Particularidades en una provincia argentina
Yussef Becher y Pablo Vommaro
Introducción
En el nuevo siglo los estudios sobre formas de participación y compromiso público juveniles crecieron a la vez que aumentaba el protagonismo de los/as jóvenes en estas cuestiones. Tanto ante momentos que desestructuraron la cotidianidad de la vida argentina, reconfigurando las maneras que las juventudes producen para participar, como frente a coyunturas que motivaron y ampliaron el activismo, los investigadores hemos encontrado diferentes incentivos para expandir las indagaciones en el tema.
Estos trabajos avanzaron en aportes que deconstruyeron las representaciones hegemónicas que mostraban a los mundos juveniles como desinteresados de la política en décadas pasadas. Más que hablar de apatía, se descubrió que en los años 90 las juventudes habían ensanchado las modalidades de participación desbordando o alternativizando los espacios instituidos. Así, emergieron otras formas de ciudadanías y empoderamientos juveniles que no habían sido reconocidos antes. Ya entrados en la primera década del nuevo siglo, las condiciones coyunturales, como la presencia de un gobierno de tipo progresista o popular, pusieron nuevamente el foco de atención en las formas de compromiso de las juventudes con la política y lo público. En algunos casos, en estrecha vinculación con el Estado y las políticas públicas. En otros, se continuaban situando en espacios alternativos o de ruptura.
De esta manera, luego de la denominada crisis del año 2001 se hicieron presentes en el escenario sociopolítico otras formas de participación que dinamizaron las modalidades de agrupamiento juvenil, renovando sentidos en torno a estos involucramientos, trayectorias militantes que son y fueron construidas en torno a una importante presencia de las instituciones estatales y pervivencia de modalidades anteriores que fueron resignificadas por el reencantamiento con lo público que se vivió luego de 2002/2003 (Vázquez y Vommaro, 2012). Todos estos elementos aportaron, también, a procesos de juvenilización en los espacios políticos instituidos e instituyeron otras fuerzas movilizantes, con performances y repertorios renovados, con agrupamientos gestados desde y por los jóvenes en los que lo juvenil se constituyó en un elemento de autoafirmación y generación de adhesiones y movilizaciones.
Luego del cambio de gobierno de fines de 2015 en la Argentina, la situación de las juventudes se hizo más frágil y precaria en muchos sentidos. Acompañando procesos de deterioro social más generales causados por las políticas implementadas por la alianza Cambiemos, las condiciones de vida juveniles han empeorado, aumentando no solo los índices de desempleo y de precarización laboral, sino también los procesos de estigmatización y criminalización de los/as jóvenes, sobre todo de los de sectores populares y grupos movilizados. Junto con esto, políticas públicas que tenían como destinatarias a las juventudes quedaron sin efecto o fueron modificadas sustancialmente, recortando sus alcances o disminuyendo los sujetos que podían participar de ellas. Esto deja como saldo un proceso de pérdida de derechos para la mayoría de las juventudes que aún continúa abierto.
Frente a este escenario sociopolítico, nos parece relevante realizar una indagación entre las juventudes que les pregunte por los sentidos que producen acerca de la participación política en la actual coyuntura. Para los/as jóvenes de la Argentina (o de San Luis) ¿tiene sentido participar? ¿Cuáles son los sentidos que construyen acerca de la participación? ¿Cómo se vinculan con los espacios de participación?
Estos son nuestros interrogantes y a modo de hipótesis consideramos que la producción de sentidos juveniles sobre el involucramiento político se encuentra ligada a la situación particular en la que se producen. Aquí se anudan elementos del contexto nacional, provincial, local y la historia singular de los diversos espacios en los que los/as jóvenes despliegan sus vidas.
Las investigaciones en las que se basa este artículo se han desarrollado en una provincia del interior de Argentina –San Luis–, lo cual conlleva introducir sus particularidades territoriales. Ello supone el desafío de considerar en la lectura analítica esas peculiaridades y no incorporarlas como rasgos comunes a todos los jóvenes. Se trata de reponer el espacio social en el que las juventudes despliegan sus formas de participación, con sus entramados simbólicos y materiales, con sus historias.
Algunos antecedentes y sus ejes de organización
Quienes se dedican al estudio de la participación juvenil han estructurado el campo en torno al tema en función de dos ejes: la participación en estructuras partidarias clásicas y otros modos de acción política en espacios no instituidos, disidentes o alternativos. Asimismo, se agrega un tercer campo de investigación en torno a las políticas públicas, ya sea las vinculadas con la promoción de la participación juvenil o el estudio de la participación de los jóvenes en las políticas públicas sectoriales.
