4.1 Una obra, múltiples interpretaciones
La clave para comenzar a abordar este capítulo es un rasgo del ya mencionado concepto de apropiación (Grillo et al., 2016): la realización por parte de los consumidores de una serie de operaciones que dan lugar a distintas interpretaciones acerca del bien en cuestión. Múltiples producciones académicas dan cuenta de esto. Es que muchas investigaciones se han abocado al análisis de distintos aspectos del universo creado por Rowling. Algunas se ocupan de analizar ciertos problemas contemporáneos y conceptos teóricos de lo más diverso: economía y gobierno (Levy y Snir, 2017), poder estatal y democracia (Aghtan, 2012), la jardinería del colegio Hogwarts (Molina, s.f), la tradición culinaria inglesa (Trieu, 2012), lo folklórico al presentar la magia (Alberola, 2014), la religión (Bucknell, 2019) o los videojuegos de la saga (El Faoual, 2020). Pero en esta tesis interesan una serie de producciones escritas que se involucran con la interpretación de la obra en sí, con su mensaje.[2]
Aunque ciertos autores (Tenewicki, 2008; Ruíz, s.f) sostienen que HP posee una estructura “clásica” y “sencilla”, personajes de rasgos universales y una configuración arquetípica y rígida de la lucha del bien y el mal, se han desarrollado trabajos que ponen el foco en distintos tópicos para fundamentar una perspectiva sobre la saga. Por ejemplo, Walters rescata el valor pedagógico de la obra a la hora de pensar el racismo, mostrando esta cómo los prejuicios y estigmas justifican las diferencias sociales y crean una agenda política sustentada en el miedo y el poder. Este aspecto puede ayudar a los lectores a “mitigar la intolerancia racial y las inequidades a un nivel personal, y quizás eventualmente, político” (2015, p.54). Otros textos (Seymour, s.f, Frankel, 2012) observan algo similar respecto a la esclavitud y los autoritarismos.
Estas interpretaciones, que por el tipo de evaluación que realizan sobre el material literario podrían clasificarse como progresistas, tienen su expresión también en el campo del género. Autores como Tamberelli (s.f) afirman que estos libros promueven la equidad. Aunque dentro de los límites de “lo aceptable”, su trama remarca los ideales de igualdad, diversidad y la libertad de acción y pensamiento. En HP la reproducción de la “matriz heterosexual” butleriana aparecería como una concesión necesaria, por lo que la introducción de elementos disruptivos debe ser sutil al momento de conformar personajes que no se adecúan del todo a las expectativas sociales. En este sentido, Vezzali et al. (2014) afirman que el abordaje de los grupos estigmatizados mágicos tiene un efecto que hace que los lectores proyecten esas historias en casos reales (homosexuales), reflexionando sobre su postura al respecto. Un efecto similar señalan Gallardo y Smith (2003) para la obsesión del protagonista con la “otredad” (criaturas oprimidas). Por su parte, el quidditch como deporte mixto desafiaría las normas binarias de género[3] que demarcan prácticas deportivas exclusivas para varones y mujeres (Popple, 2015; Mayes-Elma, 2006). En una actividad física y riesgosa, estas últimas aparecen como igualmente aptas y exitosas que sus pares masculinos. Vinculado a esto, según Valinca (s.f), en la saga los personajes femeninos serían activos, determinantes, fuertes, valientes e independientes, representando lo mismo que observa Popple en el quidditch: una subversión del estereotipo patriarcal de mujer, de la percepción generalizada acerca de su presunta debilidad e inferioridad.[4]
Sin embargo, desde el mismo campo, otros investigadores realizan una interpretación opuesta, que remarca el conservadurismo de la saga (Aguilar Ródenas, 2009). Esdur (s.f) y Prasida (2013) señalan que temas como el feminismo, el antirracismo o el anticlasismo tienen lugar en HP, pero que su desarrollo es bloqueado por el camino que toma la propia trama, que coloca a la mayoría de los personajes pertenecientes a dichos colectivos en posiciones secundarias. Para Bucknell (2019), Rowling no recae en estereotipos de heroínas femeninas independientes e inteligentes, representándolas de un modo diverso. Sin embargo, esta “igualdad de género”, que puede llevar al público a ver en el texto un mensaje feminista, termina aplastada bajo un “heroísmo heteronormativo”.[5] Alberola (2014) afirma algo semejante al señalar el inmovilismo y arcaísmo que caracteriza al mundo mágico medieval en que se inscribe la narrativa. Desde una perspectiva queer, autores como O´Brien (2012) abordan el papel de los símbolos fálicos y la construcción del protagonista como una figura masculina heteronormativa.[6] Cuntz-Leng (2012) analiza a los profesores de la asignatura escolar Defensa contra las Artes Oscuras, dando cuenta de que estos carecen de relaciones y comportamientos propios del hombre heterosexual. La muerte de cada uno de ellos es interpretada como una señal para HP en su camino hacia a la adultez y una relación heterosexual, demostrando que en el mundo creado por Rowling no hay sitio para lo “desviado”. Algo similar observa Tosenberg (2008), al abordar la transformación del personaje de Dumbledore en homosexual. Su trabajo desarrolla los matices de este presunto triunfo de los fans queer, cuestionando los intereses detrás del tardío anuncio de un dato del cual no había indicios en la trama.[7] De forma general, quienes interpretan de este modo suelen criticar que la obra presenta una visión algo naif y depurada de la adolescencia, donde abundan muestras de “corrección política” y conservadurismo:
Los buenos, a pesar de las dificultades triunfan, y los malos desaparecen; merced a la magia (…) [esta] tiene el efecto de dejar al lector sumido en el desamparo. HP no nos dice como convivir con los malos cuando los malos no desaparecen con arte de magia (Suarez, 2008, p. 9).
La diversidad de ópticas presentadas, a un nivel elemental, no hace más que evidenciar la no linealidad, el desfasaje constitutivo entre emisión y recepción (Hall, 1980; Boutaud y Verón, 2007; Verón, 2013). Pero, ¿qué efecto tiene esto en el quidditch?
A continuación, analizaré como los practicantes se ubican dentro de este panorama interpretativo, con el fin de profundizar en su implicancia en el deporte estudiado, el objetivo del capítulo. Luego, abordaré el tema pensando en el problema del racismo, el juego mixto y su reglamentación, para finalizar trabajando la cuestión de la discriminación y la violencia en este universo de relaciones sociales.
4.2 Una ética que subyace al deporte
Puede ubicarse a los fans argentinos dentro del grupo de interpretaciones progresistas. Esto es lo que observa Aller (2020) en su investigación etnográfica del CHP. Ella propone una noción que será clave para entender el quidditch: la ética del fandom de HP.
Para la autora, incluso las prácticas más individuales y aisladas como la lectura implican un vínculo con otro, siendo concebidas como “ocasiones sociales percibidas”.[8] “El hecho de que el producto (en este caso la saga, o en definitiva el ´mundo´) sea tan masivo implica un vínculo que se percibe con el resto de los fans aún sin haber conocido a ninguno” (Aller, 2020, p. 63). Esta práctica da pie a la búsqueda de relaciones concretas con otras personas de intereses similares con los que compartir. Es la forma encontrada para seguir en el universo creado por esta saga, contribuyendo al mismo tiempo a su construcción y sostén. Aller habla de un “hacer-con-otros” en lo cotidiano, cuyo resultado es la emergencia de espacios virtuales o físicos, entre los que se puede contar al propio CHP. Sitios de socialización y encuentro de ese “hacer-con-otros”, donde se conquistan estas relaciones buscadas y se vivencia el ser fan.
Allí entra a jugar lo afectivo y emocional, trascendiéndose el mero gusto. Surge la idea de que se es parte de un todo más amplio. Es en este contexto que los fans de esta saga dan sentido a sus acciones e interacciones poniendo en juego ciertas expectativas; comparten una ética, valores en común. Pero, ¿cuáles? Aquellos que provee el universo de la saga, en tanto matriz que modela acciones, pensamientos y sentires reforzados por normas y sanciones particulares. HP aparece atravesado por “cuestiones morales, tópicos relacionados con el bien y el mal, con la discriminación por raza, etnia o por estrato social, entre otros” (Aller, 2020, p.66). Pero estos valores compartidos implican a su vez reinterpretaciones de la trama, propias de los fans. Así, esta ética del fandom se orienta en torno a la idea de igualdad, el respeto, la inclusión y el rechazo a las todas las formas de violencia: “Todos son aceptados, tanto en Hogwarts (en las novelas) como en la comunidad de fans; la discriminación de todo tipo es – en teoría – rotundamente rechazada” (Aller, 2020, p.66). Y las relecturas extienden la aceptación y el respeto al campo del género y el sexo,[9] temas no abordados explícitamente en la narrativa original.[10]
Este contenido moral aprehendido ejerce una influencia decisiva sobre la perspectiva de los miembros del colectivo estudiado por la antropóloga, ya que moviliza debates que trascienden por mucho la discusión acerca de los libros. Tópicos como la discriminación o esclavitud en el “mundo real” son tratados a la luz de los recursos que proporcionan estos textos. Quizás el ejemplo más destacable proviene de Cuestas (2018), quien señaló que algunos miembros del CHP asociaron su trayectoria dentro del fandom con su adhesión a posiciones del feminismo. Lo hicieron transformando visualmente los espacios habitados y sus propios aspectos: vistieron prendas de color verde (propia de los partidarios de la legalización del aborto). Esta utilización de los argumentos de la saga para construir posiciones en el “mundo real” refleja una tendencia internacional hacia la articulación de política y cultura. La búsqueda de “paralelos del mundo de contenido ficcional como motivación para la acción social” (Kliger-Vilenchik y Shresthova, 2013, p. 50), es posible porque el sentido de las obras siempre se constituye de nuevo cruzando las expectativas del lector y los marcos sociales (Gagliardi, 2020).[11]
Estas perspectivas, que claramente se sitúan desde una visión progresista acerca de la saga, aparecen fuertemente influenciadas por una “idealización” feminista de la figura de Rowling, donde juega un papel su trayectoria personal: madre soltera, origen plebeyo y víctima de violencia (Cuestas, 2012). Otro dato no menor que contribuyó a esto es el hecho de que la escritora haya debido firmar sus textos con sus iniciales (J.K), debido a que comercialmente habría sido perjudicial presentarse como una mujer autora de libros para niños.
Todos estos elementos se conjugaron para dar forma a la decepción generalizada que suscitaron sus anteriormente mencionados posicionamientos públicos, aquellos que fueron catalogados como transodiantes. De acuerdo con Aller y Cuestas (2020), la polémica inicio con una publicación en Twitter en la que ella
…compartía una nota titulada “Creando un mundo más equitativo para las personas que menstrúan post Covid-19” y la acompañaba con un irónico y crítico comentario en el que señalaba que “las personas que menstrúan solían tener un nombre”, en alusión a las mujeres (@jk_rowling, 06/06/2020) (Aller y Cuestas, 2020, p. 19 y 20).
Luego de recibir una serie de críticas, la británica, que ejerce una poderosa influencia en las redes sociales, reiteró sus posturas sosteniendo que el sexo es real (Melville, 2020), un argumento recurrente entre quienes invalidan al colectivo trans.
En un texto de reflexión sobre la sociología de la literatura, Escarpit señala que una comunidad cultural no se alimenta solo de emisiones, sino también de “ecos modulados por las conciencias individuales” (Escarpit, 1974, p. 27). Por eso, se lamentaba de que los medios de comunicación de entonces eran incapaces de registrar los interrogantes de los públicos, su respuesta a la literatura, condenándolos a una “no-participación”. Esto sucedía con lo que el autor denominaba “lector de masa”, aquel que estaba por fuera de la red de inter-comunicación elitista. Independientemente de los múltiples matices y objeciones que se le puedan plantear a estas afirmaciones, es claro que la existencia de la ya referida Web 2.0 modifica estas condiciones. Habilita una interactividad que permite dar a conocer con mayor fluidez las interrogantes de un público que sí debatió con Rowling: los distintos colectivos de fans (e incluso los actores de las películas) que condenaron sus dichos.
En el propio CHP se vivió una pequeña revolución. Los deseos de cancelación[12] se hicieron presentes, la angustia se compartió a título personal en las redes, los fans hicieron su descargo… y finalmente, el club como colectivo, emitió un comunicado en su cuenta de Instagram:
El CHP fue, es y será siempre un lugar seguro para todos y todas, sin importar tu edad, tamaño, género, orientación sexual, religión y/o color de piel. Por lo cual además de celebrar y acompañar la lucha de la comunidad LGBTQ+… (como se citó en Aller y Cuestas, 2020, p.21).
De una población muy similar, nuestro objeto de estudio manifestó algo semejante, con pronunciamientos individuales y grupales. Entre los primeros, destaco a la ya mencionada jugadora rosarina Andrea Casina, quien conduce un podcast sobre HP al que a veces asisten otros practicantes fans como invitados. En el episodio N°40 del programa Radio del Merodeador, titulado significativamente Levantamiento en Hogwarts, ella intentó dar algo de contexto a las publicaciones de Rowling: la discusión sobre la legislación acerca del acceso de las mujeres trans a los baños públicos o cambiadores. La famosa escritora veía como un potencial riesgo de que estos sitios se transformasen en un espacio propicio para una violencia de género ejercida por varones que decidan autopercibirse como mujeres (Navone Sarubbi, 2020).
Andrea no acordaba con esta postura, porque considera que las mujeres trans están ligadas a las mujeres “biológicas”, que sufren igualmente violencia, y además su expectativa de vida es menor. La deportista atribuía la discutida postura a una cuestión generacional y de formación (“hay cosas más modernas que por ahí ella no llega a comprender”), sin dejar de considerar desatinados sus comentarios. En tanto fan de HP, la practicante expresó su preocupación por los ataques que la británica recibía por redes sociales, ya que estos comenzaban a hacerse extensivos a la propia saga. Rechazando el método de cancelación, la jugadora señaló que el sentimiento general fue de tristeza, en particular para ella, porque apoya al feminismo y desea que este incluya a personas trans.
Incluso con estas posturas, Andrea no se sentía por fuera del colectivo de fans. Lejos estaba de ser este su deseo. Aun así, no podía dejar de señalar que Rowling había traicionado su propia obra, la cual tendría un mensaje de tolerancia e inclusión. Esta idea también es reiterada por la rosarina Romina Domingo (“HP te baja esa línea de inclusión”) y por Tatiana Donda, de los Black Birds:
Rowling tiene casas de beneficencia contra violencia de género, ha hecho un montón de cosas contra la violencia de género. Bueno, está bien la está re cagando con lo que está diciendo… Es como decir “qué me importa lo que está diciendo esta señora que escribió estos libros que dicen todo lo contrario” (T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).
Estos testimonios individuales, algunos recogidos de forma virtual, se complementan y enriquecen con una serie de conversaciones ocurridas durante una salida de campo en la pandemia. La necesidad de retomar el contacto presencial me instó ese día a buscar diversos temas para entablar un diálogo con el equipo a observar. El contexto era propicio: recientemente había fallecido el ex futbolista Diego Maradona, cuya muerte había dejado tanto memorias deportivas y congoja popular, como cuestionamientos a su vida personal y pública, problematizando el tratamiento de los ídolos en Argentina. Un caso que, pensé, podría asemejarse a lo que, entendía, podían estar atravesando estos jugadores con Rowling. El diálogo con Pedro Torrente y Florencia Celeste (también del CHP), aunque corto, fue más que significativo:
-Florencia: Es verdad lo que decís de la separación del ídolo de la persona. A nosotros nos pasa con ella [Rowling]. Hay maradonianos… bueno nosotros somos rowlinianos.
-David: ¿Me estás diciendo de verdad?
-Pedro: Si. Nosotros le inventábamos canciones. ¿Viste que está la iglesia maradoniana? Bueno nosotros le hacíamos canciones de iglesia a ella, era como nuestro dios…igual le pusimos un freno. Ojo, igual no vamos a dejar de consumir HP, nos dio mucho ella, pero tiene otra estructura mental. El fandom lo transformamos nosotros. Tampoco es una papisa ella, queremos tomar distancia, pero es difícil” (P. Torrente y F. Celeste, comunicación personal, 12 de diciembre de 2020).
