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8 El abordaje semántico de las dimensiones de comparación

Analizando la red en términos de los valores importantes para el grupo

Lo que se considera como conducta u opiniones competentes y adecuadas depende en gran medida de los grupos de los que formamos parte en un momento determinado. Es más, cuanto mayor sea el consenso en un grupo, es más probable que se considere que el punto de vista del grupo engloba alguna característica del mundo, desde el punto de vista objetivo.

   

Margaret Wetherell, “Identidad social
y polarización de grupo”

8.1. Introducción

En mi tesis de maestría y en artículos de mi producción anterior, he tratado de rastrear, hasta ahora, el modo en que la letra de las canciones de cumbia villera sitúa su mensaje en torno a un conjunto recurrente de valores grupales (Miceli, 2005a; 2008a, 2008b). El concepto de esquema de grupo de Van Dijk ha conformado, desde este punto de vista, el eje de una perspectiva exploratoria capaz de delinear pautas autoorganizativas de la identidad villera en el texto de las canciones del género (Van Dijk, 1998).

Cada uno de estos esquemas involucra, al menos, un conjunto de valores y un modo de presentarlos frente a los demás que obedece al ya mencionado principio de acentuación de las diferencias (Scandroglio et al., 2008; Tajfel & Turner, 1979; Tajfel, 1981).

En mi investigación anterior, logré identificar un conjunto de valores grupales o dimensiones de comparación que organizan la autopercepción villera. Estos valores implican, para cada esquema comparativo, dos actantes —uno del endogrupo y otro del exogrupo— y dos sentidos —uno positivo y uno negativo— (su dinámica de evaluación es la que se muestra en el cuadro 40).

Estas dimensiones de comparación, capaces de estructurar la identidad grupal a largo plazo, remiten al modo en que los grupos minoritarios se vinculan con el exogrupo, pero fueron establecidas, en aquella investigación preliminar, sobre la base de un contrapunto de atributos entre actantes de ambos sectores identificados en las canciones y no a partir de los vínculos narrativos explícitos, como en este caso.

El dispositivo de medición e inferencia era en aquel momento taxonómico. Consistía en seleccionar actantes pertenecientes al endogrupo y al exogrupo y contraponerlos en relación con un criterio predominante en el que calificaran de manera antagónica.

En el caso de la masculinidad, por ejemplo:

El valor semántico “masculinidad” tiene para nosotros una doble entrada significante. Por un lado hemos considerado como masculino todo aquello relacionado con la potencia sexual y la virilidad erótica, pero por el otro lo es todo lo vinculado con la valentía y la condición desafiante ante la autoridad. Quienes se ubican alto en este valor (++) lo pueden hacer por la primera condición, como el actante llamado “Ganador”, o por la segunda, como el actante “Hinchada propia”. Correlativamente, quienes miden muy bajo (–) en estos rubros lo hacen por un cuestionamiento directo de esta faceta, como en el caso del actante “Amigo homosexual”, o por el mucho más habitual alineamiento con los valores que no son respetados por el endogrupo, como el “Concheto” o el “Policía” (Miceli, 2005b, p. 201).

Cuadro 40. Valores grupales o dimensiones de comparación
entre endo y exogrupo

Diagrama  Descripción generada automáticamente

Fuente: elaboración propia con base en Miceli, 2005b.

Si pensamos los grupos productores y seguidores de cumbia villera como minoritarios frente a una sociedad mayor que los incluye, podemos concebir las dimensiones de comparación como los mecanismos a través de los cuales, según Brewer y Brown (1998) estos grupos minoritarios desarrollan una mayor tendencia a la homogeneidad intragrupal en los términos ya descriptos. Como he señalado anteriormente, desde esta perspectiva las dimensiones más relevantes utilizadas para compararse con los demás tienden a sobrevaluar la homogeneidad endogrupal, en tanto las periféricas ubican en un lugar central las similaridades o la homogeneidad respecto del exogrupo. En este sentido, el discurso de las canciones también parece responder al patrón de percepciones de los individuos altamente identificados con el grupo villero que han establecido Ellemers, Spears & Doosje (1999).

Teniendo presente la diferenciación realizada por Brewer y Brown entre la formación endogrupal (favoritismo sin discriminación), la diferenciación exogrupal (hostilidad abierta hacia el exogrupo) y la competición social intergrupal (búsqueda de ventajas relativas sobre el exogrupo) como diferentes componentes de la comparación intergrupal (Brewer & Brown, 1998; Scandroglio et al., 2008), en el caso de la cumbia villera, la diferenciación exogrupal y la competición social intergrupal parecerían converger en sus efectos, y el hecho de producir un tratamiento negativo del exogrupo, más que un freno o una consecuencia no deseada, es una precondición para el desarrollo del favoritismo endogrupal.

Se puede decir, en consecuencia, que las dimensiones de comparación investigadas hasta ahora ponen en el centro de la escena una positividad propia amparada no solo en la diferenciación respecto del exogrupo, sino en la competición abierta respecto de valores compartidos por ambos grupos. Claramente, el análisis de las dimensiones de comparación o de los valores grupales puso de manifiesto, en mi tesis de maestría, que la diferenciación no es suficiente y que la clave aquí es considerarse no solo diferentes a los demás, identificables por determinadas particularidades, sino mejores en un conjunto específico de cuestiones que a su vez son las más importantes para el grupo (Miceli, 2005). Sin embargo, lo que parece solamente la postulación de una ubicación escalar superior en torno a ciertos valores, forma parte en realidad de un doble movimiento autovalorizador: como se destacó anteriormente de otro modo, en muchas situaciones de comparación que resultan críticas, se valoriza no solo una posición elevada dentro de los parámetros de una escala, sino también la preeminencia de esa escala respecto de otras existentes para evaluar.

Este punto de vista, fundamentado aquí con elementos provenientes de la teoría de la identidad social (Tajfel, 1957; Tajfel, Billig, Bundy & Flament, 1971) y de la autocategorización del yo (Turner, 1985; Turner, Hogg, Oakes, Reicher & Wetherell, 1987), fortalece, con claridad, las conclusiones que fueron postuladas respecto a los dispositivos de valorización descriptos.

Las revalorizaciones que he designado como no competitiva y competitiva aceptan la relevancia de una dimensión considerada importante por el grupo antagónico y podrían concebirse como estrategias cognitivamente más conservadoras, mientras que la revalorización definida como innovadora cuestiona ese predominio e intenta situar la comparación en un plano no recorrido anteriormente.

Aunque están muy vinculadas entre sí y pueden darse conjuntamente, según la teoría de la identidad social estas dos formas de autovaloración pertenecen a distintas percepciones del modo en que el endogrupo está situado respecto de aquel exogrupo con el que antagoniza.

Según Scandroglio et al. (2008):

La creatividad social tendería a ocurrir cuando las relaciones intergrupales son subjetivamente percibidas como seguras (como hemos señalado, legítimas y estables) y en la formulación inicial de la teoría incluía tres estrategias concretas: búsqueda de nuevas dimensiones de comparación, redefinición de los valores adjudicados a determinadas dimensiones y cambio del exogrupo de comparación.
La competición social tendería a aparecer cuando se percibe la comparación entre los grupos como insegura y consistiría en intentar aventajar al grupo de mayor estatus en la dimensión consensuadamente valorada por ambos (p. 83).

Retomando la terminología establecida por Tajfel, podemos afirmar que la revalorización no competitiva y la competitiva —aunque esta última con algunos matices— pertenecen al espacio de la competición social, pero la revalorización innovadora está vinculada a lo que esta perspectiva designa como creatividad social.

En este punto, precisamente, es en donde estimo que lo investigado hasta aquí demanda una lectura más totalizadora en los términos de la teoría de la identidad social. Esta lectura no es la que originalmente desplegué en mi tesis de maestría, pero considero que incorpora elementos taxonómicos y analíticos de un alcance mayor.

Desde esta perspectiva, y como he sostenido anteriormente, la comparación intergrupal es, junto a la comparación interpersonal, una de las modalidades posibles de elevación de la autoestima y se recurre a ella cuando una persona se afirma en los valores grupales para conseguir una mejor autoestima individual. A su vez, la segunda remite primordialmente a la idea de que las fronteras sociales son permeables y atravesables, y que un individuo puede cambiar de estatus si se comporta adecuadamente. En definitiva, es este el paradigma de la movilidad social, característico de la identidad burguesa y opuesto al del cambio social, que presupone la estaticidad de las fronteras grupales y plantea una necesidad de subvertir ese orden de algún modo (Scandroglio et al., 2008).

Ahora bien, según Tajfel, esa necesidad de cuestionamiento, de alteración de un orden instituido, se puede vehiculizar de diferentes maneras que establecen un sistema de diferencias que se ajusta estructuralmente, aunque excede en variantes, al planteado en el capítulo 5.

La cumbia villera, según la posición que aquí sostengo, recurre predominantemente a la creatividad social sustentada en nuevas dimensiones de comparación y, muy secundariamente, a la competencia social basada en dimensiones consensualmente valoradas por ambos grupos antagónicos. Si partimos del inventario de las dimensiones registradas en la etapa anterior de mi investigación, las relacionadas en esa etapa investigativa con la creatividad social serían la valentía, la masculinidad, la capacidad de diversión, la sensualidad y la lealtad identitaria, y la única dimensión compartida con el exogrupo y con competencia social abierta sería la capacidad de afecto.

8.2. Narratividad, identidad e ideología: las dimensiones grupales incorporadas al mapeo de la estructura narrativa total

En el contexto de esta lectura de lo investigado a la luz de la teoría de la identidad social, una inquietud que me resultó esencial abordar se vinculó al modo específico en que el grafo existencial construido —la red narrativa total mapeada sobre la base de las canciones de cumbia villera— podría ser enriquecido y complejizado incorporando el tratamiento de los valores grupales que ya había tenido en cuenta.

Como continuación de las indagaciones anteriores, una diferencia importante en relación con el análisis previo fue que las dimensiones presentes en las acciones narradas excedieron en alto grado, en este caso, las adjudicables originalmente a los actantes.

El número de valores grupales registrados narrativamente, implicados como componentes estructurales de las 195 acciones mapeadas, resultó ser de 19. Si le agregamos a este listado actualizado una especificación del modo en que los valores se insertan predominantemente en una estrategia de creatividad social o de competencia social, el cuadro resultante es el siguiente:

Cuadro 41. Listado de valores grupales presentes en las acciones
de la red narrativa global
Creatividad social (ENDO)

Competencia social (ENDO-EXO)

Autocontrol

X

Capacidad de afecto

X

Capacidad de diversiónX
Capacidad de luchaX
Capacidad de seducciónX
Capacidad de sufrimientoX
Credibilidad

X

Éxito económico

X

Fama
IntegridadX
Lealtad identitariaX
LibertadX
MadurezX
OrgulloX
SaludX
SeguridadX
Tolerancia a la pobrezaX
Tolerancia al dolorX

Valentía

X

Virilidad

X

Fuente: elaboración propia.

Respecto de los valores considerados en la etapa previa a esta tesis, el subgrupo de las dimensiones más ligadas a la creatividad social, desplegadas ahora como atributos de las acciones y no de los actantes, se conformó de la siguiente manera:

Capacidad de diversión

Capacidad de lucha

Capacidad de seducción

Capacidad de sufrimiento

Lealtad identitaria

Tolerancia a la pobreza

Tolerancia al dolor

Valentía

Virilidad

En el mismo sentido, la aparición más relevante en esta etapa de análisis es la de una nutrida área de coincidencias entre los valores endogrupales y los exogrupales. Antes solo existía la capacidad de afecto, y ahora tenemos:

Autocontrol

Capacidad de afecto

Credibilidad

Éxito económico

Integridad

Libertad

Madurez

Orgullo

Salud

Seguridad

A continuación, describiré tanto la conformación semántica interna como las implicaciones y pesos relativos de las reafirmaciones y negaciones de estas dimensiones en las apariciones textuales registradas. Las dimensiones sociales de comparación, que hasta aquí han sido aludidas pero no definidas exhaustivamente, se convertirán, en el espacio que sigue, en componentes centrales de un proceso taxonómico que tendrá implicancias fuertemente articuladoras de la globalidad de esta investigación.

8.3. Autocontrol

  • Esquema básico: “Nosotros tenemos más autocontrol que ustedes”
  • Presencia estadística total: 21
  • Orientación predominante: negativa (18 a 3)
  • Zona identitaria: revalorización competitiva e innovadora

 

Este valor, que definí como de competencia social, parece ser reivindicado en la misma medida por el exo y por el endogrupo. En términos de sus apariciones en el corpus, el autocontrol remite exclusivamente a la capacidad de contener o limitar el deseo de consumir drogas o alcohol. En términos más generales, esta actitud de refrenar el deseo adictivo aparece como el imperativo de lo que en la jerga villera se conoce como “rescatarse”. Es fundamental que esta expresión se utilice siempre en su forma reflexiva —siempre “rescatarse” y nunca “rescatar” a otros— porque su forma se emparenta específicamente con el ejercicio del autocontrol, que también tiene un prefijo reflexivo en su nombre. El 6 % de las acciones clasificadas pertenece a este rubro, lo cual le otorga una presencia moderada en el conjunto general.

El autocontrol parece ser, de este modo, un valor perseguido largamente por los voceros del endogrupo villero, pero su búsqueda expresa un foco de tensión que organiza la identidad de modos casi opuestos. En cuanto a apariciones, el predominio de la negatividad en este rasgo es claro en acciones y apariciones textuales, ya que hay 8 acciones con consecuencias negativas contra 3 de efecto positivo o de reafirmación respecto de este valor endogrupal, y las diferencias se amplían de 18 a 3 a favor de la negatividad cuando hablamos de apariciones textuales.

Pensando en la metodología empleada, la evaluación de la negatividad o positividad de cada acción en relación con un valor depende de los elementos textuales que están bajo análisis pero también de una decisión de codificar la aparición de ese elemento en relación con un valor y no con otro. Esta evaluación depende no solo del texto evaluado, sino de la situación discursiva más amplia en la que aparece (lo que en lingüística se denomina cotexto). Tal situación, que se puede calificar como “asignación controversial”, aparece siempre en relación con algunos valores semánticamente muy vinculados, pero no se presenta en todos los casos.

