1. Tema y problema de investigación
El estudio de las juventudes en las ciencias sociales y humanas se ha profundizado desde hace varias décadas en dos líneas: primero, en tanto a los debates en torno a su definición; en segundo lugar, ampliándose las esferas de abordaje para su problematización. ¿Qué es la juventud? ¿Quiénes son los jóvenes[1]? ¿Qué hacen los jóvenes? ¿Qué intereses tienen? ¿Cómo se piensan a sí mismos? Estos interrogantes continúan desarrollándose, generando producciones académicas de riqueza teórica y empírica que siguen aportando a la complejización de las vivencias de los jóvenes, posicionándolos como un campo de estudio de relevancia.
Como modo de abordaje de los fenómenos sociales vinculados a las juventudes, desde hace ya varios años, se ha generado un relativo consenso en centrarse en los modos en que los jóvenes transitan sus itinerarios vitales, a través de sentidos e intereses que les son propios. De esta manera, se pondera el rol activo de las juventudes, dejando de lado lecturas adultocéntricas que parten desde estereotipos sobre qué es ser joven e invisibilizan la manera en que ellos mismos resignifican su propia realidad.
En Argentina, es a mediados de la década del ochenta que empieza a caracterizarse a los jóvenes como una categoría de análisis específica de la población (Braslavsky, 1986). Desde allí, los estudios orientados a comprender a esta población aumentan, aunque todavía de manera dispersa, tal como señalan Chaves y Faur (2009). La autora establece que es en tiempos recientes cuando los enfoques teóricos y los abordajes empíricos que problematizan a las juventudes argentinas llegan a constituirse en un campo de estudio consolidado. La cultura, la participación, la educación, el trabajo, la política o la salud son sólo algunos de los ámbitos desde los cuales se ha analizado a esta población, evidenciando la complejidad de los fenómenos juveniles y sus prácticas.
En específico, los tránsitos de los jóvenes por los ámbitos de la educación y el trabajo han sido abordados por diversas investigaciones que evidenciaron fragmentaciones en los recorridos y también relaciones complejas y cambiantes entre ellos (Jacinto, 2018; Miranda, 2008 y 2010; Miranda, Otero y Corica, 2006). Los cambios en la demanda de los mercados de trabajo impactan en los modos de inserción de los jóvenes. Principalmente, la ruptura del otrora recorrido homogéneo se traduce en un itinerario laboral fragmentado, con momentos de desempleo o complementariedad de ocupaciones. En materia educativa, la complejidad de la trayectoria se vincula a las desigualdades en tanto al acceso de ciertas ofertas, con momentos de discontinuidades, reinserción y finalización como al modo en que los jóvenes resignifican sus experiencias en este ámbito. En relación con la vinculación de estas dos esferas, distintos autores han sostenido que convergen en una multiplicidad de recorridos entre uno y otro donde existen complementariedad y solapamientos (Jacinto, 2018; Miranda y Corica, 2015). En este sentido, se torna cada vez más necesario comprender los modos en que los jóvenes interpretan estas experiencias y les brindan significaciones específicas sobre las cuales definen no sólo su tránsito actual, sino también sus expectativas a futuro. Como sostiene Llobet (2009), la conceptualización realizada para el concepto de proyecto de vida de las niñeces y juventudes posee una falta de comprensión de las situaciones desde las que parten estos niños y jóvenes[2]. Por ello, se presentan como poco adecuadas para las subjetividades juveniles.
Las expectativas a futuro de los jóvenes son un tema presente en los estudios de trabajo y educación (Corica, 2012; Miranda y Corica, 2015). Por ello, esta investigación busca abordar los planes de vida juveniles en función de las sedimentaciones – selecciones significativas que realizan los actores – de experiencias que conforman su actual acervo de conocimiento a mano, desplegando proyecciones intermedias, alternativas dejando de lado proyectos que se consideran truncos (Schutz, 2015). Además, el plan de vida tiene un fuerte vínculo con la situación desde la que parten: su medio social, histórico y cultural. De esta manera, el abordaje de los planes vitales conlleva comprender su complejidad: ¿Qué toman en cuenta para conformarlo? ¿Cómo se vinculan estos ámbitos en torno a la proyección? ¿Cómo inciden las condiciones desde las que parten en los planes? ¿Qué proyectos intermedios desenvuelven? Así, es posible sostener que los jóvenes toman un rol activo en su vida actual, donde se empiezan a desplegar decisiones entorno a las experiencias educativas y laborales orientándose a su futuro.
