El debate económico de las divisas [1]
Con esta situación, pueden hallarse algunas diferencias en el bloque hegemónico colombiano, por lo cual revisamos algunos autores que estudian la confrontación en los intereses por el manejo de las divisas. Ciertamente en el sector de importadores y exportadores se presentó un “choque de fuerzas entre los grupos económicos poderosos” (DURAN, 2008, pág. 84).
Los debates que tuvieron lugar en el Gobierno de Mariano Ospina Pérez tienen la posibilidad de evidenciar las posiciones de las clases dominantes colombianas y vislumbrar el peso que representan en el bloque hegemónico. Es claro que estos grupos actuaron con gran capacidad desde el Fondo Nacional de Cafeteros-FNC, la Asociación Nacional de Industriales (ANDI) y la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO)[2], y que a partir de la revisión de los debates y toma de decisiones en materia económica pueden resultar tesis divergentes.
La tesis de Saénz Rovner (2002) podría sintetizarse así, en Colombia predominó durante los Gobiernos conservadores de Ospina Pérez y Gómez un modelo económico “corporativo, interventor en lo monetario y productivo”; versus la tesis de Kalmanovitz (2000) quien estudió el modelo económico conservador ‘antiliberal’, señalando que “se trata de un sistema lejano a la democracia liberal: predominio del ejecutivo y debilidad tanto del legislativo como del judicial”[3].
Es claro que hay una controversia entre estos autores en términos de la fórmula sostenida en Colombia de liberalismo económico y conservadurismo político. La posición de Gabriel Misas Arango (2021), parte de hacer entender que fue un modelo económico liberal intervencionista, la intervención del Estado que produjeron los Gobiernos liberales (1930-1946) continuó en el Gobierno conservador de Ospina Pérez (1946-1950), aún con las modificaciones realizadas en la Reforma Arancelaria que modificó el tipo de arancel, pasando de un arancel avalore (X% sobre el valor total de la mercancía) a un arancel combinado en 1951.
Los debates del proteccionismo o librecambismo no tuvieron un sustento real durante el periodo estudiado, variaron las posiciones de liberales y conservadores de acuerdo con los intereses económicos particulares. El proteccionismo liberal consistió en el mantenimiento de la balanza de pagos, fue un liberalismo económico a favor de los ingresos de los capitalistas.
Igualmente, es necesario tener en cuenta el impacto de la economía de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), periodo en el cual es muy complejo establecer las diferencias de Sáenz Rovner o Kalmanovitz, en la división tajante de los industriales contra los empresarios agrícolas. Lo que aconteció entre 1946 y 1953 fue una conversión de empresarios agrícolas hacia la acumulación capitalista del campo, una “revolución pasiva en la agricultura”[4].
El debate que se presentaba en el Gobierno de Ospina Pérez, es necesario profundizarlo en el papel que jugó el Fondo de Estabilización de la Federación Nacional de Cafeteros-FNC. Primero entendiendo el papel de la FNC en la política cambiaria colombiana[5], y luego, comprendiendo cuales eran las diferencias con el sector industrial (ANDI) y el sector comercial (FENALCO)[6].
Fue claro que en el Banco de la República los asuntos del Fondo Internacional de Estabilización no fueron gratamente estudiados, sino impuestos desde la legislación que tramitó el poder ejecutivo por medio de refrendación en el Congreso. Los intereses nacionales que se vieron afectados por estas decisiones fueron múltiples, si bien en Colombia hasta los años cincuenta dominaba el Fondo Nacional del Café en la posesión de divisas, había unos mínimos a pactar con la banca central en términos de los beneficios o riesgos de una devaluación, o del incremento o disminución de unas tarifas arancelarias.
La Federación Nacional de Cafeteros-FNC fue creada en 1927, tras los acuerdos pactados en el Congreso Nacional de Cafeteros, el Congreso de la República decretó su creación con la Ley 76 de 1927[7], en el Gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez (1926-1930). En 1928, entraba en vigor lo indicado en la Ley, con la elaboración del contrato entre el Gobierno y la FNC, en el cual se fijó que el impuesto de exportación del café colombiano sería administrado por la FNC para los fines de su funcionamiento[8].
Los primeros años de la Federación Nacional de Cafeteros-FNC funcionaría bajo una figura de Junta Directiva, y en el Congreso que presidiera Enrique Olaya Herrera en 1930, sería nombrado Mariano Ospina Pérez como director general hasta 1934. La primera medida de presión que realizaría la FNC en cabeza de su director fue precisamente la definición de la política monetaria colombiana, solicitando un aumento en el tipo de cambio para favorecer los precios del café ante los desajustes que aún padecían, producto de la crisis mundial de 1929 (DURAN, 2008, pág. 91).
Ospina Pérez tenía lazos y compromisos estrechos con la FNC, las diferencias con Laureano Gómez y el sector industrial, marcaron los conflictos de las fracciones de clases dominantes al interior del bloque hegemónico colombiano. La preocupación por los intereses del sector agrario en la economía colombiana controvertía con el impulso a la industria nacional que forjaba su copartidario, además ligaba a Ospina Pérez con los mismos intereses de los expresidentes liberales, en especial con las relaciones que tuvo Eduardo Santos con la FNC[9].
El parte del modelo económico sostenido en el periodo de Gobierno de Ospina Pérez según Duran (2008) dejó un
desempeño económico bastante satisfactorio: el precio internacional del café estuvo a niveles históricamente elevados, la tasa de crecimiento del producto interno bruto fue favorable y la industria creció a ritmos acelerados aunque se advertía un creciente proceso de revaluación e inflación (DURAN, 2008, pág. 93).
El papel decisorio de la FNC en la política monetaria estuvo vigente hasta los años cincuenta, con los préstamos del FMI y el BM, Colombia entraría a otro periodo de manejo de divisas en el cual no tendría la FNC la misma incidencia en las definiciones del tipo de cambio, aun así, la administración del FoNC le permitió sortear las alzas y bajas de la balanza de pagos a favor de los precios del café. En términos del ministro de Hacienda de Ospina Pérez, los cafeteros solicitaron “una tasa alta de cambio para el estímulo de sus actividades, con el muy valioso argumento de que la paridad debe reflejar en cada instante el verdadero poder de cambio del peso colombiano” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 192).
De esta manera, se conducía el régimen de importaciones y la política cambiaria colombiana hasta las variables que entraron en la tendencia de la balanza de pagos de la década de los años setenta[10]. Seguirá pendiente un estudio de los manejos del “sistema de cambios múltiples”, entendiendo que desde 1948 fue creado “el certificado de cambio para determinadas exportaciones” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 192), previendo que desde estos tiempos las casas de cambio proliferaron en su trabajo de especulación.
Aparatos político-económicos y militares
Evadir este problema es negar la realidad. Los asuntos político-económicos que se debatieron durante el periodo de posguerra marcaron la política de cooperación internacional de Colombia en asuntos militares hasta lo corrido del siglo XXI. Prieto Ruíz (2013) puso la situación de la ‘política de liberalismo económico’ y de los acuerdos de cooperación militar del Gobierno colombiano y el Gobierno norteamericano en los siguientes términos,
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos se consolidó como la primera potencia económica y militar del mundo, gracias a que pudo conservar su aparato productivo inmune a los destrozos de la guerra, con una industria y un sector agrícola con altos niveles de producción y en expansión. Por ello este país impulsó en la posguerra una política de librecambio para abrir los mercados a sus productos e inversionistas, y para mantener y ampliar las fuentes de materias primas que su industria necesitaba (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 36).
Los aparatos militares y los aparatos productivos se unieron en este propósito, aceleración de la industria pesada en los países devastados por la guerra y en los países que financiaron la reconstrucción de las ruinas. A su vez, se comprometieron en garantizar en los países periféricos la exportación de las materias primas necesarias para la aceleración industrial, como para garantizar la importación de las mercancías que fabricaran.
Con una condicionante ideológica, Estados Unidos financió la reconstrucción de Europa con el mismo ímpetu con el que impuso la Doctrina anticomunista. Marshall había dejado muy claro el mandato de la ‘Doctrina Truman’ en la Conferencia Panamericana “el comunismo era un agente extranjero «incompatible con la libertad americana y con la dignidad del individuo» (BRAUN, 2008, pág. 373).
Estas fueron las declaraciones finales de la Organización de Estados Americanos-OEA, la unión americana en contra de los comunistas. Los colombianos en el Gobierno se unieron con sospechadas implicaciones a esta doctrina con el propósito de “mejorar la formación y modernización de sus fuerzas armadas” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 36).
La bipolaridad del mundo entre las potencias que pactaron el fin de la guerra contra el nazismo y el fascismo sería el escenario del capitalismo de libre comercio regido por Estados Unidos y acordado con todos los países aliados, en contraposición a la vía del socialismo que ejerció la contraparte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-URSS.
La doctrina fue contra el comunismo y la persecución política fue contra los comunistas del mundo. El continente americano tuvo que tomar Partido luego del ataque de Japón a Peal Harbor, la agresión al territorio estadounidense acabó con la neutralidad continental. Desde entonces, hasta la Argentina tres años después tuvo que declararse a favor de la unidad panamericana[11].
La política de liberalismo económico en los Gobiernos conservadores tuvo diferencias con los Tratados de Comercio acordados entre 1933 y 1936, con los Gobiernos liberales de Olaya Herrera y López Pumarejo. Según Ocampo T. (2009) en el Gobierno de López se habían firmado unos acuerdos en contravía del ‘interés nacional’ para favorecer “la liberación del comercio de mercancías, servicios y capitales” (OCAMPO T., 2009, pág. 1).
El Tratado en cuestión paso su aprobación con la Ley 74 del 14 de abril de 1936 que concibió en la legislación colombiana el “Convenio comercial entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América, firmado en Washington por los Plenipotenciarios de ambos países el 13 de septiembre de 1935” (LEY 74, 1936).
