Martes 22 de Febrero de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, enero 28.
Voy a darles a Vds. una idea, me parece interesante, de lo que es la iglesia en Inglaterra.
Las dosis serán casi homeopáticas, temeroso de que el tema resulte cansador.
Me valgo, como en otras ocasiones, de los estudios y observaciones de Waverley.
Los temas irán por este orden: La iglesia católica se administra ella misma, no hay ministerio de los Cultos; la renta actual del clero alcanza a 100 millones; el progreso de los noconformistas; las iglesias libres, hay muchas.
Empezaré recordando que cuando Enrique VIII[1] subió al trono, las riquezas de la iglesia, de las comunidades religiosas, eran inmensas. Hacían, por otra parte, buen uso de ellas. A ellas se les debe las magníficas catedrales, los soberbios palacios episcopales, las espléndidas abadias que en pie todavía, restauradas o en ruinas, son una de las bellezas de Inglaterra. Las comunidades religiosas, los grandes señores eclesiásticos entretenían, alimentaban y hacían trabajar a todas las pobres gentes que se hallaban en sus dominios y hasta en los de sus vecinos, y, puede decirse que en esa época no había pobres “hambrientos” en Inglaterra.
Los progresos de la civilización han cambiado todo eso y con Enrique IV comienza el odioso régimen del “workhonse” una de los mayores infamias sociales de que sufren los proletarios de este país. Dos razones determinaron a Enrique VIII a rebelarse contra el papado: la primera fue que el Papa se negó a anular su casamiento con Catalina de Aragón para permitirle casarse con Ana Bolena[2]; la segunda, la sed de lucro y la voluntad de apoderarse de las riquezas de la iglesia, riquezas de las que en gran parte se apoderó, distribuyendo la otra entre los nuevos nobles que creó y la nueva iglesia de que se declaró jefe, sin olvidar a los renegados que aceptaron la reforma.
Buenos Aires es hoy día la ciudad más grande del mundo al sud del ecuador, “uno de los más ricos y hermosos sitios del mundo”, y las vastas plantaciones que la rodean han hecho a los que en ella moran la gente “más rica de la tierra”.
Sus escuelas y sus universidades son las mejores de las regiones en que se habla español.
En Buenos Aires se hallan las más lindas escuelas, como edificios, del mundo.
La Argentina “is a land of plenty” (una tierra de abundancia), de espacio abundante y abundante alimento.
Esta “Moderna Atenas”, así la llaman los naturales y lo es, tiene un clima magnífico. Casi trescientos días del año el sol brilla refulgente.
Mucho podría escribir sobre las “carnicerías y almacenes” al menudeo de Buenos Aires donde se vende barata una carne espléndida y pavos gordos riquísimos, todo por poco, lo repito, sin que en los almacenes falten las buenas cosas de comer y beber a precios razonables.
La Loteria Nacional es una gran institución y mediante ella muchos se hacen ricos de la noche a la mañana.
En un año dicha lotería ha realizado 3.409.143 pesos. El gobierno toma cuarenta por ciento y lo demás se distribuye entre sociedades de beneficencia.
Así se expresa el autor del libro de que hablé a ustedes los otros días, titulado Throgh five Republics on Horseback (A caballo por cinco repúblicas.)
Tenemos, pues, motivo de estar ufanos en el sentido material; pero lo que es natural tratándose de países casi nuevos en su desarrollo complejo, Mr. G. Whitfield Bay* nos carga la mano en cierto sentido moral, debido, me parece, sin que me ciegue el patriotismo, a que es más fácil observar y apreciar una catedral que el alma de un pueblo, máxime si el observador es un clérigo protestante, como en este caso, y el pueblo observado católico.
El joven amigo que me ha obsequiado con este libro, nuestro distinguido consul general en el Canadá, Horacio Mayer, activísimo, como su padre Mauricio[3], mi amado amigo, me dice: mucho trabajo me ha costado persuadir a Mr. G. Whitfield Bay de algunos de sus errores, creo haberlo conseguido, de todos modos como él y su libro son canadienses, he hecho que la prensa rectifique tal cual exageración desfavorable.
