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EL DIARIO

Lunes 7 de Febrero de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, enero 15.

    

Un idilio como en tiempo de Matusalem que, a no dudarlo, Piron[1] tuvo razón, en parte, cuando hizo este verso:

L’hymen si l’on croit le proverbe commun

A deux bons jours l’entrée et la sortie[2].

Banal la cosa si se quiere, pero ya que de Nueva York la telegrafian aquí la tienen ustedes.

El caso ha pasado en Chicago y con pelos y señales, dice así:

Mr Williams Tursk (con razón insisto tanto en recomendar la vida rural), agricultor de la region de L’vansion, se ha casado.

Tiene 81 años. La novia viuda, cuenta 82, se llama Carolina Weese.

Mr. Tursk, solterón, y la que es ahora su cara mitad, se conocían de mucho tiempo atrás.

Parece que se estudiaban, amándose en silencio, y que satisfechos los dos del resultado de sus observaciones, decidieron que serían más felices si se ligaban con los lazos de himeneo.

El telégrafo, al dar la noticia, agrega: ambos cónyuges gozan de salud robusta, de modo que dentro de unos pocos meses ya, sabremos si hay proyecciones sexuales, o no; si las hay, tendremos unos abuelos centenarios en perspectiva, ¡que Dios guarde!


De puntos negros en el horizonte internacional hablamos días pasados rapidamente, como de costumbre.

El nuevo jefe del gabinete italiano, por segunda vez, la primera solo duró cien días, me refiero al señor Sonnino, ha dicho en su declaración gubernativa:

Que la triple alianza constituye no solo una gran fuerza al servicio de la paz sino una garantía de los intereses italianos.

Agregó que el objetivo constante de la política de su gobierno era la paz (es el estribillo de todos, pero los armamentos terrestres y marítimos siguen), una paz en la que los intereses morales y económicos del país hallen su defensa al mismo tiempo que su seguridad, etc., etc.

Estas declaraciones no hacen sino confirmar las declaraciones sucesivas de los ministerios anteriores. Durante diez años, lo repito, el estribillo no ha variado en una jota.

El señor Sonnino ha recalcado esta vez el punto, insistiendo sobre la armonía que reina en el seno de Triplicia.

¿Debe deducirse de esto que sea un “triplicista” más convencido que el señor Giolitti, que espera sin duda en cuarteles de invierno una vuelta al poder?

Es posible. En otro tiempo no hacía de ello un misterio; pero en el fondo las tendencias de un ministro hoy en día tienen en Italia menos importancia que antaño; no influyen mayormente en la opinión.

En las grandes cuestiones nacionales, dice muy bien René d’Aral, el gobierno está obligado a seguir el movimiento popular y es sabido lo que el pueblo italiano piensa de la tutela austro-alemana.

Relacionado con este interesante punto de vista sobre el estado del alma de Italia, hay en la Revue des Deux Mondes[3] del 15 de diciembre de 1909 un artículo titulado “La question Albanaise”, que recomiendo al lector del Plata donde no faltan, por cierto, italianos; que vayan más, los campos están desiertos clamando brazos.

En dicho artículo monsieur René Pinon dice esto, que confirma mis vistas:

Después de un año, las consecuencias perniciosas de la anexión de la Bosnia Herzegovina se hacen sentir todavía… y aliados pero no amigos, el Austria y la Italia se irritan mirándose y se arman por tierra y por mar. Su campo de batalla militar futuro será en el Trentino y en Frioul; el campo de batalla diplomático está en el imperio otomano, en Albania; el verdadero objeto de su antagonismo no es tanto el irredentismo cuanto la preponderancia en el Adriático.

Y, en efecto, y dígase lo que se quiera, la reciente manifestación del general Asinari di Bernesco en Brescia aunque oficialmente desmentida por el gobierno, ha traducido en alta voz lo que en silencio murmura el corazón italiano, ejército y pueblo.


Veremos si se enmiendan.

¿Quienes?

Los autores dramáticos, no todos, una buena parte, mala en otro sentido.

De eso se trató los otros días en una conferencia sobre “Le théatre qu’il nous faut” digamos, conferencia dada por M. Henri de Noussaune, director del Gil Blas[4].

Habló con elocuencia. Y eso que el Gil Blas no brilla por la mesura en el decir naturalista.

Dijo que la creación de la Societé des Amis d’Art dramatique se proponía, prescindiendo de todo espíritu político, oponerse a las doctrinas disolventes (ya era hora), que hacen del teatro una tribuna de desmoralización.

Dicha sociedad mantendrá contra esas doctrinas la integridad de la familia, combatirá el antipatriotismo y la anarquía y enaltecerá los grandes principios de equidad y de caridad sociales.