Esa última línea expresa las tensiones colectivas y dificultades del distanciamiento. Pedro también me manifestó en esa ocasión un desacuerdo con la postura oficial del equipo, el cual a través de sus redes sociales expresó que “Nos parece un buen momento para recordar que el quidditch es un espacio donde no tiene lugar la transfobia y nadie va a negar ni cuestionar tu identidad” (Black Birds Quidditch Argentina, 2020a) y que “…ninguna persona tiene derecho a decirles quienes tienen que ser ni con que identificarse” (Black Birds Quidditch Argentina, 2020b), en clara alusión a la autora. Una postura que, todavía con mayor contundencia, expresaron los Qymeras:
La mayoría estamos acá porque la saga de HP nos trajo, y a pesar de todos los años que vivimos en dicho mundo repudiamos la postura de su autora. El mundo mágico que Rowling creó es mucho más grande que su discurso actual, y nosotrxs, lxs fans somos quienes lo hicimos lo que es hoy en día. Un lugar lleno de aceptación, empatía y respeto para con otrxs (Qymeras Quidditch, 2020).
Estos pronunciamientos dan cuenta de muchas cuestiones. Evidentemente, el papel de Rowling para estos jugadores es importante. Se observa, en principio, lo señalado por Aller (2022): la fusión de las alusiones y objetos de la saga con la simbología religiosa, la cual es resignificada para expresar sentimientos. Pero lo que une a estos testimonios, además de la condena a las declaraciones, es el deseo de permanecer como fans y la sensación de disociación entre lo que leyeron y las palabras de la británica. Nos encontramos aquí con una operación similar a la que explica Benzecry (2017) al analizar la transformación de las características del objeto de afecto en los productos culturales. De acuerdo con el autor, los consumidores inscriben sus prácticas en los bienes, estableciendo sentidos y relaciones en torno a los mismos. En este marco, este da cuenta de cómo estas personas enfrentan la desestabilización del “haz de suposiciones” atribuido inicialmente al objeto. La actuación llevada adelante por ellas incluye un repertorio de acciones que ponen en juego recursos y asociaciones inéditas. Estas aspiran a restituir relaciones similares a las originales con el objeto, pero pueden dar lugar también a configuraciones alternativas.
A la luz de este planteo, la visión progresista de HP enlazada con la construcción de una Rowling feminista (Cuestas, 2012) es el factor que se transforma, debido a las expresiones públicas de la escritora. Y la operación tendiente a la reconstrucción del “haz de suposiciones” implicó la disociación entre la autora y su propia obra. Al marcar esta “traición” de la británica, se “olvida” aquella lectura de los libros que empalmaba con la trayectoria vital de Rowling, pero se mantiene la interpretación progresista de la literatura. Esta eliminación fue necesaria para “salvar” aquello que estaba siendo amenazado. Además, esta operación saca a la luz una de las dualidades que observa Borda (2012) en los fandoms: el sentimiento de admiración al creador del universo particular y el creerse conocedor/con derecho sobre su invención.
Esta es una acción posible por la apropiación de la obra que realizan estos practicantes. Así, con Escarpit, lo que vuelve literaria a la misma es su “´receptividad para la traición´, una disponibilidad tal que resulta posible, sin que deje de ser ella misma, hacerle decir en otra situación histórica otra cosa de lo que ha dicho de modo manifiesto en su situación original” (Escarpit, 1974, p. 31). Es decir, los lectores pueden encontrar en la obra lo que “desean”, aunque el escritor no haya querido expresarlo así (Escarpit, 1968).
En esto consiste la participación del público y respuesta a la literatura que deseaba el autor. Es algo fundamental para entender esta clase de respuestas ante el llamado Rowlingate y a la propia ética del fandom. ¿Es relevante que Rowling haya dicho (o no) explícitamente en sus libros que hay que incluir y respetar a las personas trans? La respuesta por la negativa es lo que habilita a estos jugadores a mantenerse dentro del colectivo de fans, distanciándose igualmente de la transfobia de la escritora. Al fin y al cabo, señala Escarpit, la “traición” del lector es creadora: “El auténtico rostro de las obras literarias queda revelado, labrado, deformado por los distintos usos que hacen los públicos que los utilizan. Saber qué es un libro, es, ante todo, saber cómo ha sido leído” (Escarpit, 1968, p. 110).[13] En efecto, tal como señala Martín-Barbero (1983, 1993a, 1993b), el consumo de textos no da lugar solo a la reproducción, sino también al cuestionamiento del mismo y la negociación de su entendimiento.
Solo tomando esto en consideración cobra un verdadero sentido el peso de la “transfobia” de Rowling en el debate por el cambio de nombre del deporte. La ética del fandom, que se traslada más allá del propio núcleo de seguidores de HP hacia el quidditch, junto a las cuestiones económico/jurídicas, estuvo detrás de algo que, a simple vista podía parecer una mera contradicción entre el reglamento y la imagen pública del quidditch. Así, se operó un doble movimiento: un alejamiento formal de la saga (cambio de nombre) cuya propia fundamentación se realizó en los términos de la misma. Esto es, el repudio a la discriminación. Pero la injerencia de estas perspectivas progresistas sobre la obra trasciende lo mencionado hasta aquí y puede poner en cuestionamiento a la totalidad de la estructura del propio deporte. El abordaje de esta clase de situaciones es el propósito del capítulo.
El boicot al mundial: contra el racismo
La existencia de una copa mundial, que en 2020 tendría su sede en Richmond (Estados Unidos), siempre fue un estímulo para los argentinos. Una razón para intentar (sin éxito) organizar una y otra vez una selección propia. La experiencia de la Copa del Sur 2019, el contacto con aquellos jugadores mundialistas, reforzó este interés. Pero la posibilidad de enfrentar a los grandes equipos de este deporte, Estados Unidos y Australia, se vio amenazada por la pandemia del Covid-19. Para el Board of Trustees de IQA,[14] en los primeros meses de ese 2020 las cosas eran poco claras: los diversos ritmos de cuarentena y el problema de las fronteras dificultaban cualquier plan a mediano plazo (International Quidditch Association, 2020c). Cuando se dimensionó la magnitud de la situación, la competición se pospuso hasta 2023. Sin embargo, este no fue el único factor en juego.
Como resultado de la brutalidad policíaca, el 25 de mayo de 2020 fue asesinado el afroamericano estadounidense George Floyd. Caracterizado como crimen de odio racial, este hecho despertó una ola de protestas y solidaridad internacional, denominada Black Live Matters. Es en este contexto que el mundo de este deporte fue sacudido por una carta abierta publicada en el grupo de Facebook IQA: All the regions. Autoría del jugador canadiense afrodescendiente Jamie Lafrance, esta solicitaba un cambio de sede para el mundial de ese año, ya que consideraba a Richmond (Virginia)[15] un lugar inseguro para las personas negras, trans y queer. Lafrance señalaba la presencia de grupos neo-nazis, neo-fascistas y supremacistas con antecedentes violentos. Invocando una tradición histórica de boicots deportivos, su texto cerraba con una convocatoria:
Para una organización que se enorgullece de su inclusividad y su habilidad para romper las barreras del mundo deportivo, pedirles a sus atletas que vayan sería contradictorio con lo que defendemos. En realidad, al hacerlo, estaríamos diciendo que el quidditch es más importante que sus vidas (…) A todas las NGBs que lean esta carta quiero dejarles en claro que deben retirar sus equipos del evento hasta que una nueva locación sea elegida (Lafrance, 2020).
El impacto de aquel movimiento general de lucha en el quidditch no puede sorprender. Conviene recordar el señalamiento de Boczkowski y Mitchlestein (2022) acerca del potencial emancipatorio de la apropiación de los medios digitales por parte de “contra-públicos disidentes” (colectivos tradicionalmente carentes de poder), quienes pueden llamar la atención sobre las injusticias sufridas y organizar redes de divulgación. La propia publicación del canadiense fue escenario de debates entre dos grupos de practicantes con opiniones divididas. Algunos no cuestionaban al país sede, sino a la ciudad, alegando que hay regiones estadounidenses “mejores”. Otros remarcaban el hecho de que, mientras un jugador “de color” estaba expresando su inseguridad, ciertos usuarios, incluso argumentando saberes académicos (doctorados en inequidad racial y derechos civiles), se atrevían a “desviar” el eje del debate. Estos internautas marcaban el problema generalizado de la violencia racial en todo el país, incluyendo el norte, tradicionalmente menos “conservador”.
Pero solo con la intervención de jugadores no estadounidenses el propio país fue puesto en tela de juicio. Entraron a jugar aquí otros argumentos. Por ejemplo, un sirio señaló que hasta ahora nunca se había discutido que la nación sede prohíbe el ingreso de ciudadanos de ciertos países, situación que debiera ser considerada como un criterio elemental a la hora de elegir un sitio para un torneo mundial. La intervención de este jugador invita a seguir las huellas del interés por el tema entre los practicantes provenientes de los países llamados “tercermundistas”. En la publicación de la carta se puede observar como sus referentes nacionales y dirigentes locales son etiquetados, llamados a intervenir en el debate. Entre ellos destacan dos jugadoras argentinas, quienes hicieron uso de la palabra haciendo causa común con el jugador sirio. Allí criticaron de forma conjunta la falta de inclusividad de un torneo que se realizaba en un país que reclamaba una visa para ingresar, permiso costoso y difícil de obtener, que además exponía al solicitante al racismo de los funcionarios estadounidenses.
En el plano institucional, la asociación nacional canadiense anunció una colecta para la comunidad afro e indígena local (Kodershah, 2020), la mexicana apoyó abiertamente a Lafrance, “Si la IQA no publica una solución que resuelva las preocupaciones que plantea la carta de Jamie Lafrance, entonces retiraremos nuestra participación en el evento del mundial” (Quidditch México, 2020) y la alemana (Knoke, 2020) expresó deseos de tener una sede que sea un “lugar seguro”, marcando que el boicot debía ser el último recurso, mas no algo fuera de los planes.[16]
La Snitch Informativa (Mundial de quidditch 2021 en ¿Richmond?, 2021), sitio web especializado creado y dirigido por argentinos, reflexionaba que la carta del canadiense criticaba directamente las medidas que tomaba la IQA para garantizar la seguridad de los practicantes que eran parte de las llamadas “minorías raciales”. Es decir, Lafrance no solo apuntaba sobre el contexto político, sino que realizaba también un señalamiento de carácter institucional. Una acción semejante a la de la jugadora estadounidense Hammer (2019), quien había expresado anteriormente su preocupación por la escasa diversidad (predominio los hombres blancos heterosexuales) en el Board of Trustees de IQA. En definitiva, la crítica global señalaba la falta de representatividad de un organismo que pretendía administrar una comunidad diversa en nombre de la inclusividad.
El impacto de todo esto en las altas esferas del deporte fue rápido. Si bien en las discusiones previas (International Quidditch Association, 2019a) del Board of Trustees este afirmaba considerar muchos de los problemas señalados, estos no habían sido argumento suficiente para abandonar la sede elegida, ante la, consideraban, improbabilidad de encontrar otra mejor. En la reunión de junio de 2020 el organismo se hizo eco de las críticas del canadiense:
La seguridad de los jugadores fue discutida antes de aprobar la sede de Richmond y fue parte del proceso de decisión (…) las barreras para los jugadores negros no siempre han sido plenamente enfocadas para los torneos (…) no es la primera vez que estas preocupaciones sobre las sedes fueron expresadas. La sede del evento ha enviado declaraciones a favor del Black Live Matters y la propia ciudad ha informado de monumentos que han sido quitados para mostrar su apoyo a la inclusividad y el movimiento (…) es importante que el feedback de las comunidades oprimidas sea escuchado y evaluado (International Quidditch Association, 2020d).
Se cumplía así uno de los principales reclamos: que se les pregunte institucionalmente a los afrodescendientes su opinión. Es que la minuta cerraba con una moción, aprobada unánimemente, para la creación de un comité que consulte a la comunidad del deporte acerca de la seguridad en Richmond de los miembros del colectivo Black, Indigenous and People of Colour (BIPOC). La creación de este organismo de carácter consultivo, en palabras de los directivos, respondía a la necesidad de conocer las demandas y preocupaciones más generales de los jugadores. Entre las tareas que tenía a cargo el comité se encontraba:
Crear un ambiente seguro para los atletas, voluntarios y visitantes que asistan a nuestros eventos (…) queremos abrir una discusión y proceso de consulta para revisar la actual locación de la copa del mundo y ayudar al Departamento de Eventos a mejorar el proceso de selección de sedes, teniendo en mente la seguridad al seleccionarlas en el futuro (Ibídem).
La clave aquí es el concepto de BIPOC. Era la llave, puesto que la presencia de representantes de los colectivos que IQA consideraba agraviados por su propia falta de contemplación para con ellos, subsanaría sus faltas. Las adhesiones virtuales a Lafrance que provenían de países periféricos del quidditch despertaron en el Board of Trustees la expectativa de incorporar a otros grupos, como los llamados “indígenas”. En el caso de Argentina, la propuesta encontró muy poco interés. Los formularios de aplicación al comité fueron divulgados en los grupos de Whatsapp de asociados, pero el ofrecimiento no fue considerado por el grueso de los jugadores, quienes en su mayoría se limitaron a participar por redes sociales de la discusión. Solo Andrea Casina, quien en sus palabras “en ese momento tenía tiempo libre”, se postuló y fue seleccionada. Su presencia fue clave, ya que me permitió acceder a un punto de vista sobre un proceso del que, de no mediar su participación, no hubiese podido conocer. Las acciones del comité no serían públicas, solo se publicitarían sus avances oficiales, y pudieron ser mejor comprendidas gracias a esta jugadora en charlas presenciales o (mayormente) valiosos intercambios por Whatsapp, en una época pandémica. Los contactos con esta practicante y el fructífero seguimiento en redes sociales del debate previo demostraron la pertinencia de la inmersión del etnógrafo en los entornos virtuales, campos de acción e intercambio por excelencia en esta ocasión (Álvarez Gandolfi, 2016).
La deportista me llamó la atención sobre el proceso de selección que enfrentó. En la entrevista de admisión tuvo que explicar qué entendía por “minoría” y si había presenciado escenas de discriminación, experiencia que le era familiar por su trabajo como docente de nivel medio. Asimismo, ella manifestó problemas de idioma, al no saber cómo pronunciar dos términos “sensibles” en inglés: afrodescendientes y “negro”. En una de nuestras charlas me di cuenta de algo sencillo pero esencial: Andrea no respondía a las siglas BIPOC. No era ni “negra”, ni “indígena” ni una “persona de color”. Si bien en Argentina existen personas que responden a dichas etiquetas, la jugadora no era una de ellas. Luego de reírnos brevemente sobre ello, la deportista señalo:
Si, es importante eso. Una de las chicas del grupo decía, “Yo no tendría problema en tal situación”, pero te estoy hablando desde una mujer blanca que no tiene ciertos problemas. Era algo de la policía, de que depende del color de piel tiende a preguntarte cosas (A. Casina, comunicación personal, 13 de marzo de 2021).
