Alcances y límites del control
de información castrense
Antecedentes de la guerra
El conflicto de la soberanía de las Islas Malvinas entre la Argentina y el Reino Unido tiene su origen a principios del siglo XIX, aun cuando la Argentina no había terminado de consolidarse como un Estado moderno.
Este archipiélago del Atlántico Sur no registró vida humana en su territorio sino hasta el siglo XVII, durante las expediciones marítimas de los diferentes países europeos, que estaban en plena expansión colonial. El primer asentamiento colonial fue fundado por el explorador francés Louis Antoine de Bougainville, que fundó en 1764 Port St. Louis, luego conocido como Puerto Soledad. Al año siguiente, un segundo establecimiento fue fundado, en este caso por John Byron, un marino británico que sin tener conocimiento del establecimiento francés, fundó en la zona oeste de la isla Port Egmont.[1] Al siguiente año, tanto los colonos franceses como británicos se enteraron de la existencia de los establecimientos rivales, lo que desató la controversia diplomática. Al llegar la información de estos hechos a la Monarquía española, esta reclamó tanto a Francia como al Reino Unido que ambos países estaban rompiendo condiciones del Tratado de Utrecht de 1713, donde se confirmaba el dominio español sobre los territorios sudamericanos que incluían las Malvinas.[2]
Francia, en tanto aliada del reino de España, terminó accediendo a transferir el establecimiento fundado por Bougainville a dominio hispano. Finalmente, la colonia fue desmantelada previa indemnización a su fundador, y fue renombrada Puerto Soledad, como mencionamos más arriba, quedando como dominio bajo la jurisdicción del gobierno colonial de Buenos Aires.[3] En lo que respecta al caso del asentamiento británico, para junio de 1770 los españoles expulsaron a los colonos de Port Egmont, situación que escaló tensiones entre las dos coronas, pero que mediante gestión del embajador francés en Londres, fue resuelta para enero de 1771.[4]
A partir de allí, las islas quedaron bajo la administración de la Gobernación de Buenos Aires, posteriormente convertida en Virreinato. Consecutivamente, tras la Revolución de Mayo de 1810 y el posterior proceso de independencia, las islas pasaron al dominio de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, de acuerdo al principio de uti possidetis, donde la soberanía territorial del nuevo país quedaba determinada en función de los antiguos límites coloniales.[5] No será sino hasta 1820 que puede hablarse del inicio de la presencia efectiva de Argentina en las islas, cuando el gobierno de Buenos Aires le comisionó a la fragata Heroína, al mando del Coronel D. Jewitt, que tomara posesión efectiva de las mismas.[6] De aquí en adelante, el gobierno argentino enfrentó la difícil tarea de controlar la circulación de pesqueros extranjeros que se movían libremente por las islas para depredar su fauna.[7]
Para hacer más efectiva la legislación de regulación de explotación de fauna marina, en 1823 el gobierno de Buenos Aires le otorgó a Jorge Pacheco y Louis Vernet concesiones de tierras para establecer un asentamiento.[8] El segundo de estos, comerciante de origen francés, será nombrado en 1829 por el Gobierno de Buenos Aires como gobernador del archipiélago. Su mandato venía acompañado de una declaración de junio de 1829 donde Argentina reafirmaba su soberanía en las islas, por ser sucesora natural de España.[9] Este buscó establecer en la isla un enclave para explotar la pesca y caza de fauna marina.
El problema surgió cuando Vernet, como gobernante del lugar, empezó a establecer regulaciones sobre la pesca que venían desarrollando marinos de varios países en la región, sin ningún tipo de restricción efectiva hasta el momento. Esto causó la inmediata protesta del ministro de Relaciones Exteriores británico en Buenos Aires, reacción que no quedó solo en eso.[10]
La iniciativa de protesta del gobierno británico, motivó a otro país con intereses en la región, los Estados Unidos, a actuar. Utilizando la queja de un empresario norteamericano afectado por las nuevas regulaciones de pesca del gobierno argentino, el secretario de Estado norteamericano de aquel entonces, Martin Van Buren, envió una nota al embajador norteamericano en Buenos Aires, John M. Forbes para que proteste por la situación.[11]
Este episodio no tuvo continuidad ya que Forbes falleció en junio de 1831, sin poder actuar en función de lo requerido por Van Buren. Sin embargo, la escalada entre los Estados Unidos y la Argentina continuó poco después, ya que Vernet capturó el barco norteamericano Harriet, por infringir las leyes de pesca de las islas. En base a esto, el nuevo embajador norteamericano, George W. Slacum, expresó que no reconocía la autoridad de Vernet sobre el archipiélago, y declaró que los barcos norteamericanos tenían plena libertad de actuar como quisieran en aquellas islas.[12] De hecho, Slacum no tardó en pasar de las palabras a la acción. El funcionario recurrió al comandante Silas Duncan, de la fragata USS Lexington, recién arribada al puerto de Buenos Aires, para que tomara acciones intimidatorias contra el asentamiento argentino en las Malvinas.[13]
Para diciembre de 1831, la fragata norteamericana al mando de Duncan arrasó el asentamiento de Vernet, poniendo además a muchos habitantes en arresto temporario. Luego de declarar que las islas no le pertenecían a ningún gobierno, partió de las mismas con varios oficiales argentinos como prisioneros.[14] El violento accionar del marino norteamericano, fue seguido por reclamos diplomáticos entre Washington y Buenos Aires, que terminaron rompiendo las relaciones entre ambos países, las cuales no serían restauradas hasta 1844.[15]
El ataque del Lexington buscó ser aprovechado por los británicos, que enviaron a las islas dos navíos, el HMS Clio y el HMS Tyne, a tomar las mismas bajo bandera británica, llegando a Port Egmont en diciembre de 1832. En paralelo, la Argentina envió un nuevo gobernador para septiembre de 1832, Juan Mestivier, para restablecer el dominio sobre el archipiélago.[16] La empresa argentina se vio en rápidas dificultades, ya que Mestivier fue víctima de un levantamiento de sus propias fuerzas y posteriormente asesinado. Para enero de 1833, cuando José María Pinedo estaba restableciendo el orden en el asentamiento argentino, el HMS Clío al mando del capitán J. J. Onslow arribó e intimó a las autoridades argentinas a abandonar las islas y dejarle el control a los británicos, cosa que Pinedo hizo bajo protesta, al constatar la clara superioridad armada de las fuerzas británicas.[17] En ese momento comenzó la ocupación británica de facto en las islas.
A partir de allí, se inició una larga serie de reclamos diplomáticos e idas y vueltas entre ambos países, mediante los cuales la Argentina le exigió al Reino Unido la devolución de las islas. La Confederación Argentina, Estado que le sucedió a las Provincias Unidas, y luego la República Argentina, reclamaron ante el Reino Unido la devolución de las islas en varias ocasiones, sin obtener respuesta favorable.
Recién para mediados del siglo XX, y con la creación de las Naciones Unidas, la Argentina encontró un nuevo espacio para reclamar por la soberanía de las islas. En diciembre de 1960, en el organismo se aprobó la resolución 1514, conocida como “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, en la cual se ratificaba el respeto por la autodeterminación de los pueblos, la unidad nacional y la integridad territorial. Esta resolución dio lugar a un nuevo ciclo de negociaciones entre ambos países.[18] Si bien el argumento de autodeterminación de los pueblos debilitaba el interés argentino en el caso de la soberanía de las islas, Buenos Aires arguyó que para Malvinas el principio de autodeterminación debía estar subordinado a otros más importantes, como el de la unidad territorial del Estado, ya que la población de Malvinas había sido trasplantada, luego del desalojo violento de 1833.[19]
Para mediados de diciembre de 1965, se aprobó en la ONU una nueva resolución, conocida como la Resolución 2065, que invitaba a los dos países a negociar sobre la soberanía de las islas. Esta resolución era muy favorable para la Argentina, ya que reconocía que las Malvinas no son un territorio habilitado para ser descolonizado mediante el principio de autodeterminación. Retomando cuestiones de la resolución 1514, se hacía énfasis en una disputa de soberanía que se aplicaba al territorio, pero no a la población de las islas, y el Comité Especial creado para invitar a ambas partes a la negociación tendría en cuenta los intereses de los isleños, pero no sus deseos.[20]
A partir de aquí, se abrió un espacio de negociación de relativo optimismo para solucionar el conflicto, ya que el Reino Unido aceptó la validez de la resolución y se sentó a negociar. Este cambio de actitud estuvo motivado por la pérdida de importancia estratégica de las islas para los británicos, además de que estas se estaban volviendo económicamente inviables para ser mantenidas por la corona británica.[21] En consecuencia, en los años siguientes hubo numerosas negociaciones entre ambos países. El máximo acercamiento entre ambos se dio en julio de 1971, con la firma del Acuerdo de Comunicaciones.
Este acuerdo establecía una comisión formada por ambos países, la Comisión Consultiva Conjunta, con el objetivo de establecer comunicaciones entre Malvinas y la Argentina. Asimismo, incluían toda una serie de medidas tendientes a fomentar lazos entre el archipiélago y la nación sudamericana, como ventajas para la libre circulación de residentes argentinos e isleños en ambos territorios, así como facilidades para establecer actividades económicas en las islas. A esto se sumaban servicios aéreos y marítimos tanto del Reino Unido como de la Argentina para mejorar las comunicaciones y circulación de personas.[22] Esta declaración se fortaleció en 1972 con la construcción de un aeródromo de inversión argentina de la empresa LADE.[23]
Sin embargo, en los años siguientes, este clima de entendimiento y confianza comenzó a deteriorarse y las relaciones de ambos países respecto de la cuestión de las Malvinas volvieron a tensarse. Para 1973, la ONU emitió una nueva resolución, la 3160, que volvía a insistir en retomar las negociaciones según lo dicho en resoluciones anteriores. Pero en este caso, el gobierno británico, luego de la muerte del entonces mandatario Juan Domingo Perón en 1974, descartó cualquier cesión de soberanía argumentando no contar con la aprobación de los isleños.[24] Finalmente, para 1975, Gran Bretaña inició una serie de exploraciones en búsqueda de petróleo en el mar circundante a las islas, lo que despertó la queja del gobierno argentino, ya que no le reconocía al Reino Unido ningún derecho de explotar los recursos naturales de la región. Esto hizo que las relaciones bilaterales se deterioren aún más, dejando atrás los avances en las negociaciones de años anteriores.[25]
Los años previos a la guerra en Argentina y Reino Unido
La Argentina de los años ’70 era un país en franca convulsión. Los gobiernos militares de facto no lograban consolidar un régimen socialmente aceptable, y las alternativas políticas se veían frustradas por la proscripción del peronismo y por la imposibilidad de otros partidos de alcanzar un consenso social mayoritario. Esta situación pareció tener una solución posible con el retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina y con la apertura de un nuevo proceso electoral, ahora con el peronismo habilitado para participar libremente.