Los asociados se proponen ejercer su influencia individual en toda coyuntura en la que puedan hacerlo con provecho.

Un comité de estudios señalará y preparará las diferentes cuestiones, siempre que las circunstancias requieran un examen. Podrán leer los manuscritos, quedarse con ellos o devolverlos, proponerlos para el apoyo pecuniario y moral, cuyo mérito y el público a que se dirigen comportan. Llamar a las piezas que juzgue dignas de ello la atención de la sociedad que propagará su éxito, si necesario fuera, mediante comunicados, avisos, reclamos de toda especie por el concurso de su influencia colectiva y de sus recursos materiales.

Los Amigos del Arte dramático no limitarán su acción a una sola especialidad y se ocuparán tanto del teatro de París como del de provincias.

En una palabra, ellos serán como un centro de simpatía y de sostén para todas las obras de reacción estética y moral ya existentes.

Agregaré para concluir lo que es una promesa: que esta sociedad cuenta entre sus miembros honorarios a Maurice Barres*, Francis Charmes[5], Paul Deschanel[6], René Doumic[7], Emile Faguet[8], Etienne Lamy[9], Emile Ollivier[10], el marqués de Segur[11] y Albert Vandal[12].

Si consiguen su propósito, abrigo mis dudas, no será el caso tan frecuente de que una señora madre de familia pregunte: ¿Y a esa pieza puedo llevar a mis hijas?


En la última sesión pública anual de la Academia de ciencias, monsieur Bouchard leyó un extenso y notable discurso sobre la despoblación en Francia. No cabe aquí. Deben ustedes buscarlo y leerlo.

No vamos en la Argentina por ese camino. Pero bueno es no perder de vista las experiencias de otras naciones.

Hay en este discurso curiosos datos y observaciones. Desde luego la despoblación proviene de varias causas principales; el francés no quiere hacer muchos hijos ya para poder dejarle algo a los que tenga, ya para no privarse de cierta suma de bienestar material aumentando el número de la familia, ya porque la maternidad deforma anticipadamente a la mujer.

Entre las causas secundarias hay algunas peculiares. Puede decirse que Francia es el país de los “apartamentos”. Pues hay muchos propietarios que no alquilan sus inmuebles a familias que tengan niños o perros.

De todos modos monsieur Bouchard es optimista, porque el francés, no lo pongo en duda, es prolífico, dice.

Hace constar empero que con un aumento de 7 por ciento que fue el de años pasados en Francia, necesitarían 370 años para doblar su población, en tanto que la Alemania ha triplicado su población en un siglo. Finalmente, agrega, si así seguimos en 1909 las cifras de los nacimientos serán inferiores a las defunciones, y este país observo yo, será un fenómeno histórico, en cuanto la disminución, o lentísimo crecimiento de su población, no disminuye la riqueza pública.

Es que el francés es el hombre de la tierra que más cuida los “centécimos”, o que con más inteligencia emplea su dinero, el que trata de vivir lo mejor posible ahorrando.

No sé si los argentinos que vienen a Francia cosechan tanto como es desear en el orden intelectual. Pero no me cabe duda de que siendo, como en general somos, algo disipados, aquí, en París sobre todo, aprenden a defender su “argent de poche”, que nunca es mucho, sobre todo para el sexo femenino.


No va bien esta Francia tan prestigiosa por sus grandes iniciativas históricas y contemporáneas, su población disminuye y su riqueza decrece, o emigra.

Una estadística oficial publicada el otro día por el diario L’Eclair[13] demuestra que en diez y seis años la fortuna nacional ha disminuido “veinte millares”.

Los comentarios dicen que del examen de las cifras se arriba a la conclusión de que el debut de esta crisis coincide con la organización de los partidos anticapitalistas, o, empleando una denominación más comprensiva, de los partidos socialistas de todos pelos y tendencias disolventes.

Y por desgracia la bacanal legislativa continúa y allá van leyes que asustan al capital haciéndolo emigrar.

¿A dónde llegaremos de aquí a unos diez y seis años más si así seguimos, pregunta el estadígrafo autor del susodicho estudio? Termina con una afirmación categórica: las causas del mal son múltiples, pero hay una principal, la ley de elecciones que nos llena de mediocridades, ley que por fortuna parece que vamos a modificar (dura ha sido la lección), volviendo a la elección por circunscripciones, que mata los caudillejos de barrio patriotas de campanario, enemigos declarados de la representación proporcional.

Filosófico: alcanzar sin merecer dejando con un palmo de narices a los que merecen, es el arte de los oportunistas, en todas partes, leí en el Saturday Review [14]me parece los otros días.


