La Guerra de Malvinas en la mirada de La Nación
Introducción
El diario La Nación es el medio gráfico más tradicional y con mayor trayectoria en la historia de la Argentina. Fue fundado el 4 de enero de 1870, como una suerte de emprendimiento colectivo de amigos encabezados por el expresidente de la Argentina, Bartolomé Mitre.[2] La fundación del diario venía a reemplazar a La Nación Argentina, nacido unos años antes, al calor de la llegada de Mitre como máximo dirigente del Estado nacional, y había sido clave a la hora de defender la decisión de la Argentina de participar en la Guerra de la Triple Alianza.[3]
En el contexto de construcción del Estado nacional y de inclusión del país en el sistema capitalista internacional, Mitre pretendía que este nuevo diario fuese una herramienta más para consolidar la organización de la Argentina.[4] Además, se trataba de una publicación que pretendía ir más allá de los diarios de aquella época, los que habitualmente se conformaban como herramientas de propaganda de las facciones políticas locales. Tenía la intención de ser una publicación que perdurase en el tiempo, y de dirigirse a un espectro amplio de la población. Mitre tenía como idea madre influir en la construcción de la idea de nación, que estuviese en la consciencia de todos los argentinos.[5]
Amén de sus intenciones de construir un diario con la aspiración de ir por encima del partidismo político para ayudar a la construcción de la nación y del estado argentino[6], La Nación siempre mantuvo un lineamiento cercano a los sectores dirigentes de la oligarquía nacional, manteniendo una línea liberal y conservadora. Sin embargo, a pesar de tener su perfil editorial bien marcado, La Nación tuvo siempre esa vocación holística que se vio reflejada en las variopintas personalidades que escribían en sus páginas, desde el dirigente socialista Juan B. Justo, hasta el anarquista Alberto Ghiraldo.[7]
La llegada de la dictadura cívic- militar del ’76 pone a La Nación en un lugar privilegiado, ya que además de mostrar adhesión al nuevo gobierno de facto, se puede decir que fue un importante aliado y socio del mismo. El diario, ni bien se dio el golpe de Estado, acompañó al nuevo gobierno, justificando la toma del poder por la fuerza como una acción necesaria para la normalización de la Argentina.[8] El accionar de los sectores castrenses se veía como indispensable para defender al país contra el peligro de la subversión, que estaba desafiando los valores más básicos del modo de vida nacional.[9]
En sus páginas, La Nación construyó toda una serie de discursos para avalar y ocultar el terrorismo de Estado implementado por el gobierno militar. Este acompañamiento tuvo su recompensa material, ya que para 1977 el diario, junto con La Razón y Clarín, se convirtieron en socios del estado de la empresa Papel Prensa SA, la más importante industria proveedora de papel de diario para los diferentes medios gráficos nacionales.[10] Esta operación, que estuvo teñida de irregularidades en su adquisición a la familia Graiver, le permitió al medio y sus socios controlar la demanda de papel, teniendo supremacía en el mercado de medios gráficos nacionales, lo cual selló el pacto con el régimen militar a lo largo de los primeros años de la dictadura.[11]
El diario entonces acompañó las medidas del gobierno militar no solo en lo que respecta a la “guerra contra la subversión”, sino también en su programa político de liberalización de la economía nacional, así como en el proyecto de debilitar al sindicalismo local. Presentando al sindicalismo argentino como uno de los causantes del caos en el país, La Nación elogió la Ley de Contrato de Trabajo que impulsó la dictadura, como la forma de corregir “Excesos y vicios del sindicalismo”.[12]
Recién para finales de la década del ’70 e inicios de los ’80, aparecerán algunas críticas más fuertes al gobierno nacional desde el diario de los Mitre, principalmente en relación a los descalabros económicos consecuencia de una serie de reformas estructurales impulsadas desde el gobierno, que habían causado un estancamiento en la economía y una primacía de prácticas especulativas relacionadas con el nuevo y flexible sistema financiero nacional, en detrimento del desarrollo productivo y del mercado interno argentino.[13] Esto coincidió con el fin de Videla como presidente de la Junta Militar. Y con los gobiernos de Viola y Galtieri, el diario comenzó a indagar acerca de los problemas del gobierno, con conceptos relacionados con el desánimo, el vacío y la fatiga. El sector castrense no parecía ser el garante de la otrora tranquilidad.[14]
Pero será en este contexto de incertidumbre cuando al país y a La Nación los sorprenda la reconquista de las Islas Malvinas por parte del gobierno de Galtieri. El día anterior a la ejecución de la Operación Rosario, en La Nación hay algunas menciones a la crisis de las Georgias, pero no van más allá de eso. Sin embargo, hay una noticia llamativa. Publicada en una sección interna del diario y en un pequeño espacio, relata que zarpan naves de Puerto Belgrano hacia el sur, bajo el mando del vicealmirante Lombardo, bajo el pretexto de ejercicios militares. Serán las naves de la Operación Rosario.[15]
Ahora bien, para entender mejor cómo se fueron dando las representaciones sobre la Guerra de Malvinas en La Nación, hemos clasificado las noticias sobre la contienda en diferentes grupos. En primer lugar, las que refieren a la Guerra de Malvinas en un formato más general. Posteriormente indagaremos en las que se refieren a los líderes de cada bando enfrentado, así como a las representaciones de sus fuerzas armadas y la sociedad civil. Finalmente, veremos cómo se representa el escenario internacional, es decir, terceros países que aparecen apoyando a uno u otro bando.
“La Guerra” según La Nación
El 2 de abril parece manifestarse una mirada neutral del hecho, ya que La Nación tituló como “desembarco” el éxito de la Operación Rosario.[16] Pero para el siguiente día, se tituló “alborozo ciudadano” y se habló de “reconquista”, mencionando la multitudinaria marcha del día anterior en la capital del país.[17] El relato del operativo militar destacó la eficiencia, pero de nuevo en un tono sobrio. También la columna de Bartolomé Mitre, si bien reflejó alegría por el resultado de la acción, demuestra una cierta cautela ante el desarrollo futuro de los acontecimientos. No duda en afirmar que la recuperación de las islas es una más de las tantas gestas de los próceres de la patria, a la vez resaltó que falta un largo derrotero para poder afianzar la soberanía argentina en las islas:
El regocijo nacional es tan grande como explicable. No conviene, sin embargo que la gozosa imagen de nuestra insignia celeste y blanca […] agitándose en el duro viento de aquellas latitudes, nos impida ver las dificultades que todavía se vislumbran en el camino hacia la confirmación estable de este suceso de primera magnitud.[18]
Estas primeras noticias marcarán un estilo que se mantendrá durante gran parte de la guerra y cambiará recién en las últimas semanas del mismo. Las formas de relatar el conflicto en el diario son sobrias y medidas. De hecho, en las menciones de las primeras partes de la contienda aparece más el concepto de “paz” que el de “guerra”, como la tapa del 7 de abril, donde se titula “Gestión de los EEUU en favor de la paz”, y se reiteró la idea en otra nota en páginas interiores del diario.[19] El concepto figuró hasta en la sección económica, aludiendo a cómo el posible arreglo pacífico calma las fluctuaciones del mercado londinense.[20] Esta preponderancia de la idea de paz por sobre la de guerra se explica asimismo por el desarrollo del conflicto. Los acontecimientos sobre Malvinas de gran parte del mes de abril estarán centrados principalmente en las idas y vueltas diplomáticas entre Argentina y Reino Unido. La respuesta dura británica, con el envío de la flota marítima para recuperar las islas, y los EEUU más cercanos a su tradicional aliado, derrumbaron el pronóstico del gobierno de Galtieri.[21] Sin embargo, como vimos en el capítulo anterior, serán los esfuerzos diplomáticos del norteamericano Alexander Haig los que tratarán de parar la confrontación durante el mes de abril, sin éxito.[22]
El fervor patriótico y grandilocuente, si bien no es lo habitual en los cuerpos clásicos del diario, se manifestó en sus publicaciones anexas. Por ejemplo, en un suplemento infantil publicado el 8 de abril, dirigido al público joven para que se interiorice sobre Malvinas. El suplemento inicia con estas palabras:
El 2 de abril se concretó un ferviente anhelo de muchas generaciones de argentinos: la reconquista de las islas Malvinas, que por razones Geológicas y legítimos derechos sucesorios integran el patrimonio soberano de la República.[23]
Dentro del suplemento, se abordó todo un recorrido histórico de las islas, relatando la usurpación británica de 1833, así como la reconquista militar argentina. Además, exploró cuestiones como su flora, fauna, así como aspectos geográficos y económicos del archipiélago. Asimismo, junto a imágenes de las islas, se publicó la letra de la Marcha de las Malvinas.[24]
Los conceptos “agresión” y “contraataque” aparecen en la tapa el 10 de abril, pero refiriéndose a las medidas de bloqueo marítimo británico y a operaciones de los servicios de inteligencia del país europeo.[25] Y para mediados de abril la idea de “defensa” aparece en las publicaciones del diario, con relación a una noticia sobre los emisarios argentinos ante la ONU.[26] Si bien el enfrentamiento se da alejado de la acción militar directa, La Nación buscó situar como agresores a los británicos, y a la Argentina simplemente defendiéndose de sus embates.
Para el 17, con el contexto del viaje de la flota británica desde la isla Ascensión, ya se habla de enfrentamiento, en relación con que a los británicos les serviría el mismo para “Salvar la imagen”.[27] El mismo día, se publican noticias de “preparativos comunales para la defensa civil”, en el caso de que empeore la situación.[28] Sin embargo, sigue una tónica en la que la Argentina se está defendiendo, y Reino Unido buscando el enfrentamiento.
La temática para el resto del mes de abril seguirá eludiendo la idea de guerra, y este concepto será reemplazado por otros. La Nación tituló “Versiones periodísticas sobre posibles soluciones de la crisis”; de nuevo la guerra no es guerra, sino que es una crisis, tiene más de diplomático que de bélico, lo cual se explica también por la continuación de negociaciones diplomáticas que mencionamos más arriba. Una columna de Bartolomé Mitre, director del diario en ese momento y descendiente del homónimo fundador, habló de “Negociación áspera y difícil”; solamente la idea de “acciones bélicas” apareció en una noticia sobre la población de Comodoro Rivadavia, que se preparaba para las mismas, si es que eventualmente suceden.[29] La idea de que impere la negociación antes que la guerra es reiterada en varias ocasiones.[30]
Para el 20 de abril, la situación ya es un “punto crítico”. La Nación tituló en tapa “Haig dejó el país, la situación se encuentra en un punto crítico”. El estancamiento de las negociaciones que relata el diario se presentaría en base a que la única posibilidad de la paz sería con la pérdida de soberanía nacional, cosa que el gobierno no aceptaría, ya que esto “Podría provocar el derrumbe del gobierno”.[31] No obstante, parece que el optimismo de un desenlace sin sangre se mantiene con las declaraciones de Álvaro Alsogaray: “Todavía hay tiempo para un acuerdo y evitar la guerra” y otra del miembro de la Junta militar y brigadier Basilio Lami Dozo, donde afirmó que la solución está cerca. Las declaraciones del militar se basaban en el optimismo de que la cooperación norteamericana se dé “[…] preservando los intereses argentinos”.[32]
La idea de que la paz es factible es una constante en La Nación, pero poco a poco esta comienza a aparecer en tándem con el concepto de guerra. Se publicaron en tapa las declaraciones de Raúl Alberto Quijano, el representante de Argentina en la ONU, afirmando que “La Argentina quiere la paz”[33], pero a la vez, la idea de guerra reaparece, y al día siguiente en tapa se tituló “Las islas preparadas para la lucha armada”. En noticias sobre los dirigentes británicos, también se observa esta dualidad. Con títulos como “Pym no descarta solución negociada”, La Nación publicó información en referencia a los dichos del secretario de Relaciones Exteriores británico, Francis Pym, ante su próximo viaje a los EEUU para presentar una nueva propuesta. Pero a su vez, en otra nota, La Nación replicó declaraciones de Thatcher, titulando “No queremos guerra, pero ¿Quién sabe?”, y habló de una nueva propuesta diplomática británica a la vez que se envían nuevos contingentes bélicos en dirección a las islas.[34]
Para finales de abril, la guerra parece inevitable. El 23 de abril ya hay información de que fuerzas militares británicas se acercan a las Georgias.[35] Otras notas mencionan que los navíos enemigos están listos para atacar y también aparece por primera vez el concepto de “economía de guerra”, en una columna de la sección económica escrita por quien era en ese entonces presidente de Acindar, Alcides López Aufranc.[36] En base a esto, La Nación publicó el comunicado N° 26 de la dictadura militar, donde queda claro que se responderá a los ataques del enemigo.[37]
Sin embargo, el reinicio de las acciones bélicas con la recuperación de las Georgias por los británicos[38] no modificó el estilo editorial hasta aquí sostenido, ya que esto no afectaría el dominio argentino en las Malvinas. Mitre en su columna habló de “Un contraste, no una catástrofe”, minimizando el caso. Y siempre se marca la esperanza de las negociaciones:
Sin duda es un hecho infortunado para la noble causa de la Argentina […] Sintamos la amargura de un contraste, no el abatimiento que arrastran las catástrofes definitivas. Aún hay mucho que hacer en incluso no están clausuradas algunas vías por las cuales pueda evolucionar una gestión acorde con los requisitos de la civilización.[39]
Las declaraciones de Costa Méndez de que estamos “técnicamente en guerra”, mantiene también la esperanza en la solución pacífica con negociaciones, ya que “la diplomacia nunca tiene fin”.[40]
Para los últimos días de abril, un probable ataque a las Malvinas no evita insistir en la posibilidad de la negociación, titulando “Se prevé un ataque a las Malvinas mientras deliberan los cancilleres” en tapa.[41] Al día siguiente, se sostuvo la misma lógica.[42] Y el mismo tono de desescalar se reflejó en declaraciones de las fuerzas británicas, como las del Almirante Woodward, que afirmó que la lucha por las islas puede desembocar en: “Una larga y sangrienta lucha […] es absolutamente fundamental tratar de evitarla; tiene que haber una solución política, porque la guerra es uno de los instrumentos de la política, pero quizá uno de los menos deseables”.[43]
Es en mayo cuando por primera vez se habló de guerra sin restricciones en el diario: “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, relatando acciones de defensa de las fuerzas armadas argentinas frente a intentos de desembarco británicos, donde además se derribaron naves enemigas. La noticia refería a las acciones ocurridas el 1 de mayo, cuando fuerzas británicas bombardearon posiciones argentinas para preparar un desembarco. El bombardeo resultó menos efectivo de lo esperado, y la resistencia y el contraataque aéreo argentinos hicieron replegar a la flota británica.[44] “Sangre y fuego” se tituló la columna de Bartolomé Mitre en el diario de ese día, donde relaciona el alineamiento de los EE.UU. con el Reino Unido con el ataque, reafirmando la causa argentina como justa y la británica como una rémora colonial.[45]
Es curioso, sin embargo, que el día del ataque del Belgrano, La Nación tituló que hay una “Calma tensa” en el conflicto. Solo se anunció en una noticia secundaria la agresión al crucero mencionando un ataque submarino enemigo. Es más, se publicó una noticia titulada “Ánimo templado por las primeras acciones bélicas”, reflejando una jornada tranquila, donde no se conocen bajas argentinas, y el único daño atribuido a los británicos sería al avión del ex gobernador Hunt que estaba en el aeropuerto de la isla.[46] Esto tiene que ver menos con las intenciones editoriales del diario y más con el flujo de información desde los frentes de guerra hacia el resto del país.
Al día siguiente si se publicó la noticia del hundimiento del Belgrano, aclarando que se dio fuera de la zona de bloqueo y es presentado como una “Alevosa agresión armada”.[47] El tono del diario comienza a ponerse más beligerante.
Al subsiguiente día aparecen las noticias del contraataque argentino y el hundimiento de Sheffield, donde La Nación tituló “Londres reconoció el hundimiento del poderoso destructor Sheffield”. En otra noticia se habló de una contraofensiva exitosa. Y los adjetivos se van sumando: “Un triunfo histórico: la batalla de las Malvinas”; ya en un tono más rimbombante, se habló de la heroica defensa de las islas por las tropas argentinas ante la “soberbia inglesa”, además se acompaña con un mapa explicativo de los intentos fallidos de desembarco británicos.[48] En efecto, los posteriores ataques británicos a las posiciones en las islas luego del hundimiento del Belgrano, dejaron expuesta a parte de la flota a eventuales ataques de la Fuerza Aérea Argentina. Al ser detectada la misma por los radares de Puerto Argentino, cazas argentinos salieron a su intercepción y lograron el hundimiento del Sheffield, lo que generó que la flota británica se alejara.[49]
Ahora bien, hay una idea constante en La Nación de que la guerra la impone Gran Bretaña mientras que la Argentina brega por una solución negociada. Una noticia titulada “La tozudez belicista ya no parece ser la mayoría”, relataba sobre un debate al interior del gobierno británico sobre la política en relación a Malvinas, marcando la línea dura de Thatcher y su ministro de defensa. Ella será, según La Nación, la principal culpable de la guerra, por su postura agresiva y rígida.[50] Otro ejemplo de la imposición belicista de los británicos se reflejó en la noticia de que “Gran Bretaña llevó a 12 millas de nuestra costa la zona de guerra”, en relación a denuncias de Argentina ante el Consejo de Seguridad y el TIAR.[51]
A las agresiones británicas, ahora se le suma el concepto de “indignación”, en referencia al ataque al Narwal, calificado también como alevoso. Además, titularon “Agresiones en el mar y en las islas”, a una nota en el cuerpo del diario sobre los ataques británicos en aquel día. También bajo el título de “Dramáticos testimonios a través de la televisión”, se habló de las primeras filmaciones de la guerra pasadas en los canales públicos, y “escenas dantescas” es el adjetivo elegido para referirse a los bombardeos británicos y a las acciones de la defensa antiaérea argentina.[52]
Las acciones bélicas se sostienen y diversifican a lo largo de mayo, cuando se hablaba en el diario de “inminente desembarco”, ante nuevos ataques británicos. Sin embargo, siempre se remarca la idea del optimismo en las negociaciones, en este caso referidas a las gestionadas por Javier Pérez de Cuéllar, secretario general de las Naciones Unidas en aquel entonces. A su vez una nota titulada “Se actuará contra naves y aviones británicos en el Atlántico Sur” hablaba sobre nuevas disposiciones de la Junta militar, que buscaban responder a las agresiones británicas a buques nacionales, pero aclarando que se dan a causa de la actitud agresiva del país europeo.[53] Las menciones a la guerra en el diario siguen intentando bajar el tono a la crisis, como cuando publicaron “Descarta Londres una declaración de guerra”, en función de que eso lo habilitaría a atacar bases militares en el continente. Y así La Nación trataba de ocultar lo evidente en el conflicto: que ya se estaba desarrollando.[54]
Mediando mayo, a pesar de los deseos del diario, la idea de paz se va desvaneciendo. “Acentúa su intransigencia belicista”, tituló La Nación a una noticia referida a la mandataria británica Margaret Thatcher, acompañada por una nota del corresponsal de La Nación en Reino Unido afirmando que “Quizá no sea posible una solución pacífica”. Ahora bien, si hay conflicto, no es impulsado por la Argentina, sino por la violenta líder del Reino Unido.[55] La lógica argentina según el diario sigue siendo la de resistir los embates británicos, como en la nota “Recházanse más ataques británicos: fue hundido el Isla de los Estados”; además se detallan más daños realizados por las fuerzas británicas. Para La Nación, si la Argentina ataca, es solo en respuesta a la agresión enemiga. La cuestión de la solución diplomática se mantiene en la línea del diario, como lo mostraba la columna de Mitre “Salir de la oscuridad; entrar en la paz”. La paz es contemplada, según Mitre, aún si “nuestro país ocasionara en estos días una derrota aplastante a la flota inglesa”.[56] En cambio, los británicos ya desestiman la solución pacífica.[57]
De hecho, La Nación tituló que “La Argentina entregó su propuesta para alcanzar un acuerdo pacífico”, pero es la supuesta intransigencia británica la que evita la solución. Asimismo, “Thatcher insistió en sus amenazas”, marcando la doble mirada del conflicto y la racionalidad de la opción argentina.[58]
Para fines de mayo la posibilidad de paz parece disolverse definitivamente. Bajo el título “Pérez de Cuellar anunció que daba por concluida su gestión de paz”, se daba a entender que ya no hay más opciones que la resolución bélica, además los británicos ya estarían dispuestos a iniciar nuevas acciones. Ellos son, para el diario argentino, los grandes culpables del fin de la negociación.[59]
Cuando la guerra, ya inevitable, parece ser la única salida, La Nación no duda en ponerse al hombro la situación de modo más beligerante. Titulando “Fuertes pérdidas del enemigo en los combates librados ayer”, mediante un mapa ilustrativo explicaba cómo las fuerzas argentinas rechazaron los intentos de desembarco enemigos.[60] Asimismo, “Todo confiado a las armas”, dice el editorial de Mitre. Las acciones de las fuerzas argentinas se reflejaban más nítidamente bajo el título “Aviones navales y de la Fuerza Aérea diezmaron parte de la flota enemiga”, noticia que se reiteró al otro día, remarcando la eficacia de los pilotos.[61] Al día siguiente los ataques persisten y en este caso “recrudecen”, donde se le sigue causando daño al enemigo.[62]

FIG. I: “Fuertes pérdidas del enemigo en los combates librados ayer”, La Nación, 22 de mayo de 1982.