La ocasión se presentó para que mi interlocutora señalase la falta de diversidad del comité BIPOC. De nueve miembros, siete de ellos pertenecían a países del hemisferio norte (cuatro eran estadounidenses) y solo eran acompañados por la argentina (mujer blanca) y un representante de Hong Kong. Entre los participantes solo había un afrodescendiente.[17]
En palabras de Andrea, la tarea principal del comité fue discutir que tan friendly[18] (progresista) era la sede de Richmond. Es decir, si lo que los críticos señalaban era la hostilidad de su población, era necesario evaluar al detalle esto. Así lo indicaba la planificación del organismo: “Como potencial sede, ¿dónde se ubica Richmond en términos de equidad racial y de género? ¿Proporcionará una sede que pueda albergar un evento eficaz y que sea seguro para los asistentes?” (IQA Copa Mundial y Conclusiones del Comité BIPOC, 2021). El primer paso fue concretar el relevamiento de las preocupaciones de los practicantes de todo el planeta: aquí predominó la inquietud por la naturaleza socio-política de la locación, las barreras financieras que podrían surgir para los viajes y la seguridad in situ. Sobre la base de estas y otras problemáticas, el comité preparó un encuentro con las autoridades turísticas locales. Algunas de las preguntas realizadas giraron en torno a planes de contingencia ante casos de violencia (de origen externo al quidditch) que puedan afectar al deporte, al uso de armas, los “grupos de odio” y la “cultura de Richmond en sí”, la formación en inclusividad de funcionarios y ciudadanos, la existencia de monumentos discriminadores y la actividad reciente de grupos racistas o sexistas. El resultado de esta entrevista fue juzgado como positivo: el comité BIPOC determinó que había entre los representantes de la sede una predisposición a “mejorar” y a escuchar las inquietudes vinculadas a la equidad racial y general.
El proceso llevado adelante y su metodología fueron propuestos como antecedente a tener en cuenta en el futuro a la hora de elegir una nueva sede. Como enseñanza, el organismo afirmaba que se debe hacer un seguimiento minucioso y regular de la situación política de las sedes concursantes, para así garantizar la seguridad de los asistentes. La ciudad y el predio original fueron considerados “aceptables”: “El comité cree que Richmond, Virginia, no solo mostró los criterios mínimos necesarios para un evento de quidditch de escala internacional, sino que establece un modelo que otras ubicaciones de eventos deben buscar cumplir…” (Ibídem).
Si bien no es objeto de este trabajo analizar en profundidad el proceso de reafirmación, hay una similitud entre los resultados/conclusiones del comité BIPOC y lo dicho en la reunión del Board of Trustees de junio de 2020: ambos resaltan la buena voluntad de las autoridades locales. Ahora bien, ¿las condiciones sociales e históricas qué señalaba Lafrance ya se habían modificado? Andrea entiende que no. Sobre este veredicto, en una entrevista presencial, ella dio pistas que podrían indicar los motivos de la aceptación. Teniendo en cuenta que las condiciones de la ciudad-sede tampoco eran nuevas, la argentina señaló el peso de ciertos acuerdos establecidos en la elección inicial:
Tenían una conexión con un ente de turismo, con el cual hubo una entrevista. Había un enlace previo. Había un convenio que había funcionado. Eran antecedentes previos favorables, más la relación previa que favorecía, eso te abría puertas. Ya habían visto hoteles que ya los conocían (A. Casina, comunicación personal, 13 de marzo de 2021).[19]
Independientemente de esto, interesa remarcar que la totalidad del debate comentado en este apartado, las posiciones o reclamos esgrimidos en él, las acciones y posturas institucionales, dan cuenta de una lógica subyacente común. La ética del fandom actuó en todo momento como premisa del deporte: este debe promover la inclusión y ser contrario a todo tipo de discriminación. Los valores derivados de la obra aparecen como la clave interpretativa de los practicantes en este proceso, tanto de los críticos como de la propia IQA. Es decir, no son un patrimonio exclusivo de los argentinos. En la cuestión racial, el mensaje de la obra es más claro, ya que su principal villano es un hechicero supremacista que pretende conservar la pureza de la sangre de los magos, quienes no deben mezclarse con muggles. Es en este marco que sería impensado que el quidditch colaborase con la discriminación en el “mundo real”. ¿Cómo podría estar por fuera del lenguaje hablado por los debatientes la idea de un “lugar seguro” y de dar voz a los grupos oprimidos?
Hasta aquí la cuestión racial. El análisis de la injerencia de estos valores en el deporte podría extenderse a diferentes campos. De nuevo, las redes sociales aparecen como el espacio por excelencia en que esta se manifiesta, abarcando tópicos como los derechos humanos, los de los animales, el pacifismo y el medio ambiente.
Figura 17: Colección de estados de Facebook alusivos




Nota. Elaboración propia. Tomados con captura de pantalla del celular.
Sin embargo, existe un rasgo del quidditch que, como vimos en el estado del arte, destaca por sobre los demás: el género. De modo que, avanzando en el objetivo del capítulo, me abocaré a continuación a observar cómo se refleja en este aspecto del deporte la ya mencionada interpretación sobre HP.
4.3 Regla de Género: ¿problemas en el paraíso?
Lo tratado en el apartado anterior permite observar como la ética del fandom no solo aparece entre los argentinos, sino también en el deporte a escala global. En efecto, el segundo número de Monthly Seer reproduce una entrevista a dos importantes jugadoras estadounidenses (Radford, 2010a). Es que Aimee y Kristen Howarth se presentaban como las creadoras de la Regla de Género de IQA (también llamada Title 9 ¾),[20] la que estructura el juego mixto. En el artículo mencionado, las practicantes, estudiantes de psicología, afirmaban que la obra de Rowling se basa en una sociedad igualitaria en cuanto al género. Su trama enviaría mensajes empoderantes. Una reglamentación mixta permitiría que se concrete la perspectiva de la literatura: al competir juntas, las personas de distinto género se desarrollarían en un ámbito de respeto y reconocimiento mutuo. Nuevamente aparecen estos valores atribuidos a la saga, los cuales terminan haciendo de este un deporte mixto, marca distintiva del quidditch (Segrave, 2015).
En capítulos previos describí la evolución de esta norma en los reglamentos utilizados por los argentinos en las distintas etapas. En el quidditch del CHP se proponían equipos mixtos sin un parámetro o número claro a la hora de distribuir los géneros. En la etapa de la FAQ, la primera en intentar adaptarse a las directrices de IQA, se establecía que cada equipo debía incluir “al menos dos mujeres”, sin contar a los buscadores, por estar fuera del campo la mayor parte del tiempo. Finalmente, durante toda mi investigación rigió la Regla de Cuatro: “El equipo no puede tener en juego simultáneamente a más de cuatro jugadores que se identifiquen con el mismo género” (International Quidditch Association, 2020a, p.10). Este criterio aplica en todo momento, incluyendo a los buscadores. El género del jugador (varón, mujer o no binario) es consignado por el equipo cuando este presenta la planilla para el torneo. La evolución de esta normativa da cuenta de una creciente rigurosidad (de criterios condicionados a los jugadores disponibles a números determinados) y, sobre todo, va de una concepción binaria (varones y mujeres) a una no binaria que respeta la autopercepción.
Es digno de mención el “atraso” argentino respecto a la evolución histórica de la regla a nivel global. Por ejemplo, si ya en 2008 (el primer reglamento escrito a nivel internacional del que he encontrado registro) se hablaba de “al menos dos mujeres” (United States Quidditch, 2008), en nuestro país se mantenía la flexibilidad situacional respecto a los números, incorporándose ese ajuste recién en 2010. Cuando aquel aspecto era incluido en Argentina, como indicaba la mencionada entrevista en Montlhy Seer, a nivel internacional ya se utilizaba un reglamento que establecía que ese “al menos” no refería necesariamente a jugadoras femeninas (International Quidditch Association, 2010). Solo un año después (2011), en la versión 5.0 del reglamento, se aplicaba para el cupo el siguiente criterio: “el género con el que se identifica el jugador es considerado su género” (International Quidditch Association, 2011, p.17). Se conservaba aquí la exclusión del buscador en este conteo. En el reglamento de 2013 se reforzaba ese criterio:
Como comunidad aceptamos y entendemos a aquellos que no se identifican con el sistema de género binario, reconocemos que no todos nuestros jugadores se identifican como “varón” o “mujer” y queremos que sean bienvenidas personas de todas las identidades y géneros a nuestra liga (International Quidditch Association, 2013, p.22).
Este aspecto identitario del reglamento recién fue retomado en Argentina en 2013. A partir de entonces, se mantendría en sintonía (por lo menos en este punto) con las directrices del organismo mundial de la actividad.
Es necesario completar esto con una aclaración. Cuando se desarrollan prácticas deportivas mixtas suelen realizarse ciertas modificaciones en el reglamento, como otorgar ventajas en el estilo de juego o puntuación a las mujeres (Bernaule et al., 2019; Buzzo, 2022; Dueñas Díaz y Tévez, 2021; Vigliotta, 2021; Sterchele, 2015). Aunque a veces inspirados en la búsqueda del disfrute colectivo, estos cambios pueden tener consecuencias negativas no deseadas, pudiendo presuponer que las practicantes femeninas están menos calificadas (Arias, Argudo y Alonso, 2011; Wachs, 2002). No es el caso del quidditch, donde la reglamentación de juego mixto no está acompañada de ninguna acción de lo que se conoce como “discriminación positiva”: ante el reglamento todos los jugadores son iguales, independientemente de su género.
Ahora bien, Besnier et al. (2018) afirman que el deporte siempre posee significados asociados al género. Este ámbito suele ser señalado como de predominio de la hegemonía masculina, un espacio natural para la dominación legítima de los varones (Hargreaves, 1993). Así, el deporte aparecería como un espacio donde se reproducen las desigualdades de género. Desde un enfoque gramsciano, Hargreaves (1986,1993) concibe a la cultura como una forma de vida imbuida de sistemas de significados y valores activamente creados. El deporte, en tanto expresión de esto, proporcionaría los contextos para la producción y reproducción de identidades, resultado de experiencias comunes donde se vislumbran juegos de oposición y dominación; luchas y negociaciones que generan continuidades y discontinuidades culturales. El deporte aparece como una parcela de la cultura donde se fomentan (incluso las propias mujeres) el sexismo y la discriminación, uno de cuyos pilares es la difundida creencia en la determinación biológica inmutable de los individuos participantes. Es el anclaje en lo “natural” lo que consolida más fuertemente las tramas discursivas circulantes en estos ámbitos (González Abrisketa, 2013). Siguiendo a Hang y Moreira (2020), el deporte es una práctica generizada y generizante. Lo primero se relaciona con ventajas, control y sentidos basados en este binarismo de género. Lo segundo refiere al establecimiento de tareas, actitudes, espacios, identidades y símbolos permitidos.
Es por eso que el concepto de hegemonía es clave para Hargeaves (1993), ya que posibilita pensar en el control persuasivo, la producción y mantenimiento de valores que apoyan las estructuras de poder. Al entender de forma dialéctica la relación entre individuos y sociedad, las experiencias culturales como el ocio y el deporte se vuelven potencialmente creativas, emergiendo individuos y colectivos que luchan contra “lo dado”. Es este carácter disputado lo que vuelve algo ambivalente y contradictorio al fenómeno deportivo: subordina a los géneros no masculinos, pero por eso mismo su práctica, plagada de obstáculos, puede ser liberadora y formadora de nuevas representaciones.
Desde esta óptica, un uso no pautado del cuerpo femenino implica una lucha en torno a los significados y desafía los cimientos conceptuales de la dominación masculina. Es que esta construcción ha dado pie a una serie de estereotipos fuertemente anclados en la determinación natural, donde la mujer aparece asociada a virtudes como el equilibrio, la coordinación y la gracia, mientras que el varón a lo bélico, la fuerza, la resistencia y la velocidad (Horcajo, 2006),[21] habiendo deportes “adecuados” para cada uno.[22] En el sostenimiento de esta dicotomía, característica de la sociedad occidental (Wachs, 2005), han jugado un gran papel tanto los medios de comunicación (Messner, 1988; Hijós, 2018; Garton e Hijós, 2018) como la educación física de las escuelas, con su promoción de enfoques biologicistas (Scharagrodsky, 2016; Scarnatto, 2017; Kopelovich, 2018). Estas otras esferas de la vida social han sido claves para la consolidación de la idea de usos adecuados, jerarquías, superioridad física masculina, sentidos (de origen occidental) sobre el deseo heterosexual,[23] el placer, la estética, “lo normal” y la moral sexual, resaltando diversos valores como la maternidad y la binariedad. Es que, si la exclusión histórica de las deportistas femeninas cis es notoria, esto se agrava en otras sexualidades (Ibarra, 2023).
Entendiendo así el deporte, es claro porque, como vimos en el estado del arte, algunos investigadores otorgan al quidditch un gran potencial, en tanto práctica mixta que respeta la autopercepción identitaria del género. Ante un deporte dirigido por instituciones como el COI que, pese al paso del tiempo, no han abandonado aun los viejos preceptos de Pierre de Coubertin, quien veía en el deporte femenino algo antinatural y por eso debía constatarse la feminidad de las participantes (Fausto-Sterling, 2006),[24] es evidente porque nuestro objeto de estudio puede parecer una alternativa. Mientras las tradicionales instituciones deportivas intentan, en nombre del juego limpio, ajustar a los participantes dentro del binarismo, incluso con adecuaciones hormonales (Ibarra, 2020; Sánchez-García, 2021), el quidditch respeta la decisión de los deportistas. Esta libertad contrasta fuertemente con lo que Ibarra llama el “encorsetamiento” de los atletas en una única feminidad o masculinidad, una continuidad entre sexo, género y deseo. Acción que conspira contra las posibilidades de que se amplíen las configuraciones de género por fuera de los marcos restrictivos de la propensión a la clasificación basadas en la dominación masculina y la heterosexualidad obligatoria (Butler, 2007). Estos impedimentos han alejado a muchas personas de la práctica deportiva organizada en general.
Aunque existen otros deportes con cupos de género por equipo (Cantor Matiz, 2017; Henry y Comeaux, 1999), la particularidad de la práctica estudiada está entonces en la ruptura con la condición binaria. Como me han manifestado en más de una ocasión: “No nos parece importante si una persona tiene tu barba y afirma sentirse mujer”. De hecho, este es uno de los aspectos más destacados por los practicantes de todo el planeta: “me aceptan como soy” (Cohen et al., 2014). Hablando nuevamente en términos butlerianos, el quidditch se presenta como un ámbito donde se aceptan las discotinuidades en la matriz de inteligibilidad (Butler, 2007) habilitando nuevas configuraciones entre los términos sexo, género y deseo; una “desbinarización de la mirada” (Ibarra, 2023).
Los jugadores son perfectamente conscientes de esto y sacan sus propias conclusiones. En el podcast del equipo Black Birds algunas practicantes expresaron su anhelo de que el reglamento oficial comience a nombrar a la actividad como feminista: “Es un deporte feminista. Es importante que militemos todas las luchas de todas las mujeres. Nos distingue y nos hace crecer como comunidad (…) El deporte siempre fue un arma social. El quidditch tiene el potencial de romper esquemas” (Petroff, 2021, 0:19:54). Una de sus compañeras coincidió en la emisión con esta apreciación, ya que la práctica: “Está a favor de la equidad de género y eso es feminista“ (Petroff, 2021, 0:21:16).
En el plano institucional esto también es observable: las redes sociales oficiales de AQArg hacen fuerte énfasis en la lucha contra la homofobia y en favor de los derechos de la mujer (Asociación Argentina de Quidditch, 2015). A un nivel global, el sentido es todavía más profundo, ya que el ente regulador mundial de la actividad afirma que: “A través del deporte quidditch, la IQA se esfuerza por mejorar la educación de género (…) promoviendo la igualdad y la diversidad” (International Quidditch Association, 2016, p.6). Es que ideas como “inclusividad”, “igualdad de género” y “empoderamiento” aparecen dentro su misión institucional (International Quidditch Association, 2018).
Ahora bien, adscribiendo a la mencionada concepción teórica acerca del deporte, es necesario observar como un verdadero desafío el imperativo de no dejarse “encantar” por el discurso laudatorio de los practicantes e investigadores. Popple (2015), al narrar brevemente la historia de la Regla de Género en esta actividad, deja una advertencia: en la medida en que el quidditch fue volviéndose “popular”, comenzó a manifestarse en él una predominancia masculina. Los varones monopolizaron los campos de juego, marginando a las mujeres. Esto hacía que la inspiración en la obra de Rowling fuese algo meramente retórico, motivo por el cual la IQA tuvo que “forzar” reglamentariamente a los equipos a adoptar las distintas versiones de la Regla de Género, para así alcanzar la deseada “igualdad de género”.
