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Presentación

Luchar por el pasado

No hay futuro sin pasado. Sin pasado, sólo hay presente. Al haber un pasado, es muy probable que esté a punto de “convertirse en un instrumento de la clase dominante”, aquel “enemigo que no ha dejado de vencer”. Para reconstruir la utopía, cualquier utopía, es necesario “avivar en el pasado la chispa de la esperanza”, pues “sin nostalgia de pasado no puede existir sueño de futuro”. Sin luchar por el pasado, sin reconquistarlo, ni siquiera nuestros muertos estarán a salvo: ¿qué decir, entonces, de quienes están por venir? Siendo así, para salvar a los muertos, a los vivos y a quienes están por nacer, debe lucharse por el pasado para imaginar el futuro. Valorar y reinterpretar tradiciones, llenar de vida museos y momias. Pelear por ellas, arrebatárselas al enemigo: aquél que no ha dejado de vencer.

Este libro trata sobre los usos del pasado en conceptos e ideas producidos en la periferia global que proyectan un futuro alternativo. La construcción de un pasado es un tema aún más apremiante para el ser humano periférico, pues vive bajo amenaza constante de ser anulado, es decir, de perder su historia, su identidad, su nación, su lugar en el mundo. O mejor dicho, está siempre en vía de ser condenado a un único lugar en el mundo, definitivamente un lugar sin historia: el lugar periférico, al cual, en la mejor de las hipótesis, se le permite reproducir pastiches de la humanidad emanada del centro.

A través de algunas paradas en estaciones que forman parte de un largo circuito, este libro recorrerá un tema insistente, que es la construcción de pasados en la periferia. Lo hará por medio de enfoques muy particulares: de propuestas que han alimentado el pensamiento crítico, que nutrieron alternativas de izquierda al capitalismo y a la modernidad. Por cierto, el concepto de “izquierda” se utilizará ampliamente en este libro, y se entenderá siempre asociado a la idea de mayor igualitarismo, sin distinguir entre sus versiones más “estrechas” (defensa de una alternativa sistémica al capitalismo) o más “amplias” (propuestas de reformas que generen mayor igualdad).

Abordar el pasado a partir del pensamiento de izquierda brinda al tema una especificidad. Con frecuencia, y en especial en el centro, los proyectos de izquierda se han visto marcados por un futurismo tan exacerbado, que llegó a negar el pasado y las tradiciones, en su búsqueda de un “hombre nuevo”. Mientras tanto, algunos intelectuales y linajes de pensamiento incluyeron el pasado precapitalista y premoderno entre sus preocupaciones, como un elemento de esperanza. Esto fue constituyendo, por sí mismo, una tradición en las orillas de las izquierdas y del pensamiento crítico. Este tipo de reflexión (que, como se verá, se entenderá aquí como “romántico”) se expresó varias veces en la periferia, probablemente con más frecuencia que en el centro. Son estos “romanticismos de izquierda”, pensados desde la periferia, el objeto de este libro. Como cualquier propuesta de izquierda (pues, de lo contrario, no lo serían), constituyen “futurismos” y no “pasadismos”. Sin embargo, son futurismos que buscan inspiración eminentemente en el pasado y en lo que sobrevive del pasado en el presente.

No será la intención de este libro analizar a profundidad todos los “casos” que se abordan a lo largo de los próximos capítulos. Eso ya se ha realizado, con diferentes objetivos y haciendo énfasis en diversos aspectos, por autores que se indicarán de manera oportuna en cada etapa de la argumentación. Los conceptos, autores y debates que se presentan aquí serán discutidos de modo que contribuyan a la construcción de un argumento general: la recurrencia de un tema que es precisamente la idea de la comunidad como un antídoto para superar los males del capitalismo y la modernidad. El argumento central es que esos conceptos e ideas constituyen una tendencia recurrente desde, al menos, el siglo XIX en la periferia (cuando ésta se constituye con mayor evidencia), como reacción a diversos avances de la modernidad en esas regiones. De este modo, forman parte de la disyuntiva de “ser como el centro o ser como nosotros mismos” (Devés, 2017) que se encuentra en la base de la constitución del intelectual periférico. La búsqueda de la comunidad (y de lo “propio”, de lo “original”) se presenta como un tema recurrente no sólo en la periferia, sino que asume en ella ese tono particular, relacional en cierto sentido, y que también reacciona al centro y a las diversas ondas expansivas del capitalismo y de la modernidad emanada del mismo: lo que equivale a decir, a cada “epistemicidio” practicado por el centro (Santos, 2010a). La búsqueda de la comunidad por parte del pensamiento crítico-periférico produce conceptos e ideas que ya son “híbridas”, “fusiones” que se injertan en la modernidad y de algún modo incorporan sus valores, pero que también proyectan transformarla y, alcanzado su límite, superarla, apelando a valores “autóctonos”, que serían propios de las trayectorias de sus pueblos.

