Jueves 1° de Diciembre de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PAGINAS BREVES
París, noviembre de 1910.
En vez de disertar sobre las consecuencias de la clase de enseñanza que el espíritu sectario anticristiano insiste en difundir por acá vale más, para que ustedes se enteren, que a paso redoblado pasemos una corta revista de algunos libros escolares.
Desde luego la palabra “Dios” es la que ha hecho el gasto de la depuración; hay editores evidentemente muy inteligentes y muy vigilantes… difícil sería hallar esa palabra una sola vez en ciertos libros de la lectura de unas trescientas páginas.
En una pequeña gramática, una poesía de Ratisbonne[1], “¿Cómo es que Dios ha pintado las flores?”, ha sido reemplazado por “¡Si yo fuera reina!”.
Otro gramático ha tenido la atención delicada, sirviendo al mercader editor, de poner en vez de la palabra “Dios” el vocablo “vino”.
Otros términos no han hallado gracia tampoco; en un libro de lectura corriente el relato terminaba así: “la madre dio gracias al cielo” por la unión que reinaba en la familia. La edición “laicisada” termina suprimiendo la frase subrayada.
Y algunas páginas más adelante, a propósito del respeto que debe uno a sus maestros, para no decir “santo” han suprimido “San Arsemo”.
En otro librejo donde se leía refiriéndose a las maravillas descubiertas por Le Verrier[2] “la ciencia eleva el alma hacia lo infinito”… la palabra “alma” ha sido eliminada por hallarse la “clerical”.
En cuestiones de vestimenta, la variedad es para la mujer civilizada lo que son los atavíos para el salvaje, dice el Spectator[3].
Cuanto más civilizada se hace la mujer, tanto mayor es la variedad que precisa tener.
Las cosas han llegado a tal extremo que las hojas diarias tienen que dar las noticias de las modas. El diario más serio no se atreve a ignorarlas. Al lado de los asuntos del reino, de los anales de la Corte y del crimen se encuentran los detalles kaleidoscópicos de trapos de color y estilos fantásticos que regocijan al público femenil.
¿A dónde va nuestra civilización? Más va costando vestirse que alojase y comer.
Conversando los otros días con un amigo sobre el último escrito de Ferrero[4], publicado en Le Figaro[5], me observó:
“¿Por qué no ha dicho usted algo más sobre la filosofía de William James[6] al ocuparse del artículo de Ferrero?”
“Tiene Vd. razón”, le contesté, “enmendaré eso, lo completaré, mejor dicho, en una de mis próximas plumadas”.
Voy a ello con la concisión que corresponde a mis coloquios con el lector argentino.
La filosofía del notable americano del Norte cabe dentro del cuadro que sigue, según J. Bordeau.
William James critica desde el principio el “monismo”, o sea, la filosofía de la unidad fundamental de las fuerzas materiales y espirituales del determinismo universal y absoluto en el que el libre arbitrio no cabe, dejándonos apenas percibir el crujir de una cadena que se desenvuelve eternamente.
James cree que hay en el universo fuerzas que no armonizan con el conjunto, fuerzas distintas, concurrentes, vibrantes de antagonismo. Él no tiene qué hacer con el antiguo dualismo del espíritu y de la materia. Pretende establecer la pluralidad, la multiplicidad de sus fuerzas y esta teoría está llamada en su concepto a hallar siempre mejor acogida y mayor apoyo en la ciencia misma.
En una palabra, las conclusiones de su psicología forman el punto de partida de su último libro, El Universo pluralístico[7]. Libro en el que resalta toda su originalidad característica.
Finalmente William James es algo así como un Nietzsche envuelto en una película de Schoepenhauer sin la inmoralidad de aquél. Los que a leer lo se resuelvan, por curiosidad, háganlo con beneficio de inventario como es un tanto contagioso.
Una paja demuestra de qué lado sopla el viento aun cuando esté enredada en el cabello de un lunático, dice el Evenning Standard*.
El doctor Forbes Winslow[8], el experto de la locura criminal, acaba de publicar sus Memorias de cuarenta años[9] y, observando la estadística de la insanidad, como una paja al viento, encuentra que hay una corriente fuerte y fija que sopla en la dirección de la locura.
Durante cuarenta años la proporción de lunáticos en la población de Inglaterra y Gales ha aumentado de 1 cada 418 personas a 1 cada 278.
Cuando el doctor Winslow declara: “vamos llegando gradualmente con la decadencia juvenil a la proximidad rayana de una nación de locos”, no es fácil refutarlo.
Me pregunto: ¿cuántos locos de ambos sexos habrá en la Argentina y en qué proporción estarán respecto de Inglaterra y el país de Gales?
Si esa tierra sigue como va, reproduciéndose y creciendo por la inmigración, mis cálculos ideales, no tengo ninguna estadística a la vista, mis cálculos son, a ojo de buen cubero, que cuando el presidente Saenz Peña termine su período legal los seis y pico de millones que son ahora la población argentina estará rayando en diez o más.
