3.1 Introducción
Este capítulo interpreta las sedimentaciones laborales de los, a partir de las entrevistas realizadas. Se identifican dos modos de interpretación por parte de los jóvenes: A) a través de la ayuda a sus familias; B) como trabajo propiamente dicho. A partir de allí, se buscó realizar el itinerario que siguieron a esas primeras experiencias, centralizando en quienes se mantienen en estas primeras inserciones y quienes no; buscando continuar el recorrido de sus relatos de vida.
3.2 De quienes se inician como ayuda
En este apartado se buscará comprender cómo han sido los inicios de los jóvenes en la actividad productiva para quienes lo han sedimentado como ayuda. Como se ha señalado anteriormente, es frecuente que los miembros jóvenes de las familias agropecuarias comiencen a trabajar tempranamente en la producción (Aparicio, 2007; Nessi, 2016; Padawer, 2010; Rausky, 2009), inclusive en el mundo campesino (Aparicio, Re y Vázquez Laba, 2009) o de la agricultura familiar (Neiman, 2013). Esto también sucede en la horticultura del PGP.
El inicio de algunos jóvenes entrevistados, entonces, se dio desde su infancia en las actividades desarrolladas por los miembros mayores de sus familias tanto en la producción hortícola como en la comercialización. Los jóvenes sedimentan esta primera inserción en la ayuda de una manera particular: desde un marco de cuidado que las mismas familias recrean. [1] En este primer agrupamiento se presentan los casos de Alma, Anabel, Anahí, Belén, Claudia, Delfina, Diego, Gastón, Mario, Marta, Miguel, Ricardo y Victoria, en cuyos relatos emergen las dimensiones planteadas en el primer subapartado y que luego diversificarán en sus itinerarios.
3.2.1 Sedimentaciones sobre la ayuda
El inicio como ayuda toma diferentes significaciones para los jóvenes que están presentes al momento de comprender sus planes de vida. Así, se puede sostener que la noción de ayuda al trabajo realizado por sus padres se evidencia en tres dimensiones:
- La flexibilidad: organización del tiempo; de tareas; la disminución relativa de la responsabilidad; la retribución vinculada con una cuestión colectiva (fondo común).
- El aprendizaje: trasmisión de conocimientos-aprendizaje; el espacio para la curiosidad.
- Las múltiples significaciones del campo como espacio para el juego, la recreación y encuentro con otros.
En tanto al primer punto, la flexibilidad, se sedimenta por los jóvenes de cuatro maneras: a) en tanto a la organización del tiempo; b) tipo de tareas, c) la responsabilidad; d) el tipo de retribución.
Los relatos que siguen permiten comprender cómo sedimentan la flexibilidad en tanto a la organización del tiempo cuando se iniciaban de niños en el marco de la ayuda a sus familias. Tanto para Claudia, Miguel y Anahí, las jornadas donde acompañaban a sus padres eran reducidas y también abiertas a la posibilidad de no hacerlas si surgía otra actividad para realizar. Los ejemplos de los tres jóvenes muestran cómo, al retomar sus experiencias de inicio, el lugar flexible del tiempo que le destinaban a la actividad laboral era poco y no les conllevaba superponer con otras actividades.
Claudia recuerda: “No es que iba todo el día, pero sí hacía un poco…”, denotando que no hacía la una jornada extendida, pero aportaba desde sus posibilidades al grupo familiar. De la misma manera, Miguel sedimenta la flexibilidad horaria en la que trabajaba “a veces no iba a trabajar, me quedaba estudiando”, evidenciando que otras actividades tomaban mayor importancia al momento de ayudar a su familia. Del mismo modo, Anahí cuenta: “capaz que una hora, media hora. (…) Si quería, iba, si no quería, no iba. O por ahí si mi mamá se iba a trabajar y yo hacía las cosas de la casa, no sé, lavar los platos, hacer las camas, barrer, limpiar.”. Para Anahí, el trabajo en la horticultura suponía solo una hora de tiempo, siempre y cuando ella quisiera realizarlo. Pero también, su ayuda se destinaba a realizar las actividades que a la madre le impedía dedicarse de lleno a la quinta.
Como segundo aspecto de la dimensión de la flexibilidad se evidencia en tanto a la descripción de las tareas que realizaban. Los jóvenes interpretan que no les conllevaba un esfuerzo grande realizarlas: “Ponele, hacía, cuando juntaba verdura, que es: cortar, atar, digamos”. En el mismo sentido, Anahí, detalla sus primeras tareas en la horticultura:
¿Qué empecé a trabajar? Y ponele, así, cualquier cosita, 13, 14 años… En el campo, por ahí carpir[2], eso o ayudarle, viste que cosechar tomate, sacar los tomates y ponerle el cajón a mi papá, todas esas cosas, con mi familia, nunca fuera de ahí (…) Como te digo era muy poco, (…) depende lo que había que hacer
Ambos relatos permiten evidenciar la sedimentación que hacen estas jóvenes sobre la ayuda, percibida por ellos como flexible, pero sin dejar de lado la importancia que tienen en tanto aporte a la familia y a la producción. La tarea de carpida es central para un buen crecimiento de la verdura, mientras que la cosecha requiere conocer en qué momento los productos están listos para comercializarse.
El tercer punto de esta primera dimensión tiene que ver con la baja responsabilidad en tanto a las tareas que realizaban. Los jóvenes la sedimentan en función de cómo trabajan actualmente o cómo observaban el trabajo de los mayores. Se puede retomar el inicio de Miguel quien ayudaba a su familia en el transporte de productos alimenticios. “Cuando yo era más chico, yo ayudaba a mi hermano, me dijo ‘vamos si querés’. Como [que] no [tenía] tanta responsabilidad, hacía lo que quería, en primer año o en la primaria”. Lo central en este relato es el señalamiento en tanto a la escasa responsabilidad con la que él retrotrae esta experiencia, que después será clave al momento de narrar cómo se desenvuelve en la actualidad en esta ocupación, con mayor responsabilidad.
Una cuarto forma en que se expresa la flexibilidad en los relatos de los jóvenes es la retribución por las tareas que realizaban en el marco de la ayuda. Ellos sedimentan esa ayuda como una motivación para, en tanto comprendían que aportaban a su familia, al sustento cotidiano y a las actividades productivas en el marco familiar: retomando la idea de “fondo común” como noción referente a los pagos. Así, éste se enfrenta a la exigencia de un salario o una retribución fija por sus tareas realizadas, tal como relata Anahí:
Es ayuda… es ayuda en fondo común, o sea… toda esa plata que queda es ayuda, es parte de todos, o sea si yo necesito plata, mi papá me las da. O sea, yo no le voy a decir ‘págame lo que hice’ o ‘págame mi trabajo’ porque… no me gusta. Si yo necesito plata, él me la da… pero yo no le estoy ‘dame, dame, dame’.
Anahí, por su parte señala:
Como es una cuestión familiar, también juega esto de la familia, es difícil. Va todo a un fondo común ponele para conseguir comprar algo, comprar, tener ahorro para el día de mañana comprar más tierra, es un acuerdo, ponele. Manejaba la plata mi papá ponele, yo le pedía: ‘pá, bueno, voy a salir’ y me daba la plata. No es que decía ‘bueno, toma tu sueldo’ ¿entendes? Era más familiar.