Estas preguntas se han desarrollado con mayor profundidad en los estudios urbanos. Existen algunos antecedentes sobre cómo las juventudes rurales se vinculación al trabajo, la educación y el futuro (Barasuol 2016; Durston, 1998; Hirsch, 2016; Román, 2011; Weisheimer, 2005). Éstos han visibilizado las experiencias propias de las juventudes rurales, distinguiéndose en muchos aspectos a la de sus pares urbanos: derivada no solo de la territorialidad, sino de los modos que atraviesan su cotidianeidad (González Cangas, 2003; Roa, 2013 y 2015; Romero, 2006, 2012 y 2014). Históricamente, se ha considerado central el rol de los jóvenes en el mantenimiento y desarrollo de las producciones agropecuarias enfatizando en los procesos de migración hacia las ciudades y alejamiento tanto de lo agrario como de lo rural (Cuervo, 2011). La problemática del recambio generacional ha sido un eje central de los análisis del futuro de los jóvenes en vinculación con las actividades agropecuarias. Sin embargo, las transformaciones en los espacios rurales y la conformación de circuitos hortícolas en los bordes de las principales ciudades (Benencia, 2016; Crovetto y Dahul, 2016; García, 2014) pueden estar brindando distintas características a las juventudes de estas zonas. Así, desde esta propuesta se busca debatir con algunos enfoques ampliamente popularizados sobre el desarrollo rural que plantean el vínculo necesario de los jóvenes con las producciones agropecuarias y su permanencia en espacios rurales o periurbanos[3]. A través de la comprensión de las expectativas y planes de vida de los jóvenes se podrían pensar políticas públicas que mejoren las condiciones para el acceso a opciones educativas y laborales orientadas a sus intereses.
La presente investigación busca contribuir a los debates sobre las juventudes en torno a la educación y al trabajo, proponiéndose comprender los modos en que los jóvenes de familias hortícolas conforman sus planes de vida en vinculación a estas dos esferas. Para ello, se trabaja sobre el caso de los jóvenes de familias[4] hortícolas del Cinturón verde del Partido de General Pueyrredón (PGP) (provincia de Buenos Aires).
En este sentido, las preguntas que guían esta investigación son: ¿cuál es la oferta educativa en el cinturón? ¿Cuál es la situación económica y laboral en el cinturón? ¿De qué manera se insertan los jóvenes en ellas? ¿Qué sedimentaciones hacen de sus propias experiencias laborales y educativas? ¿Cómo complementan sus trayectorias laborales y educativas con nuevas proyecciones que les permitan acercarse a sus planes de vida? A modo de hipótesis, se sostiene preliminarmente que, para la conformación de los planes de vida, los jóvenes toman en cuenta el modo en que han atravesado su inserción en la horticultura, las sedimentaciones de sus trayectorias laborales y de sus itinerarios en la educación. En función de su contexto económico y social y del acervo de conocimiento a mano, estos jóvenes estarían planeando su vida a través de procesos complejos. Dado su rol activo en tanto intérpretes de sus experiencias, desplegarían proyectos intermedios y alternativos en pos de su plan de vida, aun cuando muchos de ellos podrían quedar truncos.
Según lo expuesto se propone como objetivo general de esta investigación: Comprender los modos en que los jóvenes de familias hortícolas del cinturón verde del Partido de General Pueyrredón conforman sus planes de vida.
Para este fin, se estipulan como objetivos específicos:
- Caracterizar el contexto económico y educativo del Partido de General Pueyrredón, donde se encuentran los jóvenes de familias hortícolas.
- Reconstruir las sedimentaciones de experiencias laborales y educativas de los jóvenes.
- Comprender los proyectos intermedios, truncos y alternativos que conforman a sus planes de vida.
- Identificar las significaciones acerca de la horticultura en sus planes de vida.
