Viernes 6 de Mayo de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, abril 15 de 1910.
¿Leyeron ustedes, en mi anterior, la fea página sobre el inspector de escuelas que en su manual decía: “yo lo testifico, ese chancho posee la ciencia del bien y del mal”?
Despues de haberlo escrito arrojé la pluma con un sentimiento de indignación que también ustedes experimentaron seguramente al leerlo.
¡Pobre Francia!, pensaba. ¿A dónde vas encaminada por estos envenenadores del alma infantil?
Y pensando así estaba cuando me traen el diario de la mañana; abro, leo, “Han hecho notar ayer que durante el debate sobre “l’affaire Duez (la expoliación de los bienes eclesiásticos), los miembros de la derecha, según sus mismas expresiones, se manifestaban “muy prudentes y reservados”.
Estos fanáticos del radicalismo no admiten que un partido político se manifieste “prudente y reservado”… y no pasará mucho tiempo antes de que los veamos acusando a los católicos de haber explotado al “caballero” Duez.
Es lo que está pasando ya, y en verdad que se necesita muy poca o ninguna conciencia para burlarse así de la ingenuidad de sus lectores.
“Poca conciencia o ninguna”, acabo de escribir. ¡Pero si no puede ser de otro modo!
Lean ustedes y vayan poco a poco tomando medidas profilácticas contra una peste que bien puede llegar el día menos pensado a nuestras playas.
Pasaba esto en la sesión de la mañana.
El señor Gailhard Bancel acababa de decir: “No es ya la escuela sin Dios lo que ahora tenemos, es la escuela contra Dios”.
Y monsieur Ruisson había contestado que “ningún libro escolar permitía esa imputación”.
El referente al chancho con la ciencia del bien y del mal no había quizá llegado a su conocimiento.
A esta altura del debate, el señor Jacques Pion tomó un “curso de pedagogía para el uso de los institutores” y lee al azar:
“No tenemos para qué atacar a Dios, pero debemos dar una enseñanza que haga imposible la creencia en Dios”.
A lo cual el ministro observó que en eso él no veía sino ¡el uso legítimo de la libertad de hablar y pensar!
Lindo modo de hacer efectiva esa libertad, impidiendo que otros piensen según diferentes dictados de la conciencia.
Todo esto sería risible si no fuera odioso y si ahí no estuviera el gérmen maléfico que hace que París, para solo citar el primer centro de civilización y cultura francesa, sea algo así como una cueva de Montecinos, en cuanto se pone el sol. ¿Quién se aventura en una calle mal alumbrada? El que lo intente tiene que habérselas con los “apaches”, nenes generalmente entre diez y nueve y veinte que han salido de la escuela sin Dios, con esta divisa: la bolsa o la vida.
No sé, no me acuerdo si alguna vez he escrito sobre o contra los jesuitas, ¡he escrito tanto! seguramente más de lo conveniente. De donde deduzco que debo haberme contradicho. Es una compensación. Renan[1] dice, cito de memoria, más o menos esto: “Es menester haberse contradicho muchas veces para haber estado una siquiera en la verdad”.
Con esto de escribir sobre o contra los jesuitas, pasa lo que con Voltaire. Son muchos los volterianos, pero son pocos los que han leído siquiera la Henriade[2] donde el “soit disant” ateo ha escrito:
«Qui, Dieu nous a crees, il veut nous sauver tous… Il grave en tous les cœurs les lois de la nature. Seules á jamais les mêmes et seules toujours pures. Sur cette loi sans doute il juge les païens. Et si leur cœur fut juste ils ont été Christie’s[3]».
Entre así en materia para solo llamar la atención de los aficionados a las investigaciones históricas y no para hacer la crítica de un libro alemán, cuyo autor es el profesor Rochmer, de la Universidad de Bonn.
Se titula Los Jesuitas, y acaba de ser traducido al francés por monsieur Gabriel Monod.
Está en todas las vidrieras de librería, y otro cofrade al analizarlo, cofrade con autoridad, escribe lo que a mí me ha pasado:
Muchos lo miran; algunos antes de comprarlo lo hojean; la mayor parte parece pensar. ¿Será una nueva felpa de la célebre Orden, o será su apología?
