Un abordaje filológico-científico del griego clásico como el que hemos comentado hace de la lengua un territorio potencialmente matematizable y descifrable mediante la aplicación de una serie de fórmulas o paradigmas más o menos rígidos y, así, abre la posibilidad de fantasear con un algoritmo capaz de analizar y traducir de manera automática, sin necesidad de la intervención de un ente animado capaz de deliberar, reflexionar y, sobre todo, decidir y desear. Así como no habría involucrados deseo o voluntad de un agente humano en la descripción de una molécula de agua con dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, tampoco los habría si la lengua de la Grecia clásica –y, con ella, su pensamiento y su cultura– pudiese ser reducida a un objeto meramente analizable, matematizable.
No obstante, en lo que a la traducción de las lenguas modernas respecta, sí hay un recurso que se pretende capaz de prescinidir de un agente humano. El Google translate se presenta como una plataforma cada vez más utilizada en ámbitos no sólo privados, sino también institucionales y académicos. Veamos algunos ejemplos de traducciones de Google translate entre el español y el inglés:[1]
1) Cuando le pedimos que traduzca la siguiente oración: “El perro ladra feliz mirando a su amo”, propone: “The dog barks happily looking at his master”. La traducción es, sin dudas, correcta. Al pedirle a Google translate que traduzca su propia traducción nuevamente al español, propone: “El perro ladra feliz mirando a su amo”. Idéntico al original.
2) Veamos qué ocurre cuando le pedimos que traduzca un texto más complejo:
“Por lo demás era como si el que te dije hubiera tenido la intención de narrar algunas cosas, puesto que había guardado una considerable cantidad de fichas y papelitos, esperando al parecer que terminaran por aglutinarse sin demasiada pérdida”.[2]
La propuesta de Google translate es:
“Besides, it was as if the one I told you had intended to narrate some things, since he had kept a considerable amount of chips and slips of paper, apparently hoping that they would come together without too much loss”.
Salvo por cierta dificultad para captar el sentido de la expresión rioplatense “el que te dije”, la traducción no se aleja demasiado del original. Bastaría, podría decirse, con incorporar al sistema aquella expresión. Pero veamos qué ocurre cuando le pedimos a Google que vuelva a traducir su propia traducción nuevamente al español:
“Además, era como si el que te dijera tuviera la intención de narrar algunas cosas, ya que había guardado una cantidad considerable de fichas y trozos de papel, aparentemente con la esperanza de que se reunirían sin demasiada pérdida”.
El resultado se aleja bastante del original, dando lugar, incluso, a algunos giros difíciles de defender gramaticalmente en español.
3) Veamos qué ocurre con el comienzo del cuento “La muerte y la brújula”, de J. L. Borges:
“De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño –tan rigurosamente extraño, diremos– como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos”.
La propuesta de Google:
“Of the many problems exercised by Lönnrot’s daring insight, none so strange-so strangely strange, let us say-as the periodic series of blood facts that culminated in the fifth of Triste-le-Roy, amid the endless smell of the eucalyptus”.
El hecho de no detectar el significado de la palabra “quinta” dado por el contexto complica el sentido de la frase. Algo similar ocurre con la decisión de cambiar el adverbio “rigurosamente” por el correspondiente al mismo adjetivo que acompaña, dando lugar a la redundancia “strangely strange”, estéticamente interesante pero ajena al original borgeano. Al retraducir al castellano, estos problemas se evidencian:
“De los muchos problemas ejercidos por la osada intuición de Lönnrot, ninguno tan extraño -tan extrañamente extraño, digamos- como la serie periódica de hechos de sangre que culminaron en el quinto de Triste-le-Roy, en medio del olor sin fin del eucalipto”.
4) Mucho más complejo es el caso de textos con un lenguaje arcaizante o atravesado por modismos locales. Veamos un ejemplo del Martín Fierro:
“Es triste dejar sus pagos y largarse a tierra ajena, llevándose la alma llena de tormentos y dolores, mas nos llevan los rigores como el pampero a la arena”.[3]
Google traduce como sigue:
“It is sad to leave your payments and go to land alien, taking the soul full of torments and pain, but we carry the rigors as the sandal to the sand”.