Los estudios sobre estructuras partidarias clásicas fueron propios de los primeros atisbos en torno a la construcción temática de la participación juvenil. Su incidencia fue tal que cuando los contextos modificaron sus condiciones de producción para el activismo colectivo y los jóvenes desplazaron sus acciones hacia otros espacios no fueron reconocidos como tales. A partir de esas circunstancias se incorporaron en los estudios sobre el tema otros espacios que no eran propios del activismo juvenil, pero fueron utilizados para el ejercicio de esas acciones.
Fueron particulares elementos contextuales los que propiciaron una u otra modalidad de acción pues las actividades en estructuras partidarias primaron en los albores de la emergencia del colectivo sociogeneracional (en la década de 1960 y en las subsiguientes) finalizando dicho proceso con la influencia de los gobiernos dictatoriales que tuvieron lugar a mediados de los años 1970. Sin dudas, la tan idealizada primavera alfonsinista fue un reflejo del retorno del colectivo a las actividades políticas en sus formatos habituales, y las pascuas de 1987 implicaron una renovada incertidumbre para quienes habían depositado su confianza en las promesas de esa nueva democracia. Ya en 1990, y ante la retracción de la participación de las juventudes en las estructuras partidarias clásicas, algunos estudios sobre el tema comenzaron a señalar que esta disminución en la presencia de los jóvenes en los partidos políticos expresaba una apatía o desinterés juvenil por la política como tal.[1] Un factor que incidió en esas conclusiones –tal como mencionábamos anteriormente– fue considerar a los espacios instituidos y reconocidos como ámbitos de participación como los únicos en donde podían suscitarse dinámicas de acción política. Explorando otras posibilidades de involucramiento con lo público y dando cuenta de otras formas de politización juvenil, las investigaciones de comienzos de siglo se ocuparon de mostrar que las juventudes involucran su participación en espacios distintos de los tradicionales (Núñez, 2003; Chaves, 2004; Blanco, 2006; Castro, 2007; Borobia, Kropff y Núñez, 2013; Blanco y Vommaro, 2017). Tal aporte condujo a revisar lo construido en el campo de estudios sobre el tema, pues evidentemente se estaban desplegando procesos de investigación solo respecto de las estructuras partidarias y no de aquellas otras manifestaciones políticas disidentes o alternativas.
Desde comienzos del nuevo siglo, con la presencia en Argentina de un gobierno popular o progresista, algunos elementos contextuales propios del escenario sociopolítico mostraron de parte de las juventudes un reencantamiento con lo público estatal. Surgieron modalidades de participación nuevas y otras viejas conocidas que fueron resignificadas por los integrantes del colectivo. Los estudios sociales hallaron en el fallecimiento del expresidente Kirchner un momento de clivaje en torno a la participación por cuanto las juventudes comenzaron a ocupar el espacio público, respondiendo a una interpelación estatal que antes de ese momento no era tan evidente. Las grupalidades juveniles evidenciaron su involucramiento en espacios instituidos de la política y la conformación de otros nuevos gestados y organizados por ellos mismos. Por otra parte, modalidades particulares de participación al interior de los espacios políticos fueron construyendo trayectorias de militancia individuales en donde emergieron nuevas figuras significativas para el activismo juvenil (Saintout, 2012; Vázquez, 2012; 2013; 2015; Vázquez y Vommaro, 2012; Castro, 2013; Vommaro, 2015; Becher, 2017; Vázquez, Rocha Rivarola y Cozachcov, 2017). En ese mismo periodo comenzaron a implementarse políticas públicas que entre sus objetivos proponían la promoción o el fortalecimiento de la participación juvenil. Así, empezaron a desarrollarse investigaciones sobre dichas políticas y principalmente sobre las juventudes involucradas en su implementación. Por el momento quienes se han ocupado de esos ámbitos de participación han mencionado que los integrantes del colectivo que forman parte de los procesos territoriales –en el marco de la ejecución de los programas– suelen ser gestores públicos y al mismo tiempo militantes políticos. Tales circunstancias construyen identidades juveniles en donde sus núcleos de pertenencia pendulan en torno a esos dos aspectos: militar el Estado y formar parte de él (Vázquez, 2012; 2013; 2015; Vázquez y Vommaro, 2012; Núñez, Vázquez y Vommaro, 2015).
