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3 Patriarcado y pandemia

Invenciones de abordajes situados frente a varones que ejercen o ejercieron violencias por razones de género

En este capítulo abordamos una situación inédita de abordaje de las masculinidades en el marco de una emergencia sanitaria. Es así como nos interrogamos qué desafíos e incertidumbres se conjugan en estos espacios durante la pandemia. Como mencionamos en el primer capítulo, el Espacio A tiene la particularidad de ser un espacio que se puso en funcionamiento durante la pandemia y es un espacio virtual. Los primeros acompañamientos individuales, las entrevistas de admisión y luego la formación del espacio grupal fueron de manera virtual. En el caso del Espacio B, era un espacio que funcionaba en formato presencial y que tuvo que adaptarse a los abordajes remotos. En este sentido, proponemos distintos interrogantes propios de un desafío en materia de cuidado de la salud/salud mental de varones que han ejercido violencias, y, en el marco de articulaciones institucionales y demandas espontáneas, fueron alojados en dispositivo ad hoc creado como una respuesta integral durante la emergencia sanitaria.

En línea con lo anterior, tomaremos los aportes de Sousa Santos (2020), quien refiere al contexto histórico en que tiene lugar esta pandemia, remontándose a la imposición del neoliberalismo en los años ochenta. La lógica del capital financiero provocó un estado de crisis permanente. Esto es la desnuda intemperie en la que viven quienes se hallan fuera de las mínimas condiciones de subsistencia en el mundo. La pandemia del coronavirus destruyó la idea de que no hay otra alternativa más que adecuarse a las reglas instauradas por el capitalismo global para mostrar la cara oculta de lo que aparecía como la sola posibilidad.

La cuarentena como aislamiento remite a les marginades del discurso dominante, en este sentido, la situación de mujeres, trabajadores precarizades, vendedores ambulantes, gente sin casa, habitantes de favelas, asentamientos y villas miseria, inmigrantes sin documento, discapacitades, ancianes y otres muchos similares cuya misma condición ya implicaba una “cuarentena” en cuanto están separados de sus derechos. Para poder analizar esta situación generalizada, tomamos de Butler (2010) su propuesta referente a la vulnerabilidad y precariedad de la vida en general. Según Butler (2010), la vulnerabilidad se convierte en una extensión del nacimiento, porque la supervivencia depende de procesos constitutivos de redes sociales, de interdependencia entre personas, lo que involucra unas relaciones sociales reproductibles y condiciones favorables del mundo. Mientras que la precariedad es una noción particularmente de órdenes políticos e instrumentos de gobierno, entre ellos, las instituciones económicas y sociales que, de manera inducida o accidental, distribuyen diferencialmente redes de apoyo como el resguardo, la educación, el trabajo, la atención médica, etc. De esta manera, a ciertas vidas/cuerpos, se les facilita o maximiza la exposición a la escasez, a la violencia, al deterioro o exterminio, y a otras vidas se les minimizan dichas condiciones. Es en este sentido en el que pensamos los efectos de la pandemia para muches que ya se encontraban “en cuarentena” previo a la disposición del Gobierno. Para Butler, la precariedad apunta a describir el proceso a través del cual una población es forzada a acostumbrarse a la inseguridad. La precarización, en cuanto proceso a través del cual se maximiza la precariedad (Butler en Puar, 2012), opera a través del desempleo o la inestabilidad laboral, produciendo así pobreza e inseguridad acerca de un futuro económico y marcando a esa población como prescindible o completamente abandonada.

El ASPO (y luego el DISPO) fue una medida excepcional que el Gobierno nacional argentino adoptó con el fin de proteger la salud pública frente a la propagación del COVID-19. Se dispuso que todas las personas que habitaban o se encontraban en las jurisdicciones donde regía esta normativa debían permanecer en sus domicilios habituales, solo pudiendo realizar desplazamientos mínimos e indispensables para aprovisionarse de artículos de limpieza, medicamentos y alimentos. La permanencia de todes les miembres de la familia en el hogar puso en tensión los roles de género tradicionales, colocando al varón en el territorio doméstico exclusivamente. En el sentido tradicional, las masculinidades se vieron interpeladas/incomodadas, ya que, paradójicamente a lo acostumbrado, los varones cis, en muchos casos, se vieron impedidos de continuar con sus hábitos cotidianos, trabajo extradoméstico, práctica de deportes, encuentros con amigos para “quedarse en casa”. Cuando desde el Espacio A se publicó el teléfono de contacto, los varones que se comunicaban manifestaban esta incomodidad que les generaba el aislamiento y cómo eso afectaba no solo su situación económica, sino sus vínculos afectivos: “Estamos en un departamento chico y la convivencia 24 horas me mata”[1], manifestaba Fabio, quien se comunicó con Espacio A solicitando ayuda porque había ejercido violencia con su pareja. Como veremos más adelante, en la instancia grupal (en ASPO y DISPO), se presentarán situaciones planteadas por los varones en relación con la situación económica, sanitaria y afectiva.

En Argentina, previo a la pandemia, el crimen de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell[2], ocurrido en enero del 2020, puso de manifiesto la necesidad de trabajar sobre la construcción de una agenda de políticas públicas que contemplara el abordaje de las masculinidades. En este hecho, se manifestaron las lógicas propias que articulan la masculinidad dominante, que se organiza en múltiples aristas (sexuales, físicas, sociales, de clase) para determinar un modo de ser varón y de vincularse con otros varones.

Luego de este suceso, surgieron iniciativas para la conformación de espacios que abordasen la violencia desde el trabajo con varones con el fin de pensar las relaciones de género, las desigualdades, los mandatos culturales y sociales de masculinidad y feminidad. En este sentido, también se presentó un proyecto de ley que no solo apunta a trabajar sobre las prácticas violentas naturalizadas dentro de los ámbitos deportivos, sino que también busca ampliar la mirada con la perspectiva de género, para permitir prácticas deportivas más inclusivas de las mujeres y las disidencias[3]. En el ámbito de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se aprobó la creación del Programa de Capacitación en Prevención de la Violencia para Deportistas[4], que tiene por objetivo generar campañas de capacitación y concientización para prevenir la violencia en sus distintos aspectos. Está dirigido especialmente a deportistas que practiquen disciplinas fuertemente enfocadas en el desarrollo muscular y el contacto físico.

Cabe destacar que este proceso se dio entre diferentes resistencias y en un contexto en que los implicados en asesinar al joven no demostraron ningún signo de arrepentimiento o de conexión emocional con algo por fuera de su propio malestar por la situación vivida, y uno incluso se declaró inocente[5].

Como venimos analizando, la violencia de género es una violación a los derechos humanos que afecta al tejido social en su conjunto, y que cada año se cobra la vida de miles de mujeres en todo el mundo, causando impactos significativos y duraderos en la salud y el bienestar psicológico, social y económico de las sobrevivientes y sus familias. Durante la pandemia las denuncias por violencia en el hogar en las líneas de atención telefónica se incrementaron hasta en un 80 % en la región (OEA/CIM, 2020). En Brasil, por ejemplo, la línea de apoyo estatal registró un aumento del 18 % de denuncias de violencia de la pareja íntima en la segunda mitad de marzo del 2020 (CARE y ONU Mujeres, 2020). En Argentina, durante el primer mes de la cuarentena, los llamados a las líneas de ayuda por violencia se incrementaron un 39 %, y los hechos de violencia de género persistieron a pesar de la disminución de otros tipos de delitos (Polischuck y Lay, 2020). Según el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, desde el inicio de la cuarentena, aumentaron considerablemente los llamados de mujeres que sufren violencia de género a la Línea Nacional 144, que brinda orientación, asesoramiento y contención a mujeres en situación de violencia. Las llamadas crecieron un 39 %[6] con respecto al mismo periodo del año anterior.

