frente al recinto que es oyente imputado de sus acusaciones[32].

Las figuras estilísticas que utiliza en este enunciado son de afirmación, reiteración, acusación, ironía, lenguaje despectivo y descortés, al decir ‘cuánta estupidez’ está increpando a los oyentes, les está diciendo estúpidos por tener el poder y no detener estos hechos. Esta además sepultando en vida al General en jefe de este operativo, lo está llamando ‘monstruo juzgador’, ‘verdugo’, no sólo es culpable, es merecedor de insultos, es un tipo despreciable que no merece perdón, y Gaitán lo sabe, por eso no duda en decirlo, no en los pasillos de contrataciones y prebendas, o en las fiestas donde se distribuyen las coimas de la burocracia de los gabinetes.

Gaitán demanda al General en su primer debate legislativo, está enfrentándose a los jefes de la ‘Regeneración Conservadora’ que venían gobernando desde la reforma de la Constitución de 1886, y que, sin adelantarnos a las conclusiones, fue la denuncia que realizó Gaitán, uno de los motivos que acabaran con los Gobiernos conservadores en las urnas, dando paso en las elecciones a un nuevo Gobierno liberal en 1930.

El último día de su intervención, en la sesión del 6 de septiembre de 1929, termina de elaborar todos sus argumentos en el señalamiento de la responsabilidad del Gobierno,

Para una huelga pacífica, como yo voy a demostrarlo, se creó toda la crueldad inútil y el crimen sin nombre. Desde que el señor Rengifo dejo de ser ministro, se terminó el comunismo; porque su empresario había muerto. No es que yo niegue que una grande agitación de justicia social recorre de uno a otro extremo del país para todos los espíritus. Ella existe, pero no como fruto del comunismo, sino como razón vital de un pueblo que quiere defenderse contra la casta de los políticos inescrupulosos. Y en esta reacción estaremos todos (GAITÁN, 1929, pág. 77).

En este enunciado el ‘signo ideológico’ es la ‘justicia social’, Gaitán está enfrentando a la clase dominante de los partidos liberales y conservadores. Solicita la ‘justicia social’, consigna que desde entonces todos los movimientos sociales y políticos, partidos y organizaciones de la izquierda en Colombia han abanderado como una constante ante la represión del bipartidismo, ante ese mercenarismo de los detentadores del poder, vuelve a desgranar esta fórmula política de alianza de intereses de las clases dominantes, por el mantenimiento del poder del Estado, variando de funcionarios y otorgando en cada periodo una renovación del esqueleto corporativo en el mismo conservadurismo.

La secuencia de la exposición de sus argumentos, señalando que, con motivo de informarse de la situación de la huelga, Ignacio Rengifo desde el Gobierno, dirigió un telegrama al gerente de la United Fruit, en el cual solicitó le respondieran con detalle lo que ocurrió en la huelga. La respuesta que obtuvo, conocida por Gaitán, encontró un nuevo argumento para endurecer el sentimiento antimperialista, condenando el accionar del Gobierno bajo las órdenes de la multinacional norteamericana, expresándose de la siguiente manera,

Así proceden las autoridades colombianas cuando se trata en este país de la lucha entre la ambición desmedida de los extranjeros y de la equidad de los reclamos de los colombianos. El Gobierno colombiano cierra los oídos ante los hijos de su tierra; pero pide respetuosamente los informes de los americanos. Esto se llama respetar la dignidad del país (GAITÁN, 1929, pág. 79).

En este enunciado, utiliza la comparación del trato de las ‘autoridades’ respecto a los reclamos que hacen los oprimidos en contraste con las decisiones que dictan los opresores; en seguida, la relación es entre la dominación de las clases dominantes colombianas, respecto a las clases dominantes imperialistas. La elipsis se puede realizar en los conjuntos de sistemas de la dominación nacional e internacional.

Juzga la sordez del Gobierno ante las demandas del pueblo, le asigna un carácter paternalista represor, es tirano con sus hijos y entregado a los “norteamericanos”. Por último, cierra con ironía luego de presentar los argumentos, hace parecer la dignidad un mero sinónimo de decoro, lo que no dice es lo que realmente escuchamos, está apelando a la dignidad del pueblo, está inculpando la despiadada manera de manejar los asuntos del Estado por una ‘gavilla de genocidas’.

La burla no será precisamente la manera más allegada de entablar relación con los represores, los oyentes le van a guardar cada una de sus palabras por un tiempo definido, los conservadores saben que están a portas de perder el poder, no pueden responder, porque Gaitán les hace juicio político con pruebas irrefutables. No le perdonaron la claridad política que tuvo, la lucidez de su investigación en un momento crucial de la historia social y política de Colombia.

El análisis de este discurso no pudo quedarse sólo en las figuraciones, por esto, el método de investigación del círculo de Bajtín y de Volóshinov, se inscribe en el materialismo histórico, en su tiempo y en sus contemporáneos. Bujarín aporta una teoría, donde las definiciones de las clases sociales son un determinante, no se puede entender un discurso sólo en el uso de las figuras estilísticas. Está claro que estas aportan en el desarrollo de una filosofía de la lingüística, no obstante, se quedan cortas.

El análisis socio-histórico del discurso de la masacre de las bananeras que pronuncia Jorge Eliécer Gaitán en 1929, demuestra como los acontecimientos de la historia colombiana de represión de las Fuerzas Militares hacia los trabajadores desenlazo en la lucha de clases. Las evidencias muestran que la represión ha sido la manera constante que han optado los capitalistas para mantenerse en el poder.

Retomando los fragmentos, la construcción del ‘signo lingüístico’ del fusilamiento, de esta imagen acústica, representa en la memoria, una resonante denuncia del intervencionismo norteamericano en el territorio colombiano finalizando la década de los años veinte, es una potencia simbólica en la construcción de la ‘ideología antimperialista’. Volvemos a sus palabras,

La compañía quería seguir explotando a los obreros, a quienes tiene en la miseria. No quería entrar en transacciones y por eso pedía el estado de sitio, lo mismo que el señor Cortés Vargas, para solucionar por la bala un problema económico, y defender su miserable codicia. Naturalmente no hay que pensar que el Gobierno ejerció ninguna presión para que se reconociera la justicia de los obreros. Estos eran colombianos y la compañía americana y dolorosamente lo sabemos que en este país el Gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano (GAITÁN, 1929, pág. 84).

La posición antimperialista de Gaitán es explicita durante todo el debate legislativo, el uso de afirmaciones de los cuerpos militares en defensa de los intereses de la multinacional norteamericana a comienzos del siglo XX en Colombia, marcan la pauta de su discurso. Al comienzo ya había citado las notas de prensa que señalan a un general del ejército de la República solicitando el bombardeo de los puertos de Colombia por la marina norteamericana, en el diario El debate, lee Gaitán el siguiente fragmento: “el capital norteamericano no es en este caso el más timorato para abandonar lo que legislativamente ha adquirido. Los Estados Unidos tienen como defender sus intereses” (GAITÁN, 1929, pág. 27).

Los intereses económicos puestos en las políticas del proyecto de modernización imperialista resultan tener este modo de operación desde comienzos del siglo XX, las marcas discursivas que utiliza Gaitán, serán las de forjar una conciencia de clase ante la opresión del intervencionismo norteamericano, una ideología antimperialista, que lamentablemente no logra ni en la UNIR, ni en la JEGA, ni en el movimiento Gaitanista, la importancia que merece. La condena ante la ausencia del internacionalismo lo deja en el rincón nacionalista de un populismo frustrado, del cual nunca fue partidario, simplemente estuvo en los mismos años en que Perón y Vargas, hacían su parte en Argentina y Brasil.

Finalizando el discurso del debate político sobre la masacre de las bananeras, Gaitán cierra con la siguiente exposición,

Ya os he dicho que nada voy a pediros. Hablo en nombre de 32.000 víctimas. Mi labor está cumplida. El fuego de mi juventud este puesto al servicio de la justicia. Este crimen no quedo en la sombra, y yo estoy tranquilo. Yo no creo en la justicia, mientras exista un régimen como este que nos avergüenza (GAITÁN, 1929, pág. 94).

La justicia será injusticia desde entonces, en el régimen bipartidista las clases dominantes son las responsables de la represión que las multinacionales han financiado y propiciado, con el fin de imponer la ‘división internacional del trabajo’, en la cual, Colombia tiene el lugar del modelo primario-exportador. Con el saqueo de los bienes comunes, eligieron un proyecto de modernización capitalista que contrario a la promesa de mejores condiciones de vida a los pobladores del territorio, han explotado sus vidas, sus riquezas, los han humillado y masacrado.

La compra de las manos que disparan es el último eslabón, puede seguir siendo el más terrorífico, darles armas a los hijos del pueblo que, sin más elección, optan por enlistarse en las filas del ejército para reprimir a sus hermanos. En las clases dominantes se toman realmente las decisiones que provocan toda esta podredumbre, ese complot de intereses económicos, puestos en las inversiones extranjeras directas en los territorios de América Latina, es lo que ha permanecido en el trasfondo de los conflictos internos y las dictaduras del siglo XX.

La salvación la pone en la juventud, Gaitán lo sabía, por eso apela desde el comienzo de su oratoria a los jóvenes liberales, conservadores y socialistas, convoca a los comunistas, sabiendo que en el fondo el problema es la represión, es la instalación de una doctrina represiva anticomunista, y que las acusaciones a los levantamientos del movimiento obrero son precisamente por estar señalados de ser comandados por el comunismo internacional. Es con el miedo que le tienen a los revolucionarios que los reaccionarios actúan, en contra de sí mismos, porque en la miseria pierden todos, tanto propietarios como no propietarios. Las metáforas con las cuales cierra su discurso pueden llegar a tener tanta vigencia y actualidad como si la reiteración de las crisis cíclicas del capitalismo contrajera en los palimpsestos de las teorías, una secuencia de referentes[33].

La masacre de las bananeras fue un hecho histórico en Colombia, con el cual los levantamientos de los movimientos obreros de los años veinte cierran una etapa que marcó el accionar represivo del Estado, actuando en contra de los trabajadores y a favor de los capitales inversionistas de las multinacionales. Queda un panorama de las consecuencias de la conformación de la estructura socioeconómica en Colombia, en la cual, los subalternos han tenido la opresión laboral de los patronos y la represión física por las armas del Estado. Las clases dominantes se han consolidado con el sometimiento del pueblo a los designios que trazan las doctrinas de los imperios económicos mundiales, en la expansión del imperialismo capitalista.

Abrimos en adelante, algunas rutas de análisis, en sentido de aclarar: ¿cómo la crisis económica mundial de 1929 afectó la conformación del bloque hegemónico colombiano? y ¿qué cambios se produjeron en el escenario político y en la estructura económica, cuyos impactos son discernibles hasta el presente?

1.3. La Crisis Económica, 1929

La crisis económica mundial de 1929, denominada como la gran depresión o el crac del 29, fue el inicio de la catapulta del capitalismo financiero internacional. Luego de la creación de la banca central con la ‘Ley de la Reserva Federal’, firmada por el presidente Woodrow Wilson en 1913, los Estados Unidos habían sometido al mundo a la dependencia del dólar como moneda de intercambio en el mercado mundial, consolidando con este peso una balanza unipolar del imperialismo. El derrumbe de la bolsa de valores de New York ocasionó el desplome de los precios, con el consecuente endeudamiento que esto produjo y el resultado recurrente de pagar deudas con nuevos préstamos a los países tenedores de los bonos.

En la tesis de Ulises Casas (2009) el problema de la superproducción y del ingreso de ahorros en el sistema financiero bancario de Estados Unidos forjó los índices de la crisis[34]. La investigación de Charles P. Kindleberger, revisa la falta de liquidez entre 1929 y 1939, sosteniendo que esta se debió al desplome de los mercados de valores, bajando los precios de las mercancías y generando la crisis del sistema bancario[35].

Los años de la crisis económica mundial de 1929, abarcan el periodo de entreguerras (1919-1938), tras una década de la primera guerra mundial, el sistema financiero internacional no logró llevar adelante el sistema de reparaciones acordado en cada uno de los países participes. El acumulado de endeudamientos y de compra de bonos para el pago de los intereses de las deudas, se convirtió en el modo de adquirir las ofertas que J. P. Morgan y Compañía, diseñaron para Europa y América Latina en los años veinte, más conocida como la «danza de los millones» (KINDLEBERGER, 1985, pág. 45).

La principal característica de la crisis de 1929 es el desplome del precio de las acciones de la industria estadounidense en los bonos de la bolsa de valores de Nueva York[36] y la quiebra de los bancos. Los problemas económicos que siguieron fueron la depresión y la deflación, que repercuten directamente en el cierre de fábricas y en un prolongado desempleo de la población[37]. En medio de la crisis, EE. UU. solicitó el pago de los préstamos realizados, teniendo como consecuencia un déficit presupuestario, en una crisis que se extendió a los continentes endeudados y sin capacidad de pago, Europa y América Latina.

La diferencia de los Gobiernos de Herbert Hoover (1929-1933) y de Franklin D. Roosevelt (1933-1945), marca en parte, la realización de El Fin del Laissez-faire (KEYNES, 1926). En cuanto a los modos de asumir la ruptura con la política económica de los Gobiernos de los siglos XVIII y XIX. El fomento de la libertad individual, la libre competencia y la libertad de empresa, como salidas ante el aparato de Estado que no permitía el desarrollo económico privado. Roosevelt inicia una economía de Estado, toma las medidas de salida de la crisis, realizando una intervención en la economía nacional, promulgando leyes que rigieran el desarrollo de los sectores productivos y solventarán la ausencia de capitales privados[38].

La economía de Estados Unidos se recuperaría finalmente con su conveniente participación en la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1940, el Estado estadounidense dispuso su desarrollo bajo la economía de guerra, construcción de fábricas militares e instrumentos bélicos, industria agrícola que generará alimentos no perecederos, y una industria automotriz que se redirigió a la construcción de medios de transporte con potencial militar (CASAS, 2009, págs. 59-60).

En 1933 la Liga o Sociedad de las Naciones, convocó la Conferencia Económica Mundial en Londres[39]. La situación se encontraba entre el endeudamiento comercial y las deudas por reparaciones de los daños causados en la Primera Guerra Mundial. Por tanto, en la Conferencia, se buscaba una secuencia internacional de estabilización de los precios de intercambio, que permitiera que la competencia monetaria entre el dólar, la libra esterlina y el franco francés, lograra un acuerdo de cooperación y estabilización comercial.

El funcionamiento del patrón oro que rigió durante el siglo XIX, bajo reservas en metálico de oro y plata, dejo de funcionar en la Primera Guerra Mundial[40]. Gran Bretaña había abandonado en definitivo el patrón oro en 1931, constituyendo una comunidad de la libra esterlina bajo la orientación de la Commonwealth (Japón, Argentina, Tailandia, Portugal y los Países Escandinavos), el pacto establecía el traslado de estos países de sus reservas monetarias al Banco de Inglaterra. En la Conferencia, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, trazaron los inicios del Acuerdo Monetario Tripartito, firmado en 1936, con lo cual se llegaba a una balanza en los intercambios comerciales de productos básicos y materias primas (ALEMANN, 1966, págs. 17-18).

La crisis económica mundial de 1929 llegó a Colombia en medio del fin de la ‘Regeneración Conservadora’ durante el Gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930). El efecto inmediato se evidenció en el cobro de los préstamos otorgados por Estados Unidos a comienzos de los años veinte, y la negativa del Gobierno de Hoover a otorgar nuevos préstamos que permitieran el pago de los intereses de las deudas contraídas.

