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Introducción

Hace ya 13 años, en mayo de 2010 tuvo lugar en Buenos Aires una gran conmemoración y una masiva fiesta popular donde se celebraron los doscientos años del inicio de la revolución que nos llevaría a conquistar nuestra vida independiente.  Millones de argentinos –entre los cuales me encontraba– salieron a la calle a festejar y a participar de una gran variedad de propuestas culturales en las cuales se ponía en valor la lucha histórica por la soberanía. A partir de esta celebración y a lo largo de todo el año, historiadores, escritores, cineastas y artistas; entre otros, nos acercaron al debate sobre nuestra historia, de modo que la evocación de aquella gesta patriótica permitió la movilización de una serie de interrogantes sobre nuestro pasado y reactualizó  las discusiones, habilitando la posibilidad de repensar y recrear aquellos años de lucha y sus significados para nuestro presente.  A su vez,  ese presente estaba atravesado por un clima de época específico, producto de la emergencia en el espacio latinoamericano de unos gobiernos progresistas, democráticos, representativos de una “nueva izquierda” que hicieron de los bicentenarios un festejo común.

Por contraste con lo ocurrido en nuestro país cuando se celebró el centenario de la independencia –donde los representantes de la Corona española tuvieron un lugar destacado–  la presencia de los principales presidentes de nuestra región en aquellas fiestas del 2010, realzó ese sentimiento latinoamericanista.  En efecto, en las celebraciones primaba un ambiente de hermandad regional, que colocó en el centro de la escena la identidad histórica compartida entre los pueblos latinoamericanos, siendo las gestas por la liberación continental la imagen de una labor conjunta, lo cual dotó a todo el festejo de un particular sentido de pertenencia a un todo común que trascendía la idea de “patria local” y colocaba a los sucesos de aquella semana histórica de mayo de 1810 en clave regional.  Particularmente, las figuras de los patriotas latinoamericanos fueron reivindicadas, con lo cual José de San Martín y Simón Bolívar, quienes dirigieron las campañas de liberación continental hacia lo profundo del territorio, adquirieron gran centralidad.       

Atravesada por este clima de época y con múltiples inquietudes respecto de un siglo XIX que me resultaba ajeno, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires realizó una convocatoria a participar de un grupo de estudios sobre la independencia dirigido por quien hoy dirige esta tesis.  Con muchas dudas me acerqué a conocer de qué se trataba, y sin mucha certeza sobre qué línea de investigación podría seguir –producto de un profundo desconocimiento de aquel contexto histórico– Esteban de Gori me acercó dos lecturas. Por un lado, me comentó del reciente encuentro del documento de época que hoy es centro de este estudio, que la revista ecuatoriana Procesos –también en el marco de las conmemoraciones por los bicentenarios de las independencias de América Latina–, publicó en 2013 referido al encuentro de Guayaquil, un acontecimiento histórico singular, donde los dos grandes libertadores de América se juntan por primera y única vez para sostener una entrevista. Se trata del informe que redactó el secretario general de Bolívar, José Gabriel Pérez, dando cuenta del contenido de las discusiones entre los dos líderes y que es el tema principal de esta investigación. Por otro lado, me sugirió la lectura de una novela de un escritor colombiano, que en tono de ficción –muy bien documentada– reconstruye el famoso encuentro de Guayaquil.[1] Allí se comenzó a gestar la idea que recorre esta investigación, que poco tiempo después, en el 2014, servirá como proyecto para ingresar a la Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos, donde convergen estas dos inquietudes intelectuales: las luchas por la independencia y la identidad latinoamericana.  Afortunadamente, la propuesta de llevar adelante esta investigación, coincidió con la conmemoración del bicentenario de la independencia de nuestro país en el año 2016, de allí que fuera reconocida por una convocatoria realizada por la Secretaría de Estudios Avanzados de la facultad, el Programa Fondo Semilla, que con el objetivo de fomentar la investigación de posgrado,  me permitió con el fondo obtenido viajar a Quito y a Guayaquil para ampliar las fuentes bibliográficas y documentales del estudio que aquí presentamos.          

