Varios años pasaron desde que me embarqué en este proyecto. Mil veces me pregunté si podría lograrlo, si estaba a la altura de lo que una carrera de posgrado requeriría de mí, pues la percibía como una posibilidad lejana. No fue fácil, porque por momentos sentí que todo en mi vida conspiraba para que no pudiera. La inestabilidad de la cotidianeidad, las complejidades del sistema educativo donde trabajo, poco tiempo libre; en el medio, dos embarazos, dos puerperios, dos lactancias; finalmente, una pareja, una casa, una familia. A pesar de todo, con los fragmentos de tiempo que logré aprovechar, dejando de lado todo lo que supusiera no producir, logré llegar al final de este camino. Perseveré, me dediqué y hasta me atrevo a decir que disfruté de todo el recorrido para llegar a este resultado final –que tal vez no es el que imaginaba–, pero que es el que pude lograr, habiendo dejado todo de mi. Hay algo muy importante que aprendí en este proceso, y es que las cosas se hacen paso a paso y en algún momento, se culminan. No es que descubrí la pólvora, pero fue la constatación práctica de que frente al abatimiento, hay que perseverar.
Más allá de las dificultades, siento que soy una privilegiada, pues para lograr esta tesis, se necesitó de la convergencia de muchas personas e instituciones sin las cuales no hubiera podido. En este sentido, aprovecharé las líneas que siguen para agradecer.
En primer lugar, a mi país, donde estudiar es un derecho de todos y de todas. A la Universidad de Buenos Aires, pública y gratuita, que me permitió convertirme en la primera generación de universitarios en mi familia de inmigrantes y trabajadores. Particularmente, a la Facultad de Ciencias Sociales, donde cursé mi carrera de Ciencia Política y donde tuve la oportunidad de formarme tanto en grado como en posgrado. Allí aprendí todo lo que hoy es el centro de mi actividad profesional, espero poder devolver con mi labor algo de lo que tan generosamente me fue brindado.
Asimismo, fue con fondos públicos, a través de la Secretaría de Estudios Avanzados de la facultad, que tuve la posibilidad de viajar a Ecuador para ampliar las fuentes bibliográficas y documentales de esta investigación. Debo agradecer a todos los colegas, trabajadores y directores de archivos y bibliotecas que tan desinteresadamente me atendieron y brindaron su ayuda en mi búsqueda de información.
A la MESLA, por la posibilidad de ser parte de una comunidad con los mismos intereses e inquietudes latinoamericanistas. Las clases, los debates, los intercambios, los profesores y profesoras, los compañeros y las compañeras. Formar parte de este espacio fue un honor y resultó en un gran aprendizaje.
A Esteban de Gori, quien confió en mí para llevar adelante esta tarea y quien me sostuvo a través de las dificultades, considerando mis tiempos –para nada académicos–, brindándome el aliento y la dirección necesaria para pensar sociológicamente los problemas de una época y sus protagonistas. También a Eduardo Sánchez, quién de manera desinteresada leyó los extensos borradores de esta tesis –verdaderamente extensos– y quien me corrigió y orientó en el proceso de escritura.
A mis tesistas preferidas, Romina, Florencia, Julieta, Natalia y Andrea porque fueron siempre fuente de inspiración.
A las instituciones donde trabajo y con quienes comparto mi labor, que desde distintos lugares me apoyaron y ofrecieron los recursos disponibles en sus manos para que yo logrará terminar este trabajo.
A mis amigos, por el aliento.
A mi familia, por la vida y por las oportunidades.
A mis hijas, India y Helena, a quienes les tocó una madre que tal vez no cumple con los estándares esperables de la maternidad. Aún así las amo y son mi vida, y aunque este proyecto sea de índole personal, también es por y para ustedes.
A mi compañero Matías, quien sostuvo todo lo que yo no pude, mientras me brindaba el espacio para siempre estar haciendo “otra cosa”. Todo fue fundamental, pues ni la crianza ni las labores domésticas se hacen solas. Gracias a su generosidad es que yo pude estar a la altura de este desafío.
Finalmente, mientras escribo estas líneas, concluyo que en una época donde se reivindican las individualidades, esta tesis es el ejemplo del valor de lo colectivo. Ojalá que pronto, lo que hoy me toca percibir como una situación de privilegio, sea el derecho de todos y de todas. Mientras tanto, en estos tiempos difíciles, tocará sostener lo conquistado…