Para el aniversario del 25 de Mayo, ya los combates se dan “por tierra mar y aire”, y las fuentes dan por sentada una cabeza de playa británica que es atacada por fuerzas nacionales para frenar su avance. Asimismo, nuestras fuerzas siguen dañando a los navíos enemigos.[63]
Cerrando el mes de mayo, los ataques a la flota británica son cada vez más intensos y sufren más pérdidas, que ya se cuentan por decenas tanto de barcos como de aviones. Aquí la columna de Mitre, titulada “La forma auténtica del patriotismo”, era una exaltación de los esfuerzos de las Fuerzas Armadas Argentinas, así como de la nación entera, por defender las islas.[64] La columna de Mitre afirma:
De la coyuntura histórica que estamos viviendo, de los héroes y las víctimas de la gesta sureña, los argentinos debemos rescatar una lección fundamental: Integramos un país con conciencia de nación […] Alentados por una causa nacional, todos los sectores de la ciudadanía han expresado su inclaudicable adhesión a la soberanía física y espiritual del país argentino.[65]
Para fines de mayo, los combates ya son “encarnizados”, con la nueva zona de operaciones en Puerto Darwin, y se reiteran las explicaciones de los combates con mapas detallados.[66] Las batallas libradas alrededor de Darwin y Ganso Verde, iniciativa del bando británico para clausurar un posible ataque de retaguardia en su posterior avanzada hacia la capital, resultaron en una victoria para los británicos, pero a un mayor costo del esperado, por la resistencia de los efectivos argentinos.[67]
Para el 30 de mayo, en las páginas de La Nación se hablaba de una “gran batalla” que aguarda por el dominio de Puerto Argentino, ya en un estilo más heroico dando a entender un final positivo para la Argentina. Se detallaba haber perdido contacto con los defensores de Darwin y Ganso Verde, que habían luchado contra enemigos más poderosos y de manera épica. En el cuerpo del diario se tituló “Disputarán cada pedazo de suelo, mar y cielo” las fuerzas de la patria, en referencia a declaraciones hechas en la festividad del Día del Ejército en el Edificio Libertador.[68] El mes se cierra con una gran noticia, titulando “El Invencible habría resultado gravemente dañado por un exocet”, en tapa, como un gran hito de las fuerzas nacionales, mientras en Puerto Argentino se sigue aguardando la gran batalla. De nuevo un mapa acompañaba los relatos bélicos.[69] Cabe aclarar que la operación contra el HMS Invincible es una controversia que está abierta hasta el día de hoy. Si bien la acción de ataque argentina existió, el portaaviones británico siguió operando hasta el final de la guerra, y fue el último navío británico de la Task Force en volver al país europeo.[70]

FIG. II: “El Invencible habría resultado gravemente dañado por un exocet”, La Nación, 31 de mayo de 1982.
Para junio la guerra terrestre se define como “Escaramuzas”, en el copete donde se tituló “Avanzadas británicas se hallan a 25 kilómetros de Puerto Argentino”. Asimismo, la flota británica se ubicaba alejada del archipiélago, situación vista por el diario como algo positivo.[71]
En los siguientes días del conflicto, la beligerancia de La Nación se multiplica y cada acción de guerra es favorable a la Argentina, cuando paradójicamente se pelea cada vez más cerca de la capital de las islas. En el relato de diario, las fuerzas nacionales rechazan las ofensivas británicas de los alrededores, mientras que se publicó una arenga de Menéndez donde auguraba una futura derrota aplastante del enemigo. Asimismo, se informaban las pérdidas británicas y se habla de un “asalto final” de las mismas. En paralelo, Argentina preparaba una contraofensiva de grandes proporciones.[72]
El 3 de junio se vuelve a abrir por última vez, pero con menos optimismo, una oportunidad de salida no belicosa. Se publicó sobre el cese inmediato al fuego que se pidió en el Consejo de Seguridad, a la vez que se informa que hay un alto número de bajas británicas. Pero la idea de que la guerra es inevitable también se replicó, en este caso en nuevas declaraciones de Thatcher.[73] En efecto, las negociaciones posteriores a las asumidas por Haig, sean las de Belaunde Terry, Pérez de Cuéllar o el pedido del cese al fuego del Consejo de Seguridad, tendieron a un pronto fracaso, sea por la intensificación de las acciones bélicas entre ambos países, así como esta última por la perspectiva del Reino Unido de que militarmente llegaría a un desenlace favorable.[74]
Al día siguiente parece intuirse una posible derrota y se buscó ir suavizándola en algunas noticias del diario. Con el título “Cualesquiera sean los avatares somos ya un país victorioso”, se publicó una columna de un enviado especial de La Nación en el sur del país entrevistando al ministro de Defensa Amadeo Frúgoli.[75]
Cuando finalmente el cese al fuego pedido en el Consejo de Seguridad es vetado por Gran Bretaña y los EEUU, La Nación informó titulando “Intenso Bombardeo aéreo argentino” contra las fuerzas enemigas, en una nota que reflejaba optimismo ya que “las tropas acantonadas en Puerto Argentino cuentan con suficientes pertrechos bélicos, municiones y víveres como para rechazar cualquier intento británico de atacar la capital…”.[76] Esta línea optimista adoptada por La Nación es acompañada por dichos de Emilio Eduardo Massera, militar argentino miembro de la primer triada de la Junta Militar hasta 1978, que hablaba de triunfo.[77]
En los siguientes días “Combates y duelo” se suman a los conceptos alrededor del conflicto, sin embargo, siempre el problema bélico lo origina el bando británico, ya que “Londres insiste en la iniciativa bélica”. Mientras tanto, Mitre escribía “El patriotismo es una conciencia lúcida”, en una suerte de arenga final al esfuerzo de guerra.[78]
Además, para La Nación la misión británica de tomar Puerto Argentino se presentaba difícil, ya que seguía sufriendo bajas cuantiosas en sus intentos de desembarco.[79] La guerra era descrita como compleja para el bando atacante. Y si se intensificaban las acciones de guerra, siempre son a favor del bando defensor.[80] En el diario se habló de “hora negra” en relación con la acción fallida de los británicos en Bahía Agradable.[81]
Para los últimos días del conflicto, la llegada de Juan Pablo II disminuye parcialmente la cobertura de la guerra. Igualmente, en las noticias sobre la contienda siempre se refleja optimismo: la Fuerza Aérea habría expulsado a los británicos de Monte Kent y no podrían avanzar a Puerto Argentino. Los británicos se encontraban en un supuesto repliegue y la primera ministra se vería obligada a informar sobre la gran cantidad de bajas.[82]
Y el mismo día donde el Papa pide por la paz, La Nación publica la cantidad de británicos muertos, 184 en total, más 286 heridos.[83] Una cifra un poco más baja que el total de muertos británicos, que fue de 255.[84] Mientras la centralidad se desplazó hacia las noticias sobre Juan Pablo II en el país, se siguen librando fuertes combates, en los que los británicos llegan a producir muertos civiles.[85]
El día de la rendición, La Nación publicó que “Nuestras fuerzas combaten con denuedo para contener al invasor”, y que a pesar de las desventajas técnicas evitan los avances británicos con el apoyo de la Fuerza Aérea. Asimismo, siguió reflejándose la dificultad británica en la campaña, en este caso con el análisis del brigadier retirado Aldo Mario Barbuy, que afirmaba que “Los británicos tienen por delante un duro combate”.[86]
Recién al día siguiente de la capitulación, La Nación publica “Se ha producido un alto al fuego y deben acordarse sus condiciones”. En este caso, a pesar de que no se menciona la idea de rendición ni derrota, se relató que a pesar de los esfuerzos de los defensores las fuerzas británicas avanzaron sobre las posiciones argentinas. En otra nota titulada “Gran Bretaña da por concluido el conflicto”, se sigue evitando hablar de derrota.[87] Esta evasión se ve hasta en la columna de Bartolomé Mitre, donde bajo el título “La historia nos condena a la calidad”, buscó matizar la rendición, y prefirió retrotraerse a la fecha del 2 de abril para elevarla como un hito futuro en la historia de la Argentina y a Malvinas como una causa de unidad nacional:
[…] si el 2 de abril trasciende la importancia de un hecho de armas es, justamente, porque permite abrigar la convicción que, una vez lograda la paz, los argentinos depondrán las querellas que no solo debilitan la unidad nacional sino que ponen en peligro el sello de la identidad.[88]
Los líderes: de la búsqueda de paz argentina a la intransigencia británica
A lo largo de la publicación de noticias sobre la Guerra de Malvinas, destacan en La Nación las que refieren a los principales dirigentes de ambos bandos. Estas representaciones serán, sin embargo, relativamente mesuradas al principio. Pero con el devenir de la guerra se irá dotando de connotaciones negativas a los dirigentes británicos y positivas a los nacionales.
En esta construcción, destacarán principalmente tres dirigentes. Para el bando argentino, las menciones más importantes serán sobre las figuras del entonces presidente de la Junta Militar, Leopoldo Fortunato Galtieri, y del Ministro de Relaciones Exteriores, Nicanor Costa Méndez. Para el británico, la figura destacada será la entonces primera ministra Margaret Thatcher.
La primera mención de relevancia respecto a los dirigentes nacionales es el discurso de Galtieri luego de la reconquista. Titulando “Mensaje de Galtieri al país”, se describe la movilización multitudinaria en favor de la recuperación de las islas, donde se relata el mensaje de Galtieri al país, refiriéndose a la emoción del mandatario por el acontecimiento histórico.[89] Al día siguiente se reproduce una nota sobre el mismo hecho, ahora citando los dichos de Galtieri, donde se refleja un matiz más belicista. Bajo la frase “Si el pueblo argentino es atacado la Nación ha de presentar batalla”, La Nación tituló en tapa las palabras de Galtieri para responder contra los aprestos bélicos de Gran Bretaña. Si bien el mandatario no buscaría el conflicto y resalta que no hubo sangre inglesa derramada, reafirma la voluntad del país de defender el archipiélago por las armas: “Quede bien en claro, para toda la comunidad internacional que si el pueblo argentino es atacado […] la Nación Argentina en armas, con todos los medios disponibles ha de presentar batalla.”
Además agrega, en relación al Operativo Rosario: “En la operación militar realizada […] tenemos nuestros muertos y nuestros heridos. Porque no hay, por disposición expresa de la Junta Militar […] una gota de sangre inglesa o isleña derramada.[90]
Sin embargo, es llamativo que la figura de Galtieri aparezca relativamente poco en comparación con la de otros líderes nacionales. Un segundo momento de aparición en las páginas de La Nación, es a raíz de su visita a las islas el 22 de abril. Al día siguiente, Galtieri aparece saludando al gobernador Menéndez, en una actitud segura, y pidiendo por un posible arreglo dialogado.[91]
Con el aumento de las hostilidades en el mes de mayo, los relatos de los rechazos a los ataques británicos son acompañados por imágenes de Galtieri durante el mensaje por cadena nacional del presidente, algunos pasajes del cual son reproducidos en la tapa del diario.[92] Galtieri vuelve a aparecer, ahora en una reunión con Costa Méndez, donde le agradece por sus servicios.[93]
La próxima referencia a Galtieri surge en una caricatura. Luego de que las acciones bélicas inunden las páginas de La Nación, en gran parte debido al hundimiento del Belgrano y los contraataques argentinos subsecuentes, Galtieri aparece dibujado junto a Thatcher y Pérez de Cuéllar en un bote, donde los dos mandatarios en lucha reman en sentido contrario mientras Pérez de Cuéllar mira de brazos cruzados. Todo esto en referencia a un nuevo intento de negociaciones, que se refleja cada vez más difícil.[94]
Si bien la representación de Galtieri que construye el diario es la de un líder firme y seguro, también aparece como un dirigente flexible y dialoguista, que prefiere la pluma antes que la espada. Por ejemplo, La Nación publicó una nota sobre la entrevista que el militar le dio a periodistas británicos, que habían sido secuestrados por un grupo no identificado en el país. Además de ofrecerles custodia y que el hecho se investigará, respondió preguntas de los periodistas, donde prevalecía la idea de una solución no bélica para el tema Malvinas.[95]
En otra nota sobre Galtieri, unos días después, se reitera la imagen de líder dialoguista y sensato, particularmente por sus dichos en una entrevista con la televisión mexicana. Pero al mismo tiempo, en la continuación de la noticia sobre la misma nota, a Galtieri se lo muestra firme en la defensa de las islas por la vía armada. En el líder argentino prima la flexibilidad y la voluntad de negociar, a la vez que tiene solidez para defender lo suyo.[96]
Cuando se confirma la visita del Papa al país, Galtieri aparecía en fotografía con el cardenal argentino, monseñor Silvestrini, delegado papal.[97] Para los últimos días de la guerra, La Nación vuelve a describir con firmeza al presidente. Titulando “Afirmo Galtieri: La Argentina no capitula”, reflejaba la firmeza del mandatario. Finalmente se publican sus dichos de que se continuará combatiendo, ya a solo dos días de la capitulación.[98]
En definitiva, si bien las apariciones de Galtieri en las páginas del diario son relativamente pocas, La Nación configura una imagen de un líder firme, dispuesto y decidido a la lucha para defender la soberanía argentina. Sin embargo, también reproduce en él la vocación de diálogo y flexibilidad, para buscar una solución negociada y que priorice la paz.
El dirigente argentino que sin duda será la estrella en las representaciones de La Nación es Nicanor Costa Méndez, Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina. Esto se puede explicar en parte por la importancia que la posibilidad de solución diplomática al conflicto Malvinas tiene en las páginas del diario. Aun así, su figura será preponderante en La Nación durante toda la guerra, ya cuando la posibilidad de salida pacífica sea muy remota. La primera aparición del ministro en el diario fue a los pocos días de iniciado el conflicto, en una nota sobre su discurso en la OEA, donde el mandatario aparece fundamentando la soberanía argentina sobre las islas. Como contraposición, debajo en la misma página, se consignaba la renuncia de Lord Carrington, el entonces ministro de relaciones exteriores británico. Al día siguiente apareció de nuevo su figura, ahora en los EEUU por otras gestiones de paz.[99]
La Nación creó alrededor de Costa Méndez la imagen de un dirigente muy proactivo en la resolución pacífica del conflicto de Malvinas y la de paladín diplomático de la Argentina. Además, la idea del optimismo de la pronta paz también se construirá alrededor suyo. Titulando “El regreso del canciller Costa Méndez” y con el subtítulo “Dijo que se aleja el peligro de guerra con Gran Bretaña”, se publicó una primera foto de la reunión de la Junta Militar, donde se ven caras de optimismo respecto de la resolución del conflicto.[100]
Con el correr de los días, Costa Méndez siempre aparece como el hombre que apela a la solución negociada. En una nueva nota sobre declaraciones del ministro, este afirmaba que negociar es mejor que la confrontación bélica. La Nación replicó palabras del ministro:
Nosotros creemos todavía – agrego – que la negociación es mejor que la guerra y por lo tanto ponemos todas nuestras fuerzas en la negociación pensando que la tarea de un diplomático […] es la tarea de preservar la paz y evitar la guerra sin que la Argentina pierda ninguno de sus atributos […].[101]
Asimismo, se reiterarán notas sobre sus gestiones en el ámbito internacional, como otra visita a la OEA. La figura de Costa Méndez se ve muy activa, no solo en las gestiones internacionales sino que también se reúne con figuras nacionales para informar sobre la situación, como es el caso de una reunión con la asamblea episcopal.[102] La imagen del ministro nunca sale del foco. Cuando en el diario se publicaba información en relación al ataque británico a las Georgias, de nuevo es la figura de Costa Méndez es la que aparece en escena, con foto en tapa, dando declaraciones al respecto en Washington en el marco de la OEA.[103] Al día siguiente, siguiendo la línea de La Nación, el discurso del mandatario en aquel ámbito generará gran emoción.[104]
Dos fotos de Costa Méndez vuelven a aparecer en el diario, ahora negociando con mandatarios de otros países latinoamericanos.[105] Los juegos de imágenes del funcionario continúan, relatando más detalles de su accionar en la OEA, mostrando al canciller en diferentes fases de su jornada.[106]
Con el aumento de las hostilidades del mes de mayo, Costa Méndez sigue presente, ahora por su pronta reunión en los Estados Unidos.[107] Dentro del diario se publicó toda una nota sobre Costa Méndez, y su denuncia al ataque británico, donde le daba a los británicos el carácter de agresores.[108]
Cuando empieza a pesar más lo bélico que lo diplomático, La Nación sigue poniendo el énfasis en la figura de Costa Méndez. Titulando “Los frentes diplomático y bélico”, una noticia con foto del ministro, anunciaba que estaría viajando en esos días a la ONU, en sus ya conocidas gestiones por las islas.[109]
Siempre enérgico, el ministro no solo aparecía en reuniones con países y organismos americanos. También aparece reunido con países que, a pesar de ser europeos, miran con simpatía la postura argentina, como por ejemplo con el embajador de Irlanda en la Argentina, Patrick Walshe.[110]
Para finales de mayo, y a pesar de que es muy lejana ya la posibilidad de solución negociada, la figura de Costa Méndez vuelve a relucir en las páginas del diario. Marcando un justo culpable a la falta de paz, que sería la premier británica Margaret Thatcher, La Nación construyó alrededor del ministro una imagen de gran batallador en el ámbito diplomático.[111] Además, días después todo el discurso de Costa Méndez ante el Consejo de Seguridad es publicado en el diario, donde el mandatario habló de la situación como un “retroceso” en la historia. Sin usar las armas, sino la pluma y la palabra, La Nación construye en Costa Méndez a un hábil defensor de la causa nacional.[112]
Para junio, cuando ya el final del conflicto se acercaba, el ministro tiene su último gran momento como representante diplomático del país. Se trató de su viaje a Cuba para asistir a la reunión de No Alineados. Su viaje será seguido día a día por La Nación que publicó el 4 de junio su llegada y el encuentro con Fidel Castro, en primera plana con una foto de ambos. Dentro del diario, se explayó sobre su gestión en la isla caribeña, publicando detalles de su reunión con Castro y sus dichos, además de publicar una noticia que revelaba supuestos tratados entre Sudáfrica, Gran Bretaña y EEUU para instalar una base norteamericana en Malvinas. El 6 de junio, a la vuelta de su gira, vuelve a aparecer Costa Méndez para informar de los resultados del viaje al presidente Galtieri.[113]

FIG. III: “Costa Méndez se reunió con Fidel Castro”, La Nación, 4 de junio de 1982.
En definitiva, si de dirigentes argentinos durante la Guerra de Malvinas hablamos, para La Nación parece mucho más relevante la figura de Costa Méndez que la de Galtieri. El diario argentino construyó, en torno al ministro, la idea de un país que busca siempre la paz y las soluciones negociadas antes que la fuerza, y que para ello tiene un gran batallador que con argumentos defiende la posición argentina ante el mundo.
Si para La Nación Galtieri es un líder firme y seguro que encabeza la defensa de las islas, y Costa Méndez es el representante diplomático que brega por la solución negociada y lleva la razón argentina en los foros internacionales, los valores contrarios estarán representados en la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher.