Precisiones metodológicas
Solo nos ocuparemos en este apartado de aquellos aspectos que son relevantes para comprender la lectura propuesta en este texto, pues en otras partes del libro ya han sido descriptas con detalle las opciones metodológicas. Tal como señala Juan Samaja (1995), un proceso de investigación se constituye por el conjunto de actividades desarrolladas por quienes asumen tal tarea. En ese sentido, entre las tareas llevadas a cabo por el grupo de investigación, se encuentran encuestas semiestructuradas y entrevistas grupales realizadas en el año 2016. A ello se agregan entrevistas en profundidad y observación participante durante el año 2017. Vale señalar que la muestra estuvo constituida por jóvenes que participan en diferentes estructuras partidarias –a las que ya se ha hecho mención en los primeros capítulos de este libro– y por otros que lo hacen en espacios que no tienen esa particularidad. Asimismo, se encuentran representadas las juventudes que no participan en ninguno de tales espacios. En cuanto a las edades, el promedio se ubica en los 25 años, y la identidad de género se encuentra equilibrada entre varones y mujeres, no relevándose otras identidades y sexualidades.
Para desentrañar los sentidos que los jóvenes le otorgan a la participación, acudimos a ese corpus de datos y realizamos sobre él un análisis temático a fin de identificar aquellos significantes en torno a los cuales se agrupa una importante densidad teórica (Braun y Clarke, 2006). Este análisis consiste en efectuar comentarios generales en torno a las expresiones juveniles –ya sean sus discursos o prácticas– para distinguir temas y subtemas, lo cual supone una relación predominante entre unos significantes que tienen mayor recurrencia que otros. De modo que en torno a nuestro eje central –producción de sentidos sobre la participación– se fueron agregando significados intersubjetivos –en términos schutzianos (1993)– que conforman el universo simbólico de las juventudes que integraron la muestra. En esos significados fue posible advertir algunos estimulantes para el accionismo juvenil y otros desincentivos. Al mismo tiempo, todos ellos convergen en un elemento común: el contexto o la situación en la que se produce la participación. En el siguiente gráfico –que vamos a presentar a modo de heptágono– mostramos esos diferentes significantes y entre paréntesis –por medio de signos de suma y de resta– su incidencia como estimulantes o condicionantes negativos:
Significados y contextos
Cuando los jóvenes que conformaron la muestra fueron consultados sobre el papel de quienes integran su colectivo en estos últimos tiempos –en las encuestas y entrevistas consultamos sobre los últimos cincuenta años, aludiendo a su experiencia directa y a relatos o tradiciones heredadas– inmediatamente emergieron sentidos que los ligaron al mundo de la política. Sin dudas, aquel fue un incentivo para indagar cuáles son las prácticas que ellos consideran políticas y los significados que construyen en torno a estas, sin dejar fuera de tal registro –pues coincidimos con Chantal Mouffe (2011)– todo tipo de dinámica que ellos consideraran un activismo político. Tal como señalamos en el gráfico anterior, todos estos sentidos convergen en un elemento que les es común: el contexto. Por ello, en nuestra lectura vamos a acudir a datos contextuales a modo de lupa para esclarecer dichas construcciones significativas. Asimismo, en ese contexto se encuentran entramados elementos del escenario nacional y otros del provincial, como así también algunos que provienen de las dinámicas e historias de los partidos o espacios políticos en el caso de aquellos que involucran su participación en esas instancias.
Un primer parteaguas lo encontramos en torno a quienes se autoperciben como involucrados en actividades políticas y quienes no se consideran tales. Los que no participan en agrupaciones o espacios políticos instituidos y reconocidos como ámbitos de participación política lo expresan del siguiente modo:
No lo hago porque no tengo tiempo… no es que me parezca no importante, pero prefiero ayudar al margen de estar en una agrupación. Estuve un tiempo en una y me exigían cumplir con tareas para las que no tenía tiempo (J. Mujer. 22 años. Estudiante universitaria).
En el relato de esta joven podemos advertir que considera que las actividades políticas requieren de un tiempo que ella no está dispuesta a brindarles y, asimismo, señala una serie de exigencias que no puede cumplir. Entre esas exigencias se encuentran las actividades de militancia y el tiempo que ellas demandan en cada una de las agrupaciones. Por consiguiente, esta joven decide involucrar su participación en otros espacios distintos de aquellos que comúnmente son reconocidos como políticos. Con este caso, podemos ver la manera en la que para muchos jóvenes persiste la significación en torno al hacer política como involucrarse en los ámbitos instituidos y reconocidos como tales, considerando otros espacios de participación como no políticos (Blanco, 2006; Blanco y Vommaro, 2017). Entre otros congéneres de J. que también eligen no participar en los espacios reconocidos como políticos, se encuentran presentes significantes que asocian la política al clientelismo y la corrupción. Tal como hemos mencionado, esos sentidos en torno a la participación operan como desincentivos para involucrarse. Algunos de los jóvenes que emplean estos significantes lo hacen al describir políticas públicas nacionales y provinciales:
Políticas populistas… políticas sociales clientelares y fomento a la vagancia.
