Los aportes y silencios de la arqueología
Cristina Prieto-Olavarría; Horacio Chiavazza[1]
1. Introducción
La montaña ocupa parte importante de la superficie de la provincia de Mendoza (Centro Oeste argentino). En el norte provincial y dentro de los límites políticos de los departamentos de Las Heras, Capital, Godoy Cruz y Luján de Cuyo, ha tenido un importante rol en el desarrollo económico, social y cultural, debido a los múltiples recursos disponibles y a la presencia del paso cordillerano Cristo Redentor, que conecta con Santiago, capital de Chile. El paisaje incluye la cordillera principal, la cordillera frontal y la precordillera, integrando gran diversidad geológica, altitudinal y ambiental.
Las ocupaciones humanas más tempranas en el norte mendocino se registran en la precordillera y datan aproximadamente de 11.000 años atrás, durante el Holoceno temprano. Posteriormente, y luego de un largo lapso con escasas ocupaciones durante el Holoceno Medio, desde aproximadamente los 2000 años AP hay evidencia de ocupaciones continuas, incluyendo restos de poblaciones procedentes de ambas vertientes cordilleranas. El tramo del camino del inca y la infraestructura asociada, muestra la relevancia del tránsito prehispánico en esta parte de la cordillera de Los Andes. En tiempos históricos, el tránsito entre ambas vertientes cordilleranas relacionado con el intercambio, el comercio, la ganadería y la minería, entre otras actividades, condujo al desarrollo de las villas de alta montaña, surgidas a la vera de los caminos, como la actual Ruta Nacional 7 y la vía del Ferrocarril Trasandino.
La precordillera y la alta montaña han ocupado un lugar importante en las investigaciones arqueológicas regionales, desarrolladas desde principios del siglo XX, e incluso se registran observaciones de restos arqueológicos desde fines del siglo XIX. Los estudios se han centrado en el proceso histórico de ocupación y se han enfocado desde perspectivas materialistas en las que prima una visión adaptativa de los humanos en el entorno ambiental. Para las ocupaciones de tiempos históricos, entre los siglos XVII y XX, algunos trabajos han indagado en la inserción de la montaña en el mundo moderno y la economía capitalista, especialmente a partir del auge de la ganadería y la minería.
El patrimonio cultural de la alta montaña, incluido el valle de Uspallata con su villa cabecera homónima, es conocido ya que cuenta con diversos sitios con declaratoria patrimonial. Estos despiertan gran interés en la sociedad y en las instituciones públicas, como la Municipalidad de Las Heras y el Ente Provincial de Turismo, los que mencionan y publicitan el valor patrimonial en sus sitios web. Este interés no ha tenido correlato en las políticas patrimoniales de largo plazo, tal como mencionan publicaciones recientes sobre la situación patrimonial del cerro Tunduqueral y la villa de Uspallata (Ataliva 2011; Zárate Benardi et al. 2019)[2]. Actualmente, se desarrollan planes que impulsarían la protección de algunos de los patrimonios culturales de alta montaña: el Proyecto ASETUR “Puesta en valor del camino del Villavicencio – Alto del Paramillo. A 200 años del cruce de Los Andes”, financiado por COFECYT[3]; la creación del Museo de Arqueología de Alta Montaña (Diario Los Andes, 2019)[4]; la presentación hecha por el Gobierno Nacional ante la UNESCO que busca el reconocimiento como patrimonio histórico de la humanidad para las Rutas Sanmartinianas.
Por su parte, la precordillera, específicamente la Reserva Natural Villavicencio[5] y zonas aledañas, también tiene sitios patrimoniales, algunos de ellos con declaratorias. Recientemente se planteó una propuesta novedosa, incluida en el Plan de Manejo de la Reserva, centrado en la caracterización de Paisajes Culturales, a partir del análisis integrado del patrimonio histórico y arqueológico con los diversos ambientes, evaluando su situación patrimonial y definiendo su potencial y riesgo (Chiavazza 2018).
Este capítulo, tiene como objetivo hacer una primera aproximación al rol de la arqueología en los procesos de patrimonialización del área de montaña del norte de Mendoza. A partir de un marco conceptual que define al patrimonio como una construcción social, de las propuestas de la Arqueología del Paisaje y del repaso de los bienes declarados y las investigaciones arqueológicas y patrimoniales, se reflexiona sobre el rol que ha tenido la disciplina y las acciones que podrían mejorar su injerencia en el ámbito patrimonial.
2. El patrimonio y el paisaje. Visiones desde la arqueología
2.1. El patrimonio
Desde hace algunas décadas se enfatiza la necesidad de abordar una arqueología ligada a las necesidades y problemas sociales actuales (Ayala Rocabado 2014; González-Ruibal 2012; Harrison 2016). Partiendo de la base que el pasado es parte del presente, surge la idea de estudiar cómo las comunidades contemporáneas se relacionan con las materialidades persistentes del pasado y cómo estas influyen en la actualidad. Desde la perspectiva de una arqueología sin límites temporales, se propone que política y éticamente es inadecuado separar pasado y presente, ya que los restos materiales existen y tienen vigencia entre las poblaciones contemporáneas, así como también las consecuencias políticas y sociales de la historia que referencian (González Ruibal 2012). En sintonía con esto, diversas investigaciones y organismos nacionales e internacionales, como la UNESCO, abogan por la puesta en marcha de buenas prácticas de gestión en torno al patrimonio y ponen el eje en el rol del patrimonio cultural y su vinculación con las comunidades locales y los visitantes (Endere et al. 2018; Castillo Mena 2016). En este sentido, la construcción del patrimonio es parte fundamental de la relación pasado-presente y de la formación y regulación de valores, ya que la patrimonialización es considerada una práctica cultural que se construye (Smith 2006).