La primera mención sobre Margaret Thatcher en el diario es una nota sobre sus dichos de que recuperará las Malvinas.[114] Pero la primera representación despectiva en La Nación se dio en formato de caricatura, ilustrando una nota donde la OTAN le recomienda a la premier el regreso a puerto de la flota británica. En la viñeta se la ve a Thatcher echada de una oficina de la OTAN, con cara de enojada y caricaturizada como un ama de casa, dando a entender que la ministra por su condición de mujer no está a la altura de lo tratado en ese ámbito.[115]
Si en la construcción discursiva de La Nación, la imagen de Costa Méndez representaba la figura optimista a la hora de buscar una solución negociada y llegar a una rápida paz, Thatcher fue descripta como quien intenta bloquear estas iniciativas y sostener una solución por la fuerza. Asimismo, se publicó otra caricatura, en este caso jugando al tatetí, con un juego de palabras relacionado con el apellido de la premier británica, donde su rival es Galtieri, y el tablero las Malvinas.[116]
El 11 de abril aparece por primera vez una referencia a Thatcher como “Dama de Hierro” en las páginas de La Nación. El apodo fue formulado por medios oficiales de la Unión Soviética, queriendo ridiculizar a la ministra en una comparación con Otto Von Bismarck, canciller del Imperio Alemán de finales del siglo XIX. La ministra sin embargo se apropió del mote y el apodo terminó asociándose a la idea de una mujer de carácter firme y resolutiva en posiciones de poder.[117] En este caso el diario apeló al apodo de la ministra británica en una noticia titulada “La dama de hierro en aguas borrascosas” pues estaría siendo cuestionada por el parlamento y podría tener los días contados como jefe de Estado del Reino Unido.[118]
Esta misma noticia generó días después una nueva caricatura, en este caso una primera ministra sumamente asustada en su cama, ante una banda de ratones con carteles que los identifican como miembros del partido laborista. Sintiéndose amenazada, Thatcher llama por teléfono a la flota británica para que vuelvan a Gran Bretaña.[119]
En otra caricatura se lo ve a Haig tratando de aceitar el traje de hierro de Thatcher que parece muy rígido, haciendo el juego con su posición intransigente de recuperar las islas por la fuerza.[120] Una nueva caricatura, ahora en la sección economía del diario, en relación a la decisión de sanciones económicas a la Argentina de parte de la Comunidad Económica Europea, la muestra queriendo mantener una puerta cerrada de la CEE, ante el intento de Costa Méndez de abrirla.[121]
Otra cuestión negativa que se construyó sobre la figura de Thatcher desde La Nación fue la idea de su incapacidad de ejercer el poder ante la crisis de Malvinas. Esta construcción se asoció a noticias sobre los ataques que la ministra recibía de los partidos de oposición británicos. Para el diario argentino, el gobierno de Thatcher parecía estar en dificultades ya que siempre se le cuestiona internamente las medidas en relación a Malvinas.[122] Esta idea se reiteró varias veces para buscar contraponerla con la construcción de la unidad que hay sobre la Malvinas en la Argentina, donde pueblo, partidos políticos y dirigencia estarían apoyando la lucha como causa nacional. Para mediados de mayo, La Nación volvió a acusar de debilidad a la primera ministra, por los reclamos del partido de oposición en la Cámara de los Comunes.[123]
En los hechos, la supuesta debilidad de Thatcher en el gobierno hay que relativizarla. Malvinas fue el catalizador para el crecimiento de influencia del Partido Conservador de Thatcher y el debilitamiento de la principal oposición: el Partido Laborista. Mientras los conservadores capitalizaron el sentimiento nacional británico como propio, los laboristas y otros sectores políticos de izquierda se fragmentaron en relación a las alternativas para solucionar el problema de las Malvinas. Una parte del laborismo incluso apoyó la medida de enviar efectivos militares para recuperar las islas y los cuestionamientos principales fueron sobre la relación costo-beneficio en términos de riesgos de vidas humanas y costos materiales para la operación.[124]
Pero el aspecto más desarrollado en la construcción del imaginario de La Nación alrededor de la líder británica será sin duda el de su obstinación a negociar y su preferencia por una solución violenta para recuperar las islas. Y esta construcción irá en aumento a medida que se va desarrollando la guerra. A fines de abril, se publicaban declaraciones donde la ministra afirmaba la posibilidad del uso de la fuerza.[125] Asimismo, Margaret Thatcher aparece en las páginas de La Nación haciendo declaraciones referidas a una falta de tiempo para hacer acuerdos rápidos y pacíficos.[126]
Para el mes de mayo, La Nación reafirma que Thatcher es una dirigente inflexible que no tiene voluntad alguna más allá del uso de la fuerza.[127] En una columna de opinión del corresponsal argentino en Reino Unido, Eduardo Crawley, la ministra Thatcher solo ve la violencia como la única solución para el final del conflicto: “[…] el gobierno de Thatcher, en realidad, no desea una solución negociada sino que sigue íntimamente aferrado al objetivo de reconquistar militarmente las Malvinas”.[128]
La idea de que la líder británica ve la guerra como solución también se explica, según el diario, por su obstinación y terquedad. No puede ver otra salida que no sea la violencia porque es incapaz de considerar otras alternativas. En palabras del corresponsal Luis Mario Bello, en su nota de opinión: “Si bien esta jornada ha discurrido sin sobresaltos bélicos […] no hay que excluirlos en las horas que siguen. Ocurre que, según se entiende, Thatcher está contra el muro erigido por su obstinación”.[129]
Y cuando ya la vía de negociaciones parece definitivamente cerrada, La Nación marcó como la principal responsable a Margaret Thatcher.[130] Para el final del mes de mayo, esta construcción del imaginario se condensa en una caricatura donde Thatcher aparece junto a Reagan, detrás de una gran cortina de fuego y humo, mientras el mandatario norteamericano le da un misil y la ministra lo mira complacida. Ahora se suma un nuevo rival, el presidente norteamericano.[131]
Para los últimos días del conflicto, de nuevo se la caracteriza como dura e intransigente en su elección del camino militar para retomar las islas.[132] Días después, también la premier británica se ve obligada a admitir que son muchas las bajas propias en el conflicto y que a largo plazo requeriría de la colaboración de la Argentina, pero sin que ello vaya en desmedro de la soberanía británica en el archipiélago.[133]
En definitiva, la ministra británica es, según La Nación, una mujer incapaz de manejar una crisis como la de Malvinas, cosa que se ve reflejada en los planteos que le hace la oposición política de su propio país. Además, por su terquedad y obstinación, solo ve la salida militar como única solución posible a la crisis, lo que genera que obstaculice cualquier intento de negociación diplomática. Apoyándose en los EEUU, finalmente logra su cometido.
Las fuerzas militares: el eficiente David y el tramposo Goliat
La aparición de noticias sobre las fuerzas armadas, tanto argentinas como británicas, fue de menor a mayor en el diario, en cierto modo acompañando el devenir de la guerra. Así también fue la construcción del imaginario sobre estos, que comenzó moderado y neutro, para con el aumento de las hostilidades ir volviéndose más grandilocuente.
La primera mención sobre las fuerzas armadas argentinas de relevancia es un día después de la recuperación de las islas, describiendo al operativo como rápido y eficiente. Asimismo, se habló del fallecimiento de Giachino como una muerte heroica. Además, se continuó el relato de la recuperación en el diario, como veloz y eficaz.[134] Al día siguiente, se publican notas sobre la despedida de los restos de Giachino con fotos de la ceremonia militar de su entierro.[135] Su figura fue configurada de manera heroica[136], en primer lugar por las ceremonias oficiales que se le dio a su velatorio de parte del estado nacional, así como la réplica que tuvo en varios medios de comunicación más allá del analizado.[137] Al poco tiempo aparecerá el segundo fallecido, el conscripto Manuel Almonacid, que cayó en la toma de Grytviken. Asimismo, en un tono mesurado, La Nación informaba la noticia del viaje de la armada británica desde sus bases hacia las islas.[138]
Las primeras menciones hacia las FFAA británicas parecen estar alejadas, por entonces, de cualquier tipo de agresión discursiva. Titulando “La armada británica navega hacia el Atlántico Sur”, solamente hay una mención a que el costo de la operación naval sería muy alto para los británicos y que esto podría poner en jaque las finanzas del país europeo. El uso de adjetivaciones positivas sí se refleja en noticias acerca de las fuerzas nacionales, con términos como patriotismo y orgullo. Asimismo, se publicó una noticia que da cuenta de las bajas en la recuperación de las islas Georgias, que son el ya mencionado Manuel Almonacid, Patricio Huanca y Jorge Águila.[139]
Seguidamente, se reiteran noticias sobre los ejércitos, donde predomina un perfil descriptivo y analítico. En este caso, una noticia interesante sobre las características de ambos ejércitos, bajo el subtítulo de “Poderío y debilidades de la flota de mar británica”, alude a que, a pesar de ser un gran adversario, condiciones como la distancia de reabastecimiento, la ventaja local argentina y los números inferiores de los británicos hacen que nuestras fuerzas armadas sean completamente capaces de repeler posibles ataques. A este análisis comparativo se le sumó días después una descripción pormenorizada de la flota británica, describiendo todos sus navíos y capacidades.[140] A las adjetivaciones positivas de las tropas argentinas se le añadió la de alta moral, según lo transmitido en una entrevista al gobernador de facto de las islas, el Gral. Menéndez.[141]
A pesar de estas menciones, a lo largo del mes de abril las noticias que refieren a las fuerzas armadas argentinas y británicas son muy reducidas o se limitan al campo de lo meramente informativo. Recién el 17 de abril se informa sobre la salida de la flota británica de la isla Ascensión.[142] Durante los días posteriores, las noticias sobre las fuerzas militares son pocas. Esto coincide con la baja acción bélica, ya que aún los británicos estaban viajando desde su base en Ascensión a Malvinas, y con que aún se desarrollaban las negociaciones diplomáticas más relevantes. Pero también se estima que se trata de una decisión editorial de La Nación el priorizar las noticias de corte diplomático, incitando a que la solución sobre la soberanía de las islas debe darse por esa vía. El 23 de abril vuelven a aparecer noticias relevantes acerca de que parte de la flota británica se acerca a las Georgias para recuperarlas. Asimismo, las notas siguen teniendo un perfil neutro de opinión sobre el ejército adversario.[143]
El 26 de abril sale a la luz la reconquista británica de las Georgias. Dentro del diario, se relatan los acontecimientos bélicos. Algunas opiniones sobre las fuerzas armadas argentinas señalaban que estas se defendieron con “tenaz resistencia”, información que contradecía los informes británicos de que habían retomado las islas con poca dificultad.[144] En efecto, el operativo de reconquista de las Georgias por parte de los británicos fue relativamente sencillo, ya que el destacamento de defensa argentino era prácticamente simbólico y estaba aislado de acciones de apoyo de las fuerzas nacionales. Para atemperar el impacto del rápido revés, se hizo circular información de una supuesta resistencia al interior de las islas de parte de comandos argentinos denominados “Lagartos”, que impactó en algunos medios gráficos.[145]
En mayo, con la intensificación de las operaciones, las noticias de las fuerzas armadas comienzan a cobrar mayor relevancia. Con títulos como “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, “Libróse una dura batalla”, se publicaron noticias donde se ve cómo las fuerzas nacionales defienden las islas de ataques británicos. Sin embargo, es llamativa la reserva del diario argentino cuando el 3 de mayo anuncia el ataque al ARA Gral. Belgrano. En tapa, pero en el ángulo inferior derecho, y en un pequeño espacio, bajo el título “El ataque de un submarino británico”, se informa de las averías del navío argentino, donde se resalta la fidelidad de la información oficial ante supuestas versiones contradictorias que habrían circulado.[146]
Quizá esperando mejor información o con la intención de aminorar el impacto de la noticia, será el 4 de mayo cuando si se publica sobre el hundimiento, resaltando que fue atacado fuera de la zona de exclusión. También en referencia a las declaraciones de cancillería, La Nación publicó “Alevoso acto de agresión armada”, en referencia a lo mal ejecutado de la acción británica de acuerdo a las leyes de la guerra. Un título similar se repitió más adelante en el diario, dando más detalles del hundimiento además de haciendo un repaso histórico del crucero argentino hundido. Aparecen aquí las primeras representaciones de un enemigo que para obtener ventaja no juega limpio. Otra nota de este estilo se publicó el mismo día bajo el título “Las bajas entre los Malvinenses”, que refiere a los daños a civiles de las islas que han producido los ataques de la aviación británica. De todas maneras, es una nota que da un número alto de víctimas (11 muertos y 17 heridos) pero no especifica más, así como habla del uso de armas prohibidas por la convención de Ginebra, y parece una clara invención propagandística.[147] De hecho, las bajas civiles durante toda la guerra fueron de solo tres mujeres, los últimos días del conflicto, a causa de un erróneo bombardeo británico.[148]
El refuerzo de la imagen de las fuerzas argentinas se hizo sentir con las noticias de la contraofensiva tras el hundimiento del Belgrano, particularmente con las acciones relacionadas con el ataque al Sheffield. En el cuerpo del diario describió el suceso como un “Triunfo histórico”. Al día siguiente, siguieron los intentos de enaltecer a los soldados argentinos, describiéndolos como portadores de una alta moral y notable capacidad de acción.[149]
Los elogios a las fuerzas nacionales también se ven representados en noticias sobre el enemigo británico. “Los argentinos no son presa de fácil caza”, refiere una nota del corresponsal argentino en Londres, que relató declaraciones de soldados británicos donde se no imaginaban la resistencia, determinación y profesionalidad con que las fuerzas armadas argentinas defenderían las islas. Asimismo, una nota titulada “Exocet” se vanagloriaba de las virtudes del misil que hundió el Sheffield y sorprendió negativamente a la “Vieja Albión”.[150]
Si bien son pocas las menciones negativas vistas hasta aquí, la representación de un juego sucio de las fuerzas británicas se reiteró a los pocos días, en referencia al ataque al pesquero argentino Narwal.[151] Un poco después, aparece por primera vez la figura del mercenario para referirse a los soldados británicos. Bajo los títulos de “Mercenarios en el Queen Elizabeth” y “los Gurkhas”, se desarrolló la descripción de estos soldados del ejército británico, detallando su ferocidad, pero asimismo los posibles problemas que podría traerles la travesía marítima y el clima frío del sur, al cual no están acostumbrados. Sin embargo, no parece haber una mayor intención de representarlos negativamente. Incluso una nota donde se habla de la línea de suministros del ejército británico y se la caracterizó como “Larga y Vulnerable”, no deja de ser descriptiva y técnica, donde dar información pareciera más importante que construir una imagen de enemigo.[152]
Un tiempo después, una nueva representación de las fuerzas británicas aparece, en este caso la de maltratadores y torturadores. “Malos tratos y torturas psicológicas británicos” dice la narración de un civil de nacionalidad uruguaya que fue hecho prisionero luego de que los británicos hubieran recapturado las Georgias. Relata las malas condiciones de vida en su cautiverio y las amenazas ostensibles de los guardias británicos. Maltratadores, pero a la vez parcialmente ineptos ya que, según los dichos del gobernador de las islas, los últimos bombardeos británicos resultaron ser “Leves”. También empiezan a aparecer descripciones más desarrolladas de las fuerzas argentinas. Titulando “En el escenario de las acciones”, se publicó una declaración informal de un piloto de la Fuerza Aérea Argentina que relata la resistencia que se está dando en las islas, que toma a los británicos por sorpresa, ya que la fuerza defensora está intacta y los esperan en las costas. Otra nota similar, titulada “Preparados para repeler un ataque masivo”, desarrollaba las condiciones de ventaja que tendrían nuestras fuerzas para poder resistir ataques británicos, como la superioridad aérea.[153]
Los británicos, mientras tanto, aparecen en las páginas de La Nación como vacilantes y sorprendidos. Bajo los títulos de “Poco a poco los ingleses van reconociendo la verdad”, “Dilema británico: ¿ataque o espera de refuerzos?”, el diario volcaba información que reflejaba una gran capacidad de defensa de parte de las fuerzas argentinas, según las palabras del gobernador Menéndez; y también instalaba la idea de que esta situación hacía revisar los planes de guerra a los británicos.[154]
Con la mayor intensificación de los combates, La Nación informó que las pérdidas de los británicos aumentaban. “Fuertes pérdidas del enemigo en los combates librados ayer”, relataba una nota sobre la férrea defensa argentina ante un intento de desembarco británico que resultó fallido. Esta información usualmente viene acompañada de mapas que detallan cómo se fueron dando las operaciones. Siempre el diario destaca el accionar de la Fuerza Aérea nacional, que merece una nota titulada “Efectividad aérea en la acción bélica”. Además, dichos del presidente refuerzan el buen accionar de las fuerzas nacionales y el daño a los británicos. Mientras tanto “los ingleses están aislados y no podrían ir muy lejos”, según declaraciones de un vocero argentino ante la prensa del Brasil, afirmando que la cabeza de playa lograda por los británicos era muy débil para perdurar:
Según el vocero, los comandos no podrán recibir aprovisionamiento a través de lanchas y helicópteros a consecuencia del intenso bombardeo por parte de los aviones argentinos en el área y tampoco tienen condiciones para avanzar, debido al terreno turboso, blando y accidentado.[155]
El optimismo se mantiene en los siguientes días. Las noticias relataban los ataques de efectivos argentinos que retienen y cercan el avance británico. Asimismo, según otra columna de Eduardo Crawley en La Nación, el bando británico estaría lleno de dudas y contradicciones, en este caso relativo a los efectivos que pusieron pie en las islas.[156]
El mismo relato se mantiene para los últimos días de mayo, donde ya con los combates generalizados en tierra, las tropas argentinas con tenaz resistencia demoran el avance británico, mientras que estos se ven obligados a reconocer bajas que le infligen nuestras fuerzas. Y se suma que los soldados británicos estarían sufriendo “Histeria y depresión”, ya que La Nación publicó comentarios de un médico militar británico sobre los padecimientos de los soldados enemigos ante las condiciones bélicas y climatológicas del teatro de operaciones. De todas maneras, cabe destacar que estas notas aparecen más solapadas en el cuerpo del diario, a diferencia de lo que pasa en otros medios gráficos nacionales.[157]
Según La Nación, las pérdidas británicas se agravan tanto que las reconocen hasta sus líderes. El diario publicó declaraciones del ministro de defensa británico John Nott, donde resaltaba la gravedad de un ataque argentino: “Por lo que sabemos hasta el momento, son malas noticias y debo decir esto de inmediato […] preveíamos un ataque masivo de esa clase, que se ha materializado claramente en las últimas horas”.[158] Asimismo, otra noticia de La Nación destacaba comentarios de la prensa británica, donde remarcaban el valor de las tropas argentinas, especialmente de los pilotos.[159] Mientras tanto, los protagonistas de las fuerzas nacionales parecen ser los pilotos de la Fuerza Aérea, y La Nación realizó un reportaje para recoger su testimonio. El diario publicó una nota que busca recalcar el esfuerzo de los mismos, pero a la vez que los humaniza, los pone cerca del lector ya que no son más que personas comunes que por su labor les toca estar defendiendo a la patria:
Tenemos miedo y te extrañamos, me dice mi mujer, pero quédate ahí. Y allí nos quedamos, porque tenemos fe, porque estamos preparados para eso, porque es nuestro deber. Pero no por destacarnos personalmente. No por heroísmo. A ninguno de nosotros nos interesa estar en el bronce.[160]
Esperando el avance británico hacia la capital de las islas, La Nación si bien da cuenta de las derrotas de las defensas nacionales en Darwin y Pradera de Ganso, remarcó en sus páginas que las tropas argentinas ofrecieron feroz resistencia contra británicos que los superaban ampliamente en número. Para el último día de mayo, la gran noticia bélica fue el “grave daño” al Invincible, el portaaviones británico, mientras se espera una importante batalla sobre Puerto Argentino.[161]
Para las últimas dos semanas, cuando el conflicto está en su fase final, La Nación parece más proclive a generar una línea de propaganda más intensa. Titulando “Como un guardacostas derribó a un Harrier”, relata el episodio que vivió el pequeño navío Río Iguazú contra dos cazas británicos y cómo, a pesar de haber recibido graves daños, con sus ametralladoras logró hacer fuego sobre una de las aeronaves y presumiblemente tirarla al mar. En resumidas cuentas, parece construirse en la nota una analogía de David contra Goliat.[162]
Asimismo, como en esos días la guerra se vive más intensamente en los alrededores de Puerto Argentino, se replican más noticias sobre los combates terrestres, donde el discurso del diario continúa la misma línea, con las fuerzas argentinas resistiendo fieramente y en inferioridad de condiciones, mientras que los británicos se ven obligados a reconocer pérdidas y a replantear sus planes. Siempre en el horizonte se siente la idea de un posible contraataque argentino. Asimismo, el enemigo es cada vez más inhumano, como lo reflejó una noticia sobre la utilización de prisioneros argentinos para desarmar minas.[163] Esta cuestión continuó cuando La Nación detalló la supuesta excusa británica de que los prisioneros habrían muerto trasladando municiones que explotaron, lo que para el diario y para el Estado Mayor es una explicación insuficiente, y vuelven a recalcar la violación de la Convención de Ginebra. Mientras tanto, se resaltaban las proezas de las tropas argentinas, que siguen resistiendo al enemigo aún aisladas y en posiciones adversas. Y si los británicos presentan pelea, generalmente terminan en retirada.[164]
Para los últimos días de combates, La Nación siguió publicando noticias donde los pronósticos eran favorables a las fuerzas nacionales, aunque los combates se dan cada vez más cerca de Puerto Argentino. Para reforzar esta idea, el diario reiteró noticias de las bajas que el Reino Unido se ve obligado a admitir.[165]
La cuestión de las pérdidas británicas sigue en boga, y ahora sus líderes ya no saben qué hacer para ocultarlas. Estas bajas las publicó La Nación en una nota del 12 junio de “manera extraoficial”. Y mientras tanto las acciones británicas son de lo más ruin, como el ataque a un buque hospital.[166] Los relatos continuarán de esta manera hasta que finalmente el 14 de junio lleguen las noticias del alto al fuego.[167]
Sociedad civil argentina y británica, del apoyo nacional a la apatía británica
Las manifestaciones de la sociedad argentina en sus distintas configuraciones también serán una fuente constante de noticias sobre el conflicto de Malvinas en las páginas de La Nación. Cuando estalla un conflicto bélico, no solo las instituciones estatales se movilizan para realizar esfuerzos en pos del mismo, sino que agentes del ámbito privado, desde diarios hasta partidos políticos y asociaciones varias actúan en consecuencia.[168] El grueso de la sociedad argentina y sus diferentes instituciones operaron en pos del esfuerzo bélico de manera sorprendente, acoplándose a las organizaciones estatales que canalizaron estas acciones, pero también sobrepasándolas.[169] Las primeras expresiones de apoyo a la guerra por parte de la sociedad civil fueron las típicas manifestaciones multitudinarias en plazas y calles del país, pero pronto con el correr del conflicto, los apoyos viraron a cuestiones más materiales, como donaciones en dinero y especie, canalizadas por diferentes asociaciones, así como alistamiento de voluntarios, y hasta asociaciones de argentinos en el exterior que mostraban al mundo la razón de la Argentina sobre Malvinas.[170]
El problema alrededor de la causa Malvinas era –y continua siendo- una cuestión sumamente arraigada en la sociedad civil argentina.[171] Ya para los primeros decenios del siglo XX el tema había crecido en la sociedad civil argentina, estimulada por distintas iniciativas tanto estatales como civiles.[172] Por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial, la neutralidad argentina fue cuestionada por las potencias enfrentadas, en búsqueda de alinear al país con uno u otro bando. La “carta” de las Malvinas fue utilizada por la propaganda alemana, tanto por sus canales oficiales como por medios de comunicación argentinos afines, para buscar horadar la imagen de Gran Bretaña, marcando los momentos históricos en que el imperialismo británico había dañado la soberanía nacional, así como aludiendo a que una potencial victoria de Alemania en la guerra ayudaría a la Argentina a recuperar la soberanía sobre el archipiélago.[173] Esta política de propaganda alemana tenía sentido por el arraigo de la problemática Malvinas en la sociedad civil argentina.
