María de los Milagros Kruk[1]
Jünger ist ein Erkenner, aber nirgends ein Denker.
(Heidegger, GA 90: 263)
Ernst Jünger sobrepasa a todos los actuales ‘poetas’ (es decir escritores) y ‘pensadores’ (es decir eruditos de la filosofía) en determinación del ver lo real, de modo que el ‘ver’ no es ningún mirar boquiabierto sino que es cumplido y sabido existencialmente.” (Heidegger, GA 90: 265)[2]
Con estas palabras Heidegger describe la importancia que, a su criterio, Jünger tuvo en la escena intelectual del momento. Jünger “ve” eso que el resto es incapaz o que solo pueden ver de forma parcial. Y es esta la razón por la cual en 1932, Heidegger decide avocarse al estudio del pensamiento de Jünger. En ese año, Heidegger junto a su ayudante, Wener Brock y un grupo reducido de colegas, se dedican a leer y estudiar La Movilización total y El trabajador, bajo la hipótesis de que en estos ensayos “[…]expresaban una comprensión esencial de la metafísica de Nietzsche, por cuanto en el horizonte de esta metafísica están vistas y previstas la historia y la actualidad de Occidente.” (Heidegger, 1996: 26.). Heidegger manifiesta la preocupación en torno a la problemática de su época, y ve en Jünger una descripción coherente, e incluso reveladora y visionaria. Quizás por esto, Heidegger y un circulo pequeño, vuelven a dedicarse al estudio de los ensayos de Jünger en el invierno de 1939-1940.
El hecho mismo de que Heidegger haya decidido abocarse al estudio de un contemporáneo, es de por sí, un hecho interesante, ya que usualmente solo se dedicaba al estudio de pensadores y obras clásicas (Esquisabel, 2016). La lectura de El trabajador y La Movilización Total, son un llamado de atención dentro de los caminos del pensamiento heideggeriano. Según Barrios Casares, entre 1929 y 1933, no hay indicios claros de las direcciones y accidentes que sufrieron estos Denkweg (Barrios Casares, 2010: 38). Sin embargo, hoy contamos con piezas claves para entender esos años, y una de ellas, es Jünger, como el mismo Heidegger lo afirma (Heidegger, 1996).
Heidegger le dedica a Jünger varios años de estudio y discusión. Resultado de este trabajo es el volumen 90 de la Gesamtausgabe, “Zu Ernst Jünger”, publicada por Vittorio Klostermann en 2004. Este volumen reúne las notas, apreciaciones y manuscritos que Heidegger produce entre 1934 a 1964. Peter Trawny, editor del volumen, se enfrentó a darle cuerpo a centenares de hojas, apuntes, como así también notas marginales que Heidegger había realizado en obras de Jünger como El trabajador, Hojas y Piedras y Sobre la Línea. En esas hojas, lo que tenemos es el descargo crudo y las apreciaciones de Heidegger sobre el único y más digno seguidor de Nietzsche[3]. En definitiva, con la edición y publicación de GA 90, comenzaba a aparecer material primordial para entender el Denkweg de Heidegger en esos años, en los cuales demuestra un interés agudo por Nietzsche y por los sucesos sociopolíticos que atravesaba Alemania.
Algunos años después, en 2008, Klett-Cotta edita de la mano de Günter Figal la correspondencia que ambos pensadores mantuvieron entre 1948 y 1975. Esta documentación, arrojó luz sobre esta relación de admiración asimétrica, pero de respeto y cariño mutuo. Si bien Heidegger había entrado en contacto con la obra de Jünger en 1932, no es hasta 1948 cuando se conocen personalmente y Jünger inicia un intercambio de cartas.
A partir de 1930, la figura de Jünger aparece dispersa en varias obras de Heidegger, ya sea que lo mencione explícitamente o que podamos intuir su influencia[4]. En su reporte El rectorado 1933/1934, presentado ante las autoridades de la ocupación francesa en 1945, Heidegger deja constancia de esa presencia, cuando usa a Jünger para explicitar su forma de entender la situación histórica del momento: lo que Jünger esquematiza y despliega en El trabajador, y antes, en La Movilización Total, eran entonces, para Heidegger, “ratificado por los hechos” (Heidegger, 1996: 26).