La construcción del patrimonio se desarrolla a partir de las concepciones y los discursos provenientes tanto de los ámbitos oficiales y hegemónicos (autoridades, organismos de administración y científicos) como de los no oficiales constituidos por las comunidades locales y las voces subalternas (Harrison 2016; Smith 2006; Vilches et al. 2015). En este sentido, se entiende que es una elaboración ideológica relacionada con el poder, la identidad y los intereses comerciales (Prats 1997). Es una herramienta de uso social (García Canclini 2001), por lo cual es un fenómeno dinámico al que acceden diferencialmente los actores sociales (Endere y Curtoni 2003). En este contexto, los arqueólogos tienen un rol importante en el proceso de patrimonialización, ya que los objetivos de sus investigaciones, los diversos intereses ligados a ellos y su relación con los agentes de valoración, inciden en la caracterización patrimonial de una región y por ende en la difusión, preservación y estudio diferencial de los restos que la constituyen.
2.2. El paisaje
La construcción del espacio es histórica y política, por lo tanto, es una elaboración social que se transforma constantemente y está atada a la cultura (Criado Boado 1993). Las conceptualizaciones del espacio en categorías deterministas y ecológicas, y el afán de dominio y explotación, son características del pensamiento occidental, el cual lo problematiza desde una perspectiva natural y geográfica, evitado considerarlo un problema histórico-político (Foucault 1989: 12, en Criado Boado 1993: 12). El espacio entendido desde una concepción capitalista, funcionalista, empírica y moderna, permite justificar su condición infraestructural para enraizar la revolución industrial y la producción, en definitiva, el sistema capitalista que necesita controlar, dominar y racionalizar, en la forma de territorio, una naturaleza contrapuesta a la cultura (Criado Boado 1993). Desde la antropología y haciendo parangones con la lingüística y la traducción, se propuso que esta idea dualista responde a un orientalismo que entiende una discontinuidad y la reciprocidad negativa en las relaciones humanos-naturaleza y que permite ejercer la dominación sobre ella (Pálsson 2001).
Los estudios enfocados desde la Arqueología del Paisaje se distancian de la concepción empírica dualista que segrega naturaleza y cultura, que entiende al espacio como neutral y donde se desarrolla el devenir humano, y de la noción sociológica que lo explica como el medio y el producto de los procesos sociales (Criado Boado 1994). Desde esta perspectiva se plantea que el paisaje es producto de la relación entre los seres humanos y el entorno ambiental, por lo cual no es una entidad aislada de la cultura, sino que es un constructo socio-cultural que se transforman en relación a la cultura y el devenir histórico, y que es creado por la objetivación sobre el medio y las prácticas sociales tanto de carácter material como imaginario (Criado Boado 1993, 1994). Pensar el espacio desde esta perspectiva y en su dimensión de fenómeno socio-cultural, requiere hacer el esfuerzo por desprenderse de la tiranía del tiempo que caracteriza al pensamiento moderno para plantearse “observar regularidades espaciales ajenas en gran medida a la cronología, la periodización, la secuencia y la fase, e involucradas en cambio con la realidad discontinua, mutante, repetitiva, recurrente, de las prácticas sociales” (Criado Boado 1993: 18).
La reconstrucción de la racionalidad y morfología de los paisajes del pasado se basa en el reconocimiento de la visibilidad, la cual está íntimamente ligada al registro arqueológico, y expresa culturalmente la acción y estrategias sociales sobre el espacio y su construcción (Criado Boado 1993). Esta propuesta teórica y metodológica post positivista, se define como una investigación aplicada o desarrollo tecnológico, que aspira a la transformación de la arqueología en una metodología de acción positiva para el presente, ya que satisface demandas sociales, produce conocimiento e innova en los procedimientos (Amado Reino et al. 2002). Es tanto una herramienta de estudio como de gestión del patrimonio histórico, ya que se ocupa de la conservación, protección, recuperación y valoración, es decir, es una práctica interpretativa que moviliza y produce valores intelectuales a partir de referentes físicos concretos (Criado Boado 1994, 1999).
3. La arqueología en las montañas
A fines del siglo XIX y principios del XX, se realizaron en las montañas mendocinas las primeras observaciones y estudios arqueológicos de la provincia, como el caso del petroglifo de Canota, dado a conocer por Francisco Perito Moreno en el año 1891 (Figura 1) y la mención de una clava insignia en Villavicencio por José Imbelloni (1928).
Figura 1. Petroglifo de Canota

Fotografía de Horacio Chiavazza (2011)
Desde fines de la década de 1930, se sistematizaron las investigaciones que desembocarían en un extenso y arduo relevamiento, centradas especialmente en el valle de Uspallata. Rusconi, se abocó a la descripción de hallazgos arqueológicos, paleontológico, geológicos y desarrolló estudios antropológicos y etnográficos; estudió las ruinas incaicas, las que constituían un verdadero atractivo por su estado de conservación y relevancia histórica (Rusconi 1938); aportó información sobre 26 sitios arqueológicos ubicados en el departamento de Las Heras, tanto sitios prehispánicos como del período colonial y republicano (siglo XIX) (Rusconi 1961, 1962); en el caso del tambo de Ranchillos tuvo especial interés por la restauración y conservación del sitio[6] (Rusconi 1962). En este contexto, Aparicio desarrolló investigaciones en el tambo de Ranchillos (1940). Más tarde, Schobinger (1971) enfocó dos temas clave en la misma zona: la dominación incaica y el arte rupestre, trabajando en sitios como Tambillitos, Uspallata Usina Sur y los petroglifos del Cerro Tunduqueral (Schobinger 1971, 1980, 1982; Schobinger y Bárcena 1973, entre otros). Este investigador, retomó el interés por la dominación y vialidad incaica, concentrando sus estudios en la Capacocha del cerro Aconcagua, ritual del niño momificado descubierto en la década de 1980 (Schobinger 1985, 2001)
Desde la década de 1970, los equipos de arqueólogos de la Universidad Nacional de Cuyo concentraron territorialmente sus investigaciones en las montañas, centrándose durante los primeros años en las ocupaciones prehispánicas: los sitios del Valle de Uspallata, especialmente asociados al Camino del Inca o Qhapaq Ñan y la organización estatal en el extremo austral oriental del Kollasuyu; los antiguos sitios del piedemonte cordillerano, como el Arroyo el Tigre (Bárcena 1981, 1988; Bárcena y Román 1990). En la precordillera, las labores del equipo del Proyecto Arqueológico Pampas Altas, impulsado por Pablo Sacchero, se concentró mayormente en las cotas altas de la vertiente occidental precordillerana hasta las pampas altas y los piedemontes de la vertiente oriental (García y Sacchero 1989). En publicaciones derivadas de este proyecto se observa la búsqueda de comprender teóricamente los procesos de adaptación al territorio y el foco en análisis ecológico-sistémicos (Prieto 1978; Durán y García 1989; Chiavazza 2010; Chiavazza et al. 2003, entre otros). Por otro lado, tanto en la cordillera como en el valle de Uspallata y la precordillera, algunos estudios se orientaron desde una perspectiva histórico-cultural (Bárcena 1981; García 1992, entre otros). En este marco general, el sitio Agua de la Cueva (Figuras 2 y 3)[7], ubicado en la Pampa de Canota de precordillera, destaca por presentar evidencias de las ocupaciones humanas más tempranas registradas en el norte de Mendoza, con aproximadamente 11.000 años de antigüedad, con una potencia y continuidad ocupacional que llega hasta el presente (Durán y García 1989; García y Sacchero 1989).