En la década del ’30, la confluencia de políticas de creación de bibliotecas populares, la iniciativa de Alfredo Palacios de que en estas estuviera la obra de Paul Groussac sobre Malvinas, y su coordinación con la revista escolar Figuritas, publicación que desarrolló una gran cantidad de iniciativas sobre la causa Malvinas en el país, hizo salir a la luz el gran interés por la cuestión por parte de la sociedad argentina.[174] De hecho, la revista Figuritas, con sus diversas iniciativas pro recuperación de las Islas Malvinas, que iban desde la publicación de proclamas alusivas a la soberanía argentina de las Malvinas y el estimular a maestros de escuela a para que hicieran lo mismo en sus aulas, hasta repartir estampitas de Malvinas, así como un proyecto de instaurar una fecha patria para las islas, demuestran que muchas veces la sociedad civil estaba adelantada a las políticas estatales en relación con la problemática.[175]
Para la década del ‘60 y del ’70, y al calor de la radicalización sociopolítica de la Argentina, crecía el consenso social de que el país debía recuperar la soberanía de las islas aún teniendo que apelar a la violencia. El Operativo Cóndor, así como expresiones de artistas y de medios de prensa, junto con declaraciones e iniciativas políticas de algunos dirigentes, daban cuenta de que la recuperación de Malvinas era un punto fuerte en la sociedad argentina y de que esta estaba dispuesta a lograrlo por la fuerza.[176]
Por lo tanto, durante el conflicto la sociedad civil actuó en consecuencia. Desde empresas privadas donando provisiones para la guerra, así como campañas de donación de sangre, abrigo y recaudación monetaria para colaborar con el esfuerzo de guerra fueron realizadas en todo el país.[177] Estas cuestiones, así como las manifestaciones de apoyo de la sociedad civil argentina, fueron recuperadas en noticias por La Nación.
Las primeras noticias de este tipo son las relativas a las manifestaciones públicas por la reconquista de las islas. La Nación tituló “Alborozo ciudadano por la reconquista de las Malvinas”, acompañado con fotos de la multitud con banderas argentinas a los pies de la Casa Rosada. Asimismo, variadas organizaciones publicaron solicitadas para festejar el hito, desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires hasta marcas de ropa deportiva. La algarabía se replicaba en todo el país y así también la Iglesia católica emitió comunicados favorables. Las escuelas públicas fueron otro lugar donde se replicó el hecho y también se publicaron fotos de cómo estudiantes salían a la calle a festejar. “Júbilo y emoción en la reacción popular” son las palabras que eligió La Nación para describir los actos de la sociedad civil. Las manifestaciones de adhesión no solo son de festejo, sino que se dan en otros ámbitos. Por ejemplo el diario publicó sobre el nacimiento de dos niñas a las cuales se les puso el nombre de “Malvinas Argentinas”.[178] Y sociedades del ámbito rural, pieza importante de la economía argentina, también publicaron sus adhesiones. Asimismo, una “Solidaridad activa” se manifestó desde los sectores industriales.[179]
Las repercusiones de la sociedad argentina reflejadas en el diario no solo fueron demostraciones de alegría por el hecho en sí, sino de conciencia por el posible conflicto que está por venir. De ahí que La Nación publicó noticias relativas a acciones de la población para colaborar con el posible enfrentamiento, como la reactivación de los organismos de defensa civil.[180] No tardan en aparecer noticias relativas a colaboraciones materiales de la sociedad argentina para con el esfuerzo de guerra, como donaciones que van para las tropas apostadas en las islas. Estas vienen tanto de donaciones individuales como de corporaciones específicas. Y no solo estamos hablando de bienes esenciales, La Nación publicó también donaciones de libros que se realizaron en el marco de la Feria del Libro para enviar a las islas. A eso se le suman becas de universidades para habitantes de las islas, así como maestros que ya están inscriptos para ir a trabajar desde el continente al archipiélago.[181] De este tipo de noticias, una llama particularmente la atención. Bajo el título de “Maestras argentinas en las escuelas isleñas”, se desarrollaba una noticia comentando los problemas de integración educativa que se viven en Malvinas, donde, a causa de la política colonialista británica, los habitantes de las islas no han podido desarrollarse ni intelectual ni profesionalmente:
Tal actitud, minuciosamente ejecutada a través de muchas otras limitaciones, mantuvo a los malvinenses condenados al ostracismo […] Contra esa política represiva, propia de regímenes totalitarios y colonialistas, se estrellaron numerosas iniciativas del Gobierno y de diversas instituciones de nuestro país, tendientes a mejorar el horizonte cultural de los pobladores de las islas.[182]
La nota continúa con un sucinto desarrollo histórico de cómo los británicos frustraron un intento de construcción de una escuela en las islas, que iba a construirse a partir de la donación de José Roger Balet en 1948, así como la exitosa pero precaria radicación de dos maestras argentinas en el archipiélago en la década del ‘70. En definitiva, la nota describe al dominio británico como totalitario y perjudicial para el desarrollo humano de sus habitantes, mientras que el actual dominio pleno argentino garantizaría la tan anhelada libertad para los mismos. Días después, La Nación publicó la experiencia directa de una de las maestras argentinas en el archipiélago, que relataba su experiencia como positiva tanto para ella como para los habitantes de las islas, que tuvieron el beneficio de aprender español. Y claramente, si de un conflicto armado hablamos, no podían faltar los voluntarios para servir como soldados en la defensa de la soberanía.[183] La aparición de muchos ciudadanos argentinos que se ofrecen de voluntarios es constante durante todo el conflicto, pero llega a superar el espacio estrictamente militar. Durante la contienda el gobierno nacional recibió cartas de hombres y mujeres que se ofrecían a ir de voluntarios a Malvinas para afincarse y vivir allí, solos o con sus familias. Además de un fuerte sentimiento nacional, las cartas de estos voluntarios expresan la necesidad de moverse al archipiélago para empezar una nueva vida, para superar penurias económicas, y hasta para servir en aspectos de desarrollo económico y social cuando terminase la guerra y hubiese que afianzar a las islas con el resto del país, como ser maestros, arquitectos, agrimensores y empresarios.[184]
Las demostraciones de movilización popular se reiteran en La Nación, para el 10 de abril una nota relataba que se convocó a una nueva marcha en apoyo a la soberanía de Malvinas, que fue apoyada e invitada por medios de comunicación nacionales. Además, La Nación publicó un mapa del centro de la ciudad, para orientar a su audiencia de qué manera llegar a la manifestación.[185]
Asimismo, las entidades que manifiestan sus adhesiones son tantas que llega al punto de publicarse en un formato similar al de los clasificados. Además, aparecieron notas referidas a homenajes simbólicos al hecho, como el cambio de nombre a calles en algunas localidades, en este caso “Malvinas” y “Giachino”.[186]
Mientras tanto, se publicaron notas que relataban la gran concentración anunciada días antes, con gran presencia popular y declaración de varias personalidades, así como los detalles de la misma, y su repercusión en otras marchas en el interior del país. Es la misma población que, siguiendo otras noticias de La Nación, en otros lugares del país obedecía fielmente las medidas de defensa que se ejercitaban, como los oscurecimientos de ciudades en el sur del territorio.[187]
Los esfuerzos de la sociedad argentina por ayudar a la causa Malvinas no se limitan solo a cuestiones dentro de los límites territoriales del país. La Nación publicó una nota titulada “Gestiones de empresarios, gremialistas y políticos en busca de apoyo exterior”, donde se mostraba cómo diferentes corporaciones nacionales se mueven en el mundo para demostrar los fundamentos de la soberanía argentina sobre las islas. El apoyo a la causa es tal según La Nación, que hasta la colectividad británica en nuestro país planeaba medidas para apoyar a la causa argentina, como la iniciativa de viajar a Malvinas y convencer a los isleños de las bondades de vivir bajo el estado argentino. Además, otra noticia de la Asociación de Productores Rurales Británicos, relataba el envío de cartas a la Ministra Thatcher para que evite el uso de la fuerza.[188]
Las noticias sobre donaciones continúan, ahora desde el empresariado textil y metalúrgico. Además, muchas donaciones en dinero se canalizaban a través del “Fondo patriótico Malvinas Argentinas”, una cuenta bancaria creada durante la guerra por el Estado argentino con el objetivo de sufragar gastos, y fue el lugar principal donde la sociedad civil argentina encauzó sus donaciones. De hecho, días después otra nota sobre el Fondo detallaba lo recaudado no solo en dinero, sino en metales preciosos y joyas, además de relatar el episodio de una mujer que quiere donar sus joyas a la causa.[189]
La Nación sigue reproduciendo los apoyos a la causa Malvinas fueron apareciendo de los más variados lugares. Por ejemplo, desde las academias nacionales de diferentes disciplinas, así como también de la Bolsa de Cereales. Asimismo, se publicó una carta abierta de un ciudadano correntino a la premier británica, donde con una prosa llena de elementos patrióticos, justifica lo hecho por el Estado argentino en relación a Malvinas. Los apoyos por la recuperación de las islas se ven en otra nota del diario, donde desde el ámbito artístico se planteaba la posibilidad de un film sobre la recuperación de las Islas.[190]
Otra representación de apoyo desde lo micro reflejaba la nota “Doy todo lo que tengo”, que relató las declaraciones de un inmigrante italiano que vive hace décadas en el país y que quiere apoyar la causa Malvinas. La cuestión del apoyo popular, pero a la vez de alguien que no nació estrictamente en el país, intentaba reflejar lo abierto y positivo que es para todo el mundo la vida en la Argentina. Para sumar la causa nacional, el apoyo se manifestaba hasta en el ámbito carcelario del país, donde los presos ayudaban a la causa Malvinas con donaciones de sangre para los heridos.[191]
Las solicitadas de diversas entidades que se publican en el diario, no son solo de declaración de apoyo, también están las que publicitaban actividades sociales en pos de la causa, como una publicada por la Comisión Organizadora Amigos del Once, convocando a una marcha por Malvinas.[192]
La comunicación con las islas se volvió también importante, por eso La Nación publicó un pequeño apartado sobre la manera de enviar cartas a Malvinas.[193] El envío de cartas entre el frente y el resto del país fue una práctica masiva durante la guerra. Motivada no solo por los propios soldados y sus familias, sino alentada también por las escuelas, que animaban a los escolares a escribir cartas a los soldados argentinos, como forma de agradecimiento del esfuerzo bélico, para elevar la moral de los mismos y fomentar lazos entre el frente y la sociedad civil.[194] También desde revistas orientadas al público infantil se alentó al envío de cartas y obsequios a los soldados.[195] Mientras la posibilidad de solución pacífica se fue alejando, La Nación publicaba que cada vez más voluntarios se alistan para defender las islas, también desde el interior del país.[196]
Con la intensificación de las acciones bélicas en mayo, siguieron apareciendo algunas muestras de apoyo de la sociedad argentina a la causa, como declaraciones de dirigentes de todo el arco político nacional que rechazan las acciones bélicas británicas en Puerto Argentino. A este rechazo, se sumaban las organizaciones sindicales. De nuevo se replica la intención de ver a una Argentina unida más allá de las diferencias internas. Asimismo, se siguieron divulgando acciones en pos de acrecentar los activos del Fondo Patriótico. Asimismo, las adhesiones a la causa de diferentes entidades se siguen publicando. Este tipo de nota se reiterará periódicamente durante el conflicto.[197]
Los ejemplos de noticias en el diario sobre medidas de la sociedad a favor de Malvinas aparecen hasta en los gestos más pequeños, como la decisión de una tradicional farmacia del país, “La Franco Inglesa”, de cambiar su nombre a “La Franco” como manifestación de apoyo. Asimismo, la unión política también se demostraba con los sectores de jóvenes militancias, como el acto que realizó la Juventud Multisectorial con el lema “Las Malvinas son Argentinas”. Además, un colectivo de mujeres “Voluntarias para la patria” difundían sus actividades que buscaban asesorar a la comunidad sobre diferentes temas relacionados con el conflicto.[198]
Los actos por Malvinas en territorio nacional, según lo publicado en La Nación, seguían siendo multitudinarios, como el convocado en Mar del Plata por la Junta Municipal de Defensa Civil que colmó el estadio mundialista. También se replicaban notas sobre homenajes a los caídos.[199]
El especial de televisión en apoyo a la soberanía argentina “Las 24 horas de las Malvinas” también es reproducido en sus páginas como un evento de mucho éxito. La Nación no solo representaba activamente los acontecimientos a favor de la causa, sino que también publicó notas que podrían entenderse como un aporte al esfuerzo de guerra, como la nota titulada “Pasamontañas para los soldados”, que describe las instrucciones que envió a la editorial una lectora de La Nación para poder realizarlos y enviarlos al frente. Y se siguieron publicando adhesiones, como de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, y más información sobre el Fondo Patriótico.[200]
Para mediados de mayo, se replicaron notas variadas que siguen construyendo la idea de un importante apoyo social a la defensa de la soberanía argentina. En primer lugar, el alistamiento de nuevos voluntarios del lado argentino, en este caso de parte de egresados de la Escuela Superior de Guerra Aérea. También un pedido para cambiarle el nombre a la plaza del barrio de Retiro, conocida coloquialmente como la Plaza de los Ingleses por el de “Fuerza Aérea Argentina”. Asimismo, una nota sobre “Los niños de Boedo a sus soldados”, un concurso de pintura infantil, cuya recaudación sería donada al Fondo Patriótico, organizado por asociaciones de ese barrio porteño.[201]
Los ejemplos del apoyo del pueblo argentino a la causa siguen visualizándose hasta en lugares insospechados en las páginas del diario, como dos notas sobre profesores argentinos que renuncian o rechazan ofertas laborales en instituciones norteamericanas, por la posición de aquel país ante el conflicto. Y por supuesto, siguen publicándose noticias de las adhesiones de las más diversas organizaciones, desde asociaciones de abogados, entidades religiosas y clubes del más diverso tipo.[202]
La demostración de apoyo de figuras importantes de la política y la cultura de la Argentina también son noticias que La Nación tomó para demostrar el apoyo de la sociedad argentina a la guerra. Las del ámbito artístico fueron las primeras en aparecer. La Nación publicó las palabras de artistas como Lolita Torres, Fernando Ayala, Juan Carlos Altavista, Malvina Pastorino y otros, que adhieren con algarabía a la recuperación de las islas.[203] Se publicaron también declaraciones de diversos intelectuales del país, como Enrique Anderson Imbert, Pedro Cossio, Eugenio Pucciarelli, Manuel Mujica Láinez y otros, donde todos expresan que la razón está del lado de la Argentina.[204]
También se reflejan en La Nación las declaraciones de dirigentes de la política argentina que manifiestan su apoyo, desde los más variados tintes ideológicos, como las declaraciones del socialista Américo Ghioldi.[205] La reproducción de las declaraciones de dirigentes de diversos ámbitos está orientada a construir un frente unido en pos de la causa Malvinas. Otro ejemplo es la nota que el diario publicó sobre el escritor Ernesto Sábato, que también se pronuncia a favor de la soberanía argentina. Aquí se veía como un intelectual en principio opositor a la dictadura militar en este momento se siente momentáneamente unido a la causa y la apoya como algo trascendental.[206]
Asimismo, desde el ámbito de la cultura el diario reflejó apoyos a la causa. Por ejemplo, una noticia sobre el “Encuentro Artístico por la Paz y la Soberanía”,[207] evento realizado los primeros días de mayo, uno de los más icónicos festivales generados por la cultura argentina para apoyar el esfuerzo de guerra. Organizado principalmente por asociaciones de músicos y actores, reunió un elenco variopinto de artistas que iban desde el rock hasta el folklore, para de nuevo demostrar el apoyo nacional a la guerra.[208] Días más tarde, otro evento que involucrará a celebridades del ámbito artístico fue el de un desfile de moda en beneficio al Fondo Patriótico.[209]
El deporte nacional es otro ámbito donde se representa la alegría por la recuperación de las islas. La Nación publicó los apoyos populares a la causa que se dan mediante cánticos y banderas durante los partidos de futbol. También desde el turf se demostraba apoyo a la causa de Malvinas, reflejado en la medida de poner como nombre “Malvinas Argentinas” a una de sus tantas carreras.[210] Otro ejemplo de apoyo del mundo deportivo se publicó el 12 de abril bajo el título de “Una regata a las Malvinas”, donde detallaba una iniciativa del mundo del deporte náutico para salir de diferentes puertos del continente en velero hacia las Malvinas.[211] También La Nación publicó una nota sobre la propuesta de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos se planteaba mandar ejemplares a las islas, como otra vía para su “argentinización”.[212]
El mundo del futbol fue de los lugares donde más notoriedad tomaron los apoyos a Malvinas. La Nación publicó una nota de un episodio peculiar sobre la exhibición y posterior quema de un muñeco de la premier británica en el estadio de Boca Juniors, además de episodios de apoyo a la causa argentina durante otros partidos.[213] El lugar de las acciones de los simpatizantes durante los partidos de futbol se verá muy reflejado en noticias de prensa gráfica nacional, en estos espacios se dieron manifestaciones públicas que buscaban reflejar sentimientos de unidad nacional y cohesión social ante los acontecimientos en Malvinas. Estos fueron desde los más pacíficos y tranquilos hasta los más violentos, como el episodio de la quema del muñeco de Thatcher presentado más arriba.[214]
También hacen eco notas sobre declaraciones de figuras importantes del deporte, como el caso del futbolista Daniel Bertoni que, consultado sobre la opinión de la causa Malvinas en Italia, donde jugaba en ese momento, no duda en afirmar que apoya a la Argentina y que tanto él como su familia viven muy nerviosos este momento porque “sienten a la patria”.[215] El rol de las grandes figuras del deporte también fue muy trabajado por la prensa durante el conflicto. Esto servía para reflejar la emocionalidad que causaba la guerra de Malvinas en estos, que de alguna manera fungen como representantes del país ante el exterior. Por otro lado, también se homologaba el desempeño deportivo de los mismos, al esfuerzo de guerra argentino.[216]
