Presentación
La investigación de las crisis y los procesos de conformación del bloque hegemónico colombiano estudia los movimientos orgánicos que acontecieron en el periodo histórico de 1930 a 1950, con el fin de caracterizar los componentes ideológicos del liberalismo económico y el conservadurismo político. El ‘bloque hegemónico’ es entendido a partir de los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci, extrayendo un cúmulo de categorías: la ‘hegemonía’ como ejercicio del poder político, económico y militar, no logra describir el problema de investigación; la interpretación del ‘bloque histórico’, en tanto, ‘superestructura’ ideológica, política y cultural, y la ‘estructura socioeconómica’, que acontece en un determinado tiempo y territorio, brinda un marco de estudio, pero no caracteriza nuestra singularidad. El concepto de ‘bloque en el poder’ de Nicolás Poulantzas, acota la interpretación al fraccionamiento político-electoral, denominación que encaja en un espectro limitado de ‘correlación de fuerzas’ partidarias[1].
Precisamos ‘bloque hegemónico’ con Gramsci, como esos “bloques homogéneos sociales” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 109), diferenciándolo de otros conceptos. Asumimos la complejidad de estudiar la conformación del bloque hegemónico colombiano, a partir de la asunción del liberalismo en 1930, luego de un periodo de cuatro décadas de mantenimiento del poder de la ‘Regeneración Conservadora’[2], indagando en las crisis político-económicas y los procesos político-jurídicos, la caracterización de la fórmula política del conservadurismo político y del liberalismo económico.
Investigar la conformación del bloque hegemónico parte precisamente de estudiar un periodo de tiempo definido en el ascenso (1930) y descenso del poder (1946) del liberalismo, con la exigencia de dar un contexto previo (1926-1930) y la necesidad de aproximarnos a un periodo de Gobierno posterior. Con la finalidad de ubicar en este fragmento de tiempo (1946-1950) los acontecimientos históricos que partieron en dos la historia política de Colombia en el siglo XX: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán (1948) y la declaratoria de ‘Estado de sitio’ (1949) con el cual inicia la violencia política perpetuada por el Estado colombiano.
Las crisis político-económicas estudiadas comprenden acontecimientos que desarrollamos en el contenido de los capítulos que componen esta tesis: 1) la pérdida del Gobierno por la Regeneración Conservadora en 1930, representa una crisis en el Partido Conservador, perdiendo la hegemonía que habían tenido desde 1886; 2) los impactos de la crisis económica mundial de 1929 en la estructura socio-económica colombiana, en términos de las maniobras que asumió el Partido Liberal para mantenerse en el poder asumiendo el recorte de las inversiones y préstamos de Estados Unidos, provocado por el desplome de la bolsa de Nueva York; 3) la crisis interna del liberalismo por la división en las candidaturas presidenciales de Gaitán y Turbay en 1946, dando cierre al bloque hegemónico liberal sostenido desde 1930; 4) la crisis por el magnicidio político perpetuado el 9 de abril contra Jorge Eliécer Gaitán, lo cual produjo el levantamiento social y popular que partió la historia del siglo XX en Colombia; 5) la crisis que da inicio a lo que se conoce como el ‘periodo de la violencia’ en cabeza del Gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, con la pérdida del control político tras la declaración del ‘Estado de sitio’ y la disolución del Congreso de la República en 1949.
La tesis sostiene que desde 1930 hasta 1950 se constituyó un bloque hegemónico colombiano, el cual consiste en la forma política de liberalismo económico y conservadurismo político. Perdurando en la segunda mitad del siglo XX, periodo caracterizado por el autoritarismo represivo del Partido Conservador durante los Gobiernos de Mariano Ospina y Laureano Gómez (1946-1953), profundizado por la Dictadura de Rojas Pinilla (1954-1956) y la Junta Militar (1957), hasta el pacto del consociacionalismo del Frente Nacional (1958-1974). Estudiar el periodo de asunción y descenso del liberalismo en esta línea de tiempo, consiste en dar cuenta de las rupturas y continuidades del Gobierno de la Regeneración Conservadora (1886-1930) y los Gobiernos liberales (1930-1946) como la revisión del nuevo ascenso del Gobierno conservador (1946-1950).
Los procesos de la conformación del bloque hegemónico dan cuenta de los antecedentes y el contexto histórico del que surgen las crisis político-económicas mencionadas. El gran problema es estudiar ¿por qué en Colombia se conforma un bloque hegemónico desde 1930? A partir de cuestionarnos las continuidades y rupturas en la toma de decisiones políticas respecto a los consensos de no represión, en tanto alianzas de los Gobiernos liberales con el movimiento obrero entre 1929 y 1930, o las rupturas de decisión de represión y coerción física que se presentaron durante el primer período liberal entre 1931 y 1933. A la vez, surge el análisis de los componentes que marcaron la división del liberalismo en 1946, haciendo perder el poder de un bloque hegemónico liberal, por la asunción de un bloque hegemónico conservador represivo, causante de la violencia política de mitad de siglo.
La conformación del bloque hegemónico se podrá apreciar al desenlazar los acontecimientos y el análisis de las fuentes estudiadas del periodo definido. Las manifestaciones populares de la década de los años veinte, dan cuenta del malestar social al final de la ‘Regeneración Conservadora’. En tal sentido, la asunción al poder del Partido Liberal (1930-1946) y el devenir de sus Gobiernos, comprende la investigación de los procesos jurídico-políticos, tomados como ejes centrales en la periodización: 1) el proceso jurídico-político contra Alfonso López Pumarejo que ocasiona la renuncia presidencial en el segundo mandato; 2) el proceso jurídico-político del homicidio perpetuado contra Jorge Eliécer Gaitán; 3) el proceso jurídico que surge de la participación del Partido Liberal, con la delegación de Alberto Lleras Camargo en las primeras reuniones de la Junta Militar tras el magnicidio político; y finalmente, 4) el proceso jurídico que sigue a la promulgación del ‘Estado de sitio’ y el cierre del Congreso de 1949.
En el estudio del análisis del bloque hegemónico colombiano, es necesario entender en la dimensión urbana: 1] los bloques urbano-industriales [fabriles, automotrices, ferrocarriles]; 2] los bloques urbanos de sector [comercio, servicios y construcción]; 3] los bloques urbano-financieros [bancos, aseguradoras, fideicomisos, fondos de pensiones, etc.]; 4] los bloques urbano-portuarios y los dedicados al turismo. En la dimensión del campo se pueden cruzar: 5] los bloques de pequeños campesinos agrarios; 6] los bloques agrario-terratenientes [sistemas de haciendas y enclaves agrícolas]; 7] los bloques de agro-negocios-industriales [monocultivos extensivos, agro-combustibles]; y en una mayor complejidad, 8] los bloques minero-energéticos [explotaciones de minería, hidrocarburos e hidroeléctricas].
Bosquejar el hilo de argumentación permanente a toda la tesis, es el reto que afrontamos, en cuanto la secuencia de la escritura logre en los lectores una coherencia en la respuesta al problema investigado, la caracterización de la formula política del conservadurismo político y el liberalismo económico presente en las crisis y en los procesos de conformación del bloque hegemónico colombiano.
El contenido de la tesis está compuesto de esta presentación, una introducción en la cual exponemos la metodología, las técnicas de investigación, el marco teórico y un preámbulo de historiografía política latinoamericana. El primer capítulo aborda algunos antecedentes de los años veinte, los alzamientos del movimiento obrero, la masacre de los trabajadores de las bananeras de la United Fruit Company, y, el fin de la Regeneración Conservadora.
El segundo capítulo concentra los cuatro periodos de Gobiernos liberales desde 1930 a 1946, realizando una breve biografía política de los expresidentes que asumieron la conducción de la administración del Estado capitalista colombiano: Enrique Olaya Herrera (1930-1934), Alfonso López Pumarejo (1934-1938; 1942-1945); Eduardo Santos Montejo (1938-1942); y Alberto Lleras Camargo (1945-1946).
El tercer capítulo contiene el dilema del gaitanismo, las ideas socialistas de Gaitán o el liberalismo de su praxis política. La concentración en su vida académica y sus discursos políticos son un nudo sin desenlace en la incógnita que sigue siendo la autoría intelectual del magnicidio. El cuarto capítulo se encarga de profundizar el autoritarismo represivo del conservadurismo político, disgregando el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y el autonombramiento presidencial de Laureano Gómez (1950-1953).
El quinto capítulo es una condensación teórica de los elementos del derecho represivo del conservadurismo político en la crítica al concepto de ‘Estado de sitio’ y las divergencias con el concepto de ‘Estado de excepción’, se elabora una reconstrucción desde su invención en la Constitución Francesa de 1791 hasta las implicaciones de la formulación de un ‘nuevo derecho’ en las Leyes del llano.
Terminando, elaboramos unas conclusiones que exponen la caracterización de los componentes ideológicos del conservadurismo político y el liberalismo económico, y una serie de apreciaciones en perspectiva de las consecuencias de larga duración del bloque hegemónico colombiano.
Los Anexos contienen en gran parte muchos debates, discusiones, profundizaciones que no permitieron tener lugar de desarrollo en los capítulos del contenido, por las exigencias de reducción de la extensión de la Tesis. Las entrevistas no sólo son un diálogo con autores reconocidos en el ámbito académico y político, sino una manera de aportar originalidad discursiva a los temas trabajados.
La organización de la bibliografía fue toda una batalla con el procesador de textos. Se excusa la imposibilidad de aseverar no haber cometido omisiones o faltas en la citación de todos los trabajos mencionados. Se presenta por estas razones una división de las fuentes primarias y secundarias, catalogando cada uno de los tipos de textos consultados. Por último, el resultado de la actualización automática de la bibliografía referida se agrega como Trabajos citados, en orden alfabético sin catalogación.
Metodología
El proceso de tesis se abordó desde la metodología del análisis socio-histórico de los procesos políticos, esto es, una investigación que se propuso reconstruir la historia pasada con el objetivo de construir presente y visos de futuro. Examinamos los hechos históricos concretos cruzando las relaciones entre: estructura y superestructura; y el desarrollo de los movimientos orgánicos y de los movimientos coyunturales (GRAMSCI, 1986; ANSALDI, 1992) de un periodo de tiempo determinado en un territorio específico, el periodo 1930-1950 de la historia social y política de Colombia.
Las palabras precisas que describen el análisis socio-histórico en Gramsci aluden al ‘criterio histórico-político’ en el que debe basarse una investigación, criterio con el cual investiga la historia de unificación del Estado italiano en el siglo XIX. El método que propone Gramsci a la investigación en ciencias sociales radica en la investigación de las clases dominantes: ¿cómo abordarlas?, ¿cómo estudiarlas?, ¿con qué elementos?, ¿qué cuestiones priorizar? Son algunos de los asuntos que indagamos en el proceso de investigación, referente a la conformación del bloque hegemónico colombiano.
La metodología histórica toma los principios del materialismo histórico, a modo de distinguir “el análisis de las situaciones económicas y de las estructuras sociales” en cuanto que refiere a aquello que es ‘relativamente permanente’ de lo que es ‘fluctuación ocasional’. En su definición, en
el estudio de una estructura hay que distinguir lo que es permanente de lo que es ocasional. Lo que es ocasional da lugar a la crítica política, lo que es permanente da lugar a la crítica histórico-social; lo que es ocasional sirve para juzgar a los grupos y a las personalidades políticas, lo que es permanente sirve para juzgar a los grandes agrupamientos sociales (GRAMSCI, 1981 [T1], pág. 167).
Con esta claridad, Gramsci traza en el Estado una estrategia permanente de investigación; en el Gobierno acierta con una táctica ocasional de los estudios de la coyuntura social y política. Lo que permanece en el tiempo son formaciones sociales que se establecen en tipos de Estado y formas de Gobierno.
En los Cuadernos de la cárcel, detalla el método de estudio de las clases de subalternos, concentrándose en encontrar: 1] la formación objetiva, el mundo económico, su difusión cuantitativa y el origen de otras clases sociales precedentes; 2] la adherencia a formaciones políticas dominantes pasiva o activamente; 3] el nacimiento de Partidos nuevos de la clase dominante para mantener el control de las clases subalternas; 4] formaciones propias de las clases subalternas de carácter restringido o parcial; 5] formaciones políticas que afirman la autonomía de aquellas; y 6] formaciones políticas que afirman la autonomía integral (GRAMSCI, 2008, págs. 35-36). Si bien, estos no son los pasos de investigación realizados, dado que el objeto de estudio no está planteado desde las clases de subalternos, es posible que algunas de estas indicaciones han sido asumidas en el desciframiento de la composición de clases sociales en Colombia.
Respecto al estudio de la formación de los intelectuales en el proceso histórico, es posible contemplar los grupos sociales según la producción económica. En concreto Gramsci propone: “1] tener en cuenta que en cualquier trabajo físico hay un mínimo de cualificación técnica (actividad intelectual creadora); 2] el empresariado (debe tener calificaciones de carácter intelectual), si bien sus logros son por la posición en la industria” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 188).
En cuanto al método de análisis de la filosofía de la praxis. Las preguntas frente a los temas de investigación elegidos son en dos sentidos, teórico y práctico: ¿cómo se caracteriza política e ideológicamente la conformación del bloque hegemónico colombiano?, y, ¿por qué se conformó un bloque hegemónico en el marco de la crisis económica de 1929 y los procesos de alternancia de poder político entre 1930 y 1950?
En la obra gramsciana, la dedicación temática esta puesta en: el examen de los Partidos; las relaciones entre el Partido y los sindicatos; y la cuestión agraria. Tanto en la revisión de los intelectuales que participaron de los Gobiernos liberales como del Gobierno conservador, ha sido pertinente ver estas cuestiones, siendo el debate del proyecto de Ley de la Reforma Agraria de 1933, firmado en 1936, uno de los asuntos que marcó la diferencia en la época, resolviendo la demanda de tenencia de tierras con la titulación de baldíos y el proceso de parcelación de haciendas (1936-1938)[3].
Las fuentes de investigación que Gramsci define en sus Cuadernos son la prensa diaria, periódica y los opúsculos; los documentos de los grupos parlamentarios, en dos versiones, el discurso de un diputado en el recinto del Congreso y el de un discurso de masas. En las tareas de investigación deja anotadas la revisión de las actas parlamentarias; revisar en los discursos parlamentarios que tanto hay de oficialismo con la editorial de la prensa del Partido y cuanta ampliación del discurso se da en las posiciones de la prensa de otros Partidos.
Gramsci, entiende que el funcionamiento de la superestructura radica en los intelectuales, su fijación en los Partidos políticos desentraña las relaciones de la función de los intelectuales en la estructura del Estado. Esto es, el funcionamiento real de los partidos políticos en las ramas ejecutiva y legislativa puede investigarse precisamente por los registros en la prensa y en las emisiones discursivas registradas en toda la tipología textual que exprese el trabajo político.
Por ende, la fijación de leer en distintas fuentes las diferentes posiciones en cuanto a los proyectos en curso, en los que tiene intereses el partido y los partidos aliados, es un método que permite entender cuáles son las diferentes posiciones y clarificar las delimitaciones de los distintos proyectos políticos que se encuentran en pugna. El estudio dedicado al seguimiento de la opinión de los partidos políticos da cuenta de la toma de decisiones que está impactando en las luchas obreras y en los sindicatos, identificando que han sido las decisiones en materia económica las que más afectan a las bases sociales.
La organización de las subversiones da cuenta de nuevas formaciones políticas que avalan o desaprueban las decisiones que toman los gobernantes de turno. La metodología de estudio que propone Gramsci contiene el
plan general de un problema concreto [o de un tema científico], indicando los libros que lo han tratado, los artículos de las revistas especializadas, etcétera, en forma de reseñas bibliográfico-críticas con especial difusión para las publicaciones poco comunes o en lenguas extranjeras (GRAMSCI, 1981 [T1], pág. 98).
Esta meticulosidad está en toda su obra, en cuanto a referencias, y en el amplio bagaje cultural del cual da cuenta con sus reseñas, comentarios y anotaciones. Es este mismo método el que asumimos en el proceso de investigación. El tratamiento de las fuentes de primera y segunda mano, permite realizar una lectura comprensiva con interpretación hermenéutica, para lograr el análisis histórico-político de las crisis político-económicas y los procesos político-jurídicos de la conformación del bloque hegemónico colombiano.
En adelante se exponen las técnicas de investigación que fueron trabajadas durante el trabajo de recolección de fuentes, tratamiento de fuentes, análisis e interpretación de las fuentes y redacción del informe final de la tesis doctoral.
Técnicas de investigación
La investigación de la conformación del bloque hegemónico colombiano se realiza trabajando el método del análisis socio-histórico con criterio histórico-político de los procesos sociales, políticos, económicos y jurídicos seleccionados. Entendido a partir de la teoría marxista-leninista del materialismo histórico (ANDERSON, 1986; HARNECKER, 1970).
Examinamos los hechos históricos concretos, las relaciones entre la estructura y la superestructura, a partir de los movimientos orgánicos y los movimientos coyunturales (GRAMSCI, 1975; ANSALDI 1992). En los movimientos orgánicos, ubicamos todo el método histórico de la investigación, los periodos de Gobierno, los acontecimientos y el análisis de las reiteraciones históricas de la represión a los alzamientos de los trabajadores. En los movimientos coyunturales, consignamos en las conclusiones las consecuencias de larga duración de la conformación del bloque hegemónico colombiano.
Es un estudio inscripto en el método cualitativo de las ciencias sociales (TAYLOR & BOGDAN, 1987). Del análisis cualitativo nos servimos de la ‘entrevista en profundidad’ selectiva, entendiendo una lógica simple “el investigador tiene las preguntas y el sujeto de la investigación tiene las respuestas” (TAYLOR & BOGDAN, 1987). Anexamos entrevistas en formatos de diálogos, desgrabadas del audio de la sesión, la guía de preguntas fue enviada con anterioridad al entrevistado, con el cual profundizamos: 1] análisis político; 2] lecturas de un autor específico; y 3] la escritura u obra del autor entrevistado.
En el análisis socio-histórico (GRAMSCI, 1975; ANSALDI y GIORDANO, 2012) hallamos el método de análisis histórico de mediana duración, diferenciado de ‘la larga duración’ (BRAUDEL, 2000). En términos de Gramsci es estudiar la historia con los conceptos de la teoría, lo que también sería, teorizar la historia. Hacer de los acontecimientos históricos una conceptualización teórica.
En Harnecker (1970) significa comprender la investigación de una formación social concebida como una ‘totalidad social concreta históricamente determinada’ compuesta de una estructura económica, ideológica y jurídico-política (HARNECKER, 1970, págs. 7-105). De los niveles de ‘realización’ del materialismo histórico, abordamos en esta investigación el de 1] ‘la ciencia de las formaciones sociales’ (Ibid., págs. 171); dado que el nivel de 2] ‘la ciencia de la coyuntura’ fue estudiado en la tesis de maestría (PARDO MONTENEGRO, 2016) y sólo dejamos unos apuntes finales en las conclusiones como aproximación a los movimientos coyunturales.
Trabajamos en esta tesis doctoral las siguientes técnicas de investigación:
1. La recolección de datos apelando a fuentes de primera mano (documentos oficiales, planes de Gobierno, programas de partido, discursos, leyes, actos legislativos, ordenanzas, decretos, sentencias “registros oficiales y documentos públicos”) y de segunda mano o datos secundarios (artículos y notas en periódicos y revistas, trabajos académicos de investigación, estudios históricos, libros y capítulos de libros publicados, sitios web, etcétera).
2. Fue realizado un análisis de contenido con lectura comprensiva (VOLÓSHINOV, 2014) apoyado en la ‘teoría crítica’ y ‘la hermenéutica’ (HABERMAS, 1981), en la revisión e interpretación de los datos e informaciones surgidas de fuentes de primera y segunda mano. El tratamiento de fuentes consistió en llevar adelante la selección de temas, autores, acontecimientos y territorios a investigar. La organización del archivo de fuentes según el tratamiento a dar en cada capítulo. La lectura hermenéutica con análisis de contenido comprendió: a] reconocimiento del tema; b] ubicación de conceptos, fechas y acontecimientos relevantes; c] selección de citas de referencia; d] sistematización de las citas del documento físico o digital a un archivo en blanco de procesador de textos; e] lectura selectiva según la pertinencia del tema fueron extraídas algunas citas [párrafos o frases]; f] redacción de un texto borrador de la secuencia coherente de los aportes de las fuentes según el Plan de Trabajo de investigación; g] edición y corrección de estilo en coherencia con el hilo conceptual de las categorías trabajadas en el Marco Teórico; h] análisis con criterio histórico-político en la edición final del informe de investigación.
3. La redacción del informe final se realizó teniendo en cuenta el método de análisis socio-histórico con criterio histórico-político (GRAMSCI, 1975; ANSALDI 1992; BRAUDEL, 2000). Contando con la lectura de los documentos y respondiendo a las hipótesis y objetivos de investigación propuestos, dando cuenta del método cualitativo de investigación (SAUTO, 2010) y de la metodología cualitativa de investigación en ciencias sociales (BODGAN & TAYLOR, 1991). Todo esto nos permitió ofrecer una visión de conjunto del período investigado con sus fundamentos estructurales, sus contradicciones y los legados de larga duración, cuyos influjos se sienten todavía hoy en la vida política colombiana.
Las actividades correspondieron al desarrollo de las técnicas, de la siguiente manera: 1er año] Búsqueda y lectura de bibliografía sobre el estado del arte (2013); 2do-3er año] recolección y tratamiento de fuentes (2014-2015); 4to año] análisis de la bibliografía (2016); 5to año hasta la fecha de Defensa de la Tesis] redacción, revisión, edición y diagramación de la presentación la tesis (2017-2024). [Desde 2013 a 2016 además del trabajo señalado, se realizó la redacción de la tesis de maestría: Reconfiguración del bloque hegemónico colombiano, 2002-2012].
Adicional a las precisiones realizadas, entendemos la ‘totalidad histórica’ desde el trabajo de “una investigación en la interacción dialéctica entre las estructuras y los procesos económico-sociales y políticos” (BORON, 2020, pág. 255). Indagando “los conflictos y las alianzas establecidas por las fuerzas sociales y políticas más activas en sus intentos por controlar el poder del Estado” (Ibid., pág. 255). Entendiendo con Anderson (1986: 17) el estudio de ‘la estructura del Estado capitalista’ y ‘la constelación de las clases sociales’.
Principalmente se analizaron las siguientes categorías: bloque hegemónico, clases sociales e ideologías dominantes. En la caracterización de las clases sociales, se entiende la composición de las “clases dominantes” como “bloques” complejos en conflicto (GRAMSCI, 1975; MURMIS y PORTANTIERO, 2011). Entendiendo también que “en una formación social determinada encontramos siempre: una clase o fracción de clase dominante y clases o fracciones de clases dominadas” (HARNECKER, 1970, pág. 132).
En la investigación de las crisis y los procesos de conformación del bloque hegemónico colombiano, estudiamos los movimientos orgánicos que acontecieron en el periodo histórico de 1930 a 1950 y su resolución en la conformación de un bloque hegemónico. Distinguimos el concepto de ‘bloque hegemónico’ del concepto de ‘oligarquía’, categoría estudiada en el análisis de los procesos de formación y desarrollo de las sociedades capitalistas latinoamericanas (CUEVA, 1988; CAVAROZZI, 1996; GRACIARENA, 1972; DOS SANTOS, 1972).
En la aproximación a un panorama continental se revisó el caso de Argentina (ARICO; 2010; 2017; BORON, 1979, 2020; MURMIS & PORTANTIERO, 2011; ANSALDI, 1992; 2013), Brasil (IANNI, 1975; WEFFORT, 1978) y México (CÓRDOVA, 1973, 1979). La categoría de ‘clases sociales’ es tomada del legado de Marx (1974, 1985), Engels (1968, 2006), Lenin (1976), Gramsci (1975) y Bourdieu (2000). Sobre la compleja fragmentación y heterogeneidad de las clases sociales en Colombia abordamos la perspectiva de críticos nacionales (MÚNERA, 1998; MONTAÑA, 1998; PALACIOS, 1986).
La noción de ‘ideologías dominantes’ aportó al análisis de contenido de los elementos ideológicos de los Gobiernos liberales (1930-1946) y del Gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez (1946-1950). Primero se abordó un marco teórico del concepto de ideología, y posterior, fueron trabajados los problemas de las ideologías dominantes. Este estudio parte desde la concepción de ideología como “justificación de una concepción particular de ver el mundo” y concibe las ideologías como “hechos históricos reales” (GRAMSCI, 1986 [T4], pp. 200-201) que sirven de instrumento de dominio político del bloque hegemónico. Con motivo de ampliar esta definición de ideologías dominantes, se revisaron las obras de Marx y Engels (1968), Althusser (1984), Therborn (1979), Limoeiro (1975) y Bourdieu-Boltanski (2008).
Definimos el conservadurismo político del ‘Estado de sitio’ (AGAMBEN, 2014) en diálogo con un ‘nuevo derecho’ (BENJAMIN, 1995 [1921]), al tiempo entendemos que el liberalismo económico pasa a convertirse en un tipo de ordoliberalismo o neoliberalismo al finalizar los años cuarenta en Alemania (POLANYI, 2001 [1957]; FOUCAULT, 2007) y los conservadores modernizantes actuaron como la ideología dominante de posguerra en Francia (BOURDIEU & BOLTANSKI, 2008). A partir de esta estructura de pensamiento abordamos la conformación del bloque hegemónico colombiano
Con esta metodología y técnicas de investigación encaramos la hechura de tesis doctoral, es posible que este apartado tenga la falencia de no detallar con mayor rigor los métodos del análisis político, el análisis económico y el análisis jurídico que fueron realizados en el tratamiento de las fuentes de primera y segunda mano, no obstante, consideramos que tanto en el Marco teórico, y el Preámbulo, contienen el detalle que parece ausente en estas páginas.
Marco Teórico
La conformación del bloque hegemónico colombiano es producto de una convivencia y confrontación de intereses políticos, de toma y mantenimiento del poder, y de intereses económicos, en cuanto control de los medios de producción y usufructo de las ganancias. A partir de los años veinte, la ‘lucha de clases’ entre la ‘clase obrera’ y “las clases dominantes y sus fracciones políticas” (SANCHEZ ÁNGEL, 1982, pág. 10), se ha llevado adelante en un activo consenso de alianza de clases dominantes con coerción hacia los dominados, sustentado en el proyecto de “unidad nacional” (TIRADO MEJÍA, 1984, pág. 358). Es decir, por medio de la convivencia de intereses de las clases dominantes se ha mantenido el orden establecido, ejerciendo el autoritarismo represivo hacia las movilizaciones sociales de las clases de los subalternos. Delimitamos la investigación con el fin de develar la conformación del bloque hegemónico durante el periodo 1930-1950, una forma de alternancia y administración del poder del Estado entre las alianzas de clases dominantes colombianas.
La perspectiva gramsciana, esta puesta en descifrar ¿cómo ha sido el proceso de construcción de consenso por parte de las clases dominantes? Adelantando una respuesta, ha sido un consenso coercitivo, el cual surge en la conformación de la alianza de clases de la burguesía industrial, comercial, financiera, de los consorcios de constructores y obras públicas, que se han enriquecido por medio del negocio de la administración de los recursos públicos del Estado, asegurándose de mantener el monopolio de la legitima violencia o coerción física.
Esto significa que cuando se han presentado las demandas sociales de la población, la respuesta reiterada en la historia de Colombia ha sido el fusilamiento del movimiento obrero, la represión de los estudiantes, la desaparición en masacres o desplazamientos forzados del campesinado, y, la persecución a todo proceso organizativo que surge desde las comunidades.
El derecho represivo como legitimación jurídica del uso coercitivo de la fuerza, trajo consigo la aprobación y compra de gases lacrimógenos entre 1949 y 1959 a Estados Unidos, como primer elemento de represión de la protesta social. Abriendo desde entonces y hasta el presente, un campo de negocios de compra de artefactos de la industria militar con recursos públicos del Estado capitalista colombiano.
El análisis socio-histórico, es el método con el cual Gramsci desarrolla su trabajo teórico, siendo una particular forma de entender el materialismo histórico. En este método, la estructura socioeconómica está compuesta por los sectores productivos que movilizan la economía: por los obreros que se ubican en las fábricas, ordenados por los propietarios de los medios de producción y por los funcionarios de las instituciones que regulan el Estado; y la superestructura domina con los intelectuales orgánicos, en las cúpulas del poder político, económico y militar, encargados de expandir en la ideología y la cultura, la justificación de la estructura socioeconómica que rige a la sociedad y el Estado.
La hegemonía consiste en ejercer el dominio político, económico, ideológico y militar, por parte de una clase dominante en la superestructura y en la estructura, en un territorio concreto. Entendemos, por bloques hegemónicos una de las partes que componen u ordenan la hegemonía. Con la siguiente claridad, las clases dominantes se ubican en bloques, no hay hegemonía en las alianzas de clases dominantes, en su interior hay proyectos políticos y económicos divergentes. Al tener la capacidad de dirigir, trazan alianzas con aliados y adversarios; cuando solo ejercen dominación, la coerción se efectúa como medio de mantenimiento del poder.
La diferenciación entre ‘clases’ y ‘bloques’ en Portantiero (1963), tiene una gran apertura en la organización del ‘predominio económico’ y la ‘hegemonía política’. Sin embargo, el concepto de ‘bloque’, referirá en muchos casos asuntos de determinación económica. Con el fin de clarificar al interior de las clases dominantes, la composición de las burguesías, agrarias, industriales, comerciales, financieras, etc. La definición de ‘clases’ comprende la falencia entre las clases sociales en confrontación: burguesía y proletariado.
Dado que no diferencian en primer momento, por un lado, la extracción aristócrata colonial del sistema monárquico, en los criollos o nobles conversos en burguesía agraria terrateniente, a diferencia de los atisbos revolucionarios de los independientes burgueses industriales. Por otra parte, el proletariado, no se diferencia entre obreros, campesinos, soldados e intelectuales, según la definición de Lenin sobre los Soviets. Por tales razones, el estudio de la concepción del ‘poder’ en los fragmentos de los Cuadernos de la Cárcel, contiene claves de clasificación de las clases dominantes, en su papel de propietarios de los medios de producción, diferenciados según la diversificación de las cadenas de producción.