Populismo barato aprovechándose de la gente pobre para conseguir votos.
… vivíamos en un imperio gobernado por la corrupción de los K.
(Expresiones recogidas en los cuestionarios anónimos).
Estas políticas corresponden tanto al gobierno nacional como al provincial. Si bien en el primer escenario los estudios han mostrado que los denominados gobiernos progresistas o populares brindaron condiciones de producción para la emergencia de juventudes militantes (Vázquez, 2015; Vommaro, 2015), muchos de ellos no se encuentran conforme con tales condiciones por cuanto señalan la existencia de clientelismo y corrupción. Los discursos en torno a esos dos significantes han sido la estrategia predilecta de los medios de comunicación dominantes –que se oponían al gobierno argentino de 2003 hasta 2015– y de la oposición, la cual, bajo la promesa de recuperar una supuesta institucionalidad perdida, pregonaba discursos anticorrupción. Ya Chomsky (1995) desde inicios de la década de 1990 advertía acerca de la incidencia de los medios de comunicación dominantes en la construcción social de la realidad, como también lo han hecho Domenach (1962) y Mauger (2007). En ese período tales medios se enfrentaron al gobierno por cuanto aquel adoptó medidas concretas –como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N° 26522– que ponían en riesgo gran parte de sus actividades comerciales, como así también otras acciones que no coincidían con sus orientaciones políticas. Por su parte, la oposición de aquel entonces, entre la que destacamos la coalición que actualmente ejerce el Poder Ejecutivo (2015-2019), no ha dado muestras de recuperar la institucionalidad supuestamente perdida, sino que por el contrario la ha lesionado gravemente ante el reiterado uso de decretos de necesidad y urgencia para modificar leyes, menoscabando derechos de los ciudadanos o beneficiando a amigos y familiares asociados al gobierno. A ello se agrega que desde los sentidos hegemónicos han sido los gobiernos considerados populistas sobre los que han recaído causas de corrupción, utilizadas habitualmente para estigmatizar sus políticas, aunque en muchos casos esas causas no hayan sido efectivamente comprobadas (Hochstetler, 2008).
En la provincia de San Luis nos encontramos con la particularidad de un territorio en donde persiste el liderazgo de una misma fuerza política –asociada a una familia– desde el año 1983 hasta la actualidad. Las investigaciones locales sobre su cultura política lo han caracterizado como un régimen de corte patrimonialista en donde las estructuras clientelares conforman un entramado de institucionalismos informales que sirven para su sostenimiento (Trocello, 2008). Desde una perspectiva diferente se advierte –tomando a las juventudes sanluiseñas como objeto empírico– que el gobierno provincial ha acudido a estrategias de dominación por medio de las cuales logra incidir en la construcción de las subjetividades e identidades juveniles, apelando principalmente a lo simbólico y lo afectivo (Castro, 2012; 2014). El estudio de las políticas sociales sanluiseñas también ha develado la recurrencia a instancias que podemos caracterizar como clientelares, aunque no dentro del típico clientelismo político analizado en forma lineal o unidireccional, sino como uno en donde –tal como señala Auyero (1997; 2001)– no solo importa lo que se da o se recibe, sino los significantes a los que se evoca en esas modalidades mediante las que se otorgan los beneficios (Vilchez, 2017). Asimismo, consideramos importante reconocer que esas relaciones no se construyen sin el intercambio de bienes y recursos materiales y simbólicos, tanto para quien da como para quien recibe, pues no se trata de un vínculo entre un dador todopoderoso y un cliente alienado.
Entre las juventudes que se reconocen como involucradas en política, predominan los significantes que en el gráfico hemos representado con el signo de suma. Quienes construyen un sentido en torno a la participación como la posibilidad de incidir en los ámbitos institucionales del gobierno por medio de obtener un escaño en los espacios legislativos son los jóvenes de la Unión Cívica Radical (UCR) y su actual alianza Cambiemos:
… creemos que las cuestiones de gobierno y de Estado se cambian dentro del gobierno y del Estado, no desde afuera, porque uno puede opinar mucho en las radios pero si no estás dentro de la legislatura, el concejo deliberante, la municipalidad, no podés cambiar absolutamente nada (D. Varón. 26 años. Dirigente de agrupación juvenil UCR-Cambiemos).