Es llamativo que, si bien se multiplicaban las noticias donde se ve que la sociedad argentina apoyaba la causa y buscaba colaborar en la misma desde los más variados sectores, haya muy pocas noticias sobre la reacción del pueblo británico. Esta representación apareció mucho más solapada, por ejemplo, una nota titulada “La indiferencia de los ingleses no se altera”, del corresponsal de La Nación Luis Mario Bello, donde contraponía el fervor popular que une al pueblo argentino con la supuesta indiferencia de los británicos con el tema Malvinas, contradictorias con las supuestas falsas notas de los diarios británicos. La mirada de los kelpers[217], en referencia a los habitantes de las islas, apareció en otra nota titulada “Más civilización”, donde si bien el diario los reconocía más culturalmente afines al Reino Unido, relataba que muchos están dispuestos a aceptar la soberanía argentina ya que desde este país se podría invertir mucho más dinero que lo que Gran Bretaña ha hecho en sus años de ocupación, dando lugar a ventajas como la televisión a color, inexistente en las islas. De hecho, el 12 de abril, el mismo diario publicó que se iniciaron las emisiones del canal 7 TV Color Islas Malvinas, una iniciativa de los medios públicos estatales.[218]
En esta misma línea, una nota titulada “De las Malvinas, no de las Falklands” relataba la historia de una familia norteamericana que vivía en las islas y se trasladó a la Argentina, quedándose en el tradicional hotel Sheraton de Buenos Aires, siendo la gran curiosidad del mismo. Otra nota del mismo estilo se publicó sobre “Pamela Reid y sus nueve hijos” donde relata la historia de una familia de malvinenses que vino a la Argentina, y lo feliz y cómoda que se está en el país. Vinieron al país a sacar la cédula de identidad nacional, otro motivo que reafirma la soberanía argentina.[219]
Una nota pequeña, pero curiosa, publicó La Nación a inicios del conflicto, donde se refleja que hasta los propios británicos le darían la razón a la Argentina. Titulando “Propuesta de residentes británicos”, refiere a una reunión del obispo de la iglesia anglicana y otros referentes de la comunidad británica en la Argentina, que se acercaron a La Nación para hacer público una serie de propuestas que llevar a los malvinenses, para hacerles ver “que pueden vivir tranquilos bajo la autoridad argentina”.[220]
Hasta aquí, las noticias sobre las reacciones británicas son escasas y revelan su supuesta apatía ante el conflicto, así como un posible interés de los habitantes de Malvinas por vivir bajo la bandera argentina. Pero con el comienzo de los combates a fines de abril, aparecieron nuevas menciones en las páginas de La Nación, como una nota sobre un ataque contra Thatcher de parte del laborismo británico por el hecho de haber iniciado hostilidades con el ataque a las Georgias. Noticias por el estilo se reiteraron días más tarde, haciendo ver que la unidad británica al menos en el ámbito político está quebrada. Asimismo, una serie de recortes de diarios británicos que publicó La Nación reflejaban que la opinión pública de ese país pedía moderación y negociación antes que seguir con la violencia.[221] Este punto es interesante, ya que hay cierta controversia sobre cómo fue tomada la Guerra de Malvinas desde la óptica de la sociedad británica. Ya vimos como en el ámbito político la guerra y su posterior resultado favoreció la gestión de Thatcher, que venía debilitada, y pudo hacer que el partido conservador se consolide durante varios años mientras que la oposición laborista tendió a disminuir su influencia.[222] Pero también parte de la sociedad en su conjunto fue crítica del accionar del gobierno durante el conflicto y de la resolución violenta del mismo, que se reflejó por ejemplo en la suba de ventas de periódicos que eran más críticos y se salían de la línea oficial de gobierno.[223]
Si bien los ejemplos son escasos, también se publican noticias que reflejaban cómo el frente interno británico no era lo sólidamente firme como lo era el argentino. La Nación transmitió notas donde se reflejan críticas a la escalada bélica del gobierno británico, ya sea desde la oposición laborista, como en las columnas del diario The Times y hasta en la opinión de un obispo anglicano:
Al dirigirse a la asamblea del sínodo de su diócesis afirmó que la utilización de medios militares por parte de Gran Bretaña no parece un acto en defensa de la libertad. ‘Parece –Siguió diciendo- la regresión a un cierto tipo de colonialismo de cañoneras’ y señalo que tal actitud ofende a los países sudamericanos.[224]
Para mediados de mayo, se suman al rechazo a la guerra sectores de la sociedad británica. La Nación publicó una nota titulada “Manifestación de pacifistas”, sobre una marcha en las instalaciones militares británicas de Portsmouth llevada a cabo por ciudadanos británicos pidiendo el cese de hostilidades. Lo mismo sucede con profesionales y académicos de la Open University, en Gran Bretaña, que le enviaron una carta a Thatcher para que detenga los ataques británicos. Para fines de mayo apareció una nota similar, ahora sobre un llamado al cese al fuego que se daba en Londres tanto de intelectuales argentinos como británicos, y con apoyo de dirigentes del Partido Laborista.[225]
A fines de mayo salió a la luz un ejemplo de notas que podían entrar tanto en la categoría de apoyo argentino y británico a la vez. Es el peculiar caso de una noticia sobre ciudadanos británicos que adoptaron la ciudadanía argentina, por residir en el país desde hace mucho tiempo, pero también por entender que la razón justa de Malvinas es que sea parte de la Argentina.[226] Una nota similar, ahora sobre una mujer británica residente que se nacionalizó argentina, se reiteró a los pocos días.[227]
Para junio, las noticias sobre las reacciones de la sociedad local y extranjera comienzan a escasear, o son más pequeñas y de menor relevancia, en gran medida opacadas por el aumento de las notas sobre las acciones bélicas. Sin embargo, las referidas al Fondo Patriótico continúan. Asimismo, también se repiten las noticias sobre las adhesiones de diversos colectivos y organismos del país a favor de Malvinas. Es llamativo que casi ya no se publiquen solicitadas con la misma intensidad de los dos meses anteriores. Una pequeña y en las últimas páginas de una edición dominical, con el auspicio de “Calzado Rallys”, se publicó pocos días antes de la capitulación. Se puede explicar un poco este fenómeno con la llegada del Papa al país y el recrudecimiento de los combates, pero así también con la perspectiva de la derrota.[228]
Las últimas publicaciones sobre manifestaciones populares se vislumbraron en relación a la concentración en Plaza de Mayo por el acto del Día de las Malvinas. Y asimismo, como para demostrar síntomas de total normalidad, La Nación publicó una noticia sobre el primer casamiento entre argentinos en el archipiélago.[229] Las últimas dos noticias que demuestran el apoyo de la sociedad argentina ante el esfuerzo bélico se dieron una a dos días de la rendición, sobre un remate de obras de arte para recaudar para el Fondo Patriótico, y la última nota, al día siguiente del final de la guerra, ya con La Nación habiendo publicado información sobre el alto al fuego, sobre la totalidad de la recaudación del Fondo.[230]
Apoyo internacional desde afuera y desde adentro
La representación de la crisis de Malvinas y su repercusión en el ámbito internacional es quizá uno de los aspectos en los que La Nación más buscó profundizar. Esto se vio reflejado básicamente en tres tipos de noticias que se reiteraron durante la guerra. Por un lado, las diferentes reacciones de los países de todo el globo ante el conflicto. Por otro, la reacción de diferentes colectividades de otros países que viven en territorio argentino. En tercer lugar, noticias relativas a lo acontecido en organismos internacionales. Ahora bien, la mirada de La Nación hacia los países que se mantuvieron más a favor del Reino Unido fue mucho más cordial y respetuosa que lo que uno podría imaginarse. Y viceversa con países que terminaron apoyando a la Argentina, pero que por su perfil político La Nación no los consideraba buenos ejemplos, como el caso de los países del bloque socialista. Además, la ilusión del apoyo norteamericano se intentó sostener incluso ante la evidencia de lo contrario. Esto puede atribuirse al perfil ideológico del diario.
Las noticias sobre los acontecimientos en diferentes organismos internacionales fueron seguidas muy de cerca por La Nación, ya que la posibilidad de una resolución pacífica al conflicto podía llegar a gestionarse en estos espacios. A los pocos días de iniciado el conflicto, La Nación publicó la votación del Consejo de Seguridad de condena de la agresión argentina y pedido inmediato de cese al fuego, donde solo Panamá votó en contra, apoyando a la Argentina. Aquí en esta nota, se remarcaron también las abstenciones de la URSS, China, Polonia y España, pero le sorprendieron al diario los votos a favor de otros países tercermundistas como Jordania, Togo, Uganda y Zaire.[231]
Pocos días pasaron para que nuevas repercusiones internacionales aparecieran, como la apelación al TIAR de parte de Argentina y la repercusión del conflicto en los países de la OEA.[232] En este caso, las noticias eran de mayor optimismo, ya que lo sucedido en ambos espacios iría en favor de la causa argentina. El optimismo del diario se mantuvo los días siguientes, ahora en referencia a noticias sobre organismos internacionales del viejo mundo. Por ejemplo, se publicó una nota sobre la postura de la OTAN, pidiendo al Reino Unido que regrese las naves a puerto, además de que ya la URSS expresó oficialmente el apoyo a la Argentina. El optimismo es tal que a la continuación de la nota la acompañaba una caricatura de Thatcher siendo rechazada por la OTAN, cerrándole la puerta en la cara, que analizamos anteriormente (FIG. V, pag. 110).[233]
Días después de la recuperación de las Georgias a manos británicas, La Nación se encargó de reforzar la idea de apoyo internacional, titulando en tapa “Respaldo de los cancilleres de América a la posición argentina”, todo esto en el contexto de las reuniones del TIAR. En la vuelta de página, sobre el mismo acontecimiento, se tituló “Firme respaldo de América Latina”. Así también, con menos notoriedad, se publicaron noticias sobre el apoyo a la soberanía argentina de parte de los No Alineados.[234] Para inicios de mayo, La Nación publicó notas refiriendo a las denuncias de países latinoamericanos sobre los intentos de sabotear el TIAR por parte de los EEUU, ya a ojos de estos, socio evidentes de los británicos.[235]
Entrando en el último tercio del mes de mayo, ya muy avanzado el conflicto y cuando las soluciones negociadas no dejan de fracasar, La Nación publicó las iniciativas de paz propuestas por países latinoamericanos en organismos internacionales.[236] Este velo de optimismo y apoyo de la comunidad internacional no dejó de manifestarse. Que “La Argentina no se encuentra sola”, tituló La Nación a fines de mayo una larga nota sobre las novedades internacionales y los aún posibles espacios de negociación en el ámbito internacional, donde los británicos solo obstruían una salida negociada mientras la Argentina era vista como flexible al diálogo. Asimismo, se siguieron reproduciendo notas sobre el TIAR y la posibilidad de apoyar a la Argentina, a pesar de la negativa pasada de los EEUU.[237]
Para el mes de junio, el último pedido de cese al fuego fue seguido con detenimiento por el diario argentino, resaltando que este era encabezado por España y Panamá. A este intento se le dio mucha importancia, y se reflejó cómo otros miembros del Consejo de Seguridad, incluidos los EEUU, estarían presionando a Gran Bretaña para un cese al fuego.[238] Ahora bien, con el veto al día siguiente encabezado por los EEUU y el propio Reino Unido, las esperanzas desaparecieron.[239]
En efecto, el optimismo de La Nación que se refleja en estas noticias distó de concordar con los hechos. El caso de lo sucedido en el TIAR es de lo más notable. Si bien el organismo, alianza militar creada en 1947, planteaba que los estados firmantes debían considerar el ataque británico a las islas como un ataque contra todo el continente, y planteaba una serie de represalias materiales de todos los firmantes al agresor, este organismo solo articuló un apoyo retórico a la Argentina.[240] Esto se dio en gran parte porque los EEUU priorizó su alianza militar más importante, la OTAN, antes que el TIAR.[241] Y el apoyo de esta fue muy importante para el Reino Unido, que le garantizó la solidaridad de Europa occidental, salvo excepciones, reflejada en los hechos de cómo Francia, país proveedor de armas a la Argentina, como el misil Exocet, interrumpió la colaboración con la misma en la materia y le facilitó información al Reino Unido sobre el artefacto.[242]
Además, los últimos intentos en la ONU y el Consejo de Seguridad por llegar a alguna resolución no violenta del conflicto, que La Nación representó con optimismo, tuvieron muy poca capacidad de éxito, tanto el presentado por el presidente del Perú, Belaunde Terry, como el del secretario de la ONU Pérez de Cuéllar. La posición intransigente de ambos países a no ceder en puntos clave, más la intensificación de los combates, los frustraron rápidamente.[243]
Moviendo el foco a las noticias de cómo varios países del mundo reaccionan al conflicto Malvinas, el más rico para analizar es sin duda los Estados Unidos. La Nación aquí tuvo una plasticidad particular para confiar hasta último momento en un supuesto apoyo, o al menos neutralidad, del país del norte. La primera nota que refiere a la eventual neutralidad de los EEUU se publicó un día antes de que se sepa de la Operación Rosario, con el incidente de Grivitken como un evento más de la diplomacia internacional. Con el conflicto ya abierto luego del desembarco, y titulando “Derivaciones diplomáticas”, La Nación describió que el escenario de negociaciones sería favorable a nuestro país, teniendo el apoyo de China y la URSS, miembros del Consejo de Seguridad, y si bien el de los EEUU sería hacia Reino Unido, este no iría más allá de un “apoyo diplomático tácito”.[244]
De hecho, el optimismo de que el país del norte podía ser un pilar a favor se mantiene respecto de la gestión de Haig. La esperanza de que los EEUU pueda terciar a favor de nuestro país se trató de mantener en el perfil de varias notas a lo largo de todo el conflicto.[245] En efecto, Haig se embarcó en una gestión de paz muy enérgica entre Londres y Buenos Aires, pero a unas pocas semanas esta fue obstaculizada por las posiciones duras de ambos países.[246] Y cuando Estados Unidos vio la posibilidad de paz lejana, no dudó en comenzar a cooperar con su tradicional aliado el Reino Unido, a pesar de su declarada neutralidad.[247]
Para mediados de abril, aparecen noticias que dan a EEUU como uno de los principales socios del Reino Unido. Manteniendo un todo de mesura, La Nación empezó a develar la probable alianza entre estos, titulando “EEUU habría brindado a Londres apoyo logístico”, replicando información de diarios norteamericanos, donde justifican esta colaboración dado que la Argentina estaría recibiendo apoyo de la URSS. La Nación además consultó a la embajada de los EEUU en la Argentina, lo que derivó en otra nota donde la misma se excusó de brindar información al respecto.[248] Para fines de abril, la sospecha de los EEUU como colaborador británico volvió a asomarse, en una nota sobre declaraciones de la Unión Soviética que acusaba a los norteamericanos de colaborar con el Reino Unido.[249] Terminando el mes, el apoyo norteamericano estuvo más claro, con una nota de La Nación titulada “El Senado de los EEUU respalda al Reino Unido”.[250]
Para mayo, más noticias reforzaron el apoyo norteamericano a los británicos, cuando La Nación publicó “Washington proporcionará ayuda aérea y logística a Gran Bretaña”. Pero es curioso cómo el diario insistía, a pesar de las negativas, en la posibilidad de que los EEUU solucione el conflicto, con una nota titulada “Pese a todo, Estados Unidos tiene la clave de la solución”, refiriendo a información sobre una fuente importante de los EEUU que podría terciar en la solución pacífica si le quitase el apoyo al gobierno de Thatcher:
[…] Lo único que debe hacer el país del Norte para provocar un desenlace es soltar el hilo con que sostiene a Margaret Thatcher […] La preocupación de los Estados Unidos está fundada en dos aspectos: el hecho de enfrentarse a todo un continente y ver deterioradas sus relaciones con América latina […].[251]
Los vaivenes respecto del lugar de los EEUU en el conflicto según las notas del diario se pueden explicar por estar cruzado por su tradicional perfil editorial. Para los primeros días de mayo, La Nación publicó una nota titulada “EEUU y América Latina”, replicando declaraciones de Reagan, donde afirmaba que el conflicto de Malvinas no debía afectar las buenas relaciones con los países latinoamericanos. Tanto el líder norteamericano como el diario argentino parecen más preocupados por la Guerra Fría que por Malvinas. Una nota similar se reiteró días después, en este caso sobre el plan de la Argentina de no complicar los vínculos con los EEUU a pesar de la guerra en curso. Y al mismo tiempo, se reflejaban notas de supuesto apoyo de la sociedad norteamericana, como un acto en respaldo a la soberanía argentina de la cámara de comercio de los EEUU, mientras que por el otro lado, se publicó una noticia que detalla cual es la ayuda militar que Washington le está dando a los británicos.[252] En definitiva, en La Nación la esperanza de una posible solución favorable, EEUU mediante, se sostiene en base a su perfil editorial prooccidental, por lo que mantendrá un tono moderado al referirse a las noticias donde claramente se vea una colaboración de aquel país con los británicos.
Otro gran grupo de noticias internacionales fueron las referidas a las reacciones de los países europeos. La lógica indica, y La Nación no trató de ocultarla, que gran parte de estos terció a favor del Reino Unido. Pero al examinar las notas sobre estos países, hay una mayor relevancia a informar sobre las excepciones, como España, Irlanda e Italia, que por diferentes cuestiones apoyarían a nuestro país. Para los primeros días de abril, noticias refieren a países como Portugal, que deploró la acción argentina de reconquista militar a la vez que se suman al embargo internacional de armas Francia y Bélgica.[253] Sin embargo, los casos “negativos” quedaron opacados por el optimismo de los países europeos que ven más favorable la posición argentina.