Por este motivo, los análisis teóricos o conceptuales deben necesariamente ceder un poco el protagonismo ante la recuperación y análisis concreto de las situaciones en que estas ideas y principios se ponen en movimiento. ¿Cómo es la aplicación práctica del juego mixto en Argentina? ¿en qué medida el potencial que proclaman jugadores y académicos se realiza efectivamente? Esto no es otra cosa que volver a una de las inquietudes clásicas de la etnografía de Malinowski (1973): no alcanza con detectar la “cultura ideal”, debemos relevar y analizar lo que la gente dice que hace y lo que, efectivamente, hace.
El juego mixto en la práctica concreta
Para abordar esto recupero dos situaciones de campo donde fue clave el ajuste metodológico que me trasladó de las gradas a la cancha, como staff de los equipos. Ello permitió un acceso detallado a las decisiones concretas que toman los practicantes en acción.
El primero de los casos nos sitúa en Mar del Plata. Tras un viaje en tren llegué temprano al predio del torneo que se iba a celebrar en dicha ciudad, por lo que pude desayunar con jugadores de distintos equipos, algunos de los cuales habían pasado la noche en el sitio. Este contaba con una construcción pequeña, que incluía una serie de camas individuales y marineras. Tenía también un restaurant y un buffet. El centro del sitio estaba dominado por una cancha de fútbol 9, donde se haría la competición. El espacio estaba cerca del mar, pero lejos del centro. Tras alimentarnos, acompañé a “mi equipo” a prepararse para el partido. Allí me llamó la atención este análisis nativo que aparece en una nota de ese día:
Marcos, uno de los referentes, delinea toda una estrategia en torno al género. Comenta que al hacer los cambios en el partido se está condicionado mucho por eso, por no romper la regla, y esto hace que deban redoblarse los esfuerzos, administrar los talentos y energías disponibles (…) Después de varios partidos nos tomamos un descanso. Estoy reventando, hace mucho calor, vine con poca ropa para cambiarme, dormí mal y necesito una cama. Voy a los dormis que tienen calefacción. Otros aprovechan el descanso entre partidos para ir al mar. Yo no traje malla…Me acuerdo que pacté con Marcos charlar algunas cuestiones de los partidos. Nos encontramos en los dormis. Me había llamado mucho la atención que, mientras discutían la estrategia del primer partido, él decía con énfasis “acá quiero poner mujeres”, “acá quiero poner varones”. Lo interrogo acerca de ello. Él me habla de una administración del género: no asocia género a nivel, pero debe poner a los mejores. Tiene cuatro mujeres, dos cazadoras y dos golpeadoras, el torneo es largo y el día caluroso. Su prioridad, cuando el buscador está en cancha, es una pareja mixta de golpeadores, para que una mujer pueda descansar en el banco. “Acá es donde se gastan las minas porque tienen que estar mucho en cancha”. Es necesario cuidar que no se “rompan” o agoten y que logren mantener el nivel. Eso es la administración. Administración de las mujeres, dice el jugador. Administración de los no varones, contesto yo. “Suena machista, pero te digo como es. Es poco probable que las mujeres superen en cancha a los varones en un equipo” (Fragmento de registro de campo, 19 de diciembre de 2021).
Lo expresado por este jugador me permitió comprender mejor el panorama que describí en el primer partido de esta copa:
Todos muy tensos y nerviosos, a los gritos. Sobrepasan la autoridad del capitán. Histeria generalizada. Sobre todo, Andrea. Se lesiona Vanina porque le dan una patada en la mano. Juega con los dos dedos pegados todo el partido. A veces olvidan los cambios que hacen para cumplir con la Regla de Género. En el caos y los gritos se confunden quien hace los cambios y hay que reordenarse siempre. Caos (…) Vanina descontenta con su juego, gritándole a sus compañeros, se va llorando afuera. No vuelve. Ramona tiene que entrar de cazadora: “Hace más de cinco años que no juego en esta posición” (…) Igual pierden solo por dos goles (Ibídem).
La segunda situación se dio en Vicente López, Buenos Aires. El torneo fue en una institución tradicional de la zona que alberga un sinfín de actividades sociales y deportivas como tenis, fútbol, parrillas, pileta y básquet. El edificio principal es un club house clásico que da a la cancha de fútbol donde se jugaría el torneo. Esa jornada otoñal me encontró como staff de un equipo recién formado, integrado por jugadores provenientes de otros ya disueltos o de los que se habían ido en disconformidad. Sobre el estarían puestas las miradas, no solo por su debut oficial, sino por el pedido realizado por su capitán. El 10 de abril de 2022, en la Asamblea Anual de AQArg, este solicito que se les permita presentarse sin respetar la Regla de Género. El planteo fue aceptado, con el fin de que participen y no forzar a los equipos y jugadores a viajar por pocos partidos. Se permitía que los solicitantes tengan “hasta uno y no menos de un” jugador de un género distinto al mayoritario. Es decir, al faltarles jugadoras (solo tenían dos y no había personas no binarias), podrían estar en cancha seis varones y una mujer. Y para equiparar las acciones, el rival de turno también jugaría bajo el mismo régimen. El “no llegamos con las mujeres” se transformó en una excepción reglamentaria. Pese a esto, el equipo consiguió una más: la pareja de un jugador libre que se anotó entresemana para participar. De modo que se retiraron los pedidos y acuerdos establecidos previamente, al alcanzarse un número de tres mujeres. Sin embargo, los problemas se manifestaron igualmente:
…El equipo estaba violando la Regla de Género cuando entró la snitch. El partido se paró de repente por otra cosa, el árbitro se acercó al vocero del equipo (Demian) y lo sancionó por este incumplimiento. Él se fue enojado al área de penalización, diciendo que había programado cambios, pero estos se demoraron: los jugadores de adentro no escucharon y se pelearon los del banco por el modo de hacer las modificaciones. Al volver Demian me dice: “No me daban bola”. Con el desarrollo del segundo partido las mujeres comienzan a cansarse. Preocupación en el banco. “Si se cansa Lucrecia, tenemos problemas porque tienen que entrar Caroline, pero ella va a tener que estar cuando venga la snitch” razona uno. Lucrecia se acerca al banco y se queja de que le duele la cabeza. Vuelven las peleas ¿Cómo hacer para que ella descanse en cancha al tener que estar presente sí o sí? ¿Ponerla en otra posición? ¿Qué no juegue de cazadora, su posición natural? La discusión se extiende durante la salida de la cancha, tras la derrota. Nos retiramos a una zona con árboles. Antonio grita y parece perder el control “¿Dónde ponés a las mujeres que están muertas?”. Las tres chicas: Caroline padece de agotamiento extremo, Soledad tiene fuertes dolores en la cervical y Lucrecia está insolada, tirada en el suelo con una toalla en la cara, sobre una cama improvisada. Se debaten tres opciones: piden prestadas mujeres a otros equipos, piden que se cambie/no se aplique la Regla de Género o se rinden. Iker y Demian trasmiten la situación a los otros equipos. Estos aceptan que se juegue con una Regla de Género distinta: mínimo uno del género menos representado, durante todo el partido sin excepción. El equipo se prepara para jugar: Caroline, que dice poder aguantar, va de guardián. Se queda en el fondo, no ataca, solo recibe la quaffle y la distribuye el resto de los jugadores, todos hombres. Se le remarca que no debe hacer esfuerzos, solo debe jugar todo el partido (Fragmento de registro de campo, 24 de abril de 2022).
Estos dos fragmentos de mis experiencias como staff permiten establecer una serie de puntos en común acerca de lo que los nativos “hacen”. Las escenas de la aplicación concreta de la Regla de Cuatro muestran una flexibilidad donde la prioridad está en lo deportivo. Un sentido práctico se impone sobre los principios y valores que se expresan en la Regla de Género. Pero, lo que es más destacable, la normativa aparece percibida como un verdadero obstáculo a superar del mejor modo posible, estando ausente aquí cualquier idea de inclusión o empoderamiento. Lo que presencié fue una lucha de los equipos por adaptarse y sobrevivir a la encrucijada planteada por la normativa. Situación que, como un todo, debe ser entendida en el marco de una carencia notable de jugadores no masculinos en esos torneos. Veamos la evolución de esto en el tiempo:
Figura 18: Distribución de género en torneos de AQArg (2021-2022)

Nota. Elaboración propia.
Figura 19: Distribución de género en torneos de AQArg (2021-2022)

Nota. Elaboración propia.
La era de la post pandemia[25] ha dejado como saldo una desproporción entre la cantidad de jugadores activos por género, claramente favorable a los varones. Si la merma de participantes en general ha sido notoria, la de mujeres y no binarios es todavía más pronunciada, siendo un factor importante, pero no determinante de las situaciones mencionadas anteriormente. Es que la literatura existente acerca de los deportes mixtos nos enseña que no siempre la diferencia numérica entre los géneros tiene esta clase de consecuencias. En el quidditch se observa una situación totalmente contrapuesta a la presentada por Cantor Matiz (2017) para el ultimate argentino. Aunque allí también hay una mayor cantidad de practicantes varones que de mujeres, aquella desproporción del género redunda en una mejor participación femenina, debido a la estructura reglamentaria y la dinámica de ese deporte.
Por el contrario, en el quidditch se manifiesta un esfuerzo por incorporar a las escasas mujeres (o personas no binarias) disponibles en el esquema de juego, sin “perjudicarse” demasiado. Esta clase de jugadores se exponen a un cansancio generalizado, cuyo potencial riesgo genera problemas dentro del equipo, discusiones y malestar acerca de cómo resolver esta cuestión. El primer caso presentado expresa esto: el caos fuera de la cancha obedecía a la presión que este peligro implicaba para el desempeño del equipo. Aquí aparece la teoría nativa de la mujer como un recurso a “administrar” con inteligencia, incapacidad que se observó en el segundo caso. En parte como consecuencia de esto, los jugadores de estos géneros también experimentan una merma de su rendimiento deportivo, resultado de la necesidad de jugar en posiciones que no son su fuerte, como en el caso de Ramona. Y, lo que es más importante aún, es más difícil que ingresen al campo de juego, ya que quienes administran los cambios y rotaciones deben tener en cuenta todos estos factores a la hora de hacer un cambio:
Lucrecia mira con frecuencia a Iker, que observa el partido con cara de concentrado. Lucrecia cada vez lo mira más y es obvio lo que significa esa mirada: reclama entrar. Iker la mira y le contesta “Ya va, ya va, pasa que la Regla de Género me complica, no me deja hacer libremente los cambios, tengo que ver cómo” ponerte (Fragmento de registro de campo, 24 de abril de 2022).[26]
Sentidos en torno al juego mixto
Ahora bien, como resultado de experiencias como las ya narradas, los jugadores argentinos han puesto en circulación una serie de sentidos en torno al juego mixto, los cuales refieren al modo en que se desarrollan las relaciones entre los géneros en este deporte. Con sus matices, identifico dos grandes perspectivas al respecto, las cuales al valorar esta modalidad replican muchos argumentos registrados por otras fuentes a nivel internacional.
Una visión muy positiva acerca del tema, que ya aparecía en el estadounidense Chen (2014), tiene un punto de partida contundente: la aceptación de la diferencia promedio entre los cuerpos de los varones y las mujeres. El hecho de que ellas jueguen de forma más “delicada” debido a su contextura menor implicaría algo valioso, ya que serían más difíciles de golpear por las bludgers. Aquí la diferencia se transforma en un realce de las virtudes. Esta es la premisa inicial de una serie de reflexiones que me compartieron practicantes argentinas sobre la cuestión: una lectura en clave complementaria del jugar juntos. Entre muchas veteranas deportistas esta modalidad es algo inconsciente: “No es relevante lo del género, somos todos iguales, jugamos juntos desde el principio. Lo tenemos internalizado” (R. Rodríguez, comunicación personal, 27 de julio de 2019). Pero, cuando se les reclama una mirada analítica, la respuesta es semejante a lo expresado en Chen: la diferenciación permite que cada quien encuentre una función específica de acuerdo a sus posibilidades/virtudes. Así lo entiende Rafaela Cabrera, quien me comentó que: “Un hombre en velocidad te gana, quizás el hombre tiene fuerza corporal, pero la mujer puede tener ventajas en otros aspectos, como escabullirse” (R. Cabrera, comunicación personal, 27 de julio de 2019). Un punto de vista similar expresa Julieta Núñez, rosarina, de 29 años y trabajadora municipal:
Pensar que vamos a ganar porque tenemos más hombres… es como que nos empezamos a cerrar en eso, que la capacidad del hombre es lo mejor, cuando poniendo mujeres podés hacer un montón de tácticas geniales, porque, así como tiene sus desventajas también tiene sus ventajas. Ser más chiquito muchas veces hace magia en la cancha (J. Núñez, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).
Otra cuestión importante que remarcan estas practicantes a la hora de pensar la convivencia en cancha tiene que ver con la subjetividad, ya que ellas sienten que encuentran un lugar y juegan a la par de los varones. Estos, además, atravesarían un proceso reflexivo:
Los hombres también se están deconstruyendo, y nos ven como pares (…) Si vos hablás con los varones del equipo te elogian como si te tuviesen miedo (…). Faltaba eso, que el hombre te vea como un igual. Ya no nos pueden pasar por arriba. (…) Los chicos me respetan como capitana, independientemente de mi género” (R. Cabrera, comunicación personal, 27 de julio de 2019).
Un respeto que, como vimos en capítulos anteriores, tiene un correlato a nivel institucional con importantes funciones directivas desempeñadas por mujeres, muchas de las cuales también han capitaneado equipos. Toda esta visión también permea el modo en que las jugadoras analizan sus vivencias deportivas. Así se expresó Andrea Casina cuando habló sobre el juego mixto en una charla de Facebook: “Las mujeres pueden parecer más débiles, pero nunca he experimentado que hayan ido a menos contra mí” (Proyecto Q5, 2020).
Sin embargo, la cuestión del contacto es significada de otro modo por muchos varones y tiene, a su vez, un peso importante en la otra perspectiva, que llamaré de contraposición: “Todo bien con la inclusión, pero no puede ser que se cobre uso excesivo de fuerza distinto a mujeres y varones. Hay doble vara. Es porque el 80% de los varones tienen más contextura física, es biología” (A. Rojas, comunicación personal, 24 de abril de 2022). Varios jugadores me han comentado en estos años que, al momento de tacklear a una mujer, efectivamente lo hacen con más delicadeza, “acompañando la caída”. Otros me señalan con preocupación la presencia de jugadores de gran tamaño: “Ese pelotudo tacklea a una piba de quince…al margen de que sepa cómo hacerlo, comete un mínimo error, o la piba no sabe caer y ya está…la hace mierda…” (V. Santoro, comunicación personal, 10 de junio de 2018).[27] Esta inquietud es confirmada por Santiago al hablar sobre sus compañeras de equipo: “Es inclusivo, pero atenete a las consecuencias. Es para todos, pero es violento. A ciertas chicas hay que ponerlas en posiciones que no las expongan. En un partido uno hace lo posible por ganar y las pueden lastimar” (S. Conti, comunicación personal, 4 de mayo de 2021). Esto es algo relevante, especialmente cuando el discurso sobre la violencia en este deporte ha crecido en los últimos años y ha influido en el debate del tackle. Otro comentario frecuente refiere a las bajas marcas de rendimiento físico que presentan las mujeres en las distintas instancias comparativas que organiza la AQArg o los propios equipos, resultados que harían que muchos deseen reemplazar una mujer por un varón: “¿vos no lo harías?”. Esta perspectiva crítica también fue registrada entre los practicantes estadounidenses por Cohen et al. (2014): la hipótesis sostenida por muchos varones (incluso aquellos que “desean” la igualdad) de que, en aras de defender la inclusión, se sacrifica el nivel de competición. La moderación física no aparece aquí como una vía para nuevos aprendizajes desde lo técnico-táctico por parte de los hombres (Buzzo, 2023), sino más bien como un limitante y una “concesión”.
