4.1. Mariano Ospina Pérez y la Unión Nacional, 1946-1950
El ‘conservadurismo’ durante el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) puede definirse como la política del ‘derecho represivo’. Las políticas que asumió el conservadurismo luego de 16 años de Gobiernos liberales ponen a Colombia en un régimen autoritario contra la oposición del liberalismo de izquierda, y de sobremanera, con el objetivo de anular las fuerzas revolucionarias socialistas y comunistas[1].
La fórmula política de ‘Unión Nacional’ que planteó Ospina Pérez como estrategia electoral, concentró los intereses de los Partidos tradicionales en el nuevo Gobierno. Mariano Ospina Pérez había ganado unas elecciones con la fortuna de tener al liberalismo dividido en dos posiciones: el pueblo con Gaitán y las cúpulas con Turbay, con lo cual, su triunfo en la Presidencia era predecible.
No obstante, si en las presidenciales el liberalismo fue dividido, seguía siendo mayoría en el Parlamento y en las elecciones regionales. Lo cual dificultó en un comienzo el trabajo del Gobierno conservador, dado que tenía ya en su contra a los liberales que se quedaron en la oposición, y la presión de los conservadores que solicitaban desde las regiones el desarrollo político de sus proyectos legislativos[2].
El consenso de ‘Unión Nacional’ duro poco, se ejerció más la ‘coerción’ en el relevo de la burocracia administrativa que los militantes del liberalismo habían asumido en los últimos Gobiernos. La lucha a muerte inició por los puestos de trabajo que garantizaba el poder político en las regiones, fue esto lo que primero reclamaron los conservadores. Aunque también el poder político era ejercido por la Fuerza Pública, que incursionó en allanamientos a las casas de los liberales[3].
La causa de la represión puede traerse de un fragmento previó. Durante las elecciones locales de 1939, con Eduardo Santos a la presidencia, se había presentado una confrontación armada en el Municipio de Gacheta[4], departamento de Cundinamarca, acusando a liberales de haber tiroteado una sede de los conservadores. Laureano Gómez, agitó a sus bases desde la curul en el Congreso, hasta el extremo de ordenarles armarse contra los liberales[5].
El Gobierno de Ospina Pérez se enfrentó a los ánimos sostenidos tanto en el Congreso como en las calles, fue una lucha a muerte por el control total del poder político y por el control de los territorios. La táctica electoral de ‘Unión Nacional’ tuvo en la práctica que negociar permanentes acuerdos políticos con el liberalismo, ofreciéndoles carteras ministeriales para mantener la balanza de poder, con cada aceptación de los liberales, sobre estas prebendas, sus líderes locales se veían claramente cuestionados por la violencia que ascendía en los pueblos.
El liberalismo superpuso la condena por el asesinato de Gaitán, al propiciar la aceptación de participar en el Gobierno de Ospina Pérez. Con esta acción, el oficialismo liberal pretendió garantizar que no se prolongará una salida insurreccional en Colombia. Nombrando a Darío Echandía en el ministerio de Gobierno, se aseguraron de aproximar a los partidarios de Alfonso López, y, en parte, a los allegados de Gaitán.
El hecho de volver a un Gobierno de ‘Unión Nacional’ tuvo múltiples efectos. Ante un pueblo en las calles reclamando a su líder popular, el Partido Liberal quedó bajo la dirección de Carlos Lleras Restrepo[6], representante de los sectores económicos con mayor auge en la década: los exportadores de café y los industriales.
Las cúpulas de los Partidos tradicionales pactaron el mantenimiento del orden establecido, en contra de un pueblo enardecido en armas. El pueblo no volvería a creer de la misma forma en otro líder político, siendo llevado a la forzosa condición de crear ‘movimientos guerrilleros’[7] para sobrevivir y para hacer frente a la violencia en los territorios.
Con este clima gobernó Ospina Pérez, manejando el consenso y la coerción en un equilibrio que le permitió utilizar todas las audacias a su alcance. Revisamos su obra como una manera de comprender al político, a la vez, nos fijamos en la bibliografía que da cuenta del obrar de su Gobierno.
Mariano Ospina Pérez, obras y pensamiento
Profundizar en el perfil de Mariano Ospina Pérez[8], es revisar en sus obras, el pensamiento consignado en la compilación de sus discursos y de su trabajo político, tanto en los cargos públicos como el que desempeñó en la Federación de Cafeteros. Con su obra, es posible hacer un perfil político del que fuera el presidente de la ruptura del consenso político de las clases dominantes en Colombia, quien parte la historia del país hacia un interminable ciclo de violencias.
A partir de los cargos que ocupó de Senador y ministro de Obras públicas[9], formuló el proyecto de “creación del Consejo Nacional de Ferrocarriles” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. VI) y su preocupación se centró en el diseño de un “plan de vías de comunicación” (Ibid.). Revisamos la obra con título Economía Industrial y Administración, una versión previa de lo que sería una forma de gobernar el Estado, como una gran industria de locomotoras. El arraigo que esta obra tuvo en la Escuela de Minas de Medellín es parte del desarrollo del taylorismo en los estudios sobre la productividad y el trabajo en Colombia[10].
Opina Pérez inició su estudio económico con la obra de Adam Smith, La riqueza de las naciones, premisa desde la cual expone los elementos de la riqueza: “la naturaleza, el trabajo y el capital”. Agregó a estos la necesidad de la ‘administración’ de tales recursos desde la perspectiva de la “economía industrial”[11], sintetizando la historia de la industria. La etapa de ‘aparición de la fábrica’, la define como la
agrupación en un mismo lugar de masas obreras cada día más considerables; sistematización y reglamentación del trabajo de los obreros; concentración de los capitales, por las exigencias de ella, todo lo cual ha hecho que a este sistema lo designen los socialistas con el nombre de régimen capitalista (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 16).
En las tendencias de la industria moderna resalta dos características: “la competencia y el esfuerzo hacia la eficiencia” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 22). Con lo cual comienza una especie de tratado de administración, en términos de describir las formas organizativas de las empresas responsables de llevar adelante el desarrollo industrial. Su fijación en el organigrama se traspasa a la descripción detallada de cada uno de los cargos altos, medios y bajos de lo que denomina un “estado mayor”[12]. La preocupación por las tareas que definen a cada uno de los trabajadores de una fábrica o cadena de producción, lo llevan a precisar el “manejo científico del trabajo”, luego de haber determinado los sistemas salariales[13] según la cualificación de cada trabajador.
Respecto al planteamiento liberal de la eficiencia, Ospina Pérez (1936) plantea que tal teoría en la práctica no se logra. Puede notarse su propia posición frente a los planteamientos económicos y políticos, en términos del balance de la oferta y la demanda de los productos ofrecidos por una cadena de producción. Le resulta conveniente el mejoramiento, tanto de las condiciones de vida de los trabajadores que puedan comprar los productos manteniendo un ciclo fluido de consumo, como de la especialidad técnica que permita la vinculación de más trabajadores calificados en la producción.
Sí bien reconoce la lucha de clases y los argumentos de la distribución de la riqueza, pone en duda que tal proceder equitativo promueva mayores niveles de acumulación de capital[14]. Cuestiona que una mejor cualificación de los trabajadores posibilite la contratación de un gran número de trabajadores no calificados. Así refiere la crítica que los socialistas hicieron al sistema capitalista de producción a gran escala,
Para los socialistas, encastillados en sus tesis de la plusvalía y de la explotación del trabajador, la tendencia a la producción en gran escala es explicable muy sencillamente por el deseo del empresario de tener bajo su control un número cada vez mayor de trabajadores, que le dejan una utilidad que crece en proporción (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 210).
En la situación de acumulación de capital no encuentra problema alguno, reconociendo precisamente el papel del capitalista y del trabajador. El análisis será de otro tono en la crisis de superproducción, según sus teorías económicas y la realidad de la industria colombiana, parte de una premisa,
es evidente que las llamadas crisis de superproducción son más que todo crisis de subconsumo, pues al mismo tiempo que se abarrotan las fábricas con los productos que no pueden vender, millones de personas en el mundo entero carecen de esos mismos productos (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 122).
Una cuestión que para el materialismo histórico es clara, las contradicciones del sistema capitalista llegan a destruirlo o ponerlo en crisis cada vez que la capacidad de producción aumente y disminuya la demanda. Desde la lógica del joven conservador, esta operación aparece en la forma en que “el deseo de consumir [deja de estar] acompañado de la posibilidad de comprar” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 11).
Entendiendo que es la desigualdad económica lo que frena la cadena de producción en la comercialización y el consumo. Más exactos, es la plusvalía que acumulan los capitalistas con el usufructo de una parte del salario de los trabajadores, lo que limita la posibilidad de consumo de los mismos trabajadores que dinamizan la circulación de las mercancías.
Según Ospina Pérez (1936) la salida del pensamiento conservador frente a la contradicción del sistema capitalista busca en la escuela del manejo científico las condiciones para hacer que los obreros cooperen con los capitalistas en el proceso de industrialización y automatización de la cadena de producción. Sin evidenciar, que los resultados de tal proceso serán la consecuente pérdida de trabajo para los obreros menos calificados y la acumulación de mayores ganancias para los dueños del capital[15].
No obstante, se argumente que dicho manejo científico de la economía logre mejores ingresos a un mayor número de trabajadores, estaríamos en proporciones de un sistema económico planificado de corte socialista, el cual no era precisamente el que buscaban los conservadores en Colombia.
Pasado el análisis de las crisis, detalla las formas de organización económicas, en términos de propiedad individual, colectiva o cooperativa, anónima o en forma de monopolios “trust, cartells, pools y corners” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 123), con lo cual se permite realizar el análisis de los ‘costos de producción’ en cada una de estas formas organizativas, al estilo de El Capital, podría decirse en una clave de lectura económica del proceso de producción, va a describir los recursos físicos y la maquinaria que necesita un sistema de producción.
La preocupación por la concentración industrial y la producción a gran escala, lo lleva a revisar en el sistema de producción agrario del café, la concentración de plantaciones según el departamento y el número de accionistas por cada cafetal[16]. De esta manera a partir de la sistematización evidencia que, en 1934, la producción agraria del café en Colombia tenía un alto nivel de accionistas minoritarios, era predominante el porcentaje (67,0%) de aquellos empresarios que tenían entre 1 a 10 acciones, frente a un mínimo (0,5%) de los que poseían de 2.000 a 5.000 acciones[17]. Sí bien, reconoce las ventajas de reducción de costos a mayor producción, beneficio que trae la industria a gran escala, deja visible su preocupación por la concentración de los capitales (capitalistas) que pueden acceder a tales dimensiones.
Finalmente, Ospina Pérez se aproxima al estudio de la administración de ferrocarriles, asunto del cual estaba a cargo desde el ministerio de Obras Públicas en el Gobierno de su tío, Pedro Nel Ospina (1922-1926). El análisis pasa entonces desde la aprobación del proyecto, la obra de construcción de la línea férrea o su ampliación, hasta la entrada en funcionamiento. Esta forma de operación de las empresas de ferrocarriles será uno de los modelos de funcionamiento que adapta a la organización del Estado colombiano, en cuanto, a comprender los niveles de cargos y jerarquías de la misma manera que comprendió como poner a andar las locomotoras en los rieles del país.
Finalizado su libro de introducción a la economía, revisamos sus obras políticas, compiladas a partir de los discursos oficiales que pronunció en su carrera. Estos fragmentos dan cuenta del entusiasmo que Mariano Ospina Pérez podría tener al hacer rodar los trenes de la economía nacional. Según el balance oficial de su Gobierno del año 1947, dado en la alocución presidencial del 1° de enero de 1948, pueden resaltarse los siguientes aspectos de su visión de Gobierno, el programa económico lo sintetiza como
¡convertid al país en una gran empresa de producción! [… y agrega que precisamente…] en el año 1947 […] los medios de pago han logrado una mayor estabilidad y el crédito ha experimentado un mayor crecimiento, dirigido especialmente hacia las actividades agrícolas, industriales y comerciales (OSPINA PÉREZ, 1950, págs. 12-13).
En lenguaje neutral y positivo detalla cómo podría analizarse su Gobierno a partir del Plan Legislativo presentado al Congreso, entendido como el programa en que plasma las decisiones en el “orden fiscal, financiero y administrativo” (OSPINA PÉREZ, 1950, pág. 17) o en materia de “política internacional” resaltando su dirección hacia “la fórmula más avanzada de la democracia” (Ibid.). Con lo cual, arremete que su Gobierno no se encasilla en el ‘régimen de Partido’, diferenciándolo de su predecesor Alfonso López Pumarejo, quien había debatido en la opinión nacional el hecho de hacer de su presidencia un Gobierno liberal.
Respecto a la violencia política, señala como la causa principal, la venganza puesta en las pasiones políticas de los últimos Gobiernos: “la violencia no es un problema actual ni ha surgido únicamente bajo la presente Administración, sino que viene de mucho tiempo atrás ensombreciendo el destino de nuestra democracia” (OSPINA PÉREZ, 1950, pág. 21).
Con estas palabras, inicia la compilación de escritos que transcriben las alocuciones presidenciales de Mariano Ospina Pérez en su vida diplomática, intervenciones en el Congreso, proclamas dirigidas hacia las Fuerzas Armadas, y asuntos de la vida económica, política y social por la que atravesó el país en el año 1948. Se destacan las intervenciones del 11 de abril de 1948, sobre los hechos del 9 de abril, en la controversia de los partidos tradicionales desatada tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en la cual da cuenta de sus condolencias.
El aparte titulado “Dos Estados de Sitio”[18] con el cual finaliza la compilación, refiere a los decretos presidenciales expedidos en 1948, con los cuales se declaró por cortos periodos y en determinados departamentos el Estado de Sitio, confiriendo facultades a civiles y militares del Gobierno para proceder militarmente ante la turbación del orden público. La ‘fórmula política’ del conservadurismo tuvo esta marca en lo corrido del siglo XX hasta la actualidad, el uso de los decretos vía presidencialismo para restringir la libertad de la ciudadanía y ejercer el uso de la fuerza del Estado.
La tesis de la ‘hegemonía conservadora’
La ‘hegemonía conservadora’ surgió en la ruptura de la Unión Nacional en 1948, tras la decisión del Partido Liberal de abandonar todas las carteras del Gobierno, ordenando a sus partidarios a renunciar a los cargos asumidos, exceptuando las responsabilidades en la Conferencia Panamericana. La obra de Jaramillo Ocampo (1980), describe algunos de los hechos, un relato personal sobre el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950), siendo primero secretario de Asuntos Económicos y Sociales, y luego ministro de Hacienda.
El primer asunto abordado serán los debates entre el sistema presidencialista y el sistema parlamentario, en cuanto al dilema de los conservadores de haber ganado la presidencia con las minorías en el Congreso[19]. La situación levantaba a los próceres de sus tumbas. Gilberto Álzate Avendaño[20] desde el atril conservador, invocó el presidencialismo legado por Simón Bolívar, la denominada ‘Ley Bolivariana’ era la solución que necesitaba Ospina Pérez para poner el poder ejecutivo contra el poder legislativo en manos del liberalismo.
El parlamentarismo se sustentó desde la bancada del liberalismo que defendió su posicionamiento político para desaprobar el Plan de Gobierno o el Presupuesto General que pretendió pasar el presidente por el Congreso. La solución propuesta por Álzate Avendaño, conllevó a una estrategia política, desde entonces arraigada en el conservadurismo colombiano, los decretos pasaron a ser la constante de las decisiones del ejecutivo, las leyes que no tuvieron consenso político se decretaron con una firma presidencial.
Las votaciones desde 1930 habían favorecido al liberalismo, era lógico que las mayorías parlamentarias aún le pertenecieran, teniendo en cuenta que en la misma elección presidencial habían sido mayoría, aunque divididos en las candidaturas de Gaitán y Turbay[21]. De esto resultó la necesidad de poner en práctica el discurso de la campaña presidencial de Unión Nacional, dando participación en el gabinete conservador a integrantes del Partido Liberal[22].
Los acuerdos de la Unión Nacional fueron conducidos por Jorge Eliécer Gaitán, nombrado presidente del Partido Liberal, y por Laureano Gómez y Urdaneta Arbeláez, en representación del Partido Conservador. La contradicción del llamado de Unión Nacional, en la distribución de la burocracia administrativa del Estado, estaba en el trabajo político del caudillo del pueblo al denunciar desde el atril del Congreso al Gobierno de Ospina Pérez.
Gaitán, quien en primer momento ordenó la no participación de los militantes liberales en el Gobierno, en 1947 reversó su posición, para permitir el ingreso en algunos ministerios. Sí, por un lado, su rol de líder de oposición contra el Gobierno conservador se fortaleció por su figuración en el Partido, esta misma se desacreditaba por sus álgidos discursos contra el Gobierno, teniendo al propio Partido Liberal inserto en el gabinete[23].
El debate de los “gases lacrimógenos”[24], como se conoció a las denuncias que realizó Gaitán en el Senado en 1947, contra la compra de un armamento por parte del Gobierno colombiano a los Estados Unidos para reprimir la protesta social. Fue un juicio de responsabilidad política llevado adelante en el Congreso contra el presidente. El cual no tuvo recepción en las bancadas parlamentarias, Gaitán había sido combatido desde las dos orillas, ni los mismos liberales le apoyaron.
El problema real con el cual argumentó la bancada conservadora fue que el Departamento Nacional de Provisiones del Estado colombiano, había tramitado la compra de los ‘gases lacrimógenos’ estando en la presidencia Alberto Lleras Camargo, a partir de las protestas que acontecieron en Bogotá el 31 de octubre de 1946[25]. No solo se desacreditaron las denuncias, sino se evidenció que ser parte negociante y denunciante del Gobierno generaba contradicciones en la cúpula del poder.
La Unión Nacional sufrió serias diferencias, los conservadores atacaron a Gaitán en términos de estar incumpliendo los acuerdos de una participación conjunta en las decisiones. De la misma manera argumentaron los conservadores, que el documento que expuso Gaitán en el Congreso como “Memorial de Agravios”, iba en contra de las decisiones de unidad entre los dos partidos. Al respecto diría el entonces ministro de Hacienda que “no era posible, […] jugar a una oposición franca y excesiva y al mismo tiempo reclamar el usufructo de la mitad del poder” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 80).
Luego de denunciar en el Congreso el hostigamiento de los conservadores a la población en los territorios, el propio Gaitán convocó la “Manifestación del Silencio”. Impávido el Gobierno, elogió a sus opositores por la contundencia en la convocatoria y la disciplina que demostraron las masas[26]. El “Memorial de agravios” [27] contra Ospina logró poner de tajo una solicitud política para frenar la violencia desatada, pasado el tiempo, la respuesta del entonces presidente fue recordar los hechos de violencia que se habían presentado una vez tomado el poder por los liberales en 1930[28].
La caracterización de Jaramillo Ocampo (1980) sobre Jorge Eliécer Gaitán, fue de respeto y admiración ante el manejo y conocimiento que expresaba de su pueblo. Sin embargo, dadas las conclusiones a las que llegó en el final de su libro, respecto al compromiso que significa ejercer como militante en la izquierda de Colombia y con el conocimiento teórico que sustenta respecto al socialismo; su apreciación está en la sintonía de una de las críticas más severas al caudillo popular, ponerlo precisamente en la ideología opuesta a su trayectoria, esto es, considerarlo de derecha por la incapacidad de comprensión de lo que significa ser de izquierda[29].
Esta crítica si bien es escrita a posteriori de los hechos de su magnicidio, contiene en el pensamiento conservador una bisagra, precisamente la del populismo fascista que tanto le señaló la izquierda comunista a Gaitán[30]. El ‘populismo de izquierda’ conocido en Argentina o Brasil, con Juan Domingo Perón y Getúlio Vargas, respectivamente, también fue cuestionado desde diferentes posiciones con semejanzas al manejo de masas practicado por el fascismo. Sin embargo, a Gaitán le fue frustrado su proyecto, no pudo demostrar en vida sus propias tesis de hacer realidad su ideario socialista.
