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EL DIARIO

Miércoles 10 de Agosto de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, julio 16.

    

En mi próxima comenzaré a liquidar cuentas con los autores argentinos que me han hecho llegar sus escritos.

En esta quiero hablar, es un modo de decir, de productos extranjeros, puesto que sencillamente voy a apuntar el título de dos.

Y son: Argentina por W. A. Hirst[1]; Ponce de León o sea The Rise of the Argentine Republic by an Estanciero[2], lo cual valiéndome de una metafrasis significa “sigue creciendo la Argentina”.

Ambos libros, naturalmente han sido editados en Inglaterra y en síntesis dicen esto, que no puede ser halagüeño, que somos un gran país de grandes recursos, de gran porvenir, que los ingleses han hecho bien en invertir en él 500 millones de esterlinas y que deben seguir mandando para esas tierras fecundas y sanas todo cuando puedan. Devuelven con creces lo que en su seno se deposita.

Sin que en ello influya mi argentinismo, el consejo me parece excelente.

Y aquí recuerdo el nombre de un inglés meritorio que fue el primero en tener una visión clara de nuestro porvenir.

Me refiero a Sir Woodbine Parish[3]. En su libro, hace más de medio siglo preguntaba:

“¿Qué es la República Argentina?

¿Qué es esa tierra de leche y miel con sus pampas llenas de ganados y esas selvas llenas de abejas?”.

Un argentino olvidado, el padre de nuestro querido Julio Nuñez, del Julio Guardia Nacional que le arrancó la amable Choquet (ustedes ignoran estos personajes) la espiritual palabra, regreso de Pavón:

¡He visto a Julio Nuñez de guerrero, ahora ya puedo morir!

Ese argentino, al traducir del inglés las interrogaciones de sir Woodbine Parish, citadas al pie de la letra, hacía este comentario: “Muy pocos la conocen de entre sus mismos hijos. Apenas lleva medio siglo de vida propia y ya sus hechos gloriosos bastarían para llenar con su relato gruesos volúmenes…”.

Suprimo la explicación de que el benemérito ciudadano, padre de Julio, le da el hecho afirmado. Es un poco larga. Pero de entonces a acá en algo hemos penetrado en las oscuridades de la historia, algo hemos aclarado los misterios de los que fueron Pampas desiertas, con solo indios recorriéndolas como sombras fugitivas y sin embargo cuánto no nos queda por hacer en medio de nuestros múltiples progresos materiales y morales, ¡cuántos secretos no se encierran en las faldas andinas inexploradas y en esos lagos fantásticos de la Patagonia! El capitán inglés, que es el más osado, todavía no ha tentado fortuna por ahí. Si Sir Woodbine Parish viviera, “¡Go ahead” en esos rumbos sería su consigna, “¡Go ahead” que en el próximo centenario vais a ver maravillas. Entre otras y agitándose como hormigas industriosas desde la Quiaca al Cabo de Hornos, no seis millones largos de habitantes, como ahora, sino unos cien por lo menos, grandes y chicos rebosando todos salud, legítimamente orgullosos de contemplar las estrellas y rodeados de la mayor abundancia de carnes y cereales, de frutas diversas y de todas las libertades que estimulan, que vigorizan y ennoblecen al género humano.

En el Buletin de la Bibliothéque Americaine (Amerique Latine[4]) del 5 de junio, que publica el “Groupement des Universités et Grandes Ecoles de France” (ya expliqué días pasados sus fines), he hallado en la sección bibliográfica lo que paso a decir a ustedes, con la concisión y rapidez posibles.

Se refiere al señor Maurice Waleffe autor de un libro titulado Le Paradis de l’Amerique Central[5]. Es el fruto de seis meses pasados en América, o sea, en las Antillas, Panamá, Costa Rica y Méjico.

Empleando el lenguaje del Boletín de las Grandes Universidades, “las impresiones que ha traído de sus peregrinaciones no son nada lisonjeras y sus conclusiones son netamente pesimistas”.

Con espíritu objetivo, nada más, quiero llamar muy seriamente la atención de ustedes hacia una interrogación del distinguido viajero cuyos lentes abultan “quizá” las cosas presentes y venideras, rodeándolas de una atmósfera poco grata.

¿Los Estados Unidos, pregunta el autor se comerán (sic y resic), la América española?

