Mapeando los componentes
del diseño de investigación
De todo lo expuesto precedentemente se desprende con claridad que la investigación científica no solo exige gran rigor y destreza para manejar instrumentos (tests, entrevistas, diagnósticos, observaciones, etc.), emplear recursos analíticos para hacer asociaciones, o recursos matemáticos para sistemas complejos de transformaciones estructurales, sino también y especialmente un arte muy particular, muy complejo y extraordinariamente muy difícil de transmitir: “el arte de operar con conceptos”, como lo llamó Engels.
Juan Samaja, “Dialéctica de la investigación científica”
2.1. Interdisciplinariedad y teoría fundamentada como perspectivas de base
Este capítulo despliega los aspectos fundamentales de la metodología y el corpus textual seleccionado, completando y profundizando información que ya ha sido adelantada en la introducción.
En primera instancia, y aunque se infiere de lo postulado hasta aquí, me interesa destacar el hecho de que este trabajo es interdisciplinario de un modo constitutivo, ya que se propone integrar aportes de la antropología, la psicología social, el análisis de redes sociales y el análisis del discurso de un modo no aditivo, sino articulado a una problematización del objeto de estudio previamente trazada en esos términos.
Respecto de este punto, conviene puntualizar que concibo la interdisciplina como una modalidad transicional entre la perspectiva multidisciplinaria y la transdisciplinaria.
Según Sotolongo et al. (2006):
Entendemos a la multidisciplina como el esfuerzo indagatorio convergente de varias disciplinas diferentes hacia el abordaje de un mismo problema o situación a dilucidar. (…) La Bioquímica y la Biofísica, entre otras, se ofrecen como ejemplos de la multidisciplina.
Por otra parte, la interdisciplina la comprendemos como aquel esfuerzo indagatorio, también convergente, entre varias disciplinas –y, por lo mismo, en ese sentido, presupone la multidisciplinariedad– pero que persigue el objetivo de obtener “cuotas de saber” acerca de un objeto de estudio nuevo, diferente a los objetos de estudio que pudieran estar previamente delimitados disciplinaria o incluso multidisciplinariamente. La Ingeniería Genética y la Inteligencia Artificial, entre otras, se ofrecen como ejemplos de la interdisciplina.
Por lo mismo, la interdisciplina es una empresa indagatoria más ambiciosa que la multidisciplina (p. 66).
En estos términos, la interdisciplina implica no solo un esfuerzo intelectual relacional, sino la gestación de un objeto de estudio distinto de aquellas perspectivas que confluyen.
Respecto de esta confluencia, la transdisciplina, en cambio, implica un paso más allá, ya que se propone trascender la multidisciplina y la interdisciplina para generar un punto de vista común entre campos disciplinares e instancias interdisciplinarias que incluso pueden ser, a priori, distantes[1].
El paradigma teórico-metodológico es el interpretativista y la metodología de análisis a la que recurriré es cualitativa e inductiva, lo que, en primera instancia, implica que no hay hipótesis sustantivas por verificar sino solo hipótesis orientativas, denominadas teóricas, que guían el curso general de la investigación (Pardo, 2008, 2011).
Es necesario, en este punto, hacer una aclaración respecto de que la postura interpretativa, concebida en términos del análisis discursivo, no tiene las mismas implicancias que en el ámbito de la antropología. Más allá de los balances críticos que podamos desplegar en una visión holística del interpretativismo etnográfico, sabemos que esta corriente no desarrolló una metodología de análisis textual en términos estrictos, sino que, al menos en la versión que Geertz ha desplegado de este paradigma (Geertz, 1987, 1989, 2002 y 2003), la posición metodológica central ha consistido en intentar recurrir al contexto cultural para comprender el sentido del comportamiento humano[2]. Si bien la antropología geertziana se expresa como la metáfora de la lectura de un texto cultural que hay que develar y hasta cierto punto también está emparentada con lo que se conoce como antropología “textualista”, podemos decir que ni siquiera en sus versiones más elaboradas se han sentado las bases de un método interpretativo articulado y sistemático (Reynoso, 2007, p. 1; D’Andrade, 1995, p. 249).
Por una cuestión de pertinencia conceptual, no entraré en debate aquí sobre la validez global del paradigma interpretativista en clave antropológica, pero sí me interesa establecer una distinción de base que operará como mojón metodológico posterior; cuando hago referencia al interpretativismo como dispositivo teórico-metodológico, estoy aludiendo a una postura inductiva que intenta situar el proceso de atribución de un campo semántico no en reglas de significación textual generales y de base cuantitativa, sino en un proceso de inferencia de validez estrictamente local y centrado en la idea de estudio de caso.