Con la caracterización que los conservadores hicieron de Jorge Eliécer Gaitán, es lógico que un cúmulo de argumentos se presentaron para denegar su participación en la Conferencia Panamericana, no obstante, uno de estos consignado por Jaramillo Ocampo (1980) hace referencia a la posición del ministro de Relaciones Exteriores, Domingo Esguerra, quien dijo entonces que “no había incluido al Dr. Jorge Eliécer Gaitán en la nómina de delegados a la Conferencia, pues se trataba de una Asamblea especializada en materias internacionales y el Dr. Gaitán era un penalista” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 89). Argumento totalmente salido de la situación, puesto que la ‘nómina de invitados’[31] adolecía precisamente de atributos internacionalistas, en su lugar, Gaitán había ejercido de mediador ante los conflictos por los límites fronterizos con el Perú[32].
Si bien estas discusiones se extendieron hasta el mes de abril de 1948, ya en febrero la Convención Liberal en pleno había resuelto salirse de la ‘Unión Nacional’, al ordenar “el retiro de los ministros, se colocaba al liberalismo en la oposición, con la única salvedad de que sus miembros podrían aceptar la delegación en la Conferencia Panamericana” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 92). El debate en la prensa nacional había llegado a una intencionada agitación de los ánimos de los electores, los fragmentos que el autor toma del diario conservador El Siglo, así lo manifiestan,
El mundo no detendrá su marcha por lo ocurrido, ni el ritmo de la nación tendrá por qué alterarse. A este respecto se equivocan gratuitamente quienes están acariciando la idea de que al Gobierno se le podrá amenazar, o la tranquilidad podrá ser alterada con asonadas o disturbios populacheros que traten de fomentar los promotores de la ruptura. Ni mano de hierro con los que quieran ejercer libremente los derechos de oposición, ni temblorosa tampoco para aplicar la represión donde sea necesario, cuando se atente contra las prerrogativas nacionales y la guardia de la paz pública (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 93)
En estos pronunciamientos es claro que el carácter represivo ante la movilización social de un liberalismo en oposición ya estaba dirigido desde los órganos de difusión de la ideología conservadora. Por su parte, en el nuevo Gabinete se festejaba la anhelada ‘hegemonía conservadora’, ocupando todas las carteras del Gobierno del presidente Ospina Pérez[33]. El magnicidio político con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, fue anunciado por el conservadurismo como una “trágica muerte […] una frustración amarga e injusta para un pueblo que le había señalado a su caudillo una meta inmediata: la Presidencia de la República” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 99).
En adelante la preocupación de los conservadores estaría en la nueva composición que debería tener el Gobierno y la vuelta a la calma de un pueblo enardecido por el asesinato de su caudillo. Ospina Pérez había ofrecido una salida a las revueltas conformando un Gabinete Militar, no obstante, fueron los mismos militares quienes se negaron a tal posibilidad[34]. Entonces, la decisión pasaba por otorgarle el ministerio de Gobierno a los liberales, asignando a Darío Echandía[35].
El 10 de abril fue nombrada la composición del nuevo gabinete[36], siendo responsable de llevar adelante las medidas del Decreto 1239 de 1948, “por el cual se declara turbado el orden público y en Estado de Sitio todo el territorio de la República” (Decreto 1239, 1948). La reacción inmediata del Gobierno conservador fue responsabilizar de la sublevación del pueblo a los comunistas con ayuda internacional[37], su preocupación por restaurar el orden le llevó a ejercer toda la fuerza represiva contra un pueblo en luto.
La neutralización de la rebelión se completó con cierta atención a la política social, la cual estuvo tendiente a “impulsar reformas que contribuyesen en forma efectiva y eficaz al mejoramiento del ingreso y del bienestar de las clases menos favorecidas” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 166). De esta manera se sumaba a la reglamentada Ley 85 de 1946 que permitía la “emisión de Bonos del Instituto de Crédito Territorial [… para la…] financiación de los programas de vivienda” (LEY 85, 1946); el Decreto 1483 del 11 de mayo de 1948 “por el cual se creó el Instituto de Parcelaciones, Colonización y Defensa Forestal” (Decreto 1483, 1948), el cual ‘incentivó’ el trabajo rural, exigiendo el máximo rendimiento en las tierras aún no cultivadas.
Este último Decreto generó extensas discusiones respecto a la reforma agraria, ya regulada con serias dificultades por las mayorías liberales en los debates que impulsó Alfonso López Pumarejo, con el proyecto de la Ley 200 de 1936 “sobre el régimen de tierras” (LEY 200, 1936). Era sabido por el ministro de Hacienda de Ospina Pérez, la reticencia que el tema generaba, en términos de lo que traducía la parcelación de tierras, que en muchos casos podría entenderse como ‘expropiación de tierras’[38] improductivas o adjudicación de baldíos.
El conflicto con el bloque de comerciantes se agudizó con el proteccionismo a las importaciones, ligado a la implementación del Decreto que ordenó la productividad en la agricultura. El caso de los cultivos de algodón necesarios para abastecer la industria textil es uno de los exponentes para visualizar las contradicciones en el bloque hegemónico liberal. La Ley 90 de 1948, fijó “la unidad monetaria y moneda de cuenta nacional” (LEY 90, 1948), estableciendo un ‘impuesto de giros’ a toda actividad comercial que implicaba el pago de dinero de Colombia a cuentas en el exterior, esto previamente consultado con “la Junta de la Oficina de Control de Cambios, Importaciones y Exportaciones” y con una “Comisión Interparlamentaria Especial” creada para resolver los asuntos en discordia.
En específico el Art. 24[39], fijaba los precios de los productos agrícolas y materias primas para la industria nacional, además condicionaba los términos de las licencias de importación de tales productos. Los textileros de Antioquia, denunciaron en el Congreso sus pérdidas frente al incremento de los precios del algodón importado, aduciendo menor calidad que el producido en Colombia. No obstante, la Ley entró en vigor y tuvieron que asumir los costos de la contradicción entre mejorar las condiciones de vida de los trabajadores del campo o seguir comprando materias primas importadas, asumiendo las pérdidas que esto genero a los industriales textileros.
Lo anterior generó una discusión adicional con el Decreto 1952 de 1948 respecto al “Fondo de Estabilización” (Decreto 1952, 1948), en el cual se formulaban los términos de la política monetaria frente a una desfavorable balanza de pagos propiciada por la devaluación del peso colombiano luego del magnicidio de Gaitán. Como solución se creó el ‘impuesto de timbre’ para hacer frente al proceso inflacionario, proveniente de la posibilidad de disminución de divisas por la fuga de capitales o la restricción a la compra[40].
La redacción del Decreto 1952 estuvo asesorada por el Comité de Asuntos Económicos, quienes hicieron el estudio de la situación cambiaria en los términos de balanza comercial y de pagos. Fue aceptada la “creación del impuesto de giros”, pero se rechazó la “modificación del tipo de cambio que estaba congelado al 175%”, la cual se había fijado en 1936 tras la firma del “convenio comercial entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América” [41] aprobado por la Ley 74 de 1936 (LEY 74, 1936). En lo concreto, el Decreto 1952, derogaba el Convenio de 1936, infiriendo que “EE. UU. aceptó la derogación del convenio porque no le convenían los términos de Colombia en el GATT”[42].
Otra medida económica que definió el Gobierno de Ospina Pérez fue la promulgación de una Reforma Aduanera, regulada por el Decreto 3848 de 1949, por medio del cual la Oficina de Revisión del Arancel Aduanero junto a la Junta Nacional de Aduanas, presentaron “una nueva Tarifa de Aduanas con el objeto de ajustar los gravámenes actuales a la depreciación sufrida por el peso colombiano desde el 14 de mayo de 1931” (Decreto 3848, 1949).
Al momento del desembarco o aterrizaje de mercancías extranjeras al territorio colombiano, la oficina de control establecería el monto del gravamen que deberían pagar al Estado colombiano los importadores, esto permitió al régimen aduanero hacerse de una parte del dinero que habían negado en el Convenio Comercial de 1936 (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, págs. 187-188).
Los acuerdos del Gobierno de Ospina Pérez en materia de política de importaciones y tipo de cambio dan cuenta de cómo se afrontaron las crisis de inflación y devaluación de la moneda colombiana durante la primera mitad del siglo XX. A la par de la crisis de violencia que se vivía en las regiones, el Gobierno necesito hacer frente a los asuntos monetarios en donde se estaba definiendo la composición del nuevo ‘sistema monetario internacional’ y la economía de Colombia entraba en un nuevo lineamiento de liberalismo económico, este fenómeno se ha denominado como de “inestabilidad política y estabilidad económica” (DURAN, 2008, pág. 81), poniendo como regla el hecho de mantener estándares económicos adecuados, aún la adversidad política e incremento de violencia en los territorios.
Estos asuntos interfieren en la vida económica y en todas las dimensiones sociales, con mayor padecimiento en las clases de los subalternos. En las esferas de las clases dominantes sería un tema central, especialmente en el bloque hegemónico perteneciente al comercio exterior, el caso de la burguesía cafetera[43] tendría muchos intereses en términos de las medidas que previeran la devaluación del peso colombiano. Además, iniciaba la situación de modificar el sistema cambiario de pesos a la equivalencia oro-dólar según los lineamientos surgidos en la Conferencia de Breton Woods en 1944, en la cual fueron creados el Fondo Monetario Internacional[44] y el Banco Mundial.
En el archivo de la Junta Directiva del Banco de la República[45] puede seguirse que las recomendaciones de Breton Woods tuvieron un largo trámite en la legislación colombiana. Los temas de estudio del ‘Fondo Internacional de Estabilización’ como se denominó el tema, serían consultados por Alfonso López Pumarejo a finales de 1945, con motivo de “revisar la reglamentación vigente sobre Control de Cambios”[46], asunto pospuesto argumentando que la legislación colombiana debía discutir estos temas en el Congreso.
Su aprobación final, esta consignada en la extensa Ley 96 de 1945, la cual contiene XX artículos con sesiones y cuadros que finalmente decretan “la adhesión de Colombia al Convenio que crea el Fondo Monetario Internacional” (Ley 96, 1945) firmado el 24 de diciembre de 1945, durante la presidencia interina de Alberto Lleras Camargo.
En 1947 se había expuesto en la Junta del Banco de la República, que el FMI entró en funcionamiento en marzo y solicitó adecuar los documentos necesarios para la solicitud de préstamos por parte del Estado colombiano[47]. Sin embargo, sólo hasta el 29 de octubre de 1948 volvió a mencionarse la cuestión referente a las recomendaciones de la Conferencia, atendiendo al Sr. Emilio Toro, colombiano director ejecutivo del Banco Mundial, quien expuso a la Junta Directiva del Banco de la República las “posibilidades de consecución de créditos externos”[48].
La discusión que se libró en 1949 fue respecto al papel de los países productores de ‘oro’ y las pérdidas ocasionadas por la fijación de un precio internacional en detrimento del valor que otras mercancías de intercambio comercial tuvieron en el mercado. Al respecto, la Junta Directiva del Banco de la República dispuso que debía seguir rigiendo el monopolio de compra y venta del oro colombiano, según la legislación que otorgaba al Banco de la República la regulación de su precio[49].
La Ley 90 de 1948 había dado el legítimo monopolio cambiario al Banco, de esta manera el Art. 4, establecía que “las monedas extranjeras o los giros representativos de éstas, deberán ser cambiados en el Banco de la República”, en sus literales aclaró que el “valor a la par de la moneda de cada participante se expresará en términos de oro como denominador común, o en términos de dólar de los Estados Unidos de América del peso y ley vigentes el 1º de julio de 1944” (Ley 90, 1948), es decir tal como fue acordado en el Acuerdo de Breton Woods.
Un año más tarde, se firmó la Ley 76 de 1946, en el artículo 5 quedó establecido que: “El Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento gozarán en Colombia del estatus, inmunidades y privilegios previstos en los Acuerdos Internacionales que les dieron origen” (Ley 76, 1946). El régimen jurídico a los cambios monetarios siguió en discusión. El 16 de diciembre de 1948 se acordó en la Ley 90 como considerarse “la unidad monetaria y moneda de cuenta nacional”. Había sido modificado el contenido inicial, el peso colombiano ya no era lo consignado[50], sino que podía ser su equivalente en dólares.
Regresando al debate político que propiciaron las investigaciones respecto al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en la perspectiva de los conservadores. Desde Madrid, Laureano Gómez causó un incendio mediático, al decir que “Gaitán era el más destacado elemento del ala extremista del Partido Liberal. Jugaba esa carta y así pagó sus errores y aspiraciones a la Presidencia de la República” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 220). En medio del duelo de los liberales, atizaba las cenizas del Bogotazo. En respuesta a estas publicaciones la Dirección Nacional Liberal haría público el siguiente comunicado,
La Dirección rechaza a nombre del Partido Liberal la última y monstruosa calumnia con que en vano pretende manchar la memoria de su jefe sacrificado y rechaza igualmente la sospechosa maniobra que el señor Gómez, que adelantándose a los resultados de la investigación de dicho asesinato prejuzga en relación con los autores del mismo [cursiva propia] (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 221).
En adelante, los servicios de inteligencia de Estados Unidos se dedicaron a compilar versiones que comprometieran a Gaitán con la financiación del comunismo para su accionar político[51]. Ese fue el propósito de George Catlett Marshall desde la proposición de la agenda de la Conferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), poner a los países de América Latina en contra del ideario comunista[52].
Por su parte Gilberto Vieira, secretario del Partido Comunista de Colombia, entregó un informe sobre los hechos del 9 de abril al “XII Pleno del Comité Central del Partido” reunido en el mes de noviembre de 1948, en el cual respondería a los señalamientos,
Todo indica que la monstruosa calumnia, la provocación inicua, según la cual los comunistas habían asesinado a Gaitán, fue previamente planeada por los autores intelectuales del crimen, entre los cuales figuran en primer término los espías del Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos (VIEIRA, 1973, pág. 38).
El análisis que realizó Gilberto Vieira del Gobierno de Ospina Pérez fue muy distinto al de los analistas económicos. Contrario a un desempeño satisfactorio puso en cuestión la pérdida de soberanía nacional que se estaba firmando con los préstamos del nuevo Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, a la par, que reclamaba la usurpación de los recursos naturales con la extracción del petróleo por la multinacional Tropical Oil Company, la cual operó hasta 1948[53].
El asesinato de Gaitán tenía un culpable para los dos Partidos dominantes, según el complot que aún los vincula, a Gaitán lo había matado el ‘comunismo internacional’. Por tanto, ellos podían seguir gobernando en su fórmula de Unión Nacional. Es por esto qué, el gabinete del Gobierno de Ospina Pérez se repartió entre liberales y conservadores, al igual que la dirección del Poder Legislativo,
El segundo semestre de 1948 se inicia en un ambiente de claro entendimiento entre los dos Partidos y de una colaboración sincera del Congreso con el Ejecutivo. El Senado integra su Mesa Directiva así: Carlos Lleras Restrepo, presidente y Guillermo León Valencia, vicepresidente. En la Cámara se elige al Dr. Gustavo Romero Hernández como presidente y a Augusto Ramírez como vicepresidente (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 242)
Asumida la presidencia del Congreso, Carlos Lleras Restrepo renunció a ser miembro de la Dirección Liberal, teniendo discusiones previas con sus copartidarios “Francisco de J. Chaux y Parmenio Cárdenas” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 242).
El trabajo legislativo del conservadurismo[54] continuó sobre la agenda económica y política que bien tuvo discusiones que comprendían tanto a los liberales juzgados por el ‘Estado de sitio’[55] en 1944, como a los conservadores que actuaron bajo la misma figura en 1948. Las amnistías e indultos por la violación de derechos humanos que causó el extremo uso de la Fuerza Pública, fue un saludo de manos, como saldando las responsabilidades en las cuentas.
El análisis de la situación política y económica desde 1948 hasta las nuevas elecciones presidenciales en 1949, tendría la tensión de definir el partido que se quedó con el Poder Ejecutivo. Los conservadores qué aún no habían logrado el control total de los bastiones regionales, comenzaron con generar discordias por los puestos burocráticos que llevaron hasta la confrontación armada[56]. De esta manera se inició la tradición de solucionar vía salida militar los conflictos políticos, siendo el detonador más frecuente la revancha por la burocracia estatal regional.
La situación interna del liberalismo en 1949 era de hacerse escuchar en los atriles de las alcaldías y gobernaciones que aún tenía su partido para posicionar la candidatura de Darío Echandía. Más cuando el Partido Conservador iniciaba una campaña de atacar con los mismos medios de violencia con los que se había tomado el poder burocrático el Partido Liberal en 1930[57].
La violencia como práctica política, inició una carrera prolongada en el territorio colombiano, el asesinato de Gaitán agudizó los ánimos de la confrontación. No sólo era un asunto de burocracias bipartidistas confrontadas, propiamente los elementos de organización de las izquierdas se vieron enfrascados en el alzamiento en armas sin dirección, hasta la formación de cuadros político-militares que orientaran a las guerrillas rurales y urbanas de las próximas décadas.
La tesis de un “sistema hegemónico” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 282) constituido entre 1930 y 1958, caracterizado por un “sectarismo de Gobierno partidista”, es uno de los principales argumentos respecto a la “causa determinante de la violencia en las luchas políticas” en Colombia, durante la primera mitad del siglo XX. Controvertimos con el término, en cuanto que no se conformó un sistema, sino un bloque hegemónico liberal y un bloque hegemónico conservador que pactaron la alternación de la administración del Estado durante el Frente Nacional.
Se había considerado hasta 1949 que el bipartidismo colombiano podría gobernar en el plano de ejercer el poder y hacer la oposición, caracterizando a los conservadores en la derecha y a los liberales en la izquierda, confluía una dinámica en los medios de comunicación y en las instancias de poder jurídico, respecto a que uno u otro partido tendrían el mando, y según sus ‘ideólogos’, esto era lo que convenía a la República.
A partir de este año, el pacto del consociacionalismo tendría que hacerse más claro, es decir, el Partido Conservador luchó por el poder absoluto del Estado con la cabeza de Laureano Gómez, y los alfiles liberales. Entre estos, Alberto Lleras Camargo combatió para que el Partido Liberal no perdiera su posicionamiento en la arena de la política.
Sin embargo, el temor de los Partidos tradicionales sería la incidencia que podrían llegar a tener nuevos partidos de izquierda en las simpatías de las mayorías de los electores[58]. El liberalismo siguió siendo mayoría en los debates políticos de 1949, haciéndose de las Asambleas Departamentales (11 respecto a 3 de los conservadores) y del mayor número de escaños en los Consejos Municipales (430 respecto a 362) (JARAMILLO OCAMPO, 1980, pág. 289). No obstante, el calibre de los debates entre los voceros políticos atizaba la furia de los subalternos en los territorios.
El semestre colapsaba con las tensiones políticas, entre las cuales quedaba el registro histórico de una confrontación armada en el recinto del Congreso de la República. El 7 de septiembre de 1949, se habían presenciado tiroteos en la Cámara de Representantes. Castillo Isaza del Partido Conservador, había ingresado al recinto un arma que detonó en medio de la discusión política[59].
El Representante Amadeo Rodríguez, exgeneral de la República, había apuntalado una pistola. Se escucharon ráfagas de disparos, resultando heridos los representantes Gustavo Jiménez y Jorge Soto del Corral[60]. El primero moriría el mismo día, y Soto del Corral resistió durante cuatro años los traumas ocasionados por las balas en su pierna.