Este sentido en torno a la participación política se vincula con el papel que el Partido Radical ha tenido en la provincia de San Luis: en el periodo de reconstrucción democrática fue un opositor significativo y con el transcurso del tiempo fue perdiendo centralidad quedando reducido a ocupar algunos cargos legislativos como fuerza política minoritaria. Por ello, en este caso podemos advertir el modo en que la historia de los partidos incide en los sentidos que construyen las juventudes acerca de la participación política. Así, cuando son consultados sobre la formación política que reciben de parte de la UCR, surgen los aspectos vinculados con la tarea legislativa, ya sea porque directamente han ocupado un cargo como concejales o diputados o bien porque han sido pasantes en la legislatura local.
Asimismo, cuando indagamos acerca de sus expectativas en los espacios políticos en los que se desarrollan, emerge el deseo de incorporarse en espacios propios de las funciones legislativas. Tales jóvenes no tienen interés por insertarse en ámbitos ejecutivos –ya sean cargos electivos o políticos– como así tampoco continuar la militancia sin tener incidencia en actividades legislativas.
A diferencia de este grupo juvenil, se ubica otro para el que la actividad barrial es la principal en torno a la cual se construye su sentido de participación. En ese grupo podemos identificar a los jóvenes que involucran su activismo en el Partido Justicialista (PJ) provincial:
¿Qué hacía Perón? Iba al barrio, ayudaba a la gente, ese tipo de actividades… a veces me dicen “¿Vos para quién trabajas?” Yo trabajo para el peronismo… me voy al barrio porque es la única forma, vos a la gente la tenés que escuchar (A. Mujer. 28 años. Dirigente de agrupación juvenil del PJ).
En este caso la historia del partido tiene un papel central particularmente en torno a la figura de quienes fueron sus mitos fundantes: Juan Domingo Perón y Eva Duarte. Es recurrente la mención a estas figuras como así también a aspectos que son característicos de la doctrina peronista. Entonces, la actividad barrial con los sectores populares surge como uno de los principales significantes en torno al que se organiza la participación juvenil en este caso. Sin embargo, al interior de las mismas grupalidades se producen conflictos en torno a esos sentidos, pues quienes se han ido incorporando posteriormente no siempre reconocen en las tareas de ayuda social directa con los barrios un aspecto central de su involucramiento en el partido. Por ello, emergen diferentes sentidos en donde dichas actividades no tienen la tan mentada centralidad que aparece en el discurso de otros jóvenes. Como en todo campo de significación, siempre están presentes los conflictos por unos u otros significantes aunque, sin dudas, el que predomina –como modo de identificación con esa doctrina heredada– es la de involucrar la participación al reconocerse militante en las tareas barriales.
A partir de nuestras observaciones pudimos advertir que, con menor masividad pero no por ello con escasa significación dentro de los sentidos construidos acerca de la participación, tenía presencia un grupo de jóvenes que con sus banderas negras y símbolos de la A dentro de un círculo acompañaba a los ciudadanos sanluiseños que se congregaban en diferentes manifestaciones, principalmente las que se realizaban en defensa de los derechos de las mujeres –por ejemplo, en las convocatorias Ni una Menos[2], o ante la desaparición de Santiago Maldonado[3], denunciando la profundización de la represión de parte de las fuerzas de seguridad estatales. Estos jóvenes se reconocen como anarquistas o bien como defensores de prácticas libertarias. No es casual que estas juventudes involucren su activismo en causas sociales como las que mencionamos, pues el patriarcado aparece como el principio autoritario que regula las relaciones entre las diferentes identidades de género o sexuales, construyendo jerarquías entre unas y otras. Por otra parte, en el reclamo ante la desaparición de Santiago Maldonado es posible ubicar uno de los nudos que estructura el sentido de la participación en las agrupaciones consideradas anarquistas desde sus comienzos en el siglo XIX: el rechazo a la autoridad estatal, que no es reconocida como ejercicio del uso legítimo del monopolio de la fuerza pública.
… acá antes de la creación del Estado nación argentino había pueblos que… se manejaban y se conocían porque estaban desde hace muchísimos años y no necesitaban de un Estado con leyes (G. 28 años. Integrante de agrupación de corte anarquista).
Esta modalidad de participación –que puede ser considerada una particularidad del anarquismo que se extiende a otros grupos– entraña una crítica hacia el Estado en tanto modo de organización social y política. Al mismo tiempo, dado que se concibe a la administración estatal como un modo de organización que no es compatible con la libertad –de acuerdo con el significado que le atribuyen estas agrupaciones– su potestad represiva surge como respuesta ante las prácticas que intenten poner en riesgo su estructura. Ya sea el patriarcado o el Estado en su forma tradicional de ejercicio de la represión constituyen modos autoritarios de ejercicio del poder que justifican el involucramiento de los jóvenes que integran tales agrupaciones.