Figura 2. Primera excavación del sector sur del sitio Agua de la Cueva en el año 1987

Campaña del Proyecto Pampas Altas dirigido por el arqueólogo Pablo Sacchero (primero a la izquierda)
Figura 3. Imagen captada el año 2017, en la cual se aprecia una construcción dentro del sector norte del sitio Agua de la Cueva

Fotografía de Horacio Chiavazza
Considerando los trabajos publicados sobre el valle de Uspallata y la cordillera, se contabilizan 41 sitios arqueológicos (Bárcena 1981: 80), mientras que en la precordillera se cuentan 15 sitios (Chiavazza 2018). En años recientes se han desarrollado investigaciones que retoman sitios como, por ejemplo, Barrio Ramos[8] (Durán et al. 2018) y el cerro Tunduqueral (Zárate Bernadi et al. 2019). También se han descubierto nuevos sitios de gran antigüedad en alta montaña en el sector de Las Cuevas (Diario Los Andes, 2019) [9]. De este modo y en base a las publicaciones de los autores, ya que no hay catastros patrimoniales disponibles para su consulta, se observa que la cantidad de sitios estudiados no ha variado sustancialmente en los últimos 40 años.
Respecto a las investigaciones arqueológicas centradas en tiempos posthispánicos, salvo los trabajos de Rusconi, no fue sino hasta la década de 1990 que el estudio sistemático de estos sitios, aparecen en el horizonte de las investigaciones arqueológicas en la alta montaña, valle de Uspallata y precordillera. Rusconi (1946, 1961, 1962) realizó los primeros aportes a partir de las descripciones de estructuras ligadas a actividades agrícolas, pecuarias y mineras de la colonia y de los siglos XIX y XX en el valle de Uspallata. Los trabajos de Lagiglia (1981) se centraron en las Bóvedas de Uspallata (Figura 4), sitio histórico al que se atribuyó origen minero y de fundición colonial y que entre otras funciones albergó al Ejército de San Martín durante el cruce hacia Chile, en el marco de las guerras de independencia. En el caso de las tres Casuchas del Rey de alta montaña —construcciones que forman una serie de refugios coloniales que fueron las postas del correo que conectaba a la Capitanía General de Chile con el Virreinato del Río de la Plata a través de Los Andes y Mendoza— (Figuras 5 y 6), las referencias arqueológicas solo se encuentran en notas de prensa (Diario Los Andes, 2019) [10]. En la vertiente chilena y para la única Casucha en pie, se cuenta con recientes investigaciones realizadas por un equipo binacional encabezado por la corporación PROACONCAGUA (Los Andes, Chile) y el Centro de Investigaciones Ruinas de San Francisco (CIRSF, Mendoza, Argentina) (Quiroga et al. 2018). Esta situación evidencia que la arqueología de tiempos históricos no ha sido un objetivo relevante en los proyectos de investigación ya que, los sitios de montaña, especialmente los reparos rocosos, poseen estratigrafías que indican ocupaciones continuas, incluyendo coloniales, republicanas y recientes, las que no han sido analizadas ni descriptas en detalle en gran parte de las publicaciones.
En precordillera, el desarrollo de la minería en la precordillera, tanto colonial como republicana, ha concentrado el interés de los investigadores, lo cual se refleja en diversas publicaciones sobre las minas de Paramillos (Durán et al. 2002, 2003; Sironi 2013; Sironi y Chiavazza 2013) y Los Hornillos (Chiavazza y Prieto Olavarría 2008 y 2012).
Figura 4. Las Bóvedas de Uspallata en el año 1920

Fuente: Archivo General de la Provincia de Mendoza
Figura 5. Casucha del Rey de Paramillos de Las Cuevas, año 2017

Fotografía de Cristina Prieto-Olavarría
Figura 6. Casucha del Rey de Paramillos de Las Cuevas y campamento, año 1900. En la Casucha se aprecia el techo a dos aguas sobre el abovedado y una pequeña torre en el frente (¿posible chimenea?), actualmente inexistentes

Fuente: Archivo General de la Provincia de Mendoza
4. El patrimonio de la montaña
4.1. El patrimonio declarado
En Mendoza coexisten tres niveles de declaratoria patrimonial, nacional, provincial y municipal, provenientes de distintas legislaciones y cuyos alcances pueden incluir a un mismo bien patrimonial (Lucchesi 2005). A estas se ha sumado un cuarto nivel, el de carácter internacional.