Este episodio enardeció aún más los ánimos del pueblo, el debate que tenía lugar en la Cámara de Representantes estaba siendo transmitido en vivo en la radiodifusora nacional y todos los oyentes fueron testigos sonoros de los hechos. Esto desataría desde el recinto legislativo, una dinámica de discurso bélico en todas las deliberaciones políticas sostenidas en los debates locales y regionales. El uso de las armas en el debate político, cercenando la vida del contrincante, fue la doctrina que desde entonces impuso a los colombianos el Partido Conservador.
La contienda político-electoral: Clases Dominantes en lugar de Élites
Tras el trágico episodio de violencia armada en el Congreso, seguía el debate por la Reforma Electoral. La Ley 89 había sido aprobada el 16 de diciembre de 1948[61], sin embargo, antes de un año ya eran necesarias nuevas modificaciones al articulado. En 1949 se debatió el calendario electoral y la capacidad de cedulación de la Registraduría Nacional, para adelantar el censo de votantes de las elecciones presidenciales, generando múltiples debates tanto en el Congreso como en la Corte Suprema de Justicia.
El argumento de la bancada de liberales en el Congreso aseveraba que era necesario adelantar las elecciones antes de que se disolviera el Congreso, lo cual sería aprobado en las dos cámaras y en la Corte. El ejecutivo se sostuvo a favor de las fechas establecidas en la Ley 98, lo que finalmente favoreció la candidatura de Laureano Gómez, siendo entonces el único candidato de las elecciones presidenciales que le dieron por electo[62]. En el diario El Tiempo, el 4 de septiembre de 1949, se presentó en estos términos la discusión,
Algunos acercándose más en el terreno de las posibilidades afirman que el señor presidente de la república aceptará en principio el artículo primero de la Ley, que señala el día 27 de noviembre para efectuar las elecciones presidenciaes, y vetará el artículo segundo, proponiendo en cambio bases efectivas de acuerdo para una posible revisión de los censos a base de lo cual, como es natural, podría modificarse también la fecha de las elecciones, a fin de dar campo a la revisión. Con esta actitud, según el comentario callejero, el señor presidente podría armonizar los criterios en pugna o, al menos, presentaría un nuevo panorama a la discusión, dentro del cual podrían moverse más holgadamente los dos partidos políticos (ElTiempo, 4 de septiembre de 1949, pág. 14).
Ospina Pérez presentó sus posiciones frente al “proyecto de anticipación de las elecciones” defendiendo las fechas establecidas. En la Convención Nacional Conservadora reunida el 12 de octubre, se proclamó la candidatura de […] Laureano Gómez y se enfilaban las baterías para los comicios en noviembre (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 307). El ‘proyecto de los liberales’[63] sí bien había tenido muy buena prensa en el legislativo y judicial, no fue aceptado para anticipar las elecciones.
La modificación del calendario electoral era un debate por las garantías de participación política, una confrontación de la dirección del Partido Liberal contra el Gobierno de Ospina Pérez. Los conservadores se negaron a modificar el calendario electoral, aunque la Corte Suprema hubiera fallado a favor del proyecto. El pulso político no permitió a los conservadores perder un debate público en materia de definición electoral, por lo cual, decretaron ir a las urnas en noviembre de 1949[64].
Respecto al proceso de campaña política que llevó a la presidencia a Mariano Ospina Pérez, en la investigación de Ararat Ospina (2013), sobresaltan los señalamientos que realizó, respecto a los hechos ocurridos el día del lanzamiento de la candidatura del liberal Carlos Lleras Restrepo. Responsabilizó sin fuentes nacionales que la organización del movimiento gaitanista JEGA, había atacado la casa del candidato, según lo referenció el conservador James Henderson[65]. Lo ocurrido, según el diario El Tiempo, fue un ataque por una turba de exaltados, pudieron ser los “soldaditos laureanistas” (ElTiempo, 1944) convocados a armarse por su líder desde el Congreso de la República.
En la revisión de prensa de la época, en específico el diario El Tiempo declaró que el 24 de marzo de 1944, en el evento de lanzamiento de la candidatura presidencial “[…]elementos Anti-Liberales Trataron en Vano de Sabotear la Conferencia del Dr. Lleras” (ElTiempo, 1944). El artículo que tiene continuidad en la página sexta relató los hechos sin ningún señalamiento a partidarios de Gaitán. Es más, en la misma portada del domingo 26 de marzo, son puestas las palabras del propio Jorge Eliécer condenando de “turbas de elementos inconscientes” (ElTiempo, 1944) a quienes agredieron la casa de Lleras Retrepo.
La corta campaña según se puede seguir en el diario que fuera el portavoz del liberalismo refiere que el 18 de abril de 1944, se dio el retiro de su candidatura presidencial por la renuncia a la presidencia que realizó Alfonso López Pumarejo. Publicándole luego una nota personal que envió al diario la noche anterior, en la cual expone sus motivos para solicitar que se suspendiera el debate público entorno a su candidatura. Claramente, según sus palabras, identificó como ‘crisis política’ la partida de López, poniendo de manifiesto una sospecha respecto a la transparencia en el conteo de las siguientes elecciones, por lo cual renunciaba a su candidatura presidencial[66].
El análisis parte de premisas obvias, la estrategia del Partido Conservador frente a las múltiples candidaturas del liberalismo fue: “mantener a los liberales divididos y a los conservadores unidos [en una sola candidatura]” (ARARAT OSPINA, 2013, pág. 474). El anunció de una candidatura única del Partido Conservador, tras la Convención que tuvo lugar el 24 de marzo de 1946, daba como candidato a Mariano Ospina Pérez. La posible candidatura de Laureano Gómez fue desestimada, el Partido Conservador sabía que necesitaban un candidato unificador, y Gómez representaba al radicalismo conservador de derecha.
El análisis del discurso de prensa que realiza Ararat Ospina (2013) del periódico conservador Diario del Pacífico, se centró en los elementos de la pro y contra campaña que este realizó al candidato conservador contra los candidatos liberales. El argumento del nacionalismo se dirigió contra Gabriel Turbay Avinader, a quién le acusaron de ser ‘turco’ según el acta de nacimiento confrontándola en página completa, columna contra columna, con el acta de nacimiento del patriota Ospina Pérez[67].
Contra Gaitán el argumento sería distinto, desde inicios del artículo la condena es contra el movimiento gaitanista, se resaltan los valores nacionalistas del amparado candidato, pero se condena a sus seguidores. La mención al Diario del Pacífico, en la nota “El Gaitanismo y la Jega” del 17 de abril de 1946, contiene elementos de juicio respecto al proceder del candidato liberal, subordinándolo a una despectiva alusión, tiñéndolo de “herramienta de los motineros”[68].
El señalamiento contra los gaitanistas es un claro sesgo de clase de los conservadores contra el pueblo organizado, ligándolo a los ‘violentos’. Sí bien, este análisis parte del regionalismo del Valle[69], el estudio de prensa de un diario caleño deja claras las posiciones de construcción del nacionalismo conservador regional en la campaña presidencial de 1946, a partir de la estigmatización a los candidatos liberales.
Por otra parte, con el artículo de Catalina Reyes “El Gobierno de Mariano Ospina Pérez: 1946-1950” se puede tener una introducción muy palmaria de la época. Su aproximación está narrada en modo que produce la impresión de haber conocido personalmente los hechos. El análisis político se concentra en los periodos de las elecciones: las presidenciales en mayo de 1946; las parlamentarias y las municipales de marzo y octubre de 1947; y en las parlamentarias de junio y las presidenciales del 27 de noviembre de 1949[70].
La fijación en la contienda política marca el tono de la investigación, el debate político de las campañas, la polarización entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, pactando una salida de Gobierno de ‘Unión Nacional’. Como lo señala la autora, esta fórmula política se le ha otorgado en múltiples oportunidades a López Pumarejo, formulándola “en 1945, cuando renunció a la presidencia” (REYES, 1989, pág. 9). Sí bien, no se concretó en el marco del Gobierno de Ospina Pérez, fue el antecedente más realista del Frente Nacional constituido en 1957.
Por una parte, Reyes (1989) pone el debate en términos de la división política persistente en el liberalismo después de las elecciones, el ala santista que apoyó la candidatura de Gabriel Turbay, aceptó la invitación de Ospina Pérez de participar en la ‘Unión Nacional’, contrario a la posición inicial de Gaitán, jefe del Partido Liberal, quien se opuso a la participación en cualquier puesto del Gobierno. Por otra parte, Laureano Gómez consideró como una estrategia electoral esa ‘unión’, y se concentró en hacer que el conservadurismo tomará el control político en todas las carteras del Estado[71].
El giro completo hacia un Gobierno de régimen autoritario se dio el mismo año en que fue electo Ospina Pérez[72]. A final de año iniciaron las reformas paulatinas a la Fuerza Pública. El primer escenario fue la modificación de la policía y la creación de la Policía Política conservadora, conocida como POPOL. Desde entonces, Laureano Gómez se encargó de cambiar todas las escuelas de formación de los cuerpos militares e incentivó el ingreso de conservadores a las filas de los uniformados. En cuanto al ejército que se intentó mantener neutral a las banderas políticas, fue formalmente adherido al conservadurismo en 1949, previo al decreto del ‘Estado de sitio’, en el cual se nombraron nuevos Generales y ministros en la cartera de la Guerra[73].
El estreno del aparato coercitivo se dio contra las movilizaciones del Paro Nacional del 13 de mayo de 1947[74]. El Estado dejó la práctica del consenso político que había logrado Alfonso López Pumarejo (1934-1938), por el uso de la ‘coerción’ que venía tramitándose desde el Gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) y que Alberto Lleras Camargo (1945-1946) refrendaría solicitando a Estados Unidos el primer envío de “gases lacrimógenos”[75].
Los gases fueron justificados como el arma permitida para oprimir a los manifestantes, legalizando el uso de la Fuerza Pública contra la protesta social. La movilización en las calles se reprimió con el legítimo uso de la fuerza por parte del Estado, en el estricto sentido weberiano, los trabajadores fueron divididos en sus propios procesos organizativos y el pueblo colombiano sucumbió en la violencia.
Los ‘gases lacrimógenos’ generaron un debate público en el Senado, en el cual Gaitán trato de acusar a Ospina Pérez de la compra de armamento a los EE. UU., sin embargo, sus propios partidarios lo traicionaron[76]. Sabían desde antes que la lucha de clases desatada tampoco les convenía a sus propios intereses económicos, en tanto, la defensa de los derechos de los trabajadores perjudicó las exorbitantes ganancias que poseían, al ser los explotadores de una fuerza de trabajo oprimida en los campos y ciudades.
La represión oficial se combinó con la paraoficial. En esto la tesis de Reyes (1989) resultó acertada, lo puso en términos de la duda metódica: “«El fraude liberal» o una teoría para justificar la violencia” (REYES, 1989, pág. 19). Pasado un año, podía aseverarse que, en 1949 “algunas zonas del país la justicia cayó en manos de bandas de pájaros, las guerrillas y la policía chulavita” (REYES, 1989, pág. 25). Reyes (1989) mencionó un Memorial de Agravios, presentado por el Partido Liberal ante el Congreso. El documento que conocemos se atribuye a la autoría de Jorge Eliécer Gaitán, quien compiló las denuncias que le hicieran llegar de los territorios un debate público contra la represión que estaban sufriendo los liberales en las regiones.
La nueva ‘Unión Nacional’, se pactó con el caudillo del pueblo asesinado, y aún sin Gaitán, no fue posible sostenerla ni un año. Previó a las elecciones de junio de 1949, el acuerdo se rompió definitivamente[77]. Los inicios de la violencia tienen múltiples registros en la prensa nacional, en este caso, valga resaltar el hallazgo documental de un ‘semanario católico’: “El Derecho fundado por monseñor Builes, en su edición de abril de 1949, contenía un titular con las siguientes palabras: ‘Conservadores de todo el país, a armarse’” (REYES, 1989, pág. 26).
El 21 de octubre se dirigió Darío Echandía por radio nacional a todos los colombianos, con el objetivo de presentar lo que sería la “fórmula de paz”, al mismo tiempo que Ospina Pérez emitió un decreto presidencial prohibiendo hasta “el 5 de diciembre todo desfile, concentración o manifestación pública”[78]. Anunciando el discurso de la paz y el decreto de la coerción, se perpetuó la primera masacre registrada en los medios, había sido abaleada la Casa Liberal en Cali[79], dejando un lastre de muertos y heridos.
Las movilizaciones por la paz circundaron en todo Colombia, clamores por la paz se hicieron sentir en todas las esferas sociales[80]. A la par que los muertos aumentaban, el trabajo realizado por la Registraduría Nacional presentaba un informe, en el cual daba cuenta de la situación de hostigamiento burocrático para la inscripción de cédulas en el patrón electoral de los municipios con mayor tradición de electores liberales. Esto provocó la deslegitimación final, el liberalismo en bloque renunció a los cargos públicos y Darío Echandía desistió de su candidatura presidencial.
Con la promulgación de los Decretos 3520, 3521 y 3522 de 1949[81], la democracia colombiana recibió el principio dictatorial del cierre del poder legislativo por decreto del poder ejecutivo. La invocación del presidencialismo bolivariano en palabras de Gilberto Álzate Avendaño, daba un funesto cierre del periodo presidencial de Ospina Pérez. A partir de estos anuncios la violencia se ejerció directamente contra los representantes políticos del liberalismo, según las fuentes de Reyes (1989) una patrulla del ejército disparó contra Vicente Echandía, hermano de Darío Echandía quien resultó lesionado en el mismo atentado. Seguido a esto, las casas de varios dirigentes fueron incendiadas, entre estas la de Alfonso López Pumarejo[82].
El Partido Liberal convocó a una Huelga General para el 25 de noviembre, previa a las elecciones, fueron apresados: “Jorge Zalamea, Alejandro Vallejo, Diego Montaña Cuéllar y León de Greiff” (REYES, 1989, pág. 34). Finalmente, las elecciones presidenciales del 27 de noviembre de 1949 tuvieron como único candidato a Laureano Gómez, quien fue electo presidente, en medio de la proclamación del Estado de sitio y ordenando el cierre del recién posesionado Congreso[83].
El trabajo que realiza Eduardo Sáenz Rovner con relación a las políticas económicas del Estado colombiano y sus interconexiones con las ‘élites’, abarca el periodo de 1930-1950. En su concepción, las tendencias económicas fueron similares en el continente latinoamericano, poniendo en cuestión el documentado proteccionismo a la industria[84].
Si bien, el Gobierno de Olaya Herrera “aumentó los aranceles y prohibió las importaciones de varios productos industriales y agrícolas” (SÁENZ ROVNER, 1997, pág. 69), esta política no duro ni un par de meses, puesto que las consecuencias que generaba en las relaciones comerciales con las potencias del momento se vieron lesionadas. En el primer Gobierno de López Pumarejo, se habían aumentado las relaciones comerciales con Estados Unidos, siendo fiel seguidor de los lineamientos políticos de Roosevelt, y su ministro Cordell Hull. Hasta 1938, el comercio internacional se mantuvo constante tanto con Estados Unidos como con Alemania.
El problema con los industriales colombianos radicó en la contradicción del proteccionismo solicitado, debido a que la medida forzaba que en las manufacturas utilizaran materias primas nacionales, a lo cual demandaban que eran de menor calidad que las extranjeras. Los ejemplos que trae Saénz Rovner (1997) refieren a los sectores textileros y tabacaleros, los cuales en materia del proceso industrial requerían de insumos como el algodón o la hoja de tabaco, provenientes de los campos colombianos y no de las importaciones, los industriales pretendían importar a menor costo que el producido nacional.
Durante el Gobierno de Santos, en 1940 se creó el Instituto de Fomento Industrial, con el objetivo de producir los materiales que no se podían importar como consecuencia del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Esto fomento de nuevo las rivalidades entre industriales y terratenientes. El Gobierno ciñéndose a la tradición de los liberales, brindó un decidido apoyo a la economía agraria, teniendo como principal producto el café de exportación[85].
La persistencia del apoyo de los liberales al sector agrario que marca Sáenz Rovner (1997), permite evidenciar por el contrario como se ligan los intereses de los conservadores laureanistas con los industriales. La misma simpatía de los Gobiernos liberales con sus militantes en las filas de la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC[86], hacía que los intereses de los industriales no simpatizaran con las garantías exigidas desde el Gobierno para los trabajadores. Estas fueron razones de fondo por las cuales Laureano Gómez atacó el segundo Gobierno de López Pumarejo, desde las páginas de El Siglo y demás intervenciones públicas, utilizó los debates de corrupción familiar como trampolín perfecto para su ascenso político y la defensa de sector industrial.
Pueden hacerse algunos análisis respecto a estos dos bloques hegemónicos, el liberal y el conservador, en cuanto a los intereses económicos puestos en los sectores industrial y agrario. La situación internacional de ingreso a la guerra de Estados Unidos forzó que el Gobierno colombiano tomará represalias en contra del comercio sostenido con Alemania, esto afectó las relaciones de los empresarios colombianos, en especial de los conservadores que mantenían relaciones político-económicas con los alemanes[87].
El periodo de posguerra [1946-1950] tuvo realmente una preocupación desde la ‘Unión Nacional’ en términos del proteccionismo a la industria consolidada durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Los industriales durante el Gobierno de Mariano Ospina Pérez tomaron medidas de protección ante el temor del ingreso de manufacturas extranjeras que liquidaron la industria nacional.
En tal sentido persistió una concepción del progreso y desarrollo prometido por la modernidad, “convertirse en sociedad industrializada era convertirse en sociedad civilizada: así, el humo de las factorías representaba la modernidad y las plantaciones agrícolas eran la muestra del atraso y de una supuesta cultura primitiva” (SÁENZ ROVNER, 1997, pág. 73). Esta concepción, fue contraria a los estudios económicos de la juventud de Ospina Pérez, proveniente de la burguesía cafetera y defensor del sector agrario.
La Asociación Nacional de Industriales-ANDI, fundada el 11 de septiembre de 1944 en Medellín, hoy Asociación Nacional de Empresarios[88], presionó por la regulación del proteccionismo como una política nacional, con intereses claros en las ganancias de los industriales asociados. En tal sentido, se opusieron intereses con los industriales norteamericanos, quienes promulgaron una política económica de libre comercio asentados en su propia productividad. Las pugnas entre liberales y conservadores se asentaron en la defensa del proteccionismo para los industriales conservadores del lado de Laureano Gómez, y de la defensa de la apertura comercial para los sectores liberales.
Sáenz Rovner (1997) argumentó su posición desde las tesis de Salomón Kalmanovitz y Mario Arrubla, respecto a “las contradicciones entre la vieja burguesía cafetera exportadora-importadora, y la gran burguesía industrial” (SÁENZ ROVNER, 1997, pág. 76). Respecto a la tesis de Daniel Pécaut, refiere que en los cuarenta se sostuvo una división entre las “élites colombianas”. En la mitad del siglo XX el conflicto estaba puesto “entre los industriales, de una parte, y un eje de exportadores, importadores y cafeteros, de otra”[89].
Son autores que analizan el ascenso de los Gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y Laureano Gómez (1950-1953), a la vez que fueron en aumento los factores de violencia desencadenados por los ascensos y descensos del poder y las cuotas burocráticas de los Partidos tradicionales. Saénz Rovner (1997) con estos elementos, se distancia del supuesto acuerdo pactado entre las burguesías en materia de políticas económicas en los años cuarenta. Su posición sugiere “que los conflictos sobre problemas económicos no eran simples «fricciones», y que los dos Partidos, Liberal y Conservador, se distanciaron aún más tanto en asuntos políticos como financieros” (SÁENZ ROVNER, 1997, pág. 76).