El caso español tiene su relevancia particular. La primera nota que se publicó sobre el país ibérico lo reflejó apoyando la causa argentina teniendo en cuenta el similar conflicto de este país por el estrecho de Gibraltar con el Reino Unido.[254] A los pocos días se publicaron tres notas que hablan sobre la situación de Gibraltar y su paralelismo con el conflicto de Malvinas.[255] El apoyo español se reflejó también en notas de color, como la noticia sobre el gesto de pilotos españoles de Iberia, que al llegar a Ezeiza en un vuelo comercial, manifestaron el apoyo a la Argentina asomando por las ventanillas de la cabina banderas argentinas y españolas.[256]
A medida que los ataques británicos se intensificaron para mayo, el supuesto apoyo español se vio reforzado. La Nación publicó una noticia sobre la desaprobación de la política británica de parte del gobierno español, primer país europeo en hacer esto abiertamente. Además, los españoles fueron una gran comunidad de residentes que se manifestó en el país a favor de la soberanía de Malvinas y asimismo, la afinidad cultural con aquel país fue reflejada en notas sobre el “dilema español”, cuya sociedad apoyaría a la Argentina a pesar de ser país europeo y querer tender lazos con el Mercado Común Europeo y la OTAN.[257]
En efecto, la posición española ante el conflicto de Malvinas tuvo sus ambigüedades. El país ibérico, en pleno proceso de democratización y queriendo ingresar en la OTAN y la Comunidad Europea, reaccionará en primera instancia a favor de la Argentina. El primer comunicado público del gobierno habló a favor de la integridad territorial de la Argentina y en contra de sostener políticas de colonización. Además, el representante español ante el Consejo de Seguridad se abstuvo de votar la resolución 502, que planteaba la retirada de las tropas argentinas.[258] De hecho, con el incremento de los combates, la acción internacional de España aumentó, con ofertas de mediación desde mayo que se tradujeron en la resolución de inicios de junio de alto al fuego ante el Consejo de Seguridad.[259] Asimismo, en la prensa española el conflicto se vio reflejado y generó una situación de incomodidad, donde se cruzaron la intención de incorporarse más firmemente a los organismos internacionales europeos, pero a su vez entendiendo la problemática de la Argentina, un país al cual gran parte de la sociedad española se sentía hermanado.[260]
La esperanza de apoyo a la causa argentina de países europeos más afines cultural y políticamente al Reino Unidos se manifiesta en el caso de Irlanda. Si bien su gobierno votó a favor del Reino Unido en las resoluciones en organismos internacionales, La Nación publicó una nota donde la opinión pública de aquel país renegaba de las medidas de su gobierno. Sin embargo, la nota es engañosa ya que en este caso se refería a declaraciones de la Federación de Sociedades Argentino Irlandesas, situada en nuestro país, y a otra asociación en los Estados Unidos, de estilo similar. Otra nota de este estilo se publicó días después, en este caso la declaración de la Cámara de Comercio Argentino Irlandesa, lamentando la actitud del país europeo.[261]
A pesar de las noticias engañosas del diario, en Irlanda el conflicto causó controversia. El gobierno irlandés que inicialmente apoyó la resolución 502, posteriormente al hundimiento del Belgrano planteó repudios a las acciones británicas y el retiro de sanciones económicas que la CEE le había impuesto a Argentina. Sin embargo, algunos análisis sostienen que los vaivenes del gobierno irlandés fueron más por oportunismo político y cuestiones entre el Estado británico e Irlanda, que por una posición a favor de la Argentina.[262] Además, que la opinión pública irlandesa cuestione la política británica, también es relativo, ya que medios irlandeses más conservadores y con una mirada más pro británica sostuvieron una línea editorial a favor del Reino Unido, aun en los episodios más controversiales del conflicto, como el ya mencionado hundimiento del Belgrano.[263]
La tercera colectividad extranjera que se sumó a los apoyos a la Argentina según La Nación fue la colectividad italiana. Como en el caso de la comunidad irlandesa, rechazaban la posición de su gobierno y apoyaban la causa argentina.[264] El apoyo italiano fue, de países europeos, uno de los que más se replicó en La Nación a lo largo de toda la guerra. Por ejemplo, hubo notas sobre comunidades de italianos residentes que se manifestaron a favor de nuestro país, como la de italianos alpinos veteranos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil Española. Como también se publicaron noticias sobre el levantamiento de sanciones del gobierno italiano sobre la Argentina para mediados de mayo, que habrían sido impulsadas por el apoyo de la opinión pública de este país para con la causa argentina. Los vínculos culturales, así como la evaluación de violencia desmadrada de parte de los británicos, serían las razones que esgrimió La Nación para explicar este fenómeno. También el apoyo italiano se reflejó en declaraciones de sus dirigentes políticos, como del democristiano Giulio Andreotti.[265] La colectividad italiana fue de las comunidades europeas residentes en Argentina que más apareció manifestándose a favor de nuestro país. Titulando “Manifestó su apoyo la colectividad italiana”, La Nación relataba lo sucedido en una manifestación de entidades italianas, donde se remarcaba especialmente el cuestionamiento de parte de los manifestantes al alineamiento de Italia para con el Reino Unido, como algo que no tenía sentido. Asimismo, también La Nación publicó notas de sus corresponsales europeos donde daban como probable que Italia comience oficialmente a apoyar a la Argentina a la brevedad.[266]
En efecto, la comunidad italiana en la Argentina movilizó muchas de sus instituciones para realizar diversas acciones a favor de la causa argentina. Estas fueron desde movilizaciones, notas en los diarios de estos grupos defendiendo la soberanía argentina, así como la formación de comitivas que viajaron a Roma para plantearle al gobierno italiano que levantase las sanciones contra la Argentina.[267]
Para mediados de mayo, siguieron teniendo en La Nación una importancia alta las noticas respecto a las sanciones de la CEE, en las que el diario resaltaba los países que querrían levantarlas, como el caso italiano. Sin embargo, a su vez La Nación no podía negar que el grueso de los países de Europa occidental estaba con el Reino Unido, como es el caso de miembros de la OTAN, como Francia y Alemania. Así y todo, días después se mantenía el optimismo de que más países decidan levantar las sanciones por ver violento y excesivo el accionar del Reino Unido. Y para fines de mayo, algunos países como Alemania, reflejarían cierto malestar ante la postura sumamente belicista del Reino Unido.[268]
Para junio, aparece una nueva solidaridad europea para con la Argentina en las páginas de La Nación, en este caso la de la colectividad francesa, pero ocupando un espacio mucho menor en relación a las anteriores mencionadas.[269]
El fenómeno del apoyo de las comunidades extranjeras residentes en la Argentina al conflicto de Malvinas, especialmente de las europeas, tuvo un desarrollo particular. Al estar en guerra con una potencia del viejo mundo, todo lo “no argentino” podía ser visto como perjudicial, más si se llegaba a relacionar la política internacional del estado de origen para con Malvinas, con los residentes en el país.[270] Eso hizo a muchas comunidades de extranjeros y a sus asociaciones en la Argentina el salir a manifestarse en apoyo a la causa Malvinas, así como a contribuir con el esfuerzo de guerra materialmente. Sin embargo, también en estos apoyos se vislumbró una construcción relacional en la cual las comunidades de extranjeros le agradecían a la Argentina el haber sido una tierra abierta para cobijarlos tanto a ellos como a sus antepasados.[271] Un cobijo que les había permitido mantener sus particularidades culturales, lo que generó que en muchas iniciativas en apoyo a la causa Malvinas, para hacer referencia al imperialismo británico, se apelase a cuestiones homólogas de los países de origen de cada comunidad, como la cuestión de Gibraltar con los españoles, Chipre para los griegos, Esequibo para los venezolanos, además de enviar mensajes a sus respectivos países para alentar a cambiar la mirada pro británica.[272]
De hecho, las noticias sobre el apoyo de comunidades de extranjeros residentes que saldrán a manifestarse favor de la Argentina para con el conflicto de las Malvinas se fueron dando a lo largo de todo el conflicto, y aparecerán las más variadas colectividades, desde países sudamericanos hasta de otras latitudes como de Europa oriental, Medio Oriente y Lejano Oriente. Por ejemplo, para entender la amplitud de estas noticias, La Nación publicó diferentes manifestaciones a favor de la Argentina de colectividades de coreanos, colombianos, paraguayos, bolivianos, chilenos, uruguayos, italianos, checoslovacos, alemanes, libaneses, venezolanos, panameños, peruanos, brasileros, españoles, japoneses, armenios, yugoslavos, lituanos, griegos y hasta de residentes británicos.[273] Con estas noticias, creemos que La Nación buscó ampliar lo más posible el apoyo internacional que tiene la causa argentina, demostrando como desde los más variados orígenes, residentes en el país no tienen dudas de la razón argentina sobre las islas.
De todas maneras, la construcción discursiva del mayor apoyo internacional que tuvo la Argentina en relación al conflicto vino de los países latinoamericanos, y La Nación publicó gran cantidad de notas sobre estos. En una primera noticia surge Venezuela como país que apoya la apelación al TIAR en favor de Argentina. Además, en la misma nota, aflora también el apoyo de Guatemala, por dichos de uno de sus embajadores.[274] También a los pocos días, se publicó una nota sobre el apoyo del Paraguay.[275]
De los países latinoamericanos, destaca Perú, ya que abundan notas que hablan de una posible ayuda militar.[276] El soporte peruano a lo largo del conflicto fue de los más fuertes hacia la Argentina, por lo que La Nación publicó sobre una medida propuesta por este país en la OEA para la conformación de una fuerza de paz, y su solidaridad con la Argentina se reiteró en varias notas.[277] Pero por otro lado, La Nación también publicó que el envío de ayuda militar peruana que se informaba días anteriores, no sería tal. Titulando “Perú desmintió el envío de aviones”, parece que a pesar del estado de guerra La Nación no escatimó en publicar información no tan favorable al país en sus páginas. La noticia sobre los supuestos aviones peruanos volvió a reiterarse a los pocos días, de nuevo negando su presencia en localidades del sur del país. En definitiva, a pesar de la intención de reflejar en variadas notas sobre los apoyos latinoamericanos a la causa argentina, el diario no vaciló en publicar información que contradiga o cuestione lo dicho en otro momento.[278] Algo que, además, forma parte de la ética periodística. Para la segunda mitad de mayo, se publicaron diversas notas que reflotaban la posibilidad de apoyo bélico. Sin embargo, a cada noticia donde Perú se compromete a enviar apoyo militar, aparece una desmentida o un matiz al día siguiente. La Nación nunca terminó de certificar esta información como afirmativa.[279]
Sin embargo, el apoyo del Perú no termina en la especulación de cooperación bélica. En una noticia sobre apoyos de varios países latinoamericanos, destacaba una foto peculiar, donde se mostraba a ex soldados peruanos que querían unirse a las fuerzas de defensa argentinas.[280] Las diversas notas sobre el apoyo del país andino para con la causa argentina se reflejó de muchas maneras, desde declaraciones gubernamentales a manifestaciones populares, pasando por acciones sectorizadas de asociaciones de aquel país, como el rubro médico.[281] Y el apoyo peruano también se reforzó con palabras de su presidente, Belaunde Terry, reflejado en una noticia donde pedía por una solución pacífica y negociada.[282] En efecto, el Perú fue de los vecinos latinoamericanos, el que más esfuerzos demostró para acompañar a la Argentina durante la contienda. Estos esfuerzos fueron desde un acompañamiento gubernamental y una gran gestión diplomática en búsqueda de la paz, hasta una enormidad de demostraciones de la sociedad peruana en sus más variados sectores solidarizándose con la Argentina, que incluyeron manifestaciones públicas, boicots a entidades británicas, y hasta la presentación de voluntarios para ir a servir como soldados en las islas. Este último aspecto, así como la posibilidad de apoyo logístico militar, siempre quedó en rumores y a medio camino.[283]
Otro país que fue reflejado en páginas del diario apoyando a la Argentina con alguna posible acción militar, fue Bolivia. Para mediados de abril, sorprendía una nota titulada “La Fuerza Aérea boliviana”, donde en declaraciones del comandante de su fuerza aérea, se ponían a disposición de la Argentina su infraestructura militar para una eventual colaboración. Ahora bien, días después, La Nación publicó una noticia donde desmiente la posible asistencia militar.[284]
Venezuela fue otro país solidario con la Argentina. Siguiendo las noticias de La Nación, Venezuela apareció apoyando a nuestro país no solo en declaraciones sino realizando sanciones económicas a Gran Bretaña.[285] El apoyo venezolano se reforzaba con palabras de su presidente, Herrera Campíns. También se publicaron noticias sobre una marcha en la capital de aquel país en apoyo a la Argentina. La solidaridad del pueblo venezolano se complementaba con un boicot de trabajadores portuarios de aquel país, que por la agresión británica se negarían a trabajar en cualquier barco con aquella bandera.[286]
Otras noticias que relacionan a Venezuela con la causa Malvinas, son las vinculadas al reclamo territorial que el país sudamericano tiene con su vecino Guyana, colonia británica, que según Venezuela ocupa ilegítimamente la Guayana Esequiba, analogía del caso español con Gibraltar.[287] Además, el apoyo de Venezuela también se replicó con notas a lo largo de todo el conflicto, como por ejemplo sobre el retiro de fondos de aquel país de bancos británicos, el aporte a la Argentina de capitales y bienes como el petróleo, y hasta de la emisión de un especial de televisión del país caribeño en favor de la soberanía argentina.[288]
El caso chileno es el que podríamos denominar la excepción a la regla. La primera noticia de La Nación sobre el país transandino fue que Chile apoyaría una reunión del TIAR, aunque se reservaría su posición en una posible votación.[289] Mientras que la gran mayoría de los países latinoamericanos aparecían apoyando la causa argentina en un sinnúmero de notas, el ejemplo chileno estuvo casi ausente. En un principio, esto se explica por la posición de neutralidad de Chile respecto del conflicto, lo que generó resentimiento en la sociedad argentina, que fue replicado en notas sobre atentados contra edificios diplomáticos de Chile en nuestro país, así como en publicaciones sobre la histórica rivalidad regional. Pero el plato fuerte se dio bien entrado el mes de mayo, cuando La Nación publicó una serie de noticias que hace entrever un posible colaboracionismo del país trasandino con el Reino Unido, en relación al episodio del accidente de un helicóptero británico que cae en territorio chileno. Varias notas analizaron el caso, abriendo hipótesis de que Chile le prestaba bases de operaciones al Reino Unido, o que había fábricas de montaje de estos helicópteros para luego ser usados por los británicos. Finalmente, La Nación nunca confirmó fehacientemente lo dicho en aquellas notas, así como publicó algunas noticias de otro tenor sobre Chile, como las opiniones de un escritor chileno de que entre Argentina y el país andino hay un sentimiento de amistad. Pero de todos modos, la duda se fue sembrando.[290]
Esta duda planteada en las páginas de La Nación, se basaba en la efectiva colaboración de Chile para con el Reino Unido durante el conflicto de Malvinas. Motivado por la hostilidad mutua que se había acrecentado con el problema del Beagle, Chile y Reino Unido buscaron durante la crisis del Atlántico Sur colaboración entre sí que le permitió un apoyo logístico militar sumamente importante a los británicos. Y esta colaboración pudo mantenerse en las sombras durante el conflicto, gracias a la mutua acción diplomática chilena que buscó construir una imagen de neutralidad del país transandino.[291] El apoyo chileno a los británicos permitió que durante el conflicto estos puedan lanzar operaciones de combate aeronaval desde el oeste, además de recibir informes de inteligencia de la Fuerza Aérea Chilena, así como instalar radares británicos en la ciudad de Punta Arenas. El apoyo fue tal que años después, Thatcher confirmó el mismo públicamente.[292]
Otros países que resaltaron en noticias sobre su apoyo a la Argentina, pero en menor medida, serán Brasil, Uruguay y Colombia. Una primera noticia sobre Brasil refirió a dichos de su presidente pidiendo “moderación” para solucionar la disputa. A su vez, una noticia sobre Uruguay, que además de plantear su apoyo a la Argentina y manifestarse, se publicaron datos de ciudadanos que querrían ser voluntarios para pelear en las islas codo a codo con los soldados argentinos.[293] A fines de abril, La Nación publicó que la sociedad uruguaya a través de sus sindicatos apoyaba a la Argentina emitiendo una declaración en la que repudiaba las sanciones europeas y abogaba por una solución pacífica.[294]
En otra noticia sobre las sanciones económicas que impuso la CCE a la Argentina, Brasil pondría puertos propios a disposición de las exportaciones del país para que burlen algunas sanciones.[295] Los acercamientos con Brasil ya mencionados se reforzaron, en este caso con una noticia sobre posible traspaso de armas y equipos bélicos.[296]
El caso de Colombia se vio reflejado en noticias sobre manifestaciones públicas de residentes colombianos en el país en solidaridad con la causa argentina. Asimismo, el estado caribeño también se suma a la lista de países que apoya la soberanía argentina en las islas.[297]
Los apoyos latinoamericanos se vieron también en noticias sobre sus organizaciones, como por ejemplo la SELA, que rechazó las sanciones que la CEE aplicó sobre la Argentina.[298] Ahora, así como se publican los apoyos y las adhesiones, también se visualizaron los aspectos menos propicios, como una nota de que el TIAR apoyaría solo de forma política a la Argentina en su disputa.[299] Para junio, algunos apoyos internacionales siguieron apareciendo, siendo los más representativos los de Perú, Panamá y Venezuela.[300]
Por último, el apoyo de los países socialistas a la causa Malvinas tuvo un abordaje particular en La Nación. Una primera noticia de este tipo fue sobre el apoyo de Cuba, hablando que el regreso del embajador cubano al país, es a la vez una muestra de apoyo y una posible normalización de las relaciones entre Cuba y la Argentina.[301] La gran mayoría de las noticias sobre estos países se concentraron en el último mes de la guerra, centrado en el viaje del canciller Costa Méndez a Cuba para la reunión de los No Alineados.[302]
La participación del país en el Movimiento de No Alineados fue tema importante para La Nación, pero asimismo lo era el poder separar la paja del trigo y hacer notar que esto no sería un acercamiento a la Argentina a países del bloque socialista, como demuestra en una nota con las declaraciones del jefe de gabinete de asesores de Cancillería, Gustavo Figueroa:
Ante la actitud de los Estados Unidos de apoyo a Gran Bretaña – se le dijo – hay gente que señala: ‘A ver si los argentinos ahora nos afiliamos al comunismo’. Tras desechar rotundamente esos comentarios, Figueroa destacó que ‘en eso no tiene que tener dudas. Yo creo que conocen muy bien el pensamiento de las Fuerzas Armadas, de la Junta (…) como para darse cuenta que si se va (a La Habana), se va por No Alineados y porque se trata del tema Malvinas.[303]
Lo mismo sucede con noticias referidas al apoyo de la URSS, donde se reiteraba que este país apoyaba a la Argentina solo en el ámbito político y diplomático. En otra nota titulada “Buscase apoyo en La Habana para condenar la agresión británica”, La Nación seguía, pero de manera sobria, las gestiones del país ante los No Alineados.[304] De hecho, es llamativa una nota publicada un mes atrás, a fines de abril, sobre que la Argentina también recibió apoyo de la “Cuba Democrática”, es decir, el gobierno cubano anticastrista constituido en el exilio norteamericano. En aquella nota, Huber Matos, presidente en el exilio, apoyaba la soberanía argentina, pero la diferenciaba del supuesto apoyo del régimen castrista, acusando al líder socialista de ser solo un oportunista, mientras que su apoyo era genuino. De nuevo, el perfil de La Nación siempre está presente.[305]
Así y todo, la reunión entre el canciller y el presidente de Cuba tuvo gran relevancia en las páginas de La Nación, con foto en tapa incluida.[306] Paradójicamente, las últimas noticias del ámbito internacional que le quedan a La Nación por publicar son el apoyo dado por Fidel Castro a la causa argentina y el de los No Alineados. Pero los apoyos de los países del otro lado de la cortina de hierro siguieron siendo a medias tintas, como se reflejaba en noticias sobre declaraciones de Costa Méndez, donde se negaba que el régimen castrista haya ofrecido apoyo bélico.[307] Fue Malvinas, sin embargo, el acontecimiento que a pesar de las diferencias entre el gobierno militar argentino y la Cuba socialista, limó las asperezas y acercó más a la Argentina al Movimiento de No Alineados, luego de años de cortocircuitos.[308]
Para los últimos días de junio, las noticias sobre la llegada del Papa y el recrudecimiento de los combates en el sur eclipsan las notas del ámbito internacional y los apoyos de otros países empiezan a ser menores en términos de publicaciones. Las excepciones fueron notas sobre los apoyos más firmes durante toda la contienda, como el de Perú y Venezuela. Los últimos ejemplos de esto son noticias sobre donaciones monetarias que vinieron desde Caracas por gestión de la embajada argentina, así como los apoyos diplomáticos del Perú, que continuaban, sumados al envío de un avión Hércules, que reforzaban una “tradicional amistad”. Finalmente, se publicó una nota sobre los debates internos en la dirigencia política peruana sobre cómo ayudar a la Argentina, reflejando hasta donde el Perú se había comprometido con la causa nacional.[309]
Una última nota, las del estilo de apoyo de colectividades extranjeras en nuestro país, se publicó el mismo día que las fuerzas nacionales se rindieron ante los británicos. Relataba una marcha de la comunidad eslovena a favor la soberanía argentina, con un destiempo casi gracioso, si no estuviésemos hablando del final de una trágica guerra.[310]
Conclusiones
El acercamiento general a las noticias del diario La Nación en relación con el conflicto por las islas Malvinas nos permite elaborar las siguientes conclusiones. Siguiendo la clasificación de noticias descripta más arriba, si hablamos de Malvinas, es curioso el enfoque de La Nación, ya que durante gran parte del conflicto “la guerra” fue una suerte de “no lugar”. El diario reforzó la idea de “paz” durante todo abril y parte del mes de mayo, en la línea de que la Argentina buscó siempre una solución negociada al conflicto. Si con el pasar de las semanas esta idea se va esfumando, fue porque la postura británica es intransigente y belicista, y la Argentina en todo caso solo defiende lo suyo. Para las últimas semanas sí se reflejó una posición más beligerante al hablar de la guerra, donde las fuerzas argentinas se batieron con bravura y eficacia ocasionando grandes pérdidas al enemigo. Para el final, no se habló de derrota, sino de una causa nacional que quedó en la historia y unirá a los argentinos.[311]
Enfocándonos en la clase dirigente de cada país, la construcción de la imagen del enemigo británico careció de muchos tradicionales estereotipos, se dio con tono moderado y estuvo centrado más que nada en la figura de Thatcher, a la cual se le añadieron ciertas adjetivaciones negativas por su condición de mujer. Y el contrapunto argentino no fue tanto la figura de Galtieri, que apareció de todos modos como un líder firme y seguro de sí mismo, sino Costa Méndez, el diplomático negociador que brega por la paz, y que chocó con la intransigencia y dureza de la “Dama de hierro” y su postura belicista. Aquí parece que La Nación buscó dar un tono de civilidad a la dirigencia argentina y trasladar la idea de lo autoritario y no republicano al bando británico.