La acción {alucina}, por ejemplo, tiene como referente el texto “empezamos a ver dibujitos animados y todo el baile quedó huoooo”. En este caso, predomina la asignación de esta acción al valor “autocontrol” por sobre la alusión al valor “capacidad de diversión” porque en otro segmento de esa misma canción aparece el texto:

“salten todos pintó el descontrol / salten todos y no sean careta / esta noche no tiene bajón” (1)

(“La jarra loca” – Flor de Piedra)

La referencia a la capacidad de control es aquí directa y fundamenta esta elección. En este proceso de taxonomización que involucra componentes semánticos de distinto tipo, he optado por aplicar una regla de subordinación jerárquica cuando tengo que optar entre dos valores distintos para una misma referencia: si un texto clasificado involucra un valor grupal como la diversión, apelo al cotexto para determinar si ese valor aparece aislado, y si es así, confirmo el vínculo entre ese texto y esa categoría. Por ejemplo, en el caso del texto “encima sos concheta, vos sos una anti-fiestas” (canción “Tú no eres como yo”), considero que el verso hace alusión al valor “capacidad de diversión” porque la canción, o sea, el marco discursivo más amplio, así lo determina.

Si un texto implica un valor pero en la canción predomina otro, le asigno ese texto a la categoría predominante en la canción, como en este ejemplo en el que hay un predominio del autocontrol por sobre la capacidad de diversión.

El autocontrol parece estar afectado negativamente en la mayoría de las apariciones, pero también hay casos en los que el desempeño parece ser positivo y los actantes establecen una relación de reafirmación respecto de esta dimensión, como en los siguientes casos:

“largaste todas tus minas y el vino en damajuana”

“Dejaste la cocaína / dejaste la marihuana” (2)

(“Empastillado” – Los Pibes Chorros)

Ahora bien, ¿cómo en el discurso respecto de un valor puede haber un mensaje negativo y otro positivo? El presupuesto de coherencia axiológica queda cuestionado en estos casos. Los vicios son tentadores y se cae en ellos, pero a pesar de esto no se censura, en las canciones, salirse de esa situación de transgresión que tanto se reivindica. En definitiva, lo que parece ser una posición de apología, de defensa cerrada de la actitud emparentada con el vicio, tiene matices y disonancias muy marcadas en su manifestación.

Las referencias negativas, de socavamiento del autocontrol, aunque son las más abundantes, describen un abanico de efectos caracterizados por la pérdida de la capacidad de evitar situaciones vergonzantes y hasta tristes. Siempre el no alcanzar el autocontrol implica perder otras cosas, como dinero, salud o elegancia en la apariencia:

“El pantalón se me cae, la gorra ya la perdí” (3)

(“Así a casa no vuelvo” – Metaguacha)

“Mucha cerveza, mucho vino y cero peso en el bolsillo,” (4)

(“El embarrado” – Metaguacha)

“Mabel, se te ve arruinada, / será por el escabio, / por la yerba o por la pasta” (5)
(“Mabel” – Los Pibes Chorros)

Contra la idea extendida que hay respecto de las letras del género, en muchos casos se explicita que los efectos de la pérdida de autocontrol son negativos y que hay plena conciencia de esto:

“Borracho soy, no importa lo que digan, no me rescato, yo me tomo la vida,” (6)

(“Soy borracho” – Yerba Brava)

“Tu vieja me dice qué es lo que estás tomando / ay qué mal te está pegando” (7)

(“Reloco soy feliz” – Los Pibes Chorros)

“mirá como quedaste ya no podés ni hablar” (8)

(“No tomes” – Damas Gratis)

“Doña Norma sabía que su hijo ya no tiene más remedio” (9)

(“Yo tengo una piedra” – Damas Gratis)

“No puedo rescatarme, / Se me ha vuelto la carretilla indomable…” (10)

(“Soy borracho” – Yerba Brava)

En otros casos, se decide redoblar la apuesta y, en este paisaje de antagonismos, se reafirma que, a pesar de los reconocidos efectos negativos, es bueno seguir perdiendo el control y consumiendo drogas o alcohol:

“Yo quiero vivir / que no me falten aspirinas / nunca dejar de tomar.” (11)

(“Yo tengo una piedra” – Damas Gratis)

“consume ravioles toda la semana / la pasta lo enloquece de noche y de mañana” (12)
(“El Tano Pastita” – Los Pibes Chorros)

“empezamos a ver dibujitos animados / y todo el baile quedo huoooo” (13)

(“La jarra loca” – Flor de Piedra)

“Ya no puedo seguir / tomando todo el día” (14)

(“No me quiero curar” – Los Pibes Chorros)

“Vieja… / tengo deshecha la nariz / tengo arruinados los pulmones / pero reloco soy feliz” (15)

(“Reloco soy feliz” – Los Pibes Chorros)

En particular, el énfasis en “no poder rescatarse”, en “no tener más remedio” y en “quedar arruinado” produce pistas muy claras respecto de la duplicidad de placer momentáneo y sufrimiento posterior presente en estas letras.

Este tipo de dicotomías, que divide el ejercicio del autocontrol entre una dinámica de reafirmación y otra de negación, no es exclusivo de las letras. En un reportaje concedido a la revista Rolling Stone en 2001, el cantante Pablo Lescano se posiciona primero en contra y luego a favor del autocontrol respecto de las adicciones:

P. L.: Uno de ellos, Damián, es mi amigo, sale a bailar con nosotros y todo. Con los demás, todo mal. Ellos no curten bailanta, son amargos. Donde vive el cantante de Yerba Brava, aparte, no hay villa. Ellos hicieron un tema que dice que soy borracho y haragán (“El Pibe Cantina”), y ahora me paseo en mi auto. Está bien, puede ser, pero yo no me gané la lotería, la plata la hice laburando, ¿me entendés? Me llaman El Pibe Cantina. ¿Cuál es el problema? El Pibe Cantina es el más desacatado de todos, el que curte todas, drogas, alcohol, todo lo que sea alucinógeno. Eso es ser cantina. Viste que cuando vas a una cantina están los chabones alucinados, remamados…

Cronista: ¿Vos sos “cantina”?

P. L.: Y, sí…

Cronista: ¿Cuál es la droga del barrio?

P. L.: Acá, en la provincia… aguante jalar Ran, ¿me entendés? Acá les sacás la ficha porque los vagos tienen las manos, los pantalones todos pegoteados. Aunque ahora al Poxi Ran le sacaron el tolueno, que es la sustancia que te hace alucinar, que te rompe los pulmones. Ahora la onda es el Forté, otra marca que sí tiene tolueno. Además, el tolueno pega mejor…

Cronista: Cada vez que hablamos sobre su relación con las drogas —una cuestión ineludible, habida cuenta de que unas cuantas letras de los grupos de Pablo se refieren al asunto, tan explícitamente como cualquier canción de Andrés Calamaro— Pablo se define de una manera diferente. Y así como la primera vez que nos vimos asumió su condición de cantina, la segunda vez, se contradijo:

P. L.: Yo no curto ninguna. Yo trabajo. Cuando me retire de todo esto, no sé qué va a ser de mi vida, pero estoy en una etapa de producción, de generar cosas… Ya vendrá el tiempo de la joda (Riera, 2001).

Como señala en este caso el entrevistador, la condición de “cantina” (descontrolado) se contrapone a la de “trabajador” y Pablo Lescano se desliza de una posición a otra en el curso de unas pocas líneas de un mismo reportaje. En definitiva, la misma heterogeneidad interna que conforma este valor endo-exogrupal en las canciones emerge en un contexto discursivo externo a ellas, y así confirma su relevancia global.

La matriz valorativa exogrupal del trabajo y la producción, burguesa y no marginal en su génesis y proyección, se expresa claramente en estas situaciones discursivas y convive con la exaltación positiva de la pérdida del autocontrol. En definitiva, y traduciendo esta lógica a los componentes formales ya presentados, en este caso se verifica una combinación de la revalorización no competitiva con la innovadora.

8.4. Capacidad de afecto

  • Esquema básico: “Nosotros somos más afectivos que ustedes”
  • Presencia estadística total: 26
  • Orientación predominante: positiva (20 a 6)
  • Zona identitaria: revalorización competitiva

 

La capacidad de afecto es otro de los valores o dimensiones que centralmente el endogrupo reivindica para sí. Como en el caso anterior, es un valor compartido con el exogrupo no villero, pero el acto mismo de asignarse una capacidad afectiva y tematizarla en algunas canciones reformula y pone en disputa una imagen que en la cumbia villera se presupone unívoca y sin excepciones.

La capacidad de afecto es sin dudas un valor que vincula a algunos miembros del endogrupo con otros, como hemos visto en las redes accionales, y en este sentido tiene una dirección reparatoria y reforzadora de la identidad que excluye cualquier hostilidad o cotejo valorativo directo.

Como vemos en este cuadro, a diferencia del predominio negativo de las referencias al autocontrol, lo que aquí se impone en frecuencia son las menciones positivas por sobre las negativas, tanto en referencias (15 a 5) como en apariciones (20 a 6).

Las menciones negativas son relativamente escasas, pero expresan relaciones de contrariedad afectiva que destacan, paradójicamente, la cesación de un amor que alguna vez existió:

“me vienes a encarar con que te quieres casar” (1)

(“Ando ganando” – Damas Gratis)

“lo guampudo que sos / porque a tu mujer, / me la estoy comiendo yo.” (2)
(“Poliguampa” – Los Pibes Chorros)

“Pero qué pasará, ya tendrás la libertad / sos joven y bonita, otro hombre golpeará, tu puerta una vez más, se quedará en tu vida, / y lo que mío fue, todo será para él” (3)
(“Antes de partir” – Metaguacha)

“El niño que soñamos, no tiene mi apellido tampoco es de mi sangre” (4)

(“Como yo te lloré” – Metaguacha)

“que su propia mujer lo engañaba conmigo” (5)

(“Tu mujer se me regaló” – Guachín)

El origen del desencuentro afectivo radica en (1) el amor por interés. En el segundo grupo de referencias, hay una situación de abandono amoroso que justifica la hostilidad (3). El último conjunto de apariciones está ligado a la infidelidad que expresa una virilidad superior (5). Podemos decir que la capacidad de afecto, aun negativizada o revertida, se repliega sobre el endogrupo, en todos estos casos, para transformar en desapego lo que antes era afecto.

En el caso de las referencias positivas, que son predominantes, el abanico de menciones que expresan afecto es bastante variado en sus formas:

“Cuando tu madre te va a visitar el dolor en su alma trata de soportar” (6)

(“El pibe del barrio”- Damas Gratis)

“mi madre querida / que no para de llorar / al ver mi sufrimiento” (7)

(“Marginado” – Guachín)

“Pero no de la vieja, / que es lo más importante.” (8)
(“No me toques a la vieja” – Metaguacha)

“Por darte todo / están mis brazos cansados” (9)

(“Ingrata” – Damas Gratis)

“me he preocupado por hacerte una reina / por verte más bella” (10)

(“Ingrata” – Damas Gratis)

“los amigos de siempre lloran, tu partida, / si preguntan por ti mis hijos,” (11)

(“Viejo te extraño” – Metaguacha)

“Ahora faltas tú en mi corazón, / no sabes qué cruel es vivir sin ti, / viejo querido, como te extraño hoy.” (12)

(“Viejo te extraño” – Metaguacha)

“Sus amigos y parientes / hoy lo van a visitar” (13)

(“El prisionero” – Los Pibes Chorros)

“toda la villa la busca” / “cómo extraño tu amor tan maternal / no sé dónde te has ido, / a dónde estás mamá” (14)

(“Perdida” – El Indio)

“Tú, simplemente tú / fuiste la que yo soñé / tú, solo tú, / la que desde niño amé” (15)
(“Simplemente tú” – Guachín)

“Sandra te queremos ver / te extrañamos de verdad” (16)

(“La Sandra” – La Piba)

El foco de este desempeño afectivo puede ser la chica amada, como en (5), el padre o la madre que falleció (9), el amigo que está en la cárcel (8) o la chica que se fue de la villa (11). Como valor grupal, la capacidad de afecto predica la posibilidad de compararse positivamente en una escala que, al contrario que otros ejemplos que analizaremos, es claramente reivindicada por quienes no son villeros.

Además de esta valoración positiva de las capacidades propias, la comprobación de esta superioridad, como he corroborado en otro lugar, también está asentada en la revelación de que las contrafiguras exogrupales por excelencia, los policías, chetos y patovicas, carecen de la profundidad emocional y de las aptitudes morales que hacen posible el amor fraternal, filial o de pareja[1]. En términos de las imágenes grupales construidas, la revalorización practicada en este caso es de transición o competitiva, ya que se inscribe en una escala de comparación suscribible exogrupalmente pero de un modo no compartido por ese exogrupo, ya que excluye a policías, chetos y patovicas como objetos o sujetos de amor.

8.5. Capacidad de diversión

  • Esquema básico: “Nosotros sabemos divertirnos más que ustedes”
  • Presencia estadística total: 120
  • Orientación predominante: positiva (114 a 6)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

A diferencia del valor anterior, la capacidad de diversión es quizás el eje externamente más reconocible asignado a la cumbia villera como género. El estereotipo externo respecto de las letras festivas y superficiales, que hablan de situaciones de disfrute que involucran sexo, drogas y alcohol, coloca a la diversión como elemento central de un movimiento descriptivo que en ningún momento presenta este rasgo como capacidad o positividad, sino como desvío de una conducta deseada.

