En este último apartado, sintetizaré los aspectos más importantes que emergieron en la investigación de campo, recordando que la pregunta general que ha guiado el estudio ha sido para qué utilizan este espacio las y los devotos/usuarios de un grupo privado de Facebook dedicado a Malverde.
Vamos a empezar recordando que la mayoría de las “comunic-acciones” de las y los devotos del grupo tiene el objetivo de mostrar su compromiso y devoción mediante la publicación de imágenes de altares domésticos. Estas imágenes no solo evidencian la relación íntima y profunda con el santo, sino que también funcionan como una manera de presentarse ante la comunidad digital, transmitiendo un mensaje claro: “Soy un creyente dedicado y atento a mi protector”.
Otro aspecto relevante es que las publicaciones de las y los devotos se enfocan en dimensiones concretas de la vida diaria (Dobbelaere, 1993; Rostas y Droogers, 1995; Jedlowski, 2005), como la salud, la estabilidad económica, la protección, el ámbito laboral y comercial, el bienestar familiar o la seguridad frente a riesgos y adversidades. Estas inquietudes terrenales, articuladas en torno a una concepción de la salvación en el aquí y el ahora (Hervieu-Léger, 1996, p. 217), constituyen un núcleo central de esta devoción popular, mostrando cómo la religiosidad se expresa de manera inmediata en lo cotidiano, sin depender estrictamente de instituciones mediadoras o doctrinas formales. Tales motivaciones aparecen sobre todo (aunque no exclusivamente) en agradecimientos y peticiones, que funcionan como medio para confirmar la eficacia y las propiedades milagrosas atribuidas al santo patrón (como pasa, de manera explícita, en el caso de las publicaciones en las cuales las y los devotos expresan su fe en los poderes milagrosos de Malverde) y fortalecer la cercanía espiritual entre sus seguidores, en todo momento. En este sentido, el grupo de Facebook funciona como una verdadera capilla digital, accesible en todo momento para sus miembros.
Las expresiones de gratitud y felicitaciones hacia Malverde revelan una relación cercana y afectiva entre devoto y santo (Gruzinski, 1990). Esta cercanía se refleja en el lenguaje utilizado, en los rituales compartidos en línea y en la constante referencia al santo como protector y guía personal, mostrando que Malverde actúa como un agente presente y activo en la vida de quienes lo veneran.
El grupo es utilizado también para validar social y simbólicamente las creencias individuales (Hervieu-Léger, 2003). La interacción en el grupo no solo permite resolver dudas y compartir experiencias, sino que también fortalece la percepción de comunidad y ofrece un soporte colectivo que refuerza la devoción de cada miembro.
La búsqueda de apoyo y acompañamiento emocional y espiritual entre las y los devotos es otra dimensión relevante, especialmente frente a dificultades o incertidumbres. El grupo funciona como un espacio de cooperación y solidaridad, ofreciendo una posibilidad continua de pedir y obtener “ayuda espiritual cuando quiero, sin moverme de mi casa” (Pace, 2013, pp. 60-61). En este contexto, la interacción trasciende lo simbólico y se traduce en ayuda concreta, intercambio de consejos y respaldo mutuo (Kim, 2005). De esta manera, la práctica religiosa se combina con vínculos sociales que fortalecen la confianza, el cuidado recíproco y la sensación de pertenencia, integrando lo espiritual con lo comunitario y lo práctico.
Al mismo tiempo, las y los devotos utilizan el grupo para mostrar sus tatuajes dedicados a Malverde, los cuales funcionan como una afirmación pública del lugar central que ocupa la devoción en sus vidas –hasta el punto de dejarla inscrita en la piel– y, en muchos casos, como testimonio del cumplimiento de una manda, reafirmando así su compromiso con el santo frente al grupo digital.
