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1 Puntos de partida

1.1. Palabras iniciales

El presente trabajo trata sobre dos temáticas troncales de la prolífica y cuantiosa obra del filósofo argentino naturalizado mexicano Enrique Domingo Dussel Ambrosini (1934-2023). Por un lado, sus reflexiones sobre la historia y su propuesta de fundamentación y necesidad de la construcción de una contranarrativa histórica antagónica de aquella tradicional que postuló y consagró Georg Wilhelm Friedrich Hegel en y con sus Lecciones sobre la historia de la filosofía universal ([1830]1995), cuyas representaciones perduran aún en la actualidad: la “histórica”. Por otro, sus reflexiones sobre la ética como ámbito desde el cual fundamentar una reformulación del vínculo y los límites entre el pensamiento y la cotidianidad, a partir de un planteo antropológico-metafísico y un dispositivo lógico originalmente latinoamericanos, antagonistas y superadores de dos tradiciones filosóficas puntuales: la dialéctica hegeliana y la hermenéutica fenomenológica heideggeriana: la “analéctica”.

Las reflexiones filosóficas que aquí se vierten se dan en una coyuntura social en la que la avanzada de discursos y prácticas político-administrativas totalizantes (“anarco-capitalista”, “libertarias”, etc.), ligadas a los intereses de los sectores más concentrados de la economía (agronegocio, minería, hidrocarburos y tecnología), se corporizan (Donald Trump, Jair Bolsonaro, Nayib Bukele, Javier Milei) y toman protagonismo regional como rizomatizaciones y agenciamientos, prácticos y concretos, de nuevas fases del ordenamiento plutocrático capitalista global, capaces de representar a sectores bajos, medios y altos. Resulta novedoso el hecho de que estas discursividades (ultra)conservadoras disputen significantes y semánticas, tales como “libertad”, “revolución”, “casta”, etc., a partir de posicionamientos performáticos y simbólicas violentas que se ejercen dentro del propio marco institucional democrático-gubernamental pero en constante y flagrante contradicción con éste.

Se trata de prácticas y posicionamientos denigratorios y oclusivos de cualquier alteridad (crítica, disidente o meramente alternativa) que paradójicamente acompañan discursos que se pretenden transformadores (aunque también destructores) a partir de toda una operatoria hermenéutico-pragmática-mediática-digital que, en el caso de la Argentina, enarbola las banderas de la escuela económica austríaca (Carl Menger, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard) y, en lo político, abreva en la tradición intelectual unitaria y liberal-conservadora de nuestro pasado, de la cual se autoproclama como continuadora y futura realizadora de sus ideales[1]. La iniciativa del gobierno, encabezado por Javier Milei, de reformar (para refundar) el diseño constitucional-estatal de nuestro país a partir de la sanción de la “Ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” (2024) ha representado, tanto en la forma como en el contenido, un ejemplo concreto de aquello que Dussel sostenía en el volumen II de su Para una ética de la liberación latinoamericana:

(…) el Todo legal viene así a encubrir una dominación legalizada. El grupo dominante ha hecho de su dominación misma el fundamento de la ley. Desde ese entonces, cumplir la ley es una praxis dominadora/opresora. La praxis que busca en la ley vigente el fundamento de su moralidad se torna praxis alienante del Otro oprimido como cosa al servicio del dominador. Entonces, el acto “moralmente” es injusto y la ley vigente encubre injusticia (…). Hay siempre un Otro fuera de la ley vigente (Dussel, 1973, p.70).

Al momento de la entrega de esta tesis, desafortunadamente para nuestro pueblo, tal iniciativa ni ha fracasado (del todo) ni ha sido la única. Si bien en el caso de la Argentina, desde el surgimiento mismo de los proyectos nacionales a esta parte (fenómeno que también puede ser pesquisado en el plano continental), existe una nutrida tradición de disputas político-semánticas en torno a la narrativa histórica (“historia oficial liberal mitrista”/“revisionismo histórico”, por ejemplo), la coyuntura actual presenta a ese respecto una praxis simbólico-discursiva y una metodología político-administrativa insólitas, violentas y mordaces.

Ante la amenaza que todo ello representa para nuestra convivencia republicana y democrática y bajo la profunda e impostergable convicción de que la educación, la ciencia y el trabajo (digno, formal y bien retribuido) son los únicos y verdaderos pilares que cimentarán una comunidad de vida buena, se parte de la base de que un trabajo de investigación que reflexiona sobre la historia (ámbito reflexivo-discursivo de nuestra temporalidad) y la ética (dimensión crítico-reflexiva de nuestra axiología) en relación con el “Otro” (mi hermane, mi amigue) como límites a la univocidad (en términos de cerrazón) de cualquier sistema totalitario (político-económico) se vuelve no sólo pertinente sino a la vez necesario. Enrique Dussel, filósofo argentino recientemente fallecido, nos reúne en esa intención, en ese compromiso y en esa esperanza.

1.2. Formulación del problema

Esta investigación parte del interrogante siguiente: ¿qué vínculo existe entre el planteo de la analéctica en la obra temprana de Dussel y su teorización histórica? De igual manera, ¿cuáles son las coordenadas en las que el planteo analéctico transversaliza y reconfigura las reflexiones de Dussel sobre la historia? Esta pregunta surge de las reflexiones de largo aliento que ocuparon, en distinto grado, la totalidad de la producción histórico-teológico-filosófica del autor. En suma, esta investigación tiene como objeto de estudio principal el impacto que el método analéctico –constructo teórico central del período liberacionista– tuvo en el Dussel maduro, tanto en su concepción de la historia como en su narrativa histórica.