Estas claridades de método y conceptos dan cuenta de las armas categoriales con las cuales develamos el derecho represivo del conservadurismo político. La carrera del armamentismo a hallado la forma de asegurar la asignación de un presupuesto del Estado capitalista colombiano, para la asesoría y fortalecimiento de los aparatos militares, con incremento diacrónico de la demanda de recursos de la industria militar. La cooptación de generaciones de jóvenes adoctrinados en la obediencia de las órdenes de los mandos superiores ha tenido como fin, el uso del armamento y los dispositivos bélicos de esta cadena de producción. Tanto el trabajo en las fábricas de armas como la financiarización del gasto militar, justifican el negocio del armamentismo. Es y ha sido este, el trasfondo de los intereses económicos en las confrontaciones armadas, teniendo como exponente de ‘mediana duración’[4] al caso colombiano.
Durante el periodo estudiado, a partir de la ‘masacre de las bananeras’[5], y en adelante, el uso de la coerción física oficial se ha direccionado hacia la represión del movimiento obrero, estudiantil, social y popular. La constante respuesta del Estado colombiano a las demandas sociales de aumento de salarios, mejoras en los sistemas de salud y educación pública, del movimiento de campesinos colonos o reclamantes de tierras y de viviendas rurales, ha sido la eliminación de todo proceso organizativo que surja desde las comunidades.
La ‘masacre de las bananeras’ ocurrida el 5 y 6 de diciembre de 1928, fue denunciada por Jorge Eliécer Gaitán en un debate parlamentario donde solicitó se juzgarán las actuaciones de complicidad entre la United Fruit Company y los militares colombianos (ARCHILA NEIRA & y TORRES CENDALES, 2009). Así, la incongruencia entre la ‘Regeneración Conservadora’ (1886-1930) y la situación del país, ocasionó una ruptura de la correlación de fuerzas políticas, perdiendo poder el Gobierno conservador en las bases populares y consolidándose la oposición del Partido Liberal, en medio del ascenso de las movilizaciones de obreros y campesinos con tendencias socialistas y comunistas (MEDINA, 1985; MELO, 1997).
El sistema político colombiano se estructuró bajo la forma del bipartidismo devenido en consociacionalismo[6]. Sin desconocer a los autores del institucionalismo, seguimos en esta investigación el método gramsciano, estudiando en los movimientos orgánicos la forma política de entendimiento de la superestructura de las clases dominantes, en clave de entender el mantenimiento del poder en Colombia, dando cuenta de los movimientos de consenso y de coerción.
Transcurrido más de un siglo desde la pérdida de Panamá (1903), la permanencia del conflicto interno entre liberales y conservadores, ha sido sostenido, como prolongación de las guerras civiles posteriores a la independencia final, librada en la batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819. En la historia republicana, Mejía y Múnera (2008), caracterizaron la forma política de Colombia como un “consenso nacional fallido”[7], es decir que, aún acordado el consenso del uso de la coerción física por el Estado colombiano, la confrontación armada con otros actores ha sido una constante en el acontecer histórico colombiano.
La especificidad colombiana ha radicado en la existencia de unas clases dominantes sin vocación de ser clases dirigentes, que se han volcado a la solución de los conflictos por la vía de la coerción física estatal o paraestatal, posponiendo la superación de los problemas nacionales. En lugar de dirigir un proyecto político y económico de país que les permita consolidar, por ejemplo, un desarrollo industrial según los casos de Argentina o Brasil.
El desarrollo industrial entre 1900-1930 fue el proyecto económico de la modernización que superpuso el auge de la economía cafetera[8]. Con motivo de, superar políticamente los problemas de concentración del poder heredado del sistema colonial, y de, lograr la conformación de sociedades democráticas con formas de Gobierno parlamentarias o presidencialistas. La composición de clases sociales varió, pasado el letargo colonial del siglo XIX, en el cual persistieron sistemas de servidumbre[9]. A partir de 1886-1900, surge un sistema de clases dominantes con alianzas entre la burguesía agraria y la burguesía terrateniente, y, de las clases de obreros, trabajadores y asalariados.
La independencia de los obreros y trabajadores libres, desde 1819, puede revisarse como un proceso de luchas populares, reprimidas por los aparatos coercitivos del nuevo sistema republicano. En el cual los ‘siervos’[10] pasaron a ser los obreros de las clases dominantes. Esta ‘lucha de clases’ entre dominados y dominantes, la comprendemos como las confrontaciones entre las movilizaciones por mejorar las condiciones de vida de la ‘sociedad civil’ contra las decisiones de exclusión y represión de la ‘sociedad política’[11].
La década de los años veinte, da cuenta de múltiples manifestaciones que ilustran lo anterior y cuyo análisis abordamos en el primer capítulo. En América Latina la década de 1930 inició con el Golpe de Estado al gobierno de Yrigoyen en Argentina; la asunción del primer Gobierno de Getúlio Vargas en Brasil (1930-1945); y el desarrollo de los Gobiernos del Estado de la Revolución de México, conducidos por el Partido Revolucionario Institucional-PRI. Es en este contexto que proponemos la investigación sobre la conformación del bloque hegemónico colombiano, como la formula política de las clases dominantes colombianas para mantenerse en el poder, haciéndose del liberalismo económico y del conservadurismo político, como forma de convivencia de los intereses de los partidos tradicionales que gobernaron en Colombia, desde 1930 hasta 1950, en la temporalidad de la investigación, y hasta 1990, en la realidad concreta.
Desde la perspectiva de los estudios de memoria histórica de las luchas de los subalternos (artesanos y obreros) de los años veinte, las crisis políticas, sociales y económicas son resultado de una confrontación entre dominados y dominantes (VEGA CANTOR R. , 2002, pág. 7). Los vínculos que establece Vega Cantor (2002) entre los artesanos, el liberalismo radical y el socialismo, le permiten realizar una caracterización de las condiciones de vida del proletariado y establecer cuáles habían sido las demandas que les unían. En las raíces del socialismo colombiano a comienzos del siglo XX, se destacaron las voces de María Cano, Raúl E. Mahecha, Tomas Uribe Márquez, Francisco de Heredia, entre otros.
La correlación de fuerzas está caracterizada a partir de la estructura socioeconómica de Colombia en factores locales y nacionales, resaltando, la dependencia de una economía cafetera; la formación de un artesanado; el arraigo de tradiciones culturales contestatarias; y la agitación obrero-campesina en la influencia de las ideas socialistas (SÁNCHEZ ÁNGEL, 2009).
La conformación de las clases sociales entre 1930-1950 es expresión, por un lado, del sector agrario, donde dominaba el Partido Conservador, compuesto por una oligarquía terrateniente, por pequeños propietarios y por campesinos colonos[12]; y por otro lado, en el ámbito urbano, el sector industrial, dominado por el Partido Liberal, donde aparece una clase obrera que empezaba a desarrollar cierta actividad política y sindical de protesta urbana independiente (MEDINA, 1984, pág. 19).
Las luchas partidarias y los conflictos de clases de los años veinte que habían tenido como protagonista al Partido Socialista Revolucionario-PSR, se vieron envueltos en las elecciones de 1930, en una alianza corporativa de la clase trabajadora con el Partido Liberal, y en una alianza de clases dominantes fuera de las adscripciones partidarias, entre propietarios liberales y conservadores, lo cual permitió a Enrique Olaya Herrera ganar las elecciones presidenciales de 1930 (PÉCAUT, 1987, págs. 65, 91 y 93).
Entre 1920 y 1930, la industrialización en Colombia tomo rumbo en las principales ciudades, con la industria manufacturera, en especial, las empresas textiles y las trilladoras del café. Tirado Mejía (1978) sostiene que la crisis económica de 1930 permitió el desarrollo industrial nacional, en un sistema que paso de ser semicolonial a neocolonial por la dependencia de la inversión extranjera, con inclinación a depender de la divisa de dólares norteamericanos[13]. Esto supuso el fin del periodo de la ‘Regeneración Conservadora’ y el comienzo de la conformación del bloque hegemónico colombiano.
La crisis económica mundial de 1929 se manifestó en América Latina en términos de una alteración en la división internacional del trabajo. Modificando las estructuras socio-económicas, debido a la recesión de préstamos que fomentaron las inversiones públicas, dado que con estos se mantuvo el desarrollo de la infraestructura y la generación de nuevas empresas públicas y privadas en los países dependientes de la inversión externa. Por consiguiente, la considerable desocupación durante la crisis produjo grandes conflictos sociales. Emir Sader (2001: 419) refiere que la crisis de 1929 puede ser considerada como el principal detonante de las profundas transformaciones que vivió la región durante el siglo XX[14]. Conflictos en los cuales las clases de los subalternos del continente comparten algunos rasgos comunes.
Las huelgas obreras del creciente sector industrial de la Argentina previas al Golpe de Estado efectuado al Gobierno de Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, expresan la expansión de un movimiento obrero que progresivamente cambió la hegemonía política e ideológica hacia lo que se consolidará luego de los años cincuenta como “peronismo”[15]. Si bien, la Argentina de 1880 a 1930, se configuró en una estructura socioeconómica sustentada en la producción agraria orientada a la exportación, a partir de 1930 se configura una alianza de clases entre la ‘burguesía agraria’ y la ‘burguesía industrial’ que constituyen un nuevo ‘bloque de poder’[16].
Este proceso de transformaciones en el contexto latinoamericano después de 1930, “no tuvo más efecto que el convertir el intervencionismo en doctrina oficial y en ideología” (PÉCAUT, 1987, pág. 10). Esta afirmación refiere que en Colombia no se logró consolidar un solo proyecto hegemónico, sino que la hegemonía se pugno en distintos ‘bloques de poder’ (PORTANTIERO, 1963). La tendencia hacia la dependencia económica de inversiones extranjeras y de una burguesía liberal tendiente al comercio exterior, se contrapone, a la burguesía agraria terrateniente conservadora. Lo cual, se verá a la vez reflejado en sus bases sociales, en cuanto organización del campesinado, de los trabajadores y de la naciente clase media en la ciudad.
Bertola y Ocampo (2013: 160) ubican la crisis mundial de 1929, en la transición entre la era de desarrollo primario-exportador y la industrialización dirigida por el Estado. Según esta posición, el proceso de industrialización se vio fortalecido hasta el periodo de posguerra, generando en América Latina la condicionante dependencia de exportaciones hacia Estados Unidos. A la vez, fue convenido el incremento de la deuda externa, por los empréstitos necesarios para lograr un incipiente proceso de industrialización, con el compromiso de adquisición de las mercancías que imponía Norteamérica a los países suramericanos[17].
La transformación política que vivió Colombia a partir de 1930 tuvo ruptura en las elecciones de 1946, al verse frustrado el proyecto del liberalismo, primero por la asunción al Gobierno del Partido Conservador, y luego, porque cercenaron a largo plazo la transformación social y política tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948[18]. La operacionalización de las crisis y los procesos de conformación del bloque hegemónico, tienen en cuenta esta secuencia histórica de hechos en orden diacrónico.
El gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y el gobierno de Laureano Gómez (1950-1953) antecedieron una década a la adhesión de Colombia a la política de “Alianza para el progreso”[19] (1964) impulsada por Estados Unidos. Desde 1946 hasta las primeras negociaciones de paz con la Dictadura de Rojas Pinilla y la Junta Militar (1954-1957), caracterizó la época el autoritarismo represivo del conservadurismo político, con la persecución política y el hostigamiento perpetuado contra los liberales, comunistas y socialistas. El asesinato de Guadalupe Salcedo, tras firmar la paz de las guerrillas de los llanos y el gobierno militar, profundizaron la violencia en Colombia[20].
En esta confrontación (coerción) y convivencia (consenso) de intereses políticos y económicos, estudiamos la conformación del bloque hegemónico colombiano, 1930-1950. Durante la alternación de poder entre liberales y conservadores, se institucionalizó la represión por medio de los aparatos coercitivos del Estado, como forma de mantener el poder político y económico de las clases dominantes, y de ejercer el consenso activo con otras fuerzas, todo esto suprimiendo el surgimiento de propuestas de conformación de nuevos partidos políticos.
El análisis socio-histórico
El análisis socio-histórico es el método de estudio con el cual Antonio Gramsci realizó su trabajo de investigación sobre la unificación del Estado italiano en el siglo XIX. En sus apartados de los Cuadernos de la Cárcel, deja plasmadas varias aristas en las ‘cuestiones de método’. El estudio de las clases de subalternos tiene una secuencia de pasos a contemplar con el fin de analizar las condiciones en que estas clases de subordinados surgen, se desarrollan, forjan alianzas y luchan por reivindicaciones de derechos.
Realmente Gramsci refiere en su obra textualmente los siguientes métodos: el “análisis histórico-político” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 109); el “análisis histórico concreto” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 361); y el “análisis histórico (económico) de la estructura social del país dado” (GRAMSCI, 1999 [T5], pág. 16). A partir de los seminarios de “Análisis socio-histórico” cursados con el profesor Waldo Ansaldi, asumimos los «Presupuestos teórico-metodológicos para el análisis socio-histórico del proceso de formación de los estados latinoamericanos» (ANSALDI & GIORDANO, 2012), con una acotación, en clave de la bibliografía de autores que asumieron estas perspectivas de análisis desde el método del «materialismo histórico».
Diferenciamos nuestra elección del análisis socio-histórico de la sociología histórica y de los reconocidos autores de esta tradición. Sólo tomamos de la Sociología de la Cultura que aborda Karl Manheim, la recomendación de enunciar una selección bibliográfica a los temas que esperamos sean profundizados por los lectores de las Notas al Pie.
La obra de Barrington Moore o Theda Skocpol, si bien fue trabajada en los seminarios de maestría y doctorado, no hace parte de esta investigación, más allá de reconocerles las diferenciaciones de las revoluciones ‘desde arriba’ tipo revolución pasiva, en Gramsci; y las revoluciones ‘desde abajo’ tipo la Revolución bolchevique. Sus métodos de investigación están enmarcados en procesos comparados de los cuales hemos tomado distancia.
El método ha sido una combinación de análisis, en distintas áreas del conocimiento: social, histórico, político, jurídico y económico. Leímos a Gramsci, con la identificación del desvío profesional del lingüista y literato. De esta manera, el vasto espectro interdisciplinar ha sido posible organizarlo con un amplio saber de las humanidades y las ciencias sociales. El análisis socio-histórico con ‘criterio histórico-político’, se realiza con entendimiento del predominio que le brindó Gramsci a la ciencia política, en crítica a la sociología.
Su relación con el «materialismo histórico», está documentado en los extensos debates que le formuló a Benedetto Croce, entre tantas de las alusiones aduce que, Croce “frente a la nueva Reforma intelectual y moral representada por el materialismo histórico, se vuelve a encontrar en la misma posición que Erasmo frente a Lutero” (GRAMSCI, 1984 [T3], p. 144).
Esta analogía italiana, no puede visibilizar mejor las secuencias históricas del Imperio Romano y la Iglesia Católica. El Imperio finalizaba en el siglo XV, y la Iglesia viviría la mayor revuelta reformista en el siglo XVI, Lutero y Erasmo, enfrentaron el dogma cristiano-católico, abriendo al mundo la libre interpretación de los designios bíblicos. Croce analizó el Estado italiano en la comodidad de la aristocracia intelectual, sin posibilitar el análisis de las guerras civiles que realizaron Marx & Engels (1848; 1871) con el método del «materialismo histórico».
Gramsci confronta a Croce, indagando cómo llevar adelante la Revolución en Italia. Los fragmentos de su obra dedicados a contradecir cada uno de los trabajos, de quien fuera su maestro, no especifican una forma concreta de su filiación teórica al método del «materialismo histórico», sino que permiten que recordemos a Gramsci como un crítico que dispuso un ‘criterio histórico-político’ de investigación. A partir del cual dar cuenta del análisis del Estado, de los partidos políticos y de los problemas económicos. Con un armazón de categorías de análisis que, si bien no las dispone en un manual metodológico, se pueden hallar en la extensión de su obra.
Gramsci condensa dos definiciones fundamentales que abordamos en la investigación, el método del «análisis histórico-político» y los «bloques homogéneos sociales»:
En toda una serie de cuestiones, de reconstrucción histórica del pasado y de análisis histórico-político para la acción a cumplir, no se toma en cuenta este elemento: que hay que distinguir y evaluar diferentemente las empresas y las organizaciones de voluntarios, de las empresas y organizaciones de “bloques homogéneos sociales”. Esto tiene gran importancia, especialmente en Italia: l] por el apoliticismo y la pasividad tradicionales de las grandes masas populares que tiene como reacción natural una relativa facilidad para el “reclutamiento de voluntarios”; 2] por la constitución social italiana, uno de cuyos elementos es la morbosa cantidad de burgueses rurales o de tipo moral, medianos y pequeños, que son el elemento que produce muchos intelectuales inquietos y en consecuencia voluntarios” para cualquier iniciativa, incluso la más extraña que sea vagamente subversiva (a derecha o a izquierda). En el análisis de los Partidos políticos italianos, se puede ver que éstos han sido siempre de ‘voluntarios’, en cierto sentido de desclasados, y nunca o casi nunca de “bloques homogéneos sociales” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 109)
Lo anterior si bien no da cuenta de cómo se operacionaliza el método del «análisis histórico-político», clarifica la necesidad de distinguir a las clases sociales según la caracterización de su accionar, entre ‘voluntarios’ y ‘bloques homogéneos sociales’. Esta diferencia marca una centralidad en la investigación que presentamos, dado que el concepto de ‘bloque hegemónico’ tampoco es literalmente definido en Gramsci, lo hemos identificado con el significado de ‘bloques homogéneos sociales’. Fue necesario hacer este análisis de las clases dominantes colombianas para lograr ‘distinguir y evaluar’, la pertenencia a las categorías de clases sociales, grupos o bloques sociales, logrando diferenciar en qué circunstancias puede hacerse alusión a cada categoría y cuál ha sido su composición.
El «análisis histórico concreto» concentra la atención en la superestructura. También podía decirse que pone énfasis en la distinción de la «sociedad política» y de la «sociedad civil», entendiendo que Hegel aborda estas nociones en el Estado prusiano, y Gramsci en el Estado fascista, con la singularidad de Estados corporativos que, asumieron a las organizaciones sociales como organizaciones privadas corporativizadas, manera con la cual pudieron dominar y restringir el libre derecho de asociación o de formación del movimiento social.
Los roles de los integrantes de los partidos políticos son aún más complejos de investigar. Gramsci, consigna permanentemente sus interrogantes hacia el trabajo diplomático de las relaciones internacionales de los Estados, con especial dedicación a los agentes internacionales. Es con este problema que en el análisis de los partidos establece que:
En el partido político los elementos de un grupo social económico superan este momento de su desarrollo histórico y se convierten en agentes de actividades generales, de carácter nacional e internacional. Esta función del partido político debería aparecer mucho más clara después de un análisis histórico concreto de cómo se han desarrollado las categorías orgánicas y las categorías tradicionales de los intelectuales tanto en el terreno de las diversas historias nacionales como en el del desarrollo de los diversos grupos sociales más importantes, en el cuadro de las diversas naciones, especialmente en aquellos grupos cuya actividad económica ha sido predominantemente instrumental (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 361) [cursiva puesta].
Los ‘grupos sociales económicos’ corresponden a fracciones de las clases dominantes que tienen un develado interés en el comercio internacional. La dedicación de estos agentes internacionales, a conocer el mundo, hace que las cuestiones partidarias sean superpuestas, a temas o problemas generales del orden nacional e internacional. La ‘instrumentalidad’ de la actividad económica podría relativizarse, en tanto, no sólo son ‘agentes económicos’ de los grupos de intelectuales políticos que les orientan su trabajo diplomático-comercial. Puede constatarse, que las delegaciones en los debates de las reformas arancelarias internacionales tuvieron tanto de intelectuales, agentes y comerciantes. Estos, fueron enviados por sus Gobiernos con las misiones concretas de mejorar la favorabilidad de ganancias en la compra y venta de las mercancías, en la importación y exportación de los recursos naturales y de los productos de la industrialización.
Las notas de análisis de Gramsci sobre la obra de Maquiavelo, El príncipe, desarrollan una teoría sobre una forma de partido político. El ‘príncipe moderno’ ha sido interpretado en múltiples sentidos, no es nuestro debate, ni fue una categoría de análisis que eligiéramos en la investigación. Sin embargo, es conveniente referir al respecto el debate que ha provocado Gramsci entre el ‘interés general’ o la ‘voluntad colectiva nacional-popular’, evadiendo las distinciones, puede hablarse de ‘voluntad general’, fusionando los conceptos y desconociendo las distancias, entre uno y otro.
Los procesos que se llevaron adelante en Italia, desde el Rinascimento hasta el Risorgimento, para provocar tal ‘voluntad’ son registrados por Gramsci, entre obras literarias, notas de prensa y en el análisis de las obras de la política y la economía de cada época. Ese ‘esbozo’ histórico ‘sintético pero exacto’, es la demostración del trabajo del analista histórico-político,
Una de las primeras partes debería precisamente estar dedicada a la “Voluntad colectiva”, planteando así la cuestión: ¿cuándo se puede decir que existen las condiciones para que pueda suscitarse y desarrollarse una voluntad colectiva nacional-popular? De ahí un análisis histórico (económico) de la estructura social del país dado y una representación “dramática” de los intentos realizados a través de los siglos para suscitar esta voluntad y las razones de los sucesivos fracasos. ¿Por qué en Italia no se dio la monarquía absoluta en tiempos de Maquiavelo? Hay que remontarse hasta el Imperio Romano (cuestión de la lengua, de los intelectuales, etcétera), comprender la función de las Comunas medievales, el significado del catolicismo, etcétera: en suma, hay que hacer un esbozo de toda la historia italiana, sintético pero exacto (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 16).
Con estas aclaraciones, esperamos pueda ser entendido el análisis socio-histórico. Hemos leído a Gramsci, leyendo a Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, Liebknecht, Lukács, Althusser, Benjamín, Manheim, Poulantzas, Therborn, y seguro se nos escapan autores. La recepción de la obra de Gramsci en América Latina da cuenta de las variaciones de sus interpretaciones en otras orillas, en las cuales el nacionalismo ha profundizado sobre lo popular, en detrimento del análisis de la lucha de clases internacional.
Los temas centrales de la obra gramsciana son reiterados en su escritura: el poder, las guerras, la política. Respondemos en esta tesis doctoral a una lectura de las categorías de análisis y los criterios metódicos que dejó en la extensión de su escritura. El análisis concreto del bloque hegemónico colombiano contiene en su esencia, algunas de las definiciones de las categorías de ‘hegemonía’ y ‘bloque histórico’.
El método aporta categorías de análisis que desarrollamos en la investigación, las ‘clases dominantes’ y las ‘ideologías dominantes’, operan en el plano de estudio de la ‘superestructura’ y en el estudio de la composición de las fracciones de clases dominantes. Estas se encuentran definidas en distintos apartes de sus escritos, desde su obra de juventud hasta los Cuadernos de la cárcel. En la compilación de sus notas de prensa, se han hallado definiciones relevantes de sus categorías, de los periódicos que Gramsci dirigió, o en los periódicos y revistas en donde llegó a publicar. En su escritura se pregunta,
‘¿cómo han sido tratados teóricamente?’ y ‘¿cómo han sido enfrentados prácticamente?’ los temas a investigar, entre estos de forma genérica: el ‘examen de los Partidos’; las ‘relaciones entre el Partido y los sindicatos’; y la ‘cuestión agraria’ (GRAMSCI, 1981 [T1], págs. 96-97).
El nudo analítico que Gramsci se propuso analizar en su obra fue la perspectiva histórica de los acontecimientos políticos del siglo XIX en Italia. La cuestión agraria, fue el eje central en el estudio del Risorgimento, una secuencia descriptiva de la situación de conflictos internos, un choque de ‘plurinacionalidades’ entre ‘norte’, ‘centro’ y ‘sur’. Con lo cual gravita, entre las alianzas de los proletarios, obreros y campesinos, contra las burguesías expresadas en sus dos partidos políticos: Partido de Acción y Partido de los Moderados.
El ‘criterio histórico-político’ que propone es asumido como método de desciframiento del acontecer político del caso colombiano, en tanto, lugar desde el cual se observan las cuestiones del poder y de la política. Esto es, de la superestructura, de la forma de dominación, engendrada en las denominadas ‘clases dominantes’, diferenciando los dos roles que las componen: ‘dirigentes’ y ‘dominantes’. Este criterio se enlaza al estudio de la estructura, siguiendo el mismo horizonte, al diferenciar lo ‘permanente’ de lo ‘ocasional’, es decir, distinguiendo los movimientos orgánicos [permanentes], de los movimientos de coyuntura [ocasionales] (ANSALDI, 1992).
Gramsci se propuso analizar dos estructuras: el Estado y la economía. Comprendiendo el «materialismo histórico», sostiene que las situaciones económicas son permanentes, leyendo a Marx y Engels, referencia que la ‘economía’ es el «motor de la historia». Por tanto, según Gramsci, la estrategia que asume el ‘Estado’ para afrontar las crisis económicas, son reiteradas en la línea del tiempo; en cambio las estructuras sociales pertenecen a los movimientos ocasionales, siendo una táctica temporal de ‘Gobierno’, donde se responsabiliza a grupos espontáneos o personalidades, y no al entramado de la superestructura que permanece sin modificación.
Es decir, Gramsci teórico de la filosofía de la praxis nos brinda un modo de análisis que permite conocer en la lectura del pasado, las reiteraciones históricas del presente. En el funcionamiento histórico del Estado capitalista colombiano, podemos hallar formas particulares del hacer político de las clases dominantes. En los Gobiernos del periodo histórico estudiado, ubicamos los movimientos ocasionales que permitieron el surgimiento de terceras fuerzas, por ejemplo, la Unión de Izquierdas Revolucionarias-UNIR[21], que irrumpió en las elecciones de 1935 y luego volvió con Gaitán a las filas del liberalismo en las elecciones de 1942. De la misma manera que asumimos la descripción de cada una de las personalidades de los presidentes electos y de sus ministros o compañeros de partido más significativos.
La relación de las clases dominantes con las clases de subalternos se establece por medio del consenso de las condiciones de vida, con relación a salarios, funcionamiento institucional y garantía de derechos; cuando no, por la vía de la coerción, reprimiendo las protestas sociales, los levantamientos populares o inmovilizando cualquier iniciativa que cuestione el statu quo. Es esto lo que propone Gramsci en el análisis de los acontecimientos de la Italia de comienzos del siglo XX, la reelaboración de categorías de análisis como «bloque histórico, hegemonía, estructura y superestructura», que le van a permitir, el estudio de la teoría política, con la práctica de redacción del periodista crítico.
Las indagaciones en torno a la ideología de los partidos políticos liberal y conservador, a comienzos del siglo XX en Colombia, sigue los pasos del sistema del bipartidismo italiano analizado por Gramsci. La relación puede hacerse en múltiples pasajes de las idas y vueltas de las alianzas del Partido de Acción y del Partido de los Moderados. En el bipartidismo colombiano, el desenlace de la violencia, tienen un correlato con Italia, en el fenómeno de los mercenarios que Gramsci denominó “arditismo”[22]. En Colombia, el Partido Conservador institucionalizó el trabajo de los mercenarios en lo que primero denominó “Policía Política-POPOL”.
Gramsci se detiene en la pertinencia de entender las conexiones de las fuerzas coercitivas para analizar los Estados o develar quien está realmente a cargo de ‘legislar’ en un Estado. A la institución de la ‘Policía’, le brinda una dedicación concreta, “no es sólo aquella organización oficial, jurídicamente reconocida y habilitada para la función pública de la seguridad que suele precisarse” (GRAMSCI, 1981 [T1], pág. 305), y de la que, además, “participa una gran parte de la población de un Estado”[23]. Esta ‘institución’ encontrará en Benjamín otras interpretaciones, en una crítica a la violencia que profundizamos en el apartado del desenlace del invento del ‘Estado de sitio’.
A la vez, la cuestión urbana y la cuestión rural, planteadas en el Risorgimento, tienen el problema de la ‘cuestión meridional’. Gramsci relata ejemplos ilustrativos de situaciones complejas, con semejanzas entre distintas latitudes del continente europeo y latinoamericano, que, para el caso de investigación, dan pistas de orientación teórica, metodológica, y son, el punto de partida del comienzo de un análisis de más larga duración.
Leer la obra de Gramsci y referirla en el estudio del bloque hegemónico colombiano, hace posible que logremos hacer entender desde que lugar enunciamos la tesis sostenida de la conformación de alianzas de poder político y económico en Colombia, 1930-1950. Los escritos de juventud reviven la capacidad de pronunciarse ante los acontecimientos del pasado y del presente. En la compilación Il nostro Marx, hallamos una artillería de crítica al marxismo-burgués[24], a los intelectuales anquilosados en la academia universitaria de dinosaurios, donde la contradicción entre la teoría y la práctica hace que la filosofía de la praxis los supere.
Gramsci siendo crítico de los marxistas, será completamente cercano al pensamiento de Lenin, comprenderá que la organización de partido es fundamental para encarar una revolución. Se detiene a leerlo y a buscar en cada uno de los hechos de la formación del ejército rojo, las tácticas y estrategias del triunfo de una revolución que sueña realizar en Italia, sin lograrlo, preso en el periodo del Estado fascista de Mussolini, es condenado a estar encerrado con las únicas ventanas que le permitieron tener, sus libros y cuadernos.
En estas notas de los Cuadernos de la Cárcel, se propone escribir «la historia del Partido comunista de Italia», delineando métodos y tareas de estudio, propone en su ejercicio académico, aproximarse a la historia de Italia para comprender las formas de dominación ejercidas por las clases dominantes. De cierta manera, luego de haber fundado el Partido Comunista y ser testigo lejano de la Revolución de los Soviets, con la frustración de la imposibilidad de hacer la Revolución en Italia, sólo pudo trascender por medio de la escritura, lanzando un arma para la posteridad de los lectores que lo seguimos encarando.
