Lunes 14 de Marzo de 1910
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, febrero 19 de 1910.
Hace tiempo que quiero hablar un momento con ustedes sobre un tópico “la educación de la sensibilidad”. Pero no he tenido cabe, ayer por un motivo, hoy por otro; vamos, pues, a ello para no dilatar más el párrafo. Es importante. Llamo desde luego la atención de ustedes hacia los volúmenes de estética publicados por Mr. Leon Gautier Le rire et le caracter y le sens de l’Art a los cuales debe agregarse L’ideal moderne y Reflets d’histoire.
Generalmente se descuida la obra de la educación de la sensibilidad. Abandonada a sí misma, nadie se preocupa de ella. Se desarrolla como puede, tuerto o derecho, al azar. En la escuela, en la familia, se procede como si no existiera; padres y maestros, todos sus cuidados se los consagran al saber; poco o nada la reservan al corazón. Sin embargo ¿qué facultad existe más importante? Se ha dicho con propiedad que el corazón es la raiz de todas las otras, el principio de toda vida. Y así es, ni la inteligencia, ni la voluntad existirían sin ella, según lo ha demostrado la reciente filosofia de Ribot[1], de Fouillée[2] y de Bergson[3].
No puedo explayarme. Me limito como cuando no nos piden consejo a insinuar lo que nos parece útil o conveniente.
¡Son tan perniciosos los efectos de la negligencia respecto de la educación de la sensibilidad!
Meditando nada grande se hace sin la sensibilidad, aunque haya que convenir en que suele ser fuente de feas bajezas. Paul Bourget* trata admirablemente este asunto en su Physiologie de l’amour moderne.
El gran educador es por consiguiente la familia, la casa paterna, el corazón maternal, su ternura. Ahí está el foco, ahí están los gérmenes de lo que ha de ser que se digo: ¡qué bella alma la de fulano¡, ¡qué buen corazón tiene!, ¡qué antipático es mengano!, ¡qué gran egoísta!, ¡qué perverso! Es de tal trascendencia esta educación que William Cabbet escribe ¡ojo a los sirvientes! ¡Hay niños que nacen idiotas!, a otros los hacen los sirvientes; y cita varios casos en que la negligencia de los padres figura como factor principal.
He conocido, dice, un niño que era todo alegría, deprimido hasta la imbecilidad por las torpezas de un sirviente, torpezas repetidas, sistemáticas que no llegaban, que no podían llegar a los oídos de sus padres, gentes descuidadas, no malas.
En una palabra, sin la educación de la sensibilidad de los buenos ejemplos y otros estímulos, no hay sino estorbos en la ruta y las armonías de la naturaleza, son bellezas que nunca contemplará el desgraciado que llaman corrompido o perverso.
Si quieren ustedes informarse bien de lo que son las elecciones de diputados en Inglaterra, les aconsejo que lean en La Revue des Deux Mondes* del 1° de febrero de 1910, un artículo de Mr. D’Haussonville[4], artículo vibrante, escrito sobre el terreno mismo de la reciente lucha popular durante los días que el prestigioso académico pasó en Londres y otros centros de gran agitación, queriendo ver y observar personalmente las cosas. Es en extremo interesante, instructivo. Concluye diciendo lo que en otros términos he dicho a ustedes en otras ocasiones, a saber:
“Los socialistas no cesaron de invocar el nombre de Dios. Al final de todas las reuniones los liberales y los radicales, lo mismo que los unionistas, seguirán cantando “God save the king”, y la Inglaterra permanecerá, lo que ha sido desde hace un siglo, el modelo de los grandes países libres”.
A propósito de las elecciones en Inglaterra, he aquí un dato curioso que Mr. D’Haussonville* no ha podido consignar en el artículo que acabo de recomendar a ustedes, pues cuando mandó a la revista sus notas escritas “au jour le jour” dichas elecciones, no habían concluido de agitar el país.
En números redondos han subido a 1.250.000 libras esterlinas.
Pero esta cifra oficial está lejos de representar el total de los gastos efectuados; es la anotada al dia siguiente de cerrados los comicios.
Si se le agrega lo gastado por las organizaciones independientes, montará lo menos a dos millones de libras.
Estos gastos son por otra parte autorizados mientras no violan la ley que castiga la corrupción, la venta del voto.