1.3. Estado de la cuestión

La noción de “analéctica” ha sido ampliamente reflexionada dentro de los lindes del pensamiento de Dussel. Además, ha sido apropiada por o injertada en otros campos intelectuales-culturales que se han valido de ella para repensar y expandir las reflexiones teórico-prácticas de sus quehaceres. Es el caso de, por ejemplo, el derecho (Del Percio, 2023; Médici, 2015, 2022), la pedagogía (Fernández, 2020; Heredia, 2019), etc.

Mucha menos atención y reflexión académica ha suscitado la categoría de “histórica” en el aparato bibliográfico dedicado a la obra de Dussel. Resulta llamativo, en ese sentido, la escasez de trabajos referidos a las lecturas, las interpretaciones y los usos que Dussel hizo de la historia. Sobre todo, si se presta atención a la preeminencia que lo histórico ha tenido en la obra (y la vida) del filósofo de la liberación, tanto en términos formativos como profesionales y/o temáticos. Hasta este momento, se evidencia una vacancia en la bibliografía sobre la obra del autor dedicada al vínculo, el cruce o la implicación entre la “histórica” y la “analéctica”. Por ello, se vuelve menester distinguir dos fuentes teóricas específicas en las que se ha abrevado, además de los textos que analizan, o bien, el pensamiento de Dussel en general, o bien, algún aspecto de su obra en particular, como la “analéctica” y la “histórica”.

Sobre la “analéctica”, los trabajos de Ezequiel Asprella, César Baldoni y Darío Estévez (2021) y de Juan Manuel Fontana (2020) realizan acercamientos panorámicos y sucintos a la Filosofía de la Liberación[2] (su surgimiento, su contexto y sus temáticas), a la explicitación de algunas de sus categorías más salientes y a la figura de Dussel como uno de sus más consagrados exponentes. Mientras que en el caso de los primeros el abordaje es más general, el segundo lo hace a partir de la noción de “analéctica” como nodo temático-categorial y en función de una mirada decolonial. De manera más específica, el trabajo de Patricia González San Martín (2014) explora el surgimiento de la “analéctica” al calor de los inicios de la FL y en oposición a la dialéctica hegeliana y a la ontología fundamental heideggeriana. Asimismo, postula al constructo teórico dusseliano como una metodología adecuada a la condición de alteridad latinoamericana y realza su valía como instancia crítico-superadora de la categoría moderna de sujeto. Asimismo, el trabajo de Gabriel Herrera Salazar y Jorge Alberto Reyes López (2017) indaga por los elementos constitutivos de la analéctica en trabajos tempranos de Dussel para luego trazar las coordenadas de su surgimiento a partir de un repaso de la producción teórico-bibliográfica de su período liberacionista. El texto busca echar luz sobre el carácter metodológico del dispositivo teórico dusseliano a partir de la explicitación de términos como “Otro”, “analogía”, “palabra”, etc. De éste se destaca la original tematización del término “semejanza” como una clave hermenéutica del carácter metodológico de la “analéctica”. Juan Matías Zielinski también analiza sintéticamente la “analéctica” en términos metodológicos, a la luz de su “obra temprana” y a la traza de sus nexos y distanciamientos con acervos específicos como los de Martin Heidegger o Emmanuel Lévinas. Los trabajos consultados (2016, 2017, 2018, 2024c) han sido esclarecedores de términos insoslayables de una comprensión temática del dispositivo analéctico. En orden a la influencia determinante que Lévinas tuvo en la obra de Dussel, en general, y en los planteos analécticos, en particular, los textos de Carlos Beorlegui (1997), García Ruiz (2014), Zielinski (2024d) y Luciano Maddonni (2024) desarrollan de manera exhaustiva la incorporación del aparato conceptual levinasiano en la obra del argentino así como la reapropiación que de éste se hizo en ella desde el marco de la FL. El primero establece diferencias entre uno y otro enfoque y rastrea la evolución que la incorporación de las categorías de Lévinas tuvieron en etapas posteriores a la de la FL. El segundo repasa la configuración de la categoría de “Otro” en los planteos de la “etapa liberacionista” desde una perspectiva geopolíticamente situada. Por su parte, el tercero analiza la recepción inicial de Levinas por el joven Dussel, tomando en cuenta las categorías de “escatología”, “analéctica” y “pueblo”. Para ello, revisa críticamente las notas esenciales de la noción de “escatología” en la producción intelectual del Dussel “pre-liberacionista”, explicando desde qué lugar teórico éste recepcionó la filosofía del lituano-francés. Además, analiza las características centrales de la recepción liberacionista de Dussel de la “alteridad” levinasiana, a partir de dos conceptos fundamentales de su obra ético-política temprana: “analéctica” y “pueblo”. El cuarto texto retoma y, de algún modo, continúa al tercero para escudriñar la apropiación crítico-creativa que Dussel realiza de Lévinas. En una línea similar, el trabajo de Alberto Staniscia (2019) escudriña las indagaciones genealógicas que Dussel realizó sobre la dialéctica en La dialéctica hegeliana (1972) para dar cuenta cómo la irrupción del pensamiento de Lévinas reconfiguró esos planteos en Método para una filosofía de la liberación (1974) en función de una impronta y una programática de liberación. La comparación y contrastación de ambos textos establece claves de comprensión sobre la búsqueda de una metodología propia para la FL, antagónica y superadora de la dialéctica hegeliana como inquietud de suma relevancia en esa etapa de la producción intelectual de Dussel. La importancia que la figura de Hegel tuvo como antagonista en los planteos de la “analéctica” son analizados, a su vez, por Adriana Arpini (2013). Los trabajos de Marcelo González y Luciano Maddonni (2018, 2020, 2020a) y de Arpini (2020) repasan aspectos biográficos y contextos socio-políticos de la producción teórico-bibliográfica temprana de Dussel como antesala del surgimiento de la FL, período en el que fue conceptualizada la “analéctica”. En este sentido, han sido relevantes los aportes de Martín Oporto (2020) sobre la funcionalidad que el término heideggeriano “de-strucción” tuvo en la obra temprana del filósofo; y los de González y Maddonni (2020, 2020a) sobre un desglose analítico-conceptual de una obra fundante de la filosofía liberadora dusseliana como fue Para una ética de la liberación latinoamericana (cuyo segundo tomo introduce la “analéctica”).