La alta montaña y el valle de Uspallata cuentan con diversos sitios de relevancia patrimonial, de los cuales algunos tienen declaratorias (Tablas 1a, 1b y 2). Las Bóvedas de Uspallata[11] y las Ruinas del Molino Hidráulico, las Casuchas de la Cordillera o Casas del Rey (Puquios, Paramillo de Las Cuevas y Las Cuevas) y el Monumento al Cristo Redentor de Los Andes, fueron declarados Monumento Histórico Nacional. Desde el año 2018, las Bóvedas de Uspallata tienen custodia internacional, debido a la colocación del Escudo Azul de la UNESCO.[12] El Paso de la Cumbre o Paso de Uspallata y el Puente sobre el Río Picheuta tienen declaratoria de Lugar Histórico Nacional. El Cerro Tunduqueral es Patrimonio Cultural Provincia. Por su parte, el camino del Inca o Qhapaq Ñan es Patrimonio Cultural Provincial y, como parte de un proyecto plurinacional, el año 2014 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como Itinerario Cultural Transnacional y Seriado[13], incluyendo en la provincia de Mendoza los sitios de Ciénaga de Yalguaraz, Penitentes, Puente del Inca, Confluencia y cerro Pirámide, así como los sectores del camino integrados en el tramo Ciénaga de Yalguaraz-Puente del Inca. Por su parte, el Parque Provincial Aconcagua[14] (Figura 7) y el Puente del Inca, que es Monumento Natural Provincial, son dos áreas protegidas por ley que poseen una invaluable cantidad de valores naturales y culturales (Tabla 1).
El sector precordillerano de la Reserva Natural Villavicencio cuenta con dos sitios con declaratorias patrimoniales, el Paraje Agua de la Cueva es Monumento Provincial y el Hotel Termas de Villavicencio es Monumento Histórico Nacional (Figuras 8 y 9) (Tabla 2). Villavicencio fue declarada Reserva Natural Protegida por la Dirección de Recursos Naturales Renovables de la Provincia.
Figura 7. Sendero de ingreso al mirador del Parque Provincial Aconcagua

Fotografía de los autores
Figura 8. Hotel Termas de Villavicencio. Al fondo el hotel nuevo y abajo a la derecha el antiguo, año 1942

Fuente: Archivo General de la Provincia de Mendoza
Figura 9. Vista del Hotel Termas de Villavicencio y localidad de Vaquería, año 2004

Fotografía de Horacio Chiavazza
Tabla 1. Sitios con declaratoria patrimonial, natural o parque en la alta montaña de Mendoza
Sitios con declaratoria patrimonial, natural o parque, en la alta montaña y valle de Uspallata del Noreste de Mendoza, departamento de Las Heras, Provincia de Mendoza (datos tomados de Ruiz 2005).
Tabla 2. Sitios con declaratoria patrimonial o reserva en la precordillera
Sitios con declaratoria patrimonial o reserva en la Reserva Natural Villavicencio (RNV), precordillera de Mendoza, departamento de Las Heras, provincia de Mendoza
5. Estudios sobre el estado patrimonial de los bienes culturales
La situación de los bienes patrimoniales del área ha suscitado estudios orientados al diagnóstico de su estado de conservación. El Cerro Tunduqueral ha concentrado la atención en años recientes (Ataliva 2011, Zárate Benardi et al. 2019). Un trabajo amplio, incluyó el análisis de las Casuchas del Rey, las estaciones ferroviarias y los poblados históricos de la montaña (Micale et al. 2010). Por parte, Puente del Inca cuenta con un estudio patrimonial (Priori et al. 2006). Los riesgos de conservación de los recursos culturales y naturales de estos sitios y paisajes también han preocupado a investigadores de otras disciplinas: las Casuchas del Rey (Ramos y Aguirre-Urreta 2009); la villa de Puente del Inca (Elias, 2016; SEGEMAR y DOADU 2007a, 2007b); el Parque Aconcagua (Barros et al. 2015).
En este contexto, el trabajo de Ataliva (2011) en Uspallata es un antecedente relevante, ya que, a partir del estudio diagnóstico para la conservación de los petroglifos del cerro Tunduqueral y de la interacción con los agentes de valoración, puso en evidencia la compleja relación entre el patrimonio arqueológico, declarado o no, y las comunidades locales de la villa de Uspallata. A partir de esta experiencia, el autor enfatizó la necesidad de repensar el uso público de los recursos culturales, a partir de la evaluación patrimonial de estos bienes y de las representaciones que los distintos agentes de valoración, tanto eruditos como locales, exponen en sus discursos y sus acciones. Puso en relieve que no es viable un diagnóstico y planes de conservación, si no se tiene en cuenta el marco social, ya que los recursos culturales marcan las trayectorias vitales en los actores locales, incluidas los étnicos —como la comunidad Huarpe Guaytamari— y son ellos quienes les otorgan significado (Ataliva 2011: 17-18). Sobre este mismo sitio, Zárate Benardi y colaboradores (2019) enfatizan las acciones posibles en el marco de su destrucción, especialmente por la intervención humana, y lo que mencionan como desidia por parte de las instituciones que deben velar por su protección. Plantean que la destrucción del sitio no solo se debe al uso turístico sin regulación, sino que, a pesar de la existencia de leyes nacionales, provinciales y normativas municipales, que deberían normar el aprovechamiento del sitio, no existen acciones concretas por parte de las autoridades de aplicación (Zárate Benardi et al. 2019: 232 y 240), especialmente en el marco de la existencia de un Plan de Manejo para el Cerro Tunduqueral, encargado por la Municipalidad de Las Heras (Durán y Mikkan 2011).
