Al momento de comenzar el viaje que representa escribir una tesis, Foursquare® era una plataforma de red social online emergente; una de tantas otras que había surgido poco tiempo después de Friendster®, Tribe.net®, MySpace®, Ecademy®, Soflow®, LinkedIn® y Orkut®, por mencionar algunas, y que por el crecimiento exponencial que presentaba hacía creer a muchos (entre los que nos encontrábamos) que alcanzaría dimensiones similares a las de, por ejemplo, Twitter® o Facebook®, que para ese entonces habían alcanzado el liderazgo en términos de cantidad de usuarios y volumen de datos transferidos.
Supusimos que podría ser interesante captar el nacimiento, difusión y estabilización social de una plataforma de esas características. Debemos reconocer que, entre los señalamientos de la Dra. Mirta Varela durante el Seminario de Doctorado, uno en particular resultó casi premonitorio, a saber: se debería evaluar que, al momento de presentar el trabajo, el objeto de estudio no hubiera desaparecido completamente.
Como veremos no sucedió así, pero los cambios fueron tan relevantes y las oscilaciones (en términos de usuarios, expectativas o diseños) fueron tan drásticas que el trabajo se ceñiría entonces a un período muy determinado, sobre un objeto que posteriormente siguió mutando tanto que los datos y las conclusiones para cada una de sus etapas de evolución de la plataforma no podrían haber sido trasladados sin complicaciones de unas a otras.
Para mencionar sólo algunos de los cambios que trataremos luego con mucho más detalle, diremos que Foursquare® se desdobló luego de nuestra investigación en dos sistemas casi autónomos, después de lo cual tuvo una reducción de más de la mitad de usuarios. Y desde entonces, en la ecología de aplicaciones de geolocalización, fue desplazada de los nichos que había colonizado originalmente hacia uno mucho más específico que en inicial.
Dicho esto avancemos sobre el trabajo que sigue de acá en más. En esta presentación vamos a balizar los diferentes pormenores favorables y desfavorables en los que se fue plasmando nuestro trabajo de investigación, que combina minería de datos, análisis de grandes conjuntos de datos, antecedentes teóricos, estado del arte en redes sociales y experimentos sobre los datos empíricos; y en la que se conjeturan posibles líneas de avance para investigaciones posteriores.
Abordaremos las tendencias aparentemente contradictorias de estabilidad y cambio social, que implican la copia aleatoria de variantes socializadas entre los individuos, y veremos cuán implicada puede estar la innovación ocasional y cuánto las copias aleatorias de significados, creencias o comportamientos.
Las aplicaciones del conocimiento obtenido acá, tanto a partir de las limitaciones como de los alcances del trabajo, tienen una amplia gama de usos en muchos sectores de la sociedad, aun fuera de la academia. La investigación redológica ha comenzado a utilizarse con éxito en áreas muy distintas, como el análisis de fenómenos comunicacionales, el modelado de la evolución del lenguaje, la segmentación de clientes en las campañas de marketing, el control urbano, la ingeniería financiera o la promoción comunitaria, entre muchos otros.
De acuerdo a las tendencias de fuentes reconocidas, se estima que para el momento en el que empezamos a recolectar información de Foursquare® en el mundo, había aproximadamente 1 zettabyte (ZB) de información digital (el equivalente a 1021 bytes, donde cada byte puede representar una letra) y que actualmente esa cifra rondaría los 10 ZB (Hilbert and López, 2012). A pesar entonces de lo relativamente minúsculo de nuestra aproximación a Foursquare® en comparación a semejante universo informacional, un trabajo con el volumen de datos como el que aquí exponemos debe tener su foco en la detección de patrones y la identificación de correlaciones, pero más allá de laspreguntas por la forma de los grandes volúmenes de datos, también nos encontramos con las cuestiones de los pequeños contenidos provistos por los usuarios. Desde un principio observamos comportamientos curados por los suscriptos a Foursquare®, tal como habíamos empezado a descubrir en otras plataformas de socialización, como por ejemplo el acto de subir la foto más simpática para el selfie o cuidar algunos comentarios para no ofender a tales grupos de seguidores o amigos.
