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2 La institucionalización del quidditch argentino[1]

Entre lo local y lo global

2.1 Algunos aspectos a considerar a la hora de realizar esta tarea

El propósito de este capítulo es dar cuenta del proceso de institucionalización del quidditch argentino. De acuerdo con De Marziani, esta clase de fenómenos “cambia lógicas, establece sentidos, controla prácticas, implementa dispositivos para alcanzar objetivos propuestos; y, lo que es más relevante aún, determina quiénes pueden acceder a la práctica” (De Marziani, 2014, p. 95). Por eso, será importante recuperar la perspectiva de los actores, especialmente al momento de abordar los acuerdos y tensiones involucrados en el proceso, en tanto aspecto de la profesionalización de la práctica analizada (Cuestas, 2016). Ese enfoque será importante para evitar presentar una transformación que se impone sobre una masa pasiva de practicantes y simplemente destruye a su paso una supuesta “autenticidad” de las prácticas (Sterchele y Camoletto, 2016).

Ahora bien, el cumplimiento de lo propuesto reclama necesariamente la reconstrucción de la historia del quidditch argentino desde sus comienzos hasta la actualidad. Es en sus orígenes donde debemos buscar las huellas que permitirán comprender cabalmente la ulterior evolución institucional del fenómeno estudiado y su configuración actual, siendo estos rastros del pasado una expresión de disidencias y acuerdos en parte vigentes al momento de mi ingreso al campo. Así, este recurso estratégico implementado se vuelve un medio para un fin, y no un propósito en sí mismo. Como veremos en este capítulo, esta institucionalización tiene un inicio relativamente temprano (2010), pero no manifiesta un desarrollo lineal. Más bien presenta idas y venidas y, sobre todo, múltiples fracturas, expresión de las disputas en torno al proceso. Otro eje importante a considerar será la relación entre lo local y lo global, ya que la institucionalización de esta práctica en Argentina es indisociable de la existencia de fenómenos similares en otras partes del mundo y de la consolidación de un modelo de quidditch que comenzaba su expansión planetaria hacia fines de la primera década del siglo XXI.

Para pensar la institucionalización recuperaré lo planteado por Coakley, quien la define como un “conjunto de comportamientos estandarizados y mantenidos a lo largo del tiempo y de una situación a otra” (2001, p. 10). En el deporte esto se manifiesta en una serie de aspectos. En primer lugar, la cuestión del reglamento, el cual deja de ser un producto de la espontaneidad y la circunstancia; comienza a ser estandarizado, transformándose en una guía de procedimientos y restricciones. Como consecuencia de esto, y en gran medida para reforzarlo y garantizarlo, emergen entidades de carácter oficial, cuya función es la de regular la actividad. Esta situación conlleva un incremento de la importancia de los aspectos técnicos y organizacionales e implica el desarrollo de entrenamientos, tácticas y estrategias orientadas a la consecución del triunfo deportivo. De aquí se desprende una formalización de los aprendizajes y de la trasmisión de saberes sobre el propio deporte; el personal a cargo de los equipos se especializa, con la aparición de sujetos encargados de la formación y cuidado de distintas facetas de los deportistas. Finalmente, el equipamiento involucrado en la práctica se sofistica y se vuelve funcional a una mejor performance.

Otra referencia ineludible para pensar el tema es el libro Deporte y ocio en el proceso de la civilización de Elias y Dunning (1992). Si bien la riqueza de esta obra es enorme, destaco de ella la contraposición entre los juegos de la antigüedad y los deportes actuales. Desde su óptica, los primeros permitían una mayor violencia, brindando una menor seguridad física a los participantes, siendo asociados al descontrol y contando con reglas dictadas por particularismos y costumbres.[2] Los segundos presentan rasgos opuestos, siendo descriptos como actividades altamente especializadas, reguladas, organizadas e institucionalizadas.

Elías y Dunning refieren al pasaje de uno hacia otro como un proceso de civilización de los juegos y pasatiempos populares, que implicó el surgimiento de reglas escritas (sometidas a la crítica) que controlaban y sancionaban el uso de la fuerza, promoviendo el autocontrol de los participantes. En efecto, la aparición de estos reglamentos permitía disminuir los conflictos y situaciones más violentas, proporcionando un nivel de seguridad física mayor, reduciendo al mínimo la posibilidad de sufrir un daño serio. Al profundizar en el caso del rugby, Dunning (1992) señala cómo estas normas limitaban el uso de la fuerza, castigando a los trasgresores, creando una figura arbitral y un organismo centralizador nacional. Esta deportivización es señalada como parte de una tendencia general en la Europa occidental del siglo XV a la reducción de la tolerancia ante los hechos de violencia como una fuente de satisfacción en sí misma. El autor registra en ese período un crecimiento de las restricciones y reglamentaciones de la conducta, una búsqueda del control de las emociones, en el marco de una serie de sucesos políticos orientados hacia la pacificación interna de la Gran Bretaña de entonces. Dunning refiere a una codificación e institucionalización de los comportamientos entendidos como “brutales”. Así, institucionalización y disminución de la violencia aparecen como dos factores que se desarrollan de forma simultánea. Si para Elias y Dunning el deporte se manifiesta como una expresión ritualizada, controlada y socialmente aceptada de la violencia física, una actividad con fines catárticos, las reglas adquirieron una creciente importancia al ser el elemento que lograba el control y mesura necesarios para que estos rasgos de la actividad deportiva se sostengan. Entonces, de acuerdo con esta formulación, sería esperable encontrar en las prácticas deportivas (quidditch incluido) una progresión histórica donde el desarrollo de la institucionalización sea inversamente proporcional al nivel de violencia contemplada y aceptada, lo que debiera reflejarse en las normas de las mismas.

Aclarado esto, y teniendo estas preocupaciones presentes, daré comienzo al tratamiento de la historia de este deporte en Argentina, segmentada en sub-apartados creados de acuerdo a las distintas etapas del proceso de institucionalización de la práctica estudiada.

2.2 De los libros al club de fans: un deporte para “chicos”

En esa escuela tan especial aprenderá encantamientos, trucos fabulosos y tácticas de defensa contra las malas artes. Se convertirá en el campeón escolar de quidditch, especie de futbol aéreo que se juega montado sobre escobas… (Rowling, 2001a).

La cita precedente proviene de la contratapa del primer tomo de la saga, titulado Harry Potter y la piedra filosofal (Rowlimg, 2001a), editado por Salamandra. Esta es, seguramente, la primera referencia al Quidditch que la gran mayoría de los lectores argentinos conocieron, al ser aquella edición la que circuló en nuestro país cuando la saga se popularizó, al calor de su exitosa incursión en las salas de cine. Es en su primera aventura donde el protagonista es instruido en los rudimentos del deporte, siendo invitado a participar de los equipos escolares de Hogwarts. Hacia la mitad de aquella historia nos encontramos con una explicación acabada del deporte. Harry es citado por el capitán de su equipo, Wood, quien se toma el trabajo de introducirlo en la mecánica del juego. Aunque comienza diciendo que “El Quidditch es fácil de entender, aunque no tan fácil de jugar” (Rowling, 2001a, p. 112), su exposición abarca casi una carilla. De acuerdo con este personaje, cada equipo tiene siete jugadores, tres de los cuales son cazadores, quienes tratan de meter la pelota quaffle en alguno de los tres aros sostenidos por largos postes (la portería rival), obteniendo 10 puntos. La meta es defendida por un guardián, quien desvía los tiros. Otros dos jugadores portan unos bates con los que tratan de arrojar a los contrincantes un par de pelotas bludgers, las cuales circulan encantadas por el campo de juego tratando de impactar a los participantes. A estos jugadores, llamados golpeadores, se les suma un último integrante, llamado buscador, el cual debe atrapar una pequeña pelota dorada, llamada snitch, la cual vuela libremente con sus alas. Una vez atrapada, se obtienen 150 puntos y se termina el partido. Todos los jugadores montan escobas voladoras.

En este libro también conocemos el significado de este deporte en el mundo mágico creado por Rowling, el cual aparece como un equivalente al fútbol de los muggles.[3] La comparación reglamentaria es un recurso narrativo frecuentemente utilizado por la escritora para colaborar con el entendimiento del lector acerca de la dinámica de este fenómeno ficticio. Al igual que el fútbol, este también es objeto de acalorados debates entre los magos, por lo que la equiparación también puede ser pertinente desde el punto de vista “pasional”:

Ron ya había tenido una gran discusión con Dean Thomas, que compartía el dormitorio con ellos, sobre fútbol. Ron no podía ver qué tenía de excitante un juego con una sola pelota, donde nadie podía volar. Harry había descubierto a Ron tratando de animar un cartel de Dean en que aparecía el equipo de fútbol de West Ham, para hacer que los jugadores se movieran (Rowling, 2001a, p. 97).

El avance de la trama permite una inmersión todavía mayor en este pasatiempo mágico. Destaca especialmente un capítulo de Harry Potter y el cáliz de fuego (Rowling, 2001c), el cual se desarrolla íntegramente en el mundial de la disciplina. En ese pasaje del cuarto libro, podemos conocer distintos aspectos: el colorido de las hinchadas, los enfrentamientos entre las mismas, el fervor por los partidos, los relatores, la aparición de estrellas deportivas, el merchandising o las dificultades para conseguir entradas.

Pese a estas menciones, es en la obra Quidditch a través de los tiempos (Rowling, 2001d) donde se describe de forma más completa al deporte mágico más popular. El libro en cuestión es presentado como una copia fiel de aquel que aparece mencionado también en la saga. El diseño físico del producto juega con esa “fantasía”: lleva el sello de Hogwarts, presenta datos que dan cuenta de que es una edición propiedad de su biblioteca y está acompañado de un prólogo firmado por un personaje de la saga, quien afirma que el fin de la publicación es que los muggles conozcamos un poco el mundo de los magos. Aunque se presenta como autoría de Kennilworthy Wisp, aquel no es más que un personaje inventado; en verdad el libro fue escrito por Rowling para la organización caritativa Comic Relief.[4] De acuerdo con Melle Goyanes y Pardo Crego (2016), este texto puede ubicarse dentro de las extensiones de la obra original, que tienen como propósito resolver dudas o ampliar la información que deja la macro-historia.

A través de su lectura podemos conocer la historia del Quidditch, cuyos primeros registros provienen del Pantano de Queerditch (sitio ficticio ubicado en la actual Manchester) en el siglo XI. En esa obra también nos familiarizamos con el origen y sofisticación de las escobas voladoras, los antiguos juegos populares con ellas, las primeras pelotas y su evolución, la disposición del campo de juego, las posiciones en cancha, las infracciones, las novedades tácticas y las facultades de los árbitros, quienes, al igual que en el fútbol, han sido objeto de agresiones por parte de hinchas y jugadores. El libro menciona que los partidos podían durar horas e incluso días, ya que estaban condicionados a la atrapada de la snitch. Esto también aparece referido en Harry Potter y el cáliz de fuego: “…a lo mejor no queda tiempo después de la Copa. La última vez el partido duró cinco días” (Rowling, 2001c, p.47) o “Agatha Timms se ha jugado la mitad de las acciones de su piscifactoría de anguilas a que el partido durará una semana” (Rowling, 2001c, p. 62).

Quidditch a través de los tiempos muestra que los paralelos ya insinuados entre el fútbol y el Quidditch no son casuales. El proceso de civilización del deporte planteado por Elias y Dunning (1992) también podría encontrarse en el deporte mágico. Rowling describe los “antiguos juegos de escobas voladoras”, presentados como todavía más peligrosos que el Quidditch, contando varios de ellos con muertos y prohibiciones por parte de las autoridades. El libro explica la gradual reducción de la violencia y riesgo del deporte mágico, producto de prohibiciones y refinamientos reglamentarios. Por ejemplo, las bludgers, que inicialmente eran rocas, pasaron a ser balones especialmente diseñados.

Finalmente, la mencionada obra describe la historia de la expansión de la actividad en el resto del planeta y a los principales equipos británicos. En este apartado comprendemos en detalle la composición de los mismos. El galés Holyhead Harpies coloca al Quidditch definitivamente como un deporte mixto opcional, al aclarar algo que resultaba confuso en los libros originales. En estos, al referirse a los jugadores, no quedaba del todo claro su género. Sí era establecido que Harry jugaba con otras mujeres en su propio equipo. La presentación de Holyhead Harpies en Quidditch a través de los tiempos como el único club que solo ha fichado mujeres a lo largo de su historia, clarifica la posibilidad de la existencia de equipos de un solo género, además de los mixtos de los libros originales. Analizaré más adelante la importancia de este aspecto para nuestro objeto.

Hasta comienzos del nuevo siglo, esto era todo lo que podía decirse acerca del Quidditch. Pero los lectores rápidamente tomaron nota de este singular aspecto de la obra. Tempranamente, en el 2000, puede encontrarse el antecedente registrado más antiguo de la práctica analizada. De acuerdo con Petersen y Smith (2004), durante una reunión de fans de la saga en Canadá, fue realizada una actividad nombrada como quidditch, la cual presentaba grandes similitudes con el hockey sobre hielo, popular en dicha nación. Apartemente la propuesta fue un éxito y se extendió por el sistema educativo local. Sin embargo, este caso no presenta vínculo directo alguno con el quidditch del que trata esta investigación.

El origen de la versión que llega a nuestros días puede ubicarse en 2005. La franquicia de HP se encontraba entonces en un gran momento: aunque se acercaba su final,[5] los libros gozaban de una gran popularidad, apuntalada por el éxito de taquilla de los filmes. Ese mismo año se estrenaba Harry Potter y el cáliz de fuego (Newell, 2005), la cual despertaba grandes expectativas porque, como ya señalamos, en esta parte de la historia los protagonistas asistían a la Copa Mundial de Quidditch.

Para hablar de los comienzos de nuestro objeto de estudio debemos trasladarnos geográficamente a tierras estadounidenses, más precisamente al sector universitario, poseedor de un fuerte sistema deportivo. El momento exacto, que veremos que se transformó en una especie de “mito”, aparecía todavía en algunas versiones recientes del reglamento oficial de esta actividad: el quidditch fue “…creado una tarde soleada de domingo por Xander Manshel y Alex Benepe,[6] estudiantes del Middlebury College. En 2005 empezaron a jugarlo de forma regular con sus compañeros estudiantes” (International Quidditch Association, 2016, p. 6). De acuerdo con esta narrativa, el primer partido se jugó en octubre de ese año y contó con 30 participantes, quienes pidieron prestadas las escobas a los equipos de hockey de la universidad. La improvisación de este momento fundacional fue notoria. Sitios oficiales destacan que algunos jugadores utilizaron toallas para emular capas,[7] sillas para sostener los aros que hacían de portería y que un participante llevó una lámpara para reemplazar su carencia de una escoba (https://www.usquadball.org/). El carácter experimental de la etapa puede ilustrarse con un comentario sobre la snitch que aparece en el reglamento de 2010: “La gente ha tratado todo tipo de métodos: pelotas saltarinas, aviones a control remoto, autos a control remoto…” (Federación Argentina de Quidditch, 2010, p. 13). Esta referencia también evidencia la existencia de varias versiones de este deporte que convivían en tierras estadounidenses: de forma paralela a la del Middlebury College, hay registros de otras experiencias independientes en sitios como Washington, Nueva Orleans, Ohio y Pensilvania, donde se utilizaban juguetes electrónicos y pelotas de espuma (Hechinger, 2006). Ninguna de estas llega hasta nuestros días.

Ese mismo 2005 Manshel creó la pionera Middlebury College Intramural Quidditch League (Plummer, 2011). Ya sus domingos habían pasado a ser dominados por la actividad. Dos años después fue organizado el primer encuentro inter-escuela y en 2008 la primera copa del mundo (Gronowitz, 2016), jugada bajo el formato propuesto por Manshel y Benepe.

Estas competiciones internacionales adoptaban la forma de un “festival”,[8] lo que también posibilitaba el crecimiento de la actividad. Al respecto señala Benepe:

Cuando vi la cuarta película de HP, representaron la Copa Mundial de Quidditch como algo más que un evento deportivo; fue un festival. Hubo comida y música. Tenía esta sensación de Woodstock, y quería replicar eso, así que me di cuenta de que tendría que recaudar más dinero y conseguir que más personas participaran (Plummer, 2011).

Argentina: una versión singular

Este es el contexto de la emergencia del quidditch en Argentina. Si bien en nuestro país surgió como una creación local original, la experiencia estadounidense estuvo presente en la misma: una cierta visión sobre el quidditch de Manshel y Benepe tendría una incidencia decisiva en este proceso inventivo rioplatense. Su aparición, además, es indisociable de la existencia del ya mencionado CHP. Si bien más adelante profundizaré en torno a la relación entre este deporte y el mundo de los fans de la saga, es necesario referir brevemente a este espacio, dado que el quidditch emergería de sus mismas entrañas.