En el caso de la precordillera, se observa la misma situación de alta montaña, ya que Agua de la Cueva (Monumento Provincial desde 1994), ha sufrido serios daños patrimoniales, lo que suscitó notas en la prensa en las que han intervenido arqueólogos locales (Diario Los Andes, 2017; Diario UNO, 2017)[15] (Figuras 2 y 3). Una experiencia diferente es la desarrollada recientemente en la Reserva Natural Villavicencio, ya que luego de 20 años de investigación arqueológica en el área, se realizó el segundo Plan de Manejo de la Reserva[16], en el cual se contempló el objetivo de detectar y diagnosticar las características y potencial arqueológico patrimonial (Chiavazza 2018). El objetivo fue identificar, a partir de la evaluación del patrimonio histórico y arqueológico, los paisajes culturales desde una visión diacrónica y abarcando tanto el interior de la Reserva como de las áreas directamente aledañas. Se trabajó con la idea de Paisaje Cultural, definido por la UNESCO como obras de labor combinada entre los humanos y la naturaleza (según la XVI sesión del Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO, Santa Fe, Estados Unidos). Esta es la primera experiencia en el área que analiza paisajes del pasado y su construcción en el presente, a partir del análisis del espacio como entidad superpuesta y las distintas formas de su apropiación y transformación. Se plantea que existen “recortes diacrónicos del territorio que permiten observar una estratigrafía de acciones humanas que intervinieron y se enredaron con la geografía, las plantas y los animales, dando lugar a paisajes culturales” (Chiavazza 2018: 1). Para el relevamiento de los paisajes culturales se categorizaron cuatro unidades geomorfológicas de modo heurístico: quebradas; pampas altas; piedemonte; planicies. Se trabajó con la información de las denominaciones tradicionales presentes en la cartografía y la brindada por informantes locales. Se relevaron 13 sectores de la Reserva Natural y se detectaron 17 sitios/áreas arqueológicas puntuales. A partir del análisis de la visibilidad del registro arqueológico, se seleccionaron tres recortes temporales y cuatro planos paisajísticos culturales, algunos de ellos se solapan a modo de palimpsestos en la amplitud de la pampa de altura, una quebrada, la construcción de un recinto o una cuadrícula. Las etapas definidas fueron: la prehispánica-nativa (a partir de 11.000 años AP hasta el siglo XVI); la colonial (siglos XVI a XIX); la moderna (siglos XIX y XX). Estas se involucran en diferentes planos y escalas espaciales, dando como resultado cuatro paisajes culturales principales: 1- paisaje nativo; 2- paisaje minero; 3- paisaje ganadero; 4- paisaje del turismo. El paisaje nativo incluye todo registro, superficial o estratificado, artefactual o inmueble, aislado o concentrado, que refiere usos del espacio por parte de las comunidades originarias, e incluye el paisaje nativo prehispánico y el nativo posthispánico, ya que incluye evidencias de grupos nativos que bajo el régimen colonial circularon entre la vertiente oriental y la occidental de la precordillera en el marco de las exploraciones (1551), la fundación de la ciudad de Mendoza (1561) y hasta el siglo XVIII. El paisaje minero, incluye emplazamientos (espacios domésticos, reducción y procesamiento), los piques y minas, y los caminos vinculados con accesos y comunicaciones. El paisaje ganadero está demarcado por los emplazamientos (espacios domésticos, reducción y procesamiento), los corrales y las sendas. Por último, el paisaje del turismo está constituido por los hoteles y hospedajes, los servicios (fuente de agua, Puesto de Vaquería y alojamientos) y los sectores de descarte (basurales generados por la hostelería) (Chiavazza 2018). Sobre esta matriz del Paisaje Cultural, se está trabajando con las experiencias vitales, recuperado testimonios orales de las personas que los habitaron, visitaron e incluso construyeron (Marengo y Chiavazza 2019).
6. Aproximación a la construcción del patrimonio en la montaña del norte de Mendoza y el rol de la arqueología
En la alta montaña mendocina, contrasta la gran cantidad de estudios y sitios arqueológicos existentes y los pocos que tienen declaratoria patrimonial. Sólo dos áreas arqueológicas prehispánicas cuentan con declaratoria, el Camino del Inca y sus tambos o Qhapaq Ñan, y el Cerro Tunduqueral (Tabla 1), este último con graves problemas de conservación, lo que ha generado estudios y discusiones en años recientes. En el caso del Qhapaq Ñan, la declaratoria de la UNESCO es un claro ejemplo del importante rol que tienen los arqueólogos dentro de las políticas de gestión patrimonial[17]. Por otra parte, y en contraste con los escasos trabajos arqueológicos centrados en problemáticas de tiempos históricos, la mayor parte de los sitios declarados patrimonio son coloniales y republicanos, con una clara selección de los relacionados con la gesta del cruce de la cordillera de Los Andes por parte del General San Martín y el Ejército de Los Andes (Tablas 1a, 1b y 2).
En la precordillera, el sitio Agua de La Cueva, ampliamente estudiado y con las dataciones más antiguas de ocupación humana del norte mendocino, ha sido fuertemente impactado por las ocupaciones estables, a pesar de los llamados de atención en la prensa. Por su parte, el Hotel Termas de Villavicencio, fue puesto en funcionamiento a partir de un enfoque centrado en la puesta en valor y el turismo.
Sin poner en duda el valor de los bienes declarados, este panorama general permite visualizar que los procesos de patrimonialización en la montaña mendocina, responden a discursos oficiales centrados en los sitios y lugares que referencian el proceso de formación del Estado Nación, especialmente los relacionados con la campaña libertadora sanmartiniana. Este proceso ha soslayado gran cantidad de sitios que abarcan miles de años de historia, poniendo en evidencia el silenciamiento de gran parte de los agentes de valoración, incluyendo a las poblaciones locales y los arqueólogos, situación que ha generado una visión parcial del desarrollo histórico y los paisajes culturales de esta gran área montañosa. Esta situación se enmarca en el contexto nacional, ya que estudios recientes indican que el Estado argentino, tanto nacional como provincial, se ha atribuido históricamente la exclusividad del derecho de dominio y jurisdicción del patrimonio arqueológico, sin contar la opinión de los descendientes de los pueblos que los produjeron (Endere 2016).