El caso del cinturón hortícola del PGP presenta elementos interesantes para el abordaje de los planes de vida juveniles. En primer lugar, porque es un espacio que ha sido poco indagado desde los estudios de las juventudes. Esto, en un contexto donde las mismas tienen un fuerte peso en el total de la población del cinturón. Según datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas del año 2010 en esta zona residen un total de 23.135 jóvenes entre 14 y 34 años, que representa un 11% de la población juvenil del Partido y un 37% del total de habitantes del cinturón.
En segundo lugar, por la particularidad del espacio geográfico donde se encuentra: el periurbano de la ciudad de Mar del Plata. El cinturón hortícola se concentra mayormente en las rutas provinciales 226 y 88 y en menor medida, en la ruta 2 (Mapa 1). Por esos caminos se puede acceder fácilmente a la ciudad marplatense, que actualmente concentra una gran oferta laboral y educativa, según se desarrollará en el capítulo 2. Por ello, resulta interesante comprender cómo esta multiplicidad de ofertas educativas y laborales se presentan (o no) como opciones para los jóvenes y qué sedimentación hacen de ellas.
En tercer lugar, por el creciente desarrollo que tiene la producción hortícola en diversas áreas periurbanas de Argentina, el caso del Partido General Pueyrredón puede servir para ilustrar procesos que están sucediendo en distintos lugares. El cinturón verde analizado se encuentra en expansión a causa del aumento de la demanda de las hortalizas allí producidas, que se destina principalmente al consumo interno, en las ciudades de cercanía (Bocero y Prado, 2008; Viteri y Ghezán, 2011; Zulaica, Ferraro y Vázquez, 2012). Al ser una producción de marcada prevalencia de la organización familiar, todos los miembros del hogar suelen ocuparse desde temprana edad (Benencia, 2016; Dahul, 2018) y persiste hasta la juventud, como se ha evidenciado en otros cinturones del país[5] (Mendizábal, Seibane y Larrañaga, 2019; Lemmi, Morzilli y Moretto, 2018; Garatte, 2016; Lemmi y Waisman, 2017; Marioni y Schmuck, 2019; Morzilli, 2020) y en este en particular, el lugar de los adolescentes (de 16 a 17 años) en la producción hortícola (Dahul, 2018). Por ello, resulta interesante analizar qué dinámicas tiene en este caso y cómo se articulan con otras actividades laborales y educativas.
Mapa 1. Ubicación Cinturón hortícola del Partido de General Pueyrredón

Fuente: Elaboración propia en base a Ares (2008) y a cartografía de INDEC.
2. Abordaje teórico-metodológico
Para el cumplimiento de los objetivos propuestos, el abordaje teórico metodológico retoma los lineamientos de la fenomenología social de Alfred Schutz (2015). Desde esta perspectiva, se sostiene que los actores se desenvuelven en un mundo de la vida intersubjetivo, donde conforman un acervo de conocimiento a mano de sedimentaciones y significaciones de experiencias que les permite actuar y proyectarse a futuro:
El mundo social, no es esencialmente inestructurado. Tiene un sentido particular y una estructura de significatividades para los seres humanos que viven, piensan y actúan dentro de él. Éstos han preseleccionado y preinterpretado este mundo mediante una serie de construcciones de sentido común acerca de la realidad cotidiana. (Schutz, 2015: 42)
Partiendo de esta base, Wilson sostiene que para el investigador social “la fenomenología exige que busquemos descubrir el mundo como es experimentado por aquellos involucrados en él” (2002: 6, traducción propia). El rol del investigador en ciencias sociales, a diferencia de las ciencias naturales, es realizar una interpretación de segundo grado: “construcciones de las construcciones hechas por los actores en la sociedad misma” (Schutz, 2015: 42). Para ello, se debe comprender las condiciones sociales y culturales desde las que parten los actores: su medio social y su situación biográficamente determinada (Schutz, 2015; Belvedere, 2006; Krause, 2011; Wilson, 2002). A partir de estos es posible interpretar de manera situada las sedimentaciones que hacen los actores y que conforman su acervo de conocimiento a mano para actuar.
