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Recorridos de militancia[1]

Entre la cercanía social y los aparatos partidarios

Graciela Castro

Introducción

A partir de la segunda mitad del siglo XX las juventudes ocuparon un lugar protagónico en diversos momentos y circunstancias sociales, culturales y políticas, tanto a nivel mundial como en la Argentina en particular. Una sucesión de adjetivos fue construyendo la representación del colectivo sociogeneracional, incluían expresiones tales como: rebeldes, utópicos, violentos, apáticos, desencantados, apasionados, etc. Un detalle no menor que permita comprender aquellas calificaciones radica en el tiempo sociopolítico que cada generación fue atravesando. De la convulsionada década de 1960 con sus movimientos revolucionarios que implicaron un parteaguas en la vida política mundial, junto a creativos avances culturales y científico-tecnológicos; a todo ello continuaron oscuras noches –en particular para los países del cono sur latinoamericano– que alteraron profundamente la vida cotidiana de los ciudadanos cubriéndola de miedos, incertidumbres y destrucción de las relaciones interpersonales por las tragedias que ocasionaron las dictaduras. A ese tiempo sucedieron breves primaveras democráticas atosigadas por el poder de las corporaciones que no resignaban sus deseos de poder. Así, las juventudes fueron mutando sus modos de comportarse: desde la militancia activa al desencanto frente a la banalización. Quizá influidos por la manera de actuar de cierta dirigencia política y su alejamiento de las preocupaciones e intereses de los ciudadanos, ello distanció el interés por la participación política, en especial entre los jóvenes. El comienzo del siglo XXI fue tumultuoso para los argentinos: crisis socioeconómicas, debilidades políticas y el abismo que parecía asomarse cada día un poco más. Las calles citadinas se tornaron espacios de reclamos por parte de ciudadanos hastiados y agobiados por el peso de la crisis social y el grito “que se vayan todos” expresaba la ausencia de figuras políticas convocantes.

En el primer recorrido temporal del nuevo siglo –sin demasiadas expectativas desde la ciudadanía– comenzaron a asomarse cambios en las políticas sociales y económicas que se trasladaron a los discursos de los dirigentes políticos. Ciertos avances en el ejercicio de los derechos permitieron que amplios sectores de la sociedad argentina –y en particular las juventudes– avizoraran la posibilidad de un acercamiento hacia la práctica política.

La muerte de Néstor Kirchner en 2010 puso en evidencia las construcciones juveniles que se venían conformando tras el 2003 y se mostraron en plenitud en el momento del deceso del expresidente. Ante el protagonismo que ocupaban los jóvenes, una vez más, como en otras épocas en el país, surgieron voces otorgando calificativos negativos hacia el colectivo sociogeneracional. Antes habían sido subversivos, ahora se volvían –peyorativamente– “choriplaneros”. El nuevo encantamiento hacia la praxis política entre los jóvenes también se observó en la mayoría de los partidos políticos, aunque cada uno de ellos con sus perfiles propios.

Para los investigadores que se dedican al estudio de la participación política juvenil, siempre es tema recurrente detenerse en las características que tal participación va asumiendo. En este artículo nos interesa exponer acerca de avances parciales que venimos realizando en el marco del PITC/UNSL: “Involucramientos sociales juveniles en la contemporaneidad: construcción de identidades políticas y sindicales en la provincia de San Luis”. En esta ocasión nos detendremos en tratar de hallar algunas respuestas que nos permitan comprender cuáles serían los aspectos que motivarían a los jóvenes para involucrarse en la práctica política; al mismo tiempo, conocer qué elementos aportan a la construcción del imaginario político, qué actores sociales intervienen en dicha construcción y qué percepción se forman de los dirigentes de los partidos o agrupaciones donde militan.

Apuntes sobre el proyecto

El proyecto mencionado en la Introducción surge de la inquietud de un equipo de investigadores que venimos desarrollando nuestra actividad en la Universidad Nacional de San Luis desde el año 2000. Con los lógicos cambios de integrantes que el tiempo fue mostrando, durante 2015 nos presentamos a la convocatoria de FONCyT y tras las evaluaciones correspondientes y la obtención del subsidio iniciamos las actividades previstas en el proyecto. El problema central este se determinaba en los siguientes términos:

… estudiar el modo en que las circunstancias sociales, culturales y políticas –que se instituyen en el territorio provincial– afectan las motivaciones de los jóvenes para involucrarse en ámbitos políticos y sindicales. Junto a ello se busca analizar si dicho involucramiento constituye un elemento que otorgue significación en la construcción de las identidades sociales juveniles y la visibilización de dispositivos institucionales que afecten la subjetividad del colectivo juvenil. Asimismo se busca conocer si desde los organismos políticos, laborales y sindicales se coloca a las juventudes como protagonistas en la participación activa.

Desde el inicio de las tareas en el equipo a comienzos del 2000, siempre tuvimos presente que si bien las culturas juveniles –más allá del espacio geográfico que habitan–, pueden mostrar comportamientos sociales similares, es interesante no desconocer el papel que puede desempeñar el contexto sociocultural donde residen. Esta hipótesis de trabajo la veníamos sosteniendo desde el inicio del proyecto– radicado entonces en la secretaría de Ciencia y Técnica de la UNSL– y que con posterioridad fuimos encontrando elementos que nos permitían acercarnos a aquella hipótesis. Así fuimos tratando de reflejarlo en resultados de la investigación desde entonces (Castro, 2006; 2007a; 2007b; 2007c; 2009a; 2009b; 2010; 2012; 2014). El punto central de nuestra hipótesis radicaba en las particularidades de la cultura política provincial atravesada por una variable que, entendíamos, le otorgaba cierta singularidad al estar conducida por una saga familiar desde el reinicio de la democracia en 1983. Tal situación podría hallar similitudes en otras provincias de Argentina, aunque en el caso de San Luis resultaba interesante no solo por la continuidad de un mismo partido político, sino también integrantes de una misma familia con rasgos de conducción que fueron construyendo marcas en la cultura provincial de modo muy acentuados y reflejados en las políticas sociales que se fueron implementando en la provincia y en las cuales, sin ser los destinatarios directos, las juventudes fueron el colectivo sociogeneracional donde tuvieron mayor influencia, con sus grados de aceptación y rechazo, desde ya, de acuerdo a la posición política de los actores. Los acercamientos a la cultura política provincial y su vínculo con las juventudes, nos condujeron a comprender el importante papel que puede desempeñar el contexto social e histórico.