Recuperando lo trabajado por Cuestas (2014) y Aller (2020), el CHP puede ser definido como un club de fans con sede en la Ciudad de Buenos Aires, el cual fue creado en 2005. Este, todavía activo, orienta su actividad en torno a las publicaciones de libros y estrenos de películas, además de realizar la recreación del mundo de la saga, para así “mantener vivo” a HP. En sus primeros años, que lo relacionan directamente con lo trabajado en este capítulo, sus encuentros tuvieron lugar en el Centro Cultural Mariano Moreno.[9] En él se reunía de forma presencial este club, el cual se estructura del mismo modo que el colegio Hogwarts, es decir, mediante una división de sus participantes en casas.[10] Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin[11] cuentan cada una de ellas con un jefe y un prefecto,[12] quienes integran el staff del CHP.

Aller (2020) distingue dos tipos de actividades realizadas por esta organización: eventos generales y reuniones de las casas. En cuanto a los primeros, la autora diferencia aquellos de carácter recreativo de los que están relacionados con el saber y las discusiones temáticas acerca de la saga. Aquí se desarrollan distintos tipos de competiciones, en el marco de lo que puede entenderse como la recreación de un año escolar: al igual que en el libro, los miembros de las casas ganan puntos en actividades que los enfrentan, entregándose una copa a la ganadora a fin de año (Copa de las Casas). Estas competiciones toman la forma de juegos, clases y actividades diversas. De acuerdo con Aller, la decoración y vestimentas utilizadas en estos eventos pretende hacer sentir a todos los participantes como si estuvieran en Hogwarts. Por otro lado, las reuniones de las casas son solo para los miembros. Si bien estas implican formas de sociabilidad, sustancialmente se abocan a la preparación de las distintas instancias de la Copa de las Casas y otros juegos internos.

En el CHP también hay espacio para el festejo, ya que se organizan actividades generales conmemorativas de fechas relacionadas con la saga, como cumpleaños de personajes, actores y de Rowling, o acontecimientos que también se celebran en “el mundo muggle”, como navidad, Halloween y San Valentín. De forma sintética, retomando a Cuestas (2014), en el club se conjuga lo lúdico, lo creativo y la recreación, posibilitando un involucramiento de sus participantes con el mundo del que son fanáticos.

En esta dinámica el quidditch vería la luz por primera vez en nuestro país. La principal ideóloga fue una jefa de la casa Hufflepuff, Silvia Flores. Ella, una trabajadora estatal que al momento de nuestro primer encuentro en 2018 tenía 40 años, llevaba una larga trayectoria dentro del universo de los fans que la había llevado a visitar Europa con motivo de eventos temáticos. Partícipe de espacios como el CHP y otras iniciativas semejantes en su ciudad (Buenos Aires), no podía dejar de narrarme con orgullo y detalle su rol fundacional en aquellos tiempos primigenios, aun habiendo abandonado la práctica hace rato y considerándose una persona “poco deportiva”.

Su relato establece que, durante la planificación del año 2006 del CHP, el staff tuvo la idea de incorporar al quidditch a sus actividades competitivas internas entre casas. La idea inicial fue clara: “dar un poco de esa magia que es el deporte mágico a la magia que nosotros ya estábamos creando con las reuniones” (S. Flores, comunicación personal, 12 de agosto de 2021). El primer paso fue averiguar cuántos miembros de cada casa estarían dispuestos a jugar. La recepción fue positiva. De acuerdo con Silvia, el anuncio de la inserción del quidditch al CHP fue realizado a comienzos de 2006: el primer partido tendría lugar en la tercera reunión del club de ese año. Lo siguiente fue una misión para jefes y prefectos: preparar a los equipos de las casas, entrenando en los parques públicos. Pero en el medio, sucedía lo esencial: la adaptación del Quidditch, llevada adelante por la propia jefa de Hufflepuff. Naturalmente, las fuentes de inspiración más importantes (pero no las únicas) fueron los libros (especialmente Quidditch a través de los tiempos) y las propias películas.

Las ya citadas Aller y Cuestas también dan cuenta de la importancia de Internet en la constitución de los espacios de fans. En aquel 2006 no existía lo que hoy se denomina Web 2.0, la cual se caracteriza fundamentalmente por un diseño individualizado, la presencia cotidiana y, sobre todo, una marcada conectividad que hace posible la interacción entre múltiples usuarios, quienes producen, comentan y comparten contenido de forma masiva. Por el contrario, aquella era una Web 1.0, cuya lógica de comunicación era “de uno a muchos” y las discusiones e intercambios estaban “auto-contenidas” (Caliandro, 2017; Hine, 2017). Aquel viejo Internet fue la plataforma a través de la cual muchos fans se conocieron y comprendieron que no estaban solos en su afición. El protagonismo no fue de las modernas redes sociales, sino de los ya casi olvidados foros y blogs, los cuales se constituyeron como instancias de divulgación y socialización que dieron pie a la creación de comunidades. Fueron estos espacios los que representaron una verdadera fuente de recursos, ideas e información para Silvia. Su búsqueda estaba motorizada por un rumor divulgado por un miembro del CHP, dueño de la web Harrylatino (https://harrylatino.com/), el cual indicaba que en Estados Unidos ya se jugaba al quidditch. La orientación de este fan, su conocimiento de la web, fue una inspiración y facilitó la pesquisa de la jefa de Hufflepuff. Ella se focalizó en estas pistas para encontrarse con las imágenes y videos que gradualmente comenzaban a divulgar los pioneros Manshel y Benepe. Reglas, pelotas y dinámicas fueron los ejes de una indagación que intentaba contestar una pregunta elemental: ¿cómo adaptar lo visto y leído?

Los materiales encontrados la dotaron de una perspectiva amplia. Desgraciadamente, los mismos se han vuelto inaccesibles al día de la fecha. Las plataformas que los hospedaban han desaparecido, y, por tanto, estos valiosos datos pueden considerarse perdidos. Aun así, he podido recuperar registros escritos de 2006 y fílmicos de 2008, los cuales muestran una versión del quidditch que se asemeja a su configuración actual, a la que se hizo una referencia general en la introducción: un deporte mixto en el que todos los participantes llevan una escoba entre las piernas y deben marcar más goles que su rival.

En aquellos registros, las quaffles eran pelotas de vóley y las bludgers balones de dodgeball. La mecánica de los golpeadores era la misma a la mencionada anteriormente, mediante lanzamientos con la mano. Al ser “quemados” por los golpeadores, los jugadores impactados por las bludgers debían “desmontarse” de su escoba y correr una vuelta alrededor de sus aros/portería para poder volver al juego (Opperman, 2008). La snitch era representada por un hombre “…vestido de amarillo con una pelota de tenis pegada en la espalda” (Maponto, 2008), cuya atrapada valía 150 puntos,[13] tal como en el libro. El registro fílmico existente permite apreciar las exclamaciones y lamentos del público ante las frecuentes caídas, golpes y choques entre los participantes (Daily Hampshire Gazette, 2008). Al respecto, reflexionaba Benepe: “Es un juego sucio. Tacklear, tropezarse y deslizarse son acciones alentadas (…) los jugadores se pasan la pelota por abajo y por arriba, y quienes la tienen suelen terminar de cara al barro” (Hechinger, 2006). Esta caracterización se ve reflejada en el primer reglamento escrito estadounidense del que encontré registro, donde se afirmaba que, si bien no se permitían faltas excesivas, el contacto físico es una parte fundamental del quidditch, siendo sus reglas “bastante abiertas” (United States Quidditch, 2008). Prueba de ello era la lista de acciones legítimas: ciertas formas de agarres, golpes, empujones y tackle. Un deporte adecuado para los estándares del ámbito universitario estadounidense, diría Silvia en una de nuestras entrevistas.

El francés Cosseron (2019), ex dirigente de IQA, afirma que el quidditch surgió gracias a “la cultura de Internet”, la cual que permitió difundir estos primeros eventos a todo el mundo. Efectivamente, en nuestro caso, fue el torrente de imágenes, textos y videos mencionado el que representó la primera influencia de lo global en lo local. Pero lo importante aquí es dar cuenta de cómo procesó esta información Silvia, quien caracterizó la versión hallada como violenta.

Violencia es una categoría muy trabajada por los estudios sociales del deporte, cuyas principales producciones establecen que esta se presenta como algo polisémico. Atribuir este rótulo a otro/s es entendido por estas investigaciones como una forma de control, ya que en nuestra sociedad ningún actor social aceptaría ser definido como violento, dada la ilegitimidad de este atributo (Garriga Zucal, 2016a). En efecto, la definición de qué es y que no es violento establece un campo de disputa entre diversos agentes posicionados diferencialmente en dispositivos dinámicos de poder. Se trata de una pugna por la imposición de sentidos y significados. Aquello que se define como violencia es el resultado de una matriz de relaciones sociales contextualmente determinadas. La premisa esencial de este enfoque es que el sentido de la violencia no debe ser comprendido de forma estática, sino como un fenómeno elaborado históricamente por cada grupo social. Así, “un mismo actor puede estar inserto en una trama relacional que impugne prácticas que él considere violentas y, al mismo tiempo, sea parte de acciones que otros consideran como violentas” (Garriga Zucal, 2016b, p.14). Entonces, ¿cuál es el contexto y la trama de relaciones en la que se inserta la visión del quidditch estadounidense como algo violento?

Esta caracterización de la creación de Manshel y Benepe es acompañada de una valoración negativa de este atributo. Lo observado en la pesquisa es presentado en el relato de Silvia como algo radicalmente opuesto a las intenciones que orientaron su diseño del quidditch para el CHP. Fue tal el rechazo, que se propuso a sí misma el objetivo de “pensar las reglas de manera tal que sepa que nadie se va a golpear ni lastimar por jugar con nosotros” (S. Flores, comunicación personal, 13 de octubre de 2018). Su idea, “un deporte no muy de contacto” que se asimile al hándbol escolar, se contrapone con esta violencia, en sus palabras, propia de un barra brava o un muggle. El énfasis estaba claro: lograr el control del uso de la fuerza.

Debemos recordar que la dinámica del CHP se inspiraba fundamentalmente en la recreación de una escuela de magia. Mientras que “la versión estadounidense me había parecido para jóvenes-adultos, una onda más fútbol profesional que deporte escolar” (Ibídem), el desarrollo de su propuesta se daba en un “ámbito educativo”. Sus “chicos” (como suele denominar en su relato a los miembros del CHP) oscilaban mayormente entre los 11 y 17 años,[14] lo cual se diferenciaba del deporte de tipo universitario descubierto en la investigación virtual. Las reuniones del CHP, afirmaba Silvia, eran escolares, no deportivas, por tanto, la adaptación debía ser “más tranquila”. La carencia de alguna clase de “seguro” (el CHP era una entidad informal) y la obligación de responder ante los padres en caso de lesión, eran otras preocupaciones. Se entiende así que Silvia haya pensado en el Quidditch de Hogwarts y no en el del mundial del cuarto libro, el cual parece maravillar y asombrar al protagonista de la saga por lo distinto que era respecto a su práctica escolar:

Aquello era Quidditch como Harry no había visto nunca. Se apretaba tanto los omniculares contra los cristales de las gafas que se hacía daño con el puente. La velocidad de los jugadores era increíble: los cazadores se arrojaban la quaffle unos a otros tan rápidamente que Bagman [el relator] apenas tenía tiempo de decir los nombres (Rowling, 2001c, p. 74).

Además, a ella le interesaba que “los chicos llevaran una conducta que los hiciera sentir bien por competir sanamente” (S. Flores, comunicación personal, 13 de octubre de 2018), construir “un deporte de caballeros”. “Just for fun”, fueron las palabras de Silvia.[15]

El control del uso de la fuerza, tal como indican Elias y Dunning (1992), solo podría lograrse mediante una reglamentación adecuada. Mara Suárez tiene 31 años y es trabajadora estatal en la Provincia de Buenos Aires. Fue una asistente asidua a las reuniones del CHP de aquellos años (y en la actualidad), y luego jugadora. Desde su punto de vista, esta versión del quidditch era altamente regulada: “Tenía un montón de reglas puntuales que lo hacían estar a uno atento todo el tiempo” (M. Suárez, comunicación personal, 13 de octubre de 2018). Un deporte con normas claras: “Los organizadores, los jueces de línea, tenían muy claro que no se podían dejar pasar las cosas. Tenían muy claro que no se podían ignorar los atropellos. Te mandabas una; a la primera, advertencia, a la segunda ya no” (Ibídem).

Así, asociada al contacto físico, la violencia adoptaba un sentido contextual negativo. Se transformaba en una lógica ajena al ámbito donde iba a desenvolverse la práctica en vías de emerger, siendo por ese motivo fuertemente rechazada. Para Silvia, esta se presentaba como un obstáculo para pensar una actividad que pudiera ser disputada también por ella, que en ese entonces no superaba los treinta años, a la par de sus “chicos”.

Toda esta visión general orientó la elaboración del primer reglamento para el quidditch del CHP. Aquí también los siete jugadores de cada equipo se desplazaban con una escoba entre las piernas (estaba mayormente prohibido que suelten las manos de ella) y ocupaban/cumplían, a grandes rasgos, las mismas posiciones y funciones que en el libro. Esa similitud podía observarse también en el valor de los puntos: 10 por cada gol y 150 por atrapar la snitch. Los equipos eran obligatoriamente mixtos, para así asemejarse (de forma parcial, como señalé anteriormente) a la saga literaria. Si bien se buscaba en este punto un equilibrio numérico, en ocasiones “se permitían desequilibrios de acuerdo a la cantidad de gente disponible que estaba en las casas, que habían ido a las prácticas y los jefes de las casas les permitían o no jugar” (S. Flores, comunicación personal, 12 de agosto de 2021). Todos los jugadores vestían pecheras, cuyo diseño intentaba asemejarse a las túnicas utilizadas en la saga: “Eran como los trajes de murga que tenían una pechera frontal y una cola detrás con el número del jugador” (G. Ibañez, comunicación personal, 19 de mayo de 2021). Los cambios de jugadores se hacían sin frenar el juego, no permitiéndoseles modificar la posición durante el partido. Cada equipo disponía idealmente de un suplente por puesto.

Con respecto a las posiciones en cancha, uno de los jugadores mencionados por Silvia como partícipes del primer partido realiza aportes interesantes. Nelson Sable, de 35 años y ya lejos del CHP, recuerda que para el juego de golpeadores se implementaron como bludger pelotas con “piquitos, de goma, bien de juguete (…) sobre todo para aliviar también los golpes; te pegaba eso y no pasaba nada” (N. Sable, comunicación personal, 17 de mayo de 2021). En esta versión, agrega, eran dos balones y no tres, como veremos más adelante. Se reglamentaban también dos tipos de golpeadores. El defensivo tenía inmunidad ante el efecto de las bludgers, para evitar que el resto de sus compañeros de equipo queden desprotegidos. El eje de esta división se basaba en la idea de que “dos golpeadores haciendo lo mismo, reventar al otro equipo para que no hiciera el gol, era muy fuerte” (S. Flores, comunicación personal, 13 de octubre de 2018). Por eso, el golpeador defensivo podía utilizar un bate (inexistente en la versión estadounidense) para repeler las pelotas que amenazaban a sus compañeros de equipo, pero no podía atacar a otros ni tocar la bludger con su mano. El golpeador ofensivo si tenía permitido soltar las manos de la escoba, tomar una bludger y lanzársela a los rivales con el bate. Ambos golpeadores tenían limitaciones para moverse: solo podían hacerlo por una de las dos mitades del campo de juego y atacar únicamente a rivales que estaban en la otra mitad. Podían cruzarse solo si todos los cazadores rivales estaban de su lado de la cancha. Este sistema de bateo para los golpeadores es considerado por los practicantes una concesión para que el espectáculo visual fuera lo “más parecido a HP, que pensando en una comodidad deportiva” (N. Sable, comunicación personal, 17 de mayo de 2021). Cuando un jugador era impactado por una bludger debía detener la jugada, ir hacia la pared más cercana, tocarla y volver a incorporarse al juego, sin desmontarse en ningún momento. Hasta su vuelta al partido, se lo consideraba “quemado” y no podía participar de las acciones. Tanto los bates como las escobas eran de materiales suaves (flota-flota), tallados a mano por los organizadores del CHP. Las segundas estaban pintadas de marrón y tenían “pelos”, para emular a las escobas reales. Su longitud era indeterminada.

¿Qué puede decirse de los cazadores? Estos utilizaban como quaffle una pelota de vóley o fútbol algo desinflada, con el fin de facilitar su agarre. Su objetivo era meter goles en la portería ajena, representada en tres aros cuya altura y diámetro era inespecífico, porque estaban relacionados con el tamaño de los jugadores participantes. Se establecía un mínimo de dos pases para poder marcar un gol válido, con el fin de estimular el juego de equipo y la comunicación, un recurso típico de las clases de educación física argentinas. Silvia dice haber tomado inspiración del vóley en este aspecto. Además, se establecían dos reglas que afectaban el juego de cazadores. La primera indicaba que cuando uno de ellos perdía la quaffle, esta pasaba automáticamente a posesión del otro equipo. Esto buscaba evitar potenciales choques cuando esa pelota quedaba suelta en el campo y varios jugadores rivales se lanzaban a disputarla. La segunda diferenciaba “tipos de vuelo”, limitando los desplazamientos. Estos eran “erguido” y “agachado”, en ocasiones mencionados como “rápido” y “lento”. Es decir, se podía correr agachado o caminar de forma erguida. Según la jefa de Hufflepuff:

Había menos posibilidades de que los chicos se golpearan si iban en vuelo lento. Cuando ves a un tipo que viene corriendo y agachado, y estás medio frenado, te corrés porque te lleva puesto (…) el que viene embalado no tiene por qué estar mirando a los que están parados (S. Flores, comunicación personal, 13 de octubre de 2018).