El incipiente proceso de industrialización en Colombia se había construido con los bonos que los Gobiernos conservadores habían puesto en New York, en los años veinte. Iniciando los treinta, los departamentos y municipios del país decidieron suspender el pago de las deudas contraídas. Con lo cual, el Gobierno asumió sólo el pago del Banco Agrario Hipotecario hasta 1935 y después suspendió definitivamente el pago de la deuda contraída a largo plazo.

El pago de la deuda fue renegociado a comienzos de los inicios de la Segunda Guerra Mundial, con el interés de acceder a los créditos del ‘Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos’ (OCAMPO J. A., 1987, pág. 214). En adelante, es posible aproximarnos a revisar ¿cuáles fueron las medidas económicas y monetarias que asumió Colombia en la crisis de 1929? Teniendo de precedente que los préstamos del periodo entre guerras generaron una crisis internacional, tras los problemas monetarios y de producción que tuvo EE. UU., y de la cual, sólo le fue posible salir, convirtiendo a su país en una economía de guerra permanente.

En tal sentido nos preguntamos, ¿qué papel jugó en Colombia el derrumbe de la bolsa de valores de New York de 1929?, ¿qué grado de incidencia tiene esta crisis en el fin de la ‘Regeneración Conservadora’?, ¿cuáles son las medidas económicas y monetarias que asume Colombia en esta crisis? Son algunas cuestiones con las cuales comenzamos a deshilar el devenir de la gran depresión mundial, con motivo de compilar con la crisis mundial de 1929 el comienzo de los procesos que dan cuenta de la conformación del bloque hegemónico colombiano.

Las crisis económicas mundiales han puesto a los pensadores de la economía política en la tarea de las funciones y responsabilidades que la división internacional del trabajo ha producido en estos desequilibrios mundiales. La mención de la historia universal en esta materia, es a Eric Hobsbawm (1996), en su tesis del ‘fin de los imperios’, se refiere a la “Gran depresión de 1929-1933 [como…] un hito […] decisivo en la historia del antiimperialismo y de los movimientos de liberación del tercer mundo” (HOBSBAWM, 1996, págs. 207-208).

Su narración está marcada por un espíritu académico inglés, nostálgico por el derrumbe del Imperio Británico más que por el judío armenio de nacimiento. Sus lentes del eurocentrismo otorgan al momento de la crisis, el juzgamiento a las economías agrícolas, en el menosprecio de los trabajadores rurales[41]. Esto es, una constante hallada a lo largo del trabajo de investigación en ciencias sociales, la labor del intelectual orgánico se distancia de tal manera de sus propósitos revolucionarios, que el trabajo del valioso historiador lo leemos con la lupa necesaria de contrastar la visión de mundo internacionalista, que causo la depresión mundial, a la par de los esfuerzos nacionales realizados en este período para no sucumbir ante la apoteosis de las guerras mundiales y el vigente sistema colonial en Asia y África.

En este sentido, la posición de Hobsbawm (1996) deja ver una radiografía mundial, omitiendo el trabajo de los pueblos dedicados a las labores del campo. La condicionante de que los imperios se encontraran con estos ‘pueblos pintorescos’, se dio por poseer petróleo o gas natural, motivo que ha significado la intervención militar en sus sistemas de Gobierno con el propósito de la extracción de los recursos naturales.

La descripción de Hobsbawm (1996), coincide con el análisis que elaboraron los teóricos de la dependencia en los años 60´s, década en que finalizó el dominio del sistema colonial inglés en África y Asia. Esto es, ante la dominación de los imperios, los países periféricos estaban destinados a ser,

suministradores de productos primarios –las materias primas para la industria y la energía, y los productos agrícolas y ganaderos- y la de destinatarios de las inversiones, principalmente en forma de préstamos a los Gobiernos, o en las infraestructuras del transporte, las comunicaciones o los equipamientos urbanos, sin las cuales no se podían explotar con eficacia los recursos de los países dependientes (HOBSBAWM, 1996, pág. 208).

El funcionamiento de la economía mundial dependiente de los recursos primarios inventó no sólo la explotación de los recursos en el sistema colonial, sino una vez independizados en la constitución de Repúblicas o Estados-nacionales, se les asignó la condicionante del endeudamiento para la construcción de las obras públicas, sistemas de transporte, vías férreas y carreteras, necesarias para la continuación de la extracción de los productos primarios. El sometimiento de los Gobiernos independientes ha sido tal, que la crisis de 1929 evidencia sólo una parte de la imposición del patrón oro y la moneda del dólar a las economías nacionales como nuevas formas de colonización imperial en la división internacional del trabajo y del comercio.

En el planteamiento de la Gran Depresión 1929-1933 que ubica Hobsbawm (1996), es comprensible el punto de quiebre marcado entre el sistema colonial europeo vigente y los procesos independentistas de los nuevos Estados de Asia y África constituidos en los años cincuenta. En este periodo “chocaron por primera vez de manera patente los intereses de la economía de la metrópoli y los de las economías dependientes” (HOBSBAWM, 1996, pág. 217).

El derrumbe de la bolsa de valores de Nueva York ocasionó en Colombia una secuencia de endeudamiento público para inversiones en la infraestructura necesaria para el mantenimiento de una economía nacional dedicada en un mayoritario porcentaje al sector agrario. En específico, Colombia entro en el juego del comercio internacional con los vaivenes de los precios de exportación del grano de café y del monocultivo bananero, seguido de la exportación de petróleo (PATIÑO ROSELLI, 1981, pág. 101). En otros continentes, la crisis de 1929 significó el surgimiento del antiimperialismo necesario para el forjamiento de la liberación del sistema colonial, independencia que en nuestro continente ya habíamos logrado a comienzos del siglo XIX.

El caso de la Declaración de la Independencia de Vietnam en 1945 muestra el proceso de organización que se había concentrado con algunos de los países asiáticos (Siria, Irán, la India, etc.) convocados en 1943 en la “Asamblea de naciones asiáticas del gran oriente” (HOBSBAWM, 1996, pág. 218). La situación de la Indochina francesa liberada por Ho Chi Minh en 1954 o el caso de Malasia con la abundancia de estaño y caucho, hicieron que la falacia del progreso y el desarrollo del mercado mundial arrasaran con los “movimientos de resistencia nacional de base comunista con fuertes vínculos agrarios” (Ibid.).

Estos pasajes los brinda Hobsbawm (1996), en forma de un barrido de la historia de pueblos oprimidos por sus Gobiernos, sometidos a las decisiones económicas de un sistema capitalista imperialista que instauró la política del libre comercio y la extracción de recursos minero-energéticos, a costa del bienestar de las comunidades en sus territorios.

El proyecto político de la crisis mundial debió tener en cuenta el vacío entre el campo y la ciudad, según lo cual “los años de la Depresión rompieron los lazos existentes entre las autoridades y las masas campesinas, dejando un espacio vacío para una nueva política” (HOBSBAWM, 1996, pág. 218). La nueva política del liberalismo económico, el libre comercio, la libertad de empresa, el individualismo mercantil, ha devastado con los proyectos socialistas o comunistas de creación de propiedades productivas comunitarias, en las cuales se construía el bienestar en común acuerdo. El abismo creado entre las ‘autoridades’ del Estado, entendidas como la Fuerza Pública, dejaron en el medio la creación de ejércitos de campesinos que se resistieron a ese proyecto de modernidad.

Entre las fuentes respetadas en el continente, acudir a la referencia de la Comisión Económica para América Latina-CEPAL, en cabeza de Raúl Prebish, puede constatar el lugar que ha nuestros países llamados periféricos le dejaron las potencias mundiales, esto es, esa constante del siglo XX de “producir alimentos y materias primas para los grandes centros industriales” (PREBISCH, 1996, pág. 176). Parte de las consecuencias que generó en Colombia el derrumbe de la bolsa de valores de New York de 1929, puede resultar reiterada en el crecimiento del endeudamiento del presupuesto nacional de los préstamos de inversiones extranjeras o en lo que ha sucedido con frecuencia, en la compra de bonos tenedores de deuda para pagar viejas deudas adquiridas en otras crisis.

Con Prebish (1996) el argumento del desarrollo de las economías nacionales de América Latina, en el eterno debate de producción agraria o producción industrial, puede ser extendido. El debate por la industrialización del continente ha sido un continuo circuito sin salida, hay que importar la maquinaria que permita realizar la maquinización de los procesos agrarios que permitan aumentar la producción con motivo de conseguir los recursos económicos para pagar el costo de la industrialización[42]. El desarrollo tecnológico mundial crece a un paso que la producción de alimentos y materias primas no alcanza, por lo cual el círculo del lugar destinado en el tablero internacional parece imposible de modificar.

En la crisis económica de 1929, el endeudamiento de los países periféricos para la compra de los insumos que permitieran los procesos de industrialización tiene el doliente problema de que el ‘ahorro espontáneo’ no alcanzó, es decir “la expansión monetaria no tiene la virtud de aumentar las divisas necesarias para importar bienes de capital” (PREBISCH, 1996, pág. 181).

El problema planteado en términos de capacidad de acumulación de capital y capacidad de ahorro de los Estados en el continente, con el objetivo de crear los procesos industriales que permitan la ocupación de la población en condiciones de proletariado remunerado que logre las condiciones del fortalecimiento de una industria que permita la sustitución de importaciones.

El problema del progreso técnico que plantea Prebish está en el movimiento cíclico de los precios. Los productos de la industria del centro se compran con los productos primarios de la periferia, la cantidad de productos que puede comprar la periferia al centro se convierte en relativa, según el aumento o disminución del precio de los alimentos y materias primas.

El desarrollo tecnológico de la periferia es fácilmente absorbido o trasladado al centro, concentrando en el centro la mayor producción y beneficio del progreso técnico. El resultado del desajuste en la balanza de pagos, resulta en la diferencia de la ganancia en la comercialización de los productos, lo cual obliga a la periferia a restringir los gastos de consumo o ‘comprimiendo los ingresos’, y en el centro se da una mayor acumulación de capitales que le permiten aumentar sus niveles de vida y consumo en desequilibrio con la periferia, que tienen que reducir sus gastos, comprimiendo al Estado, privatizando las empresas públicas y devaluando los salarios (PREBISCH, 1996). En ello está la clave del fenómeno de la desigualdad internacional, según la cual

los grandes Centros industriales no sólo retienen para sí el fruto de la aplicación de las innovaciones técnicas a su propia economía, sino que están asimismo en posición favorable para captar una parte del que surge en el progreso técnico de la Periferia (PREBISCH, 1996, pág. 193).

El debate de los precios y el aumento de los ingresos por mayor productividad termina siendo relativo a la circunstancia de la balanza de pagos internacionales. En tanto, en la crisis de 1929, la escases de dólares hizo que colapsará el intercambio comercial, alterando la fijación de los precios de los productos primarios e incrementando los condicionantes de préstamos para la compra de maquinarias que permitieran seguir con los proyectos de modernización e industrialización de los Estados nacionales en el siglo XX.

El progreso técnico no sustituyó la producción primaria necesaria en el consumo interno, sin embargo, la reducción de los ingresos provocó que el sector agrario, fuera el más afectado en estos proyectos industrializadores, con perfil decreciente y en perjuicio de los pequeños productores campesinos. Las reglas de juego puestas en el comercio exterior y la predominancia del dólar como moneda de intercambio, marco desde la crisis mundial de 1929, una inclinada ventaja a la economía de la banca federal estadounidense.

Es decir, las reservas de oro del mundo fueron sometidas a salvar la desvalorización mundial del dólar. El desplome del patrón oro en la economía mundial fue uno de los determinantes efectos de la crisis mundial en los años treinta. Inglaterra hizo de salvamento a la economía norteamericana, con la contradicción de imponer a su comercio de libras esterlinas, la mediación de la moneda del dólar en el intercambio comercial internacional modificado en la década de los años treinta.

El centro cíclico británico debió expulsar el oro de Inglaterra a Estados Unidos, la dinámica mundial obedeció el imperativo de depositar dólares a la economía norteamericana: “Prácticamente toda la nueva producción de oro monetario del mundo, muy abundante por cierto después de 1933, fue a parar a [Estados Unidos]” (PREBISCH, 1996, pág. 206). Con esto los países con deuda de bonos en Estados Unidos, adujeron que el envío de oro reduciría los intereses adeudados.

La situación de la contracción de los ingresos en las economías de América Latina fue denotada en el descenso de los salarios y el aumento del precio de los productos de consumo. El resultado del incremento de la desocupación de la población aglomerada en las ciudades, resulto en un retorno al campo

en muchos de nuestros países pudo observarse durante la gran depresión mundial cómo las campañas [agrarias] volvían a absorber gente que había ido antes a encontrar trabajo en las ciudades (PREBISCH, 1996, pág. 233).

Desde la crisis de 1929, pudo concebirse la creación de una moneda propia para el comercio bilateral entre nuestros países hermanos. Era lo mejor que podía pasar a nuestras economías, un comercio bilateral, fronterizo, sin intermediación del dólar. El problema de la escasez de dólares fue enfrentado por “el control de cambios [que] no fue el resultado de una teoría, sino una imposición de las circunstancias” (PREBISCH, 1996, pág. 209). Este consistió para las economías dependientes de las divisas de dólares en la solución de proteccionismo de los precios internos ante la dificultad del intercambio,

el control de cambios se ha empleado y sigue empleándose en contener los efectos de la expansión inflacionaria interna sobre las importaciones y otras partidas pasivas del balance de pagos. Es claro que, en tal caso, el control de cambios no corrige los efectos de la inflación, sino que desvía la presión inflacionaria hacia la actividad interna, acentuando el alza de los precios (PREBISCH, 1996, pág. 211).

En la literatura nacional, nos referiremos a las investigaciones de José Antonio Ocampo (1987), Ocampo y Santiago Montenegro (1984) y Salomón Kalmanovitz (2003), desde tradiciones liberales y conservadoras, aportan elementos descriptivos a forjar un panorama de los efectos que en Colombia tuvo la crisis mundial de 1929.

En primer lugar, el trabajo de investigación histórica de Ocampo (1987) está dedicado a estudiar los procesos económicos del periodo 1929-1945 en Colombia. Revisa los acontecimientos del desarrollo económico colombiano en las curvas de la producción agraria y la producción industrial con la deriva de la crisis mundial de 1929 y la Segunda Guerra Mundial.

Este autor, responde algunas de las cuestiones planteadas en el abordaje de la conformación del bloque hegemónico colombiano en el sector financiero, al plantear que durante este tiempo “se desarrolló gran parte de los instrumentos de manejo macroeconómico con los cuales cuenta hasta hoy el Estado colombiano” (OCAMPO J. A., 1987, pág. 218), en sentido de la creación de una política monetaria, crediticia, fiscal, cambiaria, comercial e industrial. De la misma manera puntualiza que “la crisis aceleró el surgimiento del intervencionismo estatal, de la industria manufacturera y de nuevas fuerzas sociales” (OCAMPO, 1987, pág. 209).

En forma concreta la economía nacional tuvo que enfrentarse al ‘colapso del mercado del café’. En la bolsa de valores de Nueva York intervino el Estado de Sao Paulo, con el objetivo de defender los precios de exportación del grano, sin embargo, no hubo manera de sostener ante el desplome de los bonos y la ausencia de dólares, los precios del café en una bolsa de valores en crisis.