¡Qué país este! Y cómo no ocuparme principalmente de lo que en él pasa si en él vivo, por ahora. Tengo días, horas, en las que me digo, recordando la antigua exclamación romana: “los dioses se van”. Otros, pienso: la providencia no puede abandonar su país del que no han dicho sino la verdad los que le han llamado “la belle France”.
Pero la revolución, las dos revoluciones siguen su curso, y nadie puede predecir: el desenlace final será este o aquel.
¿Qué entiendo por las dos revoluciones?
En poquísima palabras: la lucha entre el ateísmo y la religión.
Los sectarios de la irreligión venden las iglesias en remate público, como el otro día, en Grisy, departamento de Seine et Merne.
Y anuncian el hecho sus diarios en tono burlesco, así: era la hora de las vísperas…
Los creyentes redoblan su acción y, a juzgar por lo visible, la concurrencia de fieles de ambos sexos a todas las ceremonias de la iglesia no es una ilusión pensar como Juliano, el apóstata desesperado que el Galileo vencerá.
Herbert Spencer[4], que no puede ser tachado de clericalismo, pasando revista de los misterios de la vida, de la evolución de los seres, de nuestra conciencia, de nuestro destino misteriosos, dice que el mismo progreso de la ciencia hace cada vez más visibles y cada vez más impenetrables, concluye así:
“Bajo el imperio de estas reflexiones, las creencias religiosas que de un modo u otro ocupan la esfera que la interpretación religiosa en vano procura llenar, me han infundido cada vez más una simpatía fundada en una necesidad común. He comprendido que un alejamiento de esas creencias dependía de una incapacidad, la de aceptar las soluciones propuestas unida al deseo de hallar soluciones satisfactorias”.
Tales son las doctrinas esenciales de Herbert Spencer sobre la religión, tal es su significado.
Y, según muchos críticos de los que pertenecen a la escuela positivista radical, es perfectamente cierto que la filosofía de Herbert Spencer* tiende a orientarse hacia la religión.
Para esos críticos, observa el profesor Boutroux[5], cuyos trabajos sobre psicología son tan apreciados, no es paradójico sino muy justo afirmar que su incognocible es todavía un objeto de creencia religiosa.
Por consiguiente, la venta en remate público de objetos religiosos (una capilla minúscula y una basílica suntuosa lo son), no conseguirá extinguir lo que en todo tiempo ha sido el fondo de las religiones y de las metafísicas, es decir, que hay una causa primera, un Dios, y que en la imposibilidad de penetrar el misterio el refugio es, y otro no puede ser, la fe del que cree.
Muy espiritualmente escribe L’Eclair* a propósito de las divulgaciones “avant la lettre” digamos de Chantecler, cuyo éxito ya ponen en duda algunos.
No tengo opinión. Hace fecha que no me veo con Rostand[6]. Hay intimidades fugitivas.
Dice L’Eclaire poco más o menos, doy el substratum.
¿Cuáles han sido las indiscreciones?, ¿cuántas?
Hay la indiscreción del Cri de Paris[7], el cual ha publicado hace ya tiempo un análisis de la pieza.
Hay la indiscreción del Secolo[8] de Milán, que ha publicado un análisis de la pieza y 63 versos de la misma, cuyos versos y análisis son incorrectos, según el autor.
Hay la indiscreción de L’Eclaire que ha reproducido del Secolo.
Hay la indiscreción del Petit Journal[9] que ha hecho la misma cosa que él.
Hay la indiscreción de la Bonne Chanson, que ha publicado toda una escena, proyectos de trajes, versos sueltos, dísticos, que el autor no rectifica, ni nadie más.
Hay L’Intransigeant[10] y Le Petit Marseillais[11].
Contad si son seis estas, agregadle todas las demás de tantísimos otros diarios indiscretos de Francia y de Navarra y tendréis cien mil indiscreciones o 500 mil francos de daños y perjuicios imaginarios, pero para pleitear basta y sobra.