De la misma manera, Victoria, quien actualmente trabaja en el puesto en el mercado de abasto de la ruta 88, relata:
es familiar (…) uno se compra una cosa, el otro se compra otra cosa… con esa plata se van comprando cosas… cosas en común, pero no sé… yo necesito, ponele, una galletita, una almohada, tengo… voy y agarro. Bah, la mayoría de que es la gente boliviana lo hace, no es tanto como acá que… qué sé yo… cada uno tiene su sueldo, cada uno tiene su cosa, o todo compartido… vos cobras esto, tenés que pagar la mitad de esto… no, acá no
Esta noción del fondo común es un elemento que se mantiene hasta la actualidad en sus experiencias en el marco de la ayuda, valorado positivamente en sus relatos. Para ellos, el trabajo en conjunto con su familia supone una colectivización del trabajo como de los resultados. Pero también, como se verá, la idea del fondo común también será un elemento que ayudará a comprender por qué los jóvenes elijen alejarse del círculo familiar.
Bajo estas cuatro formas en que se expresa la flexibilidad, los jóvenes sedimentan su paso a través de la ayuda en la horticultura y las actividades de comercialización de esta producción, pudiéndose sostener que lo hacen con una valoración positiva sobre ese inicio en ella. Si bien existía la necesidad de que los miembros más chicos aportaran a través de tareas y de tiempo al sustento cotidiano, la posibilidad de hacerlo en el marco familiar les brindaba ciertos márgenes de libertad en el modo de desenvolverse. Esto deriva de que los primeros pasos por la actividad productiva se dieron en un marco de ayuda de los miembros mayores que se plasma también, en las próximas dos dimensiones y en sus planes a futuro.
La segunda dimensión rescatada por los jóvenes tiene que ver con el aprendizaje, noción ampliamente indagada desde la literatura especializada en el trabajo de niños (Aparicio, 2007; Macri, 2010; Padawer, 2010 y 2015). En la voz de los jóvenes, ese aprendizaje se sedimenta a través de la transmisión de conocimientos de los miembros mayores hacia ellos y como producto de su propia curiosidad.
En cuanto a la transmisión de conocimientos, Marta señala que su inicio en el trabajo fue en la horticultura acompañando a su madre. Su aprendizaje y primera aproximación a las tareas del campo no las considera trabajo, sino producto del propio devenir cotidiano que se trasluce en una ayuda:
Y yo ahí ponele que tenía cinco, tres, cuat…tres por ahí cuando estábamos en la cosecha del tomate… Entonces nosotros íbamos con mi mamá y nos llevaba. Por ejemplo, le decía mi mamá “¿ese tomate está?” y lo metíamos al cajón, pero no…yo no lo considero…no lo consideraría trabajo.
Belén señala que su inicio en las tareas:
me llevaban para ayudar o para que vea más o menos cómo se hacen las cosas. Yo primero empecé copiando lo que hacía mi abuela y lo que hacía mi tía. Si ellas estaban carpiendo, me gustaba saber cómo es carpir, que sería como “desyuyar” la planta.
Ambas citas muestran el trabajo como ayuda a la familia como manera de transmitir saberes vinculados a la horticultura: la selección de los productos, el embalaje, la carpida (que implica la limpieza de la planta).
En conjunción con el proceso de aprendizaje también se encuentra la curiosidad, como sedimentación de la ayuda y motivación para sostenerse en la actividad productiva. Resulta interesante como Belén relata que desde temprana edad tenía interés por la producción:
Después ya a eso de los seis me daba curiosidad cómo ataban los paquetes de acelga, o cómo hacían las jaulas de lechuga… después me gustaba siempre seguir a mi tía porque como ella era la encargada, tenía que caminar por las quintas y ver qué estaba por sacar, qué no, qué había que comprar, remedios, qué había que curar, qué no y bueno… y ahí aprendí varias cosas, los nombres de las verduras… me intrigaba bastante cuánto tardaban en crecer
La transmisión de conocimiento por parte de su tía hace mella en su relato, pero a partir del modo en que ella misma lo interpreta en tanto a su itinerario en la horticultura y su interés por ella. “Cuando ya tenía siete años me gustaba quedarme ahí [la quinta], no me gustaba venir acá [Batán, su actual lugar de residencia], me gustaba quedarme ahí, pero como yo iba a la escuela, en primero me tenía que quedar acá”.
Algo similar sucedía con Delfina: “La primera tarea fue cosechar chauchas porque a veces uno es chico y es curioso, quiere ayudar, a veces uno quiere hacer lo que hace el papá, la mamá”. Como han sostenido Liebel y Saadi (2011), en los relatos se ponen en valor los sentimientos que les emergían al momento de ayudar a sus familias, como la curiosidad y el gusto por estar en la quinta y participar de la producción. Estas decisiones evidencian el rol activo que ya desde niños tienen en sus propias elecciones.
Este punto se relaciona con la última dimensión, la quinta como lugar de interés. Se puede retomar el relato de Marta, quien señala:
me acuerdo que…que cosechábamos, pero…tampoco tanto, en realidad era como una visita general a la quinta, porque generalmente nos quedábamos a jugar con mis hermanos, porque mucho tampoco podíamos hacer. Nosotros les pedíamos que nos lleve. Más por ahí por el hecho de ser más chicos, porque no sé…vos le decías a un chico “¿vamos a la laguna?” y bueno, para mí la quinta era como la laguna, ¿viste?
En este relato Marta conjuga los elementos anteriormente explayados: el campo para estos jóvenes que se han insertado a través de la ayuda, se desdibuja como mero espacio de trabajo para tomar otras formas, como el esparcimiento, el juego, el encuentro con sus hermanos y pares. Anabel señala algo similar:
A veces iba, pero a jugar… sí con mi hermano… De todo, con una tierra ahí… (Ríe) Sí porque éramos chicos de campo…somos chicos de campo y así que bueno… mucho a las escondidas y a la mancha… y había árboles re grandes ahí y bueno, hacíamos tipo una casita… jugábamos a las casitas y teníamos a mis primas que también vivían ahí… en la misma quinta.
En síntesis, la importancia de estas primeras inserciones para el análisis de los proyectos y los planes de vida de los jóvenes respecto a la horticultura radica en los diferentes matices que tiene el trabajo en esta actividad. El momento de inicio a través de la ayuda a la familia les posibilita a retrotraerse a esas experiencias sin ubicar las exigencias de esta producción. De esta manera, el marco de cuidado que otorga la familia se expresa, según los jóvenes, en la selección para los niños de las tareas que requerían menor esfuerzo físico, con tiempos acotados para poder dedicarse a otras actividades y por, sobre todo, de una menor exigencia. Porque, además, hasta estas primeras inserciones, el trabajo es considerado desde el solapamiento en su cotidianeidad familiar e individual de la horticultura, recreando el espacio del campo de una manera sentimental atada al juego, la recreación y el gusto.
El inicio en el marco de la familia, como ayuda a sus padres o miembros mayores, la flexibilidad les posibilita a los jóvenes tener un acervo de conocimiento actual y a mano sobre qué es el campo y el trabajo en la quinta diferente al de los jóvenes que se inician por fuera de este marco de cuidado, tal como se verá en el apartado 3.3.
3.2.2 Después de la primera inserción
Tal como se ha señalado en el primer capítulo, las trayectorias de los jóvenes son cada vez más heterogéneas y fragmentadas (Jacinto, 2010 y 2018; Miranda, 2008 y 2010; Miranda, Otero y Corica, 2006): con cambios de empleo, desempleo o subempleo o con complementariedad de ocupaciones. Por eso, a partir de las primeras inserciones en la actividad productiva que se ha identificado en un marco familiar de ayuda, los itinerarios de los jóvenes se bifurcan entre quienes: a) se mantuvieron en la misma actividad, pero sedimentan un quiebre en su desenvolvimiento b) quienes complementan la actividad de inicio con otras actividades c) quienes se alejan de la actividad de inicio y se insertan en otras ocupaciones. El análisis continuará en línea con las dimensiones anteriormente señaladas, focalizando en las propuestas sobre la flexibilidad en tanto a la organización del tiempo, las tareas, la responsabilidad y la retribución. También, el aprendizaje y la significación que hacen del campo, de manera de evidenciar cómo las sedimentaciones de los jóvenes empiezan a transformarse.
