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Conclusiones

A lo largo del libro se han analizado los modos en que los jóvenes de familias hortícolas del cinturón verde del Partido de General Pueyrredón conforman sus planes de vida focalizando en dos ámbitos específicos: la educación y el trabajo.

Esta investigación se posicionó desde una conceptualización de las juventudes donde se torna central la situación social e histórica desde la que parten para comprender los modos de desenvolverse en distintos ámbitos del mundo de la vida cotidiana. En particular, retomando los estudios recientes que sostienen que los jóvenes atraviesan sus experiencias laborales y educativas de manera fragmentada y heterogeneizada y a través de procesos largos y complejos con momentos de empleo, de subempleo o de complementariedad de actividades. A partir de allí, la problemática de cómo se orientan a futuro y cómo conforman sus planes de vida las expectativas a futuro de los jóvenes fueron temas centrales en los estudios de trabajo y educación, tal como se evidenció en la revisión bibliográfica realizada en el primer capítulo.

El Partido de General Pueyrredón es una zona relevante de estudio, ya que las transformaciones en los espacios rurales y, en particular, la conformación de circuitos hortícolas en los bordes de las principales ciudades, pueden estar brindando distintas características a las juventudes de estas zonas. Así, desde esta propuesta se buscó debatir con algunos enfoques ampliamente popularizados sobre el desarrollo rural que plantean el potencial alejamiento de los jóvenes con las producciones agropecuarias y de espacios rurales o periurbanos.

Por ello y siguiendo a Schutz (2015), en esta investigación se buscó abordar los planes de vida juveniles en función de las sedimentaciones de experiencias que conforman su actual acervo de conocimiento a mano, desplegando proyecciones intermedias, alternativas e incluso dejando de lado proyectos que se consideran truncos. Se trata de relacionar el plan de vida con la posible existencia de un fuerte vínculo con la situación desde la que parten: su medio social, histórico y cultural. De esta manera, el abordaje de los planes vitales conllevó comprender su complejidad: ¿Qué toman en cuenta para conformarlo? ¿Cómo se vinculan estos ámbitos en torno a la proyección? ¿Cómo inciden las condiciones desde las que parten en los planes? ¿Qué proyectos intermedios desenvuelven?

Como primer hallazgo, se puede sostener que si bien no todos los jóvenes quieren seguir en vínculo con la horticultura o ser parte del recambio generacional en la producción, esto no implica que todos busquen alejarse totalmente de ella o que no quieran continuar en las actividades propias de la (nueva) escalera boliviana. Existen distintos vínculos futuros que establecen los jóvenes con esta producción y con el espacio rural. La asociación directa de la migración de jóvenes por educación o trabajo con el despoblamiento rural y mismo, la ausencia de renovación generacional, quedan puestas en cuestión dado que algunas juventudes siguen eligiendo permanecer en el campo: ya sea como lugar de residencia, con un aporte a la comunidad desde sus estudios o mismo perfeccionándose para seguir vinculados a la producción hortícola.

En segundo lugar, los jóvenes están actuando en miras de su futuro, lejos de nociones que niegan su rol activo actual. Además, la investigación permitió evidenciar que a pesar de las diferentes situaciones biográficas y de sus itinerarios, donde para muchos el futuro se presentaba como incierto, los jóvenes le hacen frente en un plan de vida más o menos desarrollado. En esta planificación, tanto sus experiencias laborales como educativas son retomadas y repensadas al momento de proyectarse y planificar sus vidas de manera particular: a través de las sedimentaciones que hacen de ellas. Por eso, esta investigación ha hecho foco en dos capítulos en los modos en que los jóvenes resignifican sus vivencias en estos ámbitos.

Para el laboral, se vuelven significativos el modo en que se han iniciado – ya sea como ayuda o como trabajo propiamente dicho- y su posterior recorrido en él. Estos diferentes inicios permitieron evidenciar que el lugar que toma la horticultura en sus proyecciones a futuro se diversificará respecto a cómo se ha presentado en sus recorridos. Cuando ésta se hizo en el marco del cuidado propio de la ayuda familiar, los jóvenes son más propensos a planificar su vida entorno a esta producción, aunque no sea desde el trabajo manual. En cambio, quienes han comenzado desde temprana edad significando sus inserciones como trabajo, la horticultura suele tomar un lugar desplazado en sus planes. En tanto a estos itinerarios laborales, si bien en su mayoría reflejan fragmentaciones, en muchos casos, se mantienen en una misma actividad por varios años, principalmente cuando se da en el seno de la familia. Además, la precariedad e informalidad son modos frecuentes de inserción de estos jóvenes desde sus inicios: no solo en la horticultura sino en otras actividades productivas.