Mr. Roosevelt[15] fue electo ayer miembro correspondiente de la Academia Francesa de Ciencias morales y políticas vacante dejada por el economista suizo, Ernesto Naville, que pasó a mejor vida.

Mr. Roosevelt obtuvo 25 votos de los 28 presentes.

Todavía anda cazando leones por África y es en aquellas selvas espesas donde recibirá la grata noticia de la admiración que le tienen estos sabios que tanto saben excepto manejar un fusil y ginetear.

Mr. Roosevelt es, en efecto, por activa y por pasiva, un hombre representativo de la raza y de su país: habla bien, escribe bien, monta a caballo bien, maneja todas armas bien y en el gobierno de la gran República ha hecho las cosas bien, y no hay que olvidarlo ha constituido la familia bien y observado cierto mandamiento bien.

El periodista tan conocido y autorizado Mr. Judet[16], observa con motivo del honor discernido por la Academia al cazador: “Las cualidades que los franceses admiran en Mr. Roosevelt, no las admitirían o tolerarían en sus presidentes”.

Es posible.

Le Temps[17], en un elocuente artículo editorial, resume su juicio sobre el nuevo académico en una frase, esta: “Es apóstol del idealismo nacional”.

Será lo que se quiera, que en estos casos hay para todos los gustos. Yo me quedo pensando en que el tal Roosevelt es una encarnación del tipo de Nietzsche, un “superhombre” o en nuestro decir corriente, un hombre y medio.


Llegará algo retrasado este párrafo pero más vale tarde que nunca.

Ya conocen ustedes la usanza protocolaria: el cuerpo diplomático presidido por su decano, va al Eliseo el primero de año a saludar al presidente de la república.

Hay dos alocuciones leídas, naturalmente, para salvar así todo error u omisión.

Fue este año el diplomático que habló, un hombre distinguido, que, entre otras cualidades, posee la prudencia; y si ustedes han leído su discurso, habrán notado el sello de discreción que lo caracteriza. La tarea es tan fácil, puesto que el decano no habla por sí solo sino en nombre de todos, de su gobierno propio y del de sus colegas.

Leyendo el documento con microscopio, pueden descubrirse entre renglones que el señor León y Castillo Marqués del Muni, embajador de España, no las tiene todas consigo, y uno se pregunta cómo es que los “pacifistas” pueden continuar haciéndose ilusiones.

Este discurso es un modelo de sensatez: el eminente diplomático no ha podido sin embargo dejar de hacer alusiones a la situación diplomática actual.

Su arenga contiene estas palabras:

“Pueblos y gobiernos han trabajado para impedir la explosión de conflictos que en ciertos momentos parecían inminentes, lo han conseguido no sin dificultad ciertamente”.

En el comienzo de su discurso, el marqués del Muni se regocijaba de que la paz no hubiera sido perturbada en 1909.

No podía olvidar la guerra de Marruecos. Luego lo que se ha evitado es una guerra europea.

Pero este párrafo nos prueba que el orador no tiene una confianza absoluta en lo que concierne al porvenir:

“La tempestad ha pasado, la emoción se ha calmado, el mundo quiere vivir en paz, pero no pocas incertidumbres e inquietudes flotan todavía en el espacio…”.

Es justamente lo que vengo diciendo a ustedes hace dos años, con la recomendación de que aprovechen la bonanza, que todo el mundo se prepara.

Sobre el mismo tema piensa el general alemán Van der Beck, discurriendo, en la Deutsche Revue, que 1912 será un año climatérico.

Lo que tengo repetido, la alarma que me obsedia.


La Barricade[18] de Paul Bourguet[19] no ha sido una sorpresa para nadie; todo el mundo decía antes de la primera representación: será un éxito; y lo ha sido. No hay dos opiniones, es la unanimidad del aplauso.

La Barricade, con sus méritos literarios, es una obra clásica de defensa social; llega en hora de grandes inquietudes. Nunca han sido, en este país, las provocaciones revolucionarias tan violentas, tan numerosas. La Barricade indica los medios morales de resistir con un poco de coraje, y de triunfar.

Los corresponsales especiales les darán a ustedes el detalle de esta pieza, que hará época.

León Bourgeois[20], me limitaré yo a decir en conclusión, ha puesto al servicio de su idea una flexibilidad excepcional, ha realizado el “tour de force” que consiste en escribir una verdadera pieza, que es una tesis, evitando el peligro de hacer una “conferencia”, lo que en estos casos es el escollo. Bourget debe, pues, ser elogiado sin reserva bajo el doble aspecto literario y social.