La aclaración que aporta Prieto Ruíz (2013) en específico nos da un panorama en dos aspectos, los préstamos internacionales de Colombia no iniciaron a partir del FMI y el BM, existe un largo historial de préstamos externos. El periodo 1946-1953 es muy propicio, son los Gobiernos de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, en los cuales ciertamente se reabrió el portafolio familiar de relaciones con los Estados Unidos que venía en suspenso desde los tiempos de la Regeneración Conservadora, 1886-1930.
El Convenio Comercial de 1935 estuvo vigente hasta 1949, cuando Mariano Ospina Pérez lo dio por terminado, luego de enviar una delegación a la “segunda ronda de negociaciones comerciales” del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), la cual tuvo lugar en Annecy, Francia. Estas conversaciones internacionales se dieron luego del Acta final de la “Carta de La Habana”, producto de la convocatoria que en 1946 realizó las Naciones Unidas para conformar la Organización Internacional de Comercio (OMC, 1998). Según las memorias del Ministerio de Hacienda, unos delegados colombianos solicitaron la renegociación del Estatuto Arancelario colombiano con Estados Unidos[12], logrando dar por terminada la vigencia del Acuerdo Comercial de 1936.
Los nuevos convenios comerciales quedaron condicionados a la firma de unos acuerdos de cooperación militar en sintonía con el “sistema de seguridad hemisférica” que en Colombia consistiría en la “firma de un acuerdo militar bilateral que pretendía poner a las Fuerzas Militares colombianas bajo la órbita estadounidense, a cambio de su modernización, dotación y formación” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 37).
En términos comerciales, se definió un nuevo Arancel de Aduanas con el Decreto 2218, que dejaba destituido el ‘impuesto de giros’ del Decreto 1952, y se agregó el nuevo Estatuto de Capitales con el Decreto 1625[13]. De los acuerdos militares, cabe señalar que
[el] 17 de marzo de 1942, Colombia firmó un acuerdo por 16,5 millones de dólares en asistencia militar por el Programa de Préstamo y Arriendo [… el cual consistió en proveer de armamento a…] Gran Bretaña, la URSS, China, Francia, Brasil, Colombia y otros países aliados” (LUZZANI, 2012, pág. 85).
Durante el Gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) y a finales del Gobierno Franklin D. Roosevelt (1933-1945), se planificó la extensión de bases militares estadounidenses fuera de sus territorios, cobrando la asistencia de armas con el alquiler de tierras para la permanencia o tránsito de sus agentes militares[14].
Es posible en estos asuntos, recordar que el propósito de la Doctrina Monroe en 1823 era precisamente direccionar los lineamientos militares desde los Estados Unidos hacia todo el continente americano. Al caso de 1942, los acuerdos fueron mucho más allá, según la investigación de Galvis & Donadio (1986) la defensa del Canal de Panamá implicó pactar una serie de estrategias no asumidas en documento público.
Ante la presión de Alemania en la costa Caribe por el derribamiento de barcos petroleros y de comercio hacia Estados Unidos, el Istmo de Panamá resultaba un punto geoestratégico para el combate desatado contra el continente, luego de la bomba que envió Japón al norte. Entre las condiciones que pidió el Departamento de Estado a los países americanos, estuvo la de enviar un delegado militar con capacidad de tomar decisiones sin consultar a sus jefes de Estado. Santos envió al general Pablo Emilio López a Panamá para autorizar el ingreso oficial, «en caso de que las Fuerzas Armadas norteamericanas tengan que entrar en territorio colombiano, o sobrevolarlo, o navegar en aguas colombianas» [Nota: Lane a Hull, abril 30 de 1942, 810.20 Defense/2581, RG 59, NA]” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 75).
Finalizado el Gobierno de Santos[15], estos pactos de palabra o ‘«pacto de caballeros»’ tuvieron que ser sucedidos con la asunción de la segunda presidencia de López Pumarejo (1942-1945) y el embajador norteamericano Arthur Bliss Lane, en términos de “tratar sobre el «acuerdo verbal existente con el presidente Santos sobre la entrada de fuerzas armadas norteamericanas a territorio colombiano en caso de emergencia»” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 83).
López Pumarejo fue invitado a la Casa Blanca, previa su posesión del 7 de agosto de 1942. Asistió a la zona del Canal el 2 de julio, junto a una delegación entre las que se encontraba Jorge Soto del Corral[16]. Posteriormente viajó a Washington y a Nueva York para finalizar los acuerdos, sin filtración de los verdaderos motivos de su viaje en la prensa nacional.
Entre agosto y septiembre de 1942 se ratificaron en el Congreso de la República los acuerdos inconstitucionales que había pactado el expresidente Eduardo Santos. López Pumarejo sin brindar la información completa expuso a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado el acuerdo de Cooperación Militar, en el cual Colombia otorgó licencia de operación en su territorio, concediendo una base naval colombiana al funcionamiento de militares norteamericanos[17].
Al conocerse el debate político en la prensa nacional, el avance de estos acuerdos otorgó por cuenta de los conservadores, unos titulares donde reducían a los colombianos al rol de «celadores del Canal de Panamá». El Gobierno norteamericano estaba poniendo al ejército colombiano la misión de defender sus intereses, luego de haber ultrajado la soberanía colombiana y robado el Canal en 1903.
Además, Colombia tuvo que solicitar financiación por medio del acuerdo de cooperación militar de ‘Préstamo y Arriendo’, para el entrenamiento y la compra de equipos militares con el fin de garantizar la custodia al Istmo de Panamá. Diría Laureano Gómez: “«primero nos quitan el Canal y ahora tenemos que pagar para defenderlo»” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 305).
La defensa de Spruille Braden[18], para el otorgamiento de los “16 millones de dólares […] aprobados dentro del acuerdo de Préstamo y Arriendo” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 307), llevaba consigo todo un historial de informes de inteligencia militar enviados por la embajada estadounidense al Departamento de Estado norteamericano, sobre el comportamiento de las Fuerzas Militares de Colombia. El minucioso espionaje que realizaron los agentes norteamericanos durante la política del “Buen Vecino”, develó la influencia del nazismo en los altos rangos militares colombianos[19].
La política de ‘Buen Vecino’ desarrollada en Colombia, contrariaba aspectos que Estados Unidos venía ejerciendo con mayor coerción en los países de Centroamérica[20]. La libertad de prensa ejercida por los conservadores no podía atacarse desde el Gobierno liberal de Eduardo Santos, tampoco fue posible censurarle a Laureano Gómez su antiimperialismo norteamericano a favor del nazi-fascismo en el segundo Gobierno de Alfonso López Pumarejo. La única manera fue condicionar al conservadurismo a las políticas de cooperación norteamericana una vez asumieron el poder con Mariano Ospina Pérez, y aún más, con el propio Gómez.
Al terminarse la Segunda Guerra Mundial en 1945, impusieron un nuevo orden internacional. La constitución de las Naciones Unidas tuvo el rol de direccionar a los países de occidente en los intereses de la ‘democracia’ y la ‘libertad’. En Colombia, ocurrieron hechos particulares en tal direccionamiento, el 14 de julio de 1950 el secretario general de las Naciones Unidas solicitó a los Gobiernos integrantes el “apoyo militar con el fin de repeler la agresión contra Corea del Sur, [y] el Gobierno de Ospina Pérez aceptó el 28 de julio participar militarmente en ese conflicto” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 45).
Previó a estos hechos, Colombia soportaba un intento de Golpe de Estado contra Alfonso López Pumarejo. Dos versiones contrapuestas se hallan frente a tales acontecimientos, las cuales dan cuenta de las múltiples documentaciones respecto a un mismo hecho histórico. Las que referimos a continuación, son adicionales al propio relato del expresidente y su hijo, con quien paso la retención en el departamento de Nariño.
La primera versión, controvertida de por sí, es la de Antonio García Nossa[21]. Un año antes de definirse la guerra, se creó un movimiento socialista denominado “la Liga de Acción Política”. En 1944, el mismo año del Golpe en Pasto, la LAP lanzó el Manifiesto ante el presente y el porvenir de Colombia. En el cual se dejaban consignadas sus posiciones de querer conformar una “organización autónoma de una izquierda nacional” (GARCÍA NOSSA, 1983, págs. 249-250) constituida bajo la concepción de “una fuerza autónoma de izquierda, independiente” (Ibid.) y con el fin último de conseguir por medio de reformas “una nación efectivamente dueña de sus destinos y capaz de satisfacer sus necesidades vitales” (Ibid.).
Los análisis que arroja García Nossa (1983) conjeturaran que la conducción de militares gaitanistas y simpatizantes del socialismo habían conducido al alzamiento en armas contra López Pumarejo. Sus observaciones respecto a las Fuerzas Militares de la época develan un síndrome de simpatía por el aparato represivo del Estado colombiano:
La mayoría del país no sabe qué era el ejército de 1944. Voy a decirlo: era un ejército que, en sus estados mayores, estaba animado de un anhelo de transformación revolucionaria de la nación, poniéndola en condiciones de subsistir dignamente en la posguerra (GARCÍA NOSSA, 1983, pág. 251).
Puede ser posible que García Nossa[22] no sabía que desde 1939 ya se habían firmado acuerdos de Cooperación Militar entre el Gobierno colombiano y el norteamericano para el entrenamiento de tal ejército, y más aún, que la inteligencia militar norteamericana tenía muy clara la influencia del nazismo en los mandos militares colombianos.
De la posición que favorece a la Fuerza Pública, se tiene también que las fracciones socialistas sostenían una constante crítica hacia el Partido Comunista Colombiano. En el punto de partida que plantea García Nossa (1983) respecto a la posición de los comunistas en América Latina finalizada la Segunda Guerra Mundial, esta su juicio contra la inclinación del Partido Comunista de Colombia ante las tesis de la “coexistencia pacífica del capitalismo y el comunismo” expuestas por Earl Browder, secretario general del Partido Comunista de los Estados Unidos-CPUSA (1932-1945).