La polarización del discurso patrimonial, enfocado en la construcción de la identidad nacional, fue mencionada hace varias décadas por la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos (CNMMLH), que ante la centralización consideró necesario ampliar el proceso de patrimonialización histórico cultural al período prehispánico y a los bienes del siglo XX. En la Disposición Nº5/91[18], se actualizó y enriqueció el concepto de Patrimonio Histórico y Artístico referido a las definiciones de Monumento Histórico Nacional, Lugar Histórico Nacional y Patrimonio Histórico Cultural y Natural, en el marco de la Ley N°12.665. En esta nueva regulación se establecieron criterios y pautas para la valoración y selección del patrimonio cultural, partiendo de la idea que son conceptos históricamente dinámicos que se transforman y perfeccionan a través del tiempo. Esta Disposición amplió el campo patrimonial basado en tres aspectos, el tiempo histórico, la escala espacial y el campo social, y estableció:
Que el patrimonio histórico-cultural y natural así conformado, transmitido como legado a las generaciones futuras, posibilita la construcción de la identidad de la Nación. Que por otra parte la etapa inicial relacionada con la preservación y consolidación del patrimonio histórico-monumental correspondiente a los períodos Hispánico, de la Independencia y de la Organización Nacional se encuentra, en lo que respecta a los hechos históricos más destacados, razonablemente cumplida. Que es válido entonces, para continuar con la misión que la ley nacional N°12.665 impone, considerar también los hechos de la prehispanidad y del siglo XX y en consecuencia dejar asentados, en forma clara y expresa, los criterios generales adoptados para cumplir en esta etapa. (fragmento de la Disposición N°5/91 de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, Buenos Aires, 21 de octubre de 1991. Tomado de Ruiz 2005: 20)
Con esta misión propuesta el año 1991 y los relevantes aportes hechos por los especialistas, llama la atención que el patrimonio prehispánico en alta montaña y precordillera se encuentre actualmente en grave condición de vulnerabilidad, ya que, los tres marcos de legislación, nacional, provincial y municipal, reconocen que los bienes arqueológicos son patrimonio cultural, aunque no tengan declaratorias específicas.[19] Se propuso que una de las causas de este problema es, que las declaratorias provinciales y municipales no contemplaron fondos destinados a la puesta en valor y mantenimiento de los bienes, sumado a la demora en su gestión (Lucchesi 2005).
Por otra parte, y analizando los bienes de los siglos XIX y XX, los únicos declarados en el área de montaña son el Monumento Cristo Redentor y el Hotel Termas de Villavicencio. Considerando la Disposición Nº5/91 de la CNMMLH, es llamativa la ausencia del Ferrocarril Trasandino, el Cementerio del Andinista y las Ruinas o Minas de Paramillos, ya que todos estos sitios y áreas son identificadas como patrimonio cultural. Los sitios web oficiales y las demandas de las comunidades, manifiestan su importancia patrimonial, tal como se refleja en el trabajo de Ataliva (2011), ¡el blog del Proyecto Área Natural Protegida Uspallata-Polvaredas[20] y el blog de Federico Soria ‘Yo tampoco me callo…!’[21]. Este último, se centra en las problemáticas socioambientales del valle de Uspallata y alta montaña, y donde el patrimonio arqueológico e histórico son parte importante de las noticias, notas de opinión, trabajos de investigación y estudios técnicos.
Los casos emblemáticos de esta distancia entre los discursos oficiales y las voces locales, son las Minas de Paramillos y el Ferrocarril Trasandino. En el caso de Paramillos, se propuso la creación de una reserva —Proyecto de Ley[22] que ha tenido tratamiento inconcluso en la legislatura provincial— y actualmente se encuentra dentro de la planificación municipal en el Plan de Ordenamiento de Las Heras (2018: 54). Por su parte, el estado de conservación y riesgo del Ferrocarril Trasandino (Figuras 10 y 11), ha generado la creciente preocupación en la comunidad, las ONG dedicadas al patrimonio ferroviario (Ferrotur Trasandino)[23], los especialistas y la Dirección de Patrimonio Cultural y Museos de la Provincia de Mendoza. Como destaca en notas de prensa (Diario UNO, 2014),[24] desde el año 2002 y de forma continua, se han desarrollado investigaciones sobre el estado patrimonial de los abundantes restos de infraestructura ligados al ferrocarril (Micale et al. 2010; Arq. Graciela Moretti de la Dirección de Patrimonio), ya que Mendoza a través del Decreto Nº3.511, adhirió al Decreto Nacional N°1.063 de 1982, que define que son bienes patrimoniales los inmuebles de propiedad del Estado Nacional de más de 50 años[25]. A esto se suman las múltiples publicaciones realizadas por historiadores (Díaz Araujo 1965; Cardone et al. 1996; Fleming 1976, entre otros), entre los que destaca el trabajo integral desarrollado por Lacoste (1999, 2000, 2003, 2013), sobre el valor histórico y patrimonial de esta obra monumental exponente del progresismo liberal capitalista de fines del siglo XIX y principios del XX. Un aspecto que destaca actualmente en la infraestructura ligada al Trasandino, es la refuncionalización y nuevos significados que le otorgan diversos sectores de la sociedad ligados a la vida y las actividades de montaña, como el caso de la estación convertida en hostel y los murales contra la mega minería que cubren los edificios en la villa de Puente del Inca (Figura 11).