Por otra parte, en el campo de significaciones que es propio de quienes involucran su activismo en partidos o agrupaciones políticas, el territorio surge como otro sentido que motiva la participación juvenil. Si bien la construcción simbólica del espacio cobró centralidad política en el mundo contemporáneo (Vommaro, 2015) y se encuentra entramada con otros sentidos que atraviesan diferentes grupalidades, es entre las juventudes que militan en una agrupación vecinal en donde dicha significación es constitutiva del involucramiento con lo público. En el espacio en donde la agrupación vecinal que incorporamos en este estudio desarrolla sus actividades, tiene lugar un conflicto con el gobierno provincial. Se trata de una localidad rural –de menos de 2000 habitantes– en donde el oficialismo ha intentado en diferentes oportunidades y por medio de diversas estrategias obtener la intendencia. Sin embargo, no lo ha logrado y su principal opositor ha sido un movimiento vecinal gestado en ese territorio. Quienes son jóvenes e involucran su participación en el espacio vecinal manifiestan su motivación por incorporarse en ese espacio dado que el oficialismo intenta –de acuerdo con sus expresiones– apropiarse de ese territorio, desconociendo las particularidades que le son propias como así también las de los ciudadanos que lo habitan. Parafraseando a Fanon (1963) podemos afirmar que tales decisiones, la de involucrarse en un espacio vecinal y la de oponerse al oficialismo provincial, constituyen modalidades de resistencia ante la expropiación cultural interna, pues se ponen en juego elementos pertenecientes a la identidad de una localidad por parte de quienes son considerados por los jóvenes organizados como ajenos a las particularidades que confluyen en su construcción. Vale señalar que una peculiaridad que pudimos advertir en nuestras observaciones es el modo en que se vinculan los dirigentes de la agrupación con los vecinos, pues se trata de una relación fluida y cotidiana en donde unos y otros están al tanto de las historias que los involucran y de los contextos que les son propios.
Quienes actualmente se sienten reconocidos por el Estado nacional –pues son parte de la fuerza gobernante– son los jóvenes que militan en Propuesta Republicana (PRO). Entre estas juventudes predomina una significación de la participación ligada a la gestión de la ayuda estatal.
… la gente venía acá a la sede y nosotros la anotábamos y se enviaban los papeles a la oficina de empleo y los anotaban en un plan… planes nacionales todos… sino venía gente que tenía por ahí problemas con ANSES y nosotros como tenemos conocidos en la oficina los ayudamos… más que todo social (S. 26 años. Integrante de agrupación juvenil PRO).
Estas juventudes militantes se constituyen en agentes o empleados públicos informales y se ocupan de las tareas administrativas que implican la gestión de medidas de contención social dirigidas a los sectores populares, tales como planes nacionales de empleo o bien el acceso a programas sociales vigentes durante la gestión anterior como la Asignación Universal por Hijo. En las observaciones que efectuamos, los integrantes del colectivo juvenil militantes PRO instalan en las sedes partidarias lo que podemos denominar extensiones de oficinas estatales en donde –desde sus computadoras– realizan las gestiones que les son requeridas. Si bien la concurrencia no es elevada, desde tales espacios se llevan a cabo tareas que son propias de los contextos que corresponden a la administración pública. Asimismo, quienes se ocupan de estas tareas de gestión establecen días y horarios durante los cuales estas pequeñas oficinas funcionan. Algunos de los jóvenes que participan integran la estructura del Estado y realizan estas tareas –que también corresponden a ese ámbito– como parte de su militancia. A partir de ello podemos advertir que la gestión estatal se funde con el activismo político por cuanto realizar tareas que son propias de esa gestión es parte de la condición militante. Al mismo tiempo, pertenecer como empleado a la administración pública y realizar tareas que le son propias pero por fuera de los horarios que les corresponden también integra esa condición. De modo que aquellos estudios sociales que mencionaron que durante el kirchnerismo el Estado fue una causa militante (Vázquez, 2012; 2013; 2015; Vázquez y Vommaro, 2012; Vommaro, 2015; Becher, 2017; Vázquez, Rocha Rivarola y Cozachcov, 2017), respecto de estos jóvenes PRO de la provincia de San Luis podemos advertir –con diferentes trayectorias e involucramientos– que la gestión estatal también tiene centralidad. Sin dudas, las diferencias son evidentes –pues en la década pasada se presentaron otros elementos contextuales que propiciaron la construcción de ese Estado como causa militante– también es posible reconocer algunas semejanzas en las modalidades de participación juvenil de quienes se sienten parte de la actual conformación de la gestión estatal. En el periodo del gobierno popular o progresista argentino tuvo presencia una interpelación directa –por medio de estrategias discursivas y de acciones estatales concretas– dirigida a incentivar la participación juvenil.[4] La respuesta de parte de las juventudes no fue menor, pues en ese momento histórico se manifestaron activismos políticos que canalizaron en espacios instituidos de la política y en otros nuevos gestados por los mismos jóvenes. Agrupaciones con fuerte presencia territorial, que dinamizaron los repertorios de acción colectiva, juvenilizando performances y estéticas políticas nuevas y viejas. En la actualidad, estas agrupaciones se enfrentan a una nueva coyuntura en donde las juventudes no tienen el protagonismo anterior, y por ello se encuentran en un periodo de transición y de resignificación de sus trayectorias de activismo político en el que ya no forman parte del Estado ni como gestores ni como militantes.