De aquí que el problema gubernativo se haga cada vez más difícil o, dicho de otro modo, que los que llevan el timón de la nave tengan que desplegar tanta firmeza cuanta previsión, rumbeando bien.
Digo esto impresionado por el “Lock Out” colosal que acaba de verse en Inglaterra, y agrego que si los franceses hicieron la revolución del 89 contra el sindicato, visto lo inaudito que pasa entre ellos, esta huelga sin ejemplo habrá que “rehacerla”.
El “Sindicat” se llamaba entonces “maitrise jurande” o “compagnonnage”. El hombre poco importa, era siempre la coalición, la fuerza del número opuesta a la libertad del individuo. Toda la filosofía del siglo XVIII tendió, en efecto, a libertar al hombre, a crear al ciudadano, a darle conciencia de su fuerza, de sus derechos. Así, sobre todos los decretos, puso “les droits de 1’homme”.
Y la política del siglo XIX ha consistido, sobre todo aquí, en rehacer los mecanismos de tiranía que la revolución había decompasado y, so pretextos diversos, en colocar de nuevo al individuo bajo la dependencia del Sindicato, bajo la ley del número; y ahí estamos en la aurora del siglo XX, es decir, más lejos que nunca del ideal de paz y de felicidad que es el fin de toda política y de toda filosofía.
A fuerza de cortar, de sindicar, de unificar, de federar, para constituir fuerzas de opresión, la sociedad está como dividida en dos campos y en varios ejércitos que se temen, que se chocan, que se desgarran.
La fraternidad es un nombre por estos mundos, y por los nuestros, lo que ayer era concordia tiende a desaparecer faltándonos leyes de previsión social cuya razón de ser puede fácilmente hallarse en nuestra constitución. Ella no invoca en vano a Dios, “fuente de toda razón y de justicia”, cuando ordena y decreta lo que reza de sus sabios preceptos.
Cierto que el estado de sitio es un recurso; pero ese expediente dictatorial debe reservarse para cuando la nación pueda estar en peligro. Luego, lo repito, hay que dictar leyes de previsión, teniendo en vista que el tiempo vuela y que no es mucho lo que tardaremos en ser diez millones con una capital de dos, la segunda latina después de París, y que cuantos más seamos, tanto más difícil ha de ser gobernarnos.
Relacionándose con lo que acabo de insinuar, hay en la Grandeza y decadencia de los Romanos una página de Montesquieu* con la que finalizaré estos mis borrones.
“…las buenas leyes que han hecho que una pequeña república se engrandezca resultan pesadas una vez que se ha engrandecido; porque eran tales que su efecto natural era hacer un gran pueblo y no gobernarlo”.
La República portuguesa parece establecida no sintiéndose síntomas de reacción.
¿Durará?
El porvenir lo dirá.
En el intertanto tiene que arreglar sus finanzas que, como ustedes saben, no están en equilibrio desde hace fecha.
Con el trono derribado se ha cumplido una vez más la ley social, a saber: que buenas finanzas y buen gobierno son sinónimo y el gran antídoto contra los pronunciamientos militares y las revoluciones.
Agregándole a esto un poco de prudencia, calma en el espíritu reformista radical, es posible que la nueva república se consolide.
Ya se habla de separar la iglesia del Estado. Mal signo, en cierto sentido por aquello de “chi va piano va sano e va lontano”.
Si se han de juzgar las cosas en este orden de ideas por los resultados que esa política ha dado en Francia, la situación moral y material de los portugueses no ha de mejorar mucho que digamos, y el problema se presenta tanto más erizado de dificultades para ello cuanto que el catolicismo portugués tiene raíces populares más hondas que en Francia.
A lo que hay que agregar que una revolución como esta, hecha por la tropa que falta a sus deberes de lealtad, deja siempre un sedimento mal sano, peligroso.
Era en el espacioso salón de lectura del Grand Hotel. Un cliente, digamos, leía El Diario. Me acerqué, lo hacía con atención. Tomé La Prensa, la dejé, tomé La Nación, me senté, leí, miré sin querer al lector de El Diario. Nuestros ojos se encontraron.
―Caballero ―me dijo en francés— perdone, ¿es Vd. argentino?
―Creo que sí…
―¡Ah!
―¿Y usted francés?
―Sí, de Tolosa, leo con facilidad el español, pero no lo hablo.
―¡Ah!
―¡Qué país tan interesante la Argentina!, ¡y qué diarios tan grandes tienen, como no se conocen aquí, en París mismo!
―¿Podría Vd. indicarme algún libro que me informara sobre su actualidad?
―Sí, señor, busque Vd. en la librería española de Garnier Freres, lo han de tener y si no lo tienen lo harán venir, un grueso volumen magníficamente impreso con láminas, y mapas y excelente redacción titulado La República Argentina en 1910[10] (tomo primero) y en él hallará Vd. cuanto pueda apetecer su curiosidad.