Sobre la “histórica”, las obras que analizan y desarrollan la obra de Dussel in extenso habilitan una panorámica de la imbricación que se dio entre la historia y la filosofía (así como también la teología) a lo largo de la obra de Dussel, transversal a cada uno de sus períodos. Si bien estas obras no tematizan específicamente dicha imbricación, trazan indagaciones, planteos, modulaciones y continuidades que se dan en el interior de la producción teórico-bibliográfica del filósofo argentino en relación con la historia y la filosofía (y también la teología) en un vínculo indisoluble. Estas investigaciones son relevantes a los fines de establecer conexiones temático-conceptuales entre los nodos “hermenéutica” e “histórica”. Bajo esa premisa y en esa búsqueda, Filosofía de la liberación. Una aproximación al pensamiento de Enrique Dussel (2003) de Pedro García Ruiz describe detalladamente el surgimiento de la FL a la luz del plexo de categorías, corrientes filosóficas, autores y obras que orbitaron no sólo en los albores del movimiento sino también en las etapas anteriores. Además de tematizar de manera exhaustiva el surgimiento y la funcionalidad de la “analéctica” como concepto clave del período, la obra posibilita investigar conexiones con planteos y preguntas histórico-filosóficas que Dussel venía formulándose y de las cuales venía ocupándose (en diálogo o debate con otros autores) con anterioridad a la aparición de la FL. Se trata de indagaciones que, como se verá, continuarán, aunque de manera renovada, en etapas posteriores de su producción intelectual. Los textos Enrique Dussel. Retratos de una filosofía de la liberación (2022) de Jorge Zúñiga y Ética, política y religión en el pensamiento de Enrique Dussel (2018) de Guillermo Recanati suman a lo anterior y aportan, además, modulaciones, desarrollos y recuperaciones de las etapas posteriores a la de la FL. A diferencia de la obra de García Ruiz, éstas desarrollan la producción temático-bibliográfica de Dussel desde su “etapa temprana” hasta su “etapa revisionista”. De esta manera, habilitan una lectura y una hermeneusis teórico-categorial prospectiva, programática y subsuntiva de las indagaciones histórico-filosóficas que Dussel realizó en la época de la FL e incluso en épocas previas. En lo concerniente a cuestiones teórico-temáticas históricas o cruces entre filosofía e historia específicas del corpus dusseliano, se destacan los artículos de Diego Fernando Camelo Perdomo (2017) y de Damián Pachón Soto (2012). Ambos abordan, describen y reconstruyen las críticas que Dussel le asesta a la mistificación que la historiografía tradicional hace de la Modernidad como momento emancipatorio de la historia universal. La denuncia del sesgo eurocéntrico (que legitima el proyecto colonial perpetrado en América), limitativo de lecturas e interpretaciones más abarcativas y complexivas, así como la propuesta de un orden superador (“transmoderno”) son articuladas y fundamentadas por Dussel en términos históricos y en el marco de su teorización filosófica. En relación con estas críticas, los trabajos de Mario Ruiz Sotelo (2018) y Gustavo Urdaneta Rivas (2018) analizan descriptivamente la funcionalidad metodológica del dispositivo “sistema interregional antiguo” como dimensión desde de la cual operativizar una contranarrativa a la historiografía tradicional. En este mismo sentido y como un elemento teórico adicional vertebrador de la propuesta histórica crítica de Dussel, el trabajo de José Romero Losacco (2020) analiza el desarrollo y la productividad del dispositivo teórico-categorial del “moderno-sistema-mundo”, elaborado por Immanuel Wallerstein (1990), y la incorporación que Dussel hace del mismo en términos historiográficos. Dicha apropiación, abordada por Urdaneta Rivas, implica no sólo la acuñación del término que, según Dussel, contribuye semánticamente a ciertas discusiones sobre el mismo, sino también la emergencia de planteos y problemáticas que serán retomadas en el marco del pensamiento decolonial.

Para concluir es menester aclarar que la vacancia bibliográfica respecto de abordajes que vinculen la “analéctica” y la “histórica” en el corpus textual de Dussel demandó, en mayor o menor medida, la articulación de estas dos vertientes crítico-analíticas.

1.4. Marco teórico

En líneas generales se conceptualiza la “analéctica” como aquella metodología surgida en Latinoamérica que parte desde “el Otro” libre (mujer/mestizo/pobre/víctima) como exterioridad al sistema (de la Totalidad), que confía en su palabra y, por ello mismo, obra un servicio en procura de su liberación. Si bien, y tal como señala García Ruiz, la “analéctica” (“ana-dialéctica” o “dialéctica positiva”) ha sufrido cambios en cuanto a su formulación, a grandes rasgos refiere a aquel dispositivo lógico-alterativo que, a diferencia del método dialéctico ontológico que ni supera ni subsume las contradicciones de la totalidad sino que las conserva en tanto negaciones, se origina en la afirmación de la exterioridad del “Otro” como ámbito intrínsecamente ético (2003, pp.225-226).

Dado que para Dussel el método dialéctico ontológico comporta un rasgo totalizador y monológico, la “analéctica” señala, en cambio, una concepción abierta de la verdad y la recusación de todo a priori epistémico u ontológico, de la equivocidad de una alteridad absoluta como la de Lévinas y de la univocidad clausa de una totalidad como la de Hegel (García Ruiz, 2003, p.228).