Las investigaciones sobre locación y medios tuvieron un empuje técnico a partir del 2001 cuando las señales GPS de los celulares de uso general por el público se hicieron mucho más precisas, lo que generó un renovado interés en el desarrollo de tecnologías basadas en la localización. Artistas, investigadores y la industria del entretenimiento comenzaron a explorar las posibles consecuencias de fijar su información en determinados lugares. Una de las derivaciones fue la emergencia del concepto de medio locativo, que también trataremos en las siguientes páginas, y con el que creemos que debe definirse Foursquare®.
En nuestro caso veíamos que los usuarios elegían cuidadosamente donde mostrarle a sus amigos qué estaban haciendo, ya sea dando cuenta que estaban en algún bar o plaza de la ciudad e incluso inventando lugares, o cambiando la ubicación de lugares reales para ponerlos ahí donde sus cálculos personales consideraban adecuado colocarlos. Indudablemente este resultaba un acertijo difícil de sortear. Al poco de andar además encontramos los check-ins aberrantes, realizados fuera de lugar o sin lugar. Para contener las contradicciones respecto a esos check-in (geolocalizaciones publicadas) en lugares inexistentes, o cambiados de lugar, propusimos para avanzar en la tesis el concepto de neolugar, y nos cuestionamos si estos neolugares poseían propiedades específicas y relacionables con su posición relativa en la trama de enlaces entre usuarios, o no.
Luego, las herramientas desarrolladas para este trabajo, así como los cambios de programación de Foursquare®, nos permitieron avanzar mucho más allá de la formulación del problema del neolugar que, como veremos, aún permanece abierta.
En este trabajo imaginamos a Foursquare® como un gran ballet urbano, del que debemos captar los invisibles ritmos que regimos sus movimientos sincrónicos, y en el cual apuntamos a visualizar redes de individuos, cuyos espacios vividos son muy frecuentes también lugares geográficos conocidos, para con ello, crear visualizaciones que ayuden en la interpretación de los datos recolectados. Acá debemos decir que, sin embargo, es evidente que nuestras interacciones sociales siempre han sido limitadas o expandidas por la geografía, tal como desarrollaremos oportunamente.
Es importante mencionar también que los gestos de geolocalización en Foursquare®, al momento de realizar la toma de muestras, eran actos completamente voluntarios, no sugeridos por el sistema como sucedería luego y ocurre en la actualidad. El usuario decidía ejercer su agencia en la red activando una señal de ubicación porque le resultaba interesante hacerlo. Pero la situación ha cambiado, y al momento de redactar estas líneas, varias aplicaciones proveen al usuario de check- ins ya preformateados.
Quedan aún algunas consideraciones a expresar en la presentación. Al comenzar la investigación nos preguntamos: ¿Sería esperable que la pertenencia a clústers o grupos estructurales de usuarios pronosticara comportamientos de geolocalización posteriores? Si bien existe una extensa producción de investigaciones sobre topologías de las redes sociales, como ya explicaremos, hay mucho menos acuerdo sobre la relación con la estructura geográfica de las mismas:
¿Cómo afectaría a la probabilidad de un vínculo social entre dos usuarios integrados a una red social la distancia física que los separa?
Es evidente que para planteos como el anterior se necesita de la informática, y debe mencionarse que aún hoy el impacto del poder de cálculo computacional está distribuido de un modo bastante irregular entre las distintas disciplinas científicas, a pesar de haber sido clave en el desarrollo reciente de algunas de estas. Por ejemplo, la biología se ha visto revolucionada por la bioinformática: ramas como la metabolómica, fluxómica, regulómica, signalómica, o la fisiómica van derivando hacia lo que será posiblemente la conectómica; que se propone convertir en una simulación completa y predictiva de las operaciones de los sistemas del organismo, especialmente el nervioso. Sea como fuere han instalado a las llamadas ciencias “ómicas”. En ciencias sociales, sin embargo, ha predominado otra idea de fondo: se suele utilizar el sufijo “nomía”, que tiene más que ver con la gobernanza, es decir con las regularidades. En base a esto se podría decir que de lo que trata este trabajo es más de la “sociómica” y se emparenta más con la vieja inducción, en tanto la socionomía estaría del otro lado, junto a su complemento también problemático: la deducción. Las ciencias ómicas serían entonces las que trabajan con grandes bases de datos inconmensurables para el poder de cálculo humano a partir de los cuales se obtienen patrones a los que algunas veces el investigador puede extraerle sentidos. En esta investigación, ese horizonte, aunque no aparezca problematizado, siempre estará presente como fondo, no como figura.