En este sentido, una referencia muy clara a esta asociación entre diversión y consumo de drogas o alcohol aparece en uno de los apartados de la regulación que el Comité Argentino de Radiodifusión (COMFER) propuso en el año 2002:

En las emisiones donde se expusieran contenidos asociados a las composiciones de la denominada cumbia villera, vinculados al consumo y tráfico de sustancias psicoactivas en general, se considerarán para el caso de infracción a la normativa vigente, las siguientes cuestiones (…)
Si se manifestase una asociación entre el consumo de sustancias tóxicas e ideas como la diversión, el bienestar, el placer, el incremento del rendimiento físico o el éxito social, económico y/o sexual, en cuanto ello no presentara una resolución dramática adecuada (Documento del COMFER – Comité Federal de Radiodifusión, República Argentina).

Podemos decir que el desplazamiento identitario opera desnegativizando este rasgo y postulando una escala de mérito positiva que consiste en “saber divertirse”. La carencia moral se convierte, de esta manera, en una capacidad o destreza, en una positividad que merece ser reivindicada.

La diferencia entre menciones positivas y negativas a esta dimensión es claramente favorable a las primeras por sobre las segundas. El total de acciones que afectan positivamente la capacidad de diversión es de 21, contra 6 menciones negativas. Si detallamos estas métricas en relación con las apariciones textuales, la diferencia es aún mayor, ya que contamos 114 alusiones positivas contra solo 6 negativas.

De una manera concluyente, las acciones endogrupales de reafirmación de este valor predominan respecto de su mención negativa.

La negatividad respecto de esta dimensión se organiza en torno a actantes que limitan la posibilidad de gozar del sexo, la droga o el alcohol, ya sea por su pertenencia al exogrupo (chetos o “antifiestas”) o por representar el camino del autocontrol y la sanación ya comentado anteriormente, encarnado en el doctor. Ejemplos de las apariciones textuales que afectan negativamente la capacidad de diversión son:

“no colás ni un cartón, ya no te quiero más” (1)

(“Tú no eres como yo” – Damas Gratis)

“encima sos concheta, vos sos una anti-fiestas” (2)

(“Tú no eres como yo” – Damas Gratis)

 

“Mi mujer no quiere que la toque, / y yo estoy por reventar, / le duele la cabeza” (3)
(“No quiere que la toque” – Metaguacha)

“Ay qué loco, loco estoy / vengo de ver al doctor / ya no puedo fumar” (4)

(“No me quiero curar” – Los Pibes Chorros)

Las apariciones positivas, en cambio, aunque temáticamente resultan más diversas, exaltan siempre la posibilidad de disfrutar no solo de las adicciones, sino del sexo, la música o de un pasar económico provechoso:

“Ahora que tengo un Mercedes Benz / y ando ganando bastante bien” (5)

(“Ando ganando” – Metaguacha)

“Borracho soy, no importa lo que digan / no me rescato, yo me tomo la vida” (6)

(“Soy borracho” – Yerba Brava)

“que me tomé hasta el vino del cura / y ahora tengo una flor de locura” (7)

(“No tomes” – Damas Gratis)

“Suena la cumbia, y los tambores, / todo el villerío está de fiesta” (8)

(“Cumbia chapa” – Metaguacha)

“estoy re loco, estoy de la cabeza / me estoy matando con vino y cerveza” (9)
(“Reloco estoy” – Metaguacha)

“Todos los pibes vamos relocos / vamos tomando / vamos agitando” (10)

(“El regreso del pibe moco” – Los Pibes Chorros)

“María Esther es una piba / que nació para escoger” (11)

(“María Esther” – Los Pibes Chorros)

“juntos con los pibes / me pongo a tocar / esta cumbia” (12)

(“Reloco” – El Indio)

A diferencia del autocontrol, la capacidad de diversión invisibiliza los aspectos negativos del disfrute sensual o adictivo y por ello presenta solo positividad al momento de gozar de ellos. Cuando no hay capacidad de diversión, es porque alguna situación excepcional, incluida la filiación exogrupal, se interpone en el camino.

En términos del tipo de acción identitaria desplegada, la capacidad de diversión se ubica netamente dentro de la creatividad social o de la revalorización innovadora, ya que, desde el punto de vista del endogrupo, lo que se sostiene es que la capacidad de diversión es algo que el endogrupo posee y el exogrupo no.

8.6. Capacidad de lucha

  • Esquema básico: “Nosotros luchamos por nuestros derechos más que ustedes”
  • Presencia estadística total: 2
  • Orientación predominante: positiva (2 a 0)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

Esta dimensión tiene una presencia globalmente escasa en las letras relevadas, pero hace referencia a un aspecto crítico de la cumbia villera absolutamente ausente en las semblanzas que de ella se hacen. La capacidad de lucha remite a las posiciones políticas, a los usos ideológicamente impugnadores que la cumbia villera, a contramano de los prejuicios existentes, ha mostrado en algunos casos.

Las menciones de este valor hacen referencia, alternativamente, al vaciamiento de la aerolínea de bandera argentina (Aerolíneas Argentinas) y al descrédito de una clase política que, representada hacia 2001 por personajes públicos como Fernando De la Rúa, expresidente, y Domingo Cavallo, exministro de Economía, se colocó en el centro de un reclamo de transparencia condensado en la frase “Que se vayan todos”, que finalmente desembocó en los terribles sucesos de fines de ese mismo año:

“Aerolíneas Argentinas, aerolíneas de la gente, / qué pedazo de ladrones, que se vayan para siempre” (1)

(“Aerolíneas Argentinas” – El Indio)

“se siente, se siente, el pueblo está caliente, nos dejan sin trabajo, los mandamos al carajo.” (2)

(“Aerolíneas Argentinas” – El Indio)

“Si la plata no está / Vendiste a la Argentina / Sos capaz de vender a tu mamá…” (3)
(“El patacón” – Damas Gratis)

“La puta que te parió (Cavallo) / Devolvé la plata / Que te llevaste al exterior / Al exterior…” (4)

(“El patacón” – Damas Gratis)

“Políticos, de porquería / Se robaron Lo poco que quedaba en la Argentina” (5)

(“El patacón” – Damas Gratis)

Por su limitada presencia estadística, no sabemos si este es un aspecto que debería considerarse vinculado al esquema de grupo característico de la cumbia villera.

Por lo menos en términos de la clásica lectura respecto de la apoliticidad o conservadurismo del género, esta posibilidad de un uso crítico presenta una excepción a la que se debería prestar atención. Considero que el tipo de acción identitaria asociada a este valor, en parte definido por esta excepcionalidad que señalo, es de revalorización no competitiva, ya que no está en el centro del ejercicio reivindicatorio grupal y cuando lo hace no aparece con rasgos semánticamente específicos[2].

8.7. Capacidad de seducción

  • Esquema básico: “Nosotros somos más seductores que ustedes”
  • Presencia estadística total: 26
  • Orientación predominante: positiva (20 a 6)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

La capacidad de seducción es otro de los valores más reivindicados en las canciones, pero se despliega dentro de un área semántica no equivalente a la de la virilidad como atributo, sino a la del placer sensual y sexual que excede la ostentación masculina.

Como en todos estos casos, hay un neto predominio de las referencias y apariciones positivas por sobre las negativas (11 y 3, y 20 y 6 respectivamente).

En el caso de las apariciones negativas, lo que restringe la capacidad de seducción, ubicada preferentemente en el varón, puede ser la reticencia o el rechazo femenino, la tendencia a la masturbación o la tendencia de algunas mujeres de elegir un cheto como objeto de amor:

“pero las mujeres / me cortan el rostro” (1)

(“Descontrolado” – Guachín)

“Me dijeron de que él / tiene muchas fotos de mujeres, / dentro de su habitación” (2)
(“El masturboy” – Guachín)

“con la mente te arreglás / y creás una novela” (3)

(“El masturboy” – Guachín)

“me quiero chamuyar alguna mujer / y no me dan cabida” (4)

(“La vagancia” – Guachín)

“qué martirio es para mí amarte corazón / siempre noche y día / no, ya no puedo más” (5)

(“Por qué no me lo das” – Guachín)

“no sé por qué el dinero te cambió / no sé por qué si sos igual que yo” (6)

(“Sos una careta” – Guachín)

Sin embargo, aunque las referencias positivas son predominantes, no están centradas solo en el poder del varón, sino, en una medida inquietante, en una potencialidad femenina que transforma a las mujeres en provocadoras directas del placer sexual:

“que te lleven de la mano, que te inviten a un hotel, no lo hacés por dinero, sólo lo hacés por placer.” (7)

(“Se te ve la tanga” – Damas Gratis)

“Y le das para abajo, pa’ abajo, pa’ abajo, pa’ abajo y pa’ abajo” (8)

(“Se te ve la tanga” – Damas Gratis)

“Pero la turra / Ahora quiere más” (9)

(“Correla que va en chancleta” – Los Gedes)

“Ella es loca por los burros / Pero no hay fija que le venga bien” (10)

(“María Esther” – Los Pibes Chorros)

“sos una loca degenerada” (11)

(“Nancy” – El Indio)

“Menea, abre las piernas, / te muestra todo y sin la tanga / te acaba con la mirada” (12)

(“Nancy” – El Indio)

“Cómo grita tu señora / Cómo grita tu señora / cuando está en mi cama / ella grita así: aaaayyyy!!” (13)

(“Cómo grita tu señora” – El Indio)

Si una de las expresiones más clásicas del machismo es concederle a la mujer el papel pasivo de compañera sexual sin voz ni subjetividad, podemos decir que la imagen de la femme fatale villera, dadora y receptora de placer, no responde exactamente a esos parámetros. Si el rol concedido es el de “puta”, no en su acepción vinculada al intercambio de sexo por dinero, sino en el de chica que tiene sexo con varios partenaires exclusivamente por placer, parte de esa atribución, paradójicamente, parece empoderar a las mujeres y colocarlas en el centro de un movimiento de admiración que no ha sido destacado regularmente por los analistas de este fenómeno.

¿Qué les pasa a las mujeres que parecen disfrutar de estas canciones y bailarlas? ¿Significa que aceptan todo lo que las letras literalmente dicen sobre ellas? La respuesta general que los investigadores Pablo Semán y Daniel Vila parecen dar, en una investigación respecto de la manera en que las mujeres participan de la diversión que la cumbia villera propone, es que hay una especie de separación entre la mujer festiva y la mujer real, y que muchas chicas “hacen de putas” en la situación específica del baile y respondiendo a los parámetros simulados de esa situación (Semán & Vila, 2007, pp. 53-55).

Sin embargo, parece haber un modo específico en que la atribución de un rol denigrante a las mujeres puede ser resignificada o transformada en un cierto empoderamiento de su imagen ante el varón en el momento de la situación festiva. Ya no se trata de “hacer de putas”, sino de celebrar el propio cuerpo y de colocarse conscientemente como objeto de deseo:

Pablo: Entonces mi pregunta aquí es: ¿desde dónde te “celebras” como mujer?

¿Desde la mirada del hombre? ¿Máxime si esa mirada es tan misógina? En definitiva, ¿qué es lo que celebrás?

Malvina: Me parece que lo que la mujer rescata ahí es la celebración de ella misma como mujer: de su cuerpo, de su anatomía, de sus movimientos, también (por qué no) de su inaccesibilidad…

Con esto quiero decir: cuando pasan el tema de Pibes Chorros, “Andrea”, no escuchás sólo la parte en la que dice que sos ligera, sino también el resto. Y del resto, cuando dice: “y le das para abajo, pa’bajo, pa’bajo… y le das para atrás, pa’delante y pa’tras”, no estás pensando sólo en que el varón enuncia y está diciendo que sos una puta por hacer eso, sino que te pasan dos cosas complementariamente, una que se piensa y otra que se hace. Se piensa que esa alusión a un movimiento desarrollado durante una relación sexual a la mujer también puede gustarle y traerle a colación una situación placentera (sea real o imaginada). O sea, dejando de lado la voz masculina que la somete, la mujer también puede recuperar ahí (imaginariamente) la realización de su propio deseo sexual. Y se hace un pasito de baile acorde al ritmo de la canción, el llamado “meneaito”, que consiste en lo siguiente: se abren las piernas con las rodillas abiertas, y moviendo las caderas y la cola en círculos, se va bajando hasta casi tocar el piso, luego se hace lo mismo para subir. Y en ese momento de celebración a través del baile, la mujer sabe que está siendo admirada por otras mujeres (ya que no son todas las que saben hacer este paso bien, aunque sí muchas las que se animan) pero fundamentalmente por los hombres, que tranquilamente pueden estar dándose cuenta “lo que se pierden o se perdieron, lo que nunca van a tener”, etc. (Semán & Vila, 2007, p. 58).

Superando el movimiento cosificador o, mejor dicho, acentuándolo desafiantemente, muchas mujeres pueden desplegar un lugar de poder que opera movilizando la capacidad de seducción a su favor. Así como en algunas dimensiones de comparación conviven la innovación con la revalorización competitiva o no competitiva, en la capacidad de seducción atribuida a las mujeres parecen coexistir, desafiantemente, el machismo cosificador y la posibilidad de una revalorización del poder de las mujeres ejercido desde su erotismo.

En términos de la acción identitaria, la capacidad de seducción ejercida de este modo se ubica, netamente, del lado de la creatividad social, ya que, diferenciando sustancialmente su discurso de aquel sustentado, por ejemplo, por la cumbia romántica, se articula con la capacidad de diversión como uno de los rasgos convocantes de la identidad villera.

8.8. Capacidad de sufrimiento

  • Esquema básico: “Nosotros sufrimos más que ustedes”
  • Presencia estadística total: 41
  • Orientación predominante: positiva (41 a 0)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

Las referencias a la capacidad de sufrimiento conforman un polo identitario asentado exclusivamente en la negatividad de lo que le sucede al endogrupo, pero que es transformada en positividad a partir de la exaltación de cierta actitud estoica ante el dolor. Al igual que en otros géneros musicales populares, las situaciones de sufrimiento se transforman en el eje de un movimiento de autoapología fundamentado en la necesidad y en la virtud de soportar especialmente el dolor del abandono emocional.

Lo característico de esta distribución es el predominio absoluto de la positividad, que se refleja tanto en las referencias como en las apariciones discursivas vinculadas a ellas (10 y 41 casos respectivamente).