Colombia necesitaba cotizar en el exterior los precios del café y el banano con el objetivo de comprar productos industriales y financiar las obras públicas de redes ferroviarias y carreteras, por tanto, decidió incrementar las inversiones en el sector petrolero, teniendo en el crudo el respaldo necesario para la consecución de las divisas que se requerían en las importaciones (OCAMPO J. A., 1987, pág. 210).

La situación económica que afrontó Colombia en la crisis de 1929, reflejó las conformaciones de la estructura socioeconómica en los bloques agrarios e industriales. El desplome de los precios de los productos de exportación y el incremento en la deuda contraída con la emisión de bonos, afecto drásticamente la situación de “los Gobiernos nacional, departamentales y municipales y de otras entidades públicas, como el Banco Agrícola Hipotecario, que […vendían bonos …] en la bolsa de valores de Nueva York” (OCAMPO J. A., 1987, pág. 210).

Tal fue el contexto de la crisis mundial de 1929 en Colombia. Estados Unidos frenó los préstamos acordados hasta la década del veinte, teniendo que renegociar las nuevas condiciones del endeudamiento[43]. La cadena de negociación de las moratorias de 1929 a 1931 se extendió casi una década,

El arreglo de la deuda nacional concluyó al inicio de la Segunda Guerra Mundial; se convino en reducir los intereses originales del 6 al 3%, capitalizar solamente la mitad de aquellos que no habían sido pagados desde 1935 y establecer un fondo para amortizar anualmente parte de la deuda externa, mediante un sistema de compras en el mercado abierto. El arreglo fue posible gracias a la mediación del Gobierno norteamericano ante el comité de tenedores de bonos colombianos, en un contexto en el cual el primero buscaba el alinderamiento de nuestro país en el conflicto bélico. No menos importante fue el interés del Gobierno colombiano en normalizar su situación de deuda externa para acudir a los créditos otorgados por el recién creado Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos (OCAMPO J. A., 1987, pág. 214).

Con lo anterior la línea de tiempo de la crisis mundial de 1929 se extiende hasta los comienzos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Los debates desde 1932 entre las deudas contraídas por Alemania a Francia y por Francia a Estados Unidos, dan cuenta del estado de la situación económica mundial en el desarrollo de la industria militar, la cual realmente concentro los mayores ingresos y egresos en la primera mitad del siglo XX.

Enrique Santos conocido como “Calibán” en el periodismo, recrea este tiempo. En el sabido déficit de millones de dólares en el que se encontraba Estados Unidos, el electorado estadounidense cobraba los bonos de la deuda a los franceses sintetizándolo en un lema de campaña “no pagar a Estados Unidos mientras Alemania no le pague a Francia” (SANTOS, 1988, pág. 5). Este cobro de deudas sobre deudas, tienen la contrapartida del incremento del cobro de impuestos a los bonos de deuda pública que circulaban en la bolsa de valores de Nueva York.

El análisis macro conduce a ver polaridades de los imperios en el siglo XX, en las condiciones en que fueron sometidos algunos pueblos a las modificaciones en los sistemas económicos. El proyecto político de progreso y desarrollo de la modernidad sin modernización, impuesto bajo dos guerras mundiales, condujo a que gran parte de los recursos minero-energéticos que se requirieron para el desarrollo industrial de las grandes potencias, se dedicó a la industria de armamentos con propósito de destrucción de los pueblos en los territorios con abundancia de recursos[44].

Este es el fondo de la industrialización, los Tiempos modernos, de Chaplin, lo describe en el silencio de las imágenes a blanco y negro. Las consecuencias de esta depresión mundial, conllevó en Colombia al forzamiento e instalación del proyecto modernizante, sacrificando paulatinamente la producción de los campesinos por una producción agraria capitalista, y, al lugar de sometimiento de los obreros por las burguesías industriales.

En Ocampo y Montenegro (1984) pueden leerse los acontecimientos de la década del 30 en Colombia, en respuesta a la siguiente cuestión ¿cómo funcionaba en la década del 30 la cadena de emisión de moneda, distribución a los bancos de crédito público y cómo se administraba la secuencia de préstamos a las carteras de funcionamiento del Estado? La mención a la Conferencia económica de Londres en 1933, es uno de los asuntos para tener en cuenta, teniendo presente que las decisiones que estaban tomando los Gobiernos liberales, no eran aisladas a lo que estaba aconteciendo en el mundo.

La decisión tomada entre 1935 y 1939 del aumento a la inversión en el sector petrolero, estuvo amparada con otras decisiones. La negociación en los tribunales de Nueva York debatía los intereses que cobraron los tenedores de bonos de deuda pública al Gobierno colombiano. Con lo cual, tras el elevado interés cobrado, puede entenderse que ad-portas de iniciar la Segunda Guerra Mundial, Colombia firmó a mediados de 1935 un acuerdo de compensación con el mercado alemán (OCAMPO J. A., 1987, pág. 214). Es en este periodo, en el que creció el ‘sector aurífero a un 158%’, incrementando la exploración y explotación de recursos mineros.

La situación de la devaluación del precio del grano del café provocó conflictos económicos con Brasil, con lamentables pérdidas en Centro América. Por la parte colombiana, resolvieron en 1936 un pacto colombo-brasileño, que conllevó a un alcance mayor en 1940 con la creación del ‘Acuerdo Interamericano de Café’. La situación de contracciones a las economías nacionales, en nuestros países de vocación agrícola, puede ser comprendida, en tanto que, cuando a nivel macro los precios se desploman, en cada finca puede ocurrir una catástrofe. Esta es la situación de los campesinos y pobladores rurales, en tiempos de crisis internacionales.

Producto de la crisis de 1929 se fueron generando levantamientos populares, en reclamo al pago de las cosechas y la nivelación en el precio de los insumos y maquinarias de la cadena de producción agrícola, al entrar en alza el aumento de los combustibles en Colombia, se provocó un incremento en los productos de la canasta básica familiar, siendo el pueblo colombiano el más afectado con estos vaivenes internacionales.

Las decisiones tomadas por el Gobierno en materia de la crisis que tuvo el mercado mundial del café, en mediación con los cafeteros puede leerse en Ocampo y Montenegro (1984) en dos tiempos: 1] una política ortodoxa de contracción fiscal que va desde 1929 a 1931, consistente en las medidas arancelarias de protección a la industria agraria que llevaron a derogar la “Ley de Emergencia de 1927”; y 2] una etapa de ‘política de crédito agresivo’ entre 1931-1934, por medio de la cual se adelantó parte de la reforma tributaria que llevó a cabo el Gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938), creando “la Caja Agraria, El Banco Central Hipotecario y la Corporación Colombiana de Crédito” (OCAMPO & MONTENEGRO, 1984, pág. 33).

En materia de protección a la producción agraria, fueron creados en 1940 el Fondo Nacional de Ganadería en fusión posterior con la Caja Agraria y el Instituto de Crédito Territorial, los cuales entre otras funciones tuvieron a cargo el fomento de la vivienda rural[45]. Los Gobiernos de López y Santos, asumieron medidas de fortalecimiento institucional que lograron atender las demandas sociales que seguían presentándose en los campos a causa de la crisis de 1929.

La crisis es asumida en una transición política, en la cual el fortalecimiento del comercio exterior es una salida atenuante a la economía interna, según datos de la CEPAL entre 1928 y 1929, la demanda interna ‘disminuyó un 53.4%’, evidenciándose en la depresión del consumo de algunos bienes industriales “29% en textiles de algodón, 24% en cerveza, 59% en cemento, etc.” (OCAMPO & MONTENEGRO, 1984, pág. 43). Por tanto, un análisis más detallado de la cantidad de viviendas construidas y avances en los créditos a pequeños productores, hacen evidente parte del cumplimiento de los acuerdos que trazó el liberalismo con los pequeños partidos socialistas fundados en la década de los años veinte y el naciente Partido Comunista de Colombia de 1930.

Los aportes de Ocampo y Montenegro (1984), dan cuenta de una decisión política tomada por los Gobiernos liberales en sentido de «reorientar la demanda hacia la producción interna». Sus análisis responden a saber cuáles fueron las responsabilidades en toma de decisiones en materia económica por parte de los Gobiernos colombianos ante la crisis mundial. Las medidas del proteccionismo fueron el salvamento de la producción agraria y de la incipiente producción industrial.

Fue priorizado el mercado interno ante la crisis de divisas, la cual estalló con escases de dólares para el intercambio comercial de productos no esenciales a la vida de la gran mayoría de los colombianos. Esto en términos de los estudiosos de la CEPAL, fue el desarrollo de una política efectiva de sustitución de importaciones en la producción de alimentos, la industria de textiles, con la instalación de fábricas de cerveza, procesadoras de azúcar y cementeras.

Con los análisis del contenido de los documentos estudiados, hay una caracterización de la estructura socioeconómica colombiana, compuesta por un modelo económico primario exportador dependiente de la inversión externa. Esto puede aseverarse a partir de la toma de decisiones político-económicas de las clases dominantes liberal y conservadora, durante el periodo de la crisis mundial de 1929 y los efectos que tuvo en Colombia.

En conclusión, las alteraciones que repercutieron en el desarrollo económico colombiano por las modificaciones que la crisis financiera provocó en la producción agraria e industrial, se intensificaron con el papel que jugó el país en la división internacional del trabajo, país primario exportador de recursos sin generación de valor agregado, en tanto, la concentración del poder político y la concentración de la riqueza con la acumulación de capitales, sentó las bases de un desenlace prolongado de la lucha de clases sociales en Colombia durante el periodo 1930-1950.

1.4. Fin de la ‘Regeneración Conservadora’, 1930

Luego de revisar las transformaciones de la estructura socioeconómica y la movilización social de los años veinte, concluimos este capítulo dando cuenta de la campaña que libró el Partido Liberal con aliados comunistas y socialistas, para quitarle el poder político a la ‘Regeneración Conservadora’ que había gobernado desde la Constitución de 1886. Los alzamientos del movimiento obrero, social y popular, la tragedia de la masacre de las bananeras y la gran depresión mundial de 1929, fueron factores determinantes.

En la síntesis que propone Mario Arrubla Yepes (1991) la historia contemporánea de Colombia expone una versión de la situación del conservadurismo al finalizar la Regeneración. Este es un punto de partida en la sistematización de los argumentos hallados,

Los conservadores, divididos, perdieron el poder en 1930, y desde entonces iban a perder también de manera definitiva sus mayorías electorales: el predominio de sus principios doctrinarios dependía en medida considerable del control estrechamente personal ejercido por los terratenientes sobre los campesinos, y este control se fundaba a su turno en un régimen agrario que no debía prolongarse si se aspiraba a desarrollar nuevas actividades económicas que operaban como otras tantas fuentes de acumulación de capital. Cuando, después de la gran crisis del capitalismo, los dirigentes del país pusieron los resortes del Estado al servicio de la causa de la industrialización, se hizo todavía más evidente la necesidad de modificar en un sentido liberalizador las condiciones económicas y sociales de los trabajadores (ARRUBLA YEPES, 1991, págs. 146-147).

El paso del modelo de economía agraria al modelo de industrialización es una cuestión fundamental en el análisis de las correlaciones de fuerzas. La caracterización de los conservadores esta puesta en las economías regionales, manteniendo regímenes hacendatarios con servidumbre. Las haciendas concentraban la población de campesinos y trabajadores rurales, en contraste con la economía industrial propia del emprendimiento liberal tendiente a la apertura de libre comercio y ligados a los sectores comercial y financiero, que forjaron una clase de trabajadores urbanos asalariados.

El trabajo en este apartado, consiste en hallar los elementos que propiciaron el triunfo de las elecciones de Enrique Olaya Herrera en 1930, indagando posibles respuestas a las siguientes preguntas: ¿cuáles fueron los rasgos que dejó la década de los años veinte a la conformación del bloque hegemónico liberal?, ¿cuál fue el papel de los movimientos sociales, populares y del movimiento obrero para derrocar al conservadurismo?, ¿cómo quedan los conservadores en los sectores económicos al momento de perder el poder político?, ¿qué alianzas trazaron los liberales con el saliente poder conservador para estabilizar el nuevo Gobierno de Olaya Herrera?

Los años veinte lograron configurar un bloque de poder en las clases de subalternos, realizando la oposición política y la organización gremial de los obreros. Este bloque se convirtió en una pequeña fracción del bloque hegemónico, con las alianzas políticas que trazo el liberalismo en la campaña de Enrique Olaya Herrera, con el socialismo y el comunismo colombianos, que garantizaron la balanza a favor de la presidencia liberal en 1930.

Olaya Herrera fue un político profesional con participación diplomática en los gobiernos conservadores. Tuvo una personalidad propicia para el diálogo, dados los previos oficios diplomáticos prestados en su trabajo en Estados Unidos, los cuales le permitieron mediar las condiciones de la deuda contraída por Colombia con los tenedores de bonos en Nueva York, en medio de la recesión de préstamos por la crisis económica mundial[46].

El alzamiento del movimiento obrero y popular había confrontado al Gobierno conservador, erosionando la favorabilidad popular de los partidos tradicionales. La campaña por la presidencia de 1930, comenzó con la dirección del Partido Liberal en cabeza de Alfonso López Pumarejo, conductor de los principios políticos y económicos del liberalismo, quien además podía mediar en el sector financiero, dadas sus relaciones en negocios bancarios, con la casta conservadora de Mariano Ospina Pérez[47].

La organización del movimiento obrero y popular al final de la Regeneración Conservadora, tuvo un gran peso con los reclamos por las mejoras de las condiciones laborales presentados a comienzos del desarrollo de la industria manufacturera, en las textilerías, en los enclaves agrarios y petroleros, y en los levantamientos de los campesinos colonos en reclamo por el derecho a la tierra. Con la fuerte presencia de la región andina y los focos presentes en la costa atlántica y en los llanos orientales, la composición de la resistencia social provocó un nuevo escenario político (VEGA CANTOR R. , 2002).

La cooptación de este movimiento popular por parte del Partido Liberal se llevó a cabo por la vía de hacer política desde el palco legislativo, en esto Gaitán cumplió su papel, con el discurso de la masacre de las bananeras en el Congreso de 1929. En las regiones, se invisibilizó el liderazgo ejercido por Raúl Eduardo Mahecha fundador del Partido Socialista Revolucionario-PSR, y la declinación de la candidatura presidencial de Alberto Castrillón propició que las mayorías del pueblo asumieran la adhesión al proyecto liberal[48].

La organización del movimiento obrero, en sindicatos y agremiaciones, había sido el trabajo del difuminado Partido Socialista Revolucionario-PSR. Este quedó en las manos del liberalismo que prometió el derecho a la huelga y a las garantías de la organización gremial. Sin comprometerse a cumplir los reclamos de los obreros, los liberales cooptaron a los militantes con la posibilidad de crear sus sedes organizativas.

Los conservadores perdieron el poder, en una oleada creciente de violencia bipartidista que protagonizaron las primeras confrontaciones armadas en las regiones de 1931-1933. En el plano político, pudieron anticipar la pérdida del Gobierno, fortaleciendo su presencia en los sectores económicos y negociando las carteras del Estado donde mantendrían influencia.