Jünger es un “diagnosticador” de la época, un visionario. Y esto es de capital relevancia para un Heidegger que “[…]encuentra en las circunstancias diarias de los años treinta «signos» de un «olvido del ser» que se va perfilando de forma cada vez más catastrófica.” (Trawny, 2015: 417). Y este olvido del ser es lo que Jünger “ve”, nombrándolo como movilización total o nihilismo. Es decir, Jünger logra captar en su prosa la metafísica de Nietzsche como evento dentro del horizonte de la metafísica. Es esta caracterización de la época que Jünger hace a partir del diagnóstico nietzscheano del nihilismo, lo que los une en 1930.
Ahora bien, si a partir de la publicación del volumen 90 de la GA y de la correspondencia, podemos tener una visión más ampliada y nutrida de la relación entre ambos, vale preguntarnos ¿Qué impacto y alcance tiene este nuevo material en la evaluación de la filosofía de Heidegger? Sabemos por pluma de Heidegger que este admiraba el “ver” de Jünger. Pero su deuda no se limita a esta admiración. Jünger, lega a Heidegger algo más que una descripción de época: construye en Heidegger las bases para la reapropiación e interpretación del “Nietzsche como el último metafísico”. Y quizás, con esta afirmación, tampoco agotemos a describir siquiera, parte de las consecuencias que tuvo el vínculo que unió a Heidegger con Jünger.
La lectura heideggeriana de Jünger, podría estar signada principalmente por la diferencia que pauta entre “lo que Jünger ve” y “lo que Jünger no ve”. Lo que Jünger “ve”, como ya dijimos, es la realidad como voluntad de poder, como voluntad calculadora y de dominio del mundo. Es, a partir de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, que Jünger codifica la situación del momento como manifestación de la voluntad de poder. Pero no solamente Jünger logra una fría y precisa descripción, sino que además, se reconoce así mismo como instrumento de esa realidad nihilista y calculadora (Heidegger, 2004: 263 y ss.). En palabras de Heidegger:
[…] Jünger no asume la voluntad de poder como una teoría, que aún debería ser debatida y tal vez mejorada. Jünger ve por doquier al ente con ojos fríos y agudos como voluntad de poder. En ninguna parte este combatiente pensante analiza y describe sólo una “situación” presente ante la mano histórica; su pensar mismo es una forma de la voluntad de poder. (Heidegger, 2004: 227)
Con Jünger, Heidegger tiene frente a sus ojos la evidencia que él necesita para condenar la época actual como la época de la consumación de la metafísica[5]. La experiencia de la “movilización total” es un “signo” de la metafísica calculadora y “Jünger, para Heidegger, ha sabido encontrar el fondo de voluntad de poder que subyace a los fenómenos históricos actuales.” (Ramas San Miguel, 2014: 546)[6].
Podemos comenzar a descifrar entonces, la magnitud del impacto que Jünger tuvo en Heidegger, y que él mismo reconoce. Su descripción de la experiencia actual deja una marca en Heidegger que persiste por años[7]. Dentro de esta marca, contamos los aspectos “positivos” (aquello que Jünger “ve), como así también, la crítica que Heidegger hace al pensamiento de Jünger como “ceguera” (lo que Jünger “no ve”). Pero además de estas cuestiones, en esa marca también hallamos lo que Heidegger “no ve”, es decir, lo que este no reconoce de Jünger en su propia filosofía.
Dentro de las cosas que Heidegger “no ve”, encontramos la “interferencia” que representa Jünger en la relación de Nietzsche y Heidegger, y que es algo más de lo que este está dispuesto a aceptar. Como destaca Barrios Casares, Nietzsche va a ser crucial para Heidegger en la década del ´30, ya que acompañará el giro que este realiza en su crítica a la metafísica, a la modernidad y al nihilismo (Barrios Casares, 2010). La pregunta es ¿quién es el Nietzsche de Heidegger? Y la sombra de Jünger es algo que no podemos dejar de lado si queremos responder esta pregunta. Si hasta bien entrada la década de 1930, Heidegger tenía una postura en torno a Nietzsche, que en el trascurso de esos años se vio fuertemente alterada, algo debió interponerse para provocar ese cambio. En aquellos primeros momentos de su acercamiento y recepción de Nietzsche, Heidegger ve en él, un “aliado” en su crítica al platonismo[8]. Rápidamente, la inversión del platonismo que hace Nietzsche, se convierte en la consumación de la metafísica. Luego, Nietzsche como el gran metafísico, es el faro desde el cual podemos apreciar y entender la crisis nihilista de la época.