La Superestructura
Estudiamos las superestructuras ideológicas de las clases dominantes, desde lo que entenderemos en adelante con Gramsci por ‘ideología’, esto es, la “superestructura necesaria de una determinada estructura” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 159). Por lo mismo, no desconocemos algo que puede suscitar suspicacia, la existencia de unas superestructuras contrahegemónicas, es decir, en la superestructura la ideología de las clases dominantes y de algunas clases subalternas van y vienen, intelectuales y procesos académico-culturales que circundan en las metrópolis de los bloques urbanos más desarrollados.
En los centros culturales ‘underground’, se cruzan elementos de organización y creación entre dominantes y subalternos. El abordaje en el caso colombiano está dado en dos planos: 1] en el rol de los hacedores del poder en el Gobierno (presidentes, ministros, asesores, etc.) e intelectuales dedicados al estudio del periodo de 1930-1950, participes de uno u otro modo del hacer político del Partido Liberal y del Partido Conservador; y 2] en el del rol político e intelectual de sus críticos opositores al Gobierno.
La noción de ‘ideologías dominantes’, opera en el análisis de contenido de los elementos ideológicos de los Gobiernos liberales (1930-1946) y del Gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez (1946-1950). En primer momento entendemos la ‘ideología’ como “justificación de una concepción particular de ver el mundo” concebidas como “hechos históricos reales” (GRAMSCI, 1986 [T4], pp. 200-201), en el sentido de su naturaleza material, en tanto que son armas de dominio político del bloque hegemónico.
La superestructura intelectual de la Italia de comienzos del siglo XX se puede leer desde los bloques agrario-terratenientes y de los bloques urbano-industriales, debate constante entre la cuestión agraria y las contradicciones urbanas. La composición de las islas de Sicilia y Cerdeña, tuvieron un arraigo más agrario y portuario, en contraste con Turín, epicentro del desarrollo industrial de las fábricas de la Fiat. Diferentes de la región de Lombardía, donde Milán creó un monopolio financiero; y en menor medida, describe Gramsci, las regiones de Toscana y Venecia, de la cual fue diputado.
La amplia noción de ‘intelectuales’ de la que partimos, es entendida a partir de la siguiente alusión:
Por intelectuales hay que entender no [sólo] aquellas capas designadas comúnmente con esta denominación, sino en general toda la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción, como en el de la cultura, como en el campo administrativo político: corresponden a los suboficiales y a los oficiales subalternos en el ejército (y también a una parte de los oficiales superiores con exclusión de los estados mayores en el sentido más restringido de la palabra) (GRAMSCI, 1981, p. 103).
Sí partimos de este entendimiento, el rol de los intelectuales no es restringido a la academia y el conocimiento, sino que en el mundo gramsciano la tarea organizativa juega un papel fundamental, en los procesos de construcción política, y aún más, en el proceso de las estructuras socio-económicas. Asimismo, su tendencia siempre a contener el análisis del poder militar, omitido por los intelectuales abstractos de las altas culturas, completa su alusión a la claridad de tomar el poder político en términos de asumir una táctica en la conquista del Gobierno y una estrategia en la toma del poder del Estado.
En la cual, el poderío militar para el mantenimiento del poder no sólo debe preocupar a la clase dirigente, sino en mayor medida a quiénes están convencidos de quitarles ese puesto. Por tanto, en el análisis de los periodos de los Gobiernos liberales, se tendrán en cuenta las cabezas de quienes hicieron sus veces de intelectuales orgánicos del bloque hegemónico colombiano.
Asumimos necesario en el proceso de investigación que encaramos, la tarea de describir el papel que cumple la ‘ideología’ en la superestructura del Estado y en sus relaciones con las estructuras socioeconómicas, así como de definir a los intelectuales que llevan a cabo el trabajo ideológico. Por esto, cada alusión que hallamos en términos de definición de lo que Gramsci quiso hacer entender por superestructura ha sido parte de la lupa con la cual hemos leído su obra. Entre sus referencias a la superestructura, el enlace entre los bloques hegemónicos, las clases dominantes y la estructura ideológica, puede ubicarse la siguiente alusión:
Un estudio de cómo está organizada de hecho la estructura ideológica de una clase dominante: o sea la organización tendiente a mantener, a defender y a desarrollar el ‘frente’ teórico e ideológico. La parte más importante y más dinámica de éste es la prensa en general: casas editoras (que tienen un programa explícito e implícito y que se apoyan en una determinada corriente), periódicos políticos, revistas de todo género, científicas, literarias, filológicas, de divulgación, etc., periódicos diversos, hasta los boletines parroquiales […] todo aquello que influye o puede influir en la opinión pública, directa o indirectamente le pertenece: las bibliotecas, las escuelas, los círculos o clubes de distinto tipo, hasta la arquitectura, la disposición de las calles y los nombres de éstas (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 55).
La prensa tiene para Gramsci la importancia fundamental como órgano principal de los partidos políticos y de la creación de opinión pública. Los periódicos nacen como difusores del ideario de los partidos, son el medio de comunicación del partido con sus afiliados, simpatizantes y oponentes. La revisión de prensa es fundamental en el proceso de entender el modo de pensar de las clases dominantes en Colombia, siendo esta una fuente en la construcción del hilo argumentativo del desarrollo de la investigación.
El papel que cumple la ‘ideología’ en la superestructura del Estado es mucho más amplio que la formación de los intelectuales que operan en sus instituciones. El rol que tienen los elegidos en la dirección ideológica está inmerso en una formación estricta y exigente de los intereses nacionales y a su vez de los intereses propios de la clase que representan. Es por esto, que los movimientos de monumentos a los obreros y a sus dirigentes en la Unión Soviética fueron tan relevantes, como lo fue el muralismo de la Revolución Mexicana y como lo han sido gran parte de las vanguardias artísticas en cada pueblo sublevado.
A su vez, la ostentación de París con el culto a la arquitectura de cúpulas doradas (hechas con el oro hurtado a los americanos) y de tener en sus museos el saqueo de todos los tesoros del mundo, da muestra de la imposición cultural de la Europa occidental. De manera semejante, los institutos universitarios de Berlín se han dedicado a tener los documentos originales cuando no copias autenticadas de cada uno de los acontecimientos importantes de la historia de todos los continentes, con especial dedicación a Suramérica.
En el estudio de un territorio, el rol de la “ideología” y el combate de los “intelectuales orgánicos” frente a las ideologías del bloque hegemónico que la encarnan, puede quedar restringido al funcionamiento administrativo del Estado y la operación de las instituciones públicas, las cuales definen los presupuestos designados a cada uno de los Ministerios con los cuales se define un programa político durante cada gobierno.
Esto tiene relevancia para entender cómo funciona localmente la asignación de temas o problemas de cada cuota burocrática al interior del sistema político. El nombramiento de ministros no sólo está limitado por la formación personal profesional de los individuos y el peso que tienen en Colombia las conexiones familiares; la influencia territorial y política que cada uno de estos representa, también hace la justificación de su cargo.
En este sentido, en el estudio de las clases dominantes en la superestructura, si bien es necesario detenernos en los aspectos de la prensa y la cultura, tiene una relevancia notable el desempeño de los cargos del Gobierno. La formación y orientación ideológica de los funcionarios de mayor incidencia en la toma de decisiones de las políticas de Gobierno, contiene un valor destacado, en la denominación de “intelectuales orgánicos”.
La definición de políticas públicas en cada una de las carteras traza el aterrizaje de los programas de Gobierno. Las leyes, los actos legislativos y los decretos presidenciales, tienen en este sentido, el peso de la palabra hecha ley, mandato con orden de obedecimiento. Los lineamientos políticos en los ministerios dan cuenta en gran parte de la ideología que prima en sus desempeños, al caso, el bloque hegemónico colombiano se ha caracterizado por tener una directriz de liberalismo económico y conservadurismo político.
En el lado oscuro y tenebroso del Estado, la superestructura ideológica puede estudiar sus relaciones con las estructuras socioeconómicas. Pasa muy seguramente desde el Pentágono, que los presupuestos asignados a los Ministerios de Seguridad y Defensa tienen serios intereses en los negocios de fabricación de armas y de toda la cadena de producción armamentista y de inteligencia ligada a este sector económico[25].
Gramsci dedica gran parte de sus análisis en los Cuadernos de la Cárcel a ‘la política militar’, en sus términos habría que
leer atentamente las discusiones, especialmente del Senado, sobre los presupuestos militares. Pueden encontrarse muchas observaciones interesantes sobre la eficiencia real de las fuerzas armadas y para la confrontación entre el viejo y el nuevo régimen (GRAMSCI, 1981, p. 276).
El estudio de los asuntos del Ministerio de Defensa y los problemas policivos de la seguridad, están marcados con estas indicaciones. La revisión de las políticas de seguridad y defensa en cada uno de los países da muestra de la importancia de saber ¿cuál es la asignación presupuestal a estas carteras? Con lo cual, podemos constatar la presencia de Estados represivos y totalitarios, es decir, este dato presupuestal revela los asuntos más sensibles del funcionamiento del sistema de dominación. Dejando al descubierto lo lejos que está la ‘sociedad civil’ de lograr una emancipación plena, teniendo a los Estados autoritarios encima de su cabeza.
Tenemos entonces, que el poder como nudo del pensamiento gramsciano, es muy claro en saber que la hegemonía es tal, en tanto, dominación de una estructura y una superestructura, que se compone de tres poderes: político, económico y militar. Siendo este último el que ha definido a lo largo de la historia, la destrucción de los imperios, denominándose vencedoras las potencias armamentistas mundiales. En la Italia de comienzos del siglo XX, fueron los años en que Gramsci estuvo en prisión, correspondiente al régimen fascista aliado al nazismo, derrotados al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
La pesadez de la memoria de sus pueblos exige la seriedad al momento de referirnos a la atrocidad de emprender estas carreras armamentistas, entendiendo los episodios vividos por el Holocausto, caso en el cual, los judíos bancarios tendrían muchas cuentas que saldar. A la vez, la vigencia en las secuelas psicológicas y sociales que esto ha generado obligaría a no repetir tal secuencia de violencia y militarismo.
Desde el sur patagónico continua la consigna del “¡Nunca Más!”, tras las dictaduras del Cono Sur. De las cuales, sólo Argentina ha logrado llevar a tribunales a los represores, pasados más de treinta (30) años de perpetuarse la desaparición y el asesinato de los militantes de las izquierdas. Estas reminiscencias que perduran en las generaciones venideras por genética o por fuerza de estudiar e investigar los acontecimientos, da cuenta de las cruzadas que han tenido que hacer los sobrevivientes de cada Guerra Mundial, cada conflicto interno y cada enfrentamiento bélico fronterizo o transfronterizo, dejando la enorme tarea de no repetir estos lamentables episodios.
El problema de las confrontaciones armadas, entonces, no sólo atañe a las potencias mundiales que han quedado con la custodia de los mayores armamentos, y, por ende, con el poder de tomar las decisiones de la paz mundial. Tener en cuenta estas indicaciones metódicas de Gramsci, clarifican la importancia de seguir estudiando estos asuntos en defensa de la humanidad y de la existencia del ‘hemisferio terrestre’ como hoy lo conocemos.
La Ideología
Gramsci llega a la conclusión de que la ideología se corresponde con la superestructura, luego de leer la obra de Marx, con la dedicación del escritor que se encuentra solo con sus libros sin poder salir al exterior. Las notas de sus lecturas del 18 Brumario, La cuestión oriental, Revolución y contrarrevolución en Alemania, La guerra civil en Francia, y podríamos agregar sin tener la certeza en sus escritos de la lectura de La ideología alemana y La cuestión judía. Es claro, que el «materialismo histórico» esta incorporado en sus análisis histórico-políticos.
En estos documentos, Marx expone sus posiciones respecto a la concepción de las ideologías, en el entendimiento y la dificultad que los pueblos encaran al desentrañar la falsa conciencia de un supuesto ‘sentido común’ construido por los ‘aparatos ideológicos’ de las clases dominantes. Luego de estas lecturas, es claro, porque la iluminada sentencia de que el «‘sentido común’ es el menos común de los sentidos que pueda asumir el pueblo». El ‘sentido común’, corresponde al pensamiento creado para las clases de subalternos, por medio de la prensa que dicta la opinión pública de las clases dominantes.
La definición de la ‘ideología’, en la misma revisión que hiciéramos de la superestructura en Gramsci, alude a un aspecto del ‘sensismo’, esto es:
del materialismo francés del siglo XVIII. Significaba ‘ciencia de las ideas’ y, puesto que el análisis era el único método reconocido y aplicado por la ciencia, ‘análisis de las ideas’, era igualmente ‘búsqueda del origen de las ideas’. Las ideas deben ser descompuestas en sus ‘elementos’ [originales] y éstos no podían ser más que las ‘sensaciones’: las ideas derivan de las sensaciones (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 165).
Estas definiciones las toma Gramsci de la obra Elements d’Ideologie de Destutt de Tracy (1754-1836). En seguida se interroga: “¿cómo ha sido que ‘ideología’, de ‘ciencia de las ideas’, de estudio sobre el origen de las ideas, ha pasado a significar un ‘sistema de ideas’? Lógicamente el proceso es fácil de comprender, pero ¿cómo se ha producido históricamente?” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 165). Estas cuestiones logran que elabore un gran tratado marxista respecto al entendimiento de las concepciones de la ideología[26].
La alusión al “sentido peyorativo de la palabra” según Gramsci “ha modificado y desnaturalizado el análisis teórico del concepto de ideología” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 159). En este punto, la definición de los pasos del estudio vendría como guía de otro posible trabajo, en sentido de avanzar en investigaciones que den cuenta de cómo este ‘error’ se ha hecho evidente en los ámbitos académicos y políticos,
El proceso de este error puede reconstruirse fácilmente: 1] se identifica la ideología como distinta de la estructura y se afirma que no son las ideologías las que cambian las estructuras, sino viceversa; 2] se afirma que una cierta solución política es ‘ideológica’, o sea que es insuficiente para cambiar la estructura, mientras se cree que puede cambiarla […]; 3] se pasa a afirmar que toda ideología es ‘pura’ apariencia (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 159).
Este ‘error’ del entendimiento, en el ‘bloque histórico’, en el cual Gramsci baraja el contenido [fuerzas materiales] con la forma [las ideologías], diremos que puede darse de manera inversa. El contenido del ‘bloque hegemónico’ son las ‘ideologías’ que lo componen, la forma responde a la estructura socioeconómica, es decir a las ‘fuerzas materiales’. La discusión con los mismos apuntes de Gramsci nos puede llevar a ampliar su concepción, en su verbo predilecto, hay que ‘distinguir’, según su criterio,
entre ideologías históricamente orgánicas, o sea que son necesarias para una cierta estructura, y las ideologías arbitrarias, racionalistas, “intencionales” [… su detalle es muy tajante: …] En cuanto históricamente necesarias tienen una validez que es validez “psicológica”: “organizan” las masas humanas, forman el terreno en el que los hombres se mueven, adquieren conciencia de su posición, luchan, etcétera. En cuanto “arbitrarias” no crean más que “movimientos” individuales, polémicas, etcétera (ni siquiera éstas son completamente inútiles porque constituyen el error que se contrapone a la verdad y sirve para afirmarla) (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 159).
La tarea de ‘distinguir’ unas de otras, pasa por un trabajo exhausto de seguimiento a la permanencia de una tesis en un autor determinado, en el caso de las ‘masas humanas’, digamos serían aquellas ‘ideologías’ que pasado el tiempo se resisten a ser olvidadas y aparecen en la lógica de evidenciar y demostrar su veracidad.
Las ‘ideologías orgánicas’ responden a la ‘revolución permanente’, noción que Gramsci obtiene de la lectura de La sagrada familia de Marx. En tanto, son precisamente la esencia del pensamiento revolucionario, encarnadas en lectores que se mantienen en los centros de estudio o en la misma acción. Esto es, en la praxis política, donde la movilización de la clase obrera busca consignas a la justificación de sus levantamientos. La memoria no puede olvidarse pasando de la juventud a la adultez, porque siempre seguirán creciendo infantes que necesitan de las voces que puedan formarlos y hacerles más llevadero el entendimiento de siglos de construcciones teóricas que fundamentan la ‘lucha de clases’.
Con lo cual, entenderíamos que la ‘ideología’ según otra alusión, es la “fase intermedia entre la teoría general y la práctica inmediata o política” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 147). El estudio consciente y dedicado de los problemas sociales, políticos y económicos de un determinado tiempo y territorio, nos puede dar nuevas teorías y tratados académicos.
La praxis, en tanto puesta en acción política de las conclusiones de estos estudios, es lo que puede realmente difundir las concepciones de mundo e incidir en las ‘masas humanas’. Las cuales siempre están a la expectativa de ser representadas o de poder identificarse con aquellas o aquellos que logran pronunciar y exponer los problemas que han tenido que callar a fuerza de salvar sus vidas, cuando no es un simple silencio por no perder sus lugares de trabajo.
La discusión de Gramsci con Croce, respecto a sí las ‘ideologías’ son ‘apariencias’, es un saldo a cuenta pendiente, de revisar con detenimiento toda la compilación de la crítica y el estudio de su filosofía. Salvar las múltiples menciones que realiza en sus notas y fragmentos de estudio, sería demasiado a lo propuesto en la extensión de este trabajo, sin embargo, vale revisar algunos de los pasajes en los cuales se descarga contra las tesis de aquel que siendo su maestro es también el rival de sus escritos.
Según Gramsci, Croce afirma que las «superestructuras son meras apariencias e ilusiones», afirmación que contradice en la extensión de los Cuadernos de la Cárcel, dado que, al entenderlas como hechos sociales concretos de dominación política, el terreno de la lucha política pasa por la batalla ideológica. De esta manera, las ‘ideologías políticas’ son también
construcciones prácticas, instrumentos de dirección política, o sea, podría decirse, que las ideologías son para los Gobiernos meras ilusiones, un engaño sufrido, mientras que para los gobernados son un engaño voluntario y consciente (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 200).
Defendiéndose en su propio enfrentamiento, brinda una concepción que le permite diferenciarla de las simples apariencias:
Para la filosofía de la praxis las ideologías son todo lo contrario de arbitrarias; son hechos históricos reales, que hay que combatir y revelar en su naturaleza de instrumentos de dominio no por razones de moral, etcétera, sino precisamente por razones de lucha política: para hacer intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento necesario del trastocamiento de la praxis (GRAMSCI, 1986 [T4], pp. 200-201).
La importancia de las ideologías orgánicas en la obra gramsciana es un determinante en la formación de nuevas hegemonías. La afirmación de Marx lo es todo en el punto de partida del entendimiento de la filosofía de la praxis, “los hombres toman conciencia de su posición social y por ende de sus obligaciones en el terreno de las ideologías”, en el parafraseo, Gramsci dirá que “los hombres adquieren conciencia de su posición social y de sus obligaciones en el terreno de las superestructuras” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 202).
Gramsci argumentará una y otra vez la importancia de tener una ideología en la superestructura de una determinada estructura, en sus palabras: “la misma filosofía de la praxis es una superestructura, es el terreno en el que determinados grupos sociales toman conciencia de su propio ser social […] de su propio devenir” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 201), entendido este último en el plano de la trascendencia, la proyección ideológica de la revolución de los trabajadores devenidos en clases dominantes, contiene en esta definición el lugar de la contrahegemonía en las ideologías de los insurrectos.
El debate es extenso, en este apartado, volvemos a señalar que precisamente el contenido del bloque hegemónico lo formulan las ‘ideologías dominantes’ que son pensadas, plasmadas y expuestas por los y las ‘intelectuales orgánicos’. En este sentido, quienes asumen la gigantesca tarea de construir pensamiento ideológico contrahegemónico, están trabajando por la constitución de una nueva hegemonía creada por los Soviets.
Reconociendo que, en la definición del Partido Comunista, los “intelectuales orgánicos” son “agentes de actividades generales, de carácter nacional e internacional” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 189). Estamos de acuerdo también en que cumplen una función fundamental en la construcción de una nueva hegemonía ‘organizativa’ en tanto,
los intelectuales tienen la función de organizar la hegemonía social de un grupo y su dominio estatal, esto es, el consenso dado por el prestigio de la función en el mundo productivo y el aparato de coerción para aquellos grupos que no ‘consientan’ ni activa ni pasivamente, o para aquellos momentos de crisis de mando y de dirección en los que el consenso espontáneo sufre una crisis (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 188).
La crisis del ‘consenso espontáneo’ puede trasladarse a la crisis de los procesos históricos que, por fuerza de revoluciones han logrado cambiar las superestructuras mentales, y, por ende, han ganado un terreno invaluable en la transformación de las estructuras socioeconómicas, logrando el acercamiento al triunfo del socialismo real en oposición al capitalismo. Sin embargo, ni la Italia de Gramsci, ni las revoluciones continentales, han logrado modelos socialistas que modifiquen los regímenes de acumulación capitalista.
Con relación a las transformaciones que debería emprender una nueva hegemonía, está la del sistema productivo que debe hacerse cargo de generar nuevas estructuras-económicas donde la dirección de la producción esté en manos de los Soviets, es decir, de las alianzas de obreros y campesinos. La superestructura del sistema está en manos de los intelectuales, lo cual será una transformación de largo aliento, tanto por la titánica tarea de formarlo como por hacer que en el camino no se desvíen del propósito revolucionario.
En esto “la relación de los intelectuales y la producción no es inmediata […] es mediada por dos tipos de organización social: a] por la sociedad civil [… y]; b] por el Estado” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 188). Encarar la tarea de transformar estas organizaciones que son atadas por la ‘sociedad política’, hace parte de una estrategia de tortugas, en tanto, conocer y entender su funcionamiento, como de ir asumiendo y quitando tajadas a las clases dominantes que se han mantenido en el poder de asignar a sus servidores en cuotas burocráticas.
La relación con la historia colombiana de construcción de una propuesta de nueva hegemonía en el periodo estudiado, responde al frustrado proyecto del Partido Socialista Revolucionario (1924) y a la fundación del Partido Comunista de Colombia (1930). El grado de incidencia de estos proyectos políticos en la realidad del sistema político colombiano ha sido escaso en la materialidad de consecución de cargos de elección popular. Durante el periodo analizado, fueron cooptados en alianzas con el ala centroizquierda del Partido Liberal, con relación a la pauta que ya estableció Gramsci en una de las características del estudio de los subalternos.
El propósito de identificar a los grupos de intelectuales que sirvieron a la campaña de Enrique Olaya Herrera, dando lugar a su elección en 1930, es el de obtener un panorama de la forma de distribución del poder del Estado, luego de 44 años de Gobiernos de la ‘Regeneración Conservadora’ (1886-1930). Es decir, en la conformación del bloque hegemónico liberal tuvieron que ponerse a prueba sus intelectuales, en la práctica del ejercicio del poder gubernamental.
De igual manera, se indagó cómo se sostuvieron estos grupos intelectuales con relación a los sectores de la economía y de la producción en Colombia, con motivo de entender la divergencia ideológica en los intereses económicos de las clases dominantes. En la misma dirección, fue preciso investigar cuáles fueron los grupos intelectuales conservadores que participaron en las elecciones de 1946, los cuales favorecieron la asunción de Mariano Ospina Pérez.
Una tarea mucho mayor en términos de los cruces de los intereses nacionales con los internacionales, comprendió saber cuánta relación hay entre las clases dominantes de Colombia con los grupos de intelectuales y clases dirigentes de EE. UU., con relación a la inmersión de la Alianza para el Progreso y la creación de la Organización de Estados Americanos-OEA. En términos de superestructura en el liberalismo colombiano, el conductor de este proyecto es Alberto Lleras Camargo del Partido Liberal, y en la estructura, son los conservadores los que implementan esta organización en su Gobierno.
Las relaciones [ideología – superestructura] de las clases dominantes en Colombia, tienen esa dicotomía de consenso activo y periodos de coerción represiva. En los cuales, tanto el bloque hegemónico liberal y el bloque hegemónico conservador, han ejercido la dominación del poder político, económico y militar, contra el pueblo colombiano, organizado en otras fuerzas políticas que no han contado con la posibilidad de hacerse del poder por la vía democrática.
El Bloque Hegemónico y las Clases Dominantes
El concepto de hegemonía es entendido como dirección que opera sobre la estructura económica, la organización política de la sociedad y el modo de pensar (Gruppi, 1978: 23). La hegemonía (o la “fase hegemónica”) equivale, al ‘consenso activo’ articulado desde el Estado capitalista plenamente constituido para direccionar un proyecto hegemónico definido en la alianza de clases dominantes[27]. Los ‘proyectos hegemónicos’ que identifica Portantiero (1963; 1973) hacen que coincidamos en las dificultades para la construcción de una hegemonía suprema o única, en su lugar, surgen proyectos o ‘bloques hegemónicos’.
Es decir, el análisis de la ‘hegemonía’ como ‘consenso activo’ hace posible caracterizar las crisis y los procesos de conformación del bloque hegemónico colombiano. El ‘consenso’ en Colombia se trazó en la lógica de la democracia, en un sistema de elecciones bipartidistas que, tras la crisis económica de 1929, permitió al Partido Liberal hacerse del poder en las urnas.
La coerción, según Gramsci, se adecuó al monopolio del uso de la fuerza legítima del Estado (en términos weberianos). El ‘consenso’ fue sostenido hasta los acontecimientos del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, desde entonces y hasta el presente, se diversificó el monopolio del uso de las armas, no volvieron a ser de exclusivo dominio del Estado.
La comprensión de la conformación de la ‘hegemonía’ en un ‘bloque histórico’, requiere diferenciar su funcionamiento en la estructura y la superestructura, y asumir que la toma del poder del Estado: implica administrar la mayor estructura de dominación, siendo el sector público, sólo una parte del funcionamiento de la estructura socioeconómica. Por tanto, definir la composición de los “bloques hegemónicos” en Colombia, nos implicó abordar a los sectores económicos [legales e ilegales] que tienen intereses político-económicos en el funcionamiento de la estructura productiva de un territorio, y esto va más allá del funcionamiento del Estado, en referencia a sus ideologías y estructuras de dominación.
La categoría de “bloque en el poder” y de “fracción hegemónica” desarrollada por Nicos Poulantzas ha sido contenida en este análisis. Sin embargo, permanece un debate. Está la divergencia entre la noción de ‘hegemonía’ y la diferencia que hacemos explícita en Colombia al presentarse un ‘consenso activo’ entre bloques hegemónicos. Donde no ha existido una superestructura hegemónica de clases dominantes-dirigentes que tengan un solo proyecto político, arriesgándonos a afirmarlo, en toda la historia de República, si bien, lo que ha existido es un sistema bipartidista liberal-conservador, este es considerado como el consenso activo del bloque hegemónico colombiano.
Además, la confusión o fusión de la noción de ‘bloque en el poder’ o de ‘bloque de poder’ se superpone al concepto gramsciano de “bloque histórico”, en tanto alcance de los elementos de estudio que estas nociones proponen. Son momentos que consideramos muy diferentes, en relación a lo que entendemos por bloque hegemónico, queriendo dar lugar a irradiar una noción que Gramsci dejo mencionada en términos de “bloques homogéneos sociales” (GRAMSCI, 1999 [T5], págs. 68-69). Es decir, un bloque con una caracterización que los hace particulares en un tiempo delimitado y definido, en un periodo y en un territorio concreto, con una perspectiva histórica de ‘mediana duración’.
El objeto de estudio está puesto en el funcionamiento de las partes que han tomado el poder, de las fracciones de clases dominantes que se confrontan con distintos proyectos hegemónicos por el poder del Estado. La totalidad del ‘bloque histórico’ es finalmente el corpus final del periodo analizado. Las ‘fracciones hegemónicas’, son un fragmento de la lucha política en las elecciones y en el sistema representativo, es decir, operan en el parlamento, son visibles en la arena de consecución de votos. Las internas de un mismo partido no alcanzan a definir todo lo que entendemos es un ‘bloque hegemónico’, que no sólo comprende la ambición del ‘bloque en el poder’, ni se reduce a las intrigas partidarias de las ‘fracciones hegemónicas’[28].
En la caracterización de las clases sociales, se entiende la composición de las ‘clases dominantes’ como ‘bloques’ complejos en conflicto (GRAMSCI, 1986; MURMIS & PORTANTIERO, 2011). La complejidad de los ‘bloques hegemónicos’, tiene gran relevancia en las contradicciones de los intereses de las clases dominantes, en tanto modo de comprender el funcionamiento de las estructuras económicas en su relación con los aparatos militares. Descifrar la complejidad, tiene el propósito de entender la conformación de un fenómeno que ha marcado la historia política en Colombia, esto es, el hecho de utilizar a mercenarios en el despojo masivo de tierras, para hacerse de la expansión de los beneficios económicos de las políticas agrarias, siendo el caso de los años cincuenta, un exponente de tal situación (GUZMAN, FALS BORDA, & UMAÑA LUNA, 1962).
Precisamos indagar la definición de ‘bloque hegemónico’ en la lectura de la obra gramsciana, encontrando el detalle más claro posible, al describirlo de la siguiente manera, son “bloques sociales compactos […] formaciones homogéneas […conformadas] por intelectuales, vanguardias, arditi que trabajan para suscitar tales bloques; y no para perpetuar su dominio gigantesco” (GRAMSCI, 1984 [T3], pág. 347). Son las clases dominantes, relacionadas con los intelectuales y los mercenarios, que permitieron hacerse del poder, perpetuando tanto las masacres hacia los conservadores en 1933 como desatando la violencia política a partir de 1946. Los conservadores hostigaron al liberalismo con el ataque a sus Casas electorales regionales, y en articulación con la doctrina anticomunista de Marshall, declararon la guerra a las organizaciones socialistas y comunistas.
La cuestión a develar en el proceso de investigación es precisamente la conformación del bloque hegemónico colombiano, describiendo su particularidad, en un entendimiento de la composición compleja que le atañe. Hallar el pacto de unidad que logró que el Partido Liberal Colombiano, que asumió el poder político en el año 1930, llegará a unificar sus intereses del liberalismo económico con el conservadurismo político entre 1953-1958, luego del extenso periodo de gobiernos de la ‘Regeneración Conservadora’ (1886-1930).