Lo que hay de grave es que los unos desean hallar en este libro lo que sueñan, que los revienten a los reverendos, y los otros que los pongan por los cuerpos de la luna.
Me gustaría saber cuántos lectores, sedientos de verdad científica pura, simplemente desean conocer esa verdad sin perseguir, cueste lo que cueste, la confirmación de sus opiniones preconcebidas.
Es una interrogación que varias veces me he hecho leyendo a otros, y leyéndome a mí mismo, sobre todo si los personajes, o los sucesos históricos son argentinos pues, con el revólver del tiempo las opiniones se dividen cada vez más y más, si no soy muy mal observador.
Para la clase esa de lectores sedientos de verdad es para quienes escribe monsieur Gabriel Monot. No es hombre de panfletos ni de alegatos. De ahí que la introducción con que ha creído debe ilustrar su trabajo esté diciendo: hago un esfuerzo para desenmarañar lo que es y no lo que se quiere que sea.
No le diré al lector argentino “Es menester leer este libro”, tan alemán por su método; pero sí le diré: no está de más que se enteren ustedes del camino recorrido por la Orden al través de tantas y tan largas vicisitudes, sostenida por estos, combatida por aquellos.
Un hecho curioso es que permanece “militante” esencialmente, y que parece no haber perdido nada de su fuerza de atracción, dice el profesor Boehmer:
En 1906 contaba con casi tantos miembros como en 1625, época de su apogeo, a saber: 15.564.4336 para cada una de las asistencias de Francia y Alemania, 3414 para España, 2804 para Inglaterra y América del Norte y 1922 para Italia.
Concluiré.
Añade el profesor: “Si se mira un poco más de cerca, se ve que la Orden como regla general, no opera ya en la Iglesia mediante empresas directas, sino por medio de la curia. Lo que no quiere decir que su poder haya disminuido, al contrario, es mayor que nunca y sin claudicar en lo mínimo, no cesa de evolucionar con la Iglesia siendo motor principal”.
En las misiones solo conserva una sombra de su antiguo poderío. Pero en la enseñanza su influencia es importantísima, sobre todo en los Estados Unidos y en España.
En cuanto a su lucha contra el protestantismo no ha conseguido dominarlo, sino allí donde el catolicismo tiene algo de aristocrático. En cuanto a sus escuelas, si no tienen ya el prestigio de otros tiempos, merecido prestigio por otra parte, es innegable que prescindiendo de su tendencia eclesiástica fueron notables educadores de hombres distinguidos.
Los pueblos que gastan lo que tienen, y lo que no tienen, no perderán un minuto de su tiempo leyendo lo que acaba de decir el almirante Beresford[4].
Ha protestado contra el reclamo insensato (insane advertisement) en pro de los Dreadnoughts[5] que le cuestan a Inglaterra 60 millones de libras.
Y no es el único oficial de mérito que así piensa.
Sir E. Seymour, uno de los más brillantes jefes de la marina británica, ha hablado en estos términos: no se debe nunca establecer comparación alguna entre los vapores monstruos de la marina mercante y las nuevas gigantescas unidades navales.
El “steamer” va derechamente de un punto a otro, y no tiene necesidad de maniobrar, condición esencial del barco de guerra que, cada vez más, con su mayor calado y su largor, se ve en la imposibilidad de hallar refugio en la mayor parte de los puertos o docks, astilleros, para hacerse componer.
Pero en esta vía ruinosa (y yo agrego, y costando tanto formar marineros y oficiales) ¿dónde nos detendremos?
¡Detenerse! No solo no se piensa en ello sino que los Estados Unidos, en medio de su penuria de marinería y personal técnico, ya tienen en vista dos barquitos, uno de 27.000 toneladas para este año, y otro de 33.000 para el que viene.
No diré que esto sea pura locura. Pero sin ser sonámbulo lúcido, bien puede augurarse que el fin del fin será la bancarrota.
El “Board of Trade” ha nombrado cierto número de señoras en calidad de inspectoras del “Labour Exchange”, y estas señoras recibirán salarios de 130 a 200 libras esterlinas por año, bien entendido que no son solamente personas de excelentes costumbres, sino de saber profesional en todo lo que se relaciona con la higiene material y moral. Pues según algunos lo afirman, lo barato sale caro en estos casos. Es decir, que no basta el espíritu de beneficencia para que ciertas instituciones de caridad prosperen respondiendo ampliamente a sus fines; conviene remunerarlo.