El análisis de género y masculinidades, en el contexto del COVID-19, es importante para comprender cómo la pandemia afectó la salud/salud mental y el bienestar de mujeres y niñes en función del ejercicio de prácticas de violencias ejercidas principalmente por varones. A su vez, el análisis exige contemplar el padecimiento específico de los varones: qué riesgos corrió su salud, y cuáles de sus comportamientos se vincularon con las normas, los mandatos y los estereotipos propios de la masculinidad hegemónica.

Ante esta situación crítica, es necesario identificar cuáles son los factores de riesgo que aumentan la posibilidad de que los varones ejerzan violencias contra las mujeres frente a esta contingencia, y qué medidas se implementaron desde el Espacio A y del Espacio B a los fines de dar una respuesta más eficiente y eficaz ante la violencia por razones de género. Nos propusimos indagar y caracterizar las estrategias implementadas por estos espacios durante el aislamiento para con los participantes que asistían a los dispositivos grupales y para la incorporación de nuevos participantes. En este sentido, en este capítulo pretendemos analizar y describir en profundidad la asistencia remota (virtual sincrónica) a varones que ejercen o ejercieron violencia de género en sus parejas o exparejas.

3.1. Pandemia y violencia por razones de género

La pandemia, iniciada en China en diciembre de 2019, definida por Ramonet (2020) como un “hecho social total” con impacto planetario, llevó a la cuarentena a la población de los cinco continentes. El virus, de carácter igualador frente a las posibilidades de contagio, condujo a los gobiernos a dictar medidas de confinamiento para la población, mientras que una parte considerada “personal esencial” garantiza cuidados a quienes se recluyen en sus viviendas preventivamente. En contrapunto, Sousa Santos (2020) refiere contrariamente a lo que se ha dicho sobre que el virus no mata tan indiscriminadamente como se cree, sino que es más nocivo en todos los sectores vulnerables (o vulnerados) de la sociedad. El autor plantea que la cuarentena, como aislamiento, remite a les marginades del discurso dominante. La cantidad de infectades y decesos producidos evidenciaron que los riesgos de padecerlo son masivos, aunque las posibilidades de poner en práctica medidas preventivas no son tan equitativas, según sea el acceso a mejores o más deficitarias condiciones de exposición y vulnerabilidad, según clase social y condiciones materiales de existencia (Natanson, 2020).

En consonancia con lo anterior, Sousa Santos (2020) expresa que el confinamiento de familias en espacios reducidos puede generar más situaciones para el ejercicio de la violencia contra las mujeres. Coincidiendo con el autor, la permanencia en el hogar puso en tensión los roles históricamente (y erróneamente) asignados. Los varones tuvieron que estar 24 horas en el espacio doméstico que les resulta ajeno dado a la construcción de masculinidad tradicional. ¿Cómo gestionan sus emociones, autocuidados y cocuidados ante la vigilancia de los mandatos masculinos hegemónicos? En este sentido, en Argentina, se visualizó un aumento de la violencia por razones de género[7].

La situación de emergencia sanitaria por COVID-19 empeoró las condiciones de vida, incrementando la precariedad económica y confinando a las familias, lo que incide en un mayor riesgo de ejercer violencia por razones de género en el espacio doméstico (OMS, 2020). Además del riesgo en el caso de las mujeres en situación de violencia, también la pandemia incrementó el riesgo de sufrir violencia en niñes, como maltrato infantil y abuso sexual. En el caso de las personas adolescentes LGBTIQ+, se ha aumentado el riesgo de sufrir acoso y hostigamiento LGBT-fóbico en sus hogares (Ruxton y Burrell, 2020). Un informe realizado por el Ministerio de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires revela que, durante la pandemia en el 2020, todos los delitos descendieron, menos los femicidios[8].

Durante la pandemia, la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema recibió a 12.766 personas por hechos de violencia doméstica entre el 20 de marzo de 2020 y el 20 de marzo de 2021. Este dato corresponde a consultas informativas (5.885), atención de casos por parte de los equipos interdisciplinarios (6.842) y consultas extrajurisdiccionales (39). El 78 % de las personas denunciadas fueron varones y, al momento de la denuncia, el 40 % de las afectadas cohabitaba con ese varón que denunciaba. A su vez, el vínculo de pareja y expareja fue el más presente entre las personas afectadas y denunciadas (50 %), seguido por el filial (34 %), otros vínculos (9 %), otro familiar hasta 4.º de parentesco (4 %) y vínculo fraternal (3 %)[9].

Gráfico 2. Vínculo entre persona afectada y denunciada

Tomada del Informe Estadístico Anual, 2020, OVD Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Durante el primer trimestre del 2021, los equipos interdisciplinarios de la OVD atendieron 2.297 casos, se respondió a 1.866 consultas informativas (60 % más que el mismo trimestre del año anterior), relativas al funcionamiento de la oficina o a la normativa vigente, y a 9 referidas a situaciones de violencia cuya jurisdicción era ajena a la Ciudad de Buenos Aires. El vínculo de pareja (49 %) es el más usual entre las personas afectadas y las denunciadas e incluye a exparejas (33 %), parejas convivientes (8 %), cónyuges (6 %), y novias/os (2 %). El otro vínculo más usual luego del de pareja es el de tipo filial (34 %).

Gráfico 3. Vínculo entre persona afectada y denunciada

Tomada del Informe Estadístico Primer Trimestre, 2021, OVD Corte Suprema de Justicia de la Nación.

A su vez, en el 2019 el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina elaborado por la Oficina de la Mujer había contabilizado un total de 268 víctimas letales de violencia por razones de género[10]. Para el 2020, el Informe de Femicidios elaborado por la misma oficina identificó 251 víctimas directas de femicidio en la República Argentina entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2020. Esta cifra incluye seis víctimas de travesticidio/transfemicidio. Lo anterior implica que hubo una víctima directa de femicidio cada 35 horas. También se identificaron 36 víctimas de femicidio vinculado. Al sumar ambas categorías, la cifra de víctimas letales de la violencia de género en Argentina durante 2020 asciende a 287[11].

En lo que respecta al año 2021, el Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de Nación registró un femicidio cada 31 horas durante el primer semestre[12]. Según el informe elaborado sobre los hechos ocurridos entre el 1 de enero y el 30 de junio último, 112 fueron femicidios directos, 14 vinculados, 6 transfemicidios y 5 suicidios feminicidas[13]. La estadística indica que el 81,2 % de los femicidios del primer semestre del 2021 fueron directos (112 casos), 10,2 % vinculados (14 casos), y, en el 4,4 % de los casos, las víctimas eran trans (6 casos). Además, el 3,6 % de los 137 femicidios contabilizados en el último semestre fueron muertes a partir de suicidios feminicidas (5 casos).