La ‘Regeneración Conservadora’ transcurrió desde la Constitución de 1886 hasta las elecciones de 1930, sepultó la Constitución de Río Negro y acabó con la República Federal de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886)[49]. Los Gobiernos que la conformaron tuvieron que afrontar la Guerra de los Mil Días desde 1899 hasta 1903[50], las negociaciones de la construcción del canal interoceánico, la separación de Panamá en 1903, los interminables intercambios diplomáticos respecto a los Tratados de la indemnización de Estados Unidos a Colombia, agregaría a la política internacional el intervencionismo que provocaría la pérdida del territorio, hasta la firma del tratado Urrutia-Thompson en 1922, con el Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922-1926).

También tuvieron que declarar y sostener la neutralidad en la primera guerra mundial, durante el Gobierno de José Vicente Concha (1914-1918), y asumir la división del conservadurismo en el Gobierno de Marco Fidel Suárez (1918-1921)[51], hasta que el directorio conservador decidió la destitución del cargo, y la designación de la presidencia en Jorge Holguín Mallarino (1921-1922). Este breve periodo de Gobierno tendrá la particular mediación con el liberalismo en el nombramiento de Enrique Olaya Herrera como Embajador de Colombia en Estados Unidos, con el deber de avanzar con el Tratado de indemnización por la pérdida de la provincia de Panamá, logrando “su aprobación con las modificaciones en diciembre de 1921” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, págs. 25-26).

Las elecciones de 1922 fueron decididas por el arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, quien inclino la balanza a favor de la candidatura presidencial de Pedro Nel Ospina[52]. Entre las rivalidades electorales de los conservadores y los liberales, las elecciones de 1922 siguen teniendo una confrontación por el ‘robo’ de la presidencia al Gral. Benjamin Herrera Cortés, entonces candidato del Partido Liberal, quien obtuvo el 38.25% de las votaciones oficiales, frente al electo expresidente Pedro Nel Ospina (1922-1926) quien ganó con el 61.75%[53].

El papel que desempeñó Rafael Núñez[54], llamado «dirigente del ala independiente del liberalismo», siendo presidente designado en la República Federal, durante los periodos (1880-1882; 1884-1886; 1887-1888) y electo presidente en la ‘Regeneración Conservadora’ durante el periodo 1892-1894. Lo hace uno de los exponentes en la historia política de Colombia en términos de ser un dirigente del bipartidismo temprano. Con el cambio de época que produjo la promulgación de la Constitución de 1886, pudo continuar su ejercicio político en los Gobiernos conservadores siendo un conservador-liberal[55].

La caracterización del cambio de época entre la Constitución de Río Negro en 1863 y la Constitución de 1886 que da inició al periodo de la Regeneración, puede ser leída como un periodo durante el cual Colombia,

acabó con la libertad de creencias, trajo el Concordato que entregó la supervisión y control de la enseñanza a las altas jerarquías eclesiásticas, acentuando el carácter elitista, en que las masas populares son analfabetas, en que el voto se restringe a una minoría de propietarios de tierras y mercaderes importadores y exportadores de quina, añil, caucho, cueros, café, tabaco y oro. La economía basada en el imperialismo inglés sólo requería políticos comerciantes y unos pocos ingenieros auxiliares para la construcción de tramos de ferrocarriles destinados a facilitar la exportación e importación y el traslado del excedente económico (MONTAÑA CUELLAR, 1998, pág. 310).

Lo anterior refiere un retroceso en los avances logrados con relación a la libertad de culto y separación de poderes entre la iglesia y el Estado de la Constitución de 1863. La reversión de la centralización del poder político, perdiendo participación política de las regiones por el cambio de un sistema federal a un sistema centralizado.

La referencia al cambio de personalidades en el hacer político, en cuanto a una pérdida de la influencia de los terratenientes con menor formación académica, al paso de la clase de letrados, formados en Inglaterra o Estados Unidos. Hicieron de la arena del poder, un relevo por mandato de una casta en cabeza del conservador Miguel Antonio Caro, quienes estuvieron en la redacción de la Constitución de 1886 plasmando una nueva doctrina de Gobierno.

En la promulgación de la Constitución de 1886, están documentadas las presiones del régimen respecto al papel de las Fuerzas Militares y del poder de la prensa en la opinión pública. Era visible el cuestionamiento que a plasmar en la Constitución la libertad de prensa, con el objetivo de no intervenir en la expresión de las regiones que, en la nueva Carta Constitucional, ya habían perdido terreno en la participación de los debates nacionales.

Rafael Núñez, se declaró a favor de la libertad de pensamiento y supo mediar entre las diferentes posiciones de los Partidos conservador y liberal, por lo cual fue juzgado de traidor en las filas de los liberales, y electo presidente en la ‘Regeneración Conservadora’[56].

En el documento ‘Manifiesto del Directorio Conservador’ del año 1952, el análisis que proponen de la pérdida del poder del liberalismo lo atribuyen a “que se volvió tolerante con el peculado, con la concusión y con el tráfico de influencias remuneradas” (Partido-Conservador, 1967, pág. 24). Las guerras civiles acontecidas durante el siglo XIX dan cuenta que estos cargos pueden ser adjudicados al proceder de ambos partidos.

La línea de Núñez[57] con relación a la necesidad de la participación política en las elecciones, hace visible la concepción de una particular democracia en el bipartidismo. La necesidad de legitimar el triunfo de los conservadores hizo que, el llamado a participar de los liberales, fuera un fallido antecedente del consociacionalismo de alternación del poder entre liberales y conservadores, el cual se terminó de completar con la creación del Frente Nacional (1957-1974).

En este periodo, es posible dedicar brevemente una aproximación a uno de los asuntos que marcan las relaciones internacionales de Colombia a comienzos del siglo XX, el Canal de Panamá. La forma en que condujeron los conservadores, las solicitudes de construcción del canal interoceánico, el desencadenante de la guerra, la separación o declaración de independencia y la firma posterior de los Tratados, son el eje con el cual podremos caracterizar la forma política de relacionamiento político, diplomático y militar del Partido Conservador.

El papel del intervencionismo norteamericano en Colombia, durante las revueltas de la provincia de Panamá y el hurto del canal, han sido estudiadas desde todos los frentes políticos. Una de las investigaciones que revisamos refiere a Morales de Gómez (2003), quién además de tomarse el trabajo histórico de revisar la correspondencia de los actores del Tratado, relata una secuencia de intereses entre los intentos de tratados que se llevaron adelante, a saber, “Tratado Mallarino-Bidlack” (1846), “Tratado Clayton-Bulwer” (1850), “Tratado Hay-Pauncefote” (1901-1902), “Tratado Herrán-Hay” (1903), firmado meses previos a que Estado Unidos apoyará los levantamientos de la provincia de Panamá y se firmará una independencia bajo su protectorado y el entendimiento de su potestad en la construcción del Canal.

Los proyectos del “Tratado Cortés-Root” (1909) y del “Tratado Cortés-Arosemena” (1909), fueron intentos de Rafael Reyes por mediar en las relaciones diplomáticas. Estos tratados develan las implicaciones de la relación de Estados Unidos con los separatistas, en cuanto fueron los intereses económicos de la administración del Canal, lo que verdaderamente ocasionó la pérdida del territorio colombiano.

Esta somera revisión, dedicada al asunto de la bonanza económica del Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922-1926), deja unos pertinentes interrogantes, a saber, por qué el Gobierno colombiano recibiendo una indemnización de 25 millones de dólares[58], además aceptó los préstamos de J. P. Morgan y Compañía. En un esfuerzo por comprender, como mediaron los intereses económicos en las intenciones de restablecer las debilitadas relaciones entre Colombia y Estados Unidos.

Según el epistolario del diplomático Hoffman Philip al secretario de Estado en Washington en 1920, las inversiones de las empresas estadounidenses en Colombia no habían hecho buena relación con los pobladores, por tanto, era necesario abonar con dinero la mejor recepción de estos empresarios en el territorio colombiano[59].

El interés de Estados Unidos por el petróleo fue incrementado al terminarse la primera guerra mundial en 1918. Inglaterra dominaba la mayor parte de territorios con hidrocarburos, por tanto, su dominio en el territorio continental le permitió asegurarse de sus propios pozos de resguardo energético. Las excavaciones en México se encontraban avanzadas, cuando en Colombia se negociaba el Decreto 1255 BIS de 1919, sobre petróleos (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 249).

Los Gobiernos conservadores, en la personalidad de Pedro Nel Ospina, llevaron a poner la situación de Estados Unidos en los siguientes términos: “O pagaban la indemnización o abandonaban el petróleo”[60]. De tal manera, las presiones realizadas en 1921 desde las labores diplomáticas de Olaya Herrera en Estados Unidos daban cuenta por su parte de la situación en el Congreso colombiano[61], que había definido que en la modificación del Tratado Urrutia-Thompson, no se mencionó ningún asunto concerniente a petróleos y se limitó única y exclusivamente a solucionar el tema de Panamá.

En mayo de 1922, se realizaba una convención del Partido Liberal, de la cual Tomás Uribe publicó una extensa declaración[62], con relación a la posición de hostigamiento a la que se venían enfrentando los liberales bajo la represión que ejerciera el Gobierno conservador con el aparato militar del Estado. El eje de la discusión radicaba en la imposibilidad de ejercer la beligerancia del liberalismo ante el dominio del aparato represor de los conservadores, y en la pérdida de estos de la voluntad del pueblo, bajo el sojuzgamiento del clero, el ejército, la policía, los funcionarios públicos, y los maestros de escuela. No era Althusser en Francia durante los años sesenta, sino los liberales colombianos en los años veinte. La situación en la que se encontraban era la de ser gobernados por sus contrarios durante décadas.

La discusión política en la prensa relató la visita a Estados Unidos que realizó el 4 de mayo de 1922, el General Pedro Nel Ospina, quien ya se entendía sucesor en la presidencia de Colombia, teniendo presente el conflicto electoral con Benjamin Herrera, puede entenderse la influencia de este viaje en su elección. En los planos internacionales, seguían las discusiones por las reparaciones que adeudaba Alemania.

Durante este periodo de entreguerras, Colombia contó con la afluencia de préstamos de los fondos de la J. P. Morgan y Compañía, acordados para los países de Europa y América Latina, extendiendo el desarrollo en estos países. Estados Unidos garantizó socios comerciales de las mercancías de su sistema de producción nacional, en el aceleramiento de la industria y el progreso.

Los detalles de las inversiones de la indemnización y de los préstamos obtenidos, son materia de estudio dirigida a ubicar una respuesta racional al ¿por qué en medio de la abundancia económica se recrudecían los problemas sociales? En las tesis de la historia a comienzos del siglo XX, Renán Vega Cantor (2002) sostuvo que las relaciones que tuvieron los Gobiernos colombianos con el Tratado y los empréstitos norteamericanos generaron los condicionamientos de las inversiones económicas de Estados Unidos en el territorio colombiano.

Por tanto, el desenlace de los levantamientos presentados en los enclaves agrícolas y los aglutinamientos en las zonas petroleras, son una secuencia del malestar social por las precarias condiciones labores que se permitieron a partir de estos Tratados económicos. El desarrollo del capitalismo en Colombia estuvo ligado a una organización de la fuerza de trabajo, con la financiación del capital externo y sus condicionamientos de explotación y represión ante la protesta por mejoras en sus salarios.

Es decir, una doble condicionante del capitalista para asegurar sus capitales, una política de la mayor ganancia, en el usufructo del tiempo del trabajador y de la máxima explotación garantizada por el accionar coercitivo de las Fuerzas Militares del mismo Estado colombiano. Asunto que, en el secreto del fetichismo de la producción de mercancías, Marx develó la composición de la plusvalía, el usufructo de las ganancias con la explotación del tiempo de trabajo no remunerado a los trabajadores.

El Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922-1926), recibió una parte de las indemnizaciones que Estados Unidos pagó a Colombia por el hurto del canal de Panamá, supliendo los derechos perdidos por la separación del departamento. Además del territorio, perdimos el derecho al cobro de los aranceles en la aduana por la entrada y salida de mercancías, como por el tránsito de los barcos que en adelante cruzaron los océanos por el estrecho del Tapón del Darién.

Las decisiones políticas y económicas que asumieron los Gobiernos conservadores no llevaron a una pérdida del poder, no obstante, sin derribar a sus verdugos, en el pueblo creció un movimiento antimperialista, que bien se entiende no era desconocido en las discusiones del Congreso durante los debates del Tratado que saldo la indemnización. De alguna manera, la oligarquía criolla se vio burlada por la confusión de los liberales panameños que prefirieron adherirse a los intereses económicos norteamericanos antes que trazar una tregua con el Gobierno conservador.

Parte de la llamada ‘Prosperidad a debe’ resulta del amplio crédito otorgado a Colombia, tras la indemnización del hurto de Panamá. Las divisas representaron en la época “US$25 millones, 10 millones pagados en 1923 y 5 millones anuales entre 1924 y 1926” (BEJARANO, 1987, pág. 192), dinero con el cual el Gobierno conservador colombiano pudo “volcarse sobre los mercados financieros mundiales” (Ibid.).

Durante la misma época, con las recomendaciones de la Misión Kemmerer se formalizarían en la fundación del Banco de la República. Por tal motivo, dice Tirado Mejía (1998) que,

La «indemnización» de veinticinco millones de dólares por el robo de Panamá no vino sola. A más de las concesiones petroleras que Colombia tuvo que hacer, con el objeto de garantizar el destino de esta suma y el de los empréstitos que se estaban haciendo, Estados Unidos presionó al Gobierno colombiano para que solicitará una misión norteamericana que lo asesorará en cuestiones de organización económica (TIRADO MEJÍA, 1998, págs. 239-240-241).

Fue el Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922-1926) quién contrato la primera misión Kemmerer[63], con motivo de asesorar el funcionamiento y centralización del patrón oro en Colombia, se reguló el sistema monetario, estableciendo la moneda del peso colombiano sustentado en pesos oro, resguardados en el Banco de la República[64].

Las repercusiones del establecimiento de una Banca Central y la regulación de la política monetaria pueden seguirse en las intervenciones del expresidente Miguel Abadía Méndez (1926-1930) y de algunos de los responsables de las carteras de Gobierno, con relación a la situación económica en la que se encontraba Colombia. Son algunas de las fuentes revisadas, a partir de las cuales es posible mencionar una breve descripción de los fundamentos de la ‘Regeneración Conservadora’ presentes en el último Gobierno y las falencias que conllevaron a la pérdida del poder político.

Entre las crisis y los avances de su Gobierno se puede mencionar la huelga de los trabajadores de la zona bananera, el mismo año en que le aprobaran un préstamo de 35 millones, con fines de inversión “en infraestructura, como ferrocarriles, carreteras y puertos”[65]. En el año siguiente, afrontó la crisis mundial económica de 1929, la cual llevaría a un periodo de cierre de préstamos por parte de Estados Unidos, afectando el sistema comercial internacional.

La política de hostilidad de Abadía Méndez, bajo las órdenes de su ministro de Guerra Ignacio Rengifo, conllevó a la represión de la protesta social utilizando a la Fuerza Pública[66]. Entre las acciones de la presidencia encontramos la promulgación del Decreto 707 del 26 de abril de 1927 “Por el cual se dictan reglamentos de Policía Nacional, sobre orden público, reuniones públicas y posesión de armas y municiones” (CAJAS SARRIA, 2018, pág. 515). Lo anterior, reformó la composición de los cuerpos policiales, ordenándoles la agresión a los manifestantes que habían convocado una toma obrera de las principales ciudades de Colombia para el 1° de mayo de 1927.

Estos acontecimientos refieren el por qué en la década de los años veinte es posible visualizar la efervescencia del movimiento obrero y el accionar autoritario represivo del Estado capitalista. Son estos rasgos de consenso y coerción, los que marcan el inicio de la conformación del bloque hegemónico colombiano, como la caracterización de la alianza de la coerción con el liberalismo económico de Enrique Olaya Herrera.

