Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Agradecimientos

Repaso nombres, lugares, discusiones. Abrazos, zozobras e iluminaciones. Temo olvidarme de alguien, estoy segura de que lo haré. Pese a eso, comienzo.

En primer lugar, mi más profundo y sentido agradecimiento va dirigido a todos/as los/as trabajadores de las diferentes áreas que transitan las instituciones de la justicia penal juvenil santafesina. Ellos/as han compartido conmigo instancias laborales, charlas en la intimidad de sus hogares, emociones, ideas, prácticas, interrogantes, espacios, sin los cuales comenzar a comprender este “pequeño mundo” habría sido imposible. Espero haber hallado una forma honesta de enhebrar sus experiencias. Para ellos/as va dedicada esta investigación y es a quienes debo gratitud por el proceso compartido. También va dedicada a “los pibes”, todos aquellos jóvenes atravesados por el campo penal juvenil con quienes he compartido jornadas de juegos, de reflexión, marchas, viajes, encuentros adentro de los muros y también –en afortunadas ocasiones- por fuera, chistes, risas, mates, asombros, alegrías y tristezas. En fin, aquello en lo que se trama la vida.

Al agradecer es inevitable recorrer linajes y orígenes. Momentos que han sido ciertamente acontecimientos en nuestra formación. Instancias significativas y compañeros/as que han estado a mi lado. Por ello, quiero agradecer a todos los docentes, equipos de investigación, no docentes y compañeros/as con quienes me formé en dos universidades públicas del país: la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Buenos Aires; así como también al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Dentro de la Universidad Nacional de Rosario, agradezco a Daniela Polola y Mauricio Manchado, que con amabilidad, generosidad y miradas profundas y minuciosas aceptaron la invitación a guiarme en este recorrido, hace ya varios años, sabiendo que tendría intermitencias, interrupciones y dificultades. Gracias por la espera en los momentos de aletargamiento, por las lecturas cuidadosas, los interrogantes compartidos y la calidez y agudeza a lo largo de este proceso.

También debo mi agradecimiento a Carla Villalta y Gloria Rodríguez. Esta investigación nació como proyecto de una Beca Interna Doctoral de CONICET, en la cual ambas aceptaron acompañarme y dirigirme. Gracias por sostenerme en ese momento y por realizar observaciones que invitaron a profundizar en la construcción del problema. Gracias también por comprender mi decisión de renunciar a la beca, en momentos en los cuales tuve que seguir otros itinerarios laborales. A Gloria le agradezco, además, la posibilidad de formar parte del Núcleo de Estudios sobre el Trabajo y la Conflictividad Social (NET), espacio donde comencé a conocer los avatares de investigar en antropología social, bajo su guía amorosa y junto a valiosos/as compañeros/as.

El CEIDES (Centro de Investigación y Desarrollo Social) me abrió sus puertas y posibilitó que llevara a cabo buena parte del trabajo de campo. Especialmente, agradezco a Patricia y Florencia, quienes coordinaron y acompañaron el proceso de trabajo en los talleres de expresión múltiple; y a Jimena y Antonela, compañeras y amigas que hallé durante ese trayecto. Además, las instancias generadas por la Asociación de Trabajadores del Estado y a la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de la Provincia de Santa Fe fueron nodales para la realización de esta investigación. Gracias a ambas entidades por permitirme participar de sus espacios de organización y formación.

La cotidianeidad compartida con mis compañeros/as de la cátedra de Debates Antropológicos en Salud, Antonella Rodríguez, Silvia Curaba y Matías Stival, y del Centro de Estudios en Antropología y Salud (CEAS) ha abierto nuevos interrogantes sobre los cuales continuar trabajando. Gracias por la pasión y la calidez con la que me enseñan a transitar nuevos caminos.

El trayecto por el Programa de Doctorado, aunque sinuoso, me llenó de entusiasmo, redescubriendo problemas de investigación y perspectivas con asombro y vitalidad. Agradezco a sus docentes por las sugerencias y preguntas, y también por las orientaciones “prácticas” que requiere la vida en Buenos Aires para alguien que no es de allí. Encontré siempre en ellos/as y en mis compañeros/as calidez y apoyo para transitar este proceso. Gracias también a los/as trabajadores/as del Programa, a muchos de los cuales conozco por sus voces, ya que por vía telefónica han respondido a un sinnúmero de consultas con precisión, facilitando muchísimas cuestiones que hacen a este recorrido.

Gracias a mis compañeros/as del Servicio Público de la Vivienda y el Hábitat, de la Municipalidad de Rosario, Juan Pablo, Cecilia, Misael, Liliana y José, que me han dado ánimos para emprender la escritura de este trabajo y me han acompañado en los frenesíes y sinsabores que ha tenido este proceso.