Como afirma Cragnolini, la lectura sistemática que hace Heidegger y que vincula el eterno retorno, la voluntad de poder y el superhombre, logran instaurar una arquitectura filosófica donde “[…] el pensador del perspectivismo y la multiplicidad de interpretaciones se transforma en el antecedente de la tecnociencia y de sus caminos unilaterales […]” (Cragnolini, 2011: 11). Nietzsche es para esta lectura, el pensador de la voluntad calculadora. Para que Heidegger hiciera esta aseveración, es muy probable que primero haya sentido que la voluntad calculadora era por fin, un hecho. Es aquí donde la visión de Jünger viene a interferir. La movilización total y el dominio planetario de la técnica son los síntomas de una crisis que Heidegger deseaba entender, pero que, en el afán de ese entender, pudo haber corrido el riesgo de “crear”: la descripción de Jünger irá modelando en Heidegger, una interpretación de Nietzsche que se ajuste e identifique con esa descripción. Heidegger construirá un Nietzsche sobre la imagen de los hechos que Jünger narra.
Ahora bien, los textos de Jünger fueron claves para Heidegger por varios motivos. Uno de ellos fue que esos textos “[…] reforzaron su convicción acerca de la importancia del pensamiento nietzscheano para clarificar las convulsiones de la época.” (Barrios Casares, 2010: 36). Pero no solo esto, sino que, como ya dijimos dejaron una marca persistente. Es muy extendida la identificación de la lectura y el trabajo de Heidegger sobre los textos de Jünger, al aspecto político de la filosofía Heidegger[9]. Sin embargo, al ir conociendo más de esta relación, entendemos que esta reviste un interés filosófico (Ramas San Miguel, 2014). La dimensión política que significa este periodo para Heidegger, creemos que también podrían prefigurar las formas que adoptará su crítica a la modernidad, al subjetivismo y a la historia del ser, en sus trabajos venideros.
El Heidegger de 1930 estaba fuertemente afectado por lo que él entendía como un avance catastrófico del “dominio universal de la voluntad de poder en la historia” (Heidegger, 1996:26). Este avance estaba dejando ya “nada del ser”, instaurando un nihilismo que Heidegger no podía soportar. Ahora bien, la metafísica de Nietzsche posee en la pluma de Jünger un diagnóstico preciso y concluyente que Heidegger necesita para reforzar su filosofía y su postura ante el nihilismo[10]. En esos años, su filosofía como respuesta a la metafísica se vinculó fuertemente a la situación social e histórica, a la vez que situaciones personales y académicas en su vida, impactaron fuertemente en su labor filosófica. El Heidegger del ´30 es una imbricación personal entre filosofía, política y metafísica, como él mismo lo define:
[…] el rectorado de 1933/1934 es un signo del estado metafísico esencial en que se encuentra la ciencia, que ya no puede ser dominada por intentos de renovación y que no puede ser detenida en su transformación esencial en pura técnica. (Heidegger, 1996: 41)
Su cargo en el rectorado es el lugar donde él creyó experimentar la “movilización total”. Uno de los fuertes convencimientos de ese Heidegger, fue la realidad catastrófica de esa época: “Lo esencial es que estamos en medio de la consumación del nihilismo […]” (Heidegger, 1996: 42). Heidegger había caído preso de Jünger. No había ninguna interpretación por fuera de la certeza de que el nihilismo, como fuerza planetaria de la imposición de la voluntad de poder, había llegado para tornar estéril y desertificar todo lo que se interpusiera en su camino[11].
Jünger le ofrece a Heidegger la descripción de la realidad que él necesita. Sin embargo, Heidegger no está dispuesto a reconocer en Jünger un pensador. En sus notas sobre la obra de Jünger es clara la crítica de Heidegger: hay mucho que Jünger “no ve”. Es esto lo que los distancia y pauta el camino de Heidegger, un verdadero pensador[12]. Pero esto no logra disuadir o aplacar la marca de Jünger.