Dentro de las características principales de las 137 víctimas, en lo que refiere al rango etario, 55 tenían entre 19 y 30 años, mientras que 47 se encontraban entre los 31 y 50 años, 18 tenían más de 50 años y 14 eran menores de 18 años, entre estos últimos tres suicidios feminicidas. En cuanto al vínculo, el informe indica que, en el 56 % de los episodios, el autor del crimen fue la pareja o la expareja de la víctima (77 casos), y concluye que la mayoría de estos crímenes se producen dentro de un vínculo de pareja o en el seno familiar. En cuanto al lugar en el que fueron producidos los femicidios, el 68 % se ejecutaron en los domicilios de las víctimas, el domicilio compartido o en un entorno familiar (93 casos).

Por su parte, durante el 2020 el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, a través de la Dirección Provincial de Situaciones de Alto Riesgo y Casos Críticos de las Violencias por Razones de Género, abordó 2.755 casos críticos, de los cuales el 36 % correspondió a situaciones de alto riesgo. El informe indica que durante el año se abordaron 110 casos de femicidios, y se aclara que no necesariamente se corresponde con el total de femicidios ocurridos y registrados en la provincia de Buenos Aires durante el período informado. La mayor cantidad de las situaciones de violencia analizadas en este informe se registraron durante el último trimestre de 2020: en el primer trimestre, 604 casos, en el segundo 687, en el tercer trimestre, 719, y en el cuarto, 765, en total suman 2.775. Para el primer semestre del 2021, el mismo ministerio abordó 43 femicidios, 13 muertes de mujeres/travestis y trans en investigación de causales y 2 transfemicidios/travesticidios[14].

Gráfico 4. Femicidios, muertes violentas, transfemicidios y travesticidios abordados por la dirección provincial de situaciones de alto riesgo y casos críticos de las VPRG

Tomado del informe “Casos Críticos y Alto Riesgo – Primer Semestre 2021”, Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires, 2021.

Es así que, durante las últimas décadas, se ha trabajado fuertemente en la búsqueda de reducir esta modalidad de violencia, que afecta principalmente a las mujeres a causa de la violencia recibida por sus (ex) parejas, pero también a les hijes en común. Otro aspecto preocupante durante la pandemia es el incremento de hechos de violencia a través de las redes sociales. Se estima que las niñas y las jóvenes, así como jóvenes LGBTIQ+, están más expuestas a ciberacoso en diversas formas, tales como grooming, sextorsión, amenazas, chantaje y acoso sexual, carga o difusión de fotos íntimas, videos o clips de audio sin su consentimiento, el acceso o la divulgación de sus datos privados sin su consentimiento, la creación de perfiles falsos, etc. (CIDH, 2019).

Como analizamos, la emergencia de la pandemia COVID-19 presenta algunas características respecto a las interacciones personales y sociales que complejizan la situación de las mujeres. Algunas podrían ser consideradas evidentes: la soledad de las víctimas en el ámbito doméstico, la ausencia de contacto externo, la dependencia de medios virtuales para toda comunicación, la obligación de permanecer adentro de las viviendas con dos riesgos inminentes: afuera, el contagio, la enfermedad y eventual muerte; adentro, los distintos niveles de sometimiento, y el ejercicio de acomodación de las mujeres para no “provocar” situaciones de explosión violenta. Pero hay un factor que trasciende que es la construcción de urgencias totalmente desvinculadas de la urgencia que la sociedad en conjunto venía visibilizando: los femicidios, y las violencias cotidianas contra las mujeres e identidades feminizadas. Lo “urgente” de la pandemia cambia el foco de atención, y, en el cotidiano social, se habla sobre cantidad de infectades, cantidad de recuperades, y cantidad de muertes. En este sentido, en el próximo apartado, analizaremos cómo se abordó el trabajo con varones que ejercen o ejercieron violencia desde el Espacio A y el Espacio B en este contexto particular de pandemia.

3.2. La atención a varones que ejercen violencia durante la pandemia

En provincia de Buenos Aires, en el marco de la Iniciativa Spotlight, la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad de la provincia en conjunto con PNUD desarrolló la puesta en marcha de la Línea Hablemos, de atención telefónica a varones que ejercen o ejercieron violencia. Se trata de una línea de acción innovadora puesta en marcha en el marco de la pandemia por COVID-19. Esta línea de atención telefónica, primera escucha y derivación para varones, se habilitó en el contexto de pandemia frente a la imposibilidad de seguir con los trabajos presenciales que se realizaban en territorios con equipos de ayuda mutua y de trabajo con varones. La línea de atención se ejecuta en convenio con el Servicio de Atención a la Comunidad del Colegio de Psicólogas y Psicólogos Distrito XI de la provincia de Buenos Aires.

En la Ciudad de Buenos Aires, al comienzo de la pandemia, en 8 de cada 10 casos recibidos a través de llamados a las líneas de atención por violencia, el agresor era la pareja o expareja; y, en el 98 % de los casos, el agresor era un varón (Polischuck y Lay, 2020). Por otra parte, en los pocos lugares en que hay servicios de atención para varones que ejercen o ejercieron violencia, se ha observado un incremento de llamados. Por ejemplo, en Córdoba, Argentina, un centro de atención a varones que ejercen violencia recibió 1.077 llamadas telefónicas dentro de los primeros días de cuarentena obligatoria (Polischuck y Lay, 2020).

Frente a esta situación, el Espacio A empezó a retomar los vínculos con los juzgados, a difundir un número de atención para aquellos varones que quisieran acceder al espacio sin denuncia previa, a participar de mesas de género institucionales en los diferentes barrios populares y a realizar diversas publicaciones institucionales[15]. De esta manera, se fueron realizando los primeros llamados de acompañamiento y luego las entrevistas de admisión correspondientes vía Zoom hasta que se conformó el espacio virtual grupal que se puso en funcionamiento durante la pandemia.

El Espacio B, por su parte, fue realizando acompañamientos individuales y luego adoptó la modalidad remota. Cabe destacar que este espacio forma parte de la Red de Equipos de Trabajo y Estudio en Masculinidades (RETEM), desde ese espacio establecieron pautas para el funcionamiento de los equipos que forman parte de la red. De esta manera, el Espacio B (como algunos dispositivos grupales de varones que forman parte de la red) continuó su trabajo desde medios virtuales, cuando el equipo considera que están dadas las condiciones de seguridad para que estos tengan lugar. Los varones que por distintas razones no podían acceder a medios virtuales estables que permitieran un tiempo de conexión en el intercambio grupal fueron asistidos de manera individual y telefónica, con el encuadre dispuesto por cada equipo de trabajo. El Espacio B, en un primer momento, no realizó admisiones nuevas a su dispositivo grupal dado que sin entrevistas presenciales no podían realizar las evaluaciones pertinentes que se efectúan en ese proceso. Tampoco realizaron intervenciones telefónicas de contención de varones que aún no están en dispositivos grupales, a diferencia del Espacio A. Esta situación se modificó para los últimos meses del 2020 y principios del 2021.

En este marco el Espacio A y el Espacio B adaptaron los encuadres de intervención, de acuerdo al contexto. En este sentido, la coordina del Espacio A cuenta:

Nosotres comenzamos antes de la pandemia, con entrevistas, y cayó la pandemia. Empezamos a ver qué hacíamos, sabíamos que esto no era para poco tiempo… Consultamos a otros equipos, nos dijeron que esto no se podía hacer virtual, que solo era presencial… Nos reunimos con el equipo y decidimos trabajar virtualmente porque ameritaba, no podíamos dejar esto sin comenzar, porque suponíamos que con el encierro las situaciones de violencia iban a aumentar[16].

