Corina Rodríguez Enríquez,[1] Gabriela Marzonetto[2]
y Virginia Alonso[3]
La literatura feminista ha venido contribuyendo extensamente al estudio de las desigualdades. Con un foco en las brechas de género en distintas dimensiones de la vida (económica, política, social), ha explorado en los nudos de reproducción de esas desigualdades y en sus interseccionalidades.
Desde este campo, dos dimensiones resaltan como básicas para entender la posición económica subordinada de las mujeres: las formas de su participación en el mercado laboral y las características que adopta la organización social del cuidado. Los vínculos e interrelaciones entre estos dos espacios del mundo del trabajo se identificaron muy tempranamente y se reactualizaron recurrentemente: desde los debates sobre el trabajo doméstico propios de los feminismos en la década del 70, hasta la actual argumentación en torno a la economía del cuidado, que busca justamente resaltar el rol económico sistémico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y su persistencia como principal obstáculo para una participación económica plena de las mujeres.
En América Latina estos temas se expandieron sostenidamente durante la última década, en buena parte como consecuencia del renovado impulso de los feminismos en la academia y en el activismo. E incluso fueron permeando en la agenda de las políticas públicas.
Por el lado de las brechas de desigualdad en el mundo del trabajo remunerado, la evidencia y los análisis son extensos y marcan varios aspectos. En primer lugar, que los progresos son notorios, particularmente en lo relativo al incremento en la participación de las mujeres en el mercado laboral. Tal vez éste sea el rasgo más sobresaliente del último medio siglo. Las mujeres han incrementado persistentemente su tasa de actividad laboral.
En segundo lugar, se evidencia que aun cuando algunas brechas muestran procesos de disminución (como por ejemplo la brecha de género en la informalidad laboral), las mismas son persistentes. Las mujeres activas siguen teniendo mayor probabilidad de estar desocupadas que sus pares varones. También están sobrerrepresentadas en la subocupación horaria y en las diferentes expresiones de la informalidad, precariedad y vulnerabilidad laboral.
En tercer lugar, los mercados laborales aún presentan fenómenos marcados de segregación. La misma se da a nivel horizontal, con las mujeres concentradas en actividades específicas, muchas de las cuales reproducen las tareas típicas del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, e incluso se aproximan a sus condiciones de precariedad. También se sigue verificando la segregación vertical, con la consecuente subrepresentación de las mujeres a medida que se sube en las jerarquías ocupacionales.
En cuarto lugar, y como consecuencia de todo lo anterior, todavía persisten las brechas de género en los ingresos laborales. Estas conllevan a su tiempo limitaciones a la autonomía económica de las mujeres, retrasan las posibilidades de superar los problemas de pobreza por ingresos y limitan los proyectos de vida.
En quinto lugar, la evidencia nos muestra que todas las afirmaciones anteriores están mediadas por los fenómenos de estratificación social, y que la experiencia de las mujeres es diversa. Hay muchos mundos en el mundo del trabajo de las mujeres, dependiendo su nivel educativo, su edad, su raza o etnia, las conformaciones familiares a las que pertenecen, los territorios urbanos o rurales que habitan.
Esta diversidad de experiencias de las mujeres en el mercado laboral está a su vez determinada por la multiplicidad de arreglos de cuidado, cuyas características facilitan u obstruyen las posibilidades de participación económica. La agenda de los cuidados ha avanzado mucho en la región, impulsando la construcción de diagnósticos que confirman que la organización social del cuidado es injusta, porque implica una distribución desigual de responsabilidades de cuidado, pero además se potencia en el entrecruzamiento entre desigualdades de género y socioeconómicas.
La cuestión del cuidado ha sido expuesta con mucha contundencia durante los últimos años, apoyada por la realización de una generación de encuestas de uso del tiempo en varios países de la región que permitieron generar información cuantitativa que confirmó con contundencia las intuiciones sobre la desigual asignación de los tiempos al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado por parte de mujeres y varones, por un lado, y por parte de mujeres de menor o mayor nivel socioeconómico. Estas evidencias fortalecieron la agenda de los cuidados, que de a poco va consiguiendo una atención creciente desde las políticas públicas.
El avance en el estudio de estos temas, así como en el diseño e implementación, aún muy insuficiente y fragmentada, de políticas que buscan reorganizar el cuidado y reducir las brechas de desigualdad económica en la región, nos enfrenta a nuevas preguntas para complejizar el análisis y potenciar las políticas públicas.
Este libro intenta abordar algunas de estas aristas menos exploradas, en dos sentidos. Por un lado, se pregunta por la relación entre el desempeño de los mercados laborales en términos de brechas de desigualdad y estilos de desarrollo económico predominantes en los países. Esta indagación propone construir evidencia para alimentar la reflexión sobre determinantes económicos estructurales de las brechas de desigualdad. En algún sentido, lo que se busca con esta indagación es construir evidencia que permita mostrar que para reducir o eliminar estas brechas, no es suficiente con implementar políticas sectoriales de empleo e instrumentos que busquen mejorar las capacidades laborales de las mujeres, porque estas alternativas pueden ser inefectivas si la estrategia de desarrollo no ofrece buenas oportunidades para las mujeres.
