Esta tesis es el resultado de un largo proceso cuya culminación no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de muchos colegas, amigos y amigas, a los que estoy profundamente agradecido.
En primer lugar, agradezco a mi director y co-directora de tesis, el Dr. Miguel Ángel Rossi y la Dra. Gabriela Rodríguez Rial. Ambos han representado y representan para mí un afectuoso espacio de consulta y contención, un estímulo permanente que ha sido vital para el desarrollo de mi proceso formativo e investigativo. En ambos he encontrado la convicción compartida de que docencia e investigación son dos instancias que, cuando van de la mano, se mejoran mutuamente; que la preocupación por entablar un diálogo honesto con quienes conformamos la comunidad científica (estudiantes, docentes, investigadores e investigadoras) nos mejora recíprocamente, nutre y enriquece el trabajo que llevamos adelante. Ambos, también, me han posibilitado formar parte de dos espacios académicos que han sido fundamentales en mi formación: la cátedra Teoría Política y Social I, de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires; y el proyecto de investigación UBACyT cuya denominación era, cuando me sumé hace ya algunos años, “República y Republicanismo en la Cultura Política Argentina”, en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
A los y las integrantes del proyecto de investigación “República” les debo un reconocimiento especial, ya que han sido los primeros lectores y lectoras de buena parte de los capítulos que componen esta tesis, la cual presentaría muchas más debilidades e inconsistencias de las que tiene de no haber sido por sus generosas y precisas observaciones. Pero, principalmente, cada uno de mis colegas me ha regalado su amistad. Entonces, mi gratitud para Cecilia Padilla, Eugenia Mattei, Gonzalo Ricci Cernadas, Octavio Majul, Ricardo Tomás Ferreyra, Sabrina Morán y Tomás Wieczorek.
Por otra parte, la labor docente en la cátedra Teoría Política y Social I, no sólo me ha posibilitado desarrollarme académicamente a partir del trabajo específico sobre las fuentes y problemáticas clásicas, sino que, fundamentalmente, me ha formado humanamente, permitiéndome compartir la alegría cotidiana de nuestra tarea con amigos y amigas que también me han acompañado en este camino: Elena Mancinelli, Germán Aguirre, Graciela Ferrás, Ricardo Laleff Illief y Valentine Le Borgne de Boisriou.
Junto a Elena Mancinelli, Luca Zaidan y Renato Gastón Brandán, compartimos durante dos años un valioso espacio de lecturas y charlas en el marco de un Proyecto de Reconocimiento Institucional de la Facultad de Ciencias Sociales, encuentros por demás inspiradores que dieron fruto a algunas ideas que han quedado plasmadas en la presente tesis.
Quiero agradecer también a los y las trabajadoras de la Subsecretaria de Doctorado de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Me tocó cursar y aprobar la totalidad de los seminarios del doctorado durante esa etapa tan desafiante que fue la pandemia, momento durante el cual la virtualidad irrumpió en nuestras vidas como nunca lo había hecho. Entre tantas incertidumbres, encontré en la Subsecretaría respuestas útiles, cálidas y precisas, algo que lamentablemente no es muy frecuente en los vericuetos burocráticos. Asimismo, mi gratitud para los y las docentes con los que cursé los seminarios, quienes muy rápidamente debieron concebir un contexto afable y productivo en condiciones a las cuales ninguno estaba habituado. Mi tesis se nutrió considerablemente gracias a cada una de esas cursadas virtuales.
Quisiera agradecer también a colegas, amigos y amigas, en particular. A Diego Baccarelli Bures, quien con toda generosidad me acompañó en mis primeros pasos en la docencia, y cuyos consejos de aquella etapa iniciática aún tengo presente. A Cecilia Abdo Ferez, quien hace unos años me invitó a compartir una clase acerca de Antígona en la Universidad Nacional de las Artes, instancia que me reveló por primera vez no sólo el placer de compartir la pasión por la tragedia, sino también la buena acogida de la temática entre los y las estudiantes. A Luciano Nosetto, cuya preocupación por ayudarme a culminar mi tesis fue de muchísimo valor. A Eugenia Mattei y Ricardo Tomás Ferreyra, cuya permanente predisposición y guía me ayudó a manejarme en la instancia de posgrado. A Cecilia Padilla, con quien compartimos la pasión por la tragedia y la política, le debo un agradecimiento particular: nuestras charlas inspiradoras, y el compartir constante de materiales y avances, han hecho del proceso de realización de esta tesis, uno mucho más ameno y feliz.
Agradezco también a los y las estudiantes con quienes he compartido estos años de docencia, colegas cuyo entusiasmo y frescura me ayudan a renovar las ganas por hacer lo que hago.
Gracias, también, a mis amigos y amigas actores y actrices, hacedores de teatro que con su práctica y compromiso renuevan y fortalecen el espíritu democrático del tiempo en el que nos toca vivir. Esta tesis quiere ser una humilde contribución a esa práctica.
Agradezco, finalmente, a mi familia, amigos y amigas, muy especialmente a Nadia Taubin. A todos por su paciencia ante tantas ausencias, y por su amor y alegría incondicionales.