Por su parte, el coordinador del Espacio B, que ya lleva once años de asistencia ininterrumpida a varones que ejercen o ejercieron violencias, comentó cómo se reorganizaron con la pandemia:

La pandemia nos agarró mal parados sin experiencia en Zoom. Desde el 20 de marzo hasta mediados de agosto del 2020, estuvimos con entrevistas individuales telefónicas hasta fines de agosto, que arrancamos con reuniones por Zoom quincenales, y, en marzo del 2021, arrancamos con Zoom semanal[17].

Como se mencionó, la atención debió adaptarse a las condiciones que impuso la emergencia sanitaria. En este sentido, nos preguntamos qué especificidad toma el trabajo grupal en la virtualidad. Para describir la situación grupal en contexto de pandemia, partimos de comprender que, en aquellas ocasiones en las cuales todo parece teñirse de incertidumbre y desesperanza, se precisa aún más la conformación de proyectos colectivos que posibiliten sembrar la esperanza con otres (Pichon Riviere, 1985). Como venimos mencionando, con la llegada del COVID-19, se modificaron radicalmente las condiciones materiales y sociales de la existencia de la vida. Todo sucedía con la habitual “normalidad” cotidiana, hasta que de repente ocurrió algo inesperado. La pandemia en un punto nos pone en igualdad de condiciones, pero claramente no todes tenemos las mismas condiciones materiales y simbólicas de subsistencia.

Para Sansot (1976), la apropiación es todo aquel tipo de práctica a través de la cual dejamos nuestra impronta en algo o alguien y así deviene nuestra apropiación, en este caso, del espacio grupal. Rueda (2004), citando a Chombart Lauwe (1978), refiere que apropiarse de un lugar no es solo hacer de él una utilización reconocida, sino establecer una relación con él en cuanto lo cognitivo, lo afectivo, lo funcional, como lo satisfactorio en un proceso de retroalimentación constante. Integrarlo en las propias vivencias, enraizarse y poder lograr una transformación. Consideramos que les integrantes de los grupos del Espacio A y del Espacio B a través de la dinámica grupal han logrado apropiarse del espacio virtual, que es diferente al presencial, pero funcional para los participantes. Esto no solo se visualiza con la constancia que sostienen los participantes en el espacio[18], sino con la transferencia al espacio grupal virtual. En este sentido, Walter comenta:

Mientras esperamos a los chicos, yo quiero comentarles… Hay una charla sobre los temas que tratamos. Es un grupo de reflexión sobre masculinidades, no sé si lo vieron, yo lo vi en Facebook… Es el 10 de mayo, a las 19 empieza, una hora y media, dos… Y en sí es… el tema del patriarcado y influye mi punto de vista cotidiano y nos mandaron un correo con una idea básica de lo que van a hacer[19].

A su vez, Pedro manifiesta la importancia del momento de encuentro: “Yo la verdad espero el encuentro del martes, me hace bien, lo necesito, lo siento como mi espacio, y agradezco que nos hayan dado este espacio”[20]. De esta manera, se trabaja sobre la apropiación del recurso virtual y recreando las intervenciones a fin de mejorarlas, propiciando reposicionamientos subjetivos en los varones que acceden al espacio. En este aspecto, la virtualidad permite compartir videos, imágenes, cortometrajes con la posibilidad de debatir y reflexionar en el mismo momento en que lo están viendo. A su vez, la pantalla ofrece tanto al equipo de coordinación como a les integrantes del grupo la posibilidad de mirarse en simultáneo e, incluso, mirarse a sí mismes y, así, rectificar aspectos de la comunicación analógica. También desde la coordinación de ambos espacios, tienen solo el chat de la plataforma virtual habilitada solo para dialogar con el anfitrión. En el caso del Espacio A, mandan el link de acceso por mail semana tras semana tomando el recaudo de enviarlo en copia oculta. La intertextualidad que pudiera surgir es uno de los aspectos a tener en cuenta dado que una de las premisas que se les menciona a los varones cuando quieren hablar de manera particular es la restitución de ese dialogo en el ámbito grupal.

Tan importantes son los efectos de estas prácticas, que su uso debe guardar reservas, puesto que sus consecuencias también pueden resultar impredecibles, con el agravante que impone la ausencia física para actuar de manera efectiva ante situaciones de emergencia. En este sentido, para Lévy (1999), lo virtual no tiene nada que ver con lo falso o ilusorio, ni es lo opuesto a lo real, cuestión que el autor describe como una oposición fácil y equívoca, que presupone la realidad como realización material, sino que es “una forma de ser fecunda y potente que favorece los procesos de creación, abre horizonte […] es un proceso de transformación de un modo de ser a otro” (p. 8). El autor realiza un análisis entre lo virtual y lo actual. Sostiene que la palabra virtual tiene un origen en el latín medieval virtualis, que a su vez deriva de virtus que significa fuerza, potencia. Lo virtual existe en potencia, pero no en acto, tiende a actualizarse, aunque no se concrete formalmente.

Claro que esta modalidad de interacción requiere, cuando menos, el encendido de las cámaras, que haga posible un vínculo entre los cuerpos más allá de la distancia, siempre a sabiendas de que la acción –presencial o a distancia– se configura como resultado de un entramado complejo y multidimensional. Ello no se agota en ver o no al otre, sino en la posibilidad de escuchar la otredad y no reducir esa escucha a la mera proyección, lo que significa tomar una posición que nos invita a estar ahí, ponernos en juego, poniendo el cuerpo, que también se manifiesta en el espacio virtual. Como veremos en el próximo apartado, el encuadre del trabajo (como el encendido de la cámara y del micrófono) en relación pasa a tener un rol fundamental para la dinámica grupal.

Fernández García y López Peláez (2008) sostienen que enfrentar las barreras que la brecha digital impone en el acceso a Internet y el manejo de la información digital dependen de cómo las instituciones públicas y privadas establezcan espacios que ofrezcan a los ciudadanos nuevas formas de enfrentar los problemas. Para pensar el abordaje de esta cuestión, es necesario garantizar las condiciones de acceso a la tecnología a través de políticas públicas de carácter universal. Pero también existen otras brechas, como las capacidades necesarias para el uso de Internet en el hogar y en medio de otras exigencias (Molina, 2020).

3.3. La grupalidad en pandemia

Pichon-Riviére caracteriza al grupo como

un conjunto restringido de personas que, ligadas por constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación interna, se propone, en forma explícita o implícita, una tarea que constituye su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles (Pichon-Riviére, 1981: 209).

Dicha caracterización permite afirmar que la totalidad de elementos que componen la definición de grupo se hacen presentes en la grupalidad a distancia, con algunas restricciones y modificaciones que la no presencialidad impone. Cabe destacar que los grupos PSE son grupos reducidos (diez participantes) tanto en la virtualidad como en la presencialidad.