Figura 10. Vía y cobertizos del Ferrocarril Trasandino, antes de llegar a Las Cuevas, año 1925

Fuente: Archivo General de la Provincia de Mendoza
Figura 11. Vías e infraestructuras del Ferrocarril Trasandino, Puente del Inca, año 2019

Fotografía de Cristina Prieto-Olavarría
7. Hacia una arqueología de las montañas
Partiendo de la base que el patrimonio es una construcción y está ligado a la memoria, se entiende que el arqueológico se forma a partir de entidades que representan la memoria social, por lo cual es dinámico y se transforma en relación a los consensos entre los agentes sociales involucrados (Amado Reino et al. 2002). En este sentido, la materialidad es el estímulo de la memoria o al menos desafía el olvido como lugares donde se concentra la memoria. Si bien la arqueología ocupada del patrimonio se explaya al respecto, es en los estudios sobre las ruinas y la ruinificación, donde se ensayan los estrechos nexos entre la materialidad y la memoria (Lanuza 2008) y donde, además, se enfatizan las disputas simbólicas y políticas que concentran sus restos (Stoler 2008). En la gran área montañosa del noroeste de Mendoza, los paisajes, ruinas y escombros (en el sentido de Gordillo 2018), no presentan integridad y resolución temporal unívoca, sino que se superponen y mezclan, como resultado de los múltiples modos de habitar y concebir la montaña, desarrollados desde hace 11.000 años. Por ejemplo, en este vasto territorio, los caminos, las minas y los cerros, evidencian recurrencias ocupacionales bajo diferentes paradigmas históricos. Desde esta perspectiva, los aportes teóricos y metodológicos desarrollados por la Arqueología del Paisaje, permitirían romper con los fundamentos diacrónicos e historicistas que priman en los procesos de patrimonialización y posibilitarían integrar el espacio desde una perspectiva no dualista, conceptualizándolo como una producción socio-cultural y asumiendo su rol social a partir del establecimiento de vínculos dialógicos con las comunidades y otros agentes de valorización. El aporte a la definición de Paisajes Culturales en la Reserva Natural Villavicencio, es una primera experiencia que explora nuevas perspectivas: integra una aproximación espacial y temporal del registro arqueológico con la geomorfología del área; posibilita evaluar el potencial y riesgo en cada conjunto; aporta información integral al plan de manejo de la Reserva (Chiavazza 2018).
Si bien, en este trabajo se plantea una orientación teórica y metodológica que podría ayudar a evaluar y gestionar el patrimonio arqueológico, el desarrollo de análisis críticos surgidos desde hace algunas décadas en la arqueología americana, no permite soslayar la discusión en torno a los discursos que produce la disciplina arqueológica. Como expone Ayala (2014), sobre el poder y la autoridad que tiene la arqueología como discurso experto en la construcción y legitimación de identidades tanto étnicas como nacionales, esta tiene “su rol activo en la estructuración del campo burocrático” (Ayala Rocabado 2014: 70 sensu Bourdieu 1997). En el caso de la montaña del norte mendocino sería necesario analizar en detalle los discursos y enfoques teóricos y su relación con los procesos de patrimonialización. Una primera aproximación la hizo Ataliva (2011) al indagar en la disociación que existe entre el discurso científico y los de las comunidades locales en la villa de Uspallata, pero claramente, es necesario hacer una autocrítica —en la que nosotros como arqueólogos nos incluimos— respecto a la relación entre los expertos y los demás agentes de patrimonialización, y sobre cuál ha sido el rol histórico en el proceso de la construcción oficial del patrimonio.
Sin duda, la voz y los aportes de la arqueología en el proceso de patrimonialización —que incluye grandes esfuerzos en el estudio, publicación, difusión, puesta en valor y educación comunitaria— tienen impacto en algunos casos, como el proyecto plurinacional Qhapaq Ñan, pero no han tenido eco en los organismos oficiales encargados de la protección del patrimonio, si bien estos han expuesto su preocupación e intenciones de mejorar la situación. En definitiva, la tensión entre el discurso y la acción ha dejado gran cantidad de sitios y paisajes arqueológicos, como las Minas de Paramillos, en una situación de gran indefensión patrimonial. En este contexto, la arqueología no puede optar por el silencio, lo cual se refleja en trabajos recientes que sacan la voz e intentan dar solución a problemáticas patrimoniales puntuales (cerro Tunduqueral y Reserva Villavicencio). Serán necesarias acciones mancomunadas, en las que los distintos equipos arqueológicos que trabajan en el área implementen acciones conjuntas para interactuar con la población y con los organismos oficiales, con el objetivo de que los conocimientos y experiencias sean puestos al servicio de la memoria colectiva y de la construcción del patrimonio de hoy y para el futuro. Siguiendo las recomendaciones de las diversas investigaciones sobre arqueología y patrimonio, es urgente establecer acciones guiadas por marcos legales que reconocen los derechos de las comunidades indígenas y locales, y participar del desarrollo de buenas prácticas de gestión patrimonial vinculadas con ellas y los visitantes (Endere y Ayala 2012; Endere et al. 2018; Castillo Mena 2016).
Este breve repaso por la problemática patrimonial en la montaña mendocina, evidencia que la arqueología tiene un rol fundamental en la construcción del patrimonio y su proyección futura. Las experiencias más recientes indican que el camino es trascender la perspectiva netamente académica y trabajar conjuntamente con los diversos agentes de valoración, oscilando entre acuerdos y tensiones, para sacar del silencio oficial a los sitios y paisajes arqueológicos que han quedado fuera del conocimiento, legislación, gestión e incluso fuera de la memoria oficial y social. En definitiva, ejercitar una política científica, en la confluyan los diversos equipos de investigación, que permita pasar de una arqueología en la montaña a una arqueología de la montaña.
8. Agradecimientos
Nuestros agradecimientos a los editores, a Marina Miraglia y Ana Marcela França, por la invitación a participar del volumen; a Facundo Rojas, por extendernos la invitación en Mendoza. Agradecemos también a Valeria Zorrilla, por atender todas nuestras consultas. Este trabajo se realizó en marco de las investigaciones de tres proyectos: “Problemas ambientales y reconfiguraciones sociohistóricas. Conflictos, controversias y agendas sobre la “cuestión ambiental” en Mendoza” PICTO-0012- FONCyT-Universidad Nacional de Cuyo (Director, Facundo Rojas); “Agentes y usos del patrimonio material e inmaterial de alta montaña. Primera parte: materialidades de los siglos XIX, XX y XXI”, Proyectos bienales de la SIIP Tipo 1 (G069) (Directora, Cristina Prieto-Olavarría); “Arqueología histórica en paisajes de montaña de Mendoza I (AHPMO_I). La precordillera como paisaje arqueológico”, Proyectos bienales de la SIIP Tipo 1 (06/G792) (Director, Horacio Chiavazza).