Sin embargo, las tensiones internas del peronismo, entre las tendencias más revolucionarias y las más tradicionales, sumadas a la violencia política generalizada y la prematura pero predecible muerte de Perón en 1974, no hicieron sino terminar con la posibilidad de una salida democrática a la crisis, y sentó las bases de un nuevo golpe militar. En otras palabras, el modelo populista de corte nacional-popular no tuvo éxito en conciliar la unidad de todos los sectores del país, dando lugar a una salida violenta de manos de las Fuerzas Armadas.[26]
El 24 de marzo de 1976 fue derrocado el gobierno de Isabel Perón, instaurando la más larga y cruenta dictadura cívico-militar de nuestro país. Avalada por los Estados Unidos, en su lucha contra la expansión de la influencia soviética en la Guerra Fría, esta nueva dictadura se proponía suprimir la conflictividad social nacional y estabilizar el país. Todo su gobierno estuvo marcado por un terrorismo de Estado y un plan sistemático de desaparición de personas, en franca violación de los derechos humanos.
La estabilidad del nuevo gobierno militar se sostuvo en dos reglas que eran novedosas respecto de las experiencias anteriores de gobiernos militares: la supremacía de la junta militar por sobre el poder del presidente y el reparto tripartito del poder.[27] Es decir, el poder estaba centrado en la junta, compuesta en partes iguales por miembros de la Armada, Fuerza Aérea y Ejército, y de allí hacia abajo todos los cargos estatales también se distribuían en tercios. Sin embargo, el Ejército, siendo la fuerza más numerosa, pudo mantener una primacía, por ejemplo, en el hecho de que los presidentes fueron siempre seleccionados de su sector a lo largo de toda la dictadura.
Todo su gobierno estuvo caracterizado, además de por las medidas de terrorismo de Estado que mencionamos más arriba, por una serie de reformas profundas en el ámbito económico, bajo la base de apotegmas neoliberales, que generaron una primacía de la economía financiera por sobre la producción y el trabajo, desencadenando un largo proceso de recesión y desindustrialización del país, lo que generó un fuerte malestar social. Asimismo, el gobierno militar llevó a cabo una fuerte política de rearme, comprando armamento moderno para las tres fuerzas, a base de un fuerte endeudamiento externo.[28]
Ahora bien, otra cuestión que dio un viraje en aquellos años fue la política nacional respecto a cómo solucionar la cuestión de la soberanía de las Malvinas. Si bien el camino de apelar a la negociación vía Naciones Unidas no sería abandonado, al interior del gobierno militar se fue imponiendo la idea de que la Argentina podía tomar una acción directa más contundente para recuperar la soberanía de las islas.[29]
Una retórica mucho más virulenta en el ámbito de la diplomacia se fue generando desde la Argentina en relación a la disputa con Gran Bretaña sobre las islas, y para inicios de los ’80, con la Armada Argentina como uno de los tres pilares del gobierno militar, diferentes iniciativas de desembarco y recuperación de las islas por la fuerza se fueron analizando. Así y todo, no se puede hablar de un plan de operación formal o estructurado, en referencia a la recuperación de las islas. Desde la Segunda Postguerra hasta el enfrentamiento bélico de 1982, los militares argentinos no hicieron esfuerzo alguno desde sus instituciones por la realización de una planificación ofensiva y/o defensiva en relación con Malvinas.[30]
El deseo de recuperación, que existía en el imaginario colectivo y empezaba a vislumbrarse como posible desde las cúpulas de la dictadura, no vino acompañado por estudios serios desde la fuerza en años anteriores. Aun así, los vaivenes de la política interna, además de la apreciación de que desde el Reino Unido se estaba dando poca importancia a las islas, daba pie a esta posibilidad. Por ejemplo, la política de recortes en las fuerzas armadas británicas impulsada por Margaret Thatcher en esta misma época fue vista desde la Argentina como una señal de debilidad de los británicos, generando la hipótesis de que estos podrían no actuar violentamente si sus islas fuesen atacadas.[31]
Mientras tanto, la subida al poder de Margaret Thatcher como primera ministra de Gran Bretaña también fue un cambio importante en la historia política británica. Además de ser la primera ministra mujer de aquel país, fue el inicio de un viraje hacia políticas neoliberales que buscaban disminuir el rol del Estado y dejar la economía a manos de las fuerzas del mercado. En sus primeros años, estas políticas causaron gran malestar en la sociedad británica. Una recesión importante fue acompañada por alta inflación y conflictividad social de los sectores trabajadores, los más perjudicados por estas medidas. Asimismo, la respuesta desde el gobierno fue la represión policial, lo que aumentaba más la tensión.[32]
En base a este panorama de ambos gobiernos, la imposición de los modelos económicos neoliberales estaba generando malestar en ambos países, amén de las distancias entre una dictadura militar impuesta por la fuerza, y el gobierno de Thatcher que llegó al poder en elecciones libres. Sin embargo, parece claro que ambos gobiernos estaban en un difícil momento en términos de estabilidad y apoyo social, por lo que la guerra de Malvinas sirvió como una distracción de los males internos, así como una oportunidad para relegitimar ambas gestiones.
La chispa inicial
Para febrero del año 1982, en el marco de las Naciones Unidas, ambas naciones habían establecido el armado de una comisión para solucionar sus disputas en torno a las islas. En paralelo, la cúpula argentina deducía que los británicos no tenían idea de la urgencia y los planes de acción directa que Argentina preparaba.[33] Ya para mediados de diciembre del ’81, Jorge Isaac Anaya, integrante de la junta militar por la Armada, le ordenó al vicealmirante Juan José Lombardo, que preparara un operativo para recuperar las islas mediante el uso de la fuerza.[34]
La mirada del entonces presidente de la Junta Militar, Leopoldo Fortunato Galtieri, sobre la operación era positiva, ya que suponía que tendrían el amparo de los EEUU por la buena relación con el gobierno de Ronald Reagan.[35]
Ahora bien, el desencadenante material del conflicto fue la llegada de un barco de una compañía chatarrera argentina a un viejo asentamiento ballenero en las Georgias el 20 de marzo de 1982. Este barco iba a desguazar las instalaciones balleneras de una empresa escocesa, en base a un contrato del año 1979.[36] El viaje se realizó en un buque de la Armada Argentina, también con previo aviso y permiso de Gran Bretaña.
Sin embargo, al llegar a destino, un grupo de científicos británicos de la British Antartic Survey que estaban en el lugar, al ver el desembarco de tanto civiles como militares y un posterior izamiento de la bandera argentina, informaron al Foreign Office británico. Londres, en consecuencia, exigió el retiro del personal argentino, bajo la amenaza de desalojo por la fuerza mediante el envío del HMS Endurance.[37] Esta situación activó las alertas de ambos gobiernos, pero más que nada sirvió como una suerte de Casus belli para la ejecución del operativo de recuperación de las islas por parte del gobierno argentino.
Para el 26 de marzo, la Junta le informó a Lombardo que los planes para retomar las islas se adelantarían (el tiempo estimado para la ejecución era entre mayo y junio), y asimismo se le comunicó a Nicanor Costa Méndez, ministro de Relaciones Exteriores que estaba encargado de lidiar desde la diplomacia con la situación, la decisión de tomar las islas por la fuerza dos días después.[38]
Operación Azul/Operación Rosario
La operación de reconquista de las islas tomó acción material en los últimos días de marzo, con dos fuerzas de tareas de la Armada Argentina que zarparon desde Puerto Belgrano. Esta sería una operación conjunta, con la participación de apoyo aéreo y el Regimiento Nro. 25 del Ejército Argentino, a cargo del Teniente Coronel Mohamed Alí Sineldín, conocido por ser el supuesto causante del cambio de nombre de la Operación Azul a Operación Rosario.[39] El principal objetivo de la misión para retomar las islas consistía en realizar un ataque anfibio nocturno, con cero derramamiento de sangre, basado en que se desarrolle una operación sorpresiva.
Sin embargo, esto distó de salir como los militares argentinos lo habían planeado. En primer lugar, el factor sorpresa se perdió al poco tiempo de lanzado el operativo. Las autoridades de las islas ya estaban anoticiadas del mismo, y tomaron medidas de seguridad para reforzar la vigilancia de los puntos fuertes de las islas.[40] Esto hizo que el choque violento fuera inevitable, lo que redujo las posibilidades de que no se generen bajas. De todos modos, esto no desalentó a los mandos argentinos, dada la superioridad numérica de la fuerza invasora en relación con la guarnición de defensa de las islas.
Entre la noche y la madrugada del 1 y 2 de abril, la Fuerza de Tareas argentina llegó a las costas cercanas a la capital de las islas, apoyada por navíos de la Armada nacional en las cercanías. Mientras tanto, el gobernador de las islas Rex Hunt, ya informado de los desembarcos, declaró el estado de emergencia y lanzó avisos a los habitantes de que se mantengan en sus casas. Los efectivos argentinos avanzaron en un primer momento casi sin resistencia por la capital, y recién a las 6 de la mañana del 2 de abril se produjeron los primeros intercambios de disparos en las cercanías de la Residencia del Gobernador. El combate terminó a las pocas horas, con la rendición de las fuerzas británicas para las 9 de la mañana.[41] La operación se saldó con 3 bajas del lado argentino: la muerte del capitán de corbeta Pedro Giachino y dos soldados heridos más que fueron en su ayuda cuando el capitán cayó en combate. Giachino fue el primer muerto de toda la guerra. Sería finalmente repatriado al continente y enterrado con todos los honores, construyéndose así la figura del primer héroe de guerra del bando nacional.