Por el otro lado, se pretende avanzar en el análisis sobre las políticas de cuidado, para comprender cuáles son los diseños y las condiciones de implementación que más favorecen esquemas transformadores. A su vez, se observa en qué sentido estas políticas resultan funcionales para las mujeres que, por las propias características de los mercados laborales derivadas de la estrategia de desarrollo económico, enfrentan mayores obstáculos estructurales a la participación laboral.
En definitiva, se busca empujar un camino de análisis que permita ir integrando estas diferentes dimensiones para lograr explicaciones más complejas de un fenómeno que anuda dinámicas de reproducción de desigualdad y para informar a las políticas públicas que podrían desanudarlas.
Para ello, en el capítulo 1, Corina Rodríguez Enríquez repasa los aportes analíticos que ofrece la Economía Feminista para pensar la articulación entre producción y reproducción. Así, recorre los desarrollos conceptuales conocidos que permiten comprender a la organización social del cuidado como vector de reproducción de desigualdad, recopila los aportes que han indagado sobre el vínculo entre desempeño macroeconómico y oportunidades económicas de las mujeres, y repasa críticamente las respuestas de política que se han venido dando para atender los problemas de empleo y de cuidado.
En el capítulo 2, Virginia Alonso propone un diálogo teórico-metodológico entre los estudios de género, la Economía Feminista y el estructuralismo latinoamericano para abordar la desigualdad económica de género en la región. A través de esta construcción, se concentra en el caso argentino y, recuperando la perspectiva de la heterogeneidad estructural, analiza el nexo entre las brechas de género en el mercado laboral y el modo de desarrollo vigente. Asimismo, profundiza en la relación entre esta dinámica y la organización del cuidado, estudiando las brechas en los ingresos en hogares con población dependiente del cuidado.
En el capítulo 3, Virginia Alonso y junto a Gabriela Marzonetto se zambullen en el caso chileno para comenzar a atar algunas de las vinculaciones relevantes entre brechas de género en el mundo del empleo, políticas sociales ancladas en la posición de las personas respecto al mercado laboral, y características de las políticas asistenciales dirigidas a las mujeres de sectores vulnerables, que son las que presentan mayor nivel de informalidad laboral. Así buscan advertir en qué medida las políticas sociales y la ampliación de servicios de cuidado consiguen revertir las implicancias de la heterogeneidad estructural sobre los mercados laborales y las brechas de desigualdad.
En el capítulo 4, Soledad Salvador nos ilumina con una contribución desde el caso uruguayo, que ha sido insignia en el campo de las políticas de cuidado. Desde la experiencia del desarrollo del Sistema Nacional Integrado de Cuidados de Uruguay, reflexiona sobre las potencialidades de este tipo de arreglos institucionales para promover modelos corresponsables de cuidados que reconozcan y reduzcan la carga del trabajo no remunerado que realizan las mujeres, e involucren a los varones en la provisión de los cuidados. Y desde aquí, que mejoren las posibilidades de las mujeres de participar en contextos donde la segmentación estructural de los mercados de trabajo y la segregación ocupacional refuerzan las desigualdades sociales y de género.
En el capítulo 5, Gabriela Marzonetto nos ofrece un marco metodológico para analizar comparativamente las políticas de cuidado y evaluar cómo su orientación y sus rasgos institucionales permiten esquemas que nos acercan o nos alejan de los modelos más transformadores. Concretamente, la propuesta busca observar el nivel de maternalismo/corresponsabilidad en el diseño de las políticas en combinación con el grado de coordinación de estas, es decir en qué medida el conjunto de políticas se encuentran integradas/fragmentadas. Este esquema se aplica para el análisis específico de los tres casos nacionales indagados en los capítulos anteriores: Argentina, Chile y Uruguay, y al caso específico de las políticas de cuidado en la primera infancia.
Finalmente, en el capítulo 6, Gabriela Marzonetto, Virginia Alonso y Corina Rodríguez Enríquez vuelven a unir las dimensiones de análisis de los capítulos anteriores analizando comparativamente las implicancias de la organización social del cuidado infantil y de la heterogeneidad estructural de los mercados laborales en la configuración de la desigualdad económica de género en Argentina, Chile y Uruguay en la actualidad. El objetivo principal de este capítulo es analizar la potencialidad de las políticas de cuidado (licencias por nacimiento y cuidados y espacios de Atención y Educación en Primera Infancia) para facilitar la participación laboral de las mujeres de sectores más vulnerables, que son quienes resultan más afectadas en su participación laboral como consecuencia de la lógica de la heterogeneidad estructural.
El libro cierra con un epílogo donde intentamos poner los hallazgos de los diversos capítulos a la luz del peculiar contexto de pandemia que estamos viviendo, y de sus consecuencias económicas.
- Investigadora independiente del CONICET en el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp). Miembro del Comité Ejecutivo de Mujeres por un Desarrollo Alternativo para una Nueva Era (DAWN).↵
- Becaria posdoctoral del CONICET en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (FCPyS-UNCUYO).↵
- Becaria posdoctoral del CONICET en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Centro Científico y Tecnológico de Mendoza (INCIHUSA-CCT).↵