Partiendo desde este enfoque, no se dejan de lado los aportes hechos por diferentes especialidades de la sociología. Por un lado, la de las juventudes que focalizan tanto en su diversidad producto del contexto sociohistórico, como en el carácter activo de los jóvenes en la conformación de sus itinerarios y en la interpretación que hacen de ellos, sus decisiones y expectativas (Brunet y Pizzi, 2013; Chaves y Faur, 2009; Feixa Pàmpols, 2003; Margulis y Ariovich, 1996; Martín Criado, 1998 y 2005). En particular, en la intersección con los estudios de la educación y el trabajo, que permite comprender los tránsitos complejos entre estas esferas (Jacinto, 2018; Jacinto y Millenaar, 2010; Miranda, 2008 y 2010; Miranda, Otero y Corica, 2006). La sociología rural brinda un marco interesante desde la problematización de las transformaciones de los espacios rurales (Crovetto y Dahul, 2016; Romero, 2006 y 2014) en particular de los periurbanos, como también, de los modos de organización de la producción hortícola (Benencia, 2016; Dahul, 2018; García, 2014). Primordialmente, la sociología rural brinda elementos interesantes para complejizar a las juventudes de estos espacios (Roa, 2015, González Cangas, 2003; Romero 2006, 2012 y 2014).
Como modo de abordaje empírico, Schutz (2015) señala que son necesarios recursos metodológicos específicos para abordar la realidad social y como punto de inicio para las observaciones de la vida cotidiana. En los últimos años, el abordaje fenomenológico social de la realidad ha problematizado las metodologías y métodos más pertinentes para afrontar un análisis empírico en base a sus fundamentos teóricos (Eberle, 2014; Wagner, 1983; Wilson, 2002). Investigaciones recientes sostienen que el abordaje cualitativo con inclusión de diferentes técnicas es adecuado para el análisis fenomenológico (Belvedere, 2006; Eberle, 2014, Krause, 2019; Lavery, 2003; Wilson, 2002), específicamente, la utilización de métodos de observación participante y entrevistas en profundidad que posibiliten el acercamiento al caso de estudio. Esto se debe a que:
El énfasis está en comprender la experiencia del mundo de la persona y su situación y, por tanto, los relatos narrativos y las entrevistas cualitativas son regularmente empleadas como métodos de investigación. El modo de análisis variará, por supuesto, de acuerdo con la perspectiva teórica del investigador, o, quizá más apropiada al marco de referencia fenomenológico. (Wilson, 2002: 5)
Por ello, en esta investigación se utilizaron entrevistas en profundidad como herramienta de recolección para reconstruir las historias de vida. Ésta permite evidenciar en los relatos de los jóvenes cómo emergen significaciones sobre las vivencias que han tenido a lo largo de su vida y cómo conforman sus planes de vida a futuro. Esto último, sin dejar de lado las nociones que tienen acerca de las propias condiciones sociales desde las que parten, donde puede haber bifurcaciones respecto a los diferentes acervos de conocimiento y particularidades en sus situaciones biográficas determinadas.
A lo largo de la investigación, se entrevistaron a dieciocho jóvenes entre 2017 y 2019.[6]. Para la elección de los jóvenes se consideró, por un lado, la pertenencia a familias hortícolas residentes de distintos puntos del Cinturón verde del Partido de General Pueyrredón. Así, todos, en algún momento de sus experiencias, han tenido vínculo con el trabajo en las quintas de producción hortícola y/o las actividades de las cadenas de valor que se derivan de ellas: la comercialización, el transporte y la venta.
Por otro lado, siguiendo a Vázquez y Liguori (2015) y a Vázquez (2015) las juventudes también son un producto de la construcción estatal y política, tanto en el modo en que se recaban datos como en las políticas que se aplican para este grupo poblacional. De hecho, para la juventud, se utilizan diferentes rangos etarios en su definición. Krauskopf (2015) hace una sistematización específica para América Latina de las distintas edades biológicas contempladas para el concepto de juventud. En esta investigación, se retomó un rango amplio de edades biológicas, contemplando estas diferentes delimitaciones hechas por diferentes organismos nacionales e internacionales. Así, se construye un rango con límite inferior en los 14 años y como superior se concentran en los 30, llegando incluso a los 34 años, contemplando la noción de joven adulto[7].A los fines de la comprensión de los planes de vida, y sin caer en lecturas biologicistas, se tomó como límite inferior los 18 años considerando la edad teórica de finalización de la educación obligatoria y la admisibilidad en el empleo sin necesidad de autorización de padres o tutores, a partir de la cual se desprenderían nuevas posibilidades educativas y laborales. Como se verá, esto no significa que todos hayan terminado la educación obligatoria, sino que se presentan casos de jóvenes que aún continúan en esas instancias o que las han discontinuado. Si bien no se estableció un rango superior, la muestra se configuró con jóvenes hasta 30 años[8].