Hay tres acciones que concentran la mayoría de las existencias textuales de esta dimensión, ellas son {siente_tristeza}, con 15 presencias, {es_abandonado/a}, con 9 casos registrados, y {siente_ingratitud}, con 7 existencias.

En el primer caso, la posición del enunciador se reduce a lamentar los efectos del abandono amoroso ya consumado, recurriendo al alcohol o en ausencia de él:

“Qué difícil es vivir sin ti, qué difícil es vivir sin ti” (1)

(“Viejo te extraño” – Metaguacha)

“Solo y triste me refugio en mi guarida / con un vino estoy calmando mi dolor” (2)
(“Sentimiento villero” – Los Pibes Chorros)

“Maldita… / Todavía la resaca de tu amor / me sigue pegando, me sigue pegando y me re cuesta superar este bajón” (3)

(“Sentimiento villero” – Los Pibes Chorros)

“Se forma en mi garganta, un nudo de dolor / quizás por nuestros hijos, aunque la realidad” (4)

(“Antes de partir” – Metaguacha)

“Si te acuerdas de mí, / si me amaste una vez / llorarás esta noche / como yo te lloré” (5)
(“Como yo te lloré” – Metaguacha)

“Ando triste por la calle, sin ti, / voy camino a la locura, por ti, / con la mirada perdida” (6)

(“Locura transitoria” – Metaguacha)

En el segundo conjunto, la acción descripta coincide con el momento mismo de la separación:

“vos te fuiste con tu madre para el Chaco / y en la villa sin tu amor yo me quede.” (7)
(“Sentimiento villero” – Los Pibes Chorros)

“Otra vez solo me quede” (8)

(“Con vos todo mal” – Fuerza Villera)

“quise tomar tu mano, / besarte como antes, / pero no estabas sola, / alguien iba contigo.” (9)

(“Como yo te lloré” – Metaguacha)

“hoy tu novia te dejó / masturboy, masturboy / esta noche busca amor” (10)

(“El masturboy” – Guachín)

“Quiero saber por qué te vas” (11)

(“Por qué te vas” – Guachín)

“ya llega la noche, / y aquí me pongo a pensar / por qué te fuiste paloma / dejándome en soledad” (12)

(“Vuelve paloma” – Guachín)

Es posible destacar, en este segmento, dos referencias al abandono que rompen la regla de la centralidad masculina en la escena, ya que en estos casos es el varón el que deja a la chica, y no es casualidad que la segunda referencia (14) provenga del conjunto musical La Piba, encabezado por una mujer:

“él se tuvo que marchar, no lo puedes olvidar “ (13)

(“Muchacha sola” – La Base)

“la hizo reír después la hizo llorar / la embarazó y se borró” (14)

(“La Sandra” – La Piba)

En tercer lugar, el foco está puesto no en el momento del abandono ni en la tristeza producida por la separación, sino en la ingratitud percibida. Esta es la variante que podemos caracterizar como más cercana al sentimiento exaltado por el tango como género que tematiza el desengaño y la traición amorosa:

“he recibido como gran recompensa / solamente una ofensa / que me dejes de lado” (15)

(“Ingrata” – Damas Gratis)

“y tú me das dolor / ingrato amor” (16)

(“Ingrata” – Damas Gratis)

“y en vano / me estás matando” (17)

(“Ingrata” – Damas Gratis)

“Te robaste a mi amor, te marchaste de mi lado / vos quisiste jugar / con mi tonto corazón” (18)

(“Solo aspirina” – Damas Gratis)

“lo que hiciste por mi amor / algún día lo vas a pagar” (19)

(“Alto faso” – Damas Gratis)

“Así es como me amás, / y a mi amigo te lo transás” (20)

(“Entregadora de marrón” – Flor de Piedra)

“así es como me querés, / y a mi amigo te lo movés” (21)

(“Entregadora de marrón” – Flor de Piedra)

“Me mentís, y con cualquiera te acostás / Vos sabés que no te puedo olvidar” (22)
(“Con vos todo mal” – Fuerza Villera)

Podemos decir que, estableciendo como frontera la correspondencia del afecto, esta dimensión coloca a la pareja amorosa que se aleja o que traiciona, si bien no establemente en el exogrupo, al menos por fuera de la zona del endogrupo más próxima.

En términos del tipo de acción identitaria ligada primordialmente a esta dimensión, es posible sostener que la capacidad de sufrimiento se inserta dentro de una modalidad de revalorización no competitiva, ya que no se alinea en forma y contenido con los valores exogrupales.

8.9. Credibilidad

  • Esquema básico: “Nosotros somos más creíbles que ustedes”
  • Presencia estadística total: 2
  • Orientación predominante: positiva (2 a 0)
  • Zona identitaria: revalorización competitiva

Las alusiones al valor “credibilidad” son las más escasas de este relevamiento y pertenecen a una sola canción del corpus, que es “Plata no hay”, del conjunto Metaguacha:

“Hace frío en la calle, y se siente muy solo / con sus años gastados, años de trabajo / hoy se juega todo, / con su angustia en la cara, / empuñando un papel / ve pasar en la cuadra un auto lujoso, / observando que para sin preguntar quién era pide su billetera, / y con mucha vergüenza le pide perdón / con el arma en la mano. / Y entre forcejeos, cerrando los ojos, aprieta el gatillo / alertó una patrulla que estaba de ronda por ese lugar / y queriendo escapar en gran cantidad perforaron su cuerpo / y llegaron canales de las cuatro puntas de esta ciudad / se dijeron mil cosas saliendo en las tapas de todos los diarios / pero nunca se supo lo que halló el forense en la morgue estatal / una simple carta que en su bolsillo guardaba ese hombre / diciendo ‘Papito estamos enfermos y plata no hay’. /”

Más allá de las circunstancias generales que preceden y de algún modo justifican en este caso al hecho delictivo, la acción que se relata cuestiona su cobertura sensacionalista, capaz de pasar por alto las necesidades materiales acuciantes que llevan a una persona a robar. Nuevamente operando en contra del prejuicio externo respecto de la atribuida tendencia a hacer apología del delito, esta canción denuncia la trama de intereses que se moviliza a favor de una visión periodística condenatoria y simplificadora de los móviles reales de un robo.

Mediante este movimiento de crítica, los medios de comunicación se sitúan por fuera de las fronteras endogrupales, y como esta falta de credibilidad es un valor exclusivamente asignado al exogrupo, solo hay referencias negativas a él, aunque en una frecuencia muy baja. La acción identitaria ejercida puede ser caracterizada como de revalorización competitiva, ya que se sustenta en un valor compartido con el exogrupo, pero orientándolo negativamente hacia un actante externo.

8.10. Éxito económico

  • Esquema básico: “Nosotros tenemos más dinero que ustedes”
  • Presencia estadística total: 7
  • Orientación predominante: positiva (5 a 2)
  • Zona identitaria: revalorización competitiva

 

El valor “éxito económico” representa, en las canciones, la posición endogrupal respecto al dinero y el progreso material. ¿Cómo transformar un valor social mucho más amplio, un valor burgués, en un estandarte grupal? La respuesta a esta pregunta parece ser que en ningún caso se rechaza la posesión de poder económico o bienestar material, sino las formas de conseguirlo vinculadas al ejercicio de una profesión o trabajo.

En la distribución de acciones relacionadas con esta dimensión, hay un predominio, tanto en referencias como en apariciones textuales, de las alusiones positivas por sobre las negativas (4 a 2 y 5 a 2 respectivamente).

La historia de “Duraznito” es muy ilustrativa respecto del papel ambivalente que tiene lo económico en la trama de valores internos:

“Se borró duraznito de la villa. / Se llevó toda la plata del blindado. / Esa que nos habíamos afanado / La otra noche en la General Paz. / Nos acostó a nosotros, sus amigos. / Nos dejó a todos sin un centavo. / Ahora tiene un piso en Belgrano. / Y en un Mercedes se pasea por la ciudad. / Miralo a “duraznito” viviendo la buena vida. / Y nosotros que pensábamos que era retrasado. / Ahora está rodeado por las mejores minas. / Y nosotros los vivos, en Devoto encerrados. / Y sin un mango!!!”

En este caso, “Duraznito”, integrante de una banda de ladrones, traiciona a sus compañeros y se queda con todo el botín. Este accionar provoca, casi al mismo tiempo, una actitud de rechazo (“nos acostó a nosotros, sus amigos”) y de admiración (“Ahora está rodeado de las mejores minas. Y nosotros los vivos, en Devoto encerrados”).

Respecto de las drogas, como forma de progreso económico, las referencias tampoco son negativas, sino más bien picarescas y cómplices:

“Está abierta todo el día / y también toda la noche / ellos tienen muchos viajes / pero no tienen ni un coche.” (1)

(“El viaje” – Los Pibes Chorros)

“él trafica ravioles / los lleva en la panza” (2)

(“Willy” – El Indio)

Respecto de las acciones que afectan negativamente al valor “éxito económico”, en algunos casos se expresa claramente la adhesión a la positividad intrínseca de esa dimensión:

“Vos que te la das de villero, y cruzado me mirás / andá pensando algo urgente, / porque la fama se te va / si no se te ocurre nada, tengo algo para vos / un carrito con dos ruedas, para que juntes cartón” (3)
(“El pibe villero” – Flor de Piedra)

Así como se reverencia la actitud de “Duraznito”, que traiciona al grupo para enriquecerse, se utiliza el éxito económico para humillar al que no lo tiene.

Ser cartonero es, en esta misma clave de lectura, algo denigrante, del mismo modo en que lo es para alguien externo al endogrupo. Podemos decir que la escala valorativa endogrupal y exogrupal confluyen globalmente en este caso.

En otros casos, aunque sin un despliegue humillatorio, se reconoce la relevancia de situación económica en la conformación del bienestar personal:

“Dejaste la cocaína / dejaste la marihuana / largaste a todas tus minas / y el vino en damajuana. / Perdiste toda tu guita / y te fuiste a la villa / pero nunca dejarás / de tomar pastillas” (4)
(“Empastillado” – Los Pibes Chorros)

En todo caso, existe la posibilidad de que el esquema de grupo, la estrategia identitaria, se construya no renegando del dinero y de su importancia, pero valorizando diferencialmente las formas delictivas de conseguirlo.

El éxito económico parece encuadrarse típicamente, entonces, como un caso de lo que denominamos revalorización competitiva, ya que se reivindica la posesión de dinero, que es un valor social que podemos considerar hegemónico, pero no planteando límites éticos en sus mecanismos de obtención. Lo que el endogrupo plantea como un rasgo identitario fuerte no es aspirar al bienestar económico, sino arribar a ese estado a partir de medios no suscriptos externamente, lo cual configura a su vez tanto una posición ideológica general como una acción identitaria específica.

8.11. Fama

  • Esquema básico: “Nosotros somos más famosos que ustedes”
  • Presencia estadística total: 2
  • Orientación predominante: igualdad de orientaciones (1 a 1)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

El valor “fama” tiene una presencia muy secundaria en las letras (solo una referencia positiva y una negativa), pero, casi a la par de la ponderación positiva del éxito económico, revela parte de un sistema de valores que expresa la adhesión a parámetros de éxito venerados fuera de las fronteras endogrupales.

En uno de los casos registrados, “ser conocido” está vinculado a la condición de narcotraficante del protagonista de la trama. Es una fama local, circunscripta al barrio, pero implica claros elementos de valoración positiva:

“Mi amigo Willy / es un famoso traficante, / no trafica yerba / ni tampoco estimulante, / él trafica ravioles / los lleva en la panza, / y todo el mundo lo conoce / porque anda en la transa” (1)
(“Willy” – El Indio)

En otra de las apariciones, la referencia a la fama se vincula al contexto de la actuación artística, pero para asociar su decaimiento con la carencia de poder económico:

“Vos que te la das de villero, y cruzado me mirás / andá pensando algo urgente, / porque la fama se te va / si no se te ocurre nada, tengo algo para vos / un carrito con dos ruedas, para que juntes cartón”(2)
(“El pibe villero” – Flor de Piedra)

Ambas referencias son las únicas del corpus, y se oponen entre sí en sus efectos respectivos, ya que expresan un crecimiento o una disminución de la dimensión “fama” en cada situación. En todo caso, ni su alusión positiva ni la negativa desvirtúan la importancia que el ser conocido tiene para el endogrupo villero.

Ni en términos del contenido ni de las formas en que esta dimensión aparece, la acción identitaria parece introducir modalidades de evaluación que la distancien de lo exogrupal, por lo cual es posible considerar esta estrategia como de revalorización no competitiva.

8.12. Integridad

  • Esquema básico: “Nosotros somos más íntegros (mejores personas) que ustedes”
  • Presencia estadística total: 2
  • Orientación predominante: positiva (2 a 0)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

Esta dimensión ocupa el 6 % de las referencias globales y está representada con 7 referencias positivas (con 9 existencias textuales asociadas) y 5 negativas (con 7 existencias textuales asociadas). En términos generales, es la quinta en relevancia en todo el corpus, con lo cual su papel como organizadora de la identidad grupal es muy importante.

El valor que denomino integridad tiene, en este sentido, una fuerte carga ética y representa la escala de valores del endogrupo villero en tanto casi todas las alusiones negativas provienen de actantes exogrupales que no respetan a alguien de ese sector por su simple condición de habitante de la villa. Desempeñarse negativamente en relación a este valor implica, en primer lugar, socavar las bases del respeto individual al protagonista villero de cualquier narración, pero también no prestar ayuda o no asistir a quien la necesita en su simple condición de adicto o ladrón.

Hay, entonces, una base específica de la integridad que ancla en la naturaleza villera de los actantes involucrados, pero hay una extensión o proyección de ella que encuentra sustento en la condición humana más amplia de los protagonistas.