Una categoría central en el proyecto fue y es la vida cotidiana. En este sentido hicimos propia la interpretación de Agnes Heller, quien consideraba a la historia como el eje central de la construcción de aquella categoría, “es la verdadera ‘esencia’ de la sustancia social” (Heller, 1985: 42). Tal interpretación ha sido una constante teórica en el pensamiento de la investigación y, por consiguiente, nos propusimos darle un lugar importante a la influencia del contexto sociohistórico provincial: los jóvenes que constituían nuestro objeto de estudio habían nacido y crecido en un tiempo político donde las figuras políticas centrales dejaban una impronta en la cultura provincial. Con una oposición política que –desde 1983 hasta la actualidad (2017)– nunca ocupó la gobernación y muy pocas intendencias en el interior provincial, el interjuego político no parecía motivar demasiado a las juventudes para su involucramiento. Por otro lado en la faz institucional aquel colectivo sociogeneracional tampoco hallaba su espacio formal de reconocimiento y recién en 2017 –durante el mes de junio– fue creada la secretaria de la juventud en la estructura del gobierno provincial con gran apoyo oficial y una muy interesante respuesta entre los jóvenes, en particular, del partido político oficial obviamente. Este contexto político interesó nuestra indagación investigativa desde el comienzo y en la convocatoria 2015 de FONCyT reiteráramos la inclusión de aquel aspecto –tal como lo habíamos planteado en el anterior PICT/UNSL en 2012–.

Las estrategias de recolección de datos en el proyecto actual las iniciamos con una encuesta dirigida a estudiantes de las carreras de grado que se ofrecen en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales, de la UNSL, algunos de cuyos avances expusimos en reuniones científicas (Castro, 2017). La segunda etapa comprendió la realización de entrevistas en profundidad a jóvenes que actualmente militan en algún partido político y agrupaciones estudiantiles en la universidad. En la actualidad nos hallamos realizando dichas tareas por lo cual en este artículo se tiende a avanzar en un análisis preliminar. Con fragmentos de ese material procuraremos acercarnos a conocer qué aspectos y situaciones motivan a jóvenes –que residen en la provincia de San Luis– para involucrarse en la práctica política y qué interpretaciones nos permiten las categorías teóricas a las que recurrimos.

Historias de familias y política

Desde la psicología es muy sencillo plantear que, para que una conducta se adquiera y se mantenga, es preciso contar con un estímulo atractivo y su consecuente refuerzo para que se reitere su expresión. La política, no ya como un valor sino como una praxis, precisa contar con elementos que permitan acercarse a su construcción: qué la identifica, quiénes la representan, qué se espera de ella, entre otros aspectos. A partir de las entrevistas efectuadas desde el PICT/UNSL ya mencionado, nos hallamos con algunos de estos relatos que nos muestran el modo por el cual los jóvenes se acercaron a la política:

Vengo de una familia, más que de una familia de mi papá principalmente, que milita el radicalismo desde hace muchos años, entonces yo desde chico, por una afinidad con él en principio, de querer estar con él todo el día, siempre hay chicos más pegotes que otros, empecé a acompañarlo cuando iba a las reuniones, en los comités, en los actos y por supuesto que tengo patente un acto en el año 99 que vino De la Rúa que era candidato a presidente de la alianza en el Palacio de los Deportes y la verdad que fue un actaso impresionante, muchísima gente, estaba a pleno el palacio, eso me quedó grabadísimo y esa fue la primera chispa que se me dio por iniciarme en la política. (D., militante radical).

 

Yo soy peronista, vengo de la esencia de lo que es el peronismo […] ya de mis abuelos, mi mamá, también era militante, incluso mis padres se conocen en política. (A., militante justicialista).

 

Papá era el que siempre estuvo más ligado a la política, él milita en la dictadura en Montoneros, no fue una militancia orgánica, nos los cuenta ahora de grande, ayudaba en villas, en comedores barriales, tenía esa cuestión; no era evangélico en esa época, cuando se conocen con mi mamá, vivían en el mismo barrio e iban a la misma iglesia […] conoce el trabajo territorial de mi mamá, ella no tenía una cuestión política o partidaria pero siempre desde la cuestión de la solidaridad, no desde la caridad, es la solidaridad. (S., militante de izquierda).

 

Participo en el Partido PRO (Propuesta Republicana) desde el 2012, paso desde la política universitaria a través de los centros de estudiantes, los cuales me motivaron a participar en la política en general. En mi familia nunca fueron demasiados políticos, más allá que mis padres, los dos directores de escuela, de una u otra forma siempre tocaban esos temas. (P., militante del PRO).

 

Mi papá todos los fines de semana tenía reuniones con un grupo de amigos, donde charlaban de política siempre, mi mamá también, se les unía por ahí. Pero a mí no me llamaba la atención, iba a un colegio con una orientación más contable, no me llamaba para nada si bien en casa se hablaba mucho no me interesaba. Mi papá militaba con el Partido Justicialista, tenía mucho afecto por el partido, pero no militaba, era más de juntarse con ese grupo de amigos y entre ellos ver qué acción llevar adelante, coordinarlo con algún organismo, pero no… me parece que no asistía al partido ni nada […] mi mamá charlaba con mi papá pero no le interesaba tanto […] pero eran más las coincidencias que las diferencias (N., militante justicialista).

 

Arrancamos por curiosidad, teníamos un chico amigo que la segunda vuelta de noviembre nos decía que faltaban fiscales en una escuela, que la plata no había llegado pero que necesitaban fiscales, entonces por curiosidad le digo “anotémonos, seamos fiscales para tomar una experiencia” Yo creo que como todo joven que tiene esa curiosidad, y desde ahí nos metimos de lleno, inclusive, porque mi militancia viene de antes porque mi mamá también había militado antes en un partido político, que era el Frente para la Victoria, entonces ya hemos vivido ese entorno, lo que es hacer una campaña, un acompañamiento, el salir a los barrios, el hacer las pegatinas, y es algo que también me gusta, entonces por qué no hacerlo ahora, por qué inclusive no incluir a mi hijo, que si salimos a una marcha o algún movimiento es mi compañero fiel porque vamos a todos lados juntos. (T., militante de Nuevo Encuentro).