3.2.2.1 Quienes se mantienen en la actividad de inicio
Los primeros jóvenes aquí expuestos serán quienes se han desarrollado en la horticultura en el marco de la familia, no diversificando sus actividades ni en otras ramas ni en otros espacios de trabajo. Son los casos de Anabel, Miguel, Victoria y Gastón. Ellos comenzaron a tomar nuevas tareas en la horticultura, sedimentándolas desde la creciente complejidad. Así, Anabel relata:
yo ayudaba a sacar la verdura, pero mi mamá… la arreglaba y todo y la ponía en donde va en unos cajoncitos y ellas los ponía ahí… y bueno, yo ayudaba en eso, pero ahora ya como tengo más edad lo hago yo y mi mamá hace lo fácil…
Anabel se sigue desenvolviendo en la producción hortícola en la actualidad, sin haber tenido otras experiencias laborales. Pero ella, marca distancia entre cómo comenzó en la horticultura y cómo lo hace actualmente, sumándole complejidad a las tareas que realiza e incluso, revirtiéndose los roles. Mientras que antes la madre hacía las tareas más complejas, ahora es Anabel quien las toma. En base a su relato, se puede sostener que el modo en que los jóvenes sedimentan las experiencias respecto a las tareas empieza a tomar nuevos matices, donde ponderan otros elementos para significar la preferencia por una o por otra:
pero hay partes donde no me gusta que es carpir… eso no me gusta… esa tarea no me gusta… cosechar es más fácil y lo haces rápido y terminas y ya estás en tu casa. Y carpir, bueno, sí, tenés mucho, tenés que estar ahí, no me gusta.
Para Anabel, el “estar ahí” de la carpida se contrapone a la rapidez de la cosecha, algo que para ella en este momento es más importante, y se diferencia de su valoración en la niñez cuando la carpida era una actividad considerada fácil. Actualmente le supone un mayor esfuerzo por el tiempo que le destina respecto a la cosecha. El tiempo empieza a evidenciar que para Anabel el vínculo con la producción ha cambiado. Las tareas toman otro sentido, ahora que los roles en el marco de cuidado cambian, principalmente porque también implican mayor responsabilidad de Anabel en la producción.
Así, se puede sostener que el marco de cuidado se mantiene, pero donde cambian los roles: los jóvenes empiezan a tomar mayores responsabilidades y nuevas tareas, y, los miembros más adultos pasan a ser sujetos de cuidado. Por ello, hay una transformación del modo en que los jóvenes se vinculan a la producción y también, en el lugar que tienen ellos como sujetos activos en la producción.
En tanto a las responsabilidades, se retoma el relato de Miguel quien luego de un breve período de trabajar para un allegado (amigo del hermano), se reincorpora al círculo familiar en el transporte de productos hortícolas. Su “aumento” en la toma de responsabilidad se inicia por el trabajo con terceros, pero luego se plasmó en el ámbito familiar:
En. ¿Y cuándo empezaste a trabajar con tu hermano “con responsabilidad”? E. cuando dejé la escuela (…) [Como que] tenés que estar… astuto, quién va y quien no viene, agarrar a la gente, ofrecer mercadería… algo así…
Anteriormente Miguel señalaba que realizaba sus tareas sin tanta responsabilidad. Ahora, empieza a sedimentar una mayor participación en la toma de decisiones, en la identificación de nuevos clientes, en el “estar astuto”, prestando mayor atención a las tareas que realiza. Como se verá en el próximo capítulo, esta mayor toma de responsabilidad también se reflejará en la manera en que Miguel interpreta la adquisición de conocimiento, donde en el propio trabajo aprendió “muchas cosas, a tener más calle… más experiencia…. hacer negocios”, una sedimentación clave para comprender su plan a futuro. Por ello, desde el relato de Miguel, se puede retomar la segunda dimensión que tiene que ver con el aprendizaje. A pesar de haber tomado mayores responsabilidades, él sigue adquiriendo conocimientos a través del vínculo familiar, algo que valorará positivamente al momento de relatar sus itinerarios educativos.
Los cambios en los sentidos que le dan los jóvenes a sus experiencias también se empiezan a notar en el relato de Gastón. Él sigue trabajando en la horticultura, y si bien comenzó en el marco de cuidado y flexibilidad, en su actual ocupación denota el cansancio y el agotamiento de realizar tareas en el campo: “No me gusta el campo a mí. Porque… me siento, como que con todo el tiempo que ya trabajé como que me cansó (…) ya no quiero estar en el campo todos los días”. Actualmente, la flexibilidad en tanto a la organización del tiempo se redujo, teniendo Gastón que estar presente diariamente en la producción. Estos nuevos matices que toma el trabajo en la horticultura impactarán en el modo en que planea su vida a futuro en tanto al ámbito laboral. Si bien él se mantuvo en el círculo familiar, en un momento de su relato cuenta que con su padre trabajaron para otro familiar: “Una vez trabajamos para mi tío. Pero hacía las mismas tareas… igual, le pagaba a mi viejo”. Esta cita puede explicar por qué Gastón empieza a sentir el mayor peso del trabajo en la horticultura, propio de los cambios en tanto a las movilidades sociales que se dan en esta producción y las distintas figuras (mediería, porcentajería, arrendamiento), siendo que su padre pasó de trabajar por su cuenta a hacerlo en forma de porcentajero junto a su hermano. De esta manera, la ausencia de pago directa hace que todavía él sedimente dicho trabajo como parte del marco familiar.
En suma, para estos jóvenes, su continuidad en el trabajo en la horticultura implicó nuevos sentidos al campo y al modo de desenvolverse en él, donde aumenta su responsabilidad o la realización de tareas que no les resultan tan fáciles.
3.2.2.2 Quienes complementan la actividad de inicio
Muchos de los jóvenes continúan trabajando en la horticultura, pero también complementan con otras actividades. Estos son los casos de Anahí, Alma, Belén, Claudia y Ricardo.
Las ocupaciones se vinculan con los procesos de movilidad social ascendente de los productores hortícolas, la nueva escalera boliviana descrita en el capítulo 2. Éstos amplían su lugar en las cadenas de valor, tomando roles en la comercialización y el transporte, permitiéndoles tener un mayor control de los precios y ventas. En el caso de Claudia y su familia, siempre complementaron el trabajo en la quinta con el puesto del mercado de abasto en la ruta 88. Éste aglutina hace años no solo a comerciantes sino a los propios productores del cinturón que venden sus productos directamente allí. Actualmente Claudia señala que trabaja “poco en el campo porque estoy estudiando y no me da el tiempo” con lo cual se dedica casi exclusivamente a la venta en el mercado. El trabajo en el puesto del mercado tiene un horario matutino, siendo que antes del mediodía ya se encuentra libre. De esta manera, si bien no se mantiene la flexibilidad que señalaba al inicio de su inserción, esta actividad le permite mantenerse en sus estudios terciarios actuales, como se verá en el próximo capítulo.