―¡Tantas gracias!
―No hay de qué, lo verá Vd. es un libro que haría honor a la tipografía editora más prolija de Europa…
Y ahí se cortó el coloquio y con esto digo no todo lo que podría decir en elogio de mi querido e inolvidable Carlos M. Urien[11] y de su ilustrado colaborador Ezio Colombo, sino lo poco que cabe dentro de estos estrechos lindes, repitiendo que trabajos semejantes son como profecías de que no fallaremos en realizar el ideal grandioso de nuestros abuelos.
En Suiza han dictado una ley que obliga a todos los cantones, prohibiendo bajo severas penas la venta del “ajenjo”.
El alcohol es el primer enemigo de la salud física y moral en los tiempos que alcanzamos. Es peor quizá que el opio, siendo un vicio hereditario.
Tomen nota los países que lo producen.
Aquí en Francia los estragos que ocasiona dan horror.
Pocos días ha que una madre alcoholista, inerte como una piedra, presenció la espantosa escena que relataré en pocas palabras:
“Dos eran sus hijos, de un año el uno, de nueve el otro. Impacientado este porque aquel lloraba, tomó un martillo y, para hacerlo callar, le pegó unos cuantos golpes en la cabeza. No bastando esto, echó mano de un cuchillo y lo ultimó…”.
- Marie-Alphonse Ratisbonne (1814, Alsacia, Francia-1884, Jerusalén), conocido en español también como Alfonso de Ratisbona, fue un judío francés que se convirtió al catolicismo. Consagrado sacerdote jesuita, se dedicó a la evangelización y fundó la Congregación de Nuestra Señora de Sion, destinada a la conversión de judíos al catolicismo. No hemos hallado ninguna referencia al poema que menciona aquí Mansilla. (VIAF: 2475950). ↵
- Urbain Jean Joseph Le Verrier (1811–1877) fue un matemático francés que se especializó en mecánica celeste. Su logro más importante fue su colaboración en el descubrimiento de Neptuno usando solo matemáticas y los datos de las observaciones astronómicas previas. (VIAF: 73986042).↵
- The Spectator es una revista inglesa fundada en 1828 y aún vigente (en línea: https://www.spectator.co.uk/). Sus ámbitos principales son la política y la cultura. Su línea editorial es conservadora y de centro-derecha. Sus archivos están disponibles en línea: http://archive.spectator.co.uk/issue/2nd-june-1906 y en The British Newspaper Archive). ↵
- Guglielmo Ferrero (Nápoles, 1871–Bologna, 1942) fue un historiador y novelista italiano de ideología liberal. Coescribió con Cesare Lombroso La mujer criminal y la prostituta (1898). Su obra más importante fueron los cinco volúmenes de Grandezza e decadenza di Roma (1901-1907). (VIAF: 79042660). ↵
- Le Figaro es el diario más antiguo de Francia, de ideología centro-derecha. Fue fundado en 1826 y debe su nombre al célebre personaje creado por Beaumarchais en su obra Las bodas de Figaro. Ha sido siempre el vocero, entre otras instituciones, de la Academia francesa. Sus archivos están disponibles en Gallica. Su edición digital puede consultarse en: https://www.lefigaro.fr/. ↵
- William James (New York, 1842-New Hampshire, 1910) fue un filósofo y psicólogo estadounidense y catedrático de la Universidad de Harvard. Es considerado el fundador de la psicología funcional y pragmática. Era hermano mayor del escritor Henry James. En 1904 publicó un artículo revolucionario para su época: «¿Existe la conciencia?» en la revista Journal of Philosophy, Psychology, and Scientific Methods, incluido luego en su libro, también fundacional para 1912, Ensayos sobre empirismo radical, donde pretendía demostrar que el dualismo tradicional entre sujeto y objeto era una barrera para una sólida concepción de la epistemología. (VIAF: 56625773).↵
- James, William. A Pluralistic Universe. Nebraska: Hibbert, 1909. ↵
- Forbes Winslow (1844-1913) fue un psiquiatra británico muy renombrado y controversial en su época por haber defendido al asesino serial conocido como Jack el destripador. Entre sus obras, cabe mencionar: Obscure Diseases of the Mind (1866), Handbook For Attendants On The Insane (1877), Spiritualistic Madness (1877). (VIAF: 70949932). ↵
- Winslow, Forbes. Recollections of Forty Years, 1910. ↵
- Urien, Carlos y Ezio Colombo. La República Argentina en 1910: estudio histórico, físico, político, social y económico. Buenos Aires: Maucci Hermanos, 1910. ↵
- Carlos María Urien (Buenos Aires, 1855-Buenos Aires, 1921) fue un abogado e historiador argentino. (VIAF: 279190567). ↵