De este modo, la “analéctica” pone de manifiesto que la exterioridad del “Otro” reviste una instancia crítica de cualquier sistema ontológico, erótico, económico, pedagógico, religioso, social, etc., y que el reconocimiento de dicha exterioridad (metafísico-antropológica) entraña una dimensión ética en cuanto compele a una praxis de liberación (esto es, a la puesta en práctica de una filosofía de la liberación) que supere el sistema de esa totalidad y posibilite la construcción de un orden más justo. En tanto y en cuanto se parte del axioma de que todo sistema posible exteriorizará/oprimirá a un “Otro” (principium oppresionis), la “analéctica” tributa un “servicio” al Otro para realizar “lo nuevo”, el futuro de la historia, en términos de nuevas totalidades utópicas.

En su “obra temprana” Dussel descubre las indagaciones que ocupaban a Leopoldo Zea sobre del lugar de América Latina[3] en la historia. Si el encuentro con Lévinas marcó a fuego la etapa primera de la FL, la lectura de América en la historia (1957) del filósofo mexicano motivó un proyecto que dará un marco espacio-temporal historiográfico a sus producciones posteriores al tiempo que habilitará una crítica fecunda a la historiografía tradicional de cuño hegeliano[4].

La búsqueda del lugar de AL en la historia universal es acometida por Dussel, como legado que reconoce y retoma de Zea, en procura de su “desocultamiento”. Para ello, el mendocino entendió que era indispensable la reescritura de la historia de “otra” manera. Si bien, tal como se puede apreciar, el proyecto es anterior a la aparición de la FL en la escena académica argentina, es justamente en esa época que se estructura el proyecto de dicha operatoria histórica como un “(…) empezar ‘de nuevo’ la historia de la filosofía política, ética, latinoamericana, etc.” (Dussel, 2007, p. 25). Es decir, a partir de otras categorías (“Otro”, “exterioridad”, “dependencia/liberación”, etc.), emplazado en otro locus de enunciación (América Latina), desde otra focalización (“el Otro” como “exterioridad” de la Modernidad) y en función de otros marcos geopolíticos contextuales.

En este trabajo predomina el enfoque o la caracterización que concibe “la histórica” de Dussel como la operatoria historiográfico-revisionista con la cual el autor fundamenta una panorámica espacio-temporal que relativiza, a todas luces, la tradicional narrativa histórica que entroniza la cultura occidental como centro del desarrollo cultural mundial, haciéndola aparecer “como totalmente original y no deudora de las demás”. Asimismo, dicha operatoria recupera períodos históricos de culturas (“Otras”) “distintas” de la euronoroccidental, con el fin de subsumir esta última en una trama “omniabarcante y universal” (Beorlegui, 1999, p.702).

1.4.1. De los criterios de periodización

Las indagaciones genealógico-cronológicas que aquí se desarrollan demandan el establecimiento de coordenadas contextuales ad intra la obra del propio Dussel y ad extra en términos de trasfondos socio-culturales en los que dicho corpus se inserta y con los cuales dialoga. A fines expositivos, se periodiza la producción filosófica de Dussel no sin antes hacer ciertas menciones que se consideran pertinentes.

La decisión de recurrir a una periodización del corpus bio-biblio-temático de una obra que, como la de Dussel, es “ingente” (Hernández Piñero, 2005, p.205) entraña diversas problemáticas y compele a decisiones metodológicas. Una de las principales es si es conveniente seguir la periodización que el propio Dussel hace de su producción o si valerse de alguna (o algunas) de las que han propuesto sus estudiosos y estudiosas. En cualquier caso, los criterios que se adoptan son disímiles, responden a distintos intereses (más biográficos o más teórico-académicos) y cada uno de ellos supone ganancias aunque también pérdidas.

En el caso específico de la periodización del autor, y tal como señala Beorlegui, Dussel ha enmarcado su producción a partir de dos segmentaciones: la que realiza en Filosofía de la liberación: desde la praxis de los oprimidos (1993), por ejemplo, señala las etapas de “constitución” (1969-1973), “maduración” (1973-1976), “de persecución, debate y confrontación” (1976-1983) y “de franco crecimiento y de respuesta a una nueva problemática” (1983 en adelante). Y la que realiza en Hermenéutica y liberación (1993) se divide en: “simbólica latinoamericana” (1952-1968): etapa formativa y de escritos tempranos; la “filosofía de la liberación” (1969-1976): período de surgimiento, consolidación y producción del movimiento intelectual; la “economía de la liberación” (1976-1983): profundización de sus planteos liberacionistas a partir de una sesuda lectura de Karl Marx[5]; y la “racionalidad comunicativa” (1983 al presente): constituida por el fecundo diálogo/debate que el autor entabló con Karl-Otto Apel[6] (Beorlegui, 1997, pp.347-348). Resulta pertinente señalar, sin embargo, que dado que Dussel produjo hasta su muerte (incluso operando modificaciones teóricas significativas en esa última etapa), la circunscripción cronológica que Beorlegui presenta puede presentar cierta obsolescencia y merece, sin dudas, ser revisada y ampliada.