En el cambio de Gobierno de la ‘Regeneración Conservadora’ a los Gobiernos liberales, fue fundamental el descontento social conducido por el movimiento obrero. La utilización del liberalismo de los levantamientos populares fue posible por las promesas de llevar adelante una política laboral de apoyo al sindicalismo y de defensa del derecho de la protesta, este fue un gran motivo que permitió a los liberales hacerse de la mayoría de los votos, permitiéndoles ganar en las urnas y mantenerse en el poder, tras promulgar la Ley 83 de 1931, concerniente a la Asociación Sindical, cooptando con suficiencia a una gran parte de la organización sindical[67].

La crisis económica de 1929 incrementó el malestar social, reproduciendo el descontento del movimiento obrero por el aumento de los precios de la canasta familiar y las bajas de los salarios. El descontento generalizado facilitó el cambio de partido en el poder, sin transformar el aparato de Estado. La acumulación capitalista continuó en los Gobiernos liberales, profundizándose el libre comercio con el Tratado Comercial firmado en 1936.

Con esta aproximación a los años veinte, damos paso a la secuencia de Gobiernos liberales, poniendo énfasis en los gobernantes que asumieron la conducción política y los funcionarios de las carteras del Gobierno que dirigieron la política económica.


  1. Una alusión a esta composición socio-económica finalizado el siglo XIX, puede leerse En Jorge Orlando Melo (1995) lo siguiente: “Hacia 1880 estaba adquiriendo prominencia un nuevo tipo de empresario rural y urbano más ilustrado que el terrateniente tradicional, partidario del progreso técnico, dispuesto a ensayar nuevos cultivos y nuevas formas de actividad productiva. Vinculados a la política, estos empresarios parecían dar mucha más importancia a la apertura de haciendas, la formación de bancos, el desarrollo de las vías de comunicación, la siembra de café, que a la satisfacción de ambiciones de empleo a costa del presupuesto nacional. Es posible que el sector de comerciantes liberales que adquirió tierras a consecuencia de las grandes reformas de mediados de siglo haya tenido que ver con la expansión de esta nueva mentalidad empresarial, pero ideas similares se extendieron entre los propietarios conservadores antioqueños o fueron promovidas por algunas de las familias de inmigrantes recién llegadas al país” (MELO, 1995, pág. 58).
  2. La represión a los campesinos fue generalizada, el autoritarismo fue dirigido contra todo aquel que protestaba por mejorar sus condiciones de vida, las medidas tomadas por las Fuerzas Militares actuaron “especialmente en relación con las huelgas de los trabajadores de los enclaves imperialistas. Así, por ejemplo, el movimiento reivindicativo que declararon, el 14 de enero de 1927, 8.000 trabajadores de la Tropical Oil Company y de la Andian National Corporation, en Barrancabermeja, fue calificado como movimiento subversivo, y sobre él se descargó el peso de la represión del Estado, que cobró 15 víctimas obreras, decretó la prisión del comité de huelga y autorizó el despido de muchos trabajadores” (MEDINA, 1984, pág. 36).
  3. Puede leerse en referencia la siguiente alusión: “A medida que avanzaban los trabajos y los Barí eran arrinconados, sus ataques contra los trabajadores se tornaban más frecuentes, pues era a ellos a quienes los indígenas observaban tumbando monte, perforando un pozo, construyendo el oleoducto, la vía férrea o una trocha carreteable. Ellos no podían discernir entre los petroleros estadounidenses-que dirigían y controlaban esas actividades- y los trabajadores nacionales” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 69)
  4. Redacción tomada de las observaciones de Emilio Taddei al informe preliminar de la Introducción y primer capítulo de tesis.
  5. La secuencia de la venta por Roberto de Mares de los yacimientos petroleros a intereses multinacionales puede leerse en la siguiente secuencia: “Los petroleros que habían visto brotar crudo en Barrancabermeja, fundaron en Delaware la Tropical Oil Company (Troco) con 1.200.000 acciones, de las cuales sólo 25.000 correspondían a colombianos, incluyendo a Roberto de Mares, a cambio de lo cual este traficante de nuestro subsuelo se comprometió a hacer el traspaso de la Concesión a la empresa recién constituida” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 95). La Tropical Oil Company era una de las sucursales de la Standard Oil Company, propiedad de Rockefeller en Estados Unidos: “el 9 de abril de 1919, Antonio José Cadavid, obrando en representación de la Tropical Oil Company, solicitó el traslado de la Concesión de parte de Roberto de Mares a la empresa de los Estados Unidos. Además, con una buena dosis de cinismo, este individuo aseguraba que la ‘misma compañía tiene absoluta independencia, no está ligada a ninguna otra entidad, pública ni privadamente’. Una gran mentira, porque la Tropical Oil Company, como poco después se supo, no era sino una fachada para camuflar la verdadera propietaria, nada menos que la Standard Oil Company del imperio financiero Rockefeller” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 98)
  6. Puede leerse a propósito de la fundación de la Unión Sindical Obrera: “el 10 de febrero de 1923 fue fundada la USO y no el 12 de febrero de ese año y tampoco ninguna otra fecha de 1922. La duda queda zanjada de una vez por todas con el breve documento, que más adelante citamos en su totalidad, que constituye la primera referencia de la Unión Obrera o de la Unión Obreros, en donde se dice: ‘La junta Directiva UNION OBREROS de esta localidad, en su sección (sic) inaugural del 10 del Pte.…’. No hay duda alguna, el documento fue emitido el 12 de febrero, pero la reunión clandestina inaugural se llevó a cabo el día 10 de febrero de 1923” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 134).
  7. En detalle una descripción de la presencia de las fuerzas represivas en el territorio puede leerse de la siguiente manera: “La represión ocupaba un puesto central y singular en ese dispositivo espacial. En la década de 1920 se articularon no uno sino tres cuarteles de policía (nacional, departamental y local) y luego un cuartel militar. Esos espacios estaban subordinados a la actividad central del enclave (extracción y procesamiento del crudo), para que la fuerza policial velara por su adecuado funcionamiento y mediante el control militar se mantuviera a la población a raya, literalmente hablando en este caso, y sometida a las nuevas imposiciones sociales y económicas tendientes a controlar a la fuerza de trabajo y asegurar su venta permanente a la compañía. […Complementando con la siguiente alusión al ordenamiento local…]. Desde un comienzo la compañía actuó bajo el criterio de separarse espacial y socialmente de todo aquello que fuera colombiano, en la cabecera municipal construyendo campamentos y en las zonas rurales fundando caseríos. Esos terrenos eran para uso exclusivo de la compañía y estaban vedados para quienes no formaran parte de ella. Con la malla se ejercía una violencia física y simbólica y se segregaba, puesto que se convirtió en protección para los residentes extranjeros y en cárcel para los trabajadores colombianos. Tenía connotaciones militares, al estar protegida por celadores de la compañía adentro en la ciudad gringa y afuera por la policía nacional, que controlaba la vía de acceso a las instalaciones de la Troco. Lo mismo se puede decir de la ‘Armada Nacional’ que circulaba por el río y luego del ejército que se ubicó en una óptima posición para proteger los pozos y los tanques. Las dos ciudades no sólo eran distintas sino que entre ambas, a manera de protección, se encontraba un colchón de seguridad, proporcionado por el Estado colombiano para defender a la compañía estadounidense y para impedir que los colombianos penetraran en la zona vedada” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 115).
  8. Redacción extraída de las observaciones de Emilio Taddei sobre el presente capítulo.
  9. Esto mismo que puede leerse en la Estética de la creación verbal: “enunciados concretos (escritos y orales) relacionados con diferentes esferas de la actividad humana y de la comunicación; estos enunciados pueden ser crónicas, contratos, textos legislativos, oficios burocráticos, diversos géneros literarios, científicos o periodísticos, cartas particulares y oficiales, réplicas de un diálogo cotidiano (en sus múltiples manifestaciones), etc., y de allí los investigadores obtienen los hechos lingüísticos necesarios” (BAJTÍN, 1999, pág. 249)
  10. Esta multinacional de Estados Unidos pasa a denominarse luego “Chiquita Brands International”, según Matías Longoni (2014) “fue fundada en 1871 por el empresario de ferrocarriles estadounidense Henry Meiggs. Se llamaba entonces United Fruit Company y tenía su cuartel central en Charlotte, en Carolina del Norte”. Tomado de: LONGONI, Matías (2014) “Una empresa ícono del colonialismo de EE.UU. pasa a manos de Brasil”. Diario Clarín, 28 de octubre. Disponible en: http://www.ieco.clarin.com/economia/Chiquita_brands-bananas-frutas-brasil_0_1238276457.html
  11. En asunto de la “ideología” en los “signos sociales” comprendemos que: “La realidad ideológica es una superestructura inmediata que surge sobre la base económica. La conciencia individual no es el arquitecto de la superestructura ideológica, sino tan sólo un inquilino alojado en el edificio social de los signos ideológicos” (VOLÓSHINOV, 2014, pág. 34).
  12. Este concepto ingresa oficialmente al lenguaje jurídico en Colombia, con la Ley 1448, “Ley de Víctimas y Restitución de Tierras”. No obstante, se entiende que la acumulación originaria (Marx) y la acumulación por desposesión (Harvey), tienen una secuencia con la descripción que realizó Federico Engels (1850) de las Guerras campesinas de 1543, el sentido es el mismo, la represión contra el campesinado para ejecutar la usurpación de sus tierras.
  13. Observación realizada por Emilio Taddei, respecto al uso del concepto de “acumulación por desposesión” (Harvey, 2009). El cual corresponde a los fenómenos del capitalismo neoliberal. Este tema es profundizado en el suplemento teórico anexo correspondiente a la acumulación originaria en el modelo primario exportador colombiano.
  14. Esto se define en los géneros de lo que Bajtín denomina “compleja comunicación cultural”, a lo cual el discurso científico de investigación, puede ser uno de los ejemplos de esta definición, al respecto cabe citar la aclaración del acto de escucha del oyente o comunidad discursiva a quien se dirige el hablante: “Claro, no siempre tiene lugar una respuesta inmediata en voz alta; la comprensión activa del oyente puede traducirse en una acción inmediata (en el caso de una orden, podría tratarse del cumplimiento), puede asimismo quedar por un tiempo como una comprensión silenciosa (algunos de los géneros discursivos están orientados precisamente hacia este tipo de comprensión, por ejemplo los géneros líricos), pero ésta, por decirlo así, es una comprensión de respuesta de acción retardada: tarde o temprano lo escuchado y lo comprendido activamente resurgirá en los discursos posteriores o en la conducta del oyente” (BAJTÍN, 1999, pág. 51).
  15. La forma de asumir las palabras que se leen o escuchan en otros discursos, constituye una comunicación estratégica en momentos en que los ecos o los reflejos pueden distorsionar o llenar de confusión el mensaje, vale tener en cuenta que los “enunciados ajenos pueden ser introducidos directamente al contexto de un enunciado, o pueden introducirse sólo palabras y oraciones aisladas que en este caso representan los enunciados enteros, y tanto enunciados enteros como palabras aisladas pueden conservar su expresividad ajena, pero también pueden sufrir un cambio de acento (ironía, indignación, veneración, etc.)” (BAJTÍN, 1999, pág. 257).
  16. Según Bajtín (1999), Alexander Matveïevitch Peshkovski (1930) crea un “experimento estilístico” inventando variantes en el análisis del discurso literario, que hace posible ver no sólo su dedicación a la creación del propio círculo, sino a su asistencia a grupos de estudio como el de la “Sociedad Literaria Nikitinskaya”. Estableciendo una clasificación de los estilos, según la función: científica, técnica, periodística, oficial, cotidiana; es, no obstante, una tendencia de la escuela estructuralista, en la inclinación a clasificar o dividir por tipologías. En el caso del estilo del discurso de Gaitán, unificaría varias sino casi todas las funciones señaladas. La condición que brinda en relación al estilo es la siguiente: “el estilo tiene que ser con determinados tipos de estructuración de una totalidad, con los tipos de su conclusión, con los tipos de la relación que se establece entre el hablante y otros participantes de la comunicación discursiva (los oyentes o lectores, los compañeros, el discurso ajeno, etc.)” (BAJTÍN, 1999, pág. 255).
  17. Sobre este tema fue desarrollada una ponencia, la cual referimos para no profundizar demasiado en las conexiones entre Ciencia e Ideología. PARDO MONTENEGRO, Liliana (2011) Palimpsestos de ideas: Papel de la ideología y el discurso en la forma de organización de la sociedad. VI Jornadas de Jóvenes Investigadores. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
  18. Sobre su infancia puede leerse con detalle el estudio de José Antonio Osorio Lizarazo (1998) Gaitán. Vida, Muerte y permanente presencia: “Como todos los niños de una clase social sin respaldo económico y sin definición precisa, Jorge Eliécer conoció la desesperada ansiedad por un juguete imposible, la desoladora realidad de un mundo hostil, el desasosiego de una nutrición insuficiente. Su inteligencia se abría, absorta, al conocimiento, en medio de niños pálidos y desnudos. A la escuela pública que dirigía su madre acudían hijos de obreros, gente del pueblo hostilizada por el espíritu de jerarquía, una infancia aplastada por el egoísmo y por la sordidez de una sociedad que de vez en cuando fundaba un asilo para librarse de la presencia de los miserables. En su propia carnadura, Jorge experimentaba la desolación de la injusticia, cuya pesadumbre se trocaba en inconformidad y en rebeldía” (OSORIO LIZARAZO, 1998, pág. 21)
  19. En Colombia, el ‘Estado de sitio’ ha sido una discusión en la materia de derecho constitucional desde la Constitución de 1821. Las significaciones que se han dado en decretos de “conmoción interior” o “régimen de excepción” han sido los más recientes esperpentos jurídicos utilizados por las posiciones de extrema derecha. Así puede leerse una breve radiografía del accionar jurídico-represivo: “mientras en las ciudades se restringían los derechos ciudadanos con el fin de contrarrestar las manifestaciones políticas, en las zonas rurales se mataba para reprimir a la subversión” (GARCÍA VILLEGAS, 2008). En referencia a los “Estados de excepción en la Constitución”, en un estudio ante la reforma constitucional de 1991, Díaz-Callejas (1991), refiere lo siguiente: “[e]n el actual ordenamiento constitucional la cuestión del Estado de sitio aparece como una de las facultades del presidente de la República dentro del Título XI de la Constitución. Dada la dimensión que para Colombia y para su prestigio y respeto internacionales ha asumido el hecho de llevar medio siglo bajo ese régimen de excepción, y su incidencia negativa en el respeto a los derechos humanos y a los civiles y políticos, resulta aconsejable elevar su jerarquía en la estructura del texto constitucional, asignándole un título propio a la materia y a su reglamentación general” (DÍAZ-CALLEJAS, 1991). Las referencias teóricas en la filosofía y ciencia política al respecto son la mención de Benjamín (2010) en la Tesis VIII de su obra Tesis sobre la Historia: “La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en que ahora vivimos es en verdad la regla” (BENJAMIN, 2010, pág. 24). Referencia que lee Agamben (2014) y que al momento de definir “El Estado de Excepción como Paradigma de Gobierno”, plantea la dificultad que surge al momento de su definición puesto que: en el “estado excepción está ciertamente la estrecha relación que este mantiene con la guerra civil, la insurrección y la resistencia. En la medida que la guerra civil es lo opuesto del estado normal, ella se sitúa en una zona de indecidibilidad respecto del estado de excepción, que es la respuesta inmediata del poder estatal a los conflictos internos más extremos” (AGAMBEN, 2014, págs. 26-27), en siguiente referencia adjudica “[e]l origen de la institución del estado de sitio […] al decreto del 8 de julio de 1791 de la Asamblea Constituyente francesa, que distinguía entre état de paix, la autoridad militar y la autoridad civil actuaban cada una en su propia esfera, état de guerre, en el cual la autoridad civil debía actuar en acuerdo concertado con la autoridad militar, y état de siégé, en el cual “todas las funciones de las cuales la autoridad civil está investida para el mantenimiento del orden y de la policía interna pasan al comandante militar, que la ejercita bajo su exclusiva responsabilidad” (AGAMBEN, 2014, pág. 31).