Es decir, la complejidad de los bloques requiere del conocimiento de las clases sociales que los conforman, teniendo en cuenta el ‘criterio histórico-político’ que Gramsci aporta, al iniciar la escritura de los Cuadernos de la Cárcel, en una línea de investigación de las clases dominantes con los siguientes términos:
una clase es dominante de dos maneras, esto es, es ‘dirigente’ y es ‘dominante’. Es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias. Por ello una clase ya antes de subir al poder puede ser ‘dirigente’ (y debe serlo), cuando está en el poder se vuelve dominante, pero sigue siendo también ‘dirigente’ (GRAMSCI, 1981, pág. 107).
De estas definiciones proponemos que la ‘fórmula política’ de Colombia de la ‘Unión Nacional’ que data de los comienzos de la República, se configuró en el siglo XX en ‘bloques sociales homogéneos’, diferentes en sus dimensiones regionales y antagónicos en los intereses económicos o políticos, sólo capaces de maniobrar en propósito de la consecución y mantenimiento del poder del Estado.
Hemos comprendido el fenómeno que Gramsci estudia del arditismo, en términos de saber cómo operan los ejércitos “arditis” en las estrategias de “guerra de posiciones”, “guerra de asedios” o “guerra de movimientos”, definiéndolos como “organizaciones armadas privadas”, como habíamos referido antes, estas “tienen dos misiones: usar la ilegalidad, mientras el Estado parece permanecer en la legalidad, como medio para reorganizar al propio Estado” (GRAMSCI, 1981, p. 178)[29].
Este modus de operación “paraestatal” que se presenta en la Europa del siglo XX, fue trasladado en los lineamientos oficiales del funcionamiento de los partidos políticos tradicionales y de las carteras del Estado, a nuestro continente. Entender el funcionamiento, requiere leer los análisis que arrojó Gramsci,
en el fenómeno del arditismo militar hay que distinguir entre función técnica de arma especial vinculada a la moderna guerra de posiciones y función político-militar: como función de arma especial el arditismo se ha dado en todos los ejércitos de la guerra mundial; como función político-militar se ha dado en los países políticamente no homogéneos y debilitados, los cuales, por lo tanto, tienen como expresión un ejército nacional poco combativo y un estado mayor burocratizado y fosilizado en la carrera (GRAMSCI, 1981, p. 179).
Gramsci distingue entre el arditismo [paráfrasis del paramilitarismo] y las formas organizativas de la “resistencia pasiva”[30] o “guerra de posiciones” que toma de sus lecturas de las reflexiones de Gandhi, o de las estrategias de la “guerra de guerrillas”[31], que fueron surgiendo en Irlanda. Entiende la complejidad del poder militar en el Estado, en la revolución y en la contrarrevolución de su tiempo.
Iniciando el gobierno de Mariano Ospina Pérez, Gaitán pasaría un memorial de agravios respecto al recrudecimiento de la violencia en las regiones, por el enfrentamiento de los ‘pájaros’ y ‘chulavitas’ contra los militantes liberales, socialistas y comunistas. En un traslado a la historia reciente, profundizada en el estudio sobre la Reconfiguración del bloque hegemónico colombiano, 2002-2012, es posible reafirmar que, en el siglo XXI, se siguen utilizado estos ejércitos de mercenarios, paramilitares, ‘arditis’ o ‘almogádavares’ como ejércitos privados para hacerse de las riquezas de los pueblos despojados.
La conexión con otros países permite salir de la ‘isla’ del conflicto interno. Esté fenómeno de contratación de mercenarios, ha conformado bloques en otras latitudes con los mismos intereses. La participación en posguerras de estos ejércitos, o en las dictaduras del cono sur, puede ser uno de los tantos temas sensibles de los que se ocupen otras investigaciones.
Gramsci, comprendía que, “[l]a ‘compañía de mercenarios’ nació así como un medio para determinar un desequilibrio en la relación de fuerzas políticas a favor de la parte más rica de la burguesía, en perjuicio de los gibelinos y del pueblo bajo” (GRAMSCI, 1981, p. 288). Esta visión del funcionamiento de la creación de unos ‘soldaditos’ a merced de los intereses privados de la burguesía, en ciertos territorios, ha sido una constante en el accionar político de los gobiernos colombianos.
Los análisis de Gramsci aportan antecedentes sobre la indagación de una complejidad aún mayor que el conflicto interno. En la primera mitad del siglo XX, fue configurado el expansionismo imperialista del capitalismo, con los nuevos sistemas ‘democráticos’ la acumulación originaria del capital ya no la podían ejercer con la invasión colonial, por lo cual, necesitaron de los ejércitos de ‘mercenarios’ para perpetuar la acumulación originaria, forzar el desplazamiento forzado de las comunidades en los territorios de los cuales se extrajeron los recursos naturales para fomentar la acelerada industrialización militar europea y norteamericana.
El registro del ingreso de estos ‘aparatos ilegales represivos’ a Colombia, ha sido posible encajarlo con el periodo histórico analizado. Destacamos que es un problema de dimensiones internacionales, posible de entender a partir de analizar el funcionamiento de la lucha por el poder político de la hegemonía mundial en la práctica de la dominación económica, y, en la utilización que realizan las clases dominantes de los aparatos coercitivos legales y paralegales, para cumplir con los lineamientos del capital externo.
Este punto de análisis del bloque hegemónico colombiano tiene déficit de estudios que profundicen la relación de las influencias provenientes de Europa, en los enfrentamientos entre liberales y conservadores[32]. Sobre la predominancia de la doctrina militar del Pentágono existen mayores conexiones, las cuales profundizamos en el apartado del gobierno de Mariano Ospina Pérez. Un dato fundamental, es la relación de Laureano Gómez con el gobierno de la dictadura de Francisco Franco Bahamonde (1936-1975), quién lo recibió en el exilio, luego del Golpe de Estado de 1953.
El registro del testimonio que compiló el párroco de El Líbano (Tolima), monseñor Germán Guzmán, del memorial que dirigieran al Gobernador de Antioquia en ese mismo año de 1953, devela la presencia de escuadrones españoles en los años cincuenta, perpetuando la violencia en los territorios,
Juan de J. Franco, jefe del comando revolucionario del suroeste y occidente antioqueños, en memorial dirigido al gobernador militar el 19 de julio de 1953, describe así la situación imperante entonces: “Por las aldeas y poblaciones de Colombia, comenzaron a verse, por primera vez, caras hostiles, gentes extrañas importadas a sueldo del Gobierno, las cuales, amaestradas por instructores traídos especialmente de España, se dedicaban a recorrer valles y montañas y dondequiera que llegaban la emprendían contra los ciudadanos de filiación liberal, a quienes ultrajaban, requisaban y decomisaban sus cédulas para inhabilitarlos electoralmente. Era la falange en acción. […] También supe del incendio de la histórica y gallarda ciudad de Rionegro, por tratarse de que era la meca del liberalismo antioqueño. Era el desarrollo de un preconcebido plan de exterminio (GUZMAN, FALS BORDA, & UMAÑA LUNA, 1962, págs. 93-94).
Laureano Gómez previo al exilio, había sido enviado oficialmente embajador a Alemania durante el Gobierno de Enrique Olaya Herrera (1930-1934)[33]. El desenvolvimiento de las guerras ciertamente tiene aún muchas repercusiones. Frente a los ejes en confrontación, la dirección político-militar de las relaciones internacionales de Colombia se ejerció a favor de Estados Unidos e Inglaterra, por la influencia que estos tuvieron en los gobiernos liberales 1930-1946.
El periodo de la posguerra fue así, un escenario de represalias en la competencia de los intereses del capitalismo monopólico. En el territorio colombiano, se libró una agresiva persecución al eje alemán-italiano-japonés; aún con la simpatía que le habían profesado los conservadores en los inicios de la Primera Guerra (GALVIS & DONADIO, 1986). Estas confiscaciones a las inversiones, persecución a los residentes, puesta en centros de concentración y deportación a los Estados Unidos, tiene una lamentable secuencia de cobros genéticos.
En sus análisis señala, la aparición en Cataluña (España) de los ‘almogádavares’ un parangón de los ‘arditi’. En sentido literal entiende Gramsci que estos, “según algunos eruditos, marcan el comienzo de las compañías de mercenarios” (GRAMSCI, 1981, p. 288). Este lamentable acontecimiento en la Europa de entreguerras es un antecedente ineludible, en los procesos de entendimiento de la conformación del bloque hegemónico colombiano.
El legado teórico de Gramsci surge en el periodo de entreguerras mundiales, mismo periodo en el que proponemos, inicia la conformación del bloque hegemónico colombiano. Tanto el método socio-histórico como las categorías de análisis que tomamos, son herramientas para aproximarnos a una realidad que se mantiene en el tiempo. Su análisis se extiende por el continente, asumiendo la historia de Italia, con la observación de sus vecinos.
La realidad de Cataluña le resulta determinante en términos de conocer el fenómeno de mercenarismo que se extendió con actores intercontinentales. Gramsci caracterizó a los bloques de fuerzas sociales de España, entendiendo que el “separatismo republicano catalán, [dio] lugar a un auténtico bloque industrial republicano contra los latifundistas, la pequeña burguesía y el ejército monárquico” (GRAMSCI, 1981 [T2], pág. 53). Con tales confrontaciones surgía el fenómeno de los ‘almogádavares’.
La investigación logró con los testimonios allegados a la Gobernación de Antioquia, evidenciar la presencia de españoles en la perpetuación de las masacres que se cometieron en el territorio colombiano durante los años cincuenta. No obstante, sigue pendiente el hallazgo de investigaciones que puedan profundizar con más detalle lo reseñado por Gramsci respecto a la movilidad intercontinental de estos fenómenos, como a su vez el cotejo con los registros que profundicen el testimonio del sacerdote Guzmán, en perspectiva de la influencia que estos ‘almogádavares’ tuvieron en el continente suramericano.
En Italia, el bloque industrial se compuso por la industria eléctrica, mecánica y metalúrgica; existiendo un bloque agrario, del cual surgen las diferencias de las clases dominantes, siendo distante la realidad de Turín con el desarrollo industrial automotriz de la Fiat, a la de las islas de Sicilia y Cerdeña, o aún más al arraigo del desarrollo agrario del sur portuario. Tanto en la geografía como en la cultura difieren del centro capital de la Roma cosmopolita o del resplandecimiento de Florencia.
La geografía política italiana, brinda a Gramsci, una lectura particular de los intereses de los políticos que componen los debates legislativos, cada región defiende una composición de intereses económico-políticos divergentes. El entendimiento del funcionamiento del poder económico brinda una claridad vital al momento de tratar de comprender la maniobra del poder político y la manipulación que juntos hacen del poder militar.
El estudio del funcionamiento de los bloques económicos arroja una radiografía de la composición de intereses subregionales y como estos se enlazan con la operación política de los congresistas en los debates legislativos. La política nacional de un país pasa en gran medida por la intervención real que los partidos y sus bancadas hacen en el Congreso, con relación a los intereses de las economías regionales.
La consecución de los simpatizantes, afiliados y votantes de las campañas depende en gran parte de cuánto puedan abarcar, en referencia de los problemas que atañen a las economías locales; en qué medida el comercio internacional afecta o favorece el movimiento económico territorial. Las diferencias en cuanto a la dependencia de los capitales extranjeros, comienzan a marcar las divergencias entre los bloques hegemónicos de tinte conservador nacionalista y los bloques liberales y socialistas partidarios del libre comercio y la liberación de aduanas, por referir una constante en los debates políticos parlamentarios en el curso del siglo XX[34].
Respecto a las diferencias conceptuales entre ‘bloque hegemónico’ y ‘clases dominantes’, la claridad surge en la toma del poder del Estado. Esto pasa por la “conquista del poder y afirmación de un nuevo mundo productivo […] origen unitario de la clase dominante que es económica y política al mismo tiempo” (GRAMSCI, 1981, p. 188). La ‘clase dominante’ que toma el poder del Estado, ya ha sido dirigente de las alianzas de clases que han preparado la conquista del poder, aunque en el ejercicio del poder, dará cuenta si es dominante o dirigente de las clases dominantes y de las clases de subalternos.
Distinguir cuáles son estas clases dominantes y cuáles las clases dirigentes, previo a la toma del poder del Estado por el liberalismo en 1930, es uno de los objetivos que aborda la investigación en el primer y segundo capítulo. En forma transversal, es constante la cuestión sobre el lugar que tiene la estructura socioeconómica según las clases que tienen el poder político, económico y militar.
Hallar tal respuesta, tiene la dificultad de que sus registros no son siempre públicos y legales, la conformación del bloque hegemónico colombiano se hace con fuentes primarias que no traspasan de ser la reproducción del pensamiento de la clase dominante, al igual las fuentes secundarias tienden a la reproducción de los discursos, con alguna que otra crítica que puede develar ciertas conexiones entre las familias que se han mantenido en el poder. Los registros contables de la administración de los recursos privados familiares o de empresas privadas, son confidenciales, razón por la cual poner en evidencia estos detalles no ha sido posible.
La dominación de la clase dirigente se realiza una vez se encuentra en el poder del Estado, domina a los aliados y domina a las clases de subalternos. Gramsci, introduce el estudio de la ‘subalternidad’, entendiendo que es el amplio espectro de los dominados. Los subalternos, se pueden diferenciar del proletariado, en sus formas de organización y de posibilidad de consecución de nuevas alianzas políticas.
El Partido Socialista Revolucionario-PSR, que trazó una alianza política con el Partido Liberal, permitió la asunción al poder de Enrique Olaya Herrera (1930). Ganaron los trabajadores en los años treinta y cuarenta en avances de organización sindical, como en unas mínimas reformas laborales. El movimiento obrero paso a ser el de la clase de los subalternos, en la alianza política con la clase dominante del liberalismo, que ejercía de dirigente de los intereses económicos de los conservadores.
Las clases de los subalternos no son homogéneas, pueden convertirse en nuevas clases dirigentes como lo señala Lukács (2014), al situar en el movimiento obrero al “proletariado como clase dominante”. La alianza de los subalternos a niveles regionales, o en escalas pequeñas, con posibilidad de dominio territorial, en dados momentos, buscan tomar el poder ejercido por las clases dirigentes o constituir contrahegemonías que operan en los territorios. En este sentido, la complejidad del “bloque hegemónico” radica en que sus partes no ejercen completa hegemonía, por tanto, no quedan perpetuados como ‘imperios’ o ‘dinastías’, se organizan en términos de tomar el poder, organizar el Estado, y luego pueden difuminarse o aliarse a nuevos “bloques”.
La conformación del bloque hegemónico colombiano que marcamos desde 1930, comprende investigar el bloque hegemónico liberal, que en su acercamiento a la protesta social y a los alzamientos populares de los años veinte, se hacen aliados de la dirigencia comunista y absorben gran parte del socialismo, con el propósito de ganar en 1930 las elecciones contra los conservadores.
La superestructura ideológica de estos bloques se aborda contrastando, los tiempos de consensos y alianzas, en diferido con los momentos de coerción y represión. Asunto que el periodo histórico analizado marca tras la ola de violencia iniciada en el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950), agravada con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. En el Gobierno conservador, los gabinetes de Gobierno fueron conformados por liberales y conservadores, urgiendo necesidad de mediaciones, entre las cuales surge la fórmula política de consociacionalismo, conocida oficialmente en 1958 como ‘Frente Nacional’.
Otra manera de ver el funcionamiento del ‘bloque hegemónico’ en alcance de alianzas internacionales, es el posicionamiento oficial del Estado colombiano en los periodos de guerras mundiales. En esto, el liberalismo adhirió a las decisiones del Gobierno de Estados Unidos, profesionalizándose en ese tiempo la marina y la aviación de Colombia, bajo sus orientaciones y las de Inglaterra, distinguiéndose de las posiciones que los conservadores sostuvieron en la Primera Guerra Mundial, siendo aliados de Alemania e Italia.
En este sentido la investigación busca analizar las ideologías del tipo cómo y del tipo por qué[35], en cuanto a dar respuesta a ¿cómo se ha conformado el bloque hegemónico?, y ¿cómo se mantienen sus superestructuras ideológicas?, esto es, establecer por medio de la lectura de Gramsci, el método apropiado que permita caracterizar las dimensiones ideológicas de los partidos conservador y liberal, profundizando el problema de investigación al cuestionar ¿por qué en Colombia se conformó un bloque hegemónico entre 1930 y 1950?
Al responder, al por qué, ya se ha evidenciado el cómo, en tanto que, con el pacto de consociacionalismo del Frente Nacional se evidencia por qué la alianza de clases dominantes finalmente da lugar a la conformación del bloque hegemónico colombiano, dejando en evidencia cómo se pactó a través de la fórmula del liberalismo económico y el conservadurismo político en el derecho represivo autoritario del Estado capitalista colombiano. La cuestión por entender en el periodo 1930-1950, es el momento de la formación ideológica del liberalismo económico y el conservadurismo político, en la cual, es posible develar algunos de los rasgos que le caracterizan y diferencian.
Según lo expuesto, es claro que las clases dominantes han ejercido su doble papel, en la Italia que estudia Gramsci como lo propone en su obra. En el periodo de la historia de Colombia (1930-1950) pretendemos evidenciar que existe una falencia en la dirigencia. La composición de las clases dominantes en bloques hegemónicos nos permite disgregar el estudio en una composición de menor escala. Así mismo, entender el funcionamiento de estos bloques, permite aproximarnos al plano de la superestructura y de la ideología, pasando de la estructura socioeconómica a su dirección intelectual.
El bloque histórico en Gramsci hace referencia a la dialéctica de la superestructura. Esto es, la dirección intelectual, política y cultural, domina en la estructura socioeconómica, posible de observar en un periodo delimitado y en un territorio concreto. En este marco, el entendimiento del Estado ha estado interpretado como una superestructura compleja, es decir, como el lugar donde la sociedad política domina a los grupos y clases de subalternos por medio del Estado[36].
La noción que subvierte el Estado de las ‘clases dominantes’, en clave del ‘proletariado como clase dominante’ es la de ‘nuevo Estado’. Esta es la reconstrucción de los subalternos de una nueva hegemonía por la conquista del Estado de los Soviets. Desde tal lugar, no estamos ante la revisión de la “ampliación del Estado capitalista”, ampliación a los subalternos de una insignificante parte de la totalidad del Estado, sino en la tesis del marxismo-leninismo de la toma del poder por los obreros y campesinos del aparato en toda su dimensión de dominio político, económico y militar.
El interés del estudio de las clases dominantes radica en conocer al adversario político al que los subordinados colombianos se enfrentan, y no en hacer la historia de los dominados. Es la historia en los términos concretos, en cuanto cuestionarnos ¿de qué modo el bloque hegemónico liberal se hizo del poder político? y ¿cómo mantuvo el poder desde 1930 hasta 1946?, de igual manera que cuestionamos la forma política del mantenimiento del poder del bloque de los conservadores, y la conjugación de intereses del liberalismo económico y el conservadurismo político en el desenlace del Frente Nacional.
Comprendiendo que las clases dominantes en Colombia no conformaron una hegemonía, sino que la confrontación de los intereses de los proyectos políticos liberal y conservador, hizo posible una alianza del Partido Liberal con el Partido Socialista Revolucionario y el Partido Comunista de Colombia, y que el consenso político quedo agrietado desde la declaración del ‘Estado de sitio’ por los conservadores de 1949, el cual da comienzo al periodo de la Violencia, llevando al alzamiento armado de las fuerzas políticas adversas a las clases dominantes.
El ‘nuevo Estado’ que concebimos, parte de revisar la experiencia de los consejos de fábrica, en clave de entender la alianza entre campesinos, obreros y soldados. Las definiciones teóricas no están del todo desarrolladas en la obra de Gramsci, muy posible nos acerquemos más en los intérpretes, al caso, en Nicolás Poulantzas o en los marxianos argentinos, José Aricó y Juan Carlos Portantiero.
Con la lectura de Gramsci, interpretamos que sería la vanguardia revolucionaria quien lograría “crear el Estado de los consejos de obreros y campesinos y de fundar las condiciones para el advenimiento y la estabilidad de la sociedad comunista” (GRAMSCI, 1986 [T4], p. 53). Debido al debate suscitado con la interpretación de la noción de Estado en la obra de Gramsci, en la distinción del ‘Estado ampliado’, revisamos las menciones que hace a la noción de ‘nuevo Estado’.
La primera alusión de ‘nuevo Estado’ que encontramos, hace referencia al examen de los partidos políticos, en las subdivisiones de las Revistas Tipo, del primer tomo de los Cuadernos de la Cárcel. Entre las diferentes posiciones de los partidos según los intereses regionales, al caso, por ejemplo, las diferencias entre: “el bloque rural meridional”, el “partido reformista siciliano, y los partidos regionales de la Italia meridional” (GRAMSCI, 1981, p. 27).
Esto es la investigación del ‘nuevo Estado’ de la unificación del Estado italiano en el Risorgimento, en la cual, la función de los intelectuales orgánicos de las divisiones partidarias aparece en la dualidad campo-ciudad que representa el Partido de Acción. Según los puntos programáticos, Gramsci (1981: 27) resalta tener en cuenta los siguientes: 1° la fuerza urbana septentrional; 2° la fuerza rural meridional; 3° la fuerza rural septentrional-central; 4°-5° la fuerza rural de Sicilia y de Cerdeña.
El ‘transformismo’ estudiado, radica en que “el Partido de Acción es incorporado molecularmente por los moderados y las masas son decapitadas, no absorbidas en el ámbito del nuevo Estado” (GRAMSCI, 1981, p. 103). De este modo, podríamos seguir que la fuerza de los intelectuales urbanos durante el siglo XIX en Italia tuvo en la conformación del nuevo Estado de los moderados, un momento de triunfo de la alianza de las fuerzas urbanas en las distintas regiones por el frente común contra Austria. Con el fin de dar solución a la cuestión agraria que representaba dar las tierras a los campesinos, en el caso del Partido de Acción, o, en consolidar unas capas medias que asumieran la dirección nacional de todas las fuerzas políticas y atendieran los asuntos de escala nacional.
En el segundo tomo, la cuestión se refiere al ‘nuevo Estado’ de la Revolución Francesa, en sus notas sobre, Relaciones entre estructura y superestructura. Refiriendo las palabras de Salvemini, Gramsci trae la situación de Francia, la cual “ha creado un nuevo Estado y ha encontrado la fuerza político-militar que afirma y defiende su soberanía territorial” (GRAMSCI, 1999, p. 168).
En este fragmento, analiza dos conceptos centrales en su obra, la revolución permanente en la relación dialéctica del «materialismo histórico», en cuanto análisis de movimientos orgánicos y coyunturales, permanentes u ocasionales, y las relaciones de fuerzas, explicando los grados a los cuales debiera prestarse atención. Es preciso tener presente las relaciones de fuerza a las que se refiere,
1°] hay una relación de fuerzas sociales estrictamente ligada a la estructura […] del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción […] grado de realismo y de factibilidad de las diversas ideologías que han nacido […] en el terreno de las contradicciones que tal alineamiento ha generado durante su desarrollo. 2°] […] la ‘relación de fuerzas’ políticas, o sea la evaluación del grado de homogeneidad y de autoconciencia alcanzado por los diversos agrupamientos sociales. [según momentos menores:] […1] el económico primitivo […2] fase económico-política […3] conciencia de los intereses propios ‘corporativos’ [… esto es de] las superestructuras complejas […] 3°] […] la ´relación con las Fuerzas Militares´ que es el inmediatamente decisivo en cada ocasión. El desarrollo histórico oscila continuamente entre el primer y el tercer momento, con la mediación del segundo […] pueden distinguirse en él dos momentos: el momento ‘militar’ en sentido estricto, técnico, de la palabra, y el momento que se pude llamar ‘político-militar’ (GRAMSCI, 1999, pp. 168-169).
La definición del ‘nuevo Estado’, en el Cuaderno 13, Notas sobre la política en Maquiavelo, hace referencia al Estado unitario italiano del Resurgimiento, refiriendo los debates del Partido de Acción y del Partido de los Moderados en las confrontaciones del campo-ciudad.
La definición de Estado en Gramsci, no se reduce a la búsqueda de la ‘ampliación del Estado’, sino que el fin último es construir un nuevo Estado, en el cual persista la alianza de obreros, campesinos y soldados. En el Estado Italiano que analiza Gramsci, no hay un desmembramiento del nuevo Estado del Resurgimiento ni en la noción de Estado-gobierno que se traduce en el entendimiento del Estado-nación, con las dificultades de la identidad nacional forjada a fuerza de eliminación de otras identidades, y el aparato Estatal que responde al nacionalismo (nacionalsocialismo) de las clases dominantes.
En los niveles de las relaciones de fuerza entre la estructura y las superestructuras complejas, daremos cuenta del análisis propio del Estado colombiano en la conformación del bloque hegemónico. Comprendemos que el marco teórico es una pauta desde la cual leemos e interpretamos la investigación que hemos presentado. Sin embargo, son las características particulares las que en concreto brindan la definición del tipo de Estado, entendiendo que es el factor que permanece, a diferencia de los Gobiernos que son pasajeros, en la perspectiva de los movimientos orgánicos y coyunturales.
Así asumimos como tarea fundamental el estudio de las ideologías que dominan en la superestructura, con el fin de descifrar el pensamiento de aquellos que tomaron las decisiones que modificaron el curso de la historia del siglo XX, durante el periodo 1930-1950. El leninismo de ‘nuestras tareas’ está impregnado en todo el desarrollo teórico y argumentativo, aclarando que más allá de la desviación profesional de la docencia, el asunto de asignar tareas concretas a los proyectos políticos revolucionarios, puede llegar a evaluarse, en la voluntad política de tomar el poder que han detentado las clases dominantes.
Por último, hallamos en las obras de Gabriel Misas Arango los conceptos de ‘bloque de clases en el poder’ en, Los Grupos Industriales y el Desarrollo Colombiano. Conjeturas e interpretaciones (1979) y ‘bloque hegemónico’ en, La ruptura de los 90 del gradualismo al colapso (2002) y La educación superior en Colombia: análisis y estrategias para su desarrollo (2004).
La conceptualización del ‘bloque de clases en el poder’, refiere al trabajo en el cual realiza la problematización del problema político del desarrollo de crecimiento industrial en el régimen de acumulación del Estado capitalista colombiano. Entre los tipos de intervención del Estado, puede hallarse la siguiente definición: “la forma de intervención del Estado en la vida económica, primordialmente con respecto a la industrialización, [es] derivada de la posición de la burguesía industrial en el bloque de clases en el poder” (MISAS ARANGO, 1976, pág. 117).
Esto encaja con la concepción de Portantiero (1963; 1973) quien refiere las dificultades de unificar los proyectos hegemónicos de la clase agraria terrateniente y de la burguesía industrial en la Argentina. Estudiar el bloque en el poder en Colombia, tendría además la posibilidad de ubicar,
las tensiones y contradicciones que permean la sociedad colombiana y la naturaleza de las alianzas que conforman el bloque en el poder y, por otra, cómo el cambio profundo en las formas de adhesión a un régimen internacional de comercio, ha dado lugar a una fractura en el interior del bloque en el poder, fraccionamiento que impone estrechos límites a sus componentes para adelantar acuerdos políticos con las clases subalternas y con los movimientos insurgentes (MISAS ARANGO, 1976, pág. 14).
Esta investigación tiene una relevancia fundamental en la secuencia de estudio del periodo delimitado en 1930-1950. El proceso de conformación del bloque hegemónico colombiano conlleva a entender que si bien, el bloque liberal (1930-1946), constituyó los avances del liberalismo económico y las garantías de realización del liberalismo político; el bloque conservador (1946-1953[58]), representa el autoritarismo represivo del conservadurismo político. Llegando con el Pacto de Benidorm, del 24 de julio de 1956, y el Pacto de Sitges, del 10 de julio de 1957, a consolidarse el gran pacto del consociacionalismo del Frente Nacional, 1958-1974.
La alternancia de poder del sistema bipartidista colombiano quedó así dividida entre el Partido Conservador y el Partido Liberal, con alternación de la presidencia en cada periodo, con derecho a un reparto equitativo de la burocracia en la administración del Estado. Ejecutando la eliminación de las terceras fuerzas políticas que, negada la posibilidad de conquistar el poder por la vía de las elecciones, optaron por asumir la toma del poder por la vía de las armas, forjando la combinación de formas de lucha entre las guerrillas urbanas y rurales, y el trabajo político-ideológico con estructuras de partidos políticos y movimientos sociales.
Esta conformación del bloque hegemónico colombiano con la caracterización del liberalismo económico y el conservadurismo político conllevó en el ‘período 1970/90’ a la concentración del capitalismo monopólico en “los Conglomerados Económicos”. Esta tendencia debe ubicarse con mayor detenimiento en el estudio de los Pactos del consociacionalismo y las vinculaciones de las clases dominantes con los agentes del sistema financiero internacional y “en la recomposición de las alianzas en el interior del bloque en el poder, en un entorno internacional dominado por una ideología neoliberal hegemónica” (MISAS ARANGO, 1976, pág. 15).
En un trabajo posterior, y mucho más extenso, profundizó el colapso económico durante el derrumbe del sistema bipartidista ante la apertura del multipartidismo con la Constitución de 1991. La década de los años noventa, contendrá “la composición del bloque hegemónico”, el cual,
se caracteriza por la circulación de […clases dominantes…] entre las cimas de los diferentes polos del poder (político, social, económico), da lugar a que no exista una clara separación entre lo público y lo privado; los intereses de esas […fracciones de clases dominantes…] se asimilan al interés general, de forma tal que las políticas seguidas a lo largo de la República tienden a favorecer este bloque como expresión del interés general (MISAS ARANGO, 2002, pág. 42).
La filigrana de los problemas de política económica, financiera, monetaria y fiscal, dan cuenta de los cruces de las alianzas de clases en la historia reciente. Con la apertura de libre comercio, en el gobierno de Cesar Gaviria (1990-1994) “el bloque hegemónico logró consolidarse en torno a una fracción hegemónica y construyó una alianza estable entre cafeteros e industriales” (MISAS ARANGO, 2002, pág. 126). Esta alianza de clases dominantes mantuvo la fórmula del liberalismo económico y el conservadurismo político, aún la apertura del sistema de partidos.