En el caso de las periodizaciones que realizaron sus estudiosos y estudiosas, García Ruiz delimita un amplio período al que denomina “primeros años de su pensamiento” (1964-1974) que a su vez subdivide en dos: una “hermenéutica cultural latinoamericana” (1964-1969) para referirse a los años en lo que Dussel se abocó a la elaboración de dos proyectos de gran calado, una “antropología latinoamericana” que da cuenta del “ser” latinoamericano y su lugar en la historia y una “ética ontológica”; y una “filosofía de la liberación latinoamericana” (1969/70-1974): proyecto de inspiración aristotélico-heideggeriano que recibirá la influencia del pensamiento levinasiano como un elemento reconfigurativo incontestable y cuyas principales producciones, Para una ética de la liberación latinoamericana (1973) y Método para una filosofía de la liberación (1974), signaron, al parecer del autor, las bases del pensamiento dusseliano hasta mediados de los 80’ (2003, pp.22-23). María Hernández Piñero divide la obra dusseliana en cuatro períodos: el descubrimiento de América Latina como objeto de estudio histórico-filosófico (1960-1968); los inicios de la filosofía de la liberación (1969-1979); el viraje hacia Marx (1979-1989); y la discusión con la ética comunicativa de Apel (1989 en adelante) (2005, p.206). Por último, Zielinski, quien sigue libremente la clasificación que Eduardo Mendieta realiza en “Introducción. Política en la era de la globalización. crítica de la razón política” (2012), divide la obra del autor mendocino en un “primer estadio” (desde la ontología hasta la metafísica); un “segundo estadio (desde la metafísica hasta el marxismo); un “tercer estadio” (desde el marxismo al discurso); y un “cuarto estadio” (desde el discurso a la Ética y la Política maduras). Cabe aclarar que el estudioso se vale además de la categoría “obra temprana” para referirse al segmento temporal 1961-1976; la misma comprende un primer momento que incluye las obras escritas entre 1961-1968, en el cual se construye una “antropología filosófica” como “simbólica cultural latinoamericana”; y un segundo momento que incluye las obras escritas entre 1969-1976, en el cual se realiza una formulación sistemática de su filosofía liberadora (2018, p.111).

En este trabajo se adopta el siguiente criterio de periodización: “obras tempranas”/“etapa temprana” refiere al período 1961-1968 en el que se construye una “antropología filosófica” como “simbólica cultural latinoamericana”; “momento liberacionista”/“etapa de la filosofía de la liberación” señala el período 1969-1976, en el que se da el surgimiento y el desarrollo de su filosofía de la liberación; “etapa madura o revisionista”/“momento revisionista” alude al período 1989-2023 y atañe al momento en que Dussel hace un repaso, una recuperación y un replanteo de su obra en procura de una sistematización de proyectos e hipótesis de trabajo de gran calado de los períodos anteriores, al calor de la coyuntura global y regional que se dio en el pasaje de fines del siglo XX a principios del XXI y tras la acuñación de los aportes y las críticas de otros interlocutores de la escena intelectual.

1.4.2. La filosofía de la liberación como trasfondo teórico-práctico

El interés, la ocupación y el diálogo con la historia es inescindible de la producción filosófico-teológica de Enrique Dussel desde el comienzo hasta el final de su producción filosófica. Si bien en esta tesis la figura del filósofo es destacada por sobre las figuras del teólogo o del historiador (incluso a sabiendas de que Dussel mucho antes de ser reconocido como filósofo fuera ampliamente reconocido y recibido como teólogo e historiador de la Iglesia latinoamericana), el mendocino ostenta formación, titulaciones, aportes y reconocimiento en cada una de estas áreas[7]. Para González y Maddonni, la “histórica” (la operatoria histórica) comporta uno de los “ejes nucleares” del pensamiento de Dussel (junto con la “ética” y la “política”) que es transversalizado por la trama de la “analéctica” (2020, p.144). Bajo esa misma premisa, se ofrece un marco contextual, sucinto pero completo, del surgimiento de la “analéctica” en el cual se imbrican planteos y programas que Dussel tenía sobre la historia. Más específicamente, sobre el “lugar” que América Latina tenía (o, mejor, debía tener) en la historia universal.

En lo atinente a la formación de la FL, es pertinente indicar que a fines de los 60’ y principios de los ‘70, un grupo de filósofos argentinos conformaron un movimiento intelectual que condensó y sintetizó de manera centrípeta diversas miradas y posibles idearios en clave de una filosofía latinoamericana con raigambre e intereses regionales, capaz de explicitar de manera crítica las necesidades del pueblo a partir de una praxis de liberación de su condición de pobreza y opresión. Tales consideraciones venían ocupando a un grupo heterogéneo de intelectuales argentinos, provenientes de diversas trayectorias profesionales y vertientes ideológicas; por nombrar a algunos de los otros fundadores, vale mencionar a Osvaldo Ardiles, Mario Casalla, Horacio Cerutti Guldberg, Carlos Cullen, Julio De Zan, Aníbal Fornari, Daniel Guillot, Rodolfo Kusch, Diego Pró, Arturo Roig y Juan Carlos Scannone, etc.[8].

Según Bárbara Aguer y Lucía Belloro, el surgimiento de la FL estuvo inexorablemente ligado a un conjunto de sucesos cronológicamente próximos y notoriamente relacionados con “descentralizaciones del poder hegemónico” (2017, p.89). Se trataba de un clima epocal agitado, con repercusiones internacionales, regionales y nacionales. El plano internacional se encontraba regido por la bipolaridad determinada entre dos modelos civilizatorios antagónicos en pugna (URSS y EEUU), en el cual no se pueden soslayar la Guerra de Liberación de Argelia (1954-62), la Guerra de Vietnam (1955-75), la Revolución Cultural China (1966-1976), la Primavera de Praga (1968) y el Mayo del ‘68 francés. En el plano continental, se destacan el triunfo de la Revolución Cubana (1959), la masacre de Tlatelolco (1968) y el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile (1970). En el plano local, el “polo argentino”[9] de la FL se conformó en el contexto del gobierno dictatorial autodenominado “Revolución Argentina” (1966-73). La mencionada dictadura, además de disolver legislaturas, destituir funcionarios y prohibir la actividad política, adhirió a la Doctrina de la Seguridad Nacional en defensa de los valores occidentales y cristianos. La lucha docente por la defensa de la autonomía universitaria (cuyo correlato represivo fue “La Noche de los Bastones Largos” en 1966) o el “Cordobazo” (1969) representaron resistencias intestinas al orden social y político que se buscaba perpetrar.

Contra la creencia de que la FL fue la primera y/o la única corriente de pensamiento que abordó temáticamente el binomio “dependencia/liberación”, Gustavo Cruz señala que en América Latina ya desde los ‘60 venía floreciendo en la región un “paradigma liberacionista” en el cual confluyeron movimientos emancipatorios de distinta índole que dieron a luz diversas disciplinas teóricas “de liberación” (2009, p.34).