Nótese la traducción de “pagos” por “payments”, desconociendo el sentido peculiar que tiene en nuestro país y, puntualmente, en la estrofa citada. Lo curioso es que si uno le pide a Google que defina el sustantivo “pago” solo, entre las múltiples acepciones aparece la de “aldea o pueblo pequeño”. No se puede aducir, por lo tanto, que el programa no conoce ese significado. Lo que no puede hacer es vincularlo con el contexto en el que aparece para traducirlo de modo correcto. Quizá también cuestionable sea la traducción de “largarse” por “go”, verbo este último sin la carga semántica que posee el primero. Mucho peor aún es la confusión en lo que a la transitividad de “llevan” respecta: en lugar de traducir “nos” como su objeto directo, se lo traduce como sujeto de “carry”, mientras que “los rigores” –sujeto de “llevan” en el original– es traducido como su objeto directo. Los errores se ratifican con la traducción de “pampero” como “sandal”, es decir: como una especie de sandalia.
Si volvemos a traducir al español la traducción del propio Google, el resultado se aleja sustancialmente del original:
“Es triste dejar sus pagos e ir a tierra extraterrestre, llevando el alma llena de tormentos y dolor, pero llevamos los rigores como la sandalia a la arena”.
“Alien” por “extraterrestre” confirma el desplazamiento de sentido ya desde el comienzo del texto. Se nos podrá decir que Google translate falla en el caso del Martín Fierro porque ya nadie habla así, pero ese es precisamente el problema al que nos enfrentamos en el caso del griego clásico: no hay hablantes nativos vivos que puedan ratificar o rectificar nuestras traducciones apelando al uso y costumbre.
Como se ve, la posibilidad de un traductor informático se vuelve cada vez más remota o, emulando la famosa novela de Philip K. Dick Do Androids Dream of Electric Sheep? (1968), tan sólo un sueño del propio Google translate. Para que algo así fuese posible sería necesaria una lengua con una gramática tan perfecta que ningún ser humano sería –ni habría sido– capaz de hablarla. Ninguna calculadora arrojará como resultado de 8578 x 14,66 otra cosa que no sea 125753,48. Sin embargo, Google puede traducir “pagos” por “payments” o por “small town” indistintamente, sin herramientas para detectar cuál es la acepción correcta en su contexto. La traducción, a diferencia de la aritmética, supone, pues, un rol hermenéutico activo por parte del traductor, aunque más no sea mínimo.
Si a todos estos problemas sumamos los concernientes a los textos filosóficos –esto es: la comprensión de los argumentos, sus variadas interpretaciones posibles, las hipótesis involucradas, supuestos, sofismas, razonamientos y falacias, sus consecuencias y conclusiones– la necesidad de un intérprete termina siendo indudable.
Antes de analizar algunos textos en griego clásico que nos servirán para ejemplificar lo que hemos estado diciendo, no dejemos de mencionar algo que, aunque obvio, no deja de ser importante: el Google translate no incluye el griego clásico entre las lenguas a traducir. Si uno escribe un texto, por ejemplo, de Aristóteles y selecciona la opción “griego” (sc. moderno), ocurren cosas como la siguiente:
πᾶσα τέχνη καὶ πᾶσα μέθοδος, ὁμοίως δὲ πρᾶξίς τε καὶ προαίρεσις, ἀγαθοῦ τινὸς ἐφίεσθαι δοκεῖ. (Aristóteles, Ética nicomaquea 1094a1-2)
“Utilizando el mismo método y método, así como preferencia y promoción, cuyo valor se gana”.[4]
Cualquier comentario sería redundante; la incoherencia no necesita explicaciones.
- Ya Eco (2008) había intentado un experimento similar con el traductor BabelFish (www.babelfish.com).↵
- Se trata del comienzo de la novela Libro de Manuel, de Julio Cortázar.↵
- Parte II, “La vuelta de Martín Fierro”, vv. 169-174.↵
- Nuestra traducción castellana: “Parece que toda técnica y toda investigación, del mismo modo que la acción y también la elección, tienden a cierta clase de bien.”↵