La respuesta es afirmativa.

Para el señor Waleffe no es más que una cuestión de años, y no de muchos puesto que en la página 303 declara que la marea yankee después de haber absorbido a Méjico ahogará a Venezuela, a Colombia, al Ecuador y al Perú para no detenerse sino ante los tres estados serios de la América del Sur, el Brasil, la Argentina y Chile. Pero la ola que llegará a batir sus plantas habrá adquirido una amplitud colosal y es dudoso que dichos países puedan marcar otra cosa (óiganlo ustedes bien) que un momento de alto. Para entonces, y el tiempo vuela, los que ahora tienen veinte años asistirán a este espectáculo estupendo: “el de los Estados Unidos mas poderosos que la Europa entera”.

Sigue el suspicaz autor haciendo algunas reflexiones sobre el interés que tienen la Inglaterra, la Alemania, la Francia y otras potencias en no dejar que los Estados Unidos “traguen” tanto por el sur del Nuevo Continente, y con esto puede decirse que se acaba su libro, que por cierto, no es un tratado científico. Me ha hecho el efecto de una colección de teoremas, cuya demostración queda a cargo del lector; lo mismo que el lector le toca averiguar: ¿qué puede haber de exacto en algunas notas del Señor Waleffe referente a lo que ha visto y observado en pocas horas, fallando no obstante como un viejo residente?

Y, sin embargo, y a pesar de cuanto pueda argüírselo a este viajero más o menos fantástico, repito lo que en estas mismas páginas he escrito sobre los ya cerca de “cien millones” de los Estados Unidos: no sé si les temo porque los admiro o si las admiro porque les temo.

Y cómo no admirarlo o no temerle a un país que el otro día para celebrar el regreso de uno de sus favoritos, la vuelta de África y Europa tan ruidosa de Roosevelt*, congrega, invitando, los dos millones de almas en la ciudad de Nueva York.

Sí, y cómo no admirarlo o temerle cuando en su entusiasmo impulsivo esa multitud sin ejemplo en los anales de la historia popular del mundo, no solo proclama al hombre su candidato para la presidencia futura de la República, sino que delirante grita: “Reformemos la Constitución de manera que podamos hacerlo presidente vitalicio”.

Por fortuna, no todo el mundo pierde la cabeza en medio de estos arranques de cesarismo.

El World[6] recuerda el testamento de Washington, e irónicamente pregunta: ¿no sería mejor que volver a hacerlo jefe del poder ejecutivo por cuatro o más años, colocarlo donde se alza la estatua de la libertad, a la entrada del gran puerto neoyorkino, o encargarlo, bien rentado, de hinchar con sus discursos los globos militares?


No diré: cuanto más conozco los hombres tanto más amo a los perros. Diré que los “pichichos”, como ahí los llamamos (cada país tiene su apelativo canino) hacen cosas admirables, actos casi humanos, generosos, verdaderas hazañas.

¡Y cuánto siento que ustedes no hayan presenciado en Saiat Cloud los ejercicios del otro día “en busca de los heridos”!

Admirables estuvieron los perros sanitarios. ¡Qué olfato y qué inteligencia!

Con razón ha dicho un sabio inglés que si el hombre tuviera el olfato tan fino como el perro, ya sabríamos si en los otros planetas hay o no seres de carne y hueso.

Dichos ejercicios eran oficiales; pero los particulares podían presenciarlos.

No sé si en nuestro ejército y en nuestra policía, la modelo que es la de Buenos Aires (y digo modelo exprofeso, ninguna es mejor en Europa), hay ya perros en preparación para husmear y recoger los heridos en medio de la pelea o ayudar a los “agentes” en la persecución de los malhechores.

Teniendo, como tenemos, oficiales tan preparados y dispuestos para todo, creo que el gobierno haría bien en mandar algunos de ellos a estudiar esta instrucción.

Francia no es, sin embargo, el gran terreno para esto de “perros sanitarios”, porque, ¡asómbrense ustedes! Mientras aquí solo tienen cinco o seis, procuran así aumentarlos para cuando llegue el día de una movilización, en Alemania pueden poner en pie de guerra, en cuatro pies, por lo menos un millar de “pichichos”.