Finalmente, la referencia al papel de los intelectuales y sus campos de formación halla un interés de estudio desde el trabajo académico-directivo en la Universidad Nacional de Colombia, en el cual el cuestionamiento por la formación de las clases dominantes en los centros universitarios privados desprovee a la universidad pública de la formación de los jóvenes que ingresan a las cúpulas del poder. De esta manera, se constituye en una ideología dominante en claustros privados, es “la consolidación dentro del bloque hegemónico de una ideología contraria a la educación pública, particularmente la educación secundaria y la educación superior” (MISAS ARANGO, 2004, pág. 152).
El Bloque Hegemónico y el Estado
El bloque hegemónico colombiano, deriva de la noción gramsciana de hegemonía, no llega a ejercer el dominio único en la estructura socio-económica y la superestructura político-ideológica que Gramsci define en la composición de un bloque histórico. Está ligado a entender como bloques, las facciones, fracciones y fragmentaciones de las clases dominantes, nociones con las que Engels descompuso a la burguesía, diferenciada entre industrial, agraria, financiera o comerciante[37]. Es entendido en su doble composición, política y económica, la cual ha garantizado que la propiedad de los medios de producción de las clases dominantes les otorgue un puesto en la toma de decisiones político-económicas del Estado.
‘La ideología dominante’
La ideología es una categoría central en la elaboración y redacción de la tesis. Miriam Limoeiro (1975) compiló con sagacidad los debates entre Marx, Althusser, Gramsci, Poulantzas y Balibar en “La ideología como problema teórico”. Aclarar los “conceptos prácticos” de las crisis y los procesos de la conformación del bloque hegemónico colombiano se hace necesario, al hallar una mención en la que Balibar refiere una elaboración teórica realizada por Althusser, en donde son definidos como:
conceptos que son aún dependientes, en su formulación, de una problemática que se debe precisamente remplazar; al mismo tiempo indican en su concepto -sin poderlo pensar- el lugar donde es preciso ir para plantear de otro modo, y a la vez resolver, un problema nuevo surgido en el seno de la problemática antigua (ALTHUSSER & BALIBAR, 2004, págs. 222-223).
La carga de dependencia de las crisis político-económicas y los procesos jurídico-políticos corresponde a que son conceptos operacionales del bloque hegemónico. Es decir, no han sido conceptos en sí, sino una forma de descomponer la permanencia del bloque en un periodo histórico, visualizado a partir de las decisiones que se tomaron en cada una de estas crisis y procesos. El bloque puede ser descrito, en cuanto, reconocemos que en cada crisis los políticos intervinieron, bien promulgando decretos-ley que provocaron un proceso de Cierre del Congreso, o bien, formulando una política económica que generó una reforma arancelaria.
El extenso corpus de investigación da cuenta de cada uno de estos hechos, con los datos empíricos del acontecimiento, la compilación de los hechos en recortes de prensa o en testimonios, como los análisis publicados en tesis o artículos sobre los hechos ocurridos. Intentaremos dar respuesta a la siguiente cuestión ¿cómo permiten estos ‘conceptos prácticos’ volver a una problemática antigua para resolver un nuevo problema?
El antiguo problema del uso de la fuerza coercitiva del Estado, por órdenes de las clases dominantes contra las clases de los subalternos, permanece como constante en el tiempo, a partir del fusilamiento que perpetuaron los soldados por órdenes del Estado colombiano contra los obreros de la multinacional United Fruit Company. La constante ha sido la represión contra el pueblo, para el favorecimiento de los intereses económicos de los propietarios de los medios de producción, como en el caso de la economía agroexportadora de la zona bananera de la Costa Atlántica colombiana.
Este primer asunto, lo identificamos en Limoeiro (1975) al referir la cuestión de la “función coercitiva de la ideología”, dado que las clases dominantes no ejercieron la función de clases dirigentes con “dirección intelectual y moral”[38]. En Colombia durante la Regeneración Conservadora (1886-1930), la represión contra los subalternos fue la salida represiva para ejercer el mantenimiento del orden y el control del poder del Estado. El consenso que es propio de las clases dirigentes vino a probarse con la asunción del liberalismo en 1930, tendiendo a procesos de entendimiento con el sindicalismo que superara los conflictos mediante acuerdos de los pliegos de exigencias que demandan los trabajadores.
Alfonso López Pumarejo, en una carta polémica[39], cuestionó la situación en sus justas proporciones, ¿por qué el Estado tendría que disponer del Ejército ante un alzamiento de los obreros agrarios? Acaso, el problema de una protesta social por los derechos de los trabajadores no es un asunto que debiera resolver la empresa agrícola con un convenio colectivo de trabajo, en ese entonces se hizo entender de esta manera. Si el Estado tuviera que intervenir en un conflicto entre obreros y patronales, sería para el alzamiento del cobro de impuestos a los empresarios, para que en su lugar el Estado restituyera los derechos demandados por los trabajadores, dado que el salario que les otorgan sus patrones no les suple las necesidades básicas.
El bloque hegemónico colombiano irrumpió en las elecciones de 1930, con un descontento generalizado del movimiento obrero en los años veinte, generando una alianza de clases de los socialistas organizados en el reciente sindicalismo con los liberales que han forjado una certera oposición a la Regeneración Conservadora. El alfil orador, líder estudiantil, detenido en las movilizaciones de los estudiantes de la Universidad Nacional en 1928, Enrique Olaya Herrera, logró combinar todas las audacias posibles para ganar las elecciones.
Los Gobiernos liberales de 1930 a 1946, modificaron las relaciones de coerción contra los obreros. Sin embargo, incrementaron la represión contra los pueblos conservadores. La violencia que iniciaron los liberales en Gachetá, entre otros pueblos, tiene consecuencias insanables. El odio de los conservadores de base, el problema del ‘ciudadano’ y el ‘municipio’, puede registrarse desde la destrucción de las sedes del Partido Conservador en los pueblos de Boyacá en los años treinta[40].
Este problema fue creado por las órdenes que dieran los liberales a la Fuerza Pública liberal de atacar los bastiones de votación de las filas conservadoras. Las funestas repercusiones de la venganza datan de 1946, siendo una situación de ‘eterno retorno’ en la contestación de las venganzas que renacen a pesar del tiempo.
Al retomar el poder el Partido Conservador con Mariano Ospina Pérez, se devolvieron todos los escenarios de violencia perpetuados por los liberales, en dimensiones que no había vivido el pueblo colombiano. La violencia desatada con Laureano Gómez en los años cincuenta, sobrepaso los cálculos de las rencillas entre las cúpulas de liberales y conservadores. El antiguo problema del uso represivo de la fuerza, por medio del monopolio del uso de las armas por el Estado, vio surgir en su desborde el uso revolucionario de las armas por las guerrillas liberales y comunistas.
Las clases dominantes en su reducción de incapaces de negociación no lograron acordar concesiones que permitieran armonizar los conflictos de intereses político-económicos. En su lugar, acudieron al uso extremo de la fuerza para reprimir el alzamiento de los obreros sublevados. Aún más, la cuestión se salió del debate entre obreros y patrones, llegando a la conciencia generalizada de un pueblo herido por el magnicidio de su líder Jorge Eliécer Gaitán. En 1948 la situación no era la misma de 1933. Las cúpulas de los partidos tradicionales tuvieron que aliarse en un Gobierno bipartidista que permitiera la gobernabilidad y la pacificación de las bases liberales y conservadoras.
El desfogue de la violencia perpetuada por ejércitos legales, paralegales y contralegales, sometió al Estado colombiano a la división del uso de las armas entre: 1] La Fuerza Pública, dirigida por el Jefe de Estado; 2] El surgimiento de paramilitares con vinculaciones a la Falange Española, con la experiencia de los ‘Freikorps’ provenientes del nazismo y del fenómeno del ‘arditismo’ propio del fascismo; y 3] La experiencia contra el Estado, constituida por las guerrillas del llano, las cuales lograron independencia de las cúpulas del liberalismo, en la segunda fase, asentándose en una prolongada resistencia llanera en alianza con el movimiento comunista.
La cuestión del uso de las armas por la Fuerza Pública es fundante en la caracterización del derecho represivo del conservadurismo. El ‘Estado de sitio’ y el cierre del Congreso de 1949, son utilizados para legalizar el uso sin límites de las armas del Estado contra el alzamiento del pueblo sin armas. Fusionándose desde entonces en una implícita alianza con las armas del paramilitarismo. Esta es la característica del mantenimiento del orden público por medio de la represión contra el pueblo, accionando la coerción contra la protesta social o masacrando a los campesinos en el campo.
Tal problema tiene relación directa con los intereses político-económicos y la toma de decisiones políticas en materia económica. Revisar desde el materialismo histórico, paradigma fundante del análisis socio-histórico gramsciano, la cuestión referente al Estado capitalista colombiano, comprendió analizar los informes económicos contratados por los Gobiernos conservadores.
Resaltando en estos, las recomendaciones económicas otorgadas al conservadurismo que ejerció la coerción. Las cuales se dirigieron a recomendar el significativo incremento de la represión en el campo durante la década del cincuenta, a la vez que, permitió un gran auge de los proyectos agroindustriales en los años sesenta. Siendo estas algunas de las razones que impulsaron en 1964, la constitución formal de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-FARC y del Ejército de Liberación Nacional-ELN.
Siguiendo el debate teórico de Limoeiro (1975) con la obra de Poulantzas (1969), comprendemos que reducir el problema del ‘bloque de poder’ a los asuntos político-electorales omite realmente el debate de la lucha de clases sociales, en la catalogación de los tres niveles: “económico, político e ideológico” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 49). Los niveles del análisis si bien son importantes, en cuanto diferencian lo correspondiente a la estructura socio-económica de la superestructura político-ideológica, causan una división mayor, en términos de superponer, en tanto ubicar en distintos planos los asuntos políticos de los asuntos ideológicos.
Analizar el bloque hegemónico colombiano, no puede quedarse únicamente en las cuestiones de la contienda electoral o de los problemas internos de los partidos políticos. Apartar los problemas económicos relacionados con el incremento de la violencia, deja en definitiva una cifra que tiene entre distintos cálculos, “Doscientos mil muertos y un millón de desplazados del campo” (CABALLERO, 2017, pág. 1), o en versiones más recientes se estima que el “conflicto tiene como consecuencia el desplazamiento de 8 millones de personas, por no decir que 8 millones de campesinos”[41], si no se comprende la interconexión entre la violencia y los intereses económicos puestos en el territorio, no podrá visualizarse las consecuencias que tienen los intereses de la acumulación originaria vía desposesión de la tierra.
El problema de la violencia desatado en los años cincuenta lo logramos evidenciar con el ‘Informe de la Comisión Histórica de 1958’, el cual compila testimonios que dan cuenta de lo acontecido más allá del número de muertos. Los sobrevivientes de la violencia tienen, desde entonces, una extensa cadena de demandas por la asignación de tierras, dado que el problema del fenómeno del desplazamiento forzado armado en todo el territorio colombiano está documentado desde de la misma época.
Poulantzas, leído por Balibar con una revisión a las obras de Gramsci y Althusser, es cuestionado en la interpretación de la metáfora del edificio social en cuanto a “las relaciones entre lo que designa como estructura y superestructura o entre lo que llama fuerzas productivas y relaciones de producción” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 46). Esta cuestión metafórica se ha traducido en Colombia como el país político y el país real, alusión con la cual Gaitán logró que el pueblo entendiera las diferencias entre las condiciones de vida de los que gobiernan y de los que son gobernados.
Estas nociones equivalen a las que Althusser pone en términos de “infra y superestructura”, desarrolladas por Harnecker como “infraestructura y superestructura” en sus conceptos del materialismo histórico. Todos estos conceptos pasan a ser categorías de análisis al “incluir la noción de determinación como principio organizador de la totalidad”, determinan la realidad en cuanto entendemos la ‘totalidad histórica’.
La metáfora de Marx tiene en la interpretación de Limoeiro (1975: 51), una vuelta a las “condiciones materiales de existencia para la explicación de las formas ideológicas, pues éstas son determinadas por aquéllas”, en su clarificación,
1] que en toda formación social hay una determinación y que lo determinante es la estructura económica, a la cual, de acuerdo al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, le corresponde una superestructura determinada; 2] que a las formas ideológicas les corresponde desempeñar un papel en el desarrollo de la estructura, pues su relación se vuelve una relación contradictoria. Y su papel específico no es nada despreciable, pues es en las formas ideológicas que los hombres concientizan ese conflicto y, según esa conciencia, luchan por resolverlo (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 51).
Con lo anterior, existen dos asuntos relacionados a resolver, el antiguo problema de la represión y las condiciones que determinan el poder del uso de la represión del Estado de una clase dominante sobre los dominados. Es decir, el debate con Poulantzas en sí, no son los niveles, sino el ocultamiento que en estos niveles realiza de la lucha de clases, al dividir lo político de lo ideológico, distrajo el debate central, la cuestión determinante de la estructura económica de los propietarios de los medios de producción que detentan el poder del Estado y el uso ‘legítimo’ de las armas para el sometimiento de los vendedores de fuerza de trabajo desarmados.
En profundidad, esto devela la cuestión de los ‘agentes de producción’[42]. La carga de labores que realiza tanto la clase obrera calificada como los funcionarios públicos, durante los diferentes trabajos que asumen en las ‘relaciones sociales’ y en las ‘relaciones de la estructura económica’. Define la clase social a la que pertenecen los ‘agentes de producción’, según su distribución en las relaciones de producción, diferenciando la relación productiva de la relación social.
Estas relaciones podrían cruzarse en los niveles ‘económico, político e ideológico’, en cuanto relaciones laborales de los hombres y mujeres, que en su trabajo de agentes diplomáticos realizan un cruce tripartito de sus conocimientos en la labor de las relaciones internacionales. La sistematización del trabajo diplomático ha permitido contar con un archivo de alto valor sobre acontecimientos relevantes de la época. A saber, por ejemplo, la compilación de las versiones que otorgaron distintos diplomáticos residentes en Bogotá de los hechos del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán[43].
Si la distribución de los agentes de producción parte de su condición de clase, esta determinación económica hace las veces de variable de posibilidad de las relaciones sociales. Toda vez que acordemos que las relaciones de producción son parte constitutiva de una formación social. La relación social que crean los funcionarios del aparato ideológico del Estado[44], no sólo obedece a una función represiva, si se observan las funciones persuasivas, se podrá entender mejor la función diplomática en el curso de toma de decisiones político-económicas en circunstancias determinadas.
El diálogo que establece Limoeiro (1975) entre Althusser y Poulantzas con Gramsci, parte de la relación de dominación presente en la ideología cuando es hegemónica[45]. Son las ideologías las que permiten a los hombres forjar la conciencia de su condición de vendedor de su fuerza de trabajo o propietario de los medios de producción. La conciencia de clase[46] que logra cada trabajador o propietario se verá puesta en acción en la lucha de clases, en el escenario de la huelga de masas. La dominación ideológica es ejercida por las clases dominantes, en cuanto comprenden el papel de la hegemonía en la estructura y la superestructura, es decir, en cuanto dominan en las ideas y en la economía de una sociedad.
Esta cuestión teórica fundamental de la relación ideología-hegemonía, está ligada con el método de investigación en cuanto forma de preguntar el cómo y el por qué se ejerce la dominación político-ideológica y económica. En Limoeiro (1975) se presentan como las ideologías del tipo cómo y las ideologías del tipo por qué[47]. Al presentarse el cómo las ideologías dominantes ejercen la dominación, se encuentra una fase en que los dominados aceptan el orden establecido. En tiempos de paz existe un implícito deber ser de las clases sociales, cuando no, una serie de ‘aparatos ideológicos’ reproducen la dominación: las escuelas, iglesias, etc. En la fase en que los dominados se cuestionan el por qué las clases dominantes ejercen tal dominación, existe un impulso de indagación mayor, por medio del cual llegan a cuestionar el statu quo, asunto que puede pasar de la huelga de masas a una revolución o a constituir las leyes con las cuales forjar la resistencia permanente al orden establecido.
Las decisiones en materia económica que toma el Partido Conservador en el último periodo 1946-1953, corresponden a un modelo de transición que conforma la doble caracterización del bloque hegemónico colombiano. La tesis de Jesús Antonio Bejarano, según la cual, en Colombia ha sido “el mismo grupo hegemónico el que con asombrosa flexibilidad va mutando sus posiciones doctrinarias” (BEJARANO, 1980, pág. 127), describe la situación por la cual las diferencias entre ‘proteccionismo’ y ‘librecambismo’ se fueron dirimiendo hasta conciliarse con Alberto Lleras Camargo. Siendo el encargado de la transición del Gobierno Militar (1953-1957) y la Junta Militar (1957-1958) al pacto democrático bipartidista, obteniendo la primera Presidencia del Frente Nacional.
Los problemas del sistema capitalista y el sistema democrático son amoldados a las condiciones del régimen de acumulación primario-exportador con un exiguo desarrollo industrial. Tal sistema dominante, tanto en Brasil como en Colombia, “se hace por medio de la producción económica y de la producción ideológica” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 17). Es decir, la “ideología económica” del capitalismo, circunda entre la superestructura político-ideológica como en la estructura socio-económica. La ‘ideología del desarrollo’ o el ‘desarrollismo’, tiene un correlato en Colombia, en el liberalismo económico asumido por el conservadurismo político a partir de los años cincuenta.
La democracia se redujo al pacto del consociacionalismo. Desde el Gobierno bipartidista lograron las cúpulas liberales y conservadoras hacerse relativamente del control del territorio. El proceso de elecciones democráticas de los cargos públicos se vio cercenado brevemente con el Golpe de Estado propiciado por el General Gustavo Rojas Pinilla, quien gobernó en formato de Dictadura hasta 1957, cuando fue precedido por la Junta Militar que le entregó el poder a Alberto Lleras Camargo en 1958.
En la transición de la Dictadura de Rojas Pinilla y la Junta Militar de los generales Gabriel Paris Gordillo, Luis E. Ordoñez Castillo, Rafael Navas Pardo, Deogracias Fonseca Espinosa y Rubén Piedrahita Arango, Colombia perdió el ya simulado ejercicio democrático. Formalmente, el Frente Nacional funcionó entre 1958 y 1974, alternándose el poder en cuotas exactas por el reparto administrativo de la burocracia. Cada cuatro años, durante dieciséis años, el teatro democrático tenía previos congresos y sesiones de los Directorios liberal y conservador, generando un traspaso simbólico de la figura del poder y del gabinete de Gobierno.
La prolongación de lo ‘interminable’, lleva a Antonio Caballero (2017) a extender el Frente Nacional hasta la Asamblea Constituyente de 1991. El asunto de las contradicciones de los movimientos guerrilleros colombianos, cuenta con que al regresar del exilió en España[48], el conservador General Rojas Pinilla, funda la Alianza Nacional Popular-ANAPO, con la cual se presentó a elecciones para la presidencia en 1970. Con la versión del “fraude frentenacionalista”, nace el Movimiento Guerrillero 19 de abril (M-19), un coctel de dictadura, populismo y nacionalismo contuvo al “nuevo grupo guerrillero de tendencia indefinible” (CABALLERO, 2017, págs. 2-7).
En los años setenta se halla la versión del conservadurismo de dictadura hacia un movimiento guerrillero de izquierda nacionalista, la guerrilla urbana del M-19. La presencia del Movimiento Revolucionario Liberal-MRL, no había logrado posicionarse como fuerza de oposición o “tercera fuerza” cuando su líder Alfonso López Michelsen ya volvía a las filas del liberalismo oficial. En paralelo surgieron los bloques emergentes de los carteles de Cali y Medellín, agregando al conflicto el combustible que modificó el curso de todas las fuerzas políticas, por subordinación a sus capitales o por aversión a su financiación.
La Anapo siguió su trayectoria política con la hija del General, María Eugenia Rojas, quien participó como candidata presidencial en las elecciones de 1974, junto a Álvaro Gómez Hurtado y Alfonso López Michelsen, a quién le correspondió el turno de la Presidencia liberal. En teoría, el acuerdo comprendía cuatro periodos de Gobierno, pero bien puede dársele crédito a Caballero (2017), en cuanto a qué, en la práctica las siguientes elecciones sufrieron del mismo fenómeno, elecciones simbólicas en las que se eligió un conservador o un liberal, según como correspondiera en el turno de la alternancia pactada de la distribución del poder del Estado.
En la democracia de elecciones previamente pactadas, irrumpió el Paro Nacional de 1977. Con la crisis del petróleo, las huelgas de los trabajadores incendiaron todo el territorio, expandiendo las llamas a los trabajadores rurales y urbanos. De esta manera, las ideologías del por qué, comenzaron a cuestionar el sostenimiento de un régimen político con simulación democrática, haciendo mella en el pueblo colombiano la determinación por modificar el orden establecido por los partidos tradicionales liberal y conservador que han conformado al bloque hegemónico colombiano.
El Estado, un ‘aparato represivo’
En la secuencia de definir la conformación del bloque hegemónico colombiano hallamos necesario dedicar una definición sobre el concepto de Estado. En la perspectiva del materialismo histórico, ha estado ligado a la concepción de ‘aparato represivo’, a partir de una de las definiciones de los ‘aparatos ideológicos de Estado’ que desarrolla Althusser. Entendido como “una ‘maquina’ de represión que permite a las clases dominantes […] asegurar su dominación sobre la clase obrera para someterla al proceso de extorsión de la plusvalía” (ALTHUSSER, 2003 [1970], pág. 20).
Este no ha sido el concepto dominante en las aulas de ciencia política, ni en los estamentos militares del Estado colombiano, en donde la concepción weberiana del ‘monopolio legítimo de las armas’ ha sostenido el ideario nacionalista. El Estado capitalista colombiano, se ha mantenido con las ideologías dominantes del liberalismo económico y del conservadurismo político. Son las clases dominantes que detentan estas ideologías las que han mantenido el poder del Estado, asegurándose la propiedad de los medios de producción en el modelo económico primario exportador, mediante el uso de la coerción contra las terceras fuerzas que se opusieron al bipartidismo.
La ‘dirección moral’ de las ideologías dominantes, ha asegurado la reproducción de las condiciones materiales de la producción y las relaciones de una restringida circulación del capital. Haciendo natural la precarización de las condiciones materiales de existencia de las mayorías que habitan el territorio que gobiernan. Es la ideología dominante la que influye en la división del trabajo y en la reproducción de la fuerza de trabajo (la condición de dependencia del salario reproduce la fuerza de trabajo del asalariado y las futuras generaciones de asalariados), dado que “no hay producción posible si no se asegura la reproducción de las condiciones materiales de la producción: la reproducción de los medios de producción” (ALTHUSSER, 2003 [1970], pág. 9).
Además de los medios de producción, es necesaria la reproducción de la fuerza de trabajo. Este punto central permite referir brevemente el debate que elabora Silvia Federici (2019), en sus análisis de la economía feminista. A las condiciones de precarización de las condiciones de vida de los trabajadores, se agrega la doble condición de explotación de las mujeres colombianas. Trabajando fuera y dentro del hogar, en un contexto en el cual los hombres en sus múltiples actores han asumido el camino de las armas. Son las mujeres quienes han ejercido los cuidados del hogar, en donde se reproduce la fuerza de trabajo disponible para el funcionamiento del sistema capitalista. Por lo cual, reconocemos que la investigación de la explotación de la plusvalía de los trabajadores ha quedado reducida al rol de los obreros en las fábricas sin visibilizar el trabajo del hogar que han realizado las mujeres (FEDERICI, 2019).
El Estado capitalista colombiano conduce el régimen de acumulación primario-exportador, es un Estado orientado por el liberalismo económico, con algunos breves debates durante los años cincuenta respecto a la necesidad de un proteccionismo aduanero que fomentará la industria nacional. Contiene la misma caracterización del bloque hegemónico: es liberal en lo económico, tiende a la libertad de comercio, a la libre empresa y competencia; y es conservador en las decisiones políticas, represivo ante la protesta social y de moral católica en lo concerniente a la familia y la propiedad.
En cuanto a la propiedad de los medios de producción, la demarcación regional que sustenta Saénz Rovner (2007) comprende a unas clases dominantes de la región antioqueña, expandidas hacia el centro del poder político y financiero en Bogotá. De otra parte, es posible argumentar la doble relación de tensión y alianza entre liberales y conservadores en los inicios del sistema financiero, a partir de los negocios de las familias López y Gómez en los años veinte que desenlazaron un botín de conflictos políticos por la propiedad del Banco López en el Gobierno conservador de Pedro Nel Ospina (1922-1926).
En Colombia durante el siglo XX existió una reducida clase de propietarios, ligada a las familias de liberales y conservadores que estuvieron vinculados con el ejercicio del poder del Estado. Lenin había advertido en el Imperialismo, fase superior del capitalismo, como la condición de las clases dominantes nacionales, constituirían monopolios bancarios e industriales internacionales que impedirían el surgimiento o mantenimiento de pequeños propietarios locales. El capitalismo se hizo de esta manera de unos ‘agentes nacionales’ serviles, trabajando para la acumulación de las potencias en detrimento del bienestar de sus pueblos[49].
Un sistema distinto al capitalismo tendería por la estatización y centralización de la economía, en procesos de planificación económica y socialización de los medios de producción, asociando a los trabajadores a las empresas de sus lugares de trabajo, distribuyendo la riqueza en igualdad de condiciones básicas y de oportunidades de estudio y acceso al trabajo, universalizando los derechos fundamentales. Este no es, ni ha sido el caso colombiano.
La función de la ideología dominante contiene una ‘unificación de criterios para dominar’, según Althusser los ‘aparatos ideológicos de Estado’ se unen en la función de dominación de las clases dominantes. La ‘Unidad Nacional’ con la cual inicia el siglo XX, ha sido la ideología dominante del bipartidismo, las clases dominantes liberales y conservadoras que se han mantenido en el poder con esta fórmula:
‘la clase dominante’ tiene el poder del Estado (en forma total o, lo más común, por medio de alianzas de clases o de fracciones de clases) y dispone por lo tanto del aparato (represivo) de Estado, podremos admitir que la misma clase dominante [es] parte activa de los aparatos ideológicos de Estado, en la medida en que, en definitiva, es la ideología dominante la que se realiza, a través de sus contradicciones, en los aparatos ideológicos de Estado (ALTHUSSER, 2003 [1970], pág. 31).
Las contradicciones de las clases dominantes colombianas que se expresaron durante el periodo 1930-1950, comprenden conflictos por intereses político-económicos entre los propietarios de los medios de producción de sectores específicos de la economía nacional. Tales diferencias fueron conciliándose hasta hacerse compatibles. Como lo ilustra, el caso documentado sobre los intereses de la burguesía agraria productora de algodón. Las tres empresas nacionales de la industria textil compraron la producción nacional para que les posibilitaran la compra de insumos del exterior, superando la tensión entre el sector agrario, el sector del comercio y el sector industrial.
La definición de ‘Estado represivo’ según los ‘aparatos ideológicos de Estado’, contiene una línea de permanencia verídica en el Estado capitalista colombiano. Tal cual lo hemos evidenciado en la investigación. Por lo cual, tratamos de diferenciarlo de la concepción de ‘nuevo Estado’ que elabora Gramsci tras estudiar la reunificación del Estado italiano en el siglo XIX.
El ‘nuevo Estado’
Los conflictos interregionales de la Italia del Risorgimento, contienen análisis relevantes sobre la ‘cuestión agraria’ que pueden tener semejanzas con el territorio colombiano[50]. Sin hacer traslaciones de época y lugar, su lectura permite dar cuenta de la novedad que significó un ‘nuevo Estado’ al pasar del Estado monárquico a un Estado republicano, en la reunificación de una República dividida por ‘élites’ de poder familiar.
El ‘nuevo Estado’ que Gramsci refiere en los documentos elaborados junto a Bordiga sobre los Consejos de fábrica, escritos años antes de ser condenado a prisión, agrega a la concepción del Estado unificado, la estrategia de los Soviets de forjar una alianza entre campesinos, obreros y soldados para la toma del poder del Estado socialista. La vanguardia revolucionaria lograría “crear el Estado de los consejos de obreros y campesinos y de fundar las condiciones para el advenimiento y la estabilidad de la sociedad comunista” (GRAMSCI, 1986, p. 53). Gramsci lector de Lenin deja plasmada una nueva concepción de la toma del poder del Estado, partiendo del estudio del Estado italiano unificado.
El trabajo de investigación que realiza Gramsci sobre la ‘cuestión agraria’, aporta valiosas perspectivas para analizar la situación de los problemas de la propiedad, el uso y el usufruto de la tierra en Colombia. En Italia la cuestión de la nueva distribución de la tierra en el Risorgimento condujo a la creación de una “nueva capa de grandes y medianos propietarios” que desato considerables conflictos por la apropiación de la tierra. En un aparte logra mencionar la situación a mediados y finales del siglo XIX, en la cual,
Sería preciso estudiar detalladamente la política agraria de la República Romana y el verdadero carácter de la misión represiva desde Mazzini a Felice Orsini en las Romañas y en las Marcas: en este periodo y hasta el 70, con el nombre de bandolerismo se entendía generalmente el movimiento de los campesinos para apropiarse de las tierras (GRAMSCI, 1981, pág. 106).
El carácter represivo del Estado y la noción de ‘bandolerismo’ enlazan con la investigación histórica sobre el periodo 1945-1965 que realizaron Gonzalo Sánchez y Donny Meertens (1984), reconocida por Eric Hobsbawm como un aporte de los “estudiosos del bandolerismo y la política de la sociedad preindustrial”[51]. De la misma observación, la cuestión de “por qué y cuando los bandoleros dejan de ser considerados como simples delincuentes” (SANCHEZ & MEERTENS, 1984, pág. 9), es un asunto que bien podría ligarse al mito de Prometeo, destacado por Marx como el rol de delincuente que al robar el fuego busca la salvación de la emancipación humana del yugo de los dioses.
