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EL DIARIO

Jueves 17 de Febrero de 1910

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, enero 22.

   

Sarah ha escrito un drama.

Aquí, en Francia principalmente, cuando se dice Napoleón, ya se sabe que uno se refiere al grande, al que está en la cúspide de la columna de Vendome, al grande, y no al “petit” de Víctor Hugo. Pues lo mismo sucede cuando se dice Sarah ha hecho esto o aquello. Es inútil preguntar ¿cuál? No puede ser sino la gran artista que ustedes han admirado y aplaudido, Sarah Bernhardt[1], cuyo vigor no decae. Es sorprendente.

¡Qué actividad, qué energía!

Parece que renaciera.

No me veo con Sarah hace ya años. Conozco así su pieza por otros. Dicen estos que su cerebro siempre en ebullición ha producido la pieza más extraña.

Imagináos una brusca erupción volcánica, todo lo que se acumula en el fondo del cráter, lava metales en fusión, piedras y cenizas, oro y granito: es decir impresiones de teatro, aproximaciones, fragmentos de algunos “roles”, papeles, residuos de viejas obras ilustres uoscuras, todo, todo eso hierve, estalla, brilla… pero ¡qué lástima! no es esta producción como para que las madres de familia vayan a divertirse llevando a los retoños de su corazón, para los que buscan novios.

En una palabra: los críticos que han leído sintetizan su juicio poco más o menos así: hay en esta erupción mucho de fantástico y endiablado. El público, ávido siempre de emociones, la espera con impaciente curiosidad. ¿La veré? No sé. Es posible, si la dan en matinée. He perdido la costumbre de ir al teatro de noche, en invierno sobre todo; en estos climas no es agradable, prefiero el “coin du feu[2]” con algún viejo amigo seguro, llamado por ejemplo “Marco Aurelio[3]”. Estos predilectos no decaen en nuestra estima con el tiempo, haciéndonos percibir, al contrario, cuanto más lo contemplamos, inesperados encantos morales inefables.


Tuvo lugar días pasados la recepción del nuevo embajador de Estados Unidos, Mr. Bacon. Las alocuciones de estilo no pudieron ser más cordiales; fueron casi amorosas.

Los franceses, como ustedes saben, no hablan mucho inglés, admiran a los que han nacido en la patria de Washington, y, sobre la Luisiana y otras piltrafas piensan: lo pasado, pisado.

Pero lo cortés no quita lo valiente y los descendientes de Lafayete, a raíz de la susodicha recepción, escriben lo que sustancialmente puede vertirse como sigue, poniéndole por título “el imperialismo americano”.

El público francés (un poco también el argentino) lee algo distraído las noticias redactadas en estilo telegráfico por las agencias sobre la intervención de los Estados Unidos en la América del Sur, alrededor de Panamá.

Los yanquis se han atribuido allí una misión de policía interior fácil de ejercer, puesto que las repúblicas de la América central no tienen ejército (sino generales).

Estas expediciones van a tener un resultado confesado ahora en la prensa de Nueva York: la creación de una unión aduanera, de un “Zollverein”, excluyendo la Europa de los mercados americanos.

Nosotros los franceses teníamos allí considerables intereses. ¡(Vaya una amistad!)

“Los trabajos del canal de Panamá progresan y ya empiezan nuestros buenos amigos de los Estados Unidos a descontar su próxima apertura, lo cual será el acontecimiento más importante de la época, en razón de sus consecuencias económicas”.

Y terminan las reflexiones así: “nos parece que sería tiempo de pensar en defender nuestros intereses” (¡a buena hora!).

¿Cuáles han sido en Inglaterra los efectos del libre cambio?

¿Quién tiene razón: los que dicen “laissez faire laissez passer” o los que dicen “aquí no entra nada sin pagar derechos protectores de nuestra industria”?

El problema es muy grave, pero a las dos interrogaciones apuntadas procuraré contestar con el menor número de palabras posible.

