Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

EL DIARIO

Lunes 26 de Diciembre de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, diciembre 3.

   

Palabras nada banales son las que escribe el conocido periodista alemán Harden, redactor del Zukunt. Y no puede decirse que no halla eco en los cerebros alemanes.

“La guerra necesaria” es su postulado. Óiganlo los pacifistas. La idea camina, camina y se encarna produciendo una efervescencia natural, en un pueblo cuyos instintos guerreros han sido durante largo tiempo contenidos…

Hay que aprovechar, cueste lo que cueste, continúa Harden, este ardor bélico que hierve, que quema para mayor gloria de la prosperidad del Imperio…

Esa opinión, que mañana puede ser general, el gran diario La Germania la expresa en estos términos:

Hay un exceso de fuerza en la juventud de veinte a treinta años; tienen sed de acción “heroica”. En defecto de otra cosa le arrojan piedras a la policía, porque un pueblo que durante cuarenta años ha vivido en paz cometerá desórdenes si no se le hace marchar contra el enemigo… En cuanto haya guerra, se acabarán los desórdenes revolucionarios… las huelgas que perturban e interrumpen todos los servicios públicos.

¿Y?

Ahí en nuestra América no entendemos muy bien el concepto alemán que así se expresa.

¿Y por qué nos armamos entonces tanto?

¡Eh! Lo diré como dicen los que por vanidad se van de París en verano: “Il faut faire comme tout le monde[1]”.


Con raras excepciones, todos ustedes conocen a madame Adam[2], la tan atrayente escritora.

Acaba de dar a luz un volumen de lo más interesante y curioso.

En pocas palabras, madame Adam resume “l’affaire” Dreyfus, descorriendo el velo de las negociaciones misteriosas que en cierto momento tuvieron lugar entre una dama judía y Waldeck Rousseau*.

Reviven en este volumen toda una generación y una pléyade de hombres que colaborando de buena fe, pro patria, y le hicieron mucho mal a su tierra.

Vale la pena que los aficionados a investigar lean este volumen.

Entre muchas otras novedades, me hallo con esta: el origen de Gambetta[3]; por su padre era judío, no porque su padre fuera judío de religión sino porque era judío de raza.

También habla madame Adam de las relaciones clandestinas entre Gambetta y Bismarck, relaciones secretas que ya en 1886 fueron denunciadas por Busch en el folleto que tanto ruido hizo en su hora.

Finalmente la rumbosa y enigmática madame Paiva[4], cuyo hotel en los Campos Elíseos ya se esfumó, tiene en este libro su página.

Como ustedes saben, sus comidas eran de lo más selecto y a ellas concurrían los hombres más inesperados. Todo eso era un rico telón de boca tras del cual se ocultaba con singular destreza el espionaje alemán, o sea, lo que se llama “aprés l’abandon de la revanche” por madame Adam.


Ya he dicho otra vez, dirigiéndome a La Nación, que tuvo la bondad de dedicarme unas líneas muy amables, ocupándose de mis Indios Ranqueles, que fue una frase de Macaulay* la que me los inspiró. Esta: “No hay peor mal que la civilización sin su clemencia”. Y esa frase tengo que aplicársela a los Estados Unidos del Norte de América.

Me refiero a los 3.500 (tres mil quinientos) negros que allí han sido sacrificados durante los últimos veinticinco años; sacrificados sin forma de juicio, bárbaramente. En algunos estados, los negros no son ciudadanos libres sino en el nombre. Inútil decir que no los dejan votar, pero ya está dicho.

Un grito de desesperación nos llega de aquel lado de los mares. Horroriza el relato del comité negro haciendo un llamamiento a la clemencia de esta civilización.

“South America” nos llamaban hace no tantos años a los de raza española los altivos yankees, y South America eran voces despreciativas, casi sinónimos de gente sanguinaria.