En relación a esto, Blok se pregunta, si Jünger es un estímulo o marca persistente en Heidegger ¿Cómo se construye ese estímulo si, por un lado, Heidegger reconoce y destaca la descripción de Jünger, pero por otro, lo acusa de haber hecho la pregunta incorrecta? (Blok, 2011:194).
Otros autores también han reparado en estas cuestiones. Günter Figal, por ejemplo, insiste en resaltar la importancia que tuvo la confrontación Heidegger con Jünger, no solo en la concepción de la técnica que desarrollará luego, sino también en su posición de “diagnosticador de la modernidad” (Blok, 2011: 195). Por su parte, Michel Zimmermann, considera a Jünger central para la construcción política de Heidegger[13].
Cuando se da el encuentro entre Heidegger y Jünger en 1932, ambos estaban concentrados en la superación de la metafísica. Luego, ambos autores bifurcaron sus caminos también basándose en esa cuestión, ya que dieron respuestas diferentes. Pero es la lectura de la metafísica como instauración planetaria de la voluntad de poder, lo que Heidegger no pudo abandonar. La construcción en torno a estos conceptos, va a definir la filosofía posterior de Heidegger, su filosofía de la técnica, como así también su propuesta de una nueva forma del pensamiento filosófico. Para Blok, la marca persistente de Jünger en la filosofía de Heidegger, se basa en estas cuestiones, porque a partir de ese acercamiento en la década del ´30, Heidegger comienza a entender que ese otro comienzo, supondría una forma no voluntaria del pensar filosófico (Gelassen) (Blok, 2011), que después se condensaría en la idea de Bessinung. En palabras de Blok:
Heidegger aprendió de Jünger que la superación de la metafísica de la voluntad de poder es el Zirkelgang dentro de la metafísica y no el Übergang a otro comienzo del pensamiento filosófico, siempre y cuando se caracteriza por la voluntad. (Blok, 2011: 204)
En este movimiento que describe Blok, podemos observar la intromisión y la marca que deja Jünger en Heidegger. Y ambas cosas, se sostiene a su vez, en la reapropiación e interpretación que Heidegger hace de Nietzsche. Es decir, si por un lado, Heidegger ya había dedicado sus estudios a Nietzsche, dándole un lugar, Jünger viene a reconfigurar ese lugar, adjudicándole una naturaleza tal que empujará a Heidegger a una nueva interpretación de la voluntad de poder nietzscheana, pero también de la realidad social, política y de su filosofía futura.
En los años venideros, el olvido del ser será entendido desde la imposición de la voluntad de poder, una voluntad que se destaca como la principal barrera para una experiencia genuina con el Ser (Blok, 2011), ya que logra anteponer universalmente al ente. Pensar un nuevo comienzo y una forma de pensamiento desapegada de la voluntad, guía a Heidegger durante, por lo menos, la próxima década.
El gran problema de la filosofía de Jünger, es que aún se mueve en la indecisión. Sigue pensando que todo se reduce a un acto de racionalidad de un sujeto, a una experiencia inmediata de certeza. Lo único que logra Jünger, es en definitiva, que el pensamiento siga hundido entre los entes. Solo hay olvido de ser.
Algunas conclusiones y discusiones
Jünger es vínculo, intermediario e irruptor entre Heidegger y Nietzsche. Pero su influencia, no termina allí. Tampoco hay un vínculo Heidegger-Jünger por fuera de Nietzsche. Entre los tres, operan en una constelación que podríamos definir como hermenéutica. Heidegger posee una influencia mayor de Nietzsche de lo que está dispuesto a aceptar (Cragnolini, 2011). Lo mismo ocurre con Jünger. A su vez, esta doble influencia, pautaría las sendas de la filosofía heideggeriana iniciada en la década de 1930, y mediada por estas relaciones. La crítica heideggeriana a la metafísica y a la modernidad, adquieren por esta época, además, una dimensión política; y entender ambos factores nos introduce a su vez, en un círculo hermenéutico, donde una dimensión no puede apreciarse sin la otra y viceversa (Zimmerman, 1990).
