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Agradecimientos

Sería imposible comenzar los agradecimientos sin hacer referencia a la educación pública argentina, siempre tan criticada y boicoteada, pero que hoy hace posible que un hijo de la clase obrera esté presentando su tesis de Doctorado. La misma fue desarrollada en el marco de una Beca Doctoral, otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Esto me dio la posibilidad de realizar esta investigación, radicarme en Buenos Aires, desde donde pude desarrollar con comodidad mi investigación de campo y estar cerca de mi lugar de trabajo, el Instituto de Investigaciones Gino Germani, a cuyas autoridades y trabajadores también reconozco.

Agradezco también a Patricia y Omar, mis padres. Como dije en mi tesis de licenciatura, mis dos grandes héroes en esta vida. Han sido un permanente estímulo (y ejemplo) para mi formación profesional y como ser humano, en el acuerdo y en la disidencia. Lo mismo quiero decir de mis familiares y amistades cercanas, quienes desde su lugar también han hecho una contribución para que este día sea posible. Y para los que ya no están, quedarán siempre en mi recuerdo.

A mi directora, la Dra. Verónica Moreira, quien recibió una tarde de verano a un estudiante de antropología que no sabía muy bien como orientar su carrera, y lo ayudó a dedicarse a lo que siempre quiso. Sus consejos, dirección, ánimos y apoyo fueron y seguirán siendo claves. ¡Gracias por creer en mí!

A mi codirectora, la Dra. Nemesia Hijós, quien es también una parte imprescindible de todo este proceso. Si bien se ha incorporado (en los papeles) a esta aventura llamada tesis doctoral durante el proceso, ha estado ahí para mí siempre. La mayor parte del tiempo acompañando sin ninguna obligación formal, de corazón. Hacerla mi co-directora fue un acto de justicia.

Han sido dos de las personas más importantes de mi vida en estos últimos años, marcando el camino en las buenas y malas circunstancias, teniendo paciencia y sosteniéndome ante mis dudas. Nuevamente, ¡Gracias!

Ellas han logrado también hacerme valorar el trabajo en equipo, tan difícil de concretar en este campo laboral. Por eso no quería olvidarme de algunos colegas (muchos provenientes de otras disciplinas) que, en un duro contexto pandémico, me han leído, escuchado, corregido y hasta escrito conmigo en distintas instancias como grupos de trabajo y congresos. Algunos de ellos son: Yannick Zaputovich, Martín Álvarez Litke, Bianca Laus, Mariana Ibarra, Débora Majul, Javier Bundio, Sol Cialdella, Natalia Buzzo, Gisela Sangiao, Roberta Aller y José Barraza, entre otros. Todos ellos me hicieron entender que no estamos solos en la tarea de escritura. Mención especial para Paula Cuestas, como siempre le digo, la pionera de los estudios sobre el hoy quadball en Argentina. Mi primera comentarista en un congreso en el que expuse sobre este tema novedoso, siempre impulsándome para seguir adelante.

Parte de esta tesis fue pensada (y deseada) durante mis últimos meses como estudiante de grado en mi querida Filo. Por eso también quería agradecer a muchos amigos/colegas formados en el entrañable Puan que se han interesado por mi investigación o que simplemente tuvieron la cortesía de no interrumpir mis parloteos en alguna charla o reunión: Lucas Roldán, Gabriel Rodríguez, Cristian Cabeli, Solange Raich (en parte nativa), Nicolás Rodríguez, Sayuri Kochi, Lucas Ferreyra, Axel Levin, Luciana Bauer y Marco Pons.

Esta investigación hubiese sido imposible sin la buena acogida que me brindó la comunidad del quadball argentino, a cuyas autoridades pasadas y presentes agradezco. Jugadores y dirigentes me dejaron ser parte, me invitaron a conocer su deporte, siempre dispuestos a contestar mis dudas y, porque no, a formularme las suyas. De esos contactos surgió Daniela Díaz (Warpaint ph), cuyas fotografías embellecen este texto. Torneos, amistosos, entrenamientos, viajes, almuerzos, cenas, meriendas, caminatas, charlas infinitas…mi gratitud será tan eterna como su paciencia para con mi persona.

A todos ¡Gracias!



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