Finalmente, para el mediodía las islas estaban bajo el control total de la Argentina, y las fuerzas de defensa británicas fueron deportadas a Uruguay al día siguiente. Los días posteriores se completó el pase del control de las islas a las fuerzas del Ejército, y el 7 de abril el General Menéndez asumió como gobernador de las islas.
Respuesta británica y reorganización defensiva
Si bien el conflicto de Malvinas tiene numerosas aristas abiertas, que generan debate entre los investigadores, hay un acuerdo general de que el operativo militar lanzado por las fuerzas argentinas no tenía la intención de escalar a un conflicto bélico a gran nivel, ni a una guerra defensiva prolongada ni mucho menos. La reconquista de las islas, para la dirigencia argentina, era una movida más en la discusión diplomática, que le permitiría al país discutir la soberanía desde una posición de fuerza.[42] No había intención alguna de mantener un conflicto bélico de larga duración e intensidad, y en consecuencia no se había realizado planificación para esta eventualidad. Este problema de la falta de planificación hizo que la campaña de parte de las Fuerzas Armadas argentinas se viera condicionada en varios frentes.
Tanto las reacciones internas como externas fueron inesperadas según la lectura de la Junta Militar. En primer lugar, el masivo apoyo popular que se reflejó en la movilización a Plaza de Mayo luego del anuncio de la reconquista de las islas, llenó de entusiasmo y optimismo al gobierno militar. Luego de varios años de resistencia y medidas que afectaban a la sociedad argentina, parecía que habían dado en la tecla con este operativo bélico. A la vez, la reacción internacional no se hizo esperar, y desembocó en la resolución 502 de las Naciones Unidas, impulsada por los EEUU y Gran Bretaña, que instaba a romper relaciones diplomáticas con la Argentina y exhortaba al país a retirarse inmediatamente del archipiélago.[43]
Estos factores hicieron que la Junta replanteara las medidas luego de la ocupación de las islas. En vez de seguir la lógica del circuito diplomático, tomó la decisión de enviar más efectivos para la defensa de las islas con el objetivo de comenzar una campaña defensiva ante cualquier intento británico de recuperarlas por la fuerza. Un apresurado llamamiento y transporte de efectivos comenzó a realizarse para reforzar defensivamente las Malvinas. El Teatro de Operaciones Malvinas (TOM) fue reemplazado por el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS). Asimismo, mediante decreto presidencial, una parte de los conscriptos clase ’62 que se hallaban realizando el servicio militar fueron llamados a movilizarse, al igual que cadetes del Colegio Militar. Además, se movilizaron otros regimientos regulares para reforzar al ya estacionado regimiento N° 25.[44]
En lo que respecta a la defensa marítima, la preparación argentina también se vio sumida en la improvisación y la poca capacidad de autonomía. El primer problema que limitó la operatividad de las fuerzas nacionales, fue la hipótesis de guerra con Chile.[45] La tensión que se había dado en torno a la fijación de limites alrededor del canal de Beagle entre Argentina y Chile, que por poco no desencadenó en un conflicto bélico, hizo que las fuerzas armadas argentinas se mantengan atentas al movimiento del país limítrofe, lo cual reducía la capacidad de movilizar tropas para defender las islas.[46]
Asimismo, las fuerzas navales argentinas presentaban una inferioridad notoria en lo que respecta a la calidad y cantidad de sus unidades en comparación con la fuerza de tareas británicas que se dirigía al Atlántico Sur para retomar las islas. La Flota Argentina contaba con solo dos submarinos operativos, y no había nada en el arsenal nacional que pudiera hacer frente a los submarinos nucleares británicos. Además, ninguna de las unidades navales restantes podía tomar la iniciativa porque en comparación con sus homólogas británicas, carecían de rango de acción y capacidad de daño. Por lo tanto, el primordial objetivo de la Armada Argentina fue la de preservar la flota.[47]
En lo que respecta a la Fuerza Aérea, y en función de la misma lógica de conservación que guió a la Armada, esta careció de mayor autonomía por dos razones. En primer lugar, la no utilización del Portaaviones 25 de Mayo como una unidad ofensiva desde donde lanzar ataques, por considerarse demasiado arriesgado[48], y en segundo lugar la no preparación de la pista de aterrizaje en Malvinas para los aviones de combate argentinos.[49]
Por lo tanto, gran parte de la campaña dejó a las Fuerzas Armadas Argentinas sin capacidad de iniciativa para poder repeler los distintos intentos británicos de recuperación. Sin planificación, y en inferioridad de condiciones en lo que respecta a unidades militares, los mandos argentinos solo pudieron actuar a reacción y a la defensiva, en función de resistir las iniciativas británicas.
La guerra hasta el hundimiento del ARA
General Belgrano
El mes de abril, más allá del hecho de la recuperación argentina del dominio de las islas, estuvo relativamente exento de acciones bélicas por los dos países. La Task Force británica destinada a recuperar las islas aún tenía un largo viaje por todo el Atlántico, con su pausa logística en la isla Ascensión. En definitiva, gran parte del mes de abril estuvo ocupado por las idas y vueltas diplomáticas entre los dos países desatadas a partir de la invasión argentina. En paralelo se dio la preparación de la defensa argentina del archipiélago, y militarmente hablando, solo aconteció la reconquista de las Georgias por los británicos.
El derrotero diplomático
A pocas horas de controladas las islas por las Fuerzas Armadas Argentinas, la Junta Militar recibió su primer revés en organismos internacionales, en este caso en el Consejo de Seguridad de la ONU. A pedido del Reino Unido, el Consejo sancionó la Resolución 502, que exigía el cese de hostilidades y el retiro de las tropas argentinas del archipiélago. A su vez, alentaba a los países en conflicto a buscar una solución diplomática. Esta resolución en esencia condenaba la acción argentina, colocándola en el lugar de país agresor. Además los EEUU, contrario a la hipótesis de los altos mandos argentinos, votó a favor de la misma apoyando a su tradicional aliado.[50]
A pesar de este inicial apoyo al Reino Unido, será desde los EEUU de donde saldrán las intervenciones más fuertes en pos de llegar a una solución no violenta del conflicto por Malvinas. Para los primeros días de abril, Washington envió a su Secretario de Estado, Alexander Haig, a una serie de viajes a Londres y Buenos Aires, para tratar de llegar a algún acuerdo pacífico.[51] Esta actitud estuvo motivada por la posición norteamericana como poder mundial en el hemisferio occidental, capaz de intervenir para remendar la situación. Una guerra abierta entre Argentina y el Reino Unido debilitaría la imagen de los Estados Unidos como potencia con la capacidad de mantener la paz y estabilidad en su esfera de influencia, por lo que el gobierno de Reagan buscó activamente que la Argentina aminorara las tensiones y llegue a un acuerdo con los británicos.[52]
La propuesta de Haig, que viajó los primeros días de abril entre las capitales de los países en conflicto, planteaba el retiro de las fuerzas argentinas, así como el retroceso de la flota británica que estaba viajando hacia el sur. Las islas serían administradas de forma tripartita, mientras ambos países negociaban. Además, se tendrían en cuenta los intereses de los isleños, referéndum mediante. Pero tempranamente se vieron posiciones irreconciliables entre la Argentina y el Reino Unido. La respuesta británica a este primer acercamiento fue que no habría ningún tipo de negociación sobre el archipiélago si las tropas argentinas no se retiraban y la administración británica era restaurada.[53]
La reacción argentina también fue negativa a la propuesta, ya que bajo ningún punto de vista iba a ceder la soberanía y control de las islas que había obtenido luego del 2 de abril. El gran apoyo popular que tuvo la recuperación de Malvinas, más el complejo funcionamiento de poder tripartito de la Junta Militar, hizo nebuloso su juicio, cargándolo de una emocionalidad que bloqueó los posibles acuerdos diplomáticos.[54] Ejemplo de esto fue la reacción de Haig al visitar la Argentina en la primera ronda de reuniones, donde Galtieri llevó al funcionario norteamericano a contemplar la masiva marcha convocada en esos días para ver el apoyo popular que la causa tenía en el país. Pero esto, en vez de reforzar la posición argentina, surtió un efecto contrario en el Secretario de Estado, que comparó la situación argentina con la revolución iraní del ´79.[55]
Hubo una segunda serie de propuestas en los siguientes días de abril cuando Haig volvió a viajar entre ambos países. En este caso, llevó a Londres una serie de puntos que implicaban el retiro de las tropas argentinas de las islas, más un alto de la flota británica a mil millas del archipiélago. Además, deberían levantarse las sanciones económicas contra la Argentina, y las islas serían administradas por las Naciones Unidas, los EEUU, Argentina y el Reino Unido. A partir de ahí, se avanzaría en una negociación que involucrara los deseos de ambas partes y los intereses de los isleños.[56] En este caso, el bando británico decidió esperar, y no se expresó antes que sus homólogos argentinos, intuyendo que la respuesta sería negativa.[57] Dado que ceder la soberanía de las islas era una suerte de línea roja para la Junta, se rechazaron de nuevo los planes del funcionario norteamericano, y este dio al poco tiempo por concluida su gestión. A partir de allí los EEUU apoyaron más abiertamente al Reino Unido.