La Teoría de la Dependencia, por caso, se erigió como una respuesta sociológica a la teoría económica desarrollista; los brasileños Fernando Cardoso y Theotonio Dos Santos, el chileno Enzo Faletto y el colombiano Orlando Fals Borda entendieron el subdesarrollo continental como la contracara periférica del superdesarrollo de los países del centro en una disposición capitalista global. En este sentido, y tal como señalan Asprella, Baldoni y Estévez, se produjo un cambio de paradigma epistemológico que desplazó el binomio «desarrollo-subdesarrollo» por el de «dependencia-liberación»” (2021, p.20). En el plano de la reflexión teológica, la Teología de la Liberación surgió de la urgencia por una praxis pastoral y como ramificación de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) celebrado en Medellín en 1968, en el que se materializó un pronunciamiento del obispado regional en contra de la injusticia y un compromiso de solidaridad en favor del pueblo oprimido. En el ámbito educativo, la Pedagogía de la Liberación de Paulo Freire (1970) fundamentó las bases y la praxis de una “educación liberadora” que hiciera consciente al pueblo de su condición de oprimido y lo acompañara en el camino de su emancipación, a partir del poder transformador del diálogo y la palabra.

Además de la consolidación del binomio teórico “dependencia/liberación” en distintos sectores académicos latinoamericanos –y no sólo académicos–, la FL reconoce dos figuras de la filosofía latinoamericana como interlocutores regionales clave: Augusto Salazar Bondy y su pregunta sobre la existencia (y la posibilidad) de una filosofía latinoamericana; y Leopoldo Zea, quien le replica. Ambos filósofos anteceden la conformación de la FL y son reconocidos por los propios fundadores como influencias indispensables en el surgimiento de esta corriente intelectual.

En 1968 Salazar Bondy escribió ¿Existe una filosofía de nuestra América?[10], donde planteó esta pregunta para responderla negativamente, basándose para ello en el carácter inauténtico y carente de novedad de las filosofías latinoamericanas, en tanto y en cuanto ellas se han dedicado y limitado a recepcionar e imitar pasivamente las corrientes filosóficas de los países centrales. Según el filósofo peruano, para romper con ese sesgo era necesario primeramente hacerlo con todo un sistema tripartito de dominio-dependencia-subdesarrollo desde una integralidad hispanoamericana signada por la desintegración, la impotencia y la alienación.

Desde una perspectiva filosófico-histórica latinoamericana, Zea contraargumentaba en La filosofía latinoamericana como filosofía sin más (1969) que la pregunta de Bondy contenía ya de alguna manera una historia de pensamiento auténticamente latinoamericano que hay que recuperar y de la que hay que partir, así como un ejercicio filosófico legítimo que nace de una problemática regional inherente; la tarea de la filosofía “sin más” implica hacer consciente la situación de subdesarrollo y opresión para proponer vías posibles de superación.

En este sentido, la FL como filosofía auténticamente americana irrumpe como momento superador del debate entre el pensador peruano y el mexicano; el objetivo de la misma era el de pensar críticamente las condiciones fundamentales de opresión en América Latina y del resto del mundo periférico así como las vías posibles de su liberación. Dussel será uno de sus más encumbrados exponentes y la “analéctica”, el artefacto lógico-metodológico con el cual filósofo argentino acometerá dicha tarea.

1.5. Tesis que se sostiene

En función del objeto delimitado y del problema de investigación formulado, se parte de la siguiente hipótesis principal: la configuración ética del método analéctico –originado en el período liberacionista– informa la concepción y el empleo de la “histórica” en la obra filosófica posterior de Dussel.

1.6. Organización y objetivos

Esta tesis se organiza en función de cuatro capítulos: el capítulo 1: “Puntos de partida”; el capítulo 2: “Elementos analécticos e histórica: la etapa de la Filosofía de la Liberación”; el capítulo 3: “Operatoria histórica y estructuración analéctica: el momento revisionista”; y el “Capítulo 4: Conclusiones generales”.

1.6.1. Objetivo general

El objetivo principal de la tesis es rastrear y analizar la incidencia que el dispositivo categorial “analéctico” tuvo en la lectura histórica que Dussel puso en juego en su etapa revisionista o madura.

1.6.2. Objetivos específicos

Realizar un rastreo genealógico y una conceptualización teórico-analítica de las categorías de “analéctica” y de “histórica” en la obra de Dussel.

Realizar dicha reconstrucción atendiendo a su empleo e incumbencia en el marco más general de su recorrido intelectual y de su producción bibliográfica.

Analizar los sentidos y los alcances de ambas categorías, así como sus eventuales vínculos y cruces con otras categorías del acervo categorial dusseliano.

Estudiar e indicar las tradiciones intelectuales de las que tales categorías se nutren como así también aquellas con las que antagonizan.

Analizar el vínculo lógico-semántico entre ambas categorías, “analéctica” e “histórica”, a partir de una hermeneusis crítica de dicha relación.

Indicar y problematizar la resignificación, el reordenamiento y la reorientación que, en virtud de dicha vinculación, cada categoría implica para la otra.

Realizar un aporte hermenéutico al aparato teórico-crítico sobre la obra y figura de Dussel, habida cuenta de la vacancia investigativa sobre el asunto aquí tematizado.

Esbozar líneas de investigación futuras que problematicen, amplíen y/o complejicen el vínculo entre “analéctica” e “histórica”.

1.7. Sobre la metodología

Esta investigación se desarrolla a partir de la metodología propia de la praxis filosófica; la misma entraña una primera instancia de recolección bibliográfica tanto primaria como secundaria –la escrita en castellano y en casi su totalidad por pensadores/as e investigadores/as latinoamericanos/as–; y una segunda instancia de análisis hermenéutico-categorial del acervo bibliográfico. Este análisis conlleva la reconstrucción de argumentos, el análisis de los nodos conceptuales que los vertebran así como también la indagación sobre sus reconceptualizaciones eventuales. A partir del conjunto de obras que han sido seleccionadas se pretende demostrar la hipótesis principal que guía esta indagación.