Para finalizar
Si bien consideramos que algunos de los aspectos que planteamos en este texto pueden ser profundizados en trabajos posteriores y que quedaron algunas dimensiones sin incluir en el análisis, pensamos que ante un nuevo escenario sociopolítico es relevante retomar la reflexión sobre el sentido que las juventudes producen acerca de la participación política, incorporando a los diversos actores que ingresan en la escena política juvenil. Este análisis supone indagar en pervivencias y no hablar tanto de novedades sino de reconfiguraciones, emergencias o actualizaciones. Así, tal como muestra Vommaro (2017), el ascenso del Partido PRO –Propuesta Republicana– debe ser analizado en la mediana duración, considerándolo también como una expresión de los cambios políticos sucedidos luego de 2001.
Entre esos sentidos nos encontramos con algunos que son propios de las tradiciones de cada espacio político, al mismo tiempo que identificamos emergencias. También incorporamos juventudes que no se reconocen como actores que despliegan acciones políticas. Estas significaciones muestran la conocida disputa en torno a qué significa hacer política y, asimismo, qué es lo político y la política. Intentamos reponer algunos aspectos de esa discusión en los antecedentes en donde dejamos en claro que los aportes sobre el tema, desde comienzos de siglo, vienen mostrando que las dinámicas de politización juveniles ofrecen un crisol de posibilidades. Así, mirando empoderamientos juveniles que se producen por fuera de los espacios instituidos, emergen prácticas alternativas que no escapan a las expresiones del experimentar y resignificar lo político.
En este texto, hemos mostrado que algunos jóvenes no se reconocen como activistas políticos por cuanto no integran los espacios instituidos del mundo de la política. Asimismo, en esa decisión de identificarse con la política, se anudan los sentidos que fuimos relevando y sistematizando, diferenciando entre significantes que surgen de las experiencias juveniles y que pueden operar como estimulantes o desincentivos para asumir un compromiso público. Entre ellos nos encontramos con el clientelismo y la corrupción, que aparecen muchas veces asociados a los gobiernos progresistas o populares, como situaciones particulares que inciden en la decisión de algunos jóvenes de considerarse como comprometidos o autoidentificarse con la política. Esto habla también acerca de la estigmatización que ha recaído sobre estos gobiernos por parte de los medios de comunicación dominantes, lo que fue aprovechado por la actual coalición de gobierno que ganó las elecciones en 2015. Por su parte, en la provincia de San Luis el clientelismo político aparece como un engranaje que hace posible el sostenimiento del régimen político local.
Al mismo tiempo, entre los sentidos producidos sobre la participación circulan otros que operan como un incentivo para el activismo político juvenil. En el caso de la alianza Cambiemos, el sentido de involucrarse se estructura en torno a la posibilidad que los jóvenes identifican para tener incidencia en los espacios legislativos locales. Ello se vincula con la historia de la Unión Cívica Radical (integrante de Cambiemos) en la Provincia y con el lugar histórico que en este momento ocupa.
Entre las juventudes que se involucran en el Partido Justicialista, advertimos que el nudo de sentido se conforma alrededor de la actividad barrial, retomada como un aspecto central de la doctrina peronista y recuperando como principales ejemplos a las figuras fundantes de ese movimiento. Sin embargo, al interior de estas grupalidades se construyen otros sentidos que van introduciendo fracturas sobre los hegemónicos, estableciendo modalidades alternativas a las instituidas.
Por su parte, quienes se reconocen como integrantes de grupos anarquistas producen el sentido de participar en aquellas circunstancias que suponen un uso excesivo del monopolio de la fuerza pública por parte del Estado. Precisamente ese monopolio es uno de los nudos que motivan el activismo juvenil entre esas grupalidades por cuanto se cuestiona al Estado moderno como modo de organización política y social.