Un argumento secundario que atraviesa el libro es que habría en la actualidad una nueva oleada de esa búsqueda de la comunidad, que se presenta en medio de un malestar (en las periferias y en el centro) generado por el avance de lo que puede caracterizarse como “presentismo” (Hartog, 2014): una forma de lidiar con el tiempo según la cual el pasado pierde su función y el futuro sólo puede entenderse como un horizonte catastrófico (Beck, 1998). Para François Hartog, es posible que nos encontremos en un nuevo “régimen de historicidad”, opuesto al predominante en la modernidad, que era orientado por el futuro. Este nuevo régimen puede experimentarse de dos maneras, a partir de la posición social ocupada. Para algunos, es el tiempo de los flujos, de la aceleración, de la movilidad, de los proyectos. Para la gran mayoría (el precariado, los excluidos, los inmigrantes, los refugiados…), es el tiempo de la “permanencia de lo transitorio, un presente en plena desaceleración, sin pasado (…) y sin futuro real tampoco” (op. cit., p. 14). Así, el presentismo es “un horizonte abierto o cerrado: abierto para cada vez más aceleración y movilidad, cerrado para la supervivencia diaria y un presente que crea estancamiento” (id.). Puede sugerirse (más allá de las intenciones originales de Hartog) que esta segunda dimensión del presentismo puede ser incluso más frecuente en la periferia global (en particular en sus propias periferias, también en las periferias que van invadiendo el centro). Con ello, se profundiza ese horizonte cerrado, una completa ausencia de perspectivas, al margen de los proyectos individuales de emprendedorismo (neopentecostal o mundano), o de proyecciones de liberación pos mortem.

En resumen, hay en este libro un argumento general diacrónico: los fenómenos aquí estudiados demuestran un patrón determinado que se relaciona con la expansión de la modernidad, en particular en las periferias. Existe también otro argumento más específico, que es sincrónico: tales fenómenos han sido más recurrentes ahora, han ganado un interés renovado. Para desplegarlos, la primera parte del libro se concentra en antecedentes de aquella tradición crítica desde el siglo XIX. A su vez, la segunda parte se enfoca en una serie de conceptos que alcanzaron circulación, grosso modo, entre fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI, con el fin de mostrar el potencial de este tipo de reflexiones para la recuperación de utopías en nuestro presente “presentista”: una recuperación que es la condición para nuestra propia supervivencia como especie.

Todas las propuestas que se presentan aquí conllevan la noción de comunidad en su esencia, proponen proyectos de futuro a partir de ella. Por diversos motivos –que dependen del autor, de la corriente, del momento histórico–, un determinado proyecto de futuro pasa por un rescate, por la preservación o profundización de un sentido de comunidad y de sus traducciones materiales; un sentido que se halla enraizado en el pasado (y en cierta medida, todavía en el presente) de un pueblo, una región, un grupo étnico, una religión. Este proyecto puede comenzar originalmente como una expresión local, pero a la larga se expande e incluso asume un potencial “universal”, por lo que sirve de contribución original de aquel determinado grupo para la (re)constitución de una humanidad más justa, armónica y en simbiosis con la naturaleza. En estos enfoques periféricos, la comunidad asume incluso más significados que en los enfoques similares producidos en el centro. Si en todos ellos la comunidad se contrapone a la modernidad, al capitalismo, a la deshumanización, al individualismo, al consumismo, al desencanto del mundo, a la destrucción de la naturaleza, en los enfoques periféricos ella se presenta además como antídoto del centro, del Norte, de la metrópolis, del Imperio, de los desarrollados, del Primer Mundo, de Occidente, con quienes se confunden todos esos males.