Las acusaciones son múltiples, refiere también que “[e]n los periódicos comunistas de la época, fueron señalados el socialismo y el gaitanismo como fascistas” (GARCÍA NOSSA, 1983, pág. 241). Se entiende que en 1924 se había fundado el Partido Socialista Revolucionario[23], fecha desde la cual los debates entre los “Estados mayores” de intelectuales y académicos, socialistas y comunistas, se confrontaban con el odio visceral que puede notarse en la prensa y las publicaciones de uno y otro partido[24].
La versión de García Nossa (1983) es contraria a la formulada por los investigadores Galvis y Donadio (1986) en la que sostienen que fueron militares entrenados en las toldas del nazismo, y otras influencias externas, los que dieran el Golpe en Pasto[25]. A lo cual cabe señalar que en las memorias de López Pumarejo no registraron haber tenido previamente una reunión con la Liga de Acción Política.
Lo que realmente está sistematizado es el seguimiento de los espías norteamericanos a las Fuerzas Militares de Colombia para analizar la influencia de las ideas del nazismo en sus altos rangos[26]. Respecto a los hechos de 1944 en Pasto, las versiones expresan que Alfonso López Pumarejo sabía previamente lo que sucedería, a la vez que conocía de antemano la vinculación de Laureano Gómez en la conspiración para quitarle el poder[27].
De lo cierto de las múltiples versiones, es que los militares implicados fueron a prisión, destituidos de sus rangos y condenados[28]. Laureano Gómez solicitó asilo en la embajada de Brasil y finalmente terminó su periodo de fuga en Ecuador, en Colombia “[e]l 12 de julio, el juez cuarto del circuito de Bogotá ordenó el arresto” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 322), esta orden nunca se llevó a cabo. De la misma manera los directores de los periódicos conservadores solicitaron refugio mientras fueron procesados por cargos de conspiración contra el orden vigente.
Alfonso López renunció formalmente a la presidencia el 3 de agosto de 1945 ante el Congreso de la República, le sucedió Alberto Lleras Camargo, quién tuvo que asumir el desenlace de las elecciones presidenciales de 1946. Tras la renuncia de López, Carlos Lleras Restrepo dimite su aspiración de candidato a la presidencia. Como candidatos quedan Gabriel Turbay[29], que siendo embajador en Estados Unidos había conspirado contra López, y Jorge Eliécer Gaitán desde una orilla opuesta a todos los anteriores. Además, Eduardo Santos renunció a la presidencia del Directorio Liberal, una situación de catastróficas revueltas al interior del Partido Liberal.
Con este panorama, después de un hostigamiento permanente de los conservadores a los liberales, Mariano Opina Pérez ganó la presidencia. Su Gobierno firmo nuevos Acuerdos de Cooperación Militar con Estados Unidos, entre estos: “el 21 de febrero de 1949 se firmaron en Washington dos nuevos convenios para constituir dos misiones separadas, una terrestre y otra aérea” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 44). Previó, Colombia había participado en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad, la cual tuvo lugar en Rio de Janeiro del 15 de agosto al 2 de septiembre de 1947, arrojando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca-TIAR, al cual suscribió el Gobierno colombiano.
El 2 de septiembre de 1947 se suscribió el Tratado Interamericano De Asistencia Recíproca-TIAR, en el marco de la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente[30]. El espíritu que lo convocó en buen sentido se plasma en el Art. 1°: “Las Altas Partes Contratantes condenan formalmente la guerra y se obligan en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o del presente Tratado”. En tiempos de posguerra, era claro que forjar paz en el territorio continental rechazando la confrontación bélica entre países hermanos era un mecanismo muy necesario.
La ratificación y entrada en vigor se dio con la creación de la Organización de Estados Americanos-OEA, la cual determinó que las buenas intenciones de sostenimiento de la paz estarían afiladas contra el comunismo. Es decir, paz entre las clases dominantes continentales y guerras paulatinas internas al interior de cada frontera contra los adversarios organizados en fuerzas políticas de izquierda o que hicieran resistencia a la opresión de los Partidos dominantes. Por su parte, en el Congreso de los Estados Unidos se avanzaba en la aprobación del marco legislativo que permitió conducir las instituciones que llevaron adelante los Tratados de “asistencia militar” al mundo, bajo su dirección y financiación.
El 6 de octubre de 1949 se aprobó en Washington la Mutual Defense Assistance Act of 1949 [“Ley de Asistencia de Defensa Mutua de 1949”][31], la cual se definió con el fin de To promote the foreign policy and provide for the defense and general welfare of the United States by furnishing military assistance to foreign nations [Promover la política exterior y proporcionar la defensa y el bienestar general de los Estados Unidos proporcionando asistencia militar a las naciones extranjeras].
El documento está ligado a lo dispuesto en la Carta de las Naciones Unidas haciendo énfasis en la necesidad de “medidas de apoyo basadas en el principio de continua autoayuda efectiva y ayuda mutua”, los cuales consisten en la “asistencia militar” para “lograr [el] control universal de armas de destrucción masiva y regulación universal y reducción de armamentos, incluidas las fuerzas armadas”[32].
El estudio del uso de esta Ley en el intervencionismo norteamericano en los países de América Latina tiene un largo historial (BORON, 2013; LUZZANI, 2013). Estados Unidos además de firmar un Tratado Interamericano, ya había firmado el 4 de abril de 1949 en Washington el North Atlantic Treaty [Tratado del Atlántico Norte-OTAN][33]. En el primer semestre se había encargado del mundo y en el segundo semestre afinó los detalles de su legislación hacia las condiciones continentales que permitieron la expansión de su poder económico, político y militar. El objetivo principal del Tratado de la OTAN, esta consignado en el Art. 1° el cual refiere a “resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional” en la cual tuvieran que participar los países firmantes, suscrito por un periodo de treinta años.
La Doctrina de contención del entonces presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, delineó la supremacía de su sistema de defensa como el vector de dominio militar en el mundo. La “Ley de Asistencia de Defensa Mutua” que aprobó el Congreso norteamericano deja claro en los literales de la Sec. 104, que el monopolio de la fabricación de armas queda sólo para los norteamericanos[34].
Se específica que ningún fondo acordado en ningún Tratado de Asistencia Militar, puede financiar la instalación de fábricas o el mantenimiento de las fábricas de armas existentes en ningún otro país. Con lo cual se aseguraron de que la aceitada industria bélica de las guerras mundiales que había producido Estados Unidos tuviera un exclusivo funcionamiento durante la segunda mitad del siglo XX.
Los detalles y comentarios posibles a cada uno de estos Tratados y a la Ley norteamericana que los ampara sobrepasan los objetivos planteados, este era el contexto internacional en los tiempos en que Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez buscaban la consecución de Acuerdos de Cooperación Militar entre Colombia y Estados Unidos. Después de un concurrido año de rubricas sobre los asuntos militares en el mundo, Truman terminó de definir la suerte de Europa con la formulación e implementación del Plan Marshal “Programa Europeo de Recuperación” en 1950.
El estreno del TIAR y la OTAN, fue la actuación en contra del comunismo en la “Guerra de Corea”. Los miembros de la OTAN argumentaron que la Unión Soviética estaba dispuesta a extender su influencia en Asia y muy posible a Europa (OTAN [NATO], 2002) por lo cual desde las Naciones Unidas solicitaron al mundo la cooperación militar, siendo Colombia el único país de América Latina en ofrecer a sus soldados para la operación que dividió entre comunismo y capitalismo a las fronteras norte y sur de Corea.
La situación política con la elección presidencial de Laureano Gómez en 1950 había sido titulada por la revista Life [de Broadway, Nueva York] en los siguientes términos: “How to Win an Election in Colombia” [¿Cómo ganar una elección en Colombia?]. El malestar de los cables diplomáticos norteamericanos durante la década de los cuarenta, respecto de las inclinaciones de Gómez hacia el nazismo, habían puesto en alerta a la prensa norteamericana. En el artículo publicado se “advirtió cómo los conservadores, un Partido minoritario, habían logrado elegir a Gómez como presidente sin ningún candidato que se le opusiese, en una campaña cuyo ‘principal rasgo… fue un reino de terror’” (SÁENZ ROVNER, 2001, pág. 46).
Sin embargo, la embajada norteamericana ya había adelantado el nuevo trato hacia el electo presidente. En reunión sostenida entre Laureano Gómez y el embajador Willard Beaulac, en el mes de enero, se habían intercambiado posiciones respecto a los criterios ideológicos y económicos que caracterizaran a las partes. Básicamente Beaulac se olvidaba del repertorio ‘falangista’ y ‘nazista’, en su lugar, Gómez intervino en su Gobierno a favor de los intereses de la ‘Tropical Oil Company’. La rigidez del modelo de ‘economía regulada’ que había sido política del conservadurismo, se modificó a partir de entonces para darle un visto bueno al ‘liberalismo económico’[35].
Superados los asuntos de ideología y economía, algo definió completamente la reconciliación entre Laureano Gómez y el Gobierno norteamericano, no sólo los unía el ferviente anticomunismo, sino principalmente el militarismo que lo confrontaba. La ‘Guerra de Corea’ sería entonces la primera confrontación bélica en la ‘guerra fría’, teniendo participación y apoyo del Gobierno colombiano a favor de las fuerzas de Estados Unidos.
Las guerras de oriente entre China, Japón y Corea tienen un milenario repertorio, del cual no nos hacemos cargo. La revolución China triunfó en 1949, con su apoyo las guerrillas comunistas entrenadas en la Unión Soviética se habían consolidado en partidos a lo largo del continente asiático. En 1945 ya se había conformado el “Comité Central Organizativo del Partido Comunista de Corea del Norte”, en cabeza de Kim Il-Sung fundador de “la Guerrilla Popular Antijaponesa (más tarde, reorganizada en Ejército Revolucionario Popular de Corea)”. Kim[36], primer ministro y jefe del Estado de la República Popular Democrática de Corea fue el comandante del ‘Ejército Rojo’ que combatió contra los soldados colombianos en 1951.