Ambas visiones se diferencian fundamentalmente en la valoración que hacen del juego mixto. Quienes están a gusto de este modo, y a tono con los efectos positivos observados por investigaciones de otros deportes mixtos de contacto, hablan de “empoderamiento”, aprendizajes o confianza para las mujeres (Theberge, 1998; Lawler, 2002; Mennesson, 2000; Ravel y Rail, 2008), transformación de la masculinidad/reflexión para los varones (Buzzo, 2022, 2023; Maclean, 2015) y entienden la experiencia como una acción política transformadora en si misma (Álvarez Litke, 2020, Kelly, 2021; Schwartzer, 2020). Los que opinan lo contrario sostienen un clásico precepto de la relación entre género y deporte: aquel que establece a este como un espacio natural de la dominación masculina legítima, debido a que habitualmente su cuerpo se encuentra “mejor preparado que el de la mujer en todo lo referente al desarrollo de las capacidades físicas” (Horcajo, 2006, p.115);[28] la innata ventaja deportiva del promedio de los cuerpos varones. Subyace aquí lo que Cantor Matíz (2017) identifica en el rugby: una lógica de “macho dominante” donde el que es más fuerte o más hábil tiende a ser el más respetado, líder, referente y modelo dentro de los equipos. Es decir, una clase de jugador se conforma en la unidad de medida o parámetro de referencia para “evaluar” al resto de los participantes, haciendo que “jugar como un hombre” sea “jugar bien” (Fink et al., 2015; Wachs, 2005). Se exponen así las concepciones que atravesaron históricamente el campo del deporte: una mirada androcéntrica donde el varón es el modelo desde cual se mide el resto. De allí el significado atribuido en el quidditch a la “moderación” física.
Pero estas diferencias no deben obnubilar el análisis, ya que ambas perspectivas presentan un punto en común clave: el reconocimiento de la diferencia entre los géneros, donde los cuerpos poseen ciertos atributos generales asociados a lo físico. Este es el modo en que la clásica distinción entre sexo, asociado a lo natural, y género, lo social-cultural, encuentra la forma de manifestarse. Bajo esta construcción, ambas visiones valoran en su interpretación lo corporal, difiriendo en la apreciación del mismo a la hora del juego mixto.
Esto se observa en un debate ya mencionado dentro del campo de estudios sobre el quidditch: tanto Popple (2015) como Brunner (2015) parten de la aceptación de esta diferencia. La primera se acerca a la visión de complementariedad, ya que elogia que el quidditch conjugue las cualidades de las llamadas “cultura masculina y femenina”. Esto haría que la ventaja sea, por momentos, del típico varón rápido, alto, fuerte e individualista, pero en otras circunstancias de juego se realcen “valores culturales típicamente femeninos como ocuparse de otros, la cooperación y el respeto por las personas más pequeñas y lentas” (Popple, 2015, p.201). Por su parte, Brunner se preocupa por la creciente competición y la exaltación de lo físico, como algo peligroso para el juego mixto, aproximándose a la segunda perspectiva presentada. Así, aunque los partidarios del juego mixto, tal como algunos clásicos del feminismo (De Beauvoir, 1989), promueven la participación equitativa como una vía para mejorar la situación de la mujer, en los hechos se apropian de los sentidos tradicionalmente circulantes en torno a la superioridad física masculina y la fragilidad femenina (Henry y Comeaux, 1999; Buzzo, 2023). Esto es lo que Messner (2011) define como un “esencialismo blando”, donde el binarismo sexual se ha visto reafirmado en parte por la aceptación de las diferencias “naturales”. Esta situación es observada por Sherouse (2016) en otros deportes donde también combinar la gracia y destreza femenina (debido a su condición grácil y controlada) con la “fuerza bruta” masculina daría forma a un equipo ideal. Aunque desde una mirada superficial podría entenderse el apoyo al juego mixto como un freno al conservadurismo, este fundamenta la viabilidad y bondad de la inclusión femenina de acuerdo a históricas interpretaciones estereotípicas. Por tanto, ambas posturas mencionadas esencializan la relación entre género, sexo y cuerpo (Butler, 2007).
Se observan, a su vez, una serie de mecanismos o dispositivos de carácter más o menos informal, por fuera de lo reglamentario, a través de los cuales se acentúan las diferencias entre los géneros, aun a pesar del discurso oficial del deporte y la “cultura ideal” malinowskiana. Para Lake, quien trabaja el tenis, “Examinar las reglas no escritas de comportamiento en el deporte mixto es una vía fructífera para aprender cómo las normas de género se expresan, reproducen y/o son desafiadas” (Lake, 2015, p.3). Wachs (2002) también habla de negociaciones que van más allá de los reglamentos, donde se tiende a poner de manifiesto la creencia en una superioridad física masculina.
Un aspecto es lo que denomino la tendencia al encasillamiento de los géneros en las posiciones. En una charla abierta trasmitida vía redes sociales con jugadoras de todo Latinoamérica (Proyecto Q5, 2020) pude interpelar en vivo a las practicantes, quienes reconocieron la siguiente asociación: mujeres-golpeadoras y varones- cazadores/guardianes (no refirieron a personas no binarias en su respuesta). Para una de ellas se trataba de una “cuestión social”. El varón, que sería “futbolero”, toma la posición en la cancha que más se parece a aquel deporte: el cazador, que hace goles. Otras manifestaron su deseo de desarrollar jugadores capaces de desempeñarse en distintas posiciones para evitar esto. Más allá de estas contestaciones, el criterio que guía esta distribución vigente parece sustentarse en las premisas que estructuran la visión de contraposición: las mujeres son más débiles, por tanto, tienen que jugar en la posición que les demanda menos contacto físico con el adversario (golpeadoras). [29] Los varones, más fuertes, deben ocupar los puestos que reclaman características opuestas (cazadores/guardianes/buscadores). Este es un fenómeno muy observado en modalidades mixtas de ciertos deportes, donde los hombres suelen tomar las tareas consideradas peligrosas o dificultosas para sus pares femeninos (por el contacto físico), en una acción en la que subyacen los ideales patriarcales de paternalismo y caballerosidad que mandatan la protección a la mujer (Henry y Comeaux, 1999; Lake, 2015). En nuestro caso, es importante señalar que los practicantes afirman habitualmente que todas las posiciones son igualmente funcionales al triunfo del equipo, lo que contrasta con lo observado por Wachs (2005) para el softbol mixto, donde las mujeres ocupan posiciones consideradas complementarias o de asistencia.
Esta división de tareas parece haberse naturalizado en el quidditch, ya que, al interrogar sobre esto a Tatiana Donda, ella me dijo que no se había puesto a pensar el asunto y, tras repasar mentalmente su experiencia junto a su equipo, comentó:
Es verdad que cuando entra un varón al quidditch lo primero que quiere hacer es ir de cazador, y las chicas de golpeadoras (…) yo creo que es verdad que todavía, por lo menos en el quidditch en Argentina, no sé cómo será en otros países, esta ese pensamiento de que el hombre es más fuerte que una mujer, y yo creo que es por eso… ya tenemos ese chip incorporado (T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).
Esta idea es reforzada por un practicante varón, quien señaló que las chicas prefieren hacer otra cosa que no sea ser guardianas o buscadoras: “No se les impide formalmente, fíjate nuri [golpeadora]. Ella sabe que por su tamaño habría otros que podrían hacerlo mejor y ella hace lo suyo. Los equipos quieren ganar, entonces ponen a los que más van a rendir” (A. Pedrosa, comunicación personal, 4 de mayo de 2021). Pese a esto, muchas jugadoras han reclamado que, bajo la misma premisa de la visión de contraposición, no les pasan la pelota, como también sucede en otros deportes con modalidad mixta (Henry y Comeaux, 1999). A nivel global, han creado el hashtag #passtome, para visibilizar esta cuestión. Argentina no parece ser la excepción. Tanto Julieta Núñez: “En mi equipo veo mucho el no pasar la pelota, no confiar en las mujeres demasiado. Me he quejado de eso, mis compañeras se han quejado y es algo que todavía no podemos erradicar” (J. Núñez, comunicación personal, 11 de mayo de 2021) como Marcela Rojo lo sostienen: “Estoy re de acuerdo. Creo que ahí no hay equipo que se escape” (M. Rojo, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).
Un último mecanismo, mucho más sutil, se pone en juego para exaltar el papel de los varones en este deporte en detrimento de otros géneros: la fotografía. Al igual que a nivel internacional, en nuestro país existieron quejas por la falta de cobertura de las mujeres y su participación en cancha. ¿Su participación será menos espectacular al implicar un menor despliegue físico? “Nos dimos cuenta cuando tratamos de buscar fotos de mujeres y de mujeres interactuando con hombres o jugadas por el estilo, que no había” (J. Núñez y M. Rojo, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).[30] La frustración de Tatiana era notoria: “He tenido que mostrar con fotos propias de este último torneo cómo nuestras jugadoras ponían el cuerpo, porque nadie lo creía, no se lo acreditan” (T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).
Esto es importante: que “nuestras jugadoras ponían el cuerpo”; que enfrentaban deportivamente a sus pares masculinos. Esto tampoco había emergido en los sentidos de la visión complementaria sobre el juego mixto. Allí, vimos, mujer y varón tendrían sus propias características que pondrían al servicio de un juego de equipo variado. En este caso, lo que estas tres practicantes (cuya importancia colectiva veremos más adelante) están señalando es que quieren verse en una relación de pares con los varones mostrando rudeza y fuerza.[31] Mujeres que pueden medirse físicamente con los varones. Este reclamo de las practicantes implica una apertura a nuevas formas de feminidad (Wachs, 2005).
Esto es un eco de un clásico deporte asociado al feminismo: el roller derby. Rodríguez Castro et al. (2021) explican cómo entre las practicantes egipcias se observa una reivindicación muy clara de la capacidad de las mujeres de ser “duras”, “fuertes” y “arriesgadas” en un deporte de mucho contacto. “I hit like a girl” es la consigna desafiante de estas practicantes, en clara crítica al desmerecimiento de su condición de género. La propuesta es el enfrentamiento a una forma de ser mujer estereotipada, algo distinto a la visión de complementariedad del quidditch. Un intento de evidenciar el carácter cambiante y construido de la feminidad (Moreira, 2021). En última instancia, todo esto nos retrotrae a un viejo debate feminista: ¿se puede ser mujer y fuerte al mismo tiempo (Messner, 1988)?
La idea subyacente en estos mecanismos que acentúan la diferencia, al igual que observa Fink et al. (2015) para el básquet mixto estadounidense, es la superioridad masculina y, resultado de la comparación, la condición subalterna de lo femenino. La creencia en esta ventaja del varón, como muestran Pavlidis y Connor (2016), puede aparecer incluso como un obstáculo para el juego mixto en un deporte identificado con el feminismo como el roller derby. Por eso, nuestros hallazgos no pueden sorprender; deben completar el sentido de la advertencia de Segrave (2021) para el quidditch: “Trouble in Paradise” (problemas en el paraíso).
4.4 Mesa de Género y Diversidades: debates e intervenciones
Una situación difícil de olvidar fue mi visita a un equipo de la Ciudad de Buenos Aires que decidió entrenar uno de los primeros días del año en un parque público. A mi llegada solo encontré dos jugadores varones, quienes conversaban sobre las chicas del quidditch, “puntuándolas” del 1 al 10, de acuerdo a su “belleza”. Una vez que llegó la capitana y el resto de los practicantes, el entrenamiento comenzó. Trascribo algunos apuntes sueltos del entrenamiento:
El primer ejercicio es pasarse montados la quaffle. Dura mucho tiempo debido a que comienzan a charlar. Fernando está muy histriónico, realiza bromas (así las llamaban) e imita a otros, hablando críticamente de las relaciones de pareja ajenas (amor libre) y de su sexualidad
Al encontrar buen clima para sus chistes e imitaciones entre los otros asistentes (Nicole, Rosario y Edison) el ejercicio se “desvirtúa”, los pases se hacen más fuertes, sin mirar. Se ocupan más de festejar los chistes. Nicole me mira y me dice entre risas sobre Fernando: “Con nosotros se puede expresar”. Ella comenta que está enojada porque había un jugador que llevaba en su camiseta el nombre Fuhrer y lo quieren echar del deporte.
A medida que avanzaba la tarde, la lista de colectivos agraviados se extendía: árabes, bisexuales, presuntos discapacitados y no binarios. Fernando agarra una camiseta XXXL se la pone al revés, pretende poner cara de tonto y dice “soy no binario”, criticando el perfil público más inclusivo de otro equipo de la AQArg. El entrenamiento termina y los más activos se ponen a trotar para finalizar. Me quedo con Nicole (…) Me regala algunas reflexiones finales:
“Este es un ámbito en que vienen los pedófilos a levantarse pibitas frágiles de mente”
“Al oso lo insultaron, le dicen sos un cis heterosexual… ¡Eso no es nada!” (burlándose del lenguaje de otros jugadores). La practicante expresa una incomodidad con lo que ella denomina como la “necesidad de reafirmarse” en su identidad en otros jugadores, a lo que considera una moda, reclamando que “no hay que meterse en lo privado” (Fragmento de registro de campo, 17 de enero de 2021).
Aunque exhaustivas, estas notas dan cuenta de un elevado nivel y diversidad de discriminación y burlas, lo que me motivó a transcribirlas. Señalaré dos cuestiones aquí.
Por un lado, este fue un episodio que me colocó en una situación de incomodidad: no solo no me agradaban los comentarios, sino que en muchos casos afectaban a algunas personas que, de alguna u otra forma, había hecho parte de mi vida durante estos años ¡Hasta les había tomado cierto cariño! Se presentó aquí un dilema clásico: frente situaciones de estas características, verbalizaciones o acciones sexistas, transfóbicas u homofóbicas de los sujetos de investigación, ¿debemos intervenir? ¿guardar silencio en favor de una presunta objetividad? ¿cómo medir las consecuencias de hacerlo? (Olive y Thorpe, 2011). Como sea, mientras meditaba sobre ello sin poder (jamás) resolverlo, no pude evitar notar que otra de las mujeres presentes sintió algo parecido: rio al principio, pero, cuando burlaron a sus amigos, pidió tímidamente que no sigan. A Fernando, quien según Nicole podía expresarse en este contexto, también le pareció divertido bromear respecto a mis notas de campo, “está poniendo que somos todos re fachos seguro”.
Por otro lado, es claro que esta situación puede ser interpretada desde el enfoque propuesto por Douglas (1968) para entender las bromas en relación a una situación social total. Para la autora, estas se componen de dos elementos que se yuxtaponen: un patrón aceptado y uno oculto (alternativo), el cual impugna al primero. Allí radica el potencial subversivo y crítico de las mismas sobre una estructura dominante de ideas por, como señala Bajtín (1989) en el caso de los llamados “discursos no-serios”, su conformación como espacio de resistencia, de inversión de valores y relativización de las jerarquías establecidas. En nuestro caso, una “rebelión” contra aquellos valores de la ética del fandom que permean el quidditch. Douglas también señala que las bromas ofrecen la oportunidad de probar que un patrón aceptado es totalmente innecesario; un triunfo retórico de los valores extraoficiales sobre los oficiales. De allí las críticas a cuestiones como la autopercepción o las relaciones libres registradas en la transcripción. Además, la autora resalta otro aspecto importante: las bromas pueden ser censuradas en nombre de valores juzgados como demasiado preciosos para ser desafiados. No era este el caso: los pares de Fernando rechazaban los valores dominantes/oficiales del deporte, hasta jugando con la idea de que yo los tilde de “fachos” por ello en mis notas. Entonces, ¿se trataba de bromas (como sugerían los actores) o una expresión de opiniones, libre de la mirada “acusatoria” de aquellos defensores de los valores “oficiales” promovidos por el deporte?