La tesis de Gabriel Misas (1983) sostiene que las contradicciones de los bloques de poder en Colombia se dieron en la definición de algunas políticas económicas, entre la clase dominante que ejercía el poder político frente a los bloques que solo contaban con el poder económico. Frente a estos conflictos entre bloques dominantes existió “una temprana alianza entre los intereses agroexportadores e industriales”[90].
Es un planteamiento que controvierte con Saénz Rovner (1997; 2007) en términos de la creación de una “burguesía industrial”. Lo que se conformó, según Misas Arango (2021), fue una “burguesía interior”. En este punto la relevancia está dada por el regionalismo y los pesos económicos que surgieron en Cali y Medellín, frente al ya centralismo político-económico que caracterizó a Bogotá. La denominación alude más a una cuestión geográfica que a un sector específico de la economía, en esto consiste el surgimiento de los emergentes regionales, dado que no se consolidó un proyecto nacional, estos optaron por un salto hacia el pacto de alianzas con las multinacionales.
Saénz Rovner (1997) refutó la existencia de una “temprana alianza”, por el contrario, marcó una tesis precisamente contraria para situar los años cuarenta en Colombia, aduciendo que existió una confrontación entre la burguesía industrial y la burguesía agraria. Comprendiendo los planos de incidencia respecto a intereses político-económicos entre: (i) los industriales conservadores ligados a Laureano Gómez y (ii) el gremio cafetero donde tenía influencia mayoritaria el liberalismo, aunque también había contado con el apoyo de Mariano Ospina Pérez en la década de los años treinta. Estas diferencias, como se ha mencionado antes no eran del todo en extremos. Tanto los empresarios industriales como los empresarios cafeteros compartían intereses en el modelo de acumulación capitalista.
Cierto es que la homogeneidad del bloque liberal no era en su totalidad de un solo sector económico, al interior del Partido Liberal se crearon grandes debates frente a las políticas de proteccionismo industrial que los Gobiernos conservadores llevaron adelante. No obstante, las múltiples posiciones en el liberalismo, no se permitió el debate político en el Congreso. El Gobierno conservador de Ospina Pérez, tras el asesinato de Gaitán, intentó maniobrar con la reagrupación de la ‘Unión Nacional’ y finalmente desató una “dictadura de facto”[91].
Laureano Gómez se elige presidente en 1950
La elección de Laureano Gómez, sin candidato que le hiciera oposición, dio forma a un Gobierno antidemocrático, en el cual se consolidó el régimen autoritario iniciado con Ospina Pérez en contra del pueblo colombiano. La decisión política tomada en mayo de 1950, de enviar soldados colombianos a la guerra de Estados Unidos contra Corea, fue fortalecida con gran oportunismo por Gómez, con el objetivo de aceptación de su elección presidencial por el Gobierno norteamericano y para que este le aceptará su prontuario nazi-fascista, franquista y antidemocrático.
El Partido Conservador fue dividido, entre los adherentes al Gobierno de la ‘Unión Nacional’ y sus contradictores, entre estos, su mayor exponente era Laureano Gómez, quien se asiló en la España dictatorial de Francisco Franco Bahamonde (1936-1973), iniciando una carrera de acusaciones contra el liberalismo. El objetivo fue terminar con la unidad de los partidos tradicionales y ganar las elecciones presidenciales en 1950, con una estrategia de polarización y anticomunismo. Gómez fue el primero en acusar al comunismo internacional del asesinato de Gaitán y de poner a la opinión internacional en contra del liberalismo, acusado de tener una línea soviética que seguía las ideas de izquierda en Colombia.
En las elecciones de la Cámara de Representantes en junio de 1949, habían medido las fuerzas de los partidos hasta llegar a la ruptura de la Unión Nacional. Roto el clima de concordia, Ospina Pérez perdió el control democrático. Las elecciones presidenciales se realizaron ese mismo mes, eligiéndose Laureano Gómez presidente, en una dictadura seudodemocrática con dictador civil.
Las elecciones fueron el 27 de noviembre de 1949, semanas antes, el 9 de noviembre, fue declarado el Estado de Sitio y el Cierre del Congreso, y dos días antes, asesinaron a Vicente Echandía, el hermano de Darío Echandía, quien hasta su renuncia había sido el candidato a la presidencia por el Partido Liberal. Los conservadores bloquearon la convocatoria a Paro Nacional para el 26 de noviembre propuesta por los liberales, y el domingo 27, Laureano Gómez se hacía de la presidencia “como candidato único y con un registro de un millón veintiséis mil cuatrocientos ocho votos” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 326).
El paso siguiente para conquistar a los norteamericanos fueron los beneficios en materia de petróleos. Fue expedido el Decreto 3419 de 1950, por medio del cual la Tropical Oil Company podía disponer de una prórroga de exploración y explotación de quince años según el papel[92]. El trámite legislativo de Laureano Gómez se hizo sin difusión pública, comprendió que los sindicatos petroleros de Barrancabermeja se alzaron nuevamente. Según Villegas (1968) el país conoció la noticia el 14 de diciembre, a partir de una entrevista publicada en El Tiempo, donde José Jaramillo Giraldo, del Consejo Nacional de Petróleos[93] anunciaba la ‘supresión de las reservas’ y la apertura de las concesiones de exploración y explotación al capital extranjero.
Las huelgas de los trabajadores petroleros iniciadas desde 1948 en Barrancabermeja, habían sumado con su pliego de exigencias a las múltiples adecuaciones que realizaron los ministros de Minas y Petróleo (José Elías del Hierro durante el Gobierno de Ospina Pérez y Manuel Carvajal Sinisterra en el Gobierno de Laureano Gómez), para lograr finalmente la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol. Al promulgarse la Ley 165 de 1948[94] se dejó sentada la necesidad de organizar “una empresa colombiana de petróleos”. Un año después, con el Decreto 1628 se ordenó que adelantarán los trámites correspondientes[95].
Teniendo en cuenta que la materia legislativa de petróleos[96] en el Gobierno de Ospina Pérez fue densa. La decisión del Consejo Nacional de Petróleos era un desencadenante de las presiones que realizó el Gobierno norteamericano para la consecución de los múltiples préstamos puestos a disposición por el FMI y el BM. De esta manera, la legislación petrolera en los Gobiernos conservadores fue moldeada a los términos exigidos por las multinacionales petroleras de Estados Unidos para realizar sus inversiones en Colombia.
Sin embargo, la Concesión de Mares[97] caducó el 25 de agosto de 1951 dando por finalizado el ciclo administrativo de la ‘Tropical Oil Company’ para las reservas de Petróleo en la zona de Barrancabermeja. La Junta Directiva aprobó los Estatutos de la nueva empresa el 7 de mayo de 1951 y el Gobierno expidió el Decreto 1124[98] una semana después. Siendo estos, algunos de los asuntos centrales que se modificaron en la época, la creación de una empresa nacional de petróleos y la internacionalización del sistema monetario colombiano.
El aumento de flujo de divisas, vía préstamos internacionales, disminuyó la capacidad de los Fondos Nacionales de Estabilización para acudir a préstamos en dólares en las bancas multilaterales, la dinámica que siguió fue de deuda externa permanente[99]. Los préstamos nunca terminaban de pagarse, entonces se necesitaron nuevos préstamos para pagar los intereses de la deuda, y apenas hacer avances, quedando igual con deuda acumulada. El FoNC escasamente pudo seguir funcionando ya que su papel paso a un segundo plano en la lógica de poseedor de divisas[100].
La lucha contra la inflación desde entonces ha sido una materia reglamentaria para los funcionarios del Banco de la República. En las memorias del Ministerio de Hacienda publicadas iniciando el Gobierno de Laureano Gómez, pueden hallarse algunas reflexiones de la época que dan cuenta de la perspicacia con la que se asumió este fenómeno económico. A lo que se denominó “la plácida corriente de la inflación”[101] fue la miel del ciclo económico prolongado desde la ‘prosperidad a debe’.
El sistema económico conservador en Colombia sigue siendo muy complejo de definir. En ciertas decisiones persistió el proteccionismo, en muchas más la centralización en la administración del Estado, pero desde 1950 estas particularidades se modificaron no precisamente hacia un modelo ‘anti-liberal’ como sostiene Kalmanovitz (2000), sino hacia una interdependencia de los mecanismos multilaterales del sistema financiero internacional. La lógica de la inversión paso de solicitar recursos a los fondos de ahorro, a la solicitud del préstamo de dinero a los fondos de endeudamiento internacionales.
La dependencia al sistema de crédito externo de Estados Unidos, potencia económica y militar al finalizar la Segunda Guerra Mundial, definió en Colombia el sistema económico dominante: el capitalismo. La conclusión derivada del nuevo contexto internacional era tajante: “el Gobierno norteamericano impulsó una política de liberalismo económico” (PRIETO RUÍZ, 2013), la cual caló muy profundo en los Gobiernos conservadores colombianos.
La sobreproducción que se generó en la industria nacional colombiana, durante el periodo de posguerra, propició en la industria textil un desmedido efecto deflacionario[102]. El caso de los productores de café marcó la composición de clases sociales en la cadena de producción, comercialización y exportación del grano[103]. Los trabajadores agrarios no conocieron las ganancias de la especulación financiera, sin embargo, siguen siendo los principales trabajadores de la escalonada burguesía cafetera.
La conformación del bloque hegemónico colombiano estaba hecha. Liberalismo económico y conservadurismo político, es la fórmula con la cual se ha gobernado desde entonces. Promulgación de Estados de sitio, en Gobiernos civiles investidos de democracia. Liberalización del comercio y de la iniciativa privada, con una receptiva captura de capitales extranjeros. De esta manera, saltado el episodio dictatorial del General Gustavo Rojas Pinilla, liberales y conservadores desde los años cincuenta no encontraron otra vía posible que gobernar unidos desde las cupulas del poder político y económico.
El Gobierno de Laureano Gómez, fue derrocado por la Junta Militar que presidió el conservador Rojas Pinilla[104], previamente entrenado en las Fuerzas Militares norteamericanas. Las clases dominantes vieron cuestionado “su proyecto hegemónico”, tanto por el golpe militar, como por la expansión de las guerrillas liberales del Llano al mando de Guadalupe Salcedo y José Alvear Restrepo, como de las guerrillas comunistas que surgieron en el sur del Tolima y Sumapaz a cargo de Juan de la Cruz Varela (BELTRÁN VILLEGAS, 2019, pág. 23). Los vaivenes de los cuarenta y cincuenta de confrontaciones del bipartidismo, pasaron al pacto de gobernar unidos en el Frente Nacional (1958-1974).
- En asesoría de tesis, el profesor Gabriel Misas Arango refirió la persecución que se realizó durante la época a los ‘protestantes’ asunto que refiere López Michelsen, en su ironía sobre las minorías que quedaban por fuera del pacto del Frente Nacional (LONDOÑO, 1999). Dado que no fueron investigadas en el curso de la tesis las persecuciones a los ‘protestantes’, se dejan unas referencias para el lector que quiera profundizar al respecto: “Misiones protestantes en Colombia 1930-1946. Geografía y política de la expansión evangélico-pentecostal” (LÓPEZ AMAYA, 2014) y el artículo “Historiografía sobre el protestantismo en Colombia. Un estado del arte, 1940-2009” (FIGUEROA SALAMANCA, 2010).↵
- Haciendo la siguiente precisión, el primer complot político que enfrento Mariano Ospina Pérez, consistió en el no reconocimiento de la legitimidad de su gobierno por parte de los funcionarios liberales del Estado. Los dilemas que enfrentaba Ospina eran, de una parte, asumir en el Partido Conservador el control del poder demandado, por otra parte, tomar el control del movimiento sindical y cambiar el incipiente régimen laboral. Jaramillo Ocampo (1980), lo expresa de la siguiente manera: “Estaba por lo tanto Ospina Pérez, al iniciarse el año de 1947, enfrentado a dos fuerzas contradictorias. De un lado, un conservatismo que pedía con decisión y casi con angustia que se le facilitase el usufructo total del poder con el fin de gozar de un montaje que le permitiese conquistar las mayorías nacionales. El partido creía, y ahí surgían una serie de dificultades, que con la simple elección de presidente de la República había conquistado la totalidad del poder, sin apreciar que el control liberal de las mayorías del senado y de la cámara de las Asambleas Departamentales y de los Consejos Municipales, constituía un obstáculo democráticamente insalvable para instaurar un sistema hegemónico” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 32).↵
- Este asunto lo documenta Gaitán en el Memorial de Agravios, entre los múltiples casos que menciona, el acontecido “En Zetaquirá, el 15 de marzo el teniente del Ejército Nacional, Héctor Clavijo, intimando, a mano armada, al alcalde de la población, obtuvo que éste le expidiera una orden de requisa de las casas de los liberales” (GAITÁN, 2012, pág. 326).↵
- Al respecto Francisco Gutiérrez Sanín, hace la siguiente mención: “La masacre de Gachetá (1938) es un buen ejemplo de esta categoría: todos los observadores coinciden en que se produjo e involucró a los dos partidos y a la Policía; también en que murieron muchos conservadores y pocos liberales, y que la Policía apoyó a estos últimos” (GUTIÉRREZ SANÍN, 2017, pág. 51).↵
- El hecho como tal es el siguiente: “Con motivo de un tiroteo en el pueblo de Gacheta que dejó varios muertos en las elecciones parlamentarias del año 39, el fogoso y elocuente Laureano Gómez acusó a Santos de haberse puesto a gobernar sentado en un charco de sangre conservadora. La Convención del partido bajo su dirección decretó: ‘Debemos armarnos por todos los medios posibles’. Y en el senado Gómez anunció cuál iba a ser su programa opositor: recurrir a ‘la acción directa y el atentado personal’ con el objeto de ‘hacer invivible la república’ hasta que el poder volviera a las únicas manos legítimas que debían ejercerlo: las del conservatismo. Con ese propósito fundó su periódico El Siglo en Bogotá, al que le hacía eco la prensa conservadora de provincias: La Patria de Manizales, El Colombiano de Medellín, Claridad de Popayán. Y los curas desde los púlpitos” (CABALLERO, 2017)↵
- Así lo afirma Reyes (1989): “El partido liberal se agrupó en torno a Carlos Lleras Restrepo, quien había estado marginado de la política desde que Gaitán había asumido la dirección del partido liberal. Lleras Restrepo vio en la coyuntura la oportunidad de recuperar audazmente la dirección del partido para el sector santista. Al asumir la dirección, recogió las banderas políticas de Gaitán más no las económicas. […] Los gaitanistas, acostumbrados a la fuerte figura de Gaitán que controlaba todas las decisiones, después de su muerte se debilitaría por las luchas internas hasta desaparecer” (REYES, 1989, pág. 23)↵
- Este es el lenguaje preciso de la época. La alusión resulta ser conflictiva en la historia reciente. La consigna de la “Autodefensa de Masas”, está registrada en las conclusiones de octubre de 1949 del Partido Comunista de Colombia. Entiéndase que: “A finales de los años cuarenta se intensificaron los conflictos agrarios”. Así comienza el apartado “El PCC y la lucha por los derechos de los campesinos y contra la violencia”, del primer tomo de Historia del Partido Comunista de Colombia, dirigido por Medófilo Medina. En este sentido, “[b]ajo el lema de Dimitrov: ‘Política de masas, acción de masas, resistencia de masas’, la dirección comunista llamó a constituir en todos los municipios de Colombia, comités populares contra la violencia reaccionaria con participación de todos los sectores progresistas y democráticos. En la consigna de creación de estos comités, se encuentra el antecedente más importante de la orientación de la autodefensa” (MEDINA, 1980, pág. 557). Al ser asesinado Gaitán: “en el único periódico que circuló en Bogotá, se publicó una declaración firmada de Gilberto Vieira, Secretario General del PCC: ‘En esta hora dramática de la vida nacional, los comunistas estamos dispuestos a luchar unidos con el liberalismo por el derrocamiento del nefando régimen reaccionario y por la restauración de la democracia acudiendo a todas las armas que las circunstancias deparen. Por eso llamamos al pueblo a la constitución de milicias populares integradas por todos los demócratas para dar en tierra con el ignominioso régimen que oprime al pueblo y deshonra a la Patria [El Liberal, Bogotá, abril 10 de 1948]” (MEDINA, 1980, pág. 563). El 22 de octubre de 1949: “se produjo una reunión extraordinaria del Comité Ejecutivo del Partido Comunista, con asistencia de los miembros del Comité Central residentes en Bogotá. La principal conclusión fue la de generalizar en el Partido la consigna de la autodefensa de masas […] el PCC llamó la atención, con la política de la autodefensa de masas, a la necesaria preparación para una política más activa frente al terror y a la perspectiva golpista [Vanguardia del Pueblo, Bogotá, 25 al 31 de octubre de 1949]” (MEDINA, 1980, pág. 601). Respecto a los múltiples debates que esto pueda brindar, esta referencia reciente en una Carta Abierta que público Medófilo Medina en el portal Razón Pública, puede aclarar algunas de las posibles perspicacias: “Permítame hacer memoria del hecho crucial que ustedes con razón han celebrado como el hito fundacional de las FARC. Ese hecho comenzó con la agresión a los pobladores de Marquetalia por parte del Ejército, apoyado por fuerzas de Estados Unidos mediante el tristemente célebre Plan LASO. La respuesta que allí se dio era inevitable y la hazaña de los colonos y campesinos quedará inscrita en los anales de la lucha del pueblo colombiano. Analizando aquella coyuntura, Pierre Gilhodés escribió que entre 1964 y 1965 el Ejército colombiano «se inventó un enemigo», dado que previamente no había una actividad militar en esa avanzada de la colonización. | Luego una decisión de los colonos llevó a convertir las autodefensas en guerrillas. En 1966, el X Congreso del Partido Comunista mediante otra decisión le dio contenido estratégico a la lucha armada guerrillera al adoptar la política de combinación de todas las formas de lucha como su teoría y su práctica” (MEDINA, 2014, págs. 2011, 11 de julio: 89). Las conexiones que puedan hacerse de la derivación del movimiento gaitanista en movimientos guerrilleros, no registra en la obra de Cordell Robinson, se destaca que fue un movimiento urbano, sin inmersión en las selvas de Colombia (CORDELL ROBINSON, 1976).↵
- La extensión de este capítulo no permitió hacer una reseña biográfica de Mariano Ospina Pérez, agregamos según refiere Gabriel Misas Arango que su “ideología estuvo predominantemente influida por la doctrina social de la Iglesia, dado que fue parte de un grupo de QUETELET de la élite social católica conservadora, influenciados por los ‘modernistas católicos’”. Dejamos como referencia de las interconexiones familiares que fue “descendiente del expresidente Mariano Ospina Rodríguez, y el del general y expresidente Pedro Nel Ospina” (VILLEGAS, 1982, pág. 227). Además, referimos textual la biografía que le hiciera Saénz Rovner (2007) “Ospina Pérez nació en Medellín en 1891. En su ciudad natal se graduó de Ingeniero en la Escuela Nacional de Minas en 1912. Apoyado económicamente por su acaudalada familia, Ospina Pérez realizó algunos estudios de posgrado en Estados Unidos y Bélgica. [… fue] superintendente del Ferrocarril de Antioquia, miembro del Concejo Municipal de Medellín, diputado de la Asamblea de Antioquia, senador, rector de la Escuela Nacional de Minas […] y ministro de Obras Públicas en el gobierno de su tío Pedro Nel” (SAÉNZ ROVNER, 2007, pág. 28).↵
- El mismo se referencia: “En el Senado de la República, primero, y en el Ministerio de Obras Públicas, después, abogué insistentemente, desde los años de 1925 y 1926, porque se diera a la administración de las obras públicas nacionales, especialmente en el ramo de ferrocarriles, una organización de Estado Mayor” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. VI).↵