Del mismo modo, Belén comenzó a diversificar sus ocupaciones en vinculación con la horticultura, acompañando a su tía al mercado de abasto de Bahía Blanca los fines de semana para luego volver a la escuela y al trabajo de quinta:
Ahora yo estoy los fines de semana trabajando en el mercado en el que trabaja mi tía que es el de Bahía Blanca (…) Viajo el sábado a la noche y allá llego el domingo a las 3, 3:30 y ahí comenzamos, tengo que hacer papeles, hacer cuentas, todas esas cosas y ya a eso de las 7, entran las personas que compran, tengo que separar pedidos, jaulas y me vuelvo acá a las… acá llego a las 10, 11 de la noche con mi tía.
Al igual que Claudia, Belén reemplazó tiempo que antes le dedicaba a la quinta para trabajar en el mercado. La flexibilidad en tanto a horarios se vio reducida, siendo esta nueva ocupación la que más tiempo le ocupa, considerando las horas de viaje que supone. Además, también toma bajo su responsabilidad nuevas tareas de mayor complejidad como la contabilidad de las ventas y compras realizadas y la propia comercialización de la mercancía.
El trabajo en el ámbito familiar no es únicamente en estas cadenas de valor hortícola. Alma mantiene su inserción en el trabajo hortícola familiar con la misma flexibilidad que en los inicios, pero en la actualidad realiza también trabajos de peluquería luego de haber hecho un curso de formación profesional. Su dedicación es parcial y “solo así, en mi casa, en domicilio, pero sí, con mis tíos y eso, nada más”. Sin embargo, para Alma, esta nueva ocupación le supone nuevas posibilidades que antes no tenía, e incluso se verá plasmado en su plan de vida: conseguir un trabajo estable.
Otra manera de complementar la ocupación de inicio en la horticultura es por fuera del ámbito familiar, tal como son los casos de Ricardo y Anahí. Ellos se siguen manteniendo en la producción de verduras, pero realizan actividades temporales en ocupaciones diversas que les permiten sopesar de manera diferente la actividad junto a sus familias.
Para Ricardo, es la propia estacionalidad de la demanda de mano de obra de la horticultura, la que le permite trabajar en los meses de invierno de contracosecha, realizando trabajos de pintura. Si bien es una flexibilidad del propio ciclo productivo, Ricardo lo vio como una oportunidad para diversificar sus posibilidades laborales:
Trabajé de parquero[3] dos meses iba después del colegio. Solo era para pasar el invierno porque no había trabajo en la quinta. Los años fueron pasando y aprendí el oficio de pintar casas y me gustó. Trabajé pintando casas solo en vacaciones de invierno [porque] después cuando llega la temporada, hay bastante trabajo en la quinta.
Esta posibilidad de desenvolverse en algo por lo que siente gusto se complementa con la valoración positiva que hace del campo: “es un poco sacrificado, pero después con el tiempo le vas tomando cariño al trabajo del campo”. Para Ricardo, en la actualidad, la participación en la horticultura implica ciertos sacrificios que reducen la flexibilidad de la primera inserción que hizo como ayuda, pero también ve en esta producción, la posibilidad de complementar con otras actividades que le permiten “pasar el invierno” y encontrar nuevos modos de generar ingresos. Si bien es una necesidad ligada a los meses de contraestación donde no se generan ingresos para las familias hortícolas, lo cierto es que estos meses de no trabajo, son los que le permiten buscar otras opciones.
De manera similar, Anahí continúa trabajando en la quinta de su familia, el hermano le brindaba una hectárea del campo para que ella maneje por su cuenta. Desde el último año de la escuela, se le presentó la posibilidad de realizar una pasantía de trabajo en un hotel de la zona de Mar del Plata: “en este hotel [en la ciudad de Mar del Plata] quedé de mucama, después de tres meses de pasantía (…) a los 18 (…) quedé”. Así, Anahí trabaja en las temporadas altas en el hotel de Mar del Plata, mientras que lo complementa con su trabajo en la horticultura. La posibilidad de tener horarios flexibles se sigue sosteniendo en el relato de Anahí. Pero esta vez, siendo ella la que lleva a cabo todo el ciclo de producción de su hectárea, la flexibilidad se encuentra respecto a las decisiones que ella toma en tanto a qué producto sembrar. Elige uno que no le requiera demasiado esfuerzos de mantener, de manera de poder dedicarse mayormente al trabajo en el hotel:
quise complementar con el trabajo del hotel para tener más plata y sembrarme una parcela de rúcula, no sé si te conté. Pero cómo era un trabajo más fácil para hacerlo, se hace, no se necesita mucho cuidado ni mucho trabajo y crece rápido esa verdura, salía del trabajo, iba y hacia pedido que tenían, ponele el pedido me lo conseguían mis hermanos que tienen sus clientes.
Esto es posible también porque ella alquila a su hermano. Su familia es arrendataria, y ella le paga un valor simbólico por la hectárea: “mi hermano me va a decir ‘dame $1000’ nada, porque son cuestiones que tampoco vamos a ponernos a hacer cuentas” . Esto no sería posible si arrendara por su cuenta. Por ello, para Anahí, las sedimentaciones sobre el trabajo en el campo se mantienen desde el ámbito del cuidado y sigue prevaleciendo su interés y gusto por la horticultura:
Prefiero el trabajo en el campo porque es algo como si fuera una terapia ponele. Ponele estar sola, yo me ponía música y tranqui, no es un trabajo re-forzado y que hago fuerza ni que me lastimo las manos, no, a mi tiempo, tranquila.
Su empleo como mucama le brinda nuevas sedimentaciones sobre el ámbito laboral: cuestiones negativas propias del trabajo para terceros, como la exigencia en el cumplimiento de horarios y productividad, la posibilidad de ser despedida y por, sobre todo, la noción que ella hace respecto a la explotación laboral:
trabajar en el hotel es un alboroto, que Anahí esto, que Anahí lo otro, qué acá, qué allá, qué no sé qué, qué acá. Te da un montón de trabajo, es como que tenés un empleador también que está todo el tiempo atrás (…) trabajar en el hotel es como que te come un poco la cabeza, ¿viste? Más allá del trabajo físico que uno hace, como que todo el tiempo está esa, no sé cómo decirlo, como que uno siente que lo explotan ¿entendés?, como que te sacan todo el jugo y si vos no rendís como empleada bueno, no sé, llaman a otra.
Cuando los jóvenes empiezan a complementar la actividad de inicio con nuevas ocupaciones, les brindan nuevas perspectivas, tanto para valorar la horticultura como el trabajo independiente o para terceros. Con ellos sopesan las dificultades, pero también las posibilidades que les brinda a la hora de obtener más ingresos y no depender totalmente del fondo común de sus familias. Como se señalaba en el capítulo 1, en las fragmentaciones de los itinerarios tiene un peso importante las decisiones de los jóvenes que no solo contemplan la estabilidad, sino que involucran sus intereses y expectativas. Estos aspectos son más evidentes en el siguiente grupo de jóvenes que discontinúan el trabajo en la actividad de inicio.
3.2.2.3 Quienes discontinúan su primera inserción
No todos los jóvenes se han mantenido en el círculo familiar. Muchos de ellos, han discontinuado su primera inserción para destinar su tiempo a otras ocupaciones o a la misma actividad, pero por fuera del marco familiar. Estos son los casos de Diego, Delfina, Mario y Marta.