En términos identitarios, las interacciones dentro del grupo construyen una imagen de Malverde que desafía los estereotipos mediáticos, destacando su papel como patrón de los pobres y protector de los vulnerables. Este discurso moral alternativo enfatiza la justicia social y permite a las y los devotos apropiarse del santo desde su experiencia y contexto, resignificando su figura frente a interpretaciones externas que lo vinculan únicamente con actividades ilícitas.
A manera de síntesis, se puede destacar que los intercambios que se desarrollan en el grupo –expresados en prácticas, símbolos, emociones y significados compartidos (Campbell, 2013b, p. 58)– contribuyen activamente a la conformación de una comunidad religiosa en línea[1]. Este espacio no solo posibilita la circulación de contenidos devocionales, sino que también brinda a las y los devotos/usuarios la capacidad de apropiarse de su fe y resignificarla colectivamente. En este sentido, la interacción digital se convierte en un ámbito donde los creyentes logran “definir autónomamente los contenidos y significados” de su devoción (Pace, 2013, p. 40), estableciendo un marco abierto y dinámico que refuerza tanto la identidad individual como el sentido de pertenencia al grupo. Por lo tanto, en torno a la devoción a Jesús Malverde en Facebook, se configura una comunidad fundada en una identidad compartida, en creencias y rituales comunes, y sostenida por vínculos afectivos y solidarios que le otorgan cohesión y continuidad. La identidad no se establece exclusivamente hacia el interior del grupo, sino también en relación con el exterior, mediante la delimitación de fronteras simbólicas (Barth, 1976). Este proceso relacional implica una dinámica simultáneamente incluyente y excluyente. Un ejemplo claro es el del administrador que amenaza con bloquear a quienes publican imágenes u oraciones dirigidas a santos distintos de Malverde.
Todos los elementos arriba delineados y sintetizados representan, recuperando nuevamente las reflexiones de Ginzburg (2011), unos “indicios” que pueden ser usados para reconstruir ideal-típicamente la más amplia realidad de las expresiones devocionales hacia Malverde en entornos virtuales, en el sentido de que su utilidad heurística es equivalente a la de un modelo flexible o “una gran caja de herramientas” (Bagnasco, 2009, p. XIII) que otros investigadores pueden emplear para examinar casos concretos similares que se estudiarán en el futuro.
Retomando el marco teórico-interpretativo de la “complejidad religiosa”, vale la pena destacar que el análisis evidencia también que la religiosidad digital no solo reproduce patrones tradicionales, sino que los adapta y resignifica, de manera que genera nuevas formas de expresión, visibilidad y participación colectiva. En este estudio, la ambivalencia ha representado un recurso (Calabrò, 1997) fundamental para poder comprender la combinación de prácticas reconocidas por el catolicismo –oraciones, altares, veneración de imágenes– con manifestaciones no oficiales, como tatuajes, altares con objetos cotidianos o lenguaje coloquial. Lejos de generar incoherencia, esta tensión refleja una espiritualidad flexible y dinámica, capaz de adaptarse a las condiciones de los creyentes y al entorno digital, manteniendo su relevancia simbólica y social. Además, la interacción entre lo sagrado y lo profano, lo oficial y lo no oficial, evidencia cómo elementos que podrían percibirse como profanos –billetes, cigarros, tatuajes– se resignifican como expresiones auténticas de fe y medios concretos de conexión con lo sagrado.
En cuanto al humanismo etnográfico, siguiendo la perspectiva de De Martino (2002b), este enfoque proporciona un marco para comprender la devoción hacia Malverde sin prejuicios etnocéntricos, reconociendo la creatividad y la agencia de sus devotos. Esta perspectiva permite leer la religiosidad popular hacia este santo respetando las experiencias, necesidades e interpretaciones de la realidad de los sujetos estudiados.