- En asesoría de tesis con el profesor Gabriel Misas Arango, hizo la recomendación de documentar la influencia que tuvo la Escuela de Minas de Medellín sobre los estudios del taylorismo, siendo estudiante y profesor de la escuela Mariano Ospina Pérez. La revisión bibliográfica está ligada a la obra de Alberto Mayor Mora, docente de la Universidad Nacional de Colombia, quien ha trabajado distintos asuntos de economía nacional, entre sus obras mencionar las siguientes: “Historia de la industria colombiana. 1886-1930”; “Inventos y patentes en Colombia, 1930-2000: de los límites de las herramientas a las fronteras del conocimiento”; “El control del tiempo libre de la clase obrera de Antioquia de la década de 1930”; “La escuela nacional de minas de Medellín y la educación de la burguesía industrial antioqueña”; “La Escuela Nacional de Minas de Medellín y los orígenes de la estadística en Colombia, 1900-1940”. De la obra “Ética, trabajo y productividad en Antioquia”, refiere la propuesta de Mariano Ospina Pérez, de crear un instituto para el trabajo en 1945, al igual que menciona la resistencia del movimiento obrero a la imposición del modelo taylorista (MAYOR MORA, 1984).↵
- La define como “la ciencia que estudia los problemas administrativos, económicos y sociales relacionados con el funcionamiento de una empresa, teniendo como objetico principal el de armonizar el mayor bienestar intelectual, moral y material de los trabajadores con el máximum de progreso de la empresa” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 4). ↵
- En sus palabras “En la organización de estado mayor los diversos problemas relacionados con el trabajo de obreros, herramientas, procedimientos, standards, etc., son estudiadas por los estados mayores, y las instrucciones emanadas de éstos son comunicadas al personal de línea para su aplicación. De esta manera se llega a aumentar extraordinariamente la eficiencia del trabajador y el rendimiento del trabajo” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 41).↵
- Respecto a los salarios, tener en cuenta que su argumento parte de criticar tanto el modelo ‘liberal’ como el modelo ‘socialista’: Ni la escuela liberal manchesteriana con sus tesis del «laissez faire» y del salario mínimo uniforme; ni el marxismo con sus tesis de «lucha de clases», antagonismo permanente entre el obrero y el empresario, y ejecución mínima de trabajo para disminuir la llamada «plusvalía», podrán permitir jamás el logro de resultados semejantes” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 122).↵
- Estos fragmentos develan dicho pensamiento: “la historia del desarrollo de todas las industrias muestra que todo mejoramiento, ya sea invención de una nueva máquina o introducción de un mejor método de trabajo, que dé por resultado el aumentar la capacidad productora de los trabajadores y el abaratamiento de los costos, aun cuando por el momento pueda producir el desalojamiento de algunos obreros, da por resultado a la larga el incremento del número de trabajadores empleados en la industria en cuestión y en las subsidiarias o complementarias de ella. Esto es debido a que el abaratamiento de cualquier artículo de uso común da como resultado, más o menos inmediato, un gran aumento en la demanda y consumo de dicho artículo” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 113). Respecto a su lectura del socialismo: “A la escuela socialista hay que concederle la razón en algunas de las críticas formuladas contra el sistema manchesteriano, pero es preciso sentar nítidamente que el sistema de la lucha de clases y del antagonismo permanente e irreconciliable entre obreros y empresarios, afecta fundamentalmente la productibilidad de la industria humana. De suerte que, aun aceptando que se llegara a obtener una más equitativa distribución de la riqueza inevitablemente una disminución en la masa total de bienes producidos, es decir, en el volumen de riqueza distribuible” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 120).↵
- “La escuela del manejo científico tiende justamente a resolver el problema, permitiendo armonizar el aumento de la demanda, mediante el incremento general de los salarios, con el mantenimiento de los precios, que, como ya vimos, es esencial en el asunto. Quedaría incompleto lo relativo a la filosofía del manejo científico, si nos limitáramos a lo expuesto hasta el momento, relacionado únicamente con las obligaciones y la actitud de la dirección. Pero, es evidente, que la escuela del manejo científico no puede desarrollar toda su intensidad ni producir todos sus resultados, sin la colaboración franca y leal de los obreros y sin un cambio en su actitud mental” (OSPINA PÉREZ, 1936, pág. 123).↵
- Estos datos corresponden a la tabla del Censo cafetero de 1932, en donde realiza una clasificación de propiedades por departamento (OSPINA PÉREZ, 1936: 214).↵
- Los datos de los porcentajes y número de accionistas corresponden a una tabla que registra los movimientos de los cafeteros de 1934 (OSPINA PÉREZ, 1936: 216).↵
- En específico refiere a los: “Decretos extraordinarios dictados por el Gobierno Nacional en uso de las facultades conferidas por el artículo 121 de la Constitución Nacional, con ocasión del régimen de estado de sitio, declarado inicialmente en el Departamento Norte de Santander el 17 de enero, y, posteriormente a los sucesos del 9 de abril, en todo el país”. Iniciando con el Decreto 147 de 1948 (17 de enero) “por el cual se declara en estado de sitio el Departamento de Norte de Santander” hasta su derogación el 29 de marzo con el Decreto 1135 de 1948. Pasando luego a todo el territorio con el Decreto 1239 de 1948 (abril 10) “por el cual se declara turbado orden público y en estado de sitio todo el territorio de la República” (OSPINA PÉREZ, 1950, págs. 484-485).↵
- Al respecto, “El partido creía, y ahí surgían una serie de dificultades, que con la simple elección de Presidente de la República había conquistado la totalidad del poder, sin apreciar que el control liberal de las mayorías del senado y de la cámara de las Asambleas Departamentales y de los Consejos Municipales, constituía un obstáculo democráticamente insalvable para instaurar un sistema hegemónico” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 32).↵
- En una entrevista Gilberto Álzate Avendaño en 1952, dice: “Nosotros no vacilamos en declarar nuestras predilecciones por el régimen presidencial, como forma de gobierno estable en nuestro país, preconizada por el Libertador para mantener en estas Repúblicas tórridas una disciplina tutelar. El primado del ejecutivo rompe el simétrico reparto funcional del poder. Esa concentración de autoridad, que le da al Gobierno un máximo de prerrogativas, se conoce históricamente con el nombre de ‘Ley Bolivariana’, tiene su origen en el egregio pensamiento del héroe y un siglo de experiencia constitucional demuestra que sólo dentro de ella es posible ordenar el destino del continente” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 34).↵
- Por ejemplo, pueden leerse los resultados de las votaciones de 1945: “En el año de 1945, antes de la elección de Ospina, había registrado un volumen electoral de 571.533 votos contra 293.833 conservadores y 27.168 comunistas, o sea que la participación de las dos colectividades era la siguiente: liberalismo un 64%, conservatismo un 33%” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 36); en contraste con los resultados de 1946: “Estos resultados no se modificaron sustancialmente en la elección presidencial de 1946 en la cual se contabilizaron las siguientes cifras: conservadores por Ospina Pérez 575.849; liberales 801.056, distribuidos así: por Gabriel Turbay 441.199 y por Jorge Eliécer Gaitán 359.957; lo cual refleja una distribución de un 50% para el liberalismo y un 42% para el conservatismo” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 36). Las elecciones parlamentarias de 1947 serían “para el liberalismo una mayoría de sólo 150.000 votos que indicaba un importante avance para el Partido Conservador a pesar de que no había conquistado las ambicionadas mayorías en los cuerpos colegiados. […] Total 35 senadores liberales contra 28 conservadores. La composición de la Cámara fue la siguiente: 73 liberales, 58 conservadores” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 44)↵
- La composición inicial del gabinete fue la siguiente: “ministro de Gobierno Dr. Roberto Urdaneta Arbeláez; de Relaciones Exteriores Luis López de Mesa; de Justicia Alejandro Cabal Pombo; de Hacienda Francisco de Paula Pérez; de Guerra Fabio Lozano y Lozano; de Trabajo Delio Jaramillo Arbeláez; de Higiene Pedro Eliseo Cruz; de Economía Moisés Prieto; de Minas y Petróleos Francisco de Paula Vargas; de Educación Eduardo Zuleta Ángel; de Correos y Telégrafos José Vicente Dávila Tello y de Obras Públicas Luis Ignacio Andrade” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 46)↵
- Al respecto leer a Reyes (1989) “Aun contra las resistencias y ataques del oficialismo, el avance de Gaitán era incontenible y esto se hizo evidente cuando, en noviembre de 1946, los parlamentarios liberales comandados por los gaitanistas y con el disgusto del santismo, renunciaron a participar en el gobierno de Unión Nacional. La medida significó para el partido liberal la pérdida de cinco sillas ministeriales, siete gobernaciones y más de cuatrocientas alcaldías” (REYES, 1989, pág. 12). En 1947 esta posición varió, como lo afirma la autora: “Gaitán varió su posición frente a la colaboración con Ospina, y el 25 de marzo de 1947 autorizó a miembros de su movimiento para aceptar cargos en el gobierno de Unión Nacional. El propio Gaitán, aunque permitió la participación de ministros gaitanistas, frecuentemente los criticó y asumió actitudes hostiles hacia ellos cuando, en su calidad de funcionarios, respaldaron medidas gubernamentales. El papel de los ministros gaitanistas fue deplorable: maniatados por sus propios copartidarios se limitaron a vegetar en sus cargos. El año que Gaitán se desempeñó como jefe de partido liberal fue un año lleno de contradicciones y falta de coherencia política” (REYES, 1989, págs. 12-13).↵
- La mención de Jaramillo Ocampo al tema es la siguiente: “En septiembre de 1947 en forma sorpresiva, con todo el dramatismo y elocuencia de que era capaz, adelantó en el Senado un debate enjuiciando al Gobierno de estar violando la Constitución y las Leyes con el argumento de que se habían hecho unas importaciones irregulares de gases lacrimógenos, por conducto de la Embajada de los Estados Unidos. Como conclusión de su discurso, presentó una proposición que tenía el alcance de un juicio de responsabilidad ante el Congreso para el presidente Ospina Pérez” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 48) ↵
- Los hechos los establece el ángulo conservador de esta forma: “El Gobierno Nacional, previamente autorizado por el Consejo de Ministros y ciñéndose en su totalidad a los trámites legales adelantó por conducto del Departamento Nacional de Provisiones un pedido de gases lacrimógenos y de los instrumentos para su aplicación. Tal compra se estaba tramitando desde la administración anterior y se activó en vista de los graves hechos ocurridos en la capital el 31 de octubre de 1946” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 51)↵
- La “manifestación del silencio” la registro Jaramillo Ocampo (1980) de la siguiente manera: “Los graves sucesos de Manizales irritaron aún más al liberalismo. El Dr. Gaitán consideró entonces oportuno invitar al pueblo bogotano a un acto de protesta que fue anunciado como la ‘manifestación del silencio’. Yo tuve la oportunidad de acompañar en ese momento al Dr. Ospina Pérez y de escuchar por radio el discurso del jefe liberal. Nunca se había congregado una multitud tan disciplinada, fervorosa y con más mística en la Plaza de Bolívar de la capital. Manejar las manifestaciones primarias, dándole rienda suelta a sus emociones y estimulando las expresiones espontáneas del alma popular es fácil y requiere poco esfuerzo y poca autoridad. Pero disciplinar, a través de una contenida elocuencia los sentimientos de una multitud y someterla durante dos horas a la prueba de un silencio acusador es demostración de una capacidad de manejo de las multitudes que no tenía antecedentes en la vida nacional” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 85).↵
- Según Reyes (1989): “se denunciaban numerosos asesinatos y atropellos cometidos contra los liberales. En muchos de estos hechos se podía comprobar la participación de policías y guardas de [rentas]. El memorial vetaba a los ministros de Gobierno, José Antonio Montalvo, y de Educación, Joaquín Estrada Monsalve, por su sectarismo e incapacidad para practicar una política de Unión Nacional. En el documento los liberales enfatizaron su rechazo a la teoría laureanista de fraude electoral liberal, la cual fue señalada como una forma de sectarismo político encaminada a instigar el odio entre los partidos. El presidente Ospina se tomó varias semanas para contestar a los liberales. En su respuesta les recordó cómo en los años treinta, bajo el gobierno del liberal Olaya Herrera, también se habían presentado hechos de violencia, y sin condenar a nadie concreto habló de la promoción vana de la violencia” (REYES, 1989, pág. 20). En el documento Gaitán pondría el principio fundamental: «Sólo os pedimos la defensa de la vida, que es lo menos que puede pedir un pueblo» (REYES, 1989, pág. 20)↵
- El retrato era el siguiente: “La violencia se generalizaba, las autoridades, a pesar de las promesas de Ospina Pérez, se limitaron a ser espectadores pasivos ante el macabro espectáculo, cuando no cómplices al lado de los intereses hegemónicos de sectores del partido conservador” (REYES, 1989, pág. 20). Entre tanto, “[e]l partido liberal se agrupó en torno a Carlos Lleras Restrepo, quien había estado marginado de la política desde que Gaitán había asumido la dirección del partido liberal. Lleras Restrepo vio en la coyuntura la oportunidad de recuperar audazmente la dirección del partido para el sector santista. Al asumir la dirección, recogió las banderas políticas de Gaitán más no las económicas. […] Los gaitanistas, acostumbrados a la fuerte figura de Gaitán que controlaba todas las decisiones, después de su muerte se debilitaría por las luchas internas hasta desaparecer” (REYES, 1989, pág. 23)↵
- Primero le reconoce la capacidad política “Estoy seguro de que, si la tragedia del 9 de abril no interrumpe su carrera política, habría llegado a la Presidencia con un volumen de votación impresionante que habría superado la tradición de los dos partidos, así como creo que el pueblo habría sido víctima de una tremenda frustración en el ejercicio de su mandato presidencial” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 86); y luego lo condena: “El Dr. Gaitán era sin duda alguna un temperamento de derecha, con un talante cesarista inequívoco que trataba de ocultar a través de algunas ideas socialistas, pero sin conocer con mucha severidad lo que esa ideología implica como compromiso ideológico y como deber del Gobierno” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 86).↵
- Los señalamientos de fascista a Gaitán por sus vínculos de estudios de Posgrado en Italia, y sus inclinaciones al Partido Socialista, de las filas de donde saldría Benito Mussolini, son extensas en la literatura colombiana, una sola referencia general al respecto: “Los conservadores de los dos partidos tradicionales lo señalan como un simple, aunque afortunado demagogo que desató los resentimientos de las ‘masas’. Los liberales neo-centenaristas lo creen un caudillo que se encontró casualmente con el pueblo a la vuelta de la esquina y que dividió al partido liberal, haciéndole perder la dirección y el gobierno. Los comunistas –que le acusaron implacablemente de fascista lo exhiben ahora como uno de sus mártires, no sin negar a Gaitán toda capacidad doctrinaria, por no haber estado inscrito en sus registros oficiales de marxismo, ni haber creído en la equívoca tesis de la revolución democrático-burguesa, ni haber esperado que la revolución viniese de arriba o de fuera, de las ‘burguesías progresistas’ o de las potencias revolucionarias” (GARCÍA, 1955, pág. 11)↵
- La nómina ministerial preparatoria a la Conferencia Panamericana, fue la siguiente: “jefe de la Delegación, el ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Domingo Esguerra; Embajadores Darío Echandía, Carlos Lozano, Luis López de Mesa, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Carlos Lleras Restrepo, Laureano Gómez, Roberto Urdaneta Arbeláez, Eduardo Zuleta Ángel, Guillermo León Valencia, Silvio Villegas y Augusto Ramírez Moreno” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 87). La apreciación de Jaramillo Ocampo (1980) al respecto fue la siguiente: “Se incurrió, a mi entender, en una grave equivocación al no incluir en la nómina liberal al Dr. Jorge Eliécer Gaitán. Ello se debió a una presión del más alto nivel que el Gobierno no pudo desatender” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 87). El análisis de Carlos Lleras Restrepo para la participación en la Conferencia contendría: “las siguientes tesis: a) Debe existir una sola política para el liberalismo. La de la cooperación o la de la oposición, pero una política definida que evite la confusión; b) Igualmente, se expresaba amigo de la cooperación sobre la base de un entendimiento leal y sincero con Ospina Pérez que asegurase las garantías ciudadanas, otorgase a los ministros un respaldo en las Cámaras e hiciese fácil la labor administrativa en los planes de progreso común del Gobierno” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 89).↵
- En el capítulo referente a Olaya Herrera, habíamos referenciado la situación de 1932, en la cual “Gaitán llegaba a ser segundo vicepresidente de la república en un momento de suprema agitación para el país” (OSORIO LIZARAZO, 1998, pág. 150). Periodo en el cual Enrique Olaya Herrera nombro en “categoría de agente diplomático [a Gaitán] y le confirió la misión de visitar a México y algunos países de la América Central, con el fin de explicar en ambiente popular la causa de Colombia en la cuestión de Leticia y de obtener el apoyo moral que le era indispensable en caso de que el litigio se resolviese en alguno de los organismos internacionales fundados para sustentar la paz del mundo” (OSORIO LIZARAZO, 1998, pág. 151).↵
- La composición del: “primer gabinete homogéneo, el cual queda integrado así: ministro de Relaciones Exteriores Dr. Laureano Gómez; ministro de Gobierno Dr. Eduardo Zuleta Ángel; ministro de Defensa Dr. Fernando Londoño; Trabajo Evaristo Sourdís; Higiene Hernando Anzola Cubides; Educación Eliseo Arango; Justicia Estrada Monsalve; Hacienda José María Bernal; Obras Públicas Luis Ignacio Andrade; Agricultura Alfredo García Cadena; Economía Guillermo Salamanca” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, pág. 96). ↵
- Jaramillo Ocampo (1980) ubica la escena de la siguiente manera: “‘¿Quieren ustedes, señores Generales, que estudiemos la posibilidad de un Gabinete Militar?’. ‘Señor presidente: no creemos que esa sea la solución’, fue la respuesta de uno de ellos. ‘En primer lugar, porque dispersados nosotros en las distintas carteras, cuyo manejo no conocemos, lejos de favorecer la posición del Gobierno, podríamos complicarlo más en las presentes y difíciles circunstancias. En segundo lugar, porque si todos los jefes de más alta categoría, como sería lógico, ocupamos los Ministerios, no quedaría quién comandara las Fuerzas Militares en este momento tan complejo” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 122).↵
- Los liberales solicitaron el Ministerio de Guerra, Ospina Pérez se negó y nombro al teniente General Ocampo, argumentando que era quién tenía la “más alta Jerarquía en el Ejército” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 126).↵
- El nuevo Gabinete fue conformado por el “conservatismo como los doctores Luis Ignacio Andrade, José María Bernal, Evaristo Sourdís, Guillermo Salamanca y José Vicente Dávila Tello, y del lado liberal los doctores Darío Echandía, Samuel Arango Reyes, Alonso Aragón Quintero, Jorge Bejarano, Pedro Castro Monsalve, Fabio Lozano y Lozano, todos los cuales aceptaron y se posesionaron de sus respectivas carteras” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 129).↵