Centrándonos ya en el proceso histórico aludido, éste documento es de gran relevancia por tres motivos. En primer lugar, porque el encuentro de los libertadores, configuró a Guayaquil como el punto intersección de las dos grandes campañas militares que lograron la independencia de los territorios sudamericanos respecto de la Corona española. La fecha en la que transcurre, julio de 1822, es un momento crucial para la guerra, ya que se estaba vislumbrando su finalización. Bolívar se encontraba en un momento de éxito porque venía de librar las últimas batallas que le permitieron ponerle un punto final al dominio colonial en el espacio colombiano, mientras que San Martín, si bien había llegado al Perú para concluir su plan continental, se encontraba con dificultades para dominar el territorio. Por un lado, la sociedad limeña presentaba reticencias respecto de la causa de la independencia, y por otro, tenía que combatir un foco realista apostado en la sierra que amenazaba con extender la contrarrevolución. En este marco, la reunión que mantuvieron fue realizada a instancias del Protector del Perú, que sin lugar a dudas necesitaba ayuda para ponerle un cierre al conflicto bélico en el último bastión realista de la América meridional. En segundo lugar, la provincia de Guayaquil era disputada por ambos libertadores. A modo de estado mediatizado, para Bolívar era parte fundamental de su recientemente creada república de Colombia y para el Protector se constituía como una dependencia miliar, comercial y fiscal vinculada históricamente, de manera intensa, con el Perú. Cada uno tenía sus razones para pretender la incorporación de la ciudad-puerto a los nuevos estados que estaban creando, sin embargo Guayaquil habíase declarado independiente de hecho en 1820. Había allí una disputa que resolver, que involucraba no solamente a nuestros dos protagonistas, sino también a una élite local que tenía su propia agenda política. Por último, en tercer lugar, las conversaciones fueron de carácter privado, lo cual generó innumerables controversias y especulaciones, puesto que al finalizar las mismas, y al regresar San Martín al Perú, este decide abandonar intempestivamente el teatro de la guerra, lo cual suscitó múltiples interrogantes vinculados a lo allí acontecido. Aun más, ambos guardaron casi toda su vida silencio respecto de lo dialogado, lo que dotó a tal trascendental reunión de un halo de misterio. En este sentido, la historiografía que abordó el evento se consagró mayormente a analizar las actitudes concretas de los personajes para tratar de entender qué fue lo que pasó, pues San Martín sale del escenario peruano y Bolívar extiende su campaña de liberación más allá de las fronteras de la nueva república por él creada, generando toda una polémica entre académicos argentinos y venezolanos. Tal como señala Bragoni, “las fuentes son parcas para descifrar los términos de la famosa entrevista”,[2] de modo que la recuperación del documento nos permite acercarnos de manera novedosa a un evento tan importante para nuestra historia latinoamericana y repensar el debate en torno a las discusiones que tuvieron en su encuentro los dos libertadores, cuya figura es central para el éxito la revolución.

Para realizar el análisis propuesto, se impone reconocer las fuentes documentales disponibles, pues hay controversias en torno a las mismas. De esta carta que vamos a analizar se conocen dos versiones. Una fue enviada el día 29 de julio al secretario de relaciones exteriores de Colombia, y otra, de igual fecha y contenido, al general Sucre, entonces intendente de Quito. Esta versión, que Bolívar dispuso fuera enviada a Sucre, es la que aparece en la temprana compilación de Vicente Lecuna de 1952, pero que además se encontró recientemente en el Archivo Nacional del Ecuador en Quito, por parte del investigador Armando Martínez Garnica.[3] Dentro de los papeles bolivarianos hay también una carta que Bolívar le cursó a Santander donde da “una versión más alegre de la reunión”, aunque coincidente con la de su secretario.[4] En este sentido, si bien el testimonio de Pérez –que es el principal documento sobre la entrevista– es un análisis franco de lo que tuvo lugar en ella, tal como sostiene Lynch, hay que reconocer que también es un testimonio selectivo y parcial centrado en la interpretación que de la misma hiciera Bolívar.[5] En líneas generales, el informe redactado por el secretario del Libertador, expresa que el tema principal de la discusión habría sido la condición política actual y futura de los nuevos Estados independientes, siendo el centro de las conversaciones el posicionamiento de los actores en relación a la forma monárquica – constitucional o republicana de gobierno, adscribiendo a San Martín como partidario de la primera opción y a Bolívar de la segunda.