Los guardianes limitaban su desplazamiento a un área demarcada, solo pudiendo despegar las manos de la escoba para atajar, siempre y cuando los rivales estén en posición de gol, pero sin tener permitido desplazarse bajo estas condiciones.

Con respecto a la snitch y los buscadores, aquí jugó un papel determinante el contexto espacial en que se desarrollaban los primeros partidos de quidditch. La infraestructura del Centro Cultural Mariano Moreno era la de un espacio cerrado con piso de cemento y un anfiteatro que rodeaba el campo de juego. Esto fue utilizado de forma imaginativa para recrear la pequeña pelota alada, que en libros y películas volaba libremente por el campo de juego. Una caña de pescar y una fina tanza enganchada con un clip roto a una pelota de telgopor pintada de dorado con una “alitas” adheridas, fueron los elementos utilizados para recrear la snitch. En los espacios superiores del anfiteatro se ubicaba el personal designado para manipular estos objetos, tarea de los miembros del staff que no pertenecían a ninguna de las casas que jugaban el partido en el nivel inferior, a ras del piso. Los encargados eran un enigma para los jugadores, ya que todos aquellos habilitados estaban juntos en el mismo piso. El árbitro sonaba su silbato cuando la pelota aparecía y comenzaba la persecución: la pelota era zarandeada, esquivaba a los jugadores y finalmente era sujetada por el buscador, terminando el juego. La snitch era introducida después de los primeros diez minutos, para evitar una rápida conclusión del juego. Respecto a las autoridades arbitrales, junto con el réferi principal había dos jueces de líneas que ayudaban en las decisiones polémicas, especialmente en los “quemados”. Este papel lo jugaban las autoridades del CHP, los líderes de las casas no involucradas en el partido en cuestión.

Lo dicho en los últimos párrafos permite reconstruir, de cierta forma, el modo en que se dio el primer partido de quidditch en Argentina, jugado el 6 de mayo de 2006. La descripción que antecede proviene de tres fuentes: el reglamento escrito, las memorias de algunos jugadores y un escueto archivo fotográfico provisto por los mismos. Su combinación dio lugar a lo presentado. Es necesario señalar que el mencionado reglamento consta solo de dos carillas, en las cuales no se encuentran demasiadas especificaciones. Aun combinando las diversas fuentes es imposible conocer cuestiones elementales, como las medidas del equipamiento deportivo, la portería o las dimensiones de la cancha.[16] Esta última estaba fuertemente condicionada por las características espaciales del centro cultural, pero ¿qué sucedía si este sitio no estaba disponible? En cuanto a las sanciones, algo determinante para un juego con una violencia controlada, si bien Silvia indicó en una entrevista que existían, su explicación se limitó a señalar que podían consistir en algunos segundos o un minuto de suspensión, de acuerdo a la gravedad de la infracción. De este modo, el reglamento, además de limitarse a una serie de indicaciones generales y parciales, aparecía como algo coyuntural y por momentos espontáneo. La memoria de los practicantes fue fundamental aquí, lo que parece indicar que mucho de lo dispuesto se informaba de forma oral al momento de jugar.

De forma global, según Nelson Sable, uno de los primeros jugadores de la casa Ravenclaw, este quidditch “era un juego más orientado a revivir la saga y a jugar a que estábamos en la saga, que un deporte serio (…) literalmente la snitch flotaba, era algo muy mágico” (N. Sable, comunicación personal, 17 de mayo de 2021). En efecto, nos encontramos aquí uno de los tipos de actividades descriptos por Aller (2020) para el CHP: los eventos generales recreativos. Las palabras de Nelson también remiten al “como si” estuviesen en Hogwarts al que refiere Aller (2020). Se trataba de un grupo de personas que hacía “como si” fuesen alumnos, dinámica de la que el quidditch era parte importante.

Siguiendo con la clasificación de esta autora, hemos visto que existen también otro tipo de eventos, las reuniones de casas, las cuales en este caso estaban orientadas a preparar la actividad general entrenando al equipo. Esta suerte de entrenamientos, que tenían como fin acondicionar al equipo para los días de partido, eran llevados adelante por las autoridades de la casa, quienes mayormente carecían de preparación y saberes en educación física o deporte. Tenían lugar únicamente cuando los encuentros de quidditch se acercaban en el calendario del CHP. Sus participantes recurrentemente insisten en que “Era para ir divertirse en el día un rato y nada más (…) no era algo tan estructurado” (N. Sable, comunicación personal, 17 de mayo de 2021).

En síntesis, el quidditch aparece inicialmente en Argentina subsumido a las actividades del CHP. Las necesidades de este espacio determinaban cuándo se jugaba, insertándolo en una dinámica más general que, por mucho, lo excedía. Era su calendario el que determinaba los tiempos de juego. A veces se realizaban eventos del CHP exclusivos para disputar los partidos de quidditch. Además, el límite de equipos era fijo: cuatro para cuatro casas. Al estar integrado a una lógica de puntos para la Copa de las Casas, los organizadores del club buscaban que todos sus miembros puedan participar. Por eso, los días de partido (se organizaban uno o dos encuentros por año en que todos jugaban contra todos), aquellos que no participaban hacían de porristas o diseñaban carteles, acciones puntuadas para la competición anual.

Independientemente de estas cuestiones, el quidditch tuvo éxito y en los siguientes encuentros de 2006 se entregó la Copa de Quidditch a los ganadores (Harrylatino, 2006). Las reuniones en el CHP que lo incluían se seguirían celebrando, con interrupciones, hasta la actualidad. Los mismos fueron poniendo a prueba este incipiente reglamento, forzando modificaciones. Por ejemplo, en 2007 el centro cultural no estuvo disponible en algunas fechas, por lo que se debió alquilar una cancha de Fútbol 5. La carencia de un anfiteatro hizo aparecer por primera vez al “hombre vestido de amarillo” para la snitch, aquel que había sido visto en Estados Unidos. Algunas reglas, como las distinciones entre los tipos de golpeadores, fueron desapareciendo. La masiva afluencia de gente hacia el CHP en 2008, por la salida del último libro de la saga original, llevó a la suspensión del quidditch. Conflictos con los administradores del centro cultural limitaron su uso ese año y forzaron a que, a partir de 2009, los encuentros se realizasen al aire libre, preferentemente en los Bosques de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires.

2.3 La Federación Argentina de Quidditch (FAQ): entre lo local y lo global

Por lo dicho en el apartado previo, queda en evidencia que el eje local-global es algo determinante para estudiar este deporte en Argentina, ya desde sus orígenes. La relación entre estos niveles ha sido abordada por las ciencias sociales, especialmente desde la llamada globalización, intentando dar cuenta del impacto y apropiación local diferencial de la misma (Appadurai, 2001). Para pensar esto en el deporte, recupero los aportes de Robertson (2007), quien afirma que no debe abordarse el tema en términos de una amenaza para lo local, con el advenimiento de una suerte de homogeneización, propia de la tesis del “imperialismo cultural” (Giulianotti y Robertson, 2007). Al contrario, su interés está puesto en el modo diferencial en que son interpretados los mensajes globales, cómo los grupos locales los “absorben” y en la existencia de influencias recíprocas entre ambos niveles. En el marco de la globalización del deporte, entendida como la separación de las prácticas deportivas de sus territorios nacionales específicos (Besnier et al., 2018), Robertson señala la co-presencia de tendencias universalizantes y particularizantes, es decir, la interconexión entre la homogeneización y la heterogeneización (Giulianotti y Robertson, 2007). Por eso, propone el concepto de glocalización, con el propósito de remarcar la interpenetración e interconexión entre las escalas local y global. Para el autor, lo local es en gran parte construido por lo global, en tanto que mucho de lo que a primera vista parece ser local lo es expresado en términos de una receta generalizada de localidad, o existe un factor translocal operando detrás. Además, sugiere una serie de categorías para pensar esto, las cuales serán retomadas aquí no como conceptos estancos y rígidos, sino como herramientas para orientar la comprensión y discusión del vínculo entre dichos niveles en el quidditch argentino.

La relativización implica que los actores conservan sus tradiciones, consolidando lazos en torno a ellas frente a los flujos globales. El acomodamiento se caracteriza por el uso pragmático por parte de los practicantes locales de la “nueva cultura” foránea, con el fin de mantener sus viejas prácticas. En la hibridación emergen nuevas estructuras organizacionales y prácticas. Estos espacios se distinguen por poseer una atmósfera distinta a lo local, emergiendo nuevos emblemas, rituales y relaciones con los “otros”. Surgen igualmente novedosos canales de conectividad, junto con una proximidad con la tradición, producto de la desterritorialización. Finalmente, el autor habla de transformación. Esta involucra una relocalización conceptual de la cultura local dentro de una ecúmene cultural global. Se produce aquí la internalización de valores, identidades e instituciones globales. De acuerdo con lo presentado anteriormente, la etapa inicial del quidditch argentino puede incluirse dentro de la primera de esas categorías, ya que, anoticiados del modelo global del deporte, los practicantes desarrollaron una serie de acciones tendientes a conservar la tradición local, vinculada al CHP y su trama de relaciones. El mejor ejemplo de ello es la significación y el rechazo a lo que se consideraba la marca distintiva del modelo estadounidense: la violencia/contacto físico. Pero esto no permanecería así por mucho tiempo.

Durante los primeros cuatro años de existencia de la práctica en nuestro país, muchos de sus participantes se entusiasmaron con ella y desearon poder disfrutarla más allá de los límites que les imponía el CHP. Matute Silva es un exjugador de 32 años y estudiante de diseño en Buenos Aires. Ya padre de familia, habla del anhelo de aquellos tiempos: crear algo que no solo sea para “pasar el rato entre fans de HP” (M. Díaz, comunicación personal, 29 de mayo de 2021). Ya no les alcanzaba con jugar una o dos veces por año. En 2010 este sentimiento se transformó rápidamente en acción en uno de estos practicantes, llamado Diego Márquez. Con 26 años, este habitante de la Ciudad de Buenos Aires y trabajador del Senado de la Nación, dejaba ver en todos nuestros encuentros que sus recuerdos sobre el mundo de este deporte no son del todo felices. Dos factores sintetizaban entonces su disconformismo con aquel quidditch del CHP: el límite numérico de equipos y el formato de juego, especialmente lo casero de los materiales, y la dinámica de los golpeadores, la cual le parecía “ridícula”.

El interés de Diego no era un hecho aislado. Ya en 2009 la primigenia Intercollegiate Quidditch Association estadounidense había comenzado a tener aspiraciones globales, luego renombrándose como International Quidditch Association (IQA).[17] Al ser fundada en Estados Unidos, combinó inicialmente las funciones de órgano local de la actividad y de impulsora del deporte naciente a nivel mundial. Recién hacia 2015, la organización se escindió, fundando un organismo integrado por personas de distintos países que administrarían a escala global el quidditch, mientras que una parte de los viejos dirigentes siguió conduciendo el deporte estadounidense, ya bajo la sigla de la United States Quidditch (USQ). Ahora bien, esta aspiración universalizante estuvo acompañada de un aspecto característico de los procesos de institucionalización: la uniformización reglamentaria, con el fin de hacer partidos y torneos internacionales en condiciones de igualdad. Como era de esperarse, el formato estadounidense fue el que dominó en IQA, dando cuenta de un pasaje de lo local a lo global. Pero todavía restaba resolver un hecho fundamental: la existencia de un universo de versiones nacionales/locales que, con iniciativas y reglas propias, habían consolidado una actividad en sus respectivos países. Estas, para poder participar de la dinámica propuesta por IQA, debían adaptarse a la misma.

Este último término –“adaptarse- es lo que subyace al comportamiento iniciado por Diego, conformando el marco en que surgiría dentro del propio CHP un interés por una incorporación a la IQA. Su acción comenzó cuando decidió vincularse con aquellos miembros del club que, consideraba, estarían interesados en comenzar a jugar con las reglas (ahora) internacionales. Se acercó a ellos durante una gala[18] del CHP de mediados de 2010, con la propuesta de practicar quidditch por fuera del club y sumarse a la dinámica global. Pero para esto era necesario crear una organización que orientase la emergencia de nuevos equipos, y realizar todo aquello necesario para que el deporte pudiese funcionar como una actividad independiente de aquel espacio de fans. Comienza así el proyecto de la Federación Argentina de Quidditch (FAQ), cuyo fin era la promoción de la práctica en todo el país. Se trata de uno de los rasgos que Coakley (2001) identifica como propios de la institucionalización deportiva: la emergencia de entidades que regulan la práctica.

La creación de una página de Facebook dio comienzo oficial al proceso organizativo, del cual fueron parte los mencionados miembros del CHP. Fue a partir de los integrantes de ese espacio, además de los de otros grupos de fans como F5, que comenzaron a edificarse los primeros equipos argentinos independientes del espacio fan originario.[19] Aunque es difícil establecer una correlación directa entre equipos y casas del CHP, puede decirse que dos de los equipos iniciales se nutrieron o identificaron mayormente con una de ellas: Wood´s Army (2012) con Slytherin y Wind Wizards (2010) con Hufflepuff. Esto no significaba que fuese un requisito ser parte de estos grupos para participar del quidditch. Según la exjugadora Luana Pérez, la FAQ deseaba “un deporte en donde fueran bienvenidos tanto fanáticos de HP como gente que quizás no tenían tanto que ver con el fandom, pero [que] les podía interesar el deporte como tal” (L. Pérez, comunicación personal, 25 de mayo de 2021). Esto con el propósito de “…lograr que el quidditch fuese lo menos enfocado a algo puntualmente de HP” (M. Díaz, comunicación personal, 29 de mayo de 2021). Se trata, ni más ni menos, de la primera proclamación del deseo de separación respecto de la saga y sus fans. Este será un aspecto clave en la tesis.

El camino emprendido llevaba el sello del interés por lo internacional. Para Diego, quien había visto los partidos de Estados Unidos, estos encuentros eran disputados por “verdaderos atletas” y a ese nivel aspiraba para Argentina. El quidditch internacional fue un motor para la transformación y apertura de la práctica hacia nuevos públicos. Diego y sus compañeros de la FAQ se habían anoticiado de los mundiales organizados por Benepe y desearon participar de los mismos. Aunque a algunos les parecía algo ambicioso y preferían crear equipos para prepararse mejor, aquella fue la gran aspiración originaria de la FAQ y un motivo importante para emprender la adaptación reglamentaria, clave para ser parte de dicha competición.

La idea de una integración del quidditch argentino al resto del mundo estaba generando un cierto entusiasmo entre los primeros interesados: “Ya estaban súper enganchados, la idea era darles un espacio para seguir profesionalizándolo” (Ibídem). Al poco tiempo, a los primigenios Wind Wizards los acompañaron los Galaxy´s Defenders y los Wild Tigers,[20] todos ellos de Buenos Aires, los cuales, se había estipulado, jugarían un torneo que finalmente nunca se hizo. Por el contrario, 2010 y 2011 fueron años de preparación, aprendizaje reglamentario y consolidación de los primeros equipos. La FAQ fue adquiriendo el equipamiento necesario para el juego de quidditch y organizó los primeros encuentros amistosos. La difusión fue imprescindible en estos comienzos. Muchos practicantes destacan un evento de fans en Buenos Aires llamado Potterwalk[21] (2011), al que la FAQ llevó pancartas para hacerse conocer (Hill, 2011). Recién hacia 2012 comenzarían a desarrollarse entrenamientos y encuentros con mayor sistematicidad, coronándose estos avances con la primera competición oficial: el Mini torneo navidad pottérica. Este fue disputado el 22 de diciembre de 2012[22] en los Bosques de Palermo. Para ese entonces, ya habían surgido otros equipos, también de Buenos Aires: Cumulus Nimbus y Phoenix Fire. Estos, por lo menos en términos formales, no estaban conducidos por personas ligadas orgánicamente al CHP. Ambos participaron, junto a los Wind Wizards (único superviviente del trío inicial), de ese primer encuentro deportivo oficial de la FAQ. En ese mismo evento, algunos miembros de aquel club de fans, entusiasmados por el desarrollo del torneo, fundaron el ya mencionado Wood´s Army. De acuerdo con testimonios, ciertos aspectos vinculados a lo estético indicaban lo embrionario del deporte. Los equipos no contaban con prendas diseñadas con escudos o logos para todos los jugadores. Algunos simplemente llevaban camisetas cuyo único elemento en común con sus compañeros era el color de sus equipos: blanco para los Wind Wizards (campeones), celeste para los Cumulus Nimbus y negro para los Phoenix Fire. Las escobas tampoco eran homogéneas: de diferentes colores, algunas sin cepillo y de madera, mientras que otras eran de plástico. Independientemente de esto, el primer paso había sido dado con relativo éxito. Ahora restaba seguir entrenando y realizar encuentros deportivos con regularidad.