A partir de los relatos anteriores, lo primero que podemos advertir es la decisiva influencia familiar en el acercamiento de los jóvenes a la praxis política. Con excepción del militante del PRO en el cual no es la familia el medio fundamental de acercamiento, en los demás, dicha presencia cobra importancia. Tal situación conduce a analizar el papel de las denominadas instituciones dominantes (Castro, 1999). Entre estas instituciones se incluyen: la familia, la educación, la religión, la sociedad civil (la política, medios de comunicación, organizaciones sociales). Casi todas estas instituciones son responsables de las informaciones que transmiten acerca de la sociedad y sus actores y en ellas se construyen una urdimbre de significaciones que permiten la creación del mundo y de la sociedad. Si nos concentramos en la política –como institución dominante– lo prioritario es contar con una definición de ella que nos permita iniciar la indagación que nos ayude a comprender cómo es construida dicha representación entre las juventudes. De acuerdo a la posición epistemológica y también disciplinar, se podrán hallar varias definiciones. En este texto partimos de la que propusieron Alford y Friedlan (1991) al afirmar que “La política está vinculada con el poder y por lo tanto entraña competir por influencia, estrategias de dominación y luchas por la hegemonía en circunstancias históricas diferentes” (p. 353). Estos aspectos se vinculan con los imaginarios sociales. De acuerdo a la afirmación de García Canclini (2007) los mismos “corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera”. Por consiguiente, la política recurre a dichos imaginarios para motivar a los sujetos a su involucramiento, y en ellos pasa a ocupar su espacio la cultura política. Llegamos acá a otro concepto de no fácil elucidación, pues también su significado está atravesado por el enfoque disciplinar. Nosotros hacemos propia la explicitada por Berezin (1997), quien la define en los siguientes términos: la cultura política es “la matriz de significados encarnada en símbolos expresivos, prácticas y creencias, que constituye la política ordinaria en una colectividad delimitada” (1997: 364). Con estos ejes teóricos definidos, retornamos a los relatos de los jóvenes que entrevistamos. Tal como lo detallamos al inicio del párrafo, en la mayoría de las historias ha sido un miembro de la familia quien, en ciertos casos de modo vicario a través de sus modos de comportarse, se transformó en instancia motivacional para el acercamiento a la política. En algunos advertimos la presencia de padres que inclusive constituyeron su vida sentimental en ámbitos propios de la práctica política. En otros se entremezclan acciones religiosas mientras que en otro, si bien no describen una militancia activa, refieren la recurrencia a temas políticos en sus diálogos familiares. Estas conductas van mostrando situaciones, momentos, que muestran la posibilidad que la política se transforme en un estímulo de interés. Tales vínculos –entre la familia y la política– es posible advertirlos en aquellos jóvenes cuyos familiares han estado relacionados con los partidos tradicionales en Argentina –radicalismo, justicialismo e izquierda–. En los partidos que podríamos denominar de formación reciente en Argentina, el acercamiento surge por propio interés de los jóvenes aunque, en el caso de la joven que milita en Nuevo Encuentro, también se halla la presencia familiar aunque no haya sido ella la figura decisiva en la elección de la militancia pero ya había en su propia historia familiar recuerdos cercanos a la participación en política. Entre los testimonios con los que trabajamos en la investigación, el comportamiento diferente lo encontramos en el joven militante del PRO, quien detalla que en su familia el tema político no era frecuente siendo su propia motivación que lo acercó al partido. Una inferencia que ayudaría a comprender esos acercamientos podría centrarse en la importancia que, en los partidos tradicionales, se le otorga a la política como arena propicia para acceder al poder, confrontar y buscar respuestas para la vida en sociedad. En el caso de Nuevo Encuentro, si bien en el testimonio que presentamos es la propia actitud de la joven quien produce ese acercamiento, la vida política no resulta ajena a su entorno familiar. Por otro lado, vale no desconocer vínculos entre algunos dirigentes fundadores de dicho partido con la formación de otros agrupamientos de izquierda, tal como el Partido Comunista, que mostraría el protagonismo de los partidos políticos en la vida en sociedad y de allí el sentido en ubicar a Nuevo Encuentro con aspectos similares a los partidos tradicionales. Una situación diferente correspondería al PRO que, de modo recurrente en los discursos de sus dirigentes, hacen gala de denostar a la política y a sus actores presentándose como un partido moderno que estaría fuera de –lo que ellos consideran– prácticas de corrupción, clientelismo e ineficiencia y donde el centro de sus intereses radicaría en la “gestión” (Vommaro, G.; Morresi, S., 2014). Para una mejor comprensión de los perfiles del PRO como partido político se debe tener en cuenta los tiempos históricos de su origen a comienzos del siglo XXI y las circunstancias sociopolíticas que atravesaba Argentina por entonces.

Para continuar con el análisis que nos permita acercarnos a las razones por las cuales los jóvenes podrían involucrarse en la vida política, se vuelve necesario retomar los conceptos de significados e imaginario. Sin duda alguna, un referente teórico fundamental en el tratamiento teórico del concepto de significado es Castoriadis. Dicho filósofo afirma que este “remite a las representaciones de los individuos, efectivos o virtuales, que provoca, induce, permite, modela” (1993: 292). A través de los relatos de los jóvenes de nuestra investigación –y como veníamos señalando en el párrafo anterior– podemos advertir que el involucramiento político se fue incorporando en sus vidas de un modo afectivo a través de sus familiares. Aunque, por la edad de entonces, los jóvenes fueran simples observadores de las prácticas de sus padres, el entorno de las actividades no les resulta aversivo, sino por el contrario, les permite ir construyendo representaciones que más adelante, en su devenir evolutivo, les favorece acercarse a dicha práctica sin dificultades ni temores. Podemos observar ese vínculo en el testimonio de una joven militante del justicialismo cuando refiere:

Mi abuelo era militante de la rama de O. B., (dirigente provincial de fuerte presencia en el justicialismo) es más, yo lo conozco desde muy chiquitita, cuando iba a su casa él me mostraba las cartas que Evita le contestaba a él, y libros, fotos, por eso digo que yo soy peronista porque mi inspiración viene en realidad de lo que Evita y Perón hicieron por el pueblo en su época. Y que dejaron huellas en la Argentina. (A., militante justicialista).

Del testimonio anterior podemos deducir la importancia que fueron adquiriendo los modos de comportarse de los miembros de su familia con relación a la política y que le aportaron elementos constitutivos del significado. Retomamos a Castoriadis cuando expresa:

Las significaciones no son evidentemente lo que los individuos se representan consciente e inconscientemente, ni lo que piensan. Son aquello por medio de lo cual y a partir de lo cual los individuos son formados como individuos sociales, con capacidad para participar en el hacer y en representar/decir social. (1993; 322)

En consecuencia, aquellas maneras de actuar de los miembros de su familia –en el testimonio anterior– permitirán que en años posteriores la propia joven se transforme en una dirigente política capaz de conformar su agrupación dentro del partido y hasta integrar la estructura provincial de este, en tanto y en cuanto la elaboración de aquellos significados no surgieron de modo individual, sino que se van adquiriendo a partir de pautas familiares que se integran a una cultura política inserta en la sociedad. Así lo detalla un joven militante:

Si bien no surgió como una iniciativa de mi papá meterme en política yo lo acompañaba a él y por ende estaba ahí y bueno después me empezó a gustar y ya estoy acá militando activamente. Pero sí creo que fue fundamental que él estuviera en el radicalismo […] La política lo que tiene es que cuando uno la toma como una forma de vida, te consume… el tiempo, te consume la vida, te lleva todo. Al que le gusta la política te entregás ahí y prácticamente estás todo el tiempo con eso, por más que tenemos actividades por supuesto de trabajo te consume mucho y al que le quitas tiempo es a la familia. (D., militante radical).

 

Me interesó el querer ayudar al otro, de cómo poder mejorar nuestra ciudad, nuestras escuelas que es lo básico, también de esas charlas de decir que uno como persona, que si no se interesa las cosas no cambian. (T., militante Nuevo Encuentro).

En el apartado siguiente nos detendremos en la manera en que los jóvenes perciben a los adultos de sus propios partidos políticos: ¿sienten que los mayores les favorecen su militancia o desconocen su involucramiento? Asimismo, intentaremos desentrañar si esos comportamientos de los adultos inciden en sus recorridos de la militancia.

Senderos propios para la militancia

En los relatos de los jóvenes que entrevistamos –con la excepción del joven del PRO– se hizo evidente la influencia familiar en su acercamiento hacia la política. Si bien ya hicimos referencia al tema en el apartado anterior, en este lo continuaremos bajo determinadas categorías teóricas que incluyen el habitus y las necesidades. Todo ello tendiendo a comprender el involucramiento juvenil en la política y sus recorridos de militancia.