En diálogo con los argumentos de Pérez, existe otro documento que contrasta con la versión bolivariana de la entrevista. El mismo consiste en una carta particular que San Martín le habría enviado a Bolívar, fechada un mes después de la reunión y conocida solo por la copia que fuese publicada en un diario de viajes de un marinero francés, Gabriel Lafond de Lurcy.[6] En la misma se omite cualquier referencia a la posición monárquica de San Martín y centra las discusiones entre los libertadores en la terminación de la guerra. Allí, el Protector explica su salida del escenario peruano como consecuencia de la negativa de Bolívar de prestar unos auxilios masivos para poner fin al conflicto bélico en el Perú. No obstante, esta versión sanmartiniana del encuentro –que también es selectiva y parcial– fue discutida en su autenticidad ya que hasta el momento no se ha encontrado el original. Este texto apareció en 1844 en un libro publicado por un viajero francés a quien San Martín conocía y con quien había intercambiado correspondencia. El Protector supo de la publicación de esta carta, aunque nunca confirmó ni desmintió su autenticidad acrecentando el misterio que rodeaba al encuentro. Como bien sugiere Lynch, si bien es cierto que tal misiva puede no ser auténtica, no significa que no sea fidedigna, ya que recoge una cuestión central no planteada en el testimonio de Bolívar, relacionado con un tema que para San Martín era crucial, la ayuda militar que necesitaba para terminar con la guerra en el Perú.[7]

A principios del siglo XX, con la profesionalización de la disciplina histórica y en el marco de los centenarios latinoamericanos, se fomentó la publicación de colecciones documentales sobre las independencias. Allí, el tema de la legitimidad o no del texto publicado por Lafond fue objeto de discusiones entre historiadores argentinos y venezolanos. Quienes la consideraban genuina, se sirvieron de ella para construir la imagen del desinterés sanmartiniano frente a la ambición bolivariana. Sin embargo, quienes accedieron a los papeles bolivarianos y dieron con el texto de Pérez, no dejaron de plantearla como apócrifa, mientras establecían que las diferencias entre los libertadores se vinculaban a las dificultades para conciliar el republicanismo de Bolívar con el monarquismo de San Martín en la conformación del poder independiente. De este modo, se preservaba la memoria bolivariana frente a quienes alegaban que no había querido cooperar con San Martín en la campaña militar del Perú. Si bien este debate no prosperó más allá de una caracterización personal de ambos líderes, esta línea de análisis de la documentación quedó reactualizada con la publicación reciente de la carta de Pérez, ya que tanto Enrique Ayala Mora como Armando Martínez Garnica, en los textos de introducción al recientemente encontrado original del documento, vuelven a atribuir carácter apócrifo a la epístola inscripta en el texto de Lafond alimentando la construcción de dicotomías entre los próceres.[8]

Una nueva mirada sobre este debate es la que nos presenta Beatriz Bragoni. Tomando como punto de partida las condiciones contextuales que operan en la producción de textos y discursos, la autora se propone dejar atrás los términos de la discusión planteados en torno a la documentación disponible y el carácter real o apócrifo de la epístola inscripta en el libro de Lafond. A partir de allí se abre la posibilidad de comprender el por qué de la omisión del monarquismo de San Martín en su versión de la entrevista, lo que justamente es central en la argumentación de Pérez. En líneas generales, la autora plantea que hay una intencionalidad clara del líder por omitir de manera deliberada su pasado monárquico, ya que la publicación de tal carta, en 1844, no fue refutada, ni corregida por el Libertador del sur quien habría estado al tanto de su publicación. De hecho, nos propone pensar que había en San Martín un interés premeditado por preservar su reputación patriótica, actitud que tiene lugar mientras transita su vejez en el exilio europeo, en un contexto donde su protagonismo como general destacado en las guerras independentistas estaba siendo revalorado por un conjunto de letrados y publicistas que lo asociaron a las bases republicanas del nuevo país. De esta forma, su figura sirvió de anclaje en la fabricación del mito nacional, cuyo corolario sería la obra de Mitre, donde aún abrevan todas las liturgias oficiales argentinas.[9]

En consecuencia, el hecho de que las aspiraciones monárquicas de San Martín resultaran disonantes en un contexto donde se estaba proyectando la construcción de una nación y un Estado republicanos, conllevó un ejercicio de memoria política, que como tal, resultó ser selectivo e incompleto en tanto se reivindicó el legado militar e independentista del Libertador americano y se ocluyó su monarquismo.[10] Tal hecho habilitó las polémicas en torno a la figura de Bolívar y las supuestas ambiciones de poder del Libertador, en oposición al desinterés patriótico del Protector. A su vez, la operación intelectual realizada sobre su figura la convirtió en recurso de cohesión simbólica de la nacionalidad argentina en ciernes, mientras que, paradójicamente, nos impidió conocer su mirada política, la que nos interesa ahora rescatar y comparar respecto a la del otro libertador americano.