Las tareas y conflictos de la FAQ

La federación, en tanto ente regulador, no tenía una dirección electa. Más bien podría asemejarse a un proyecto personal de Diego Márquez, quien se rodeó de un grupo de amigos y conocidos que colaboraron con él. Mara Suárez los define como “los mortífagos[23] del quidditch”, el staff de la organización, cuyos miembros no eran parte de ninguno de los equipos existentes. Esto con la idea de que “que no haya favoritismo”. Era un cuerpo escindido respecto de los jugadores, que afirmaba abogar por la neutralidad, condición reiteradamente cuestionada por los practicantes y motivo de conflictos. Es que eran los miembros ad honorem de este staff quienes arbitraban los partidos y, cuando decidían jugar, abandonaban la dirigencia. La FAQ se caracterizaría también por una débil delimitación de áreas. Formalmente existían espacios destinados a prensa, arbitraje, lo deportivo (registro de jugadores, aplicación de reglamento, capacitaciones y organización de eventos) y la difusión (se buscaba acercar la práctica a las escuelas). Sin embargo, algunos ex-miembros señalan que “todo el staff participaba de todo”, aunque otros también hablan de una fuerte centralidad en la figura de Diego, director e ideólogo del proyecto. Su frecuente uso de expresiones como “lo saqué” y “lo puse” en nuestras conversaciones puede reforzar este último punto. El mejor ejemplo de esto es el financiamiento, el cual recaía mayormente sobre su persona: “Yo puse mucha guita ahí que jamás recuperé. Y no me arrepiento” (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018).

Ahora bien, recordemos que un aspecto fundamental de los procesos de institucionalización es la homogeneización reglamentaria, tarea tomada por la naciente organización. La estandarización del quidditch argentino se llevó adelante con una población que, de acuerdo a la FAQ, carecía de experiencia deportiva previa, contraste claro con la condición atlética que se atribuía a los practicantes estadounidenses. Sumados a los ya referidos participantes del CHP, un medio refiere que “La mayoría de los jugadores cuentan que se enteraron a través de convenciones, como la Pottermore y Magic Meeting, donde en un pequeño espacio comenzaban a jugar. Otros llegaron por amigos, familiares, novias/os y/o grupos de Facebook” (Bognanni y Fleita, 2014). Es importante señalar que, según Silvia, los partidos del CHP se paraban cada 15 minutos con el fin de que los participantes tomasen agua y descansasen. Este panorama es contrastado por ella con los requisitos para jugar en la FAQ: ahí sí era necesaria una preparación física. Nelson explica en términos relacionados a este cambio su salida de la actividad: “Yo, cero deportes (…) después el quidditch se volvió más serio y la gente ya quería otra cosa. Tomarlo como un deporte real y ahí fue cuando me baje” (N. Sable, comunicación personal, 2021). Así, las nuevas reglas y exigencias, canalizadas por el propio desarrollo del ente regulador, aparecerían como un índice de la seriedad que se disponía a adoptar el quidditch desde 2010. Pero, ¿en qué consistían las mismas?

El pasaje a la FAQ implicó una serie de cambios radicales que aproximaron la práctica a su configuración actual. El reglamento escrito que implementó esta entidad, retomado directamente de IQA, ya no referiría a “integrantes de su casa” como en el del CHP, sino más bien mencionaría a “equipos clubes”, organizaciones no lucrativas cuyos ingresos eran reinvertidos únicamente en sí mismos. El carácter foráneo del documento se evidenciaba en el hecho que la versión que llegó a manos de los primeros jugadores argentinos de 2010 era una traducción defectuosa del reglamento 4.0 de IQA, hecha por el propio director de la FAQ, inadecuada en muchos aspectos para la realidad local. Concretamente, las primeras ocho hojas eran inaplicables a la situación de nuestro país, lo que contrastaba con las aspiraciones universalizantes de IQA. Estas páginas aconsejaban en términos organizativos y administrativos cómo manejar los vínculos con las entidades educativas, cuestión ajena al desarrollo local de este deporte.

La ampliación de la extensión del reglamento escrito respecto al utilizado en el club de fans (de 2 a 37 páginas) permitió una mayor especificidad, aunque conservando una cierta ambigüedad en el equipamiento deportivo. Por ejemplo, la portería ahora tenía un diámetro y medida para sus aros. No sucedía lo mismo con su altura (“Deberán estar en cualquier nivel o variación”), solicitando el propio documento sugerencias sobre aquellos materiales más resistentes para los mismos. Se establecían medidas precisas para el campo de juego: un óvalo[24] de 30 X 44 (metros). Las escobas eran descriptas como “ordinarias”, sin designar medidas, pero recomendando una tienda estadounidense de artículos de fans de HP donde comprarlas.

En cuanto a la dinámica de la actividad, se conservaban las posiciones clásicas, identificadas en cancha con una bandana de un color particular y teniendo prohibido interactuar con las pelotas de otras posiciones (por ejemplo, golpeador con quaffle) o físicamente con sus jugadores (cazador con buscador). Los participantes debían llevar una especie de capa (pechera alargada del lado de atrás), que, nuevamente, emulaba las túnicas[25] de los personajes del libro. Respecto a la composición de los equipos, se determinaba que cada uno debía tener en cancha “al menos dos mujeres”, sin considerarse en este conteo al buscador, debido a que, como veremos, pasaba menos tiempo en el terreno de juego. Sin embargo, otro conjunto de modificaciones implementadas ampliaba la brecha respecto al modelo del CHP, acercándose a lo visto por Silvia en la red.

En primer lugar, se agregaba una bludger al par ya existente, utilizándose pelotas de dodgeball. Al ser impactados por alguna de estas tres, los participantes debían desmontarse, tocar sus aros o trotar una vuelta a su alrededor y volver al juego. Desaparecían los bates y los mencionados balones eran lanzados con las manos. Si bien los goles seguían valiendo 10 puntos, la atrapada de la snitch ahora valía 30, con el fin de equilibrar la importancia de todas las posiciones, concluyendo el partido una vez capturada la pequeña pelota. En el documento reglamentario esta clase de cambios eran puestos en comparación con la versión de los libros y su razón claramente fundamentada. Otro aspecto a destacar es que ahora el guardián podía salir de su área y marcar goles, igual que un cazador. Pero dentro de la misma era inmune a las bludger y no se le podía quitar la quaffle, que también era una pelota de vóley algo desinflada. Otra gran diferencia era el juego de snitch, el cual se asemeja a aquella primera versión estadounidense que vio Silvia. Un corredor (snitch runner) no perteneciente a alguno de los equipos en cancha llevaba esta pelota colgada de su cintura y debía evitar que la atrapen los buscadores. Así indicaba este reglamento el armado de la snitch:

Toma una pelota de tenis y métela adentro de una gran media. La media debe tener al menos 12 – 16 pulgadas de largo, y echa de un material fino y macizo, así no se caerá de los shorts del corredor tan fácilmente. Asegúrate de que la pelota cabe al final de la media (Federación Argentina de Quidditch, 2010, p. 12).

Esta, junto con los buscadores, ingresaba entre los 15 y 20 minutos de juego. Lógicamente, la nueva dinámica implicaba contactos entre el corredor y los buscadores, los cuales estaban reglados y debían ser aprendidos por los practicantes de forma diferencial, por lo que, a las capacitaciones arbitrales dictadas por la FAQ, se sumaban las de snitch runner. En este aspecto, el reglamento también era poco claro. Los videos de partidos jugados en Estados Unidos con estas reglas muestran a estos corredores montando verdaderos espectáculos, bailando para la tribuna, tomando agua en las gradas, yendo al baño, subiéndose arriba de los árboles y protagonizando otras acciones similares. Por este motivo, las indicaciones para estos participantes apelaban más que a cuestiones disciplinarias, a que sean personas “ingeniosas”, inventivas y que hagan “trucos” para entretener al público. También era vaga la afirmación de que el snitch runner “no tiene restricciones de acción física. Hará lo que sea que este a su alcance para evitar la captura, entre el reino del sentido común y la moralidad” (Federación Argentina de Quidditch, 2010, p. 33).

Pese a estos grises, la mayor especificidad reglamentaria permitía resolver ciertas situaciones imprevistas, como el rebote de una bludger antes de impactar a un jugador, su bloqueo con otra pelota o la ruptura de un aro. También se establecía que los suplentes tenían una posición indeterminada, pudiendo ingresar al campo de juego en cualquier puesto. Respecto a las autoridades arbitrales, estas seguían siendo tres, mandatadas por un comisionado (autoridad del torneo), el cual se encargaba de delimitar el área de juego.

En otro plano, la sección de faltas del documento señalaba la necesidad de llevar kits de primeros auxilios a los partidos, lo que indica que el nivel de rudeza de esta modalidad era mayor. No solo desaparecían las restricciones a las acciones y movilidad de cazadores y golpeadores: pequeños detalles pensados por Silvia para evitar el roce, como el hecho de que una quaffle caída producto de un mal pase pasaba a ser automáticamente propiedad del otro equipo, eran eliminados. En términos prácticos, los participantes ya podían arrojarse de cabeza a recuperar la pelota suelta. Cuatro páginas dedicaba este nuevo reglamento a las faltas, estableciendo condiciones bajo las cuales ciertas acciones como el robo, el tackle, el empuje y el agarre estaban permitidas.

Ahora bien, ¿qué es lo que sucedió en concreto? Es decir, ¿cómo se dio la implementación de este reglamento? ¿De qué modos se combinaron en la práctica los deseos de estandarización con el universo de posibilidades que ofrecían los practicantes argentinos?

El reglamento en la práctica: entre la norma y la realidad local

La aplicación de las directivas de este documento no fue un proceso armónico. Retomando a Gupta y Fergurson (2008), Cuestas (2016) realiza una serie de señalamientos acerca del quidditch argentino para pensar la relación entre lo local y lo global. La autora indica que en este binomio macro/micro, lo global no está por encima de lo local, sino que ambos niveles se articulan con interconexiones. Ella ejemplifica con ciertos aspectos de lo que llama la “argentinización” del quidditch: la aparición de cantos propios de las hinchadas de fútbol y la castellanización de algunos términos como “gol”. También refiere a que se utilizaron pelotas disponibles en el mercado local (las conocidas como “pulpito”) para las bludgers[26] y al diseño de medidas especiales para los aros.

Pero nuestro eje no estará tanto en estos aspectos, sino más bien en la cuestión del propio juego en lo reglamentario… ¿se observa allí una articulación como la señalada por la socióloga?

La ya referida distancia entre lo local y lo global tuvo una manifestación inmediata: aunque el reglamento delimita un área de juego, esta era presentada como algo coyuntural, al estar pensada principalmente para campus universitarios; el límite era demarcado por el “uso del sentido común”. Esta delimitación establecía por dónde podía moverse el snitch runner, ya que, tras lograr evadirse de los buscadores durante un buen tiempo, debía volver al propio campo de juego. Diego Márquez es elocuente respecto a cómo se “argentinizó” este aspecto:

La snitch se tomaba el palo y se iba, pero ellos estaban en predios cerrados. Acá capaz estás en los bosques de Palermo y no podés mandar a alguien a cruzar Avenida Libertador corriendo. Había algunos reglamentos nuestros de límites de espacios ahí (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018).

Sin embargo, una tensión entre lo local y lo global se pondría todavía más fuertemente de manifiesto en la polémica en torno al movimiento del tackle, el cual figura en el reglamento de la FAQ ya mencionado. Aquí se expresa con más claridad la relación entre el deseo de adecuación y la realidad local.

Anteriormente habíamos señalado el cambio en las condiciones necesarias para desarrollar el deporte, una vez creada la FAQ. Ahora era requerida una cierta preparación física sistemática, en especial si se deseaba competir internacionalmente con aquellos “verdaderos atletas” extranjeros. Esto, además de alejar a aquellos que no querían “tomarse las cosas demasiado en serio”, obligó a los primeros equipos a acondicionarse en este sentido. Si en tiempos del CHP los entrenamientos eran circunstanciales y dependientes de la cercanía de un partido, la llegada de la federación y el nuevo reglamento, más exigente desde lo físico, evidenciaba que todavía quedaba mucho por hacer para alcanzar el nivel al que aspiraba Diego. Esta demanda se relacionaba con lo observado por el director de la FAQ en los jugadores estadounidenses, en comparación con su apreciación de sus compatriotas:

Eran tipos que iban a competir en serio. Sabían cómo competir y tenían las habilidades para hacerlo. Y acá tenés veinte pibes que corren tres cuadras y se mueren. Eso es lo que pasaba al principio, no aguantaban (…) Si, la mayoría de los que jugaban quidditch no eran deportistas natos. Eran fanáticos de HP, había nerds… (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018).

En esta preparación jugaron un papel clave los nuevos practicantes, entre los cuales había deportistas amateurs y estudiantes de profesorados de educación física. De Marziani (2014) estudia la institucionalización del fútbol infantil contraponiendo el potrero, asociado a la asistematicidad y lo lúdico, con el trabajo de los clubes, en tanto comienzo de un ordenamiento. El autor señala que esto, necesaria e inevitablemente, implicó una cierta metodización en la práctica. La contraposición es valiosa porque expresa de forma nítida el rumbo que se disponía a encarar la FAQ: el fin de lo esporádico, lo desestructurado e improvisado (con la implementación de un nuevo reglamento) y el no condicionamiento a una lógica externa no deportiva (el CHP). Este camino solo podría ser recorrido con otra preparación, un aspecto importante que Coakley (2001) marca para la institucionalización. Ello conlleva una gran relevancia de los entrenamientos, tácticas y estrategias con el objetivo del triunfo deportivo, a cargo de individuos con una cierta expertise profesional puesta al servicio de la formalización de los aprendizajes y de la trasmisión de saberes sobre el propio deporte. Esta modificación iría acompañada por un aumento de la importancia de la FAQ en tanto soporte técnico y organizativo de la misma.

Pese a este entendimiento, los resultados observados no fueron los esperados. Los primeros encuentros deportivos probaron la insuficiencia del trabajo realizado. Por ello se tomaron nuevas libertades en la adaptación reglamentaria. Por ejemplo, se establecieron tempranas limitaciones al snitch runner, reglando que, a partir del minuto 25, este no pueda salir de la cancha, debido a que lo contrario “te alargaba el partido, los chicos se cansaban y se ponían de malhumor” (M. Díaz, comunicación personal, 20 de mayo de 2021). Pero esta clase de excepcionalidades no fueron tan discutidas como el tackle, el cual fue objeto de tempranos reclamos de remoción. Este movimiento era el verdadero termómetro que marcaba cuanto habían mejorado los practicantes en el aspecto físico.

Quienes eran favorables a su inclusión argumentaban en favor de una estandarización deportiva, provenían mayormente desde los espacios dirigenciales, y tenían en su perspectiva una competición con el exterior a la que asociaban con la seriedad: “Ponele que nos invitaban a los Global Games,[27] tenemos la posibilidad, pero no podemos ir a chocarnos así nomás” (M. Díaz, comunicación personal, 29 de mayo 2021). Desde esta óptica, se planteaba una división entre los equipos: mientras que algunos parecían abordar al quidditch de forma laxa y eran considerados “impuntuales” e “indisciplinados”, otros apuntaban a un entrenamiento sistemático, siendo catalogados como más serios y naturalmente favorables al tackle. Sin embargo, existían otras realidades. No solo casi nadie sabía cómo ejecutar este movimiento, sino que este despliegue de fuerza generaba temor e inseguridad, entendido por muchos como algo que también podía desalentar el acercamiento a un deporte nuevo: “Decían que si vos vas a jugar un deporte nuevo y te hacen un tackle y te dejan en el suelo, te lastimás y no querés volver” (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018). Además, “Había mucha gente chica, con mucha desproporción de tamaño y no se lograba una competitividad” (Ibídem). Sobre esto amplía otra practicante, llamada Micaela Solá:

Al no tener nosotros una estructura como tienen allá de universidad, los jugadores los encontrás donde podés, lo cual hace que haya mucha diferencia física, mucha diferencia de edad, todo tipo de cuestiones que nos alejaba mucho del modelo que tenían afuera. Entonces era difícil adaptar algunos tipos de contactos a nuestras posibilidades, de a poco se intentó implementar cosas como el tackle, pero a muchos equipos no les copaba la idea de jugar con contactos más agresivos (M. Solá, comunicación personal, 4 de septiembre de 2018).

Otra característica de los practicantes que desalentó la implementación del movimiento está vinculada con la naturaleza de las relaciones sociales que se daban en este ámbito, el bardo:

Mucho roce fuera de la cancha. Muchas peleas por grupos, redes sociales y no podían dejarlo fuera de la cancha (…) Entonces sacar el elemento físico del quidditch me pareció una buena forma de que no se rompan todos en la cancha (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018).