Tanto para Nietzsche como para Jünger, Heidegger dispara su persistente crítica en torno a la incapacidad de ambos de hallar y realizar la pregunta adecuada. Esta incapacidad los condena a la metafísica y el subjetivismo. Sus intentos de superación, solo llevan a una inversión del sistema, lo que hace que perpetúen los mismo significados y representaciones. Esta crítica y su comprensión de los “signos” que evidencian un mundo sumido en la decadencia y el olvido (comprensión solo accesible mediante Jünger), alientan a Heidegger a la idea de pensar un “nuevo comienzo”[14], en cuya base se encuentra la crítica de Jünger y el Nietzsche que Heidegger construyó a través de Jünger. El trinomio Nietzsche-Jünger-Heidegger podría estar presente, tomando diferentes formas y matices, no solo en su concepción de la técnica o algunas afirmaciones de tinte político, sino también en sus consideraciones acerca de la historia del Ser, la Gelassenheit y el Ereignis.
Si, como afirmamos anteriormente, a la pregunta de quién fue Nietzsche para Heidegger, debemos reconocer la sombra de Jünger; a la pregunta de quién fue Heidegger luego de 1930, corremos con la misma advertencia. Heidegger se pregunta “¿Hasta qué punto Jünger es un pasaje (Durchgang), un fomento de tránsito (Übergangs)?” (GA 90: 15). El filósofo de alguna manera nos presenta a Jünger como una marca en el camino, como impulso a ese nuevo comienzo en el que Heidegger insiste: “La ceguera y límite de Jünger es la ofuscación y el fin de la metafísica occidental -tal como fue acuñada en el pensamiento de Nietzsche.” (Heidegger, GA 90: 14). Y ese límite es desde donde Heidegger vislumbra la Besinnung y el Entscheidung.
La confrontación/relación entre Heidegger y Jünger no concluye hasta sino, la muerte de Heidegger. El 25 de marzo de 1975, este fecha su última carta a Jünger, con motivo de saludarlo en su octogésimo cumpleaños. Poco más de un año después, Elfride Heidegger escribiría a Jünger para hacerle llegar una copia de algunos poemas de Hölderlin que Heidegger escogido durante sus últimas semanas. Esos versos, solo eran para familiares y amigos cercanos.
Desde 1932, Jünger fue una presencia en la filosofía de Heidegger. En 1950, se da un punto álgido en la relación entre ambos cuando se verbaliza su oposición y diferencias en los textos “Über die Linie” y “Über ‘Über die Linie’” (Hemming, 2008: 234), en los cuales su debate sobre el nihilismo, la voluntad de poder y Nietzsche, vuelve a encenderse[15]. Afortunadamente, hoy contamos con mayores medios académicos para seguir profundizando este debate y comprender mejor la constelación que conforman Nietzsche, Jünger y Heidegger.
Finalmente, quisiéramos volver a insistir en que si bien, hoy se encuentra muy extendido el análisis de lo político en Heidegger a partir de su cruce con Jünger, también deberíamos cuestionarnos sobre la marca que ese cruce dejó en su filosofía posterior. La confrontación entre Heidegger y Jünger, nos enfrenta a preguntas y direcciones en la filosofía de Heidegger, que no se limitan en la instancia política. Es muy probable y justo afirmar, que aún no hemos agotado la temática, y que aún no nos hemos enfrentado a los límites de esta. Seguir proponiendo preguntas e interpretando nuevos aspectos, es hoy una invitación provechosa y seguramente, fecunda.
Cada aporte en torno a la relación entre estos pensadores, posee un acento distintivo, e intenta destacar la herencia política, conceptual o filosófica que dejó. Ya sea que Jünger vino a interponerse entre Nietzsche y Heidegger, o que haya configurado las bases para una posición política en Heidegger, o prefigurado la noción de técnica, Jünger es una marca persistente en Heidegger, que muy difícilmente podamos dejar de lado. La labor de edición y publicación de los últimos años nos plantean nuevas incógnitas y nuevos rumbos en el Denkweg de Heidegger.