Cuando hablamos de las Fuerzas Armadas en lucha, lo que primero sale a la luz es el análisis objetivo y detallado de lo que podríamos llamar el “arte de la guerra”. Durante todo el conflicto cuando aparecían notas en el diario relativas a la guerra, se vislumbró todo un despliegue analítico, con mapas, descripción pormenorizada de los combates y el análisis de expertos. Ejemplos de aquello son columnas de opinión que refieren a como las armas utilizadas en Malvinas cambiaron para el futuro la estrategia convencional, y las lecciones que dejó el conflicto para los estudiosos de la misma.[312] Sin embargo, esto no quita que se haya generado una representación acerca de las fuerzas armadas enfrentadas. Del bando nacional se remarcó su patriotismo y alta moral, pero el punto más importante que se reflejó fue la idea de eficiencia, es decir, la capacidad operativa de realizar su trabajo, de reconquistar las Malvinas y de defenderlas. Y si bien de la fuerza británica poco se adjetiva en un primer momento, cuando recrudecieron los combates se reflejaron dos grandes ideas, la de tramposos y maltratadores. La primera, porque tienden a saltarse las “reglas de la guerra”, ejemplo máximo de esto es el hundimiento del Belgrano, así como de otras embarcaciones como el pesquero Narwal. Además, que maltrataron a los prisioneros de guerra, torturas de por medio. Finalmente, en la intensidad de los últimos combates aparece la imagen de los soldados argentinos como un “eficiente David”, capaz de defenderse de buena manera ante un “tramposo Goliat”, que aún en superioridad de medios, sufre muchas bajas, lo que le hace replantearse una y otra vez sus estrategias.
Pasando a las noticias que refieren a la imagen de la sociedad civil de uno y otro bando, es notoria la disparidad de representaciones, pero no así una construcción negativa hacia los británicos. Si bien es de destacar que son de las notas que menos lugar tienen en las páginas del diario, dándole mayor relevancia a otras cuestiones, la imagen de la sociedad argentina es la de una comunidad hermanada por la causa nacional. Desde manifestaciones populares a muestras de apoyo de diferentes entidades, del mundo empresario al ámbito deportivo, las noticias muestras que la sociedad argentina colaboró con la causa Malvinas. Las donaciones al Fondo Patriótico eran noticias recurrentes, como también los operativos de defensa civil y de seguridad, así como la recaudación de bienes y el envío de cartas para los soldados en las islas. Además, la sociedad argentina se encontraba hermanada por Malvinas más allá de sus diferencias internas y esto se reflejó en las opiniones de personajes de ámbito político y cultural del país provenientes de todos los sectores. En cambio, la sociedad británica, si bien fue reflejada en pocas noticias, pasó de la apatía a la crítica velada contra su propio gobierno. Los ejemplos de esto son notas sobre ciudadanos británicos ya sea residentes en la Argentina como en el Reino Unido, que vieron la razón de la Argentina y criticaron el exceso de violencia de Thatcher, donde destacaban las noticias sobre las críticas del partido laborista británico. Pero de nuevo, estas menciones son pocas, y se reflejan de forma cauta y medida. Es más, el tono analítico siguió primando, donde La Nación más allá de la beligerancia en la guerra buscó analizar problemáticas más profundamente, como lo reflejó una nota sobre el problema del conflicto alrededor de los ciudadanos “angloargentinos”. El análisis y la reflexión parecen algunas veces estar por encima del esfuerzo de guerra.[313]
Por último, la mirada del ámbito internacional es quizá la que nos ha dejado mayor material para analizar y en la que se dan las representaciones más interesantes. En líneas generales La Nación presentó una gran mayoría de países que apoyan a la Argentina, siendo los principales los latinoamericanos. Estos apoyos se reflejaron en las comunidades de residentes extranjeros en el país que hicieron diferentes manifestaciones en apoyo a la causa Malvinas, así como medidas de aquellos países en favor de la causa nacional. Destacaron aquí Perú y Venezuela como los ejemplos ideales de apoyo, y la excepción a la regla fue el caso chileno. Asimismo, La Nación también reflejó a los países europeos que en líneas generales dieron la razón a Gran Bretaña, posicionándose a su favor en organismos internacionales y adhiriéndose a las sanciones que aquel país le impuso a la Argentina. Las excepciones fueron los casos de Italia, España e Irlanda, que irán acercándose a la Argentina con el correr del conflicto.
Pero quizá lo más interesante de estas noticias sea como La Nación fue representando el apoyo de los EEUU a Gran Bretaña, así como el de los países del bloque socialista a la Argentina. Fiel a su línea editorial y a la Guerra Fría imperante, la esperanza de que los EEUU accionen a favor de la Argentina se replicó en muchas notas y se siguió manteniendo esta idea aun cuando en el propio diario se publiquen las evidencias lo contrario. De hecho, el supuesto “error norteamericano” se analizó también en las columnas de opinión del diario.[314] Y a la vez el apoyo a la causa nacional de los países socialistas siempre se reflejó con cierto recelo, con el ejemplo máximo de las notas sobre el viaje de Costa Méndez a Cuba para buscar el apoyo de los No Alineados, donde La Nación buscó establecer la idea de que esto no saca a la Argentina de su lugar en el Occidente republicano, liberal y capitalista.
En síntesis, La Nación como diario argentino aportó a la construcción de una “cultura de guerra” en torno al conflicto de Malvinas, entendiendo el concepto como las representaciones simbólicas que forja una comunidad en base a la experiencia bélica, muchas veces retomando elementos preexistentes.[315] La construcción de este nuevo imaginario cultural obró a favor del esfuerzo de guerra nacional en términos simbólicos, apoyando la causa desde los diferentes espacios de noticias de sus páginas. Sin embargo, este apoyo a la causa no se situó por encima de los cánones ideológicos y del perfil editorial que el diario siempre mantuvo.
En definitiva, La Nación en su rol de mediador cultural, entendido como el agente social que opera informando, pero también interpretando y difundiendo ciertas representaciones de la guerra[316], trató de colocar en la causa Malvinas sus propios preceptos ideológicos tradicionales, liberales, republicanos y pro occidentales. Malvinas terminó siendo para La Nación un hito más en pos de la anhelada unidad nacional, y el fin de la discordia entre los argentinos.
- Ante la imposibilidad de conseguir los derechos de imagen de algunas de las fuentes analizadas, en particular las historietas, estas no aparecerán como ilustraciones dentro del capítulo. Apelamos a que el lector pueda remitirse a las descripciones textuales para su entendimiento. En el caso del capítulo siguiente, sí se verán las fuentes citadas como imagen.↵
- SIDICARO, Ricardo, La política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación 1909–1989, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, p. 13; ULANOVSKY, Carlos, Paren las rotativas. Una historia de grandes diarios, revistas y periodistas argentinos, Buenos Aires, Espasa, 1997, p. 5.↵
- BARATTA, María Victoria, “La identidad nacional durante la Guerra del Paraguay. Representaciones, lenguajes políticos y conceptos en el diario La Nación Argentina (1862-1870)”, en Almanack, Guarulhos, n.03, p.82-98, 1º semestre de 2012.↵
- ULANOVSKY, Carlos, Paren las rotativas…, op. cit., p. 5.↵
- PEREZ PRADO, Antonio, PEREZ PEREIRO, Marta, “Breve Historia do diario La Nación”, en ESTUDOS DE COMUNICACIÓN, N.º 3-4, 2005, p. 240.↵
- SIDICARO, Ricardo, La política mirada desde…, op. cit., p. 14.↵
- ULANOVSKY, Carlos, Paren las rotativas…, op. cit., p. 8.↵
- SCHUTTENBERG, Mauricio y FONTANA, Julián, “Complicidad, acompañamiento y confrontación. Un análisis de los editoriales del diario La Nación publicados los 24 de marzo durante el período 1976-2014”, en Hallazgos, Año 13, N.° 25, Bogotá, 2016, p. 240.↵
- SCHUTTENBERG, Mauricio y FONTANA, Julián (2016), “Complicidad, acompañamiento…”, op. cit. p. 241.↵
- DIAZ, Cesar Luis, y GIMENEZ, Mario Jorge, “La Nación y el sindicalismo. La construcción editorial
de un imaginario negativo”, en Tram[p]as de la comunicación y la cultura, Nº 78, Marzo 2016, pp. 67–68.↵ - BENASSAI, Paola, “los desencantados de la dictadura. Una aproximación a las cartas de lectores del diario La Nación durante la transición argentina (1981)”, en e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, N° 76, Universidad de Buenos Aires, Argentina, 2021, p. 29.↵
- DIAZ, Cesar Luis, y GIMENEZ, Mario Jorge, “La Nación y el sindicalismo…”, op. cit., pp. 68–69.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social de la argentina (1880–2000), Ediciones Macchi, Buenos Aires, 2018, pp. 800 – 810; NOVARO, Marcos, PALERMO, Vicente, La dictadura militar 1976/1983. Del golpe de Estado a la restauración democrática, Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 264–278.↵
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- “Agravóse la crisis con Gran Bretaña”, “Zarparon naves de Puerto Belgrano”, La Nación, 1 de abril de 1982.↵
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- “Alborozo ciudadano por la reconquista de las Malvinas”, La Nación, 3 de abril de 1982.↵
- “El pabellón argentino en las Malvinas”, La Nación, 3 de abril de 1982.↵
- “Gestión de los EEUU en favor de la paz”, “Gestión de la Casa Blanca en procura de la paz”, La Nación, 7 de abril de 1982.↵
- “La perspectiva de arreglo pacífico calma el mercado de Londres”, La Nación, 8 de abril de 1982↵
- NOVARO, Marcos, PALERMO, Vicente, La dictadura militar 1976/1983…, op. cit., pp. 428–436.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit., pp. 784–786.↵
- “Todo lo que debemos saber sobre nuestras Malvinas”, La Nación, 8 de abril de 1982.↵
- “Todo lo que debemos saber sobre nuestras Malvinas”, La Nación, 8 de abril de 1982.↵
- “La Argentina denuncio en la UN al bloqueo como agresión”, “Contraataque de nuestros servicios de Inteligencia”, La Nación, 10 de abril de 1982.↵
- “La Argentina hará uso de su derecho a la defensa”, La Nación, 15 de abril de 1982.↵
- “Un enfrentamiento para salvar la imagen”, La Nación 17 de abril de 1982.↵
- “Preparativos comunales para la defensa civil”, La Nación 17 de abril de 1982.↵
- “Versiones periodísticas sobre posibles soluciones de la crisis”, “Negociación áspera y difícil”, “aprestase la población ante posibles acciones bélicas”, La Nación, 18 de abril de 1982↵
- “Nicanor Costa Méndez: todavía la negociación es mejor que la guerra”, La Nación, 19 de abril de 1982.↵
- “Haig dejo el país, la situación se encuentra en un punto crítico”, La Nación, 20 de abril de 1982.↵
- “Haig dejo el país, la situación se encuentra en un punto crítico”, “Todavía hay tiempo para un acuerdo y evitar la guerra”, “Lami Dozo: nos estamos acercando a una solución”, La Nación, 20 de abril de 1982.↵
- “La Argentina quiere la paz, dijo Quijano”, La Nación, 21 de abril de 1982.↵
- “Las islas preparadas para la lucha armada”, “Pym no descarta solución negociada”, “No queremos guerra, pero ¿Quién sabe?”, La Nación, 22 de abril de 1982.↵
- “Se acercan a las Georgias las naves de Gran Bretaña”, “Buques británicos se acercan a las Georgias”, La Nación, 23 de abril de 1982.↵
- “Las posibilidades de dialogo se limitan”, “Buques ingleses en posición de ataque”, “la economía de guerra”, La Nación, 24 de abril de 1982.↵
- “Se responderá a toda agresión británica”, La Nación, 25 de abril de 1982; Estado Mayor General, Jefatura II, Inteligencia, Departamento Exterior, Malvinas: La historia Oficial de la Guerra, Latin American Newsletters, 1983, p. 16↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., pp. 71-73.↵
- “Un contraste, no una catástrofe”, La Nación, 26 de abril de 1982.↵
- “Invasión británica a las Georgias después de varias horas de combate”, “Un contraste, no una catástrofe”, “Técnicamente en guerra”, La Nación, 26 de abril de 1982.↵
- “Se prevé un ataque a las Malvinas mientras deliberan los cancilleres”, La Nación, 28 de abril de 1982.↵
- “Ante inminentes acciones bélicas se intensifica una negociación”, La Nación, 29 de abril de 1982.↵
- “La lucha puede ser larga y sangrienta”, La Nación, 29 de abril de 1982.↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., pp. 85-90 ↵
- “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, “Sangre y fuego”, La Nación, 2 de mayo de 1982.↵
- “Una calma tensa se vive en las Malvinas después de la batalla”, “El ataque de un submarino británico”, “Ánimo templado por las primeras acciones bélicas”, La Nación, 3 de mayo de 1982.↵
- “Fuera de la zona del bloqueo fue hundido el Crucero Gral. Belgrano”, “Alevosa agresión armada”, La Nación, 4 de mayo de 1982.↵
- “Londres reconoció el hundimiento del poderoso destructor Sheffield”, “La contraofensiva lanzada sobre la flota invasora”, “Un triunfo histórico: la batalla de las Malvinas”, La Nación, 5 de mayo de 1982.↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., pp. 91–92.↵
- “La tozudez belicista ya no parece ser la mayoría”, La Nación, 7 de mayo de 1982.↵
- “Gran Bretaña llevo a 12 millas de nuestra costa la zona de guerra”, La Nación, 8 de mayo de 1982.↵
- “Provoco indignación el ataque alevoso a un pesquero argentino”, “Agresiones en el mar y en las islas”, “Dramáticos testimonios a través de la televisión”, La Nación, 10 de mayo de 1982.↵
- “Preparativos para un nuevo e inminente desembarco”, “Moderado optimismo de Cuellar para sentar las bases de la negociación”, “Se actuará contra naves y aviones británicos en el Atlántico Sur”, La Nación, 11 de mayo de 1982; Estado Mayor General, Jefatura II, Inteligencia, Departamento Exterior, Malvinas: La historia…, op. cit., p. 22↵
- “Descarta Londres una declaración de guerra”, La Nación, 11 de mayo de 1982.↵
- “Acentúa su intransigencia belicista”, “Quizá no sea posible una solución pacífica”, La Nación, 15 de mayo de 1982.↵
- “Recházanse más ataques británicos: fue hundido el Isla de los Estados”, “Salir de la oscuridad; entrar en la paz”, La Nación, 17 de mayo de 1982.↵
- “La primera ministra no cree en una solución pacífica”, La Nación, 18 de mayo de 1982.↵
- “La Argentina entregó su propuesta para alcanzar un acuerdo pacífico”, “Thatcher insistió en sus amenazas”, La Nación, 19 de mayo de 1982.↵
- “Pérez de Cuellar anunció que daba por concluida su gestión de paz”, “Gran Bretaña rompió la negociación”, “Margaret Thatcher cierra el diálogo”, La Nación, 21 de mayo de 1982.↵
- “Fuertes pérdidas del enemigo en los combates librados ayer“, La Nación, 22 de mayo de 1982. ↵
- “Todo confiado a las armas”, “Aviones navales y de la Fuerza Aérea diezmaron parte de la flota enemiga”, La Nación, 22 de mayo de 1982; “Efectividad aérea en la acción bélica”, La Nación, 23 de mayo de 1982.↵
- “Recrudecieron ayer los combates”, La Nación, 24 de mayo de 1982.↵
- “Combates en tierra mar y aire: hoy se conmemora la fecha patria”, “Más buques británicos averiados”, La Nación, 25 de mayo de 1982.↵
- “Está confirmada la visita del Papa; graves daños en la flota británica”, “Balance oficial de las graves bajas de material del Reino Unido”, “El enemigo admite graves pérdidas”, “La forma auténtica del patriotismo”, La Nación, 27 de mayo de 1982.↵
- “La forma autentica del patriotismo”, La Nación, 27 de mayo de 1982.↵
- “Encarnizados combates en tierra por el dominio de Puerto Darwin”, La Nación, 29 de mayo de 1982.↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., pp. 122–127.↵
- “La gran batalla por las Malvinas se aguarda en Puerto Argentino”, “Disputarán cada pedazo de suelo, mar y cielo”, La Nación, 30 de mayo de 1982.↵
- “El Invencible habría resultado gravemente dañado por un exocet”, La Nación, 31 de mayo de 1982.↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., pp. 97–98.↵
- “Avanzadas británicas se hallan a 25 kilómetros de Puerto Argentino”, La Nación, 1 de junio de 1982.↵
- “Fuerzas nacionales rechazan una ofensiva contra Monte Kent”, “La derrota del enemigo debe ser aplastante”, “Pérdidas británicas hasta el 31 de mayo”, “El enemigo se prepara para un asalto final”, “Inminente contraofensiva argentina en las islas”, La Nación, 2 de junio de 1982.↵
- “El cese inmediato del fuego se pidió en el Consejo de Seguridad”, “Elevado número de bajas británicas”, “La batalla parece inevitable”, La Nación, 3 de junio de 1982.↵
- RAPOPORT, Mario, Historia económica, política y social…, op. cit, pp. 786 – 787↵
- “Cualesquiera sean los avatares somos ya un país victorioso”, La Nación, 4 de junio de 1982.↵
- “Intenso Bombardeo aéreo argentino”, La Nación, 5 de junio de 1982↵
- “Gran Bretaña y EEUU vetaron en la UN la moción de cese del fuego”, “Almirante Massera: Todos al servicio del triunfo”, La Nación, 5 de junio de 1982.↵
- “Se libran combates en las islas y sigue el duelo de artillería”, “Londres insiste en la iniciativa bélica”, “El patriotismo es una conciencia lúcida”, La Nación, 7 de junio de 1982.↵
- “Tomar Puerto Argentino, una empresa muy difícil”, La Nación, 8 de junio de 1982; “Grandes pérdidas británicas en un intento de desembarco”, La Nación, 9 de junio de 1982.↵
- “La lucha por Puerto Argentino intensifícase; reveses británicos”, La Nación, 10 de junio de 1982.↵
- “Acción en bahía agradable: La hora más negra de la flota, según los británicos”, La Nación, 10 de junio de 1982.↵
- “Hoy llega Juan Pablo II; los combates prosiguen en el Sur”, “Repliegue británico”. “Thatcher admitió que son muchas las bajas”, La Nación, 11 de junio de 1982.↵
- “Extraoficialmente admite Londres que hubo 184 muertos y 286 heridos”, La Nación, 12 de junio de 1982.↵
- “UK ‘regret’ overFalklandsdead”, http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/6515803.stm, 1 de abril de 2007, consultado el 23 de mayo del 2024.↵
- “Líbranse fuertes combates en el área de Puerto Argentino”, La Nación, 13 de junio de 1982.↵
- “Nuestras fuerzas combaten con denuedo para contener al invasor”, “Los británicos tiene por delante un duro combate”, La Nación, 14 de junio de 1982.↵