Este libro es en gran medida una historia de conceptos periféricos que recurren a temas semejantes. Así, una motivación importante es demostrar este punto: que hay temas recurrentes en la periferia a lo largo del tiempo, que se nutren del pasado para proyectar emancipaciones. Pero esta no es la única intención del libro, pues el mismo se ve recorrido por dos otras propuestas, menos explícitas y más “militantes” (a falta de una mejor expresión). Una de ellas es presentar la riqueza del pensamiento periférico y, en especial, de proyectos periféricos emancipadores, elaborados por una intelectualidad crítica, una izquierda “no occidental” que (remitiendo a Mariátegui) no debe ser “calco y copia”, sino “creación heroica”. Con esto, quiero evidenciar, defender y preservar ciertos saberes que están sufriendo sistemáticamente un “epistemicidio”. Es necesario hacer lo que esté a nuestro alcance para superar la “monocultura de saberes” (como propone Boaventura de Sousa Santos, 2010a) que asola nuestro mundo, nuestras academias y nuestras izquierdas.

Otra propuesta del libro es ensayar una modesta reflexión sobre el tiempo, enfatizando (para aquéllos que, como este autor, se han formado en un determinado “futurismo”), que el pasado puede nutrir proyectos de futuro. De este modo, es inevitable cuestionar el tiempo histórico de la modernidad, del “progreso”, de la “evolución”, de la “aceleración”, del “siempre hacia adelante”. Sin embargo, se puede hacer este cuestionamiento sin caer en el presentismo, si lo que necesitamos es exactamente volver a tener futuro. Y sin que nos refugiemos en cualquier “pasadismo” como supuesta alternativa. En medio de las sucesivas crisis del capitalismo, de una pandemia global, de la erosión de las democracias, del agotamiento del planeta, los pasados nos sirven para proyectar nuevos futuros, mientras todavía hay tiempo.

El libro se estructura de la siguiente manera. El capítulo 1 (“La apuesta por la comunidad”) presenta algunos debates centrales para sustentar los argumentos aquí desarrollados, pero específicamente, destaca lecturas que inspiraron ese libro. Asimismo, aborda dos momentos fundadores de las reflexiones analizadas: el debate sobre la comunidad en los diálogos entre el populismo ruso y Karl Marx, y el tratamiento del tema en la obra de José Carlos Mariátegui. El capítulo 2 (“La invención de la negritud”) analiza el concepto de la negritud como creación del “Atlántico Negro”, a partir de las obras de Léopold Sédar Senghor y de Aimé Césaire, así como de sus críticos. Con ello como fundamento, se interroga sobre la posible actualidad del concepto. El capítulo 3 (“Comunalismo en las descolonizaciones africanas: los socialismos africanos como búsqueda de lo propio”) aborda los llamados “socialismos africanos” de los procesos descolonizadores del continente, en particular las propuestas en este sentido desarrolladas por Kwame Nkrumah, Julius Nyerere y Senghor, que defendían (con argumentos un tanto distintos a aquellos de la negritud) el potencial del comunalismo africano como base para proyectos socialistas alternativos.