Apuntamos que este proyecto de tesis sea inscripto en un primer lote de investigaciones sobre las nuevas tecnologías móviles, bajo la forma de “medios locativos”, que están creando nuevas “formas de vida” sociales, tal como desarrollaremos oportunamente.
Como hemos dicho, también proponemos un avance que va más allá de la hipótesis aceptada por muchos colegas, la hipótesis del “no-lugar”, que expondremos llegado el momento, ya que estos medios habilitan nuevos sentidos para el lugar y el neolugar, junto a nuevas formas de sociabilidad basados en la localización interactiva. Siguiendo con este tema, creemos que la comprensión del lugar y el neolugar será indispensable para disponer de estrategias de abordaje que permitan reconocer las coerciones que los sistemas de enlaces y agrupamientos de red producen en distintos puntos dentro de esa red, así como las estrategias de singularización relanzadas a partir de tales operadores estructurantes.
Esta tesis que presentamos ahora ha estado en proceso durante varios años. Se inició en un proyecto de investigación presentado en el CEiArte (Centro de Experimentación e Investigación en Artes Electrónicas) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en el marco de mis actividades como docente de Comunicación I y II en la Licenciatura de Artes Electrónicas de esa Casa de Estudios: fue allí donde la idea primariamente fue discutida y enriquecida con los intercambios realizados con el Lic. Norberto Luis Griffa y el Dr. Ricardo Dal Farra.
Aquella propuesta consistía en el diseño y gestión de una intervención estética en un espacio público urbano mediante una herramienta topológica destinada a la representación gráfica en tiempo real de variables fisiológicas de un grupo de voluntarios, sobreimpresas en el mapa de la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano.
Luego, gracias al asesoramiento del que era Director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Alejandro Kaufman, el proyecto fue introducido, remodelado y reorientado dentro del programa de Doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires con una propuesta que retomaba en clave más empírica la idea original.
La cantidad de datos con la que me enfrenté inicialmente fue, para lo que estaba acostumbrado, descomunal, y en ese sentido la asistencia de Andrés García Fiorini ayudándome en la programación fue fundamental, así como la de Lautaro Massolini en el tipeo, y la de los muchos alumnos de la Facultad de Sociales que participaron de mis clases.
Quiero agradecer al Lic. Ignacio Uman por las largas discusiones sobre estos temas así como al autoaprendizaje que hicimos de los programas informáticos necesarios para plasmar estas ideas, y al Dr. Luis Donatello por las lecturas de los varios borradores y su asesoramiento en los aspectos relacionados con los aspectos cualitativos.
Debo dar las gracias también al Dr. Agustín Salvia por los señalamientos que me hiciera respecto a mi entusiasmo con el poder de los datos en bruto, ayudándome a posicionar este trabajo dentro de las investigaciones en las ciencias sociales, dándome argumentos para tirar por la borda asuntos que me eran muy estimulantes personalmente pero que eran realmente obstáculos en los primeros momentos del trabajo.
Quiero agradecer también a mis compañeras en el trabajo docente, las licenciadas Gabriela Sued y Estela María Domínguez Halpern; y a otros compañeros que realizaron señalamientos altamente productivos, especialmente a los infatigables redólogos del Grupo Antropocaos y de la lista REDES en RedIris.
Como dije, los avances de esta investigación fueron presentados en diferentes ámbitos de discusión académica, entre ellos los organizados por la Red Nacional de Investigadores en Comunicación, los Congresos Latinoamericanos de Análisis de Redes Sociales, y otros. Además, sirvieron de material para el dictado de un Seminario optativo de Redes Sociales en 2008 y 2009 de la Carrera de Ciencias de Comunicación, y de tres Talleres Extracurriculares dictados entre los años 2014 y 2016 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
Quiero agradecer especialmente al Dr. José Luis Fernández por la dirección del proyecto, su desmesurada dedicación que le insumió innumerables lecturas y relecturas, horas de debate y tantos encuentros personales donde varias veces volvimos, con toda justicia, al punto cero.







