Diana I. Pérez[1]
Aristóteles dijo que los seres humanos buscan el conocimiento. Y es cierto, los seres humanos aprendemos y logramos hacer muchas cosas complejas, que requieren de conocimiento del mundo físico, psíquico y social, y también de experticia lograda a partir del entrenamiento y la educación. Así, los seres humanos sabemos hacer muchas cosas y las aprendemos en el transcurso de nuestras vidas, algunas por imitación, otras porque nos las enseñan de manera más o menos formal. Y todo hacer supone un cambio en el mundo. Aprendemos a cantar o a tocar un instrumento y el mundo se llena de música. Aprendemos a leer y escribir, y nuestra vida cambia y el mundo cambia. Y también aprendemos a filosofar: a alejarnos de nuestras prácticas cotidianas, reflexionar sobre ellas y reorganizarlas, reestructurarlas y mejorarlas.
El libro que van a leer es, sin duda, un libro filosófico. Un libro que fue escrito partiendo de las reflexiones que surgen desde de una práctica concreta: la práctica de diagnosticar en salud mental, de conectar –a partir de la escucha atenta– la palabra de quien acude a una consulta con los saberes adquiridos por la terapeuta.
Se trata de una práctica muy compleja que involucra muchas habilidades que la terapeuta debe adquirir a lo largo de su formación, y que se ponen en juego de manera única en cada caso particular. Y que, por supuesto, implican cambios en el mundo: cambios en la autopercepción del consultante, en su identidad en el grupo social en el que su vida se desarrolla, y en sus perspectivas futuras a través de múltiples intervenciones clínicas que dependerán del diagnóstico que reciba.
Toda etiqueta nos ubica en uno u otro grupo, nos excluye de otros, genera expectativas acerca de nuestro comportamiento y habilita ciertas prácticas que nos involucran por portar una u otra etiqueta. Es por todo esto que la responsabilidad que conlleva la actividad de diagnosticar –que desarrolla cada terapeuta en cada diagnóstico particular– es enorme.
Gastón Pecznik, además de vivir en primera persona la experiencia de llevar a cabo estas actividades diagnósticas, es también formador de futuros diagnosticadores. Es desde este doble rol –como actor en ejercicio de esta práctica y como maestro para quienes quieren aprenderla– que dedica sus reflexiones filosóficas a repensarlas críticamente.
Sin duda estas reflexiones pueden resultar orientadoras para quienes ejercen como diagnosticadores en salud mental, quienes enseñan esta práctica y, como todo buen libro de filosofía, sirve para todos aquellos que deseen repensar aspectos de la sociedad en la que viven.
Porque la filosofía cambia el mundo. La filosofía no es solo mirar las estrellas y caerse en un pozo, como dicen que le ocurrió a Tales de Mileto, el primer filósofo, sino que también tiene efectos prácticos en el mundo, y permite predecir eclipses y frenar batallas, hecho que también se le atribuye a Tales. Este libro contribuye a cambiar el mundo.
Mayo, 2025
- Profesora titular, Departamento de Filosofía, Universidad de Buenos Aires. Investigadora principal CONICET. Directora del Instituto de Investigaciones Filosóficas-SADAF-CONICET.↵