“El “canvasser”, especie de agente electoral, vigila al elector como un Argos, y si trata de catequizarlo no se arriesga a sobornarlo.
Dicho agente es generalmente un partidario entusiasta desprendido, que va de puerta en puerta; a veces, si es pobre, el comité remunera su fiscalización.
Diversas organizaciones electorales femeninas (la mujer interviene activamente en las elecciones inglesas, tomando asiento las señoras en los meetings al lado de sus esposos, candidatos de diversas organizaciones electorales femeninas, decía, han gastado no poco para ver de derrotar a sus adversarios. La liga de “la libertad femenina” solamente ha gastado 900 libras y hay varias otras ligas.
Resumiendo, se calcula que para ser elegido diputado en Inglaterra, hay que gastar 3.000 libras por cabeza. Los que son pobres cuentan con la ayuda anónima del partido, que el gobierno no se mezcla en la cosa. Aquí en Francia “ed altri siti”, el candidato gasta poco, pujando mucho por él la influencia oficial, el prefecto, como si dijeramos el gobernador, o funcionario por el estilo.
El papel es paciente, aguantador; no habla. Pero si habla se me antoja pensar que no pocas veces murmuraría, para no ser del todo oído bien del autor ¡qué largo y qué pesado está este caballero! ¿Lo leerán hasta el fin?
Dicho esto, por vía de disculpa, si sigo hoy todavía con cosas sobre la iglesia en Inglaterra, prevengo a ustedes que con el siguiente párrafo le habremos dado fin a la cosa.
Los progresos de lo que se llama los “no conformistas” son notables, particularmente en el principado de Gales. Ganan en Inglaterra mismo. Unos y otros reclaman el “desestablecimiento”.
Si los lores son batidos, si los radicales permanecen como parece (escribo en plena contienda electoral), la iglesia de Enrique VIII y de Elisabeth, la iglesia oficial, la iglesia de que el rey es jefe en este mundo, estará amenazada de desaparecer.
Los “no conformistas” hacen, en efecto, progresos considerables. Puede juzgarse por este solo hecho: de las 29.986 iglesias o capillas registradas en 1905, para la celebración del matrimonio, 15.584 pertenecían a la iglesia establecida y 14.401 a otras denominaciones religiosas.
Todo esto no se aplica sino a la Inglaterra y al país de Gales. La gran mayoría de Escocia es presbiteriana o episcopal.
En cuanto a las iglesias libres, hay muchísimas. Porque si no es difícil hallar un inglés que deje de observar los mandamientos de la ley de Dios, sí lo es hallarlo negando a Dios o sin iglesia. Curioso pueblo, no parece devoto y lo es, quizá como ningún otro.
Sería largo enumerar todas las sectas de la Gran Bretaña. Hay los “Wesleyan Methodistas”, los “Primitive Methodistas”, los “Calvinistas Methodistas”, los “Methodistas Independientes”, los “Wesleyan Reform Union”, los “United Methodistas Free Church”, los “Bible Christian”, los “Baptistas”, los “Congregacionalistas”, etc., etc., y lo enumerado arguye una vez más que en religión, lo mismo que en política, no es tan fácil entenderse.
Se me figura que el papel está hablando entre dientes así: ¿Pero acabará usted al fin?
Rufino Elizalde, que era un buen orador, metódico, sin aparato, tenía para cuando lo apuraban mucho, un estribillo “a ello voy, señor diputado…”.
Lo hago mío mentalmente y concluyo así: a todo lo apuntado más arriba deben ustedes, si me van leyendo, agregar los judíos, también divididos, por ejemplo, en Sionistas e Ytoistas, los que quieren volver a Jerusalem o desparramarse, y, todavía, y para hacer decididamente punto redondo, los Mormones, y que no se me queden en el tintero los “Quakers”, cuáqueros, los cremolantes de antaño.
Aquel a quien lo fastidien los niños, o es viejo prematuramente o está viejo ya.
Los españoles son quizá el único pueblo de Europa que se desacredita a sí mismo.
Veo lo que escriben los conservadores cuando no están arriba y los liberales cuando están abajo, los clericales y los anticlericales, y me digo repitiendo a Calderón (no creo que me ciegue la sangre que llevo en las venas) “no siempre lo peor es cierto”.