Sin profundizar en los conflictos del Olimpo, la ‘cuestión agraria’ en el pacto diplomático-militar realizado en Italia, no dejo resuelto el problema de la distribución de la propiedad de la tierra. Los estrategas militares no cumplieron con su parte. Por el contrario, se produjo una confabulación represiva contra el campesinado, el cual tampoco logró aliarse con los obreros urbanos. Las clases dominantes en el Partido de Acción y el Partido de los Moderados encontraron la forma de hacerse del “ejercicio ‘normal’ de la hegemonía” en el ‘régimen parlamentario’. Lo cual, para Gramsci resulta siendo la fórmula de combinación de la fuerza y del consenso equilibrado en las clases dominantes italianas[52].
De los conflictos por la ‘cuestión agraria’, resulta el fenómeno italiano del ‘arditismo’ o la ‘táctica de arditi’ (GRAMSCI, 1981, pág. 178). Estos fenómenos los estudia Gramsci para hallar las diferencias entre la ‘guerra de asedios’, ‘guerra de movimientos’, ‘guerra de posiciones’ y ‘guerra subterránea’. Resultan ser, además, un recordatorio de la importancia de estudiar la estrategia y la táctica militar para quienes asumen la tarea de la toma del poder del Estado, un antecedente inevitable dado el desenlace del conflicto colombiano en el fenómeno del ‘paramilitarismo’[53].
El asunto de fondo refiere al efecto que tuvieron tales guerras en la distribución de la tierra y en la conformación de las clases dominantes italianas, dejando en claro la conversión del ‘arditismo’ en ‘compañías de mercenarios’, siendo este el “medio para determinar un desequilibrio en la relación de fuerzas políticas a favor de la parte más rica de la burguesía, en perjuicio de los gibelinos y del pueblo bajo” (GRAMSCI, 1981, pág. 288).
La utilización de estos ejércitos privados para el favorecimiento de la burguesía rural tiene correlatos en la historia latinoamericana; tanto en aquellos territorios en donde resulta significativa la migración de italianos en los periodos de entreguerras y posguerra; como en Colombia, que si bien no fue numerosa la presencia de migración italiana, puede hallarse en el departamento de Casanare y en la extensión de los llanos orientales una asombrosa semejanza en la conformación de las ideologías dominantes rurales.
En el primer tomo de los Cuadernos de la cárcel, la dedicación a El elemento militar en política tiene una consideración en la composición de la clase social de la cual son reclutados los integrantes del estamento militar. Brinda una diferencia fundamental para las situaciones de las democracias dictatoriales, al decir que, “[u]n movimiento político puede ser de carácter militar, aunque el ejército como tal no participe abiertamente en él, un Gobierno puede ser militar, aunque no esté formado por militares” (GRAMSCI, 1981, pág. 221). Estas cuestiones entre el militarismo en democracia o dictadura democrática resultan alusivas, tanto en la formación de los mandos de las Fuerzas Armadas como en la forma de Gobierno que ejercen los Estados que, siendo democráticos perecen de un marcado sesgo militar.
La ‘clase militar-burocrática’, pertenece a ‘la burguesía rural’, haciéndose de los medios de los aparatos militares del movimiento campesino (GRAMSCI, 1981, pág. 223). Asunto por el cual, la cuestión agraria italiana entra de este modo a ser un escenario de interpretación de la cuestión agraria colombiana. En tanto, las luchas políticas regionales por la dominación del territorio lograron ‘cierta unificación política e ideológica’ en el acuerdo de los intereses rurales, al momento de la unificación del Estado en el periodo del Risorgimento.
La concepción del Estado italiano aportada por Gramsci refiere que el “Estado es el Estado liberal, no en el sentido del liberalismo aduanal, sino en el sentido más esencial de la libre iniciativa y del individualismo económico” (GRAMSCI, 1981, pág. 182). Estas dos características permanecieron en la conformación de los Estados-nacionales durante todo el siglo XIX en América Latina (CARMAGNANI, 2004). En el caso colombiano, documentamos como se fueron unificando los intereses del liberalismo económico y el conservadurismo político en el Estado capitalista durante mediados del siglo XX.
Al resaltar la particularidad del Estado en la división de poderes, el “liberalismo político y económico” (GRAMSCI, 1984 [T3], pág. 67) se enfrenta a la contradicción de la concepción de democracia, puesto que su sostenimiento parte de la captura de la administración del aparato burocrático. A su vez, este mismo exige elecciones de los cargos públicos que se dirimen en pactos de las cúpulas de los Partidos dominantes[54].
El “cierre del universo político” (DE ZUBIRÍA SAMPER, 2015), según la definición referida en los problemas del ‘Estado de sitio’, cerro la posibilidad de la alternancia entre distintas posiciones políticas. En Colombia además de caracterizarse el sistema político del siglo XX, por un bipartidismo cerrado, le fueron heredados rasgos del semicolonialismo regional que permaneció en el sector agrario.
Los grupos económicos dominantes se hicieron del poder político, imposibilitando la secuencia de elecciones que permitiera a los grupos dirigidos tomar el poder en la rotación democrática. Las clases dominantes han permanecido en el poder como hemos expuesto, en un formato de distribución periódica de la Presidencia de la República, con reparto equitativo burocrático entre los gabinetes de Gobierno asignados a liberales y conservadores.
El papel del liberalismo económico en la conformación de los Estados modernos en el continente americano contiene además otra de las afirmaciones que realiza Gramsci sobre el Estado italiano, la “[c]onquista del poder y [la] afirmación de un nuevo mundo productivo son inseparables […dado que] el origen unitario de la clase dominante […] es económic[o] y polític[o] al mismo tiempo” (GRAMSCI, 1981, pág. 188). Con lo cual, el desarrollo industrial y la economía agraria fueron modificándose en los años cincuenta hacia la convivencia de intereses político-económicos en las clases dominantes, a la vez que se especializó la administración del Estado en los formatos de Planes de Desarrollo Nacionales[55].
Los conflictos de los intereses político-económicos de los sectores industriales y agrarios dan cuenta de la desproporción de la balanza económica que comenzaría a marcarse en la acumulación de la ‘renta nacional’ entre las ganancias de la industria versus las ganancias de la producción agraria. Los conflictos del campo y la ciudad tuvieron a partir de los años cincuenta un incremento en la violencia para usurpar la propiedad de la tierra de los pequeños campesinos, vía los mecanismos de la ‘acumulación originaria del capital’ (MARX, 2015 [1867], págs. 637-680)
Evidenciar estos hechos, requirió la consulta de algunas fuentes jurídicas (leyes, decretos, actos de ley y sentencias) que en la perspectiva sociohistórica refieren a comprender “la función del derecho en el Estado y en la Sociedad” (GRAMSCI, 1984 [T3], pág. 70). Esto es, en la forma que “el Estado hace ‘homogéneo’ el grupo dominante”, partiendo de la ‘utilidad’ que da al ‘grupo dirigente’ el derecho. Lo cual ha generado en la tradición legalista colombiana, el mantenimiento del poder vía el consenso jurídico[56].
En la concepción del Estado, Gramsci refiere un debate con Mosca, a partir de su obra Elementi di zciencia politica, al señalar de deficientes los conceptos de “clase política” y de “élite política” puesto que “no encara en su conjunto el problema del ‘Partido político’” (GRAMSCI, 1984 [T3], pág. 244). Tal problema en la ciencia política ha conllevado a no diferenciar la concepción de la ‘clase política’ de las ‘clases económicas’, siendo este el mayor problema de la noción de ‘élites’.
El asunto de las ‘élites’ económicas diferenciadas de los partidos políticos ha tendido a separar un problema que se encuentra unificado. La cuestión de los asuntos de la administración de los recursos públicos del Estado y la administración de los recursos que genera la propiedad privada de los individuos. Las asociaciones empresariales que se constituyeron en los años cuarenta y cincuenta en Colombia, siguiendo los comienzos de la Federación Nacional de Cafeteros, involucraron recursos públicos con la administración de ganancias privadas.
Esta situación de la correlación de fuerzas políticas y económicas, en el mantenimiento del poder del Estado por el bloque hegemónico colombiano, empata con la noción que elabora Bourdieu del ‘conservadurismo progresista’ que tiende a una ‘ley objetiva de perpetuación’ la de ‘cambiar para conservar’ (BOURDIEU & BOLTANSKI, 1976, pág. 4). A la vez, que guarda semejanza con el fenómeno del ‘gatopardismo’ que describió Gramsci a partir de los hechos políticos por los cuales el Piamonte italiano se impuso en la reunificación del Estado italiano en la segunda mitad del siglo XIX.
En el artículo Análisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas (extraído en posteriores ediciones de los Cuadernos de la Cárcel), se dejan planteadas cuestiones vitales en el entendimiento de las categorías gramscianas en investigaciones sociohistóricas y de análisis político. Al caso, este fragmento, logra ubicar precisamente el problema señalado de la convivencia de intereses político-económicos de las clases dominantes colombianas.
Es preciso indicar que la “relación de fuerzas ligada a la estructura”, radica precisamente en el “grado de desarrollo de las fuerzas de producción” a partir de la cual surgen las ‘alianzas de clases dominantes’ según la función que ejercen en el proceso de producción. Por ejemplo, la cadena de producción que requiere de productores agrarios de algodón, fabricantes industriales de telas y comerciantes de textiles. Contiene una formación de clases sociales en constante lucha de intereses dispares. Transformar la relación de fuerzas en el sistema capitalista de producción, no fue favorable al movimiento obrero colombiano que se vio fuertemente reprimido en el periodo de la violencia de los años cincuenta.
El caso documentado de los obreros de la United Fruit Company en el complejo agroexportador de la Costa Atlántica colombiana, fue reiterándose contra los trabajadores de los ferrocarriles, contra los trabajadores petroleros, y en igual escala fueron reprimiendo las protestas estudiantiles en las ciudades. El asesinato de jóvenes universitarios el 8 y 9 de junio de 1954, dejó a Uriel Gutiérrez sangrando en el campus de la Universidad Nacional, herido por la Fuerza Pública en su casa de estudios.
En la “relación de fuerzas políticas” la correlación de fuerzas puede revisarse según los grados definidos por Gramsci en términos de “homogeneidad y autoconciencia”. El ‘económico primitivo’ compuesto por “gremios sin agrupamiento social (fabricante, transportista, comerciante)”, puede ubicarse durante el periodo 1930-1950 en los gremios que, si bien no participaron directamente en los toldos del liberalismo y conservadurismo, tampoco lograron constituir una fuerza política que representará sus intereses en los órganos de elección política.
Por el contrario, la ‘fase económico-política’ permitió la “conciencia de solidaridad de intereses entre un agrupamiento social (campo económico)”. A esta corresponde el nivel de agremiación de los agricultores (SAC), los cafeteros (FNC), los industriales (ANDI) y los comerciantes (FENALCO) dado que reivindicaron “el derecho de participar en la administración y la legislación y de modificarlas, de reformarlas, en los marcos generales existentes” (GRAMSCI, 1981, pág. 169).
La fase política avanzo en la “conciencia de intereses ‘corporativos’”, pasando a una forma de estructuras complejas, dando lugar a unas “las ideologías germinadas”, las cuales,
entran en contacto y en oposición, hasta que una sola de ellas, o al menos una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse sobre toda el área, determinando, además de la unidad económica y política, también la unidad intelectual y moral, en un plano no corporativo, sino universal, de hegemonía de un agrupamiento social fundamental sobre los agrupamientos subordinados (GRAMSCI, 1981, pág. 170).
En los acontecimientos estudiados, esta fase política puede corresponderse a la situación de constitución del Frente Nacional. El ‘Estado-Gobierno’ al servicio de los intereses tanto de los liberales como de los conservadores, logró finalmente la armonización de las pugnas por el control político en las elecciones de cargos públicos, disminuyendo la conflictividad de los intereses corporativos en las agremiaciones económicas. Teniendo a su vez, ‘equilibrios inestables’[57] entre la ‘alianza de clases dominantes’ del bipartidismo colombiano frente a “los grupos subordinados: por actividad económica (horizontal) y por territorio (verticalmente)”.
Finalmente, la “relación de Fuerzas Militares” (GRAMSCI, 1981, pág. 171) en su doble composición a] militar y b] político-militar. Parte de un factor fundamental, los hechos históricos son determinados por el ‘malestar o bienestar económico’. A partir de lo cual la actuación de las Fuerzas Militares dependerá en gran medida del manejo de las “relaciones políticas” entre los partidos nacionales y de las “relaciones internacionales” en lo referente a los conflictos fronterizos[58].
En la edición de Escritos Políticos (1917-1933), el aparte de los Cuadernos termina indicando que tales ‘correlaciones políticas de fuerza’ pueden conducir a ‘correlaciones militares decisivas’,
la vieja sociedad resiste y se asegura un período de ‘respiro’, exterminando físicamente a la élite adversaria y aterrorizando a las masas de reserva; o bien se produce la destrucción recíproca de las fuerzas en conflicto, con la instauración de la paz de los cementerios, que puede incluso estar bajo la vigilancia de un centinela extranjero (GRAMSCI, 2011 [1977], pág. 350).
Las relaciones político-militares son un estudio imprescindible en la obra de Gramsci, si bien la traducción que realizó Gantiva Silva (1993) optó por modificar la denominación detective por investigador, no deja de ser el rol que tuvo Gramsci como delegado del Partido Comunista Italiano en los Congresos de la Internacional. La formación de los comunistas ha tenido siempre un componente de inteligencia militar asociado a la investigación de los adversarios políticos. La sagacidad de investigación de Gramsci, en sus estudios sobre la ‘guerra de posiciones’, develan su formación y capacidad de entendimiento de la táctica y estrategia militar en los asuntos políticos nacionales e internacionales.
En Relaciones entre estructura y superestructura, la cuestión se refiere al “nuevo Estado” de la Revolución Francesa. Refiriendo las palabras de Salvemini: “Francia ha creado un nuevo Estado y ha encontrado la fuerza político-militar que afirma y defiende su soberanía territorial” (GRAMSCI, 1999, p. 168). En este fragmento, Gramsci analiza dos conceptos centrales en su obra, la revolución permanente en la relación dialéctica del materialismo histórico, en cuanto análisis de movimientos orgánicos y coyunturales, permanentes u ocasionales, y las relaciones de fuerzas, explicando los grados a los cuales debiera prestarse atención entre las relaciones de la estructura socio-económica, política y militar[59].
Estos grados de caracterización de la situación política del ‘nuevo Estado’ son una descripción de cómo se establecen las relaciones políticas y político-militares, al asumir un nuevo grupo dominante el poder del Estado. Frente a estos análisis, Gramsci agrega dos conceptos a la concepción de Estado, el Estado-gobierno y el Estado-nación[60], diferenciados por los procesos de los agrupamientos que se relacionan en un mismo Gobierno y de los elementos que se intercambian en las relaciones internacionales.
La concepción de ‘nuevo Estado’ de los Consejos de Fábrica difiere de la concepción de ‘nuevo Estado’ en La relación ciudad-campo en el Risorgimento y en la estructura nacional italiana. En Gramsci, existe una diferencia fundamental del estudio de los acontecimientos políticos del siglo XIX en Italia, al analizar por un lado el proceso de conformación del ‘Estado unitario italiano’[61], y, por otra parte, la lucha por la instauración de un Estado de los Soviets. Dado que los partidos tradicionales, el Partido de Acción y el Partido de los Moderados, protagonizaron la unificación de un Estado, en el cual, se experimentó la toma del poder de los dirigidos gobernando a los dirigentes, ese hecho ha tendido a interpretarse la posibilidad de un ‘Estado ampliado’.
El ‘transformismo político’ o su interpretación de ‘gatopardismo’ refiere precisamente al proceso de unificación del Estado italiano, al evidenciar que “el Partido de Acción es incorporado molecularmente por los moderados y las masas son decapitadas, no absorbidas en el ámbito del nuevo Estado” (GRAMSCI, 1981, pág. 103). Contrario a la postulación de un concepto de “Estado ampliado” en Gramsci, sus estudios demuestran como el Estado italiano fue reducido a la dominación de uno sólo de los partidos dominantes.
De este modo, podríamos concluir que la fuerza de los intelectuales urbanos durante el siglo XIX en Italia tuvo en la conformación del ‘nuevo Estado’ de los moderados, un momento de triunfo de la alianza de las fuerzas urbanas en las distintas regiones por el frente común contra Austria. Con el fin de solucionar la cuestión agraria, se restringió la otorgación de tierras a los campesinos por el Partido de Acción, lo cual había permitido la formación de unas capas medias que podían asumir la dirección nacional de todas las fuerzas políticas, en la búsqueda de resolver la ‘cuestión nacional’ o su interpretación de “una vía nacional para la comprensión de los problemas políticos y sociales” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 28).
En la unificación del Estado italiano, Gramsci destaca el papel de la región del Piamonte en la función de ‘clase dirigente’ que logró “la formación del nuevo Estado nacional italiano”, diferenciándose de la actitud dominante de los demás pequeños Estados en conflicto de intereses por ejercer la dominación. El ‘Partido piamontés’ logro dirigir a los dominantes, ejecutando una ‘revolución pasiva’, entendiendo que el ‘nuevo Estado’ fue “el ‘dirigente’ del grupo que debería ser dirigente” (GRAMSCI, 1999, pág. 232). En esta concepción de ‘nuevo Estado’ Gramsci marca la diferencia de Italia con Francia, es decir los contrastes entre un nuevo Estado dirigente de lo que sería un ‘modelo jacobino’,
el significado que tiene una función tipo ‘Piamonte’ en las revoluciones pasivas, o sea el hecho de que un Estado sustituye a los grupos sociales locales para dirigir una lucha de renovación. Es uno de los casos en que se da la función de ‘dominio’ y no de ‘dirección’ en estos grupos: dictadura sin hegemonía. La hegemonía será de una parte del grupo social sobre todo el grupo, no de este sobre otras fuerzas para potenciar el movimiento, radicalizarlo etcétera, según el modelo ‘jacobino’ (GRAMSCI, 1999, pág. 233).
En la revisión al concepto de ‘Estado de sitio’, se profundiza el abordaje del nudo de las revoluciones de 1848. En el caso italiano, este periodo permite la constitución de “algunas formaciones fundamentales”[62] de los partidos políticos que se transforman hasta crear una “nueva fuerza de la derecha liberal-conservadora” (GRAMSCI, 2008, pág. 134). Esta característica que pudo no ser la más relevante en Italia, es precisamente la conexión con el caso estudiado, dado que las clases dominantes colombianas lograron un pacto de dirección política en las cúpulas de los partidos tradicionales sostenido sin mayores alteraciones durante la segunda mitad del siglo XX.
Precisiones entre el ‘nuevo Estado’ y el ‘Estado ampliado’ o la ‘ampliación del Estado’
La investigación sobre la conformación del bloque hegemónico colombiano ha afrontado algunos debates en su elaboración con el concepto de Estado en la obra de Gramsci. Revisamos además de los autores mencionados en la introducción sobre la interpretación de Gramsci en América Latina, a Jorge Gantiva Silva (1993) como uno de los primeros lectores sistemáticos de Gramsci en Colombia. Además, tomamos en cuenta debates protagonizados con Miguel Ángel Herrera Zgaib (2016, 2018) y Mabel Thwaites Rey (2007), respecto a la interpretación de la noción de ‘Estado ampliado’.
Gantiva Silva (1993) deja plasmado en sus Puntos de Referencia, una aproximación a la “reformulación de la teoría de Estado”, según su lectura, uno de los objetivos de la obra de Gramsci propone la “Teoría de la ampliación del Estado”. Si bien su nombre no es una referencia frecuente en la historiografía colombiana, su vinculación como integrante de la Sociedad Gramsci en Colombia, le permitió recibir de primera mano los Cuadernos de la Cárcel desde Italia, por cuenta de Giuseppe Vacca, siendo uno de los principales lectores de su obra en la década de los noventa.
Sumado a las dificultades de ser lector del materialismo histórico en Colombia, fue crítico del stalinismo[63]. En su lectura ubicó a Gramsci en lo que denomina la “‘tercera generación’ del marxismo de Occidente (Benjamín, Korshc, Lukács, Gramsci, Adorno)” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 10). Leyendo a Gramsci, junto a la interpretación que elabora Nicos Poulantzas, del cual resalta la racionalidad del análisis marxista del Estado. A la vez, se ubica entre los autores que identifican la sospecha de Gramsci, frente a la “verdad científica” o en su mejor decir de la “ideología científica” en sintonía de las apreciaciones de Jürgen Habermas o Pierre Bourdieu.
La ‘perspectiva de la teoría gramsciana del Estado’ está ligada al ‘protagonismo de la sociedad civil’ entendida en su más amplio significado. Dado que para Gantiva Silva (1993) la ‘sociedad civil’ no se entiende “como antítesis del Estado sino como construcción de un modelo de sociedad democrática” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 30). El ‘Estado ampliado’, parte precisamente de concebir la ampliación de la democracia en términos de participación política de la ‘sociedad civil’, y, por ende, participación en la administración del Estado.
El ‘Estado ampliado’ responde en esta lectura a la “construcción de una nueva sociedad”[64]. Lectura que en gran parte liga al Estado con la sociedad, en los términos del entendimiento de las relaciones sociales que circundan con la toma de decisiones políticas para ser materializadas en la administración de los recursos públicos. Es una concepción que se ha extendido en los marxianos latinoamericanos, más aún, después de los Gobiernos progresistas en los inicios del siglo XXI. La definición de ampliación en la participación de la ‘sociedad civil’ aconteció a la par de la reducción de los Estados latinoamericanos tras los acuerdos de apertura de libre comercio y las recetas del neoliberalismo consignadas en el Consenso de Washington (1989).
La contradicción de participar en un estado desmantelado comparte el asunto sobre que el Estado en sí, ha perdido peso burocrático, dado que se han reducido los ingresos de las empresas públicas que han ido quedando en sectores privados de multinacionales. La ampliación del Estado, no se interpreta en la incorporación de la ‘sociedad civil’ en una mayor participación de la administración de lo público. Se invita a la ‘sociedad civil’ a participar voluntariamente en un Estado reducido que, si bien busca la consulta de la ciudadanía, no posibilita una apertura real que garantice el mejoramiento de las condiciones de vida de las grandes mayorías de la población que habita en esos marcos jurídicos estatales.
Dado que la lectura del Estado se orienta más hacia un “concepto de sociedad civil”, el aporte sobre el concepto de Estado está en describir la ubicación de la sociedad civil en la superestructura[65], y el rol conductor que tiene desde la cúpula en la orientación del Estado. Este movimiento desde el soporte del edificio hacia la cima, sacude un gran número de discusiones respecto al rol que juega la estructura socio-económica de la sociedad como sustento de la superestructura política-ideológico-cultural.
Gantiva Silva (1993) da cuenta de cómo se dio este movimiento en los años noventa en Colombia, durante el contexto de ampliación democrática en la apertura del sistema de partidos políticos, al ser promulgada la Constitución de 1991. Su concepción de la ‘ampliación del Estado’ a la ‘sociedad civil’ olvidó los límites entre la vida del funcionario público asegurado por el sistema del Frente Nacional, y la vida de los nuevos funcionarios que, sin la tradición de la administración bipartidista, buscan nuevas maneras de quedarse en la administración de ese mismo Estado capitalista colombiano.
Los límites de estos dos tipos de perfiles de la ‘sociedad civil’ que ingresan a la ‘ampliación del Estado’ contienen múltiples diferencias de carácter, linaje y tradición. El Estado capitalista colombiano no fue modificado con la Asamblea Constituyente, por el contrario, profundizó su tradición de liberalismo económico propiciando la apertura económica del libre comercio, si bien, se avanzó en cuestiones políticas al desligar al Estado de la religión y en la redacción de derechos políticos y sociales.
En los años noventa el sistema de Partidos se transformó en una proliferación de nuevas marcas electorales provenientes de las fracciones de los Partidos tradicionales y de los grupos guerrilleros que llegaron a concluir el proceso de paz: M-19; Quintín Lame; EPL, y PRT. En medio de este panorama político es publicada la interpretación de Gantiva Silva (1993) sobre la obra de Gramsci. Es necesario tenerlo presente, dado que esta interpretación ha tenido seguidores en el transcurrir del último proceso de paz con la guerrilla de las FARC.
El documento Puntos de Referencia, deja también unos apuntes sobre la noción de catarsis[66]. Esta metáfora, es definida desde su derivación del griego como ‘purga’ o ‘purificación’[67], sin embargo, también la hemos expresado como develación o forma de enunciar lo que de otra forma no se puede decir. En el juego del lenguaje que busca Gantiva Silva (1993) esta noción extraída de Gramsci podría significar el paso de lo ‘económico’ a lo ‘ético-político’, en otras palabras, lo interpreta en clave del movimiento de la estructura a la superestructura.
Su obra realmente tiene las mejores intenciones por abrir alternativas a la lucha por la toma del poder del Estado. Sin ganar la batalla de las armas, se entró en negociación con las partes en conflicto. Aconteciendo la ampliación del pacto del Frente Nacional a otras formaciones políticas, sin cambiar de fondo el funcionamiento del mismo Estado capitalista colombiano. La recomposición de “las relaciones y diferencias entre el Estado y la sociedad civil”[68] dejan en claro su aspiración a visibilizar la dimensión del micropoder elaborado en la obra de Foucault.
Uno de los autores que toma la referencia de Gantiva Silva (1993) y persiste en el legado de la Sociedad Gramsci en Colombia, es Herrera Zgaib (2016, 2018). Quien ha dirigido el Grupo de Investigación Presidencialismo y Participación desde la obra de Antonio Gramsci. Sus publicaciones, en fragmentos de capítulos y apartados, contienen el desarrollo del concepto de ‘Estado ampliado’, con lo cual, finalmente elaboró las conclusiones de su tesis doctoral.
Los debates sostenidos en la cátedra y en las sesiones del grupo de investigación no podrían reproducirse de mejor manera que en este diálogo póstumo. Reiteramos distancia con la agrupación política a la cual denomina ‘nacimiento del Partido agrario’ dada la utilización que el Partido Liberal realizó de sus conexiones con antiguas familias vinculadas a las luchas de las guerrillas liberales. Desde las mismas sospechas, revisamos a continuación sus postulados respecto al concepto que controvertimos desde otra lectura de la obra gramsciana, una más próxima a Lenin y Marx, que al populismo gramsciano de Ernesto Laclau.
En la crítica al Estado de derecho definido según Max Weber, Herrera Zgaib (2016) va a contraponer el ‘Estado de la crisis de hegemonía’ con la lectura de Gramsci. En sus análisis de la subalternidad, la condición de subalternos, llega a tener un hilo con Gantiva Silva (1993) en la lectura de la Microfísica del poder de Foucault, al comprender lo siguiente,
la política en su productividad, expresada en ambas visiones, es lo que Gramsci había teorizado bajo la concepción del Estado ampliado, en la que se superó la simple fórmula del poder-contrato, de la que hablaba Foucault. El Estado moderno realmente comprende tanto la función de sociedad política como la de sociedad civil, los dos planos sobreestructurales en los que se configura el orden estatal (HERRERA ZGAIB, 2016, pág. 76).
El rol de la ‘función educadora, ética del nuevo orden estatal’ no se materializa en una ‘ampliación del Estado’ capitalista. Ha sido una equivocación muy reiterada en las sociedades latinoamericanas confundir la toma del poder de los Soviets, destruyendo a la monarquía de los Zares rusos, con la asunción de cargos políticos luego de firmar acuerdos de paz y entrega de armas, o con las ganancias electorales de algunos gobiernos progresistas. El Estado capitalista ha sido sostenido en todas estas versiones de la ‘ampliación del Estado’.
La ‘tarea educativa y formativa del Estado’ que Gramsci postula, es necesario entenderla en clave del ‘nuevo Estado’ de los Consejos de Fábrica, es decir, el ‘nuevo Estado’ que resulta de una revolución en la alianza de los obreros, los campesinos y los soldados de un pueblo insurrecto que modifica estructuralmente el sistema de dominación capitalista de los Estados modernos. El limitado trabajo educativo en la ‘ampliación del Estado’ capitalista no realiza la intencionalidad del legado gramsciano.
Sería más preciso comprender que el proceso de formación se realiza en la ‘revolución permanente’, entendiendo que en 1789 no se había realizado una ‘nueva sociedad’ sino sólo el comienzo de su construcción, fijando el análisis en las revoluciones posteriores de 1848 y 1871. Esta situación permitió a Gramsci, según el análisis de Herrera Zgaib (2016), elaborar las nociones de estrategia militar en términos de ‘guerra de posiciones’ o ‘guerra de movimientos’.
El ‘Estado ampliado’ no puede inmovilizar la situación de constante conflicto por la lucha de mantenimiento del poder de las clases dominantes que tienen la propiedad de los medios de producción. Desligar el concepto de ‘movimiento histórico’ de la estructura socioeconómica, deja sin comprender la forma de concepción del poder en Gramsci, en su triple composición de poder político, poder económico y poder militar.
El desenlace de la crisis de hegemonía del Estado capitalista colombiano es descrito a partir de una genealogía política desde el 9 de abril de 1948[69], denominando “ola antidemocrática” a “la crisis orgánica del Estado” que se inicia en el Frente Nacional, tramitado en el pacto del 20 de marzo de 1957 y consumado con la asunción de la presidencia de Alberto Lleras Camargo, el 7 de agosto de 1958.
La cuestión de los Gobiernos progresistas de comienzos del siglo XXI en América Latina conlleva a que proponga un “Estado ampliado latinoamericano” (HERRERA ZGAIB, 2018, pág. 418). Es posible enlazar esta proposición al capítulo que elabora Mabel Thwaites Rey (2007) en los estudios sobre ‘Estado y Marxismo’ en América Latina.
Con la lectura de un trabajo breve titulado El Estado “ampliado” en el pensamiento gramsciano, damos cierre a las precisiones sobre las diferencias que queremos dejar explicitas sobre el entendimiento del ‘Estado ampliado’ según como lo interpretan los autores referidos y el ‘nuevo Estado’ según intentamos exponerlo en una lectura de la obra de Gramsci que, comprende tanto la unificación del Estado italiano en el siglo XIX como la alianza de obreros, campesinos y soldados para superar al constituido Estado corporativo fascista en el siglo XX. En Argentina, se elabora una perspectiva en la cual se valora la
ampliación del concepto de Estado y la consiguiente reformulación del concepto de hegemonía producida por Gramsci [como] uno de los aportes más significativos a la teoría del Estado contemporánea (THWAITES REY, 2007).