Respecto de la primera variante, los actantes exogrupales que faltan el respeto o rompen códigos internos pueden ser policías (“Decís que te llame oficial Juan Pérez / Pero vos a mí me llamás delincuente”), chetos varones (“por eso es que vos, caretón / no vas a ser para mí…”) o chetas mujeres:

“pero vos estás zarpada de careta / encima sos concheta, vos sos una anti-fiestas / por eso es que tú, no /no vas a ser para mí / por eso es que tú, concheta / no vas a ser para mí” (1)
(“Tú no eres como yo” – Damas Gratis)

En su versión menos restringida, la integridad afectada negativamente alude al respeto natural del que somos merecedores más allá del grupo social al que pertenecemos:

“Hoy la calle es mi vida / y allí paso todo el tiempo / ya perdí mi familia, / mi novia y mi hogar. / Pido a gritos que me ayuden / pero nadie me responde / hice ya lo que pude / pero no pude dejar” (2)
(“Tú no eres como yo” – Damas Gratis)

Desde el punto de vista de su afirmación positiva en algunas de las letras, la integridad se vincula siempre a actantes endogrupales y a acontecimientos en los cuales se muestran atributos valiosos como la memoria de alguno de ellos (“Y hoy en aquella esquina / donde su cuerpo cayó hay una cruz de madera / que recuerda al pibito ladrón”), su condición de persona capaz de pedir perdón por someter a alguien a un robo (“y con mucha vergüenza le pide perdón / con el arma en la mano”) o la naturaleza de individuo esforzado y trabajador adjudicable a algunos de los protagonistas:

“Pegado quedaste, a la sombra te mandaron / saliste al dos por uno y en la calle andas vagando. / Buscando trabajo, saliste a recorrer” (3)
(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

Al centrarse en una naturaleza humana más global, las formas de alusión a la integridad, sobre todo las positivas, son las que más claramente tienden un puente o vinculan fuertemente el sistema de valores grupales con aquel que impera en el exterior sociológico, y es por ello que en este contexto quien roba puede pedir perdón por las consecuencias de sus actos, y a su vez puede transformarse en alguien memorable no por haber actuado como ladrón llevado por la necesidad, sino por haber sido una persona humilde y despreciada por el mundo. Lejos de justificar o hacer una apología del robo, podemos decir que las letras que priorizan la integridad reivindican al endogrupo no por sus especificidades o diferencias, sino por sus parecidos de fondo con aquello que lo excede como tal. La acción identitaria, por lo tanto, es de revalorización no competitiva.

8.13. Lealtad identitaria

  • Esquema básico: “Nosotros somos más como nosotros que ustedes”
  • Presencia estadística total: 44
  • Orientación predominante: positiva (29 a 15)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

La dimensión “lealtad identitaria” es clave en el desempeño del esquema de grupo de la cumbia villera. Para esta dimensión, el relevamiento arroja un total de 18 % de presencias en las acciones consideradas y coloca a este rubro en el tope del recuento general. Este valor representa, por excelencia, la superioridad intrínseca que implica la pertenencia de cualquier persona al endogrupo villero. De un modo simple y contundente, esta dimensión está indicando que es mejor ser villero que no serlo y esto es válido más allá de las propiedades, valores y creencias que formen parte de esta ontología de base.

Las referencias positivas a este valor alcanzan un total de 23, mientras que las negativas suman 5. En el terreno de las existencias textuales, la relación es de 29 a 15. Las referencias negativas son, en consecuencia, predominantes para esta dimensión, e indican una actividad demarcatoria de propios y ajenos que está en el eje mismo del mensaje identitario de este género musical.

El aspecto de la creatividad social, que subraya aquello en lo cual nuestro grupo es irreductiblemente distinto, presenta aquí su foco máximo de actividad.

En este contexto, hay dos maneras básicas en que es posible no honrar el mandato identitario; no pareciéndose al endogrupo estructuralmente o por un cambio específico de conducta, o traicionando a alguien del grupo con alguna acción o actividad concreta.

Ejemplos de la primera variante son estos casos:

Ser policía: “ahora patrullás la ciudad” (1)
(“Sos botón” – Flor de Piedra)

Ser o simular ser cheto: por eso es que vos, caretón no vas a ser para mí” (2)

(“Tú no eres como yo” – Damas Gratis)

Ser o simular ser cheta: “Hoy te hacés la cheta y no te cree nadie”(3)
(“Sos una careta” – Guachín)

Ser soplón de la policía: “Cuando sabe de un afano corre a la comisaría todos saben que es ortiba buche de la federal.” (4)
(“El guacho cicatriz” – Los Pibes Chorros)

Simular ser villero: “se la da de pibe cantina” (5)
(“La vuelta” – El Indio)

Ejemplos de la segunda variante, predominantemente accional, son los siguientes:

Te cagaste en tus amigos, / que patearon junto a vos” (6)
(“Hijo de yuta” – El Indio)

“Decile que hay quilombo que un gil me desconoció” (7)
(“Estamos pegados” – Fuerza Villera)

 “Ya no pisa la villa el guacho cantina” (8)
(“El guacho cantina” – El Indio)

“Se borró duraznito de la villa.” (9)
(“Duraznito” – Los Pibes Chorros)

En este segundo caso, hay un hecho puntual que inaugura la traición identitaria. No ser fiel a los amigos, desconocer los lazos primordiales o irse del espacio físico de la villa son causas suficientes para decretar el no respeto de la identidad básica, que está conformada no solo por ciertas inmanencias morales sino por un componente relacional que es necesario valorar en su relevancia. Ser “soplón” no es algo bueno en ninguna circunstancia, pero si esta función se cumple a favor de la policía, es muchísimo peor.

En definitiva, cuanto más se aleja alguien de la condición villera, peor es y menos vale como persona. El alejamiento puede ser permanente o transitorio, pero lo importante es que no resulta posible alejarse del endogrupo manteniendo un estatus positivo. La condición villera representa, en este sentido, un haz complejo de positividades que desafían, sobre todo en el aspecto de la creatividad social, lo consensuado en las escalas exogrupales.

El reclamo de autenticidad, de no renegar de la pertenencia villera, funciona aquí combinando la reivindicación de valores (como algo intrínsecamente positivo) con el posicionamiento relacional (estos valores son positivos en tanto se aplican a favor de los actantes del endogrupo). Debido a estos factores, se puede categorizar la lealtad identitaria como la dimensión par excellence ligada a la creatividad social, ya que lo que el endogrupo postula en torno a ella es que solamente sus miembros la poseen.

8.14. Libertad

  • Esquema básico: “Nosotros amamos más la libertad que ustedes”
  • Presencia estadística total: 15
  • Orientación predominante: negativa (11 a 4)
  • Zona identitaria: revalorización competitiva

 

El valor “libertad” tiene una presencia limitada en las letras, con un 4 % del total y un lugar intermedio en los cómputos generales. Las referencias llegan a 4 negativas y 2 positivas, y las existencias textuales están ubicadas en un 11 y 4 respectivamente.

Las referencias negativas a este valor se centran, indefectiblemente, en secuencias narrativas que remiten al encarcelamiento:

“Y nosotros los vivos, en Devoto encerrados / Y sin un mango!!!” (1)
(“Duraznito” – Los Pibes Chorros)

“Estás preso de nuevo, ¿verdad?” (2)
(“El pibe del barrio” – Los Pibes Chorros)

“Caminando por la calle la cana te paró” (3)
(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“Pegado quedaste, a la sombra te mandaron” (4)
(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“Y estoy en manos de un juez de menores / y así me internaron en un correccional / y así de los vicios poderme salvar” (5)
(“Instituto correccional” – Guachín)

“Le dimos para que tenga y la yuta nos sacó” (6)
(“Estamos pegados” – Fuerza Villera)

“Y ahora estamos pegados charlando con el de al lado” (7)
(“Estamos pegados” – Fuerza Villera)

“Nos llevaron al juzgado y se nos pinchó la causa” (8)
(“Estamos pegados” – Fuerza Villera)

“hace sólo un par de meses / que está preso por robar” (9)
(“El prisionero” – Los Pibes Chorros)

“En la villa andan diciendo, de tu vida en prisión / de que eras refugiado, esa es tu profesión” (10)
(“El pibe villero” – Flor de Piedra)

“El pantalón se me cae, la gorra ya la perdí / así a casa no vuelvo no sé qué voy a mentir” (11)
(“Así a casa no vuelvo” – Metaguacha)

De distintas maneras, “estar pegados”, “estar en prisión”, “ser llevados al juzgado” implican entrar en la esfera de acción de la policía o de instancias judiciales ligadas a la estadía en la cárcel. En un solo caso, la pérdida de la libertad está centrada en la imposibilidad de volver a casa en estado de ebriedad. La expectativa de estar preso, su posibilidad y el modo en que ese desenlace se inserta en trayectorias de vida más extensas, narrativizadas considerando incluso la realidad de su reiteración (“Estás preso de nuevo, ¿verdad?), expresan tanto un sesgo existencial —de algún modo sabemos que estas cosas nos suceden habitualmente— como una conformación de la subjetividad en la cual esa circunstancia no es extraña y hay que saber enfrentarla.

Las referencias positivas, correlativamente, se organizan tanto en torno al abandono de ese estado de confinamiento como, en el último caso, de la “liberación” de la tutela femenina en el hogar”:

“Un saludo a los pibes, les mando yo de aquí, para todos esos fanas que me quieran oír” / “a todos los que están presos y no puedo mencionar porque si no esta canción nunca se va a terminar” (12)
(“El pibe del barrio” – Damas Gratis)

“saliste al dos por uno y en la calle andás vagando” (13)
(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)
“hoy después de mucho tiempo salí a bailar / por pasar dos años privado de libertad” (14)
(“Cumbia tumbera” – Guachín)
“Hoy yo me escapé / de mi mujer otra vez” (15)
(“Correla que va en chancleta” – Los Gedes)

En (12), la adquisición de la libertad, así como su pérdida, se proyectan al conocimiento de una jerga que sirve para hacer referencia, desde el ámbito judicial, a la normativa jurídica internacional que regula el acortamiento de las penas de reclusión a partir de los dictámenes del Pacto de San José de Costa Rica. De esta manera, “salir al dos por uno” es cumplir un año de pena efectiva por cada dos asignados penalmente y esta información pertenece al dominio de conocimientos regulares de quien narra. Tanto en (13) como en (14), así como el caer preso forma parte de las expectativas asumidas del endogrupo villero, la actividad “post-cárcel” (salir a bailar, vagar en la calle) se integra también al panorama de lo esperable.

“Escaparse” de la mujer, en (15), forma parte de la restitución de la libertad concebida desde el punto de vista masculino, que es precisamente el que impera en las letras. A pesar de la forma humorística en que aparece, esta aspiración forma parte del repertorio básico de aspiraciones ligadas a este valor. Debido a que la dimensión “libertad” es reivindicada como un valor central en términos estadísticos y que su obtención emerge como un producto de situaciones y modos de actuar típicamente endogrupales, podemos incluirla dentro de la revalorización competitiva.

8.15. Madurez

  • Esquema básico: “Nosotros somos más maduros que ustedes”
  • Presencia estadística total: 6
  • Orientación predominante: positiva (6)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

En términos de su distribución estadística respecto de las acciones narradas, la madurez ocupa un lugar muy modesto, con solo un 3 % de las referencias totales, un número total de 6 alusiones positivas y la misma cantidad de existencias textuales totales. Por otro lado, no hay presencias negativas de este valor en ninguna de las letras analizadas.

La madurez, como valor grupal, representa dos estados bastante distintos. Por un lado, está ligada al crecimiento de una persona y al desempeño emocional y social que se espera de ella considerando su edad cronológica.

La canción “Ya seremos viejos” contiene la mitad de esas referencias positivas al proceso de crecimiento y a lo que se espera de una niña que se hace mujer:

“Viste, qué grande está la nena, / qué lejos han quedado, / los chiches, las muñecas. / Viste, ella se vio al espejo, / es una señorita, y ya tiene tu cuerpo. / Pronto, te llenará de celos, / te contará que tiene, un novio en el colegio. / Pronto, te pedirá mamá, / tengo una fiesta sabes, puedo ir a bailar. / Y tú y yo, quedaremos solos. / Y tú y yo, ya seremos viejos. / Llorarás, lloraremos juntos. / Pues su dicha, no será tu pecho.” (1)
(“Ya seremos viejos” – Metaguacha)

De este modo, el hecho de hacerse mujer, correlativo al abandono de la condición infantil, introduce a las chicas a un nuevo rol que reproduce el papel asignado a las adolescentes en las escalas exogrupales hegemónicas. Ir a bailar y acudir a fiestas es lo que se espera de una niña-mujer, pertenezca al entorno villero o no. En este aspecto, podemos decir que no hay huellas de ningún discurso identitario capaz de anclar la positividad en cánones externos al endogrupo villero.

Sin embargo, como un espejo que deforma y altera esta reproducción interna de lo esperable externamente, hay un segundo rol de la madurez que sí está anclado a un aspecto particular de la experiencia villera y de su forma específica de vida, y es el que está ligado a los nuevos roles que los varones tienen que adoptar luego de una situación de robo y su intento de reinserción. En este segundo caso, la madurez o el crecimiento emocional no se adquieren de manera correlativa a los cambios biológicos, sino que se desarrollan de acuerdo con una voluntad interna de superación. En la canción “El pibe de barrio”, estas referencias expresan la decisión de no caer en el robo luego de la prisión:

“Camino al hospital, oí una voz que me entra: ‘Hijo mío todo llega y el que busca lo encuentra’. Si no hubiese seguido ese consejo de Dios hoy no estaría cantando esta canción.” (2)
(“El pibe de barrio” – Damas Gratis)

Crecer en la vida, en esta variante, es asumir el deseo de no estar en la cárcel nuevamente, como se expresa en estos versos finales de la canción:

“Un saludo a los pibes, les mando yo de aquí, para todos esos fanas que me quieran oír a todos los que están presos y no puedo mencionar porque si no esta canción nunca se va a terminar. Allá dentro, no guarden puesto pa’mí porque esa es una de las cosas que no quiero vivir” (3)
(“El pibe de barrio” – Damas Gratis)

La dimensión de la creatividad social, en consecuencia, parece estar ausente en este caso, y la moral interna, aunque partiendo de una configuración existencial local, reproduce valores consensuados externamente. Debido a estos rasgos predominantes, se puede considerar la madurez como una expresión de revalorización no competitiva.