1.8. Resumen de contenidos

En el capítulo 2, “Elementos analécticos e histórica: la etapa de la Filosofía de la Liberación”, se establecen las coordenadas del surgimiento de la “analéctica” como dispositivo teórico-categorial, a partir de una traza genealógica en el interior del corpus dusseliano que abreva en los planteos y las problemáticas que venían ocupando al filósofo en etapas inmediatamente anteriores al surgimiento de la FL. Esta lectura recupera debates, críticas y apropiaciones temático-categoriales que nutrieron y cimentaron los planteos de ese período, donde la “analéctica” fue postulada como método desde el cual abordar teóricamente la praxis de liberación de los pueblos de AL. Dicha conceptualización se realiza en función del mismo criterio metodológico que el autor emplea: la división en un primer momento crítico-negativo y un segundo momento afirmativo-positivo. Al final del capítulo se sugiere una primera vinculación entre el dispositivo “analéctico” y la operatoria histórica, basada en un esbozo que el propio Dussel realizó en una de las obras cumbres del período liberacionista y que, en gran medida, fundamenta la hipótesis de esta tesis: Método para una filosofía de la liberación (1974).

En el capítulo 3, “Operatoria histórica y estructuración analéctica: el momento revisionista”, se reconstruye y problematiza hermenéuticamente la estructuración analéctica de la “histórica” madura dusseliana. Dicha delimitación se ciñe a su “período revisionista” para constatar la presencia estructurante de este dispositivo lógico en la operación histórica tardía, aunque en diálogo con algunas ideas de obras de períodos anteriores que permiten trazar desarrollos, modulaciones y resemantizaciones de la relación analizada. Dicha conceptualización se realiza en función del mismo criterio metodológico que el autor sostuvo en Política de la liberación, historia y crítica (2007); obra que, por un lado, retoma y compila de manera acabada los principales abordajes históricos que Dussel realizó a lo largo de su producción teórica, y que, por otro, se presenta indicativamente como modelo y esbozo de un proyecto y un trabajo históricos, alternativos y superadores de la historiografía moderna: la división en un primer momento crítico-negativo y un segundo momento afirmativo-positivo. Finalmente, se afirma una vinculación sintética entre la “analéctica” y la “histórica” como elementos constitutivos del proyecto “transmoderno”.

El Capítulo 4, “Conclusiones generales”, se recapitula la hipótesis de este trabajo; se repasan los objetivos propuestos (tanto el principal como los secundarios); se realiza un balance retrospectivo del trayecto argumentativo recorrido; se exponen los hallazgos que arrojó la lectura y el análisis llevados a cabo en esta tesis; se puntualiza el tipo de confluencia, imbricación y estructuración categorial entre ambas ideas; se subraya la contribución de esta investigación en atención a la vacancia teórica previamente identificada; y, por último, se señalan posibles y futuros desarrollos extensivos del problema investigado.