El territorio que –tal como hemos mencionado previamente– aparece en el mundo contemporáneo como un espacio de disputa en los universos simbólicos sobre los modos de hacer política, tiene una importante presencia entre las juventudes que integran un movimiento vecinal. Ello se explica a partir de una circunstancia presente en ese espacio social que es la de un conflicto entre el oficialismo y el movimiento local en donde la opción por el vecinalismo aparece, por una parte, como un modo de relacionamiento cotidiano con sus dirigentes y, por otra, como una elección para preservar la identidad de la localidad.
Para ir cerrando este recorrido, agrupamos los sentidos que emergen en las juventudes militantes PRO. Aquí pudimos identificar que la gestión de la ayuda estatal es uno de los motivos que activa su involucramiento. Formar parte del Estado fue un estímulo entre los jóvenes kirchneristas y también parece serlo para las juventudes PRO, pues contar con los recursos estatales permite involucrarse políticamente a partir de la gestión estatal, superponiendo, en muchos casos, la condición militante con la de gestor público. Aquí surge un interesante elemento de continuidad entre los gobiernos kirchneristas y la gestión de Cambiemos, que nos proponemos profundizar en futuros trabajos.
Finalmente, es preciso recordar que la producción de sentidos sobre la participación política se expresa, tal como la hemos expuesto, cuando es estudiada en las situaciones singulares en que se desenvuelven las diversas grupalidades juveniles. Si esos mismos sentidos son extrapolados a otros universos simbólicos y otras configuraciones subjetivas, probablemente adquieran una significación diferente y contradictoria con respecto a la que se ha descripto. Por último, señalamos que estos significados se construyen en torno a disputas por el sentido, que muchas veces logran agrietar los hegemónicos, produciendo fugas y sustracciones que se pueden hacer más o menos visibles ante una coyuntura y un espacio singulares.
Bibliografía consultada
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- Entre los estudios que arribaron a esas conclusiones podemos mencionar las encuestas de opinión pública efectuadas por el Deutsche Bank (1993) y los trabajos de Tenti Fanfani (1998) y Sidicaro (1998), que intentaron buscar respuestas ante el desincentivo del involucramiento juvenil en las estructuras partidarias tradicionales. ↵
- El movimiento reconocido con ese lema surge como una forma de denunciar e impugnar las sistemáticas violaciones a los derechos de las mujeres ante las acuciantes cifras de feminicidios en Argentina. Su composición es heterogénea pues se integra con mujeres y varones de diferentes edades, predominando el género femenino. También ha logrado un importante apoyo de parte del Colectivo de personas Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT). Su primera manifestación fue por medio de una marcha callejera en el año 2015 que se ha reiterado hasta la actualidad. Con el transcurso del tiempo, a su reclamo inicial se fueron incorporando demandas por autonomías económicas y sexuales para las mujeres. Se puede encontrar más información en su página web: http://niunamenos.com.ar ↵
- Fue un joven de 28 años, oriundo de la Provincia de Buenos Aires, que desapareció el 1 de agosto de 2017 en el marco de una manifestación de una comunidad mapuche ubicada en una zona cercana a Esquel (Provincia de Chubut), que fue reprimida por Gendarmería Nacional. Santiago Maldonado estuvo desaparecido 78 días hasta que su cuerpo fue hallado sin vida en el Río Chubut. ↵
- Un estudio realizado en el año 2013 por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) relevó un total de 88 programas sociales implementados en Argentina que tenían como destinataria o comprendían a la juventud. Por otra parte, una investigación desarrollada por el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires –cuyos resultados son citados en Vázquez (2015)– muestra que existían 150 acciones estatales dirigidas al colectivo juvenil. Asimismo, el Proyecto de Ley para la Promoción de las Juventudes –que finalmente no fue aprobado por la Cámara de Senadores– entre sus fundamentos menciona la existencia de 60 programas que colocaban a los jóvenes como destinatarios (Becher, 2016). Los números difieren pues en el estudio de CLACSO-UNESCO se comprendieron medidas sociales que no tenían a la juventud como destinataria directa, aunque es la que lograba el acceso a los derechos comprendidos en esas acciones estatales. Sucede lo mismo con el estudio de la UBA con la diferencia que se incorporan programas no considerados en el anterior. En todos los casos, las acciones estatales que predominan son las que tienen por fin incentivar o promover la participación juvenil, sin embargo, en términos presupuestario ocupan el primer lugar las transferencias condicionadas de inclusión social y acceso a derechos. ↵