Pues ante el espectáculo de esas 3.500 víctimas, bien pudiéramos ahora nosotros llamarles a ellos, implicando inhumanidad, ¡bárbara North America!

Me es satisfactorio poder consignarles a mis buenos y asíduos lectores y lectoras y a todos los que de vez en cuando me favorecen con sus misivas cordiales, haciéndome preguntas u observaciones, me es satisfactorio consignarles, decía, nada menos que un párrafo de monsieur Rdaymon Poincaré*.

Confirma, me da razón en algo que hace tiempo vengo repitiendo en una o en otra forma.

Está en el notable discurso que pronunció días pasados sobre el tema: “La alianza republicana democrática”. Es lo que se llama hablar de lo lindo. Nada de retórica inflada. Nada de palabreo pedante. Nada de vocablos heteroclíticos.

Deseamos solamente que todos aquellos que son colectivistas o revolucionarios comprendan al fin la gravedad de la crisis que atravesamos, crisis que por más que a los optimistas les desagrade, no es superficial sino profunda, que no es ministerial o política sino social, que la debilidad o el aturdimiento la harán pronto terrible y que no puede ser conjurada sino con la calma y la sangre fría.

Ser o no ser, he ahí la cuestión que tenemos que resolver hoy día o que se planteará mañana para la república y para la Francia misma. Es tiempo, sin embargo, de que todos los buenos ciudadanos se decidan a mirar de frente las dificultades que todos los partidos han tenido la culpa de dejar surgir hasta aquí y que nosotros seríamos imperdonables si las dejáramos aumentarse.

Las grandes huelgas que acabamos de presenciar no han sido más que un nuevo síntoma de un mal endémico persistente. ¿Qué digo? No es solamente Francia, es el mundo entero el que está padeciendo de unos fermentos desconocidos hasta la hora presente y todavía mal definidos.

Y sigue.

Pero basta lo dicho a mi propósito, aunque no estará de más agregar que con la crisis social crece y crece la marea del crimen.

Monsieur Briand*, que cuando comulgó con el pan agrio de Jaurés, predicaba la huelga revolucionaria, recoge ahora lo que sembró, y otros con él, como Monsieur Clemenceau*.

La verdad es que no se necesita ser profesor de etiología, viendo estos criminales de diez y seis a veintiun años, para decir: he ahí el fruto de una “educación atea”, educación a la que se debe una juventud sin freno, arrastrada por los peores instintos.

Las cifras del Officiel* que tengo a la vista publica bajo el epígrafe de “La criminalidad de los niños”, dan escalofríos haciendo erizar los cabellos.


Entre el momento fugaz en que estas líneas escribo y el día en que ahí vean la luz pública, solo Dios sabe qué es lo que puede pasar en el mundo.

Ya tenemos un segundo gabinete Briand*, gabinete que no es más que un avatar del primero Clemenceau*, con rasgos individuales menos simpáticos para los mismos elementos parlamentarios que acaban de acordarle un voto de confianza.

Semejante transformación no es como para augurarle larga vida. No gana prestigio, pues, el parlamentarismo republicano de tipo francés. Con todos sus inconvenientes de acción personal, prefiero nuestro gobierno presidencial a la “yankee”.

Sí, este parlamentarismo francés no es como para lamentar el no poder introducirlo en nuestras repúblicas sudamericanas.

Cuando el segundo imperio tocaba a su fin, se decía, escribe un historiador, el ministerio no tiene prestigio.

Y lo mismo puede decirse ahora en su vista de la reciente evolución ministerial, agregando: la penuria de hombres es la característica del partido radical en la cámara.

Se proclama la verdadera mayoría de la democracia.

Pero para sostener tan elevadas pretensiones, solo tiene jefes de segunda o de tercera categoría.

Medio siglo de parlamentarismo no ha hecho surgir en los grupos sino mediocridades y así, observando sin pasión, he aquí el fenómeno político que se descubrió, el que yo descubro al menos: el radicalismo estaría ya fuertemente atacado de anemia si no fuera el socialismo que de vez en cuando le presta su apoyo, por aquello de hoy por ti, mañana por mí.