  20. Ricardo Sánchez Ángel (2009) lo define de la siguiente manera: “En la ofensiva desatada contra la clase trabajadora del banano, del ferrocarril, de labranza, y contra los artesanos, comerciantes, mujeres, niños, la familia proletaria, se consumó una masacre, un crimen de lesa humanidad por parte del Gobierno conservador, presidido por el profesor de derecho constitucional de la Facultad Nacional de Derecho Miguel Abadía Méndez, con su Ministro de Guerra, Ignacio Rengifo y con la ejecución de Cortés Vargas. Todo bajo las exigencias y tutelaje de las autoridades de la compañía bananera norteamericana, el verdadero poder en la zona de enclave colonial, representado por su gerente Thomas Bradshaw” (SÁNCHEZ ÁNGEL, Significados de la huelga de las Bananeras de 1928, 2009, pág. 56)
  21. Por mencionar algunas: La ideología dominante (LIMOEIRO CARDOSO, 1975); Ciencia e ideología (HABERMAS, 2009); La división del trabajo manual e intelectual (MAIGNIEN, 1977); y Ciencias Sociales, ideología y conocimiento (MILLER & HERBERT, 1971).
  22. Bujarín (1974) plantea lo siguiente: “El papel de los hombres en la producción y el de la posesión de los medios de producción, es decir, la “distribución de las personas”, y la distribución de los medios de producción”, son elementos estables dentro de los límites del modo de producción existente. Desde el momento en que hablamos del capitalismo, tenemos, por una parte, una categoría de hombres que “dirigen” el proceso de producción y que simultáneamente «controlan” toda clase de medios de producción, y también una categoría de hombres que trabajan bajo la dirección de los primeros, subordinando su fuerza de trabajo a ellos y produciendo valores mercantiles. Precisamente, a esto se debe que prevalezca una ley determinada en la distribución de los productos de trabajo, es decir, en el reparto de los ingresos. (La parte del león para el capitalista). En otras palabras, arribamos a la siguiente comprobación: los aspectos más importantes” de la producción – “distribución de las personas y distribución de las cosas”- constituye por igual la base de las relaciones entre las clases (BUJARIN, 1974, pág. 356)
  23. Respecto a “La economía en los años veinte y las primeras normas regulatorias de la lucha reivindicativa”, Víctor Manuel Moncayo (2009) elabora respecto al contexto de la masacre de las bananeras una aproximación a la estructura económica que de nómina “economía mercantil simple” en la cual, el papel de Colombia, en la “división internacional del trabajo” cumplía el papel de “abastecedora de materias primas”, atribuye los comienzos del trabajo asalariado a las plantas fabriles, dice “[así, aparecen algunos reglones dinámicos de la producción fabril como los textiles, la cerveza y los cigarrillos, que se suman a lo existente gracias al desarrollo presentado en sectores como el transporte y el embarque de productos, que a su turno incentivaban la infraestructura de comunicaciones orientada hacia los puertos” (MONCAYO, 2009, pág. 93)
  24. Osorio Lizarazo (1998) describe así lo que era este territorio “[l]a zona bananera era una vasta concesión territorial de más de doscientas mil hectáreas, junto al mar Caribe, en torno a Santa Marta […] había sido entregada por el presidente Reyes en 1905 a la United Fruit Company, sin pago, compromiso, ni compensación, llevado de su inmensa amistad hacia los piratas que en aquel tiempo acababan de humillar la soberanía nacional con la mutilación de Panamá. Comprendía aldeas y poblados, ríos y planicies, y aun cuando teóricamente rigiese en ella la ley colombiana, en realidad era una colonia extranjera, una propiedad privada de la United incrustada en el corazón de la República como una afrenta perenne. La empresa concesionaria cargaba de bananos dos veces por semana sus grandes barcos en la bahía de Santa Marta y se llevaba al fragante producto tropical de aquel pequeño dominio, en donde veinticinco mil colombianos padecían de un régimen de oprobio y de esclavitud, al mando de capataces gringos que aplicaban reglamentos vejatorios y cuyo arbitrio suplantaba la ley” (OSORIO LIZARAZO, 1998, págs. 110-111).
  25. Entre las tantas conformaciones de los movimientos obreros de los años veinte, vale rescatar la creación “[e]l 12 de febrero de 1923 [de la] ‘Unión Obrera’ de Barrancabermeja, el centro petrolero del país. Este sindicato se convirtió en el más combativo hasta nuestros días realizando las batallas por la nacionalización del petróleo, en defensa de la soberanía nacional y los intereses de los trabajadores” (SANCHEZ ÁNGEL, 1982, pág. 54).
  26. Los nueve puntos que componían el pliego de peticiones son los siguientes: “El primer punto pedía el establecimiento del seguro colectivo obligatorio; en el segundo punto los huelguistas solicitaban reparaciones por accidentes de trabajo; en el tercero demandaban habitaciones higiénicas y descanso dominical remunerado. Las peticiones hasta este momento estaban avaladas por la ley colombiana de aquel entonces. En el cuarto punto se pedía un aumento del 50% de los jornales; el quinto punto del pliego reclamaba la desaparición de los comisariatos; en el punto sexto se realizaba la solicitud para la cesar los préstamos por medio de vales y se demandaba la libertad del trabajador para adquirir los artículos de consumo. El punto séptimo reclamaba la implantación del pago por semanas vencida y no con vales cada quince días; el octavo exigía la abolición de los contratos individuales y creación de uno colectivo, con derecho a figurar cada obrero en la nómina mensual. El pliego finalizaba solicitando la edificación de hospitales provistos de drogas e instrumental quirúrgico; a razón de un hospital por cada 400 trabajadores y un médico por cada fracción de 200 jornaleros” (VARILA CAJAMARCA, 2009, pág. 140).
  27. Frase que de por sí sigue siendo el slogan del Partido Comunista Colombiano, ver: http://www.pacocol.org/ .
  28. A propósito, son varios los rumores de la autoría de la obra de Volóshinov (2014), dado que su estudio fue adjudicado en algunas publicaciones a Mijaíl Bajtín, en una nota reciente el tema vuelve a ser polémica, sin olvidar la develación del fraude frente a la autoría, es valorable traer de esta nota la síntesis que realiza sobre el circulo de Bajtín: “Este círculo, como otros de la época, fue un grupo de lingüistas y críticos literarios creado a principios de 1920 e integrado por personalidades como el propio Mijaíl Bajtín y Pavel Medvédev, entre otros. Sus trabajos giraron en torno al enunciado, los géneros discursivos, la estilística, la traducción y principalmente las relaciones socio-ideológicas entre el discurso (habla, texto, etc.) y el contexto histórico del sujeto discursivo” (CANDIA, 2016).
  29. Previo a la masacre de las bananeras son múltiples los casos de represión al campesinado y trabajadores asalariados, vale citar el caso que referencia Medófilo Medina (1984) “el movimiento reivindicativo que declararon, el 14 de enero de 1927, 8.000 trabajadores de la Tropical Oil Company y de la Andian National Corporation, en Barrancabermeja, fue calificado como movimiento subversivo, y sobre él se descargó el peso de la represión del Estado, que cobró 15 víctimas obreras, decretó la prisión del comité de huelga y autorizó el despido de muchos trabajadores” (MEDINA, La Protesta Urbana en Colombia, 1984, pág. 36).
  30. La toma del poder para el pueblo en sus palabras quiere decir: “Reclamar que el hombre pueda gozar del fruto de su trabajo. Reclamar que al hombre por el hecho de ser hombre no se le trate como bestia. Que no basta asegurarle la subsistencia física, sino que es necesario facilitarle los medios de cultivarle el espíritu. Pedir que los hombres mientras puedan y quieran trabajar no pueden ser sometidos a la miseria. Pedir que los hombres que dieron su salud y su vida al trabajo no tengan que morir sobre la tarima doliente de los hospitales” (GAITÁN, 1926, pág. 26).
  31. Estos episodios tienen en la correspondencia compilada por Klaus Meschkat & José María Rojas Guerra (2009) un importante epistolario de los años 1923 a 1930, en el cual pueden revisarse hilos de conexión entre el Partido Socialista Revolucionario-PSR y la Unión Soviética. Como de las aproximaciones para la fundación del Partido Comunista de Colombia, según las delegaciones a Moscú. En específico sobre los hechos de las bananeras existe la correspondencia del análisis de estos hechos, véase, MESCHKAT, Klaus y ROJAS, José María (2009) Liquidando el pasado. La izquierda colombiana en los archivos de la Unión Soviética. Bogotá: FESCOL-Taurus.
  32. En varios fragmentos de su discurso puede leerse su sentir antimperialista y el radicalismo por la defensa del pueblo: “Yo he aprendido en la ciencia de la investigación criminal que, si es verdad que los rumores públicos no pueden ser admitidos como factor de condena, sin embargo, ellos como elementos de investigación, ofrecen segura base. Y así fue como yo escuché en Ciénaga que en el playón vecino al ferrocarril se había enterrado a varias personas. Yo tome mis medidas de investigación. Tenía varios datos para encarrilarme. […] Sabía yo también tanto por el mismo informe del señor Cortés Vargas, que nos cuenta de que a las manifestaciones asistía gran cantidad de mujeres y niños, como por las declaraciones múltiples que Vargas declaró que Acosta García se le había arrodillado, llorándole para implorarle su perdón y para que no lo castigara. El doctor Acosta García le desmintió retándolo a que mostrará la carta en la cual le pedía perdón. ¡Cuánta estupidez! Porque tal declaración le hace daño no a Acosta García, sino al señor Cortés Vargas. Eso demostraría el cuadro moral que presidió el juzgamiento de los hombres en aquel lugar, ya que un hombre para librarse de la cárcel por un concepto médico tenía que arrodillarse ante su verdugo. Eso apenas demostraría que el juzgador era un monstruo” (GAITÁN, 1929, págs. 66-67)
  33. Parte de la mención de su discurso apela a la juventud, puede leerse a continuación: “Los jóvenes, quienes aún no hemos sido contaminados por la corrupción ambiente; para nuestras vidas que no navegan sobre el mar de pústula por donde corren las selectas vidas de los hombres que traicionan la dignidad de Colombia, iremos un día, ebrios de santo fervor, ávidos de una justicia reparadora, hombro a hombro, conservadores honrados y jóvenes liberales y socialistas, de uno a otro extremo, del suelo nuestro como una tea purificadora, en nombre de la verdad y contra el dominio de los pequeños hombres que hoy dominan. Quiero terminar parodiando la frase de San Víctor que la aplica a César Borgia. Si la historia tuviera un infierno, estos hombres encontrarían allí un sitio especial y preciso” (GAITÁN, 1929, pág. 95)
  34. Este asunto de la monopolización financiera lo explica a partir de los Holdings “Holdings: “nuevas formas asociativas que concentran y acumulaban el capital en pocas manos. Al crecer el numerario, las bolsas de valores lo captan colocando acciones en el mercado bursátil esto genera, en gran parte de la población, un movimiento en el sentido de ingresar al mismo, lo que contagia a todos aquellos que poseían una buena suma de dinero sin invertir por poseerlo en cuentas de ahorro. La banca se convierte en un depósito inmenso de dinero produciéndose una especulación creciente en diversidad de formas. Toda la estructura económica de los Estados Unidos se transforma bajo una dinámica nunca antes conocida” (CASAS, 2009, pág. 29).
  35. Kindleberger (1985) expone que: “Mi relato de 1929-1930 se basa fundamentalmente en la falta de liquidez causada por el crac del mercado de valores, que llevó a una drástica caída de los precios de las mercancías y de la mayoría de los activos, y cuyas repercusiones últimas tuvieron lugar con las crisis bancarias. Queda la cuestión de por qué un colapso similar en los precios de las mercancías en 1920-1921 no condujo a crisis bancarias ni extendió la crisis” (KINDLEBERGER, 1985, pág. 11).
  36. Sí bien otras bolsas de valores habían tenido crisis, la de Nueva York en 1929, fue la que produjo la debacle internacional: “En la medida en que la depresión fue anunciada por el crac del mercado de valores, lo fue por el de Nueva York. La subida de los precios canadienses se remontaba a 1926; su caída fue todavía más pronunciada. Eran los últimos efectos. Los mercados europeos de obligaciones habían caído en su mayor parte antes: en Alemania tan pronto como en 1927, en el Reino Unido a mediados de 1928, en Francia en febrero de 1929. El mercado de valores de Viena, que encabezó la crisis de 1873, estuvo tranquilo hasta 1931. La acción se desarrollaba en Nueva York. Tuvo su efecto mundial, pero no a través de movimientos estrechamente paralelos en los precios de obligaciones” (KINDLEBERGER, 1985, pág. 126).
  37. Las cifras de desempleo que trae Ulises Casas (2009) son en EE. UU. del 23.6% en 1932; en 1931, Alemania llega a 4.886.925 desempleados e Italia a 1’015.270; Gran Bretaña, 2’854.790 desempleados en 1932 (CASAS, 2009, pág. 36).
  38. Durante su Gobierno se dictaron las siguientes leyes: Ley bancaria de emergencia; Ley de reserva de oro; Ley de préstamos a la industria; Ley del Banco de Préstamos para Viviendas; Ley de Préstamos a los Propietarios; Ley de Socorro Rural y de Inflación; Ley Ferroviaria de Emergencia; Ley de Transportes Motorizados; Ley nacional de relaciones de trabajo, Ulises Casas (2009:49) refiere que “[l]o anterior llevó a que los Estados Unidos se convirtieran en modelo de intervención estatal en la economía y de la forma como se liquidaban las tesis de laissez faire”.
  39. La situación financiera internacional puede leerse en el siguiente apartado: “Gran Bretaña desea estabilizar las divisas a 3,40 dólares la libra, mientras que Estados Unidos no tiene ningún interés en ello hasta que el tipo se acerque a 4,86 dólares la libra. O bien, supongamos un sistema de reparaciones de guerra, deudas de guerra y créditos comerciales en que Alemania debe reparaciones a Gran Bretaña y Francia y deudas comerciales a Estados Unidos; Gran Bretaña debe a Estados Unidos más o menos lo que recibe de Alemania, y es acreedora de deudas de guerra de Francia; Francia asimismo recibirá la parte del león de las reparaciones, muy superiores a sus deudas de guerra con Gran Bretaña y con Estados Unidos. En estas circunstancias, Alemania está más interesada en cancelar las reparaciones que las deudas comerciales, ya que posee algunos activos en el extranjero y está interesada en mantener su crédito” (KINDLEBERGER, 1985, págs. 31-32)
  40. A propósito, el estudio de Alemann (1966) podemos leer: “El estallido de la primera guerra mundial afectó al sistema económico y monetario imperante en sus cimientos; de inmediato, se suspendió la conversión de las monedas nacionales a oro y los embarques internacionales del metal monetario fueron interrumpidos de hecho, por el riesgo que implicaban, o de derecho por medio de prohibiciones gubernamentales. Se trataba de una medida precautoria, sin intención de modificar el sistema monetario, pero en los hechos nunca más se volvió al patrón oro, tal como había funcionado hasta entonces” (ALEMANN, 1966, pág. 13).