Humoradas o no, escenas como la referida no constituyen una excepcionalidad y pueden ser el motivo de la salida del deporte/equipo de algunos practicantes. Por ejemplo, Manuele Homs (jugador trans de 26 años de la Ciudad de Buenos Aires) justificaba su abandono de su ex equipo por un comentario homofóbico realizado por un líder del mismo. “Son todos unos enfermos los putos” habría afirmado este en un grupo de Whatsapp.
Casos como este hicieron volver a mi mente una frase que dijo Fernando en un momento de nuestro encuentro: “No te comas el verso de que acá son todos inclusivos, como dicen ellos”. El llamado de atención me instó a aguzar la mirada y me posibilitó detectar un caso semejante durante otro entrenamiento, el cual incluyó violencia física. Sin embargo, mientras que en la primera situación los jugadores parecían no molestarse con aparecer como “fachos”, en esta todo se daba en un contexto de uso de lenguaje inclusivo y simpatía con el feminismo. Ambos episodios se desarrollaron ante la complicidad/pasividad de autoridades femeninas de equipos:
Descanso. Evelyn se agacha a tomar agua y Brian (coach del equipo y hermano de la capitana y fundadora) le da una patada en la cola. El sonido fue fuerte. Veo toda la escena. “Justo en la nalga, que buena patada” dice Brian. Evelyn, en el suelo, me mira (¿humillada? ¿suplicante?) y me dice “David no escribas eso”.[32] Cómo que acepta que fue “una buena patada”, pero no estoy seguro. Caigo en la cuenta que Brian la llamó durante toda la práctica “puta” e “hija de puta”, especialmente cuando ella se sacaba la camiseta y quedaba en bikini. El lenguaje de Brian me parece grosero, pero no a un nivel que otros lo registren (he visto que en otros casos Paula y su novio lo retan) (…) Brian vuelve a llamarla “puta”. Ella ya parece cansada de que Brian la esté “molestando” todo el entrenamiento.
Todos están sentados refrescándose. Brian se le acerca por detrás a la jugadora y le tira agua de sorpresa. Ella grita muy fuerte. Empieza a gritarle y llora. Se aleja del grupo y se sienta a llorar en el suelo tapándose la cara. Sufre. Se acercan algunos a mimarla, consolarla y abrazarla. Me dicen que es hidrofóbica. Brian sigue riendo por lo que pasó, y se acerca a mojarla de nuevo (Fragmento de registro de campo, 21 de noviembre de 2021).
La frecuencia de esta clase de situaciones (y otras más graves) aparece como uno de los fundamentos de la conformación de la Mesa de Género y Diversidades (MGD) de la AQArg en 2020, aunque esta fue motorizada también por una demanda de la IQA a las asociaciones nacionales, como veremos más adelante. Dos elementos contextuales fueron clave para esta creación: un reclamo global de jugadores no masculinos por su falta de representación en organismos directivos, en cancha y en arbitraje (Sheperd, 2018; Hammer, 2019; Drost, 2019), y la creciente incidencia del movimiento de mujeres en la vida social argentina, que esta vez de forma inédita (por su extensión), llegó al deporte (Hang, 2020). Además de impulsar el crecimiento de las prácticas deportivas recreativas mixtas (Buzzo, 2023), este arribo tomó la forma de áreas, comisiones o secretarías que pretendían divulgar la perspectiva de género en las instituciones deportivas, las cuales fueron un modelo para la propia MGD. Su objetivo es:
…prevenir y erradicar cualquier tipo de situación violenta, discriminación o abusos que ocurren y/o pudieran ocurrir en el ámbito de AQArg teniendo en cuenta que es una institución social y deportiva donde conviven socias, socies y socios, como también transformar las subjetividades de las personas que lo integramos, de modo tal de propiciar relacionarnos con respeto e igualdad (Asociación de Quidditch Argentina, 2020b, p. 1).
Este fragmento, extraído del documento fundacional del espacio, se completaba con otras apreciaciones, como la distinción entre las clases de discriminación que la MGD reconocía: contra la comunidad LGBTIQ+, racial, ideológica, religiosa, contra las personas con discapacidad, la gordofobia, contra la mujer y de clase. La premisa de la MGD es construir un espacio fraterno y seguro, sobre la base del respeto y empatía de los integrantes de la asociación. Algo solo posible si todas las personas pueden sentirse contenidas, entendidas y nunca juzgadas ni re-victimizadas, según afirmaron en los grupos de Whatsapp del quidditch argentino. La MGD es un ámbito de libre acceso (no electivo, solo previa entrevista) constituido de forma voluntaria por mujeres y disidencias del quidditch, entre cuyas fundadoras se pueden contar a las ya mencionadas Tatiana, Marcela y Julieta. La participación en este espacio es idealmente incompatible con la pertenencia a la Comisión Directiva o al Tribunal de Disciplina.
El medio para lograr los propósitos postulados aquí era el mismo que observa Hang (2020) en el Área de Género de Gimnasia y Esgrima de La Plata: charlas, divulgación, creación de documentos o capacitaciones. Otro punto en común con la experiencia platense es que los miembros de la MGD también cuentan con alguna trayectoria militante previa y algo de formación/interés por el feminismo: Julieta reconoce haber participado en La Cámpora rosarina entre 2011 y 2015, Marcela admite haber hecho lo propio en un local barrial marplatense dando apoyo escolar, Tatiana es una asidua asistente a las marchas por el aborto legal y otro importante miembro del espacio, Manuele, se presenta como activista trans. Las experiencias partidarias de las dos primeras no las habían acercado inicialmente al género. También la mayoría de los integrantes cursó estudios superiores: Marcela fotografía, Tatiana psicología y Manuele traductorado.
Quizás la coincidencia más importante entre ambos espacios es que los participantes conciben su acción del mismo modo: militancia. Dos jugadoras son contundentes: “Sí, obvio, para mí el quidditch es un re espacio de militancia. También el deporte en general es un gran actor social que transforma un montón de cosas, y siempre lo fue. Jugando quidditch, sí, también estoy militando” (T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021). ”Creo que la MGD es nuestro espacio actual de militancia y lucha” (J. Núñez, comunicación personal, 11 de mayo de 2021). Al igual que en la experiencia del fútbol mixto platense desarrollada por Buzzo (2023), esta práctica es entendida por los miembros de la MGD como una apuesta política en pos de transformar las relaciones entre los géneros.
La constitución de la MGD fue vista efectivamente por algunos como un alivio ante experiencias como las descriptas al comienzo del apartado. Durante el debate electoral de 2021, Guido Casas, integrante de la Lista Quove, cordobés de 24 años y estudiante de psicología, fue elocuente:
No tiene que haber flexibilidad ante los comentarios irrespetuosos y de odio. Es algo grave. La gente de MGD tomó cursos con abogadas y psicólogas. Hay que informar y prevenir. Hay plan de hacer cursos tipo Ley Micaela, como el que hacen en la UBA. Quiero que esto sea obligatorio para la CD y personas de jerarquía como capitanes y coach, tienen que estar al tanto de cómo trabajar situaciones de este tema. Más teniendo en cuenta que hay muchos varones en esos cargos y que no saben lo que se siente. Es más, lo ideal sería que sea obligatorio para todos los jugadores. Que estén enterados todos de cómo es la cosa, nadie puede hacerse el distraído (G. Casas, comunicación personal, 7 de marzo de 2021).
La MGD, por los valores que defiende, representa otro paso, junto con la Regla de Cuatro, en la institucionalización de la ética del fandom. Su papel es importante en la cuestión de la autopercepción identitaria, en torno a la cual existe una corriente crítica en Argentina. Esta se refleja en este testimonio de un jugador, quien cuenta su experiencia en España:
…y con esta norma del máximo cuatro, pero respetando la identidad de género auto-percibida, de repente tenías cosas como un partido mío contra los Vikings jugando contra siete hombres. Y para colmo de males muchos hombres, panzones, venían y chocaban por donde teníamos a las chicas. Y perdimos un partido contra un rival deportivamente inferior porque tuvimos que lidiar con que nosotros si respetábamos la regla de identidad de género, estábamos en desventaja. En un momento uno en su bronca dice: “Me declaro género no binario, empanada de pollo…” (H. Olivera, comunicación personal, 27 de noviembre de 2018).
Adentrémonos más en la cuestión. Esta visión retoma los referidos argumentos en torno a la ventaja física masculina, la cual sería utilizada como forma de sacar provecho de la Regla de Cuatro, al autopercibirse un varón como mujer o persona no binaria. Se trata de una perspectiva muy difundida. Recuerdo desayunar en un hostel rosarino con un equipo y charlar con Ezequiel Morón, su capitán, sobre las posibilidades en el torneo: “Hoy tenemos muchos jugadores, tenemos cuatro mujeres. Me voy a aprovechar de Nancy, que es una mujer en cuerpo de hombre (…) Lástima que Osvaldo pasó de varón a no binario, es una ventaja para ellos” (E. Morón, comunicación personal, 26 de junio de 2022). Quizás el caso más extremo ocurrió en otro torneo, cuando un equipo no llegaba a cumplir la mencionada regla y uno de los capitanes rivales propuso, buscando evitar un incómodo (por rencillas personales) reparto de los miembros del equipo en otros, “que hagan pasar a uno como no binario así no se hace la excepción a la Regla de Género” (Fragmento de registro de campo, 14 de agosto de 2022). Hugo Olivera, quien estuvo presente en la charla, se posicionó de un modo semejante: “Horacio [capitán de otro equipo] planteó lo que todos creen y odian admitir. Lo puso sobre la mesa. Si la semana pasada me siento mujer y quiero burlar la Regla de Género, no me pueden decir nada porque sería transfóbico” (H. Olivera, comunicación personal, 14 de agosto de 2022). Otros orientan su crítica en torno a la “apelación a la buena fe” y lo “incuantificable” de la normativa, puesto que “Hoy el deporte está más físico que nunca, necesitas gente fuerte para llevarte puesto a los demás, y eso hace que no sirva tanto tener jugadores agiles y que esquiven” (D. Soto, comunicación personal, 2 de marzo de 2022).
Esta perspectiva no es un patrimonio exclusivo de jugadores varones, hecho poco novedoso puesto que, como señalan Besnier et al. (2018), muchas deportistas profesionales se sienten en desventaja al competir con “hombres biológicos” en sus disciplinas. Emilia Cardozo, practicante de 23 años que se presenta como “no binarie”, me trasmitió sus sensaciones al jugar contra un equipo integrado por cuatro varones y por tres personas no binarias “biológicamente masculinas”:
Habla de una línea delgada, de las diferencias de resistencia física entre los cuerpos como un cuestionamiento válido, aunque duela. Ante mi pregunta de si eso es una ventaja. Emilia habla de una sensación en cancha, de la diferencia física, algo que se siente en el rendimiento. “Es feo, duele reconocer” (…) Emilia sigue con las sensaciones en cancha: frustración, sentirse superados…igual aclara que aquella vez no perdieron por tanto (Fragmento de registro de campo, 21 de noviembre de 2021).
Nuestra conversación cerró con una preocupación que sintetiza mucho de lo mencionado aquí: “Hay equipos que no creen no en que alguien se sienta así, sino directamente en la condición de no binario, en el ´concepto´. O sos varón o sos mujer. Hay un bloqueo desde los equipos para la expresión de esto” (Ibídem).
Naturalmente, estas disputas no son una particularidad nacional.[33] En las redes sociales se observan reclamos de “investigaciones” antes de aceptar a ciertos practicantes no binarios, ya que muchos “mostrarían otra cara en su vida privada”. Recogiendo esta y otras inquietudes, la IQA tomó cartas en el asunto y desde 2018 impulsa el Committee for Gender Equity, el cual se propone realizar acciones de divulgación sobre la equidad de género y la discusión de propuestas y sanciones para evitar el llamado “abuso” de la regla. Ningún argentino ha participado de dicho espacio. Por el contrario, la AQArg como institución ha demostrado posturas ambiguas.
En un extremo, encontramos lo acontecido en un torneo nacional: uno de los jugadores se reconocía como persona no binaria, pero no tenía un DNI que lo acreditase, puesto que al ser menor debía contar con el aval de sus padres para poseerlo y estos no acordaban con su decisión identitaria. El hecho, que se produjo en el propio predio del evento, derivó en el pedido de su equipo de que pudiese competir de acuerdo a su identificación. Pese a algunas resistencias (“esos son de una escuela evangelista, por eso no lo aceptan”), la votación entre los presentes aceptó esta excepción a un reglamento institucional que todavía tomaba en consideración el DNI, poniéndose así a la subjetividad por encima de las normas. Además, la propia asociación se comprometió, junto con el equipo, a acompañar el cambio de género del practicante y a apoyarlo en sus relaciones familiares. Solo un año después, en 2020, el nuevo Reglamento Deportivo establecía que ya no basaría su ficha de jugadores en el DNI (Asociación de Quidditch Argentina, 2020a), sino que agregaría un casillero “Género con el que se autoperciba” que debía llenarse en enero, en la renovación de la planilla de socios (con la opción de cambiar el autopercibimiento durante el año).
Sin embargo, esta clase de posturas entran en contradicción con ese mismo documento institucional. En él se proponía también una alternativa para aquellos equipos que se sintiesen en “desventaja” respecto a la Regla de Género. Se habilitaba la posibilidad de realizar una exposición ante el Departamento Deportivo y el Tribunal de Disciplina bajo el rótulo de “falta de Juego Limpio”, pudiendo determinarse sanciones de diversa naturaleza. Es decir, se abría un canal para denunciar que un equipo se sentía en “desventaja” por la autopercepción de un rival, el cual estaría “abusándose” de la Regla de Cuatro. Una propuesta que, sin dudas, se colocaba en sintonía con el comité creado por IQA: buscar medios para garantizar que nadie se “aproveche” de esta normativa y establecer penas para los infractores.
Esta medida no responde a una situación que se haya dado en competiciones locales, sino más bien a una que se produjo en la Copa del Sur 2019, disputada en Rosario. Uno de los equipos nacionales se preparaba para jugar su partido de fase de grupos. En ese momento, observaron la formación de sus rivales peruanos: cuatro varones y tres no binarios. Los argentinos se quejaron: “nos estafaron”, “no avisaron”. Llamativamente, su equipo estaba fuertemente identificado con el feminismo, incluso algunos de sus miembros integrarían luego la MGD. Aun así, de acuerdo con un integrante del mismo: “Las chicas lloraban de que era injusto. Se sentían mal. Yo les dije ´ustedes son mujeres, demuéstrenle a los hombres´. Son ustedes las que quieren jugar con esta regla” (C. Vega, comunicación personal, 28 de agosto de 2022). Una jugadora que pertenecía a otro equipo argentino y era parte de la organización del torneo completa:
No se los quería mucho a los peruanos, porque se decía que se abusaban de la Regla de Género poniendo varones como no binarios (…) Se acerca una persona del público, perteneciente a la comunidad de LGTB+, diciéndonos que sentía que era una ofensa para los no binarios lo que estaban haciendo y que iba a hacer una denuncia a la Confederación (J. Soler, comunicación personal, 4 de febrero de 2021).
Esta demanda incomodó, puesto que los organizadores no supieron cómo resolver esto más que apelando a la “conciencia personal” y “buena fe” de los denunciados. Esa incapacidad, que puede revelar una ambigüedad o indeterminación reglamentaria, es compartida por ciertos “damnificados”:
No se pudo hacer nada contra el equipo de Perú, porque era cuestión de conocerlos un poco y saber quiénes eran para darse cuenta de que eran gente que decían que era no binaria y no lo era, pero cómo lo constatás, no hay pruebas no podés hacer nada… (T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021).[34]
Aunque desde las tribunas bajó un canto “Y las vaginas, y las vaginas, y las vaginas ¿Dónde están? ¡Veo muchos penes y nada de igualdad!”,[35] el torneo siguió sin modificaciones.