8.16. Orgullo

  • Esquema básico: “Nosotros somos más orgullosos que ustedes”
  • Presencia estadística total: 4
  • Orientación predominante: positiva (2 a 2)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva

 

El valor que podemos designar como orgullo tiene una baja presencia en los cómputos globales de acciones, con 3 referencias en total, 1 negativa y 2 positivas, y 4 existencias textuales, 2 negativas y 2 positivas. Las referencias a acciones rotuladas de esta manera alcanzan, en total, un 2 % de lo calculado globalmente.

Respecto de su contenido, las alusiones al orgullo también pueden ser segmentadas en dos categorías claramente diferenciadas. Por un lado, encontramos el orgullo identitario, que concierne a reivindicaciones claramente grupales y, por otro lado, el orgullo amoroso, condensado en situaciones en las cuales el varón es el protagonista excluyente que intenta recuperar su autoestima ante una situación de abandono afectivo.

El primer grupo de referencias, centrado en el orgullo identitario villero, contiene valencia negativa, ya que escenifica la falta de respeto ante esa condición:

“Qué me estás diciendo, me estás ofendiendo, / no me digas negro, soy igual que tú.” (1)
(“Alma blanca” – Metaguacha)

“Suena muy fuerte la música / el baile está muy bueno / y yo que muy borracho estoy / me quiero chamuyar alguna mujer / y no me dan cabida porque / dicen que soy una rata” (2)
(“La vagancia” – Guachín)

Ambas apreciaciones rechazan la discriminación externa hacia la propia condición, pero están conformadas de diferente manera. La primera niega el estigma y trata de establecer la igualdad de los interlocutores del endogrupo y el exogrupo. La segunda, en cambio, patentiza el estigma y opera reafirmándolo en el texto de la canción. La primera estrategia —el orgullo identitario villero— opera en el plano de la igualdad de fondo a pesar de las diferencias existenciales, pero la segunda —el orgullo amoroso— intensifica tanto la distinción fáctica como la valorativa.

La continuación de (1) es clara en esta mecánica igualadora final, asentada en una alteridad que se reivindica pero que no resulta disruptiva respecto de valores exogrupales:

“Si quieres probarme vamos a la calle, / voy a demostrarte que tengo coraje, / que su amor es mío porque lo gané. / No vale que sientas que tienes dinero, / que vivo en el barro y tú en la gran ciudad. / Soy negro de abajo, con el alma blanca, / yo soy de la cumbia, soy de la resaca, / tú de los boliches de la capital. / Soy de los que van a pedirle a la virgen, / de los que caminan a la catedral, / soy de los que van a rogar que no falte, / en mi casa nunca un pedazo de pan / Soy de los que van a pedirle a la virgen, / de los que caminan a la catedral, / soy de los que sienten el gran privilegio, / de peregrinar la Virgen de Luján.” (3)
(“Alma blanca” – Metaguacha)

La continuación de (2), en cambio, utiliza la alteridad para acentuar el efecto diferenciador:

“Somos una banda re loca / que nos cabe la cumbia / y no nos gusta trabajar / y nos gusta bailar, fumar y tomar / y vivo para callejear todo el día re loco. / Con toda la vagancia quiero tomar / transarme una minita y ponerme a bailar / con toda la vagancia quiero bailar / y a todas las mujeres quiero chamuyar” (4)
(“La vagancia” – Guachín)

Respecto de la equiparación entre blancura de piel y pureza moral, postulada por la primera referencia, la investigadora Eloísa Martín observa en este efecto una concesión a la ideología dominante:

Nesta canção há uma concessão à reificação do negro e, conseqüentemente, à universalizaçao de ideologia dominante que reduz os processo de singularizaçao em termos de identidade e afirma que, apesar de nossas diferenças, somo todos iguais (Martín, 2001, p. 19).

No acuerdo con esta perspectiva y creo que lo que aquí sucede es que se rechazan las implicancias negativas de la condición villera, pero utilizando las coordenadas descriptivas del discurso rival en vez de recurrir a parámetros alternativos. Justamente, lo que desde mi punto de vista sucede es que la operatoria comparativa planteada por el endogrupo, que es de revalorización no competitiva (dentro de la escala planteada por el exogrupo y con sus propios parámetros), no es la que la investigadora pretende, que es la que aquí se ha caracterizado como innovadora.

Esta operatoria es formalmente distinta a la de Pablo Lescano y Damas Gratis, por ejemplo, con su uso del nombre 100 % negro cumbiero para su álbum editado en 2002, pero su uso pragmático es convergente en el sentido de que en ningún caso se hacen concesiones a la superioridad exogrupal. Desde mi punto de vista, la disputa no es terminológica (a fin de cuentas, en el sistema moral, “blanco” y “negro” son categorías posicionales de incidencia cognitiva y no descriptores literales), sino que los términos se usan estratégicamente para buscar el reconocimiento de la positividad propia. Ahora bien, en el caso de Pablo Lescano y el nombre que elige para su álbum, como en otros ejemplos de la misma categoría, la positividad se obtiene por negación absoluta de la participación del otro en la escala propia (el exogrupo no posee, desde el punto de vista subjetivo, nada de “negritud”). En el caso de la canción del conjunto Metaguacha, en cambio, esta positividad se busca mediante un reclamo de “reposicionamiento” en la escala planteada por los otros.

En relación con el orgullo amoroso, las alusiones, que transitan en el terreno de lo personal, son positivas porque describen acciones que restituyen la autoestima luego de un rechazo afectivo:

“Re loco estoy aquí, porque no tengo más tus besos, / ahora yo me siento preso y no puedo calmar este gran dolor. / Sé que tú no me quieres más, por eso ahora yo salgo a robar / un corazón que me haga olvidar todas las penas y tu maldad” (5)

(“Qué difícil” – Damas Gratis)

“Andate, a la casa de tu madre / andate, a la casa de tu madre

te puedes ir, a la casa de tu madre / ahora, soy feliz, andá a la casa de tu madre” (6)

(“Entregadora de marrón” – Flor de Piedra)

Como suele suceder con esta modalidad de relevamiento, ambas referencias describen dos reacciones posibles frente a una similar traición amorosa o desengaño. En el primer caso, se inicia la búsqueda de una nueva pareja, pero en el segundo se insulta a la protagonista femenina apelando al paralelismo irónico entre la frase presente (“andá a la casa de tu madre”) y el insulto ausente pero aludido (“andá a la concha de tu madre”).

Fuera de la cumbia villera, resulta claro que el tango reproduce este tipo de tratamientos para la figura de la mujer que, según la investigadora Mariana Marchese, se divide entre los estereotipos de la mujer-madre y la mujer-traición. En el caso del orgullo amoroso, el segundo es el que se pone en juego, ya que:

El actor mujer-traición es causante de la acción: el amor que engaña, la percanta que amura y deja el alma herida. Mientras que el sujeto que narra o sobre el que se narra es el objeto afectado negativamente por esas acciones: representado por los pronombres en caso acusativo me y lo (Marchese, 2006, p. 54).

Tal como Marchese comenta respecto al tango, en (5) el sujeto que narra es afectado por las acciones de la traidora (“me siento preso”, “tú no me quieres más”), pero en (6), en cambio, hay un pasaje a la acción a partir de un uso del modo imperativo (“andate a la casa de tu madre”, “andá a la casa de tu madre”). Sobre la base de esta descripción, el orgullo identitario tiene un papel complejo que va desde la revalorización no competitiva hasta la revalorización innovadora, mientras que el orgullo amoroso, aunque ligado más fuertemente a la experiencia personal que a la grupal, se desempeña predominantemente en el ámbito de la revalorización no competitiva.

8.17. Salud

  • Esquema básico: “Nosotros tenemos menos salud que ustedes”
  • Presencia estadística total: 6
  • Orientación predominante: negativa (6)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva o competitiva

 

El valor “salud” representa el 2 % del cómputo general, por lo cual se ubica en una posición baja en el total. Hay 4 referencias y 6 existencias textuales de este tipo de acciones y todas ellas son negativas. Básicamente, esta dimensión representa la amenaza o la consumación de un daño físico directo, incluida la misma muerte.

La muerte está presente en todas estas situaciones, pero hay una clara división entre morir a manos de la policía, por abandono o debido a la falta de cuidado en un hospital. Las muertes a manos de la policía llegan a representar el 50 % de las existencias textuales, lo cual indica la relevancia que esta circunstancia tiene en la manera en que la existencia usual de un poblador de la villa es concebida:

“Pero una noche muy fría / él tuvo un triste final / porque acabó con su vida / una bala policial” (1)

(“El pibito ladrón” – Los Pibes Chorros)

“Hace noches que me duermo llorando / Si lo pienso me cuelgo en el faso / No me olvido esa noche yo corría / Y a vos te bajó la policía” (2)
(“Si yo quisiera” – Fuerza Villera)

“Y entre forcejeos, cerrando los ojos, aprieta el gatillo / alertó una patrulla que estaba de ronda por ese lugar / y queriendo escapar en gran cantidad perforaron su cuerpo” (3)
(“Plata no hay” – Metaguacha)

Las otras muertes, que no derivan de estas escenas de enfrentamiento policial, subrayan los elementos del contexto que conforman, o bien una situación de abandono, o bien de profunda tristeza por el familiar muerto:

“No se pudo rescatar nadie lo vino a ayudar / estaba en el hospital solo y enfermo de más / y lo dejaron morir por ser de la villa” (4)

(“No se pudo rescatar” – La Piba)

“Me desperté y a mi almohada yo abrazaba / llorando al cielo miré y a Dios pregunté / por qué te llevaba.” (5)

(“Angelito” – Guachín)

“Hermanito mío, / todo es distinto / desde que mamá se fue / pero Dios se la ha llevado / y sólo él sabe por qué” (6)

(“Amor de madre” – Guachín)

Conviene aclarar que aquí la muerte no puede ser la dimensión directamente aludida porque no puede ser inscripta en una dimensión en un continuum. La muerte se produce o no, pero en términos no metafóricos, no se puede hablar de “grados de muerte”. Lo que se deprecia en realidad es la cualidad positiva, que es la salud, y el punto máximo de esa depreciación es este estadio final. En este segundo grupo de escenas, en (4) claramente hay un reclamo centrado en la discriminación de la que es objeto un villero. Los elementos fácticos que hacen a la existencia de alguien del endogrupo son aquí el eje de un reclamo que excede claramente la cuestión identitaria. Contra lo que usualmente se sostiene respecto de este género musical, este es un procedimiento de denuncia anclado en el claro rechazo a una realidad social experimentada como negativa. Anclada en elementos existenciales tan específicos, es válido sostener que esta letra difícilmente podría no provenir de los sectores de los cuales proviene. En los casos (5) y (6), en cambio, las acciones coronadas con la muerte aluden a la tristeza sufrida ante el fallecimiento de un hijo y una madre, y eso las coloca en un plano mucho más afín a los valores exogrupales respecto del penar ante la muerte. En términos de las modalidades de autoponderación grupal que venimos describiendo, el valor “salud” combina un tipo de revalorización no competitiva, centrada en la pena universal ante la muerte, y una revalorización competitiva, que se sustenta en la pena ante la muerte de alguien del endogrupo asesinado por la policía. En este último caso, la tristeza se une a un reclamo que expresa un contenido y una dirección específica (el reclamo ante la irreversibilidad del accionar policial) no reivindicable exogrupalmente.

8.18. Seguridad

  • Esquema básico: “Nosotros tenemos menos seguridad que ustedes”
  • Presencia estadística total: 10
  • Orientación predominante: negativa (10)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva o competitiva

 

El valor “seguridad” tiene una presencia de frecuencia intermedia en el total de acciones relevadas, con 10 referencias e igual cantidad de existencias textuales, y todas ellas de signo negativo. En total, las alusiones a este valor suman un 5 % del cómputo global.

Las menciones narrativas encuadrables en esta dimensión son siempre negativas y representan una amenaza ostensible a la integridad física o a la libertad de los participantes de la trama. Al contrario que otras referencias más focalizadas, como las vinculadas a la salud o a la libertad, la negatividad centrada en el valor seguridad afecta simultáneamente estos aspectos y tiene como fuente de amenaza y factor antagónico casi exclusivamente a la policía:

“La alarma se acciona y no podemos zafar” (1)

(“Los pibes chorros” – Los Pibes Chorros)

“queremos a un juez / queremos a la prensa / si ellos no aparecen / somos todos boleta” (2)

(“Los pibes chorros” – Los Pibes Chorros)

“que tu padre el comisario, me quiere agarrar” (3)

(“Ando ganando” – Damas Gratis)

“Al pasar ese tiempo recibí una lección / y una bala en mi cuerpo me cambió de opinión” (4)

(“El pibe del barrio” – Damas Gratis)

“estamos cansados de tanta represión” (5)

(“Los dueños del pabellón” – Damas Gratis)

“alertó una patrulla que estaba de ronda por ese lugar” (6)

(“Plata no hay” – Metaguacha)

“te pidió los documentos y al móvil te llevó.” (7)

(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“La yuta lo busca, no lo puede encontrar” (8)

(“El guacho cantina” – El Indio)

“Ahora vos me estás buscando / y me querés matar” (9)

(“Yo no la obligué” – El Indio)

En un único caso, el factor que amenaza la seguridad personal es la esposa del protagonista:

“suavemente voy cantando / y mi mujer con un palo me espera en la puerta

y me dice: te estoy esperando” (10)

(“La primera del borracho” – Damas Gratis)

Si bien la referencia es paródica en (10), la amenaza que proviene del lado conyugal se combina con el potencial recorte de la independencia del varón que ya abordamos en el análisis de la dimensión libertad.

Desde este punto de vista endogrupal, la persistencia de la seguridad requiere eludir la posibilidad de la represión y la muerte, y tiene un sentido fuertemente ligado a la autoprotección y la preservación paralela de la integridad física y la libertad.