Es el caso de Diego quien luego de iniciarse como ayuda a su familia en la quinta hortícola, empezó a trabajar para un horticultor de la zona. Así, se desdibuja la sedimentación de la flexibilidad en tanto a la organización del tiempo o las tareas que señalaban los jóvenes en la actividad de inicio. En este empleo, Diego establece las dificultades de las tareas en el campo por el esfuerzo que le implica, pero también en tanto a la imposibilidad de realizarlo acompañado. De la experiencia en la quinta, relata:
Me acuerdo de que me costaba bastante porque no estaba acostumbrado tanto a hacer fuerza y el trabajo que hacía yo, no era tanto cosechar sino quitar los yuyos y no te llevan a tener una cierta cantidad de fuerza. Me quería morir me acuerdo, hacía mucho calor. Así que cosechaba solo, me costaba mucho, me sentía solo también.
Si bien era una actividad que él conocía, Diego empieza a complementarla con otras ocupaciones: ha trabajado brevemente como ayudante de albañil y en algunos trabajos esporádicos en el ámbito de la música, principalmente en eventos de la comunidad[4].
Asimismo, busca otros empleos con el fin de alejarse de la horticultura. En este punto, donde los jóvenes buscan nuevas oportunidades, las redes con sus pares es clave. A través del contacto de un amigo que trabajaba en el Parque, supo de la apertura de un puesto de trabajo en una de las fábricas. Luego de diferentes pruebas fallidas y un largo proceso de selección de aproximadamente un mes y medio, quedó seleccionado: “así que practiqué, más tarde practicaba después del zapallito, practiqué por tres días, y después de practicar me llamaron, me acuerdo. Me acuerdo que me lo tomé muy en serio”. Allí se emplea desde 2017 y sigue manteniendo la producción de eventos de la comunidad.
Delfina comenzó a trabajar junto a su familia en la horticultura, pero cuando a los 16 años tuvo su primer hijo, dejó de trabajar con ellos. La actividad en el comercio minorista se le presentó como posibilidad, específicamente la vinculada a la venta de verduras producidas en los campos al por menor: “Trabajé haciendo ensaladas para una chica que trabajaba en una verdulería, eso fue temporario. Hacía ensaladas de verdura, cortaba las verduras”.
Delfina también se desenvolvió temporalmente como vendedora de ropa minorista, donde año a año la llamaban para volver: “En un local de ropa también que me llamaban, por ejemplo, para las fiestas, porque hay mucha venta.”. Actualmente trabaja como empleada administrativa en el local de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) en Batán. Si bien se alejó del trabajo hortícola en tanto a lo manual, sigue vinculada a la producción a través de esta organización social que se vincula a los trabajadores de la horticultura de la zona[5]:
hago de administrativa, viene gente, la atiendo, me gusta trabajar con gente, me gusta estar todo el tiempo, (…) me gusta charlar (…) acá me gusta porque también me gusta el tema de administrar papeles, todas esas cosas me encantan, estar con la “compu” y todo eso. Me gusta también estar acá porque aprendo mucho, acá aprendo otras cosas que por ahí.
Cuando los jóvenes dejan definitivamente el trabajo junto a sus familias, empiezan a perder ese marco de cuidado. Tanto para Diego como para Delfina, la diversificación de ocupaciones en un período breve de tiempo muestra las dificultades en la inserción por fuera del espacio familiar, donde deben sostenerse a través de trabajos temporales o que les resultan forzados. Solo a partir de las redes de cercanía, como las amistades o la participación en una organización social, es que pueden insertarse laboralmente en trabajos más estables, que son los que poseen al momento de la entrevista.
La dimensión del aprendizaje se mantiene, tal como señala el relato de Delfina, pero también, como se verá para el caso de Diego que decidió estudiar una carrera vinculada a su actual empleo en el parque industrial.
Para Marta, hay una decisión de alejarse del trabajo en el círculo familiar y tiene que ver con la flexibilidad en tanto a los pagos. Ella trabajó como niñera de sus sobrinos:
por ahí lo de niñera no sentía como una cierta independencia; primero porque no tenía, no te daban plata, no tenías tu propia plata y segundo por ahí porque siempre estaba por ahí, con mis hermanos porque trabajaba familiarmente
De hecho, Marta sostenía que se mantenía aún en la dependencia de su hermana derivado en la falta de pago:
mi hermana, como que no… es como que, si necesitabas un par de zapatillas y le decía a mi hermana y bueno, me las compraba. Claro no, en realidad no era un pago ni mensual ni nada por el estilo [me daba] para lo que yo necesitaba o no sé, [si] necesitaba para colectivo.
Posteriormente, se inserta en su actual ocupación en la verdulería. Al principio, este trabajo lo pensaba como algo temporal, pero continúa dedicándose a él porque puede ser complementaria del estudio:
comencé a trabajar por ahí en esta temporada [2018] y después no sabía si seguir trabajando con el tema de la universidad y después dije…”bueno voy a probar” y yo acá trabajo seis horas y, me dejaron el…el…los días para, para estudiar (…) hace poco me pusieron en blanco.
Para Marta, detrás de la ruptura con el círculo familiar se encontraba la búsqueda de independencia y de mejoras en las inserciones (formalidad y salario). Si bien estas actividades le brindaban un marco de cuidado, las comenzó a sedimentar como un constreñimiento de las posibilidades y los márgenes de libertad porque le brindaba condiciones laborales de dependencia e informalidad. Siguiendo a Panaia (2009) son diversas las condiciones que los jóvenes tienen en cuenta a la hora de definir por un trabajo. A partir de sus propias subjetividades también se da lugar a la fragmentación de sus itinerarios laborales, aunque las ofertas no poseen ciertas condiciones requeridas por ellos.
Por ello, el trabajo por fuera del círculo familiar hizo que Marta empiece a resignificar el vínculo con el realizado con su familia, que en los inicios es valorado positivamente por la posibilidad de flexibilización. Mientras que ahora valora la independencia de contar con un empleo registrado y con ingresos propios en el trabajo para terceros.
No puede perderse de vista que es una ocupación en la que sigue en vínculo con miembros de su comunidad con lo cual puede explicar el “gusto” al cual aduce. Ella no trabajaba en la horticultura, pero sí lo hacía su amiga, que, frente a la necesidad de dedicarse al trabajo en la quinta familiar, requería un reemplazo por la temporada.
Por último, Mario ha contado que se inició junto a su familia en la horticultura. Posteriormente, trabajó en complementación de dicha inserción:
En verdulerías por ahí, pero son trabajos del día. Nada formal… atendía, [hacía] atención, hacías repartos. Por ahí, justo ese día le faltó el chico que tenía que ir… lo hice un par de veces no sé hace como dos tres años cuando iba a la escuela. Ponele los sábados cuando no iba a la escuela, iba ahí. (…) Ahora a veces ayudo a mi primo con el camión, por el estudio casi nada.
Actualmente Mario, trabaja fuera de su familia núcleo, pero lo hace con el primo, en una situación totalmente flexible, donde asiste solamente aquellos días que no tiene que estudiar o ir a la universidad. Así, él sostiene: “por ahí a veces a la mañana, pero porque a la facultad voy a la tarde, pero igual terminas re cansado y no puedo… no te da la cabeza”. Para él, el trabajo sigue siendo sedimentado de la manera en que lo hace respecto a su niñez en la ayuda. En parte, esto responde a la posibilidad que le brinda su familia de sostener económicamente su carrera educativa, reproduciendo el marco de cuidado que de niño le permitía ayudar en las prácticas productivas con ciertas flexibilidades.
En síntesis, para quienes complementan o discontinúan sus recorridos laborales, se presentan situaciones de fragmentación, con varias actividades realizadas de manera temporal y muchas veces en la informalidad. De esta manera, los jóvenes empiezan a sedimentar de manera diferente el vínculo con el trabajo de inicio, siendo tanto negativo como positivo. Principalmente, les permite relativizar el modo en que se desenvolvieron en la horticultura: para algunos, ponderando positivamente su paso por ella, para otros, considerando el constreñimiento de sus oportunidades, como la posibilidad de acceder a un ingreso propio.