- “Se ha producido un alto al fuego y deben acordarse sus condiciones”, “Gran Bretaña da por concluido el conflicto”, La Nación, 15 de junio de 1982.↵
- “La historia nos condena a la calidad”, La Nación, 15 de junio de 1982.↵
- “Mensaje de Galtieri al país”, La Nación, 3 de abril de 1982.↵
- “Si el pueblo argentino es atacado la Nación ha de presentar batalla”, “Si la Argentina es atacada habrá de presentar batalla”, La Nación, 4 de abril de 1982.↵
- “Galtieri irá a las Malvinas”, La Nación, 22 de abril de 1982; “Galtieri reafirmó la soberanía argentina”, La Nación, 23 de abril de 1982.↵
- “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, “Mensaje del general Galtieri”, La Nación, 2 de mayo de 1982.↵
- “Muchas gracias señor ministro”, La Nación, 2 de mayo de 1982.↵
- “El momento de la negociación”, La Nación, 9 de mayo de 1982.↵
- “Reitero sus deseos de una solución ‘no militar”, La Nación, 14 de mayo de 1982.↵
- “El Gral. Galtieri señalo la flexibilidad argentina”, “Afirmó que la Argentina no levantará la bandera blanca”, La Nación, 16 de mayo de 1982.↵
- “Está confirmada la visita del Papa, graves daños en la flota británica”, “Silvestrini”, La Nación, 27 de mayo de 1982↵
- “Afirmo Galtieri: La Argentina no capitula”, La Nación, 10 de junio de 1982; “Thatcher admitió que son muchas las bajas”, La Nación, 11 de junio de 1982; “Galtieri afirmo que se continuara combatiendo”, La Nación, 12 de junio de 1982.↵
- “La Argentina fijo su posición en la OEA”, “Lord Carrington Abandono el cargo”, La Nación, 6 de abril de 1982; “Gestión de los EEUU en favor de la paz”, La Nación, 7 de abril de 1982.↵
- “El regreso del canciller Costa Méndez”, La Nación, 9 de abril de 1982.↵
- “Nicanor Costa Méndez: Todavía la negociación es mejor que la guerra”, La Nación, 19 de abril de 1982.↵
- “OEA: Costa Méndez parte pasado mañana”, “Costa Méndez informó a la Asamblea Episcopal”, La Nación, 22 de abril de 1982.↵
- “Invasión británica a las Georgias después de varias horas de combate”, “La junta Militar informó ayer a través de seis comunicados”, La Nación, 26 de abril de 1982.↵
- “Emocionada acogida para el discurso de Costa Méndez”, La Nación, 27 de abril de 1982.↵
- “Se prevé un ataque a las Malvinas mientras deliberan los cancilleres”, “OEA: Jornada de arduas gestiones”, La Nación, 28 de abril de 1982.↵
- “El Tiar apela a las Naciones Unidas”, La Nación, 29 de abril de 1982.↵
- “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, La Nación, 2 de mayo de 1982.↵
- “Costa Méndez denunció el ataque”, La Nación, 2 de mayo de 1982.↵
- “Los frentes diplomático y bélico”, La Nación, 11 de mayo de 1982.↵
- “Costa Méndez le concedió una entrevista urgente”, La Nación, 12 de mayo de 1982.↵
- “Thatcher clausuró las negociaciones”, “Costa Méndez refutó punto por punto las denuncias británicas”, La Nación, 21 de mayo de 1982.↵
- “Estamos asistiendo a un retroceso de la historia”, La Nación, 26 de mayo de 1982.↵
- “Costa Méndez viaja a Cuba; para la reunión de No Alineados”, La Nación, 1 de junio de 1982; “Costa Méndez se reunió con Fidel Castro”, “Definitorio mensaje del canciller”, “Costa Méndez denunció una alianza tripartida”, La Nación, 4 de junio de 1982; “Costa Méndez informó a Galtieri; bombardeo a posiciones británicas”, La Nación, 6 de junio de 1982.↵
- “Margaret Thatcher aseguró que recuperará las islas”, La Nación, 4 de abril de 1982.↵
- “La NATO aconsejó el regreso de la flota inglesa”, La Nación, 8 de abril de 1982.↵
- “Margaret Thatcher mantiene su política de fuerza”, La Nación, 10 de abril de 1982; “El mundo con humor”, La Nación, 10 de abril de 1982.↵
- MOORE, Charles, Margaret Thatcher the autorized biography. Volume one: Not for turning, Allen Lane, UK, 2013, p. 331.↵
- “La dama de hierro en aguas borrascosas”, La Nación, 11 de abril de 1982.↵
- “Mundo con humor”, La Nación, 13 de abril de 1982.↵
- “Las dificultades del mediador”, La Nación, 18 de abril de 1982.↵
- “Las sanciones de la Comunidad Europea”, La Nación, 18 de abril de 1982.↵
- “Dificultades del gobierno de Thatcher”, La Nación, 19 de abril de 1982.↵
- “Acusan de debilidad a Thatcher”, La Nación, 14 de mayo de 1982.↵
- VICKERS, Rhiannon, The Labour Party and the World, Manchester University Press, Manchester, 2011, Volume 2, “Labour’s foreign policy since 1951”, pp. 123–131; CHRISTIE CLIVE, “The British Left and the Falklands War”, en The Political Quarterly, vol. 55, núm. 3, 1984, pp. 292–304.↵
- “Thatcher reiteró que el uso de la fuerza no se descarta”, La Nación, 23 de abril de 1982.↵
- “Thatcher apremia a nuestro país”, La Nación, 27 de abril de 1982.↵
- “Margaret Thatcher insiste en sostener una intransigente posición de fuerza”, La Nación, 30 de abril de 1982.↵
- “Thatcher solo quiere la reconquista militar”, La Nación, 12 de mayo de 1982.↵
- “Thatcher esta contra el muro erigido por su obstinación”, La Nación, 13 de mayo de 1982↵
- “Thatcher clausuro las negociaciones”, La Nación, 21 de mayo de 1982.↵
- “Las debilidades de occidente”, La Nación, 30 de mayo de 1982.↵
- “Total intransigencia de Margaret Thatcher”, La Nación, 9 de junio de 1982.↵
- “Thatcher reconoció que se requerirá ayuda argentina”, La Nación, 10 de junio de 1982; “Thatcher admitió que son muchas las bajas”, La Nación, 11 de junio de 1982.↵
- “Celeridad y eficiencia en el operativo militar”, “Cap. De corbeta Pedro Giachino.”, “Veloz y eficiente operativo militar”, La Nación, 3 de abril de 1982.↵
- “Anaya despidió los restos del capitán Pedro Giachino”, La Nación, 4 de abril de 1982.↵
- En los últimos años, su figura de héroe fue cuestionada, ya que el capitán de fragata estuvo vinculado a los operativos de terrorismo de estado de la última dictadura militar: Véase LORENZ, Federico, “Malvinas, la memoria, la verdad, la justicia”, en El río sin orillas, El río sin orillas, 5, 10-2011, p. 111.↵
- PALMISCIANO, Cristian, “Hoy te convertís en Héroe. La construcción de la figura heroica de Giachino.”, en Sudamérica: Revista de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Mar del Plata, Núm. 5, 2016, pp. 161-164.↵
- “Tres bajas en la toma de Grytviken”, “Parte de sus bases la armada británica”, La Nación, 5 de abril de 1982.↵
- “La armada británica navega hacia el Atlántico Sur”, “Patriotismo y vigilia en la zona patagónica”, “Orgullo del Alte. Rojas por la acción militar”, “Comunicado de la Armada”, La Nación, 6 de abril de 1982.↵
- “Una vigilia en armas se vive en el Sur”, La Nación, 7 de abril de 1982; “Capacidad bélica de la flota real”, La Nación, 9 de abril de 1982.↵
- “Gral. Menéndez: La moral es muy alta.”, La Nación, 12 de abril de 1982.↵
- “Zarpo de la isla Ascensión la flota británica”, La Nación, 17 de abril de 1982.↵
- “Buques británicos se acercan a las Georgias”, La Nación, 23 de abril de 1982; “Se aproxima a las Malvinas el grueso de la flota británica”, La Nación, 25 de abril de 1982.↵
- “Invasión británica a las Georgias después de varias horas de Combate”, “La batalla”, “Tenaz resistencia en las Georgias del Sur”, “Ataque británico a las islas Georgias”, La Nación, 26 de abril de 1982.↵
- DIAZ, Alejo Miguel, “Los Lagartos” en las Georgias: una operación psicológica clásica durante la Guerra de Malvinas”, CUADERNOS DE MARTE, Año 12, N° 21, julio-diciembre, 2021.↵
- “Fueron rechazados ataques británicos a las islas Malvinas”, “Libróse una dura batalla”, La Nación, 2 de mayo de 1982; “Una calma tensa se vive en las Malvinas después de la batalla”, “El ataque de un submarino británico”, La Nación, 3 de mayo de 1982↵
- “Fuera de la zona del bloqueo fue hundido el crucero Gral. Belgrano”, “Alevoso acto de agresión armada”, “Alevosa agresión armada”, “Las bajas entre los Malvinenses”, La Nación, 4 de mayo de 1982.↵
- TATO, María Inés, et al., Falkland/Malvinas…, op. cit., p. 167.↵
- “Londres reconoció el hundimiento del poderoso destructor Sheffield”, “La contraofensiva lanzada sobre la flota invasora”, “Admite Londres graves pérdidas”, “Un triunfo histórico: la batalla de las Malvinas”, La Nación, 5 de mayo de 1982; “Férrea moral además de excelente preparación”, La Nación, 6 de mayo de 1982.↵
- “Los argentinos no son presa de fácil caza”, “Exocet”, La Nación, 8 de mayo de 1982.↵
- “Provoco indignación el ataque alevoso a un pesquero argentino”, “Agresiones en el mar y las islas”, La Nación, 10 de mayo de 1982.↵
- “Mercenarios en el Queen Elizabeth”, “los Gurkhas”, “La larga y vulnerable línea de abastecimientos británica”, La Nación, 14 de mayo de 1982.↵
- “Malos tratos y torturas psicológicas británicos”, “Dijo que los daños por los bombardeos resultaron leves”, La Nación, 16 de mayo de 1982; “En el escenario de las acciones”, “Preparados para repeler un ataque masivo”, La Nación, 17 de mayo de 1982.↵
- “Poco a poco los ingleses van reconociendo la verdad”, “Dilema británico: ¿ataque o espera de refuerzos?”, La Nación, 19 de mayo de 1982.↵
- “Fuertes pérdidas del enemigo en los combates librados ayer”, La Nación, 22 de mayo de 1982; “Efectividad aérea en la acción bélica”, “Sera muy difícil que se repongan de las perdidas”, “los ingleses ‘están aislados y no podrían ir muy lejos”, La Nación, 23 de mayo de 1982.↵
- “Prosiguen los ataques contra las fuerzas invasoras de las islas”, “los británicos no consiguen afirmarse en sus posiciones”, “Dudas sobre la cifra de tropas desembarcadas”, La Nación, 24 de mayo de 1982.↵
- “Combates en tierra, mar y aire; hoy se conmemora la fecha patria”, “Más buques británicos averiados”, “Confirman que se hundió la fragata Antelope”, “Histeria y depresión”, La Nación, 25 de mayo de 1982.↵
- “Admitió Nott la energía del ataque aéreo y el daño causado”, La Nación, 26 de mayo de 1982↵
- “Perdidas británicas en material y efectivos”, “Su valor es estacado por la prensa inglesa”, La Nación, 26 de mayo de 1982; “Está confirmada la visita del Papa; graves daños en la flota enemiga”, “Balance oficial de las graves bajas de material del Reino Unido”, “El enemigo admite graves pérdidas”, “Serian tres los buques hundidos el martes”, La Nación, 27 de mayo de 1982.↵
- “A ninguno de nosotros nos interesa estar en el bronce”, La Nación, 29 de mayo de 1982.↵
- “La gran batalla por las Malvinas se aguarda en Puerto Argentino”, La Nación, 30 de mayo de 1982; “El Invincible habría resultado gravemente dañado por un Exocet”, La Nación, 31 de mayo de 1982.↵
- “Como un guardacostas derribó a un Harrier”, La Nación, 1 de junio de 1982.↵
- “Fuerzas nacionales rechazaron una ofensiva contra Monte Kent”, “Perdidas británicas hasta el 31 de mayo”, La Nación 2 de junio de 1982; “Elevado número de bajas británicas”, “Inminente contraofensiva argentina en las islas”, “Prisioneros argentinos habrían sido obligados a desarmar minas”, La Nación, 3 de junio de 1982.↵
- “La muerte de cinco prisioneros argentinos”, “Efectivos de nuestro país detrás de las líneas de los británicos”, “Tras un enfrentamiento se retiraron tropas enemigas”, La Nación, 8 de junio de 1982.↵
- “Grandes pérdidas británicas en un intento de desembarco”, “El Reino Unido admite pérdidas en su frustrada acción de ayer”, “Grandes pérdidas británicas”, La Nación, 9 de junio de 1982.↵
- “Thatcher admitió que son muchas las bajas”, “John Nott se rehúsa a revelar la cantidad de víctimas británicas”, La Nación 11 de junio de 1982; “Extraoficialmente admite Londres que hubo 184 muertos y 286 heridos”, “Los británicos atacaron un buque hospital”, La Nación, 12 de junio de 1982.↵
- “Se ha producido un alto el fuego y deben acordarse sus condiciones”, La Nación, 14 de junio de 1982.↵
- HORNE, John (ed.), State, society and mobilization in Europe during the First World War, Cambrigde/ New York, Cambridge University Press, 1997, p. 2.↵
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- “Nuevas adhesiones de entidades”, “Malvinas y Giachino llamaran a dos calles”, La Nación, 10 de abril de 1982.↵
- “Una muchedumbre colmó la Plaza de Mayo”, “Enfervorizado apoyo a la causa Malvinense”, “Una elocuente variedad de banderas y carteles”, “Un eco multitudinario en todas las provincias”, “Ejercicios de oscurecimiento en ciudades del Chubut y Santa Cruz”, La Nación, 11 de abril de 1982.↵
- “Gestiones de empresarios, gremialistas y políticos en busca de apoyo exterior”, “Una iniciativa de la colectividad británica”, La Nación, 13 de abril de 1982; “Abogan por la paz los residentes británicos”, La Nación, 14 de abril de 1982.↵
- “Donan para las tropas toneladas de vivieres”, “Se efectuaron depósitos para el Fondo Patriótico”, La Nación, 14 de abril de 1982; “Hay 8235 millones de pesos; 23995 dólares y alhajas”, La Nación, 21 de abril de 1982.↵
- “Exhortación de las academias nacionales”, “Apoyo y solidaridad de la Bolsa de Cereales”, La Nación, 15 de abril de 1982; “Solicitada Carta Abierta a la señora Margaret Thatcher”, “La recuperación de las Malvinas, tema de un guion”, La Nación 16 de abril de 1982.↵
- “Doy todo lo que tengo”, “Donan sangre los internos de un penal”, La Nación, 17 de abril de 1982; “De las Malvinas, no de las Falklands”, La Nación, 24 de abril de 1982; “Pamela Reid y sus nueve hijos: de las islas Malvinas a Buenos Aires”, La Nación, 29 de abril de 1982.↵
- “Barrio Once con las Malvinas Argentinas”, La Nación, 21 de abril de 1982.↵
- “El envío de cartas a las Malvinas”, La Nación, 24 de abril de 1982.↵
- LORENZ, Federico, ““Es hora que sepan” la correspondencia de la guerra de Malvinas: otra mirada sobre la experiencia bélica de 1982”, en Revista digital de la escuela de historia, Universidad Nacional de Rosario, año 1, n° 1, Rosario, 2008, pp. 113 – 114.↵
- DESIDERATO, Agustín, “La movilización de los niños durante la Guerra de Malvinas. Un análisis a través de la revista Billiken y el suplemento Croniquita”, en TATO, María Inés; DALLA FONTANA, Luis (Dirs.), La cuestión Malvinas en la Argentina del siglo XX. Una historia social y cultural, Rosario, Prohistoria Ediciones, 2020, pp. 94–95.↵
- “Más voluntarios en el interior”, La Nación, 24 de abril de 1982.↵
- “Unánime repulsa de políticos por el nuevo ataque británico”, “Los sectores sindicales condenaron el ataque”, “Remate a beneficio del Fondo Patriótico”, “Nuevas adhesiones a la causa de nuestro país”, La Nación, 2 de mayo de 1982; “Fervor popular por la gesta de las Malvinas”, La Nación, 3 de mayo de 1982.↵
- “Modifico su nombre una farmacia tradicional”, “Acto de la juventud”, “Voluntarias para la Patria orientan a la comunidad”, La Nación, 7 de mayo de 1982.↵
- “Crítica laborista por la escalada bélica”, “Colmo el estadio marplatense una concentración patriótica”, “Homenaje a los caídos en el Atlántico Sur”, La Nación, 9 de mayo de 1982.↵
- “Imponente adhesión a la convocatoria “Las 24 horas de las Malvinas”, “Pasamontañas para los soldados”, La Nación, 10 de mayo de 1982; “Apoyo de la entidad a la soberanía de las islas”, “Nuevo aporte para el Fondo Patriótico”, La Nación, 11 de mayo de 1982; “Donan recaudación de una subasta de vacunos”, La Nación, 12 de mayo de 1982.↵
- “Ofrecimiento para ir al frente de batalla”, La Nación, 14 de mayo de 1982; “Piden que se llame Fuerza Aérea a la plaza Britania”, “Los niños de Boedo a sus soldados”, La Nación, 15 de mayo de 1982.↵
- “Rechaza una Cátedra”, “Nuevas expresiones de solidaridad con el país”, La Nación, 17 de mayo de 1982; “Figuras del espectáculo actuaron como modelos en un desfile en beneficio del Fondo Patriótico Malvinas”, La Nación, 22 de mayo de 1982. “Deja la Universidad de California un docente argentino”, La Nación, 23 de mayo de 1982.↵
- “Figuras del espectáculo adhieren a los hechos”, La Nación, 3 de abril de 1982.↵
- “La recuperación de las islas en la opinión de los intelectuales”, La Nación, 8 de abril de 1982.↵
- “Ghioldi exhorto a la unión en la acción”, La Nación, 10 de abril de 1982.↵
- “Ernesto Sábato y la soberanía austral”, La Nación, 18 de abril de 1982.↵
- “Encuentro Artístico por la Paz y la Soberanía”, La Nación, 4 de mayo de 1982.↵
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- “Figuras del espectáculo actuaron como modelos en un desfile en beneficio del Fondo Patriótico Malvinas”, La Nación, 22 de mayo de 1982. ↵
- “El futbol argentino festejo la recuperación de las Malvinas”, La Nación, 4 de abril de 1982; “Hubo sentidos actos en todos los estadios de futbol”, La Nación, 5 de abril de 1982; “Córrese hoy el clásico Malvinas Argentinas”, La Nación, 8 de abril de 1982.↵
- “Una regata a las Malvinas”, La Nación, 12 de abril de 1982.↵
- “Caballos criollos para las islas Malvinas”, La Nación, 26 de abril de 1982.↵
- “Fervor popular por la gesta de las Malvinas”, La Nación, 3 de mayo de 1982.↵
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- “Todo el derecho sobre las Malvinas”, La Nación, 20 de mayo de 1982. ↵
- BRITOS, Maximiliano, “Cada uno en lo suyo defendiendo…”, op. cit., pp. 112–114.↵
- Tanto “Kelper” como “Malvinense” se usó sin problemas ni distinción alguna en diferentes notas del diario.↵
- “La indiferencia de los ingleses no se altera”, “Más civilización”, La Nación, 11 de abril de 1982; “Iniciará hoy sus emisiones el canal 7 TV Color Islas Malvinas”, La Nación, 12 de abril de 1982.↵
- “De las Malvinas, no de las Falklands”, La Nación, 24 de abril de 1982; “Pamela Reid y sus nueve hijos: de las islas Malvinas a Buenos Aires”, La Nación, 29 de abril de 1982.↵
- “Propuesta de residentes británicos”, La Nación, 11 de abril de 1982.↵
- “El laborismo fustigó a Thatcher por la invasión”, “La opinión pública inglesa pide mesura”, La Nación, 26 de abril de 1982; “Oposición laborista a la escalada militar”, La Nación, 28 de abril de 1982.↵
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- “Critica Laborista por la escalada bélica”, La Nación, 9 de mayo de 1982.↵
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- Dos ciudadanos británicos adoptan la ciudadanía argentina”, La Nación, 28 de mayo de 1982; “Somos argentinos como las Malvinas”, La Nación, 29 de mayo de 1982.↵
- “Se nacionalizó una súbdita británica”, La Nación, 3 de junio de 1982.↵
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- “La Argentina no se encuentra sola”, “Reclámese al TIAR el apoyo a nuestro país ante la agresión”, La Nación, 28 de mayo de 1982.↵
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