La pesadilla que nos recuerda Medófilo Medina (2014) con la participación de Colombia en los combates de Corea, hila a finales del segundo Gobierno del expresidente Uribe Vélez (2002-2006; 2006-2010) con un análisis muy pertinente. Teniendo en cuenta que, en el estudio de la Reconfiguración de bloque hegemónico colombiano, 2002-2012, ya nos habíamos ocupado de este periodo (PARDO MONTENEGRO, 2016). Esta referencia alude precisamente, a la memoria histórica, a las semejanzas de Uribe Vélez con Laureano Gómez, en términos de la capacidad que tuvieron para violar la soberanía nacional estableciendo ‘Acuerdos de Cooperación Militar’ con Estados Unidos[37].
En la versión de Sáenz Rovner (2001) la verdadera aceptación de Estados Unidos de la presidencia de Laureano Gómez fue su ofrecimiento de envío de tropas a la “Guerra de Corea” en el lado sur,
El 25 de junio de 1950 las tropas norcoreanas, armadas por la Unión Soviética, cruzaron el paralelo 38 que dividía a la península entre Corea del Norte y Corea del Sur desde 1948. Dos días después, por iniciativa del Gobierno norteamericano y aprovechando la ausencia del representante soviético, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas rechazó la invasión e instó a los miembros de las Naciones Unidas a que asistiesen militarmente a Corea del Sur. El 28 del mismo mes los norcoreanos tomaron Seúl. El avance de las fuerzas comunistas fue tan rápido y sorpresivo que para comienzos de agosto las tropas norteamericanas y surcoreanas se hallaban confinadas en el ‘Perímetro de Pusán’, un área reducida a la esquina suroriental de la península’” (SÁENZ ROVNER, 2001, pág. 52).
Desde la solicitud de Estados Unidos en la V Asamblea General de las Naciones Unidas, el Gobierno colombiano de Laureano Gómez consultó la forma en que podía prestar su ayuda a los intereses norteamericanos[38].
El “Batallón colombiano”[39] zarpó el 21 de mayo de 1951 en la fragata Almirante Padilla, fue entrenado mediante las ‘acciones presupuestales’ que los Estados Unidos le pusieron a Colombia, con el acuerdo por el cual se rige que, los préstamos de presupuesto estadounidense están dirigidos para recibir inmediatamente el pago correspondiente por los servicios de entrenamiento de las tropas colombianas y el valor los armamentos. De esta manera, Estados Unidos, quién fuera el solicitante del apoyo a la intervención en la Guerra de Corea, se garantizaba la venta de armas y de asesoría militar, y Colombia puso la vida de sus jóvenes soldados para la intervención en un conflicto asiático, quedando con la deuda del empréstito[40]. En ninguna de las fuentes halladas se ubica un acuerdo público y oficial, Atehortúa Cruz (2008) refiere a un ‘Acuerdo Secreto’ en 1951:
Como en la preguerra lo hizo el presidente liberal Eduardo Santos, en diciembre de 1951, bajo los fragores de la Guerra Fría, Colombia rubrico un acuerdo informal y secreto que dejaba en manos de Estados Unidos la coordinación de las operaciones dentro de las rutas marítimas y aéreas para la protección del Canal de Panamá y el Mar Caribe en caso de agresión soviética, y reafirmo que cada país pondría a disposición mutua los recursos militares, navales y aéreos indispensables para las operaciones militares ‘en defensa del hemisferio’. Este fue, precisamente, un acuerdo que el Gobierno conservador de Gómez intento utilizar para las adquisiciones de armas y tecnología dedicadas al control interno (ATEHORTÚA CRUZ, 2008, págs. 73-74).
Un año después se tramitaba entre las cancillerías el “Acuerdo de Asistencia Militar entre la República de Colombia y los Estados Unidos” que profundizó lo acordado en la ‘Conferencia de Rio de Janeiro’ y en la ‘Ley de Asistencia de Defensa Mutua’. El original del documento se ubicó en el intercambio epistolar formal entre Capus M. Waynick, embajador extraordinario y plenipotenciario de los Estados Unidos en Colombia; y Gonzalo Restrepo Jaramillo, ministro de Relaciones Exteriores, con fecha del 17 de abril de 1952 (Deparment of State. United States of America, 1955).
En el documento puede comprenderse la exigencia de Estados Unidos para brindar ‘inmunidad’ diplomática a la delegación de militares, y sus familiares, que fuesen enviados al territorio colombiano para el cumplimiento de la “ayuda mutua”. En específico el Art. 4° deja en claro el compromiso que adquiere el Gobierno colombiano de pagar por los servicios de “asistencia militar” en cuanto al envío de personal y traslado de “productos, bienes, materiales o equipos” [41] desde el territorio norteamericano hacia Colombia.
Si bien hubo un intercambio epistolar de aprobación para la ‘ayuda militar’, públicamente el desembarco de armamentos no llego a puerto colombiano. El 6 de septiembre se desataron unos hechos de hostigamiento por parte de los conservadores en Bogotá, habían incendiado las sedes del periódico El Tiempo y El Espectador, así como [fueron atacadas] las residencias de Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo” (ATEHORTÚA CRUZ, 2008 , pág. 70; TIRADO MEJÍA, 2019). El ciclo de violencia había iniciado tras el magnicidio de Gaitán, las guerrillas liberales se habían tomado el costado sur oriental del país, y desde las Leyes del Llano, el Estado colombiano perdió el monopolio de la fuerza legítima[42].
Desde los años cincuenta en Colombia, se vió la situación del inicio de un Estado con dos Repúblicas, una con un ejéricito oficial al servicio de las clases dominantes alineado al entrenamiento norteamericano, y otra con un [unos] ejército[s] del pueblo que se extendió a campesinos, afrodescendientes e indígenas que se alzaron en armas contra el orden genocida establecido. Los ‘Estados mayores’, se organizaron entonces con el mando de hombres del pueblo que se habían organizado para combatir al Ejército oficial.
La formación militar que condujó el Gobierno norteamericano, fue modificada, del entrenamiento para combatir contra el comunismo en Corea, paso a un permanente adoctrinamiento de las Fuerzas Militares de Colombia para el combate antiinsurgente contra su propio pueblo[43]. Los lineamientos de la ‘Seguridad nacional’ completaron el objetivo de la dominación de la alianza de clases dominantes continentales, para la defensa de sus intereses económicos contra los desposeídos y hostigados campesinos.
La inclinación del Gobierno colombiano hacia los lineamientos militares del Departamento de Estado de los Estados Unidos[44], se ha precisado con diferentes argumentos desde la misma ‘crisis de 1929’. Cinco hechos resalta Atehortúa Cruz (2008) realmente ciertos, pero hilando más allá, las intimas relaciones de las cúpulas del Partido Liberal y del Partido Conservador, habían pactado desde la amistad de Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez en la década de los años veinte, las condiciones de lo que se materializó con el Frente Nacional al final de los años cincuenta. La conducción de la política continental que conllevó Alberto Lleras Camargo, coíncide con la tensión política que su nombramiento presidencial generó para definir las elecciones de 1946, sirviendo muy eficientemente a las Doctrinas de Estados Unidos contra el comunismo en toda América Latina.