Finalmente, además del tackle, eje de las discordias, tampoco fueron permitidos distintos tipos de agarres. Un miembro de la FAQ señala la situación de impasse en que se encontraba este deporte producto de esta discusión:

No había forma ni de ir para adelante ni ir para atrás. Porque si ibas para atrás tenías a los Black Birds[28] que te decían que teníamos que llegar a ser competitivos, y si ibas para adelante a los Wind Wizards que de repente te decían ‘no loco no pueden, es más inclusivo el quidditch (M. Díaz, comunicación personal, 29 de mayo de 2021).

La discusión sobre esta jugada en particular dio lugar a una crisis organizativa, la cual decantó en 2013 en la fundación de una competición paralela: la Liga Argentina de Quidditch (LAQ). Esta contaba con autoridades propias y equipos especiales, ya que algunos de los ya existentes usaban otro nombre para competir allí. A los ya mencionados Cumulus Nimbus se agregaban dos equipos de Buenos Aires: los nacientes Scarlet Fireball, que participaban bajo el nombre de Artic Warriors Quidditch, y los Wind Wizards, que lo hacían como Los Vengadores de Hogwarts. Pronto los Wind Wizards desaparecerían, quedando solo su versión para LAQ.

Al margen de las nomenclaturas, lo sustancial era que allí se jugaba con otro reglamento. “La idea era que la federación empezara a implementar el tackle, los agarres y demás. Y de la LAQ que no hubiese ninguna de las dos cosas, que fuese menos violento” (Ibídem). El quidditch de LAQ aparece descripto por los actores como una versión “para niños”. Fundamentalmente, eran practicantes que deseaban jugar con menos contacto, de forma menos “ruda” y “agresiva”, rechazando así la tendencia de otros equipos a jugar de acuerdo a la normativa internacional. Era considerado un “espacio más de recreo, más tranqui” (Ibídem) en donde “la esencia de lo deportivo era más como una cuestión secundaria. Lo más importante era el fandom de HP y el hecho de jugar quidditch porque es del mundo de HP” (J. Peña, comunicación personal, 18 de julio de 2021). Vuelve a aparecer el universo de la saga y sus seguidores, significado por este practicante como un retroceso en los objetivos de la institucionalización. Es que la LAQ se presentaba como algo apto para los jugadores que no lograban adecuarse a la creciente competitividad y querían “divertirse”. Era utilizado por algunos equipos como “divisiones inferiores”: un espacio de prueba de jugadores con vistas a la competición “oficial” de la FAQ. Esta liga paralela era gratuita, lo que conspiraba con las intenciones de la FAQ de comenzar a cobrar una cuota, hacer rifas y eventos para recaudar: “¿Por qué ibas a pagarle a alguien por jugar quidditch al exacto mismo lugar donde podías jugar gratis la LAQ?” se pregunta hoy Diego sobre esta cuestión. La LAQ subsistió hasta casi después del ya cercano final de la FAQ y luego se disolvió (2015). Pero la cuestión del tackle no quedó resuelta y seguiría en discusión por años.

Toda esta situación, que es presentada por muchos practicantes como algo caprichoso, en verdad expresa la mencionada disputa por el significado de la violencia. Si en el CHP esta era valorada negativamente por su asociación al contacto físico, con el emprendimiento de una adecuación reglamentaria surgió una visión que no solo la valoraba de forma positiva, sino que la vinculaba con una seriedad y un nivel competitivo al que se aspiraba. Pero esta convivía con una visión que remarca lo expulsiva que puede resultar y como desalentaría una mayor participación en el quidditch. Puede pensarse a esta última postura como un eco del no tan lejano momento fundacional del deporte a cargo de Silvia.

La participante del CHP, al ser interrogada por el quidditch actual, sostiene que hay una incompatibilidad entre lo jugado en el club y la configuración que esta práctica adoptó a partir de 2010. La raíz de la contradicción radica, como es de imaginarse, en el distinto nivel de competitividad, despliegue físico y uso de fuerza, concepción en que entran en circulación los sentidos acerca de la violencia mencionados en la primera etapa. Para referirse a los jugadores de la FAQ, ella y otros miembros del CHP suelen usar la expresión profesionales. No para señalar que el quidditch es su medio de vida, sino para expresar que se dedican de forma específica a dicha práctica. Este es el verdadero sentido de pensar el problema de la articulación local-global a través del tackle en Argentina, ya que expresa de forma clara el proceso de escisión del quidditch de su nicho original y la forma de su institucionalización. Pese a esta diferencia, los vínculos entre ambos espacios, el CHP y la FAQ, seguían siendo fuertes: compartían miembros que tenían interés por la saga, de la cual el quidditch era parte importante.

En efecto, mientras se institucionalizaba el quidditch, en el CHP este se seguía desarrollando. Así lo indica, por ejemplo, un sitio web llamado Blog Hogwarts, que anunciaba que en mayo de 2011 iba a disputarse la final de la disciplina, junto con un espectáculo de porristas (VALBo, 2011). En este ámbito la práctica tuvo una evolución reglamentaria sobre la que no profundizaré aquí, pero que estuvo marcada por problemas similares a los ya mencionados. Ciertos miembros del CHP hablan de una merma en la frecuencia de las reuniones[29] que se revertiría recién en 2014, donde la afluencia de gente se combinaría con el interés de los llamados profesionales en los partidos del club. Esto puso en alerta a las autoridades del mismo, que intentaron encontrar un punto medio entre los heterogéneos niveles de expertise y preparación. De este modo, se ideó un reglamento similar al que utilizaban los llamados profesionales, pero con la idea de evitar los “contactos físicos agresivos”. Según Paula Giménez, practicante de aquella época, se buscaba que el roce sea el “mínimo e indispensable”. Nuevamente el tackle pasaba al centro de la escena: “Algunos eran muy profesionales y eso les daba mucho rendimiento físico, por ejemplo, en el tackle (…) era un peligro que alguien que no sabe hacerlo, de repente quiera hacerlo (…) El contacto físico en general, nunca estuvo avalado” (P. Giménez, comunicación personal, 19 de mayo de 2021). Independientemente de estas precauciones, la dicotomía terminó de tomar forma: profesionales vs. jugadores ocasionales/del club. Esta contraposición se intentó resolver con capacitaciones y cupos de jugadores de la federación por casa.[30]

Lo sustancial aquí es que, como resultado de las distintas significaciones y valoraciones acerca de la violencia, coexistieron durante este período tres formas de juego en el quidditch argentino: FAQ, LAQ y CHP. Esta situación no hizo más que elevar la conflictividad interna de este deporte, lo que comenzó a cobrarse las primeras víctimas. Gradualmente se manifestó una erosión del núcleo dirigente de FAQ, lo que hizo que más tareas fuesen realizadas por menos personas, en la medida en que los directivos renunciaban. Ello dificultó la cuestión arbitral, al haber menos “neutrales” aptos para la tarea, situación que se resolvió estableciendo que los capitanes de los equipos no involucrados en los partidos colaboren con esto. Desde los dirigentes de FAQ se balancea una “mala onda” por parte de los jugadores de entonces, el desgaste de energías producido por esa actitud y, lo que, consideraban, el escaso progreso de la actividad. Los practicantes, por su parte, reclamaban contra supuestos favoritismos y malos arbitrajes.

El final tuvo un espectador de lujo: un jugador de primer nivel internacional de origen canadiense, capitán de su selección, vino a conocer nuestro país y fue contactado por Diego. Este le pidió asesoramiento, organizaron una demostración “…y prácticamente se van a las manos (…) Y hubo peleas que mi amiga, que mi novia…todo el mundo se quería cagar a trompadas con todo el mundo…delante del pibe este” (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018). Tras estos acontecimientos, en junio de 2014, Diego anunció su salida y dejó acéfala a la FAQ. El ente regulador nacional del quidditch perdía a su máxima autoridad e iniciaba una crisis.

2.4 Asociación Argentina de Quidditch (AAQ): ¿el deporte en manos de sus practicantes como una resolución de la conflictividad?

La renuncia del director de la FAQ amenazaba con cerrar un ciclo cuyos últimos años habían estado marcados por la emergencia de nuevos equipos y jugadores. No solo los Phoenix Fire cambiaron su nombre por Demacia´s Dragons y los Wood´s Army por Black Birds, sino que hicieron su aparición proyectos efímeros como los Dalton Defenders Quidditch Club y Dobby´s Sock Quidditch, este último integrado por miembros de la casa Slytherin del CHP. Pero la gran noticia fue la aparición de los primeros agrupamientos por fuera del Gran Buenos Aires. Es que, hasta el momento, todos los equipos mencionados eran del Área Metropolitana de Buenos Aires, y solo los Scarlet Fireball provenían de afuera de la capital. Aquellos primeros nucleamientos de jugadores del llamado “interior” de nuestro país provenían de grupos de fans locales y, aunque no incidían en los acontecimientos ya descriptos, indicaban un creciente interés por la práctica.

Los Deathly Dragons de Rosario (Santa Fe) se habían conocido en una Potterwalk realizada en dicha ciudad. Comenzaron a realizar las primeras reuniones en plazas y parques, buscando decidir su nombre y escudo. Los comienzos en 2014 fueron rudimentarios: “el primer aro que tuvimos fue un aro de alambre colgado de un árbol. Lo habíamos desarmado de otra cosa. Se deformaba todo” (S. Lema, comunicación personal, 6 de diciembre de 2021). El otro caso fue el de La Oreja de Van George de Mar del Plata. Un club de fans del mismo nombre conoció en un evento de HP a otros fanáticos de Buenos Aires, quienes además eran impulsores de la FAQ. Los vínculos se estrecharon y fueron estos quienes les propusieron formar un equipo, con el cual participaron de la convención Magic Meeting[31] de 2013. Así, sin dar apoyo financiero y logístico, pero proveyendo reglamentos, información y dando ánimos, ciertos representantes de la FAQ habían podido, en efecto, colaborar con el desarrollo de nuevos grupos de practicantes. Este panorama sería un factor clave en la resolución de la crisis de la FAQ.

Un elemento fundamental para comprender esta situación conflictiva se relaciona con la representatividad de la organización:

La gente que estaba conduciendo se tomaba atributos que no se tenía que tomar. Había varias peleas, porque hablaban en nombre de todos y no estábamos todos de acuerdo. Tomaban un papel como si ellos fuesen los creadores y no lo eran (F. Ramírez, comunicación personal, 19 de junio de 2018).

Lo que se preguntaba el estudiante de medicina de 26 años era contundente: ¿quién decidía? ¿a título de qué? ¿con qué fundamento? Lo que estaba en juego aquí no era otra cosa que el control de la práctica. Tras el episodio frente al invitado canadiense, quedó a cargo la única sobreviviente del staff original. Su gestión duró una semana, cuando, tras un confuso episodio que involucró las redes sociales oficiales de la organización, también abandonó el puesto. Este cuadro llevó a Diego a la desazón, informando a sus allegados dentro del deporte que “cerraría” la FAQ y daría de baja todas sus cuentas en redes sociales.

Uno de ellos, Matute Díaz, lo convenció de llamar a elecciones, para así no dejar sin jugar a la gente que se había acercado a la práctica hasta ese momento y que tenía expectativas de crear nuevos equipos. En tanto nuevo director interino, este jugador se encargó de anunciar los comicios. En aquel momento capitán de los Demacia´s Dragons, convocó a sus pares de los Black Birds, Cumulus Nimbus, Vengadores de Hogwarts y Scarlet Fireball para informar sobre la situación y preparar la votación. Matute les comentó que él no debía heredar el mandato, que no correspondía una continuidad en estos términos, siendo además el capitán de un equipo. Además, decía ser consciente de la necesidad de buscar consensos, producto de los recientes conflictos. Propuso un esquema para la organización: una Comisión Directiva (CD) integrada por director, vicedirector, tesorero, además de consejos directivos compuestos por los capitanes y sub-capitanes de todos los equipos. Con respecto al tema de los arbitrajes, una cuestión polémica, sostenía que era necesario no solo capacitar a los réferis, sino también someterlos a examen. Se pautaron las elecciones para el 31 de agosto de 2014, fecha en la que cada lista debía presentar propuestas y un esquema de director, vicedirector y tesorero. Solo se presentó una, integrada por el propio Matute Díaz (Demacia´s Dragons, director), Marcos Ledesma (Scarlet Fireball, vicedirector) y Paula Andrada (Cumulus Nimbus, tesorera). Su primera medida fue cambiar el nombre de la entidad por el de Asociación Argentina de Quidditch (AAQ), ya que, argumentaban, una federación incluye asociaciones en su interior, lo que no ocurría con la FAQ.

Esta nueva etapa se caracterizaría por algo hasta ahora inédito: el control de la práctica pasaba ahora a manos de los jugadores, un rasgo propio de algunos deportes alternativos. Por ejemplo, en el roller derby esta autogestión y autodeterminación suelen ser reivindicados como una vía para evitar la alienación que implicaría lo contrario, es decir, que los jugadores sean controlados o “explotados” por otros (Beaver, 2012). Desde luego, aunque en el caso del quidditch no se encuentren esta clase de afirmaciones, no por ello deja de ser digno de mención en tanto factor de importancia significativa para los practicantes. Prueba de ello es que ni Matute Díaz ni sus acompañantes dejaron de jugar en aquellos primeros tiempos como directivos de la AAQ. Él mismo, cuando se disolvieron sus Demacia´s Dragons, jugó algunos partidos con el equipo del vicedirector.

Como consecuencia de todo esto, los practicantes pasaron definitivamente a arbitrar los partidos: hasta el día de la fecha, cada equipo debe proveer una cierta cantidad de réferis para poder participar de las competición oficiales. Esto implicó necesariamente un reforzamiento de las áreas arbitrales de la asociación, la cual debía supervisar y acompañar esta transición con cuidado. Los mejores árbitros de los torneos serían premiados y mencionados al final de cada torneo. Los jugadores que no tomaban esta tarea eran capacitados regularmente, en especial cuando se producían cambios reglamentarios. Se seguía desarrollando así lo propuesto por la FAQ en torno a la formación y cuidado de las distintas facetas de los deportistas, promoviendo una especialización del personal (Coakley, 2001). La ausencia del viejo staff también representó una transformación de tipo organizativo-financiera en la asociación, ya que el antiguo director y principal financista ahora estaba ausente. Esto fue el factor determinante para la aparición definitiva de las primeras cuotas sociales. La reorganización del organismo rector implicó la transferencia de parte de la responsabilidad financiera a un nuevo Departamento de Deportes, cuyos miembros se encargaban de la compra de los materiales, dejando asentadas en recibos y libros de cuenta las erogaciones.

Sobre la base de esto, se produjo una nueva ampliación en la cantidad de equipos existentes. Surgieron en Buenos Aires los Imperial Dragons (integrado por miembros de la casa Ravenclaw del CHP), los Fire Ferrets (escisión de los Cumulus Nimbus) y los Sobrinos de Dobby. Los Black Birds crecieron al punto de contar con tres variantes que, en ocasiones, se enfrentaban en el mismo torneo: Black Birds, Black Brooms y Bien Buenos. Los Vengadores de Hogwarts experimentaron una serie de rupturas que les permitieron atraer nuevos practicantes, los cuales se agruparon en los efímeros Excalibur (fusión con restos de los Demacia´s Dragons) y los duraderos Thunder Lions. Dentro de esta “rama” del árbol, algunos viejos jugadores de los Wind Wizards intentaron fundar un equipo llamado Night Owls, de corta existencia.

De la mano de los Bloody Condors, resultado de la iniciativa de un club de fans local, en 2015 inició el quidditch en Córdoba. Aunque no prosperaron, uno de sus miembros luego fundó un equipo llamado Thunderbirds, posteriormente Vultur Gryphus. En Rosario los Deathly Dragons se consolidaron, participando desde 2016 en los torneos oficiales. Algunos miembros se escindirían y fundarían Golden Phoenix, un equipo que compitió en eventos de fans locales, como la Wizarcon (Fernández, 2017). A su lado, emergieron los Wild Wolves, quienes los absorbieron y comenzaron a participar de torneos de la AAQ. Nuevamente, aunque a veces a título personal, miembros de la AAQ llevaron a esas regiones reglamentos y consejos. Esta era una acción muy desarrollada por los Black Birds, tanto con los rosarinos como con los cordobeses en 2015. Uno de estos últimos recuerda: “Ellos fueron nuestra escuelita, para saber cómo encarar. De hecho, vino uno de los jugadores a darnos una mini clase, de introducción” (F. Reale, comunicación personal, 24 de mayo de 2021). El asesoramiento siguió por las redes, lo que hizo que la influencia de este equipo persista: cuando visité a los Vultur Gryphus en 2019 constaté que estos intentaban imitar lo que veían en Internet de aquel equipo de Buenos Aires. Como contrapartida a todo esto, La Oreja de Van George dejó de reunirse como equipo, aunque siguió haciéndolo como espacio de fans durante años.