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- Este artículo fue publicado cuando realizamos la corrección final de este capítulo. ↵
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- La Reserva Natural Villavicencio es gestionada por la Fundación Villavicencio del grupo Danone.↵
- La intervención sobre sus ruinas y el interés en reconstruirlas es un interesante caso de estudio, continuado por otros investigadores hasta tiempos recientes (Bárcena 1993).↵
- Diario Los Andes: https://losandes.com.ar/article/el-asentamiento-humano-mas-antiguo-de-mendoza-en-riesgo. Diario UNO: https://www.diariouno.com.ar/mendoza/una-joya-arqueologica-en-peligro-por-falta-de-aplicacion-de-un-decreto-10202017_HJZWP68z0G↵
- En sitio en particular, destaca la diferencia de criterios de musealización y conservación adoptados por diversos equipos, ya que los restos humanos excavados se dejaron expuestos in situ (Bárcena 2001), situación que fue planteada por Durán y colaboradores (2018), quienes retomaron recientemente las investigaciones en el sitio.↵
- Entre otras notas de prensa, en esta se detallan las características del sitio, destacando la evidencia que constata el paso de población procedente de las dos vertientes cordilleranas y la presencia de un contexto funerario que contiene los restos de un niño, datado en aproximadamente en 5700 años de antigüedad. Diario Los Andes. (jueves 2 de febrero de 2017). Recuperada de https://losandes.com.ar/article/arqueologos-de-la-uncuyo-encontraron-en-las-cuevas-un-nino-de-5-700-anos-de-antiguedad↵
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Diario Los Andes. (sábado 2 de febrero de 2019, Edición impresa). Recuperada de https://losandes.com.ar/article/view?slug=arqueologia-las-casuchas-del-rey-en-el-paso-de-uspallata↵ - Para consultar un análisis de las estructuras abovedadas en Mendoza, incluidas las Bóvedas de Uspallata y las Casuchas del rey, consultar el trabajo de Lacoste y colaboradores (2016). ↵
- “El Escudo Azul es el símbolo utilizado para identificar los asentamientos culturales protegidos por la Convención de la Haya para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado, adoptada por la UNESCO en 1954”. ICOM. (Sin fecha). Recuperado de https://icom.museum/es/actividades/proteccion-del-patrimonio/preparacion-y-respuesta-ante-emergencias/)↵
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- Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial. (Sin fecha). Recuperada de http://www.aconcagua.mendoza.gov.ar/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=78&Itemid=464↵
- Diario Los Andes. (domingo 17 de septiembre de 2017, Edición impresa). Recuperada de https://losandes.com.ar/article/el-asentamiento-humano-mas-antiguo-de-mendoza-en-riesgo.
Diario UNO. (viernes 20 de octubre de 2017). Recuperada de https://www.diariouno.com.ar/mendoza/una-joya-arqueologica-en-peligro-por-falta-de-aplicacion-de-un-decreto-10202017_HJZWP68z0G. 20/10/2017.↵ - En el plan de manejo anterior se mencionó la necesidad de “Proteger y profundizar el conocimiento del patrimonio arqueológico e histórico de la región” (Dalmasso et al. 1999:13) y se incluyeron lugares lejanos a los límites de la RNV, mientras que se omitieron sitios y lugares relevantes dentro de ella. Entendemos que esta situación puede deberse a la prioridad dada a los intereses centrados en la investigación académica, lo cual se tradujo en una menor consideración de los bienes patrimoniales que existen dentro de la Reserva.↵
- Es un bien patrimonial compartido por varios países andinos, en el caso de Mendoza ha sido gestionado por el arqueólogo J. R. Bárcena como especialista y asesor científico dentro de la Unidad de Gestión Provincial, conformada por diversas instituciones de gobierno provincial, municipal, organizaciones, privados, entre otros. En este proceso no se dio participación a otros arqueólogos/as locales.↵
- Buenos Aires, 21 de octubre de 1991.↵
- Nacional: Ley N°25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, Decreto Reglamentario 1022/04. Provincial: Ley N°6034, Decreto N°1882/09. La Municipalidad de Las Heras tiene Declaratorias Municipales de Bienes del Patrimonio Cultural que incluyen bienes culturales materiales y no materiales de valor histórico, escénico y paisajístico: Ordenanza Municipal N°05 y N°06/91; Ordenanza Municipal N°103/93; adhesión a la Ley de Patrimonio Cultural de la Provincia de Mendoza N°6034 y su modificatoria N°6133, Ordenanza Municipal N°4342/96 (datos tomados de Ruiz 2001)↵
- Proyecto Área Natural Protegida Uspallata-Polvaredas. (Sin fecha). Recuperado de http://parqueuspallatapolvaredas.blogspot.com/↵
- Blog de Federico Soria Yo tampoco me callo…! (Sin fecha). Recuperado de http://federico-soria.blogspot.com/↵
- Paramillos de Uspallata. (Sin fecha). Recuperado de https://paramillosdeuspallata.wordpress.com/legislatura/propuesta-de-ley/↵
- Ferrotur Trasandino. (Sin fecha). Recuperado de https://ferroturtrasandino.wordpress.com/about/↵
- En estas notas destaca, la palabra del historiador Pablo Lacoste y de la arquitecta Graciela Moretti especialista en patrimonio arquitectónico y paisajes culturales. Diario UNO. (jueves 20 de marzo de 2014). Recuperada de https://www.diariouno.com.ar/mendoza/mendoza-ahora-busca-frenar-el-desguace-del-tren-trasandino-20032014_HkzLvxPGH7↵
- En este momento se encuentra en proceso la transformación del paisaje ferroviario en el sector de Las Cuevas, donde se aprovechará el túnel ferroviario para generar un ducto para camiones. Además, se está programando el desmantelamiento de antiguos cobertizos y levantamiento de vías. Diario Clarín. (jueves 18 de julio de 2019). Recuperada de https://www.clarin.com/sociedad/paso-cristo-redentor-usaran-viejo-tunel-ferroviario-duplicar-circulacion-autos-argentina-chile_0_5w5jCQh1F.html ↵