  1. Morresi y Vicente señalan que a principios del s. XX “(…) se perfilaron y consolidaron dos familias derechistas: por un lado, el liberalismo conservador, que se ordenó en torno a una visión republicana restrictiva de la política, capitalista y mercantil de la economía, y cosmopolita y elitista de la cultura; por el otro, el nacionalismo reaccionario, constituido en torno a una perspectiva políticamente autoritaria, económicamente corporativa y dirigista, tradicionalista y localista en lo sociocultural” (2023, p.45). ↵
  2. En adelante: FL.↵
  3. En adelante: AL. ↵
  4. Son reiteradas las referencias al “subversivo desquiciamiento de todo lo hasta entonces aprendido” que la lectura de Levinas produjo en Dussel y que el autor argentino refirió en esos mismos términos (Dussel, 1975, p.7). Sin embargo, la lectura de las obras de Zea en su “etapa temprana”, América como conciencia (1953) y América en la historia (1957), reviste una significatividad igualmente incontestable, pues marcó toda la producción dusseliana posterior. En su época revisionista, el mismo Dussel señalaba: “La obra de Zea (…) me impactó de tal manera que desde aquel momento hasta hoy todo mi intento es justamente posibilitar ‘la entrada’ de América Latina en la historia mundial (…). Debo agradecer a Zea (…) el haberme enseñado que la América Latina estaba fuera de la historia” (1992, p.211).↵
  5. Es preciso señalar que la “época liberacionista” de Dussel se encontraba signada por una conceptualización de Marx como un autor crítico de la Modernidad pero todavía eurocéntrico. En palabras de Dussel: “Marx ha dado un inmenso paso que permite implementar al proceso concreto creciente de los pueblos, pero no logra superar ni la totalidad como categoría última ni el país o la nación como horizonte de su análisis (de hecho, y aunque en sus últimos años fue vislumbrando la realidad del tercer mundo)” (MFL, p.148). Zúñiga explica este primer distanciamiento dusseliano del “apogeo mundial” del marxismo (manifiesto en la diversidad de debates, posicionamientos y acciones concretas que suscitaba entre 1950 y 1970) en virtud de la tradición latinoamericanista y cristiana en la que se había formado el mendocino (Zúñiga, 2022, p.91). Sin embargo, tras algunos años de exilio en México, durante la década de 1980, y en función de sus teorizaciones sobre la superación del orden neo/semi/colonial, Dussel emprendió una lectura apropiativa/reinterpretativa del autor de El Capital (1867) que, por ejemplo, le permitió explicar la transferencia de plusvalor en la competencia entre capitales nacionales. A su lectura latinoamericana de Marx, Dussel le sumará una interpretación de la crítica que el filósofo alemán llevó a cabo del capital, en términos de una ética crítica realizada desde el “trabajo vivo” en tanto negatividad del sistema capitalista como totalidad (Teruel, 2010; Staniscia, 2024). Su relectura directa del corpus marxiano cobrará especial protagonismo en el debate filosófico intercultural llevado a cabo con Apel entre 1989 y 2002. De hecho, Hernández Piñero señala que “la pertinencia o no del recurso al pensamiento de Marx” fue uno de los ejes temáticos que estuvo presente desde el inicio de los intercambios (Dussel, 1994a, p.29). Si bien este tipo de desplazamientos centrípetos no son infrecuentes en la producción filosófica dusseliana, la importancia de la asunción Marx en el desarrollo teórico-filosófico de Dussel fue tal que, como ya se mencionó, muchos de sus estudiosos lo conceptualizan como un período específico dentro de su producción intelectual. Por esa misma razón, y según los fines de esta investigación, baste este señalamiento meramente ilustrativo de un momento clave de la vasta obra de Dussel, entendiendo que el análisis de éste excede ampliamente los límites de la presente tesis. ↵
  6. En referencia al debate, Dussel destacaba la enorme importancia que la obra de su amigo, Franz Hinkelammert, tuvo, no solo en éste, sino también a lo largo de toda su producción filosófica. Aludiendo específicamente al debate con Apel, el mendocino reconocía que los aportes del alemán radicado en Costa Rica habían sido fundamentales “para mostrar que más allá de la comunidad argumentante, la vida es, en realidad, el último horizonte de referencia, anterior al lenguaje y a la comunicación. Finalmente, la obra de Hinkelammert fue clave también para la sistematización del principio de factibilidad al mostrarnos la importancia del horizonte de imposibilidad para la reflexión epistemológica, ética y política” (Dussel y Colmenares, 2023, p.18). La presencia y la influencia de Hinkelammert en la obra Dussel son tales que el mendocino las reconoció desde el comienzo de su “época liberacionista”: “se puede decir que nuestra filosofía de la liberación es discípula de Franz Hinkelammert, a través de su obra se nos reveló el materialismo de Marx, lo que nos permitió formular el principio material de la ética y de la política” (Dussel y Colmenares, 2023, p.18). En ese sentido, al igual que con Marx, su abordaje temático excede ampliamente los alcances de este trabajo. Sin embargo, al respecto es conveniente indicar que la vacancia bibliográfica sobre este vínculo (teórico-conceptual pero también biográfico-existencial) aguarda aún su estudio (Sánchez, 2020). ↵
  7. Siguiendo la cronología de Mariano Moreno Villa, en 1961 Dussel estudió historia en La Sorbona y teología en el Instituto Católico de París, Francia. En 1963 estudió historia con Joseph Lortz en Alemania con quien comenzó su preparación para el doctorado en Historia de la Iglesia. De 1964 a 1966 visita asiduamente el Archivo de Indias de Sevilla, España, con motivo de la preparación de su tesis doctoral. En 1967 finalmente se doctora en historia (1998, p.37). Para una lista de sus trabajos referidos a la historia, ver: Moreno Villa, 1998, pp.40-41 o https://enriquedussel.com/novedades/libros/↵
  8. Para una clasificación crítico-analítica de las sectorizaciones del movimiento ad intra ver: Cerutti Guldberg, 2006, pp. 302-365; 2008, pp. 25-36. Su análisis ya canónico clasifica a las corrientes internas del movimiento en “populistas” y “críticas al populismo”. Asimismo, subclasifica las propuestas temáticas en “ontologicistas”, “analécticas”, “historicistas” y “problematizadoras” (en la que se posiciona él mismo). Ahora bien, Mario Casalla sostiene que “(…) entre las interpretaciones especialmente malintencionadas y distorsionadoras de esta primera generación de la FL en Argentina, se encuentra la obra de Horacio Cerutti Guldberg” (2021, p.147). Por su parte, González y Maddonni señalan al respecto que si bien los análisis y clasificaciones de Cerutti-Guldberg se han convertido tanto en una “referencia obligada” como así también en cierto “sentido común”, no dejan de ser problemáticas porque, primeramente, “(…) lo que Cerutti fue planteando como un acercamiento perfectible y una propuesta en evolución, terminó pasando a las presentaciones generales como un encuadre establecido y aproblemático. Segundo, porque esta caracterización cristalizada no es capaz de dar cuenta de la riqueza, diversidad y complejidad del trabajo filosófico presente en las producciones individuales y colectivas del período (…). Tercero, porque estas decisiones clasificatorias provocan una aglutinación de personas (y hasta su invisibilización) y abordajes que ocluyen o desenfatizan distancias o cercanías a las que consideramos relevantes. Cuarto, porque estas propuestas no parecen haber sido receptivas de las críticas que le fueron dirigidas por otros participantes del polo argentino, que no se vieron representados en las caracterizaciones propuestas” (2018, p.66-67).↵
  9. Al parecer de González y Maddonni, la noción de “polo” permite “dar cuenta de la peculiaridad y las limitaciones del caso argentino respecto de otras modulaciones, al tiempo que posibilita una aglutinación hacia dentro del polo lo suficientemente laxa como para no constreñir a sus diversos actores a posiciones únicas” (2018, p.65).↵
  10. Scannone asumía ese legado al recordar que: “(…) en ese ámbito nace la Filosofía de la Liberación, sobre todo como respuesta al libro de Augusto Salazar Bondy ¿Existe una filosofía de nuestra américa? Si hay una filosofía de nuestra América, tiene que ser una filosofía de la liberación” (Scannone 2018, p.25). También De Zan lo hizo al reconocer que en ese libro Salazar Bondy había bosquejado “(…) el diagnóstico y el programa que poco tiempo después intentará desarrollar y realizar nuestra FL” (2003, p.32).↵


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