Otra importante novedad nos sitúa en el plano global. Las redes sociales e Internet no solo fueron claves en la conformación del quidditch del CHP y la difusión del proyecto de la FAQ. También conectaron a los argentinos con practicantes de otros países, especialmente sudamericanos. Como resultado de estos vínculos surgió la Confederación del Sur en 2015. La principal tarea de este organismo, actualmente integrado por las asociaciones argentina, chilena, peruana y brasileña, es organizar la Copa del Sur.

Si bien su primera edición (2015) fue disputada en el Parque Roca de Buenos Aires y solo contó con equipos argentinos y uno chileno, la competición fue calificada como un “éxito”. Con el paso del tiempo se transformó en el acontecimiento deportivo más esperado del año y ha sido disputada en Lima, Santiago de Chile y Rosario, incorporando también equipos mexicanos y jugadores de países emergentes dentro de este ámbito como Uruguay. Dicha competición ha sido nombrada por muchos medios como la “Copa Libertadores del quidditch”, en clara referencia a la competición de fútbol del mismo nombre (Cómo es la Copa Libertadores de Quidditch que se juega en la Argentina, 2016; Druetta, 2018). Marcos destaca lo arriesgado del viaje emprendido por los chilenos en la primera copa, contando “como respaldo” solo los contactos virtuales: “No nos conocíamos…imaginate la confianza de los tipos para pagar el boleto, ir a otro país y venirse. Y por ese equipo que vino lo empezamos a llamar como un evento internacional” (M. Ledesma, comunicación personal, 10 de agosto de 2018).

El torneo abrió una perspectiva para los argentinos quienes, en una entrevista a un medio especializado, marcaban los desafíos por venir: la estandarización reglamentaria, la atracción del público argentino y de los medios, el reclutamiento de nuevos jugadores, además de mostrar la seriedad del trabajo de la asociación (Ahearn, 2015). Se planteaban nuevos desafíos, ya que la preparación de un evento de tal magnitud implicó la puesta en práctica de nuevas competencias y habilidades. Por ejemplo, hasta entonces, los eventos se hacían en parques públicos. Simplemente había que llegar temprano ese día y ocupar el lugar. Ahora debían lidiar con autoridades privadas y estatales para conseguir predios[32] y hospedajes adecuados, lo que representó una prueba para los actores, que debían comunicarles con eficacia a otros en qué consistía el deporte. Volveré sobre estas cuestiones en el siguiente capítulo.

La organización del torneo otorgó una gran visibilidad para el quidditch argentino ante la IQA. Desde tiempos de la FAQ se había desechado la posibilidad de abonar (en dólares) la membresía requerida para ser parte del organismo global, por una cuestión de costo-beneficio económico: “No es que desembarcaban y nos daban aros, pelotas, merchandising, armaban amistosos y torneos, (…) no había ningún aporte sustancial que justificase el gasto. Aun así, acordamos aparecer en la página como representantes oficiales, pero no miembros de IQA” (D. Márquez, comunicación personal, 16 de noviembre de 2018). La importancia de la copa organizada habilitó una negociación para lograr el status de full member (miembro pleno), con un pago en cuotas de la membresía. Además, se logró el reconocimiento del nuevo evento por parte de la IQA, concretando así la integración internacional que había anhelado la vieja federación.

Los lazos regionales tejidos fueron muy beneficiosos y tienen repercusiones hasta el día de la fecha. Muchos practicantes argentinos juegan las Copa del Sur en equipos extranjeros, al no presentarse el propio. A su vez, algunos chilenos visitan a sus ya amigos argentinos y eventualmente participan de sus torneos en condición de jugadores libres. Al margen de los vínculos, el contacto internacional habilitó aprendizajes deportivos, intercambios de estrategias y tips de entrenamiento. Destaco uno que me he encontrado desde mis comienzos en el campo: Los juegos del hambre[33]

Pero este promisorio panorama no estuvo acompañado de una disminución de las disputas entre los practicantes. La AAQ también atravesó una existencia marcada por la conflictividad interna, la cual amenazaba con no cesar. Bardo y puterío son los términos que utilizan los jugadores con más frecuencia a la hora de describir el clima de este deporte, factores a los que también atribuyen responsabilidades en el no mayor crecimiento de la actividad. “Gente que se putea y echa la culpa, como cualquier grupo de gente”, me dijo Marcos Ledesma en una charla informal mientras mirábamos un torneo.

La prolongación de este ambiente derivó en una temprana renuncia del presidente Matute Díaz en 2015. Como resultado del mencionado conflicto ante el jugador canadiense, que terminó con una espectadora agredida en el hospital, uno de los jugadores fue sancionado por la naciente AAQ. Sus compañeros, disconformes con la medida disciplinaria, protestaron contra la misma. En un evento de fans al que fue invitada la asociación a realizar un torneo de exhibición, argumentaron que sin su colega no jugaban. Esta clase de situaciones se fueron sucediendo, aumentando la tensión.

A todo esto, se le sumaba la cuestión del tackle. Nuevamente la intención de la entidad reguladora era adaptarse al reglamento internacional. Un nuevo impulso (también frustrado) de armar la selección nacional representó un espacio para enseñar el movimiento, además de fortalecer los lazos entre los practicantes. Pero “los equipos argentinos hicieron tanto puterío, diciendo que no lo habían entrenado… y eso que habíamos hecho campaña, mandando videos explicativos… Hubo mucha gente con mucho miedo y se rechazó” (M. Ledesma, comunicación personal, 10 de agosto de 2018). Al igual que en el pasado, los argumentos contrarios a su inclusión se orientaban en torno a la diferencia de tamaño y fuerza entre los practicantes, muchos de ellos preocupados porque el quidditch era “muy rudo”.[34]Sin embargo, la experiencia reciente agregaba un condimento a la disputa: en la Copa del Sur los chilenos sí lo implementaron, sacando una cierta ventaja competitiva. Entonces, su no implementación era vista por un grupo de jugadores como algo problemático para el propio juego:

Era imposible pararlo a Santiago. Nosotros, que medíamos casi dos metros, él era un petisito… Y claro, si lo chocaba muy fuerte era abuso de fuerza y falta, si no lo tocabas, agarrarlo no lo podías agarrar porque era falta, tampoco el tackle, solo defender el aro se podía y hay tres aros…y el pibe corría muy rápido. Era imposible, no tenía sentido con lo que queríamos lograr (M. Martínez, comunicación personal, 1 de diciembre de 2021).

En este período, se consolida definitivamente entre un sector la idea de lo violento del tackle, junto con la presencia de un ente regulador, como garantías de la seriedad buscada para el deporte:

Cuando vos le decís a la gente de esto [quidditch] les parece una pelotudez. Pero para vender el deporte…hay gente que se lo toma mucho más en serio cuando le decís que se juega con tackle (…) Cuando vos contás que hay un tipo de organización das un paso adelante… (M. Ledesma, comunicación personal, 10 de agosto de 2018).

Ahora bien, tras la salida de Matute Díaz se dio una semana para la publicidad de listas de postulantes. Ninguna se presentó.

Entonces, decidimos juntarnos los capitanes de todos los equipos en un Starbucks de acá de Callao y Venezuela, para poner a alguien al mando. Y empezamos a decir ´quien quiere ser el tesorero´ y así levantaban la mano. Y así quedé yo como vice (F. Ramírez, comunicación personal, 19 de junio de 2018).

El resultado de esta metodología fue el siguiente: Marcos Ledesma, director, Franco Ramírez (Vengadores de Hogwarts), vicedirector y Paula Andrada, tesorera. Esto estuvo acompañado por un reordenamiento en los departamentos y áreas de la asociación, en donde se le dio prioridad a desarrollar como áreas especializadas sectores como deportes, publicidad y arbitraje, además de crear espacios de asuntos legales y relaciones internacionales, aspecto clave para la conformación de la ya mencionada Copa del Sur y los lazos con IQA. Este proyecto seguiría hasta 2016, cuando Paula asumiría la conducción de la AAQ hasta 2018.

Como es de imaginarse, los conflictos no cesaron. En mayo de 2016 se produjo una sentada en protesta contra la AAQ. El detonante fue la sanción en 2015 del referente de uno de los equipos, por insultar a una autoridad arbitral. Este equipo llevó al torneo un documento escrito en el que, entre otras cosas, denunciaba “irregularidades” en la gestión, “falta de objetividad en el trato” y “extrema subjetividad en las sanciones disciplinarias y diversas cuestiones administrativas”. Asimismo, remarcaba la escasa preparación de quienes conducían el organismo, su incapacidad de dar respuestas adecuadas y la falta de transparencia en el manejo de los bienes. El texto cerraba pidiendo la destitución de la conducción vigente, la designación de una de contingencia que redactase un estatuto y convocara a elecciones, además de la suspensión de todas las sanciones vigentes hasta que se presentase un documento que indicara cómo manejar esta clase de medidas. Es decir, reclamaba la suspensión momentánea de las facultades del Tribunal de Disciplina. Se exigía también un pedido de disculpa por parte de la presidenta y el vicepresidente por la cancelación de una copa que iba a desarrollarse en Rosario, cuya suspensión representó una pérdida de dinero para los Deathly Dragons. Los principales equipos firmantes, además de estos últimos, eran los Black Birds y los Thunder Lions. Esto se sumaba a otras disconformidades existentes respecto al juego de snitch, donde se proponían medidas para garantizar la imparcialidad del corredor y la introducción de elementos que aspiraban a una semejanza con la IQA (Cumulus Nimbus QT, 2015).

Desde la AAQ se señalaban broncas previas, producto de la transición entre la gestión encabezada por Marcos Ledesma y la presidida por Paula Andrada. También se reconocía que no se presentaron balances, memorias de gastos y que no hubo evento físico de paso de una gestión a la otra. Pero, fundamentalmente, atribuían la situación a prejuicios por parte de los críticos. He podido acceder al documento original que circuló en aquellos días, observando en el escrito indicado, al lado de los firmantes y en lápiz, cuántos meses de cuota debía cada uno y la condición de no asociados de muchos, lo que interpreto como un intento de parte de la conducción de desacreditar el reclamo. Además, desde la AAQ acusaban del robo de planillas de un torneo previo al jugador sancionado, siendo este deportista responsable de las mismas ante la asociación.

Independientemente de este cruce de opiniones, que poco aportan a los fines de este trabajo, la consecuencia importante fue la aparición de la Super Quidditch League (SQL). Esta se jugó entre mediados de 2016 y septiembre de 2017, de forma paralela a los eventos oficiales de la AAQ. Otra liga alternativa a la que fueron invitados todos los equipos, estén asociados o no. Es que una de las consecuencias de la sentada fue la salida de la AAQ de varios equipos, los cuales dejaron de pagar la cuota social. Y estos, para mantenerse unidos como tales, juzgaban que debían seguir en competición, motivo por el cual crearon la SQL, que tenía un reglamento especial: no existía ni snitch ni buscador ni se permitía un mayor contacto físico que el agarre. Los partidos se jugaban a siete goles, debiendo haber una diferencia de dos entre los equipos, acortando los encuentros. Al respecto señala Franco:

Esto era algo fuera de la asociación, por ende, no importaba si eras o no jugador/a asociado, no importaba si estabas al día con las cuotas o cosas similares. La idea principal era jugar, divertirse y pasar un lindo día. Se podían armar equipos de todo tipo (F. Ramírez, comunicación personal, 15 de marzo de 2022).

La división y desconfianza, que eran la regla entonces, terminaron por frustrar otra de las grandes ambiciones que tenía la AAQ desde sus comienzos. En aquellos años, el espacio de asuntos legales elaboró un estatuto, un reglamento electoral y todos aquellos requisitos necesarios para obtener la personería jurídica. El formato elegido era el de la asociación civil sin fines de lucro, utilizado por la mayoría de las entidades deportivas argentinas (Daskal y Moreira, 2017). Sin embargo, “Cuando se hablaba de guita todos se iban para atrás. La reserva del nombre era para que los de la sentada no puedan ir a anotarse. Si ellos hacían eso, nosotros no éramos más que una página de Facebook” (M. Ledesma, comunicación personal, 10 de agosto de 2018). Pero en este clima, aquello no podía ser una prioridad. Hugo Olivera, jugador de 26 años, referente del espacio de legales de entonces y estudiante de abogacía ironiza: “La realidad es que no es ilegal jugar al quidditch, no estamos traficando marihuana, estamos jugando un deporte. Siempre nos movimos como una asociación de hecho, hay una figura legal para eso. No es que vivimos en un limbo jurídico” (H. Olivera, comunicación personal, 27 de noviembre de 2018).

2.5 El presente: la Asociación de Quidditch Argentina (AQArg)

La crisis producto de la sentada quedó resuelta a fines de 2017. Los equipos que habían roto con la AAQ se reasociaron. Efectivamente, aquella liga paralela tuvo éxito, en parte recogiendo nuevamente el espíritu la vieja discusión por el tackle, movimiento prohibido por su singular reglamento. Logró dejar casi vacías las competiciones oficiales de la asociación, las cuales llegaron a tener solo tres equipos, mientras que la SQL por momentos los duplicaba. Dirigentes de la AAQ se acercaron a los referentes de los equipos disidentes y arreglaron su reincorporación.

Sin embargo, la asociación tenía las horas contadas. Aunque de acuerdo con su estatuto habría elecciones en 2018 (pautadas cada dos años), emergió un proyecto alternativo; la AAQ se declaró en quiebra y legó a comienzos de ese nuevo año sus bienes a una nueva entidad, la Asociación de Quidditch Argentina (AQArg). La ex presidenta de la AAQ pasaba a ser la nueva vice de Nicole Biondi, jugadora de 26 años de los Imperial Dragons y bombera voluntaria en Buenos Aires.[35]Esta situación generó sospechas. Algunos señalaron una maniobra para evitar los comicios, afirmando que era “ilegal” declarar la disolución de la AAQ siempre que hubieran socios dispuestos a seguir sosteniéndola. Pese a esto, se lamentan: “No pudimos defender eso porque no éramos legales, porque si no llamábamos a un abogado. Pero éramos unos fantasmas con un estatuto hecho por nosotros que tenía cero validez, solo nuestra fe” (M. Ledesma, comunicación personal, 10 de agosto de 2018). Otros dudaban de la procedencia del trámite “técnico”. Una practicante caracteriza el clima previo al traspaso: “Se le venía el golpe de Estado, en las elecciones iba a haber una revolución” (C. Roldán, comunicación personal, 3 de junio de 2018). Un sitio especializado realizó una dura crítica sobre lo actuado, señalando que la nueva asociación no tenía credibilidad, poniendo en duda la legitimidad del pasaje de bienes, afirmando que fue anti-estatutario, casi secreto, “de madrugada”, a “semi-escondidas” y sin rendición de cuentas (AAQ, un ocaso esperable, 2018). Se hablaba de irregularidades en la disolución de AAQ, la cual habría sido fundamentada de forma “contradictoria” y “sospechosa”.

Como sea, la mayoría de los equipos decidieron seguir asociados: solo les quedaba fundar una organización alternativa, algo imposible debido a que la propuesta de la AQArg sedujo a muchos jugadores. La otra opción era hacerse a un lado, la cual fue tomada por los Thunder Lions, quienes ya habían polemizado en torno al tackle casi desde los comienzos del quidditch, incorporándose a todas las ligas paralelas. Este equipo no se asoció a la AQArg, practicó unos meses y luego se disolvió. Los últimos herederos de los Wind Wizard, primer campeón argentino, desaparecían.

Ahora bien, uno de los puntos del nuevo proyecto que atrajo a casi todo el quidditch argentino fue su propuesta de ir a fondo con el viejo anhelo de la personería jurídica (nacional). Así describe una jugadora el accionar de la nueva asociación “…llega con un escrito de abogados (…) Dice que va a juntar una cierta cantidad de dinero, que va a hacer del quidditch una asociación con personería jurídica. Tomó el poder, formó la AQArg y volvió a empezar de cero” (C. Roldán, comunicación personal, 3 de junio de 2018). La iniciativa implicó un estudio y análisis con asesoramiento profesional, tanto para la redacción de un nuevo estatuto, como para balancear las ventajas y desventajas de cada formato jurídico disponible. Se evaluaron opciones como Organización No Gubernamental (ONG) o empresa privada, pero se optó (nuevamente) por una asociación civil sin fines de lucro.

La cuestión de la legalización del quidditch, como la llaman los actores, es interpretada desde distintos ángulos. Existe un grupo de practicantes que observa críticamente este proceso. Desde su óptica, el quidditch pasó de ser un deporte “de palabra” a algo demasiado serio:

Para mi gusto la dirección que están queriendo tomar es errada, en el sentido de un deporte que nosotros lo habíamos armado más familiero. Que pueda venir cualquiera a jugar tranquilo, si no podés pagar la cuota no pasa nada…acá es como que son más estrictos. Se perdió ese gustito a querer jugar. Tomó muy legal todo y siempre se pone ante todo el tema de las leyes (…) están metidos muchos abogados, escribanos…antes era algo de palabra…un deporte entre amigos, de palabra…y ahora que haya adentro abogados, escribanos…lo hicieron demasiado serio (F. Ramírez, comunicación personal, 19 de junio de 2018).