Es en una extensa, pero destacable cita del Apéndice de “La época de la imagen del mundo”, que podemos conocer aspectos de esos rumbos, donde sus aspiraciones de una ontología fundamental, la presencia de Jünger y los indicios de una nueva forma de pensamiento filosófico se anuncian:
La meditación sobre la esencia de la Edad Moderna sitúa al pensamiento y la decisión en el campo de influencia de las fuerzas esenciales propias de esta Edad. Dichas fuerzas actúan tal como actúan, sin dejarse afectar por las valoraciones cotidianas. Frente a ellas, sólo queda la disponibilidad para la resolución o la huida a la ahistoricidad. Pero para eso no basta con asentir a la técnica o platear absolutamente la “movilización total” -cuando ha sido reconocida como existente- a partir de una posición incomparablemente mas esencial. De lo que se trata en primer lugar y siempre es de comprender la esencia de la era a partir de la verdad del ser que reina en ella, porque sólo así se experimenta al mismo tiempo aquello que es más digno de ser cuestionado y que soporta y vincula a un crear en dirección al porvenir, dejando atrás lo que está ahí para que la transformación del hombre se convierta en una necesidad surgida del propio ser. (Heidegger, 2010: 79)
Referencias bibliográficas
Heidegger, M. & Jünger, E. (2016). Correspondence 1949–1975. Reino Unido: Rowman & Littlefield.
(2008). Acerca del nihilismo: Sobre la línea y Hacia la pregunta del ser. Barcelona: Paidós.
Heidegger, M (2010). Caminos de Bosque. Madrid: Alianza.
(2004). Zu Ernst Jünger. En, GA, Band 90. Frankfurt: Vitorrio Klostermann.
(1996). La autoafirmación de la Universidad alemana. El Rectorado. Entrevista del Spiegel. Madrid: Tecnos.
Barrios Casares, M. (2010). Jünger y la deriva de la interpretación heideggeriana de Nietzsche. Estudios Nietzsche, (10), 33-52.
Blok, V. (2011). “An indication of being- Reflections on Heidegger´s engagement with Ernst Jünger”. Journal of the British for Phenomenology, 42 (2), 194-208. Recuperado de: https://bit.ly/2QdPs1W.
Esquisabel, O. M. (2016). “Humanismo, anti-humanismo y movilización total.” Conferencia presentada en Jornada de Filosofía y Humanismo en el siglo XX. Maestría en Filosofía, Universidad Nacional de Quilmes. Recuperado de: http://posgrado.blog.unq.edu.ar/.
Hemming, L. P. (2008). Work as Total Reason for Being: Heidegger and Jünger´s Der Arbeiter, Journal for Cultural Research, 12 (3), 231-251. Recuperado de: https://bit.ly/2q6vhse
Ramas San Miguel, C. (2014). Técnica, modernidad y metafísica. Heidegger sobre Jünger. Anuario filosófico, 47 (3), 539-566.
Rossi, L. A. (2004). “La autoafirmación alemana: el Discurso Rectoral de Martin Heidegger como respuesta a El Trabajador, de Ernst Jünger”. En Revista Internacional de Filosofía política, 23, 138-159. Recuperado de: https://bit.ly/2Qn3Zsv.
Trawny, P. (2015). Epílogo. En Heidegger, M., Cuadernos negros [1931-1938]. Madrid: Trotta.
- Universidad Nacional de La Plata.↵
- Traducción propia. En las siguientes páginas trabajaremos simultáneamente con el original alemán de Zu Ernst Jünger, como así también con la traducción de Dina Picotti. En cada caso explicitaremos que traducción utilizamos↵
- “Jünger es el único auténtico sucesor de Nietzsche, sus escritos tornan inesencial y superflua a la escritura barata vigente ‘sobre’ Nietzsche […]” (Heidegger, GA90: 227). Traducción Picotti, D. (2013: 278)↵
- Mencionamos a modo de ejemplo: Heidegger, M. (1994). La Pregunta por la técnica. En Conferencias y artículos (pp. 9-37). Barcelona: Ediciones del Serval; Heidegger, M. (2008). Hacia la pregunta del ser. En Jünger, E. & Heidegger, M. Acerca del nihilismo: Sobre la línea y Hacia la pregunta del ser. Barcelona: Paidós. (También hay una traducción de este mismo texto de Heidegger en: Heidegger, M. (2001). Hitos. Madrid: Alianza)↵
- A este respecto, es importante destacar la importancia que la técnica y la tecnología tienen en el pensamiento de Heidegger. Lejos de entender a la técnica como el resultado del desarrollo evolutivo y de adaptación que hizo el ser humano, Heidegger ve en la historia de esa “evolución”, la degeneración de la metafísica. (Ver Zimmerman, M. E. (1990). Heidegger´s confrontation with Modernity. Technology, politics, art. Bloomington: Indiana University Press) ↵