A su vez, la extensión de los encuentros virtuales y su frecuencia no han sido modificadas con respecto a la modalidad presencial. El mejor aprovechamiento de las interacciones comunicativas sí requiere ciertos ajustes en la modalidad a distancia. En este sentido, y a modo de autorregulación grupal en la virtualidad, Lionel, participante del Espacio A, expresa: “Podemos implementar levantar la mano del Zoom para hablar y limitar a diez minutos la intervención de cada uno, porque, si no, muchos se quedan sin hablar”[21].

Con relación al encuadre del espacio grupal no presencial, podemos afirmar siguiendo a Bleger que ese conjunto de constantes dentro de las cuales se desarrolla el proceso (en Robles, 2020) requiere en la modalidad a distancia de idénticas condiciones a las desarrolladas en la modalidad presencial. Las constantes temporal, conceptual, personal, fáctica y vincular (Robles, 2020) requerirán una relativa invariancia a los efectos de servir como sostén del proceso grupal, y cualquier modificación en ellas tendrá que ser tenida en consideración a fin de analizar sus efectos en dicho proceso. De igual manera, y en relación con este aspecto, el Espacio A ha desarrollado un protocolo que establece pautas para el espacio virtual. En él se destaca:

La modalidad de implementación del dispositivo en el contexto de aislamiento social se realizará a través de encuentros de carácter grupal y gratuito, y se emplearán tecnologías de asistencia remota, vía Zoom o similar. Los participantes deberán hallarse conectados en el día y horario que corresponda a cada uno de los grupos a los cuales haya sido asignado y, salvo indicación en contrario, mantendrán cámara y micrófono abierto, para que pueda ser visualizada su imagen por el resto del grupo y la coordinación[22].

El espacio virtual para varones que ejercen o ejercieron violencia es un espacio diferente, en el sentido de que requiere abordajes profesionales eficientes para detectar posibles peligros y riesgos para las mujeres y sus hijes. En este sentido, uno de los principales aspectos considerados por parte del Espacio A a la hora de la entrevista de admisión era saber si ese varón continuaba conviviendo con la mujer a la cual le había ejercido violencia, especialmente en los varones que se acercaban de manera voluntaria. En los casos que son derivaciones judiciales, se revisa detalladamente la denuncia realizada con la evaluación del riesgo pertinente. De esta manera, se han realizado fichas informáticas donde se plasma toda la información del varón con el objetivo de llegar a la entrevista de admisión con información previa. Al momento de entregar la presente investigación, el espacio cuenta con una lista de espera de más de 70 varones derivados judicialmente. Cabe destacar que la articulación institucional del Espacio A con otras instancias del Poder Judicial fue dificultosa durante los primeros meses, se entiende que esto fue propio de poner el espacio en funcionamiento en el medio de una pandemia. Estas dificultades del Espacio B no fueron abordadas porque continuaron trabajando con las derivaciones ya realizadas previo al aislamiento.

A su vez, el Espacio A, al encontrarse institucionalmente enmarcado en un organismo público y autárquico de defensa de derechos humanos, cuenta con múltiples articulaciones posibles, dado que hay varias áreas que pueden intervenir:

Al ser un organismo de derechos humanos, hay muchísimas áreas de competencia, y tenemos la facilidad de articular con diferentes áreas. Salud, niñez, genero, vivienda, asesoramiento jurídico… Entonces, muchas veces cuando hay situaciones que ameritan derivación, lo tenemos al alcance de la mano. Podemos conseguir turnos para hospitales para atención psiquiatra, adelantar algunas cosas… Lo podemos hacer, tenemos las herramientas y las sacamos en cada situación, eso la verdad que es un plus que tenemos[23].

Se analiza que, si bien este contexto institucional es favorable para un abordaje integral de las violencias por razones de género, se corre el riesgo de desenfocarse del trabajo específico con los varones que ejercen o ejercieron violencia.

Por su parte, el Espacio B también realiza derivaciones:

En algunos casos hemos derivado a espacios psiquiátricos, psicológicos, hemos derivado a espacios de consumo problemático de sustancias que se devela una vez desarrollado el grupo, la mayoría de las revelaciones ocurren previamente al inicio del grupo en el proceso de admisión, pero también a veces adentro del grupo te das cuenta que un hombre se está intoxicando, por lo cual, si no logra rápidamente una abstinencia y sostenimiento de un tratamiento, se lo egresará del grupo sin los objetivos cumplidos. La idea es cumplir a rajatabla lo que es el posicionamiento del encuadre, criterios de inclusión y de exclusión en este tipo de grupos porque no hay una generalidad[24].

De esta manera, la realidad nos exigió repensar estrategias, herramientas de evaluación y supervisión. Es necesario garantizar que las intervenciones no aumenten la posibilidad de que se susciten o reiteren nuevos hechos de violencia en un contexto donde la situación de emergencia, como vimos al inicio de este capítulo, puede causar muchos factores que desencadenen en situaciones de violencia. En el siguiente apartado, abordaremos cómo afectó a los varones el encontrarse alejados de las lógicas capitalistas de producción a causa de la pandemia.

3.4. Pandemia, capitalismo y masculinidades

Las políticas de aislamiento dejaron en relieve la existencia de brechas ocupacionales que probablemente tiendan a mantenerse pospandemia. Se infiere que estas instancias pueden ahondar heridas en la representación y vivencia de los varones como sujetes proveedores, interpelándonos, además, en lo que refiere a las consecuencias que este hecho acarrea al aumentar las tensiones en sus relaciones intrafamiliares en el periodo de encierro y confinamiento social. Aníbal, participante del Espacio A, en las entrevistas de admisión destaca cómo la pandemia afectó sus lazos familiares y que por ese motivo llamó pidiendo ayuda: “El encierro me vuelve loco, no aguanto más… Llamé porque, en esto de la pandemia y la convivencia de 24 horas, le pegué a mi hija”[25].

Las masculinidades presentan modalidades de subjetivación en continuo cambio (Chiodi, Fabbri y Sánchez, 2020) y cuyas lógicas se caracterizan por las exigencias de un sistema metaestable como el patriarcado, que impone estereotipos de género (Cook y Cusack, 2010). Dichos estereotipos operan a través de un régimen de género (Connell, 1997), de esta manera las afectaciones en el trabajo y el temor a perderlo resultan complejas de afrontar dado que la performance masculina asociada al éxito y al fracaso está directamente relacionada a lo económico y laboral.

En este sentido, Meler (2007) sostiene que los varones, al estar socializados como proveedores económicos, padecen (en un contexto de inestabilidad del mercado de trabajo) no solo su inserción social y su subsistencia material, sino también una corrosión de su sentimiento íntimo de masculinidad, como eje organizador de su propia subjetividad masculina. En consonancia con lo anterior, Miguel, participante del Espacio A, mencionó: “Los problemas surgían cuando yo estaba sin trabajo, discutíamos muchísimo por temas económicos”[26]. En este aspecto, visualizamos cómo las afectaciones en el trabajo trastocan el desarrollo de la performance masculina asociada al éxito en términos económicos, lo que lleva a situaciones conflictivas en los vínculos sexo-afectivos.

Juan del Espacio B cuenta:

Cuando tuve el conflicto, fue por el tema de la plata… A veces compraba mercadería que no se vendía tan rápido y ahí teníamos roces, cruces, empujones, pero después todo bien. Hasta que me dijo que se quería ir porque estaba estresada, y se fue a ver a sus padres.