Sin embargo, las gestiones internacionales de la Argentina tuvieron su punto fuerte en la figura del ministro de Relaciones Exteriores Nicanor Costa Méndez, que, para finales de abril, obtuvo en el marco de la OEA una exitosa convocatoria del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para prestar ayuda a la Argentina, con las negativas de los Estados Unidos, Trinidad y Tobago, y Colombia. Pero el problema fue que cuando el TIAR finalmente sesionó, logró sacar una resolución favorable para Argentina, pero que no activaba ninguna medida de apoyo militar.[58]
Ya con las acciones bélicas reanudadas, en primer lugar, con la reconquista de las Georgias para fines de abril por los británicos, más el hundimiento del Belgrano, la capacidad de resolución diplomática se fue esfumando rápidamente. El hundimiento del navío argentino, como explicaremos más adelante, fue un punto de inflexión en la guerra, ya que dejó casi sin iniciativa naval a la Armada Argentina, que se replegó a aguas más seguras. Además, la acción causó polémica porque el mismo fue hundido fuera de la zona de exclusión establecida por los británicos. Asimismo, su destrucción provocó más de trescientas muertes de efectivos argentinos, prácticamente la mitad de las bajas de este país durante todo el conflicto. Sin embargo, hubo algunas tentativas más para frenar la guerra por vías diplomáticas.
El siguiente intento de negociaciones fue el encabezado por el presidente peruano Fernando Belaúnde Terry. Este trató de generar puntos en común entre la Junta Militar y Alexander Haig, para componer una nueva serie de condiciones para presentar a los británicos.[59] Esta serie de negociaciones comenzó a finales de abril e inicios de mayo, donde también se esperaba que el ministro de Asuntos Exteriores británico llegara a los Estados Unidos para analizar el nuevo posible acuerdo.[60] El gran problema fue que esta propuesta coincidió justamente con que el submarino nuclear Conqueror hundió el crucero ARA General Belgrano, lo que finalmente hizo que la Junta rechazara de cuajo los términos propuestos.[61]
En simultáneo, también desde las Naciones Unidas se estaba generando una serie de tratativas para terminar con el conflicto. Estas gestiones fueron encabezadas por el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. Este planteó una serie de puntos que postulaban el cese al fuego, y la administración provisional de las islas a cargo de la ONU. Además se darían negociaciones entre los países en litigio, que debían tener en cuenta los intereses de los isleños.[62] Los puntos fueron analizados de manera positiva por ambos países en una primera instancia. Pero el problema surgió cuando a la parte argentina le llegó la propuesta con los comentarios británicos. En ellos se excluía a los territorios de las islas Georgias y Sándwich del Sur de la negociación, lo que generó una nueva demanda de la Argentina para que se los incluyera.[63] Esto hizo que los británicos rechazaran seguir negociando, y para el 20 de mayo, las gestiones de Pérez de Cuellar finalizaron.[64] En simultáneo, el gabinete de Guerra británico ordenó comenzar con el desembarco en Malvinas.[65]
Para finales de mayo y acercándonos a junio, los combates terrestres en las islas se habían generalizado, y la solución militar se convirtió en la única salida contemplada por los países enfrentados. Ahora bien, unos últimos intentos de llegar a un cese al fuego se plantearon para los primeros días de junio. Para este momento, la diplomacia argentina en función de buscar apoyos internacionales, giró su discurso ciento ochenta grados, asistiendo Costa Méndez a la Reunión del Movimiento de No Alineados en La Habana, Cuba. Allí, el mandatario argentino enarboló un discurso anticolonialista y se reunió con el líder socialista Fidel Castro.[66]
A los pocos días, se logró convocar, en el ámbito del Consejo de Seguridad, una reunión para votar una resolución de un inmediato cese al fuego, impulsada por España y Panamá. Esta contó con el apoyo de nueve países, incluyendo el de la Unión Soviética, miembro permanente del organismo. Pero el veto conjunto del Reino Unido y los EEUU anuló la medida. Para estos días ya la capital de las islas estaba siendo rodeada por fuerzas británicas y estos no tenían otra intención más que la solución militar para recuperar las mismas, cosa que terminó sucediendo.[67]
Recuperación de las Georgias, maniobras marítimas y el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano
La fuerza de tareas organizada rápidamente para la recuperación de las Malvinas por parte de los británicos fue conformada a partir de decenas de barcos de guerra de la Armada Británica, así como buques mercantes de apoyo y transporte de pasajeros. Asimismo, regimientos de marines iban seguidos por efectivos de paracaidistas, así como por hombres del SAS, las fuerzas especiales británicas.[68] Sin embargo, dicha fuerza debía navegar hasta la Isla Ascensión, a la base militar de los EEUU para reabastecimiento, y los primeros barcos en llegar a la misma tocaron tierra recién el 19 de abril.[69] Al día siguiente, los británicos iniciaron una exploración aérea desde Ascensión hasta los mares circundantes de las Georgias, para verificar la presencia de navíos argentinos en los alrededores. Al ser negativa la exploración, iniciaron el movimiento de una parte de las fuerzas de tareas, que sería destinada a recuperar este archipiélago.[70] Denominada “Operación Paraquet”, los efectivos británicos llegaron navegando a estas islas el 21 de abril, para desalojar a los 50 soldados de la Armada Argentina que custodiaban las islas.[71]
Sin embargo, el plan de reconquista británico se vio obstaculizado ya que las condiciones climatológicas hicieron que los dos primeros intentos de arribar a las islas fueran abortados. Los primeros combates comenzaron recién con la llegada del submarino ARA Santa Fe, que venía a reforzar el contingente argentino, el 25 de abril. Detectado por las fuerzas británicas días antes, se evaluó neutralizar la posible amenaza que podía ser para los británicos, antes de reanudar los intentos de desembarco en las islas. Así fue como, atacado con cargas de profundidad, el submarino fue severamente dañado por los británicos. Esto hizo que el comandante argentino decidiera rendirse ante las fuerzas británicas que al mismo tiempo habían desembarcado en las afueras de la posición argentina. Para las 5 de la tarde del 25 de abril, el regimiento argentino se había rendido a sus homólogos británicos.[72]
Las siguientes iniciativas militares, luego del episodio de las Georgias, ocurrieron en el escenario marítimo. Allí se produjo un acercamiento de la flota británica que maniobraba en preparación para el futuro desembarco, mientras la Armada Argentina trataba, dentro de sus posibilidades de ver cuál era la mejor maniobra defensiva para dificultar las operaciones del enemigo.
Sin embargo, las iniciativas defensivas de la Armada Argentina no dejaron de estar condicionadas por la situación de inferioridad operativa respecto de sus homólogos británicos, así como por la improvisación de las decisiones tomadas por sus mandos. Por ejemplo, para fines de abril, los navíos argentinos estaban separados en 3 grupos por fuera de la zona de exclusión marítima declarada por los británicos. La intención de esta formación era obligar a dividir a la fuerza de tareas británica y poder tener alguna oportunidad ofensiva más favorable.[73]
En base a esto, los mandos nacionales tenían la intención de realizar un ataque de pinzas sobre la Armada Británica, utilizando por un lado el grupo de navíos agrupados alrededor del portaaviones ARA 25 de Mayo, y por el otro los agrupados en el crucero ARA General Belgrano. Sin embargo, cuestiones climáticas y operativas hicieron que la capacidad de maniobrabilidad del portaaviones estuviese disminuida, así como la capacidad de ataque de los aviones que podían despegar del mismo.[74] Finalmente, la operación fue abortada y los navíos volvieron a sus posiciones previas.
En su retirada, el General Belgrano fue avistado por un submarino nuclear británico. Como estaba fuera de la zona de exclusión marítima declarada por el Reino Unido, se pidió autorización para torpedearlo. A pesar de estar navegando hacia el continente y abortando la misión de ataque descrita anteriormente, Reino Unido consideraba al navío argentino una amenaza importante, por lo cual dio la orden de atacar. El ARA General Belgrano fue impactado y posteriormente hundido.[75] Más de trescientos argentinos murieron a causa del hundimiento, lo que al final de la guerra representó cerca de la mitad de los fallecidos del bando argentino. El episodio generó la decisión de la Armada de llevar todas las unidades navales a zona segura o directamente a puerto, lo que dejó a la Argentina prácticamente sin capacidad bélica marítima durante el resto del conflicto. Asimismo, el hundimiento del Belgrano terminó por cercenar cualquier esperanza de solución diplomática.
Mayo, la guerra se intensifica
La pérdida del crucero ARA General Belgrano y el repliegue de la Armada, hicieron que la dirigencia argentina se replanteara los modos de defender la soberanía de las islas. Será a partir de mayo cuando las acciones de la Fuerza Aérea Argentina tomen notoriedad, ya sea como elemento de ataque contra la Fuerza de Tareas británica, así como forma de abastecer a los efectivos apostados en las islas, ya que, con los posteriores hundimientos del Sobral e Islas de los Estados, el puente marítimo argentino se vio interrumpido.
Al no tener la opción de operar desde el portaaviones ARA 25 de mayo, las operaciones de la Fuerza Aérea fueron dirigidas desde el continente, específicamente desde la base de Río Grande, y según las misiones, reabastecidas desde el aire por un Hércules C-130 utilizado como posta de combustible.[76]
Al mismo tiempo, y con la amenaza marítima argentina neutralizada, los británicos comenzaron las operaciones para preparar el futuro desembarco en el archipiélago. Estos planes incluyeron operaciones aéreas de bombardeo para debilitar las posiciones argentinas antes del desembarco. Utilizando como base la isla Ascensión, comenzaron las acciones de bombardeo que tomaron por sorpresa a los defensores argentinos.[77] Dichos ataques se mantuvieron a lo largo del resto del conflicto, sin embargo, no cumplieron el objetivo inicial de dejar fuera de operaciones al aeropuerto de las islas, para así romper el puente aéreo de Malvinas con el continente.[78]
En respuesta a estos bombardeos, así como al hundimiento del Belgrano, la Fuerza Aérea Argentina realizó misiones de ataque contra los buques británicos. Estas tuvieron mucho éxito en cuanto a dañar la estructura marítima de las fuerzas navales británicas. Buques destructores como el HMS Sheffield y el HMS Coventry, más las fragatas HMS Ardent y HMS Antelope, y el barco mercante HMS Atlantic Conveyor fueron hundidos. Asimismo, varios navíos británicos más fueron dañados en bombardeos argentinos.[79] No hubo en ningún momento para los británicos la sensación de que podían aproximarse y atacar las defensas de las islas sin tener represalias de la aviación argentina.