Pero, ¿cuál es el papel concreto de la MGD en esta polémica? El organismo en cuestión, con este antecedente todavía cercano (meses de distancia), realizó un taller virtual titulado “Charla sobre identidades de género”, dictado por Manuele, al cual asistí como miembro asociado de la AQArg. En él, algunas autoridades de aquel torneo acercaron la inquietud: ¿cómo constatar una demanda de tal naturaleza sin herir al “sospechado” de “sacar ventaja”? Se planteaba, a priori, una intersección entre los deberes arbitrales de bregar por el cumplimiento del reglamento y el respeto por la identidad autopercibida. La reflexión colectiva que desató la pregunta dio cuenta de algo interesante: la existencia de un piso común de ideas entre los presentes allí. Jesica Soler señaló la necesidad de educar a los equipos, tarea en la que la MGD colabora:
Jesica Soler dice los equipos son como pequeñas familias. “Por ahí viene personas que no saben del tema, son ignorantes y con preconceptos. Vamos viendo si lo podemos ir decontruyendo. Si a la persona no le cabe un ambiente como este, se va a ir sola o la comunidad lo va a rechazar” Afirma que no es necesario indagar la autopercepción. “Si no te cabe andate a jugar a otro lado, sino deconstruíte y sino cerrá la boca. Estar pensando en la trampa está fuera de lo que plantea la esencia del deporte” (Fragmento de registro de campo, 29 de agosto de 2020).
Otros oradores instaron a preguntar los pronombres a los recién llegados y Guido Casas señaló que prefería “correr el riesgo” de estar en desventaja antes que cuestionarlos. El sustrato común al que me refería consiste en estas ideas: la identidad no se cuestiona, “si está anotado es suficiente” y la desconfianza como generadora de un mal ambiente. La ya mencionada Tatiana señalaba, sobre el caso referido, que tomar medidas al respecto iría contra el propio deporte, en una clara crítica al cambio del Reglamento Deportivo. Pero su planteo iba mucho más allá y proponía pensar colectivamente por que consideraría alguien un intento de sacar ventaja el accionar de los peruanos. “No vamos contra el reglamento. Estamos de acuerdo con las percepciones que haya de género. No hemos tenido problemas en Argentina, como en otros países. Ahí no esta tan aceptado como en nuestro país y ponen que sacan ventaja.” (Ibídem). Tomás Webe, de Rosario, contestó: “No hay ventaja deportiva entre géneros. Las habilidades físicas o capacidades deportivas e intelectuales no las da el género, hay que entender eso. Si ganás o perdés no tienen nada que ver con la identidad” (Ibídem). Así, este jugador se oponía a lo que anteriormente habíamos denominado como visión de contraposición, cuyas premisas subyacen en toda esta polémica.
Esta forma de “teoría” compartida (como la llamaban, por ejemplo, Emilia y Guido), ideas en común, se acerca a las aspiraciones e ideales de ciertos deportistas de todo el mundo, quienes trascienden también la ya referida perspectiva de complementación: lograr un deporte sin género que trate a los deportistas como personas con deseos propios, alcanzando así los “objetivos del feminismo” (Pavlidis y Connor, 2016). Esta clase de mensajes, sostenían los participantes del encuentro, debían ser trasmitidos a todos los equipos, en pos de la creación de espacios seguros. Solo en un ambiente libre no serán necesarias las credenciales, decía un jugador rosarino. A ello se aboca la MGD.
Como balance de este taller observamos algo interesante: el debate logró invertir la situación de la Copa del Sur 2019. Si en aquel entonces los ojos estaban posados sobre los denunciados, en el curso de la charla el eje pasó a estar en los denunciantes. Estos aparecieron como discriminadores, fueron invitados a “desconstruirse” y abandonar sus preconceptos, so pena de ser eyectados de la actividad. La cuestión no fue resuelta, pero tampoco ignorada. Fue dada vuelta: el problema no es que exista una posible trampa, sino que haya gente que crea que esto sea posible, que sospeche de la identidad de género de otros. Este es el principal conflicto a tratar, para lo cual debe ser difundida esta “teoría” compartida por los presentes. Una actividad educativa como la que se proponen los organizadores del taller.
Esta clase de momentos compartidos, donde se mencionan temas de lo más diversos, como los nervios al momento de llenar un casillero de identidad de género, las etiquetas que tienen las personas, el uso correcto del lenguaje y las formas de reclutamiento de jugadores que indiquen “todes” son bienvenidos, expresan claramente la influencia de la ética del fandom, que es canalizada por la MGD. Pero lo cierto es que, aunque estas instancias respondan a demandas de jugadores, la diseminación de “la teoría” y el “rayo deconstructor” del que hablan algunos practicantes, falla. Lo prueba la persistencia de las situaciones combatidas. La contundencia de los juicios expresados en la charla de la MGD (“No queremos ideas contrarias a los derechos humanos”) no deben llevarnos a pasar por alto las limitaciones de este organismo. En los encuentros (virtuales) realizados por este espacio se promediaron entre 20 y 25 participantes, lo cual representaba, aproximadamente, solo un cuarto del total de asociados. Las impulsoras del proyecto son muy conscientes de esto:
…hay equipos de los que ni apareció ninguna persona teniendo en cuenta que incluso tenían jugadores que debían que hacerla obligatoria [por tener informes[36] de la MGD]. Tampoco la CD apoya mucho la iniciativa. Nosotros intentamos que sea obligatorio para todos, pero claramente no se puede hacer que sea obligatorio para todos. Sugerimos que lo sea al menos para capitanes o gente que tenga puestos de poder en equipo y asociación, pero tampoco nos llevaron el apunte, no tenemos el poder para hacerlo (M. Rojo, comunicación personal,11 de mayo de 2021).
Aunque se consuelan con la posibilidad de que los ausentes puedan ver los videos y realizar ejercicios de comprobación de entendimiento, las salidas de campo demuestran que, sin distinción de género, la MGD no es tomada enserio por muchos practicantes. Algunos bromean ante cualquier agravio o inconveniente menor (un insulto al aire en una práctica o la mala predisposición para entrenar): “te voy a denunciar a la MGD”. Otros se jactan de no asistir a las reuniones, admiten no entender su funcionamiento o prefieren arreglar personalmente ciertas situaciones.
El abordaje de la violencia de género y el acoso
Una de las fuentes de rechazo más importantes se relaciona con el tratamiento que este organismo hace de la violencia de género y el acoso: “No quiero saber nada con esa gente” me dijo Andrea Casina en una ocasión, al preguntarle por su ausencia en uno de los talleres de la MGD.
Durante mucho tiempo, estos casos habían sido tratados de forma individual o, a lo sumo, en la intimidad de cada equipo, en un clima donde predominaba el rumor y el escrache. Los jugadores habían desarrollado distintas estrategias. Desde el reglamento interno “feminista y anti-discriminación” del equipo Black Birds, el cual regulaba las sanciones ante casos de violencia, pasando por la participación de Cumulus Nimbus y Noxus Dragons en eventos como Tackleando la homofobia,[37] hasta llegar a la organización de charlas de equipo donde los jugadores cuentan como el quidditch ha sido un espacio de aceptación y fomento del encuentro con su propia diversidad e identidad de género, las alternativa han sido muchas. Pero su impacto ha sido poco apreciable.
Hugo Olivera me contó que la vieja AAQ lo quiso acusar de “golpeador” por Whatsapp, que él les “explicó” porque la denuncia era falsa y que la asociación determinó que “lo arreglen entre ustedes”.[38] Una jugadora presentó un escrito firmado por un psicólogo forense para evitar que otro jugador participase de eventos de AQArg, pero el organismo la terminó tildando de “mentirosa compulsiva” y la echó del deporte. Ciertos practicantes expulsados terminan encontrando el modo de frecuentar el deporte, por ejemplo, en la organización de eventos de fans, donde invitan a jugadores de quidditch que no conocen sus antecedentes en estos temas. Naturalmente, ciertas situaciones no terminan siendo abordadas por el silencio de algunas jugadoras. Destaco especialmente el caso de una menor que sostenía una relación “poco clara” con una persona que la doblaba en edad. El vínculo era calificado como “raro”, con “comentarios turbios” de por medio, lo que hizo que el padre de la jugadora se acercase a hablar con los otros practicantes para preguntar por la naturaleza del vínculo. No se tomó ninguna resolución.
Esta clase de episodios conoció un límite en un torneo de 2019. De acuerdo con varios testimonios, un jugador había sido expulsado de un equipo por “sobrepasarse con una chica menor”. Sin denuncia formal ni sanción, participó con otro equipo[39] donde habría abusado y embarazado de una compañera. Esta, al verlo dispuesto a competir en el mencionado evento, lo acuso públicamente, dando pie a una demora del inicio del partido y un debate sobre qué hacer. Pasaron dos horas en las que AQArg afirmaba desconocer la situación previa, muchas jugadores y equipos se solidarizaban con ella y amenazaban con una sentada, mientras el coach del practicante acusado no podía esconder su enojo: “Mi equipo pierde en la cancha”, “En mi equipo si se retiran no juegan más”, “Si no juega él, que tampoco juegue ella” o “no jugamos sin todos los jugadores”. Finalmente, se presentaron sin el mencionado jugador, iniciando un proceso de disolución y reestructuración. “Lo deportivo y lo legal se mezclan” se lamentó uno de los compañeros del “acusado”. Tiempo después, otra de las practicantes que denunció al jugador (al final había más de un caso) presentó una pericia psicológica, la cual fue considerada motivo suficiente para desvincular al practicante de la asociación y alejarlo definitivamente de cualquier actividad relacionada con este deporte. Los meses siguientes tomaron la forma de un sinfín de amenazas mutuas de ir a la justicia entre los protagonistas del hecho, uno por difamación y la otra por violación. Esto jamás sucedió.[40]
Al caos que suscitó esto se le sumó una más decidida intervención de la IQA en el tema. Ese mismo año, el máximo organismo de la actividad se preparaba para imitar la política de la USQ para el acoso (International Quidditch Association, 2019b). El resultado del trabajo de asimilación vio la luz en 2020, mandatando a todas las asociaciones nacionales a adoptar un protocolo semejante y poner a dos personas a cargo de recepcionar reclamos, so pena de perder la membresía. Esta es la demanda de IQA referida anteriormente. Pero la misma solo obligaba a la conformación de un cuerpo documental oficial de intervención. La aparición de la MGD, aunque estimulada por esto, fue una originalidad argentina.
En cuanto al protocolo en sí, anclado naturalmente en los mismos valores de la ética del fandom que rigen la MGD, este aspira a facilitar respuestas rápidas, eficaces, concretas “y contar con procedimientos que eviten la revictimización, promuevan el asesoramiento y acompañamiento de les afectades y disidencias que están atravesando estas situaciones” (Asociación de Quidditch Argentina, 2020b, p.1). Bajo la perspectiva de crear un espacio libre de cualquier clase de violencia, se reconocen sus distintos tipos: racial, económica, religiosa, ideológica, contra la mujer, la comunidad LGTBQ+ y las personas con discapacidad, además de aquella que se ejerce reproduciendo los estándares de belleza socialmente aceptados.[41] En línea con la MGD, la herramienta apuntaba a la prevención, sensibilización y capacitación, contando con las mismas herramientas. Desde una perspectiva de género, la clave estaría en “La socialización y en la educación basada en la igualdad e inclusión” (Asociación de Quidditch Argentina, 2020b, p.10), problematizando también los roles sociales asignados a los géneros. Además de delimitar la clase de situaciones en las que el protocolo entraba en vigencia, se exponían una serie de principios rectores: no revictimización, apoyo y resguardo a la persona denunciante, derecho a defensa, celeridad en el procedimiento, respeto y confidencialidad, abordaje integral e interdisciplinario, transparencia, imparcialidad, no juzgamiento, trato digno y equidad. Se establecía que el asociado con informe podría ser advertido o expulsado de AQArg, incluso proponiéndose una presentación ante la justicia ordinaria.
Pero, ¿qué resultaba de la puesta en práctica de todo esto? La presencia del investigador en las distintas instancias virtuales y presenciales fue clave para el abordaje de un caso. Recordemos la vieja recomendación de Malinowski (1973): siempre estar en el campo cuando algo dramático acontece, para poder investigarlo en el momento en que ocurre, que es cuando no se deja de hablar de ello e incluso los propios nativos ansían trasmitir a alguien su perspectiva. Destacaré una aplicación del protocolo que tuvo lugar durante 2021, sobre la base de la denuncia de una jugadora.
Ella envió una carta formal[42] en la que daba cuenta de que había sufrido agresiones verbales y físicas de parte de un jugador, amenazas por medio de terceros y una situación de abuso en un viaje deportivo.[43] El documento escrito, que hablaba de problemas psicológicos del denunciado, incluía testimonios de compañeros de la denunciante que acompañaban la solicitud de expulsión y enumeraban situaciones que rotulaba como “incómodas” con él. Se referían al jugador como una persona que tenía poco cuidado respecto de su integridad (entrenando o jugando de forma violenta y agresiva, poniendo en peligro a otros), que frecuentemente acosaba a las chicas, se negaba a seguir tratamientos médicos, consumía “descontroladamente” alcohol y tenía “conductas machistas” y actitudes “manipuladoras” o “amenazantes” con terceros. Muchos afirmaban observar “problemas psiquiátricos”, incapacidad de seguir indicaciones de capitanes y le reclamaban someterse a un tratamiento médico, anclados en “las múltiples denuncias no formales que se andan diciendo en el grupo”. Denunciante y denunciado habían compartido equipo durante mucho tiempo.
Pero el equipo de este último (había cambiado justo en la competición del incidente), integrado por personas de diversos géneros, recibió la mencionada documentación y rechazó su contenido. El clima era de enojo, especialmente de parte de una de las practicantes, quien señalaba que la denuncia había trascendido, que no se estaba resguardando a las partes, tal como prometía el protocolo de la MGD. Para esta jugadora, su compañero estaba siendo difamado y nadie respaldaba las acusaciones: “Presentá una denuncia formal, sino es joda y difamación”. En algún punto, relativizaba los testimonios adjuntados, señalando que no había un consenso dentro del equipo de la denunciante y que “estar diagnosticando problemas mentales porque juegue rudo me parece ridículo. Habla gente que ni pisó una facultad”. Otro jugador sostenía igualmente que el acusado debía ir a la justicia, que la MGD no era seria y estaba integrada por gente “no capacitada puesta a hacer cosas que no sabe”. El rechazo del colectivo se incrementó cuando, en las cercanías a un torneo, la denunciante habría hecho circular mensajes en los cuales pedía que los equipos se nieguen a jugar si el denunciado participaba de las competiciones.
Pocos días después de esto, yendo a ver un partido amistoso, me encontré con Ezequiel Morón, uno de los referentes del equipo en el cual jugaba el deportista apuntado. Según el protocolo, los dirigentes del equipo deben estar al tanto del avance del caso, lo que ponía al referido en una posición difícil. Debía mediar entre un equipo que se sentía perjudicado por la situación y un procedimiento que seguía su curso y amenazaba con descontrolarse por las filtraciones. Entre el momento de la divulgación del contenido del documento y mi encuentro con este jugador, el denunciado había llamado a un abogado, quien había enviado una carta a las autoridades de la AQArg afirmando que su representado estaba siendo calumniado, amenazando con un “bozal legal” en caso de persistir esto. También solicitaba que cese el hostigamiento vía redes sociales y escraches, lo que orientaría su presentación a la figura de “daños y perjuicios”.
El referente del equipo, ahora en rol de mediador, me trasmitió su desazón e incomodidad ante la situación: “El equipo se abroqueló en torno a él. Tuve que hablar con la madre, quien me trató de no tener huevos para plantarme. Los chicos me acusan de ser mal compañero por no querer que viaje al próximo torneo” (E. Morón, comunicación personal, 21 de marzo de 2021). Su posición era contraria al escrache y favorable a la defensa de la presunción de inocencia, pero “anda a decírselo a la víctima, no puedo decirlo allá en la MGD”. Incluso estaba preocupado por la situación de depresión que atravesaba el denunciado. Finalmente, el deportista abandonó por sus propios medios el quidditch y fue declarado persona no grata. Condición que le fue recordada a Ezequiel previo a uno de los últimos torneos de ese 2021, en forma de advertencia por si alguien de su equipo quería llamarlo para jugar. El conflicto interpersonal que desató esta situación terminó de modo semejante al del 2019: ninguna de las partes hizo la denuncia en la justicia y el acusado no volvió a acercarse al deporte.