- Estos escritos en anexos corresponden al contenido de la tesis, tuvieron que pasarse en formato de anexos por orientación de las autoridades del Doctorado en Ciencias Sociales, exigiendo reducción de la extensión de la Tesis.↵
- Se puede ampliar la relación de los grupos económicos en los años cuarenta en Colombia en Sáenz Rovner, Eduardo (1992), con la reseña que elabora Salomón Kalmanovitz, podremos tener presente la tesis principal: “La historia que revive Sáenz, con una prolija documentación de fuentes primarias, es que los industriales cimentaron sus intereses comprando primero políticos y periodistas, quienes se encargaron de presentar la protección de la industria como la del trabajo nacional y como favoreciendo el interés de todos, para después intentar hacer aprobar una legislación de altos aranceles que fue combatida exitosamente por los cafeteros, los comerciantes y los terratenientes en las agitadas legislaturas de 1948. Al instaurarse la dictadura de Ospina Pérez con la clausura del Congreso, las asambleas y los concejos, se estableció por decreto un nuevo régimen arancelario muy proteccionista que permitió a los industriales unos márgenes extraordinarios de ganancias en forma permanente” (KALMANOVITSZ, 1995).↵
- Esta dualidad entre las posiciones de Eduardo (SAÉNZ ROVNER, Colombia años 50. Industriales, política y diplomacia, 2002) y Salomón (KALMANOVITZ, 2000) pueden leerse en la reseña que Kalmanovitz elabora del libro (KALMANOVITS, 2002).↵
- Estos párrafos fueron redactados a partir de las sesiones de tesis del 10 y 17 de abril de 2021 con el profesor Gabriel Misas Arango, entre los apuntes, la tesis de una “revolución pasiva en la agricultura” le es propia.↵
- Al respecto el poder que ejerció la FNC en la política económica colombiana de los años cuarenta y cincuenta puede estar contenido en los puntos que trae Duran (2008): “Este poder se puede resumir en cinco puntos; el primero es tomado de Gabriel Misas (2001: 111-134) y los cuatro siguientes de Palacios (1979: 480): a) los cafeteros fueron los principales generadores de divisas; al inicio de la década de los años 50 aproximadamente el 90% de las divisas con las que contaba el país provenían de las exportaciones cafeteras; b) la capacidad para actuar como un organismo paraestatal en temas como la iniciativa legal¡ la reglamentación y la aplicación de la ley; gran parte de la legislación cafetera era hecha por la misma FNC; c) la cantidad y calidad de recursos económicos y financieros que tiene (o tenía) a su disposición: administración del Fondo Nacional del Café, inmunidad legal para manejar fondos líquidos en moneda extranjera a pesar del control de cambios y el carácter especulativo de sus inversiones; d) su carácter de agente oligopólico en el mercado interno del café; e) la conformación de monopolios institucionales; por ejemplo, el manejo de la información financiera y estadística sobre el mercado interno y externo, producción redes de comercialización, etc.” (DURAN, 2008, pág. 86). Precisando lo anterior, con los comentarios de tesis realizados por Gabriel Misas Arango, se puede decir que: “La existencia del acuerdo interamericano del café y posteriormente del acuerdo internacional del café, modificó la relación entre cafeteros e industriales tanto en Brasil como en Colombia. Mayores devoluciones generarían movimientos en la producción muy superiores a las cuentas de exportación y afectarían la solvencia de los fondos de estabilización de cada uno de los países. La situación que se encontró, la fijo la compra del grano que garantizará el ingreso real de los productores, independiente de la condición de los países internacionales y/o de la tasa de cambio. Por eso, en Brasil y Colombia, se combinó la revolución del peso, tasas de cambio múltiple, control de cambios y manejo administrativo del comercio exterior. El aumento fundamental se mantuvo todo el periodo, no obstante, especialmente, a nivel del discurso, algunos dirigentes, en columnas, declaraciones, etc., demandaban mayores tasas de devaluación, mayor protección a los industriales, etc., pero no pasaban de ser opiniones muy personales” (Asesoría de tesis, 17 de septiembre de 2020).↵
- Si bien los cafeteros tuvieron buenas relaciones en términos de las políticas de devaluación con los industriales, se dividirían en los temas de la “protección arancelaria”. La ANDI prefería “mayores tarifas arancelarias”, y “la protección arancelaria perjudicaba los intereses tanto de los cafeteros como de FENALCO, fundada en 1945, lo que conllevó que tomaran medidas políticas para contrarrestarla” (DURAN, 2008, pág. 85).↵
- En el Artículo 1° puede verse lo referido al impuesto: “Establécese un gravamen sobre el café que se exporte, de diez centavos por cada saco de sesenta kilogramos. Para que el Poder Ejecutivo pueda hacer efectivo este impuesto, deberá celebrar previamente con la Federación Nacional de Cafeteros un contrato para la prestación de los siguientes servicios a costa de la Federación” (LEY 76, 1927).↵
- La fecha de creación del Fondo Nacional del Café-FoNC, ha sido debatida. Según la información oficial de la Federación: el FoNC “Es una cuenta parafiscal, conformada por dineros considerados públicos, que se nutre principalmente de la contribución cafetera pagada por cada libra de café exportado (verde, tostado, soluble o en extracto)”, y es administrado por la FNC “Por ser la legítima representante de los cafeteros, por su estructura democrática, su efectividad y transparencia en el manejo de los recursos, el Gobierno colombiano desde 1928 y cada 10 años ha suscrito con la Federación Nacional de Cafeteros un nuevo contrato para que sea quien administre el Fondo Nacional del Café (FoNC)” (FNC, 2020). Esta información oficial de la Federación fue debatida con Gabriel Misas Arango, quien afirma que su creación fue en el año 1940. Según la iconografía de la línea del tiempo, la Federación Nacional de Cafeteros refieren que en 1940, lo que sucede es que “El Fondo Nacional del Café se constituye como una cuenta parafiscal nutrida por las contribuciones cafeteras para fortalecer el sector y estabilizar el ingreso de los caficultores” (FNC, 2020).↵
- Al respecto: “Entre 1939-1941 el tipo de cambio real se devaluó contribuyendo a los propósitos de controlar las importaciones. Además, esta devaluación también fue producto de la presión de la FNC durante el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942)1 gobierno que fue bastante propicio a los intereses cafeteros: además de la devaluación también desmontó el impuesto a los dólares cafeteros (Arangol; 1987: 24)” (DURAN, 2008, pág. 92)↵
- El papel que jugó la FNC hasta 1946-1950, tendría una secuencia de actores internacionales a competirle con los ‘Fondos Internacionales de Estabilización’, más criollos y propios serían los Fondos del comercio internacional de drogas no-licitas que entraría en auge en Colombia a partir de la década del setenta: “En una economía como la colombiana se pueden presentar situaciones en las cuales una inflación interna no conduzca una pérdida de la paridad con la otra moneda o sea que el peso colombiano puede estar perdiendo capacidad adquisitiva interna, pero puede mantener su mismo poder de cambio con el dólar si, por un conjunto de factores, el país está gozando de un superávit en su balanza comercial y de pagos. Por ejemplo, después del auge cafetero de 1975 y gracias también a la transferencia de los dólares de contrabando al mercado oficial a través de la ‘ventanilla siniestra’, el país habría podido revaluar su moneda en un movimiento de cambio libre, a pesar de la alta tasa de inflación que en promedio ha sido de cerca del 25% anual, entre 1975-1980” (JARAMILLO OCAMPO H. , 1980, pág. 196)↵
- Puede leerse al respecto en Telma Luzzani (2012) como a partir de la Segunda Guerra Mundial el continente giraría hacia los lineamientos militares norteamericanos. Desde “el 7 de diciembre de 1941, el bombardeo japonés a la base militar de Pearl Harbor” acontecen una seri de hechos que pueden ser leído en América del Sur, una “Influencia Decisiva” y en específico en “La rebeldía argentina” se detalle que “los presidentes argentinos, tanto civiles como militares -Ortiz, Ramón S. Castillo (1942-1943), Arturo Rawson (1943) y Pedro Pablo Ramírez (1943-1944) se mantuvieron neutrales. Recién Edelmiro Farrel (1944-1946) declaró la guerra al Eje pocos meses antes de la derrota nazi”. Leer los apartados del libro Territorios Vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica (LUZZANI, 2012, págs. 82-90).↵
- De las memorias de las acciones del gobierno en los asuntos de Arancel Aduanero puede leerse lo siguiente: “En tales reuniones nuestros delegados adelantaron conversaciones tendientes a celebrar un nuevo tratado arancelario con los Estados Unidos, en sustitución del tratado de 1936, cuya aplicación resultaba muy difícil para Colombia, por diversos aspectos que se reformara el Convenio de 1935 para aumentar los ingresos del país” (ÁLVAREZ RESTREPO, JARAMILLO OCAMPO, & DELGADO BARRENECHE, 1951, pág. 49)↵
- Los decretos corresponden a la legislación colombiana de 1948 (Decreto 1952, 1948), 1950 (Decreto 2218, 1950) y 1951 (Decreto 1625, 1951).↵
- Resulta muy sugestivo al respecto la mención negada del embajador Branden en su memorando sobre la reunión que sostuvo con Laureano Gómez en 1941: “Manifesté que algunas personas cercanas a López me habían llegado con el cuento de que, en lugar de un préstamo para defensa de 30 a 50 millones de pesos, López proponía que nosotros diéramos a Colombia 50 millones de pesos, o una suma parecida, a cambio de que Colombia nos facilitara el uso o la construcción de bases militares; que yo nunca había insinuado siquiera la idea de bases militares, pero que estaba profundamente agradecido por la posición de Colombia en este caso particular [Memorando, 26 de marzo de 1941]” (BUSHNELL, 1984, pág. 178). El rumor tenía mucho de real en cuanto a la función que cumplió el Caribe colombiano en la Segunda Guerra Mundial. ↵
- La situación de violación a la soberanía de Colombia era la siguiente: “La exigencia de otorgar plena autonomía al general López causó cierto escozor al presidente Santos por los notorios visos de inconstitucionalidad que encerraba, en cuanto el presidente no podía delegar funciones tan ampliamente al agregado militar en Panamá. Sin embargo, en fin, de cuentas, Santos aceptó que el general López no tendría que solicitar permiso previó a Bogotá en caso de invasión. Las tropas de los Estados Unidos podrían desembarcar en cualquier lugar de la costa o del interior del país -aun en los Llanos Orientales- y navegar libremente en las aguas territoriales colombianas. El general López simplemente le informaría a Santos o al ministro de Guerra sobre la llegada de las fuerzas norteamericanas” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 75)↵