En los tres capítulos siguientes, se discuten conceptos que han destacado actualmente. El capítulo 4 (“Ubuntu: la esencia africana revisitada”) trata del concepto de ubuntu, sus diferentes usos, su expansión global y sobre cómo el mismo retoma argumentos presentes en las ideas negras presentadas con anterioridad. El capítulo 5 (“Comunalismo en las refundaciones andinas del siglo XXI: el sumak kawsay/suma qamaña”) presenta el desarrollo del concepto que podría ser (mal) traducido como “vivir bien” o “buen vivir”. El capítulo propone una tipología de sus diversos usos y apunta sus diversas capacidades. El capítulo 6 (“La felicidad nacional bruta y su insospechado potencial transformador”) busca investigar el papel de este concepto como aglutinador del Estado y de la identidad nacional butanesa, y su potencial para asumir (particularmente a partir de su expansión global) usos inclusive revolucionarios, particularmente como una crítica potente a las nociones hegemónicas de “crecimiento”, “desarrollo” y “progreso”. Por fin, en la conclusión (“La incesante búsqueda de la comunidad”) se retoman argumentos anteriores, con el fin de sistematizar algunas conclusiones que, de hecho, son “abiertas”. Ésta apunta más hacia proyectos futuros y proyectos de futuro, en vez de intentar agotar cualquiera de los temas abordados.

 

Estas páginas son el resultado de casi una década de investigaciones, de trabajos de campo, de diálogos con colegas de diversas partes del mundo y de presentaciones y publicaciones de algunos de sus resultados preliminares. El principal agradecimiento corresponde a la Escola de Ciência Política y al Programa de Pós-Graduação em Ciência Política de la Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro. En estos años de derrocamiento de la democracia brasileña y de los continuos y violentos ataques a la universidad, a los científicos, a los intelectuales, a la cultura y al conocimiento, sólo fue posible seguir con este proyecto gracias al ambiente fraterno proporcionado por los colegas y estudiantes de dicha casa. La ECP y el PPGCP de la UNIRIO son aquella flor que sigue insistiendo en brotar del barro. Agradezco especialmente a todos los becarios de iniciación científica, de monitoreo de la enseñanza, y a los tutorados de licenciatura y posgrado. No puedo nombrarlos a todos, pero ustedes saben cuánto contribuyeron.

Los diversos lugares por los que pasé para llevar este proyecto adelante tuvieron una importancia fundamental, y quiero mencionar algunos de ellos. Comienzo por la Maestría en Estudios Contemporáneos de América Latina, de la Universidad de la República del Uruguay. Allí, puedo mantener actividades sistemáticas de diálogo a un alto nivel con colegas y estudiantes de las diversas partes de América Latina y Europa, y seguir aprendiendo con el maestro Gerónimo de Sierra. Mi paso por el Centro de Estudos Africanos de la Universidade Eduardo Mondlane de Mozambique, por el Institute of African Studies de la University of Ghana y por la Université de Lubumbashi de la República Democrática del Congo fueron fundamentales para reunir material sobre África y expandir lazos. Particularmente, mi posdoctorado en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile fue decisivo para la conclusión de este trabajo y para la proyección de nuevos caminos. La generosidad de Eduardo Devés, quien me involucró en todos sus (muchos) proyectos de redes, instituciones y obras colectivas ha sido conmovedora. Desde el principio, su valor intelectual inspiró el recorte ambicioso pensado para este libro (en particular, la lectura de su obra monumental Pensamiento periférico: Asia-África-América Latina-Eurasia y algo más. Una tesis interpretativa global). Al final de todo, me animó todavía a expandir el argumento hasta Asia, por medio de la introducción del debate de la felicidad nacional bruta. Los diálogos regulares con él, así como con diversos especialistas durante las Jornadas de Estudios de las Ideas permitieron organizar diversos argumentos de este libro. La invitación para actuar como vicedirector de la Wirapuru, Revista latinoamericana de estudios de las ideas (y la consecuente garantía de la convivencia continua con Devés, Andrés Kozel, Manuel Loyola y Paula Baltar) permite imaginar que en algunos años pueda considerarme, en efecto, un especialista en ideas.

Es un honor que este libro sea editado en el marco de la colección Pensamiento Latinoamericano de Teseopress, auspiciada por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de San Martín, por lo que agradezco a Andrés Kozel. Agradezco también al cuidadoso trabajo de traducción al español realizado por Enrique Alvarado Padilla. 

Lo más importante queda para el final. Si sigo insistiendo, es por Miguel y por Daniel. Valdrá la pena verlos crecer. Valdrá la pena estar al lado de Camila.



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