La crítica a esta seriedad también refiere a los crecientes requisitos para la participación en las competiciones oficiales. Fue sintomático de esto que, en distintos torneos, pueda observarse a muchos nuevos jugadores, que se habían acercado recientemente y hacían sus primeras experiencias en el deporte, sentados (enojados) afuera sin poder jugar por temas administrativos. Varios practicantes consideraban absurdo que, en un deporte con pocos participantes y difusión, se establecieran estrictos requisitos administrativos (pago de cuota y antigüedad) para poder participar de un evento oficial. Otros, como Radamel Gutiérrez, excapitán de los Fire Ferrets, evalúan esto como un factor de peso al momento de decidir no volver a jugar: “Nosotros éramos nuevos, queríamos jugar ya, pero nos pedían hacer cosas. Papeles, presentar cosas, en vez de felicitarnos por empezar un nuevo equipo. ¡No es el ejército para presentar tanto papeleo!” (R. Gutiérrez, comunicación personal, 11 de agosto de 2018).

Como contrapartida a esta visión, otros practicantes han remarcado la falta de credibilidad que tiene el quidditch en tanto deporte. La frecuente comparación con otras prácticas más populares los ofende, ya que se sienten desmerecidos. Para muchos de ellos el reconocimiento estatal y la personería jurídica permitirían zanjar la cuestión de si el quidditch es un deporte o no. Así lo simplificaba Brian Andrada, un jugador de 21 años de los Cumulus Nimbus que estudia en la UBA para ser abogado:

Existe una asociación entre jugar quidditch y ser friki. Nos gastan por nerds, dicen que no es deporte. Es difícil querer hacerte llamar deporte formando parte de eventos de HP. Está mal visto y es marginado… Bueno, tomá, este papel dice que es un deporte, no me jodás más (B. Andrada, comunicación personal, 15 de mayo de 2018).

Para este practicante, el rol del Estado es legitimante del status social de deporte del quidditch, sacándolo de la “ilegalidad” (o más bien de la “marginalidad” del fandom, como veremos en el próximo capítulo), forzando a que el colectivo (la ciudadanía) lo asuma como tal. En esta sintonía se expresaba una jugadora en una entrevista: “estamos tratando de que sea legal y sea considerado un deporte. Si bien se practica en varios puntos del globo terráqueo, hasta ahora no fue reconocido nunca como un deporte, sino como una práctica” (El Quidditch pasó de ser un deporte practicado por HP a la vida real, 2018). Junto con esta colaboración en el reconocimiento, la búsqueda de personería también es valuada de forma positiva pensando en sus posibles beneficios, como conseguir un espacio para practicar y disputar encuentros deportivos. Además, se considera, abriría la posibilidad de promocionar los eventos a través de los medios de difusión estatales y explorar alguna nueva vía de financiamiento. Aunque el trámite inició formalmente en 2020, los problemas organizativos posteriores a la pandemia hicieron que su seguimiento deje de ser una prioridad.[36]

Esta dicotomía entre la seriedad, el “papeleo” y la búsqueda de complejidad/reconocimiento del ente regulador quedó aparentemente saldada con la salida de los equipos más críticos a dicha perspectiva, ya que tanto los Thunder Lions como los Fire Ferret se dieron de baja hacia comienzos de 2018, junto con los Scarlet Fireball, quienes entre trabajo y facultad decidieron dejar de jugar. La cuestión de la seriedad, en relación también a la violencia y la aplicación del reglamento internacional, también tuvo un cierre, ya que el tackle fue definitivamente implementado, ya sin la fuerte oposición del primer equipo mencionado. Así describe un “espíritu de época” un jugador: “Cuando Nicole planteó este nuevo sistema, muchos nos opusimos, lo dijimos ‘Los que quieren jugar con tackle, practíquenlo, que jueguen, pero el que no, no’. Siempre respetando a los equipos. Ahora parece que hay tackle o nada” (F. Ramírez, comunicación personal, 19 de junio de 2018).

La periódica actualización reglamentaria argentina, acorde con los ritmos globales, trajo más novedades con la versión de 2020, que se usó hasta el cierre de mi trabajo de campo. Las ahora 150 páginas dotan todavía de una mayor complejidad al deporte y no son ya el producto de la voluntad individual. Son el resultado del trabajo de un equipo de traductores especial coordinado por IQA e integrado por jugadores de países latinoamericanos. Estos optaron por el uso del lenguaje inclusivo.

De forma general, este texto se acerca todavía más a la idea de Coakley (2001) de una guía de procedimientos y restricciones: el grado de precisión de esta versión es todavía mayor al de sus antecesoras. Aunque la cancha pasa de ser un óvalo a ser un rectángulo de 33X60 (metros), ahora se indica la longitud de las líneas internas. A diferencia del pasado, en la actualidad, es el propio reglamento el que contraindica materiales para aros, precisando la altura y posición de su ubicación, además del diámetro. Este último aspecto es establecido también para quaffle y bludgers,[37]junto con su circunferencia, debiendo estas: “mantener su forma esférica, mas no deben estar ni completamente infladas ni tan desinfladas que une jugadore pueda agarrar con una mano una buena parte del balón” (International Quidditch Association, 2020a, p. 20).

Como en todo cuerpo de reglas deportivo, la propia experiencia de juego va determinando cuales de ellas son necesarias o deben ser refinadas. Es el paso del tiempo el que proporciona las oportunidades para que el deporte sea experimentado y la pertinencia de la reglamentación, constatada. Una infinidad de situaciones han acontecido entre 2010 y 2022, lo que ha dado lugar a la consideración de una serie de cuestiones impensadas en los comienzos del quidditch en Argentina: portavoces por equipo, la existencia de un “personal” del mismo (fotógrafos), falsas lesiones, balones defectuosos, el lugar de los espectadores, detención del tiempo, rendición, suspensión de un partido, “fuego amigo”[38]de bludger, el “movimiento natural” al ser “quemados”, el juego pasivo y la ley de ventaja.

Ahora bien, este reglamento también puede caracterizarse por una búsqueda de una mayor seguridad física, con un control del uso de la fuerza y el peligro. Esto ya había sido insinuado con anterioridad, con el reemplazo de las escobas por tubos de PVC, que en esta edición presentan nuevos diámetros, forma y longitud, aclarándose que no puede tener cintas o materiales reforzantes. Esta transformación, que ya tiene años, obedece fundamentalmente a que los palos de madera podían astillarse o partirse, y dañar a los deportistas.[39]Se trata de otro de los aspectos que Coakley (2001) marca de la institucionalización de un deporte: la mejora del equipamiento deportivo en aras de lograr una mejor performance.

Además, en esta versión se produce un cambio decisivo. Anteriormente, para comenzar un partido todos los jugadores de un equipo se disponían en los extremos del campo de juego, en las líneas de gol, donde estaban sus aros. Las cuatro pelotas se colocaban sobre la línea de la mitad de la cancha. Cuando sonaba el silbato, todos corrían hacia el frente en busca de los balones, produciéndose choques y golpes.

Figura 7: Vieja disposición de los equipos en comienzo del partido

Nota. Fotografías tomadas del Facebook de Warpaint (s.f a).

Figura 8: Los jugadores corren de frente hacia la pelota

Nota. Fotografías tomadas del Facebook de Warpaint (s.f b).

El nuevo reglamento establece que ahora todos deben estar sobre una de las líneas laterales del campo de juego, cada equipo en su mitad, sin un orden establecido. La quaffle es colocada en el centro de la cancha y dos cazadores rivales deben correr por ella, uno al lado del otro. Dos bludgers están situadas en la mitad de la cancha de cada equipo, siendo solo la tercera objeto de una disputa similar a la de la quaffle.

Figura 9: Nueva disposición de los equipos en comienzo del partido

Nota. Elaboración propia.

El sentido del cambio es interpretado de este modo:

…la salida anterior era peligrosa. He visto lesiones. Van de frente en esa. Esta es más estratégica. Que jugadores se eligen para correr, cual dejar libre. Desde el sorteo mismo, elegís de donde sale el cazador, golpeador y el corredor designado tiene margen de maniobra (…) Al corredor designado, hasta que no toca la pelota, el resto no puede tocarlo. Es más por la seguridad (Snitch Informativa, 2020).

Otro cambio importante que se produjo en estos años fue la distribución automática de bludgers: si un equipo tiene la posesión de dos, un golpeador rival puede pedir “inmunidad” con un gesto y no ser molestado mientras busca la tercera para sí. Con esto se busca que uno de los equipos no quede demasiado expuesto a recibir muchos pelotazos, retomando un poco lo implementado por Silvia en el CHP. Algo parecido ocurre con el snitch runner. Mientras que el viejo reglamento de la FAQ promovía su creatividad, en esta edición se puntualizan 14 aspectos que integran el “código de conducta de le snitch runner”, quien ahora ingresa a la cancha específicamente a los 18 minutos. Los señalamientos se orientan en torno a asegurar su neutralidad y su presencia en el campo. También se colocan hándicaps para su desplazamiento, con el fin de facilitar su captura y no prolongar indefinidamente el partido, evitando agotar a los practicantes.[40]Su atrapada ahora no representa necesariamente el final del partido, sino que puede ser el comienzo de un tiempo extra, si los jugadores lo disponen.[41]Al ser menos determinante, se estipula, se obstaculizará y lastimará menos a los buscadores en su tarea (Ibídem). Además, el snitch runner es considerado ahora un árbitro más, pudiendo aconsejar al resto de los jueces. Se suma al árbitro principal, a los dos asistentes, uno de snitch y un asistente de marcador, sugiriéndose que también se designen dos árbitros de gol, un cronometrista y un planillero.

El énfasis en estos cuidados se refleja también en que ahora son 15 las páginas dedicadas a especificar acciones o contactos ilegales dentro del juego, indicar su gravedad y penalización, estableciéndose también el uso de protector bucal. Movimientos como empuje, carga y abrazo están prohibidos bajo ciertas circunstancias, mientras que, globalmente, la mayoría de los movimientos solo pueden ejecutarse de frente al rival. Finalmente, respecto a la composición de género de los equipos, esta se ve afectada por la llamada Regla de Cuatro, vigente desde hace algunos años: “El equipo no puede tener en juego simultáneamente a más de cuatro jugadores que se identifiquen con el mismo género” (International Quidditch Association, 2020a, p. 10). Aquí se establecen dos modificaciones sustanciales respecto a lo anterior: la autopercepción identitaria y la eliminación de la excepción del buscador. Bajo esta Regla de Género, los jugadores pueden jugar como masculinos, femeninos o personas no binarias.

Una nueva etapa

Con la ya referida implementación del tackle, la AQArg cierra un largo ciclo de disputas y, al parecer, da un paso fundamental en la estandarización reglamentaria. Resuelve un clásico problema de la institucionalización deportiva: frente a la tendencia centralizadora de un reglamento universal, la persistencia de una preferencia por otras versiones donde juegan un papel las particularidades locales (Vamplew, 2007). Así, el período de la AQArg parece concluir la cuestión de la relación entre lo local y lo global; la tensión entre las tendencias universalizantes y particularizantes (Giulianotti y Robertson, 2007). Si al comienzo del quidditch en Argentina la glocalización se manifestaba como una relativización, el desarrollo de la propia institucionalización hasta la actualidad indica algo distinto. Estamos frente a lo que Robertson (2007) define como transformación: la “cultura local”, vinculada al club de fans y a HP, lo que dotaba de un sentido particular a la práctica, es relocalizada respecto lo global. Tomando como referencia el panorama internacional del quidditch, los fundadores de la vieja FAQ proyectaron el desarrollo de este deporte en Argentina y trazaron un camino, en el cual internalizaron los valores e identidades globales (transformar al quidditch más en un deporte que en algo para fans, separándose de su nicho originario), además de sus instituciones (un ente regulador para la actividad que se encargue de promoverla en todo el país y de adecuarla reglamentariamente). La etapa de la AQArg marca de forma general, de algún modo, el fin de la polémica y las tensiones al respecto, con la salida de quienes se oponían a esta visión. Por eso queda atrás también la cuestión de la violencia, cuyo abandono del escenario de las disputas es acompañado de una valorización positiva definitiva de la misma, de la rudeza y necesidad de una fuerte preparación física. Se trata de un aspecto que en este período pasaría a ser una especie de carta de presentación pública del deporte, como veremos más adelante ([Mercedes de la Asociación de Quidditch], 2018; Mostafá, 2019).

Pero esto no debe llevarnos a pensar que la estandarización reglamentaria haya dejado de despertar ciertas resistencias, en las que se sigue manifestando la agencia de los practicantes en el proceso de institucionalización. Por ejemplo, muchos jugadores se quejaron de que las nuevas reglas sobre la escoba, que limitaban el uso de ciertas cintas o materiales para los tubos, eliminaban la posibilidad de decorar a estos de forma personalizada, además de ser más largos que los anteriores, forzando compras masivas en los equipos. Uno de los expositores en una charla virtual sobre reglamento aclaró que en este intento de regular las escobas “las pegatinas no están prohibidas sino lo que le de resistencia a la escoba, es por seguridad. Una cinta no, le da consistencia. Tampoco estaría prohibida la pintura” (Snitch Informativa, 2020). Algo similar puede verse en la indumentaria de los participantes durante los torneos. Según el reglamento vigente, las camisetas deben tener un número del 0 al 99 como requisito fundamental. Los jugadores también muestran aquí su impronta, poniendo su nombre o su apodo (en muchos casos utilizando símbolos), lo cual no está ni prohibido ni reglamentado. Lo mismo sucedió con el uso de pañuelos verdes alusivos a los partidarios de aborto legal en Argentina, durante muchos torneos de 2018. No sería prudente señalar un acto de rebeldía abierta contra la estandarización en estos pequeños actos, pero es quizás menos aventurado observar en los mismos un deseo de expresarse, de conservar un cierto margen de individualidad ante las transformaciones.

Las modificaciones que el reglamento fue atravesando con el paso del tiempo impulsaron una evolución táctica y estratégica de los equipos argentinos. De acuerdo con algunos de los practicantes más experimentados, inicialmente el quidditch en nuestro país se jugaba “como al hándbol”: los cazadores simplemente iban hacia adelante tratando de chocar a los rivales y convertir tantos. El tiempo y los aprendizajes, de los que también son parte de los contactos internacionales, revalorizaron el papel de los golpeadores, quienes mostraron ser útiles para hacer viables los ataques de los cazadores, eliminando rivales con las bludgers. De este modo, fueron ensayándose formaciones y jugadas que combinan ambas posiciones, existiendo, desde el punto de vista de los actores, un cierto progreso en el juego argentino. Esto estuvo acompañado de la profundización de muchos aspectos desarrollados en apartados anteriores. La preparación arbitral dio un salto cuando los jugadores argentinos comenzaron a rendir exámenes internacionales pagos, para los cuales debían estudiar (con acompañamiento de la AQArg) y acreditar su condición de réferis avalados por la IQA. Así, los requisitos de árbitros por equipos para participar de los torneos locales se volvieron más complejos, demandándose ahora un cierto número de acreditados por el organismo internacional. Aunque durante la pandemia los equipos tuvieron charlas de reglamento para trabajar esto, el Departamento de Arbitraje suele co-arbitrar en los primeros partidos de los nuevos jugadores-árbitros, para así darles una ayuda y evaluar su desempeño. Además, los propios jugadores han creado espacios virtuales donde polemizan, explican y discuten los cambios reglamentarios con practicantes de otros países (Snitch Informativa, 2020). Estos debates son la expresión de los lazos internacionales construidos y dan forma a grupos de Facebook como “CoachMore – International Quidditch Forum For Coaches”, donde se socializan distintas clases de saberes que, en ocasiones, toman la forma de manuales de jugadas, marketing o reclutamiento.

Las nuevas exigencias no hicieron otra cosa que profundizar la especialización dentro del ente regulador argentino, siempre con funciones ad honorem. La Comisión Directiva se amplió, integrada ahora por: presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y vocales. Este organismo tiene bajo su órbita siete áreas: Departamento Deportivo, Departamento de Arbitraje, Departamento de Medios y Difusión, Selección Argentina de Quidditch, Departamento de Voluntariado, Comité de relaciones internacionales y Departamento de desarrollo interno del Quidditch. Asimismo, existen otras tres de carácter autónomo: Tribunal de Disciplina Deportiva, Mesa de Género y diversidad y Amigxs del Quidditch. Un ejemplo de esta profundización es el enfoque para el Departamento de Medios y Difusión, donde desde hace un tiempo se tiende a incorporar a aquellos jugadores con expertise en el asunto: estudiantes de locución, periodistas y colaboradores en revistas temáticas. Pese a estas delimitaciones, estos espacios siguen abiertos a la llegada de voluntarios de los equipos. Esta convocatoria es permanente, ya que muchos dirigentes de la AQArg suelen señalar la falta de participación de otros jugadores.[42]

Este desarrollo tiene un eco en los equipos. Si el referente inicial de cada uno de ellos era su capitán, quien se encargaba originalmente de todo, fueron surgiendo otras personas para tareas específicas: preparador físico, tesorero, community manager y también entrenadores de cazadores o golpeadores. Cuando no disponen de uno entre sus filas, algunos equipos pueden contratar profesionales de la educación física para trabajar algún aspecto puntual. Los Deathly Dragons afirman “…entrenamos cinco días en la semana con preparador físico, kinesiólogo y hasta mirando videos de los demás equipos” (Druetta, 2018) a la hora de prepararse para eventos como la Copa del Sur.