Junto con este accionar, al igual que en el caso de la identidad de género, la MGD se ocupó de dictar una capacitación sobre el tema, definiendo el fenómeno de la violencia, estableciendo una clasificación, explicando su naturalización, como identificarla y el papel del “consentimiento”. Pese a estas acciones iniciales, la actividad de la MGD decayó rápidamente. Si bien hasta el final de mi investigación de campo formalmente existió, no se han registrado nuevas acciones después de esta charla, en parte por el retiro de algunos de sus animadores. Muchos jugadores presionaron por otorgarle al organismo más facultades y relevancia, con la creación de un Tribunal de Disciplina y Género, pero la opción fue desechada con argumentos estatutarios. Ese reflujo, sumado a la falta de interés general entre los deportistas, puede explicar que los abordajes de situaciones actuales se parezcan bastante a lo que se planteaba “superar” con la MGD. Por ejemplo, los conflictos recientes de una pareja integrada por un varón y una menor debieron ser resueltos por un flamante capitán mediante su criterio personal: “Lo charlé con él y dejamos todo claro, que no fue nada malo ni vi una connotación extraña. Lo que le pedí es que por el bien del equipo no le hable más. Igual, ambos se terminaron yendo del equipo” (G. Avellaneda, comunicación personal, 15 de diciembre de 2022).
En este capítulo, sobre la base de un análisis de las interpretaciones circulantes sobre la saga de HP, hemos reconstruido una serie de valores constitutivos para nuestro objeto de estudio. Pero en un análisis profundo, fueron aflorando las disidencias respecto a los mismos, dando forma a una serie de contradicciones y dificultades prácticas. La cuestión del género, de lo inclusivo en general, categoría estructurada aquí en torno a la ética del fandom y a su vez fuertemente tensionada, es uno de los grandes temas abordados por los estudios sobre los deportes alternativos. Como ya anticipamos, si estos se proponen como prácticas más abiertas, los tópicos abordados en estas líneas serán de suma importancia para analizar al quidditch en tanto parte integrante de esta clase de actividades. Esta es la tarea del próximo y último capítulo: la integración de todo lo tratado hasta el momento para pensar nuestro objeto de estudio a la luz del concepto de deporte alternativo. Se trata, ni más ni menos, del abordaje de la hipótesis de trabajo, que relaciona esta condición con el proceso de profesionalización del quidditch argentino que enmarca esta tesis.
- Parte de las discusiones de este capítulo fueron trabajadas como resultados parciales en los artículos titulados “La ética del fandom de Harry Potter y el deporte quidditch: continuidades y rupturas” (Ibarrola, 2021a) y “Apuntes para pensar una relación entre quidditch y género” (Ibarrola, 2020b).↵
- Vale la pena señalar que Rowling ha sido reiteradamente premiada por su obra. Destacaré que en 2003 recibió:
el Premio de la Concordia concedido por la Fundación Príncipe de Asturias, no sólo por ser la autora de un fenómeno sociológico y humano sin precedentes en la cultura actual, sino también por los valores que hay en la saga de HP, como el discernimiento entre el bien y el mal, la defensa de la igualdad en la diversidad o la denuncia del racismo (Aguilar Ródenas, 2009, p. 48). ↵ - Referencia a la formulación de Butler (2007), quien coloca a la sedimentación de las normas de género como el detonante de la aparición de géneros “inteligibles”: los que establecen coherencia y continuidad entre sexo, género, práctica sexual y deseo. ↵
- De acuerdo con este estereotipo, las mujeres serían “pasivas, excesivamente emocionales y tiernas, e incluso sin inquietudes para la superación y el éxito” (Horcajo, 2006, p. 115), características opuestas a las que les corresponderían a los varones (Villaverde et al., 2009).↵
- Término que alude al sostén de la heterosexualidad como el modo preferido o la norma social para la orientación sexual. Asume el binarismo de género y la premisa de que las relaciones sexuales y matrimoniales son más adecuadas entre personas de sexo opuesto.↵
- El epílogo presenta a Harry casado con una mujer y con hijos.↵
- La autora mencionó esto en una conferencia, tiempo después de publicado el último libro de la saga original.↵
- Para Papalini:
Aún los monjes, o los reclusos, comentan con alguien o trasladan a una carta nociones, ideas o comentarios que provienen de sus lecturas. La lectura es una acción social, inscrita en un circuito de intercambio y comunicación (…) Es un punto de condensación, un anudamiento de tramas de relaciones sociales, mercantiles y culturales tal que sólo merced a una abstracción analítica centrada en el objeto puede ser reducida a una actividad “individual” (2012, p. 5).↵ - Al respecto, Tosenberg (2008) señala el gran interés entre los fans de HP por el denominado Slash, género de fanfiction de temática homosexual.↵
- Me parece interesante recuperar una entrevista que le realizaron a Rowling al momento de la salida del último libro de la saga original. En esta, publicada en la Revista Ñ, la escritora hace un fuerte énfasis en cómo orientó la trama en torno a la idea de que los adolescentes están cercanos a la experiencia de la muerte (Juan Cruz, 2008). Ninguno de los temas incluidos en esta ética aparece aludido directamente por ella en esa conversación.↵
- Para el autor esto también se vería reflejado en las recientes exigencias de inclusión racial y genérica para los nuevos productos cinematográficos de la franquicia.↵
- Este término hace alusión a la acción de quitar apoyo, anular o bloquear a personas, marcas o entidades que emitieron una opinión o postura ideológica que se considera no solo objetable, sino repudiable.↵
- Esto puede conducir a la discusión acerca de la muerte el autor que propone Barthes (1987): lecturas que no lo toman en cuenta, como la que construye la ética del fandom. La obra, afirma el francés, puede ser “rota”. La agencia del lector es clave, debido a que en él se realiza la unidad del texto.
Comparto la observación de Gagliardi (2020): son claros los indicios de que “los lectores adeptos a HP conceden especial relevancia a la figura autoral en sus procesos de interpretación” (2020, p. 175). Pero, en este caso no se trata de discutir la “canonicidad” de este o aquel señalamiento respecto a la historia, sino a la “libertad” de apropiarse su mensaje, con todo lo que ello ha implicado aquí. Es esto lo que corresponde señalar al respecto: un lector revalorizado que se siente libre de “participar de la danza de los significados textuales sin miedo a que le impugnaran su coreografía” (2020, p.171).↵ - Este organismo es responsable del manejo de la organización. Ejerce sus poderes y performa todos los actos legales requeridos por la asociación, siempre y cuando estos sean consistentes respecto a sus propósitos. El Board of Trustees tiene autoridad en última instancia sobre los asuntos, políticas, negocios y actividades de IQA. ↵
- Un Estado sureño, región caracterizada como “conservadora” dentro del mapa estadounidense.↵
- En una entrevista al referente del quidditch alemán, el periodista recuerda no sin cierta ironía:
Este asunto ya había aparecido respecto a los torneos en Turquía. Es un hecho que algunos de los mejores equipos europeos son originarios de allí, pero también es un hecho que, pese a aplicaciones existentes, ningún torneo major alguna vez tuvo lugar en ese país. Aparentemente, un aspecto considerado fue que las personas transgénero no se sienten seguras en Turquía (Knoke, 2020).↵ - Con este dato no pretendo invalidar el accionar de dicho comité, sino pensarlo desde la lógica que rigió su propia conformación.↵
- Expresión que se utiliza para denominar a una locación como receptiva de un cierto colectivo o causa.↵
- Algo semejante advertía el sitio alemán Musmazin en junio de 2020:
La agencia de turismo de Richmond supuestamente ha firmado un contrato con la IQA para sponsorear el torneo y mantener sus costos bajos. Esto lleva a preguntarse si estos contratos pueden ser anulados fácilmente. Yendo más allá, encontrar una sede de reemplazo adecuada también puede ser dificultoso (Knoke, 2020).↵ - En referencia a la plataforma de trenes del mismo número que aparece en la saga literaria. También se inspiraron en el famoso Title IX, legislación estadounidense parte de la Ley de Enmiendas de la Educación de 1972 que establece que ninguna persona puede ser excluida de una actividad educativa y deportiva por razones de sexo (Lucas, 2000). Según Garton (2021) esto obligó a las universidades de dicho país ofrecer las mismas oportunidades a las mujeres, aunque sin existir todavía paridad. Se trata de una conquista de la llamada “segunda ola del feminismo” (Wachs, 2002).↵
- Simone De Beauvoir (1989) rastrea esta rima hasta las observaciones de las ciencias biológicas acerca del comportamiento del espermatozoide y el óvulo. ↵
- Martínková (2020) apunta que esta distinción deportiva suele resultar inequitativa, debido a que la mayoría de los deportes serían, en estos términos, masculinos, por lo que la inclusión de atletas mujeres siempre estaría vista como la integración de lo “inferior”. Desde ya, el problema se multiplica de forma exponencial cuando se piensa en la participación de deportistas que no encajan en el binarismo.↵
- Besnier et al. (2018) ubican los orígenes de la homofobia en el deporte en el hecho de que la promoción de estas actividades estuvo a cargo de organizaciones unisexuales, además del papel del cuerpo de las mismas, donde la perfectibilidad y la presentación pública conspiraban contra lo que se aleja de los parámetros de lo “normal”.↵
- Besnier et al. (2018) atribuyen la aparición de estas pruebas de verificación de sexo a las tensiones de la Guerra Fría: el temor de que los rivales intenten “hacer pasar hombres por mujeres” para tener una ventaja. Los autores señalan que estos tests nunca son realizados en varones. Martínková et al., (2023) protesta contra la expresión “comprobación de género”, puesto que esta operación se basa en lo fisiológico y no en lo social.↵
- No se encontraron registros previos a 2021 sobre esta cuestión, ya que estos datos no se consignaban en las planillas oficiales de entonces. Igualmente, muchas mujeres afirman que la Regla de Género se aplica asumiendo siempre que el género mayoritario es el masculino.↵
- En este apartado no intento mostrar la futilidad de la Regla de Género, tarea que no me corresponde. Tampoco pretendo insinuar que, quienes toman las decisiones respecto a los equipos, tratan a las mujeres como piezas carentes de individualidad y distinción, simplemente intercambiables. De hecho, Marcos destacó en el primer caso citado que sus cuatro compañeras eran “top”. Más bien pretendí dar cuenta de algunos problemas prácticos situados en su aplicación y las miradas nativas al respecto.↵
- La convivencia entre los géneros parece ser avalada, por lo menos, por los números en este deporte. De acuerdo con un estudio realizado por Pennington et al. (2017) en Estados Unidos, no se registran diferencias significativas entre los diferentes géneros en las lesiones producidas jugando quidditch. En Argentina, de acuerdo con el relevamiento realizado para esta tesis, tampoco: el 50% de las mujeres alguna vez ha sufrido una lesión, mientras que el número se eleva solo al 60% en el caso de los varones. ↵
- En ocasiones estos sentidos adoptan la forma de un menosprecio a la mujer: he visto a algunos varones recriminarse entre sí no haber recibido el balón estando marcados: “¡Me estaba marcando una piba!”.↵
- Ocupan la mayor parte de su tiempo en cancha arrojando bludgers a los rivales y yendo a recogerlas cuando estas se van lejos (cuando los tiros fallan o el impacto en un jugador la desvía). Su participación es muy necesaria y, de acuerdo al momento del partido, pueden lanzar y recoger muchas veces en poco tiempo. Aunque tienen permitido tacklear (solo a otros golpeadores), esto no es demasiado frecuente. El contacto físico se limita habitualmente a pelearse con otro golpeador por agarrar una pelota que está en el suelo sin dueño.↵
- Al conversar sobre esto con otra jugadora, esta se sorprendió por el reclamo, puesto que este era sostenido por una de las camarógrafas habituales de los torneos y responsable del manejo de comunicación del deporte.
Más allá de esto, la cobertura de los torneos parece haber tomado en cuenta estos señalamientos. En los últimos torneos se pueden encontrar en la red social más usada por el deporte (Instagram) una foto de cada jugador en cada partido, mientras que la carga de todas las fotos de cada encuentro se hace con más demora en Facebook. ↵ - En el deporte en general, cuando esto sucede emergen rápidamente las acusaciones de masculinización o lesbianización (Tredway, 2015).↵
- Esta escena de campo fue recuperada con el consentimiento de la protagonista, a quien consulte luego respecto a su pedido in situ de aquel día.↵
- El sitio La Snitch Informativa reprodujo una nota de un español en la que este sostiene que las personas “asignadas hombre al nacer”, independientemente de si se autoperciben varones, mujeres o no binarios, siempre tendrán más posibilidades de jugar. Precisamente porque es a él a quien “tradicionalmente, se considera más dotado para el deporte” (Hora de abrir el debate de la regla de género, 2021). El privilegio persiste: “Un sexo puede expresar libremente su género y no sufrir consecuencias deportivas e incluso verse favorecido mientras que el otro no tiene tanta ventaja. (Ibídem). La propuesta el europeo apuntaba a volver a una norma por sexo y buscar “otra vía para reconocer la identidad de género de cada cual” (Ibídem). ↵
- La confusión de los jugadores argentinos no hizo más que aumentar. Cuando, tiempo después, informaron de lo acontecido a IQA, esta: “contestó que no sabían bien cómo resolver el tema de que supuestamente un grupo oprimido [la comunidad trans] oprime a otro grupo que son las mujeres, y que no sabían… “(T. Donda, comunicación personal, 11 de mayo de 2021). ↵
- Demostrando que la situación excedió por mucho a los jugadores argentinos.↵
- Un miembro de la MGD afirma que no podían usar el término “denuncia” porque su accionar “no tiene esa validez”. Por eso se utiliza la denominación señalada para referir al informe redactado de lo que se va a “denunciar” a dicho organismo para pedir su intervención. ↵
- Evento realizado con el fin de visibilizar la diversidad sexual en el deporte, organizado por un equipo de rugby.↵
- Al respecto, es interesante comentar que Samantha Borja, una vieja conocida de Hugo Olivera, se había ido del deporte en la época de esta denuncia. Cuando retornó en 2022, conversó largo y tendido con el ex-acusado sobre el tema, dando cuenta de una apertura a hablar que no distingue los géneros, por parte del practicante.↵
- En un acta de CD figura un reclamo de su anterior equipo, en el que se pide la aplicación del derecho de admisión y permanencia para este jugador, argumentando abuso y acoso de menores. El planteo no fue puesto en práctica entonces porque el mencionado se había desasociado antes. Molestaba a muchos otros practicantes que con este antecedente lo hayan admitido igual en el nuevo equipo.↵
- Esta situación también abrió una polémica en torno a las posibilidades de aplicar el “derecho de admisión” al jugador ante la falta de denuncia formal.↵
- Estos últimos dos aspectos son importantes. En la revisión aleatoria de protocolos de clubes deportivos argentinos que realicé (Argentinos Jrs., All Boys, Belgrano de Córdoba, Boca Jrs., Chacarita Jrs, Estudiantes de La Plata, Ferro Carril Oeste, Huracán, Lanús, Platense, Quilmes, Racing Club, River Plate, Rosario Central, San Lorenzo de Almagro, Temperley y Velez Sarfield) la cuestión de la belleza y el llamado capacitismo no aparecen referidas. Además, algunos de los documentos se mantienen en el ámbito de la relación entre hombres y mujeres, aquella que el quidditch busca trascender.↵
- La situación habría estado antecedida por un fuerte malentendido entre la CD y la MGD, ya que el jugador “denunciado” ya estaba suspendido por no presentar documentación relativa a su salud.↵
- En el curso de esta investigación he podido acceder a este documento de carácter privado, el cual, a priori, no debía ser divulgado. Por respeto a la confianza a aquellos que me compartieron un material tan sensible, me referiré a su contenido de forma general, sin dar demasiados detalles.↵