- El pacto de la “invasión” de tropas norteamericanas en territorio colombiano sería un acuerdo oculto e inconstitucional en el cual: “López y Soto del Corral mencionaron la conveniencia de explicar la existencia del pacto al Congreso colombiano, para que no se produjera una conmoción tan fuerte si las fuerzas norteamericanas llegaran a desembarcar en Colombia. El presidente electo convino en que el pacto era indispensable y políticamente necesario y que sólo le quedaba la duda de cómo debía manejarse el asunto. Dio a entender que lo mejor sería firmar un canje de notas que pudiera presentarse ante el Congreso en sesión secreta para que éste le diera su previa aprobación” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 83).↵
- De devalar esta información se encargan Galvis y Donadio (1986): “El 21 de agosto la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado «en esencia aprobó» la creación de una base naval norteamericana en Cartagena y la permanencia de los observadores militares y navales de los Estados Unidos, según refirió el Presidente [al embajador] Lane” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 92); un mes después: “El 8 de septiembre de 1942 la Comisión de Relaciones Exteriores aprobó formalmente el establecimiento de la base naval en Cartagena y autorizó al Presidente para adoptar todas las medidas necesarias en materia de defensa continental, de conformidad con las resoluciones aprobadas en 1940 en la Conferencia Interamericana de La Habana” (GALVIS & DONADIO, 1986, págs. 93-94). La Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de La Habana realizada en 1940, el Acta Final, en el Archivo de las Conferencias Internacionales Americanas, menciona los delegados que conformaron la Comisión de Cooperación Económica: “S. E. el Sr. Eduardo Suárez, (México); S. E. el Sr. Luis López de Mesa, (Colombia); S. E. el Sr. Lino Cornejo, (Perú); S. E. el Sr. Mariano Arguello, (Nicaragua); S. E. el Sr. León Laleau, (Haití); S. E. el Sr. Héctor Escobar Serrano, (El Salvador); S. E. el Sr. Miguel Ángel Campa, (Cuba)” (Conferencias Internacionales Americanas, 1940).↵
- Fue el embajador norteamericano en Colombia desde 1939 hasta 1942.↵
- Al respecto podrá leerse en los apartados: “14. Los nazis tras las revueltas” y “15. El golpe de Pasto” (GALVIS & DONADIO, 1986) algunas cuestiones dejan múltiples conjeturas respecto al seguimiento que le hubieran hecho al funcionamiento del “Partido Nacional Colombiano, de inspiración totalitaria” entre el cual ponían en sus filas a “dos suboficiales reservistas, uno de apellido Caicedo y otro llamado Francisco Pérez, alias mamatoco […] Caicedo y Mamatoco intentaron además establecer contacto con el personal de suboficiales del batallón de ferrocarrileros Mejía, acantonado en Girardot” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 286). La investigación de esta presencia en la Fuerzas Militares de Colombia hace un seguimiento a las conspiraciones que de Golpe de Estado que estaban presenten en los mandos militares desde el gobierno de Eduardo Santos. De la misma manera que se hallan sucesivas alusiones a la identificación que tenían con Laureano Gómez los militares nazistas en Colombia: el testimonio de un ascensorista del edificio donde se reunieron los nazis: “la fotografía de Laureano Gómez colgaba de las paredes de los lugares donde se reunieron los conspiradores y que el jefe del conservatismo sería el dictador una vez eliminado el gobierno” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 289). Una última mención del embajador Braden: “La verdad fue que El Siglo y Laureano Gómez no dieron respiro a los gobiernos de Santos y López. Según el embajador Braden, cuando en 1940 el nombre de Alfonso López Pumarejo comenzó a considerarse seriamente para suceder a Eduardo Santos, Laureano Gómez dijo en el Senado y desde El Siglo que López sería asesinado si trataba de asumir la Presidencia y en tal caso, los conservadores comenzarían una guerra civil que sería exitosa por contar con el apoyo de potencias extranjeras, como sucedió en España [Braden a DE, octubre 3 de 1940, 821.00/1292, RG 59, NA” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 299).↵
- Al respecto el estudio de Daniel Bushnell (1984) pone la cuestión en términos diplomáticos: “La imagen de la cooperación colombo-norteamericana durante el período de 1938 a 1942 fue naturalmente sólo un aspecto de las saludables condiciones, en general, de las relaciones interamericanas. La política del Buen Vecino se encontraba en su apogeo y era intensificada y expandida en muchas direcciones con el fin de asegurar al gobierno de los Estados Unidos la amistad latinoamericana mientras se preparaba para dar la batalla en otros frentes. […] La libertad de expresión y los preceptos constitucionales que existían en Colombia crearon algunos inconvenientes. Los sentimientos antinorteamericanos podían ser expresados más fácilmente que las dictaduras del Caribe, y las observaciones de Bryce Wood de que el funcionamiento de la política del Buen Vecino era más efectivo en regiones sometidas a la rama ejecutiva” (BUSHNELL, 1984, pág. 147). Al final del libro, Bushnell (1984) anexa un memorándum que enviara el embajador Spruille Branden, sobre una entrevista sostenida con Laureano Gómez llevada adelante en la casa de Francisco Urrutia, en la cual se menciona la siguiente alusión que redacta Branden respecto al papel de la prensa colombiana, Laureano Gómez acusaba a la embajada de presiones por parte de señor R. Drysdale, de la Grace Line, de intervenir en las pautas publicitarias que recibía El Siglo, Brande se responde que: “observé que era posible que la pérdida de la publicidad se debiera a los artículos de El Siglo que denigraban de los Estados Unidos, un país en donde, naturalmente, las firmas patrióticas, al leer estos ataques y comprobar los sentimientos pronazis que se expresaban en El Siglo, estaban dispuesto a cortar con este tipo de publicaciones. [El memorando es un anexo del Informe sobre Laureano Gómez, Bogotá, Colombia, 26 de marzo de 1941, No. 1445, dirigido al Secretario de Estado en Washington]” (BUSHNELL, 1984, pág. 179).↵
- En el documento que titula Crisis de la República Liberal y Contra-Revolución Preventiva, además se evidencia que su trabajo político y académico comprendió dar Conferencias en la Escuela de Guerra, de las cuales no fue posible ubicar el registro de Elementos para una economía de la defensa publicada en 1948. Respecto a su versión de los hechos, menciona que: “El acto más importante de la Liga de Acción Política, antes de morir sin pena ni gloria, un día después del 10 de julio, fue el de concurrir a la presidencia para decirle a López, sinceramente, que la crisis social y política del país no podía resolverse sino por uno de estos dos medios: un golpe de Estado o un golpe de Estado; uno que diese el presidente para hacer la revolución democrática y salvar el orden de derecho u otro que le diesen al presidente, en un sentido que nadie podía prever” (GARCÍA NOSSA, 1983, pág. 250). Luego de esta reunión que tuvieran integrantes de la LAP con López Pumarejo, se “sobrevino la cuartelada de Pasto, el 10 de julio de 1944. Este no fue un golpe de Estado contra López, sino un golpe contra toda posibilidad de que el ejército diese un verdadero golpe de Estado con un programa y unos grandes objetivos de transformación nacional. La torpe cuartelada fue un salto al vacío, no un acto político: los ingenuos jefes militares quedaron atascados ante la imposibilidad de que el presidente renunciase en papel sellado y ante las dificultades de que el Banco de la República de Pasto hiciese un préstamo a la improvisada Junta de Coroneles. Lo grave del cuartelazo de Pasto no fue lo que tuvo de comedia, sino lo que tuvo de tragedia para el país” (GARCÍA NOSSA, 1983, pág. 251).↵
- Aún lo ocurrido y pasados los años de estos hechos su posición sería la siguiente: “¡Cuánta sangre se habría ahorrado, cuántos dolores, cuánta miseria, si el ejército hubiese tomado entonces el control del Estado! No existiendo partidos revolucionarios con capacidad de hacer la revolución, la única fuerza que quedaba en pie para evitarle al país la anarquía y el desangre, era su ejército. La mayoría del país no sabe qué era el ejército de 1944. Voy a decirlo: era un ejército que, en sus estados mayores, estaba animado de un anhelo de transformación revolucionaria de la nación, poniéndola en condiciones de subsistir dignamente en la posguerra. El 10 de julio enconó los ánimos liberales contra las Fuerzas Armadas, atribuyéndoles en bloque un espíritu reaccionario que nunca tuvieron, y para hacer un ‘castigo ejemplar’ enviaron a las cárceles a los responsables milites del cuartelazo de Pasto. Con este acto firmó su sentencia de muerte la República Liberal, porque los oficiales que habían participado en el golpe -los menos- o los que habían simpatizado con la idea de un verdadero golpe de Estado para la instauración de un gobierno militar revolucionario -los más- salieron de los cuarteles a buscar un vengador y de una causa partidista. La necesidad del desquite los llevó al partido conservador y los ató al proceso político que había desatado Laureano Gómez. El golpe de Pasto no podía triunfar, técnicamente: pero puso -como ocurrió con la Conspiración inconclusa de septiembre contra el Libertador- fuera de combate a López” (GARCÍA NOSSA, 1983, pág. 251).↵
- Esta fecha es discutida por Medófilo Medina, según la investigación de la Comisión Histórica del PCC: “En mayo de 1919 se reunió una asamblea obrera convocada por la Asamblea General Obrera, organismo creado en la reunión de enero y las mismas organizaciones que habían convocado aquel evento. La importancia de la Asamblea de mayo radica en que en ella se formalizó la creación del Partido Socialista” (MEDINA, 1980, pág. 57). Este primer Partido Socialista sería atacado “[d]esde el poder el Partido Conservador ejercía la represión contra el socialismo; el liberalismo al contrario insistía en la esterilidad de hacer oposición por fuera de sus filas contra el ‘adversario tradicional’” (MEDINA, 1980, pág. 69). Entendiendo que: “hacia 1922 terminó el período del socialismo iniciado en 1919 […] Desde mediados de 1923 hasta 1926 se sucede un período de transición entre el socialismo reformista y el socialismo revolucionario” (MEDINA, 1980, págs. 72-73). Finalmente, sin mencionar la fundación del PSR, aclara que “el Congreso Socialista de 1924 significó la culminación de una etapa en la creación del Partido de la clase obrera caracterizada por el predominio del reformismo y el comienzo de un período de transición hacia un tipo de nuevo partido en que tendrían cabida ya algunos principios de marxismo leninismo” (MEDINA, 1980, pág. 84). Años después a mediados de 1928 en plena agitación social en Colombia, se constituirían las “tendencias conspirativas”: “En julio de 1928 esas tendencias conspirativas se impusieron definitivamente en una conferencia nacional del partido. De esa reunión uno de los delegados a la primera conferencia de los partidos comunistas latinoamericanos dijo: ‘La asamblea resolvió organizar el Partido Revolucionario militarmente. Se creó la dirección para los asuntos políticos: Comité Ejecutivo y la Dirección que correspondía a la Organización militar. El Comité Central Celular (nota: el nombre más conocido de ese organismo es comité central conspirativo CCC). La asamblea resolvió preparar la revolución y decretarla para el momento más oportuno” (MEDINA, 1984, pág. 38).↵