En este sentido, los fundamentos del punto de vista al que recurro convergen sustancialmente con los planteos de la grounded theory o “teoría fundamentada”, una perspectiva elaborada por los investigadores Glaser y Strauss (1967), pero que luego se fue ampliando en diferentes direcciones por Glaser (1978, 2000 y 2002), por Strauss (1987) y por Strauss y Corbin (1990, 1998).
La teoría fundamentada requiere de una aproximación profunda al contexto que enmarca al objeto de estudio, ya que es precisamente este tipo de familiaridad la que habilita la construcción de una teoría amparada en el proceso de descubrimiento de la información de base. Según señala Whittle (en Elkins, 1998), esta posición asume la perspectiva pospositivista de que la teoría emerge de la interacción entre el investigador y los datos.
Este vínculo entre el investigador y la información colectada se desarrolla a través de prácticas que demandan un acercamiento y una transformación del mundo interpretativo y natural del que se extrae la información, y en el que la etnografía juega un papel central. En este sentido, y según Denzin y Lincoln (2005):
La investigación cualitativa es una actividad localizada en un cierto lugar y tiempo que sitúa al observador en el mundo. Consiste en una serie de prácticas interpretativas y materiales que hacen al mundo visible. Estas prácticas transforman el mundo. Convierten al mundo en una serie de representaciones, incluyendo notas de campo, entrevistas, conversaciones, fotografías, grabaciones y memorándums personales. En este nivel la investigación cualitativa implica un acercamiento interpretativo y naturalista del mundo. Esto significa que los investigadores cualitativos estudian los objetos en sus escenarios naturales, intentando dar sentido a, o interpretar, los fenómenos en términos de los significados que las personas les dan (p. 4).
Sin embargo, la teoría fundamentada constituye un modo particular, y no el único, de llevar a cabo investigaciones encuadradas en este paradigma. Lo característico de este enfoque es el despliegue de un mecanismo de construcción categorial que opera a partir de la emergencia de rótulos conceptuales progresivamente más abarcativos que parten de otros más elementales (Glaser, 1978, 2000 y 2002; Glaser & Strauss, 1967; Vaquer Chiva et al., 2011).
Desde el punto de vista de Glaser y Strauss (1967):
El sociólogo puede iniciar la investigación de un sistema parcial de conceptos “locales” designando unas pocas características principales de la estructura y procesos en las situaciones que estudiará. Por ejemplo, sabe antes de estudiar un hospital que allí habrá doctores, enfermeras y asistentes, guardias y procedimientos de admisión. Estos conceptos le dan una primera base para comenzar su investigación. Naturalmente, no conoce la relevancia de estos conceptos a su problema —este problema debe emerger—, tampoco es probable que ellos se conviertan en parte de las categorías explicativas centrales de su teoría. Sus categorías tienden a ser más probablemente conceptos acerca del problema en sí, no su posición. También descubre que algunos conceptos “locales” anticipados pueden permanecer sin utilizar en las situaciones relevantes a su problema —los doctores pueden, por el problema, ser llamados terapistas— y descubre muchos más conceptos “locales” procesuales y estructurales de los que pudo haber anticipado antes de su investigación (p. 1).
El codificador que construye estos conceptos no opera en el vacío; realiza interpretaciones de base cualitativa equipado con preconceptos y con una carga teórica que pone a prueba en cada demarcación o etiquetado, pero la teoría fundamentada suministra un dispositivo de creación y enlace categorial sustentado en la inducción.
El uso de preguntas de investigación abiertas (open-ended), no susceptibles de ser respondidas con sí o con no, orienta a los investigadores hacia acciones y procesos más que hacia estados o condiciones (por ejemplo, “cómo sucede algo”, en lugar de “qué sucede”).
Por sus características y flexibilidad, la teoría fundamentada es compatible con distintas técnicas de recolección de datos, como la entrevista semiestructurada, la observación participante, los grupos de discusión, etc. A pesar de esta amplitud, resulta relevante definir, en las primeras instancias, si se va a realizar una implementación completa o abreviada de ella en la investigación en curso.
En lo que se conoce como “versión completa” de esta teoría, el investigador colecta algunos datos, los estudia generando las categorías iniciales, que permanecen abiertas, establece conexiones entre ellas y, sobre la base de este proceso, realiza una segunda recolección de información. Si bien en nuestro caso no contaremos con fases de recolección diferenciadas, este método “iterativo” para la creación y validación de categorías fue usado preferentemente para tratar el corpus textual presente en las canciones. En la versión abreviada de su implementación, el investigador solo trabaja con los primeros datos relevados, que son los originales. En las transcripciones de entrevistas y de otros documentos, esta es la modalidad usual, y a ella se recurrió para estudiar el corpus presente en las entrevistas, inherentemente mucho menos estructurado que el de las canciones.