Sube y sube como la marea el crímen en Francia, en París sobre todo.
“Un apache”, vulgo bandido, ha herido el otro día a cuatro vigilantes de los cuales uno ya está en el otro mundo.
El asesino es un hombre feroz. Contestándole al juez de instrucción, le dijo: ¡qué me importa la guillotina! tengo dos cabezas…
¿Qué quiso decir? No lo sé, ni ustedes tampoco.
Pero vamos a lo que es corriente, a saber, que todos los “apaches[12] son alcoholistas”.
En Bélgica y en Suiza la criminalidad no va en aumento, no, al contrario. Pues bien, allí está prohibida la venta del alcohol bajo la forma que sea.
En Francia, como la venta del alcohol es fuente de renta para equilibrar el presupuesto, no hay vericueto donde no se venda la droga esa, y ¡qué alcohol!
Tomen nota ustedes, ya que en nuestra tierra no es alcohol lo que falta.
La cuestión es de suma gravedad porque el “alcoholista” hace hijos y ya es viejo como el sol que tales padres, tal reproducción.
“In illo tempore”, allá cuando en Buenos Aires se vendía agua del Río de la Plata por las calles, en canecas, para el uso doméstico; cuando en las boticas se compraba el té negro o perla, y el buche de avestruz, ahora pepsina, y hasta el “nihil album”, o sea, el excremento de ratón usado en la farmacia, en aquel entonces, no tan remoto como puede creerse, todavía se creía en la generación espontánea, segun mis recuerdos y noticias, no había en la gran capital del Sud coleccionistas ni anticuarios.
Ahora hasta de eso tenemos. Posible es, pues, que alguno de ellos y algún otro desocupado o curioso haya leído lo que, no recuerdo precisamente la fecha, escribí sobre unas estampas viejas, que el año pasado compré en Boulogne sobre el mar por cinco francos pieza.
Representaban, ¿recuerda el lector?, unos monstruos descomunales, descubiertos en la América del Sur en tiempo del rey.
No eran seres humanos ni dejaban de serlo, según la leyenda que reproduje en francés; para mejor inteligencia del posible investigador.
Prometía que cuando volviera a París iría a ver a monsieur Danlos, número 15, Quai Voltaire, el conocido y competente descifrador de cosas antiguas más o menos apocalípticas.
Ya está hecho.
No es monsieur Danlos un anticuario del tipo descrito por Walter Scott, no se parece al de Dickens, ni al de Balzac. Es un hombre de corte parecido a la generalidad de los bípedos que por ahí andan sin llamar la atención de los paseantes.
Su laconismo, diríase espartano, si no fuera que hay explicaciones que requieren muchas palabras.
No ha sido el caso.
―Y monsieur Danlos, ¿qué me dice Vd. de mis estampas después de un mes de examen?
―No tienen importancia, no valen nada, son del siglo pasado “voila tout”.
―¿No implican la crítica de un ministro u otro personaje?
―Mi querido general, nada de eso, fue un “canard”.
―La gente para creer en esos monstruos debía ser muy cándida ¿no?
―Así, poco más o menos, como ahora, que el tipo creyente de la boca abierta es de todos los tiempos.
―Gracias, ¿cuánto debo?
―Pero nada.
Saludé y me retiré “pedibus” andando con mi rollo, pensando que cuando estuve entre los indios Ranqueles corría allí esta leyenda: al sur hay unos hombres (de mujeres no hablaban) que tenían cola como el mono.
Yo no he visto, y he visto no poco, hombres con cola sino los que la tienen de paja.
El general alemán Kelm, que es alguien, acaba de pronunciar un discurso belicoso ante los miembros de la liga naval. Resumido dice: “Los conflictos en estos tiempos provienen de los intereses económicos y, textualmente, concluye así: “Los que no crean en una guerra futura (los pacifistas) merecen que se les encierre en un manicomio” (sic).