Todos ustedes, los que han estado en París, conocen el “Pont neaf” y los que no han estado, por lo que han leído, es viejo, data de 1607, del tiempo de Luis XIII. Es el que más ha resistido al desborde del Sena. ¿Por qué? Contesto diciendo en dos renglones lo que extensamente escriben los diarios que no están comprometidos a callar ciertas verdades: la razón es que no fue construído por licitación, que, aquí, es sinónimo de “pot de vin”, vulgo, coimas gordas. Pues es el único, lo repito, que ha resistido impertérrito a los desbordes furiosos del Sena, el único que no ha estado vedado a la circulación de toda clase de vehículos pesados y a pasentes a pie o a caballo.
Siendo estas páginas, según mi propia definición, un tejido de diferentes colores, cabe en ellas todo cuanto a mi entender informa o ilustre con más o menos provecho al indulgente lector.
Me place hablar con él como lo vengo haciendo hace años ya; decirle de vez en cuando, esta es la opinión de Juan, ésta es la mía, esta se corre, esto está en los diarios. Por ejemplo, he leído en una revista inglesa lo siguiente:
“Dando fe testimonial ante un tribunal de Londres sobre un caso que comprometía la fama de cierto Casino de Buenos Aires, un inspector de teatros o sociedades por el estilo, que allí había residido veinte años, manifestó: When I was a youth, I was ashamed to tell my mother y had been to the Casino”. O, para mayor claridad: cuando yo era jovencito tenía vergüenza de decirle a mi padre que había estado en el Casino.
¿A cuál de ellos se refería el testigo?
Y si de los Casinos ya se decía eso veinte años ha, ¿qué fama tendrán ahora? ¿Habrán perdido o ganado crédito?
La policía debe saberlo y a los padres de familia corresponde inquirirlo.
¡Colosal! como dicen los alemanes, colosal en efecto, la conclusión a que arriba un estudio que acabo de leer sobre su ejército.
Excluyendo unos 3.000.000 no adiestrados o superficialmente preparados del “Landsturm y la Ersats”, reserva, hay alrededor de 1.000.000 de soldados preparados para la guerra y unas 6.000 piezas de artillería de campaña (¡y métase usted con tan formidable país, que a la vez que ve crecer su población se afana en aumentar su flota y su marina mercante!)
Observa el susodicho estudio que no ha sido, ni es costumbre del Estado mayor alemán, contar mucho con el número. Calidad, sobre todo, y no cantidad, es lo que quiere.
Y continúa así: es con hombres preparados de 21 años a 27 con los que hemos de asestar el primer golpe en caso de guerra y así toda nuestra atención debe dirigirse en el sentido de escalonar concentrándolos, esos jóvenes perfeccionados hasta donde es humanamente posible.
El record, concluye, de los últimos años hace ver bajo todo punto de vista que el ejército alemán sigue recibiendo constante aumento de su fuerza material y moral.
Después de las cifras anteriores no viene mal lo que sigue:
El general Klein, de quien ya hablamos la semana pasada, acaba de consagrar a la cuestión pacifismo, un nuevo artículo, que provoca el más vivo interés en toda la prensa alemana. Estima el general que es un deber nacional luchar contra las ideas pacifistas y añade:
“Es menester no olvidar que todo nuestro porvenir político depende de nuestra victoria o de nuestra derrota en la próxima guerra”.
Recuerda las palabras de Bismarck:
“Hemos ganado una gran autoridad en el mundo, pero no es difícil conmoverla”.
Así es, en efecto, y el modo más seguro de conmover una nación es atenuar los instintos de defensa que en ella se anidan, enervar sus virtudes guerreras y disminuir el sentimiento patriótico.
Los alemanes no entienden de eso. Lo dejan para los pacifistas, para los antimilitaristas franceses, cuyo ideal podría traducirse así: nacer y vivir en un país de gentes, sin el orgullo del “civis romanum”.
El refrán que dice es bueno tener amigos hasta en el infierno, data de cuando no había prensa.
Dados los tiempos de publicidad desenfrenada que alcanzamos, yo lo modificaría más o menos en esta forma: todo autor, sea cual sea el mérito de su calaña, que quiera ahorrarse disgustos, asegure ante todo el apoyo de los diarios que hacen la opinión.