Como sostienen Vaquer Chiva et al. (2011):
[La “Grounded Theory”] (…) se trata de una metodología de análisis que tiende al descubrimiento y generación de una teoría fundamentada sobre el área sustantiva de estudio, desde un conjunto de proposiciones teóricas. La utilización del método comparativo constante (MCC) y del muestreo teórico (MT) conforma un diseño emergente donde las fases de obtención y análisis de datos se suceden de modo iterativo. De este modo, la inducción y la posibilidad de generalización se aseguran mediante un procedimiento de comparación sistemática de los nuevos incidentes encontrados con las categorías previamente obtenidas (MCC) y en la aplicación sistemática del muestreo teórico, desde donde las nuevas categorías encontradas guían la elección del foco y la unidad de análisis (p. 214).
Desde esta perspectiva, cuando hablamos de generalización, lo hacemos en función de un presupuesto local que no hay que perder de vista. Al constituirse como eje del trabajo exploratorio, la inducción opera estableciendo los límites formales de esta investigación conformada como estudio de caso, ya que las conclusiones obtenidas no pueden ser aplicadas a otros géneros musicales o contextos sociohistóricos.
En la implementación que presento, llevaré a cabo un uso mixto de la teoría fundamentada, ya que parte de las categorías de base que utilizo surgirán de algunas perspectivas teóricas preexistentes, pero otro subconjunto será producto de la creación y puesta a prueba adecuada de las apariciones textuales existentes.
En términos ideales, las distintas fases de una investigación basada en la teoría fundamentada comprenden (Vaquer Chiva et al., 2011, p. 215):
- Fase de exploración: se delimita el problema y se realiza una codificación abierta de categorías.
- Fase de profundización: se comparan las categorías utilizadas y se eligen las que mejor describen el corpus seleccionado. A su vez, se establecen relaciones de pertenencia categorial sujetas a revisión.
- Fase de saturación: se busca “saturar” las categorías centrales, que son las que le dan sentido a la investigación. La saturación es el proceso por el cual dejan de aparecer datos nuevos asignables a las categorías.
- Fase de clasificación y esquema teórico: luego de concluida la saturación, la clasificación incluye en una taxonomía general a todas las categorías y las vincula en un único esquema, que tiene fines explicativos.
- Fase de escritura teórica: se elabora un esquema teórico que permitirá la comunicación de las hipótesis teóricas y sus implicaciones.
Figura 1. Teoría fundamentada y circuito metodológico de utilización

Fuente: elaboración propia.
2.2. Criterios generales de selección del corpus
El corpus textual por analizar estará conformado por ciento veinte canciones que estudié en mi tesis de maestría pero que, cabe aclarar, analizaré en esta oportunidad con una metodología completamente distinta.
El listado original de letras seleccionadas fue registrado de diferentes maneras, pero mayoritariamente proviene de búsquedas especializadas hechas en Internet. Las canciones pertenecen a los siguientes conjuntos:
Cuadro 1. Canciones y grupos seleccionados
| Grupo | Cantidad de canciones |
| La Base | 2 |
| Los Gedes | 2 |
| Yerba Brava | 3 |
| Mala Fama | 3 |
| La Piba | 3 |
| Flor de Piedra | 4 |
| Fuerza Villera | 5 |
| El Indio | 14 |
| Metaguacha | 17 |
| Guachín | 19 |
| Damas Gratis | 23 |
| Los Pibes Chorros | 25 |
Los motivos de esta distribución no son completamente aleatorios, pero ello no implica que haya tenido en cuenta ninguna regla muestral. Los tres conjuntos que encabezan la lista son representativos de los inicios de la cumbia villera (La Base, Los Gedes, Yerba Brava), pero el resto ha sido agregado sin responder a ningún principio de correspondencia estadística estricta con su incidencia en el mercado discográfico[3]. Cabe consignar, por ejemplo, que Yerba Brava es uno de los grupos fundacionales del movimiento, y aquí incluí solo 3 canciones de su autoría. Creo que, más allá de su impacto inicial, este conjunto terminó siendo poco representativo del fenómeno, al menos en su llegada mediática y en su capacidad de convocatoria. La Piba, una formación cuya figura principal es una mujer, es otro caso especial que altera los rasgos típicos de estas formaciones, integradas por componentes exclusivamente masculinos. Incluí 3 canciones de este grupo porque creo que sirven, aunque sea de un modo muy global, para imaginar temáticas y formas de abordaje poco usuales para el género y difícilmente encuadrables en las críticas más comunes que se le hacen a la cumbia villera. El resto de las inclusiones responde, entre otros factores, a una regla implícita de accesibilidad que resultó relevante para mis propósitos. Sin embargo, y a pesar de esta situación de escasa exhaustividad en la recolección, traté de incluir aquellas canciones que consideraba centrales en la performance mediática del género sustentándome en dos criterios que considero complementarios: su éxito en las audiencias (la cantidad de copias vendidas) o la representatividad de su temática (su función descriptora de “prototipos culturales” considerados característicos del género)[4]. En algunos casos, ambos parámetros de elección se solapan, pero en general se prefiere el criterio de la tipicidad respecto del impacto comercial.