- Estos serían los lineamientos políticos del conservadurismo ante la situación: “Estamos ante un movimiento de inspiración y práctica comunistas en el cual vienen interviniendo indeseables elementos extranjeros, algunos de los cuales han caído en manos de las fuerzas leales al Gobierno y serán juzgados por los Tribunales Militares. El sorpresivo golpe, que parecía premeditado en todos sus detalles para implantar en el país la revolución social con sus consecuencias de destrucción y de barbarie, característica de esta clase de movimientos, pudo consumar durante las horas de su oscuro dominio, horrendos atentados en la capital de la República y en algunos lugares del país” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 137).↵
- Así entendido: “En materia de reforma agraria los dos partidos han sido siempre muy tímidos y han presentado efectivas resistencias para una legislación que permita una efectiva e importante expropiación de tierras con el fin de crearle al campesino el estatus de propietario” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 174).↵
- Léase: Artículo 24. “El Gobierno podrá, cuando lo juzgue necesario, fijar precios suficientemente remuneradores para productos agrícolas y materias primas de producción nacional utilizables por la industria colombiana, a fin de fomentar la producción hasta llenar las necesidades del consumo nacional, y en forma que permita establecer un nivel equitativo de salarios para los trabajadores. Para lograr este fomento, el Gobierno podrá, fijar cuotas de absorción obligatoria de las materias primas de producción nacional, y condicionar el otorgamiento de licencias de importación a la celebración de convenios con los interesados, referentes a la compra de tales materias primas” (LEY 90, 1948).↵
- El Artículo 1° regía así: “Aparte del impuesto de timbre de que trata el artículo 5º del Decreto 568 de 1946 y el artículo 3º de la Ley 67 de 1947, toda operación de cambio que implique salida efectiva de moneda extranjera o disminución en las disponibilidades del país en tales monedas, o restricción de su aumento, pagará un impuesto adicional, según las tasas y reglas siguientes: 1º El 10% sobre toda operación de cambio internacional destinada: a) Al pago de importación de mercancías comprendidas en el primer grupo de la clasificación establecida por la Oficina de Control de Cambios, importaciones y Exportaciones; b) Al pago de regalías por la exhibición de películas; c) Al pago de películas adquiridas íntegra o parcialmente; d) Al pago de honorarios de Compañías de teatro, circos y similares, con excepción de los deportistas y concertistas” (Decreto 1952, 1948).↵
- En palabras de Jaramillo Ocampo (1980): “En 1936 bajo la administración del Dr. Alfonso López Pumarejo, el país celebró un Tratado con los Estados Unidos en virtud del cual se congelaron a un bajo nivel, las tarifas de importación de 161 posiciones arancelarias fundamentales en el comercio colombiano. Este Tratado sustituyó en parte el de 1846, sobre navegación y comercio, el cual no había establecido disposición alguna en materias aduaneras” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, págs. 186-187).↵
- En asesoría de tesis con Gabriel Misas Arango, se aclaró que el Decreto derogó el Acuerdo comercial. El asunto de la terminación del Convenio comercial entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América, Ley 74 de1936, se daba también, como posibilidad para que Colombia no ingresará en ese momento en el GATT, dado que la aplicación de la “Clausula. De la nación más favorecida” resultaba contraria a los intereses de Estados Unidos. La lectura de los asesores colombianos enviados a la ronda de discusiones en Francia, le permitieron a los conservadores la aprobación de Estados Unidos de la terminación del Acuerdo comercial, sin ingreso de Colombia al GATT. Además, el Decreto 1952, también ocasionó una alianza de intereses entre industriales y terratenientes: “Hasta finales de los años cincuenta los textileros colombianos no importaban algodón, importaban hilaza el decreto 1952 de 1948 prohíbe la importación de hilaza y se obliga a comprar algodón, prohibiendo la importación de telas. Resultando una conjugación de los intereses económicos de Coltejer, Fabricato, Tejicondor y Única. El certificado de compra de algodón nacional, brindaba la posibilidad de comprar algodón del exterior, dado que la producción nacional no podía abastecer toda la demanda, solo era necesario garantizar la venta total de la producción nacional, para permitir la compra de algodón del exterior. Esto impulsó la producción agraria del algodón nacional. El gravamen especial a la hilaza era de 5 centavos por kilo. En reciprocidad a los textileros, prohibieron la importación de telas. Los terratenientes tenían el monopolio del mercado interno de algodón. La industria textil nacional, igual se hizo del monopolio de textiles. El comité tripartito, comprendía al gobierno nacional, a un representante de los productores de telas, y a un representante de las agremiaciones de los textileros (asociación diagonal: encargados de importar el algodón). Reproduciendo un modelo de alineación de intereses entre la gran cantidad de productores, y el reducido número de 3 o 4 compradores [Notas de asesoría de Tesis con Gabriel Misas Arango, 17.09.2020]. En clave de ampliar las notas de asesoría de tesis puede leerse el libro Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010 (MISAS ARANGO, 2019).↵
- Al respecto el estudio de Iván Mauricio Duran (2008) se hace cargo de revisar la política cambiaria en la economía cafetera, entendiendo que los “grupos económicos con poder en representación de diferentes sectores de la economía muchas veces procuraron influir de una forma o de otra sobre los objetivos de la política cambiaria de acuerdo a sus intereses particulares” (DURAN, 2008).↵
- Entendido que desde 1944 hasta 1971, funcionó “el régimen monetario internacional dual dólar-oro (basado en un precio fijo del oro en términos de dólares) que se había establecido en Bretton Woods” (OCAMPO J. A., El FMI en sus 50 años: Es la hora de una, 2019)↵
- En el acta del 2 de agosto de 1944, puede leerse la llegada del tema al Banco de la República en un punto tratado como “Fondo Internacional De Estabilización”, en el cual el Gerente del Banco presenta “el texto de los acuerdos adoptados por la Conferencia Técnica Económica Interamericana, reunida en Bretton Wood, sobre el establecimiento de un Fondo de Estabilización de las naciones Unidas y de los países a ellas asociados y sobre fundación de un banco internacional. La Presidencia dispone que se pasen sendas copias de estos documentos a los señores directores, para su estudio” (Acta N° 1.457, 1944).↵
- En el Acta N° 1.550, “En Bogotá, el día 8 de noviembre de 1.945, a las 9 y 30 a. m. Se reunió, en sesión extraordinaria, la Junta Directiva del Banco de la República con asistencia de sus miembros, señores Alfonso López, presidente, Alberto Bayón, Gonzalo Córdoba, Álvaro-Díaz, Liberio López de Mesa, Manuel Mejía J., Jorge Obando Lombana, Francisco de Paula Pérez y Antonio Puerto, y de los Señores Gerente, Consejero Financiero y Abogado del Banco. Concurrió también el jefe de la Oficina de Control de Cambios y Exportaciones, señor Diego Mejía”. En el punto IV del orden del día “Sobre el control de cambios” se hallan los siguientes pasajes que demuestran que a la fecha no se habían tomado decisiones de regular las recomendaciones de la Conferencia de Breton Woods: “El señor Jefe de la Oficina de Control, estima que la reforma propuesta por el señor Bayón, colocaría en posición desventajosa a los productores nacionales, especialmente al gremio cafetero, pues las grandes empresas extranjeras, como las compañías de Petróleos, por ejemplo, no están obligadas a reintegrar al país el valor de las exportaciones, y sus operaciones de cambio, mediante simples asientos. El señor López (Alfonso) insinúa que sería conveniente obtener autorizaciones del Congreso para revisar la reglamentación vigente sobre Control de Cambios, dentro de razonables limitaciones, por la dificultad de que las Cámaras Legislativas puedan adelantar eficazmente un estudio sobre materia tan-compleja. El señor Pérez encuentra muy acertada la sugestión del señor López y manifiesta que cuando sean sometidos a la consideración del parlamento los acuerdos de la Conferencia de Bretton Woods, habrá oportunidad de solicitar una autorización semejante, pues es indudable que la legislación colombiana debe adaptarse a las estipulaciones del citado convenio internacional. La Junta acoge esta iniciativa y, en tal virtud, resuelve aplazar el estudio de las demás disposiciones del proyecto de ley sobre modificaciones al régimen de control de cambios” (Acta N° 1550, 1945).↵
- Según los informes presentados el día 27 de enero de 1947, registrados en “Informes Sobre El Fondo Monetario Internacional y El Banco Internacional De Reconstrucción y Fomento” por el “Sr. Carlos Sanz de Santamaría, antiguo Embajador de Colombia en Washington” hasta esta fecha se da una discusión en el Banco de la República respecto a las adecuaciones a realizar a partir de la Conferencia de Breton Woods, léase: “el señor Sanz de Santamaría analiza el origen y las finalidades que tienen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, organizaciones que dice están llamadas a prestar grandes servicios a los países asociados, en el equilibrio de las balanzas de pagos internacionales y en la estabilización del precio de las monedas. Explica el señor Sanz de Santamaría la manera como operarán dichas instituciones con los países asociados, haciendo notar que todos estos han acordado comisionar a sus bancos centrales para que los represente en todos los actos a que dé lugar su adhesión al convenio adoptado por la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas celebrada en Bretton Woods en el mes de Julio de 1.944”; índica que “el Fondo Monetario Internacional ha tenido que aplazar la iniciación de sus labores hasta Marzo de 1.947 [..] Respecto al Banco Internacional informa que ya está funcionando, en vista de lo cual es aconsejable ir preparando todos los datos requeridos por este organismo para efectuar préstamos” (Acta N° 1.620, 1947). La siguiente alusión será hasta el 5 de mayo de 1948, en la cual se menciona en el punto XI “control de cambios” en la cual puede hallarse lo siguiente: “El convenio de Bretton Woods sobre Fondo Monetario Internacional, en la sesión 5a. del artículo 4º, prevé la posible alza de la paridad de las monedas de los países miembros en un 10% del valor a la par inicial sin posible oposición de tal organismo, y de un 10% adicional sobre el mismo valor inicial, previa aprobación del Fondo, que deberá otorgarse o negarse en un plazo brevísimo” (Acta N° 1.735, 1948).↵
- La respuesta del Sr. Toro fue la siguiente: “puede registrarse con satisfacción que las posibilidades de concesión de créditos por parte del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento para finalidades de fomento en la América Latina han mejorado notablemente en el último año, ya que la adopción del plan Marshall destinado a la reconstrucción europea ha aliviado en notable medida la tarea del Banco en este campo de la economía mundial. Sin embargo, no debe olvidarse que el capital de la institución efectivamente pagado es minúsculo, si se le compara con la magnitud de las necesidades de los países asociados y si se tiene en cuenta el cambio de las circunstancias, que han sobrepasado con creces el panorama contemplado por los fundadores de la entidad en la época en que se celebró la conferencia de Bretton Woods” (Acta N° 1.788, 1948, págs. 4537-4538).↵
- “El señor Gerente considera que si la Conferencia de Gobernadores del Fondo Monetario aprueba la solicitud presentada por la Unión Sudafricana, a que se refiere el cable anterior, el Banco de la República debería continuar comprando como hasta ahora lo ha hecho, la totalidad del oro que se produzca en el país y podría vender el 50% del metal que le sea entregado por los mineros y por cuenta de los mismos, sin que aparezca a primera vista que es necesario hacer enmiendas a la ley qué concede al Banco de la República el monopolio de compra y venta de oro. El señor Ancizar sugiere la conveniencia de que se informe al doctor Emilio Toro que la Junta Directiva del Banco ha encontrado del mayor interés y está conforme con la solicitud formulada al Fondo Monetario por la Unión Sudafricana” (Acta N° 1.869, 1949, pág. 4940).↵
- En el artículo 1° decía “La unidad monetaria y moneda de cuenta nacional es el peso de oro, que pesa 0.50637 de oro a la ley de 900 milésimos de fino” (LEY 90, 1948).↵
- A propósito, uno de los fragmentos contiene la siguiente alusión: “A raíz de estallar los sucesos, el servicio secreto de los Estados Unidos denunció con pruebas que Gaitán había recibido enorme cantidad de dinero de la delegación soviética en Bogotá; dinero suficiente para financiar un movimiento revolucionario. Estaba resuelto a capitanearlo y dio el primer paso adelante. Mas cuando se dio cuenta de que la Unión Soviética lo único que pretendía era asestar un duro golpe a Norteamérica, recomendó a sus amigos dar marcha atrás. Fracasó y el desautorizar a sus compinches le valió el asesinato” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 221)↵
- En la tesis de Herbert Braun (2008) sostiene que en las conclusiones de la Conferencia Panamericana “Marshall no quiso irse hasta que se aprobó una declaración en la que se afirmaba que el comunismo era un agente extranjero «incompatible con la libertad americana y con la dignidad del individuo». La resolución figuraba en la agenda inicial. Después del motín no quedaron dudas sobre su aprobación” (BRAUN, 2008, pág. 373)↵
- En sus palabras puede leerse el siguiente fragmento: “El gobierno actual es un gobierno de traición nacional, porque se pliega cada día más sumisamente a los dictados del imperialismo yanqui, esperando conseguir empréstitos en los Estados Unidos a cambio de entregar lo poco que nos queda de soberanía colombiana. Rompió relaciones con la Unión Soviética, para complacer al general Marshall, alegando los más ridículos pretextos que registra la historia de la diplomacia mundial. Permite que los espías y provocadores del servicio de inteligencia norteamericano adelanten sus intrigas y supervigilen todas las actividades colombianas. Acepta el establecimiento de bases secretas norteamericanas, con el pretexto de la defensa del Canal de Panamá contra peligros imaginarios. Y ha mantenido una política de debilidad y entreguismo crecientes ante el metódico sabotaje que adelanta la Tropical Oíl Company de bloquear su nacionalización, que reclama todo el pueblo colombiano” (VIEIRA, 1973, pág. 41).↵
- El Congreso aprobaría en el segundo semestre de 1948 los proyectos de Ley concernientes a: “Reforma Electoral, autorizaciones al Ejecutivo para convertir en normas generales permanentes los Decretos-Leyes, organización de la Empresa de Petróleos, creación y régimen de Paz del Río, Código de Trabajo, creación del Departamento de Inmigración, la amnistía para los militares y el indulto para los civiles condenados por delitos políticos a raíz de 1944 y abril de 1948 y Fomento Algodonero” (JARAMILLO OCAMPO, 1980, pág. 248).↵
- El historial de Estados de Sitio en Colombia estuvo justificado en el siglo XX con el Artículo 121 de la Constitución Nacional que rigió desde 1886 hasta 1991. El 10 de julio con el Decreto 1632 de 1944, se declaró “Turbado el Orden Público en la Nación” (Gobierno Nacional, 1944). En “¿La noche quedo atrás?”, un artículo de Semana publicado en 1982 afirma que durante 30 años Colombia fue gobernada por decretos excepcionales bajo el Estado de sitio. De hecho, los más de 10.000 decretos promulgados desde los años cuarenta tuvieron que ser admitidos en la Ley 141 de 1961, el comité asesor no pudo completar el estudio ni derogar todo lo que se había decretado hasta la fecha (Semana, 1982, Diciembre 7).↵
- “Los jefes conservadores sentían una especie de desasosiego, cuando pensaban que, apenas empezado el goce del poder, podría vislumbrarse la perspectiva de perderlo en las elecciones venideras. Esos sentimientos y presagios crearon en muchos sectores un espíritu beligerante y se agudizó un sectarismo que provocó una especie de legítima defensa, ya que en muchas regiones estaban aún vivas las heridas que tuvo que soportar el conservatismo al iniciarse el régimen liberal de 1930” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 254).↵
- Sobre la violencia provocada por los conservadores, se argumenta desde sus defensores lo siguiente: “Mucho se ha escrito sobre el origen y causas de la violencia en el cuatrienio de Ospina Pérez y ha prosperado la tesis, gracias al poder de la gran prensa y a los relatos novelados de prosistas liberales, que la gran responsabilidad corresponde al Gobierno de ese entonces y al Partido Conservador. […] es oportuno recordar que bajo el Gobierno de Olaya Herrera se inició la conducta y la actitud de beligerancia de los funcionarios públicos contra los ciudadanos, por la circunstancia de pertenecer éstos a determinado partido político. Los procedimientos que se utilizaron para ‘liberalizar’ los Santanderes, Boyacá, Cundinamarca y otras regiones del país, crearon desde entonces en el conservatismo, como partido minoritario, un espíritu de desconfianza en la imparcialidad oficial y un ánimo de revancha. Es muy posible que, al verse y sentirse protegidos por un presidente de su propio partido, las masas conservadoras quisiesen reconstruir el poder que se les había arrebatado en determinadas regiones” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 263).↵
- Esta era la preocupación del Ministro Jaramillo Ocampo desde entonces y hasta los años ochenta, respecto al papel de la oposición: “Cuando ninguno de los dos partidos cumple esa función, el descontento que en nuestras convulsionadas democracias será siempre una fuerza creciente, tiende entonces a expresarse mediante los grupos extremos y en muchas ocasiones por procedimientos anárquicos y subversivos” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, págs. 282-283). Sin embargo, lejos estaban los resultados electorales en dar indicios de una pugna real a los partidos mayoritarios: Debate del 5 de junio de 1949: “el Registrador del Estado Civil anunció el resultado electoral con las siguientes cifras: liberales 886.492 votos; conservadores 733.414; y comunistas 7.080, o sea una mayoría liberal de 153.000 votos. Con estos resultados la composición de la Cámara de Representantes fue la siguiente: liberales 69, conservadores 63 o sea una mayoría de 6 parlamentarios, lo cual reflejaba la existente en el Senado” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 289).↵
- El Tiempo (9 de septiembre de 1949, Portada) titularía la noticia en primera plana: “El país condena los sucesos de la cámara”, en el contenido puede leerse la noticia: “En todo el país causaron profunda conmoción los sucesos ocurridos en la madrugada del jueves en la cámara de representantes, a consecuencia de los cuales perdió la vida el representante liberal por Boyacá, doctor Gustavo Jiménez, joven líder de la colectividad, que se distinguió en los últimos años como uno de los más gallardos luchadores liberales en el martirizado departamento”. Reyes (1989) ubica el hecho de la siguiente manera: “El 8 de septiembre de 1949, la violencia llegó a su clímax en la Cámara de Representantes. El representante liberal, Gustavo Jiménez, se trenzó en una discusión con el representante conservador Castillo Isaza. Castillo Isaza, quien estaba armado, inició un abaleo. Al terminarse, Jiménez yacía muerto y Jorge Soto de Corral, exministro liberal, gravemente herido. Soto del Corral moriría después como consecuencia de estas heridas. El país se desangraba bajo el imperio de la violencia” (REYES, 1989, pág. 30).↵