3.3 De quienes se inician como trabajo
En este apartado se reconstruyen los relatos de los jóvenes que han sedimentado su inicio en la actividad productiva desde una noción de trabajo. Se retoman aquí los relatos de Esteban, Fernando, Javier, Leonel y Patricia.
Para esto, se retomará una de las dimensiones analizadas en el apartado anterior: la flexibilidad, para marcar la distancia existente respecto a los que se iniciaron en el marco de la ayuda. Una segunda dimensión que emergió de estos relatos tiene que ver con la necesidad. Ésta permite narrar el modo en que los jóvenes vinculan la situación económica de su familia, con la propia exigencia de participar en la actividad productiva.
La dimensión del aprendizaje no ha emergido en estos relatos, como tampoco lo fue las múltiples significaciones del espacio del campo, para aquellos que se iniciaron en la horticultura. Estas diferencias permiten comprender cómo los jóvenes empiezan a darle lugar a sus primeras inserciones de forma diferente al grupo de jóvenes anteriores.
Al igual que en los casos anteriores se presentará en primer lugar, cómo fueron los inicios de estos jóvenes, y en segundo, cómo fue la continuidad después de ellos.
3.3.1 Sedimentaciones sobre el primer trabajo
El inicio como trabajo toma diferentes significaciones para los jóvenes que se insertan por fuera de un espacio de cuidado. Implican:
- La inflexibilidad: la mayor exigencia en tanto la organización del tiempo, el gran esfuerzo en las tareas realizadas, el pago de remuneración según las tareas realizadas.
- La necesidad como parte de la imposibilidad familiar de brindarles el sustento para sus actividades, que en ocasiones se plasma en la urgencia.
La inflexibilidad se sedimenta en estos jóvenes de tres maneras: a) la mayor exigencia en tanto al tiempo que le dedican, b) el gran esfuerzo en las tareas realizadas, c) el pago de remuneración según las tareas realizadas.
Así, se puede retomar el relato de Javier. Si bien su familia se dedicaba a la horticultura, él se inició en la producción ladrillera por fuera del círculo familiar: “empecé a trabajar en el horno… el horno de ladrillo, no sé si conocés… de barro y todo eso… cuando empecé el secundario…”[6]. Allí trabajaba por día y en condiciones precarias:
iba por día…estaba así en negro… a palabra nomás. (…) hacía 4 horas. Ahí me pagaban por hora. Estaba todo el año ahí… (…) Por un lado, sí [me rendía] y, por otro lado, no. Porque bueno, por todo el tiempo que estaba ahí, trataba también de organizarme para jugar a la pelota, a entrenar digamos, ¿no? a jugar, para ir a entrenar, pero no, no llegaba a veces. Porque llegaba medio sucio o sudado entonces me tenía que bañar e ir allá, y a veces no podía ir.
A diferencia de los jóvenes que se inician como ayuda, el trabajo en la producción ladrillera se torna una prioridad desde temprana edad que le imposibilitaba dedicarse a otras actividades. Si bien señala que iba cuatro horas por día, luego identifica que “todo el tiempo que estaba ahí”, sedimentando una valoración negativa de la duración de la jornada laboral y de sus posibilidades para un manejo del tiempo según sus intereses y gustos.
Solo se observa flexibilidad en el relato de Javier respecto a la posibilidad de ausentarse alguna jornada laboral: “cuando tenía mucha tarea directamente no iba a trabajar, o sea, le avisaba y no iba”. Pero como se verá, como cobraba por tarea y hora de trabajo, el ausentarse implicaba no recibir el pago del jornal.
El segundo elemento de esta dimensión de la inflexibilidad es la noción de la realización de tareas que implican un mayor esfuerzo físico, señalado por Javier en su relato:
Trabajé con él [jefe] en el ladrillo casi ocho años… sí, ocho o diez años creo… desde los trece habrá sido. Al principio [era] apilar, apilar, meter adobe, y esas cosas hacía al principio… después ya más adelante, bueno apilar, meter ladrillo, adobe perdón… ladrillo, o sea sacar ladrillo, tapar de arriba. Y ahí había unas cosas que a veces hacía, como limpiar las canaletas, como… el desagüe del agua de los plu… de los pluviales creo que era, de las canaletas.
A diferencia de las interpretaciones que hacían los jóvenes sobre sus inserciones como ayuda en el marco de cuidado y en tareas con menor esfuerzo, en este relato, se igualan las tareas que realizan niños y adultos.
No debe perderse de vista que el mercado laboral en el horno de ladrillo ha sido caracterizado a través de sus altos riesgos en salubridad para los trabajadores (Pizarro, 2012; Bonelli, 2016; Schmidt, 2013) por la utilización de hornos a altas temperaturas y la realización de tareas de gran fuerza física. Tareas que Javier detalla que hacía a temprana edad: “meter ladrillo” y “sacar ladrillo” implica utilizar el horno a temperaturas altas. Lo mismo con el apile de los bloques que realizaba, implica fuerza y destreza.
Como tercer elemento, se presenta la cuestión de la retribución. Anteriormente, se señalaba que para quienes se inician en el marco familiar, ésta estaba vinculada a la noción del fondo común, donde no se diferenciaba un salario para cada miembro, sino que a través de las necesidades se canalizaban con ese ingreso común. Los jóvenes que se iniciaron en el trabajo ponderan el lugar del pago en función de las tareas realizadas.
Para Patricia, que se inició en la horticultura junto a su marido a temprana edad, lejos de su familia de origen, la cuestión de los ingresos dependía exclusivamente del trabajo que hicieron en la quinta. En el mismo sentido, según Javier, la construcción de su casa fue gracias a la posibilidad brindada por el patrón de obtener mercadería a precio de costo descontándose de su salario.
Pero lejos de valorarse exclusivamente como positivo, también denotan lo negativo de este tipo de retribución. En primer lugar, porque al estar contratado informalmente, frente al ausentismo, no recibían el pago, tal como se relataba la cuestión de los horarios. En segundo lugar, porque se generó dependencia de las tareas o de los patrones por esos pagos, como las deudas por los materiales que le generó a Javier y que lo obligó a mantener el vínculo para saldarla y, además, iniciarse complementariamente en otro trabajo:
Mientras trabajaba en el horno, ahí… el patrón era bueno conmigo así que me dio materiales para hacer mi casa, o sea, el me daba materiales, me saca un… un porcentaje de cuanto era, me hacía un total de cuánto era, me decía cuanto era, y después yo se lo pagaba con trabajo. Era medio complicado porque siempre era bastante lo de material. Al final, terminé saliendo endeudado.
En este relato de Javier, se empieza a evidenciar otra dimensión: la necesidad. Javier tuvo que insertarse en una segunda ocupación para poder pagar la deuda con su jefe. Así, la imposibilidad de estar contenidos por las familias, llevan a que se involucren de lleno con la vida productiva.
La necesidad también se puede plasmar en la urgencia, que se evidencia en los relatos de tres jóvenes que han venido de Bolivia: Esteban, Fernando y Patricia. Para Esteban y su familia, el principal motivo de esa movilidad espacial derivaba de la necesidad de generar ingresos, así relata cuando se le preguntó por qué vinieron a Argentina:
Por recursos económicos, a veces no te alcanza la plata y, antes, bueno, Bolivia estaba mal, estaba en crisis, bueno, ahora, hoy en día ha mejorado bastante con el presidente [Evo Morales] que tenemos. Antes no, no se podía estar y por eso mucha gente se vino para este lado, muchos emigra[mos] y esta[mos] acá.