La muestra se realizó a través del método de bola de nieve donde tanto los jóvenes como ciertos informantes clave brindaron los contactos necesarios para continuar con el trabajo de campo. Como potencialidad de esta muestra, debe destacarse que los casos que la componen visibilizan situaciones y realidades diversas en tanto a la educación y al trabajo. De esta manera, se posibilita indagar experiencias como proyecciones y planes disímiles que nutren la investigación.
Como parte de este proceso, surgieron ciertas dificultades, mayormente vinculada a la apatía de algunos jóvenes contactados a realizar una entrevista. No obstante, se logró superar estas situaciones a través del soporte y acompañamiento de los primeros entrevistados.
Los lugares de las entrevistas eran elegidos por los jóvenes, prevaleciendo la zona de Batán como punto de encuentro. Los principales fueron la estación de servicio en la plaza central de Batán o los bares sobre la ruta 88. En otras ocasiones, eligieron sus lugares de trabajo o las cercanías de sus lugares de estudio, principalmente ubicados en la ciudad de Mar del Plata. Excepcionalmente, las entrevistas tuvieron lugar en las viviendas de los jóvenes. Todos fueron lugares propicios porque enmarcaban la cotidianeidad de los jóvenes y en muchas ocasiones, servían de punto de referencia para sus relatos.
La aplicación de la herramienta de recolección tenía como primer momento la presentación de la entrevistadora, la necesidad de brindar el consentimiento sobre la entrevista y su grabación, y las preguntas sobre los datos sociodemográficos (edad, conformación familiar y lugar de residencia). En la medida de lo posible, se continuaba la entrevista a los jóvenes a través de un planteo inicial: “Necesitaría que me cuentes que has hecho en tu vida, respecto a la educación y al trabajo” para abrir el espacio al relato de vida, retomando aquello que ellos consideraban relevante, aquellas experiencias sedimentadas que dieron lugar a sus incursiones en estos ámbitos. De allí, la mayoría de los entrevistados realizaron una narración temporal de sus experiencias, comenzando desde su niñez hasta la actualidad, bifurcándose entre quienes entablaban vínculos entre estas dos esferas, mostrando la porosidad establecida por Schutz (2015). En cambio, algunos jóvenes priorizaron el relato de uno de ellos para luego narrar el otro. Posterior a ese primer momento, se les preguntaba por sus planes de vida, sus intereses a futuro y sus expectativas.
Si bien las historias de vida se presentan como historias orales que tienen una unidad y, por tanto, una coherencia que el investigador no puede dejar de lado (Linde, 1993), su proceso de análisis y presentación puede realizarse de distintas maneras (Berteaux, 1989; Laverty, 2003). En este caso, se retomó la propuesta de Berteaux de la fragmentación de los relatos de los propios actores: “Pueden pues utilizarse segmentos de relatos de vida para ilustrar tal o cual punto de la argumentación, teniendo en cuenta que la validez de ésta reside en otra parte, es decir en: a) la saturación alcanzada; b) la coherencia interna de la argumentación” (1989: 10). La validez de la utilización de los segmentos de las entrevistas posibilita poner el acento en aquello que tiene potencial científico para el análisis.
A través del programa Atlas TI, se procedió a realizar el grillado de las entrevistas en torno a sus inserciones laborales y educativas tomando como horizonte sus proyecciones a futuro, logrando rearmar sus experiencias y las sedimentaciones que hacen de ellas. A partir de allí, empezaron a emerger momentos en común para los jóvenes respecto a sus trayectorias que, sin embargo, conducen a proyecciones disímiles producto de las significaciones que ellos les brindan.