En efecto, el actual recupero de la documentación bolivariana vinculada al encuentro de Guayaquil, de cara a las nuevas generaciones, junto con las herramientas metodológicas que nos proveen la sociología histórica, la historia conceptual e intelectual, así como la mirada de los lenguajes políticos, nos encuentra ante la oportunidad de repensar las versiones conocidas sobre uno de los hechos fundamentales de la historia de América Latina. En este sentido, la aparición reciente de este documento original nos permite llevar adelante un nuevo ejercicio de comparación entre San Martín y Bolívar, estableciendo una mirada novedosa sobre los procesos comunes y al mismo tiempo sobre las particularidades y singularidades que asumieron en su accionar político, mientras nos distanciamos de las polémicas establecidas entre las academias nacionales de historia argentina y venezolana.

De esta manera, tomando como centro de esta investigación la relación de José Gabriel Pérez al general Antonio José de Sucre, pretendemos reflexionar sobre las propuestas políticas de ambos dirigentes, restituyendo a los personajes en su contexto histórico para de esta forma analizar sus imaginarios sobre el orden que quedaron plasmados en la versión bolivariana de la entrevista. Suponemos que a pesar de que el pensamiento de ambos libertadores se inscribe en opciones que se consideran contradictorias, siendo San Martín partidario de la monarquía constitucional y Bolívar de la opción republicana, existen puntos de encuentro. En este sentido, nuestra hipótesis de trabajo entiende que a pesar de que los léxicos utilizados –monarquía y república– se presentan como opciones antagónicas, en los proyectos de organización política que sostienen los libertadores los imaginarios monárquicos y republicanos cohabitan y se superponen, por ejemplo, cuando se observan una serie de dimensiones comunes a estos imaginarios como el lazo entre gobernantes y gobernados, la nueva ingeniería estatal, la relación entre los territorios / provincias y el poder central, el ejercicio de poder y la ciudadanía.

A tal efecto, en el capítulo uno intentaremos explicar la trascendencia de Guayaquil como punto de intersección de dos recorridos políticos. El abordaje de las coyunturas peruana y neogranadina nos permite restituir a los personajes en el contexto histórico en el cual enuncian sus imaginarios sobre el orden. Este ejercicio nos ayudará a entender los motivos de la reunión y también cuáles eran los temas que debían discutir, pues los mismos nacen de la propia dinámica de la guerra que se desenvuelve en el espacio territorial americano. Es la lectura que cada uno realiza de la realidad sobre la cual está operando, lo que se ve reflejado en el documento a analizar, pues allí despliegan la mirada que tienen respecto de cómo debía organizarse el nuevo orden de la pos-independencia.

En el capítulo dos, presentaremos nuestra propuesta respecto del abordaje del documento. Por un lado, planteamos la necesidad de pensar el problema desde la perspectiva de la sociología histórica, lo cual nos permite observar las particularidades de cada caso, pero también identificar los aspectos comunes de lo que fue un proceso de cambio histórico que involucró a todo el espacio imperial español a un lado y otro del océano. En este sentido, las ideas de “orden” y de “imaginarios” nos ayudan a pensar bajo qué condiciones se construye el dominio político y las posibilidades de su estabilidad y permanencia en el tiempo, poniendo el foco en los aspectos simbólicos y las representaciones que hacen posible la legitimidad de un orden social y político dado. Encontramos que a pesar de la dirección de la guerra, este es el sentido de la acción / discusión que tienen nuestros protagonistas en Guayaquil, pues están imaginando de qué modo reconstruir una nueva legitimidad que permita la estabilidad de las nuevos estados en proceso de fundación. Por otro lado, a la hora de abordar el diálogo recurrimos a la historia de los conceptos, los lenguajes políticos y la nueva historia intelectual, pues nos permiten comprender la complejidad de las formaciones discursivas que los hombres construyen en su lucha por el poder. Estos instrumentos son los que nos permitirán abordar los dispositivos conceptuales que estaban a disposición de los agentes para afrontar la coyuntura; el uso que hacen de los mismos en un contexto de enunciación particular y las distintas resignificaciones de tradiciones o vocabularios –que inclusive, contradictorias en un sistema de tradiciones filosóficas–, se rearticulan en formaciones discursivas e imaginarias coherentes. De esta forma, a la hora de interpretar el documento, evitamos adjudicarle a los actores visiones del mundo que no estaban a su alcance, o filiaciones respecto de los imaginarios subyacentes difíciles de probar, mientras intentamos comprender el sentido de sus teorizaciones.