Por eso, cuando llegó a Argentina, se insertó en el trabajo en el horno de ladrillo. Esta actividad le brindó la posibilidad de asentarse en el partido. Los márgenes de libertad se encontraban reducidos, pero le permitió cumplimentar el objetivo que lo había traído Bolivia “para trabajar y poder vivir, digamos”.
Éste también es el caso de Fernando quien vino a la Argentina a temprana edad (a los 11 años) desde Tarija y señala que “[vinimos] con mi familia a trabajar. Empecé a trabajar acá, allá en Bolivia no trabajaba”.
Patricia, a sus trece años, se instala definitivamente en el partido de General Pueyrredón y trabajó como porcentajera familiar desde temprana edad: “de porcentajera con mi familia… con mi marido nomás”. Para ella, el haber dejado su lugar de origen le supuso esta urgencia de insertarse laboralmente, de manera de lograr el sustento cotidiano.
Leonel quien también se desenvolvió como trabajador de la horticultura, más que por un deseo propio, estuvo ligado en su argumento por la imposibilidad de conseguir otros trabajos por falta de educación obligatoria (como se verá en el próximo capítulo, quedó truncada por el trabajo en la horticultura): “Hay mucho laburo, ¿viste? pero te piden mucho, te piden el secundario a veces uno no terminó allá en su país la secundaria, entonces tiene que venir a trabajar en la quinta.”. Esta primera inserción cobra relevancia al momento de comprender sus posteriores trabajos y cómo retrotraen las experiencias en el campo y la quinta en sus actuales proyecciones vitales.
3.3.2 Después de la primera inserción
Al igual que en los jóvenes que se iniciaban en la ayuda, en quienes sedimentaron sus inicios laborales como trabajo, no se observa necesariamente una fragmentación posterior de sus recorridos. Por ello, se observan los mismos dos itinerarios que en el caso anterior: a) se mantienen en la actividad de inicio, b) quienes la diversifican.
3.3.2.1 Continuidad en la actividad de inicio
Entre estos jóvenes existió como única inserción la actividad agropecuaria y se sigue manteniendo en la actualidad. Para ellos, se profundizan las sedimentaciones hechas para el primer trabajo. En primer lugar, sobre la inflexibilidad del trabajo en tanto tareas, horarios y la responsabilidad.
Fernando señala que la inflexibilidad en tanto a la responsabilidad sigue presente en la actualidad, donde relata su trabajo como porcentajero: “Nosotros en esa quinta somos cuatro porcentajeros… el patrón y cuatro porcentajeros… conocidos…”. Aquí, al preguntarle sobre quién realiza los acuerdos con el dueño del campo, señala: “Él [padre]… bah él, a veces él, a veces yo”[7]. El contrato de porcentajería permite señalar que Fernando se aboca a la producción al igual que su padre. Cuando señala que se turnan para realizarlos, permite evidenciar como para Fernando el trabajo en la horticultura profundiza su sedimentación en tanto al peso del trabajo donde la responsabilidad es igualada a la del padre.
Por ello, resulta interesante cuando señala: “ahora lo único que sé es trabajar y hacer quinta, nada más”. El trabajo hortícola, es parte de su acervo de conocimiento que ha sedimentado a través de su experiencia de inserción temprana en esta producción, se ha adaptado a sus circunstancias y por ello, limita sus posibilidades actuales a él. Esto también condicionará sus proyecciones a futuro.
La necesidad, señalada como segunda dimensión de análisis, se sigue expresando en los jóvenes, ligadas a las exigencias propias de la vida cotidiana y familiar. Así, a Patricia su trabajo en la producción hortícola actualmente se torna necesario para poder brindar cuidado a su hija.
La imposibilidad de insertarse en otros mercados laborales sumado a la necesidad de generar ingresos hace que solo trabajen en la horticultura, aun conociendo otras ocupaciones posibles, como se verá en el quinto capítulo sobre los planes de vida.
3.3.2.2 Quienes han diversificado sus experiencias
Aquellos jóvenes que se iniciaron por fuera del marco familiar y por fuera de la horticultura relatan una profundización negativa de la primera dimensión analizada anteriormente: la inflexibilidad de horarios, tareas y responsabilidades, derivada de la situación de necesidad.
Esteban y Javier discontinuaron su primer trabajo para introducirse en otras actividades temporales e informales.
Por un lado, Esteban realizó tareas en la construcción, luego como cargador de camiones[8], para finalmente dedicarse a su actual ocupación, la horticultura. Realiza esta actividad a través del arrendamiento de tres hectáreas. Por ello, la sedimentación que posee de este trabajo se vincula a la inflexibilidad de los horarios: “la quinta a uno le interesa, pero por el tiempo, por ahí se le complica mucho. En la quinta te viene un pedido y vos lo tenés que hacer, no tenés un horario fijo. No podés estudiar y por eso se complica, hay actividades que sí”. A su vez, denota la necesidad constante de vincularse a esta actividad, que le imposibilita realizar otras actividades, como, por ejemplo, se verá en el próximo capitulo, la educación. Pese a la demanda de tiempo, Esteban la elige para su momento actual, ya que le brinda una fuente de ingreso segura.
Por su lado, Javier antes de discontinuar su trabajo en el horno del ladrillo, complementó esta actividad brevemente con la cosecha de espárragos. En su relato sedimenta la necesidad, ya que se vio empujado a introducirse en otro mercado laboral para saldar su deuda con el patrón de su primera inserción. Luego de un periodo de tiempo donde realizaba ambas actividades, finalmente discontinuó el trabajo en el horno:
terminé el secundario, trabajé un año más en el horno, y después ya me fui a trabajar solamente en el campo (…) en Chapadmalal, más allá al fondo, casi pasando la Estación Chapadmalal (…) Mi primo me hizo entrar ahí porque hay espárragos, temporada de espárragos bueno ya ahí está la temporada de espárragos y bueno, por eso me llamaron. (…) y a veces trabajábamos con el hijo, sino como no había espárragos para hacer porque es por temporada y termina en diciembre, trabajamos con el patrón, hacíamos bueno… como no había mucho, cortábamos el pasto, tenía parque grande.
La propia dinámica del trabajo predial, que supone esos meses de cosecha, hizo que su nuevo patrón le diera otras tareas para cuando no tenía tanto trabajo. Así, sostiene que realizaba complementariamente la actividad como parquero[9].
No obstante, este trabajo lo discontinuó para dedicarse al trabajo en la industria alimenticia. Como se ha observado en el análisis estadístico del capítulo 2 (Ver apartado 2.2.2), muchos jóvenes de áreas rurales se insertan en la industria manufacturera, con presencia similar o incluso mayor a la de los jóvenes de espacios urbanos. Javier se inserta en en el Parque Industrial: “Como mi tío trabajaba, sabía que todos los años hay temporada, bueno hay temporada de liebre. Y bueno, tiré curriculum ahí y me llamaron”. Como señalan Pérez, Deleo y Massi: “mientras que algunos buscan empleo exclusivamente a partir de redes personales, otros combinan la búsqueda vía contactos personales con el uso de medios más formales, tales como las agencias de empleo, bolsas de trabajo o Internet (2013: 70). Para Javier, si bien el trabajo en la horticultura se dio a través de los vínculos informales, lo cierto es que utilizó un canal formal para búsqueda laboral para encontrar un nuevo empleo: a través de su curriculum, pero complementado con el vínculo informal de su tío. Al igual que los jóvenes del apartado anterior, solo a partir de las redes de cercanía, como las amistades o la familia les posibilita insertarse en trabajos más estables y formales. Si bien Javier valora positivamente la posibilidad de tener su primer trabajo formal, con una jornada delimitada, también señala los aspectos negativos vinculados a la inflexibilidad del trabajo con terceros: “con el frío de ahí adentro salías cansado… 8, a veces 10 horas”.