Si bien la noción de habitus no es original de Bourdieu, sin dudas en el campo científico lo habitual es recurrir al investigador francés cuando apelamos a esta categoría para ayudarnos en el análisis de los comportamientos sociales. De tal modo buceando en la definición hallamos que su autor lo establece en los siguientes términos: “principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones” (Bourdieu, 1980, citado en Gutiérrez, 1995: 65). Dichas disposiciones a actuar llevan a Alicia Gutiérrez a proponer su interpretación del concepto como “la historia hecha cuerpo” implicando ello las maneras que los sujetos perciben, sienten, valoran y actúan (Gutiérrez, 1995). Los relatos de los jóvenes muestran las acciones que ellos advertían en sus familiares, las cuales más tarde reproducen en sus prácticas como militantes:

Mis padres vienen los dos de familias muy laburantes, muy luchadoras, donde uno podía ser pobre pero siempre digno, trabajando […] ellos dos son pastores evangélicos. Entonces esa cuestión social, esa cuestión de la realidad en la vulnerabilidad la lleva primeramente a mamá a organizar las ollas populares en el barrio […] te estoy hablando en el 2001 prácticamente, 2000, 2001, yo tendría 10, 9 años. Y era yo la que la acompañaba a mi mamá a lo que era pelearla en el barrio. (S., militante de izquierda).

 

Empecé a observar cómo se podían solucionar problemas de la gente muy sencillamente y por ahí hay personas que ante un problema que tienen para otra persona con un llamado de teléfono lo pueden resolver. (D., militante radical).

 

Es parte de mi esencia de chiquitita, de ir a los barrios, de acompañarla a mi mamá, ver esa imagen de mi mamá repartiendo zapatos, ropa, viendo la necesidad de la gente, ya para mí es algo natural, y algo que me apasiona. Y es que es algo que hemos venido desarrollando actualmente, hace 5 años que tengo una agrupación de jóvenes, que son aproximadamente 40 jóvenes. (A., militante justicialista).

Un primer aspecto que podemos advertir en los testimonios es la apelación en sus recuerdos a la presencia de “otros” quienes tienen necesidades que por distintos medios sus familiares contribuyen a resolver. Así la solidaridad como un valor se va incorporando en las vivencias juveniles aunque en algún caso se manifiesta con apelar a ciertos vínculos que la propia práctica política de sus familiares otorga: desde hacer un llamado telefónico a quien tiene la posibilidad de resolver el problema de las personas o aportar abrigos y hasta comida. Esas situaciones son las que se incorporan en sus vidas de modo afectivo y ellos mismos posteriormente reproducen. He allí la manera en que las historias familiares se van incorporando al habitus y dejan sus marcas.

Cuando mi papá fue candidato a diputado recorrimos todos los pueblitos del departamento Pedernera, hablamos con los dirigentes, con la gente. A mí encanta eso y lo sigo haciendo ahora desde la juventud, lo hago más con los jóvenes que con la gente en general, me gusta mucho porque la gente te transmite los problemas que tiene, te transmite los agradecimientos cuando le resolvés algo y podés conocer un poco la idiosincrasia de cada pueblo al que vas, eso está muy bueno, ni hablar si podés solucionarle el problema por supuesto. (D., militante radical).

En todos los testimonios, más allá del partido en que militen, se observa cierta apelación a las palabras ayudar, resolver problemas de otros. Recurren a aquellas palabras cuando les consultamos por los motivos por los cuales se acercan a la política. Entonces se ayuda a quien presenta alguna necesidad. Por consiguiente será preciso que definamos el alcance de este concepto, tarea no sencilla pues al igual que otras categorías a las que recurrimos en las ciencias sociales, su precisión depende del marco de referencia del cual se parta. En este caso y sin desconocer otras acepciones, recurrimos a la manera en la que Agnes Héller (1994) identifica el término: “necesidad no denota un sentimiento concreto, sino muchos sentimientos distintos en su cualidad de señalar una carencia” pero no todos pueden señalar una carencia, de allí que “la mayoría de las necesidades son sentimientos compuestos, llamados ‘disposiciones de sentimientos’ […] es también una motivación” (1994: 170). La definición helleriana resulta apropiada a nuestro análisis, pues al mismo tiempo que se entiende como una carencia del otro –que desde la política se procura resolver–, se constituye en la motivación que los acerca a la vida política.

Cuando entro a la facultad, ahí es el cambio. Elijo estudiar trabajo social porque yo hacía muchas misiones con frailes franciscanos cuando iba a la secundaria entonces era como esto de acercarse al que menos tiene, entonces entro a trabajo social interpretando de esa forma a la carrera, como estar al lado del que más necesita, y bueno, después me doy cuenta que es algo totalmente diferente el trabajo social, así que bueno con esta carrera me empiezo a interesar más por la política. (N., militante justicialista).

 

Siempre fui muy compañera de mis padres, no nos obligaban a ninguna actividad, las únicas obligaciones eran la casa, la huerta comunitaria, porque eso sí, no había para comer y se sacaba de algún lado; nosotros trabajábamos de lunes a lunes en la huerta comunitaria pero después no, al momento de salir a la calle, de armar las ollas populares los sábados y domingos en la canchita del barrio, o de ir a alguna que otra reunión que se hacía de piqueteros iba porque me gustaba ir creo. (S., militante de izquierda).

En los testimonios anteriores advertimos que quizá favorecidos por el habitus donde han desarrollado sus vidas no les resulta ajeno tratar de acercarse a personas o situaciones con vulnerabilidad social, pero al mismo tiempo, la posibilidad de ayudar a otros con sus necesidades el mismo hecho se transforma en la fuerza motivadora para que cada uno/a de ellos/as se acerque más a la militancia política. Así podemos ver que ellos/as mismos/as van ubicando la práctica política como el medio apropiado para enfrentar no solo situaciones personales, sino que ingresa la preocupación por lo colectivo.

Si bien sus militancias los pueden asimilar a las acciones que desarrollaban sus familiares, también expresan sus discrepancias con los comportamientos que desarrollan los adultos de sus propios partidos, quizá como una búsqueda de su autoafirmación y la necesidad consciente o inconsciente de ir marcando sus estilos de militancia.