Teniendo presentes los discursos ciudadanos y políticos respecto de la seguridad en la Argentina de los años 2000 (y luego también), podríamos decir que lo expresado en las letras de cumbia villera invierte casi de manera espejada lo sostenido por referentes exogrupales por excelencia, como la televisión y los grandes medios escritos; si la sociedad no villera debe protegerse de los ladrones, para un villero, y no necesariamente un ladrón, lo esencial es cuidarse de la policía, ya que el ámbito de acción represiva sobrepasa las situaciones delictivas y se proyecta a cualquier escena callejera.

Pero ¿qué hay del otro lado de este muro ideológico, de esta frontera grupal que el discurso de la cumbia villera parece contradecir e intentar revertir en su movimiento?

Los hechos policiales, cubiertos por la prensa gráfica y por la TV, plantean en Argentina una configuración que por supuesto no es socialmente neutra y que forma el precedente dialógico que las letras de las canciones denuncian.

Florencia Saintout, por ejemplo, analiza el despliegue de la acción mediática extendiendo la asociación de la categoría “violencia” no con los protagonistas provenientes específicamente de ámbitos sociales marginales, sino con una franja quizás más amplia que podemos resumir como “lo juvenil”:

Pero la seguridad así entendida, no aparece como un tema que atraviese a todos por igual. Cada vez con mayor fuerza desde distintos sectores sociales se viene construyendo la idea de que existen aquellos que pueden ser los que arremeten contra la seguridad, y aquellos otros que pueden ser sus víctimas, que pierden la seguridad a instancias de la delincuencia. Están, entonces, los victimarios y las víctimas (…) La televisión argentina retoma y da contenido a esta construcción desde la metáfora de la guerra: la metáfora como desplazamiento de sentido, como figura que consiste en hacer coincidir ideas e imágenes que no son vecinas en un efecto de semejanza que produce una nueva significación, como “presentación de una idea bajo el signo de otra más sorprendente”. Un robo, un asesinato en la calle, un asalto a un banco cualquiera, son resignificados a partir de una imagen “más sorprendente”, la de la guerra. “Estamos en una guerra. Ustedes deciden, o están del lado de los chorros, o están del lado de la gente” (Después de Hora, América, abril, 2002). “Estamos en una guerra. O la asumimos o no vamos a ningún lado” (panelista de Hora Clave, Canal 9, abril 15, 2002) (Saintout, 2003, p. 101).

Si una de las dimensiones claves para la comprensión de este fenómeno es pensarlo en los términos estructurales propuestos por Saintout —los de un conflicto declarado que antagoniza sin excepciones al exogrupo y al endogrupo embarcándolos en una guerra sin cuartel—, entonces podemos decir que el discurso de la cumbia villera desarrolla un movimiento de denuncia y cuestionamiento de estos parámetros que ni siquiera lo iguala en intensidad. Claramente, el discurso respecto de esta dimensión de comparación es de revalorización competitiva, porque se retoma un valor exogrupal por excelencia —la seguridad, que además es una categoría ligada al pensamiento ideológico conservador— y se le modifica la dirección original de su orientación impugnadora, priorizando el miedo al accionar policial respecto del temor a los efectos de la conducta delictiva.

8.19. Tolerancia a la pobreza

  • Esquema básico: “Nosotros sufrimos más pobreza que ustedes”
  • Presencia estadística total: 13
  • Orientación predominante: positiva (13)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

La tolerancia a la pobreza es poco relevante en el total general, con 4 referencias positivas y 5 % del total computado, pero hay una de las acciones, {sufre_pobreza}, que comprende 10 existencias textuales y genera una discrepancia entre el total de referencias y el de apariciones discursivas concretas.

Esta dimensión da cuenta, en su contenido, de un elemento que rara vez es reseñado en los análisis que se hacen de la cumbia villera. La tolerancia a la pobreza, al operar positivizando un rasgo que originalmente es negativo, como el hecho de padecer necesidades, se instala netamente en el terreno de la creatividad social. Al igual que cuando se declara que se es “100 % negro cumbiero”, lo que se reivindica en este caso es un atributo que de ninguna manera coincide con aspiraciones externas. El elemento existencial, que es haber atravesado situaciones de pobreza, no solo no es negado, sino que es transformado en un elemento distintivo de la identidad grupal.

“Yo soy un chico de la calle / pido limosna en los trenes” (1)

(“Instituto correccional” – Guachín)

“Con mis hermanos / mucha miseria pasamos” (2)

(“Instituto correccional” – Guachín)

“Hoy la calle es mi vida / y allí pasó todo el tiempo / ya perdí mi familia, / mi novia y mi hogar.” (3)

(“Marginado” – Guachín)

“Muchacho de la villa, de escracho y licor / fumándote la vida, con odio y rencor.” (4)

(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“Entre ratas y basura / al costado de la villa / en una sucia casilla / vive el guacho cicatriz.” (5)

(“El guacho cicatriz” – Los Pibes Chorros)

“Con un carro y sin dinero / voy gritando botellero / voy buscando algún morlaco / juntando fierros, botellas y trapos.” (6)

(“Botellero” – Los Pibes Chorros)

“Revolviendo en los baldíos / cinco perros van conmigo / en mi carro voy contento / escabiando vino suelto” (7)

(“Botellero” – Los Pibes Chorros)

“Creciste en la calle, aprendiste todo de la vida, / amigo de verdad enorme, corazón, / si había algo en tus manos, / todo lo compartías” (8)

(“Viejo te extraño” – Metaguacha)

“no tiene para un papelito / solo vive del faso y el vino” (9)

(“La vuelta” – El Indio)

“Ella paraba en las villas / vive vagueando” (10)

(“Perdida” – El Indio)

“En este humilde ranchito / donde ella nos crio / siempre nos faltó el dinero” (11)

(“Amor de madre” – Guachín)

“Voy caminando y no puedo encontrar / busco trabajo y no sé dónde hay /una moneda quisiera ganar / pa’ mi familia alimentar” (12)

(“La cumbia del peregrino” – Guachín)

“La Sandra enamorada de su panza / durmiendo en alguna plaza / quién sabe si tendrá para comer” (13)

(“La Sandra” – La Piba)

“En un tren de pobres un pibe me da / una estampita para mendigar / cuánta miseria hay en esta ciudad / dónde hay un mango, dónde hay” (14)

(“La cumbia del peregrino” – Guachín)

La miseria implica espacios de abandono y marginalidad, pero también una inscripción geográfica particular que funciona como un continuum y que comunica la marginalidad intradoméstica de las villas miseria, como en (5) y (11), con aquella que tiene lugar en el espacio general de la villa, como en (10), y con la pobreza vivenciada en la calle, que puede comprender tanto lugares interiores o exteriores a la villa, como en (1), (3), (6), (7), (8), (12), (13), (14). En este trazado de una estructura virtual de anillos concéntricos que va desde lo intradoméstico hogareño a lo extradoméstico villero y no villero, lo que sorprende, en la escenificación de las carencias, es el absoluto predominio de las locaciones más externas, dentro de las cuales el sufrimiento extremo se ubica no solo en las calles, sino en el espacio específico de la mendicidad en el tren, como en (1) y (14).

De una manera indirecta, esta distribución de espacios sugiere, quizás, que el ejercicio máximo de esta tolerancia a la miseria, y en alguna medida su heroicidad intrínseca más desarrollada, se produce cuando se combinan las carencias materiales con el desamparo del anonimato extravillero. Solamente en (7) y (9) aparecen combinadas la pobreza y el consumo de alcohol, lo cual implica que la diversión y este tipo de sufrimiento en general pertenecen a tramas distintas. Estas situaciones de alteridad radical respecto de lo exogrupal, de diferenciación ontológica de la experiencia social que postula que “solo nosotros sufrimos pobreza”, colocan esta dimensión de comparación dentro de la categoría de la revalorización innovadora.

8.20. Tolerancia al dolor

  • Esquema básico: “Nosotros soportamos más dolor que ustedes”
  • Presencia estadística total: 1
  • Orientación predominante: positiva (1)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

La tolerancia al dolor es un valor de una presencia casi inexistente en las letras, con una sola referencia y una única existencia textual, pero también opera positivizando un rasgo que originalmente es negativo, como la pérdida de bienestar físico.

En la única aparición de esta dimensión, positiva en su efecto sobre el valor reivindicado, resulta problemático diferenciar la tolerancia al dolor de la salud, pero la clave es aquí ubicar a la primera como ligada a la creatividad o la innovación social, ya que es el espacio en que se gesta una traslación de la pérdida de un valor (sanidad en el cuerpo) a la ganancia de otro que hace posible un beneficio valorativo identitario:

“No se pudo rescatar nadie lo vino a ayudar / estaba en el hospital solo y enfermo de más, / y lo dejaron morir por ser de la villa. / Cicatriz en la nariz, pelo largo y gorra gris, / se paseaba por el barrio era como un hermano / y lo dejaron morir por ser de la villa. / Y la muerte al fin le ganó por culpa de la sociedad / y por ser de la villa pagó muy caro su dignidad, / no tenía nada que perder pero sí mucho que ganar / para todos los villeros que sepan bien cuál es la verdad. / (Y es así loco si sos de la villa, lo dejaron morir)” (1)
(“No se pudo rescatar” – La Piba)

El estar solo en el hospital, como se describe en esta canción, implica tolerar una situación de abandono que excede lo físico. La soledad es muy relevante en esta puesta en escena, porque expresa el aislamiento y la discriminación que afecta al villero solo por serlo. El hecho de que en la letra se postule que “lo dejaron morir por ser de la villa” cuando habla del protagonista de esta trama revela, de manera crítica, el tránsito o el anclaje desde una dinámica discursiva no identitaria a una que sí lo es. Desde esta posición enunciativa, ser de la villa, que es una condición ontológica, se liga a sufrir abandono y privaciones aun en el hospital. En este escenario valorativo, la capacidad de tolerar este tipo de dolores o sufrimientos se incorpora a la dinámica identitaria profunda del endogrupo y transforma esta dimensión de comparación en el eje de una revalorización innovadora, ya que el sufrimiento es un valor negado de plano al exogrupo.

8.21. Valentía

  • Esquema básico: “Nosotros somos más valientes que ustedes”
  • Presencia estadística total: 30
  • Orientación predominante: positiva (30)
  • Zona identitaria: revalorización no competitiva o competitiva

 

El valor “valentía” tiene una relevancia alta en la totalidad de las letras y alcanza, con 13 referencias, el 7 % del cómputo total de ese rubro y las 30 existencias textuales.

Podemos decir que, en términos de la lógica específica de la cumbia villera, la reivindicación de esta dimensión cumple algunas funciones que podemos conectar con la noción de “aguante” en el ámbito de las hinchadas de fútbol, al postular una superioridad grupal centrada en la capacidad de resistir o retribuir ataques de la policía o de enemigos circunstanciales, como otras personas en un baile. En el caso del fútbol y el concepto de “aguante”, según Garriga Zucal y Moreira (2006):

Los miembros de la hinchada ponen a disposición del honor del club sus posibilidades violentas para no ser ofendidos por las parcialidades adversarias. Es decir que “los pibes” —los miembros de la hinchada— consideran que, subyacente en el encuentro futbolístico, se dirimen cuestiones del club y de sus simpatizantes que sólo pueden debatirse en el plano de la violencia (p. 60).

En el caso de la cumbia villera, lo que se dirime poniendo en juego la valentía es un tipo de honor individual y grupal que no hace a ningún manejo de recursos, pero sí a la administración de una autoestima en la cual el imponerse peleando, en cualquiera de sus variantes, contribuye de manera crítica a afirmar la pertenencia grupal.

En su expresión discursiva, la valentía se despliega a través de variantes que conciernen a estados o disposiciones centradas en la voluntad de actuar con violencia ante situaciones específicas. La violencia puede ser ofensiva o defensiva y está circunscripta a tres ámbitos básicos, que son la calle, la cárcel y las situaciones delictivas:

El inventario es extenso y comprende:

  1. La amenaza en una situación de robo, ejecutada teniendo como blanco a los clientes de un banco:

“queremos las manos de todos arriba / porque al primero que se haga el ortiba / por pancho y careta le vamos a dar.”

(“Llegamos los pibes chorros” – Los Pibes Chorros)

  1. La amenaza como parte de una hinchada de fútbol que intimida al rival:

“Si te retobás, vos cobrás / si te retobás, seguro cobrás.”

(“El regreso del pibe moco” – Los Pibes Chorros)

  1. La amenaza defensiva, articulada en torno a la figura materna:

“No me toques a la vieja, gil! / porque si no yo te toco a ti”

(“No me toques a la vieja” – Metaguacha)

  1. La demostración de una capacidad de resistencia ante agresiones externas cotidianas:

“y la ‘catanga’ se me armó. / Y ahí nomás yo me planté / y un arrebato les pegué”
(“Todo roto” – Damas Gratis)

  1. La demostración de una capacidad de resistencia en el contexto carcelario:

“Ahora nosotros tomamos el control, somos los dueños del pabellón”
(“Los dueños del pabellón”- Damas Gratis)

  1. La osadía de arriesgarse a robar cuando no se conocen los rudimentos del oficio:

“La yuta te corre, no sabés qué hacer / tirale unos corchazos y salí a correr”
(“Muchacho de la villa” – Los Pibes Chorros)

“Con tan solo 15 años / y 5 de alto ladrón / con una caja de vino / de su casilla salió” (“El pibito ladrón” – Los Pibes Chorros)
  1. El mérito que implica enfrentarse de igual a igual a la policía:

“Aunque no nos quieras somos delincuentes / vamos de caño con antecedentes”
(“Llegamos los pibes chorros” – Los Pibes Chorros)

Se puede decir que, en todos estos ámbitos, el comportamiento violento relacionado con el valor o la valentía ejerce una función tutelar o de adquisición de derechos o cosas. Es tutelar cuando se defienden derechos que ya se tienen, como el amor de una madre, o posesiones o tranquilidades mínimas, como el estar en el baile, en la calle o en prisión sin ser molestado o agredido. Es de adquisición cuando se aplica para robar o intentar ser libre huyendo de un contexto carcelario. Pero más allá de sus efectos concretos y en cualquiera de estas circunstancias, el tener valor o valentía es un atributo intrínsecamente reivindicado y dador de una identidad positiva que se les niega a los integrantes circunstanciales del exogrupo. En este sentido, la valentía es también una dimensión sujeta a la lógica de revalorización innovadora.