- El tono era el siguiente: “¡Qué pobre misión la de los destacamentos comunistas!, sin espolones ofensivos y destinados exclusivamente a representar el papel de guardia pretoriana de la oligarquía liberal, mal disimulada bajo el vestuario ideológico de la ‘revolución democrático-burguesa’” (GARCÍA NOSSA, 1983, págs. 243-244).↵
- Una de las comunicaciones dice lo siguiente: “Textualmente los agentes del gobierno norteamericano vieron la situación así: «En Pasto, el teniente general Diógenes Gil, líder de la insurrección y supuesto miembro de América Alerta, una organización secreta orientada por el vicepresidente argentino Juan Domingo Perón, detuvo al presidente López. La revuelta de Pasto es la primera en 44 años en la que parte del ejército se levanta contra un gobierno. Fue, sin embargo, el sexto intento revolucionario conspiratorio contra el gobierno del presidente Alfonso López en menos de un año y representa la culminación de un período de 2 años de lucha por el poder por parte de influyentes conservadores y elementos simpatizantes del Eje contra López para asumir el gobierno» [Nota: O.S.S., R & A report No. 2381, septiembre 7 de 1944, microfilm, RG 59, NA]” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 320). Continúa afirmando que la versión de la OSS dice que: “el fallido golpe contra López Pumarejo nada tenía que ver con «el asunto interno» de que hablaba el embajador Lane. Por el contrario, los hombres que lo ejecutaron estaban inspirados en el nazismo y el peronismo con generoso respaldo del partido conservador. En consecuencia, si el movimiento era producto de la organización nazi, entonces el atentado contra el Presidente colombiano también agredía los intereses norteamericanos en esta nación y el resto del continente” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 320).↵
- Las transcripciones del archivo del Departamento de Estado en Washington que revelan Galvis y Donadio (1986) dan cuenta de una exhaustiva y encarnizada búsqueda de la influencia del nazismo en Colombia.↵
- Arthur Bliss Lane envía el 19 de julio de 1944 un cable con información de unos hechos ocurridos en una fiesta que tuviera lugar el 7 de julio en el Jockey Club “Parece que en el cocktail un número de jóvenes pertenecientes al partido conservador se pasaron de tragos y comenzaron a hacer apuestas sobre si el presidente López no sería ya presidente después del domingo. Otros fueron aún más indiscretos y afirmaron que el Presidente sería arrestado en Pasto durante las maniobras militares. Esta información fue, por supuesto, inmediatamente comunicada al Presidente López [Nota: Lane a Keith, julio 19 de 1944, 821.99/7-1444, RG 59, NA]” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 319). En páginas anteriores podía leerse que: “Arthur Bliss Lane, embajador de los Estados Unidos en Bogotá, asegura que sí; que el propio presidente se lo confió durante una recepción diplomática el 13 de julio. De acuerdo con Lane, López Pumarejo conocía de antemano los planes de golpe de Estado y sabía también que todo el movimiento subversivo giraba alrededor del cerebro de Laureano Gómez” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 315).↵
- La condena se dirigió contra el “coronel Diógenes Gil, comandante de la VII Brigada; el coronel Luis F. Agudelo; y el capitán Olegario Camacho. En una carta ubicada por Atehortúa Cruz, Gil implicaría a otros militares que finamente fueron absueltos: “Según Gil, el jefe del movimiento era el General Rafael Pizarro, entonces director de los servicios del Ejército. El complot se acordó en una reunión sostenida en el Club Hípico de Cali el día 19 de junio de 1944, y en ella participaron el Coronel Eurípides Márquez, Comandante de la 8ª Brigada, el Teniente Coronel Quintín Gustavo Gómez, Jefe de Estado Mayor de la 3ª Brigada, el Mayor Jacinto E. Márquez, Segundo Comandante de la guarnición militar de Cali y el propio Diógenes Gil. Al menos enterado de la reunión estuvo el General Miguel J. Neira, Secretario del Ministerio de Guerra, quien escuchó la propuesta de Pizarro a Gil, pero se comprometió ante el Coronel Márquez a ‘no perjudicar a los oficiales’ [Diógenes Gil Mojica, “Carta al presidente Alfonso López”, en El 10 de julio. Armas más útiles y costeables (Bogotá: Andes, 1971), 210 y 211]” (ATEHORTÚA CRUZ, 2009, pág. 165).↵
- Dicen Galvis y Donadio (1986) “Gabriel Turbay, embajador en Washington, era uno de los interesados en aumentar los desvelos y el desprestigio de López Pumarejo. Una conversación telefónica entre Eduardo Santos y su hermano Enrique (Calibán), interceptada por la Oficina de Censura en Nueva York y notificada al Departamento de Estado, puso en evidencia la participación solapada del embajador contra el gobierno del cual era parte y también reveló el conocimiento que los dos hermanos Santos poseían sobre las acusaciones próximas a debatirse en el Senado sobre el caso de la Handel. La conversación entre el expresidente, entonces huésped del hotel Waldorf Astoria en Nueva York, y Calibán, que lo llamaba desde Bogotá, fue grabada en octubre de 1943” (GALVIS & DONADIO, 1986, pág. 328)↵
- Puede verse el texto completo del Tratado y la ratificación en las siguientes direcciones: Departamento De Derecho Internacional, OEA. Trados Multilaterales, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca-TIAR: disponible en: https://www.oas.org/juridico/spanish/tratados/b-29.html; Estado de firmas y ratificaciones: disponible en: https://www.oas.org/juridico/spanish/firmas/b-29.html https://www.oas.org/juridico/spanish/firmas/b-29.html. Para un análisis del desarrollo de la Conferencia desde las relaciones diplomáticas de Argentina y Estados Unidos, con valiosas observaciones a las diferencias entre el embajador Braden y el General Perón revisar el artículo de Leandro Ariel Mongerfeld (2010): “La conferencia que debía tratar la aprobación del TIAR sufrió postergaciones a lo largo de dos años, y recién pudo concretarse en agosto de 1947, tras el acercamiento bilateral propiciado por el gobierno de Truman, que derivó en el desplazamiento de Braden, quien se negaba a avanzar en una organización continental que incluyera al gobierno de Perón”, con especial atención al anticomunismo del General Perón expresado en la Conferencia del TIAR y en la instalación de la OEA: “Perón, que había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética ni bien asumió su presidencia, ahora le planteaba a Truman la posibilidad de establecer un pacto secreto anticomunista y exageraba el peligro de avance de las fuerzas prosoviéticas en América, para convencer a la Casa Blanca de que América tenía que ser escenario de la estrategia de “contención” del comunismo, lo cual requería que Estados Unidos derivase fondos hacia la región” (MORGENFELD, 2010, págs. 45-46).↵
- El documento completo puede ubicarse en el “Código de los Estados Unidos” que contiene la “consolidación y codificación por materia de las leyes generales y permanentes de los Estados Unidos. Está preparado por la Oficina del Asesor Jurídico de Revisión de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos” (The Congress of the United States , 1949, pág. 714).↵
- Es la traducción del siguiente fragmento: “The Congress of the United States reaffirms the policy of the United States to achieve international peace and security through the United Nations so that armed force shall not be used except in the common interest. The Congress hereby finds that the efforts of the United States and other countries to promote peace and security in furtherance of the purposes of the Charter of the United Nations require additional measures of support based upon the principle of continuous and effective self-help and mutual aid. These measures include the furnishing of military assistance essential to enable the United States and other nations dedicated to the purposes and principles of the United Nations Charter to participate effectively in arrangements for individual and collective self-defense in support of those purposes and principles. In furnishing such military assistance, it remains the policy of the United States to continue to exert maximum efforts to obtain agreements to provide the United Nations with armed forces as contemplated in the Charter and agreements to achieve universal control of weapons of mass destruction and universal regulation and reduction of armaments, including armed forces, under adequate safeguards to protect complying nations against violation and evasion” (The Congress of the United States , 1949, pág. 714)↵
- El texto original fue firmado en orden por los países de Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Gran Ducado de Luxemburgo, Reino de los Países Bajos, Noruega, Portugal, Reino de Gran Bretaña y Estados Unidos. Se puede ubicar en inglés en la Librería del Congreso de los Estados Unidos (Senate advice the United States, 1949). En la web del The U.S. National Archives and Records Administration pueden verse las firmas originales (ver: https://www.archives.gov/exhibits/featured-documents/north-atlantic-treaty; visto: 11.04.2020). La rarificación del Tratado en el Congreso de Estados Unidos fue el 21 de julio de 1949 con una votación de 83-13 (OTAN [NATO], 2002).↵
- El artículo completo puede leerse a continuación: “SEC. 104. None of the funds made available for carrying out the pro visions of this Act or the Act of May 22, 1947, as amended, shall be utilized (a) to construct or aid in the construction of any factory or other manufacturing establishment outside of the United States or to provide equipment or machinery (other than machine tools) for any such factory or other manufacturing establishment, (b) to defray the cost of maintaining any such factory or other manufacturing establishment, (c) directly or indirectly to compensate any nation or any governmental agency or person therein for any diminution in the export trade of such nation resulting from the carrying out of any program of increased military production or to make any payment, in the form of a bonus, subsidy, indemnity, guaranty, or otherwise, to any owner of any such factory or other manufacturing establishment as an inducement to such owner to undertake or increase production of arms, ammunition, implements of war, or other military supplies, or (d) for the compensation of any person for personal services rendered in or for any such factory or other manufacturing establishment, other than personal services of a technical nature rendered by officers and employees of the United States for the purpose of establishing or maintaining production by such factories or other manufacturing establishments to effectuate the purposes of this Act and in conformity with desired standards and specifications” (The Congress of the United States , 1949, pág. 715).↵