No creo que se estimule. Se usa la juventud como una bandera y un slogan de decir los jóvenes, los integramos pero no les damos realmente participación […] hace seis años o cuatro años, sí cuatro años, se renovaban las autoridades del partido y hasta ese momento la juventud radical la manejaba un grupo que normalmente, como pasa en los partidos cuando hay un grupo que maneja ciertas cuestiones, tiende a cerrarse entre ellos, entonces ellos manejaban la juventud […] yo era de otro sector político que no tenía injerencia en el espacio juvenil, entonces les dije: yo quiero estar en la juventud”, y así me les planté. Les pedí una reunión, nos juntamos y les dije: quiero participar estoy en un grupo político donde hay jóvenes pero no estamos integrados a la juventud radical y queremos integrarla, no estamos en condiciones de ir a una interna, de matarnos para los cargos pero sí queremos una representación. Entendieron el pedido, lo tomaron y nos dieron el 30% de la representación de todos los espacios de jóvenes. Vino una nueva elección después de dos años, exigimos un poquito más, en base al acuerdo, y después en la última elección les dije: che bueno creo que estoy en condiciones y quiero ser presidente. No quisieron de entrada así que dijeron bueno tenés que ir a una interna y empezamos a trabajar sobre la interna. Bueno después hubo interferencias de mayores que dijeron muy respetuosamente: che por qué no se sientan a discutir por ahí pueden llegar a un acuerdo. Efectivamente nuevamente llegamos a un acuerdo y me pusieron a mí como presidente de la juventud pero fue todo a fuerza de empuje y de plantarse y decir che yo quiero estar. Los jóvenes no solo estamos para repartir votos, sino estamos para opinar y participar y estar en los ámbitos en donde se discuten las cosas de Estado de los gobiernos. (D., militante radical).

 

Nos fuimos ganando el espacio, porque a veces como que se cierran en los viejos que dirigen a los más chicos y los hacen que se cierren en algunas cuestiones. Pasó cuando se armó el estado del Consejo Departamental me llamó una señora militante, me dijo “A., venite porque te van a dormir”, veo el listado… me habían puesto suplente y dijeron que yo no militaba, ni tiene agrupación. “¿Van a querer que labure para la campaña?”, se armó un despelote porque también había gente que no estaba en la lista y se habían acomodado entre ellos, nos habían puesto últimos. Y eso es lo que a veces le hace perder gente al peronismo, que siempre son uno, dos, tres, no el peronismo, sino la gente que está dentro del partido […] A nosotros nos identifican como una agrupación fuerte. Por ahí a veces se cierran pero es como que no nos pueden dejar digamos afuera de nada porque saben que trabajamos, y lo que hemos ganado lo hemos ganado en buena ley, yendo a los barrios, el cariño de la gente. (A., militante justicialista).

 

C, nos invitó un día a las reuniones, nos hicieron una bienvenida relinda, recálida, y lo que más me gustó de Nuevo Encuentro que hasta el día de hoy es lo que más me convence es que no hay individualismo, no hay jerarquía, en Nuevo Encuentro es todo colectivo, si hay una decisión que tomar se consulta entre todos, no hay nadie que haya venido y que haya dicho “tomé esta decisión se las comunico”. Al contrario pasa esto y lo consultamos entre todos. (T., militante Nuevo Encuentro).

 

Milito en el MoViPro que es un partido vecinal, es un partido totalmente diferente al justicialista, tratamos de traer gente al partido y que sea más grande, que la gente apoye y se ayude, es vecinalista, para que los vecinos se ayuden unos con otros, ese es el fin del partido. Y anda muy bien gracias a Dios… tampoco es que desde el partido cada uno tiene su actividad, no. Si hay que hacer algo se hace entre todos, si tenemos que hacer el festejo del día del niño, trabajamos todos. No es que se da la designación a uno, vos hacé esto otro, no, es muy vecinal, muy diferente a los otros. En cambio yo me acuerdo cuando estaba en el PJ que llegaban las elecciones y te mandaban de cabeza a la escuela que tenías que estar de fiscal. (E., militante MoViPro – Movimiento vecinalista provincial).

A través de los testimonios de los jóvenes se podría inferir que el funcionamiento interno de los partidos pasa por una construcción más vertical en el caso de los partidos tradicionales, como el radicalismo y el justicialismo; mientras que en aquellos que podríamos ubicar como los que emergen a partir del 2000 conforman su funcionamiento interno con cierta horizontalidad aunque hay un reconocimiento –entre los jóvenes– hacia aquellos líderes que fundaron la agrupación. Otra arista del análisis conduce a internarse en las lógicas intergeneracionales. Tal como afirma Urresti (2013):

… la política se identifica tradicionalmente con los adultos e incluso con los adultos mayores […] lo que coloca siempre en situación de falta a las generaciones menores que, como deben demostrar que están a la altura de una misión tan importante, se les exige credenciales que no son necesarias en los otros casos y se le imponen limitaciones que no valen para el resto. (2013: 5)

Tal situación se puede visualizar de modo muy claro en el relato de la joven militante del justicialismo cuando refiere que no fue tenida en cuenta para la conformación del consejo departamental del partido aludiendo a una “supuesta” falta de militancia, lo cual implicaba la negación del funcionamiento que la propia joven realizaba en su agrupación como líder. Expresiones similares hallamos en el relato del joven militante del radicalismo. En ambos testimonios se destaca la asertividad de los jóvenes para reclamar a los adultos por sus espacios en la estructura del partido sin lo cual no hubiesen podido lograr el reconocimiento. Otro aspecto que no debería desconocerse es la característica de personalidad de los jóvenes que los estimula a mantener con firmeza sus convicciones y sus decisiones.

Desde el mundo adulto se observan dos actitudes hacia el involucramiento político juvenil que encubren un comportamiento paradojal: por una parte se les reclama la participación y en caso de no realizarla se los cataloga como apáticos o indiferentes –tal como ocurrió durante la década de 1990–; o, por otro lado, se los estigmatiza y desacredita como sucedió en las décadas de 1960/70. Tras la reapertura democrática, dichas actitudes se reiteraron cada vez que alguna agrupación juvenil comenzó a adquirir visibilidad, fundamentalmente mediática. Entre dichas agrupaciones podemos mencionar a quienes integraban la Coordinadora radical durante el gobierno de Raúl Alfonsín y su contracara con aquellos en lo que por entonces se denominó el grupo sushi durante el gobierno de la Alianza. Con abismales diferencias ideológicas y prácticas políticas entre ambos, las juventudes mostraron su protagonismo político y fueron objeto de críticas desde algunos sectores adultos, colocándolos como responsables de ciertas políticas implementadas durante sus respectivos gobiernos. En la década pasada, los gobiernos kirchneristas no fueron ajenos a esta situación. Así La Cámpora se transforma en la agrupación más estigmatizada por la derecha argentina. Al respecto, Florencia Saintout la describe como “la agrupación que levanta banderas clásicas del peronismo (justicia social, independencia económica, soberanía), pero además políticas de memoria, verdad y justicia como así ampliación de nuevos derechos subjetivos y civiles” (2013: 101). Sin embargo, no resulta la única vía de militancia juvenil en la década pasada. A partir de 2008 comienza a construirse lo que luego conformarían “los jóvenes PRO”. Fidanza y Vommaro (2014) los caracterizan del siguiente modo: “Además del rechazo a definirse ideológicamente, los reúne cierta homogeneidad: la pertenencia a las clases medias altas, y al polo más vinculado con los negocios que con la vida intelectual de esas clases”. De modo similar a las agrupaciones radicales –ya mencionadas en líneas anteriores–, aunque disímiles por entonces en sus referencias ideológicas, que podría asimilarse a las diferencias entre La Cámpora y los jóvenes PRO, el punto en común es que todas ellas mostraron el protagonismo juvenil en su tiempo político pero también han sido estigmatizadas con aspectos negativos por amplios sectores de la sociedad. Este punto nos resulta de interés para quienes estudiamos las culturas juveniles pues muestra el modo en que desde el mundo adulto se construye la representación juvenil en la política: o puede hallarse en dicha representación predominio de idealismo o preeminencia de intereses económicos y/o personales para la involucración. Aunque no sea esta la representación que todos los líderes de los partidos políticos refieran con relación a la militancia juvenil –de hecho han sido algunos de ellos los que estimularon dicha militancia–, habría una cierta tendencia en el mundo adulto de la política a creer que los jóvenes carecen de la formación cognitiva necesaria para asumir responsabilidades en la estructura partidaria como así también en cargos públicos de relevancia institucional. Esta percepción sobre las supuestas carencias de los jóvenes nos conduce al otro punto considerado en este análisis: la formación en sus carreras políticas.