Teóricamente, no soy proteccionista, ni libre cambista; sigo siendo como lo dije en nuestro congreso cuando don Vicente López[4], Pellegrini[5], Cané[6] y otros iniciaron el proteccionismo argentino casi prohibido, continuó siendo “ecléctico”.

La concepción inglesa, o sea, la lucha entre liberales y conservadores, son polos opuestos. Los últimos ven la salvación de la Inglaterra en un desarrollo mayor de su potencia creadora, saben muy bien que los derechos protectores alzarán el precio de la vida; pero piensan que el obrero mejor pagado por una industria más próspera podrá vivir mejor, hasta siendo el precio de la vida, los consumos en general más caros.

La industria británica que ha sido la primera del mundo decae visiblemente, de 1890 a 1908 sus exportaciones no han aumentado sino en la proporción de un 31 por ciento, durante el mismo período las de Alemania subieron 102 por ciento y las de los Estados Unidos 321 por ciento.

A toda costa hay que salir de ese estado, dicen unos y otros, pero ¿cómo? “That is the question”.

La mentalidad de los partidarios de Mr. Chamberlain[7] es la de hombres emprendedores, la de los imperialistas, son espíritu a la yankee que ven la salud en la victoria de los “fuertes”.

Los liberales dicen que son los defensores de los pobres, no lo niego, “en cierto sentido”; a los obreros viejos les ofrecen pensiones de retiro, a los enfermos y a los sin trabajo (ahí en la Argentina no tenemos eso, falta población y brazos) los socorros del socialismo, mirado bajo uno de sus aspectos simpáticos. De modo que al país empobrecido le ponderan el libre cambio que hace la vida más barata. Esperan también mediante un desarme general disminuir los gastos de la marina y del ejército. Sus nuevos recursos serán sacados de la bolsa de los ricos, de todo el que algo tenga siendo propietario capitalista. Son, pues, estos nuevos liberales ingleses algo muy parecido a los de la escuela económica niveladora.

El contraste, como se ve y salta a la vista, es casi tangible. De ahí la gran importancia de las elecciones próximas (escribo el 2 de enero de 1910), para la Europa y los demás países jóvenes y viejos, donde se debate el arduo problema, consistente en depender lo menos posible del extranjero, sin encarecer la vida del trabajador, o, en otros términos, buscando la compensación en un aumento equitativo de los salarios.


Otro amable poeta santafecino ha querido regalarme con sus versos.

Me gustan, en efecto, los de José Oliva Noguera[8], del Rosario.

¿O no son muy bonitos estos con su suave tinte de melancolía?

Está triste el hogar… Hogar bendito

de las horas pasadas

cálido hogar un tiempo en que sonaran

de rubios niños frescas carcajadas

El bravo luchador rindióse herido…

¡Está triste el hogar!… ¡Está sin alma!.

Pero tengo un pero que ponerles a los “ápices poéticos”, y permítame el joven autor que no se lo oculte, siendo, por otra parte, si se quiere, un pero de poco momento: no me gusta el título de los “ápices”.

“Heliantes” hace indispensable el diccionario para muchos.

¿Por qué no les puso sencillamente “tornasoles”, voz que todo el mundo conoce?

Acontece con no poca frecuencia que título mal elegido llega a ser causa de que el público haga a un lado tal cual obra que quizá contiene un poco de filosofía.

Mis nueve volúmenes, por ejemplo, de Causeries han sido así un fracaso. ¡Cuántos no han pensado que eso y “charla” insubstancial era lo mismo! Fue una mala inspiración, a lo que se agrega que siendo la palabra francesa no todos la pronuncian correctamente. Y es inútil arguir con que “causerie” se aplica a los más serios estudios y meditaciones.

Otro error fue no pensar, sin querer, plagiaba con mi título a Saint Beuve[9]. Le agregué luego el subtítulo “Entre Nos”.