Los que lean los debates de la cuestión escolar en el parlamento francés se informarán con más o menos precisión de tan importante negocio. Pero como todo el mundo tiene esa posibilidad, he aquí un “lubsfratum” de la cosa que con tanta razón apasiona la opinión.
En Francia, la educación primaria es gratuita y obligatoria. Pero el padre de familia no tiene el derecho de fiscalizar los manuales de enseñanza, ni las lecciones orales. Resulta así que un profesor que no cree en Dios ni en el diablo, enseña el ateísmo. Los católicos dicen: “Queremos la paz en la libertad o la guerra hasta el fin”.
Es decir, que nuestros hijos se eduquen cristianamente, en todo caso en las escuelas libres, que nosotros costearemos, y preguntan ¿con qué derecho queréis imponer vuestras ideas a cuatro y medio millones de niños? El gobierno contesta: en virtud del, en subitancia, derecho del más fuerte. ¿Cómo concluirá el debate?, ¿habrá una transaccion? No lo espero.
Se me ocurre que los sectarios no han pronunciado su última negación intransigente, que por lo menos consentirán en que los manuales escolares no enseñan la irreligión.
Durante toda la semana la atención se ha dirigido hacia las elecciones inglesas y el desborde fluvial del Sena, y otros ríos, una verdadera catástrofe.
El agua, la atmósfera y la tierra se han coaligado para molestarnos y afligirnos.
Diríase que “los elementos quieren vengarse de la lucha que el hombre ha emprendido para vencerlos. El gigante Adamastor que se le apareció a Vasco da Gama para impedirle que doblara el cabo de Buena Esperanza, manifiesta así su odio contra los aeroplanos”.
La naturaleza, de tiempo en tiempo, hace gala en mostrarnos que la dueña del mundo, es Ella…
La impresión general sobre las susodichas elecciones es favorable al pueblo inglés.
Las obstrucciones de la primera hora no se han repetido.
Todo ha marchado como un reloj en las votaciones. Y, según cuanto he podido apercibir en estas elecciones modelo, lo que resulta visible con toda claridad para el observador es que el pueblo inglés es un pueblo sano todavía, cuyas costumbres políticas son todavía normales, cuyo cerebro funciona regularmente, no entrando en él la idea de que la intervención oficial directa o indirecta sea lícita, que se haga sentir en los actos de conciencia popular, en el más trascendental de todos: la elección de sus legisladores.
Decía una verdad ha poco contestando a esta afirmación “la Inglaterra desaparecería bruscamente un día de estos como un banco de coral”, exclamaba “no, no es un banco de coral, es una roca, una verdadera roca, y no pocas tempestades la azotarán antes de echarla al mar…”.
Al concluir esta paginita continúa boyante en las urnas el partido conservador. Pero son más que los liberales aliados a los socialistas y a los irlandeses, y no irán todavía esta vez al gobierno.