- Al respecto el trabajo de Sáenz Rovner (2001) plantea esta cuestión en los siguientes términos: “En enero de 1950, Gómez se reunió con Beaulac. Negó que él fuese ‘un falangista’. Cambiando el tema Beaulac le recordó que la legislación petrolera del país y las restricciones a la Tropical Oil Company para despedir personal desestimulaban la inversión extranjera en el sector; Gómez respondió que ningún ‘extranjero invertiría un dólar en Colombia’ bajo esas circunstancias y prometió que trabajaría en cercana cooperación con las compañías extranjeras que, después de todo, ‘eran la única gente que conocía el negocio petrolero’” (SÁENZ ROVNER, 2001, pág. 48). Además, “Beaulac le señaló entonces a Gómez que Colombia tenía ‘más para ganar económica y políticamente con [un sistema] de libertad económica razonable que con una economía regulada’ y se refirió a los controles de cambios y a los aranceles los cuales ‘le permitían a los productores colombianos cobrar precios exorbitantes por productos de inferior calidad’. Beaulac también criticó la Oficina de Control de Cambios señalando que era prácticamente imposible remitir las ganancias de las compañías extranjeras a los países de origen y que la legislación sobre capitales foráneos en Colombia no le daba ninguna seguridad al inversionista. Gómez manifestó entonces que su gobierno trabajaría con los inversionistas extranjeros [norteamericanos] sobre este último tema [A.H. Gerberich to Mills and Barber. Ambassador Beau lac’s views regarding Laureano Gómez’, Washington, enero 13 de 1950, NA: 721.001/1-1350]” (SÁENZ ROVNER, 2001, págs. 48-49).↵
- Las diferencias que pueden seguir teniendo las raíces del liberalismo en el periódico El Tiempo, dan una gran nota dedicada a quién comandará el ‘Ejército Rojo’ en tiempos en que ha Laureano Gómez se le ocurriera enviar soldados colombianos a combatir desde la frontera sur. Ver: “Kim Il-Sung, de capitán del Ejército Rojo a ‘querido líder’ norcoreano” (ElTiempo, 2019).↵
- El rompecabezas de la paz compila documentos de Medófilo Medina publicados entre 2008 y 2014, relacionados con los Procesos de Paz en Colombia, entre estos, se encuentra “La política exterior de Colombia en la relación con los Estados Unidos y América Latina”, un artículo publicado en el portal Razón Pública, tomamos de este el siguiente fragmento: “El recuerdo de una pesadilla. | Por el detrimento de la soberanía nacional, el gobierno de la Seguridad Democrática sólo resulta comparable al de Laureano Gómez a comienzos de los años cincuenta del siglo XX. Recuérdese que, no obstante que en América Latina reinaba el alineamiento junto a los Estados Unidos en el esquema planetario de la Guerra Fría, Colombia fue el único país de Latinoamérica que envió tropas a la aventura norteamericana de Corea. De acuerdo con el decreto del 26 de diciembre de 1950 fueron despachados a Corea la fragata Almirante Padilla y un batallón de infantería. Así, Colombia resultó, como anota la historiadora rusa I.G. Ilina, tomando parte en una guerra contra un país separado por el Océano Pacífico y con el cual jamás había tenido conflicto alguno […] Colombia y Estados Unidos firmaron el Pacto Militar Bilateral el 17 de abril de 1952. […]. Tan vergonzoso era el pacto, que su texto no se publicaría en Colombia sino hasta 1960, ocho años después de firmado” (MEDINA, 2014, págs. 2009, 3 de agosto: 42). Este será uno de los argumentos histórico de la Carta Abierta que le envía a Alfonso Cano, en la cual referirá el mismo tema de la siguiente manera: “Cuando el segundo gobierno de Uribe estableció el Acuerdo de Cooperación Militar con el pretexto de combatir «el terrorismo», el embajador de Estados Unidos, William Bronfield, trató de tranquilizar a quienes se alarmaron o indignaron, al decir que no se trataba de algo nuevo sino de renovar un acuerdo anterior. Ese acuerdo no era otro que el Pacto Militar Bilateral, firmado el 17 de abril de 1952. Tal ocurrencia bien podía tomarse como un desplante cargado de cinismo, en tanto el Pacto del 52 fue un acto de vergonzosa sumisión al interés militar de un país extranjero; corrían los tiempos de la participación de Colombia en la aventura de Estados Unidos en Corea” (MEDINA, 2014, págs. 2011, 11 de julio: 93). El Pacto-Tratado no fue tramitado en el Congreso, dado que durante 1952 permanecieron cerradas las sesiones legislativas. El “Tratado de Asistencia Militar entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América, [fue] aprobado el 17 de abril de 1952, mediante el intercambio de notas en la Cancillería de San Carlos, entre el Canciller Gonzalo Restrepo Jaramillo y el embajador Capus Waynick” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 44).↵
- El estudio de Prieto Ruíz (2013) lo señala de la siguiente manera: “una de las primeras acciones del gobierno de Gómez fue la consulta al Comando Unificado de las Naciones Unidas sobre el tipo de ayuda que se podría a ofrecer a Corea” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 45). En adelante, “Roberto Urdaneta Arbeláez, Ministro de Guerra y Jefe de la Delegación Colombiana ante la Asamblea, anunció el 18 de septiembre de 1950 que la fragata “Almirante Padilla” y sus 150 marineros estaban a disposición del Comando Unificado de las Naciones Unidas, confirmando un comunicado del 14 de septiembre en este mismo sentido” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 46). Aclarando que “Todo el proceso de entrenamiento fue asesorado por oficiales norteamericanos, para lo cual llegó una nueva misión militar proveniente de la zona del Canal de Panamá que se unió a oficiales estadounidenses que ya trabajaban en Colombia” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 47).↵
- El “Batallón de ‘voluntarios’” como lo denomina Bárbara Skladowska (2007) quien toma una intervención del ministro de Guerra José María Bernal, para dar razón al envió de colombianos a “morir por la libertad ajena”, justificándose de esta manera: “…estamos luchando en Corea… en defensa de nuestra libertad, la plaga del comunismo existe todavía en Colombia…” (SKLADWOSKA, 2007, pág. 51).↵
- A la Guerra de Corea, Colombia envió “1060 soldados” (Valencia Tovar y Sandoval, 2001: 232-233)” (PRIETO RUÍZ, 2013, pág. 47). En adelante y con este gesto, siguió la consecución de armas y asesorías para todas las Fuerzas Militares del Estado colombiano: “un año después del traslado del Batallón Colombia a Corea, el ministro de Guerra, Roberto Urdaneta, discutió en Estados Unidos la posibilidad de obtener abastecimientos y armas para las Fuerzas Militares”. La respuesta fue negativa pero diplomática: la ayuda solo podría entregarse en el marco de un acuerdo bilateral de asistencia militar que no existía. Estados Unidos nombro, entonces, una comisión que se encargó de estudiar las necesidades de las Fuerzas Militares de Colombia, la cual fue compuesta por el general Edwin Silbert, el capitán A. P. Talbert de la Marina, el coronel William Cleveland de la aviación, el capitán Harry Pete del Ejercito y el embajador en Colombia, Capus Waynick. La comisión viajo a Bogotá en enero de 1952 y se reunió con su similar colombiana compuesta por el entonces ministro de Guerra, José María Bernal, el canciller Gonzalo Restrepo, el comandante superior de las Fuerzas Militares y los comandantes de las tres armas” (ATEHORTÚA CRUZ, 2008, pág. 67).↵
- Puede leerse en el documento en la traducción oficial en castellano lo siguiente: Artículo IV: “1. Con sujeción a las asignaciones presupuestales necesarias, el Gobierno de la República de Colombia se compromete a proporcionar al Gobierno de los Estados Unidos de América pesos colombianos en la cantidad que acuerden para uso del Gobierno de los Estados Unidos de América en sus gastos de administración y funcionamiento relacionados con la realización de las finalidades de este Acuerdo. Ambos Gobiernos iniciarán de inmediato negociaciones con el objeto de fijar la cantidad de pesos colombianos y concertar los acuerdos para proporcionarlos. 2. El Gobierno de la República de Colombia, excepto cuando se acuerde lo contrario, concederá el tratamiento de entrada libre de derechos y exención de tributación interna a la importación o reexportación de los productos, bienes, materiales o equipos que se importen a su territorio en relación con el presente Acuerdo u otro similar entre los Estados Unidos de América y cualquier otro país que reciba ayuda mutua” (Deparment of State. United States of America, 1955, págs. TIAS 2496, 9-10).↵
- Ciertamente a una conclusión semejante llega Atehortúa Cruz (2008) al definir el perfil de las Fuerzas Militares de Colombia: “Entre la segunda administración de López Pumarejo y el gobierno de Laureano Gómez, el Ejercito tuvo que asumir dos concepciones prácticas que provocaron en su seno inmensa incertidumbre. Por un lado, el anhelo de cuerpo armado legítimo que pretendía instaurar y fortalecer la profesionalidad de sus efectivos a través de la formación militar y de la preparación para la defensa nacional, se estrelló con una realidad de compromiso en labores de administración pública municipal, departamental y nacional, a la cual se sumó la tarea de juzgar y luego perseguir a los opositores del gobierno. Poco a poco la función de Estado teóricamente atribuible a las Fuerzas Armadas adquirió, en el gobierno de Laureano Gómez, la catadura de partido [cursiva propia]” (ATEHORTÚA CRUZ, 2008, pág. 71).↵
- El Ejército colombiano pasaría de la guerra de Corea hacia la guerra de guerrillas: “la influencia militar de Estados Unidos en Colombia se puso de presente con las enseñanzas que sobre la Guerra de Corea aplicaron los oficiales para la confrontación de las guerrillas en el país” (ATEHORTÚA CRUZ, 2008, pág. 75)↵
- Es muy claro Atehortúa Cruz, al enumerar los rasgos con los cuales el Gobierno colombiano definió su inclinación en materia de política internacional hacia Estados Unidos: “cinco hechos definen la consolidación del acercamiento de Colombia a los Estados Unidos al final de la Segunda Guerra e inicios de la Guerra Fría. En primer lugar, la clara política heredada de Eduardo Santos y continuada por la Republica Liberal, que pone a Colombia en el plano de lo que algunos autores denominan “subordinación activa”. En segundo lugar, la redacción del Acta de Chapultepec, que pone a Colombia y a su canciller, Alberto Lleras Camargo, como líder continental del sistema panamericano. En tercer lugar, el ingreso de Colombia como miembro fundador de la Organización de Naciones Unidas en 1945, donde brindo importante soporte a las posiciones estadounidenses. No gratuita, ni pasivamente, Colombia hará parte del Consejo de Seguridad, en dos ocasiones, durante los años cincuenta. En cuarto lugar, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, del cual Colombia fue un vivo autor e impulsor y que marco la relación de los ejércitos latinoamericanos con su homólogo del norte. Y, en quinto lugar, el papel fundamental de Colombia en la construcción de la Organización de Estados Americanos, con el significado de adhesión que tal entidad mantuvo” (ATEHORTÚA CRUZ, 2008, pág. 73).↵