Expectativas y formación

Tal como habíamos comentado en el apartado anterior, desde el discurso de algunos adultos es posible escuchar expresiones como que “a los jóvenes no les interesa la política” y por otro lado manifestar que “no pueden ocupar espacios en el partido pues no cuentan con la necesaria formación para desempeñarse”. Estas expresiones remiten a bucear qué implica hacer política. Si bien la finalidad disciplinar de esta ponencia no se centra en la ciencia política, sin duda alguna por la relevancia científica de Weber es preciso recurrir a sus palabras sobre el tema. De tal modo entenderemos que: “Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder ‘por el poder’, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere” (Weber, 1979: 84). Más adelante, el mismo autor diferencia entre el político ocasional, como profesión secundaria o como profesión principal. Pero ya sea que desea contar con poder, el cual como afirma Foucault se trata de una relación asimétrica constituida por dos instancias: autoridad y obediencia, o atravesada la militancia por el idealismo o gozar del capital simbólico es indudable que demandaría contar con cierta formación propia del campo político. Con ese objetivo nos interesó conocer la manera en que los jóvenes realizan dicha formación: ¿participan los adultos en ella? ¿La realizan de modo sistemático o circunstancial? ¿Les interesa una formación teórica o meramente conocer el modo en que se lleva a cabo la práctica de las tareas?

Antes de que yo fuera presidente de la juventud la formación era a los ponchazos, te pusieron en una lista, fuiste concejal y te llevaron hasta el concejo y no sabías lo que era una ordenanza entonces tuviste que aprender a los golpes lamentablemente y sino la otra es que cada uno individualmente, que es una cosa que pretendo cambiar, se vaya formando. Por ejemplo hay chicos que son becarios en la cámara de diputados, entonces, van aprendiendo muchísimo, nutriéndose de lo que es una ley, cómo se hace un proyecto, cómo se resuelve, etc., etc. Y hay otros que individualmente agarramos un libro y empezamos a leer. (D., militante radical).

 

Tenemos reuniones todos los miércoles pero hemos empezado a agregar una reunión los días lunes con compañeros del palo: el primer punto es educarse, formarse, tenemos un grupo de Whatsapp, que es Nuevo Encuentro San Luis y los compañeros de San Luis que por ahí algunos están metidos de lleno todo el día siempre nos pasan notas, nos pasan audios, nos pasan capturas de pantalla de la tele “está pasando esto en este momento”. La formación es necesaria para cualquier militante pero sobre todo para la sociedad, es necesaria para la sociedad para que empiece a entender cómo realmente se maneja el país, para que sepa de que no es realmente lo que le muestran los medios, que hay algo más allá, que hay algo que no estamos viendo o que siempre nos ocultan o que le buscan la forma para que no nos enteremos. (T., militante Nuevo Encuentro).

 

Es importante que los jóvenes tengan una formación no solo política, sino también a nivel profesional. D. trabajaba con mi mamá, nos conocimos, empezamos a charlar de peronismo y quedamos refascinados, le dije “¿no querés hacer un curso?”, No te van a dejar, porque ahí en el partido se llegan a enterar y te corren”, me dijo. “A mí no me corre nadie del partido, le dije. El curso que dio fue sobre la historia del peronismo, cómo trabajaba Evita, cómo trabajaba Perón, si bien yo ya sabía no es lo mismo que yo se lo cuente que “uh, viene alguien de afuera” y que lo cuente. (A., militante justicialista).

 

Y crecimos como juventud, habíamos llegado a ser unos 30, 40 jóvenes, había un par de compañeros y compañeras de secundario, y en un plenario, porque nosotros nos organizábamos así, teníamos cada dos o tres meses plenarios donde discutíamos la línea política, armamos un documento, la dirección, porque yo era parte de la dirección, fui formada en logística y organización. Me formó el grupo, nos formamos entre nosotros, empezábamos a buscar material, entre los cinco, seis que éramos de la dirección y nos íbamos formando. (S., militante de izquierda).

 

No me gusta leer de política, es muy diferente los libros con lo que pasa en la actualidad, entonces uno va aprendiendo del día a día, yo voy a Terrazas [edificio central del gobierno provincial] y te encontrás con cada cosa que vos decís “no es tan fácil” para ir y pedir una audiencia, o presentar un papel o para pedir un número de expediente de algo y se pierden, o por ahí te dicen “no, nunca me lo presentaste” o “yo te llamé” y no, entonces vos vas aprendiendo el día a día. El libro te dice que vos vas y te dan las cosas, y no, no es así. (E., militante MoViPro).

Lo primero que podemos advertir en los testimonios es la casi nula presencia de los adultos en la carrera militante de los jóvenes. Son ellos mismos quienes se interesan por conocer ya sea la historia de su partido, acudir a textos teóricos clásicos o acceder a otras versiones de las noticias diarias pero más allá de las informaciones que difunden los medios hegemónicos de comunicación. Otros testimonios muestran que el interés en la formación se centra en conocer el modo en que se realizan aspectos prácticos de las tareas que demanda la política, tales como presentación de las notas en cuanto a su redacción y lugares donde hacerlas, o preparación de proyectos tanto en el concejo deliberante como en la legislatura provincial. En casi todos observamos que en la formación hay participación de congéneres y de modo excepcional puede ser un adulto el que –por hallarse en esos momentos en alguna tarea legislativa– les brinda ese espacio para la formación en las actividades prácticas específicas de la función. Pero en ningún caso se destaca una figura adulta que actúe como guía u orientador, tampoco se advierte una sistematización u orden lógico en la formación política. Tal vez algunos podrían plantearse acerca de la importancia que tendría la formación en la militancia política; ¿acaso se estaría proponiendo que solo los eruditos puedan acceder a la política transformándola en un ámbito reducido a ciertos sectores sociales? Nada más alejado de lo que planteamos acá en cuanto a la importancia que adquiere la formación. La política es la arena decisiva para la vida en sociedad. Ella es la que posibilita la construcción de ciudadanía que supera a la concepción legal en cuanto al cumplimiento de los deberes de cada ciudadano. Entendemos a la ciudadanía desde una concepción social y cultural que conduzca a un empoderamiento social. Desde esta perspectiva se incluye la relevancia del papel del conocimiento, no como un simple acopio de información, sino por la responsabilidad para la construcción de ciudadanos capaces de analizar la complejidad del mundo actual, con las herramientas cognitivas necesarias para desarrollar sentido crítico y respeto a sus semejantes y a la naturaleza. En todo ese proceso, sin duda la educación, como institución dominante, tiene su espacio de privilegio, pero de ningún modo quedan excluidos otros actores sociales que habiendo adquirido la formación y la experticia necesaria puedan ser transmisores de la formación que la tarea requiere.