- Como destaca Trawny, Heidegger se hallaba en esos años, en la búsqueda de indicios que le ayuden a entender los sucesos de su época. Podemos ver una preocupación y una interpretación activa por parte de Heidegger:
un rasgo esencial de todas las «Reflexiones» es el intento que hace Heidegger de obtener una comprensión de aspectos de la historia del ser a partir de «signos» o las «señales distintivas» de la cotidianidad del nacionalsocialismo en la «ciencia», la «religión», la «política» y la «cultura». […] Heidegger encuentra en las circunstancias diarias de los años treinta «signos» de un «olvido del ser» que se va perfilando de forma cada vez más catastrófica. (Trawny, 2015: 416)↵
- El impacto que tuvo Jünger en la filosofía y persona de Heidegger no se agota en las cuestiones mencionadas en el presente trabajo. Elegimos en este caso esta caracterización con fines expositivos, pero de ningún modo, agotan la temática, dentro de la cual se ubican temas tan versátiles y complejos como la cuestión de la técnica, el nihilismo, la política en Heidegger, entre otros↵
- Tanto Cragnolini (2011) y Barrios Casares (2010) identifican en el seminario que Heidegger dicta en el semestre de 1936/1937 los últimos indicios de afinidad con las ideas de Nietzsche↵
- Podemos mencionar algunos autores que han abordado esta temática: De Beistegui, M. (2013). Heidegger y lo político. Buenos Aires: Prometeo; Tatián, D. (1997). Desde la línea. Dimensiones políticas en Heidegger. Buenos Aires: Alción editora; Pöggeler, O. (1994). Filosofía y política en Heidegger. Barcelona: Alfa; Rossi, L. A. (2004). “La autoafirmación alemana: el Discurso Rectoral de Martin Heidegger como respuesta a El Trabajador, de Ernst Jünger”. En Revista Internacional de Filosofía política, 23, 138-159↵
- El escenario descripto por Jünger, como dominio universal de la voluntad de poder, es lo que, según Heidegger, lo llevan en 1933 a pensar la autoafirmación de la Universidad alemana y pensar la Universidad como lugar donde lucha contra ese movimiento planetario (Heidegger, 1996: 25)↵
- En la entrevista que el Profesor R. Wisser le hace a Heidegger en 1969 con motivo de su octogésimo cumpleaños, vuelve a insistir en su diagnóstico: “[…] debemos preguntarnos «¿qué es la sociedad?», y meditar acerca del hecho de que la sociedad actual es la absolutización de la subjetividad moderna”. Ver: Wisser, Richard (1969). Entrevista a Martín Heidegger. Difundida el 24 de setiembre de 1969, en ocasión del octogésimo cumpleaños de Heidegger. Recuperado de: http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Heidegger.htm ↵
- En “Hacia la pregunta del Ser”, en las primeras páginas, Heidegger hace un resumen de lo que Jünger había expuesto en “Sobre la línea”, y dentro de este resumen Heidegger presenta claramente su crítica a la concepción de su colega: “Usted sabe que un enjuiciamiento de la situación del hombre respecto al movimiento del nihilismo y dentro de este, exige una determinación esencial suficiente. Tal saber falta en muchos lugares.” (Heidegger, 2008: 75).
Esta es la ceguera de Jünger, su límite y lo que lo condena a no ser un pensador ↵
- En su libro, Zimmerman afirma que desea analizar detalladamente la deuda de Heidegger con Jünger porque considera que “[…] es crucial no sólo para comprender el desarrollo de la comprensión de Heidegger de la época tecnológica, sino también para ofrecer una explicación de su apoyo al Nacionalsocialismo.” Ver: Zimmerman, M. (1990: XVIII). Heidegger´s confrontation with Modernity. Technology, Politics, Art. Bloomington: Indiana University Pres↵
- Este pensar un “nuevo comienzo” no equivale a “hacer” o “provocar” ese comienzo. La historia del ser no depende de nuestra voluntad de cambio. Es esta la cuestión que Heidegger aborda en Hacia la pregunta del ser (2008)↵
- Sin embargo, debemos notar, que en 1950 Jünger no pudo conocer profundamente el “Nietzsche de Heidegger” ya que la publicación de Nietzsche no se da hasta 1961↵






