Rubén de Jesús Ibarra Reyes[1]
Como herencia milenaria, el concepto de universidad ha ido cambiando y mimetizándose con la historia de las sociedades contemporáneas, en especial en aquellas que se asumen y se desarrollan bajo la democracia y/o en aquellas monarquías constitucionales en las que la participación ciudadana rompe el mito de los súbditos frente a la representación parlamentaria. Por ello no es de extrañar que, del siglo xix hasta nuestros días, el concepto de universidad tenga un gran peso e importancia vigente para el futuro de las nuevas generaciones, sin dejar de lado el legado humanista, científico y cultural de las almas mater en las que se ha gestado el porvenir de las naciones, tanto para los propios como para los foráneos.
Si bien desde la Academia de Platón en la Atenas de la Grecia Antigua, o incluso mucho antes con las culturas pre- y mesopotámicas, se registran antecedentes de la prioridad que tenían los espacios para la formación en conocimientos básicos y complejos, tales como el desarrollo matemático, la escritura, la astronomía, la medicina, la cosmogonía, la ingeniería y la agricultura, que recaían en el funcionamiento que las personas debían tener en dichas estructuras sociales, sin embargo, no sería hasta el siglo xi que se integra el concepto de universidad más contextualizado a nuestro tiempo, que coincide con el boom renacentista, enfocado en el estudio teológico y la filosofía, disciplinas que incluían en sí diversas áreas del conocimiento que ahora sin miramientos podemos identificar.
Sin duda, abordar la historia y el impacto que la figura de las universidades ha tenido en la cronología de la humanidad es una tarea relevante y titánica, pues las máximas casas de estudio se mimetizan con el acontecer sociopolítico y cultural de las sociedades en las que están inmersas, de manera que para conocerlas se tiene que analizar profundamente sus memorias, así como las de sus protagonistas, a fin de entender las innovaciones y aportes de modelos educativos consolidados o modificados a través del tiempo. Estos aspectos centrales son abordados con un amplio dominio y meticulosidad en esta obra, titulada Espejos en contraste. La Transformación de la universidad en Europa, Asia y América Latina, como aporte de su autor, Axel Didriksson Takayanagui.
El recorrido que ofrece Didriksson en seis apartados, extraordinariamente documentados, permite que como lectores ahondemos en los modelos que se consolidaron, que heredaron y asumieron los antepasados latinoamericanos de Europa, la madre de la figura de la universidad; de Asia con la combinación de su historia, creencia, culturas, encabezadas por la disciplina y el rigor que hoy en día las coloca como las economías líderes de nuestra actualidad, y ello se contrasta con la conformación de la universidad en América Latina, en el marco de las desigualdades y complejos contextos que aquejan aún a nuestros pueblos.
El vasto bagaje que presenta el autor desde la “Introducción” dota de antecedentes de rigurosa pertinencia para el debate actual, pues abre las interrogantes básicas de dónde partimos para comprender a dónde vamos. En el capítulo 1: “La educación superior de Europa: el largo camino de la unidad regional y sus infortunios”, retoma las bases occidentales tan presentes en los modelos y fundación de los institutos científicos y literarios desde una perspectiva latinoamericana. En el capítulo 2: “La universidad de clase mundial en Asia: la construcción de su liderazgo en las economías del conocimiento”, se reflexiona sobre la tradición oriental frente a la occidental, así como el modelo que ha impactado en el desarrollo de dicha zona del orbe. Por último, en el capítulo 3: “La universidad en América Latina: desigualdad e integración regional”, en el “Epílogo: la fractura de la pandemia”; y en las “Conclusiones y propuestas generales”, se aterriza en el contexto preciso de nuestra realidad cercana y actual.
El viaje al que nos conduce Espejos en contraste… obliga a llevar el análisis y la compresión introspectiva a la comparación de la realidad a la que las universidades se enfrentan hoy en día, situación de la cual la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas” no está exenta. Sin embargo, la comparación incita a la iniciativa por mejorar la estructura macro, meso y micro de nuestras instituciones educativas, obedeciendo a la naturaleza propia del dinamismo que representa el concepto de universidad.
Sin duda, esta obra se inserta en una discusión vigente y muy relevante sobre el futuro de la educación de México y América Latina, por la responsabilidad de la formación del pensamiento de la juventud y de las generaciones que van tomando el relevo en nuestras sociedades y que requieren ser integradas, formadas y contempladas.
Seguro estoy de que el aporte y rigor científico de Axel Didriksson Takayanagui no queda a deber al debate y la deliberación a favor de la universidad a la que todos aspiramos y que refleje la base de una mejor humanidad con igualdad, libertad, democracia, inclusión, interculturalidad, pertinencia y compromiso social.
- Rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).↵









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