En el capítulo tres nos adentramos en la matriz intelectual del contexto para apreciar el vocabulario político general del período, lo cual nos servirá para conocer la dirección de los argumentos esgrimidos por nuestros protagonistas. En este sentido, consideraremos las filosofías del poder de la época, europeas y, particularmente, las hispanoamericanas, así como los principales aportes al pensamiento político de aquél momento. Básicamente, hay una discusión central que forma parte del proceso revolucionario atlántico y que se vincula a la identidad del soberano, enmarcado en el nuevo sistema de referencias ilustrado. De allí la posibilidad de repensar la creación y formalización de nuevas autoridades políticas y formas de ejercicio del poder que movilizarán tradiciones, conceptos y lenguajes, que recolocados en un nuevo contexto de enunciación, permitirán diversas resignificaciones, lo cual es parte de lo que intentaremos observar en el documento a analizar.

Por último, en el capítulo cuatro abordamos el documento de Pérez centrándonos en la propuesta monárquica de San Martín para el Perú y la opción republicana de Bolívar para el espacio colombiano. Intentaremos en primer lugar interpretar qué entienden respecto de esos dos conceptos fundamentales que utilizan para imaginar el orden político pos-independentista, para luego observar aquellos aspectos imaginarios comunes presentes en el pensamiento de ambos sobre la base de las dimensiones más arriba mencionadas, a saber: el lazo entre gobernantes y gobernados, la nueva ingeniería estatal, la relación entre los territorios / provincias y el poder central, el ejercicio de poder y la ciudadanía. Finalmente, podremos interpretar su posicionamiento sobre el orden y el modo en que piensan los nuevos fundamentos del poder político.

Una vez llegados a este punto, estaremos en condiciones de presentar una nueva mirada respecto de este suceso histórico singular y único para la historia de América Latina, como lo fue el encuentro de Guayaquil.


  1. Mauricio Vargas Linares, Ahí le dejo la gloria, Editorial Planeta, Colombia, 2013.
  2. Beatriz Bragoni, San Martín. Una biografía política del libertador, Edhasa, 1ª ed., 1ª reimp., Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2019, p. 183.
  3. Enrique Ayala Mora, “Relación de la entrevista entre Bolívar y San Martín”, en Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, N° 37, Corporación Editora Nacional, Quito, 2013, p. 126.
  4. John Lynch, San Martín. Soldado Argentino, héroe americano, Crítica, 1ª ed. 6ª reimp., Buenos Aires, 2015, p. 276.
  5. Ibid., p. 274.
  6. José de San Martín a Simón Bolívar, Lima, 29 de agosto de 1822, carta publicada por primera vez en francés por Gabriel Lafond de Lurcy, en su libro Voyages autor du monde et naufrages célebres, en Paris, 1844, en: Abel Romeo Castillo, selección, Documentos sobre la entrevista de Guayaquil, Archivo histórico del Guayas, 1972, pp. 78 – 80.
  7. Ibid., p. 273.
  8. Beatriz Bragoni, “El intercambio epistolar entre San Martín y Lafond”, en: Prismas – Revista de historia intelectual, N° 20, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, Argentina, 2016, pp. 47 – 50. Véase también: Armando Martínez Garnica, “La entrevista de Guayaquil: introducción y transcripción”, en: Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, N° 37, Corporación Editora Nacional, Quito, 2013 y Enrique Ayala Mora, “Relación de la entrevista entre Bolívar y San Martín”, Ob. Cit.
  9. Beatriz Bragoni, “El intercambio epistolar entre San Martín y Lafond”, Ob. Cit., p. 60.
  10. Beatriz Bragoni, San Martín. Una biografía, Ob. Cit., p. 59.


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