La integración de la ambivalencia conceptualizada por Calabrò con el enfoque humanista y etnográfico de De Martino, articulada mediante el marco de la “complejidad religiosa”, proporciona una base interpretativa sólida para comprender las manifestaciones de la diversidad religiosa contemporánea. Esto se debe a que el enfoque de la “complejidad religiosa” permite estudiar la diversidad religiosa tanto en entornos físicos como virtuales, reconociendo y valorando la coexistencia de múltiples significados, la construcción de comunidades afectivas y simbólicas, y la integración de lo espiritual con lo social en contextos de interacción colectiva. Por un lado, la postura ambivalente nos permite comprender que las tensiones y aparentes contradicciones no constituyen anomalías del campo religioso, sino que forman parte de su esencia misma, reflejo de su naturaleza compleja. Considerar esta ambivalencia como estructural posibilita comprender la diversidad religiosa no como un añadido marginal, sino como un componente fundamental del entramado simbólico y social en el que lo religioso se manifiesta. De manera convergente, el humanismo etnográfico subraya la necesidad de mantener un equilibrio constante entre nuestras propias categorías culturales –que pueden estar, por ejemplo, moldeadas por la educación católica– y los mundos simbólicos ajenos. Este enfoque promueve un ejercicio dialógico que no busca imponer jerarquías, sino ampliar los marcos de interpretación. Así, se construye un horizonte analítico que acoge la diferencia y, al mismo tiempo, invita a cuestionar críticamente la posición del investigador.
En este sentido, entonces, el marco interpretativo utilizado proporciona herramientas metodológico-conceptuales para superar las limitaciones del catolicocentrismo académico y abrir la mirada hacia la complejidad real de lo religioso, incluyendo, obviamente, expresiones religiosas como la devoción a Malverde, tanto en entornos virtuales como físicos. De hecho, en la presente investigación, esta perspectiva ha sido fundamental, tanto en el plano epistemológico como en el metodológico, para acercarme al objeto de estudio, ya que no soy devoto de Malverde, y el marco de la “complejidad religiosa” me permitió superar los estereotipos y prejuicios tanto sociales como los propios.
Asumir una perspectiva compleja sobre los fenómenos religiosos (incluyendo, obviamente, este estudio de caso) implica, vale la pena recordarlo, elaborar un “nuevo concepto de realidad”. Esto supone, como ya planteaba De Martino en El mundo mágico (2004) al interrogarse sobre la existencia de los espíritus, responder desde una lógica distinta, retomando las palabras con las que el propio estudioso napolitano afrontó esa cuestión:
La respuesta tradicional es los espíritus no existen, no han existido nunca. Son fruto de la superstición, de creencias arbitrarias de mundos históricos sepultados, e incluso de estados psíquicos morbosos. Pero se trata de una respuesta simplista y, con más exactitud, de una negación polémica, oscurecida por la pasión. Sin duda los espíritus no existen, si asumimos como única forma de realidad aquella correlativa a la presencia decidida y garantizada y al mundo dado de nuestra civilización. Pero, por poco que analicemos no sólo los espíritus sino también nuestro concepto de realidad, he aquí que los espíritus podrían también existir (p. 235).
Concluyendo, quiero recordar que, más allá de la mera dimensión académica, objetivo fundamental del presente texto es el de contribuir a visibilizar las expresiones de diversidad religiosa presentes en el país, y aquellas relativas a una devoción muy estigmatizada como lo es aquella de Jesús Malverde, estudiada en el entorno digital. Lo anterior representa un paso crucial para avanzar hacia el pluralismo religioso que, como lo hemos visto, siguiendo a Beckford (2014), implica valorar positivamente la diversidad religiosa. Espero que reconocer y comprender estas prácticas pueda favorecer una cultura de respeto y legitimación de todas las formas de fe, promoviendo el tránsito de la mera diversidad hacia un pluralismo inclusivo y reflexivo en nuestro país.
- Obviamente me refiero a una comunidad flexible, fluida, poco jerarquizada, una comunidad “de validación recíproca de creencias” en el sentido utilizado por Hervieu-Léger (2003, p. 144).↵