Entendemos que las constantes crisis económicas en la región y en la particularidad de lo que generó la pandemia del COVID-19 descolocan a los varones del lugar tradicional caracterizado por la superioridad social y económica, y por la ineludible función de “proveer”. Sobre este punto, Rita Segato (2016) afirma que, en la precariedad de la vida en el capitalismo, el sujeto masculino que pierde su empleo, que no puede seguir estudiando, que pierde esa potencia que necesita para ser el proveedor en un imaginario arcaico se resiente mucho más. La posición masculina se fragiliza y se necesitan esfuerzos mayores, muchas veces violentos, para colocarse en esa posición. Para la autora, esta precariedad se siente mucho más en la posición masculina que en la femenina, porque las mujeres son más vinculares y tienen una tecnología de sociabilidad.

En este sentido, Amoros (1985) describe al patriarcado como un pacto entre varones, pacto que se suele ver asiduamente en ámbitos políticos, sociales, deportivos y familiares y donde las mujeres son las pactadas. Es en la modernidad, en los orígenes del capitalismo industrial, donde se pactan los lugares sociales: los varones para el espacio público, la política, la industria, el comercio, la fábrica y las mujeres para lo doméstico cumpliendo las funciones de ama de casa, esposa y madre.

En esta línea, Berardi (2003) sostiene que el actual sistema capitalista es una fábrica de infelicidad, debido a que la energía deseante se trasladó por completo al juego competitivo de la economía y ya no es concebible una relación motivada por el puro placer de conocerse, de modo que la soledad y el cinismo hicieron nacer el desierto en el alma. Según el autor, la tasa de suicidios de varones es cada vez más alta, y lo atribuye a que la ansiedad generada por la violencia competitiva es específicamente masculina, aclarando que también las mujeres son víctimas de la violencia financiera y de la venganza masculina, pero la cultura feminista puede considerarse como la única forma cultural y existencial que puede crear lugares psíquicos y físicos de autonomía frente a la agresión económica y a la agresión terrorista suicida (Berardi, 2016).

Siguiendo estos desarrollos, podemos pensar que los varones que ejercen o ejercieron violencia por razones de género se encuentran atravesados por estas secuelas subjetivas de la precariedad de la vida en el capitalismo. En este sentido, la violencia económica ejercida por estos varones se manifiesta en el ocultamiento de la información de qué se hace con esa plata; es el caso de Ángel, quien decidió invertir un dinero ahorrado sin consultárselo a su pareja: “El dinero era de los dos, pero no le consulté porque sabía que me iba a decir que no, ella es así más temerosa con ese tema”[27]. Nos preguntamos entonces qué relación existe entre el capitalismo y la masculinidad, en una sociedad caracterizada como patriarcal, donde todavía el poder lo ejercen algunos varones, y si estas violencias son efectos de una cultura producto del entramado de dos sistemas políticos, económicos, sociales y culturales: capitalismo y patriarcado. Fernando, participante del Espacio A, expresa: “Algo que me inquieta es el tema laboral, no estoy encontrando laburo”[28].

Todos los gobiernos de los países con presencia de COVID-19 han recomendado u obligado el confinamiento en las casas, remarcando que es el único remedio conocido para limitar contagios y muertes. La casa, un lugar delegado a las mujeres, cobró presencia en el discurso público, en el mediático, en el político y en el social. Y, a diferencia de otras oportunidades, su valoración fue positiva (lo bueno es quedarse en casa). Como mencionamos, el patriarcado va desarrollando diferenciación de espacios sociales de acuerdo con la identidad de género, esto produjo diferentes modos de subjetivación para mujeres y varones. En este sentido, y en la misma línea que Federico, Ignacio del Espacio A comentó: “Yo antes estaba más de 8 horas afuera de mi casa, ahora con la pandemia estoy adentro, estoy buscando trabajo, pero está difícil. Ya tuve tres entrevistas y nada”[29]. Esto es algo no tan común en la sociedad porque “los universos de significaciones imaginarias sociales operan como organizadores de sentido de los actos humanos, estableciendo las líneas de demarcación de lo lícito y lo ilícito, de lo permitido y lo prohibido, de lo bello y lo feo” (Fernández, 1993, p. 241). La pandemia manifestó algo que los estudios de mujeres y de género ya habían puesto sobre la mesa, que es lo absurdo de esa división, desmitificándola y evidenciando que lo público es privado y que lo personal es político.

En este sentido, se visualiza la incomodidad que para el género masculino ocasionó encontrarse lejos de las lógicas capitalistas y patriarcales de producción y extractivismo durante el confinamiento. Entendemos que los mandatos de la masculinidad hegemónica y de la heteronormatividad operan de tal manera que el sujeto queda apresado en la lógica binaria de ser o no ser varón. La aparición del virus COVID-19 y la crisis económica que eso conlleva vienen a colocar al varón en la situación paradojal, como venimos mencionando.

Como ya mencionamos, la expresión de los afectos y la necesidad de les otres es algo complejo de aceptar para aquellos varones cuyas estructuras se encuadran en la denominada “masculinidad hegemónica”. Las políticas implementadas ante la irrupción del COVID-19, además del confinamiento, han hecho hincapié en que aquellos espacios donde se reúnan grandes aglomeraciones de personas son los últimos que se van a habilitar. Justamente, el esparcimiento está encuadrado en esta situación. Este aspecto fue trabajado en las instancias grupales del Espacio A: “Quiero contar al grupo que me puse en contacto con mis compañeros de trabajo, que no hablaba hace bastante, y la verdad que me hizo bien saber cómo estaban, están viendo de juntarse…”[30], cuenta Arturo.

Tal como afirma Bonino (2002), la masculinidad tradicional empeora el estado de salud en los varones pues estos son un factor de riesgo para la salud y la vida propia y ajena porque sus cualidades propician muchas enfermedades somáticas y psicológicas. Es en este escenario, complejo y de extremos recaudos, donde nos cuestionamos acerca de la asunción por parte de los varones de este rol de cuidador (históricamente asignado a las feminidades) y su intersección con los estereotipos masculinos impuestos social y patriarcalmente; coincidiendo con D’Atri (2020), entendemos que la construcción cultural de la masculinidad está escindida de los cuidados. De esta manera, la contracara de que las tareas domésticas y de cuidado recaigan casi completamente sobre las mujeres es la falta de cuidado (propio y de les demás) como factor constitutivo de las identidades masculinas. A través de la construcción social del cuidado como algo femenino, el autocuidado de la salud queda relegado en la lista de prioridades.

Fabbri (2019) señala la poca existencia de políticas sanitarias que tengan como destinatarios específicos a los varones, y que aquellas que los tienen suelen pensarlos como víctimas de un modelo de masculinidad hegemónica. Destaca que son pocos los espacios que apunten a reducir las desigualdades de poder, entendiendo que a mayor equidad van a ser mejores condiciones de salud para ellos y para el resto de la sociedad que padece las consecuencias de la masculinidad hegemónica. El pensar programas de salud con el género como perspectiva hace referencia a un enfoque que describe las formas concretas en que se ha llevado adelante la asignación diferencial de atributos y criterios de normalidad a varones y mujeres. Es una herramienta analítica que permite identificar situaciones de desigualdad naturalizadas con base en la diferencia sexual y actuar para transformarlas, tomando así un sentido también político (García Prince, 1997). En este sentido, la categoría de género nos permite observar el proceso que llevó a la naturalización de necesidades, deseos, aspiraciones y posibilidades asignados diferencialmente a varones y mujeres, a partir de representaciones de “lo masculino” y “lo femenino”.