- En palabras de Abelardo Forero Benavides: “el diálogo que produce la tragedia: ‘Yo conocí a su padre, dijo el representante Jiménez, pero él no se llamaba ‘Del Castillo’ sino Juan Castillo. Usted no es Castillo Isaza, sino Castillo Sasa. Su padre murió en la caída de un puente en Chiquinquirá. Con toda claridad y completo dominio de sus nervios, desde la mesa de la secretaría, el Representante Castillo replica: ‘Yo soy hijo de unos campesinos humildes, pero no soy hijo natural como su Señoría’. Encañonando el revólver, con toda firmeza y claridad, agrega retador: ‘reaccione, reaccione’. ‘Todos los Representantes se tendieron en el suelo detrás de las hileras de sillas unidas, en forma de amplísimo canapé. Esta forma de silletería quitaba, por fortuna, toda la visibilidad a los recíprocos agresores. Esos revólveres disparaban sin lograr un blanco concreto. Tan sólo el Representante Amadeo Rodríguez, exgeneral de la República, estaba impávido, de pie en la hilera más alta y apoyada cómodamente su pistola sobre la muñeca de la mano izquierda, para darle más seguridad a la ráfaga. El Representante por Antioquia, Lázaro Restrepo, le gritaba ya al final de la espantosa escena: ‘No dispare Amadeo, no sea asesino’. ‘Cuando se reincorporaron los Representantes, los unos aterrados por la tragedia súbita y los otros orgullosos por haber vaciado sus revólveres, el cuerpo de Gustavo Jiménez, apoyado sobre la baranda, destrozado el cuello a balazos, sangrante y muerto. Pocos metros más allá, Jorge Soto del Corral, exministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda, se quejaba de haber recibido un balazo en la pierna. Esa herida, mal curada, tuvo efectos fatales sobre su salud y a los pocos meses se hallaba convertido en un triste escombro humano, después de cuatro años de tortura física inenarrable, moría como tardía e ilustre víctima de la violencia” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, págs. 304-305).↵
- Es importante destacar que desde esta fecha se estableció para la aprobación en Congreso de una Ley, la mayoría calificada de las dos terceras partes: “la disposición constitucional que establece el voto calificado de dos terceras partes para la legislación electoral es una de las piezas maestras de esa noble institución con la cual, el sistema democrático pretende proteger a las minorías contra la fuerza y el imperio de unas mayorías que puedan cambiar a su amaño las reglas de juego, originadas en el diálogo y el consenso entre los partidos. Es esa la razón, por la cual, nuestra Constitución ha exigido esa mayoría calificada para los actos que tienen influencia e importancia en las relaciones entre las dos colectividades y en todas las materias que puedan influir en el orden público. Esta tesis quedó refrendada posterior y expresamente en el acto legislativo de 1968, cuando se reiteró la exigencia de la mayoría calificada de las dos terceras partes para los actos relacionados con los asuntos electorales. En cierta forma esta ratificación es una prueba posterior de la razón que asistía al conservatismo en 1949, al exigir que tal votación se aplicase para la contrarreforma de la Ley 89 de 1948” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 298); (LEY 89, 1948).↵
- La propuesta de modificación sería aprobada el 29 de agosto de 1949 por el Congreso y pasada a “la sanción del ejecutivo. Posteriormente se cumplió un proceso lleno de expectativas y de presiones. El presidente de la República, como quedo indicado, objeto por inconstitucional e inconveniente el proyecto y el Congreso por mayoría ordinaria rechazó el veto presidencial” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, págs. 300-301); el 5 de octubre de 1949 pasaría a aprobación de la Corte Constitucional, nuevamente el ejecutivo la negaría por improcedente.↵
- La posición de los liberales era clara entonces: “‘La Ley 89 con su fórmula de re-cedulación, es producto de numerosos pactos violados y su aplicación no garantiza hoy los fines que la determinaron’. Y agrega: ‘si el electorado no ha logrado cedularse totalmente en 15 años, no podría hacerse en 11 meses; el conservatismo desde el Gobierno coacciona a los electores liberales y por eso será conveniente que las elecciones se cumplan antes de que se clausure el Congreso, pues éste se constituiría así en guardián de los derechos y las libertades de los ciudadanos’” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1946-1959 De la Unidad Nacional a la Hegemonía Conservadora, 1980, págs. 292-293).↵
- En este episodio: “Gilberto Álzate Avendaño escribió desde las columnas del Eco Nacional: ‘La guerra es inevitable. Si el liberalismo se empeña, el problema del poder no se decidirá en las urnas sino en las barricadas’. El anticipo de las elecciones se constituyó según los conservadores en el inicio de la ‘guerra civil’. Con la presentación de este proyecto la violencia arreció y llegó hasta el Parlamento, donde se protagonizaron hechos bochornosos y sangrientos anunciadores del triste futuro que le esperaba a la ya debilitada democracia colombiana. En la primera semana de agosto, la representación conservadora, dirigida por Álvaro Gómez Hurtado, acalló los discursos de los representantes liberales con pitos repartidos por él mismo. Cuando se cansaban de pitar los representantes daban ruidosas patadas en el suelo. El 29 de agosto, después de vergonzosas sesiones en las que los representantes protagonizaron riñas, saboteos y golpes, se aprobó la reforma electoral. La ley pasó al ejecutivo para ser sancionada. El presidente Ospina la vetó por inconstitucionalidad y el Congreso por mayoría rechazó el veto presidencial. Finalmente pasó al estudio de la Corte Suprema de Justicia, la cual por sentencia la dictaminó exequible” (REYES, 1989, pág. 29).↵
- Tesis de la Universidad de Texas en la que dice: “[s]u candidatura fue fugaz, renunció una semana después a causa de un ataque de la Jega el día de su postulación [Henderson, 2006: 426]” (ARARAT OSPINA, 2013, pág. 472).↵
- En El Tiempo pueden leerse las razones que motivaron su declinación como candidato presidencial, a continuación, un fragmento: “En estas condiciones, no me es posible mantener la aceptación que del ofrecimiento de una honrosísima candidatura hice en un principio, atendiendo a obligantes reclamos y correspondiendo a la confianza liberal” (ElTiempo, 1948).↵
- Refiere lo siguiente Ararat Ospina (2013): “mientras que Ospina Pérez era el candidato que representaba a los colombianos patriotas sin importar su partido (pro-campaña y lógica de la equivalencia), Turbay era el candidato del comunismo (de naturaleza internacionalista, y por ello, opuesto a «lo nacional»” (ARARAT OSPINA, 2013, pág. 487)↵
- La definición de ‘motineros’ puede ser una mala traslación de lo que serían los ‘montoneros’, al respecto “Menos mal que contra ese peronismo mulato, revacholista (sic) y dinamitero se levanta la valla de una Unión Nacional de los colombianos de orden que nunca dejarán paso a ‘la marcha sobre Roma’ (Diario del Pacífico, número 5441. Miércoles 17 de abril de 1946. p. 4, véase “El Gaitanismo y la Jega”) (ARARAT OSPINA, 2013, pág. 490).↵
- Morera Aparicio (2011) realiza un estado del arte historiográfico de la bibliografía que haya respecto al estudio de gaitanismo en Cali. Concluye que el “gaitanismo como un fenómeno urbano y populista, en el cual se intenta hace un mapa de la vida pública caleña, para entender qué transformaciones sufrió la ciudad con la irrupción del gaitanismo en la vida política nacional y la posterior desaparición del caudillo. En este trabajo se dedica a mostrar cómo se constituía la vida pública de la ciudad, cómo se organizaban los diferentes grupos y cuál era su relación con el espacio público” (MORERA APARICIO, 2012, pág. 161). Sobre la prensa del Valle, señala: “la década de 1940 en la ciudad de Cali, eran tres los principales diarios: el periódico conservador Diario del Pacífico, liderado por la familia Borrero Olano; Relator, diario liberal santista de la familia Zawadsky; y El Crisol, un periódico liberal, lopista, de propiedad del líder político Rafael Isidro Rodríguez, quien se conoció bajó el pseudónimo de Placido Soler. Adicionalmente es importante tener en cuenta el semanario El Gato, que puede ser una importante fuente de información al momento de estudiar la actividad política de la región” (MORERA APARICIO, 2012, pág. 161).↵
- Esta fue su periodización: “Durante los años 1946-1950 se llevaron a cabo las siguientes elecciones para Parlamento en marzo de 1947, para consejos municipales en octubre de 1947, nuevamente parlamentaria en junio de 1949 y presidenciales en noviembre del mismo año” (REYES, 1989, pág. 11). En cuanto a los resultados: “Después de las elecciones parlamentarias de marzo de 1947, la coyuntura política varió fundamentalmente. Los resultados electorales fueron los siguientes: votos gaitanistas 448.848; votos santistas 352.959 para un total de votos liberales de 801.807; total de votos conservadores 651.223, y votos comunistas 11.577. […] En Cundinamarca, donde Gaitán encabezó la lista para el Senado, derrotó a Carlos Lleras Restrepo de la lista santista, por 32.780 votos contra 9.761. El triunfo de Gaitán lo hacía acreedor de la jefatura del partido liberal” (REYES, 1989, pág. 12). Las elecciones municipales del “5 de octubre de 1947 se llevaron a cabo […] para consejos municipales. Los resultados fueron los siguiente: votos liberales: 738.233; votos conservadores 571.301. […] Laureano Gómez, pocos días después de las elecciones, anunció que éstas habían sido fraude. Aseguró que una revisión adelantada por el en la Registraduría del Estado Civil le había demostrado que el liberalismo poseía 1.800.000 cédulas falsas y exigió que se rehiciera totalmente la cedulación del país” (REYES, 1989, pág. 18).↵
- La división la pone en los siguientes términos: “Laureano Gómez, jefe del conservatismo, sólo vio en la política de Unión Nacional una táctica electoral y propendió por el establecimiento de una fuerte hegemonía conservadora que permitiera el desmonte de dieciséis años de república liberal” (REYES, 1989, pág. 10); y continúa: “El partido liberal se encontraba dividido, y los continuos enfrentamientos entre gaitanistas y oficialistas contribuyeron a entorpecer los planes políticos de Ospina. El sector oficial del liberalismo y en particular los santistas, prefirieron establecer acuerdos con el gobierno antes que con Gaitán de cuyo movimiento desconfiaban” (REYES, 1989, pág. 10).↵
- Las movilizaciones sociales y los llamamientos a Paro Nacional se hicieron presentes en las calles: “A fines de 1946 numerosos sindicatos obreros presentaron pliegos de peticiones, reclamando primordialmente mejoras en los salarios y alegando que éstos perdían poder adquisitivo ante el alza en el costo de la vida. Se generaron varios conflictos laborales, entre ellos el de los obreros del petróleo que se prolongó y dejó como consecuencia la escasez de combustible en varias ciudades del país. Los choferes de Bogotá realizaron una serie de manifestaciones ruidosas y desorganizadas para protestar por la escasez. El general Vanegas, comandante de la policía, fue llamado al palacio presidencial para que tomara medidas y reprimiera los desórdenes callejeros protagonizados por los choferes. El general manifestó a Rafael Azula Barrera, secretario de la presidencia, que «Nosotros hemos recibido la herencia de una policía enemiga del nuevo régimen, que se cree al servicio del partido liberal y no cree al servicio del gobierno». Pocos días después el general Vanegas, que tenía simpatías liberales fue reemplazado por el general Delfín Torres, conservador. A partir de este momento el gobierno empezó a tomar medidas que le garantizarán el control absoluto sobre la policía, lo cual permitiría manejar los problemas de orden público a criterio del gobierno. Se inició entonces una serie de destituciones de agente liberales, al tiempo que se vinculaban otros en su mayoría oriundos de la población de Gramalote (Santander). […] Además se cambiaron todos los profesores de policía política, llamada POPOL por los liberales y denunciada por éstos como una «Gestapo criolla». La conservatización de la policía se logró totalmente después del 9 de abril, cuando los viejos agentes fueron licenciados y reemplazados por personal conservador. La mayoría de los nuevos agentes procedía de la población boyacense de la Uvita, municipio [vereda] de Chulavo, famoso por el fanatismo conservador. El término chulavita se generalizó a la policía que ejercía la violencia, y para los liberales fue un sinónimo de muerte y terror” (REYES, 1989, págs. 11-12).↵
- Luego del asesinato de Gaitán, los cambios ministeriales fueron los siguientes: “Laureano Gómez, presidente de la Novena Conferencia Panamericana […], fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. José Antonio Montalvo, ya famoso por su sectarismo, ocupó el Ministerio de Justicia y como ministro de Obras Públicas, se nombró a Luis Ignacio Andrade, un laureanista exaltado” (REYES, 1989, pág. 21). En mayo de 1948: “Ospina nombró un gabinete ministerial hegemónicamente conservador y le entregó al ejército los ministerios de influencia en el manejo del orden público. El Ministerio de Gobierno fue ocupado por el general Régulo Gaitán, el de Justicia por el general Miguel San Juan y el de Guerra por el general Rafael Sánchez Amaya” (REYES, 1989, pág. 28). Al final del gobierno de Ospina: Rojas Pinilla fue ascendido a General y nombrado Teniente General del Ejército, en la biografía oficial de la Presidencia de la República, puede leerse que “A finales de 1946, el coronel Gustavo Rojas Pinilla fue nombrado comandante de la Primera Brigada con sede en Tunja, su ciudad natal. En 1948 fue nombrado comandante de la Tercera Brigada en Cali, donde el coronel Rojas sometió la rebelión ocurrida allí a consecuencia del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Por sus acciones de pacificación en Cali y el Valle del Cauca, Rojas Pinilla recibió honores del Departamento del Valle y del gobierno del presidente Mariano Ospina Pérez” (Presidencia.gov.co, 2020).↵
- En el estudio de las fuerzas alternativas, el Partido Comunista de Colombia y los movimientos sociales de la época, constituyen un plano distinto al de las clases dominantes, por tanto, merecerán un estudio posterior. Mencionar excusando la extensión los siguientes apartes, que dan una muestra de las dificultades: “Uno de los hechos que más contribuyó a tensionar el ambiente político en 1947 fue el llamado Paro Nacional del 13 de mayo. En este año se registró el más alto número de huelgas que hasta entonces se hubiera dado en Colombia. Las huelgas tuvieron como origen la difícil situación económica padecida por las clases trabajadoras, debido al constante aumento en el costo de la vida y a los continuos despidos y destituciones, primordialmente en el sector oficial. El cambio de gobierno implicó el despido de numerosos obreros y empleados liberales. Estas causas, además de la exigencia por el respeto a las libertades sindicales y ciudadanas, fueron las que señaló la CTC como razones para convocar el paro. El gobierno tomó medidas enérgicas para reprimir el movimiento y garantizó el transporte y funcionamiento de los ferrocarriles con la colaboración del ejército. El paro fracasó por la debilidad del movimiento obrero. La CTC, única central obrera del país, atravesaba una crisis. Después de la derrota en 1945 de la huelga de la FEDENAL, el sindicato más poderoso del país, la CTC venía en un proceso de división y debilitamiento. El gobierno de Lleras Camargo reprimió duramente esta huelga, con despidos masivos y enviando tropas al río Magdalena para proteger a los obreros que no participaban en ella. El desarrollo de la huelga evidenció un cambio de actitud de la política liberal frente al movimiento obrero. Los obreros, acostumbrados a la posición mediadora y conciliadora de López Pumarejo en los conflictos obreros, se desconcertaron. El resultado de la huelga fue la división de la CTC en el VIII Congreso Sindical, del cual salieron funcionando dos centrales, una liberal y una comunista. Finalmente, en 1947 la CTC se reunificó bajo la presidencia del gaitanista Víctor Julio Silva, pero en su interior persistían las contradicciones y enfrentamientos entre liberales y gaitanistas, y entre éstos y los comunistas. Estos últimos, para completar aún más la situación interna de la CTC, se dividieron en tres grupos: Movimiento Reorgánico del Partido Comunista dirigido por Diego Montaña Cuéllar, el Partido Comunista Obrero dirigido por Augusto Durán y el Partido Comunista dirigido por Gilberto Viera” (REYES, 1989, págs. 15-16). Mientras en la izquierda el sindicalismo se dividía, desde la derecha los conservadores lo organizaban: “La prensa conservadora, en particular El Siglo, interpretó el paro como una conspiración de Gaitán y el comunismo para derrocar al presidente y aprovechó la oportunidad para reclamar la personería jurídica para la recién fundada Unión de Trabajadores de Colombia, UTC. En esa época la ley colombiana prohibía el paralelismo sindical y, existiendo ya la CTC, la creación de la UTC era ilegal” (REYES, 1989, pág. 16). La creación de la vertiente sindical conservadora se legalizó en 1949: “el gobierno de Ospina derogó el decreto que prohibía el paralelismo sindical de esta manera permitió la legalización de la UTC” (REYES, 1989, pág. 16).↵
- La cuestión surge, en términos de la solicitud que hiciera Alberto Lleras Camargo de los gases lacrimógenos meses previos a la posesión de Mariano Ospina Pérez [uno de los motivos de tal solicitud, pudo surgir de la huelga ocurrida durante su gobierno el 18 de diciembre de 1945: “más de 10000 trabajadores afiliados a Fedenal inician huelga en el río Magdalena mientras se anuncia paro en la compañía petrolera Tropical. El gobierno declara ilegal la huelga y suspende la personería a la Fedenal y 15 sindicatos del río” (VILLAR BORDA, 2006, pág. 298) ]. Sin embargo, fue el gobierno de Ospina Pérez quien recibió y utilizó los gases lacrimógenos en el Paro del 13 de mayo de 1949. Lleras los había solicitado Después de los hechos, se acusó a Ospina de la “conspiración de los gases […] los gaitanistas trataron de utilizar el Congreso para desprestigiar al presidente Ospina y a los ministros conservadores. De éstos, Roberto Urdaneta Arbeláez, Eduardo Zuleta Ángel, José Vicente Dávila Tello y Francisco de Paula Pérez, fueron sindicados de intervenir a favor de negocios relacionados con las compañías petroleras. Mientras en la Cámara se adelantaba con gran despliegue el juicio contra los ministros por «cuya sangre corría petróleo», al decir de la prensa gaitanista, en el Senado el propio Gaitán inculpó al presidente Ospina de haber importado armas ilegalmente a través de la embajada de los Estados Unidos. Insinuó Gaitán que se habían producido graves violaciones a la soberanía colombiana y creó sospechas de que las armas se pretendían utilizar por parte del gobierno para reprimir a los liberales. Las armas resultaron gases lacrimógenos y no se presentó por parte de Gaitán ninguna evidencia que sustentará las acusaciones” (REYES, 1989, pág. 16). La traición de los liberales estaba precisamente en que: “La táctica utilizada por los gaitanistas en estos debates era la misma utilizada por Laureano Gómez contra López Pumarejo en los cuarenta, pero el balance de este famoso debate fue desfavorable para Gaitán. El sector oficial del partido liberal no apoyó a Gaitán en sus acusaciones contra Ospina Pérez. Por el contrario, acusaron al propio Gaitán de irresponsabilidad en la formulación de los cargos” (REYES, 1989, pág. 17).↵
- Asesinado Gaitán y pactado desde el 10 de abril un gobierno de ‘Unión Nacional’ con el ala del santismo: “A los liberales, ante la negativa de Ospina a renunciar, les quedaron dos alternativas: o colaborar con el Gobierno de la Unidad Nacional o apoyar el movimiento popular y revolucionario. La segunda alternativa era ajena a la ideología y a los intereses económicos de la élite política liberal. Optaron entonces por una colaboración con Ospina para defender las instituciones y evitar una guerra civil” (REYES, 1989, págs. 22-23).↵
- La ruptura de la ‘Unión Nacional’ en junio de 1949: “Sectores del conservatismo tenían como meta el triunfo en las urnas, así tuvieran que emplear los métodos que fueran necesarios. Estos mismos sectores exigieron al presidente el abandono de la política de Unión Nacional, el establecimiento de una hegemonía conservadora y el nombramiento de autoridades seccionales que favorecieran los intereses electorales de ese partido. Antes de las elecciones parlamentarias de junio de 1949, la Unión Nacional se rompería por tercera vez y esta ruptura sería definitiva. Ambos partidos habían optado por el enfrentamiento sin tregua. Las posibilidades de diálogo y de entendimiento se eliminaron totalmente, y durante varios años el país viviría bajo el imperio de la violencia y el odio” (REYES, 1989, pág. 26). La ruptura definitiva se daría el: “21 de mayo de 1949 todo liberal que ocupará un cargo de gobierno debió abandonarlo. Esto marcó el rompimiento de la estructura institucional existente. Las relaciones entre liberales y conservadores se deterioraron hasta quedar rotas aun en el plano social” (REYES, 1989, págs. 27-28).↵