8.22. Virilidad

  • Esquema básico: “Nosotros somos más viriles que ustedes”
  • Presencia estadística total: 10
  • Orientación predominante: positiva (6 a 4)
  • Zona identitaria: revalorización innovadora

 

El valor “virilidad” tiene una importancia modesta en relación con el total de referencias, con 4 positivas y 4 negativas, y 6 existencias textuales positivas y 4 negativas, de manera que alcanza un 4 % sobre el cómputo global.

A pesar de su existencia no tan numerosa, esta dimensión se combina con la valentía para generar uno de los focos más característicos de la creatividad social del endogrupo villero. En sus manifestaciones positivas, la virilidad está ligada a la dotación y potencia sexual, y expresa la superioridad villera centrada en ese atributo.

“Si viene la negra, estamos completos, ruidito a chapas, cigarrillo y sexo.” (1)

(“Cumbia chapa” – Metaguacha)

“Que tenía una gran tripa” (2)

(“El pibe tripa” – Los Pibes Chorros)

“Añoro esos días / de adolescencia sin igual / donde todo dependía / de mi estado emocional” (3)

(“No quiere que la toque” – Metaguacha)

“De costado de abajo y de arriba, / y yo siempre podía” (4)

(“No quiere que la toque” – Metaguacha)

“Hoy te fueron a contar / que con Tita me acosté.” (5)

(“Yo no la obligué” – El Indio)

De esta manera, en (2) se exhibe la dotación sexual superior, en (1) y (5) se presenta la sexualidad actual potente y, finalmente, en (3) y (4) se muestra la añoranza por la potencia sexual del pasado.

En sus variantes de transformación negativa, la virilidad aparece seriamente afectada por dos factores centrales: la homosexualidad propia o la falta de potencia sexual.

“Y ahora estoy otra vez en lo mismo, / con mucho optimismo, / intentando, oh, oh, oh con esto acabar” (6)

(“No quiere que la toque” – Metaguacha)

“No sé lo que hiciste vos para volverte trabuco. / Son tantas las mujeres, yo ni a palos me hago uto” (7)

(“Te volviste… uto” – Mala Fama)

“Vos te volviste uto, ahora andás tanteando bultos. / Tenés la nuca soplada y cariño por la bala” (8)

(“Te volviste… uto” – Mala Fama)

“Todos sabemos que a vos te cabe transar con los vagos” (9)

(“El vividor” – El Indio)

“a los guachos… te los querés voltear” (10)

(“El vividor” – El Indio)

En (1), lo que está afectado es la potencia sexual, pero en (6), (7), (8) y (9), lo que aparece cuestionado es la virilidad propia, al punto de colocar al destinatario de la crítica directamente fuera de las fronteras endogrupales. Debido a la relevancia que tiene esta dimensión en la autoimagen grupal y a la exclusividad con que se les atribuye a miembros del endogrupo o se lamenta o ataca su ausencia o disminución, podemos considerar esta dimensión como de revalorización innovadora.

8.23. Los “anillos identitarios” y la performance discursiva: algunas conclusiones

En una sección del capítulo 5 hemos visto que la acción identitaria se despliega en un sistema de anillos concéntricos (ver apartado 5.4.5), que comienza con la revalorización no competitiva, en la región más exterior y de mayor contacto con el exogrupo, continúa con la revalorización competitiva, en la zona intermedia, y termina con la revalorización innovadora, en la zona más interna y de mayor disputa o diferenciación con el exterior sociológico.

Varias posibles preguntas o cuestiones se disparan de cara a esta conformación de componentes de las cadenas narrativas, y trataré de abordar las que considero más relevantes respecto de los objetivos de investigación de esta tesis. Sin duda, el recorrido hecho en este capítulo reporta el beneficio de una inmersión muy específica en el modo en que el discurso endogrupal se autoconsidera como un acto reflejo y como una consecuencia de su acción descriptiva en torno a un exogrupo que es concebido en términos alternativamente similares, diferentes o antagónicos según sea la zona identitaria que estamos recorriendo. Dos elementos centrales o dos constataciones devienen aquí como articuladores de esta dinámica. La primera comprobación resulta trivial si tomamos en cuenta la última parte de este trayecto, pero no lo es si nos situamos en el comienzo ficcionado de esta investigación; como he argumentado largamente, la acción identitaria no se despliega de un único modo, e incluso puede llegar a ser discutible que lo haga de un modo claramente predominante. La articulación tripartita y el pasaje de una zona identitaria a otra revelan una topología no evidente que afecta la globalidad de las canciones que integran este corpus. En segunda instancia, la autoconsideración se conforma relacionalmente en la medida en que la acción identitaria se desarrolla de manera diferenciada y netamente contextual para cada conjunto de dimensiones de comparación. Esto significa, por ejemplo, que si la capacidad de diversión se integra a la zona de revalorización innovadora, entonces no será adjudicada al exogrupo como una positividad posible; si, por el contrario, una dimensión forma parte de la zona de revalorización competitiva, se compartirá el valor aludido pero no la intensidad o la dirección con que se lo reivindica. Finalmente, si la revalorización es no competitiva, la dimensión considerada y la forma de situarse frente a ella se compartirán íntegramente con el exogrupo.

Tanto en el resultado final formal de este análisis (en la metodología elegida) como en sus consecuencias empíricas (en la capacidad de predicar algo que sea pertinente respecto de este estudio de caso), el diseño de investigación propuesto prescinde de la necesidad de postular un a priori respecto de las dimensiones que el endogrupo utilizará para diferenciarse del exogrupo concebido subjetivamente. Entiendo que, lejos de clausurar la lógica investigativa, de cerrarla por no hacer afirmaciones contundentes para someterlas a prueba tempranamente respecto de este orden de cosas, la propuesta que hago se encarna en un dispositivo categorial que, obedeciendo los lineamientos de la grounded theory, establece el funcionamiento de la actuación identitaria de cada grupo a partir del análisis del modo específico en que las dimensiones de comparación se utilizan.

Al margen de las constataciones ya aludidas, centradas en la lógica general de este discurso, hay un orden más específico de corroboraciones que es necesario abordar y que se desprende de este análisis. ¿Cómo se organizan las zonas identitarias en cuanto a la frecuencia de las dimensiones involucradas? ¿Podemos localizar algún patrón distinguible y característico en estos términos? ¿Cuáles son las dimensiones que más se vinculan entre sí en general y en cada zona identitaria?

En este punto considero necesario retornar a la idea del “anillo identitario” citada al principio de este apartado. En términos de las zonas internas de esta dinámica, las dimensiones parecen distribuirse de un modo que parece estructuralmente determinado.

Cuadro 42. Dimensiones de comparación y zonas identitarias relacionadas
Revalorización no competitivaRevalorización competitivaRevalorización innovadoraCantidadOrientación predominante
Capacidad
de afecto
X26Positiva
Capacidad
de diversión
X120Positiva
Capacidad
de lucha
X2Positiva
Capacidad
de seducción
X26Positiva
Capacidad
de sufrimiento
X41Positiva
CredibilidadX2Positiva
Éxito económicoX7Positiva
FamaX2Paridad
IntegridadX2Positiva
Lealtad identitariaX44Positiva
LibertadX15Negativa
MadurezX6Positiva
OrgulloX4Positiva
SaludXX6Negativa
SeguridadXX10Positiva
Tolerancia
a la pobreza
X13Positiva
Tolerancia
al dolor
X1Positiva

Valentía

X30Positiva

Virilidad

X10Paridad

Fuente: elaboración propia.

Como muestra esta tabla, y como corroboran las estadísticas globales del gráfico siguiente, la revalorización innovadora, que es la estrategia más ligada a la autoponderación grupal confrontativa, tiene un neto predominio sobre el resto de las estrategias, con el 72 % de las acciones categorizadas. En segundo lugar, aparece la revalorización no competitiva, con un 21 %. En última instancia, aparece la revalorización competitiva, con un 7 % de las acciones narradas.

Figura 53. Distribución global de estrategias de revalorización grupal existentes en las acciones narradas

Fuente: elaboración propia.

A pesar de la combinación de estas estrategias, de su presencia matizada en muchas canciones, la revalorización innovadora parece imponerse con claridad como el modo privilegiado por el cual el endogrupo villero se presenta a sí mismo en el corpus.

Respecto de la conformación reticular de los vínculos entre dimensiones, una nueva forma de verlos consiste en establecer un listado ordenado por la frecuencia de sus conexiones. La red resultante es la que sigue, en la cual el grosor visible de los lazos representa la frecuencia de los vínculos narrativos que conectan distintas dimensiones:

Figura 54. Red total de acciones. El tamaño representa intermediación y el grosor del lazo representa frecuencia de cada conexión

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

Esta red se ha construido tomando en cuenta una tabla de relaciones cuyas primeras posiciones son las siguientes:

Capacidad de diversiónAutocontrol10
Capacidad de diversiónCapacidad de seducción9
Lealtad identitariaCapacidad de diversión7
Capacidad de diversiónLealtad identitaria6
Capacidad de diversiónCapacidad de diversión6
AutocontrolCapacidad de diversión5
Capacidad de sufrimientoCapacidad de diversión4
Capacidad de sufrimientoCapacidad de afecto4

Las dimensiones de esta tabla que más vínculos tienen entre sí desarrollan la estrategia de revalorización innovadora, como la capacidad de diversión, el autocontrol, la capacidad de seducción y la lealtad identitaria. Sin embargo, si calculamos mediante el software de redes la intermediación, que es la centralidad estratégica dentro de la red, las dimensiones que aparecen con valores más elevados son aquellas que encarnan la estrategia de revalorización no competitiva y competitiva, como la salud (22.114), el éxito económico (17.143) y la integridad (14.092):

Figura 55. Métricas de intermediación aplicadas a las dimensiones de comparación

Fuente: elaboración propia con base en software Ucinet.

Comparados con estos resultados, las métricas de degree o grado nodal arrojan valores bastante distintos, ya que las dimensiones de comparación más ligadas a la revalorización innovadora obtienen los valores centrales, como la capacidad de diversión (14.00), la lealtad identitaria (11.000) y la capacidad de seducción (11.00) en los tres primeros lugares.

Figura 56. Métricas de grado nodal aplicadas a las dimensiones de comparación

Fuente: elaboración propia con base en software Ucinet.

Con base en estas mediciones, es fácil advertir que las acciones de revalorización innovadora organizan lo sustancial de la acción identitaria registrada en el corpus, tanto en términos estadísticos absolutos como relacionales, pero las dimensiones de revalorización competitiva y no competitiva, estableciendo la continuidad con parámetros externos al grupo, resultan vitales para dotar de robustez e interconectar al grafo global. Las diferentes regiones del anillo identitario, que permiten pasar de una acción reivindicativa de confrontación y ruptura a otra de continuidad parcial o absoluta con valores externos, aparecen unidas por dimensiones que no son las más referenciadas, lo que hace que se distingan claramente regiones de acción identitaria de distinta funcionalidad. Esta distinción no es meramente taxonómica, sino que se refleja en términos reticulares.

Figura 57. Distinción de regiones de la red de dimensiones con base en el algoritmo de Newman-Girvan

Fuente: elaboración propia con base en software Visone.

A partir de los resultados de la aplicación de esta división en regiones de la red de valores, resulta legítimo sostener que aquellas dimensiones que hemos caracterizado como de revalorización innovadora no solo son agrupables a partir de características formales en la misma categoría, sino que los algoritmos de análisis reticular convalidan estas distinciones taxonómicas. El algoritmo Newman-Girvan, que en el análisis de redes tiene como función ubicar los nodos según su parecido estructural, ubica en una misma categoría todas las dimensiones que a priori se han caracterizado como de revalorización innovadora, lo cual convalida a través de heurísticas de cálculo lo que anteriormente se ha hecho a través de un procedimiento taxonómico estándar.

Con el cierre de este apartado, culmina el análisis global del corpus textual centrado en las canciones. A partir del próximo capítulo, abordaré la investigación del discurso de los entrevistados utilizando el enfoque reticular y el análisis del contexto etnográfico que enmarcó la generación de sus opiniones.


  1. En particular, y como he investigado en mi tesis de maestría y en otros trabajos de mi producción, hay un efecto de despersonalización del exogrupo y de personalización contrapuesta del endogrupo que se instrumenta a partir de la descripción de estados psicológicos internos que posibilitan la empatía de quien escucha la canción con el protagonista de cada trama: “La descripción de estados psicológicos, que dan cuenta de los procesos mentales y las percepciones de los personajes, es un recurso central que pone de manifiesto el alcance del autor omnisciente postulado por Genette. Las referencias de este tipo no solo son adjudicables a la función expresiva de Labov, sino que generan un efecto humanizador que vuelca la carga afectiva del lado del personaje central de la historia. La descripción de la subjetividad del protagonista no es solo indicadora de la posición axiológica del narrador —ya que invariablemente se atribuyen sentimientos nobles o percepciones del sufrimiento solo a los protagonistas villeros de los relatos— sino que inicia el movimiento empatizador que modela la subjetividad del receptor en sintonía con estos rasgos (Miceli, 2005b, p. 99).
  2. Entiendo que la no excepcionalidad de esta reivindicación está vinculada al contexto histórico en el que la cumbia villera surge, que es el de la crisis terminal del modelo de convertibilidad impulsado por el gobierno de Carlos Menem en Argentina y sostenido por el gobierno de Fernando De la Rúa después. Esta correlación entre la coyuntura histórica y la posición política de vastos sectores sociales argentinos, señalada por diversos autores, implica que tanto el endogrupo villero como el exogrupo no villero convergían, en este período, en la crítica al modelo socioeconómico imperante que expresa la letra de la canción aquí citada.


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