En una palabra, y como escribe ayer un mi amigo diputado: el parlamentarismo está llegando a su última etapa. Por eso es que tanto se agita en el furor y la impotencia.


Dirigida a esta legación argentina, donde no vivo, viviendo en la Avenida Víctor Hugo 184, he recibido una linda publicación ilustrada.

Se llama: “El Expedicionario”.

¿Quién me la manda? Lo ignoro. Sea quien sea, agradezco mucho el recuerdo, y si ha de seguir, que un éxito completo corone sus esfuerzos. La obra es meritoria. Suele acontecer que los contemporáneos están más al cabo de lo antiguo que de lo moderno. Conviene así refrescarles la memoria de vez en cuando como lo hace “El Expedicionario”.

Yo he conocido jóvenes muy inteligentes, bastante informados de la historia patria que conocían mejor las causas de la revolución de 1810 que las del 11 de Septiembre, de donde deriva el nombre de la gran plaza bonaerense.

A este respecto, y ya que “El Expedicionario” inserta con elogio una página tomada de mi libro Una excursión a los indios Ranqueles, permítanme ustedes que casi en abreviatura le cuente aquí algo muy personal:

“Hace no muchos años de la cosa. Un diario del interior, como ahí decimos para distinguir la gente de tierra adentro de la del litoral de los ríos, publicó un artículo referente a esos mis Ranqueles.

No me estimulaban las palabras lisonjeras. Entre ellas, se leían estas: este general Mansilla tiene tanto ingenio (“merci”) que le ha hecho creer a toda la república que ha estado entre los indios haciendo decir misa en el Desierto. No obstante, el tilde de impostor (a lo Alejandro Dumas), que en tales palabras se contienen, agradecí la intención amable con esta nota: “no me creía capaz de tanta hazaña”.


Esto es lo que se llama un mal presagio para los “unionistas” ingleses. Lo consigno aunque no me plazca. Soy conservador en Inglaterra.

Punch,[5] en su último número, se burla un poco de los “tories”, hablando de la Irlanda, Punch como ustedes saben es siempre tan chacotón como penetrante. Ve lejos. Es casi un clarovidente en las circunstancias en que la generalidad se ofusca apasionada. A juzgar, pues, por las impresiones de Punch, la próxima campaña electoral no será favorable para los “unionistas” y la Irlanda obtendrá el “home rule”….


  1. Hay que hacer como todo el mundo.
  2. Juliette Adam (Verberie, 1836–Callian, 1936), también conocida como Juliette Lambert, fue una ‘salonnière’ y escritora francesa, famosa durante el caso Dreyfus por expresar sus opiniones fuertemente racistas y antisemitas. (VIAF: 64000638).
  3. Léon Michel Gambetta (Cahors, 1838-Ville-d’Avray, 1882) fue un político republicano francés muy influyente durante la Tercera República Francesa.
  4. Esther Pauline Thèrése Blanche Lachmann, conocida como Blanche de Païva o La Païva (Moscú, 1819-Swierklaniec, 1884), fue una de las cortesanas o demi-mondaines más exitosas de la Francia del siglo xix. Casada por tercera vez con el primo de Bismarck, creó un hotel muy lujoso en los Campos Elíseos conocido como el Hotel Paiva. (VIAF: 42904767).
  5. Punch, or the London Charivari fue una revista ilustrada británica de humor y sátira publicada de 1841 a 1992, y de 19961​ a 2002. Fue fundada en 1841 por Henry Mayhew y el grabador Ebenezer Landells. Conocido sobre todo por sus caricaturas burlescas, a lo largo de su historia, tanto sus directores, como sus columnistas y caricaturistas incluían muchos de los grandes nombres de estos géneros en lengua inglesa. (VIAF: 136819692).


Deja un comentario