- En una edición El Tiempo (22 de octubre de 1949, Portada) había publicado el texto que decía: “Que la ley 16 de 1949 señaló el día 27 de noviembre próximo para la celebración de las elecciones de presidente de la República; Que desde tiempo atrás se ha venido presentando en el país una intensa agitación originada en la exaltación de los ánimos por causa de las pasiones políticas. Que las manifestaciones públicas en las actuales circunstancias podrían crear graves situaciones de orden público y choques de las diversas colectividades; Que de acuerdo con lo dispuesto en el numeral 7° del artículo 1° de la constitución nacional, corresponde al gobierno la conservación del orden público en todo el territorio nacional y lo obliga a tomar todas las medidas preventivas conducentes a [su] preservación…”. El 9 de noviembre se expediría el Decreto (Decreto 3522, 1949).↵
- En 1949: “El 22 de octubre, veinticuatro liberales fueron masacrados en las oficinas de su partido en Cali. El ataque fue perpetrado por bandas de ‘pájaros’” (REYES, 1989, pág. 31).↵
- “Las mujeres de la élite social de Bogotá citaron una manifestación. Quince mil mujeres de todas las clases desfilaron pidiendo ‘Paz en la Patria’. Frente al Capitolio se colocó un aviso de neón con la palabra ‘Paz’” (REYES, 1989, pág. 30). “Las organizaciones gremiales ANDI, SAC, y FENALCO promovieron un Comité Pro-Paz compuesto con figuras ecuánimes de ambos partidos para que actuaran como emisarios de paz. Los sectores empresariales temían que la violencia afectará sus negocios. El éxodo campesino causado por la violencia llegó a proporciones tan alarmantes que los cafeteros empezaron a temer por sus cosechas, debido a la escasez de brazos para recolectar el grano. Ospina Pérez, presionado por los diferentes sectores industriales y económicos del país y ante las proporciones de la violencia, presentó una propuesta política con la que se proponía detener la violencia” (REYES, 1989, pág. 30) ↵
- Publicado en El Tiempo (10 de noviembre de 1949, Portada): “Decreto Número 3522 de 1949. 9 de noviembre de 1949. Por el cual se prohíben las manifestaciones públicas. […] Artículo Único. Desde la fecha de este decreto y hasta nueva orden quedan prohibidas las reuniones o manifestaciones públicas en todo el territorio nacional” Firmado por el presidente Mario Ospina Pérez, y todos sus ministros (Decreto 3522, 1949); los demás serían publicados en el Diario Oficial del Gobierno Nacional (Decreto 3520, 1949); (Decreto 3521, 1949).↵
- Ver entrevista de tesis realizada a Álvaro Tirado Mejía (TIRADO MEJÍA, 2019, 12 de marzo).↵
- Las elecciones se realizaron el “27 de noviembre […] Laureano Gómez, único candidato, fue elegido presidente con 1.026.408 votos. De esta manera se dio inicio a una represiva dictadura civil. Pocos días después el general Gustavo Rojas Pinilla fue nombrado ministro de Comunicaciones en agradecimiento a los servicios prestados al conservatismo” (REYES, 1989, pág. 35). Respecto al Informe de la Registraduría Nacional: “‘El 24 de octubre el registrador nacional, Eduardo Caballero Calderón, informó al presidente como 120 municipios, o sea una séptima parte del territorio nacional, los liberales no se habían podido registrar debido a la acción de las autoridades sectarias. El informe descalificó el debate por celebrarse. Afirmó Caballero Calderón que ‘las elecciones del 27 de noviembre lejos de llegar a ser la expresión inequívoca de la realidad serán una farsa sangrienta’. Pocos días después de este informe los miembros liberales de la Corte Electoral, los expresidentes López Pumarejo, Eduardo Santos, Carlos Lozano y Lozano y el rector de la Universidad Nacional, Antonio Rocha, renunciaron a sus cargos. Finalmente, la Dirección Nacional Liberal anunció que, ante la inexistencia de un orden legal y la ausencia absoluta de garantías para los electores liberales, retiraban la candidatura de Darío Echandía” (REYES, 1989, pág. 31).↵
- A propósito: “varios gobiernos latinoamericanos, incluido el colombiano, respondieron a la Gran Depresión firmando convenios comerciales que protegerían sus exportaciones de productos primarios, así tuviesen que sacrificar los intereses de los sectores industriales” (SÁENZ ROVNER, 1997, pág. 67).↵
- Valga dejar clara la posición de Carlos Lleras Retrepo “la defensa de los intereses de los cafeteros era ‘la condición primera y fundamental’ de la política económica de gobierno” (SÁENZ ROVNER, Elites, Estado y política económica en Colombia, 1997, pág. 72)↵
- Según el mismo autor, esta simpatía terminaría en los gobiernos conservadores: “A pesar de las diferencias partidistas, y de los conflictos sobre problemas económicos, existió en Colombia un consenso entre empresarios, el Partido Conservador y la mayoría del Partido Liberal en reprimir el movimiento sindical independiente, perseguir a sus líderes -sobre todo si éstos eran comunistas- y debilitar y purgar a la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, de sus elementos progresistas y más beligerantes” (SÁENZ ROVNER, Elites, Estado y política económica en Colombia, 1997, pág. 77).↵
- Al respecto menciona Sáenz Rovner: “muchos colombianos tenían negocios con empresas alemanas, o con la colonia de origen alemán en el país. Los alemanes eran prominentes en ciudades como Barranquilla y Medellín, donde operaban -como en otras partes de la nación- células muy activas del Partido Nazi. La embajada alemana, lo mismo que firmas de aquel país apoyaban económicamente a estos grupos en Colombia. Además, en Medellín existían fuertes capitales alemanes en el Banco Alemán Antioqueño, y las grandes fábricas textileras tenían necesidad no solamente de los productos químicos alemanes para procesar sus telas, sino que también ocupaban un buen número de técnicos germanos” (SÁENZ ROVNER, Elites, Estado y política económica en Colombia, 1997, pág. 73)↵
- Ver sitio oficial: www.andi.com.co, visto: 30.03.2020↵
- Está tesis la sostiene Pécaut en un artículo publicado en Francia: “«La constitution des Guildes en instance quasi-gouvernementale: L’exemple colombien dans les années 1945-1950». En: Revue française d’Historie d’Outre-Mer, 65 (1979), No. 244-245, pp. 333-34” (SÁENZ ROVNER, Elites, Estado y política económica en Colombia, 1997, pág. 76)↵
- En su obra, puede leerse el siguiente fragmento: “el proyecto de industrialización no conllevó la formación de una burguesía industrial, tomó la característica de una burguesía interior, en la cual las contradicciones con el capital multinacional fueron secundarias y donde siempre ha predominado el aspecto de la alianza-subordinación frente a la contradicción. Como veremos enseguida a medida que la economía colombiana, especialmente el sector industrial se internacionaliza, o sea, se involucra en el mercado mundial, la alianza de la burguesía interna con el capital multinacional se hace más estrecha y el campo para políticas de carácter nacionalista, o un proyecto propio de industrialización se torna cada vez más difícil. Las políticas del Estado reflejan claramente esta alianza: la creciente interdependencia asimétrica entre burguesía local y capital multinacional se ve reflejada a nivel de las políticas del Estado, el cual, mediante transformaciones en su estructura jurídica, entre otras, tiende a facilitar la Inversión Extranjera Directa (IED) y los flujos de transferencia tecnológica. Sin embargo, dado que el Estado ‘no es una simple herramienta o instrumento manipulable a voluntad por una voluntad única y coherente’ y que presenta una autonomía relativa frente al bloque de clases en el poder, no necesariamente las políticas de Estado están exentas de contradicciones con dicho bloque, como totalidad o con alguna de sus fracciones” (MISAS ARANGO, 1983, pág. 28).↵
- Adherimos al término que refiere Saénz Rovner, reconociendo que debía haberlo definido y sin tener lugar en estas líneas para precisarlo, más allá de mencionar que el cierre del Congreso y la declaración de Estado de sitio en 1949, se puede interpretar precisamente como un Estado autoritario, que como consecuencia dio a posterior la posibilidad de generar una real dictadura, en el golpe de Estado que propiciara el General Gustavo Rojas Pinilla en 1953. En las palabras de Saénz Rovner: “Ospina declaró el estado de sitio, estableció una dictadura de facto, y cerro un muy beligerante Congreso cuando los liberales amenazaron en noviembre de 1949 con juzgarlo a él y a su gobierno. Este último acontecimiento facilitó la elección como presidente sin ninguna oposición, de aún más derechista Laureano Gómez” (SÁENZ ROVNER, Elites, Estado y política económica en Colombia, 1997, pág. 76)↵
- El Decreto fue expedido el 14 de noviembre, entro en vigencia hasta el 27 del mismo mes, fue dictado a puerta cerrada en el Congreso sin publicación en la prensa nacional. La segunda consideración aclara: “Que la industria del petróleo en sus ramos de exploración, explotación, refinación, transporte y distribución de utilidad pública de acuerdo con la Ley, y los problemas que la afectan, por incidir de manera directa en la economía del país, son de orden público económico”. El Artículo 6º consignaba: “Prorrogase por quince años más el plazo señalado en el artículo 11 de la Ley 160 de 1936” de la exploración y explotación del petróleo colombiano por las multinacionales. Las firmas corresponden al gabinete de ministros de Gómez: El ministro de Gobierno, Domingo Sarasty M. – El Ministro de Relaciones exteriores, encargado del Ministerio de Guerra, Gonzalo Restrepo Jaramillo – EL Ministro de Justicia, Guillermo Amaya Ramírez – El Ministro de Hacienda y Crédito Público, Rafael Delgado Barreneche – El Ministro de Agricultura y Ganadería, Alejandro Ángel Escobar – El Ministro de trabajo, Alfredo Araujo Grau – El Ministro de Higiene, Alonso Carvajal Peralta – EL Ministro de Comercio e Industrias, José María Villareal – EL Ministro Minas y Petróleos, Manuel Carvajal Sinisterra. El Ministerio de Educación Nacional, Antonio Álvarez Restrepo – El ministro de correos y Telégrafos, José Tomás Angulo – EL ministro de Obras Públicas, Jorge Leyva (Decreto 3419, 1950). Según conversación de asesoría de tesis de doctorado con el profesor Gabriel Misas Arango, el Decreto 3419 “no tuvo efecto”, dada la creación de Ecopetrol y la finalización de los acuerdos con la Tropical Oil Company.↵
- En esta entrevista Jaramillo Giraldo refiere que: “‘Entre el ministro Carvajal Sinesterra y el Consejo Nacional de Petróleos se logró un acuerdo perfecto en materia de criterios para solucionar el viejo estado de pobreza en la orientación’ [¿?], nos dice Jaramillo Giraldo, y agrega, ‘Ahincadamente el Consejo solicitó la supresión de las reservas. El ministro encontró este clamor patriótico y se produjo el decreto extraordinario de noviembre último, en cuyo artículo primero se consagra la fórmula salvadera, pues abre las puertas al capital extranjero para que beneficie y se beneficie de las grandes regiones antes selladas por disposiciones anticuadas y ajenas al interés nacional” (El Tiempo, 1950).↵
- En el Art. 1° (LEY 165, 1948) puede leerse la disposición del gobierno de Mariano Ospina Pérez: “Autorizase al Gobierno para promover la organización de una empresa colombiana de petróleos con participación de la Nación y del capital privado nacional y extranjero. En caso de no obtenerse la cooperación del capital extranjero, la empresa podrá constituirse solamente con aportes de la Nación y del capital privado colombiano. Si no fuere posible obtener la creación de la empresa de economía mixta, en la forma prevista en este artículo, facultase al Gobierno para organizarla como empresa netamente oficial”, Reglamentado por el Decreto 1628 (Decreto 1628, 1949).↵
- Decreto 1628 de 1949: “Artículo 1° El trabajo de promoción autorizado por el artículo primero de la Ley 165 de 1948, para que el Gobierno organice una empresa colombiana de petróleos, estará a cargo del Ministerio de Minas y Petróleos, el Consejo Nacional de Petróleos y los señores Martin del Corral y Fernando Salazar; estos dos últimos desempeñarán sus funciones ad-honórem. Artículo 2° Las personas designadas en el artículo anterior llevarán a cabo la misión que se les asigna por el presente Decreto en el orden establecido en el citado artículo primero de la Ley 165 de 1948” (Decreto 1628, 1949).↵
- La Ley 31 de 1946 creo el Consejo Nacional de Petróleos (LEY 31, 1946). La Ley 120 de 1948 que dicto la creación de la Escuela Industrial de Petróleo en Barrancabermeja y una refinería de Petróleos en Cartagena (LEY 20, 1941).↵
- Vega Cantor (2009) documenta este fragmento de la historia sosteniendo que “La huelga de 1948”, “logró arrancarle al Estado, pese a su oposición frontal, la declaratoria de legalidad” y “colocó en el tapete de la discusión política la cuestión de la soberanía energética y el asunto relacionado con el inconveniente para la nación de prorrogar la Concesión de Mares; y tres, porque los obreros ganaron la huelga y el gobierno conservador se vio obligado a reconocer el fin de la Concesión en 1951 y la creación de una Empresa Colombiana de Petróleos” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 308). Antes de sentar su tesis menciona unos testimonios: “Cuando antiguos obreros de la Tropical, que laboraron en el enclave petrolero en la década de 1940, evocaban el impacto de la huelga de 1948 enfatizaban que el movimiento se hizo para lograr la reversión de la Concesión de Mares y la nacionalización del petróleo. Tres testimonios, entre muchos, lo confirman. Ángel Ojeda nos dice: ‘Todo fue pacífico, nadie iba a trabajar y uno le cuidaba los bienes a la empresa. Aquí había cuadrillas que se iban a celar para que los gringos no hicieran daños y después dijeran que eran los huelguistas. Por eso le ganamos la huelga’. Patrocinio Mujica asegura que ‘se buscaba la reversión del petróleo, que no fuera explotado por los extranjeros, sino por el país’. Y Jorge Maz recuerda así la acción de la Tropical y la respuesta firme de los obreros: ‘La empresa hizo una serie de barbaridades a fin de tratar de conseguir la prórroga de la concesión por cinco años más. Al fin la USO tomó la bandera nacional. Hicimos muchos movimientos cívicos; tanto en Bogotá como en Barranca se creó una conciencia nacional y así pudo conseguirse que pereciera el contrato en la fecha estipulada en la escritura de la concesión, el 25 de agosto de 1951” (VEGA CANTOR, NÚÑEZ ESPINEL, & PEREIRA FERNÁNDEZ, 2009, pág. 294).↵
- Con un Artículo único, quedaría consignado: “Apruébanse los Estatutos para la Empresa Colombiana de Petróleos, adoptados por la Junta Directiva en Resolución número 1 de 7 de mayo del año en curso, y sostenidos a la apropiación del Gobierno” (Decreto 1124, 1951).↵
- Sí bien la deuda externa de Colombia no inicia con los préstamos adquiridos al FMI y al BM, cierto es que para acceder a estos préstamos se tuvo que definir el total alineamiento político a las doctrinas de Estados Unidos, al respecto: “El arreglo sobre la deuda nacional concluyó al inicio de la segunda guerra mundial; se convino en reducir los intereses originales del 6 al 3%, capitalizar solamente la mitad de aquellos que no habían sido pagados desde 1935 y establecer un fondo para amortizar anualmente parte de la deuda externa, mediante el sistema de compras en el mercado abierto. El arreglo fue posible gracias a la mediación del gobierno norteamericano ante el comité de tenedores de bonos colombianos, en un contexto en el cual el primero buscaba el alinderamiento de nuestro país en el conflicto bélico. No menos importante fue el interés del gobierno colombiano en normalizar su situación de deuda externa para acudir a los créditos otorgados por el recién creado Banco de Exportación e Importaciones de Estados Unidos” (OCAMPO J. A., Capítulo VI: Crisis Mundial y Cambio Estructural, 1987, pág. 214).↵
- De hecho, el 27 de octubre de 1951, Laureano Gómez expediría el Decreto Reglamentario 2277 con el cual junto al Ministerio de Hacienda y Crédito Público acordaban los siguientes artículos: “Artículo primero. En conformidad con lo acordado por la Junta Directiva del Banco de la República y la Junta Reguladora de Cambios, las divisas provenientes de contratos de exportación de café inscritos con posterioridad a la fecha del presente decreto en la Oficina de Registro de Cambios, las comprará el Banco de la República, así: El 60% al tipo oficial de $ 1.95 por dólar, y el 40% restante al tipo de cambio que ha señalado o señale en lo futuro la Junta Directiva del Banco de la República, de acuerdo con la Junta Reguladora de Cambios. Artículo segundo. El expresado 40% de las divisas de que trata el artículo anterior se aumentará automáticamente en un punto y medio cada mes, a partir del 15 de noviembre de 1951 y hasta llegar al 100%” (Decreto 2277 del 27 de octubre de 1951. Disponible en: http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1429850, visto: 23.03.2020)↵
- “A partir del año 1942, es decir, durante la segunda guerra mundial, los colombianos todos industriales y comerciantes, ganaderos y transportadores, banqueros, inversionistas y agricultores, las gentes vinculadas a las grandes y a las pequeñas actividades económicas del país, se embarcaron en la plácida corriente de la inflación sin pensar mucho o nada en sus peligrosas consecuencias. Los préstamos bancarios, el crédito entre particulares, la venta de fincas, el intercambio comercial, los negocios generales, adquirieron una velocidad extraordinaria que empujaba los precios hacia arriba y que permitía a muchos improvisar fortunas en el espacio de pocos meses. | Quien compraba una casa invirtiendo en ella setenta mil pesos lo hacía con la certidumbre de que poco después podría venderla por cien mil pesos o más. Era una contagiosa corriente de prosperidad ilusoria, una carrera sin control que cada vez nos llevaba a una meta más alta en los precios, una alegre fiesta que brindaba riqueza y holgura a unos cuantos, mientras que paralelamente creaba situaciones aflictivas para las gentes sometidas a vivir de pequeñas rentas o de salarios fijos” (ÁLVAREZ RESTREPO, JARAMILLO OCAMPO, & DELGADO BARRENECHE, 1951, págs. 21-22).↵
- La situación ante la incertidumbre de posguerra “hace que los negociantes y manufactureros aumenten sus pedidos hasta el límite posible, subiendo la inversión muy por encima del ahorro, y utilizando por tanto el crédito bancario en cantidades que sobrepasaron en mucho lo prudente” (ÁLVAREZ RESTREPO, JARAMILLO OCAMPO, & DELGADO BARRENECHE, 1951, pág. 25).↵
- El precio del “dólar cafetero” se cotizaría a un precio distinto de la oferta de dólares en el mercado, según puede entenderse de la siguiente alusión: el café costaba en dólares “uno con noventa y cinco, mientras todos los demás colombianos a cuyas manos llegaba un dólar podían ofrecerlo en cotizaciones que oscilaron durante mucho tiempo entre el trescientos y el trescientos cincuenta por ciento”. […] “Esta posición no es justa. No es justa porque la industria del café que es colectivamente rica está formada por una acumulación de pequeños productores que ocupan un nivel muy modesto dentro de los agricultores del país. Cuando se piensa en casos como el de Caldas, en donde existen entre sesenta y setenta mil pequeños propietarios con menos de cinco mil árboles de café y cuya renta anual no llega a los $ 2.600.00 para el sostenimiento de seis personas en promedio, se podrá ver hasta donde el problema tiene implicaciones muy hondas de justicia social. Esas gentes que apenas si logran subsistir vinculando el trabajo de toda la familia a las faenas cafeteras han estado sometidas a entregar el valor de su trabajo para que otros más afortunados que ellos compraran con esa moneda mercancías que forjaban capitales en el espacio de unos meses” (ÁLVAREZ RESTREPO, JARAMILLO OCAMPO, & DELGADO BARRENECHE, 1951, pág. 32).↵
- La dictadura duro del 13 de junio 1953 al 10 de mayo de 1957. El movimiento estudiantil universitario colombiano recordará el 8 y 9 de junio de 1954, como memoria a Uriel Gutiérrez Restrepo, estudiante asesinado en el campus universitario de la Universidad Nacional, cuando cursaba cuarto año de Medicina; y a sus compañeros asesinados en la movilización convocada al día siguiente. Algunos estudios del caso: Miguel Ángel Beltrán Villegas (2019) “La dictadura de Rojas Pinilla (1953-1957) y la construcción del “enemigo interno” en Colombia: el caso de los estudiantes y campesinos” (BELTRÁN VILLEGAS, 2019); un fragmento de la investigación doctoral de Cajas-Sarria (2014) “La Corte Suprema de Justicia bajo el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, [1953 y 1956]” (CAJAS-SARRIA, 2014).↵







