1 ¿Qué es un libro?

EB: Es una gran suerte, Roger, tenerte aquí con nosotros, en este lugar, la Biblioteca del Maestro, porque tu trabajo se ha centrado durante muchos años –y todavía se podría considerar que es así– en el libro como un objeto cultural privilegiado. Podríamos decir que el libro es un vector, un vehículo de los significados, de los sentidos. La construcción de todo un mundo intelectual y moral. Una de tus principales reflexiones en ese sentido –y un gran hallazgo de tu parte– creo que fue el descubrir hasta qué punto el libro como objeto, el formato, la manera en que está impreso, la puesta en página del texto y todos esos detalles que se refieren a la materialidad de la cosa han podido ser determinantes de la significación. Entonces, me gustaría que habláramos de ejemplos concretos de cómo se ha dado a lo largo de la historia de Occidente esa determinación del significado por las características materiales del libro.

 

RC: Es un placer para mí continuar esta conversación, entablada hace mucho tiempo. Esa primera observación lleva de inmediato a pensar en la definición misma de “libro”. Obviamente, tenés razón: en el centro del análisis literario, filosófico, histórico, está el libro como tal. Es decir, un objeto que es diferente de otros objetos de la cultura escrita, tales como la revista, el diario, la carta, el afiche, la ficha. Eso explica que, en esta conversación que centra la atención en el libro, no podamos separarlo de la totalidad de los objetos de la cultura escrita. Por eso, una de las tendencias actuales en este campo de estudios es pensar la cultura escrita en su globalidad y situar el libro en ese lugar.

El libro es entonces ese objeto, como decías, que merece ser analizado en su propia materialidad. Porque de esa materialidad pueden, en paralelo, sugerirse sentidos del texto que el libro encierra y, por otra parte, lecturas y lectores. Claro que el libro –y este es un modo muy natural de entenderlo– es una obra. El libro de Umberto Eco, el libro de Charles Dickens. Es un texto. Es un discurso. Tal vez nuestra conversación se base en la articulación entre, por un lado, un objeto, una materialidad y, por otro lado, lo que está en ese objeto y que es también para nosotros un libro. Las lenguas romances tienen esa particularidad de designar el libro de manera ambivalente. Y eso tiene consecuencias. Se trata de una reflexión que ya existía en el siglo XVIII. Hay un famoso texto de Immanuel Kant titulado “¿Qué es un libro?” en el que explica que el libro, en tanto objeto, pertenece a quien lo compró, pero que, en tanto discurso, pertenece al autor que lo produjo. A partir de ese momento, vemos que esa disociación teórica primordial, que funda el copyright, la propiedad literaria, el derecho de autor, es a la vez, materialmente, una indisociación, puesto que ese discurso perteneciente al autor no podría ser apropiado por un lector más que en el libro, la obra, el objeto material, que sí pertenece a su lector. Creo que es una manera de entrar tanto en la historia de lo escrito y sus objetos como en lo que nos une a ambos: una historia de los textos.

 

EB: Me voy a corregir, porque quizás debí haber dicho, de una manera más genérica, “soportes posibles de un texto”, porque desde tu obra misma y desde la de quienes te precedieron en el análisis de esta cuestióncomo por ejemplo Lucien Febvre, el libro como tal sería un objeto que podríamos llamar la forma códice, que a partir de la imprenta se convierte en este objeto universal, portador de sentidos. Quizás tendríamos que decir “soporte”. En los cambios de soporte hay cambios en las condiciones de lectura. Pienso por ejemplo en el papiro. Eso impone unas condiciones de lectura donde el ejercicio de la memoria es esencial. Porque no hay forma de tomar notas, no hay márgenes en el papiro. Si yo quiero recordar algo de lo ya leído, tengo que retroceder. En cambio, se exigía del lector una memorización que en el momento en que aparece el códice ya no es necesaria, porque me basta con recordar la página, el pasaje que me interesa. Y ese sería, en sentido estricto, el objeto libro. Hoy tenemos soportes que han ido bastante más allá de ese objeto libro. Por ejemplo, la pantalla de la computadora.

José Emilio Burucúa.

RC: Es una discusión importante saber si el vocablo “libro”, como sugería esa famosa obra de Henri-Jean Martin y Lucien Febvre, La aparición del libro, alude solo al libro después de Gutenberg, al libro impreso que aún conocemos hoy, o si la categoría puede aplicarse a otros soportes de lo escrito que tienen la misma naturaleza textual, pero una materialidad completamente distinta. Hablabas de los rollos de la Antigua Grecia, de la Antigua Roma. Podríamos referirnos a las tablillas mesopotámicas de los sumerios. Y una pregunta abierta: ¿la expresión “libro electrónico” tiene algún significado? De modo que también podríamos desligar esa categoría “libro”, de la cual hablaremos principalmente, que es el libro en forma de códice –recordemos que es aquel formado por cuadernillos de hojas, páginas reunidas en una misma encuadernación y que, en tanto objeto, apareció con el manuscrito en los primeros siglos de la cristiandad y que, en tanto objeto impreso, surgió después de Gutenberg a mediados del siglo XV y se ha extendido hasta hoy–. Es ese tipo de libro impreso y en la forma llamada códice, códex, el que será objeto de nuestro interés.



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