A los fines de contextualizar estos relatos, se realizó un análisis de datos secundarios de diferentes fuentes para caracterizar la zona del cinturón verde del PGP en tanto a la oferta educativa y laboral (Objetivo Específico N°1). En primer lugar, se utilizará el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (CNPHyV) del 2010, realizado por Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), para evidenciar las características sociodemográficas de los jóvenes, las ocupaciones y los tránsitos por la educación. El análisis estadístico buscó contemplar la heterogeneidad de los rangos etarios establecidos anteriormente pero considerándose los condicionantes derivados de la disponibilidad de datos que otorgan las fuentes secundarias. El módulo de ocupación del CNPHyV, central para esta investigación, releva información de las personas con más de 14 años, invisibilizando el trabajo de niños y niñas. Por ello, para el análisis se toma un rango amplio de juventud que contemple desde los 14 a los 34 años, con cortes al interior cada cuatro años para los análisis de las situaciones laborales y educativas[9].
En tanto a fuentes secundarias de índole económica-productiva se utilizaron los informes en base al Censo Nacional Agropecuario (CNA) del 2002[10] realizado por el INDEC; el Censo Hortiflorícola de la Provincia de Buenos Aires 2005 de la Dirección Provincial de Estadística de la Provincia de Buenos Aires (DPE); el informe sobre Producto Bruto Geográfico (PBG) para la serie 2004-2012 (Lacaze, Atucha, Bertolotti, Gualdoni, Labrunée, López, Pagani y Volpato, 2014) y del Consejo Federal de Inversiones (CFI) del año 2018, que focalizan en el PGP.
Para el ámbito educativo se trabajó con el Anuario Estadístico Educativo del año 2018 realizado por Dirección Nacional de Planeamiento de Políticas Educativas del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación. Por otra parte, se utilizó el Relevamiento Anual de Unidades Educativas, alumnos y secciones para la provincia de Buenos Aires, realizado por Dirección General de Cultura y Educación, Dirección Provincial de Planeamiento, Dirección de Información y Estadística. De estos últimos se retomarán los informes y las nóminas de establecimientos educativos.
También se realizaron entrevistas a informantes clave, como fuentes de información sobre la situación de la educación y el trabajo. De esta manera, se entrevistaron a productores, técnicos y miembros de asociaciones de horticultores; funcionarios de distintas instituciones educativas y laborales, docentes y directivos educativos.
3. Recorrido del libro
A los fines de los objetivos propuestos para esta investigación, se presentarán seis capítulos, además de esta introducción.
En el primer capítulo se desarrollan los principales conceptos teóricos que atraviesan esta investigación. Por un lado, los abordajes de las juventudes y los debates en torno a ellos, dando lugar al enfoque que pregona por una lectura plural y situada social e históricamente de los jóvenes. Por otro lado, las discusiones sobre cómo son actualmente las inserciones laborales y educativas de los jóvenes, focalizando en los conceptos de heterogeneidad de las experiencias y en los procesos de fragmentación de los itinerarios en estos ámbitos. A su vez, se sienta la base para la comprensión de los planes de vida de los jóvenes, a través de los conceptos desarrollados por Alfred Schutz como propuesta específica.
En el segundo capítulo, se plasman las características económicas y de las ofertas educativas en el Partido de General Pueyrredón como marco para la comprensión de experiencias de los jóvenes. A través datos secundarios de fuentes estadísticas y de información disponible, se reconstruyó el contexto socio económico de los jóvenes y cómo algunas de sus características se presentan como condicionantes de sus itinerarios, en tanto posibilidades y resistencias. A su vez, se presentan las principales políticas de acompañamiento de estos itinerarios.
En el tercer capítulo, se reconstruyen las sedimentaciones de las experiencias de vida de los jóvenes en torno al trabajo. En él, se interpreta las distintas maneras en que ellos han significado sus inicios en el mundo del trabajo y en particular, el lugar que ha tenido la horticultura. A partir de allí, se consideraron los tránsitos diversos que han tenido posterior a esta primera inserción, y el modo en que se transforman las significaciones que hacen sobre el ámbito laboral.
El cuarto capítulo plasma las sedimentaciones de los jóvenes en tanto a sus experiencias educativas. Se distingue, por un lado, en aquellos jóvenes que han significado a la educación como una herramienta, tanto de la educación formal obligatoria y no obligatoria como de las experiencias formativas no formales. Por otro lado, se retomaron los discursos de los jóvenes que sostienen el lugar relegado que tiene para ellos la educación.