Finalmente, más allá de las tres defecciones iniciales, el período inicial de AQArg estuvo marcado por un crecimiento en la cantidad de jugadores y equipos, aunque la tradición “escisionista” persistió. Los Imperial Dragons pasaron a llamarse Durmstrang[43]Vikings, luego Vikings. A finales de 2018 un grupo de jugadores expulsados de allí intentó fundar sin éxito los Buenos Aires Occamy´s. El resto del equipo se renombró como Quantum Nebula y jugó hasta 2019, año en que atravesó una gran crisis (“puterío de conventillo”) y un resto del mismo se fusionó con algunos ex Scarlet Fireball, fundando los Dark Phoenix. Otro pequeño grupo salido de los Quantum Nebula formó los Vikingos, en clara referencia a los Vikings, aunque la experiencia fue efímera. En Córdoba hubo una división dentro de los Vultur Gryphus, de donde salió otro equipo llamado Thunder Krakens, luego Krakens. En Rosario, un grupo de jugadores de los Wild Wolves abandonó el proyecto y fundó un equipo propio, los Olympic Gods, el cual nunca llegó a competir. Una novedad positiva fue la reaparición del equipo marplatense que, con los mismos integrantes del club que ya habíamos mencionado, volvió a jugar en 2019 bajo el nombre de Qymeras, inspirados por un viaje de integrantes de los Cumulus Nimbus a Mar del Plata.

El 2019 terminó con la Copa del Sur organizada en Rosario, en un evento que convocó por primera vez a equipos brasileños y mexicanos, naciones que habían participado de mundiales. Hacia marzo de 2020 podían contarse cinco equipos activos y en competición por fuera de Buenos Aires (cada quien con sus matices y dificultades) y, dentro de dicha geografía, cuatro. También emergían dos nuevos proyectos: Mendoza Quidditch y Xairox Quidditch, este último producto del interés de un fan club de San Luís. Parte de estos avances pueden relacionarse con dos promesas iniciales cumplidas por AQArg. Por un lado, la organización de los torneos en predios privados de clubes, con facilidades de vestuarios, buffet y protección contra el mal clima.[44]Por otro, la elección (por primera vez) de sedes por fuera de Buenos Aires – como Rosario y Mar del Plata-  para los torneos oficiales, aspirando a una rotación con la capital nacional. Asimismo, se organizaron encuentros regionales en Córdoba, a donde los Deathly Dragons fueron a colaborar con el quidditch de dicha provincia.

Sin embargo, la pandemia del Covid-19 y las medidas estatales de restricción de actividades afectaron gravemente al deporte. Entre marzo de 2020 y octubre de 2021, momento en que el Estado eliminó la mayoría de los controles a la circulación, solo se jugó un torneo. En este período, varios equipos no entrenaron, ya sea por decisión propia o por no poder juntar voluntades entre los jugadores. El golpe fue duro y, a comienzos de 2022, primer año en que el quidditch no se vio perjudicado por las restricciones, solo se contaban tres equipos activos: Black Birds, Deathly Dragons y Noxus Dragons.[45]Este último, surgido ese mismo año, recogió jugadores de los Black Birds, Qymeras y Cumulus Nimbus, y meses después sería renombrado como Firefly. Emergió también Supernova Quidditch Team, resultado de la combinación de practicantes provenientes de muy diversos equipos, aunque hasta fines de 2022 no habían jugado todavía un torneo juntos, misma situación que la de los Berseeker de La Plata y Serafines de Rosario, armado con remanentes de los Wild Wolves.


Aunque el objeto de este capítulo era poder dar cuenta de la forma que adopta el proceso de institucionalización (parte de la profesionalización de la práctica), emergieron en el desarrollo de estas páginas una serie de cuestiones que serán de importancia en lo sucesivo.

En primer lugar, la relación entre esta práctica, el mundo de los fans de HP y la saga en sí misma. Si aquí pretendí abarcar la totalidad de la historia de este joven deporte, en el siguiente capítulo abordaré esta temática desde 2018, año en que comienza el trabajo de campo que sustentó esta tesis. Veremos qué sucedió con la proclamación de los fundadores de la FAQ de que el quidditch sea mucho más que algo para “pasar el rato entre fans de HP” y se abra al resto de la población. En este capítulo surgieron algunas cuestiones que permiten introducir otra dimensión: una idea de la personería jurídica-reconocimiento estatal como legitimante del status deportivo, el cual sería puesto en duda por el origen literario del quidditch. Pero, ¿por qué ser un deporte basado en una saga literaria está “mal visto”? ¿cuál es el punto de vista de los actores acerca de esto? ¿intentan revertirlo? ¿cómo se relaciona con la idea de seriedad, constitutiva del proceso de profesionalización, la cual apareció en este capítulo asociada a diversas cuestiones, como la adhesión a los formatos internacionales, la complejización del ente regulador y la violencia del juego? Y en relación a esta última ¿por qué es presentada como incompatible con un ámbito para fans de HP como el CHP? ¿se relaciona solo con el deseo del triunfo producto de la profesionalización, el cual catalizaría estas actitudes violentas (Elias y Dunning, 1992) que marcan el fin de una ética deportiva? ¿esto se vincula solo con las características específicas del propio CHP? Se trata de interrogantes que serán abordadas en el próximo capítulo.

Por otro lado, en el recorrido realizado hasta aquí apareció un elemento fundamental del quidditch, el cual está relacionado con su reglamentación. Este se conforma como un deporte obligatoriamente mixto, trascendiendo aquí a la versión literaria, donde esto era opcional, libre en cuanto a la composición de género de los equipos. Esta regla ha evolucionado a lo largo del tiempo hasta llegar a reconocer la autopercepción identitaria del jugador, con la referida Regla de Cuatro. Dicha característica de nuestro objeto de estudio abre un panorama muy rico para indagar su relación con el género. Será necesario observar en posteriores capítulos la aplicación práctica de esta regla y las implicancias de la misma dentro de la comunidad del quidditch argentino.


  1. Parte de las discusiones de este capítulo fueron trabajadas como resultados parciales en los artículos “De fans a deportistas: tensiones en torno a la institucionalización del quidditch argentino (2006-2022)” (Ibarrola, 2022b) y “Los comienzos del quidditch en Argentina. Un deporte para «mis chicos»” (Ibarrola, 2021b).
  2. Un ejemplo de esto es el fútbol contemporáneo, cuya versión de juego popular medieval permitía la intervención de “…mujeres, niños y hombres, con reglas orales y locales, sin número limitado de jugadores, sin tiempo de duración estipulado y con desenlaces generalmente violentos” (Conde y Rodríguez, 2002, p. 94).
  3. Término utilizado en la saga para referir a las personas que no solo no pueden hacer magia, sino que también desconocen de la existencia de la misma.
  4. Esta organización fue fundada en 1985 por comediantes ingleses con el fin de recaudar dinero para combatir la pobreza en el mundo.
  5. Por aquel entonces ya había sido publicado el quinto libro de la saga original, la cual, se había anunciado entonces, tendría un total de siete tomos.
  6. Estos dos nombres, junto con el de Lafrance, serán los únicos verdaderos que aparecerán en la tesis, debido al status público de estos personajes.
  7. En un intento de imitar las largas túnicas que vestían los equipos de Quidditch en la saga literaria.
  8. Benepe habla de una combinación entre el Super Bowl del fútbol americano y las ferias medievales (Sangari, 2014).
  9. “Con sus amplios salones y una arquitectura tradicional, el edificio resultaba estratégico para armar las salas comunes de cada una de las casas de Hogwarts y para disputar partidos de Quidditch” (Cuestas, 2022, p.120).
  10. En los libros, esta división se produce al ingresar a la institución educativa.
  11. Ellas están representadas con un animal: Gryffindor-león, Slytherin-serpiente, Ravenclaw-águila y Hufflepuff-tejón. Cada una está relacionada con ciertas características, estilos y valores.
  12. Figuras de autoridad dentro de cada casa, los cuales colaboran con el cumplimiento de los fines del club. En el libro ayudaban con el mantenimiento del orden en la escuela.
  13. En versiones de otras regiones de Estados Unidos la atrapada valía 50 puntos.
  14. Misma edad que tenían los asistentes al colegio Hogwarts en el libro.
  15. Esto podría asemejarse a la clásica ética del deporte donde, siguiendo a Elias y Dunning (1992), lo importante era la correcta participación en batallas regladas, el disfrute de la tensión, la emoción, el esfuerzo y no la búsqueda del triunfo. De acuerdo con Cáceres (2019), esta ética implicaba una actitud distante respecto de lo que se disputaba, priorizando siempre el crecimiento espiritual, la autosuperación y la obtención de placer en sí mismo, no reafirmándose la identidad como consecuencia del resultado. Estos aspectos coinciden con la idea de un “deporte escolar” que prioriza la competición sana, cuidada y, ¿por qué no?, pedagógica. La génesis de estos valores puede rastrearse hasta la ideología del comportamiento caballeresco de las elites victorianas inglesas (Besnier et al., 2018).
  16. Aunque, de acuerdo con Cuestas (2022) esta era de cuatro metros, esta cifra hace difícil imaginar la cantidad de posiciones y funciones ya mencionadas.
  17. Todas estas organizaciones se estructuran bajo el formato jurídico de asociación civil sin fines de lucro.
  18. De acuerdo con la clasificación de actividad del CHP realizada por Aller (2020), un evento de festejo.
  19. Según los reglamentos oficiales de la IQA existen equipos universitarios y comunitarios. Los primeros, creados bajo el amparo de las instituciones educativas de los distintos países, predominaban en Estados Unidos y Europa occidental, siendo mayormente sus graduados quienes luego creaban los de tipo comunitario (especialmente desde 2011), ajenos a las universidades (Luna, 2018). Este segundo tipo es el único existente en Argentina hasta el día de la fecha, no existiendo conexiones de ninguna clase con las entidades educativas.
  20. Referencia al representativo nacional de rugby masculino apodado “Los Pumas”. Concebidos inicialmente como la “selección argentina” que iba a participar del mundial de quidditch, los Wild Tigers aparentemente jamás fueron parte de ese ni de ningún evento internacional. Nadie puede atestiguarlo. Mis interlocutores, al ser interrogados por este hecho, o bien creen que fue una ilusión no concretada, o que a lo sumo no se produjo una actuación lo suficientemente destacada como para ser socializada. Aun así, el propio Benepe anunciaba a un medio en 2011 la presencia de un equipo argentino en el mundial (Plummer, 2011), hecho que no se vio reflejado en la tabla de posiciones final del torneo.
  21. En este evento, que tiene una frecuencia anual, los seguidores de la saga se congregan en plazas o parques y realizan caminatas vestidos de los personajes de la saga, atravesando las ciudades más importantes de Argentina.
  22. Los torneos locales se jugaron y juegan durante un día entero, habitualmente bajo el formato de liga “todos contra todos”.
  23. En la saga literaria, organización clandestina que servía al villano.
  24. Si bien el deporte se jugaba en los aires, en la versión literaria el estadio y la cancha tenían forma de óvalo. La FAQ jugó con una cancha cuyas medidas eran la mitad de las oficiales.
  25. Esta opción fue rápidamente descartada, debido a que el agarre de las extensiones de la prenda podría dañar a los jugadores. Fueron reemplazadas por camisetas ([FAdQ en Radio], 2013).
  26. Por las trabas estatales a la importación, traer las oficiales era dificultoso.
  27. Competición internacional de la disciplina.
  28. Nombre adoptado en 2013 por los Wood´s Army.
  29. Al parecer la situación de este club era compartida por varios fanáticos. Navonne Sarubbi (2016) nos habla, por ejemplo, de la aparición de páginas web de humor gráfico mediante las cuales los fans buscaban matizar la “depresión post Potter”. Esto en referencia al final, entonces, de la saga de películas de la trama original.
  30. Algunas casas se beneficiaban por su asociación con algún equipo, como los Wood´s Army con Slytherin. La competición interna del CHP se desbalanceaba y había que regular los puntos que entregaba el quidditch.
  31. Autodenominada “celebración más grande del fandom local”, donde los equipos argentinos suelen hacer exhibiciones.
  32. La búsqueda de predios se hacía durante esta etapa solo para esta copa internacional.
  33. Referencia a una saga literaria y juvenil del mismo nombre (de un estilo similar a HP), obra de la escritora estadounidense Suzanne Collins. El ejercicio en cuestión consiste en un “todos contra todos” de “quemados”. El último en quedar en pie es el ganador. Al ser “quemados” los jugadores salen de la cancha, hasta que alguien “queme” a quien los “quemó” a ellos. Cuando suena el silbato esta regla queda anulada y se precipita el final del juego, triunfando el último jugador en pie. Este entrenamiento de golpeadores fue enseñado a los argentinos por los jugadores chilenos.
  34. Además del tackle, la AAQ estableció otras excepciones: la snitch solo podía ser atrapada dentro del campo de juego y esta no podía abandonar la cancha después de la media hora de haber ingresado. Las dimensiones del campo de juego eran menores a las reglamentarias y se conservaba el modelo de pelotas bludgers utilizada por la FAQ por problemas de importación (Puszczyk, 2015; Cuestas, 2016).
  35. Esta gestión tenía un carácter provisorio, al no haber sido electa. En 2021 tuvo lugar un nuevo proceso electoral. Fue la primera vez en la historia en que se presentaron dos listas: la oficialista y la opositora, que llevó el nombre de Quove. El hecho de que ambas estaban integradas por jugadores de todas las provincias donde existía la actividad daba cuenta de un cierto crecimiento en la actividad. Finalmente triunfó el oficialismo, debido a que la oposición no cumplió con un requisito burocrático y no pudo postularse oficialmente en los comicios. Su gobierno se extendió hasta inicios de 2023.
  36. Hacia finales de 2022 se informó a los asociados que el trámite había sido cancelado debido a que la persona que había puesto su domicilio como garantía del procedimiento había abandonado el deporte y AQArg no contaba con los recursos para volver a poner atención al tema.
  37. Respecto al problema de las bludgers y el mercado local, la asociación y los propios equipos aprovecharon viajes propios o de amigos al extranjero para adquirirlas (Pardo, 2016). Cuando estas se rompían, mientras se conseguían reemplazos, se volvía a las ya mencionadas “pulpito”. Recientemente se encontró un modelo igual al de la IQA, pero de fabricación local y, por tanto, de menor costo.
  38. Cuando un jugador impacta con una bludger a un compañero del propio equipo.
  39. En el segundo número de la revista internacional especializada The Journal of Broom-Mounted Sports, Cooper (2021) señala que pocas de las lesiones registradas actualmente en el quidditch tienen alguna relación con la escoba. El pasaje de la versión de madera al tubo de PVC es señalado por el autor como una posible razón, puesto que este no se rompe, no deja puntas afiladas, su superficie lisa minimiza las abrasiones y la forma del objeto distribuye de forma uniforme la fuerza.
  40. Por ejemplo, limitar el área de desplazamiento del snitch runner.
  41. El equipo que atrapa la snitch obtiene 30 puntos y decide si el partido prosigue. En caso de decidir continuar jugando, se lo hace hasta que se obtienen 30 puntos más que la cifra que tenía el equipo que iba ganando. Así, si, tras la captura de la snitch, el marcador terminaba 110 a 100 a favor de quien la atrapó, se juega hasta llegar a 140.
  42. Esto ha llevado, por ejemplo, a deficitarias trasmisiones en vivo de los torneos, debido a que se carecían de voluntarios para filmar, fotografiar o relatar los partidos. Otros jugadores reclaman incentivos para los capitanes de los equipos, para que estos logren una participación mayor de sus compañeros.
  43. Colegio de magia de Europa oriental mencionado en HP.
  44. Como mencionamos, hasta entonces solo la Copa del Sur se organizaba en esta clase de espacios. En Buenos Aires las competiciones pasaron por lugares como club DAOM, Deportivo Español, Instituto Romero Brest y en la provincia, por el Ituzaingó Golf Club y el Club Banco Ciudad.
  45. Por fuera de Buenos Aires, los cordobeses no lograron estructurar una actividad sistemática en los intersticios de la pandemia, declarándose disueltos hacia 2022. Lo mismo puede decirse de los Wild Wolves rosarinos, equipo más sólido, el cual dejó de entrenar en 2021. La situación sanitaria fue decisiva para el retraso en el desarrollo de los equipos de Mendoza y San Luís.