Esta valoración parte del interés de analizar la constitución de la hegemonía en la burguesía y la denominada ‘contrahegemonía popular’, partiendo de cuestionarse “sobre qué bases materiales les es posible a las clases dominantes construir una supremacía hegemónica” (Ibid.).
Entendiendo que Gramsci viene de una militancia dirigente del Partido Comunista Italiano, siendo lector de Marx, Engels y Lenin, también expone la necesidad de “la destrucción del aparato de Estado y de las relaciones sociales que le dan sustento” (THWAITES REY, 2007). Sólo tras la destrucción del Estado capitalista, podría crearse un ‘nuevo Estado’ o un ‘Estado de nuevo tipo’, en palabras textuales, “Gramsci está convencido de que sólo la destrucción del viejo Estado burgués puede hacer nacer el nuevo Estado proletario” (Ibid.). Sin embargo, estas aseveraciones patinan con la conceptualización del ‘Estado ampliado’.
Coincidimos en que el “nuevo Estado se encuentra, en Italia, en la experiencia de los Consejos de fábrica” (THWAITES REY, 2007), en una intención de Gramsci de dar respuesta a Lenin sobre la cuestión de con qué sustituir a la ‘máquina del Estado’. Sin embargo, la situación de la ‘ampliación del concepto de Estado’ va más allá de superar la reducción del ‘aparato represivo’.
El componente de la ‘sociedad civil’ en la ‘superestructura’, esta analizado como una superación de la ‘relación mecanicista entre Estado y clase’. Entendiendo que las relaciones orgánicas de Estado, sociedad civil y sociedad política no sólo operan desde el aparato coercitivo-militar sino en mayor grado desde los estamentos del consenso ideológico, social, político y económico.
La definición de ‘aparato represivo del Estado’ de Louis Althusser, según esta lectura, no ha logrado dimensionar la obra de Antonio Gramsci en la propuesta de ‘ampliación’ de la definición del Estado moderno, en la dimensión del ‘consenso ideológico’ que se impone mediante la hegemonía en la ‘sociedad civil’. La ‘supremacía de la burguesía’ que aborda Thwaites Rey (2007), se entiende precisamente como el poder de dirección y dominación que ejercen las clases dominantes con el poder ideológico para la implantación de una ‘visión de mundo’, además de detentar el poder económico, político y militar.
Es preciso resaltar que la ‘ampliación del concepto de Estado’ es una postura distinta que concebir un ‘Estado ampliado’[70], comprendiendo el funcionamiento de los aparatos o las instituciones que le determinan. El sentido de Gramsci de hacer partícipe a la ‘sociedad civil’ de la superestructura ideológico-política, permite ampliar el monopolio de las armas que sintetiza la ‘coerción’ del ‘aparato represivo del Estado’, a una concepción en la cual la ideología, la cultura, los Partidos y diversas organizaciones políticas de la ‘sociedad civil’ batallan en el ‘consenso’ político e ideológico que permite el mantenimiento del poder del Estado.
El ‘consenso político’ permite que los ‘intereses particulares’ de las clases dominantes y dirigentes sean asimilados como el ‘interés general’ del Estado capitalista. Esta aseveración tiene en Thwaites Rey (2007) la misma claridad que expresa Arnoldo Córdova (1977) en Política e ideología dominante, una investigación sobre la ideología dominante de la revolución mexicana consolidada en el Estado que promulgó la Constitución de 1917. Dice el autor mexicano que el
Estado y la vida política proporcionan a la sociedad capitalista la ficción de la igualdad y del interés común, del interés general, y en todo a éste se organiza, se desarrolla y opera la ideología dominante (CÓRDOVA, 1977, pág. 11).
Es muy claro que para convencer a los subalternos del interés general que promulgan desde el Estado las clases dominantes, es necesario que los ‘intereses particulares se confundan con el interés general’, es decir, “es necesario que favorezca, al interior de la estructura económica, el desarrollo de las fuerzas productivas y la elevación relativa del nivel de vida de las masas populares” (THWAITES REY, 2007). Tal situación, donde todos aparentemente ganan un incremento de nivel de vida, permitiría la dominación política a través del ‘consenso’ sin necesitar de la ‘coerción’.
Esta batalla entre clases dominantes y las clases de los subalternos, se describe en términos de ‘concesiones’ y ‘contrahegemonía’. La ‘correlación de fuerzas’ se ve entonces en una lucha por la creación de un bloque contrahegemónico que contrarreste la supremacía del bloque hegemónico. Si bien esta se manifiesta en la reforma moral e intelectual, no puede dejar de lado la batalla por la reforma económica, o mejor, por la transformación del sistema económico dominante. Esto es un ‘nuevo Estado’ que surge de la alianza de campesinos, obreros, soldados e intelectuales contra el capitalismo imperante[71].
La ‘formación económico-social determinada’ del bloque hegemónico estudiado es el Estado capitalista colombiano. La batalla política e ideológica para destruir este Estado, parte de tener una nueva revisión de su conformación desde una perspectiva sociohistórica a la luz de las categorías gramscianas que permiten evidenciar las formas de dominación en los tiempos de ‘consenso’ y en los tiempos de ‘coerción’.
- Una de las investigaciones recientes en Colombia que aborda la obra de Poulantzas (1969) es el trabajo de Vilma Liliana Franco Restrepo (2007), sobre el cual nos referimos en las conclusiones, precisando las aclaraciones conceptuales, al diferenciar el concepto de ‘bloque hegemónico’ del concepto de ‘bloque contrainsurgente’.↵
- El término “Regeneración” es tomado de dos autores de la historiografía colombiana Álvaro Tirado Mejía (1984) y Jorge Orlando Melo (1984). El asevera que el “ideólogo de la regeneración fue Núñez y su plan global incluía tres instancias: la económica, la jurídico-política y la ideológica” (TIRADO MEJÍA, 1984, pág. 375). Adicional, puede entenderse que: “El proyecto político de Núñez se plasmó en la Constitución de 1886 y fue presentado como cuestión administrativa. Con una descripción apocalíptica de la situación, Núñez propuso su papel mesiánico en una frase rimbombante y célebre: ‘Regeneración o catástrofe’. El proyecto político de Estado fuerte y centralizado, en lugar de federalismo a ultranza, lo presentó en esta fórmula condensada: ‘Centralización política y descentralización administrativa’. | [Luego de…] la rebelión de 1885 tras el combate de La Humareda, desde el balcón de la casa presidencial Núñez proclamó: La Constitución de Rionegro ha dejado de existir” (TIRADO MEJÍA, 1984, pág. 376). Por su parte, Melo (1984) refiere que los “presupuestos de las dos últimas décadas del siglo, y en especial los que siguen a 1886, muestran un notable ascenso en comparación con los del período anterior a la ‘Regeneración’” (MELO, 1984, pág. 189).↵
- Valga mencionar un fragmento de la narrativa de Marco Palacios (2011): “Había llegado, quizás, la hora de rendirse ante el asedio campesino. Simultáneamente a la acción legislativa, el Banco Agrícola Hipotecario, BAH, la Gobernación de Cundinamarca y el mismo Gobierno Nacional pusieron en marcha un programa de parcelación de haciendas. En 1936, esas tres entidades habían parcelado 62 haciendas en el país con una extensión de 58,000 hectáreas, de las cuales 28 eran cafeteras, con un área aproximada de 17 mil hectáreas. En 1937, el proceso se aceleró principalmente por intermedio del Banco Agrícola Hipotecario (Anuario de Estadística 1936, 1937, p. 139; p. 123)” (PALACIOS, 1995, pág. 113).↵
- De las exposiciones de Waldo Ansaldi, puede entenderse que, en el debate por la definición de la duración de los periodos de tiempo seleccionados en la investigación histórica, la situación “c) la larga duración (o al menos la media)” (ANSALDI, 2013, pág. 21), posibilita la existencia de un híbrido entre el ‘tiempo largo’ y el ‘tiempo corto’: el tiempo medio, el de ‘mediana duración’. Puede revisarse a Fernand Braudel en cuanto a su desarrollo conceptual sobre “la larga duración”, entendiendo los hechos que permanecen en el tiempo durante o más de cien años, “la tendencia secular”, en “movimientos largos” o en la “proyección de un tiempo lejano”; en su lugar el “tiempo corto” o la “corta duración” esta reseñado en la sociología empírica, en “los datos del tiempo corto y del trabajo de campo” (BRAUDEL, 2007 [1979, 1958]). De esta manera el periodo analizado 1930-1950 es un tiempo histórico de dos décadas que, entre su terminación y la actualidad, 1950-2020, transcurren 70 años. No arriesgamos a la denominación de ‘larga duración’, con certeza no estamos en la ‘corta duración’, con la prudencia de investigar con el método histórico que orienta la dialéctica y el materialismo, asumimos la ‘mediana duración’.↵
- Aunque este tema será profundizado en el apartado correspondiente, es necesario aclarar que se denomina ‘masacre de las bananeras’ al “asesinato masivo de más de 1.500 obreros colombianos” (RODRÍGUEZ ACOSTA, 1974, pág. 7) perpetuado por la Fuerza Pública del Estado Colombiano.↵
- David Roll (2002), define el “sistema político colombiano” de la siguiente manera, es “de carácter presidencial (fuerte), los partidos compiten principalmente en elecciones nacionales (Congreso bicameral y Presidencial), regionales (Asambleas Departamentales y Gobernación), locales (Consejos, Alcaldías municipales y Juntas Administradoras Locales), y ocasionalmente en las consultas internas de los partidos para las presidenciales. Las autoridades son elegidas en su totalidad por sufragio directo y universal. Las elecciones locales, parlamentarias y presidenciales se realizan en diferentes fechas (…)” (ROLL, 2002, pág. 109). Si bien esta forma política de consociacionalismo quedará en la constitución hasta el plebiscito de 1957 que legítima el pacto político bipartidista del Frente Nacional, su proceder ya venía alternándose por periodos de tiempo más prolongados y sin acuerdo constitucional desde los debates entre centralismo y federalismo del siglo XIX (MELO, 1995, pág. 59). En referencia a la definición del pacto del bipartidismo de la segunda mitad del siglo XX, vale tener en cuenta la siguiente alusión: “La paridad era un acuerdo entre los partidos Liberal y Conservador para distribuirse por mitades los escaños en las corporaciones públicas, los ministerios y los cargos más altos del ejecutivo, así como los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado” (SARABIA BETTER, 2003, págs. 31-32).↵
- Se entiende el consenso fallido de los acuerdos políticos de las clases dominantes para el mantenimiento del poder, en la continuidad de la coerción física contra los dominados. Puede leerse el párrafo completo con el que inician los autores su posición: “El sistema político colombiano se ha estructurado en los últimos sesenta años en la frontera entre una violencia política recurrente y plural, y un consenso nacional fallido. El proceso constituyente de 1991 representa hasta el momento el mayor esfuerzo institucional de la sociedad colombiana contemporánea por encauzar la violencia política dentro de los límites estatales, mediante el intento por construir un consenso que le diera legitimidad y estabilizara el conjunto del sistema político. Sin embargo, el conflicto armado interno entre el Gobierno y dos de los principales grupos guerrilleros (ELN y FARC) continuó siendo determinante en la definición del rumbo político del país. En medio de este conflicto, los grupos paramilitares fueron creciendo al amparo o con la tolerancia del Estado, y el tráfico de drogas ilegales siguió alimentando los órdenes sociales paralelos o transversales al institucional, creados por las diferentes manifestaciones de la violencia social y política” (MEJÍA QUINTANA & MÚNERA RUÍZ, 2008, pág. 82).↵
- Jesús A. Bejarano (1984) da cuenta del desenvolvimiento económico tras la Guerra de los Mil Días, que ocasionó en 1903 la separación de Panamá. Desarrollando la estructura económica del “café y los primeros impulsos a la industrialización” (BEJARANO, 1982, pág. 23). Además, pueden verse sus trabajos “Los estudios sobre la historia del café en Colombia” (BEJARANO, 1980); y “El despegue cafetero (1900-1928) (BEJARANO, 1987).↵
- En sesión de tesis doctoral, Gabriel Misas Arango afirmó que, en 1930, el capitalismo en Colombia se había consolidado con ciertas formas de servidumbre. Refiriendo el trabajo de Witold Kula, investigador polaco del materialismo histórico, en clave del análisis del sistema económico del ‘Antiguo Régimen’, devela las persistencias del ‘fenómeno de la segunda servidumbre’. Véase: KULA, Witold (1974) Teoría económica del sistema feudal. México: Siglo XXI.↵
- Recordamos en esta alusión el diagrama de Cohen: “| Bajo el feudalismo es un hecho evidente, bajo el capitalismo es un hecho encubierto, que se extrae un plusproducto | Bajo el feudalismo es un hecho encubierto, bajo el capitalismo es un hecho evidente que las relaciones humanas son utilitarias |” (COHEN, 1986, pág. 365). Luego de decir que: “El capitalismo no es una producción mercantil simple. Los propietarios que venden en el mercado ejercen un poder sobre los productores que no son propietarios. Y el feudalismo, según Marx, no es la comunidad fraternal que pretende ser. La relación entre señor y siervo tienen una base utilitaria, aunque las partes ignoren este hecho” (COHEN, 1986, pág. 365).↵
- La aclaración que brinda Arnoldo Córdova sobre la interpretación de Gramsci de estos conceptos, consideramos recoge su genealogía desde Adam Ferguson (1767) hasta los usos en Adam Smith, Hegel y Marx: “Nadie, salvo Hegel, y para ello con ciertas variantes que dictaba su propia experiencia histórica, ha usado jamás el concepto de ‘sociedad civil’ para denominar a las corporaciones, comprendidos los partidos políticos y las asociaciones privadas, como lo hace Gramsci, el que sin embargo nunca tuvo la peregrina ocurrencia de atribuirles funciones ‘predominantemente ideológicas’ [Nota 20]” (CÓRDOVA, 1977, pág. 20).↵
- Al respecto Palacios (2011: 52-55) en la denominación del campesinado colombiano diferencia tres niveles: 1. La “familia”: “los campesinos, se ha dicho, producen para comer y comen para producir” 2. La alusión de Hobsbawm de los dos géneros que hace referencia al “campesinado con base en la propiedad”: “El comunitario de la Rusia Central de mediados del siglo XIX y el individualista francés en el marco de las instituciones y leyes burguesas de la Revolución (Hobsbawm, 1973, p. 4)”; 3. El género individualista: “cinco ‘especies’ principales de campesinos colombianos”: a. los “Pequeños propietarios estratificados”, denominado “capitalismo campesino”; b. “Pequeños propietarios” (jornaleros); c. “Arrendatarios y subarrendatarios de las haciendas”; d. Campesinos “colonos” asentados “pacíficamente en los baldíos como poseedores”; y, por último, e. “Los jornaleros dedicados primordialmente a faenas del campo”.↵
- Tirado Mejía (1978: 297) refiere que “La crisis del 30 fue determinante para la configuración de la industria liviana en el país. De la misma manera que la primera guerra mundial, la crisis obró como coyuntura para la implantación de una base industrial en Colombia y que permitió el paso de una dependencia semicolonial a una de tipo neocolonial. Pero la crisis lo hizo en sentido especial; no porque a partir de 1930 se hubiera instalado en el país una industria inexistente sino porque permitió especialmente al equipo ya montado trabajar a plena capacidad, en un mercado relativamente libre de manufacturas extranjeras por la dificultad para adquirir divisas” (TIRADO MEJÍA, 1978, pág. 297). ↵
- A propósito del período dice que este “se cerró cuando la crisis de 1929 agotó el modelo de acumulación primario exportador, propiciando que la burguesía brasileña -como en otros países del continente- optara por un modelo alternativo, que cambiaría las condiciones de la lucha de clases y, con ello, las formas organizativas e ideológicas de la izquierda brasileña” (SADER, 2000, pág. 419).↵
- Notas de apuntes tomados en clases como oyente de las clases de Historia Política Argentina en la Universidad Nacional de Rosario, 2010. ↵
- Respecto al desarrollo de las alianzas de clases entre la burguesía agraria y la burguesía industrial, puede leerse la tesis doctoral de Boron (1976) con relación a la composición de las clases sociales argentinas de 1880 a 1930 (BORON, 1979). De igual forma, esta noción es desplegada por Murmis y Portantiero (2011) en sus estudios sobre los orígenes del peronismo de 1940 a 1950. En cuanto a la noción de ‘bloque en el poder’, es Poulantzas (1969) el autor que elabora con detalle esta categoría en sus estudios marxistas sobre el Estado. ↵
- Con relación a la deuda externa: “Mirado a través del saldo comercial, América Latina debió destinar un 23% adicional de sus exportaciones a generar el superávit comercial necesario para pagar el servicio de la deuda externa (y otras demandas no asociadas al comercio). El resultado conjunto de este factor y de la contracción de la capacidad de compra de las exportaciones fue la caída del 62% de las importaciones reales entre 1929 y 1932” (BÉRTOLA & OCAMPO, 2013, pág. 156).↵
- Son múltiples los autores que han documentado los hechos del asesinato y las investigaciones que siguen abierta de las responsabilidades por los autores del crimen, en palabras de Herbert Braun (2008) “Los momentos más dramáticos en la historia moderna de Colombia se produjeron después de la 1:05 del 9 de abril. Todo habitante urbano del país se enteró de los disparos que le habían hecho a Gaitán” (BRAUN, Mataron a Gaitán. Vida pública y violencia urbana en Colombia, 1987, pág. 273).↵
- La promesa de un Plan Marshall para América Latina se había sostenido durante el segundo Gobierno de Alfonso López Pumarejo (1942-1945). En Estados Unidos se adelantó, en San Francisco (1944) la primera reunión de las Naciones Unidas, en la cual se trabajó un borrador de Acuerdo de Cooperación para Latinoamérica. En 1948, tal promesa se esfumó ante las mismas resoluciones de las que participó Marshall durante la instalación de la Organización de Estados Americanos-OEA. [Redacción a partir de apuntes de sesión de tesis con Gabriel Misas Arango].↵
- En la publicación Colombia Hoy, hay una recomendación para quien quiera profundizar en el periodo denominando de “la violencia”, ver autores: “Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, La Violencia en Colombia, Primer Tomo, Bogotá, Editorial Tercer Mundo, 1962, Tomo Segundo, 1964; Varios autores, Once ensayos sobre la violencia, Bogotá CEREC-Centro Gaitán, 1985; Gonzalo Sánchez y Ricardo Peñaranda (editores), Pasado y presente de la violencia en Colombia, Bogotá, CEREC, 1986” (MELO, 1995, pág. 31).↵
- También denominada Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria-UNIR.↵
- Compréndase el siguiente pasaje y las semejanzas que esto puede tener con los casos latinoamericanos, según la exposición realizada a lo largo del informe de investigación: “en la lucha política no hay que imitar los métodos de lucha de las clases dominantes, como no sea a riesgo de caer en fáciles emboscadas. En las luchas actuales este fenómeno se produce a menudo: una organización estatal debilitada es como un ejército debilitado: entran en escena los arditi, o sea las organizaciones armadas privadas, que tienen dos misiones: usar la ilegalidad; mientras el Estado parece permanecer en la legalidad, como medio para reorganizar al propio Estado. Creer que a la actividad ilegal privada puede contraponerse otra actividad similar, o sea combatir el arditismo con el arditismo, es una tontería; quiere decir creer que el Estado permanece eternamente inerte, lo que no sucede jamás, aparte las otras condiciones diversas. El carácter de clase conduce a una diferencia fundamental: una clase que debe trabajar todos los días con horario fijo no puede tener organizaciones de asalto permanentes y especializadas, como una clase que tiene amplias disponibilidades financieras y que no está atada, con todos sus miembros, a un trabajo fijo. En cualquier hora del día y de la noche, estas organizaciones, que se han vuelto profesionales, pueden asestar golpes decisivos y atacar de improviso. La táctica de los arditi, en consecuencia, no puede tener para ciertas clases la misma importancia que para otras; a ciertas clases les es necesaria, porque les es propia, la guerra de movimientos y de maniobra, que en el caso de la lucha política puede combinar un útil y quizá indispensable uso de la táctica de arditi. Pero fijarse en el modelo militar es de idiotas: la política debe, también aquí, ser superior a la parte militar y sólo la política crea la posibilidad de la maniobra y del movimiento” (GRAMSCI, 1981 [T1], págs. 178-179).↵
- Estas cuestiones pueden observarse en la totalidad del párrafo con mayor precisión: Estado-Policía: “El problema ¿quién es el legislador? en un país, ya mencionado en otras notas,’ puede representarse por la definición “real”, no “escolástica”, de otras cuestiones. Por ejemplo: ”¿Qué es la policía?” (a esta pregunta se ha aludido en otras notas, tratando de la función real de los partidos político). A menudo se oye decir, como si se tratase de una crítica demoledora de la policía, que el 90% de los delitos, hoy perseguidos (un gran número no es perseguido porque o no se tiene noticia de ellos o es imposible cualquier averiguación, etcétera) quedarían impunes si la policía no tuviese a su disposición a los confidentes, etcétera. Pero en realidad, esta clase de crítica es estúpida ¿qué es la policía? Ciertamente no es sólo aquella organización oficial, jurídicamente reconocida y habilitada para la función pública de la seguridad que suele precisarse. Este organismo es el núcleo central y formalmente responsable de la “policía”, que es una organización mucho más vasta, en la cual, directa o indirectamente, con vínculos más o menos precisos y determinados, permanentes u ocasionales, etcétera, participa una gran parte de la población de un Estado. El análisis de estas relaciones sirve para comprender qué es el “Estado”, mucho más que muchas disertaciones filosófico-jurídicas” (GRAMSCI, 1981 [T1], pág. 305).↵
- Necesario se hace leer el comienzo de Nuestro Marx: “¿Somos marxistas? ¿Existen los marxistas? Solo tú, necedad, eres inmortal […] Marx no ha escrito una doctrinita, no es un mesías que haya dejado una ristra de palabras cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del espacio y del tiempo” (GRAMSCI, 2016, pág. 35) en lo que más adelante reforzará “Karl Marx es para nosotros maestro de vida espiritual y moral, no pastor con báculo” (GRAMSCI, 2016, pág. 39)↵
- En la tesis: PARDO MONTENEGRO, Liliana (2016) “Reconfiguración del bloque hegemónico colombiano. Rupturas y continuidades (2002-2012)”, expusimos que -la explicación que brinda el estudio de León Vargas (202) respecto a la razón que más predominó en los congresistas norteamericanos en la aprobación del Plan Colombia fue la cuestión económica, es decir, los intereses económicos que subyacen a la cooperación militar, podíamos leer: “Los intereses económicos detrás de la ayuda a Colombia parecen haber salido a la luz en el caso del senador Dodd [Chris Dodd. Demócrata de Connecticut] cuyo cambio de posición quizás pueda explicarse en el hecho de que los helicópteros “Blackhawk” son un producto de Sikorsky, una división de United Technologies con sede en Connecticut que hace grandes aportes a la economía del Estado y a las campañas de algunos congresistas. La flexibilización de su posición quedo en evidencia cuando presentó una enmienda cuyo objetivo era reincorporar los “Blackhawk” que habían sido eliminados del proyecto por parte del Comité de Apropiaciones” (LEÓN VARGAS, 2005, pág. 30).↵
- Sobre el problema de la ideología fue sustentada una ponencia en las VI Jornadas de Jóvenes Investigadores del Instituto Gino Germani en el año 2011, titulada Ciencia e Ideología.↵
- En este punto, el hallazgo que propone Íñigo Errejón (2012) en su tesis doctoral, en relación a la definición del concepto de hegemonía puede controvertirse: “En efecto, son los socialdemócratas rusos quienes a comienzos del siglo XX emplean por primera vez el término –“gegemoniya”- para nombrar la política de alianzas y liderazgo que debía desarrollar el proletariado industrial a fin de hacerse con el poder y conducir las transformaciones económicas y políticas que liquidaran el ancien regime zarista, sin esperar a que las realizase una burguesía nacional extremadamente débil y políticamente dubitativa [Femia, 1987: 24]” (ERREJÓN, 2011, pág. 113). En este sentido, Gastón Ángel Varessi (2016) define la hegemonía como “la dirección política, ideológica y cultural de un grupo social sobre otros. Esta capacidad de conducción implica la predominancia de los componentes consensuales sobre los componentes coercitivos (ambos constitutivos de toda relación política), por lo que involucra la participación de los grupos dirigidos en la visión de mundo del grupo dirigente” (VARESI, 2016, pág. 6), menciona la referencia a Lenin, en Imperialismo, fase superior del capitalismo, en donde extiende la hegemonía al plano internacional “dado que el reparto del globo ya está finalizado, un nuevo reparto obliga a echarle la mano a toda clase de territorios; en segundo lugar, es consustancial al imperialismo la rivalidad entre varias grandes potencias por hacerse con la hegemonía, es decir, para apoderarse de territorios, no tanto directamente para ellas mismas, sino para debilitar al adversario y minar su hegemonía” (LENIN V. I., 2000, pág. 56). Es decir no son los socialdemócratas rusos de comienzos del siglo XX, sino como él mismo menciona, Lenin ya se refería en 1905 a la cuestión de la hegemonía en Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, primero en el “nudo de la cuestión” de cederle el lugar a la revolución burguesa con la no participación del proletariado en la participación política, se deja “totalmente la hegemonía en la revolución a las clases burguesas” (LENIN V. I., 2003, pág. 100), y luego, en el debate del determinismo económico: “A los economistas les parecía que la hegemonía en la lucha política no era cosa de los socialdemócratas, sino propiamente cosa de los liberales” (LENIN V. I., 2003, pág. 118). Este asunto de reducir la economía a la base de la política puede tener un estudio de más largo alcance, que no es el propósito en este momento, no obstante, con relación a la cuestión de la lucha por la hegemonía, Lenin presentaba una situación ante la revolución burguesa, participar sin olvidar el fin último “la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos” (LENIN V. I., 2003, pág. 123). El concepto ruso de ‘gegemoniya’ puede ampliarse en los siguientes trabajos: ARTEMEV, S., & UTENKOV, A. (1977). Gegemoniya Proletariata V 3 Russkikh Revolyutsiyakh [Hegemonía del Proletariado en las 3 Revoluciones Rusas]. Moscú [sin referencia de publicación]; SP, Povadin (1985). Gegemoniya proletariata v dvizhenii meditsinskih rabotnikov Moskvy nakanune pervoy rossiyskoy revolyutsii [La hegemonía del proletariado en el movimiento de trabajadores médicos en Moscú en vísperas de la primera revolución rusa]. En: SP Povadin. Voprosy gegemonii proletariata v osvoboditel’nom dvizhenii Rossii perioda imperializma: Mezhvuzovskiy sbornik nauchnyh trudov [Temas de la hegemonía del proletariado en el movimiento de liberación de Rusia en el período del imperialismo: colección interuniversitaria de artículos científicos]. Moscú: MGOPU, «Al’fa», 94-105; М. Е. Найденов. “Революция 1905-1907 годов – первая народная революция эпохи империализма” Изд. “Знание”, Москва, 1955 г. OCR [NAIDENOV, M. E. (1955) “Revolución de 1905-1907 – la primera revolución popular de la era del imperialismo”. En: “Conocimiento”. Moscú, OCR].↵
- Estas nociones de “bloque en el poder” y “fracciones de clases” son propias de Nicos Poulantzas, “Je reviens ainsi á la cuestión des fractions de clase de la nouvelle petite-bourgeoisie” (POULANTZAS, 1974, pág. 310). El concepto que elabora de poder está relacionado a las relaciones de clase, y en términos de poder del Estado, se refiere “[a]l poder de una clase determinada a cuyos intereses corresponde el Estado” (POULANTZAS, 1969, pág. 118). En adelante, definirá su concepto de poder “se designará por poder la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos específicos” (POULANTZAS, 1969, pág. 124), distinguiendo “poder económico, del poder político, del poder ideológico” (POULANTZAS, 1969, pág. 137), respecto a las fracciones de clase constituidas en el bloque en el poder, vale leer que estas se deben a “las relaciones capitalistas de producción, por ejemplo a la existencia particular, como clases dominantes de una formación capitalista, de los grandes terratenientes de renta territorial –al principio como clase de nobleza terrateniente o fracción de la nobleza […] y de la burguesía, y a la fragmentación particular de la burguesía en fracciones comercial, industrial y financiera” (POULANTZAS, 1969, pág. 387), con lo cual, la “[u]nidad política del bloque en el poder bajo la égida de la clase o fracción hegemónica significa, así, unidad del poder de Estado, en su correspondencia con los intereses específicos de esa clase o fracción” (POULANTZAS, 1969, págs. 388-389), entendiendo a Poulantzas, rescatamos sus aportes y nos quedamos con la teoría inicial de Gramsci del bloque histórico, trasladando al análisis socio-histórico de Colombia, la noción de bloque hegemónico colombiano. ↵
- En la página 22 de la Tesis, puede verse la referencia completa de Antonio Gramsci.↵
- Al respecto Gramsci entiende que: “La resistencia pasiva de Gandhi es una guerra de posiciones, que se convierte en guerra de movimientos y en otros en guerra subterránea: el boicot es guerra de posiciones, las huelgas son guerra de movimientos, la preparación clandestina de armas y de elementos combativos de asalto es guerra subterránea” (GRAMSCI, 1981, pág. 179).↵
- En Gramsci hace referencia a la “formas de lucha [que] son propias de minorías [débiles pero exasperadas] contra mayorías bien organizadas” (GRAMSCI, 1981, pág. 180)↵
- En esta línea de investigación podríamos ubicar el trabajo de AYALA DIAGO, Cesar Augusto (2011) “Trazos y trozos sobre el uso y abuso de la Guerra Civil Española en Colombia”. En: Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 38, núm. 2, julio-diciembre. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia [Disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/28086/28340, visto 17.02.2021]. El trabajo refiere en el resumen la línea de investigación: Se trata de un avance sobre una ansiada investigación acerca del impacto de la Guerra Civil Española en Colombia. Se plantean aquí varias hipótesis de trabajo, entre ellas que el triunfo de los nacionalistas en España fortaleció entre los colombianos el ideario hispano y la conciencia fascista. Que el alma colombiana estaba preparada para asimilar y adherir al conflicto español como suyo propio. Que los idearios hispánicos y fascistas continuaron desarrollándose en Colombia después de finalizada la Guerra Civil Española y después de la Segunda Guerra Mundial sin ninguna depuración; y finalmente, que los fascistas se introdujeron en el sistema político colombiano a través de las puertas giratorias de las instituciones del Estado.↵
- El artículo “Laureano Gómez 1889-1955. El rugido del monstruo”, refiere que “[e]ntre 1930 a 1932 fue plenipotenciario en Alemania” (Eltiempo.com, 1999).↵