De hecho, para el 21 de mayo, cuando tuvo lugar el primer intento de desembarco británico, a pesar de haber tomado por sorpresa a los defensores, la reacción de las unidades de la Fuerza Aérea complicó severamente el objetivo de establecer una cabeza de playa de parte de los efectivos británicos, así como dañó y hundió muchos de sus navíos.[80] El continuo daño provocado por los aviadores argentinos a las fuerzas británicas siguió dificultando el operar de estas, que debieron soportar su embate incluso durante los combates terrestres.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, el daño que las operaciones de ataque aéreas argentinas podían ocasionar a las fuerzas británicas conllevó un elevado costo. La pérdida de aeronaves así como de pilotos en cada operación fue considerable.[81] La Fuerza Aérea Argentina perdió cerca de 50 aeronaves de combate, más de la mitad de la totalidad de estas. Asimismo, la efectividad de sus operaciones se vio disminuida considerablemente por fallas de sus armamentos, como por ejemplo varios casos de bombas y misiles que no detonaron.[82] En definitiva, la capacidad superior de maniobra y operatividad del bando británico se hacía notar. Para finales de mayo se establecieron desembarcos de tropas eficaces y los defensores argentinos debieron centrarse en repeler por tierra a las fuerzas que buscaban retomar Puerto Argentino.
Intentos de desembarco británicos y campaña terrestre final
Para finales de mayo y principios de junio, los conflictos entre fuerzas argentinas y británicas siguieron intensificándose, pero ahora ya en el espacio terrestre del archipiélago. Comenzarían en estos días las participaciones más importantes de los cuerpos de infantería argentinos que defendían las islas, tratando de repeler la avanzada británica, que terminaría finalmente con la capitulación nacional y la recuperación británica de Puerto Argentino.
El desarrollo final de la guerra tuvo mucho que ver con el planteamiento defensivo de las islas por parte de la Argentina. El plan inicial de reconquista de las islas y posterior negociación con Gran Bretaña debió ser abandonado rápidamente, vista la reacción del país europeo. A partir de allí, comenzaron improvisadamente las medidas para establecer una defensa de las Malvinas por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas. El centro del plan de defensa del General Menéndez, gobernador de facto de las islas, era bastante simple: el principal objetivo a defender sería la posesión de la capital, Puerto Argentino, rebautizada así luego de la recuperación argentina, antes Port Stanley. Esta decisión, además de dejar en una situación bastante estática las posibilidades de maniobra de las fuerzas argentinas, generó que la suerte de toda la campaña, ya sea para el Reino Unido o la Argentina, se defina con el control de la capital.[83]
Por el lado británico, los planes de desembarco estaban previstos para finales de mayo, dado que además de tener en cuenta el traslado de su Fuerza de Tareas y la resistencia de las fuerzas argentinas, la cuestión climática empeoraría si los plazos se estiraban.[84]
El primer desembarco británico se orquestó para el 21 de mayo. El lugar elegido fue la Playa de San Carlos, una bahía ubicada en un extremo occidental de la Isla Soledad, a alrededor de 100 kilómetros al oeste de Puerto Argentino. El plan de desembarco se fue desarrollando con relativa tranquilidad para los efectivos británicos, ya que fueron detectados tardíamente por las fuerzas terrestres argentinas, y estas no realizaron ningún tipo de acción defensiva. Además, el desembarco se realizó de forma nocturna, mientras se estaban dando acciones distractoras en otros puntos de la isla.[85]
Sin embargo, esto no quiere decir que la maniobra británica se haya dado con facilidad. Como mencionamos más arriba, hubo reacción de parte de la Fuerza Aérea Argentina, que actuó con rapidez enviando incursiones contra las embarcaciones que apoyaban el desembarco.[86] Estas diezmaron a la flota británica, y esto restringió severamente la capacidad de acción de las fuerzas de desembarco.
Comienzan los combates terrestres
Asentadas las fuerzas británicas en su cabeza de playa en San Carlos, comenzaron los movimientos de tropas para acercarse al objetivo final de recuperar Puerto Argentino. Aquí, hubo dos movimientos principales. Uno, de oeste a este de la isla, que tenía como objetivo llegar a Puerto Argentino de manera relativamente directa. Pero a su vez, hubo un segundo movimiento, con dirección al sur, que buscaba asegurar terreno para evitar un hipotético flanqueo de tropas argentinas.
A 20 kilómetros del lugar de desembarco británico, en el poblado de Pradera del Ganso, se había establecido una guarnición de tropas argentinas. El lugar es un pequeño istmo que unía dos cuerpos de la Isla Soledad, por lo que tenía un valor estratégico. Por lo tanto, el mando británico planteó tomar este puesto para tener mejor asegurada su avanzada hacia la capital. La operación estaba planificada para los dos días siguientes al desembarco, pero dados los daños al aparato logístico británico provocados por la aviación argentina, esta debió posponerse para el día 28.[87]
Las fuerzas argentinas que custodiaban el lugar formaban parte de la Fuerza de Tareas Mercedes, de poco más de mil hombres. Sin embargo, esta fuerza aun estando anoticiada del desembarco británico, no tomó acciones ofensivas por la falta de medios para las mismas. No obstante, el plan de ataque británico distó de ser lo sencillo que se suponía. Comenzado el ataque, los defensores argentinos resistieron fieramente los embates británicos, al punto de que el oficial a cargo de la operación fue muerto en combate. Asimismo, 50 argentinos y 18 británicos perdieron la vida en aquella batalla.[88] Para las primeras horas del 29 de mayo, estando completamente rodeada por fuerzas británicas, la guarnición argentina se rindió.
Mientras tanto, y teniendo la confianza de que las fuerzas británicas terminarían asegurando el flanco sur, el otro grupo de efectivos británicos marchaba dificultosamente con dirección a la capital de las islas. Esto fue porque la mayoría del traslado logístico y de tropas debió hacerse a pie, dada la falta de helicópteros a consecuencia de los ataques de la Fuerza Aérea Argentina. Sin embargo, el recorrido de los efectivos británicos hacia Puerto Argentino fue relativamente tranquilo, ya que por cuestiones climáticas no hubo ataques aéreos enemigos. Asimismo, las unidades de fuerzas especiales del SAS, enviadas en la vanguardia y encargadas de explorar el terreno, no encontraron resistencia significativa de parte de los comandos argentinos, lo que les permitió llegar a los terrenos elevados alrededor de Puerto Argentino. Solo para los últimos días de mayo, una patrulla de SAS se encontró con una patrulla de comandos argentinos, la cual luego de una corta persecución, fue derrotada.[89] Esto les permitió a las fuerzas británicas tener una buena exploración del terreno circundante a la capital y planificar de manera eficaz la ofensiva final.
Batallas en los alrededores de Puerto Argentino
Con la intención de reforzar los efectivos que se aproximaban a Puerto Argentino desde el oeste, los mandos británicos decidieron enviar nuevos efectivos desde el sur, para fortalecer a sus fuerzas terrestres y rodear las posiciones defensivas argentinas desde múltiples frentes. El contingente fue enviado en dirección al asentamiento de Fitz Roy, al suroeste de Puerto Argentino. Asimismo, estuvo escoltado por varios navíos británicos, que le sirvieron de protección y apoyo logístico.[90]
El problema de este movimiento residía en que la amenaza de ataque aéreo de la FAA estaba latente. Consecuentemente, al ser avistados los barcos británicos por fuerzas argentinas, estas comunicaron la situación y se ordenó un ataque aéreo. Para el 8 de junio, y con un buen clima, las aeronaves argentinas realizaron ataques que causaron un gran daño a los británicos. Los navíos HMS Sir Tristam y HMS Sir Galahad fueron alcanzados por bombardeos aéreos, sufriendo graves daños, con un saldo de 49 efectivos británicos muertos y más de cien heridos. Fue un importante traspié para los británicos, y envalentonó a la Junta Militar argentina con la posibilidad de una defensa efectiva de la capital.[91]
Sin embargo, las fuerzas británicas que venían por el oeste y el norte, llegaron a las posiciones defensivas nacionales. El enfrentamiento era inminente y se notificó a todas las unidades argentinas que se prepararan para el combate.
La defensa de la capital estaba estructurada en forma circular, protegiendo los alrededores de Puerto Argentino estableciendo puntos fuertes en los lugares más elevados. Estos puntos eran Monte Longdon al noroeste, monte Dos Hermanas al este y monte Harriet al sur. En el interior de ese perímetro, también se hallaban destacamentos defensivos en Wireless Ridge y el monte Tumbledown. El dominar estas posiciones daría superioridad táctica sobre la posterior toma de la capital. Mientras que, para junio, las fuerzas británicas no dejaron de avanzar hacia estos puntos, la defensa argentina permaneció estática. Ni siquiera el ataque aéreo exitoso del 8 de junio propició una posible contraofensiva, principalmente porque se carecía de medios para llevarla a cabo.[92]
El plan de ataque británico consistía en tomar por asalto Monte Longdon, Dos Hermanas y Harriet. Los ataques se llevaron a cabo mayormente durante la noche, aprovechando la ventaja de los visores nocturnos, equipo del que carecía la mayoría de las tropas argentinas. Sin embargo, esto no facilitó significativamente las operaciones británicas, ya que los efectivos argentinos defendieron con fiereza sus posiciones. En Monte Longdon, los británicos tuvieron 23 muertos, mientras que los defensores 36, en el ataque que iniciaron entre el 11 y el 12 de junio.[93] Mientras tanto, unidades de comandos británicos atacaban las posiciones argentinas en Dos Hermanas. Con el apoyo de fuego naval, las fuerzas británicas pudieron tomar la posición. Las bajas aquí fueron menores, solo 4 muertos británicos, y ningún argentino, principalmente por una maniobra de retirada exitosa apoyada por el gran esfuerzo del soldado conscripto Oscar Poltronieri, quien, apostado en un nido de ametralladora, cubrió a sus compañeros de manera heroica. Posteriormente sería condecorado por el Estado argentino.[94] Finalmente, el ataque a monte Harriet fue una exitosa maniobra de rodeo, apoyada por intenso fuego de artillería, que generó pánico en las fuerzas defensoras. En este asalto dos británicos y 10 argentinos perdieron la vida. Para el 12 de junio, las tres elevaciones estaban a manos de las fuerzas armadas británicas.