Como venimos analizando, la pandemia conlleva eventos estresantes (falta de empleo o ingresos, dificultad para cubrir las necesidades básicas, disminución o suspensión de servicios, restricciones sanitarias) que tensionan la salud mental de los varones. Al mismo tiempo, representa una oportunidad para el trabajo con su salud mental, considerando que en períodos de crisis pueden estar más abiertos a compartir su malestar psicológico y sus preocupaciones (Khan, Ratele y Arendse, 2020). Conocer sus emociones, identificar su malestar y pedir ayuda oportunamente es parte de lo que se necesita promover entre varones.

En este sentido, se hace necesario cuestionar las normas sociales, las configuraciones y los estereotipos de género que sostienen estas desigualdades, incentivando a los varones a establecer comportamientos más saludables y equitativos. La posibilidad de cambio puede muy bien estar en nuestro conocimiento de que las nociones de masculinidad se construyen en circunstancias históricas específicas, y son permeables a ser impugnadas, reconstruidas o desplazadas (Connell, 2000).

3.5. Lazos sexo-afectivos en pandemia

Como venimos viendo, el COVID-19 es una emergencia de salud pública con impactos multidimensionales inmediatos y en el largo plazo, que conllevan riesgos y efectos en el tejido social en su conjunto, pero especialmente en los sectores más postergados de la sociedad. La cuarentena no solo visibiliza las desigualdades económicas, de género, de edad, de capacidades, sino que también refuerza la injusticia, la discriminación, la exclusión social y el sufrimiento inmerecido que provocan. Las recomendaciones de los organismos internacionales parecen estar pensadas como dirigidas a un varón joven, ciudadano de clase media, en uso pleno de sus capacidades, empleado, que vive en una vivienda con ciertas condiciones básicas aseguradas (Sousa Santos, 2020).

La OMS[31] ha advertido que el impacto en la salud mental de una epidemia, generalmente, es más fuerte entre quienes viven en situación de exclusión social o las personas mayores. En este marco, resulta importante reconocer las diferencias de vulnerabilidad de los distintos grupos poblacionales, en especial las relacionadas con el género, la edad, y el nivel socioeconómico. Atender el impacto de la pandemia en la salud mental es importante no solo para mejorar la salud, sino también para evitar otros problemas sociales, tales como la estigmatización de personas, la falta de adherencia a medidas de prevención, y el duelo frente a la pérdida de seres queridos. En definitiva, estos factores tienen un rol fundamental para afrontar la pandemia de manera integral (Taylor, 2019).

En la Argentina el gobierno ha puesto en marcha un conjunto de medidas en materia de protección social, y se implementaron políticas de protección de empleo[32], se fortalecieron los programas de prevención de violencia en el hogar y contra las mujeres, entre medidas de otra índole[33]. De todas maneras, las desigualdades en el acceso a servicios de salud, a esquemas de protección social y de ingresos, y a alimentos nutritivos, la ausencia de infraestructura de saneamiento e instalaciones de agua para el lavado de manos en los hogares, la falta de opciones de conectividad y de aprendizaje remoto o a distancia ampliaron las brechas de inequidad en el ejercicio de derechos (UNSDG, 2020). Históricamente, los varones poseyeron privilegios de género en el acceso a recursos, la visibilidad pública y la participación política, el control de la movilización y el tiempo no dedicado a las responsabilidades de los cuidados por el hecho de ser varones. Es oportuno para analizar el contexto aplicando realmente un enfoque de género tomar medidas que impliquen un avance en términos individuales y colectivos.

El estar en confinamiento ha repercutido, en particular, en las vivencias dentro del espacio privado, la casa, el lugar donde se despliegan la intimidad y los lazos sexo-afectivos fundamentales. Situarse en este espacio implica adentrarse en prácticas que nos acercan a les otres, en las que el conocimiento mutuo es profundo y se comparten pensamientos, sentimientos y emociones, se organizan la economía y las tareas domésticas y reproductivas, y se proporcionan y reciben cuidados de diverso tipo (Rodríguez, 2019). De esta manera, se expresan afectos en el día a día que tanto pueden ser positivos como el amor, la amistad, la empatía y la comprensión, como negativos, manifestados en tensiones, conflictos, antipatías, disputas y violencias. Juan del Espacio A expresa su incomodidad: “Los últimos días vengo con un humor… No sé si el encierro o la situación laboral, que no estoy pudiendo conseguir trabajo, pero esta semana le contesté varias veces mal a mi hijo y a mi señora”[34].

En este sentido, la ONU (2020) advierte que la forma de violencia y agresión más común que enfrentan la niñez y las mujeres ocurre en el hogar, probabilidad que aumenta en situaciones de crisis debido al incremento de las tensiones en su interior y las dificultades para buscar ayuda. La violencia contra las mujeres en las relaciones sexo-afectivas implica un problema de producción primordialmente masculino. Implicar a los varones sobre los efectos y las consecuencias que las violencias ocasionan para otras personas e incluso para sí mismos los torna sujetos pasibles de intervención, reflexión y cambio.

Como vimos el capítulo anterior, el mito de que el amor todo lo puede se emparenta con otro mito que es sobre el carácter puro de aquel sentimiento. Desde esta perspectiva, habría una esencia en el amor que nos llevaría a contemplarlo como algo puro que no debe mancharse ni contaminarse con las cosas mundanas de la vida. Matías se expresa en el Espacio A: “Con mi compañera decidimos dejar de convivir por un tiempo, pero seguir en pareja, va a ser extraño vincularlos desde otro lugar, pero los dos estamos de acuerdo que es lo mejor”[35]. Estos aspectos fueron trabajados en varios encuentros con los varones que asisten al Espacio A, los mitos del amor romántico (“la media naranja”) y los estereotipos que estos infieren, donde todo bajo la órbita del amor debería hacerse por eso, por amor, incluso decidir cuándo convivir.

Ahmed (2015) manifiesta que la socialización de género (que vincula de forma diferencial a las mujeres con lo afectivo, los cuidados y la expresión de emociones) obstaculiza a los varones en su expresión en determinados contextos como resultado de guiones culturales heteronormativos que moldean los cuerpos de las personas. Estas diferencias de género pueden verse también influenciadas por el contexto y sus presiones, como podría ser la situación de pandemia. De esta manera, se entiende que la pandemia provocó también un cúmulo de emociones difícilmente compartidas antes a escala planetaria, causadas por un mismo fenómeno social. Como vimos en el capítulo anterior y a través de los registros de la presente investigación, se observan grandes dificultades en los varones que acceden al espacio para poder poner en palabras angustias, enojos, malestares: “Quiero ver si puedo hablar primero, tengo una mezcla de sensaciones, emociones… ansiedad porque no me contestan del juzgado por el tema de los nenes”[36].