Si unimos ciudadanía y juventudes es preciso tener en cuenta aspectos que muestra la vida contemporánea. Al respecto, la investigadora mexicana Martha Nateras Gonzáles (2012) afirma: “Formular una noción de ciudadanía juvenil que reconozca las transformaciones políticas y culturales actuales requiere examinar las posibilidades reales que tienen los jóvenes para acceder a sus derechos en una sociedad desigual y en una economía excluyente” (p. 69). Por consiguiente, acceder a los derechos en tiempos de capitalismo salvaje precisa contar con ciudadanos lúcidos, formados y conscientes de sus derechos y deberes. Si, como señalábamos, la política es el ámbito apropiado para la construcción de ciudadanía, es preciso que sus actores –esto es, los militantes y dirigentes políticos que actuarán como representantes de la sociedad– no entiendan la actividad enmarcada en un mero voluntarismo y banalidad. Así se podrá comprender que contar con la formación no es una tarea menor, en particular para las juventudes que inician sus recorridos de militancia.

Expectativas hacia el futuro en las militancias políticas

En este último apartado del texto nos detendremos en las expectativas que expresan los jóvenes con relación a sus futuros políticos. ¿Qué aspectos rodean las futuras carreras de militantes?

A mí me encantaría poder ser intendente de Villa Mercedes [ríe]. Me encantaría realmente pero entiendo que falta mucho, me falta mucha preparación política y técnica ni hablar entonces yo… por lo pronto estoy en la etapa de formarme y tratar de consolidarme primero como un dirigente de los jóvenes y después si se puede de algún espacio de mayores o de mi espacio que es el Para San Luis principalmente. (D., militante radical, actualmente es presidente de la juventud).

 

Desde que me puse la camiseta de la CTA de los Trabajadores, uno de mis objetivos el día de mañana es el gremio, de militar ahí. (T., militante de Nuevo Encuentro).

 

Yo no sé si llegaré en algún momento a ocupar un cargo a nivel político […] me gustaría, no sé si podré algún día, dentro del oficialismo o fuera, lo que siempre soy de la idea de que si tengo que armar un partido, un movimiento aparte como han surgido muchos partidos pequeños lo haría […] Si no se le da participación a las ideas, a los proyectos, me iría del peronismo. (A., militante justicialista, actualmente es presidenta de su agrupación y primer vocal del Consejo Departamental del Partido).

 

No sé si me gustaría ser concejal, eso es muy personal en el sentido de que los proyectos no son personales son colectivos, la única forma que yo pueda llegar a ocupar un lugar de una banca es si hay un colectivo que lo legitima, si no son proyectos individuales, eso se da dependiendo la etapa y el contexto en el que estés. (S., militante de izquierda, actualmente es secretaria de una concejala del FPV).

 

Mi idea es ser algún día intendente, legislador no, intendente, pero todo a su tiempo, no es que tampoco me quiero apresurar, hay otras prioridades, pero no quiero ser ya, creo que en el 2019 va a ser una elección difícil porque va a haber varios candidatos. (E., militante MoViPro, actualmente es secretario de gobierno de su municipio –menos de 2000 habitantes–).

 

Realmente he logrado mucho en poco tiempo, me han ofrecido ser subsecretario de estado, director nacional, en lo institucional, y en lo político he tenido la oportunidad de ser candidato a lo que yo he querido, hoy por hoy lo que quiero es disfrutar la política de donde me toque estar, las cosas se van a dar solas a su debido tiempo […] Soy secretario general del partido distrito San Luis, también soy vocal en la juventud nacional de mi partido. (P., militante del PRO).

Los testimonios precedentes nos permiten adentrarnos por varios caminos de análisis. En primer lugar está el autopercibirse como sujetos incorporados en la vida política. De allí la relevancia que le otorgan al involucramiento en sus expectativas futuras. Esta primera situación conduce a pensar que a diferencia de algunas creencias –en particular de adultos–, la vida política no resulta aversiva ni indiferente para muchos jóvenes. En este punto es indudable la necesidad de considerar la influencia del contexto. La historia argentina de las últimas décadas puso en evidencia la desconfianza hacia la política y sus actores por sus vínculos con la corrupción, la banalización de sus comportamientos y el desgobierno que condujeron a graves crisis sociales. Algunos investigadores (Vázquez y Vommaro, 2012; Vázquez, 2013) ubican al año 2008 como el tiempo en el cual se produce el inicio del actual acercamiento de las juventudes a la política.

… encontramos una coyuntura en la cual se produce un proceso de recomposición de la capacidad de gestión del Estado y de la política formal, que tiene como centro a los espacios político-partidarios. Allí la juventud se convierte en una categoría política destacada, una de las principales invocaciones para el reclutamiento militante y en un criterio de legitimidad del quehacer político. (Vázquez, Vommaro, Núñez, Blanco, 2017).

Como se recordará, fue durante el año 2008 que la gestión de Cristina Kirchner debió enfrentar una fuerte resistencia en amplios sectores sociales vinculados con los grupos agropecuarios (Sociedad Rural, Coninagro, Federación Agraria y Confederaciones Rurales Argentinas) como resultado de la aplicación de la Resolución 125 que establecía un nuevo sistema para las retenciones de algunos productos agrícolas. Tal situación produjo un verdadero clivaje político que movilizó a la ciudadanía –a favor y en contra– del look out de las patronales agropecuarias que se extendió por 129 días. A esta situación sucedió con posterioridad –en el año 2010– el fallecimiento de Néstor Kirchner, que motivó a numerosos jóvenes para acercarse, fundamentalmente, al partido oficialista de entonces en el país. Estos hechos ponen en evidencia la importancia que adquiere el contexto sociopolítico como un factor que favorece la motivación para el involucramiento juvenil en las actividades de la sociedad. A diferencia de épocas anteriores, donde la representación del colectivo sociogeneracional se relacionó con comportamientos violentos y luego con desinterés por la vida política, en los años señalados precedentemente desde el propio campo político se aportan elementos para construir una representación social diferente. No solo se realizan –desde los actores políticos– apelaciones a integrarse a opciones políticas y sociales, sino que desde el gobierno nacional se objetiviza el reconocimiento a las juventudes a través de la aprobación de nuevos derechos en los cuales la juventud es su centro.

Las circunstancias referidas en el párrafo anterior no solo motivaron el acercamiento de las juventudes a la participación social, sino que a ello se sumó la cada vez más notoria presencia juvenil en las candidaturas políticas, como así también en espacios de la administración pública en tares relevantes. En tal sentido podemos advertir en el testimonio de los jóvenes entrevistados desde el PICT que ocupan en la actualidad alguna tarea vinculada con el partido en el que militan: presidencia de la juventud, vocal de la misma, integrante del Consejo departamental de su partido y presidenta de su agrupación; mientras en dos casos observamos que realizan tareas vinculadas con alguna instancia de gobierno aunque pudiesen interpretarse que no revisten demasiada relevancia política, sin embargo ello puede entenderse como la posibilidad de ir formándose en tareas ejecutivas y legislativas.