Con estas posiciones aseguradas, para la mañana del 13 de junio los británicos lanzaron un nuevo ataque al anillo defensivo interior de Puerto Argentino. Apoyados por fuego de morteros y artillería, las fuerzas británicas tomaron las posiciones de Wireless Ridge y Tumbledown, para luego avanzar sobre la ciudad. A pesar de las medidas desesperadas de contraataques argentinos, la defensa nacional capituló, luego de haber fallecido cerca de 100 combatientes.[95] El 14 de junio, el gobernador de las islas, luego de una comunicación con el presidente Galtieri, fue autorizado a contactarse con su par británico y negociar la rendición.
El frente interno: censura y control de información durante la Guerra de Malvinas en la Argentina dictatorial
En cualquier conflicto bélico moderno, el manejo de las noticias sobre la guerra es considerado por ambos bandos como un aspecto crucial del mismo. La información que circula respecto del conflicto puede ser utilizada para levantar la moral de las fuerzas propias, así como para desmotivar a los rivales. Asimismo, su mal uso puede dar lugar a crisis, ya sea en el frente o en la sociedad civil que se ve involucrada, así como a la filtración de información sensible sobre recursos u operaciones bélicas propias al enemigo. Por eso mismo, los países en guerra suelen tomar recaudos respecto del manejo y circulación de la información sobre el desarrollo del conflicto en su propio territorio. Por lo tanto, para poder analizar cómo se van conformando las representaciones en la prensa gráfica argentina, es necesario adentrarnos en cuál era la capacidad que tenían los diarios para acceder a información sobre la guerra, y cuánta libertad tenían para publicarla.
Asimismo, en el caso particular de la participación argentina en la Guerra de Malvinas, debemos considerar un segundo factor: que el país se encontraba gobernado por una dictadura cívico-militar, donde ya desde su inicio, además de las violaciones a los DDHH con su política de terrorismo de Estado, se habían implementado diferentes medidas de control sobre la prensa nacional.
Ni bien iniciado el gobierno militar, mediante el golpe de Estado orquestado por las Fuerzas Armadas el 24 de marzo de 1976, los episodios de intervención, censura y clausura de los medios de prensa aumentaron. El nuevo gobierno buscó “normalizar” la circulación de información en los medios de prensa gráfica de manera centralizada. El comunicado N° 19 de la Junta Militar estableció penas de prisión indeterminadas a cualquier medio o persona que reprodujese información contra las Fuerzas Armadas y a favor de las agrupaciones guerrilleras.[96]
A partir de esto, y en los días siguientes al golpe, todos los medios gráficos fueron anoticiados por funcionarios del gobierno de que, a partir de entonces, antes de publicar sus ediciones, debían acercar ejemplares de lo que se publicaría a una oficina ubicada en Casa de Gobierno, encargada de estas funciones.[97] A esta oficina se la denominó “Servicio Gratuito de Lectura Previa”.[98] Allí eran revisados todos los artículos periodísticos por funcionarios castrenses, y ellos eran quienes determinaban el visto bueno o malo para su publicación.[99]
Asimismo, se establecieron desde el Estado diferentes comunicados, memorándums, recomendaciones y “listas negras” que complementaron los sistemas de censura y control de información existentes en periodos democráticos anteriores.[100]
Las políticas de la dictadura militar para con los periódicos no se quedaron en simples comunicados y medidas gubernamentales, sino que llegaron a ser feroces. El asesinato y desaparición de periodistas fue una práctica frecuente, como por ejemplo, la muerte y posterior desaparición de Rodolfo Walsh. Asimismo, se realizaron intervenciones de diarios, siendo la más conocida la del diario La Opinión, a cargo de Jacobo Timerman, que junto con otros trabajadores del periódico, sufrió de parte del gobierno de facto detención, torturas y posterior expulsión del país.[101] Su diario fue intervenido, y gestionado por funcionarios castrenses, hasta su cierre unos años después.[102] Este hecho sirvió como ejemplo para los periódicos que osaran contradecir la línea informativa oficial, lo que condujo a un fenómeno generalizado de autocensura en los medios gráficos del país.[103]
Entonces, si nos enfocamos en términos de la capacidad de informar libremente de los medios de prensa gráfica nacional, vemos que con la asunción de la dictadura del ’76, desde el Estado se implementaron numerosas medidas para controlar la circulación de información, que restringieron significativamente la capacidad de la prensa. Sin embargo, esta capacidad de control y censura de parte de la dictadura no fue total. Si bien en la primera etapa del régimen se puede hablar de un período de fuerte persecución, control y censura a la prensa, que incluyó episodios de autocensura, hacia el inicio de la década del ’80, la capacidad del Estado nacional de controlar a los medios comenzó a debilitarse, permitiendo las primeras posibilidades de crítica desde la opinión pública.[104] El debilitamiento del mecanismo represor y las complicaciones económicas, sumadas a la crisis interna dentro de las facciones militares que encabezaban la dictadura, generaron las condiciones para esta apertura relativa.
Ahora bien, el comienzo de la Guerra de Malvinas hizo que desde el Estado se tratara de reforzar cuestiones de manejo y control de información, ya no tan centrados en la política interna del gobierno, sino en poder regular la información acerca de los acontecimientos en Malvinas que llegaba al continente.
En principio, se podría suponer que el control de información de parte de las Fuerzas Armadas nacionales en relación al conflicto debía ser relativamente simple. Las Islas Malvinas están muy alejadas de la capital del país, centro neurálgico de los principales medios de comunicación, y además el control del territorio y las vías de comunicación lo ejercían las Fuerzas Armadas, por lo que cualquier información o corresponsal que quisiera informar sobre la guerra debía pasar por el control castrense. Sin embargo, este sistema tuvo sus fisuras.
El mismo día de la reconquista, el secretario de Información Pública del gobierno argentino se reunió con los principales medios de prensa, para informarles que todas las noticias relativas al hecho se centralizarían en el Estado Mayor Conjunto. Asimismo, fijó una serie de pautas a tener en cuenta a la hora de informar sobre Malvinas, que entre algunos puntos, prohibía contradecir la información oficial, alegando razones de seguridad.[105]
Sin embargo, a medida que avanzaba el conflicto, las diferentes tomas de decisiones parecieron realizarse de forma descoordinada e improvisada. Esto se debe en un primer punto, a la hipótesis de que no iba a darse un conflicto militar abierto, ya que se pensaba que Gran Bretaña no vendría a retomar las islas por la fuerza. La única medida importante que se tomó al inicio del conflicto respecto de esto fue la ya mencionada decisión del Estado Mayor Conjunto de emitir una orden de centralizar y supervisar la información relativa al conflicto austral.[106]
En el ámbito castrense, el sector de la defensa que se encarga de manejar la información de un conflicto se denomina “Acción Psicológica”. La podemos definir como la rama de la estrategia militar que se encarga de influir en las mentes de los individuos mediante el uso y manipulación de información. Durante el conflicto de Malvinas, esta fue manejada de forma centralizada desde el Estado Mayor Conjunto, pero sin ningún tipo de planificación previa. Los primeros documentos relativos a las medidas a tomar para la acción en este aspecto fueron el Plan de Comunicación Social “Recuperación de Malvinas”, emitido el 10 de abril de 1982, y posteriormente el “Esquema general para la campaña de acción psicológica sobre Malvinas”, que fue aprobado el 21 de abril.[107] Como se ve, documentos y planes realizados ya con el conflicto en curso.
La clave de esta forma centralizada de articulación de la información para la Acción Psicológica era que toda la información debía pasar antes de ser publicada o transmitida a cualquier medio, por el Estado Mayor Conjunto para su análisis y selección. Todo el personal militar tenía prohibido efectuar declaración alguna a cualquier medio de prensa, y cualquier material fílmico o fotográfico también debía ser remitido al Estado Mayor Conjunto para su análisis y selección.[108] En síntesis, el EMC parece haber estado sobrecargado de funciones en lo que respecta a la Acción Psicológica, siendo este aspecto uno más de todos los que se deben tener en cuenta a la hora de gestionar un conflicto bélico en curso.
Asimismo, a lo largo de la guerra se fueron promulgando comunicados desde la Junta Militar y el EMC, que referían a cuestiones de la Acción Psicológica. Los primeros de estos iban dirigidos al público en general y hacían referencia a que la única información verídica sobre la guerra era la emitida por medios oficiales.[109] En estos también se daban consejos a la población acerca de cómo manejar la circulación de noticias. En primer lugar, estar atentos a la importante acción de propaganda que Gran Bretaña iba a realizar. Además, se pedía a la población ser pacientes con el flujo de información, ya que, si se sucedían muchos días sin noticias, esto reflejaba la seriedad de los organismos gubernamentales que se encargan de controlarla antes de transmitirla.[110]
Recién a finales de abril de 1982, la Junta Militar estableció un acta que disponía el control de la información en medios gráficos por razones de seguridad nacional.[111] Entonces, en primera instancia, si bien podemos afirmar que desde el Gobierno se trataron de imponer diferentes controles a la circulación de información en los medios gráficos, muchas de estas medidas se tomaron de manera improvisada y ya con el conflicto en curso, por lo que podemos inferir que no hayan sido del todo efectivas.
Ahora bien, si nos enfocamos en las medidas que se implementaron para tratar de controlar a los corresponsales de guerra y demás trabajadores de prensa apostados en las islas, se manifiestan problemas similares.