Habría, naturalmente, que estudiar el punto, a saber, si nuestros perros “criollos”, (el perro no es oriundo de América) son tan aptos como los mastines de por acá.

Una cosa es cierta: que el perro en Europa, en los países al menos cuya civilización no se discute, son mirados y cuidados como si fueran nuestros semejantes. Hay para ellos médicos especiales, hospitales, parques de recreo con conejos y liebres, cementerios, algunos de ellos hacen pensar: ¡si yo fuera perro! Por lo bien arreglados y cuidados que están.

Aquí en París los perros tienen privilegios inauditos, y es de lo mas “chic” no carecer de un par de ellos. En cuanto a su valor, algunos cuestan mucho más que un automóvil. El otro día, en Londres, han pagado 25.000 francos por un ejemplar nuevo, parece más que un can un leoncito.

Cambiemos de conversación para variar.

Hablemos un instante con las damas. Sin ellas no hay amenidad bajo el sol ni bajo los árboles por más que Salomón, que no era un sabiondo, sino un sabio, haya escrito: “He hallado un hombre entre mil, una mujer no la he hallado entre todos…”.

Tentado estoy de decir lo contrario. Pero no lo diré. Temo que me griten ¡Alto ahí! Pues es pretensión querer saber más que el hijo de David.

Vamos pues a ello, que para preámbulo de lo que puede costar una rosa lo dicho basta.

El caso ha tenido lugar en Inglaterra. Lo refiere el Evening Standard[7], diario formal, más o menos como sigue:

“Paseaba recientemente el duque de Marlborough[8] por las calles floridas de un vasto invernáculo inglés cuando una joven que le acompañaba se detuvo extasiada ante una rosa de singular primor por el tamaño y el colorido sobre todo.

El duque se apresuró a ofrecérsela galantemente.

-¡Un millón de gracias!

-No hay de qué, en verdad es admirable.

Pero al día siguiente tuvo la sorpresa de recibir esta cuentita: por una rosa 150 libras esterlinas.

En vez de pasar el dique, prefirió pleitear. Mas el horticultor acaba de probar que para obtener esa rosa había tenido que trabajar diez años estudiando y ensayando no pocas combinaciones.

La especie es en efecto novísima, exquisita.

Final, que el duque ha perdido el pleito y que en este y otros casos parecidos es bueno que la galantería sea menos impulsiva. Cuesta tan poco preguntar primero “¿Cuánto vale esa flor, esa primicia?”.

¡Eh! La vanidad lo echa todo a perder.


Monografía se llama y lo es el oportuno folleto del señor don Filadelfio Villamayor. Pero hay “fagot et fagot” dicen los franceses, y es el caso de las páginas tan bien escritas sin pretensiones literarias sobre el insigne patriota.

Acuso reconocido recibo del obsequio.

El general don Francisco de Miranda fue en efecto un hombre de acción y un fervoroso creyente en el porvenir republicano de la América Española. Cuando otros fuertes como el mismo San Martín desmayaban, él solo tenía una palabra en los labios “¡Adelante!” Así le decía al mismo Simon Bolívar en una hora de desasosiego.

Que con su bonito trabajo no pase, entre el maremagnum de publicaciones alusivas al centenario de nuestra independencia, lo que con una obra maestra de Murillo[9] que está en el Louvre, “Cristo en la columna”.

Es casi una miniatura. Pero se pierde por decirlo así entre cientos de cuadros admirables por estar mal colocado. He visto pasar y pasar delante de él a los “touristas” sin detenerse a mirarlo siquiera.

Les he dicho a varios guardianes:

―¿Por qué no colocan en lugar más visible esta preciosura?

―Señor ―me han contestado― el director se ha encogido de hombros cuando le hemos hablado de eso, si usted pusiera dos letras en un diario….

Y yo me he dicho: no estando el cuadrito en mi tierra (lo siento infinito), y no conociendo al director del museo, al buen callar llaman Sancho.


Si no lo digo ahora después será tarde. No tiene importancia mayor. Pero como vivimos en un momento de insaciable curiosidad, allá va.

Son los ingleses muy dados a poner sobrenombres. Al rey Eduardo VII* el “pacificador” le llamaban “the Ancle”, el tío de la Europa, y puede asegurarse que a Jorge V le llamarán el ‘Cousin”, el primo.