- Enrique VIII (Palacio de Placentia, 1491-Palacio de Whitehall, 1547) fue rey de Inglaterra y señor de Irlanda desde 1509 hasta su muerte. Fue el segundo monarca de la casa Tudor, heredero de su padre, Enrique VII. (VIAF: 172419710).↵
- Aunque Catalina de Aragón, su esposa, quedó embarazada al menos siete veces, solo uno de los hijos, María, sobrevivió a la infancia. Enrique había frecuentado amantes, entre ellas María Bolena. En 1526, cuando estuvo claro que Catalina no podría tener más niños, Enrique comenzó a interesarse en la hermana de María Bolena, Ana. Enrique solicitó al papado la declaración de nulidad de su matrimonio con Catalina, argumentando su deseo de tener un heredero varón. Este largo intento del rey para terminar su matrimonio fue denominado «La cuestión real». (VIAF: 172419710). ↵
- Coronel Mayer, Mauricio (1842-1917). No hemos hallado información biográfica sobre este militar, pero sí su registro en VIAF: 11680173.↵
- Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820 – Brighton, Inglaterra, de 1903) fue un naturalista, filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo inglés. Desarrolló una concepción de la evolución como el desarrollo progresivo del mundo físico, los organismos biológicos, la mente humana, la cultura humana y las sociedades. Spencer es conocido por su expresión «supervivencia del más apto», desarrollada en su obra Principles of Biology (1864), influido por El origen de las especies de Charles Darwin. Spencer extendió la idea de la evolución del más apto a los ámbitos de la sociología y la ética, generando lo que se conoce como darwinismo social. Entre sus obras, cabe mencionar: The Study of Sociology, The Principles of Psychology, Education: Intellectual, Moral, and Physical. (Extractado y traducido de Harris, Jose. «Spencer, Herbert (1820–1903)», Oxford Dictionary of National Biography (2004). ↵
- Étienne Émile Marie Boutroux (1845–1921) fue un filósofo de la ciencia y de la religión e historiador de la filosofía. Con contraposición con el pensamiento materalista, Boutroux consideraba que la ciencia y la religión eran compatibles. Fue miembro de la Academia de Moral y Ciencias Políticas y en 1912 se sumó a la Academia Francesa. Entre sus obras, se cuentan: Essais d’Histoire de la Philosophie (1901), La Philosophie de Fichte. Psychologie du Mysticisme (1902), Science et Religion dans la Philosophie Contemporaine (1908). (Extractado y traducido de DeLashmutt, Michael W. «Émile Boutroux, 1845–1921, Professor of Philosophy, Sorbonne», University of Glasgow.↵
- Edmond Eugène Alexis Rostand fue un dramaturgo francés neorromántico y miembro de la Academia Francesa desde 1901, autor de Cyrano de Bergerac (1897), L’Aiglon (1900) y de Chantecler (1910), entre otras obras. Extraído y traducido de la Encyclopaedia Britannica. (VIAF: 7396516). ↵
- Le Cri de Paris fue un semanario satírico fundado en 1897 por Louis-Alfred Natanson. Esta publicación, desaparecida al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, dedicaba secciones al deporte, las finanzas, la política y al arte en las que colaboraban los mejores autores y dibujantes franceses de principios del siglo XX. Pero eran los chismes y los cotilleos de los grandes salones de París que aparecían publicados en la revista lo que de verdad atraía el interés de sus numerosísimos lectores. Luis Fernando, personaje fundamental en el grupo cosmopolita y millonario compuesto por príncipes y aristócratas ociosos, magnates y artistas de aquel París deslumbrante, estaría presente muy a menudo en las páginas de Le Cri como centro de las jocosas reseñas sociales del popular semanario.↵
- Il Secolo XIX (Il Secolo Decimonono) es un diario italiano publicado en Génova desde 1886, uno de los primeros periódicos en imprimirse a color. Actualmente, puede leerse en: https://www.ilsecoloxix.it/. ↵
- Le Petit Journal fue un diario conservador parisino fundado por Moïse Polydore Millaud en 1863 y publicado hasta 1944. Junto con Le Petit Parisien, Le Matin y Le Journal, fue uno de los periódicos franceses más importantes de fines del siglo XIX y principios del XX. Sus números se encuentran en Gallica. ↵
- L’Intransigeant fue un diario parisino que se publicó diariamente entre 1880 y 1940. Tuvo diferentes nombres (“Le Grand Intransigeant”; “L’Intransigeant de Paris”; “L’Intransigeant français”; “L’Intransigeant parisien”; “Le Vrai Intransigeant”; “L’Intransigeance). Fue fundado por Henri Rochefort. Sus archivos pueden consultarse en Gallica.↵
- Le Petit Marseillais fue un diario regional publicado en Marsella entre 1868 y 1944. Fue cofundado en Marsella por Toussaint Samat (1841-1916), hijo de un tonelero de Mazargues que se convirtió en tipógrafo, Denis Bourrageas y Jean-Baptiste Peirron (1845-1916).↵
- “Apache” es el término que, en términos coloquiales y despectivos, se designa en francés a los delincuentes. Mansilla lo usa recurrentemente. ↵