Siento mucho tener que enmendar algo de lo consigné en mi anterior.

Los ingleses están desmintiendo, antes de ir a votar, sus tradiciones de respeto a la palabra y al derecho de sufragar. En varias ocasiones ya se han ido a las manos como nosotros en tiempo de “crudos” y “cocidos”, siendo el agresor los liberales.


  1. Alexis Piron (Dijon, 1689-París, 1773) fue un poeta satírico, de corte popular y dramaturgo francés.
  2. “El himen si creemos en el proverbio común: unos buenos dos días desde la entrada y la salida”.
  3. La Revue des Deux Mondes es una publicación francesa mensual, fundada en 1829. Por sus páginas pasaron importantes escritores del S. XIX, tales como Alexandre Dumas, Alfred de Vigny, Honoré de Balzac, Prosper Mérimée, Sainte-Beuve, Charles Baudelaire, entre otros grandes literatos. A finales del siglo XIX, bajo la influencia de Ferdinand Brunetière, la revista apoyó a la iglesia católica contra la ley de Laicidad. Fue cambiando de nombre a lo largo del Siglo XX, pero luego retornó a su nombre original. Actualmente, puede leerse en línea: https://www.revuedesdeuxmondes.fr/. Sus archivos se encuentran disponibles en Gallica.
  4. Gil Blas fue un periódico literario parisino fundado en 1879 y vigente hasta 1938. Su título rememora la novela homónima del escritor fránces Alain-René Lesage. En las páginas de Gil Blas se publicaron como folletín novelas de Émile Zola, Guy de Maupassant, Villiers de L’Isle-Adam y escritos de muchos de los intelectuales que menciona Mansilla a lo largo de sus Páginas breves, tales como Paul Bourget, Catulle Mendès, Henri Rochefort, entre otros.
  5. Francis Charmes (Aurillac, 1848–París, 1916) fue un periodista, diplomático, político y académico francés, miembro de la Academia Francesa desde 1907. (VIAF: 9990406).
  6. Paul Eugène Louis Deschanel (Schaerbeek, 1855-París, 1922) fue un escritor y luego político francés (presidente de Francia entre el 18 de febrero y el 21 de septiembre de 1920). Miembro de la Academia Francesa, entre sus obras, cabe destacar: Figures de femmes (1899), La Décentralisation (1895) y La Question sociale (1898).
  7. René Doumic (París, 1860–París, 1937) fue un periodista y crítico literario francés, de corte nacionalista de derecha, miembro de la Academia Francesa, director de la Revue des Deux Mondes entre 1915 y 1937. Entre sus obras, se cuentan: Escritores de hoy: Paul Bourget, Guy de Maupassant, Pierre Loti, Jules Lemaître, Ferdinand Brunetière, Émile Faguet, Ernest Lavisse (1894), Estudios sobre la literatura francesa (1896-1905), Las Jóvenes, estudios y retratos (1896), George Sand, diez conferencias sobre su vida y su obra (1909). (VIAF: 68953396).
  8. Auguste Émile Faguet (La Roche-sur-Yon, 1847–París, 1916) fue un ensayista y crítico literario francés, miembro de la Academia Francesa desde 1903. Colaborador de varios periódicos, como el Journal des débats, y autor de varias obras, entre ellas: Politiques et moralistes du XIX siècle (1891), Le Libéralisme (1903), L’anticléricalisme (1906) [a la que se refiere aquí Mansilla], Le pacifisme (1908), Vie de Jean-Jacques Rousseau (1911).
  9. Etienne Lamy (1845-1919) fue un escritor francés, autor, entre otras obras, de: Témoins de jours passés (1909, 1913), Au service des idées et des lettres (1909), Quelques œuvres et quelques œuvriers (1910, 1913).
  10. Émile Ollivier (Marsella, 1825–Saint-Gervais-les-Bains, 1913) fue un abogado, político e historiador francés republicano, opuesto al emperador Napoleón III en sus inicios, gestor de una serie de reformas liberales. Entró en el gabinete y fue primer ministro de Francia cuando Napoleón cayó. En virtud de su producción como historiador, fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1870 pero nunca ocupó el cargo. (VIAF: 59093008).
  11. Pierre de Ségur (París, 1853-París 1916) fue un escritor e historiador francés, nieto de la escritora rusa Condesa de Ségur. Fue elegido miembro de la Academia Francesa en 1907. Entre sus obras, se cuentan: Le maréchal de Ségur (1895), La dernière des Condé (1899), Jeunesse du maréchal de Luxembourg (1900), Gens d’autre fois (1903) y Parmi les cyprès et les lauriers (1912). (VIAF: 230839860).
  12. Albert Vandal (París, 1853-París, 1910) fue un historiador y escritor francés, designado caballero de la Legión de Honor y miembro de la Academia Francesa. Entre sus obras, se destacan: En karriole à travers la Suède et la Norvège (1876), Louis XV et Elizabeth de Russie (1882), L’avènement de Bonaparte (1902). (VIAF: 12299459).