Es primo, en efecto, del kaiser[10], del zar de Rusia[11]; del rey de Noruega, del rey de España, de varias duquesas rusas, del rey de los belgas, y a qué servir.

Los grandes curiosos ocurran al almanaque de Gotha[12]. Entre paréntesis el de este año 1910 contiene algunas inexactitudes sobre nuestra tierra. Hay que vigilar el de 1911.

Concluyendo con el rey Jorge: ¿saben Vds. cuántos parientes tiene? La coqueta suma de cuarenta mil. No hay por qué sorprenderse tanto de la cosa si se recuerda que la reina Victoria dejó entre hijos, nietos y bisnietos 88.

Y ahora hasta Boulogne, quizá, que en breve pienso ir a saludar a San Martín aspirando los saludables aires del mar.


  1. Hirst, W. A. Argentina. With an Introduction by Martin Hume, with a map and sixty-four illustrations. London: ed. T. Fisher Unwin, 1910.
  2. Ponce de León. The Rise of the Argentine Republic by, an Estanciero. London: T. Werner Laurie, 1910.
  3. Woodbine Parish (Londres, 1796–Sussex, 1882) fue un comerciante, diplomático y viajero británico. Sirvió como Diplomático Británico en Buenos Aires de 1825 a 1832. Firmó el Tratado de Amistad, Comercio, y Navegación con Argentina el 2 de febrero de 1825, también acompañando el reconocimiento oficial de parte de Gran Bretaña de la Independencia Argentina. Publicó la obra Buenos Ayres y las Provincias del Río del Plata (Londres, 1839). (VIAF: 218071422).
  4. Para información sobre esta publicación francesa sobre América Latina, ver: Merbilhaá, M. (2016). “La red de revistas latinoamericanas en París (1907-1914), un esbozo. Una mirada global sobre las revistas latinoamericanas en París (1907–1914): condiciones, mediaciones”. Orbis Tertius, 21(24), 2016. Recuperado de http://www.orbistertius.unlp.edu.ar/article/view/OTe016.
  5. De Waleffe, Maurice. Les paradis de l’Amérique Centrale. Paris: Charpentier, 1909.
  6. Creemos que se refiere al New York World, un diario de Nueva York publicado desde 1860 hasta 1931. Era el diario vocero del Partido Demócrata, como así también pionero en el periodismo amarillo. Desde 1883 hasta 1911 fue editado por Joseph Pulitzer, con una tirada diaria de un millón de ejemplares. En 1930 se fusionó con Telegram, generando el diario The New York World-Telegram.
  7. Evening Standard (o London Evening Standard): un periódico vespertino publicado en Londres, desde 1827. Sus archivos pueden consultarse en The British Newspaper Archive).
  8. John Churchill, I duque de Marlborough, (Devonshire, 1650-Windsor Lodge, 1722) fue un soldado, estadista y político inglés cuya carrera abarcó el reinado de cinco monarcas ingleses, entre mediados del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Se distinguió como general en la guerra de sucesión española. La célebre canción popular “Mambrú se fue a la guerra” procede de una deformación de la fonética de su título ducal. (VIAF: 29153).
  9. Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1618- 1682) fue un pintor barroco español, formado en el naturalismo tardío, con fórmulas propias del barroco pleno. (VIAF: 76584455).
  10. Guillermo II de Alemania o Wilhelm II (1859-1941) fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Su reinado se extendió desde 1888 hasta noviembre de 1918, poco antes de que se declarara la derrota del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial.
  11. Se refiere a Nicolás II*.
  12. El Almanaque de Gotha (en alemán: Gothaischer Hofkalender) es una publicación anual de Europa, que compendiaba con todo detalle datos de las casas reales, la alta nobleza y la aristocracia europeas, así como datos del mundo diplomático. Desde 1763 hasta 1944 se publicó sin interrupciones, alcanzando gran prestigio en la aristocracia europea como un verdadero directorio de la alta nobleza. Para numerosas familias con título nobiliario, aparecer en el Almanaque de Gotha constituía una confirmación de su condición aristocrática. En un principio, sus ediciones eran bilingües, en francés y alemán. Recibió su nombre de la ciudad alemana de Gotha, en Turingia, en la que se publicaba. (VIAF: 63158185567020060214).


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