Por último, se encuentra el caso de Leonel, quien complementó brevemente su actividad de inicio junto a su familia con el trabajo de cargador de camiones. No obstante, fue una ocupación que luego discontinuó porque al momento de la temporada alta de la producción hortícola se vio obligado a trabajar en ella en el marco de su familia:
en otro lado hice [de] cargador, cargaba verduras… Camiones, ¿viste? los camiones andan por todos lados, esos andan por todos lados. Antes cargaba acá en Parque Palermo, acá en Batán, cargaba en San Francisco, cargaba en Laguna, en Boquerón, en todos lados, ese es el camión que vos cargabas. Trabajaba dos veces, tres veces por día, ¿viste? porque se cargan así. A veces cargan domingo y martes o sábado y martes y listo.
La necesidad de volver a trabajar en el marco familiar, sumado a la inflexibilidad de los horarios del trabajo como cargador, hacen que hoy Leonel sostenga: “Estoy trabajando porque lo necesito. Porque hoy en día para sobrevivir estamos trabajando”. Como se verá en el capítulo 5, esta necesidad como único fundamento para continuar en la quinta, hará que conforme planes de vida con una valoración negativa respecto a dicha actividad.
En suma, los acervos de conocimiento conformados por estos jóvenes derivan de un vínculo al trabajo como centro de sus recorridos vitales, donde lo sedimentan negativamente a través de las dimensiones de la inflexibilidad y la necesidad de generar ingresos, que se profundizan al momento de incorporarse a nuevos mercados laborales. No obstante, el trabajo se les torna una prioridad por sobre otras actividades. Como se ha observado en el capítulo 2, los niveles de informalidad en los jóvenes son muy altos, aun en edades avanzadas. Todas las ocupaciones mencionadas reflejan esta informalidad, siendo pocas (las de la industria) que se desarrollan en el marco de la formalidad.
3.4 A modo de síntesis
A lo largo de este capítulo se han reconstruido las experiencias laborales de los jóvenes, con el objetivo de aproximarse a la comprensión de sus planes de vida. Para ello, se retomaron sus propios relatos de modo de establecer cómo fue su inicio en la vida productiva, para luego realizar el recorrido a través de sus itinerarios desde las sedimentaciones que realizaban sobre sus experiencias.
Se pudo establecer en primer lugar, dos modos de sedimentar las inserciones laborales: como ayuda o como trabajo (Cuadro 9). Para los jóvenes iniciados en el marco de la ayuda, en su totalidad, lo hacían en la producción hortícola o en las actividades de la cadena corta de valor, junto a sus familias. Así, denotan flexibilidades respecto a la organización del tiempo, las tareas, la responsabilidad y la retribución; el aprendizaje y la multiplicidad de significaciones acerca del campo. Estas dimensiones permiten a los jóvenes valorar positivamente su paso por la horticultura, donde suelen focalizar en los aprendizajes que obtuvieron en ella, en las posibilidades de realizar otras actividades que les interesen, gracias a la flexibilidad de los horarios o tareas. Además, les posibilitan significar de manera diferencial al campo, no solo desde el trabajo. En su trayectoria, los jóvenes empiezan a sedimentar mayores responsabilidades o cambios en las tareas que realizan, siendo éstas muchas veces más valoradas que aquellas que realizaban cuando eran niños.
Para quienes sedimentan a sus primeras inserciones laborales como trabajo, prevalecía la ocupación para terceros y por fuera de la horticultura. También había algunos casos en el ámbito agrícola, pero estos se distinguían de la ayuda por no considerar que se haya dado en un marco de cuidado. A partir de allí, se evidencia la fragmentación de sus trayectorias a través de ocupaciones informales y mayormente temporales. Cuando la horticultura fue uno de los fragmentos, generó sedimentaciones en tanto al cansancio, la necesidad y la alta responsabilidad que requiere la dedicación a esta ocupación.
Así, retomando la noción de acervo de conocimiento a mano que se genera a partir de las sedimentaciones de experiencias, se puede señalar que éstos difieren para estos jóvenes y, por tanto, hacen frente al futuro de manera diferencial. Por ello, se podrá, interpretar de qué manera los jóvenes están conformando sus planes de vida, en combinación con las sedimentaciones realizadas en tanto a la educación, desarrolladas en el próximo capítulo.
Cuadro 10. Dimensiones de análisis de las sedimentaciones sobre las experiencias laborales de jóvenes de familias hortícolas del cinturón del PGP
Inicio en la actividad productiva | Después de la primera inserción | ||
Ayuda | Flexibilidad en la organización del tiempo, tareas, responsabilidades y retribución | Continuidad en la ayuda (Anabel, Gastón, Miguel, Victoria) | Flexibilidad, pero con aumento de responsabilidades, nuevas tareas y cansancio |
| Complementariedad con otras actividades (Anahí, Alma, Belén, Claudia, Ricardo) | |||
| Aprendizaje de conocimientos familiares y por curiosidad | |||
| El campo como espacio de juego y recreación | Nuevas ocupaciones (Diego, Delfina, Mario, Marta) | Fragmentación de trayectoria con mayores márgenes de libertad y valoraciones relativas a la primera inserción | |
| Trabajo | Inflexibilidad en la organización del tiempo, tareas y responsabilidades | Continuidad (Fernando, Patricia) | Inflexibilidad con mayor cansancio y profundización de necesidades |
| Necesidad de insertarse laboralmente | |||
| Diversificación de experiencias (Esteban, Leonel, Javier) | Inflexibilidad en la organización del tiempo, tareas y responsabilidad | ||
| Necesidad de generar ingresos | Fragmentación laboral y necesidad de ingresos | ||
Fuente: elaboración propia.
- La cuestión del cuidado ha sido ampliamente discutida por diversos autores, denotando el carácter contextual sociohistórico y cultural (Liebel, 2003; Fisher y Tronto, 1990). En este caso se hace referencia al cuidado no como una mercancía o un tema jurídico, sino ligado a la cuestión afectiva del concepto (Batthyany, 2004) “debido a que involucra también emociones que se expresan en el seno familiar al mismo tiempo que contribuye a construirlas y mantenerlas” (Aguirre y Ferrari, 2014: 49). ↵
- Implica la limpieza de la tierra para quitar las hierbas silvestres. ↵
- Peón que realiza tareas de mantenimiento de jardines y parques (riego, corte de césped, limpieza de jardines)↵
- La participación en los eventos de la comunidad boliviana se ha indagado en Nessi (2020)↵
- La UTT es “una organización nacional de familias pequeño-productoras y campesinas” (UTT, 2020: s/p)↵
- El mercado de trabajo del horno de ladrillo, al igual que la horticultura, es un espacio propio de la comunidad boliviana en Argentina (Pizarro, 2012; Labrunée y Perri, 2011)↵
- El acuerdo supone negociar con el patrón el porcentaje que se llevará cada uno respecto a las ganancias y los costos para cada una de las partes (Benencia, 2016; García, 2015).↵
- Implica la carga de la producción de las distintas quintas hortícolas a los camiones de comercialización. ↵
- Peón que realiza tareas de mantenimiento de jardines y parques (riego, corte de césped, limpieza de jardines)↵