Una comisión llamada en Inglaterra “Royal Comission on Divorce” funciona desde algún tiempo para revisar las leyes sobre el divorcio y hacerlo accesible a las clases pobres, las que en razón de los gastos considerables y de las dificultades del procedimiento, no pueden sino muy raramente recurrir a esa solución antipática. (No soy partidario de ella). La comisión oye testigos de todo tipo; jueces, procuradores, abogados; actas de colusión, de haber sido reveladas “chantage” que arrojan una muy triste luz sobre el estado social actual.
Pero hay que hacerle una justicia a la Iglesia de Inglaterra (véase mi correspondencia del 23 de enero[6]), a saber, que si bien una de las causas de su institución fue permitirle a Enrique VIII*, su fundador, divorciarse y hacer otras lindezas, por no decir horrores, es que hoy día todos sus esfuerzos tienden a suprimir el divorcio.
Entre sus argumentos capitales leo: si tenemos que combatir por la pureza del hogar y de la familia, nuestro primer deber es emplear todos los medios a nuestro alcance para modificar las leyes sobre el divorcio, ha declarado lord Halifax.
En tiempo de la reina Victoria, una mujer divorciada no era admitida en la corte; ahora es otra cosa, y la publicación de los procesos, tan frecuentes de divorcios, es un verdadero escándalo social.
¡Y cómo no! Imaginaos, no es Inglaterra, es aquí en Francia.
Hace poco que en un funeral me encontré con dos divorciadas y dos divorciados, que cambiando papeles alternativamente, habían constituido nueva sociedad conyugal, como la cosa más natural del mundo.
¡Shocking!
Lucio V. Mansilla.
P. D. En mi correspondencia del 23 de enero[7] los tipos me han agregado al final un “que”, de donde resulta lo contrario de lo que quise decir, que fue… Pero son más los liberales aliados a los socialistas y a los islandeses, y no irán todavía esta vez al gobierno (los conservadores).
- Joseph Ernest Renan (Tréguier, 1823-París, 1892) fue un escritor, filólogo, filósofo, arqueólogo e historiador francés. Produjo controvertidas obras sobre Jesús de Nazaret y el cristianismo primitivo, y tuvo grandes polémicas en torno a los pueblos semitas y al islam, los tipos de razas y el concepto «espiritual» de nación. (VIAF: 100170528).↵
- La Henriade es un poema épico del autor ilustrado francés Voltaire. Fue publicado por primera vez en 1723 bajo el título La Ligue, e impreso varias veces a lo largo de la vida de Voltaire. Según el autor, la obra fue escrita en honor a Enrique IV de Francia. El argumento principal de la obra es el asedio de París, en 1589, por parte de Enrique III y Enrique de Navarra, quien pronto sería coronado como Enrique IV, pero los temas que se presentan son, principalmente, el fanatismo religioso y las luchas intestinas, así como la situación política de Francia. (Extractado de la Enciclopedia británica). ↵
- “Quien nos creó, Dios, quiere salvarnos a todos… Él graba en todos los corazones las leyes de la naturaleza. Solteros por siempre iguales y solos siempre puros. Según esta ley, sin duda juzga a los paganos. Y si sus corazones estaban bien, eran cristianos”.↵
- Charles William de la Poer Beresford, Primer Baron Beresford, (1846–1919), Lord Charles Beresford entre 1859 y 1916, fue un militar británico de prosapia real y miembro del Parlamento. (VIAF: 15709462).↵
- La palabra significa “sin miedo, temerario”. En este contexto, se refiere a los acorazados de la Marina Real Inglesa, fabricados en 1906, y que implicaron un gran avance tecnológico en la ingeniería naval de la época. (Extractado y adaptado de Dreadnought Project: https://bit.ly/33rr6aa). ↵
- Tal vez se refiere a la Página breve publicada el 17 e febrero de 1910, con fecha de escritura “enero 22”. ↵
- Ídem. ↵