Se me ocurre esto porque acabo de leer en L’Eclair*, que no está bien con el poeta, por las divulgaciones “avant la lettre” del Secolo* de Milan y del mismo Eclair, un largo artículo que del siguiente modo comienza:
“La corte suprema de los Estados Unidos condenó por “plagio” a monsieur Edmond Rostand*, en 1902”. (No conozco yo bien los antecedentes).
Continúa el artículo: “No le haremos el mismo pleito por Les Romanesques[5]. Empero, quizá se halle muy curioso una cierta semejanza entre la primera pieza de Monsieur Rostand* y una anécdota que puede verse en las Memorias de mademoiselle Mars[6].
¿La conocía Monsieur Rostand?
Cuando en 1906 Monsieur Rostand concurrió a la sesión de la Academia Francesa, el señor vizconde Melchior de Vogue[7] le tejió coronas de flores.
“Tiens, tiens du renouveau”, decía, dando cuenta de la impresión producida por Les Romanesques entre los “habitues” del teatro de la calle Richelieu.
Linda decoración, trajes de seda copiados de algunos cuadros de Lanceret o de Watteau, delicioso dúo de amor, rapto “pour rire”, intervención de un espadachín, casamiento final.
¿Era todo eso nuevo? Quizá, pero no tanto como lo creía monsieur de Vogue.
En sus confidencias coleccionadas por Madame Roger de Beauvoir, página 145, mademoiselle Mars cuenta en prosa nada escogida una anécdota que no acrece de analogía con Les Romanesques.
“Monsieur Rostand”, concluye el articulista, “¿había leído las Confidencias de Mademoiselle Mars? Solo él podría decirlo. Y será lo que sea, Moliere decía: “Je prends mon bien oú je le trouve…”[8].
- Ribot, a Théodule-Armand Ribot (Guingamp, 1839-1916), político, psicólogo y filósofo francés de orientación racionalista. Escribió los libros Philosophie de Schopenhauer (1874), y Psychologie allemande contemporaine (1879). Ribot fue uno de los principales opositores a la ley de laicidad en Francia, según explica Alejandro Torres Gutiérrez en su libro La Ley de Separación de 1905 y la Génesis de la idea de Laicidad en Francia.↵
- Alfred Jules Émile Fouillée (La Pouëze, 1838-Lyon, 1912), filósofo francés del Positivismo espiritualista. Entre sus obras, se destacan: La liberté et le déterminisme (1872); Critique des systèmes de morale contemporaine (1883), El porvenir de la metafísica fundada en la experiencia (1889), La psicología de las ideas-fuerzas (1893), La morale des idées-forces (1908) y Esquisse d’une interprétation du monde (1912). Es el creador del concepto de ideas-fuerza, “que integran en unidad indisoluble los elementos aparentemente antagónicos de la actividad y de la pasividad, de la acción y de la inteligencia, de la libertad y del determinismo” (José Ferrater Mora). (VIAF: 32011638).↵
- Henri-Louis Bergson o Henri Bergson (París, 1859-París, 1941) fue un filósofo y escritor francés, influido por las corrientes vitalista y espiritualista, que reaccionó fuertemente al positivismo de su época. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1927, es autor de una obra prolífica, dentro de la cual cabe mencionar: Le Rire (1899), Matière et mémoire (1896), L’évolution créatrice (1907) y L’Énergie spirituelle (1919).↵
- Paul-Gabriel Othenin de Cléron, conde de Haussonville (1843-1924) fue un político, abogado e historiador de la literatura francesa, elegido miembro de la Academia Francesa en 1888. (VIAF: 54248325).↵
- Pieza dramática de Rostand, presentada en la sala Richelieu del célebre teatro Comédie Française en 1894. Fue el primer gran éxito de este dramaturgo.↵
- Mars, Mademoiselle. Mémoires (de la Comédie Francaise). Paris: Rox et Cassanet, 1845. Ed. Roger de Beauvoir. Disponibles ambos volúmenes en Galiica.↵
- Vogué, Eugène Melchior. Vizconde de (1848-1910). Político y literato francés. (VIAF: 21271).↵
- “Llevo mi bien donde lo encuentro…”.↵