Era tarde y en estas cosas, como en tantas otras, hay que llegar a tiempo y no después, que si los minutos son decisivos en la guerra también lo son en otras artes.

Con que así, jóvenes autores, ojo al título, y ¡adelante Oliva Oliveira!

Es la orden que le dan sus galanos amigos Manuel Carlés[10] y Juan Más y Pi[11] en las “Alusiones y pórtico”, y ¡qué bien escriben!


La lógica es en toda discusión algo así en otro sentido como el agua regia, que disuelve el oro y hasta el platino; la lógica pulveriza al adversario.

¿Es lógico Luis Reyna Almandos[12] en su polémica, digamos, sobre el “Orígen del Vucetichisma”, o sea el Sistema dactilográfico argentino?

Mi sensación literaria es que sí, que es lógico.

Pero, en todo pleito para fallar en conciencia se requiere, primero competencia, segundo conciencia.

Carezco en este caso de lo primero, y lo segundo no me ayuda. Porque aún admitiendo, lo que admito, que las citas de Reyna Almandos sean textuales, ese elemento fragmentario no me basta para dar mi sentencia.

En una palabra, no conociendo, como no conozco, la obra del elegante escritor y prolífico publicista Ernesto Quesada[13], contrincante de Reyna Almandos, tengo que reducirme a un “non puseumus” sobre lo principal, y, respecto de lo accesorio, el método y el estilo del polemista, a declarar que rara vez una materia eminentemente prosaica resulta expuesta y dilucida con tanto primor literario como el que le da relieve al extenso folleto, cuya lectura acabo de terminar, reconocido al autor por su interesante consignación.


Una bolada, como dicen ustedes ahí, para un hombre emprendedor y buen mozo. La viuda de Mr. Harriman, el rey de los ferrocarriles norteamericanos, es la mujer más rica del mundo. Posee una fortuna de un “millar” de francos en bienes raíces de primer orden cuyo valor no puede declinar sino, al contrario, crecer.

¡A ello, pues!


Este ministro de justicia acaba de publicar un extenso informe, detallado, el anual, sobre la criminalidad.

Las cifras que este año acusa son en verdad horripilantes, demuestran que en los últimos años los crímenes han aumentado un cincuenta por ciento.

No hay entonces por qué sorprenderse de que los diarios estén cotidianamente plagados de relatos sangrientos.

El gobierno se equivoca si cree que con reformas judiciales va a detener el progreso nefasto que señala.

Hay que remontar a los orígenes del mal. Pero se guarda bien de hacerlo porque haciéndolo se vería obligado a confesar que el abominable estado de cosas que así exterioriza esta tierra, por otra parte tan simpática, es la consecuencia fatal de la educación y de la instrucción sectaria odiosa que desde hace tiempo se les viene dando a los “petits francais”.

Se estremecen los observadores desapasionados al pensar lo que será la generación que esta actualidad prepara.


Un partido político que se abstiene de concurrir a las urnas electorales puede ser comparado a un capitalista que no descuenta su dinero temeroso de un pleito al vencimento ni se arriesga en empresa alguna dejándoles el campo libre a otros especuladores menos timoratos.


La última novedad social parisiense es que ya no se convida a tomar una “taza de té” sino una “limonada”.

¿Son las gordas o las que temen engordar las que lo han inventado?, ¡cómo no comen masitas!