  41. Puede leerse entre líneas el juzgamiento de Hobsbawm de los trabajadores rurales desligados del comercio internacional: “El periodo revolucionario había afectado especialmente al imperio británico, pero la Gran Depresión de 1929-1933 hizo tambalearse a todo el mundo dependiente. La era del imperialismo había sido para la mayor parte de él in periodo de crecimiento casi constante, que ni siquiera se había interrumpido con una guerra mundial que se vivió como un acontecimiento lejano. Es cierto que muchos de sus habitantes no participaban activamente en la economía mundial en expansión, o no se sentían ligados a ella de una forma nueva, pues a unos hombres y mujeres que vivían en la pobreza y cuya tarea había sido siempre la de cavar y llevar cargas poco les importaba cuál fuera el contexto global en el que tenían que realizar esas faena” (HOBSBAWM, 1996, pág. 215)
  42. El punto de círculo sin salida planteado por Prébisch (1996) es el siguiente: “La mecanización de la agricultura implica la misma exigencia. Necesitamos una importación considerable de bienes de capital, y también necesitamos exportar productos primarios para conseguirla” (PREBISCH, 1996, pág. 178)
  43. La secuencia de la toma de decisiones en materia de pago de intereses a los viejos fondos buitres es la siguiente: “Dada la magnitud del drenaje de divisas, no es sorprendente que Colombia, como la mayoría de los países latinoamericanos, haya declarado la moratoria sobre el servicio de la deuda externa a comienzos de los años treinta, a pesar de los esfuerzos del Gobierno de Olaya Herrera por mantenerse dentro de las reglas de juego de la banca internacional. Los primeros pasos hacia la moratoria se dieron a raíz de la implantación del control de cambios en septiembre de 1931. En efecto, en octubre de 1931 se decidió que los pagos de la deuda externa de los departamentos, municipios y bancos debían ser autorizados por la Oficina de Control de Cambios, si los giros correspondientes no eran aprobados, las entidades respectivas debían depositar de todas maneras el pago correspondiente, en pesos, en el Banco de la República. En diciembre de 1931, el Gobierno nacional llegó a un acuerdo con la mayoría de los tenedores de la deuda externa colombiana, por medio del cual se suspendían temporalmente las amortizaciones de todas las deudas y se permitía pagar los intereses de aquéllas que no estaban garantizadas por la nación con vales de tres años e intereses del 6%. La combinación de estas medidas equivalía a obligar a las entidades subnacionales y a los bancos a pagar al Banco de la República una deuda sobre la cual se había decretado una suspensión de pagos. No es extraño, por ello, que los departamentos y municipios hayan decidido en marzo y abril de 1932 suspender las consignaciones en el Banco de la República. El Gobierno nacional consideró entonces que no podía cumplir el acuerdo con los acreedores extranjeros y el 23 de mayo comunicó en la prensa norteamericana que solo seguiría pagando los intereses de la deuda nacional y la del Banco Agrícola Hipotecario, que estaba garantizada por la nación (OCAMPO J. A., 1987, pág. 213).
  44. En este sentido, las cifras del gasto militar y de recursos minero-energéticos no están detallados en totalidad o por países intervinientes en las dos guerras. Es posible seguir en el siguiente argumento la tesis en general: el vínculo creado desde las guerras mundiales entre el aparato militar, la política del Gobierno y la economía como forma de dar vía al ciclo de reproducción del sistema capitalista: “la industria bélica [se convirtió en] una necesidad del funcionamiento del régimen capitalista de producción como tal, en una necesidad de la reproducción capitalista en los centros del capitalismo desarrollado, con sus consecuentes impactos en el resto del sistema capitalista mundial” (MORALES DOMÍNGUEZ, 2006, pág. 118). En términos de los gastos militares de Estados Unidos, es posible referir las siguientes cifras, por traer un ejemplo de los países que intervinieron en la segunda guerra mundial: En Estados Unidos “Los gastos militares de la nación se habían multiplicado por seis entre 1940 y 1941, y 1940 y 1945, en que el Estado americano gastó no menos de 185.000 millones de dólares en tanques, aviones, barcos y toda clase de material de guerra. Esto supuso un poderoso estímulo… para la economía del país. La participación de los gastos militares en el Producto Nacional Bruto norteamericano —que había subido entre 1939 y 1944-1945 de aproximadamente 90.000 millones a 200.000 millones— se incrementó de un insignificante 1,5% en 1939 a casi un 40% en 1944-1945 (Tomado de: Jacques R. Pauwels: El mito de la guerra buena: los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, pp.1-43)” (MORALES DOMÍNGUEZ, 2006, pág. 118)
  45. En una publicación del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, se encuentra documentado el papel del Banco de la República entre 1940-1941, y la relación con el Banco Agrario y el Instituto de Crédito Territorial, en cuanto al equilibrio de funciones y distribución de préstamos: “Quedaría de esta manera el Instituto en capacidad de reanudar sus operaciones de préstamo a largo plazo y en condiciones de asumir la administración de servicios y modalidades de crédito que rigurosamente deben corresponderle, como la concesión de préstamos a mediano plazo, el otorgamiento de los créditos primitivamente encomendados al Fondo Nacional de Ganadería y el desarrollo de la campaña de la vivienda rural. | La vasta experiencia administrativa del Banco lo sitúa en una posición privilegiada para prestar a las clases campesinas estos servicios, algunos de los cuales recargan hoy las funciones de la Caja Agraria y no armonizan con la estructura de esta última entidad, que debe servir solamente las necesidades del crédito a corto plazo, y otros están asignados a organismos independientes como el Instituto de Crédito Territorial, que forzosamente no puede llenarlos a cabalidad por la carencia de una adecuada red de sucursales, debidamente conectada con los gremios agrícolas del país” (MinHacienda, 1941, pág. 312).
  46. Villegas Arango (1985: 56) describe de la siguiente manera el papel del liberalismo en la toma del poder de 1930: “El partido liberal en la oposición desde 1886 asciende al poder en 1930, aprovechando la coyuntura de la Gran Depresión que afecta en forma considerable al país, reduce el comercio de importación y exportación, surgen los controles de cambio y se experimenta cierre de los créditos. Desaparece la capacidad de pago, lo que obliga a la expedición de una ley moratoria. El pueblo abriga esperanzas en un cambio renovador, porque su actitud de medio siglo de oposición hace pensar que será derogada la política pro imperialista de ‘mirar con piedad la estrella polar’ de Marco Fidel Suárez, continuamente atacada por los liberales. El hombre del liberalismo es Enrique Olaya Herrera, a quien dejamos desde 1922 como embajador en Washington, aprendiendo a susurrar ‘yes Mr. Sam’. Y bien que lo aprendió”. La situación de la crisis mundial vista en el primer apartado es una de las causantes del cambio de partido político en el Gobierno, sin embargo, el anhelo del pueblo de redefinir el intervencionismo norteamericano no fue precisamente materia del liberalismo.
  47. La relación de Alfonso López y Mariano Ospina Pérez, está registrada desde la Conferencia Financiera Nacional de 1918, presidida por Esteban Jaramillo, entonces ministro de Industria y Comercio. En la Credencial Historia N° 189, registra el siguiente fragmento donde se señala que el 18 de junio inició en Bogotá la Conferencia Nacional Financiera, presidida por Esteban Jaramillo. Chaparro (2012) dará cuenta de esta relación de la siguiente manera: “[e]n la misma conferencia participaron los jóvenes dirigentes políticos Alfonso López y Mariano Ospina Pérez, quienes demostraron la existencia de una aguda escasez de medio circulante en el país, y defendieron los proyectos de constitución de un banco de emisión” (CHAPARRO, 2012, pág. 37). La vida bancaria de la familia López, la describe en síntesis Álvaro Tirado Mejía, quien registra la creación del Banco López en 1919 (TIRADO MEJÍA, 1978, pág. 288) y su existencia hasta el año 1923, “Cuando ya se había expedido la Ley 25, de 11 de julio de 1923, orgánica del Banco de la República, se presentó la quiebra del Banco López, la firma más importante de la época, por falta de liquidez para atender a las obligaciones inmediatas. El 16 de julio los depositantes exigieron la devolución de los depósitos de cuenta corriente y el pánico amenazaba extenderse a los demás bancos de la ciudad. Ante tal emergencia el Gobierno aceleró la fundación del Banco de la República y expidió el Decreto 1031 del 16 de julio, por el cual se designaba su comité organizador. El mismo día el Gobierno puso a disposición de este comité la suma de cinco millones de pesos en certificados, como aporte de la nación para suscribir las acciones de la clase A. El Banco de la República adquirió 750.000 pesos el edificio del Banco López y con el producto de la venta, el último pudo atender sus obligaciones” (TIRADO MEJÍA, 1978, págs. 289-290).
  48. Véase: LOMBANA SILVA, N. (2017) Se hace, no se nace Comunista: Raúl Eduardo Mahecha gran paradigma. 31 de mayo de 2017. Recuperado de: http://nelsonlombanasilva.blogspot.com/2017/05/se-hace-no-se-nace-comunista-raul.html (Visto: 28/07/2023); VEGA CANTOR, R. (2013) Raúl Eduardo Mahecha. Mayo 29 de 2013. Recuperado de: http://palabrasalmargen.com/edicion-10/raul-eduardo-mahecha-2/ (Visto: 6/12/2018). Respecto a la candidatura de Alberto Castrillón puede leerse el comienzo del Segundo Capítulo. De presidiario a presidente de la tesis de Maestría en Historia de Romero Torres (2016: 145) “El 29 de noviembre de 1929 se lee por primera vez el nombre de Alberto Castrillón como candidato del PSR, siendo registrado por la prensa oficialista con titulares como: “El comunismo lanzó candidatura a la presidencia de la república al camarada Castrillón” (El Tiempo), “¿De presidiario a presidente [sic]?” (El Nuevo Tiempo), “El comunismo irá al debate presidencial” (El Debate)” (ROMERO TORRES, 2016, pág. 145). Más adelante refiere el momento exacto de la designación: “Fue en el Pleno del Comité Directivo del partido del 27 de noviembre, en cabeza de Rafael Baquero como secretario general, en el que resuelve llevar cabo una “gran campaña de agitación y propaganda” para el próximo debate electoral, que al margen de todas las comunicaciones de los representantes de la IC con respecto al descrédito de Castrillón, “y teniendo en cuenta su carácter de obrero perseguido por la reacción conservadora y de comunista comprobado, el Comité Ejecutivo, en nombre del Partido Socialista Revolucionario de Colombia, sección de la I.C., postula al camarada ALBERTO CASTRILLÓN, como candidato de la vanguardia del proletariado colombiano para la presidencia de la república” (Carta de R. Herrera al SSA de la IC. Klaus Meschkat, Liquidando el pasado, p. 305) (ROMERO TORRES, 2016, pág. 146). Con Romero Torres (2016) coincidimos en decir que es la primera candidatura comunista que se presentó como una fuerza alternativa a los partidos tradicionales. Según Posada Carbó (2000) su versión de la candidatura presidencial puede leerse de la siguiente manera: “El Partido Socialista Revolucionario (PSR), antecedente del Partido Comunista, también decidió lanzar candidato propio -Alberto Castrillón-, aunque su participación en las urnas fue más bien simbólica” (POSADAS CARBÓ, 1999).
  49. El análisis de Medófilo Medina (1991) en relación a las elecciones de 1929-1930 da cuenta de las conexiones en Colombia entre ‘Gobiernos-obispos-Vaticano’, asevera que en la Regeneración Conservadora: “La intervención de la Iglesia durante el período comprendido entre 1886 y 1930 estaba incorporada de manera orgánica en el sistema político” (MEDINA, 1991, pág. 203)
  50. Al respecto puede leerse a Víctor Salazar (1943) quien aporta una compilación de memorias de los hechos ocurridos en la guerra, desde el lugar de la batalla, salvaguardando la paz de Colombia tras la pérdida de territorio en el alzamiento de una revolución de liberales, entre sus apartes “Por aquellos días (marzo y abril de 1900), el general Palacio fue informado de que una fuerte expedición revolucionaria acababa de ser organizada en Centro América con el apoyo de José Santos Zelaya, presidente de Nicaragua, quien había suministrado grandes elementos de guerra y unos cuantos mercenarios para invadir el suelo de Colombia, penetrando por el norte de Panamá […] Se afirmaba insistentemente, y luego quedó comprobado, que había ejercido decisiva influencia desde el Ecuador en el ánimo de Zelaya, para apoyar la revolución, el general Eloy Alfaro” (SALAZAR, 1943, pág. 36).. Con esto hace mención en cuanto la declaración de guerra en 1899, tiene como antecedente la Revolución Liberal de 1895, por tanto ““desde 1898, es decir desde mucho antes de iniciarse las operaciones, algunos de los principales jefes liberales, como Robles, Uribe Uribe, Modesto Garcés, Belisario Porras, Temístocles Rengifo, Eusebio Morales y otros, se hubieran dirigido a los Gobiernos de las pequeñas repúblicas centroamericanas en demanda de recursos y de elementos bélicos para la feliz realización de sus planes” (SALAZAR, 1943, pág. 37)
  51. La denuncia, concierne a la acusación que realizó Laureano Gómez al “presidente Marco Fidel Suárez de indignidad por haber vendido sus suelos y haber pedido dinero prestado; Suárez fue absuelto el 14 de noviembre de 1925, cuatro años después de la acusación del representante Gómez” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 17). En esto tendrá que ver la carta que enviará Marco Fidel Suárez, el 19 de agosto de 1919, a Estados Unidos, luego de promulgado el Decreto 1255 BIS Sobre Petróleos, que reglamenta la explotación de hidrocarburos y nacionalizaba el subsuelo colombiano, en la premura por recibir los préstamos de la “danza de los millones” escribiría: “Sírvase explicar a los relacionados influyentes que este Gobierno desea el desarrollo y el estímulo del capital extranjero; que el decreto sobre petróleos no afecta derechos adquiridos, que ese decreto está suspendido y que será revocado en el momento oportuno. Que se expedirá legislación más favorable a los intereses comerciales; que la Constitución colombiana garantiza los derechos de los extranjeros y que el Gobierno ha hecho representaciones ante la Legación Americana, prometiendo garantizar dichos derechos. He trabajado, sufrido muchísimo en los esfuerzos hechos por alcanzar la solución de esta materia; por esto sorpréndeme saber atribuyéndoseme designios contrarios a los que inspírame” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 106).
  52. Durante este periodo valga mencionar “El Partido Conservador había logrado hacerse al interregno del período presidencial de Carlos E. Restrepo (1910-1914), quien llegó al poder a nombre de la Unión Republicana en momentos de transición tras el fin de la dictadura del general Rafael Reyes y la Asamblea Constituyente de 1910” (CAJAS SARRIA, 2018).
  53. El fraude electoral, ha sido publicado en 2016 en un artículo de James Robinson: ROBINSON, J. A. (2016) “La miseria en Colombia”. En: Revista Desarrollo y Sociedad, Primer semestre, pp. 9-90. DOI: 10.13043/DYS.76.1.
  54. Al respecto puede leerse una breve biografía en la web oficial del Banco de la República, Rafael Núñez (En: Enciclopedia Banrepcultural, https://enciclopedia.banrepcultural.org/ [visto 2l 27.02.2021]).