A los pocos días de empezado el conflicto, la Junta Militar ordenó la salida de todos los periodistas de las islas. Solo dejaron circular en la misma a un pequeño porcentaje de periodistas y trabajadores de prensa argentinos, que obtuvieron el permiso castrense.[112] El movimiento de trabajadores estuvo siempre coordinado por miembros de las Fuerzas Armadas.[113] Sin embargo, muchos relatos de los propios corresponsales en las islas afirman que podían eludir con facilidad las medidas de control de los efectivos militares, y que la capacidad de recopilar información e imágenes se hacía con relativa libertad. Si bien había controles a los periodistas de sus fotografías y su información, estos las escondían entre sus pertenencias y, entregando otras en su lugar, hacían que las fotos que ellos tomaban en Malvinas llegasen a todos los diarios que quisieran obtenerlas.[114]
A partir de mayo, con el aumento de la actividad bélica, cuando uno supondría que deberían reforzarse los medios de control sobre los trabajadores de prensa, estos pudieron seguir trabajando con cierta libertad debido a las fallas de coordinación entre las fuerzas defensoras. Habiendo oficiales de fuerzas diversas que se encargaban de controlar la labor de los periodistas, que diferían en criterios, los mismos empezaron a pedir autorizaciones de trabajo a los oficiales que eran más flexibles, para así poder trabajar con mayor tranquilidad. Además, la información producida por los corresponsales tenía diferentes canales de tránsito hacia la Argentina continental, por lo que también se podían eludir los circuitos de censura que iban desde Malvinas hasta Buenos Aires. Hasta se dieron episodios de colaboración de efectivos militares con los trabajadores de prensa, ya que estos podían comprarles suministros en los negocios de la isla, y así también hacerles llegar noticias de ellos a sus familiares.[115] En definitiva, si los corresponsales tenían problemas para ejercer libremente su profesión, fue más en lo referido a cuestiones operativas sobre la posibilidad de moverse fácilmente por el entorno, dado la falta de medios, el estado de guerra y el difícil terreno de las islas, que por directivas de censura de parte de las autoridades castrenses.
Ya en el continente, si los materiales y la información llegaban, podían hasta caer en manos de los periodistas foráneos y así ser utilizados en diarios del exterior. Los corresponsales extranjeros no tuvieron acceso a las islas, y una gran parte de estos estaban en Comodoro Rivadavia, sin capacidad de ir más al sur del país. Pero eso generó un espacio donde periodistas o militares argentinos que sí tenían acceso a imágenes e información de las islas, las vendieron ilegalmente a estos corresponsales.[116] En definitiva, no por la falta de medidas gubernamentales, sino más bien por la impericia de su aplicación, se generó un espacio de circulación de información sobre la guerra, que podía fluir bastante bien desde el frente de batalla hacia los medios de prensa nacionales en la capital.
Además, si seguimos analizando las fuentes de información que tenían los medios de prensa, también existen otros mecanismos por los cuales los diarios conseguían información sobre las islas. Estamos hablando específicamente de fuentes internacionales que, a pesar de los intentos de control de información de la dictadura, continuaron funcionando.
En primer lugar, los grandes diarios argentinos suelen conseguir información de agencias de noticias internacionales, que son empresas que recaban datos y los venden en el mercado. Es más, en muchos casos, las fuentes de estas noticias fueron la primera opción de obtener información, por encima de los proveedores nacionales como la Agencia TELAM, que operó en Malvinas.[117] Por esta vía se puede inferir que los diarios nacionales podían tener acceso a acontecimientos sobre la Guerra de Malvinas que circulaban tanto en Reino Unido como en el resto de los países extranjeros.
En segundo lugar, los corresponsales internacionales se convirtieron en un segundo espacio de donde conseguir información desde el exterior. Los diarios nacionales más importantes contaban con corresponsales en las grandes capitales del mundo, como Londres, Washington y Nueva York, lo que les daba otro espacio desde el cual conseguir datos sobre el conflicto por fuera de la zona de influencia de la dictadura militar.[118]
Frente a todo esto, podemos extraer ciertas conclusiones respecto a la capacidad o no de censura y control de información sobre la Guerra de Malvinas de parte del gobierno nacional.
No se puede negar que la dictadura militar ni bien asumió en el año ‘76 implementó medidas respecto del control de la información en los medios de prensa nacionales, utilizando desde medidas legales, hasta el accionar contra medios y trabajadores de prensa con los mecanismos represores del terrorismo de Estado implementado. Asimismo, estas políticas más las actitudes de acercamiento al régimen de varios medios de prensa hicieron que la autocensura de temas sensibles al gobierno fuese la norma en las publicaciones de la prensa gráfica argentina.
Ahora bien, para los últimos años de la dictadura, estos mecanismos se habían ablandado, y diferentes diarios empezaron a despegarse de la línea oficial para generar críticas al gobierno.
Comenzada la Guerra de Malvinas, para reforzar el frente interno y controlar la moral durante la guerra, el gobierno trazó medidas de control de información relativa al conflicto. Pero estas medidas parecen haber sido implementadas de manera apresurada e improvisada, y consecuentemente no tuvieron una efectiva implementación. Mientras los periodistas en Malvinas tenían claros los mecanismos para que su información llegara a sus medios esquivando la censura, los principales medios de prensa tenían además fuentes internacionales de las que podían nutrirse para saber de la guerra.
En síntesis, si bien debemos afirmar que existió un contexto de censura y control de la información sobre Malvinas desde el gobierno nacional, que trató de imponerle directivas a la prensa gráfica, este contexto mismo dejaba lugar a cierta autonomía de parte de los propios medios, para que se generara un flujo de noticias que difería de la intencionalidad oficial.
Este flujo de noticias, que generó representaciones particulares de la guerra, estuvo signado por varios factores, como la línea editorial de cada medio gráfico, pero también porque las propias empresas periodísticas, como un elemento más de la sociedad civil, fueron guiadas por sentimientos de triunfalismo y efervescencia nacional, sumados a la necesidad de vender más ejemplares, en una Argentina que estaba ávida de noticias sobre Malvinas.[119]
En resumen, parece que la falta de acción y la improvisación fueron la norma en las políticas de acción psicológica y control de información interna durante la guerra. Esta improvisación también puede verse en la poca coherencia del control de los corresponsales de guerra en las islas durante el conflicto. Las primeras medidas en este aspecto referían a la prohibición de que hubiera periodistas de cualquier tipo en Malvinas.[120] Pero para el 9 de abril, se decide que pueda asistir un periodista por agencia nacional de noticias autorizada, pero no de agencias extranjeras. Sin embargo, 4 días después, se autoriza a enviar un obispo anglicano, representantes de la comunidad inglesa, así como representantes de una agencia de noticias europea y otra norteamericana.[121] Las idas y vueltas continúan, ya que para principios de mayo, se emite otra orden al gobernador de las islas, afirmando que los únicos medios autorizados a estar e informar allí son ATC y TELAM.[122]
Esta exploración preliminar nos permite llegar a la idea general de que los intentos de propaganda, control de información y censura posibles en el frente interno durante la Guerra de las Malvinas, estuvieron muy limitados. Falta de planificación, improvisación y medidas contradictorias entre sí, sumado a una falta de capacidad gubernamental para implementar las medidas dispuestas, dan un marco de poca capacidad para llevar a cabo eficazmente algún tipo de propaganda y control de medios efectiva.
Esto nos da un panorama donde los medios nacionales pudieron moverse con mucha más libertad de lo que se piensa, no por decisión de la dictadura militar, sino por su ineficacia a la hora de impedirlo.
Conclusiones
La Guerra de Malvinas constituye un evento con enorme relevancia para la Argentina contemporánea. Como vimos, es un conflicto que tiene su origen en el siglo XIX, con el episodio principal de la usurpación británica de 1833, en el contexto de los intentos del gobierno argentino por afianzar, de manera aún precaria, su soberanía nacional en todo el territorio heredado post independencia de España.
De allí en adelante, la Argentina reclamará muchas veces por la devolución de estos territorios al Reino Unido, pero recién será en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando bajo el paraguas de la ONU, se darán negociaciones más proclives a una posible resolución de la disputa.
Pero los inicios de la década del ’70 verán truncados estos avances, volviendo a una relación tensa entre ambos países por la cuestión Malvinas. En una Argentina convulsionada social y políticamente, la llegada de la dictadura militar de 1976 pretendía solucionar estos problemas a través del uso sistemático del terrorismo de Estado y la aplicación de una política de profundas reformas económicas. El fracaso de este modelo para los inicios de la década del ’80 hace que altos mandos del gobierno consideren seriamente la posibilidad de la intervención militar en el archipiélago de Malvinas para, por un lado, dar solución a la disputa por la soberanía, así como volver a legitimar el ya desgastado régimen castrense ante la sociedad argentina.
El plan de la Junta Militar, que suponía un operativo rápido de recuperación, para luego sentarse a negociar con Reino Unido, presuponiendo un apoyo del gobierno de Reagan, estaba situado sobre premisas erróneas. Pronto, y de manera muy improvisada, el país se vio sumido en una guerra defensiva que no pudo sostener ante la potencia militar británica. Y ese contexto de improvisación y falta de herramientas gubernamentales adecuadas para implementar sus objetivos se reflejó también en las políticas tendientes a controlar la información sobre la guerra y poder regular lo publicado en los grandes medios de prensa gráfica nacional.
Como vimos más arriba, los controles puestos de manera apresurada e improvisada, así como las medidas contradictorias que fueron implementándose, dejaron espacio para que los corresponsales de guerra en Malvinas pudiesen traficar exitosamente información sobre la guerra que llegó al continente y posteriormente a los medios de prensa. Además, estos medios podían obtener información desde el exterior del país. Ávidos de vender ejemplares a una sociedad argentina que urgía informarse sobre la guerra, pudieron moverse con relativa autonomía, a pesar de las medidas de censura y control impuestas desde el gobierno nacional.
Teniendo en cuenta este panorama, de aquí en adelante desarrollaremos las representaciones que construyeron los grandes medios de prensa gráfica de la Argentina sobre la Guerra de Malvinas, en su esfuerzo por informar a la sociedad civil sobre el conflicto bélico.