  1. Sarah Bernhardt (París, 1844-París, 1923) fue una actriz de teatro y cine francesa. Protagonizó muchísimas obras de teatro y películas. Entre sus papeles protagónicos más célebres, cabe mencionar: Camille en La dame aux camélias (1911), La dama del mar (1906) de Ibsen; Antony and Cleopatra (1899) de Shakespeare. (VIAF: 68925417).
  2. “Rincón del fuego”.
  3. Quizás se refiera a Marco Aurelio Avellaneda, amigo de la infancia de Mansilla.
  4. Lucio Vicente López (Montevideo, 1841-Buenos Aires, 1894) fue un escritor, periodista, abogado y político argentino, hijo de Vicente Fidel López y nieto de Vicente López y Planes. (VIAF: 6441813).
  5. Carlos Enrique José Pellegrini (Buenos Aires, 1846-Buenos Aires, 1906) fue un abogado, y político argentino que se desempeñó en la Legislatura Nacional, en el Ministerio de Guerra y Marina, en la Vicepresidencia del gobierno de Miguel Juárez Celman. Cuando este último renuncia a su mandato, como consecuencia de los trágicos sucesos conocidos como la Revolución del Parque, Pellegrini asume por dos años la presidencia de la nación. Para enero de 1906, cuando escribe las cartas que menciona Mansilla (época en la que se desempeña como legislador) ya se encuentra gravemente enfermo (muere en julio de ese año).
  6. Miguel Cané (Montevideo, 1851–Buenos Aires, 1905) fue un escritor y político argentino de la llamada “Generación del 80”. Ocupó el cargo de Intendente de la ciudad de Buenos Aires, fue embajador, docente universitario y director-encargado de varias oficinas públicas. Entre sus obras, se destacan: Juvenilia (1884), En viaje (1881-1882) (1884) y Charlas literarias (1885). (VIAF: 21695920).
  7. Chamberlain, Joseph Arthur (1836-1914) fue un influyente empresario y político inglés, perteneciente originalmente al Liberal Unionist Party (Partido Liberal Unionista), luego fusionado (en 1912) con el Partido Conservador. Chamberlain es recordado por su postura de defensa del imperialismo británico en política exterior (sobre todo en torno a los conflictos con las colonias de Sudáfrica) y por su contrastante postura de proteccionismo en materia de reforma social en política interior. (Extractado y traducido de Oxford Dictionary of National Biography Online.
  8. Creemos que se refiere a José Oliva Nogueira (Cádiz, 1873 – Rosario, 1945), poeta, dramaturgo, filósofo, periodista y músico argentino, aunque entre sus obras no hemos hallado el libro que menciona aquí Mansilla, Ápices poéticos.
  9. Charles Augustin Sainte-Beuve (Boulogne-sur-Mer, 1804-París, 1869) fue un crítico literario y escritor francés de prolífica obra. Escribió numerosos poemarios, ensayos, epistolarios, novelas y cuentos. Creemos que Mansilla se refiere aquí a sus Pensamientos de agosto (1837). (VIAF: 56616058).
  10. Manuel Carlés (Rosario; 1875 – Buenos Aires; 1946) fue un escritor y político argentino de la Unión Cívica Radical. Fue el fundador de la Liga Patriótica Argentina, de ideología de ultraderecha nacionalista. Fue uno de los responsables de la represión durante las masacres obreras en 1922 conocidas como “la Patagonia rebelde”. (VIAF: 6798156811383045390003).
  11. Más y Pi, Juan (1878-1916), autor español radicado en Argentina. Entre sus obras, se destacan: Amalfuerte (1907), Ideaciones letras de América, ideas de Europa (1907), Leopoldo Lugones y su obra (1911).
  12. Luis Reyna Almandos (1874-1939) fue un poeta, escritor, abogado y político argentino. Publicó dos libros de poemas: Mar y cielo (1905) y Rama florida (1918). Su poesía tiene influencias del romanticismo, del simbolismo, parnasianismo y modernismo. Entre sus ensayos políticos cabe mencionar: Hacia la anarquía (1916). También se ocupó de escribir sobre temas penales y fue uno de los impulsores de la dactiloscopia argentina.
  13. Ernesto Ángel Quesada Medina​ (Buenos Aires, 1858-Spiez, Suiza, 1934) fue un abogado, sociólogo, historiador, escritor, catedrático y magistrado argentino, de corte conservador. Formó parte de la generación del 80 y fue uno de los escritores defensores del catolicismo. (VIAF: 20428759).


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