  13. L’Éclair: critique, littérature, théâtre, industrie, bibliographie, fue un diario fundado en 1832, cuyos números se encuentran en Gallica.
  14. The Saturday Review of Politics, Literature, Science, and Art fue un periódico semanal londinense creado por A. J. B. Beresford Hope en 1855 y publicado hasta 1938. Su primer equipo editorial estuvo compuesto por periodistas que habían trabajado en el diario conservador Morning Chronicle, con John Douglas Cook (1808–1868) como editor responsable. El nuevo periódico adscribía al partido político de los Peelite, es decir, un grupo originalmente surgido en el partido conservador y devenido relativamente liberal. Desde sus inicios, la Saturday Review se declaró opositora del famoso The Times. Extractado y traducido de Fielding, K. J. “Trollope and the Saturday Review”, Nineteenth-Century Fiction, 37. 3 (1982): 430–442. Sus archivos pueden consultarse en The British Newspaper Archive).
  15. Theodoro Roosevelt (Nueva York, 1858-Nueva York, 1919) fue presidente de los Estados Unidos entre 1901 y 1909. Perteneciente al Partido Demócrata, su mandato se caracterizó por una política interna de corte progresista y social-protectora. Respecto de su política internacional, tuvo gestos tanto pacifistas (su contribución a la finalización de la guerra ruso-japonesa le valió el Premio Nobel de la Paz) como imperialistas, como por ejemplo, sus gestiones en pos de la terminación del Canal de Panamá en territorio por aquel entonces colombiano. (Extractado y traducido de Mellander, Gustavo A.; Nelly Maldonado Mellander (1999). Charles Edward Magoon: The Panama Years. Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor).
  16. Ernest Judet (Avesnes-sur-Helpe, 1851 – París, 1943) fue un periodista político de corte nacionalista francés. Director de 1892 a 1904 del periódico Le Petit Journal. (VIAF: 9957874).
  17. Le Temps fue uno de los diarios más importantes de París. Se publicó entre el 25 de abril de 1861 y el 30 de noviembre de 1942. De orientación centro-derecha, fue fundado en 1861 por Edmund Chojecki (que firmaba con el seudónimo de “Charles Edmond”) y por Auguste Nefftzer. Todos sus números se encuentran digitalizados en Gallica.
  18. El título completo de esta obra dramática, presentada en 1910, es La Barricade; Chronique de 1910.
  19. Paul Charles Bourget (Amiens, 1852 – París, 1935) fue un escritor francés, novelista prolífico, dramaturgo y ensayista, de ferviente orientación católica y miembro de la Academia Francesa. Escribía ya poesías (Au bord de la mer, 1872; La vie inquiète, 1875; Édel, 1878; Les aveux, 1882) cuando aparecieron sus primeras novelas, Cruelle énigme (1885), Un crime d’amour (1886), Mentiras (1887) y André Cornélis (1887). Sus principales obras críticas son: Teoría de la decadencia (1881), donde intentó responder a algunas tendencias literarias y al naturalismo y Ensayos de psicología contemporánea (1883), una serie de trabajos donde analizó los problemas morales de Francia y consideró los valores de autores como Hippolyte Taine, Ernest Renan, Charles Baudelaire, Gustave Flaubert y Stendhal. Posteriormente abandonó la crítica y se volcó en la novela, logrando un importante éxito con El discípulo (1889), texto en el que se revela muy preocupado por la psicología erótica de sus personajes y donde presupone la necesidad de una renovación moral para el sujeto y una reacción vital contra las actitudes individualistas. Renovó su mirada crítica hacia Taine y provocó una famosa polémica entre Ferdinand Brunetière (moralista y director de la Revue des Deux Mondes) y Anatole France (librepensador y crítico literario de Les Temps). (Extraído de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Paul Bourget. En línea: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bourget.htm). (VIAF: 29530799).
  20. Creemos que se trata o de un error de tipeo o de un error de Mansilla: donde dice “León Bourgeois” debería leerse “Paul Bourget”. Léon Victor Auguste Bourgeois (París, 1851–Marne, 1925) fue un político francés que, entre otros cargos, desempeñó el de delegado en representación de Francia en las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907 y el de miembro permanente de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. En 1920 fue galardonado con el premio Nobel de la Paz. (VIAF: 91513665).


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