En el capítulo 5 se desarrollan los planes de vida de los jóvenes en vinculación con sus proyecciones intermedias y alternativas que se orientan a ellos y los proyectos que han quedado truncos en su itinerario. De este modo, se interpreta cómo la sedimentación de las experiencias laborales y educativas expuestas en el capítulo 3 y 4 cobran relevancia en el modo en que desenvuelven sus proyecciones intermedias y el plan a futuro. En este capítulo se despliegan los distintos grados de vinculación a futuro con la horticultura.
Por último, se desarrollan las principales conclusiones de esta investigación en respuesta al objetivo general que busca comprender los modos en que los jóvenes conforman sus planes de vida.
- Si bien se adhiere a los principios del lenguaje no sexista, por razones prácticas y de fluidez, en adelante, se empleará el masculino genérico.↵
- Muchas de ellas se plantean en las políticas públicas. Ejemplo de esto han sido en Argentina, los distintos programas que buscaron aportar a que jóvenes y adolescentes conformen un “proyecto de vida”, plasmados en materiales como “Fui, soy, seré” (INJUVE, s/f) o “Mis elecciones” (INJUVE, s/f). En ellos, el proyecto de vida se conforma en base a la introspección a través de actividades lúdicas: desde escribir su historia hasta el tiempo de relajación.↵
- Así se expresa, por ejemplo, en el Seminario de Expertos sobre Juventud Rural, Modernidad y Democracia “Estrategias de vida de los jóvenes rurales en América Latina: obstáculos, condicionantes y políticas” realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (1993) y reeditado en 1996, por las Naciones Unidas, la Organización Internacional de la Juventud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.↵
- Si bien no se dejan de lado los debates sobre la noción de familias en este trabajo se opta por la definición de Torrado quien las define como “grupo de personas que interactúan en forma cotidiana, regular y permanente, a fin de asegurar mancomunadamente el logro de uno o varios de los siguientes objetivos: su reproducción biológica; la preservación de su vida; el cumplimiento de todas aquellas prácticas, económicas y no económicas, indispensables para la optimización de sus condiciones materiales y no materiales de existencia” (1983: 67)↵
- No se pierde de vista las diferencias existentes entre las ciudades donde se emplazan los distintos cinturones verdes, por ello, el capítulo 2 busca clarificar las características específicas del cinturón hortícola del PGP.↵
- Los nombres de los jóvenes se cambiaron en pos de mantener el anonimato de los informantes.↵
- Por citar ejemplos, la Organización Internacional del Trabajo, el Organismo Internacional de Juventud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), toman el rango de 15 a 24 años (OIT, 2018; OIJ, 2014; FAO, 2016). Algunas de ellas, la amplían a los 34 años considerando el término de joven-adulto. En Argentina, el INDEC la define entre los 15 a 29 años (INDEC, 2014) o la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGyPA) (2005) de 13 a 26 años, mientras que ciertas políticas públicas solo utilizan la delimitación de “juventud” y otras que establecen el rango 18 a 29 años (Vázquez, 2015; Vázquez y Liguori, 2015). ↵
- En posteriores investigaciones se podrá ampliar este rango para profundizar en el segmento de “joven-adulto”.↵
- Para la reconstrucción de los valores del Cinturón se utilizaron las fracciones por fuera de la ciudad de Mar del Plata que agrupan a las regiones que lo conforman. Dado el nivel de desagregación, solo ha sido posible realizarse para el cuestionario básico del Censo 2010. La Encuesta Permanente a Hogares (EPH) (INDEC) toman casos del conglomerado Mar del Plata- Batán, pero no permite observar la especificidad del cinturón. ↵
- La utilización del Censo 2008 ha sido desestimado por los sesgos que presenta en tanto al operativo de recolección de datos: “El operativo se desarrolló imperfectamente y dio como resultado una falla de cobertura territorial que se ubicó entre el 12% y el 15% en el total del país (…). De esta forma, no fue posible obtener resultados nacionales que permitieran su comparación con los datos obtenidos en los censos de 1988 y de 2002” (INDEC, 2018: 7). Los datos del año 2018 todavía no se encuentran disponibles para el desglose necesario para esta investigación.↵