Para el ámbito educativo, se presentaron dos grandes grupos: quienes tomaron a la educación (en sus múltiples formas) como una herramienta y quienes la han tomado como una actividad relegada, principalmente por su inserción laboral. Para los primeros, los planes retomaban la centralidad de la educación en cómo se plasmarían en sus futuros profesionales a través de sus proyecciones intermedias. Para los segundos, el lugar postergado de la educación les imposibilita planificar entorno a ella, sino que se hace de manera alternativa.

Como tercer hallazgo de importancia, se puede sostener que esta investigación ha permitido discutir con aquellos estudios que sostienen el desinterés de los jóvenes por el campo. Frente a esta afirmación se ha podido evidenciar que existe un plan de permanecer rural aunque sea de manera diferente al que se estipula en los programas de desarrollo rural: no es solo en el trabajo manual, sino a través de inserciones desde la tecnificación o desde carreras no agrarias como son las pertenecientes a las ciencias sociales. Pero también, el vínculo con el espacio rural se busca mantener en aquello que valoraban positivamente en sus inicios en la actividad productiva: el campo como un lugar que no se iguala solo trabajo sino que tiene otras significaciones como la recreación, el juego, el vínculo con sus pares y su comunidad. Por ello, lejos de exigir políticas que busquen que los jóvenes reproduzcan el trabajo de sus padres, es necesario encontrar la manera de que se puedan canalizar esta multiplicidad de intereses y planes que conforman los jóvenes a fin de permanecer en él.

Vinculado a lo anterior se observan intereses y sentidos compartidos con sus comunidades, donde sus trayectorias se encuentran fuertemente ligada a qué sucede con sus contemporáneos. Tal es así, que algunos de estos jóvenes eligen devolver o retribuir a la comunidad desde sus carreras.

Un cuarto hallazgo derivó de la conceptualización utilizada en tanto al plan de vida. Lejos de ser un concepto unidimensional, la complejidad de su andamiaje permitió mostrar que frente a un mismo plan, existen alternativas que los jóvenes despliegan a fin de lograrlo. Pero también se ha podido evidenciar que existen proyectos que quedan truncos sin que esto signifique un freno en sus miras a futuro. Frente a la incertidumbre del mundo laboral, los jóvenes despliegan alternativas, donde el ámbito educativo se encuentra fuertemente imbricado.

Como quinto hallazgo, no puede perderse de vista que en sus planes, los jóvenes valoran positivamente la posibilidad de acceder a dispositivos estatales e institucionales para continuar sus estudios. La desigualdad en su acceso radica en las limitaciones para la difusión. A su vez, los jóvenes valoran positivamente las opciones de educación formal no obligatoria como los cursos de formación profesional: ya sea como un fin en sí mismo o como un medio para continuar en el estudio en otras instancias. La reiteración de los casos que acceden a estas instituciones hace preguntarse en cómo se tejen las redes que les han posibilitado cursar estas instancias (aun no habiendo terminado las obligatorias) como así también si no es necesario ampliar las ofertas de manera que los intereses de los jóvenes puedan canalizarse.

Para todos los casos, se torna esencial evidenciar cómo los planes se encuentran en vínculo con su medio social: las opciones que despliegan se van conformando a medida que efectúan sus planes. Las opciones también son aquellas que conocen y esto último lo hacen a partir de estar haciendo.

Un último hallazgo interesante tiene que ver con que no es solo la titulación de la educación superior lo que quieren estos jóvenes: muchos de ellos eligen no estudiar, eligen proyectarse en sus actividades laborales, eligen realizar cursos de formación profesional o incluso, eligen aprender en sus actividades laborales para potenciar su participación en ellas.

En síntesis, esta investigación busca contribuir a los debates sobre las juventudes en torno a la educación y al trabajo. Es a través de la comprensión de las expectativas y planes de vida de los jóvenes que se podrían pensar políticas públicas que mejoren las condiciones para el acceso a opciones educativas y laborales orientadas a sus intereses.

Estas reflexiones finales motivan nuevas preguntas en torno a estos planes de vida que podrán retomarse en instancias posteriores de esta investigación, como en la tesis doctoral. ¿Qué solidaridades y tensiones intrageneracionales e intergeneracionales se presentan en la conformación de los planes? ¿Qué lugar toman los lazos fraternales en estos planes? Estas líneas son solo algunos de los caminos a seguir que habilita esta investigación.



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