  55. Respecto a la promulgación de una nueva constitución, el papel de Núñez es descrito por Melo (1995) en relación a que “declaró la “inexistencia” de la Constitución de 1863 y convocó un Consejo Nacional de Delegatarios, dos por cada estado, nombrados por los gobernantes regionales, pero en realidad seleccionados por el presidente. Los radicales, como grupo derrotado, quedaron sin representación, mientras que los escogidos se repartían por partes iguales entre conservadores e independientes. Este Consejo redactó, principalmente bajo la orientación del filólogo conservador Miguel Antonio Caro, una nueva Constitución que fue sancionada en agosto de 1886. La Constitución aprobada se caracterizaba por la adopción de un sistema de Gobierno rígidamente centralista y autoritario” (MELO, 1995, págs. 60-61).
  56. Una de las discusiones que se presentaban era el llamado de Núñez a que los liberales “reconocieron al mismo tiempo, implícitamente, el derecho de insurrección, puesto que puede entre nosotros hacerse, por medio de la prensa, propaganda inmune de rebelión; el comercio de armas y municiones es libre; los Estados pueden tener ejércitos tan numerosos como lo quieran; el Gobierno no puede hacer la guerra a los sediciosos sin agotar los recursos conciliatorios y sin ley del Congreso, el cual no funciona permanentemente, y los rebeldes deben, además, ser tratados como legítimos beligerantes. A lo expuesto se ha pretendido agregar recientemente la abolición del reclutamiento forzoso, que es como decir –prácticamente hablando- la abolición del ejército” (NÚÑEZ, 1944, pág. 604), este asunto quedo en la Constitución de 1886 consignado en la contemplación de libertad de opinión en los periódicos partidarios regionales, pero no tuvo incidencia en la práctica política, debido al poco margen que les dejaron a los liberales en las carteras gubernamentales.
  57. Las palabras de Núñez pueden leerse a continuación: “deseamos que el liberalismo concurra a las urnas y coopere en la labor legislativa, […] lo invitamos una vez más a hacerlo. Queremos ver a este partido histórico reincorporado a la vida parlamentaria, exponiendo sus tesis de Gobierno, e incluso, formulando críticas al régimen desde el Congreso. Pero no toleramos su táctica oblicua de interferir la política interna del conservatismo, resucitando la disidencia conservadora con el sufragio de liberales que la abstención electoral le deja disponibles con el fin de dividir al partido, desconcertar sus masas y utilizar luego ese hecho en la prensa extranjera como un motivo de desprestigio del partido del Gobierno y de Colombia” (Partido-Conservador, 1967, pág. 25).
  58. La indemnización según las referencias halladas se discutió con extensos debates en el Congreso de Estados Unidos, la posición del presidente Teodoro Roosevelt (1901-1909) quien no pudo ver firmado el Tratado antes de su fallecimiento, se sostuvo en contra de reconocer el intervencionismo norteamericano en la separación de Panamá. Entre la correspondencia diplomática registra una carta en la cual se opone a los avances del Gobierno de William Howard Taft (1909-1913), “La supuesta afrenta ocurrió a principios de 1914 cuando la administración de Wilson negoció un tratado con Colombia bajo el cual los Estado Unidos debían pagar una indemnización de 25 millones de dólares y expresar pesar sobre la revolución y la secesión de Panamá en 1903” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 79). Morales de Gómez (2003) resaltará la agresión provocada a Colombia, en el ínterin de los negociadores norteamericanos: “El Gobierno colombiano, consciente de esta circunstancia, justificó su aceptación diciendo que había frases y hechos que suplían con creces el término rechazado: eran ellas el memorándum de Dubois en 1913, el primer documento que incluía la frase y que había sido redactada por Estados Unidos, y la nota de Thadeus A. Thomson cuando era funcionario del Gobierno demócrata de Wilson. Eso en cuanto a las palabras; en cuanto a los hechos, se citaban los derechos preferenciales que obtenía Colombia y la indemnización de 25 millones de dólares que era una manera indirecta de aceptar que se había injuriado gravemente al pueblo colombiano” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 87).
  59. La carta que dirige Hoffman Philip (Bogotá) al Secretario de Estado (Washington) el 28 de octubre de 1920, contiene las siguientes menciones: “Tengo el honor de informarle que una fuente privada confiable me ha indicado que altos oficiales de una o más compañías petroleras en los Estados Unidos están planeando una visita a Colombia en un futuro cercano, con el propósito de entrar en negociaciones con este Gobierno lo cual puede conducir al otorgamiento de concesiones especiales o al ajuste de las leyes y regulaciones existentes que rigen la producción de petróleo, con el fin de posibilitar a la empresa americana el desarrollo de su industria al máximo rendimiento” […] “En consideración a lo anterior, respetuosamente suplico informar al Departamento acerca de mi convicción sobre la improbabilidad de que algún cambio realmente favorable se lleve a cabo en cuanto a la situación del petróleo mientras esté pendiente nuestra aprobación por parte del Senado del Tratado de Panamá, siendo ésta materia de duda, como lo es hoy en día; y la inutilidad de tratar de obtener tales concesiones del Gobierno colombiano, o una legislación favorable tan definitiva como sea posible a cambio de las seguridades, oficiales o de otro tipo, de que el Tratado será aprobado por los Estados Unidos si tales pasos son dados primero por Colombia” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, págs. 245-246). Es diciente que el ambiente antiimperialista que vivía Colombia era bien sabido e informado en estos oficios diplomáticos: “existe la sospecha y el miedo, sentimientos característicos que los colombianos sienten por los grandes comerciantes extranjeros, y un prejuicio distintivo contra la empresa americana <<per se>>. Esto se evidencia constantemente en la prensa y últimamente con sus ataques implacables contra la United Fruit Company, la Chocó Gold, la Compañía Minera de Platino, el Banco Mercantil Americano de Colombia etc., etc., y por las frecuentes referencias al <<imperialismo americano>> en diversidad de conexiones. Todo esto indica miedo y una falta de confianza hacia los Estados Unidos. […] Aludo a la tendencia de los colombianos a adoptar una actitud hostil hacia cualquier cosa parecida a una empresa capitalista que imaginan que signifique el control de los servicios públicos o ponga en peligro la soberanía nacional. Las referencias periodísticas y políticas a este último peligro son de diaria recurrencia, a tal punto que parece una obsesión nacional. […] De nuevo, refiriéndome a los intereses petroleros, estoy enteramente consciente de que, de todas las compañías americanas que han estado compitiendo entre sí en este campo hasta ahora, la Tropical Oil Company de Barrancabermeja en el río Magdalena es la única que ha comprobado la capacidad petrolífera de estas tierras. Esta compañía (la cual se informa que está controlada por la Standard Oil Company) operará bajo un contrato especial hecho con el Gobierno colombiano antes de que la ley de petróleos fuera promulgada” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, págs. 247-248).
  60. Este análisis da cuenta de la situación de nacionalismo y miopía: “Evidentemente valía más el petróleo que los 25 millones. Pero Colombia necesitaba el dinero aquí y ahora, y esa era su debilidad” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 104), este era el problema real del pueblo colombiano ante el atraso tecnológico de los conocimientos técnicos necesarios requeridos para realizar por sí mismos las excavaciones y extracciones del crudo, poniendo en exportación al precio real del mercado refinado.
  61. La correspondencia que envió el diplomático norteamericano da cuenta de las advertencias en relación a que el “resentimiento de los colombianos era muy profundo y que ni el pueblo ni las autoridades estaban dispuestos a tolerar más ultrajes” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 110). En más: “Philip informaba del resentimiento que la mayor parte de los colombianos sentían por Estados Unidos y aconsejaba a los futuros inversionistas que meditaran muy bien antes de viajar a Bogotá, pues no veía ninguna probabilidad de buenos negocios si el tratado no era aprobado. En fin, que la situación había llegado al punto donde Colombia podía decir: ≪si no hay tratado no hay petróleo≫. Y agrega: ≪no habrá tampoco ninguna clase de negocios≫” (MORALES DE GÓMEZ, 2003, pág. 133).
  62. Dejamos la transcripción del original hallado en la Hemeroteca de la Biblioteca Luis Ángel Arango: “La paz está hoy en manos de los que gobiernan a Colombia y son ellos los que turban, los que rompen la fraternidad y la armonía que debiera reinar entre los miembros todos de la familia colombiana. El orden público existe, porque no se han ido al campo los beligerantes; porque beligerantes no puede haber cuando el uno está armado hasta los dientes y el otro no lleva más en su carcaj que razones. Pero lo que no existe en el orden legal y a él habrá de volverse, si se quiere que esta paz descanse sobre sólidas bases; si se quiere que no sea simplemente artificial. | Estamos los liberales en presencia de un adversario que considera el poder público como su propiedad exclusiva y que, en los muchos años que llevan de gozarlo y de usufructuarlo, se ha rodeado de todos los elementos que le ha sido posible para afianzarse a él. […] Ya que no se apoya al régimen conservador en la opinión de la mayoría, ha tenido que apelar: 1o. Al clero político (¿Cuál otro hay en Colombia?); 2o. Al ejército, ha dejado de ser nacional, para convertirse, quiera que no, en un grupo de hombres armados, cuando llegase el caso, contra una porción de sus conciudadanos; 3o. A la policía, que es otra reunión de hombres con armas, llevadas visibles u ocultamente, con uniforme o sin él, y destinados, a no ser la salvaguardia del orden social, no a ser los protectores del débil contra el fuerte, sino la peor de las amenazas contra quienes no piensen como aquellos que mandan. 4o. Al tren de empleados públicos, que son una incontable legión y en la cual poquísimos conservan su independencia, y que cuando no trabajan descarada o activamente en favor de los candidatos oficiales, al menos les dan su voto, para no perder el puesto; 5o. A los maestros de escuela que están asimilados a empleados del Gobierno y a él sujetos en cuerpo y alma, o porque son de buena fe conservadores, o porque no se atreven a expresar su opinión, cuando es distinta, por temor a las consecuencias. Entregada a esos maestros la instrucción pública, encaminada en primer término a formar prosélitos del Conservatismo, cerrando hasta donde es posible el paso a las ideas de independencia y libertad. Para el caso, las comunidades extranjeras resultan más eficaces que los maestros colombianos: son más realistas que el rey”; 6o. Al ‘rey del mundo’; el que todo lo puede y lo subyuga todo; la fuerza que daña cuanto a su avance tiene y corrompe aun las conciencias, cuando son venales: el Dinero; dinero con mayúscula, porque, para perpetuarse en el mando, si lo tiene este régimen en proporciones mayúsculas: no es sino ponerle a un pedazo de papel la cifra deseada, con una promesa de pago que jamás se cumple, y a un nombre cualquiera: billete, cédula, bono, vale de Tesorería. Esa es nuestra moneda, la ‘moneda evangélica’, que no podía menos que desalojar al otro; 7o. El poder electoral. Regido por una ley que, más que ninguna otra, se hizo para que se quedara escrita; o se escribió para violar en orden cada una de sus disposiciones, así parece – independiente de los otros, no para que trabajara libremente, sino para que se quedaran impunes todos sus atropellos y todas sus [faltas]. Estos son los siete pecados capitales del dominio conservador, a los cuales hay que agregar el haber hecho de la producción y venta de aguardiente una industria oficial, de la que saca riquísimas preventas; no importa que con ella vaya el pueblo derecho al embrutecimiento, pues así es más cómodamente dominable […] No quiero yo tocar de ligero la obra de la Convención Liberal, porque temo que se empequeñezca entre mis manos. Ella lo que hizo fue trazar a grandes líneas el rumbo del liberalismo colombiano para una acción metódica y segura, empezando por dar al Partido, la conciencia de su dignidad, en veces desdeñada. Refrendó al jefe sus poderes, aquellos que, guiado por su buen sentido, le dio el pueblo liberal, y no hizo más que ampliárselos. El partido liberal tiene en él un centinela que no duerme y en quien está puesto a salvo su decoro. Rodearlo a él es acatar la Convención, que le otorgó toda confianza, y que lo hizo en nombre del pueblo liberal” (URIBE URIBE, Tomás. El Tiempo, 2 de mayo de 1922).
  63. En un compilado de breves referencias a los Gobiernos conservadores puede leerse lo siguiente: “Se trajo la misión presidida por el economista Edwin Walter Kemmerer, un ortodoxo en la materia, que sugirió la creación del Banco de la República, el Banco Central Hipotecario, la Contraloría y el saneamiento de las finanzas públicas. Su contribución al desarrollo colombiano es enorme, pese a que no previó los alcances de la crisis mundial que se avecinaba. Por lo que el Gobierno siguió gastando y los particulares endeudándose, dentro de lo que se denominó la prosperidad a debe” (ABELLO PALACIO, 2016)
  64. En una nota de Portafolio, es posible ubicar los siguientes datos, además de fundarse el Banco de la República, “La Misión colaboró en definir las funciones del banco, la composición de su Junta Directiva, sus estatutos, etc. También estableció la necesidad de crear la Superintendencia Bancaria y la Contraloría General de la República” (Portafolio, 2010). El banco se creó el 23 de julio de 1923, con 5 millones aportados por el Estado y 5 millones de aportes de bancos privados.
  65. Véase: “Miguel Abadía Méndez”. En: Eltiempo.com, 26 de abril de 2010. [Visto: 27.11.2018)].
  66. Hallamos en un discurso jurídico la siguiente referencia: “El Gobierno de Abadía Méndez enfrentó el conflicto social como un asunto de orden público que exigía una actuación severa y rápida a fin de evitar que la alianza del comunismo internacional con sediciosos locales lograra destruir las instituciones. El ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, se encargó de difundir a los cuatro vientos la amenaza del comunismo y la subversión del orden, tanto interna como externa, que acechaba al país. La solicitud de Rengifo al Congreso para que se incrementara el pie de fuerza de las autoridades militares y de policía, así como también más herramientas jurídicas ante el riesgo de un gran levantamiento de trabajadores que tendría lugar el primero de mayo de 1927” (CAJAS SARRIA, 2018).
  67. En las conclusiones Cajas Sarria (2018) da cuenta de esta perspectiva del relevo partidario en el Gobierno de Colombia: “La represión del régimen conservador al naciente movimiento obrero y a la protesta social, entre 1926 y 1930 fue canalizada por el partido Liberal, que, de tener una plataforma política propia del Liberalismo clásico decimonónico, recogió las banderas sociales de la izquierda germinal y dio un giro a su agenda política. Los liberales aprovecharon el desgaste de los conservadores, en parte atribuible al manejo de la protesta social, al desastre de la masacre de las bananeras, y a la incapacidad de tramitar las demandas sociales por vías distintas a las medidas de orden público. Así, una de las primeras acciones del Gobierno Liberal de Enrique Olaya Herrera fue reconocer el derecho de asociación sindical e impulsar la ley 83 de 1931. Más adelante, la reforma liberal conducida por el presidente Alfonso López Pumarejo en 1936 reconoció constitucionalmente derechos sociales como el trabajo, la asistencia social, y la función social de la propiedad” (CAJAS SARRIA, 2018, pág. 530).


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