Las tareas que desarrollan en la actualidad los jóvenes entrevistados les permiten conformar sus expectativas hacia el futuro. Algunos no dudan en expresar su anhelo de ocupar un cargo ejecutivo en su municipio aunque reconocen la necesidad de contar –para arribar a ese momento– con formación política y técnica. Este aspecto mostraría que entienden el involucramiento político como “carrera o recorridos” que supera la voluntad y el tiempo presente. En otros –quizá por sus características de personalidad y hechos de sus biografías personales– la alternativa de ocupar algún cargo legislativo está enmarcada en la construcción de un proyecto social y político que puede ir definiéndose en el tiempo y reconociendo la importancia de acciones colectivas más que individuales.

Las circunstancias relatadas por los actores juveniles colocan de relieve un aspecto indiscutible: la identidad política de los entrevistados. Al referirse a esta categoría Chantal Mouffe afirma que “estamos tratando con la creación de un ‘nosotros’ que solamente puede existir a partir de la demarcación de un ‘ellos’”, y agrega que tal situación no significa “que esa relación sea necesariamente antagónica” pues puede convertirse en una relación amigo y enemigo (Mouffe, 2005: 84).

En los testimonios detallados en este artículo podemos observar casi de manera predominante ciertas discrepancias generacionales hacia el interior de sus propios partidos y eventualmente hacia otros. Ninguna de ellas implicaría identificar a los “otros” con un sentido antagónico –continuando con expresiones de Mouffe– casi como enemigos, sino que los podríamos entender desde la forma de un agonismo, siguiendo palabras de la propia autora. Ello se pondría de manifiesto en las expresiones de los jóvenes cuando señalan sus expectativas hacia el futuro dentro de su propio partido o también de entrever alguna posibilidad de nuevas construcciones de proyectos partidarios que quizá en el fondo pueden ser una respuesta a discrepancias personales actuales pero no definitivas teniendo en cuenta las biografías de los jóvenes.

Palabras finales

Nos habíamos propuesto en esta instancia del PITC “Involucramientos sociales juveniles en la contemporaneidad: construcción de identidades políticas y sindicales en la provincia de San Luis” acercarnos a conocer cuál era la representación social que las juventudes de la provincia tienen acerca de la política. En la mayoría de las ocasiones las investigaciones se detienen en analizar el nivel de involucramiento de los jóvenes, los ámbitos en que se realiza y las características que dicho involucramiento ha mostrado a través de los tiempos. Sin dudas, todas aquellas investigaciones han tenido su importancia para quienes nos dedicamos al estudio de las culturas juveniles. Sin embargo, desde el equipo del PITC, nos pareció oportuno que tendría su relevancia científica analizar diversas aristas que nos permitieran conocer en qué medida elementos que no dependen de los propios jóvenes pueden influir en el acercamiento o alejamiento de ellos hacia la praxis política.

En primera instancia buscamos saber el papel que habían jugado las instituciones dominantes en la relación con la política. En este punto observamos en las biografías de los/as jóvenes –en la mayoría de ellos– la fuerte presencia de la familia como un factor que fue incorporando en el imaginario acciones de la práctica política y social de manera que la actitud juvenil pudiese contar con elementos que favorecen el acercamiento a esta. Tal circunstancia no es un detalle menor por cuanto la actual generación de jóvenes creció junto a adultos que, en términos generales, transcurrieron sus propias etapas de juventud en tiempos políticos donde el contexto histórico no favoreció el involucramiento del colectivo sociogeneracional, ya sea por ubicarlos como peligrosos o apáticos. Esta situación pone en evidencia la incidencia que las instituciones dominantes pueden desempeñar en los aprendizajes sociales ya sea de manera directa o vicaria como ámbitos de formación de valores y actitudes. Asimismo, esos ámbitos van incorporando símbolos que les permiten familiarizarse con aquellos de las prácticas políticas que, con posterioridad, los propios jóvenes reproducen en sus comportamientos sin necesidad de ser totalmente iguales pero que continúan en el mismo sentido que las que se fueron sumando a sus recuerdos infantiles.

Lo señalado en el párrafo anterior en cuanto al papel que corresponde a las instituciones dominantes está estrechamente vinculado con el contexto histórico. Tal situación nos permite reafirmar aquella aserción de Agnes Héller –que anotamos en apartados anteriores– en cuanto a considerar al tiempo histórico como el eje central en la construcción de la vida cotidiana en la cual las instituciones dominantes son quienes permiten que se formen las identidades sociales. Así como señalábamos que en décadas anteriores en Argentina se estigmatizó a las juventudes, tal como lo han mostrado investigaciones –que referimos en este mismo texto– demostraron el modo en que hechos políticos y sociales ocurridos en el país a partir de 2008/2010 favorecieron el involucramiento juvenil. Por consiguiente, en nuestra intención de averiguar acerca del papel de variables externas al comportamiento juvenil en la participación política, podemos afirmar la relevancia del contexto social y político en tales conductas, en particular en las acciones de políticas sociales que se establezcan desde el Estado.

Un tercer elemento que buscamos conocer fue el papel que cumplen los adultos de los partidos políticos en los cuales militan los/as jóvenes. Allí hallamos que, en expresiones de la mayoría de los testimonios, los logros del colectivo sociogeneracional responden a esfuerzo y reclamos propios. Parecería que el mundo adulto considera que la política requiere de la formación técnica y teórica de la cual las juventudes carecen y por consiguiente el recorrido de las militancias debe ser ganado por los intereses de los propios jóvenes quienes apelan a su formación cognitiva y práctica. Al respecto vale mencionar que algunos consideran relevante contar con la primera de ellas como una integración que les favorece los recorridos militantes y otros colocan la prioridad en la praxis, en particular en aquellas acciones relativas al funcionamiento burocrático administrativo de las tareas políticas.

Al detenernos en analizar el involucramiento juvenil en la política, es indudable el papel que desempeña el contexto sociopolítico y las políticas públicas que se implementen desde el estado. De igual modo las huellas familiares dejan marcas en las biografías de los/as jóvenes que favorece la construcción de significados positivos que favorecen la representación de la política y sus actores. Sin duda alguna, también las instituciones educativas pueden favorecer el acercamiento juvenil. En síntesis, la complejidad que muestra la realidad social y política y la necesidad de contar con herramientas cognitivas apropiadas para hacer frente a políticas neoliberales que acentúan la desigualdad social, coloca en la escena a las nuevas generaciones como actores protagonistas de los recorridos políticos que, sin contar con motivaciones de su mundo cercano u otras instituciones dominantes, no lograrían involucrarse y elegir la militancia política entre las actividades de su vida cotidiana.

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  1. Una versión de este artículo fue presentada en las V Jornadas Internacionales de Problemas Latinoamericanos (UNC), Córdoba, noviembre 2017. Inédita.


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