- Sobre las ‘barreras aduaneras’, Gramsci libra una batalla que no compartimos contra el proteccionismo: “el partido socialista debería interesar con obra inteligente y continua al proletariado, es el que se refiere a las barreras constituidas, entre nación y nación, por los derechos proteccionistas. […] Barreras que existen, sobre todo, por los intereses inconfesos y las sospechosas voluntades de un grupo de vampiros de cada nación y de cada pueblo, los cuales a través de los derechos proteccionistas se han convertido y amenazan con convertirse aún más en el porvenir en los dueños de los destinos de cada pueblo y los genuinos y solitarios -por encima de cada rey o emperador o presidente de la república que sea- jueces de la guerra y la paz” (GRAMSCI, 2015, pp. 57-59). Esta nota sobre “Los derechos proteccionistas y el libre cambio” es una posición antiproteccionista a favor del liberalismo económico, registrada en Il Grido del Popolo, luego de asistir a la Conferencia Protezionismo e liberalismo al lume della dottrina socialista dada por Ugo Guido Mondolfo, el 3 de marzo de 1917.↵
- La relectura de Miriam Limoeiro Cardoso (1975) permite tener en cuenta algunas diferencias: “La discusión que vengo desarrollando supone que la ideología, tanto la del cómo como la del por qué tiene dos niveles: un nivel abstracto -que consta de ideas articuladas en sistemas, concepciones del mundo, con variables grados de coherencia, unidad y teorización-; y otro nivel concreto -que se compone de las actualizaciones de esos sistemas de ideas en la organización, en la institucionalización social, o en la práctica social. Esos dos niveles se encuentran en todos los distintos campos en que se divide la ideología: campo religioso, moral, político, económico, estético, científico, filosófico, etc. Entre todos éstos, uno es el campo dominante, no sólo en relación a los demás campos ideológicos, sino por su posición en la estructura global, por el tipo de relación que mantiene con los sectores clave de la estructura” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 88).↵
- Este debate lo hemos sostenido en el Grupo Presidencialismo y Participación de la Universidad Nacional de Colombia, con su director Miguel Ángel Herrera, en cuanto su vocación ha estado en teorizar a “los grupos y las clases subalternas, cuando ellos y ellas hacen el ejercicio de reconocerse democráticamente en su autonomía social y política contra el antagónico Estado capitalista” (HERRERA, 2013, pág. 9). ↵
- En los prólogos a las obras de Marx, La lucha de clases en Francia y La guerra civil en Francia, puede verse que estas definiciones parten de la ‘situación económica’ o de los ‘cambios de la situación’: “De allí que el método materialista, en estos casos, tenga que limitarse, con harta frecuencia, a reducir los conflictos políticos a las luchas de intereses entre las clases sociales y fracciones de clases preestablecidas por el desarrollo económico, identificando los distintos partidos políticos como la expresión política más o menos adecuada de estas mismas clases o sectores de ellas” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 657 [E]). De la misma manera, es Engels quien define el “periodo de las revoluciones desde abajo” y el “periodo de revoluciones desde arriba” (MARX & ENGELS, 2006, pág. 665 [E]).↵
- La traducción que hace Limoeiro (1975) de Gramsci es la siguiente: “La novedad de la concepción gramsciana de la hegemonía está en distinguir los dos modos por los cuales se manifiesta: uno, por el dominio, otro por la dirección intelectual y moral. Un grupo social básico domina cuando liquida o somete al grupo adversario; dirige cuando se pone al frente de grupos afines o aliados. El dominio supone el acceso al poder y el empleo de la fuerza, y comprende la función coercitiva; la dirección intelectual y moral se efectúa por medio de la persuasión, promueve la adhesión por medios ideológicos, constituyendo la función propiamente hegemónica. Destacando esta segunda función de la primera, queda abierta la posibilidad de pensar la hegemonía también en cuanto a las clases dominadas, desde que se la vincule al grupo social básico. | Para poder ejercer como dirigente, una fracción de clase o la clase dominante necesita conseguir aliados en las otras fracciones o en la otra clase. El elemento principal en la realización de estas alianzas es la formación de una voluntad colectiva, voluntad que Gramsci entiende como ‘conciencia actuante de la necesidad histórica, como protagonista de un drama histórico real y efectivo’ [Gramsci, A., Maquiavel, a Política e o Estado moderno, p. 7]” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 78).↵
- Igualmente, referida en el apartado 2.2., la Carta que dirige Alfonso López Pumarejo a los señores Enrique Soto U., Ruperto Aya, Daniel Sáenz, Antonio J. Mejía, J. J. Williamson, de la junta de “empresarios agrícolas”, “No es, en mi concepto, por un simple fenómeno de persuasión doctrinaria por lo que nuestros trabajadores de los campos han venido derivando de su resignada miseria a una ansiosa inconformidad, que los agitadores profesionales tratan de encauzar por las vías de la violencia. Es que perduran aberraciones en las formas de relación del capital y el trabajo que una gran parte de la opinión no alcanza a apreciar en toda su importancia, porque las ve amparadas por la ley, y porque han venido encontrando el constante apoyo de la autoridad, la cual se ha sentido inclinada hasta ahora a considerar subversivas las más humildes reacciones del campesino y el obrero” (LÓPEZ PUMAREJO, 1986, pág. 316).↵
- Lo hechos presentados en los departamentos de Boyacá, Santander y Norte de Santander, entre 1931 y 1933, ha sido denominado por Gutiérrez Sanín (2017: 544-545) como la ‘pequeña violencia’: “la luna de miel de la que gozó Olaya fue relativamente corta, y ya incluyó debates sobre el manejo de la violencia por parte de las organizaciones políticas. Entre fines de 1931 y 1933 el Gobierno tuvo que lidiar con la ‘pequeña violencia’ que tuvo lugar sobre todo en Boyacá y en los Santanderes, aunque también afectó marginalmente a otros departamentos”. Lo cual le conduce a decir que: “La pequeña violencia suscitó la movilización conservadora, en términos de autodefensa” (GUTIÉRREZ SANÍN, 2017, pág. 548).↵
- Pardo, Daniel (2022, oct, 7) Alejandro Reyes: “En Colombia no hay un problema de tierras, hay 100 problemas de tierras”. BBC, News Mundo. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-63140225 [Visto: 17.02.2023].↵
- Entendidos a partir de la siguiente alusión: “Los agentes de la producción aparecen como ‘apoyos’ o ‘portadores’ de un conjunto de estructuras. Supone que en las sociedades de clases las relaciones sociales expresan la distribución de los agentes-apoyos en clases sociales. Analizando el nivel económico del dominio de la estructura y del dominio de las relaciones sociales, es posible distinguir entre relaciones de producción y relaciones sociales de producción, refiriéndose a cada uno de esos dominios respectivamente. La producción comporta, así, dos tipos de relaciones: una relación hombre-cosa, que especifica el proceso de producción y las técnicas del trabajo que constituye ese proceso; y una relación de los hombres entre sí. Las relaciones de producción pasan a ser formas específicas de combinación entre agentes y medios de producción” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 54).↵
- Por ejemplo, el trabajo de Galvis y Donadio (1986) da cuenta de estos archivos en una sistematización muy valiosa para los efectos de constatar hechos históricos.↵
- Teniendo en cuenta que: “Tomar el Estado como punto de referencia fundamental en el estudio de la ideología equivale a adoptar la perspectiva del establishment, a través de la cual no es fácil hallar lugar para la ideología dominada, y se vuelve una imposibilidad teórica, en la medida en que el Estado no es sólo punto de referencia, sino el medio mismo a través del cual se piensa la ideología (como en los aparatos ideológicos de Estado). Como aparato de Estado la ideología sólo puede ser la ideología dominante” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 67). Sobre la ideología, reitera Limoeiro “‘La función ideológica de reproducción de las condiciones de producción, que Althusser desarrolla en los aparatos ideológicos de Estado, ya ha sido destinada por encima de todo a asegurar la explotación económica y la dominación de una clase sobre las demás’ [Althusser, L., Polémica Althusser-Garaudy, 1, p. 39] Y también por Poulantzas, cuando afirma que por medio de la ideología, ‘se perpetúa el predominio de clase’ [Poulantzas, N., Poder político y clases sociales en el Estado Capitalista, p. 267]” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 73).↵
- Es decir, “La relación entre economía e ideología se aclara en la concepción gramsciana al adoptar el autor la tesis de que es en el campo ideológico que los hombres toman conciencia de los conflictos de su mundo económico. ‘Si los hombres toman conciencia del conflicto de las relaciones de producción al nivel de la ideología, debe existir’, dice Gramsci, ‘una relación necesaria entre ésta y la economía, entre la superestructura y la infraestructura’ [Piotte, J. M., La pensée politique de Gramsci, p. 201]. | Esta relación necesaria implica, al mismo tiempo, una correspondencia y una autonomía, que especifican su concepto de bloque histórico, el cual forma, con el de hegemonía, las dos categorías fundamentales de su análisis” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 80). Precisa aún más, “Como dominación la ideología es, pues, al mismo tiempo una forma de conocer y de desconocer, según el grupo social básico al que se refiera. Cuando se aplica al conocimiento de la realidad de los grupos dominantes, es forma de conocer los mecanismos del ejercicio del dominio, aunque desconociéndolo como tal. Cuando se aplica al conocimiento de la realidad de los grupos dominados es forma de conocer el dominio mismo, desconociendo para ello a la ideología dominante” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 88).↵
- Althusser aborda este problema de la siguiente manera: “cada grupo está provisto prácticamente de la ideología que conviene al rol que debe cumplir en la sociedad de clases: rol de explotado […] rol de agente de la explotación […] de agentes de la represión […] o de profesionales de la ideología” (ALTHUSSER, 2003 [1970], pág. 44). En cuanto a la pregunta formulada: “¿cómo se asegura la reproducción de las relaciones de producción?”, la respuesta que nos brinda refiere al aseguramiento que proporciona “la superestructura jurídico-política e ideológica” (ALTHUSSER, 2003 [1970], pág. 34).↵
- Su exposición es la siguiente: “Si en la fase de desarrollo social en que se da la plena vigencia de una sola formación ideológica -las ideologías del tipo cómo– el carácter de clase de la ideología puede permanecer enmascarado, en la fase de desarrollo social definida por la transformación -cuando surgen y crecen las ideologías del tipo por qué– ese enmascaramiento se hace cada vez más frágil. En las sociedades de clases, por lo tanto, la presentación de ideologías y de proyectos de clase como ideologías y proyectos de la sociedad como un todo cabe y encuentra aceptación social en la primera fase. Son ideologías y proyectos de la clase dominante que se presentan como ideologías y proyectos de clases sociales. Pero su aceptabilidad social se vuelve precaria en la otra fase, la de mayor transformación social, en que su carácter de clase ya se va destacando” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 87). Continúa, “La discusión que vengo desarrollando supone que la ideología, tanto la del cómo como la del por qué tiene dos niveles: un nivel abstracto -que consta de ideas articuladas en sistemas, concepciones del mundo, con variables grados de coherencia, unidad y teorización-; y otro nivel concreto -que se compone de las actualizaciones de esos sistemas de ideas en la organización, en la institucionalización social, o en la práctica social. Esos dos niveles se encuentran en todos los distintos campos en que se divide la ideología: campo religioso, moral, político, económico, estético, científico, filosófico, etc. Entre todos éstos, uno es el campo dominante, no sólo en relación a los demás campos ideológicos, sino por su posición en la estructura global, por el tipo de relación que mantiene con los sectores clave de la estructura” (LIMOEIRO CARDOSO, 1975, pág. 88).↵
- Al respecto, puede leerse lo siguiente: “Después de nueve días de activa resistencia civil y luego de tres días de paro general, en la madrugada del viernes 10 de mayo de 1957 el general Gustavo Rojas Pinilla renunció a la Presidencia de la República y viajó a la España de Franco en busca del exilio”. Disponible en: https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-11/mayo-10-de-1957-caida-de-rojas-pinilla-inicio-frente-nacional [Visto: 30.03.2024].↵
- Guardando las proporciones, otra perspectiva de estudio sobre los ‘agentes nacionales’ en términos de ‘agentes económicos’ es el análisis que realiza Bourdieu (2000) en el estudio de Las estructuras sociales de la economía, en el cual da cuenta del papel del ‘agente económico’ en la sociedad capitalista, en un proceso de adoctrinamiento de la explotación de la mano de obra calificada en modelos de vivienda ‘unifamiliar’ y de individualización del proyecto de vida. Investiga la “génesis de las disposiciones económicas del agente económico y, muy especialmente, de sus aficiones, de sus necesidades, de sus propensiones o de sus aptitudes (para el cálculo del trabajo, el ahorro o el propio trabajo)” (BOURDIEU, 2000, pág. 18). Comprendiendo su concepto de campo económico, es posible hilar desde Francia una noción que estructura la mentalidad del ‘agente económico’: “la economía de las condiciones de producción y de reproducción de los agentes y de las instituciones de producción y reproducción económica, cultural y social” (BOURDIEU, 2000, pág. 27).↵
- Al respecto del “influjo de Gramsci en Colombia”, Miguel Ángel Herrera (2013) refiere que en el contexto de los años setenta en la necesidad de “la construcción hegemónica alternativa al bipartidismo […] Colombia encontraba parecidos con la historia de la Italia del Resurgimento, por su tardía inserción en el capitalismo, donde la cuestión religiosa y campesina tenía tanto peso político y religioso” (HERRERA ZGAIB, 2013, pág. 21).↵
- Eric Hobsbawm señala en el Prólogo que los autores abordan “la investigación de los últimos años de la Violencia en el marco de un fenómeno más general se ha presentado en muchas partes del mundo: el bandolerismo, no visto simplemente en razón de su naturaleza ‘criminal’ sino en sus relaciones con la política y la sociedad de una época determinada. Aunque las guerrillas abiertamente políticas al estilo de las agrupaciones liberales y comunistas del período ‘no pueden incluirse bajo la categoría analítica de ‘bandolerismo’’, como señalan los autores de manera inequívoca, es también evidente que, después de la terminación formal de la guerra civil y de la instauración del Frente Nacional, los integrantes de las cuadrillas que siguieron activas en muchas regiones del país pueden y deben ser descritos en calidad de bandoleros. En efecto, resulta difícil discrepar de los autores cuando afirman que el bandolerismo colombiano, de 1958 a 1965, constituye el más vasto y formidable acontecimiento de su género en la historia occidental del siglo XX” (SANCHEZ & MEERTENS, 1984, pág. 8). Comprendido para los autores Sánchez & Meertens (1984: 14) que el estudio de bandoleros, gamonales y campesinos es un “aporte al estudio comparado del fenómeno, dando cuenta de lo particular y de lo común del caso colombiano […] frente a sus manifestaciones clásicas europeas (Italia, España) o latinoamericanas (Brasil, Perú)”. Sobre el caso italiano, reconocen rasgos de semejanza con el caso colombiano: “Rasgos de transformación semejante son los que se incuban en el bandolerismo de la Italia meridional a partir de 1861, es decir, recién pasada la guerra por la unidad nacional, cuando el problema de las tierras usurpadas por los ‘galantoumini’, hasta entonces latente, se convierte en el eje de la lucha de los bandoleros contra la burguesía agraria (Franco Molfese, Storia del Brigantaggio dopo l’Unitá. 5ª ed. Fetrinelli, Milán, 1970, pág. 120 y ss)” (SANCHEZ & MEERTENS, 1984, pág. 27 [Nota 18)).↵
- La dominación se ejerce “sin que la fuerza supere demasiado al consenso, sino que más bien aparezca apoyada por el consenso de la mayoría expresado por los llamados órganos de la opinión pública (los cuales, por esto, en ciertas ocasiones, son multiplicados artificiosamente). Entre el consenso y la fuerza está la corrupción-fraude (que es característica de ciertas situaciones de difícil ejercicio de la función hegemónica en que el empleo de la fuerza presenta demasiados peligros), o sea el debilitamiento y la parálisis provocada al antagonista o a los antagonistas acaparándose a sus dirigentes, encubiertamente por lo general, abiertamente en caso de peligro advertido al fin de crear la confusión y el desorden en las filas adversarias” (GRAMSCI, 1981, pág. 124).↵
- Al respecto, Thwaites Rey (2007) logra identificar que el ‘aparato represivo del Estado’ no sólo tiene en el Estado los límites de represión: ““Pero cabría todavía agregar otro elemento. En la perspectiva teórica de Gramsci es posible la presencia del elemento eminentemente coercitivo, aún en el seno de la sociedad civil. La existencia de grupos paramilitares o parapoliciales, que tuvieron expresión en la Italia fascista pero que también pueden ser identificados en sociedades latinoamericanas como Colombia o Brasil, por mencionar solo dos ejemplos, aún bajo Gobiernos formalmente democráticos, nos habla de la complejidad del fenómeno descrito por Gramsci” (THWAITES REY, 2007).↵
- Leyendo a Gramsci se entiende que: “Entre tantos significados de democracia, el más realista y concreto me parece que se puede extraer en conexión con el concepto de hegemonía. En el sistema hegemónico, existe democracia entre el grupo dirigente y los grupos dirigidos, en la medida en que [el desarrollo de la economía y por lo tanto] la legislación [que expresa tal desarrollo] favorece el paso [molecular] de los grupos dirigidos al grupo dirigente. En el Imperio Romano existía una democracia imperial-territorial en la concesión de la ciudadanía a los pueblos conquistados, etcétera. No podía existir democracia en el feudalismo por la constitución de grupos cerrados, etcétera” (GRAMSCI, 1984 [T3], pág. 313)↵
- Al respecto referimos en el Capítulo 4, el impacto de los informes económicos contratados por los Gobiernos de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, los cuales terminaron en instituciones especializadas que asesoraron al Ministerio de Hacienda y fundaron la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.↵
- Uno de los casos pendientes de profundizar sobre el poder jurídico es la apropiación de tierras. En específico la propiedad de la tierra quedo en muchos casos otorgada por la vía de comprar registros y matrículas en manos de los grandes terratenientes de las tierras más productivas del Valle y los Andes, obligando a los campesinos colonos a refugiarse en las selvas del Llano y la Orinoquía.↵
- Gramsci brinda una definición muy precisa de la hegemonía en la situación del equilibro de las relaciones de fuerzas, al señalar la relevancia de “tener en cuenta los intereses y la formación de un cierto equilibrio: es decir, que el agrupamiento hegemónico hace sacrificios de orden económico-corporativo, pero estos sacrificios no pueden afectar a lo esencial, porque la hegemonía es política pero también y especialmente económica, tiene su base material en la función decisiva que el agrupamiento hegemónico ejerce sobre el núcleo decisivo de la actividad económica” (GRAMSCI, 1981, pág. 173).↵
- Si bien es anterior al periodo de estudios, en este grado de las relaciones de fuerza vendrían las investigaciones concernientes al caso de la separación de Panamá en 1903, el cual tuvo lugar por los conflictos de divergencias políticas con auspicios e intereses internacionales en la conformación de una nueva República.↵
- Sobre Las Relaciones de Fuerza (GRAMSCI, 1999, pp. 168-169) hicimos referencia textual en apartado anterior.↵
- Las diferencias entre estos conceptos pueden revisarse en la siguiente referencia: “El Estado-Gobierno es concebido como organismo propio de un agrupamiento para crear el terreno favorable a la máxima expresión de este mismo agrupamiento, pero también esta evolución y esta expansión son vistas concretamente como universales, es decir, vinculadas a los intereses de los agrupamientos subordinados, como un desarrollo de equilibrios inestables entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios en los que los intereses del grupo fundamental prevalecen pero hasta cierto punto, al menos no hasta el egoísmo económico-corporativo. En la historio real estos momentos se complican entre sí, horizontal y verticalmente, o sea por actividad económica (horizontal) y por territorio (verticalmente), combinándose y escindiéndose de diversas maneras, y cada una de estas combinaciones puede estar representada por su propia expresión organizada económica y política. No obstante, hay que tener presente que a estas relaciones internas de un Estado-nación se entrelazan las relaciones internacionales, creando a su vez combinaciones originales e históricamente concretas. Una ideología, nacida en un país más desarrollado, incidiendo en el juego local de las combinaciones (la religión, por ejemplo, ha sido siempre una fuente de tales combinaciones ideológico-políticas nacionales-internacionales, y con la religión las otras formas internacionales, entre las que se encuentran los ‘intelectuales’ en general, la masonería, el Rotary Club, los judíos, la diplomacia internacional que sugiere expedientes políticos o los impone en determinados países, etcétera; la religión, la masonería, el Rotary, los judíos, pueden entrar en la misma categoría general de los ‘intelectuales’, cuya función principal, a escala internacional, ha sido la de mediar entre los extremos, la de encontrar compromisos intermedios entre las soluciones más extremas); esta relación entre fuerzas internacionales y fuerzas nacionales se complica aún más en el interior de cada nación por el hecho frecuente de la existencia de numerosas secciones territoriales nacionales de diversa estructura y de diversa relación de fuerzas en todos los grados […]” (GRAMSCI, 1999, p. 169). ↵
- Entiéndase la aclaración con la siguiente referencia al ‘nuevo Estado’: “Risorgimento. En la formación del Estado unitario italiano ¿ha habido una ‘herencia’ de todas las funciones político-culturales desempeñadas por distintos pequeños Estados anteriores o ha habido, desde este punto de vista, una pérdida neta? Esto es, la posición internacional que vino a ocupar el nuevo Estado resumía las posiciones particulares de los Estados regionales precedentes, o bien junto a lo que se ganó ¿hubo también algo perdido? Y las pérdidas ¿tuvieron una consecuencia en los años de vida unitaria del [18]61 al 1914? La cuestión no parece que sea ociosa. Es evidente, por ejemplo, que una era la relación que tenía con Francia el Piamonte con Saboya y otra la de Italia sin Saboya y Niza; esto puede decirse también para Suiza y para la posición de Ginebra. Igual para el reino de Nápoles; la influencia del Napolitano en el Mediterráneo oriental, las relaciones con Rusia e Inglaterra, no podían ser las mismas de Italia. Lo que podía permitirse a un Estado como el borbónico, de escasa potencia militar y relativamente pequeño, no podía permitírsele al nuevo Estado italiano” (GRAMSCI, 1999, pág. 100).↵
- Gramsci se refiere las formaciones sociales de las fuerzas políticas actuantes: “los reaccionarios moderados, municipalistas, los neogüelfos -democracia católica- y el Partido de Acción -democracia liberal de izquierda burguesa nacional. Las tres fuerzas están en lucha entre sí, y las tres son derrotas en el transcurso de dos años. Después de la derrota sucede una reorganización de las fuerzas hacia la derecha tras un proceso interno en cada grupo de clarificación y escisión. La derrota más grave es la de los neogüelfos, que mueren como democracia católica y se reorganizan como elementos sociales burgueses del campo y la ciudad junto a los reaccionarios, constituyendo la nueva fuerza de la derecha liberal-conservadora. Se puede hacer un paralelo entre los neogüelfos y el Partido Popular, nueva tentativa de crear una democracia católica, frustrada del mismo modo y por razones similares” (GRAMSCI, 2008, pág. 134). De este periodo sostiene que existe una literatura con “una importancia ‘documental’ para las épocas en que apareció. Los libros de la ‘derecha’ pintan la corrupción política y moral en el periodo de la Izquierda en el poder, pero las publicaciones de los epígonos del Partido de Acción no presentan como mejor el periodo de Gobierno de la Derecha. Resulta que no ha habido ningún cambio esencial en el paso de la Derecha a la Izquierda: el marasmo en que se encuentra el país no es debido al régimen parlamentario (que solamente hace público y notorio lo que antes permanecía oculto o daba lugar a publicaciones clandestinas libelistas) sino a la debilidad e inconsistencia orgánica de la clase dirigente y a la gran miseria y atraso del país. […]. No existen ‘partidos económicos’ sino grupos de ideólogos déclassés de todas las clases, gallos que anuncian un sol que nunca quiere salir” (GRAMSCI, 1999, pág. 360).↵
- Al respecto puede leerse una de sus críticas: “El panfleto de Stalin: Materialismo dialéctico y materialismo histórico representó un desastre intelectual e hizo mucho daño a la comprensión del enfoque teórico de Marx. El catecismo de la Comintern acabó con el presupuesto filosófico de la materialidad histórica. Lo más terrible fue la eliminación física de miles de seres humanos y el resquebrajamiento del modelo socialista a nombre de una supuesta verdad que el propio Marx cuestionó. Marx gustaba decir que no era marxista, si por marxismo se entiende toda una parafernalia policíaca, burocrática, ortodoxa y sectaria impuesta en los países socialistas y en los partidos comunistas. El paradigma que soñó realizar la libertad, la estranguló cuando instaló entre la conciencia y la realidad histórica el muro de la obediencia, de la repetición y de la uniformidad” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 22).↵
- Tal construcción puede leerse de esta manera: “En el fondo, Gramsci advirtió que no bastaba tomarse los ‘Palacios de Invierno’, señaló que la conciencia histórica no es producto de una elaboración externa de los sujetos, que el saber y el poder están relacionados con el sentir, con la vida cotidiana, que la teoría no es un reflejo mecánico de la realidad, sino que es una fuerza material, que el poder no está exclusivamente en la cúpula, sino, en todo el territorio del cuerpo social, que el Príncipe es un agente colectivo, que las culturas, la religiosidad popular, el folklore, el sentido común, las nacionalidades son claves estratégicas en la construcción de una nueva sociedad” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 31).↵
- Respecto a la ‘sociedad civil’ refiere que: “Marx y Gramsci otorgaron a la sociedad civil el momento activo y decisivo de la historia, con la diferencia de que, para el pensador italiano, aquélla no se circunscribe meramente a la órbita económico-estructural; y habita propiamente en la superestructura” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 57). Agregando que: “El traslado gramsciano de la sociedad civil a la superestructura significa la incorporación de las ideologías orgánicas, de la vida ciudadana, de la ética, de la escuela, del pensamiento y de la cultura en el terreno de la hegemonía política. […] El Estado se piensa entonces, no solamente, como sociedad política (partido, aparato estatal coercitivo, instituciones, castas políticas, etc.) sino también como sociedad civil (escuela, medios de comunicación, opinión pública, cotidianidad, cultura, etc.)” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 58).↵
- Dice Gantiva Silva (1993) que “Gramsci sugiere la noción de catarsis para explicar ‘el paso del momento meramente económico (egoistico-pasional) al momento ético-político, esto es, la elaboración superior de la estructura en superestructura en la conciencia de los hombres. Ello significa el paso de lo ‘objetivo’ a lo ‘subjetivo’ y, de la ‘necesidad a la libertad’ [Gramsci, Q. 10, p. 1244. MH, p. 47]” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 60). Suma a esto la siguiente interpretación: “Se podría decir que según el grado y sentido de la catarsis, la sociedad civil logra generar nuevos espacios, recuperar sujetos sociales y crear otros, replantear los términos de la cultura y abrir posibilidades para que surjan la creación, la pluralidad y la imaginación. Son nuevas formas del poder, más profundas de lo que parecen ser. La catarsis es el talante del proyecto; la nueva personalidad histórica que Gramsci representó en Maquiavelo y Leonardo Da Vinci (cultura, política y pensamiento libre), esto es, el modo de superación y creación de una nueva mentalidad que posibilite el (re)conocimiento de los sujetos y la identidad de su proyecto” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 60).↵
- Definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: Del lat. mod. catharsis, y este del gr. κάθαρσις kátharsis ‘purga’, ‘purificación’. 1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza (dle.rae.es).↵
- La siguiente mención lo deja explícito: “La idea de reconstruir la sociedad civil es un intento de recomponer las relaciones y diferencias entre el Estado y la sociedad civil, asentándolas en la cultura, en el pensamiento, en la democracia participativa y en la pluralidad crítica. El planteamiento gramsciano sugiere una modificación de fondo: la sociedad civil y el Estado conforman un bloque histórico, en el cual la sociedad civil atiende el horizonte de la cultura, de las concepciones del mundo, de las agencias educativas, de las organizaciones sociales y del pensamiento, no como oposición al mundo de la política, ni como función complementaria de la esfera de la sociedad política. Por el contrario, la nueva política se endereza hacia la reconstitución de la sociedad civil, o si se prefiere, en términos de Foucault, hacia la microfísica del poder” (GANTIVA SILVA, 1993, pág. 69).↵
- Este es el momento histórico que define Herrera Zgaib (2016) a partir de su lectura de Daniel Pécaut: “Para el caso colombiano desde 1948 y con la guerra social que sucede al asesinato de Jorge E. Gaitán, líder de los grupos subalternos en su demanda de paz en los campos y libertades democráticas para todos, se abrió una crisis de hegemonía del Estado colombiano, que se expresó en una “crisis de autoridad”, una crisis del estado en su conjunto que se resuelve con la marginación de los subalternos del campo y la ciudad (Pécaut, 2012)” (HERRERA ZGAIB, 2018, págs. 400-405; 408).↵
- Sin embargo, tal distinción se disuelve en apartes del capítulo: “el Estado ampliado articula el consenso necesario a través de organizaciones culturales, sociales, políticas y sindicales que, en el seno de la sociedad civil, se dejan libradas a la iniciativa privada de la clase dominante y en las que se integran las clases subalternas” (THWAITES REY, 2007).↵
- Entendiendo la siguiente extracción de la obra de Gramsci: “El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la población trabajadora” (en Gramsci 1981: 307)” (THWAITES REY, 2007, pág. 33).↵