- HASTINGS, Max, JENKINS, Simon, The Battle for the Falklands, Pan Books, London, 2010 (1era. ed. 1983), EPUB.↵
- HASTINGS, Max, JENKINS, Simon, The Battle for…, op. cit., EPUB.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands Clash of 1831-32: US and British Diplomacy in the South Atlantic”, en Diplomatic History, Vol. 24, N° 2, 2000, p. 186; TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas 1982 A War of Two Sides, Routledge, New York, 2023, p. 6. ↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., pp. 186–188.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas:Gran Bretaña y Estados Unidos ante una causa Latinoamericana”, en ALONSO DE A. R. PEREIRA, Henrique; CARVAHLHO, Haroldo Loguercio; NETTO, Sebastiao Leal (Organizadores), Relacoes Interamericanas, Natal, EDUFRN, 2015, p. 144.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., p. 190.↵
- HASTINGS, Max, JENKINS, Simon, The Battle for…, op. cit., EPUB.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., pp. 190-191.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., p. 191.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 6.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., p. 192.↵
- HASTINGS, Max, JENKINS, Simon, The Battle for…, op. cit., EPUB.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., p. 195.↵
- MAISCH, Cristian J., “The Falkland/Malvinas Islands…”, op. cit., p. 198.↵
- FREEDMAN, Lawrence, The official history of the Falklands Campaign, Vol. 1: The Origins of the Falklands War, Routledge Taylor & Francis Group, London, 2005, p. 6.↵
- FREEDMAN, Lawrence, The official history…, op. cit., p. 6.↵
- FREEDMAN, Lawrence, The official history…, op. cit., p. 7.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas: Gran Bretaña y Estados Unidos…”, op. cit., p. 150.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas: Gran Bretaña y Estados Unidos…”, op. cit., p. 150.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas: Gran Bretaña y Estados Unidos…”, op. cit., pp. 150–151.↵
- DILLON, G. M., The Falklands, politics and war, London, Palgrave Macmillan, 1989, p. VIII.↵
- CARASSAI, Sebastián Pablo, Lo que no sabemos de Malvinas: Las islas, su gente y nosotros antes de la guerra, siglo XXI, 2022, 300 p.; GOMEZ, Federico Martin, “Los Acuerdos de Comunicaciones de 1971. Desarrollo, potencialidades y materialización de la presencia del Estado argentino en las Islas Malvinas”, en GOMEZ, Federico Martin (Comp.), A 50 años de los Acuerdos de Comunicaciones de 1971: actores, acciones, escenarios, La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 2021, p. 28; COCONI, Luciana, ¿ISLAS MALVINAS O FALKLAND ISLANDS? La cuestión de la soberanía sobre las islas del Atlántico Sur, Asociación para las Naciones Unidas en España, 2007, p. 10.↵
- GOMEZ, Federico Martin, “Los Acuerdos de Comunicaciones…”, op. cit., pp. 28–29.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas: Gran Bretaña y Estados Unidos…”, op. cit., p. 152.↵
- MORGENFELD, Leandro, “Malvinas: Gran Bretaña y Estados Unidos…”, op. cit., pp. 152–153.↵
- SVAMPA, Maristella, “El populismo imposible y sus actores 1973-1976”, en JAMES, Daniel, Nueva Historia Argentina, 1955-1976, Volumen IX, Buenos Aires, Sudamericana, 2003.↵
- CANELO, Paula, “Los efectos del poder tripartito. La balcanización del gabinete nacional
durante la última dictadura militar” en Prohistoria, núm. 17, año XV, 2012, p. 130.↵ - TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 18.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 13.↵
- DALLA FONTANA, Luis Esteban, “Guerra de Malvinas Los planes previos a 1982: ¿Verdad o solo analogías?”, en TATO, María Inés, y SOPRANO, German (Dir.), Malvinas y las Guerras del siglo XX, Teseo Press, Buenos Aires, 2022, pp. 168 – 170.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 13.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 15.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 25.↵
- CARDOSO, O.R., KIRSCHBAUM, R., VAN DER KOOY, E., Malvinas La trama secreta, Sudamericana, Buenos Aires, 2012 (1era. ed. 1984), p. 5. ↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 26.↵
- CARBONE, Lourdes Valeria, “Génesis de la guerra de Malvinas”, en Centro Argentino de Estudios Internacionales, Programa Historia de las Relaciones Internacionales, p. 31.↵
- CARBONE, Lourdes Valeria, “Génesis de la guerra…”, op. cit. p. 32.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 29.↵
- SOPRANO, German, “Hay una guerra para cada hombre”. Tres experiencias de combate de oficiales subalternos del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino en la Guerra de Malvinas”, en Pasado Abierto. Revista del CEHis, Nº 15, Mar del Plata, enero-junio 2022, p. 195.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 42.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 44-45.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the Falkands/Malvinas Islands Campaign”, en Naval War College Press, Vol. 41, No. 1 1988, p. 38.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 56.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 57.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 39.↵
- CHURCH, Jon Marco, “La Crisis del canal de Beagle”, en Estudios Internacionales, Año 41, No. 161, 2008, pp. 7-33; ESCUDE, Carlos, “Argentine Territorial Nationalism”, en Journal of Latin American Studies, Cambridge UniversityPress, Vol. 20, No. 1, 1988, pp. 139-165.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 75–76.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 39.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 38.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social de la Argentina (1880–2000), Buenos Aires, Ediciones Macchi, 2018, p. 784. ↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 56.↵
- NOVARO, Marcos, PALERMO, Vicente, La dictadura militar 1976-1983: del golpe de Estado a la restauración democrática, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 445.↵
- BOYCE, D. George, The Falklands War, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2005, p. 82.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 64–65.↵
- CARDOSO, Oscar Raúl, VAN DER KOOY, Eduardo, KIRSCHBAUM, Ricardo, Malvinas, la trama secreta, Buenos Aires, Sudamericana, 2012, (1era. ed. 1984).↵
- BOYCE, D. George, The Falklands…, op. cit., p. 83.↵
- NOVARO, Marcos, PALERMO, Vicente, La dictadura militar…, op. cit., p. 447.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., pp. 785–786.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., p. 786.↵
- DILLON, G. M., The Falklands, politics and war, London, Palgrave Macmillan, 1989, p. 148.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 66.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., p. 786.↵
- DILLON, G. M., The Falklands, politics…, op. cit., p. 161.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., p. 786.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 66.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., p. 787.↵
- DILLON, G. M., The Falklands, politics…, op. cit., p. 165.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 68.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 69.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 70.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 71.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 72.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 76.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 40.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 40.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 83.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 85.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 86.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 40.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 94-95.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 99.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 40.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 103-104.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 110.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., p. 45.↵
- TRAIN, Harry D., “An Analysis of the…”, op. cit., pp. 45–46. ↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 122.↵
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- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 127–129.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 130–131.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 131-132.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 135.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 137.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 138.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., pp. 140-141.↵
- Comunicado Nº 19 de la Junta Militar, 24 de marzo de 1976.↵
- ULANOVKY, Carlos, Paren las rotativas…, op. cit., p. 92.↵
- DE LOS SANTOS ROJAS, María Paula, “La censura cultural durante la dictadura militar argentina: 1976-1983”, en Philologica Urcitana. Revista Semestral de Iniciación a la Investigación en Filología, Vol. 12, Departamento de Filología, Universidad de Almería, 2015, p. 61.↵
- DE LOS SANTOS ROJAS, María Paula, “La censura cultural…”, op. cit., p. 61.↵
- BORRELLI, Marcelo, “VOCES Y SILENCIOS: LA PRENSA ARGENTINA DURANTE LA DICTADURA MILITAR (1976-1983)”, en PERSPECTIVAS DE LA COMUNICACIÓN, Vol. 4, Nº 1, Universidad De La Frontera, Temuco, Chile, 2011, p. 32.↵
- PASSARO, María Marta, “La embestida de la Dictadura contra el diario La Opinión. Las dos primeras intervenciones militares (1977-1978)”, en Tram[p]as de la comunicación y la cultura, N.º 78, FPyCS | Universidad Nacional de La Plata, 2016, p. 95.↵
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- BORRELLI, Marcelo, “VOCES Y SILENCIOS: LA PRENSA…”, op. cit., p. 31.↵
- LAVÍN, Eva y GALLARDO CAMACHO, Jorge, “La relación entre los militares y los corresponsales argentinos autorizados a informar desde las islas durante la guerra de las Malvinas”, en Cuadernos.info, N° 40, 2017, p. 124.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis y evaluación de las responsabilidades políticas y estratégico militares en el conflicto del Atlántico Sur, Consejo supremo de las Fuerzas Armadas, Archivo Judicial Militar, Carpeta 15159, Expediente 90648, Folio 1796.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., Ff. 1797-1798.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1799.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1801.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1802.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1803.↵
- ESCUDERO, Lucrecia, Malvinas: El gran relato. Fuentes y rumores en la información de guerra, GEDISA Editorial, Barcelona, 1996, p. 105.↵
- JAUREGUI, Pablo Martin, La relación entre los comandantes operacionales y los medios de comunicación periodística durante la Guerra de Malvinas, Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas, Buenos Aires, 2012, p. 13↵
- LAVÍN, Eva y GALLARDO CAMACHO, Jorge, “La relación entre los militares…”, op. cit., pp. 127–128.↵
- LAVÍN, Eva y GALLARDO CAMACHO, Jorge, “La relación entre los militares…”, op. cit., pp. 129 -130.↵
- LAVÍN, Eva y GALLARDO CAMACHO, Jorge, “La relación entre los militares…”, op. cit., p. 127.↵
- ESCUDERO, Lucrecia, Malvinas: El gran relato…, op. cit., p. 92.↵
- ESCUDERO, Lucrecia, Malvinas: El gran relato…, op. cit. p. 102.↵
- TATO, María Inés, et al., Falklands/Malvinas…, op. cit., p. 156.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1824.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1824.↵
- Anexos al Informe Final, Tomo IX, Comisión de análisis…, op. cit., F. 1826.↵