Gracias a Martín, Vanina, Melisa, Adrián, Charly y Sole, porque nuestras intuiciones y arrojos de juventud son la semilla a partir de la cual he podido hacerme preguntas por las formas de vivir y habitar este mundo. En esta investigación toman forma algunos de los balbuceos y movimientos que, a lo largo de varios años, ensayamos juntos/as.

Ioy, Fer, Ale, Flavia y Nora, han sido y siguen siendo quienes me aterrizan el vuelo cuando las preocupaciones teóricas se vuelven excusa para el ensimismamiento. Gracias por las risas y las charlas “mundanas” que me hacen volver a sentir los pies y, con ellos, las raíces.

Mi queridísima Betiana ha sido fundamental para desarmar rigideces propias y heredadas. Gracias por compartirme tu hogar, guarida y refugio durante buena parte de esta aventura porteña. Sin ese espacio, repleto de tus colores, tus aromas, tus sonidos y tu sostén, esto hubiera sido imposible.

Gracias a Ceci, Carla, Pili, George, Mariano, Bruno, Ale, Fausto, Judi, Maia, con quienes he transitado los pasillos y aulas de Humanidades y Artes, y compartido otros devenires significativos de nuestras vidas (trabajos, hogares, disfrutes, mapaternidades). Espero que sigamos haciéndolo, ya que son esenciales para mí. También lo son Mari y Eva, con quienes -además de la profesión y la amistad- nos convidamos lecturas y sensibilidades comunes.

Sin dudas, para que la decisión de realizar este escrito tomara su curso, hubo que hacerle un lugar. Gracias a Magalí, a sus intervenciones sagaces y a nuestro trabajo los martes, por hacerme sentir que habitar la escritura era posible, sin que eso implicara dejar al costado del teclado mis emociones. Gracias también a Pato y a Sabri por ayudarme a cuidar las palabras, a zurcirlas y pulirlas con modos atentos y detallistas.

Gracias a mis compañeros/as y amigos/as de militancia del Bachillerato Popular Tablada y de Ciudad Futura. Nombrarlos de manera personal sería casi inabarcable y hacerlo de manera colectiva es una decisión, ya que -por fortuna- somos muchos/as y nos reconocemos en los/as otros/as. Especialmente, agradezco a aquellos/as con quienes comparto día a día la construcción de nuestro querido Bachi, un espacio donde fui entendiendo que el intento por comprender el mundo podía ir atado a la posibilidad de transformarlo. Esa transformación está hecha de perspectivas agudas y de palabras sencillas. Gracias por acompañarme diariamente en este proceso, por tolerar mis retraimientos, y por seguir estando a pesar de mis ausencias en el último tiempo, para dar las puntadas finales a este escrito. Ahí, todos los días, hacen que esta forma de vida tenga sentido.

Gracias a mi familia. A mi abuela, Ada, por su tenacidad y su picardía, la cual extraño todos los días. A mi viejo, Guillermo, porque de él llevo la curiosidad por hacerle preguntas al mundo. Con él también entendí que, en ocasiones, los enigmas persisten como tales. A mi vieja, Marta, porque desde pequeña me hizo hacer carne la idea de que “de cerca nadie es normal”. Ella me ayudó a posar la mirada en esas zonas que aparecen invisibilizadas. Gracias a ambos por transmitirme la importancia de estudiar en la Universidad pública y sostener su defensa. A mi hermana, Belén, por sus lecturas, su amor y su amistad. Junto a ella aprendí que moverse es condición para cualquier pregunta genuina, y que no existen preguntas genuinas sin afectos. A Juan por darme una mano, algunas veces, “in english, please” y, tantas otras, en castellano. A ambos por compartir conmigo la vida de Fausti, ese pequeño terremoto que vino a movilizarlo todo con su ternura.

A Joan, mi compañero de vida. Sin vos nada de esto habría sido posible. Gracias por tu sostén en este proceso, por abrir inquietudes y perspectivas desde esa forma tan tuya de habitar el mundo, sintiendo las preguntas con las yemas de los dedos. La vida que armamos juntos -hecha de abrazos, mates, miradas cómplices, interrogaciones infinitas y gestos pequeños que nos hacen estallar de risa- me conmueve tan profundamente como para quedarme sin palabras, aún después de haber escrito no sé cuántas páginas. Gracias a nuestros tres bichitos, Flora, Saturno y Nini, que me acompañan cuando el mundo se aquieta y yo encuentro un sitio para escribir. Confío en la noche porque ustedes resguardan mis desvelos.



Deja un comentario