La cuestión temporal está sujeta a restricciones similares, ya que la selección de contenidos se inicia cronológicamente a mediados del año 2003 y finaliza a mitad de 2004. Este ha sido el lapso de recolección y no hay motivos para que coincida con las fronteras diacrónicas de la muestra, ya que tuve en cuenta canciones compuestas en un momento previo al inicio de este proceso. Las canciones que analicé, por ende, nunca pueden ser posteriores al final de este lapso, pero se extienden desde el año 1999 hasta el cierre de este período[5].
En este contexto, entiendo que dos aclaraciones adicionales resultan necesarias respecto del enlace interteórico tal como será practicado en esta tesis; en primer lugar, los vínculos conceptuales no serán formalmente exhaustivos, ya que no se conectarán todos los aspectos de cada perspectiva con los de la perspectiva vinculada, sino solo aquellos demandados por los objetivos investigativos. En tal sentido, la compatibilidad requerida será estrictamente funcional y local, y no globalmente programática. En segunda instancia, esos vínculos determinados por objetivos estarán además orientados a los datos, lo que significa que solo se explotarán aquellas facetas metodológicas demandadas por la naturaleza específica de la información a procesar.
Culminada esta sección de mapeo del diseño conceptual, en el capítulo siguiente iniciaremos el recorrido del estado de la cuestión y del desarrollo de las bases teórico-metodológicas generales que encuadran esta tesis. Una primera incursión de la próxima sección, más sustantiva y sociohistórica, estará centrada en la historia de la cumbia y sus subvariantes en América; su segunda etapa, en cambio, se centrará en los aspectos más teóricos o formales que conciernen a las categorías sociales y cognitivas que enmarcarán el desarrollo global de la investigación.
- Según los autores anteriormente citados: “A su vez, reconocemos a la transdisciplina como el esfuerzo indagatorio que persigue obtener ‘cuotas de saber’ análogas sobre diferentes objetos de estudio disciplinarios, multidisciplinarios o interdisciplinarios –incluso aparentemente muy alejados y divergentes entre sí– articulándolas de manera que vayan conformando un corpus de conocimientos que trasciende cualquiera de dichas disciplinas, multidisciplinas e interdisciplinas. El enfoque ‘de la Complejidad’, la Bioética Global, el Holismo Ambientalista, entre otros, se ofrecen como ejemplos de la transdisciplina” (Sotolongo et al., 2006, p. 66).↵
- En palabras del propio Clifford Geertz: “Lo que en realidad encara el etnógrafo (…) es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o entrelazadas entre sí, estructuras que son, al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse de alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después. (…) Hacer etnografía es como tratar de leer (en el sentido de ‘interpretar un texto’) un manuscrito extranjero, borroso, plagado de elipsis, de incoherencias, de sospechosas enmiendas y de comentarios tendenciosos y además escrito, no en las grafías convencionales de representación sonora, sino en ejemplos volátiles de conducta modelada” (Geertz, 1987, p. 24).↵
- He optado por considerar como grupos de cumbia villera a aquellos que se encuadraron completamente, por su producción musical, dentro de esta corriente. Obedeciendo a este criterio, he excluido del recuento a Amar Azul, un grupo que, a pesar de haber sido integrado por referentes como Pablo Lescano (luego creador de Damas Gratis) y Gonzalo Ferrer, ha producido un legado musical que puede ser globalmente considerado, en términos temáticos, como una transición entre la cumbia romántica y la villera (Míguez, 2006, p. 38). ↵
- Según señala Míguez, “[en la cumbia villera] las letras proceden mediante la constitución de ‘prototipos culturales’ en el sentido en que los ha planteado la antropología cognitiva: modelos cognitivos culturalmente elaborados que destacan los rasgos centrales de una identidad, sin representar necesariamente cada caso en todos sus detalles” (Míguez, 2006, p. 38). Por supuesto que esta suposición de tipicidad es una forma apriorística de filtrar los datos disponibles, pero considero preferible la asunción explícita de esta modalidad de recorte frente a la ausencia de una reflexión al respecto. ↵
- Al igual que con la distribución de canciones por grupos, tampoco en lo temporal seguí una pauta estricta de representatividad de la producción de cada año. Hacerlo hubiese implicado un volumen de textos casi inmanejable a los efectos de este trabajo, y tales constricciones hubiesen influido negativamente en la vocación de concentrarme en aquellas que considerase temáticamente interesantes.↵