El tema de los tiempos de la Justicia en pandemia es algo recurrente que emerge del espacio grupal en aquellos varones que tienen una denuncia y están imposibilitados de ver a sus hijes. En este sentido, Pedro se queja porque aún no le dieron el turno con el psicólogue, y desde la coordinación se interviene:

Ninguna batería de test se hace virtual, tiene que ser presencial. Sabemos cómo está la situación, sabemos lo que pasó con los chicos, la situación por la cual los chicos no están en la casa, sabés que la situación fue complicada, vos estás haciendo un trabajo importante, como todos los demás. Está complicado por la pandemia y aparte no fue poca cosa lo que pasó, ¿no? No sé si me comprendes[37].

Cabe destacar que, dentro de las excepciones establecidas al DNU 297/2020 anteriormente mencionado, se encuentra “la fuerza mayor”, y dentro de esta se incluye a las oficinas que recepcionan denuncias por violencia familiar, o bien la asistencia a los organismos competentes que asisten y protegen a las personas en situación de violencia. Conforme a ello, se han formulado denuncias por vías telefónicas, correos electrónicos y WhatsApp, por la mayor facilidad que presenta su recepción y por los nuevos números telefónicos locales y nacionales que se habilitaron a tal fin.

3.6. Reflexiones finales

En este capítulo analizamos cómo la situación de emergencia sanitaria por COVID-19 empeoró las condiciones de vida de las mujeres, dado que la permanencia en el hogar puso en tensión los roles históricamente asignados a los varones: pierden su rol de proveedores, su lugar en el espacio público, y por último la autosuficiencia. ¿Qué herramientas se ofrecieron para el desarrollo de nuevos roles en el hogar o para frenar a tiempo la violencia machista? En este sentido, desarrollamos los abordajes llevados adelante por el Espacio A y por el Espacio B durante este periodo y qué modalidad adoptaron las intervenciones desde la virtualidad.

A su vez, analizamos cómo el aislamiento alteró la dinámica familiar y doméstica trayendo conflictividad y tensión. Que esa conflictividad se resuelva violentamente no es una consecuencia del aislamiento, sino de la configuración de la masculinidad puesta en jaque. La pandemia para el varón implicó la pérdida de roles o características históricamente asociados a la masculinidad tradicional. Este análisis lo abordamos desde los lazos sexo-afectivos y sobre las emociones que estos varones desplegaron en la dinámica grupal.

Este aislamiento puede abordarse no únicamente desde los privilegios perdidos, sino desde la oportunidad de desempeñar otros roles. Ser agente del cuidado de sí mismo y de otres, compartir la crianza, asumir la responsabilidad compartida en las tareas domésticas puede ser un desafío y un aprendizaje, pero no por eso menos necesario. Roles y funciones que este mismo sistema patriarcal asignó rígidamente a las mujeres. Entre tanta ansiedad, angustia e incertidumbre que la situación de crisis sanitaria genera, la oportunidad de trabajar en pos de la equidad no solo desde lo conceptual, sino haciendo cuerpo de eso y construir lazos sexo-afectivos más igualitarios, surge como una necesidad.

En este apartado vimos cómo los dispositivos fueron adquiriendo diferentes estrategias y modalidades dados los efectos de la pandemia. En este sentido de repensarse y de transformarse, también es oportuno para que el Estado busque nuevas formas de dar respuestas políticas que sean innovadoras y de alguna manera contrahegemónicas y despatriarcalizadoras para el abordaje de las masculinidades.

En el próximo capítulo, abordaremos distintas reflexiones acerca de los dispositivos de abordaje de las masculinidades, a los efectos de pensar los desafíos en materia de políticas públicas en torno a las masculinidades y su involucramiento en el abordaje integral de la violencia de género. Se problematizarán algunas estrategias de monitoreo y evaluación para estos dispositivos con el objetivo de analizar herramientas para garantizar mecanismos de evaluabilidad de este tipo de políticas para la igualdad de género.


  1. Nota de campo del Espacio A, 13/04/2020.
  2. Ver www.pagina12.com.ar/242486-rugbiers-mataron-a-golpes-a-un-joven-a-la-salida-de-un-bolic.
  3. Proyecto disponible en www4.hcdn.gob.ar/dependencias/dsecretaria/Periodo2020/PDF2020/TP2020/4613-D-2020.pdf.
  4. Ley disponible en boletinoficial.buenosaires.gob.ar/normativaba/norma/537385.
  5. Ver www.infobae.com/sociedad/policiales/2020/01/29/llama-atencion-la-falta-de-arrepentimiento-de-los-rugbiers-el-abogado-de-la-familia-de-fernando-conto-que-tras-las-ruedas-de-reconocimiento-los-acusados-se-reian.
  6. Información disponible en www.argentina.gob.ar/generos/linea-144/informacion-estadistica.
  7. Informe elaborado por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina. Disponible en www.argentina.gob.ar/generos/linea-144/informacion-estadistica.
  8. Informe disponible en www.estadisticaciudad.gob.ar/eyc/?cat=346.
  9. Datos disponibles en www.ovd.gov.ar/ovd/verNoticia.do?idNoticia=4811.
  10. Informe disponible en oig.cepal.org/sites/default/files/argentina_femicidios2019.pdf.
  11. Informe disponible en www.csjn.gov.ar/omrecopilacion/docs/informefemicidios2020.pdf.
  12. Informe disponible en www.dpn.gob.ar/documentos/Observatorio_Femicidios_-_Informe_Parcial_-_Junio_2021.pdf.
  13. Son los casos en los que las mujeres se quitan la vida como consecuencia de los abusos sistemáticos y la violencia de género que vivieron.
  14. Informes disponibles en www.gba.gob.ar/mujeres/informes.
  15. Publicaciones disponibles en https://tinyurl.com/yfp3asuz.
  16. Información relevada en entrevistas semidirigidas efectuadas en el mes de junio de 2021.
  17. Información relevada en entrevistas semidirigidas efectuadas en el mes de mayo de 2021.
  18. Según los registros del trabajo de campo del Espacio A, las ausencias al espacio no son significativas, si alguno falta, avisa y explica el motivo.
  19. Registro de observación del Espacio A, 4/05/2021.
  20. Nota de campo del Espacio A, 9/02/2020.
  21. Nota de campo del Espacio A, 16/03/2021.
  22. Se encuentra en el anexo.
  23. Información relevada en entrevistas semidirigidas efectuadas en el mes de junio de 2021.
  24. Información relevada en entrevistas semidirigidas efectuadas en el mes de mayo de 2021.
  25. Nota de campo del Espacio A, 22/10/2020.
  26. Nota de campo del Espacio A, 20/04/2021.
  27. Nota de campo del Espacio A, 23/02/2021.
  28. Nota de campo del Espacio A, 22/06/2021.
  29. Nota de campo del Espacio A, 23/02/2021.
  30. Nota de campo del Espacio A, 16/03/2021.
  31. Informe disponible en www.paho.org/es/documentos/proteccion-salud-mental-atencion-psicosocial-situaciones-epidemias.
  32. Ver www.argentina.gob.ar/coronavirus/medidas-gobierno.
  33. Medidas en materia de género y diversidad en el marco de la emergencia sanitaria. Disponible en www.argentina.gob.ar/generos/medidas-en-materia-de-genero-y-diversidad-en-el-marco-de-la-emergencia-sanitaria.
  34. Nota de campo del Espacio A, 20/04/2021.
  35. Nota de campo del Espacio A, 18/05/2021.
  36. Registro de observación del Espacio A, 4/05/2021.
  37. Registro de observación del Espacio A, 4/05/2021.


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